La relación entre Carlos III y el Príncipe Guillermo vuelve a quedar en el centro de la actualidad por una decisión que va más allá de la gestión del patrimonio familiar. El heredero al trono británico ha puesto en marcha un plan para transformar el Ducado de Cornualles, del que está al frente desde 2022, y una de sus primeras operaciones ha provocado un profundo malestar en una comunidad rural de Devon. Una iniciativa que, además, habría entristecido especialmente al monarca.El foco de la polémica está en Bradninch, una finca de 1.215 hectáreas cuya venta ha generado una fuerte contestación entre los agricultores y las familias que llevan generaciones vinculados a estas propiedades. La decisión de Guillermo, orientada a obtener recursos para financiar proyectos sociales y medioambientales, ha sido recibida como una ruptura con la relación de proximidad que Carlos III cultivó durante décadas con los habitantes de estas tierras.Según publica ‘The Observer’, un amigo del rey ha asegurado que el monarca está profundamente disgustado con la operación. El conflicto ha llegado incluso a las tiendas y a las calles de la localidad, donde algunos vecinos han anunciado un boicot a los productos de Duchy Originals, la marca ecológica impulsada por Carlos III cuando todavía era Príncipe de Gales.La finca de Bradninch, el origen de una polémica que ha llegado hasta el reyBradninch forma parte del Ducado de Cornualles, un patrimonio creado en 1337 por Eduardo III para garantizar los ingresos del heredero al trono. Desde que asumió su administración en 2022, Guillermo ha planteado una nueva estrategia para estas propiedades, con la intención de destinar parte de sus recursos a iniciativas como la lucha contra el sinhogarismo y el cambio climático. Sin embargo, la venta de esta finca ha evidenciado las consecuencias que puede tener ese cambio de rumbo para quienes viven y trabajan en sus terrenos.Los afectados son, principalmente, agricultores y familias que mantienen desde hace generaciones una relación con el ducado. Según el citado medio, a algunos arrendatarios se les ha dado un plazo de apenas seis meses para comprar sus viviendas o abandonar las propiedades. Una situación que ha provocado indignación entre los vecinos, que consideran que la institución ha dejado de ofrecerles la estabilidad que tradicionalmente asociaban a ella.El malestar se ha traducido también en gestos de protesta contra el heredero. Algunos residentes han anunciado que dejarán de comprar las galletas de Duchy Originals, la firma de productos ecológicos que Carlos III creó durante su etapa como príncipe de Gales. La contestación ha llegado incluso al terreno de la sátira, con cánticos contra Guillermo que parodian el himno nacional británico: «Dios salve a nuestro príncipe cobarde».El disgusto de Carlos III por una gestión que considera alejada de su legadoLa controversia no se limita a los habitantes de Bradninch. La decisión de su hijo también habría provocado una profunda tristeza en Carlos III, que durante los cerca de 50 años que estuvo al frente del ducado defendió un modelo basado en la conservación del entorno rural y el vínculo con sus comunidades. Así lo ha trasladado un amigo del monarca, que ha explicado que el rey considera que la operación va en contra de los principios que trató de preservar durante décadas.«No es en absoluto lo que el rey habría hecho», afirmaba esta fuente al citado medio británico. «El rey adora a Guillermo, y reconoce que debe ser el Príncipe de Gales que quiere ser, pero eso no significa que no esté triste. La única esperanza es que Guillermo empiece a comprender que esto no es lo que su padre ha defendido 50 años: que hay que intentar mantener unidas a las comunidades rurales porque son la columna vertebral de Reino Unido».Durante su etapa como responsable del patrimonio, Carlos III mantuvo una relación estrecha con las comunidades rurales y visitó con frecuencia estas propiedades. Para los vecinos, el ducado representaba algo más que una entidad propietaria: era una institución con la que habían establecido una relación de confianza y que les proporcionaba cierta seguridad sobre su futuro. El mismo vecino recordaba cómo había cambiado esa percepción con el paso del tiempo: «Cuando llegabas al Ducado, formabas parte de una gran familia. Era como si alguien te acogiera y supieras que todo iba a ir bien. Siempre se entendió que tendríamos un hogar el resto de nuestras vidas. Ahora Ducado se ha vuelto demasiado comercial. Despiadado es la palabra que usaría».GtresEl Ducado de Cornualles pide disculpas y prepara nuevas valoracionesLa presión de los afectados ha obligado al Ducado de Cornualles a dar un paso atrás, al menos en la gestión del proceso. Según ‘The Observer’, el responsable rural de la institución se ha desplazado hasta Bradninch para reunirse con los vecinos y disculparse por la manera en que se ha llevado a cabo la operación. Además, se ha comprometido a ofrecer nuevas tasaciones independientes de las propiedades, acordadas con los arrendatarios y teniendo en cuenta las inversiones que estos han realizado en sus viviendas y terrenos.La rectificación busca aliviar parte de la tensión generada por la venta, aunque no supone, por el momento, un cambio en la estrategia patrimonial de Guillermo. El heredero contempla desprenderse de aproximadamente una quinta parte de las propiedades del ducado durante los próximos diez años, con el objetivo de concentrar sus inversiones en cinco grandes áreas: las islas Sorlingas, Cornualles, Dartmoor, Bath y el barrio londinense de Kennington.El plan, impulsado bajo la dirección de su consejero delegado, Will Bax, aspira a movilizar 500 millones de libras para proyectos de vivienda asequible y energías renovables, además de contribuir a la creación de más de 10.000 viviendas. Una transformación ambiciosa que busca adaptar el patrimonio del heredero a sus prioridades sociales y medioambientales, pero que también está obligando a revisar el papel que desempeña el ducado en las comunidades donde tiene presencia.La polémica de Bradninch ha puesto así sobre la mesa dos maneras distintas de entender una institución histórica. Mientras Carlos III defendió durante décadas la continuidad de las comunidades rurales y la conservación de sus vínculos con el ducado, Guillermo parece decidido a reorganizar ese patrimonio para responder a nuevos objetivos. Una apuesta de futuro que, de momento, ha abierto una brecha entre los intereses de la Corona y los de quienes llevan generaciones viviendo bajo su protección.
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