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Aldo Comas, sin filtros: «Cuanto más te llaman facha, más ganas tienes de decir: ‘Pues sí, soy facha. ¿Y qué pasa?’»

Aldo Comas, sin filtros: «Cuanto más te llaman facha, más ganas tienes de decir: ‘Pues sí, soy facha. ¿Y qué pasa?’»

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LA KW

octubre 17, 2026 • 5 min lectura

A pesar de que últimamente la agenda de Aldo Comas está repleta de compromisos, llega antes de tiempo a la entrevista. Es educado, cercano y de esos personajes que no defraudan en las distancias cortas. Habla con las manos, enlaza una historia con otra y tiene esa capacidad de saltar de un asunto trascendental a una anécdota disparatada sin necesidad de tomar aire. En cuestión de minutos, uno entiende que lo suyo no es impostar un personaje para las cámaras.El marido de la actriz Macarena Gómez lleva unas semanas en el centro de las polémicas por sus declaraciones en las redes sociales y en los platós de televisión. Sus opiniones políticas, expresadas sin filtros, han conseguido que muchos descubran al artista que hay detrás de los focos. «Yo me dedico a la pintura, vivo de la pintura, me gusta hacer arte, me gusta traer belleza al mundo ». Otros, sencillamente, han encontrado en él un nuevo motivo para discutir. A Aldo, que tiene bastante asumido que no va a gustar a todo el mundo, la situación le divierte más de lo que parece preocuparle.«Me sorprende mucho lo de ‘qué valiente eres’ y todo ese rollo cuando, al final, estoy diciendo lo que todo el mundo piensa», asegura. Admite que a veces utiliza términos bruscos y se expresa como si estuviera en un bar, pero no tiene intención de cambiar su manera de hablar. «Es intensito», reconoce.Aldo Comas cree que parte de su popularidad tiene que ver con una forma de comunicar que, a su juicio, no abunda. «La derecha siempre ha tenido un problema de comunicación y quizás falta más gente como yo que comunique sus valores sin que se le asocie a símbolos arcaicos. Hoy en día tenemos una derecha más moderna», explica. Aunque esa exposición pública también tiene su precio. « Los ‘haters’ son una raza espectacular. Es la tergiversación de la democracia : ahora todo el mundo puede hablar, todo el mundo puede opinar, todo el mundo puede insultar», dice.Reconoce que al principio le afectaba más, especialmente cuando los comentarios iban dirigidos contra su familia. «Cuando recibo amenazas de muerte o hablan de mi hijo, hablan de mi madre, que en paz descanse, o cosas de estas, joden un poco», admite.Una infancia poco convencionalPara entender a Aldo Comas hay que retroceder a su infancia, que, como recuerda, fue de todo menos normal. Su padre era motero de Harley-Davidson y él, con apenas cinco años, ya acudía a las concentraciones. «Mi padre me soltaba con una Harley de batería y me decía: ‘Si te pierdes, tú busca a los Ángeles del Infierno», recuerda. Y así lo hacía. Cuando no encontraba a su padre, localizaba el emblema de las calaveras y «entre seis Ángeles del Infierno me escoltaban con mi moto en medio y me llevaban hasta donde estaba mi padre».  A los trece años ya recorría miles de kilómetros por Libia en quad y competía en motocross. «He hecho muchas locuras divertidas. Soy como soy gracias a ese pasado», asegura.«Los ‘haters’ son una raza espectacular. Es la tergiversación de la democracia: ahora todo el mundo puede hablar, todo el mundo puede opinar, todo el mundo puede insultar»La inquietud le acompaña desde niño. A Aldo Comas le diagnosticaron TDAH cuando todavía no era tan habitual identificar este trastorno, y también le detectaron altas capacidades. «Soy de libro», bromea. La medicación le ayudó a seguir estudiando. «No podía estar en clase quieto si no estaba medicado. Era un absoluto coñazo, yo quería estar en el campo jugando», recuerda. Ahora, años después, confiesa que ha vuelto a medicarse.Tania SieriaSu abuela fue una de las primeras personas que supo reconocer su don como pintor. «Ella fue la que metió caña. Había pintado toda su vida, pero nunca había expuesto ni había vendido. Yo empecé a vender mis primeras obras, que eran cuadros de ella: los intervenía por encima, mantenía su firma y ponía la mía. De alguna manera fue un homenaje a ella », recuerda con cariño.Su necesidad de moverse, crear y probar cosas nuevas le llevó primero al mundo de la música y las bandas de rock; después, a montar una productora desde la que dirigió videoclips y otros proyectos creativos. Su aventura empresarial más ambiciosa llegó años más tarde, con la creación de un túnel de viento en Zaragoza. El proyecto, que le había llevado siete años de trabajo, abrió sus puertas apenas unos meses antes de la llegada de la pandemia. El COVID-19 terminó convirtiéndose en su peor enemigo. «Me arruiné en la pandemia y, de repente, descubrí que por 500 pavitos o 300, o sea, casi nada, podía vivir exageradamente feliz en la montaña, en el campo, a tomar por culo. Tengo la capacidad de hacerme bola, recluirme, no focos, no cámaras y vivir feliz», confiesa.«Me arruiné en la pandemia y, de repente, descubrí que por 500 pavitos o 300, o sea, casi nada, podía vivir exageradamente feliz en la montaña»Hoy su vida transcurre en un antiguo molino del siglo XVII restaurado, situado en la comarca del Alt Empordà (Girona), en Cataluña, entre animales, la pintura, la familia y las tareas cotidianas de la casa. Se levanta a las 6:45 de la mañana, lleva a su hijo Dante (11 años) a la parada del autobús, revisa que los animales tengan agua y estén bien y se ocupa de alguna tarea del campo. Después pinta, responde correos, prepara la comida y, si puede, duerme la siesta. Porque, si hay una costumbre que defiende con convicción, es esa. «Cada día de mi vida hago la siesta, es muy importante. Una siesta de entre 17 y 27 minutos», explica. Por la tarde vuelve a ponerse en marcha, recoge a su hijo del colegio y le ayuda con los deberes.Ahora trabaja en nuevas colecciones y prepara una exposición para marzo en Madrid. Entre sus planes está desarrollar una propuesta centrada en la hispanidad, muy vinculada a España, además de continuar con las esculturas. Acaba de presentar Family Things, una colección en la que reflexiona sobre la infancia, la naturaleza y la edad adulta. Sus obras no están únicamente reservadas a los grandes coleccionistas. Los precios se mueven entre los 500 y los 8000 euros, y no tiene intención de subirlos por el momento. « Me gusta mucho vender cuadros de 500 pavos a alguien a quien le cuesta y noto mucho amor en gente que hace la inversión de su primera obra», explica.En ocasiones, incluso ha regalado alguna pieza a personas que deseaban tenerla, pero no podían permitírsela. Para él, esa relación directa con quien compra su trabajo es parte de la experiencia artística. Responde personalmente a los correos, graba vídeos para los clientes y, cuando puede, entrega las obras en sus casas o los recibe en su estudio.16 años de amorAldo lleva dieciséis años junto a Macarena Gómez, una de las actrices más reconocibles de ‘La que se avecina’. La historia de su encuentro parece escrita para una comedia romántica poco convencional. Se conocieron en un bar de Buenos Aires cuando ella salía del baño y él entraba. «Le dije: ‘Hostia, te pareces a Miércoles Addams’ », recuerda, en referencia al personaje popularizado por Christina Ricci. La actriz resultó ser cordobesa y la conversación terminó con unos besos y un intercambio de teléfonos. Dos meses después, Aldo tenía un concierto en Madrid y Macarena apareció en primera fila con una camiseta que llevaba un mensaje muy suyo: ‘Barbie is a bitch’. A partir de ahí comenzó una relación que se ha mantenido durante más de una década y media.Aldo tiene claro que el secreto para que su relación dure es «admirarse mutuamente, obviar ciertas gilipolleces, porque hay veces que hoy en día le damos importancia a muchas tonterías», sostiene. Tener un hijo ha servido para consolidar ese proyecto en común: «Para mí es el amor más heavy, puro, brutal que existe. Es la obra de arte final».Aldo Comas y Macarena Gómez GtresTampoco le molesta que todavía haya quien le presente como el marido de Macarena Gómez. Es consciente de que la actriz lleva años entrando en las casas de millones de espectadores gracias a ‘La que se avecina’, mientras que su trayectoria artística ha transcurrido por caminos menos. « Yo siempre voy a ser el marido de Macarena , igual que ella es mi esposa, a nivel simbólico. Nunca me ha molestado», afirma.De hecho, cuando recuerda su primera aparición en los Goya, reconoce que quizá no podía esperar otra cosa. «Aparezco yo en unos Goya siendo un músico o artista, que no conoce ni Cristo, con tres toros enganchados… Claro, tengo culpa de que me llamen el marido de Macarena», bromea.«Soy supercatalán y superespañol. Me he comido banderas independentistas en Cataluña 8 años, 10, 15 años por todas partes, saco yo una banderita de España a la ventana y se lía»El matrimonio también tiene acordado cómo responder ante los focos: «Cuando vamos a los Goya o alfombras rojas, ya tenemos medio pactado que, si es pregunta política, me meto yo al trapo. Prefiero ponerme yo de ‘sparring’ y que me peguen a mí antes de que a ella».A su juicio, el arte ha estado tradicionalmente asociado a posiciones progresistas y los artistas conservadores han tenido menos espacio para expresarse. El episodio de los Goya en el que exclamó «¡Viva España!» es uno de los ejemplos. Para él, que una declaración así se convierta en viral en cuestión de minutos dice mucho de la relación que existe en España con los símbolos nacionales. «Este país está creando a los fachas. Cuanto más te llaman facha, más ganas tienes de decir: ‘Pues sí, soy facha.¿Y qué pasa?’. Soy supercatalán y superespañol . Me he comido banderas independentistas en Cataluña 8 años, 10, 15 años por todas partes, saco yo una banderita de España a la ventana y se lía», afirma.Sus críticas se extienden también a determinados discursos de actores y artistas que se posicionan públicamente en causas políticas: « Al final siempre es como que solo pueden manifestarse los de izquierdas , pero tú de derechas haces cualquier cosa y te comen, se te tiran encima. Pero tú de izquierdas puedes decir lo que quieras, que no pasa nada».Aunque tampoco quiere que la política termine ocupando todo su tiempo. Quizá por eso insiste en que la televisión no es una meta profesional. Ha recibido ofertas para participar en otros formatos, pero descarta de plano ‘realities’ como ‘Supervivientes’ o ‘Gran Hermano’. «Me los han ofrecido todos. Pero no voy ni aunque me paguen 10 millones de euros».Lo que sí tiene claro es que, si mañana desaparecieran las cámaras, Instagram y las polémicas, su vida apenas cambiaría. Seguiría pintando y viviendo en la montaña, rodeado de su familia y de sus animales. No necesita demasiado para sentirse bien y ha aprendido a disfrutar de una existencia alejada del ruido.

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