Han llegado los Premios Emmy del 2026, los famosos reconocen a los mejores de la televisión y aceptan sus trofeos.
Este año, The Pitt¸ el drama médico que lideró las categorías con 25 nominaciones como Mejor serie dramática, un reconocimiento que ganó el año pasado junto con demás victorias de actuación para Noah Wylie y Katherine LaNasa. Este año, Wylie, LaNasa, Patrick Ball, Shawn Hatosy, Gerran Howell, Taylor Dearden, Fiona Dourif y Sepideh Moafi están nominados por sus interpretaciones.
Hacks le pisó los talones con 24 nominaciones y estableció el récord de mayor número de nominaciones al Emmy para una temporada singular de una comedia televisiva. Además, compitió para “Mejor Serie de Comedia”. La coprotagonista del programa, Jean Smart, está en búsqueda de su quinta victoria por su rol como Deborah Vance, también, Hannah Einbinder fue nominada para la Mejor actriz de reparto en una serie de comedia, una distinción que obtuvo en 2025.
Dos shows destacados recibieron nominaciones este año: Pluribus y Widow’s Bay. La segunda, una macabra comedia sobre una isla maldita de Nueva Inglaterra, obtuvo 19 nominaciones, incluyendo apariciones actorales para las estrellas Matthew Rhys, Stephen Root, Dale Dickey y Kate O’Flynn.
Pluribus, la serie postapocalíptica de ciencia ficción de Vince Gilligan, el creador de Breaking Bad acumuló 18 nominaciones. La estrella, Rhea Seehorn tiene la posibilidad de conseguir un Emmy por su actuación tras perder dos veces anteriores cuando fue parte integral del elenco de Better Call Saul, la precuela de Breaking Bad. Sus compañeros de reparto, Carlos-Manuel Vesga y Karolina Waydra también fueron nominados.
Ortos nominados notables son Beef y DTF St. Louis encabezaron las categorías de miniseries. Asimismo, recibieron nominaciones los títulos favoritos habituales de los Emmy, entre ellos Only Murders in the Building, Abbott Elementary, Slow Horses, The Bear y The Diplomat.
Consulta a continuación la lista completa de ganadores (en negrilla) tal como fueron anunciados en la ceremonia,
Nominados a los Emmys 2026
Mejor serie dramática
The Diplomat
The Gilded Age
A Knight Of The Seven Kingdoms
Paradise
The Pitt
Pluribus
Slow Horses
Your Friends & Neighbors
Mejor serie de comedia
Abbott Elementary
The Bear
Hacks
Margo’s Got Money Troubles
Nobody Wants This
Only Murders In The Building
Shrinking
Widow’s Bay
Mejor serie limitada o antológica
All Her Fault
The Beast in Me
Beef
DTF St. Louis
Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette
Mejor actriz principal en una serie dramática
Carrie Coon, The Gilded Age
Chase Infiniti, The Testaments
Keri Russell, The Diplomat
Rhea Seehorn, Pluribus
Zendaya, Euphoria
Mejor actor en una serie dramática
Sterling K. Brown, Paradise
Gary Oldman, Slow Horses
Mark Ruffalo, Task
Rufus Sewell, The Diplomat
Noah Wyle, The Pitt
Mejor actor principal en una serie de comedia
Yahya Abdul-Mateen II, Wonder Man
Steve Carell, Rooster
Matthew Rhys, Widow’s Bay
Jason Segel, Shrinking
Martin Short, Only Murders In The Building
Mejor actriz principal en una serie de comedia
Quinta Brunson, Abbott Elementary
Ayo Edebiri, The Bear
Elle Fanning, Margo’s Got Money Troubles
Lisa Kudrow, The Comeback
Jean Smart, Hacks
Mejor actriz en serie limitada o antológica o película
Claire Danes, The Beast in Me
Sally Field, Remarkably Bright Creatures
Carey Mulligan, Beef
Sarah Pidgeon, Love Story: John F. Kennedy Jr. and Carolyn Bessette
Sarah Snook, All Her Fault
Mejor actor en serie limitada o antológica o película
Riz Ahmed, Bait
Jason Bateman, Black Rabbit
Charlie Hunnam, Monster: The Ed Gein Story
Oscar Isaac, Beef
Matthew Rhys, The Beast in Me
Mejor actor de reparto en una serie dramática
Patrick Ball, The Pitt
Billy Crudup, The Morning Show
Shawn Hatosy, The Pitt
Gerran Howell, The Pitt
Tom Pelphrey, Task
Carlos-Manuel Vesga, Pluribus
Mejor actriz de reparto en una serie dramática
Taylor Dearden, The Pitt
Fiona Dourif, The Pitt
Allison Janney, The Diplomat
Katherine LaNasa, The Pitt
Julianne Nicholson, Paradise
Karolina Wydra, Pluribus
Mejor actor de reparto en una serie de comedia
Paul W. Downs, Hacks
Colman Domingo, Four Seasons
Harrison Ford, Shrinking
Nick Offerman, Margo’s Got Money Troubles
Stephen Root, Widow’s Bay
Michael Urie, Shrinking
Tyler James Williams, Abbott Elementary
Mejor actriz de reparto en una serie de comedia
Hannah Einbinder, Hacks
Dale Dickey, Widow’s Bay
Kate O’Flynn, Widow’s Bay
Janelle James, Abbott Elementary
Megan Stalter, Hacks
Jessica Williams, Shrinking
Mejor actriz de reparto en serie limitada o antológica o película
Linda Cardellini, DTF St. Louis
Dakota Fanning, All Her Fault
Joy Sunday, DTF St. Louis
Laurie Metcalf, Monster: The Ed Gein Story
Constance Zimmer, Love Story: John F. Kennedy Jr. and Carolyn Bessette
Mejor actor de reparto en serie limitada o antológica o película
Jason Bateman, DTF St. Louis
Richard Gadd, Half Man
David Harbour, DTF St. Louis
Nick Offerman, Death by Lightning
Richard Jenkings, DTF St. Louis
Mejor programa de competencias
Dancing With the Stars
RuPaul’s Drag Race
Survivor
Top Chef
The Traitors
Mejor Talk Show
The Daily Show
Jimmy Kimmel Live!
Last Week Tonight With John Oliver
The Late Show With Stephen Colbert
Saturday Night Live
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Antes de que Sacha Baron Cohen se golpeara la cabeza y despertara en una sociedad dominada por mujeres, otro Damien ya había sufrido exactamente el mismo accidente. Era Vincent Elbaz, protagonista de No soy un hombre fácil (Je ne suis pas un homme facile), la comedia francesa escrita y dirigida por Éléonore Pourriat en 2018. Las damas primero no solo toma prestada su premisa, sino que reproduce sus situaciones, su inversión de las conductas sexuales y hasta buena parte de sus conclusiones.
La idea había aparecido inicialmente en Majorité opprimée, cortometraje realizado por Pourriat en 2010 y convertido en un fenómeno viral cuando comenzó a circular con subtítulos en inglés cuatro años después. Allí, un padre de familia debía atravesar un mundo donde las mujeres ocupaban el espacio público con la agresividad tradicionalmente atribuida a los hombres. El personaje recibía comentarios sexuales, sufría acoso callejero y terminaba siendo atacado, para después descubrir que su propia esposa minimizaba lo ocurrido. La inversión revelaba con enorme claridad cómo ciertas violencias parecen normales mientras recaigan sobre el cuerpo acostumbrado a soportarlas.
Pourriat extendió aquel dispositivo en No soy un hombre fácil. Damien, un machista satisfecho con su lugar en el mundo, despertaba en una sociedad donde los hombres debían preocuparse por su apariencia, atender el hogar y protegerse del deseo depredador de las mujeres. Allí conocía a Alexandra (Marie-Sophie Ferdane), una escritora poderosa que se comportaba con la arrogancia sexual que el cine había celebrado durante décadas en sus protagonistas masculinos.
La película francesa tampoco era una sátira perfecta. Su mundo invertido dependía de estereotipos evidentes y la reiteración terminaba debilitando varios chistes. Pero poseía una libertad sexual, una mala leche y una voluntad de provocar que impedían confundirla con una clase de recursos humanos. Más que pretender imaginar una utopía feminista, Pourriat mostraba el mismo sistema de dominación después de intercambiar a víctimas y victimarios. Su argumento no era que las mujeres gobernarían de ese modo, sino que los comportamientos aceptados en los hombres se vuelven grotescos apenas cambia el género de quien los ejerce.
Las damas primero traslada la historia a Londres y convierte a Damien Sachs en un exitoso ejecutivo publicitario, mujeriego profesional y beneficiario de una estructura construida para facilitarle la vida. Su jefe, Fred (Charles Dance), quiere entregarle la dirección de la compañía, mientras Alex Fox (Rosamund Pike), la única mujer con verdadera autoridad creativa dentro de la empresa debe soportar que sus ideas sean ignoradas y su capacidad subordinada a los privilegios masculinos.
Cuando Alex abandona la compañía después de escuchar varios comentarios misóginos, Damien intenta detenerla, se golpea la cabeza y despierta en una realidad alternativa. Ahora las mujeres controlan las empresas, la religión, la política y la vida sexual, mientras los hombres son educados para resultar atractivos, complacientes y útiles. Los cuerpos masculinos venden hamburguesas, Victor’s Secret comercializa ropa interior para ellos y Arabia Saudita acaba de concederles el derecho a conducir. Un demente obsesionado con las palomas (un desperdiciado Richard E. Grant) actúa como guía y conciencia.
Al principio, las inversiones producen algunos buenos momentos. Damien intenta intervenir en una reunión mientras las ejecutivas lo interrumpen, desestiman sus propuestas y comentan su apariencia. También debe soportar los avances de Felicity Chase (Fiona Shaw), directora de la empresa, y enfrentarse a una Alex convertida en una poderosa ejecutiva que bebe, seduce y utiliza a los hombres con absoluto desparpajo. Todo cuanto él interpretaba como una manifestación natural de la virilidad adquiere otro significado cuando deja de tener el control.
La película acierta al señalar que el sexismo no se limita a las agresiones evidentes. También habita en las interrupciones, las bromas, las miradas, las exigencias estéticas, la condescendencia y las decisiones laborales aparentemente insignificantes. Para muchas mujeres, esas experiencias forman parte de una rutina tan normalizada que los hombres pueden convivir con ella sin reconocerla. Las damas primero cambia el punto de vista para colocar esas conductas en el centro del encuadre.
Como herramienta pedagógica, la estrategia funciona. Un espectador masculino que jamás haya percibido esas desigualdades puede comprenderlas al observar a Damien cosificado, silenciado y obligado a demostrar su competencia frente a personas que solo reparan en su cuerpo. La película produce una forma elemental de empatía. Si algunos hombres necesitan imaginarse como víctimas para reconocer la violencia ejercida contra las mujeres, aquí reciben una demostración de noventa minutos.
Como comedia, en cambio, se queda corta. Los chistes rara vez provocan carcajadas porque cada ocurrencia es presentada, repetida y finalmente explicada. La primera inversión puede ser divertida; la segunda confirma el mecanismo; la tercera permite anticipar todas las siguientes. La película identifica una desigualdad, intercambia los géneros y espera que la sustitución sea suficiente para sostener el humor.
Es aquí donde la comparación con No soy un hombre fácil resulta desfavorable. La adaptación cuenta con mayores estrellas, una producción más costosa y un entorno corporativo reconocible, pero parece menos dispuesta a empujar su propia premisa al límite. La adaptación escrita por Natalie Krinsky, Cinco Paul y Katie Silberman conserva la estructura de la película francesa mientras reduce su ferocidad. Es como si hubiera reproducido el experimento después de retirar todos los elementos que podían causar una reacción peligrosa.
La sátira necesita precisión, pero también riesgo. Debe llevar una idea más lejos de lo aconsejable, revelar la violencia escondida dentro de una conducta aceptada y permitir que el público se ría antes de preguntarse por qué lo hizo. Las damas primero parece demasiado preocupada por evitar que su mensaje sea malinterpretado. Cada chiste llega acompañado por una resolución moral, como si el guion desconfiara tanto de sus personajes como de sus espectadores.
Ese temor representa un problema recurrente en la comedia contemporánea. Muchas producciones parecen desarrolladas bajo la mirada simultánea de abogados, publicistas y comités dedicados a prevenir polémicas en redes sociales. No se trata de defender el insulto gratuito ni de añorar una época en la que cualquier prejuicio podía presentarse como humor. Se trata de recordar que una sátira incapaz de arriesgarse termina convertida en un documento corporativo. Puede tener razón en cada diapositiva y no provocar una sola carcajada.
Por eso sorprende especialmente la timidez de Sacha Baron Cohen. El responsable de Ali G, Borat, Brüno, El dictador y Who Is America? construyó su carrera entrando en territorios donde la comedia podía tornarse grotesca, peligrosa o directamente ofensiva. Sus mejores personajes no explican la hipocresía social, sino que la provocan hasta obligarla a mostrarse. Aquí interpreta una versión domesticada de sí mismo. Damien es despreciable porque el guion lo establece, pero nunca alcanza la ferocidad cómica necesaria para convertir su caída en un verdadero espectáculo.
Baron Cohen posee la gestualidad y la arrogancia que necesita el personaje, además de una vulnerabilidad física capaz de volver ridículo a un hombre poderoso. Sin embargo, la película nunca le permite perder el control por completo. Su transformación moral llega con demasiada puntualidad, como una cita agendada por el departamento de guion. El hombre que pasó su vida beneficiándose del machismo descubre la empatía porque la trama necesita avanzar hacia una conclusión conciliadora, no porque haya sido demolido por la experiencia.
Algo semejante ocurre con Alex Fox (Rosamund Pike). La actriz de las retorcidas Gone Girl e I Care a Lot ha demostrado que no teme interpretar mujeres crueles, dominantes y moralmente repulsivas. Posee una elegancia capaz de transformarse en amenaza y puede convertir una sonrisa en una declaración de guerra. Aquí está perfectamente elegida como ejecutiva que controla la oficina, pero el guion reduce su autoridad a una suma de comportamientos considerados masculinos como beber, acosar, ordenar y utilizar sexualmente a los demás.
La película tampoco imagina una sociedad realmente construida por mujeres, sino el mismo patriarcado con los nombres cambiados. Las jerarquías empresariales, los modelos de belleza, las estructuras religiosas y las relaciones sentimentales permanecen intactos; únicamente se intercambian quienes dominan y quienes obedecen. Esa decisión sirve para demostrar la arbitrariedad de los roles, pero impide explorar cómo una distribución diferente del poder podría transformar las instituciones.
Fiona Shaw consigue darle mayor peligrosidad a Felicity Chase. Cada encuentro con Damien reproduce conductas que durante décadas fueron presentadas en el cine como formas normales del cortejo masculino. Shaw entiende que no basta con invertirlas y las interpreta con la seguridad de quien posee suficiente poder para disfrazar el acoso de cortesía.
La conversión del relato en comedia romántica durante su tramo final debilita todavía más la premisa. El conflicto colectivo termina reducido a la posibilidad de que Damien y Alex aprendan a relacionarse. El patriarcado, después de presentarse como una estructura laboral, religiosa, sexual y familiar, parece encontrar solución en la educación sentimental de un solo individuo. El mensaje es que el sistema cambiaría si los hombres fueran mejores personas, una conclusión razonable pero demasiado pequeña para el problema planteado.
Aun así, sería injusto declarar inútil a Las damas primero. Su descripción de la desigualdad puede parecer obvia para quienes llevan años reflexionando sobre ella, pero no todos los espectadores comienzan desde el mismo lugar. Todavía existen hombres que solo identifican el acoso cuando imaginan a una mujer aproximándose a ellos de esa manera, o que necesitan ver un cuerpo masculino convertido en mercancía para comprender la violencia de la cosificación.
La película puede abrir una conversación, validar experiencias femeninas frecuentemente minimizadas y conseguir que ciertos espectadores examinen su comportamiento desde otra perspectiva. Su alcance masivo quizá lleve estas ideas hasta personas que nunca buscarían una obra feminista más compleja. Esa utilidad no es menor, aunque tampoco convierte automáticamente una lección necesaria en una buena película.
Las damas primero posee una premisa todavía vigente, dos protagonistas capaces de llevarla mucho más lejos y una obra francesa que ya había demostrado sus posibilidades ocho años antes. Pero donde No soy un hombre fácil se atrevía a ensuciarse, la adaptación procura mantener las manos limpias. Cambia el idioma, amplía el reparto y mejora el envoltorio, pero pierde el filo. Y una sátira sin filo puede señalar perfectamente la herida; lo que no puede hacer es abrirla.
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Gerard Way reveló el sábado, durante el concierto de My Chemical Romance en San Antonio, que la banda planea grabar un nuevo álbum, el primero en más de 16 años.
My Chemical Romance ha pasado el último año de gira para celebrar el 20.º aniversario de The Black Parade, publicado en 2006. La banda lanzó un álbum más —Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys, de 2010— antes de separarse durante cinco años a mediados de la década de 2010.
El grupo se reunió en 2019 para una serie de giras, pero desde entonces solo ha lanzado una nueva canción: “The Foundations of Decay”, de 2022. Sin embargo, durante el concierto del sábado, Way les reveló a los fans que MCR espera comenzar a trabajar en su esperado próximo álbum.
“Probablemente deberíamos hacer más canciones. [‘The Foundations of Decay’] fue realmente increíble mientras seguíamos tocándola”, les dijo Way a los asistentes del Alamodome. “Y luego, ya saben, pasan cosas, la vida pasa. Pero sepan que, en realidad, siempre quisimos hacer otro disco, así que esperamos poder hacerlo. Porque ustedes, honestamente, nos mantuvieron con vida durante tanto tiempo que se merecen otro disco”.
El concierto del sábado marcó el cierre oficial de la etapa norteamericana de la gira Long Live the Black Parade, aunque la banda continuará en la carretera con dos presentaciones en festivales: Louder Than Life, en Louisville, Kentucky, y Aftershock, en Sacramento, California. Después, My Chemical Romance ofrecerá una residencia de cinco noches en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, que concluirá el 31 de octubre, en Halloween.
Después de eso, MCR emprenderá una gira de un mes por el Sudeste Asiático que terminará a finales de noviembre. A partir de entonces, la banda espera poder regresar al estudio.
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Una joven de 16 años murió este lunes luego de sufrir una descompensación cuando se disponía a ingresar al recital de la banda surcoreana Stray Kids en el Hipódromo de San Isidro. Pese a la asistencia médica recibida y su posterior traslado a un centro de salud, falleció horas más tarde.
La adolescente, identificada por sus iniciales D.G.P., había asistido al evento junto a su cuñada, de 22 años. De acuerdo con fuentes municipales, la menor comenzó a sentirse mal en los momentos previos al ingreso al predio donde se desarrollaba el espectáculo.
Personal de emergencias que se encontraba en el lugar intervino de inmediato y dispuso su traslado en ambulancia al Hospital Central de San Isidro, ubicado a pocas cuadras del hipódromo.
Una vez en el centro asistencial, los médicos realizaron tareas de reanimación, pero la joven no logró recuperarse y falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio. De todos modos, las causas precisas de la muerte deberán ser determinadas por los estudios médico-legales correspondientes. La investigación quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción N° 1 de San Isidro.

Desde el Municipio señalaron que el evento contaba con todos los dispositivos de asistencia exigidos para este tipo de espectáculos masivos. Entre ellos mencionaron ambulancias, socorristas, personal de la Cruz Roja, puestos de hidratación y un plan sanitario previamente autorizado por las autoridades locales. Además, indicaron que dichos recursos fueron supervisados durante el operativo desplegado en el predio.
Por su parte, la productora DF Entertainment expresó su pesar por lo ocurrido mediante un comunicado oficial. La empresa aseguró estar acompañando a la familia de la joven y colaborando con las autoridades en todo lo que sea requerido.
La presentación marcó el debut de Stray Kids en la Argentina. El grupo surcoreano, uno de los fenómenos más convocantes del K-pop, reunió a miles de seguidores en San Isidro, muchos de los cuales permanecieron varios días en las inmediaciones del lugar para conseguir una ubicación privilegiada cerca del escenario.
Antes de la actuación principal también participaron los artistas invitados NEXZ, K4OS y Cocho. En tanto, para este martes está prevista la segunda y última fecha de la banda en el país.
El comunicado de la productora:
DF Entertainment informa que el pasado 14 de septiembre, aproximadamente a las 19:00 horas, una persona se desvaneció en las inmediaciones del Hipódromo de San Isidro antes de ingresar al festival STRAYCITY. El personal de emergencias la asistió de inmediato y fue trasladada al Hospital Central de San Isidro “Dr. Melchor Ángel Posse”. Lamentablemente, a pesar de los intentos de reanimación, falleció poco tiempo después.
DF Entertainment lamenta profundamente esta trágica pérdida y expresa sus más sinceras condolencias a la familia y seres queridos de la persona fallecida. Nos encontramos en contacto con la familia y colaborando plenamente con las autoridades correspondientes. Cualquier información adicional sobre las circunstancias del hecho será brindada por dichas autoridades.
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En 1998, Hechizo de amor reunió a Sally Owens (Sandra Bullock) y Gillian Owens (Nicole Kidman), dos hermanas pertenecientes a una familia de brujas condenadas a perder a los hombres que aman. La película mezclaba comedia romántica, fantasía, asesinato, violencia doméstica, posesiones y números musicales alrededor de unas margaritas de medianoche. La crítica la destrozó con bastante razón. Su relato cambiaba de tono sin control, la puesta en escena parecía improvisada y el vínculo entre sus géneros dependía de que el espectador aceptara el caos como parte del encanto.
Griffin Dunne, recordado por interpretar al atribulado Paul Hackett de After Hours y al desafortunado Jack Goodman de Un hombre lobo americano en Londres, nunca consiguió la misma personalidad detrás de la cámara. Su filmografía como realizador incluye las fallidas comedias románticas Adictos al amor, con Meg Ryan y Matthew Broderick, y Marido accidental, con Uma Thurman, Jeffrey Dean Morgan y Colin Firth (quizás unas de las peores películas de todos los tiempos). Dentro de esa carrera errática, Hechizo de amor quizá sea su largometraje más estimable, en gran medida gracias a Bullock, Kidman y una banda sonora que entendía mejor a las protagonistas que el propio relato.
El paso de los años transformó aquel fracaso en una película de culto. Las reposiciones televisivas, el video casero y el streaming encontraron una audiencia que se reconoció en la relación entre las hermanas Owens, la casa familiar, los rituales compartidos y la idea de una estirpe femenina capaz de sobrevivir a sus desgracias. Hollywood ha aprendido a convertir esa clase de afecto tardío en propiedad intelectual, de modo que Hechizo de amor: La magia continúa llega 28 años después para comprobar cuánto permanece del encantamiento.
Sally ha vuelto a renunciar a la magia. La muerte de su segundo esposo confirmó que la maldición familiar seguía activa y la llevó a borrar de la memoria de sus hijas cualquier conocimiento sobre sus poderes. Gillian continúa practicando hechizos a escondidas, convencida de que negar la herencia de las Owens únicamente aplaza sus consecuencias.
El conflicto reaparece cuando Kylie (Joey King) descubre la verdad y su novio Gideon (Xolo Maridueña) queda en coma por efecto de la maldición. Guiada por el recién descubierto Libro del Cuervo, la joven viaja a Inglaterra en busca del origen de la magia familiar. Sally y Gillian la siguen mientras Antonia (Maisie Williams) permanece junto a Gideon. El recorrido incorpora al profesor de ocultismo Ian Wright (Lee Pace) y al misterioso Thomas Lockland (Solly McLeod), dos figuras masculinas situadas en lados opuestos de la galantería y la villanía.
Susanne Bier aporta una dirección más segura que la de Griffin Dunne. La realizadora danesa posee una trayectoria respaldada por Corazones abiertos, Hermanos, Después de la boda y En un mundo mejor, ganadora del Óscar a mejor película internacional. También conoce bien a sus protagonistas, pues dirigió a Bullock en Bird Box y a Kidman en The Undoing. Su experiencia ordena mejor los cambios de tono y les concede mayor claridad a los conflictos familiares.
El guion de Akiva Goldsman, Georgia Pritchett y Kelly Marcel acumula personajes, revelaciones genealógicas y reglas mágicas durante dos horas y diez minutos. La búsqueda del origen de la maldición pierde ritmo en varios pasajes y los hombres aparecen como simples funciones argumentales. Ian Wright encuentra en Lee Pace una presencia cálida y excéntrica, aunque su relación con Sally apenas dispone del tiempo necesario para crecer. Thomas Lockland posee intenciones más oscuras y representa una masculinidad herida por el poder femenino, pero su construcción resulta demasiado estereotipada y evidente.
Joey King le entrega energía a Kylie, heredera del miedo de Sally y la impulsividad de Gillian. Maisie Williams recibe menos espacio como Antonia, mientras las tías Frances (Stockard Channing) y Jet (Dianne Wiest) quedan relegadas durante buena parte del recorrido. Channing y Wiest conservan la calidez del primer largometraje, pero la película desaprovecha su sentido del humor y su capacidad para convertir la excentricidad en sabiduría familiar.
El centro sigue perteneciendo a Sandra Bullock y Nicole Kidman. Bullock recupera la ansiedad terrenal de Sally, una mujer que intenta proteger a sus hijas mediante el control y termina provocando exactamente aquello que temía. Kidman vuelve a interpretar a Gillian con ligereza, sensualidad y una confianza absoluta en la magia. Sus discusiones, miradas y reconciliaciones transmiten la historia compartida que el guion apenas necesita explicar.
También resulta valioso encontrar una producción de esta escala protagonizada por dos mujeres mayores de 60 años sin convertirlas en figuras secundarias. Sally y Gillian siguen siendo deseantes, contradictorias y capaces de conducir la historia. El tiempo modifica su relación con la maternidad, el amor y la pérdida, pero mantiene intacta la energía que las reunió en 1998.
La secuela recupera las margaritas de medianoche, las canciones de Stevie Nicks y otros elementos destinados a activar la memoria de los seguidores. Algunas referencias surgen con naturalidad; otras tienen la insistencia de una lista de requisitos exigida por la nostalgia. Aun así, la reunión de las Owens conserva una calidez difícil de fabricar.
Hechizo de amor: La magia continúa ofrece una experiencia más sólida que su antecesora y comparte con ella la ligereza de un entretenimiento estacional. La historia se extiende demasiado, el misterio carece de verdadera fuerza y las nuevas incorporaciones rara vez compiten con las veteranas. Bullock y Kidman mantienen la película a flote gracias a una complicidad que sobrevivió mejor que los efectos, las modas y la reputación de la original. Con una margarita en la mano puede ofrecer una velada agradable. Sin embargo, su hechizo comienza a desvanecerse poco después de los créditos.
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Noel Gallagher confirmó que Oasis volverá a salir de gira en 2027 y descartó una vez más la posibilidad de grabar nueva música. Sin embargo, la revelación más resonante de su reciente entrevista con la radio británica talkSPORT tuvo a la Argentina como protagonista.
Mientras repasaba los momentos más memorables de Live ’25, la gira que selló el histórico reencuentro de los hermanos Gallagher tras más de una década y media de separación, Noel fue consultado sobre cuál había sido el mejor concierto de todo el recorrido. Su respuesta fue inmediata: la segunda noche de Oasis en Buenos Aires, el 16 de noviembre de 2025, en el estadio River Plate. “Es uno de los conciertos que ninguno de nosotros olvidará. Había que estar allí”, remarcó.
Para quienes estuvieron esa noche en el Monumental, la declaración no resulta tan sorprendente. Los propios Gallagher habían alimentado durante meses esa expectativa. Antes del desembarco argentino habían repetido en distintas entrevistas que Buenos Aires era uno de los lugares que más esperaban de toda la gira. Y el público pareció asumir el desafío desde el primer minuto.
Apenas sonaron los acordes de “Hello”, las más de 75.000 personas presentes transformaron el estadio en una sola voz. Durante buena parte de la noche, Liam Gallagher se dedicó a observar y escuchar. En “Stand By Me”, por ejemplo, prácticamente abandonó el micrófono para dejar que el estribillo quedara completamente en manos de la gente. Más tarde, después de “Roll With It”, llegó uno de los tantos cánticos futboleros que atravesaron el concierto: el clásico “olé, olé, olé, cada día te quiero más”.
Al recordar ahora aquella fecha, Noel no solo destacó el show en sí, sino especialmente la respuesta del público argentino.“Sé que la gente no quiere oírlo después de la Copa del Mundo, pero esa gente de ese país, en ese estadio… son gente enviada del cielo. Es increíble cuando Oasis toca en Buenos Aires”, afirmó. “Y en cuanto a la segunda noche: quien estuvo allí, sabe que estuvo allí”.

Uno de los momentos más emotivos del concierto llegó con “Live Forever”, cuando las pantallas mostraron imágenes de Diego Maradona. Liam se dio vuelta para contemplarlas y le ofreció sus maracas y su pandereta en una suerte de homenaje improvisado. La reacción fue instantánea: todo River comenzó a cantar “¡Diego, Diego!”, en una secuencia tan argentina como improbable para una banda nacida en Manchester.
Según explicó Noel, la elección de Buenos Aires como punto más alto de la gira está directamente relacionada con esa comunión. “Muchos amigos míos de Inglaterra vinieron y fue algo increíble; el público estuvo fantástico”, señaló. Y aprovechó para reivindicar la gira completa. “La verdad es que no dimos ni un solo mal concierto. (…) Pero si se te juzga por tu última gira, entonces somos bastante buenos”, bromeó.
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