Es increíble como una cosa que parece pequeña puede terminar convirtiéndose en una historia mucho más grande. Eso es lo que logró Veintiuno con La balada de Delirio y Equilibrio, su álbum de 2025 que partió de una canción incluida en Gourmet (2018) y que le dio rienda suelta a su imaginación. “Es un disco muy de lore. Hemos desarrollado cierto lore que estaba de manera intrínseca en la banda. A mí me gusta mucho esta cosa de la intertextualidad, de introducir ideas que se desarrollen entre canciones”, comenta Diego, frontman de la agrupación. “Quiero pensar que es una cosa de construir un pequeño cosmos de lo que tú haces”.
Este universo es expansivo por naturaleza, así que ahora Diego, Pepe, Yago y Rafa presentan una ramificación más: El último baile de Delirio y Equilibrio. Este álbum no figura como una edición deluxe, sino más bien se presenta como un trabajo que conserva su independencia al contar con temas nuevos y reversiones de las canciones de su antecesor en manos de artistas invitados. Repion, Rufus T. Firefly, Puño Dragón, Grande Amore, Malmö 040, DJ Nano, XAS y Yarea dotan los cortes de un nuevo aire que permite entender que para los de Toledo los límites no existen.
Semanas antes de su lanzamiento, Diego y Yago conversaron con ROLLING STONE en Español sobre la reedición, cómo logran crean historias extensas sin perder el sentido, la influencia de la mitología en su música y lo que hay detrás de ‘Magia negra’, el corte que solo se podrá escuchar en formato vinilo.
¿Por qué decidieron seguir expandiendo este universo que crearon con La balada de Delirio y Equilibrio? ¿Por qué hacerlo con reinterpretaciones?
Diego: Cuando estás hablando de una relación de pareja, como ocurre con La balada, hay una pregunta que es inevitable: “¿Cómo habrían sido las cosas?”. Es un pensamiento que creo que tenemos todos, sobre todo, cuando algo ha salido mal. Raramente te lo preguntas cuando las cosas van bien. En la génesis de La balada incluso estaba como un easter egg porque estaba en la portada. Estaba la idea de las vidas pasadas, de qué nos ha llevado a ser quiénes somos y cómo nos comportamos, y qué podría haber sido si estuviéramos en otra posición. Con esa premisa, nos pareció que había un camino a desarrollar y hacer algo que en parte es un juego, pero también somos una banda muy interesada por ver dónde están los límites de lo que hacemos.
Somos una banda de pop, eso está en el ADN del grupo, pero nos nutrimos de muchas cosas más o menos visibles, más o menos explícitas. Cuando hemos tenido la posibilidad, hemos intentado explorar esos caminos. El hecho de poder abrir las canciones y expandirlas es muy estimulante. Ahora que la banda tiene un tamaño, podemos desarrollar la posibilidad de irnos al estudio con Rufus T. Firefly y trabajar una canción nuestra a ver a dónde nos lleva. Ese juego siempre habíamos querido hacerlo [porque], en lo creativo, es muy estimulante, mucho más que la tentación de meter una voz de un artista que te gusta y ya está. Es una búsqueda muy artística, es lo que más nos interesa hacer.
¿Qué tan inspirador resulta trabajar de esta manera y escuchar sus canciones en un estilo que ustedes no suelen trabajar?
Yago: Esa es la parte que más me ha gustado: el hecho de entregarle una canción a Repion o a Rufus. Darles una guitarra y decirles, “¿Cómo lo hubierais hecho vosotros?”. Creo que ha sido lo más enriquecedor de todo este proceso.
D: Porque se aleja de ti.
Y: Se aleja de ti, pero es tuyo.
Sí y justo quería preguntarles por esta diferencia. Diego mencionaba que una cosa es invitar a un artista para que escriba o cante un verso que ustedes ya escribieron, y otra es darle la libertad de hacer con la canción lo que le plazca. ¿Cómo llegan a darle esta confianza a alguien?
D: Hemos colaborado con gente que ya nos gustaba. No hemos tenido que arriesgarnos al abismo de alguien con quien no tuviéramos nada en común. Yo con Puño Dragón, por ejemplo, me he subido a cantar en conciertos suyos. Yarea es alguien con quien hemos coincidido mucho en el estudio y que conocemos de hace mucho tiempo. Rufus es la banda que ha servido de ejemplo para que exista Veintiuno no solo por la música que hacen, sino por la carrera que han hecho, por cómo han avanzado contra viento y marea, por cómo se han peleado con el mundo para desarrollar lo que ellos querían desarrollar. Repion son íntimas amigas desde hace 13 o 14 años.
Malmö fue un collab que llegó a nosotros. Los habíamos invitado a cantar en otras canciones y fue el bajista quien me escribió, “Tío, vengo de una ruptura, no había conectado con ‘Estarás’ y cuando lo dejé con mi pareja, volví a esa canción de manera random y me ha atravesado por la mitad”. Entonces, hemos tirado de gente con la que teníamos la confianza de saber que si les dábamos la mano, el lugar al que iba a ir, iba a estar bien de partida.

A mí me gusta que, además de ser una reedición, bien podría funcionar como un disco independiente justamente por eso. Son versiones diferentes añaden canciones que no estaban en el disco original, pero también juegan con el orden de las canciones. ¿Qué historia querían contar aquí jugando con el orden de del disco?
D: Hay canciones que han cambiado mucho su energía. Yago es una persona muy preocupada de los set, pero es que ‘Mitología’ tenía una energía profundamente diferente. Para nosotros es una canción muy Bleachers y de pronto cuando ha pasado por Grande Amore, se ha convertido en una rave. Entonces, no tenía sentido que se mantuviesen en los mismos lugares porque son canciones distintas.
Y: Sí. Igual, originalmente, La balada lo hicimos de una manera más narrativa y El último baile lo hemos hecho por sensaciones, por intensidad. Creo que ese ha sido un poco el criterio.
La conclusión que yo saqué entre el sonido, las letras y el texto que escribiste es que hay un mundo dentro de un mundo, dentro de otro mundo. Delirio y Equilibrio siempre se encuentran y al final de sus vidas recuerdan que pasaron la vida juntos, pero luego tienen que olvidarlo para volver a iniciar. ¿Cómo ha sido este proceso de expandir el universo de una canción que salió, aparte, en 2018?
D: Para mí esa es la parte más sencilla. Yo creo que lo más difícil cuando escribes una canción es adoptar un punto de vista. Hay infinitos caminos, tienes que coger uno, comprometerte con ese uno y que eso acabe siendo una canción entre los tres y seis minutos. Cuando tengo una premisa narrativa, para mí es mucho más sencillo trabajar. El ejercicio complejo es cerrarlo. ‘Magia negra’ es un cierre, porque tenía que haber uno; es una despedida.
Estoy muy enfermo de la ficción y, seguramente, La balada sea el resultado de cuatro o cinco libros que me tuvieron muy absorbido durante uno o dos años. Ahí es donde a mí me apeteció la idea de desarrollar un cosmos y así se lo conté a los chicos. Creo que tenemos una fanbase muy intensa y muy sentimental que podía disfrutar de eso. Afortunadamente, lo bueno que tiene no ser un grupo mainstream es que cuando construyes una comunidad al margen de los dos hits que tenga la banda, puedes desarrollar cosas y a lo mejor la gente se queda. Es una cosa muy increíble.
Has hablado del texto que cierra el álbum. Ese texto, con variaciones, es un compendio de varias cosas que están en mi libreta desde hace dos años porque, no sé si es una historia lineal, pero yo sé la historia que estoy contando en el disco, tengo muy claro a lo que remite. Tanto es así que remite a una canción de hace ocho años, pero también remite a otra canción de hace cinco y remite a otra de hace tres. Los temas de los que yo siento que tengo para hablar, que me interesa hablar, son muy pocos y están todos aquí porque hay una dimensión de cómo y desde dónde escribo canciones que he tenido la oportunidad de condensar aquí.
Nosotros en directo unimos ‘Desvelo’ y ‘Estarás’ porque están contando la misma cosa, están hablando de un mismo momento. Si ese momento es literal o no, es irrelevante. Lo importante es que es un momento que me ha dado para, al menos, dos canciones, casi tres.
Yo escuchaba el disco y pensaba, “¿Cómo llegó a tanto desde tan poco?”.
Y: Al final, es que una emoción ya sea amor, atracción, odio, lo que sea, es como Star Wars. Puedes extenderlo por todos los lados que tú quieras, contar historias paralelas, después hacer un What If como Marvel. Entonces, lo puedes alargar todo lo que quieras. La cosa es que sea un camino muy interesante.
Y que tenga sentido.
D: Sí, pero lo bueno es que incluso aunque creas que estás hablando de otra cosa, te va a llevar allí. A mí todo me va a llevar a un momento en el que recuerdo haber estado mirando hacia arriba en la Plaza de la Paja en una noche de verano, haciendo fiestas aquí en Madrid, y por el motivo que sea tuve una experiencia muy plástica por cómo se filtraba la luz en los árboles. Me quedé enganchado ahí y me apetecía ponerlo dentro de una canción. Puedes querer hablar del universo, pero acabarás hablando de ti.

En una declaración, Diego, dijiste que tú no terminabas las canciones, sino que las abandonabas. Pero con todo lo que ha surgido con estos dos discos, no siento que las abandones del todo. ¿Cómo sabes cuál es el momento de “abandonar” una canción?
D: Lo que lo define es la fecha de entrega. A mí me ayudan muchísimo las fechas de entrega porque es un condicionante más y te obliga a acabarlo. Es gracioso que preguntes esto porque estoy haciendo un esfuerzo muy grande ahora en acabar canciones y decir, “Creo que hasta aquí no hay más”. Es un ejercicio que estoy intentando, pero es que siempre podría ser un poco mejor.
No sé si las acabo. Alguna, por cojones, la acabaré, pero que los chicos me han visto cambiar letras en la cabina, grabando. Soy el peor compañero del mundo. Reabriría la canción, cambiaría cosas y tendría a todo el mundo condenado a repetir otra vez lo mismo, y lo peor es que no sería mejor canción, solo es inseguridad.
Yago, desde su lado, ¿cómo logran entender la mente de Diego?
Y: Bueno, porque son muchos años ya currando juntos. Lo de abandonar las canciones he de reconocer que creo que no es ni nuestro, creo que esa cita célebre se la robamos a alguien porque tiene toda la razón del mundo.
Tú en el estudio te puedes liar, hacer ahí todo lo que quieras. Entonces, es cierto que las fechas de entrega… hay que entregarlo y hay que darlo. Al final, tenemos de compañeros de viaje a una discográfica a la que hay que responder con una agenda.
Yo se lo digo a Diego, cuando me pasa alguna maqueta en acústica y voz, si creo que no es una canción terminada, le digo lo que creo que podría molar; si creo que es algo terminado, que simplemente habría que juntarse a vestir la canción, le digo que es un muy buen tema.
Es muy complejo hacer pop porque no te puedes salir de unas estructuras muy variopintas, no puedes irte a hacer estructuras de metal progresivo de repente. En cuanto tú tienes una razón de ser de esa canción y tienes una estrofa y un estribillo (parece super sencillo lo que estoy diciendo, pero ese proceso es super complejo), después hay que encontrar el sitio, el vestido. Eso es lo que lo que hacemos. En cuanto tú tienes una estrofa, un estribillo y tienes un vestido, ya tienes una canción. Lo demás es darle vueltas y empeorarla.
En La balada hay unas referencias directas al cine como Suspiria y La La Land. En este disco hay referencias a la mitología griega con ‘Troya’ y está ‘Orphee’. ¿Qué lugar tiene la mitología El último baile de Delirio y Equilibrio?
D: Yo soy un loco de la mitología, confieso. En ‘Delirio y Equilibrio’ ya había una referencia directa a Eurídice y Orfeo en el puente porque a mí ese mito me encanta. Creo que, igual que ocurre con todos los mitos clásicos, da una explicación muy bella a una serie de realidades muy complejas y me encanta la forma parabólica de contar esas cosas. Hablan de la confianza y de traicionar la confianza. Hablan de la duda y me encanta la idea de que en los últimos 3000 años la forma en la que percibimos la duda sea la misma. Tú le cuentas a una a un niño pequeño el mito de Eurídice y Orfeo, y va a entender con bastante grado de acierto por qué Orfeo miró hacia atrás.
Por responderte otra pregunta, yo soy enfermo de ficción. Soy un niño rata. Soy un crío que creció encerrado en casa leyendo, viendo películas, cómics y escuchando discos, y ahora me pagan por hacerlo. Se va a hinchar la gente de que lo haga porque me encanta y me libera.
Citar una película como Orphée, que no es solo que haga referencia al mito, sino que hace referencia a una manera de leer el mito que tuvo Jean Cocteau, es mucho más interesante que lo que yo tenga que decir.
En los vídeos de ‘Vidas pasadas’ y ‘Troya’ hay imágenes que son fotogramas de pelis y de series que hemos buscado clonar. Si alguien cree que ha encontrado una referencia a Twin Peaks dentro de ‘Vidas Pasadas’, no se lo está inventando.
¿Las canciones extra ‘Troya’, ‘Pide un deseo por mí’ y ‘Magia Negra’ surgieron durante las sesiones de La balada o se crearon después?
D: Ya estábamos trabajando en ‘Pide un deseo por mí’ antes de terminar La balada. Había una maqueta. ‘Troya’ creo que ya es posterior. ‘Vidas pasadas’, sin duda, es anterior. Dejé un pequeño easter egg en la portada de La balada porque sabía que en algún momento esa canción iba a estar. ‘Magia negra’ es una canción muy ex novo y se queda para el fan de la banda que haya hecho el esfuerzo que gastarse 40 y pico euros en un vinilo. Es una canción que vamos a dejar para quien quiera entrar.
Hablando de la canción, por el título me imaginé que iba a ser más mística a nivel sonoro, pero cuando la escuché me sorprendí porque la sentí un poco más country. Además, la “magia negra” la tomé como si fuera algo positivo o algo de lo que el protagonista de la canción sabe de sus riesgos, pero no le importa recurrir a ella. ¿Por qué justo esta es la canción oculta y no otra?
D: En parte porque es la última. Yo creo que es una forma muy bonita de cerrar lo que queríamos contar. Para que veas, el texto de la contraportada del disco es anterior a la canción. Tan al final fue que ese texto es anterior a la canción. El texto ya buscaba ser conclusivo con la narración, y aun así la canción es posterior. Entonces, es una canción que está muy pensada para ser el final de algo.
Y: Sí, también como has dicho que tenía un toque country, hacer un ghost track es una buena oportunidad para probar cosas que quieres hacer sin que sea el siguiente super single de la banda. No sabemos si en algún futuro estará en plataformas digitales, pero se va a pasar un buen tiempo siendo ghost en el vinilo.
D: El último disco de Noah Kahan y el último disco de Mumford & Sons tienen mucha culpa de que exista esa canción.
¿La canción resultó siendo lo que esperaban?
D: Menos mal que no. Eso es aburridísimo.
Y: Si no te sorprende, igual estás haciendo algo mal.
D: Yo sí que te reconozco que quería desde hace bastante tiempo que la última canción de ese disco se refiriera al “último baile”. Quería que se diera, pero no tenía una canción. Tardé muchísimo en tenerla y no creía que fuera llegar a nada y ese tipo de canción no es algo que nosotros hayamos hecho mucho. Shuffles Veintiuno tendrá dos, y este será el segundo o el tercero. No es un estilo de canción que hayamos trabajado mucho. Pero era, “Cuando está lo sabes. Cuando no está, te puedes perder y tirarte buscando muchísimo tiempo, pero cuando la tienes, lo sabes”. Esa canción está escrita en una mañana. Cuando la tuve fue como, “Me voy a ir con esto a muerte con vosotros”, porque tenía clarísimo que esa canción era.
Me gusta eso de que sea diferente porque va muy con la vibra del disco de llevar las canciones de Veintiuno a otras dimensiones que quizás no uno no se imagina al escuchar la banda en general. Este álbum es un standout en su discografía.
D: Sí. También es que cualquier proyecto artístico, creo, es muy preso de lo que se hace popular del proyecto. Es algo que, desgraciadamente, no eliges tú. Yo soy consciente de que somos una banda a la que la gente puede que recurra para otros momentos que no son sentarte melancólicamente delante de una ventana, pero bueno. No ser lo que alguien espera de ti, creo que es lo mejor que te puede pasar.
Sí. Y justo lo que me mencionabas al principio de que ustedes siempre se han apropiado mucho de su sonido, no intentan apelar al mainstream, sino van a su ritmo y van defendiendo lo que ustedes creen que es bueno para la banda.
D: De lo contrario, puede ser muy agotador. Cuando sí estás buscando lo que es la tendencia en todo momento, si la tendencia se pone de tu parte, vivirás en una jaula de oro. Pero casi que prefiero que tengamos un proyecto en el que disfrutamos de dónde está la banda emocionalmente y qué es lo que acaba proyectando creativamente.
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“El principio del placer”, esa es una de las consignas de Cubilete, el ciclo de conciertos que durante los viernes de septiembre, octubre y noviembre propone un viaje por una amplia gama de lenguajes, tradiciones y geografías musicales. Todos los viernes, a las 20 y con entrada libre, la Sala Astor Piazzolla del Centro Cultural Borges (Viamonte 525, CABA), se convertirá en un territorio de cruces sonoros. Las entradas se retiran en boletería una hora antes de la función.
El curador del ciclo es nuestro editor, Humphrey Inzillo, que realizó una selección ecléctica de artistas y proyectos unidos por la curiosidad y el riesgo. El nombre del ciclo, “Cubilete”, hace referencia a la música y el azar. La programación es ecléctica y va del tango y el rock progresivo hasta la música tradicional de la India, del candombe uruguayo a la intimidad de la canción de autor, y del jazz al folclore psicodélico.
La función inaugural es este viernes 4 con la presentación de Odisea Tango XXII, un grupo liderado por el pianista y compositor Ulises Thayer, de apenas 19 años, que explora distintos ritmos —como el tango, la milonga y el candombe— rompiendo sus formas tradicionales e incorporando lenguajes del jazz y del rock progresivo. Su universo musical incluye referencias a proyectos de los años 70, como Alas, de Gustavo Moretto; el octeto electrónico de Astor Piazzolla y ecos de La Máquina de Hacer Pájaros, pero desde una perspectiva original y contemporánea.
En septiembre se presentan la cantante uruguaya Samantha Navarro (el 11), que celebra las tres décadas de su disco debut; Juan Manuel Tavella y Catalina Felipín exploran la música devocional de la India (el 18), y el baterista Teo Pérez, discípulo de Pipi Piazzolla, presenta The Drum Key, su álbum debut al frente de su cuarteto.

Octubre arranca con dos cantantes uruguayas: Isabel Lenoir presenta su nuevo álbum Amanda (el 2), y Florencia Núñez cruza el charco para mostrar su repertorio que integra canción de autor, pop contemporáneo y música de raíz latinoamericana (el 9); Noveno Maturín, un cuarteto que entrelaza las raíces del rock nacional y el candombe, toca el 16; desde Formosa, Nde Ramírez fusiona las raíces del Litoral y el chamamé con rock y psicodelia (el 23); y el 30, la cantante y contrabajista Lara Fichera despliega un universo íntimo que borra fronteras entre el jazz y el folclore.
En noviembre, Santiago Moraes, se presenta junto al grupo de guitarras cordobés La Nafta para rendir homenaje a la obra de Alfredo Zitarrosa (el 6);. el 13, se presenta el dúo acústico Merienda; el 20, Julián Baglietto y Sebastián Lans abordan la obra de Luis Alberto Spinetta. Y el 27, Sergio Dawi (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, La Kermesse) presneta VideoSaxMachine, un espectáculo audiovisual donde sonoriza en tiempo real cortometrajes mediante melodías del mundo e improvisaciones que transitan del blues al rock, la electrónica y el funk.
Más música en el Borges: Generador, el ciclo de los jueves
Con curaduría del músico y compositor Javier Burin (tecladista de Ca7riel y Paco Amoroso y una de las figuras más destacadas de la escena del jazz argentino), el ciclo Generador pone el foco en proyectos liderados por una nueva camada de artistas jóvenes, quienes comparten escenario con algunos de los referentes más destacados de la música argentina.
A lo largo de trece conciertos, el ciclo propone un espacio de encuentro entre trayectorias, estéticas y géneros musicales diversos. Jazz, improvisación, música contemporánea, folklore, rock y nuevas búsquedas sonoras conviven en un mismo escenario, donde el diálogo entre generaciones funciona como un verdadero generador de energía creativa. Cada fecha invita a descubrir nuevas perspectivas sobre la identidad musical argentina, poniendo en valor tanto la experiencia como la renovación y el intercambio entre artistas de distintos recorridos.
El ciclo empezó el jueves 3 de septiembre con un concierto del Mono Fontana y, en septiembre sigue el jueves 10 con Tomás Ferrario Grupo, que presenta Tester de Violencia, una recreación del histórico álbum que Luis Alberto Spinetta editó en 1988. El jueves 17, el pianista, compositor y arreglador Andrés Beeuwsaert presenta un concierto de improvisación en el que el piano se convierte en el punto de partida para una creación en tiempo real. Y el jueves 24, la cantante, guitarrista y compositora Sayi Sinyasiki presenta Arrecife Blanco junto a su banda, un proyecto que construye un universo sonoro donde conviven la canción, la palabra y una marcada identidad estética.
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Dice que hace pocos planes porque cada vez que los hizo no le salieron del todo. “Así que opté por dejar de hacer planes y confiar en el devenir”, explica Guillermo Piccolini. Inmediatamente, por supuesto, pasa a enumerar una cantidad de… ¡planes!: acaba de publicar un nuevo disco solista, Peor, y lo presentará en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro, Sanchez de Bustamante 772, CABA), el 16 de octubre; sale de gira junto a Pablo Dacal y viaja a España para reencontrarse con la banda que formó en los 80, en Madrid: Los Toreros Muertos. “Bueno, es cierto, grabar un disco es un poco hacer un plan –se queda pensando, en diálogo con Rolling Stone–. Pero se me vinieron encima una serie de situaciones personales, mudanzas, esas pequeñas tragedias, y todo se retrasó muchísimo”.
La trayectoria de Piccolini está cargada, quizás no de planes, pero sí de música. Después de unos movimientos iniciáticos en Buenos Aires, su vida se trasladó tempranamente a Madrid, donde armó Los Toreros Muertos (junto al cantante Pablo Carbonell), el hitero grupo de rock satírico. También tocó con Lions in Love (de Daniel Melingo) y Pachuco Cadáver (dúo post-rock con Roberto Pettinato) e impulsó Venus, ya de vuelta en Argentina.
En 2021, lanzó un tardío, pero celebrado primer álbum solista: Futuro imperfecto. Y ahora acaba de editar el segundo, titulado Peor. “Las canciones son más pesimistas –admite–. Me di cuenta de que usaba la palabra peor tres o cuatro veces a lo largo del disco y llegué a la conclusión de que, aunque parezca difícil, quizás este es un mundo todavía peor que el de cinco años atrás, ¿no?”.
Peor es de lo mejor que ha producido Piccolini: diez canciones minimalistas, beneficiadas por una economía de recursos a rajatabla que empieza como consigna de trabajo y termina por realzar las virtudes de un artista del detalle.
“La idea es la simpleza. No quiere decir que no pruebe un montón de cosas. Pero es poco lo que queda. No me interesa sumar instrumentos haciendo cosas reiterativas. Es como la anti pared de sonido de Phil Spector. ¿Qué haría Spector? Bueno, yo hago lo contrario. Hay momentos en los que uno se entusiasma y agrega. Pero lo que no se negocia es que no que hay batería. Es una limitación autoimpuesta, que te lleva a buscar otras soluciones”.
Y es lo contrario también de Los Toreros, donde siempre suenan un montón de cosas…
Es que, a ver, los Toreros empezamos con Pablo, Manny [Moure] en el bajo y yo, arriba de un escenario de dos por dos, con una caja de ritmos. O sea, básicamente el sonido de Pachuco Cadáver. Yo vengo esquivando la vacuna de la batería desde hace mucho.
Además de decir varias veces “peor”, en el disco también hay un “podrido”, en tu versión del tema de Horacio Fontova [“Me tenés podrido”, el improbable hit del Fontova Trío de 1982]…
¡Claro! El primer disco de Fontova fue muy importante para mí, te diría que comparable con el primero de Los Twist. Cuando me fui a Europa, en 1985, me quedé sin guita inmediatamente y hacía canciones de ese disco de Fontova…
¿Lo escuchabas como un oyente más o tenías relación con Fontova?
No, no, como fan. Lo conocí a Fontova, me lo crucé un par de veces, pero no más que eso. Cuando nos juntamos con Pablo Dacal para hacer un show dijimos de hacer un par de canciones que no fueran mías ni suyas. Él eligió “Cambalache” y yo, “Me tenés podrido”. Terminamos de ensayar, nos quedamos cenando, tomamos un vino y esa misma noche la grabamos.
En el disco también está Daniel Melingo…
Fue lo último que se grabó [el músico falleció el 30 de junio, una semana después de la salida de Peor]. El tema estaba más o menos terminado. Habíamos hablado de grabar un clarinete para hacer esas cosas que nos gustaban, como la música europea de vanguardia de los años 30, 40; esa sonoridad. Y entonces llegó al estudio y dijo: “¿Sabés que me olvidé el clarinete?”. Y se inventó esto de que lo cantemos a dúo. Una genialidad. Agradezco haber tenido una última oportunidad de estar en un estudio con él.
¿Con Melingo se conocieron en Madrid?
No, yo ya lo conocía a Dani y cuando fue a tocar con Charly [García] a Madrid, se quedó por Europa y estuvo también en Marruecos. En ese momento estábamos con un cambio de formación en Toreros Muertos, así que les dije a mis compañeros: “Hay un tipo que puede tocar saxo, guitarra, teclado y percusión, y es genial en todo”. Lo traje, gustó y se quedó con nosotros dos años. Ahí grabamos Mundo caracol, donde hay varios temas de Dani. En ese ínterin se armó Lions in Love, y Daniel me invitó a participar.
¿Cómo es tu relación con Los Toreros ahora?
Yo me fui del grupo de una manera un poco extraña porque, cada tanto, vuelvo y toco. Y es divertido. Voy, veo a los amigos. Me encanta tocar con ellos, pero no quería estar constantemente en un proyecto tan absorbente. Preferí quedarme acá, en Argentina, y remarla con mi proyecto. Como diría Federico Peralta Ramos, a mí me gusta acá. Pablo [Carbonell] sacó un disco con el nombre de Los Toreros Muertos, bastante bueno. Pero no participé, no me siento parte del proyecto hoy como para armar canciones con esa marca. Una cosa es hacer un show y grabar un disco en vivo, y otra es ponerse más serio, a los 60, con el proyecto de los 20. Pero Los Toreros son mis hermanos, me encanta tomar cerveza con ellos, subirnos a la furgoneta, morirnos de risa. Es como juntarse con una ex…
Una ex española. ¿Es muy distinta de tus ex argentinas, es decir de tus colaboraciones con músicos argentinos?
Pablo es un tipo bastante particular. Es genial, nos llevamos bien, pero bueno, está comprometido con una idea musical que es, en algún sentido, burlarse de la música, como dice en muchas entrevistas, ¿no? Yo prefiero la emoción. No sé si me va a salir, pero prefiero hacer el intento.
Los Toreros también tienen sus temas conmovedores, como “Dejadme llorar” u “Hoy es domingo”…
Ahí está, ¿ves? Diste en el clavo. “Dejadme llorar” es justo un tema que Pablo no quiere cantar. Es el favorito de [la Negra] Poli, por otro lado. Y a mí también me encanta, pero no es lo más habitual.
Tu música también tiene una cuota de humor…
Puede ser, sí. Hay una mueca o una risa; una manera de jugar, espíritu lúdico. Volviendo a Dani, algo que nos unía era el gusto por el dadaísmo y el surrealismo. Y ahí había mucho humor también. Forma parte del puchero que uno es… Cuando canto “Sana, sana, patria, madre, hermana, sana sistema bancario internacional”, me doy cuenta de que digo un chiste, pero el espíritu de la canción no es de chiste. Quizás ese sea un problema; sería mejor que fuera completamente seria o completamente graciosa, puede ser. Somos así: acá le ponemos pasa de uva a la empanada.
En Peor participa Julieta Laso, otra artista muy cercana a Melingo.
Es que Dani influyó en muchos músicos y músicas. Su influencia es enorme. No es casual: a Juli la conocí justamente por Melingo, en estos Encuentros Maximalistas que hacía. Me invitó, toqué teclados en un par de temas y nos conocimos con Juli, hablamos un poquito en el camarín. Es una barbaridad la interpretación que hizo.
También toca en el disco Skay Beilinson, otro argentino con el que te cruzaste en Madrid.
Claro, yo los conocí a Skay y a Poli antes de irme a España. Tuvimos una pequeña relación simpática, y de admiración por mi parte. Era muy fan de Los Redondos a partir del 82, cuando los vi por primera vez. Era mi grupo favorito. Y, bueno, no es casual: en el primer disco de Fontova, del que te hablaba antes, toca Skay. Después nos vimos en Madrid y ellos me ofrecieron el puesto de tecladista de los Redondos y tuve que declinar con gran dolor, porque no podía en ese momento. Pero compartimos un viaje por España ese año y Skay subió a tocar con los Toreros un par de veces. Por supuesto que hubo una oferta para que se quedara en Los Toreros. Pero, bueno, creo que hizo bien en no aceptar [risas].
¿Y vos, te arrepentís de algunas decisiones?
Soy muy feliz con la decisión que tomé de dedicarme a esto, y más feliz aún de que me haya sido concedida esa decisión. Porque uno puede tomar la decisión, pero por ahí no tiene la suerte. Se suele decir: “A mí nadie me regaló nada”. Y no es así: la guitarra ya estaba inventada: me la regalaron. Me regalaron a los Beatles, a Cafrune, al Cuchi [Leguizamón], todo me fue regalado en algún aspecto. Los materiales, la realidad en la que vivimos está construida por muertos. El parlante que tengo acá enfrente lo inventó uno que está muerto; el tocadiscos, el sillón y la penicilina, también. Yo agradezco haberme parado del lado del arte. Porque, si bien tenemos nuestros celos y nuestras cuitas, es un mundo bastante colaborativo en el cual consumimos de la que vendemos. E intentamos que no esté muy cortada [risas].
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Suede
Mariana Enriquez tenía 20 años cuando escuchó por primera vez las canciones del grupo inglés y comenzó así un intenso vínculo. Porque demasiado no es suficiente. Mi historia de amor con Suede (Montacerdos, 2023) acaso sea su libro más personal e íntimo, una historia privada de los 90 y dos mil, un relato espléndido sobre generaciones, estrellas y memorias fragmentarias.

Fuimos reyes
“Una historia de amor, locura y muerte”. Así se titula el prólogo que Enriquez escribió para la segunda edición (2021) de Fuimos reyes. La historia completa de los Redonditos de Ricota, de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono. “Uno no iba a divertirse a un show de Los Redondos”, sostiene. “Iba a encontrarse con el peligro y con una especie intensa de fiesta, con euforia pero sin sonrisas, porque la dicha no es una cosa alegre”.
Las Cosas que Perdimos en el Fuego
Hernán Montenegro, escritor y músico marplatense es el líder de Las Cosas que Perdimos en el Fuego, una banda de hardcore que homenajea a la escritora, citando uno de sus libros más leídos. Mariana dio el aval no solo para que le pongan ese nombre al grupo, sino para que puedan usar frases de sus obras y así reinterpretarlas.
El año de la rata
Una crónica gráfica a dos voces, editada en 2020. Desde Ciudad de México, el diseñador e ilustrador argentino Dr. Alderete propone un articulado conjunto de provocativas imágenes que invitan a reflexionar sobre el momento crítico de la humanidad. Desde Buenos Aires, Mariana enriquece este proyecto con su propia narrativa: el terror sobrenatural permeando nuestras vidas cotidianas.
La Virgen de la Tosquera
Basada en los cuentos “Virgen de la Tosquera” y “El carrito”, la película de 2025 dirigida por Laura Casabé y escrita por Benjamín Naishtat, está protagonizada por Dolores Oliverio, Fernanda Echevarría y Luisa Merelas. Según RS Argentina, el film evidencia a Casabé como una de las voces más inquietantes del terror vernáculo.
“Este es el mar”
Mariana Enriquez figura como coautora de la letra de este cuartetazo de Alfonso Barbieri incluido en su disco Nubosidad bailable, construido como un collage de frases tomadas de la novela homónima que incluye en un mismo universo heavy metal, la Mona Jiménez, Pulp, porno californiano y estética Almodóvar.
Stephen King
La influencia germinal. El autor de It (1986) le enseñó que el terror moderno no habita en castillos lejanos, sino en la cotidianidad contemporánea: los pueblos costeros, la adolescencia, el matoneo escolar y el trauma colectivo. De él toma la construcción rica de personajes vulnerables y la fluidez para conectar la cultura pop con el horror.
Beloved
En esta novela, Toni Morrison utiliza la figura del fantasma y el horror sobrenatural no como una simple convención de género, sino como la única forma poética y visceral de narrar el trauma histórico, la esclavitud y las cicatrices del pasado. Mariana ha destacado su influencia en varias oportunidades.
Shirley Jackson
Es una de sus mayores tutoras en el arte del terror doméstico y la claustrofobia psicológica. Enriquez ha celebrado en reiteradas ocasiones cómo Jackson (La maldición de Hill House, Siempre hemos vivido en el castillo) logra que lo ominoso se filtre en la rutina familiar cotidiana, las casas victorianas y los pueblos pequeños.
Una charla con Rosalía
Rosalía y Mariana Enriquez grabaron un especial para Spotify en el emblemático bar Los Galgos de Buenos Aires. Conversaron intensamente, respondieron el cuestionario Proust y reflexionaron sobre el arte, la obsesión y el deseo. Se viralizó la respuesta de Rosalía al ser consultada por su ideal en un hombre: “Que sea gay”.
“Perdida en el fuego”
Santiago Moraes compuso, para Los Espíritus, esta especie de bolero, en un punto intermedio entre Roberto Carlos y Babasónicos, inspirado en Las cosas que perdimos en el fuego.
Manic Street Preachers
Enriquez ha seguido a la banda galesa desde sus inicios en los años noventa, declarando que escucha incluso sus discos menos celebrados con fidelidad de fanática. Una de sus crónicas más célebres detalla su travesía a La Habana orientando sus pasos en sintonía con la banda y la misteriosa desaparición de su guitarrista, anécdota plasmada en Alguien camina sobre tu tumba, su libro de 2013.
Cumbres borrascosas
El romanticismo sombrío y el gótico clásico de esta novela clásica que Emily Brontë publicó en 1847 están en el ADN de sus historias. De ahí proviene su fascinación por las pasiones enfermizas, los paisajes desolados, las maldiciones familiares que atraviesan generaciones y las dinámicas de dominación y deseo.

Possession
Enriquez tiene debilidad por el film que Andrzej Żuławski dirigió en 1981. Le fascina por llevar el drama conyugal al límite de la locura, el body horror y la histeria grotesca, con una actuación desbocada de Isabelle Adjani que encarna perfectamente el descontrol de la psique humana.
Otra vuelta de tuerca
“La traducción de la colección Mis Libros, de Hyspamérica, de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, es la mejor de todas las que leí”, señaló en su libro Archipiélago (Ampersand, 2025), evocando sus lecturas de la infancia.
Nick Cave
El maestro de la narrativa macabra, las murder ballads, el gótico sureño y la imaginería religiosa teñida de culpa y redención. La influencia de sus letras y su atmósfera sombría se perciben directamente en el tono bíblico y oscuro de novelas como Nuestra parte de noche.
La ciénaga
Enriquez ha señalado a Lucrecia Martel como uno de sus principales referentes dentro del cine argentino. Esta película de 2001 ostenta un clima opresivo fruto del calor agobiante y retrata la descomposición de la burguesía provincial, los accidentes domésticos y lo siniestro que late debajo de lo cotidiano.

Alien, el octavo pasajero
Mariana suele recomendar (y citar) este clásico absoluto del cine de ciencia ficción y terror espacial. Le atrae la combinación perfecta entre el diseño orgánico/visceral del monstruo (a cargo de H.R. Giger), la claustrofobia industrial y el terror a lo desconocido.
Marttein
El fanatismo compartido por Suede unió los caminos de este artista veinteañero con Mariana, que recita en “Futurista” (Marttein, 2024) un texto que escribió Marttein. “Me encantó su puesta en escena, su despliegue visual y su sonido, bien Atari Teenage Riot. Me copó que tuviera en marcha un disco tan pensado y la ambición de hacer una película que indagaba en la noche, la ciudad y lo tóxico”, explicó.
La historia interminable
“Es complejo explicar la obra maestra de [Michael] Ende, pero leerla es muy fácil y es como un par de grilletes. No te deja soltarla, no te deja dormir”, dice Enriquez. “La historia interminable es, en mi vida, la explosión de las posibilidades y una especie de texto sagrado”.
Alejandra Pizarnik
“En años recientes, es la poesía la que me da alegrías. A diario. Investigar a Alejandra Pizarnik”, dice Enriquez, que en 2011 publicó el perfil biográfico “Alejandra Pizarnik, vestida de cenizas” en el libro colectivo Los malditos (2011), editado por Leila Guerriero. El texto explora la vida, la obra, los terrores nocturnos, la vulnerabilidad y el mito oscuro de la gran poeta argentina.
David Bowie
El Duque Blanco representa el mito de la metamorfosis, el ocultismo, la androginia y la teatralidad del artista. Enriquez ha explorado ampliamente cómo Bowie transformó el cuerpo y la identidad en una obra de arte viva.

Juan Forn
Una profunda amistad y un cruce generacional clave en la literatura argentina contemporánea. Forn, desde su rol de editor en Página/12 y Emecé, fue uno de los padrinos literarios, impulsores y lectores entusiastas de la obra de Enriquez.
Bajar es lo peor
Esta novela marca el debut de Enriquez, escrita cuando tenía apenas 21 años. Ambientada en una Buenos Aires oscura y marginal, narra la historia de un triángulo de jóvenes (Facundo, Carolina y Narval) atrapados en una atmósfera de rock, excesos, nocturnidad y desesperanza adolescente. Se convirtió en una obra de culto de la literatura contestataria argentina.
David Lynch
Aunque abarca la obra completa de Lynch por esa capacidad surrealista de generar pesadillas y extrañamiento, Twin Peaks: Fire Walk with Me, la película precuela sobre Laura Palmer, es una de sus debilidades. Enriquez celebra cómo aborda el trauma, el duelo y el horror que se esconde detrás de las fachadas cotidianas.
Los peligros de fumar en la cama
Un magistral recorrido por el terror contemporáneo ambientado en el conurbano y Buenos Aires. Doce relatos perturbadores en los que Enriquez indaga en los miedos cotidianos, los fantasmas de la historia argentina, la culpa y la descomposición social, donde lo siniestro acecha siempre a la vuelta de la esquina.
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