“El principio del placer”, esa es una de las consignas de Cubilete, el ciclo de conciertos que durante los viernes de septiembre, octubre y noviembre propone un viaje por una amplia gama de lenguajes, tradiciones y geografías musicales. Todos los viernes, a las 20 y con entrada libre, la Sala Astor Piazzolla del Centro Cultural Borges (Viamonte 525, CABA), se convertirá en un territorio de cruces sonoros. Las entradas se retiran en boletería una hora antes de la función.
El curador del ciclo es nuestro editor, Humphrey Inzillo, que realizó una selección ecléctica de artistas y proyectos unidos por la curiosidad y el riesgo. El nombre del ciclo, “Cubilete”, hace referencia a la música y el azar. La programación es ecléctica y va del tango y el rock progresivo hasta la música tradicional de la India, del candombe uruguayo a la intimidad de la canción de autor, y del jazz al folclore psicodélico.
La función inaugural es este viernes 4 con la presentación de Odisea Tango XXII, un grupo liderado por el pianista y compositor Ulises Thayer, de apenas 19 años, que explora distintos ritmos —como el tango, la milonga y el candombe— rompiendo sus formas tradicionales e incorporando lenguajes del jazz y del rock progresivo. Su universo musical incluye referencias a proyectos de los años 70, como Alas, de Gustavo Moretto; el octeto electrónico de Astor Piazzolla y ecos de La Máquina de Hacer Pájaros, pero desde una perspectiva original y contemporánea.
En septiembre se presentan la cantante uruguaya Samantha Navarro (el 11), que celebra las tres décadas de su disco debut; Juan Manuel Tavella y Catalina Felipín exploran la música devocional de la India (el 18), y el baterista Teo Pérez, discípulo de Pipi Piazzolla, presenta The Drum Key, su álbum debut al frente de su cuarteto.

Octubre arranca con dos cantantes uruguayas: Isabel Lenoir presenta su nuevo álbum Amanda (el 2), y Florencia Núñez cruza el charco para mostrar su repertorio que integra canción de autor, pop contemporáneo y música de raíz latinoamericana (el 9); Noveno Maturín, un cuarteto que entrelaza las raíces del rock nacional y el candombe, toca el 16; desde Formosa, Nde Ramírez fusiona las raíces del Litoral y el chamamé con rock y psicodelia (el 23); y el 30, la cantante y contrabajista Lara Fichera despliega un universo íntimo que borra fronteras entre el jazz y el folclore.
En noviembre, Santiago Moraes, se presenta junto al grupo de guitarras cordobés La Nafta para rendir homenaje a la obra de Alfredo Zitarrosa (el 6);. el 13, se presenta el dúo acústico Merienda; el 20, Julián Baglietto y Sebastián Lans abordan la obra de Luis Alberto Spinetta. Y el 27, Sergio Dawi (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, La Kermesse) presneta VideoSaxMachine, un espectáculo audiovisual donde sonoriza en tiempo real cortometrajes mediante melodías del mundo e improvisaciones que transitan del blues al rock, la electrónica y el funk.
Más música en el Borges: Generador, el ciclo de los jueves
Con curaduría del músico y compositor Javier Burin (tecladista de Ca7riel y Paco Amoroso y una de las figuras más destacadas de la escena del jazz argentino), el ciclo Generador pone el foco en proyectos liderados por una nueva camada de artistas jóvenes, quienes comparten escenario con algunos de los referentes más destacados de la música argentina.
A lo largo de trece conciertos, el ciclo propone un espacio de encuentro entre trayectorias, estéticas y géneros musicales diversos. Jazz, improvisación, música contemporánea, folklore, rock y nuevas búsquedas sonoras conviven en un mismo escenario, donde el diálogo entre generaciones funciona como un verdadero generador de energía creativa. Cada fecha invita a descubrir nuevas perspectivas sobre la identidad musical argentina, poniendo en valor tanto la experiencia como la renovación y el intercambio entre artistas de distintos recorridos.
El ciclo empezó el jueves 3 de septiembre con un concierto del Mono Fontana y, en septiembre sigue el jueves 10 con Tomás Ferrario Grupo, que presenta Tester de Violencia, una recreación del histórico álbum que Luis Alberto Spinetta editó en 1988. El jueves 17, el pianista, compositor y arreglador Andrés Beeuwsaert presenta un concierto de improvisación en el que el piano se convierte en el punto de partida para una creación en tiempo real. Y el jueves 24, la cantante, guitarrista y compositora Sayi Sinyasiki presenta Arrecife Blanco junto a su banda, un proyecto que construye un universo sonoro donde conviven la canción, la palabra y una marcada identidad estética.
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Dice que hace pocos planes porque cada vez que los hizo no le salieron del todo. “Así que opté por dejar de hacer planes y confiar en el devenir”, explica Guillermo Piccolini. Inmediatamente, por supuesto, pasa a enumerar una cantidad de… ¡planes!: acaba de publicar un nuevo disco solista, Peor, y lo presentará en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro, Sanchez de Bustamante 772, CABA), el 16 de octubre; sale de gira junto a Pablo Dacal y viaja a España para reencontrarse con la banda que formó en los 80, en Madrid: Los Toreros Muertos. “Bueno, es cierto, grabar un disco es un poco hacer un plan –se queda pensando, en diálogo con Rolling Stone–. Pero se me vinieron encima una serie de situaciones personales, mudanzas, esas pequeñas tragedias, y todo se retrasó muchísimo”.
La trayectoria de Piccolini está cargada, quizás no de planes, pero sí de música. Después de unos movimientos iniciáticos en Buenos Aires, su vida se trasladó tempranamente a Madrid, donde armó Los Toreros Muertos (junto al cantante Pablo Carbonell), el hitero grupo de rock satírico. También tocó con Lions in Love (de Daniel Melingo) y Pachuco Cadáver (dúo post-rock con Roberto Pettinato) e impulsó Venus, ya de vuelta en Argentina.
En 2021, lanzó un tardío, pero celebrado primer álbum solista: Futuro imperfecto. Y ahora acaba de editar el segundo, titulado Peor. “Las canciones son más pesimistas –admite–. Me di cuenta de que usaba la palabra peor tres o cuatro veces a lo largo del disco y llegué a la conclusión de que, aunque parezca difícil, quizás este es un mundo todavía peor que el de cinco años atrás, ¿no?”.
Peor es de lo mejor que ha producido Piccolini: diez canciones minimalistas, beneficiadas por una economía de recursos a rajatabla que empieza como consigna de trabajo y termina por realzar las virtudes de un artista del detalle.
“La idea es la simpleza. No quiere decir que no pruebe un montón de cosas. Pero es poco lo que queda. No me interesa sumar instrumentos haciendo cosas reiterativas. Es como la anti pared de sonido de Phil Spector. ¿Qué haría Spector? Bueno, yo hago lo contrario. Hay momentos en los que uno se entusiasma y agrega. Pero lo que no se negocia es que no que hay batería. Es una limitación autoimpuesta, que te lleva a buscar otras soluciones”.
Y es lo contrario también de Los Toreros, donde siempre suenan un montón de cosas…
Es que, a ver, los Toreros empezamos con Pablo, Manny [Moure] en el bajo y yo, arriba de un escenario de dos por dos, con una caja de ritmos. O sea, básicamente el sonido de Pachuco Cadáver. Yo vengo esquivando la vacuna de la batería desde hace mucho.
Además de decir varias veces “peor”, en el disco también hay un “podrido”, en tu versión del tema de Horacio Fontova [“Me tenés podrido”, el improbable hit del Fontova Trío de 1982]…
¡Claro! El primer disco de Fontova fue muy importante para mí, te diría que comparable con el primero de Los Twist. Cuando me fui a Europa, en 1985, me quedé sin guita inmediatamente y hacía canciones de ese disco de Fontova…
¿Lo escuchabas como un oyente más o tenías relación con Fontova?
No, no, como fan. Lo conocí a Fontova, me lo crucé un par de veces, pero no más que eso. Cuando nos juntamos con Pablo Dacal para hacer un show dijimos de hacer un par de canciones que no fueran mías ni suyas. Él eligió “Cambalache” y yo, “Me tenés podrido”. Terminamos de ensayar, nos quedamos cenando, tomamos un vino y esa misma noche la grabamos.
En el disco también está Daniel Melingo…
Fue lo último que se grabó [el músico falleció el 30 de junio, una semana después de la salida de Peor]. El tema estaba más o menos terminado. Habíamos hablado de grabar un clarinete para hacer esas cosas que nos gustaban, como la música europea de vanguardia de los años 30, 40; esa sonoridad. Y entonces llegó al estudio y dijo: “¿Sabés que me olvidé el clarinete?”. Y se inventó esto de que lo cantemos a dúo. Una genialidad. Agradezco haber tenido una última oportunidad de estar en un estudio con él.
¿Con Melingo se conocieron en Madrid?
No, yo ya lo conocía a Dani y cuando fue a tocar con Charly [García] a Madrid, se quedó por Europa y estuvo también en Marruecos. En ese momento estábamos con un cambio de formación en Toreros Muertos, así que les dije a mis compañeros: “Hay un tipo que puede tocar saxo, guitarra, teclado y percusión, y es genial en todo”. Lo traje, gustó y se quedó con nosotros dos años. Ahí grabamos Mundo caracol, donde hay varios temas de Dani. En ese ínterin se armó Lions in Love, y Daniel me invitó a participar.
¿Cómo es tu relación con Los Toreros ahora?
Yo me fui del grupo de una manera un poco extraña porque, cada tanto, vuelvo y toco. Y es divertido. Voy, veo a los amigos. Me encanta tocar con ellos, pero no quería estar constantemente en un proyecto tan absorbente. Preferí quedarme acá, en Argentina, y remarla con mi proyecto. Como diría Federico Peralta Ramos, a mí me gusta acá. Pablo [Carbonell] sacó un disco con el nombre de Los Toreros Muertos, bastante bueno. Pero no participé, no me siento parte del proyecto hoy como para armar canciones con esa marca. Una cosa es hacer un show y grabar un disco en vivo, y otra es ponerse más serio, a los 60, con el proyecto de los 20. Pero Los Toreros son mis hermanos, me encanta tomar cerveza con ellos, subirnos a la furgoneta, morirnos de risa. Es como juntarse con una ex…
Una ex española. ¿Es muy distinta de tus ex argentinas, es decir de tus colaboraciones con músicos argentinos?
Pablo es un tipo bastante particular. Es genial, nos llevamos bien, pero bueno, está comprometido con una idea musical que es, en algún sentido, burlarse de la música, como dice en muchas entrevistas, ¿no? Yo prefiero la emoción. No sé si me va a salir, pero prefiero hacer el intento.
Los Toreros también tienen sus temas conmovedores, como “Dejadme llorar” u “Hoy es domingo”…
Ahí está, ¿ves? Diste en el clavo. “Dejadme llorar” es justo un tema que Pablo no quiere cantar. Es el favorito de [la Negra] Poli, por otro lado. Y a mí también me encanta, pero no es lo más habitual.
Tu música también tiene una cuota de humor…
Puede ser, sí. Hay una mueca o una risa; una manera de jugar, espíritu lúdico. Volviendo a Dani, algo que nos unía era el gusto por el dadaísmo y el surrealismo. Y ahí había mucho humor también. Forma parte del puchero que uno es… Cuando canto “Sana, sana, patria, madre, hermana, sana sistema bancario internacional”, me doy cuenta de que digo un chiste, pero el espíritu de la canción no es de chiste. Quizás ese sea un problema; sería mejor que fuera completamente seria o completamente graciosa, puede ser. Somos así: acá le ponemos pasa de uva a la empanada.
En Peor participa Julieta Laso, otra artista muy cercana a Melingo.
Es que Dani influyó en muchos músicos y músicas. Su influencia es enorme. No es casual: a Juli la conocí justamente por Melingo, en estos Encuentros Maximalistas que hacía. Me invitó, toqué teclados en un par de temas y nos conocimos con Juli, hablamos un poquito en el camarín. Es una barbaridad la interpretación que hizo.
También toca en el disco Skay Beilinson, otro argentino con el que te cruzaste en Madrid.
Claro, yo los conocí a Skay y a Poli antes de irme a España. Tuvimos una pequeña relación simpática, y de admiración por mi parte. Era muy fan de Los Redondos a partir del 82, cuando los vi por primera vez. Era mi grupo favorito. Y, bueno, no es casual: en el primer disco de Fontova, del que te hablaba antes, toca Skay. Después nos vimos en Madrid y ellos me ofrecieron el puesto de tecladista de los Redondos y tuve que declinar con gran dolor, porque no podía en ese momento. Pero compartimos un viaje por España ese año y Skay subió a tocar con los Toreros un par de veces. Por supuesto que hubo una oferta para que se quedara en Los Toreros. Pero, bueno, creo que hizo bien en no aceptar [risas].
¿Y vos, te arrepentís de algunas decisiones?
Soy muy feliz con la decisión que tomé de dedicarme a esto, y más feliz aún de que me haya sido concedida esa decisión. Porque uno puede tomar la decisión, pero por ahí no tiene la suerte. Se suele decir: “A mí nadie me regaló nada”. Y no es así: la guitarra ya estaba inventada: me la regalaron. Me regalaron a los Beatles, a Cafrune, al Cuchi [Leguizamón], todo me fue regalado en algún aspecto. Los materiales, la realidad en la que vivimos está construida por muertos. El parlante que tengo acá enfrente lo inventó uno que está muerto; el tocadiscos, el sillón y la penicilina, también. Yo agradezco haberme parado del lado del arte. Porque, si bien tenemos nuestros celos y nuestras cuitas, es un mundo bastante colaborativo en el cual consumimos de la que vendemos. E intentamos que no esté muy cortada [risas].
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Suede
Mariana Enriquez tenía 20 años cuando escuchó por primera vez las canciones del grupo inglés y comenzó así un intenso vínculo. Porque demasiado no es suficiente. Mi historia de amor con Suede (Montacerdos, 2023) acaso sea su libro más personal e íntimo, una historia privada de los 90 y dos mil, un relato espléndido sobre generaciones, estrellas y memorias fragmentarias.

Fuimos reyes
“Una historia de amor, locura y muerte”. Así se titula el prólogo que Enriquez escribió para la segunda edición (2021) de Fuimos reyes. La historia completa de los Redonditos de Ricota, de Mariano del Mazo y Pablo Perantuono. “Uno no iba a divertirse a un show de Los Redondos”, sostiene. “Iba a encontrarse con el peligro y con una especie intensa de fiesta, con euforia pero sin sonrisas, porque la dicha no es una cosa alegre”.
Las Cosas que Perdimos en el Fuego
Hernán Montenegro, escritor y músico marplatense es el líder de Las Cosas que Perdimos en el Fuego, una banda de hardcore que homenajea a la escritora, citando uno de sus libros más leídos. Mariana dio el aval no solo para que le pongan ese nombre al grupo, sino para que puedan usar frases de sus obras y así reinterpretarlas.
El año de la rata
Una crónica gráfica a dos voces, editada en 2020. Desde Ciudad de México, el diseñador e ilustrador argentino Dr. Alderete propone un articulado conjunto de provocativas imágenes que invitan a reflexionar sobre el momento crítico de la humanidad. Desde Buenos Aires, Mariana enriquece este proyecto con su propia narrativa: el terror sobrenatural permeando nuestras vidas cotidianas.
La Virgen de la Tosquera
Basada en los cuentos “Virgen de la Tosquera” y “El carrito”, la película de 2025 dirigida por Laura Casabé y escrita por Benjamín Naishtat, está protagonizada por Dolores Oliverio, Fernanda Echevarría y Luisa Merelas. Según RS Argentina, el film evidencia a Casabé como una de las voces más inquietantes del terror vernáculo.
“Este es el mar”
Mariana Enriquez figura como coautora de la letra de este cuartetazo de Alfonso Barbieri incluido en su disco Nubosidad bailable, construido como un collage de frases tomadas de la novela homónima que incluye en un mismo universo heavy metal, la Mona Jiménez, Pulp, porno californiano y estética Almodóvar.
Stephen King
La influencia germinal. El autor de It (1986) le enseñó que el terror moderno no habita en castillos lejanos, sino en la cotidianidad contemporánea: los pueblos costeros, la adolescencia, el matoneo escolar y el trauma colectivo. De él toma la construcción rica de personajes vulnerables y la fluidez para conectar la cultura pop con el horror.
Beloved
En esta novela, Toni Morrison utiliza la figura del fantasma y el horror sobrenatural no como una simple convención de género, sino como la única forma poética y visceral de narrar el trauma histórico, la esclavitud y las cicatrices del pasado. Mariana ha destacado su influencia en varias oportunidades.
Shirley Jackson
Es una de sus mayores tutoras en el arte del terror doméstico y la claustrofobia psicológica. Enriquez ha celebrado en reiteradas ocasiones cómo Jackson (La maldición de Hill House, Siempre hemos vivido en el castillo) logra que lo ominoso se filtre en la rutina familiar cotidiana, las casas victorianas y los pueblos pequeños.
Una charla con Rosalía
Rosalía y Mariana Enriquez grabaron un especial para Spotify en el emblemático bar Los Galgos de Buenos Aires. Conversaron intensamente, respondieron el cuestionario Proust y reflexionaron sobre el arte, la obsesión y el deseo. Se viralizó la respuesta de Rosalía al ser consultada por su ideal en un hombre: “Que sea gay”.
“Perdida en el fuego”
Santiago Moraes compuso, para Los Espíritus, esta especie de bolero, en un punto intermedio entre Roberto Carlos y Babasónicos, inspirado en Las cosas que perdimos en el fuego.
Manic Street Preachers
Enriquez ha seguido a la banda galesa desde sus inicios en los años noventa, declarando que escucha incluso sus discos menos celebrados con fidelidad de fanática. Una de sus crónicas más célebres detalla su travesía a La Habana orientando sus pasos en sintonía con la banda y la misteriosa desaparición de su guitarrista, anécdota plasmada en Alguien camina sobre tu tumba, su libro de 2013.
Cumbres borrascosas
El romanticismo sombrío y el gótico clásico de esta novela clásica que Emily Brontë publicó en 1847 están en el ADN de sus historias. De ahí proviene su fascinación por las pasiones enfermizas, los paisajes desolados, las maldiciones familiares que atraviesan generaciones y las dinámicas de dominación y deseo.

Possession
Enriquez tiene debilidad por el film que Andrzej Żuławski dirigió en 1981. Le fascina por llevar el drama conyugal al límite de la locura, el body horror y la histeria grotesca, con una actuación desbocada de Isabelle Adjani que encarna perfectamente el descontrol de la psique humana.
Otra vuelta de tuerca
“La traducción de la colección Mis Libros, de Hyspamérica, de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, es la mejor de todas las que leí”, señaló en su libro Archipiélago (Ampersand, 2025), evocando sus lecturas de la infancia.
Nick Cave
El maestro de la narrativa macabra, las murder ballads, el gótico sureño y la imaginería religiosa teñida de culpa y redención. La influencia de sus letras y su atmósfera sombría se perciben directamente en el tono bíblico y oscuro de novelas como Nuestra parte de noche.
La ciénaga
Enriquez ha señalado a Lucrecia Martel como uno de sus principales referentes dentro del cine argentino. Esta película de 2001 ostenta un clima opresivo fruto del calor agobiante y retrata la descomposición de la burguesía provincial, los accidentes domésticos y lo siniestro que late debajo de lo cotidiano.

Alien, el octavo pasajero
Mariana suele recomendar (y citar) este clásico absoluto del cine de ciencia ficción y terror espacial. Le atrae la combinación perfecta entre el diseño orgánico/visceral del monstruo (a cargo de H.R. Giger), la claustrofobia industrial y el terror a lo desconocido.
Marttein
El fanatismo compartido por Suede unió los caminos de este artista veinteañero con Mariana, que recita en “Futurista” (Marttein, 2024) un texto que escribió Marttein. “Me encantó su puesta en escena, su despliegue visual y su sonido, bien Atari Teenage Riot. Me copó que tuviera en marcha un disco tan pensado y la ambición de hacer una película que indagaba en la noche, la ciudad y lo tóxico”, explicó.
La historia interminable
“Es complejo explicar la obra maestra de [Michael] Ende, pero leerla es muy fácil y es como un par de grilletes. No te deja soltarla, no te deja dormir”, dice Enriquez. “La historia interminable es, en mi vida, la explosión de las posibilidades y una especie de texto sagrado”.
Alejandra Pizarnik
“En años recientes, es la poesía la que me da alegrías. A diario. Investigar a Alejandra Pizarnik”, dice Enriquez, que en 2011 publicó el perfil biográfico “Alejandra Pizarnik, vestida de cenizas” en el libro colectivo Los malditos (2011), editado por Leila Guerriero. El texto explora la vida, la obra, los terrores nocturnos, la vulnerabilidad y el mito oscuro de la gran poeta argentina.
David Bowie
El Duque Blanco representa el mito de la metamorfosis, el ocultismo, la androginia y la teatralidad del artista. Enriquez ha explorado ampliamente cómo Bowie transformó el cuerpo y la identidad en una obra de arte viva.

Juan Forn
Una profunda amistad y un cruce generacional clave en la literatura argentina contemporánea. Forn, desde su rol de editor en Página/12 y Emecé, fue uno de los padrinos literarios, impulsores y lectores entusiastas de la obra de Enriquez.
Bajar es lo peor
Esta novela marca el debut de Enriquez, escrita cuando tenía apenas 21 años. Ambientada en una Buenos Aires oscura y marginal, narra la historia de un triángulo de jóvenes (Facundo, Carolina y Narval) atrapados en una atmósfera de rock, excesos, nocturnidad y desesperanza adolescente. Se convirtió en una obra de culto de la literatura contestataria argentina.
David Lynch
Aunque abarca la obra completa de Lynch por esa capacidad surrealista de generar pesadillas y extrañamiento, Twin Peaks: Fire Walk with Me, la película precuela sobre Laura Palmer, es una de sus debilidades. Enriquez celebra cómo aborda el trauma, el duelo y el horror que se esconde detrás de las fachadas cotidianas.
Los peligros de fumar en la cama
Un magistral recorrido por el terror contemporáneo ambientado en el conurbano y Buenos Aires. Doce relatos perturbadores en los que Enriquez indaga en los miedos cotidianos, los fantasmas de la historia argentina, la culpa y la descomposición social, donde lo siniestro acecha siempre a la vuelta de la esquina.
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- Cada día, Disney Plus actualiza su ranking y da una pista clara de qué producciones son tendencia en los fanáticos.
- Hay un amplio catálogo de series y películas que no te podés perder, entre estrenos recientes, clásicos de siempre y alguna sorpresa.
- Tras sus visitas en 2004 y 2010, la compañía está de gira por Latinoamérica.
- Hacen percusión -y humor- con elementos cotidianos como escobillones, cajita de fósforos, neumáticos y encendedores.
- El director coreano de «Train to Busan» vuelve sobre los zombis.
- Pero al menos hay una vuelta de tuerca.