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Abril de 2026. El presidente Donald Trump está en Miami, sentado junto a la jaula de lo que es su espectáculo favorito en este planeta: el Ultimate Fighting Championship (UFC), el pináculo de las sangrientas artes marciales mixtas. A su lado está quien quizás sea su mejor amigo en el mundo, el presidente de la UFC, Dana White. Las peleas de esa noche son electrizantes: nocauts, cortes, sangre salpicada por toda la lona. En ese momento, el vicepresidente J.D. Vance se encuentra en las etapas finales de una fallida negociación de paz con una delegación iraní en Pakistán. Pero durante unas pocas horas, el presidente tiene una butaca de primera fila para una guerra que le divierte mucho más. Solo falta una cosa: su peleador favorito.

White tendría la oportunidad de rectificar ese detalle el 14 de junio, en la extravagante celebración Freedom 250, el primer evento de la UFC en los jardines de la Casa Blanca. “Me mira y me dice: ‘¿Por qué Derrick Lewis no está en la cartelera de la Casa Blanca?’”.

White recuerda aquel intercambio en esa pelea. “No es que le guste Derrick Lewis: ¡lo adora!”. Lewis, para los que no lo conocen, es un veterano peso pesado apodado Bestia Negra, famoso por sacarse el short al final de cada combate. Después de una victoria reciente, se bajó los pantalones, se puso en cuatro patas y levantó una pierna frente a la esquina de su oponente derrotado, fingiendo orinar como un perro. Es, en otras palabras, un héroe estadounidense, y solo bastó esa pregunta de Trump para que White entrara en acción. Al final de la noche, Lewis ya estaba programado para pelear en la Casa Blanca.

Dana White: “El legado es lo que menos me importa”
(Foto: SACHA LECCA)

Las peleas en conmemoración del 250° aniversario de los Estados Unidos se organizaron a instancias del presidente, presentadas por la figura más importante del deporte estadounidense hoy. A sus 56 años, White ya no es un entrenador de boxeo de poca monta de South Boston. Ni siquiera es el estafador de cartas de Las Vegas que habla rápido, o el promotor de peleas que captó por primera vez la atención de cierto titán inmobiliario de Queens. Es la puerta de entrada a las muestras más íntimas de violencia de Estados Unidos, un imperio multiplataforma que, según me dice, va camino a abarcar “todas las formas posibles de cagar a palos a otro”. Ese negocio se ha cruzado con algunas de las personas más poderosas en todos los rincones del mundo; después de nuestra entrevista, White me dijo casualmente que había perdido un enfrentamiento clave para el evento Freedom 250 porque Vladimir Putin llamó a uno de los participantes rusos y le dijo que no actuara en un sitio que representa el corazón de una superpotencia rival.

Para entender mejor cómo White llegó a este punto, hay que comprender el atractivo de ver a alguien recibir una trompada en la cara o, mejor aún, de hacerlo uno mismo. He peleado de manera recreativa durante años y puedo dar fe de la sensación delirante de poder que se produce cuando tu puño se encuentra con un mentón ajeno. Eso es lo que White vende: la oportunidad de vivir vicariamente a través de su desmenuzado elenco de gladiadores modernos. Y en los últimos años, le ha ido muy bien: en 2025, White firmó un nuevo acuerdo de 7,7 mil millones de dólares con Paramount Skydance Corp., dándole (a un deporte que alguna vez fue considerado demasiado violento para la televisión) un horario de máxima audiencia.

A fines de abril, White pasó por la ciudad de Nueva York para esta entrevista de Rolling Stone. Dos noches después de que nos encontramos, estaba en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca cuando un hombre armado irrumpió en el edificio. White fue capturado por la cámara poco después, absolutamente radiante, diciendo: “Ni me agaché. ¡Fue jodidamente increíble!”.

White es eso, creo. Está acá por lo loco, por lo sorprendente y, sobre todo, por lo violento. Quiere construir, expandirse y conquistar. Quiere tomarlo todo y entonces preguntar: “¿Y ahora qué?”. El día que esa pregunta no tenga respuesta, ya no estará respirando.

La primera vez que Rolling Stone te hizo un perfil fue en 2008. Decía: “Como van las cosas, Dana White pronto podría ser aclamado como el mejor promotor deportivo de todos los tiempos, incluso más grande que Don King, en el boxeo, y que Vince McMahon, en la lucha libre”. 18 años después, buena parte de esa predicción se cumplió. ¿Te imaginaste alguna vez llegar acá?

Bueno, gracias, en primer lugar. Siempre creí que podríamos estar donde estamos. Este [tipo de contenido] no estaba permitido en el pay per view [de la TV norteamericana]. Gastamos 10 millones de dólares para poder entrar. Eso fue para producir The Ultimate Fighter y emitirlo en Spike [en 2005]. Nuestro primer acuerdo por derechos de medios fue de 35 millones de dólares. Pasamos de Spike a Fox por 100 millones de dólares. Pasamos de Fox a ESPN por 3 mil millones de dólares, y luego de ESPN a Paramount por 7,7 mil millones de dólares. Quiero decir, ahora estamos en todas partes. Vamos a Azerbaiyán de nuevo este año. Así que la respuesta larga a tu pregunta es que creía que el deporte podía estar donde está hoy, y siempre supe que yo iba a ser el tipo que lo conseguiría.

Empezaste en el boxeo. ¿Qué te cautivó de las artes marciales mixtas?

La primera vez que las vi fue en 1993, cuando se hizo el primer evento de la UFC. Y luego les perdí la pista. Hasta que Lorenzo y Frank Fertitta [magnates de casinos de Las Vegas y amigos de la infancia de White] y yo empezamos a tomar clases de jiu-jitsu y a conocer a muchos de los luchadores, y vimos que eran muy diferentes de los boxeadores. Venían de lugares diferentes, tenían historias personales diferentes. Y luego fuimos a nuestro primer evento de la UFC y empezamos a decirnos: “Imaginate si hicieran esto” o “imaginate si cambiaran esto otro, podría ser algo muy grande”. Así empezó todo.

¿Qué te atrajo del combate?

Cuando era joven, mis tíos solían poner las peleas en ABC’s Wide World of Sports, y siempre la casa se llenaba de esa energía y esa emoción a las que me volví adicto. Mirábamos partidos de fútbol americano importantes, porque éramos fanáticos de los Patriots, pero nada como cuando había una pelea. Ahí me enamoré.

Hay una energía que no te dan otros deportes.

Y tampoco eran como las peleas de boxeo. Era como las películas de Bruce Lee, las de Chuck Norris y todas las diferentes artes marciales. Me gustaban todos los estilos de lucha. Sabés, Instagram es el diablo. Me puedo quedar en la cama, a la noche, mirando peleas callejeras en Instagram hasta las cinco de la mañana.

Llevar este deporte a Estados Unidos no fue fácil. ¿En algún momento pensaste: “Quizás esto no funcione”?

El de las peleas es el negocio más difícil. Ha habido muchos de esos momentos en los primeros días. Cuando estábamos tratando de cerrar un acuerdo de televisión, cuando estábamos tratando de volver al pay per view y luego el día que Lorenzo [Fertitta, entonces CEO de la UFC] me llamó y dijo: “No puedo seguir haciendo esto. Mi hermano y yo estamos poniendo toda esta plata. Quiero que vayas y veas si podés venderlo”. Empecé a hacer llamadas ese mismo día. Lo llamé y le dije: “Probablemente te paguen 6, 7, 8 millones de dólares”. Ya estábamos treinta y tantos millones en números rojos. Y dijo: “Está bien”. Cortamos y a la mañana siguiente me volvió a llamar y, literalmente, dijo: “A la mierda. Sigamos adelante”. Lorenzo siempre habla de eso, dice: “Es increíble lo bien que te puede hacer una buena noche de sueño”.

Con esta gran ruleta que has estado girando tantos años, ¿cuál fue el momento en que sentiste que habías acertado?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Financiamos los 10 millones de dólares para que The Ultimate Fighter se emitiera en Spike TV. Las audiencias de The Ultimate Fighter van así [hace el gesto de un gráfico que sube]. En ese momento, en el mundo de la televisión por cable, si tenías un programa tan exitoso, estaba en todas partes: en autobuses en Nueva York, en vallas publicitarias. ¿Spike TV? Plano, nada [para promocionar el programa]. A la mitad de la temporada, despiden al presidente de la cadena. Nadie me devuelve las llamadas. Fue una época de locura. Cuando debería haber sido “Mierda, deberíamos estar negociando un nuevo acuerdo para la próxima temporada”, nada de eso sucedió. Fue exactamente al revés.
Así que esa noche en el Cox Pavilion del campus de la UNLV, la pelea final tuvo lugar entre Forrest Griffin y Stephan Bonnar, y parecía que un tren estaba pasando por ese lugar. La gente pisoteaba y coreaba “una ronda más”, y entramos y les dimos a ambos un contrato. Y literalmente recuerdo que esa noche dije: “Me importa un bledo si Spike firma un nuevo contrato o no, esto va a terminar en algún lado”. Y esa noche, los chicos de Spike nos sacaron al callejón, y redactamos el acuerdo en una servilleta.

Celebraste algunos de tus primeros eventos en los casinos de Trump. ¿Qué pensaste cuando te dijo que iba a entrar en política?

Cuando me llamó por primera vez [en 2015], me dijo: “Mirá, si no querés hacer esto, lo entiendo completamente, pero me sentiría honrado si hablaras por mí en la Convención Republicana”. Todo el mundo me decía que no lo hiciera. Por dos razones: número uno, no quéres acercarte a la política, y número dos, nunca va a ganar.

Pero lo hiciste. Me has descrito ese momento como un verdadero punto de inflexión, tanto en tu relación personal con él como en su movimiento político. Se han vuelto bastante amigos desde entonces, ¿verdad

Somos muy cercanos.

Tengo esta teoría de que sos uno de los pocos amigos verdaderos que le quedan a Trump. Creo que a medida que su poder y posición han crecido, muchas relaciones son transaccionales. Pero su relación ha sido constante.

No quiero nada de él. No le pido nada. No hay nada transaccional en nuestra relación. Somos amigos. Y cuando nos reunimos, no es diferente de cuando te ves con un amigo. Hablás de cosas de las que hablan los amigos. Creo que cuando está lidiando con cosas que yo ni siquiera podría soñar, cuando quiere escapar, viene a una pelea de la UFC. Se nota que lo necesita. Como seres humanos, es casi necesario ser fan de algo, ya sea una banda, los Boston Celtics, la UFC, salir una noche y simplemente ser fan de algo y no preocuparse por nada más que disfrutar. Al final del día, todo el mundo tiene que recordar que Donald Trump es humano. Y como seres humanos, todos necesitamos algo. Y lo de Donald Trump es la UFC.

¿Alguna vez te pidió que participes más activamente en su trabajo político, “Dana, te necesito en D.C.”?

Nunca. Nunca.

Eso cambió en el ciclo de 2024, cuando ayudaste a orquestar un bombardeo mediático en podcasts y redes sociales para él. Parecía que estabas un poco más cómodo utilizando las redes y la audiencia que habías construido para…

Sé que todo el mundo se apoya en eso, pero quiero decir, cuando compramos la empresa en 2001 e hicimos la pelea en el Trump Taj Mahal [en Atlantic City, Nueva Jersey], la marca Trump estaba allá arriba [gesticula por encima de su cabeza], la marca UFC aquí abajo [gesticula a su cintura], él apareció en la primera pelea de la noche y se quedó hasta la última. Este tipo es muy buen amigo mío. Lo ha sido por mucho tiempo. Le encantaba venir a la UFC antes de postularse a la presidencia. Pero ¿por qué no haría un gran alarde de que el presidente de los Estados Unidos venga a mi evento?

Claro.

Si vinieran Reagan, Obama, Bush, cualquiera de estos tipos, sería el presidente de los Estados Unidos. Podés politizar cualquier cosa, lo que quieras, pero esa no es nuestra relación. E incluso cuando he hablado en estas convenciones o mítines, nunca me oís hablar políticamente. Nunca me va a oír decir nada de izquierda, derecha, esto, aquello. Estoy justo en el centro; sentido común, eso soy yo.

(Foto: SACHA LECCA)

¿Alguna vez has sentido que esa relación ha alejado a algunos fans?

Viajo por todo el mundo a lugares que son fuertemente liberales. Nueva York, estoy acá todo el tiempo. Acabo de estar en Seattle, Washington. Nadie me ha dicho nada negativo, ni me ha gritado nunca. Nunca he tenido ninguna interacción negativa con nadie en ningún lugar del mundo al que haya ido debido a mi relación con el presidente. Todo lo contrario, para serte honesto.

¿Cómo surgió el evento en la Casa Blanca?

Estamos en una pelea, y me mira y me dice: “¿Sabés qué? Deberíamos hacer una pelea en la Casa Blanca”. Y yo le digo: “Sí, deberías tener una pelea en la Casa Blanca”. No sé si alguna vez conocerás a alguien más orgulloso de la Casa Blanca que él. Le encanta ese lugar y siente que es la casa de Estados Unidos y que deberíamos hacer cosas para que más gente pueda venir a la Casa Blanca y experimentarla.

El frenesí mediático en torno a esa pelea en la Casa Blanca llegó a ser bastante intenso. La popularidad de Trump se encuentra en uno de sus puntos más bajos. La guerra con Irán ha sido un punto crítico e incluso ha recibido críticas de algunos de sus antiguos partidarios. Joe Rogan se preguntó públicamente sobre la seguridad de seguir adelante con el evento de lucha, dado el contexto. ¿Alguna vez te preocupó eso?

Mantuvimos las peleas durante el Covid. Nada de eso me preocupa. Y, escuchá, el mundo es un lugar muy duro, amigo. Siempre pasan cosas malas. Tengo un negocio global. Tengo rusos, tengo ucranianos, tengo israelíes, tengo paquistaníes… lo que quieras, los tengo a todos. ¡Y adiviná qué! Por el resto de la existencia, esas cosas van a seguir ocurriendo. Y cuando tenés un negocio global, no podés simplemente ceder, romperte y rendirte ante cada cosa mala que suceda en el mundo, porque te garantizo que este año van a pasar muchas más cosas malas, y no voy a dejar de dirigir mi negocio por eso.

[Con todo lo que está pasando,] probablemente desearía no haber dicho eso. Pero de nuevo, estamos dentro. Está pasando. Todo está en movimiento. Nunca me ha dicho nada así, pero este tipo está lidiando con mierda que gente como vos y yo ni siquiera podemos imaginar y tampoco queremos. Y no nos metemos en ese tipo de cosas.

¿De qué hablan?

Definitivamente no hablamos de política. Hablamos de todo menos de eso. Cómo está su familia, qué ha estado pasando, cómo se siente? Quiero decir, este tipo no duerme. Tampoco soy de dormir mucho, pero su nivel de sueño es inhumano. Ni siquiera sé cómo hace, especialmente a su edad.

¿Ha habido alguna vez un momento en el que algo que dijo o algo que hizo…

Escuchame, quiero decir, ¿en algún momento deseé que se mantuviera alejado de Twitter? Sí. Soy el tipo que siempre anda por ahí [defendiéndolo], diciendo: “No lo entendés”. Desafío a todo el mundo, podés ser lo más de izquierda que quieras. Si te llevo a cenar con Donald Trump durante una hora, es imposible que salgas de esa cena y digas: “Odio a ese tipo”. Es imposible.

En el futuro, ¿te imaginás tener una relación similar con un presidente demócrata si quieren asistir a eventos de la UFC?

Otros políticos me han dicho: “Me gustaría venir al evento y me gustaría salir al lado tuyo”, como si dijera uh-uh. No. Pero soy ciudadano estadounidense. Si el presidente de los Estados Unidos me llama y dice que necesita algo, considérelo hecho. Demócrata, republicano, podés apostar que voy a ver cómo ayudar.

¿Alguna vez pensaste que serías una especie de intermediario de una de las personas más poderosas del mundo?

No. Creés en tu negocio, creés en el deporte o en lo que sea, pero nunca… Quiero decir, hablo con la familia real en los Emiratos Árabes. Soy supercercano a ellos. Y la lista sigue y sigue. Me reuní con el primer ministro del Reino Unido el año pasado. No ves venir ese tipo de cosas.

¿Qué se siente? Pasás de regatear con los dueños de casinos de Atlantic City a reunirte ahora con primeros ministros.

Realmente te hace consciente de los niveles. Hay niveles en la vida, y es genial ir a ver estas cosas e interactuar con estas personas poderosas.

¿Alguna vez te sentiste deslumbrado por una estrella?

Creo que el único tipo que me dejaría remotamente deslumbrado sería Michael Jordan. Soy un gran fan.

Contame sobre tu rutina personal de salud y fitness.

Me sumergí en agua fría antes de venir acá, esta mañana. Cuando me propongo algo y digo: “Voy a hacer esto”, me entrego por completo. Me puse en la mejor forma de mi vida [en 2022]. Me dediqué a fondo durante tres años. Dejé todas las pastillas, dejé la medicina para la presión arterial, la del colesterol, toda la mierda que tomaba. Quiero decir, me hicieron trizas. Hice todo. Ahora, he encontrado este punto medio feliz donde puedo vivir un poco y también divertirme.

¿Qué hay de los deportes de contacto? ¿Alguna vez le pegás a la bolsa, volvés al ring, hacés [jiu-jitsu] con alguien?

No, no he hecho nada de eso por bastante tiempo. A mi edad –cumplo 57 en julio– trato de no engordar, trato de no lesionarme. Esos son mis objetivos ahora mismo.

Conociste a tu esposa cuando ambos tenían 12 años, están casados desde 1996 y tienen tres hijos. ¿Cuánto tiempo pasás con tu familia?

Mi esposa es una de esas personas que unen a todo el mundo. Es la mejor en eso. Hacemos tres viajes familiares grandes al año. Ella está obsesionada con esa mierda. No es como: “Oh, voy a casa [todas las noches] a cenar…”. Cuando vamos a algún lugar, vamos por 10 días, lo cual es mucho tiempo para mí. Al tercer día, digo: “Oh, Dios mío”. Al séptimo: “Si tengo que ponerme bronceador una vez más…”.

Estás todo el tiempo arriba de un avión. ¿Cómo es tu dieta cultural? ¿Qué escuchás, qué leés?

Nada. Sólo me quedo sentado ahí. Es lo más raro que he visto en mi vida. Simplemente me siento en el avión, sin hacer nada. No escucho música. No veo televisión. Muy pocos programas logran engancharme. Empiezo a ver un programa y a los cinco minutos digo: “Esto es una mierda. No puedo entrar en esto”.

Una crítica común a la UFC y a su negocio es cuánto se les paga a los luchadores. La WNBA acordó un nuevo salario mínimo de alrededor de 70.000 al año, lo que, según se informa, es más de lo que gana un luchador de MMA de segunda categoría. ¿Ves un futuro en el que un luchador de la UFC pueda ganar un salario digno de inmediato?

El pago a los luchadores ha aumentado cada año y seguirá aumentando mientras sigamos teniendo éxito. Pero compararlo con la WNBA es ridículo. Primero que nada, si entrás a la UFC, digamos que firmás un contrato por tres peleas, vamos a averiguar si siquiera pertenecés a la UFC. ¿Debería pagarte $370.000 para ver si pertenecés a la UFC?

Durante más de 20 años, has sido la cara no solo de la UFC, sino del deporte de las artes marciales mixtas en general. ¿Qué le pasará al deporte de las artes marciales mixtas después de la era de Dana White?

Yo dirijo todo este negocio. Yo tomo todas las decisiones y estoy muy involucrado, desde la producción hasta el emparejamiento, lo que sea. Será muy diferente cuando ya no esté. Sigue siendo emocionante, sigue siendo divertido, pero será diferente.

¿Cuánto tiempo más creés que vas a seguir haciéndolo?

No lo sé. Todavía amo lo que hago. En todas las formas posibles en que puedas patearle el trasero a otra persona, estoy involucrado. Y en los próximos 10 años, voy a construir la compañía de deportes de combate más grande de la historia. Quiero decir, ya lo hemos hecho, pero tengo más ideas y más planes. Vamos a seguir construyendo. Nada volverá a existir así.

Ese es el legado de Dana White. Supongo.

No me importa un carajo el legado. Tengo estos planes, estas ideas y cosas que quiero hacer, pero nunca pienso en el legado ni en nada de eso.

¿Entonces, cuál es el punto?

Es lo que me gusta hacer.

¿No te importa si dura?

Me importa un bledo.

La forma en que hablás de legado me recuerda a Trump: “Estoy acá para construir lo más grande que pueda construir en el tiempo que tengo”.

Exacto. ¿Sabés cuántas ofertas de libros he tenido? Nunca escribiré un libro. El legado no me importa una mierda. Estoy aquí mismo, ahora mismo. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a construir? ¿Qué tan grande vamos a hacer esto? El día que decida alejarme, eso será todo.

¿Alguna vez escuchás una voz en tu cabeza que dice: “Está bien, tenemos el acuerdo con Paramount, ahora hemos construido algo que durará”?

Oh, de ninguna manera. Así no es como funciona. Me levanto todos los días y quiero hacer algo. Quiero ganar. Quiero romper un récord. Quiero subir de nivel cada vez que me levanto de la cama. Y no sé cómo me jubilaré. No sé cómo parar.

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Mientras la Selección Argentina atraviesa un nuevo momento de exposición mundial, una investigación en Estados Unidos amenaza con sacudir los cimientos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Agentes del FBI y fiscales federales comenzaron a tomar testimonios para analizar las operaciones financieras de la entidad en territorio estadounidense y determinar si algunos movimientos podrían configurar delitos bajo la jurisdicción de ese país.

De acuerdo con información publicada por La Nación, la investigación preliminar comenzó a gestarse en 2025 y está enfocada en reconstruir cómo la AFA manejó parte de sus negocios internacionales, especialmente aquellos relacionados con contratos comerciales y pagos canalizados a través del sistema financiero estadounidense.

Uno de los puntos bajo análisis es el rol de TourProdEnter LLC, una compañía vinculada al cobro de acuerdos comerciales de la AFA en el exterior. Los investigadores buscan determinar si la estructura utilizada para administrar esos ingresos cumplió con todas las regulaciones correspondientes o si pudo haber derivado en posibles maniobras financieras irregulares.

La pesquisa involucra a fiscales especializados en delitos financieros y lavado de activos, con operaciones desde Washington D.C. y Florida. Como parte del proceso, las autoridades comenzaron a escuchar testimonios de personas con conocimiento sobre el funcionamiento comercial de la organización.

Entre quienes habrían declarado se encuentra el empresario Guillermo Tofoni, quien mantiene desde hace años un fuerte enfrentamiento con la conducción de la AFA y realizó denuncias contra la entidad. Su participación también abrió un nuevo capítulo de disputa alrededor del caso, ya que desde sectores cercanos a la asociación cuestionan el origen de las acusaciones y señalan un trasfondo político y empresarial.

Por ahora no existen cargos formales contra la AFA ni contra sus dirigentes. Sin embargo, el avance de las consultas por parte de las autoridades estadounidenses instala un escenario incómodo para una institución que, tras los éxitos deportivos recientes, también multiplicó su valor comercial y su presencia global.

La pregunta que intentan responder los investigadores es tan simple como explosiva: cómo se movieron cientos de millones de dólares generados por la marca de la selección argentina y si todas esas operaciones respetaron las reglas del sistema financiero internacional.

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Un día, cuando tenía 18 años, Lisa Cerati llegó del colegio, tomó prestado un teclado de su hermano y se encerró en su habitación con las luces apagadas con la intención manifiesta de escribir su primera canción. El resultado final de esa primera experiencia compositiva fue “Selva”, un trip-hop lento y atmosférico, con acordes que parecen evaporarse para abrirle paso a una voz fría y cautivante a la vez. Sin saberlo, el tema fue el punto de partida de su debut como solista, que firmó con los dos nombres que le eligieron sus padres: Lisa María.

“Para mí, este disco es un punto de llegada que reúne a muchas Lisas de distintos años, de las que por ahí ahora me siento muy distinta, pero tenía que atravesar para llegar a esto. Hay temas que tienen diez años y otros que tienen un mes, pero en todo estoy yo”, dice sobre el álbum que vio la luz el 1° de junio, un mes después de haber cumplido 30 años.

De alguna manera, con este disco Lisa continúa un mandato familiar presente en la obra de su padre, pero también por vía materna, la realizadora y DJ chilena Cecilia Amenábar. “Me llegó tarde la conexión musical tan en serio, pero vi el proceso desde siempre, en mi papá y también en mi hermano, él graba desde que tiene cinco años e hice coros en sus discos. Aprendí observando mucho a mi papá, y también a mi mamá, que tiene la colección de discos más grande que vi en mi vida, incluso más que la de él”, cuenta Lisa. Dentro de esa misma lectura, elegir presentarse con su nombre propio y prescindir de su apellido es un hecho artístico en sí mismo. “Nunca me gustó el Lisa solo, pero Lisa María siempre me pareció interesante porque María suele ir primero y mis papás lo dieron vuelta”, dice tras recordar que comparte apelativo con la hija de Elvis Presley. Luego, agrega: “Además, el trasfondo de la elección de mi nombre no es tan alucinante, es porque a mi hermano le gustaban Los Simpson, y soy María porque cuando nací me parecía a una abuela de mi mamá llamada así, arrugada como un bebé. Decidí usarlo porque me gusta llevarlo a mi mundo de creaciones”.

Lisa creció en una casa en la que el vínculo con la música trascendía las actividades de sus padres (“Era como tener mi propio Spotify”, dice al referirse a la cantidad de discos que tuvo a disposición desde mucho antes de que el streaming fuera siquiera una idea), y tardó en entender que su realidad era distinta a la de los demás. “Lo empecé a notar cuando iba al colegio, era como un bicho raro. Había momentos en los que sufría y quería que fuera todo normal, no quería que fuera todo un acontecimiento porque llegaba mi papá”, repasa sobre una infancia en la que el estímulo creativo era moneda corriente. “Todo el tiempo sentía mucha libertad, y hoy la agradezco un montón. Los dos siempre nos impulsaron a mi hermano y a mí a hacer cosas, a crear. Cuando hacía videoclips de chica, mi mamá me ayudaba filmando y después mi papá hacía presentaciones a sus amigos de todo lo que hacíamos, muy orgullosos los dos”, recuerda.

El destino inevitable de Lisa Cerati
(Foto: Ignacio Arnedo)

A pesar de contar con todo ese estímulo a disposición, Lisa tardó en seguir con el mandato familiar, al menos de manera directa, con incursiones en el diseño gráfico, la producción audiovisual, la conducción televisiva y la realización de videoclips, casi como un derrotero para llegar a un destino inevitable. “Desde chica me enfoqué en lo visual y estudié cine, aunque la música siempre estaba golpeando mi puerta, pero quizás más desde pensar una banda de sonido que acompañara lo que estaba haciendo”, dice sobre una situación que no forzó, sino que esperó que decantara por su propia naturaleza. “Tengo el recuerdo de ver a mi papá o a mi hermano haciendo música mientras yo hacía videoclips, hasta que un día me dije: ‘A ver si me siento a componer con lo que aprendí y lo que observé, a ver qué sale’”, cuenta sobre un camino que tambiénguió lo visual, con canciones inspiradas en colores, imágenes y texturas que se le venían a la mente.

Para grabar las nueve canciones de su álbum debut, Lisa recurrió a Estanislao López, productor clave del último lustro gracias a su trabajo con El Club Audiovisual, Buenos Vampiros, Mujer Cebra y El Nota, y que decidió ficharla para su sello propio, Hora Cero Records. “Empezamos a trabajar poquito antes de la pandemia, a finales de 2019. Ella me mostró unos demos y cuando los escuché me encantaron las letras y las melodías, sentí que tenía una sensibilidad muy especial”, explica López. De a poco, la dupla empezó a revisar maquetas para luego reformularlas en un plano sonoro distinto, un ejercicio que ganó celeridad en el último año. “Forjamos una amistad y me sentí cómoda al ver qué pensaba de esas canciones alguien además de mí, me dio empuje para tomármelo en serio”, explica Lisa.

La primera muestra de esta etapa asomó a mediados del año pasado con “(Solo aire)”, un pop electrónico de pulso amable que ofició como carta de presentación ante un público nuevo. Le siguieron otros dos singles, “Sentimental” y “A mi nube”, pero la idea de disco todavía aparecía como algo lejano hasta que llegó José Fogwill, conocido por su trabajo junto a Marttein, Nathy Peluso y Fito Páez, que la ayudó a redondear el universo visual detrás de Lisa María. “Le escribí y me ayudó muchísimo, me leyó de afuera. El disco tiene unos visualizers que tienen mucho peso conceptual, que era lo que le faltaba al rompecabezas, sobre en cuanto a mi personaje y a los colores”, explica acerca de la elección detrás del rojo carmesí profundo que domina la tapa del disco y también la paleta de colores del clip de “Demente”, en lo que fue su primera experiencia frente al lente.

Aunque en su acompañamiento visual pueda estar interpretando un rol, las canciones de Lisa María son todas narradas en primera persona, casi como una bitácora privada en clave dream pop en lo que fue más un impulso que una decisión planificada. “Salió de una necesidad de hablar, de decir algo, de salir. Tenía que llegar a ese momento para conectar con el mundo y sanar una parte de mí de esta manera, recién lo estoy experimentando”, cuenta antes de reconocer que el proceso fue también una manera de hacerse cargo de lo que enunciaba hacia el afuera.

“Sentía que la música ya hablaba por sí sola, entonces las letras me salían siempre en inglés. De hecho, en ‘Lava Flow’ dejé el estribillo así porque me gustaba esa frase y era imposible de pasar al castellano, pero a los demás temas tuve que cambiarlos porque siento que era un escudo, algo medio despersonalizado, y esto es lo más para afuera. Las letras hablan mucho de los vínculos, conmigo misma y con otros. Es como una terapia o una doble terapia; ahora que saqué todo eso me siento en un lugar mucho más liviano para lo que sigue”, analiza.

La origin story de Lisa María puede rastrearse hace más de una década y media. En 2009, una Lisa de 13 años y un Benito de 16 publicaron Forever Michael, un álbum homenaje al Rey del Pop, con producción y arreglos a cargo de papá Gustavo. Con el paso de los años, su hermano fue un modelo de conducta y también una fuente de consulta por su experiencia al frente de Zero Kill y también con su faceta en solitario. “Hoy en día estamos mucho más parecidos que en otros momentos, siento que antes él era muy barroco a la hora de componer, y yo me sentía muy lejana a eso, porque me considero simple. De hecho, la mayoría de los temas son dos acordes y construyo en base a eso”, dice antes de deslizar una nueva fantasía para homenajear a su ídolo: “Nada me gustaría más que hacer algo juntos, estamos en la misma frecuencia. Mi sueño sería hacer con él algo tipo ‘Scream’ (el single que grabaron juntos Michael y Janet Jackson en 1995) y reírnos de los haters”.

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Los nominados de este año fueron anunciados hoy, 8 de julio, a través de una transmisión en vivo de la Television Academy, presentado por Liza Colón-Zayas de The Bear y Jeff Hiller de Somebody Somewhere. Entre los favoritos se encuentra The Pitt con 25 nominaciones y piezas publicadas por HBO Max, Apple TV y Netflix, nuevamente dominan los premios.

La notable ausencia del drama bisexual, Heated Rivalry, se debe a las reglas de participación de los Emmys que estipulan que producciones de otros países no pueden competir “a menos que sea el resultado de una coproducción (tanto financiera como creativa) entre socios estadounidenses y extranjeros.”. La serie fue producida en Canadá para el servicio de streaming Crave, autores de otros shows como Canada’s Drag Race y The Amazing Race Canada.

A continuación, la lista de los nominados de las categorías principales:

Mejor serie dramática

The Diplomat, Netflix
The Gilded Age, HBO Max
A Knight Of The Seven Kingdoms, HBO Max
Paradise, Hulu
The Pitt, HBO Max
Pluribus, Apple TV
Slow Horses, Apple TV
Your Friends & Neighbors, Apple TV

Mejor Actriz Principal en una Serie Dramática

The Gilded Age, HBO Max
The Testaments, Hulu
The Diplomat, Netflix
Pluribus, Apple TV
Euphoria, HBO Max
Paradise, Hulu
Slow Horses, Apple TV
Task, HBO Max
The Diplomat, Netflix
The Pitt, HBO Max

Mejor serie de comedia

Abbott Elementary, ABC
The Bear, FX/Hulu
Hacks, HBO Max
Margo’s Got Money Troubles, Apple TV
Nobody Wants This, Netflix
Only Murders In The Building, Hulu
Shrinking, Apple TV
Widow’s Bay, Apple TV

Mejor Actriz Principal en una Serie de Comedia

Quinta Brunson, Abbott Elementary (ABC)
Ayo Edebiri, The Bear (FX/Hulu)
Elle Fanning, Margo’s Got Money Troubles (Apple TV)
Lisa Kudrow, The Comeback (HBO Max)
Jean Smart, Hacks (HBO Max)

Mejor Actor en una Serie de Comedia

Yahya Abdul-Mateen II, Wonder Man (Disney+)
Steve Carell, Rooster (HBO Max)
Matthew Rhys, Widow’s Bay (Apple TV)
Jason Segel, Shrinking (Apple TV)
Martin Short, Only Murders In The Building (Hulu)

Mejor actor en serie limitada o antológica

All Her Fault
The Beast in Me
Beef
DTF St. Louis
Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette

Mejor actriz en serie limitada o antológica

Claire Danes, The Beast In Me (Netflix)
Sally Field, Remarkably Bright Creatures (Netflix)
Carey Mulligan, Beef (Netflix)
Sarah Pidgeon, Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette (FX/Hulu)
Sarah Snook, All Her Fault (Peacock)

Mejor actor en serie limitada o antológica

Riz Ahmed, Bait (Prime Video)
Jason Bateman, Black Rabbit (Netflix)
Charlie Hunnam, Monster: The Ed Gein Story (Netflix)
Oscar Isaac, Beef (Netflix)
Matthew Rhys, The Beast In Me (Netflix)

Mejor Talk Show

The Daily Show, Comedy Central
Jimmy Kimmel Live!, ABC
Last Week Tonight With John Oliver, HBO Max
The Late Show With Stephen Colbert, CBS
Saturday Night Live, NBC

Mejor programa de competencias

Dancing With The Stars, ABC
RuPaul’s Drag Race, MTV
Survivor, CBS
Top Chef, Bravo
The Traitors, Peacock

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Los actores dominicanos Alexander Corleone y Josema Rodríguez presentarán la comedia «Ni locas ni cuerdos», del 6 al 16 de agosto en la Sala Ravelo del Teatro Nacional, en horarios de las 8:30 de la noche, jueves, viernes y sábado; los domingos a las 6:30 de la tarde.

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La Compañía Nacional de Danza Contemporánea (CNDC) ofreció dos funciones de alto vuelo con “Carmesí”, una propuesta escénica que marcó el inicio de la Temporada de Danza Contemporánea 2026.

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La irrupción de la inteligencia artificial, las voces clonadas y la transformación de los medios de comunicación marcaron el eje central del discurso del presidente del Círculo de Locutores Dominicanos (CLD), Bismarck Morales, durante el cóctel que dio inicio a la celebración del 54 aniversario de la institución y que reunió en el Hotel Napolitano a locutores, comunicadores sociales estudiantes y representantes del sector provenientes de distintas provincias del país.

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En el país, las figuras femeninas de los medios de comunicación y de la industria musical han optado, a nivel general, por familias pequeñas de uno o dos hijos, e incluso una parte notable de ellas ha decidido no tener descendencia. Aunque la tendencia dominante evita las familias numerosas, existe un selecto grupo que rompe esa realidad y registra tres o más hijos en su núcleo familiar.

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El cantautor y compositor Nacho Estrella afirmó que, sin importar el rumbo que tome su carrera, mantendrá su vínculo con los artistas emergentes y los músicos que se presentan en piano bares.

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Steffany Constanza lanzó a la radio y el mundo digital “Qué barbarazo”, un merengue a ritmo de merengue, en el que explora nuevos colores y matices.

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