“’La Espina’ habla de ese lado B que existe detrás de las cosas que más amamos y de los sacrificios que muchas veces hacemos para perseguir aquello que nos define”, explica Daniela Spalla sobre su sencillo más reciente y la canción que fija el amanecer de una nueva era en su carrera. “La compuse hace dos años más o menos, y bueno, después de la experiencia de haber sacado un disco a dúo el año pasado, el regresar ahora a las canciones solistas se siente muy especial porque las historias que cuento sola son distintas”.
El dúo al que Daniela se refiere es al que compuso de la mano de Esteman en 2025, una de las parejas más relevantes del pop latino. De esta colaboración nació Amorío, un disco que mezcla perfectamente ambos estilos y que llevó el junte a otro nivel, con giras locales e internacionales y un sold out en el Palacio de los Deportes de Ciudad de México.
Para Spalla, este fue uno de los periodos más exitosos de su vida artística, una etapa que comenzó en 2024 con una presentación en el Auditorio Nacional ante 10 mil personas y la explosión de ‘Lejos de la Ciudad’, tema que se convirtió en uno de los hits virales más importantes de ese año, alcanzando el Top Viral de Spotify en más de 18 países y los primeros lugares de los charts en México y Latinoamérica.
Sin embargo, esa expansión repentina y, hasta cierto punto fuera de su control, llevó a Daniela al límite mental, sintiéndose constantemente culpable por no poder disfrutar de ese éxito por el que tanto había luchado. Fue en ese contexto donde ‘La Espina’ nació y la cantante encontró una forma de asimilar lo que estaba ocurriendo en su vida profesional y personal.
Un año después, durante sus vacaciones en Argentina, exactamente en Córdoba —lugar donde creció—, sumó a esos sentimientos preguntas sobre su origen e identidad, marcadas profundamente por la relación que tenía con su familia, el tiempo que llevaba lejos de su patria —equivalente ya al tiempo que pasó en ella— y el desarraigo. Fue ahí donde, en medio del folklore argentino, comenzó a trabajar en nueva música pensada para que, al terminar su colaboración con el cantante colombiano, el mundo viera una parte de ella que nunca había exteriorizado. Su proyecto más personal.
En medio del comienzo de su nueva etapa, Daniela Spalla tuvo una charla con ROLLING STONE en Español donde habló, como no, de este nuevo trabajo discográfico, pero también sobre su relación con México, casi una segunda patria para ella; el tiempo que pasó trabajando hombro a hombro con Esteman; la relación con su tierra natal, entre muchas otras cosas.

Más adelante te voy a preguntar cositas específicas sobre ‘La Espina’ y este álbum que viene en camino, pero antes me gustaría ir un poco atrás, y es que desde tu primer disco, Ahora vienen por nosotros, hasta Amorío, junto a Esteman, creo que se percibe una evolución muy clara tanto en tu sonido como en las letras que escribes y tu manera de componer. ¿Cómo has ido construyendo y fortaleciendo tu identidad artística a lo largo de todos estos proyectos?
Lo he hecho siempre por una inquietud. Siempre llega un punto en que me empiezo a aburrir de lo que estoy haciendo y hay cosas nuevas que me están influenciando, inquietudes nuevas de las que quiero hablar en las letras, o historias nuevas que me empiezan a atravesar. La evolución siempre ha venido por ahí, desde un lado de necesidad muy genuina y sin buscarlo tanto. Es más como una cosa natural que empiezo a sentir.
Viéndolo en perspectiva y a la distancia, siento que el cambio más notorio puede haber llegado entre Camas separadas (2018), que fue mi segundo disco, y Ahora vienen por nosotros, que fue el primero. Yo creo que ese fue el cambio más notorio porque en 2018 empecé a escribir de una manera un poco más abierta, con los sentimientos un poquito más a flor de piel y sin tanto miedo de que la gente supiera lo que me pasaba. Por el contrario, quería contarle a la gente por medio de mis canciones que sentía y que pensaba.
Creo que esa fue la transformación más grande. A partir de ahí, con esa premisa de poner de la manera más directa y auténtica lo que me pasaba, bueno, se fue nutriendo la música según cada etapa de mi vida.
Cuando hablas sobre expresar tus sentimientos y pensamientos más abiertamente, quizás es algo complicado en una industria que busca constantemente éxitos virales o canciones más superficiales. ¿Qué desafíos te supone ahora, y te supuso durante tu carrera, mantener este enfoque en tus letras?
Si bien es cierto lo que mencionás sobre los éxitos virales o cierta exigencia que pueda haber en la industria, también a mí la industria y el mismo público me demostraron que cuanto más genuino y personal era lo que yo contaba, más se identificaba la gente con mis letras. Eso es algo que puede contra cualquier medición, contra cualquier número.
Incluso, cualquier canción que tiene la capacidad de llegarle a las personas, de llegarle a un público grande, tiene una cuota de autenticidad, porque la gente tampoco es tonta y se da cuenta. La gente quiere conectar con historias, quiere sentirse representada.
También me llama mucho la atención tu relación con México. ¿Sientes que vivir ahí y nutrirte de la cultura del país ha enriquecido tu forma de crear?
100%. De hecho, cuando te hablaba del cambio entre mi primer y segundo disco, el suceso más importante en ese cambio fue que me mudé a México y, con la mudanza, creo que llegó una clase de relajación.
Yo no sé si acá pude inventarme una nueva versión mía, pero creo que hay un poco de eso. Uno se muda de ciudad, de país, para empezar de cero, y ese empezar de cero te da la oportunidad de reinventarte, de ir ajustando los niveles de tu personalidad según lo que quieras. Al final, como nadie te conoce, nadie te va a decir “qué cambiada estás”. Entonces, ese cantar sobre mis sentimientos de una manera más directa tiene mucho que ver con mi mudanza a México.
Acá yo me sentí muy bien recibida, me sentí abrazada por la gente, y vi cómo la gente también estaba muy en contacto con sus sentimientos. La música mexicana hace un culto al sentimiento, a ese corazón desgarrado, y justo me tocó atravesar una historia de mucho desgarro emocional en esa época en la que escribí Camas separadas. El disco salió así y fueron varias cosas que sucedieron en el mismo momento, que coincidieron. A partir de ahí aprendí que podía escribir de una forma que para mí era muy terapéutica, muy catártica, y que el público conectaba con eso.
¿Qué contrastes y qué similitudes encuentras entre la cultura argentina y la mexicana?
Ambos son pueblos muy musicales, con una tradición musical muy extensa e importante. Son pueblos muy orgullosos de su cultura y eso es maravilloso porque, tanto el pueblo argentino como el pueblo mexicano, cuando llega alguien de afuera, quieren hacerte parte, quieren mostrarte esa cultura, quieren compartirla.
En cuanto a los contrastes, la comida obviamente es muy distinta. También estos elementos de la canción desgarradora tienen mucha más presencia que en Argentina, donde quizás las letras son un poquito más herméticas, más sensoriales. Esas son las cosas en las que siempre he pensado porque es lo que me compete, ¿no? La música.
¿Hay algún plato que extrañes de Argentina?
Es muy simple y básico, pero extraño mucho la calabaza. Acá solamente la encuentro en octubre. En Argentina está todo el año y es muy común ver en las casas, no sé, puré de calabaza, sopa de calabaza o tarta de calabaza. Siempre me gustó de chica pero acá solo la encuentro en octubre.
También este último año has tenido la oportunidad de trabajar de la mano de Esteman, lanzando Amorío y emprendiendo giras tanto dentro como fuera de México, como la que comenzarán en octubre por Estados Unidos. ¿Cómo nació esta colaboración entre ustedes y qué has aprendido durante esta etapa?
Yo creo que nació de una manera muy natural, realmente. Vimos que a la gente le gustó mucho ‘Te alejas más de mí’, y a partir de ese tema empezamos a invitarnos a cantar en cada show que teníamos y comenzó a surgir, un poco como chiste y después más en serio, la idea de hacer algo juntos. Creo que primero estuvo la intención de hacer una gira y después surgió la idea de hacer un álbum, Amorío, que le dio un mejor marco y un enfoque más artístico al junte.
Para mí ha sido muy gratificante sobre todo la parte de la composición, del trabajo en el estudio y de la preparación de los conciertos. Eso ha sido para mí muy enriquecedor y lo hemos hablado también en muchas entrevistas y en distintos videos que compartimos en redes como parte de la despedida, porque es un proyecto que ya terminó. Nos queda la gira de Estados Unidos para octubre y noviembre, pero bueno, en esos videos de despedida hablamos mucho de las cosas que vamos a extrañar del otro.
¿Hay algún momento de todo este proceso en el que sientas que haberlo vivido juntos les ayudó a fortalecer su relación?
Sí, yo creo que sí, sin duda. Creo que los viajes nos unieron mucho. Ahí tuvimos una convivencia que, de otra forma, no hubiéramos tenido. También la preparación de la gira y la preparación del show, que lo estrenamos en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México el año pasado. Fue súper desafiante porque fue aprender a compartir el foco de atención, aprender a compartir la toma de decisiones estando cada uno tan acostumbrado a hacer las cosas de manera individual. Fue un proceso muy interesante y desafiante al mismo tiempo, pero que nos unió muchísimo.
Obviamente surgían muchas diferencias en las reuniones, y solo pudimos atravesar esos momentos uniéndonos más, conociéndonos más, manifestándole al otro que respetábamos lo que buscaba, que lo entendíamos y que estábamos en ese proceso, en ese proyecto de dúo, justamente para eso: para aprender del otro y de las formas del otro.
Ahora sí, entrando a ‘La Espina’ y a esta nueva era para tu carrera, algo que me gustó mucho fue la portada de este primer sencillo. En redes sociales compartiste que es una ilustración de una artista mexicana. ¿Cómo llegaste a conocer su trabajo y en qué momento sentiste que la obra que realizó capturaba exactamente lo que querías transmitir con el tema?
La artista en cuestión es Citlali Haro. Francisco Rondón, que es un colaborador mío y director creativo del proyecto desde hace ya mucho tiempo, me habló de ella y me dijo “¿cómo ves una portada que no sea una foto tuya, sino que sea una pieza de un artista?”. Al principio no estaba muy convencida porque realmente nunca había hecho una portada así. Entonces me mostró La Espina —que era una obra que ya existía— y me cerró todo.
En el momento en que la vi, me transmitió mucho. Sentí que tenía mucho que ver con la canción. Tenía esa intensidad, tenía como un dolor contenido pero expuesto, porque tiene un spotlight: la mano sosteniendo la espina, aferrándose a ella, de la que le está saliendo sangre, pero todo eso está iluminado por un seguidor ante un telón rojo, como estando en un escenario. Me hizo mucho sentido con la canción.
Me hablabas hace un momento de que esta composición ya tiene dos años. ¿Por qué decidiste guardarla en su momento y qué fue lo que te hizo sentir que tenía que salir ahora?
Lo que pasa es que esa canción salió cuando yo ya sabía que lo que seguía era Amorío, entonces era una de las canciones que yo estaba guardando para mi disco solista que sabía que iba a empezar una vez que se terminara esa etapa.
En verdad, para este nuevo disco escribí el 70-80% del álbum en diciembre y enero de este año, cuando me fui a pasar las vacaciones a la casa de mi familia en Córdoba. Ahí surgió todo el álbum, pero ‘La Espina’ era una canción que traía desde antes, que siempre me gustó mucho y que, a medida que yo iba escribiendo canciones, siempre seguía formando parte del repertorio. También fue una de las primeras que trabajamos en producción con Nico Cotton, y bueno, creo que lo que tienen estas primeras canciones es que marcan el camino. No siempre y no todas, pero muchas veces pasa, y con ‘La Espina’ pasó así: marcó el camino para el resto del disco y para el tipo de canciones que son más pop dentro del álbum.
Ahora que hablas del álbum en general y de cómo este primer sencillo marca el camino, no sé si me puedas comentar un poco más acerca del concepto o la idea que hay detrás de él.
El álbum surge de una pregunta que me empecé a hacer sobre mi origen y el lugar de donde soy. Nunca había hablado de eso en mi música. Es decir, siempre he dicho que soy de Argentina, pero nunca había puesto en mi música la relación con mi lugar de origen, con la familia, con la distancia de la familia, con el desarraigo. Nunca lo había contado y me surgió esta inquietud porque, cuando llegué a Córdoba a escribir, me di cuenta de que llevaba fuera la misma cantidad de tiempo que crecí en Córdoba. Eso me shockeó porque me llevó a preguntarme “¿de dónde soy? ¿Cuánto de mí queda de estos años que viví en Córdoba y cuánto de mí tiene que ver con el tiempo que llevo fuera?”. En ese limbo salieron muchas preguntas y muchas canciones.
‘La Espina’ justamente habla de esos sacrificios que yo he hecho por seguir mi camino, por seguir lo que quiero, que es la música. Cuando escribí la canción estaba en un momento muy mágico de mi proyecto. Estaban pasando cosas con las que siempre había soñado, pero también me sentía bastante agobiada por todo lo que estaba ocurriendo y no podía adaptarme a ese ritmo. De hecho, en medio de una sesión de composición me llaman porque tenía una entrevista. A mí se me había olvidado por completo, y yo soy una persona organizada, que tiene buena memoria, pero el momento me estaba superando.
Yo ahora lo relaciono con el dolor del crecimiento. ¿Viste cuando estás creciendo de chico, que te duelen los huesos cuando estás pegando el estirón? Fue un momento así para mí. En el 2024 pasaron cosas increíbles. Fue mi primera presentación en el Auditorio Nacional. Fue cuando una de mis canciones, ‘Lejos de la ciudad’, se volvió viral, lo que después me permitió trabajar con Camilo en una versión conjunta del tema. Era un estirón en mi música y la adaptación me costaba. Me daba mucha culpa también, porque al final no podía disfrutar del todo estas cosas increíbles que me estaban pasando. En medio de esos sentimientos escribí ‘La Espina’.
¿Qué cosas te estás atreviendo a hacer que quizás en tus proyectos anteriores no habías decidido explorar o que nunca te habías imaginado haciendo? Y, por otro lado, ¿qué elementos de tu forma de hacer música se mantienen a pesar de este cambio?
En el disco, por ejemplo, que tampoco es como que me “estoy atreviendo”, pero sí estamos explorando con metales. ‘La Espina’ tiene un arreglo de metales importante que le da muchísima intensidad a la instrumentación y al resultado final. Para este álbum también me estoy animando a trabajar con sonidos autóctonos.
Como hay muchas de estas preguntas sobre el origen, sobre de dónde soy, también hay instrumentos que remiten a eso. Por ejemplo, hay bandoneón, que igual esto es adelantar mucho, pero bueno, ahí hay unos elementos que también me conectan con mi tierra. Desde instrumentos hasta ritmos y estructuras de composición.
Otra cosa que me estoy animando a hacer, desde hace ya unos años, es a aceptar un poco más las fotos y los videos que grabamos. Siempre me ha costado mucho cuando me llega el primer corte de un video: no lo puedo ver. Si me lo mandan a la noche, prefiero no verlo, lo tengo que ver de día. Mucho drama. Pero ahora estoy tratando de aceptar lo que veo, aceptarme un poco más.

Y en cuanto a cosas que no han cambiado, yo creo que es la canción que va directo al sentimiento y que conecta desde el lado de la carencia. Me cuesta escribir sobre la plenitud. Escribo más sobre las cosas que faltan, sobre las cosas que me están doliendo, sobre las pérdidas. Eso sigue presente. He podido escribir canciones más desde la plenitud, como ‘Lejos de la ciudad’, pero aun así siento que le falta algo: la certeza. Es una pregunta hacia el otro. Es “¿qué vas a hacer el domingo?”. Creo que tengo una idea de lo que la otra persona puede llegar a responder, pero no está del todo explícito. Entonces, también es una canción desde la pregunta. No están todas las certezas. Creo que eso es lo que sigue. Lo que permanece.
Algo que siempre me gusta preguntar cuando los artistas están en un proceso de conectar con los ritmos de su país, que es tu caso ahora, es cómo se acercan a ellos, porque siempre hay lugares diferentes desde los que uno puede hacerlo. ¿Cuál fue tu caso?
Como te contaba, estaba en Córdoba escribiendo casi todo el disco. Eso me llevó a músicas y artistas que escuchaba cuando estaba estudiando piano. Hay una pianista argentina increíble que se llama Hilda Herrera. Ella ha hecho todo un camino de resaltar el folklore desde el piano, porque el folklore argentino siempre ha sido muy desde la guitarra, y su misión artística siempre fue aportar desde el piano. Me puse a escuchar mucho su música y a sacarla en el piano también, que yo soy mala para tocar a ese nivel el piano, pero al menos me sirvió para explorar a nivel armónico por dónde iban las canciones.
A Mercedes Sosa también la escuché mucho. Fue recuperar el contacto con esa música que en un momento de mi vida me influenció mucho, que fue muy determinante en mi formación musical. El rock nacional de Argentina tiene artistas que han coqueteado mucho con el folklore y que lo han hecho de una manera muy natural.
Creo que Fito Páez es uno de los casos más notorios y más evidentes. Charly García, Calamaro con el tango se ha fusionado mucho. Esas fueron las cosas que escuché. Los discos de Fabiana Cantilo también, que tiene un pie en el pop, en cierta forma. Ella ha sido una artista que a mí, de chica, me inspiraba mucho porque casi que era la única artista mujer que yo veía en la televisión que hacía esa clase de canciones. Había otras, pero yo conectaba mucho con ella y ha sido una gran inspiración siempre.

Por el momento, Daniela prefiere mantener algunos detalles del proyecto bajo reserva, como los próximos sencillos que vendrán, la fecha de lanzamiento e incluso su nombre. Sin embargo, adelanta que este año llegará mucha más música y que verdaderamente no falta mucho tiempo para tener el álbum disponible en todas las plataformas.
Mientras ese momento llega, Daniela sabe que las historias que encontraremos en este disco vienen de un viaje muy personal, uno que seguramente, hace un tiempo, nadie la habría imaginado dispuesta a contar. “Es un disco que a mí me ha movilizado muchísimo escribirlo, entonces espero que ahora que le llegue a la gente pueda acompañarlos también en sus momentos de dudas y de preguntas”, concluye.
Ahora solo queda esperar su siguiente movimiento. Con una nueva etapa apenas comenzando y una historia que todavía tiene varias páginas por revelar, Spalla parece estar lista para descubrir, junto a su público, qué hay al otro lado de todas esas preguntas.
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Como si fuera la banda de sonido de una verbena, esas fiestas populares que son una tradición en las islas Canarias. Así pensó Pedro que quería que fuese el próximo disco de Quevedo, uno de sus apellidos devenido alter ego por el que el mundo entero lo conoce. Un álbum que gire en torno a su tierra, a sus raíces, a la música que escuchaba en las calles cuando era niño y todavía ni soñaba con convertirse en uno de los músicos españoles más escuchados del planeta. “Lo empecé a hacer hace casi un año y medio, en medio de la gira del disco anterior, viajando mucho y pasando mucho tiempo fuera de mi casa. En ese momento, por más que disfruté todo lo que hice, la verdad es que lo único que me apetecía era volver a mi isla, a Canarias, que es de donde soy yo”, dice Quevedo, en visita fugaz por el país, a dos meses de la salida de El Baifo, su tercer álbum de estudio.

“Fue como un momento de añoranza de mi tierra, extrañaba volver a casa. Siento que en todos estos años desde que empecé mi carrera más a nivel grande, he podido estar poco tiempo, o menos del que me gustaría. Este álbum ha sido eso, como un momento de pararme a reflexionar y hacer música pensando en volver a casa y pensando en lo que quiero que suene ahí. Era una cosa de nostalgia, qué sé yo”.
Días antes de la salida del álbum, en abril pasado, las redes de Quevedo invitaron misteriosamente a sus seguidores a que se acercaran a la playa de Las Canteras, en Las Palmas de Gran Canaria, y llegada la noche anunció la salida de El Baifo a través de una decena de drones en el cielo, que formaron distintas figuras vinculadas con las islas y cerraron el evento con el nombre del disco y la fecha de lanzamiento. Un mimo para su primer público, el que lo vio crecer hasta el infinito y más allá.
Pero lo cierto es que El Baifo está concebido de manera conceptual desde su mismísimo nombre. Baifo se les llama en Canarias a las crías de las cabras. “Vivo en un archipiélago donde tocan el tambor. Y la gente se mueve en medio del Atlántico donde vivimos tú y yo. Donde sé que me quieren”, canta este joven de 24 años en el estribillo del tema que da nombre al disco, pero no son versos suyos, sino que los tomó prestados de “Vivo en un archipiélago”, una canción popular de la cultura canaria, compuesta por Moisés Patricio González Pérez y Manuel Negrín, mejor conocido como Pololo, una suerte de himno del archipiélago.
“Este disco es como volver a celebrar en casa y está muy ligado a la festividad. Me lo imagino como lo que suena en una fiesta de pueblo. Tiene reggaetón, salsa, hay varios merengues. Es full Canarias, con las chácaras, los tambores y varios instrumentos de allí. Es volver a celebrar con mi gente y en mi casa todo lo que me ha pasado en mi carrera”.
“Hoy se perrea, porque El Baifo está en casa”, canta en el primer tema del disco, “Está en casa”, mientras que en “Galdar” le rinde tributo a uno de los primeros pueblos aborígenes de las islas y el cierre es con “Hijo de volcán”, junto a la agrupación Los Gofiones, orquesta tradicional canaria, confiesa en plan autobiográfico: “Me contradigo todo el rato, pero me hace sentir vivo. Humilde y arrogante, pero las dos con motivo. Moriré esperando de mi padre un mensaje emotivo. Y de mi madre, algún cumplido que sea objetivo”.
Un chico de pueblo convertido en apenas un par de años en fenómeno popular, que después de haberse mareado y golpeado de bruces contra el expansivo efecto de la fama y el éxito (tras el suceso global que significó la BZRP Music Sessions 52, en 2024 decidió alejarse de la vida pública durante un año, según confesó, para cuidar su “salud mental y física”), se refugia ahora en su hogar, mientras estudia e investiga sobre sus raíces y orígenes, para recuperar algo de aquel Pedro soñador de la infancia.
“Leí sobre los guanches, que eran las tribus que estaban en Canarias antes de que llegaran los españoles, y sobre la conexión que existe entre nuestro pueblo y el Caribe y de ahí la identidad de nuestra música”, dice. “Canarias es un sitio donde ha pasado mucha gente y tiene una historia muy fuerte que ha influenciado mucho en nuestra cultura musical. Desde hace 500 años hemos sido un punto clave a la hora de entrar a los mercados en Europa y al mismo tiempo somos el punto más cercano a Latinoamérica y especialmente a Centroamérica. Eso hizo que al día de hoy seamos una mezcla de tantas cosas que nos hace únicos en cierto aspecto, multidimensionales. De ahí que sintamos también un montón de ritmos que por ahí son de afuera, como la salsa, que todos sabemos que es de Puerto Rico, o el merengue, de República Dominicana. En un punto los sentimos como nuestros y lo bueno es que muchos de los merengueros y salseros de allí, clásicos de siempre, han hecho conciertos supermultitudinarios en Canarias. Celia Cruz cantó para 400.000 personas en Tenerife, Juan Luis Guerra hizo lo mismo para 450.000 también. El otro día, hablando con Elvis Crespo, que canta en mi disco, él me contaba cosas de la historia de los guanches, que sabía por haber ido tantas veces allá. Yo tengo un padre peninsular, de Madrid, mi madre es canaria, de chico viví unos años en Brasil, o sea, he tenido una vida increíble que hizo que abrazara esa mezcla en todos los sentidos, en la música, en mi cultura, en lo que significa ser canario”.
La música latina parece pasar por un gran momento tanto en Europa como en los Estados Unidos, ¿cómo ves vos este fenómeno?
Para mí es increíble. O sea, al final yo he crecido escuchando música latina, ¿sabes? Y desde que soy joven a mí lo que me inspira y con lo que me veo… O sea, yo soy de Canarias, que está como pegado a África, es un sitio que está muy apartado del resto, y las mayores influencias, y en donde nosotros vemos más un espejo a nivel de cómo es la ciudad y todo eso es con el Caribe, ¿sabes? A mí siempre me ha inspirado mucho y me parece que ahora está en auge porque tenía que pasar. Siento como que ha habido siempre mucho talento en lo latino y sobre todo muchas cosas que decir, que a día de hoy hay unos exponentes grandes, y en algunos casos enormes, que han llevado eso al nivel más alto. Bad Bunny, Karol G, Shakira y un montón de gente que ha sabido representar y llevar todo lo latino a todo el mundo.
¿Qué música escuchabas cuando eras niño? ¿Qué discos tenían tus padres?
Pues te diría que en mi casa lo que más se escuchaba era música de bandas pop españolas, porque a mi madre le gustaba mucho La Oreja de Van Gogh, o cantautores como Serrat y Sabina, pero siento que lo del tema de escuchar la música latina viene más de la calle, ¿sabes? En los barrios, en la calle, ahí en Canarias, se escucha full salsa, merengue, en las fiestas patronales. Es todo eso, vallenatos, etcétera. Es un lugar donde se hace mucha vida en la calle.
Antes decías que en el núcleo del álbum había algo de la nostalgia por tu hogar y lo cierto es que buena parte de los músicos de tu generación que hoy triunfan en la música urbana hablan constantemente de nostalgia, siendo realmente muy jóvenes aún. ¿Creés que hay algo generacional ahí?
Totalmente y creo que tiene mucho sentido, porque creo que ha cambiado más la vida en los últimos 20 años que en los anteriores 50, ¿sabes? Entonces creo que la manera en la que me crié yo, no es la misma manera en la que se cría la gente allí ahora mismo. Y hay muchas cosas que se echan en falta, o al menos es lo que siento. Vengo de un sitio muy apartado y he tenido la oportunidad de viajar el mundo, de ver sitios enormes, estar en ciudades grandes, conocer culturas distintas, pero siempre echo de menos ese momento de volver a casa. Y sobre todo de volver a casa y que esté todo igual, ¿sabes? Creo que ese es el punto de nostalgia que quizá me acompaña y que en mi carrera como que a veces tengo ganas de que el tiempo no pase para poder todo ese tiempo que me paso afuera disfrutarlo en mi hogar.
Por estos días, la nostalgia no es lo único que une a Quevedo con otros artistas del género urbanos. Esa mirada hacia sus raíces musicales que se despliega a lo largo de los catorce tracks de El Baifo es la misma que exploró Bad Bunny con la salsa en su última producción, Debí tirar más fotos, y también es similar a la de los últimos movimientos de Milo J con guiños explícitos al folklore argentino. “Creo que a toda la gente de nuestra generación que empieza a hacer música la mueve algo más, que tiene que ver con decir algo, más allá del género que haga. Es algo natural y cuando es así se puede hacer desde distintos ritmos y diferentes formas de componer. ¿Por qué limitarse cuando uno puede probar y experimentar con otras cosas, por más que te salga mejor o peor? Mi generación también ha crecido escuchando mucha variedad de música ¿sabes? Y creo que es bonito también, porque cada uno busca su camino y busca de qué manera puede aportar más allá de lo que es el full urbano y géneros como el trap o el rap”.
Quevedo se hizo mundialmente popular inmediatamente tras la salida de la colaboración con Bizarrap en 2022, a caballo de ese estribillo irresistible que pedía “queeeeeedate, que la noche sin ti duele”. Un año antes había grabado un gran hit con Duki, “Si quieren frontear”, y desde entonces su relación con la escena argentina fue de lo más fluida (grabó con Rei el tema “Fernet” y junto a YSY A “Lugares que llevo”). “Creo que Argentina es uno de los primeros sitios que me acogió, gracias a Duki y a Bizarrap, que me abrieron las puertas de su proyecto y me dejaron participar con ellos. Tengo muchos amigos, como Tiago PZK y tantos otros con los que he compartido el camino. Yo admiro mucho a la Argentina y al movimiento urbano que ha salido desde allí en los últimos diez años. Duki y todos los de su generación abrieron un camino de algo que no existía en España, con todo ese rollo del trap y con algo muy valioso: hablar en nombre de los jóvenes y de lo que ocurre en la calle. Porque en ese momento había como un estigma sobre las malas palabras, o hablar de drogas y de sexo. Pero eso era parte importante de la realidad, lo que ocurre en los barrios, ¿sabes? Y creo que hay muchos jóvenes que se sintieron representados. Ellos le pusieron voz a una generación que necesitaba a alguien que comandara en ese momento. Lo hicieron muy bien y además nos han enseñado el camino. A Duki lo siento como el líder del movimiento, una persona que nos fue enseñando cómo seguir después de cada paso y acompañó a todo el mundo en el crecimiento personal de cada uno. Él también nos enseñó a que si nos juntábamos entre nosotros el movimiento iba a crecer aún más, por eso nuestra generación produce tantos juntes, creo que fue una apuesta muy importante y también una buena enseñanza para lo que vengan detrás y quieran seguir nuestros pasos”.

Pedro Luis Domínguez Quevedo nació el 7 de diciembre de 2001, en Madrid, pero a los pocos meses su familia debió mudarse a Río de Janeiro. “Mi padre trabajaba en Hispasat (operador de satélites de telecomunicaciones), con todo ese tema de satélites y cosas así. Él no se dedicaba a nada de eso, pero no sé por qué acabamos volando a Brasil y allí vivimos dos o tres años. Tengo muy pocos recuerdos, algunas cosas puntuales como el salón de mi casa, la guardería, pero no mucho más. Algún día me gustaría volver, porque si bien no tengo idea de cómo es el lugar, es un sitio que siento que es parte de mi vida”.
A los 4 años el pequeño Pedro y su familia se instalaron entonces definitivamente en Las Palmas de Gran Canaria, su lugar en el mundo, esa suerte de tierra prometida a la que cada vez que se aleja siempre sueña en volver. “Vivir en una isla es algo especial”, dice. “No sé cómo serán las otras islas, pero en Canarias hay determinadas situaciones que solo vimos nosotros, ¿sabes? Es como que estamos apartados de todo, incluso de España, y eso en algún punto es algo limitante también. Crecer allí fue hermoso y muy especial, aunque hay cosas no tan buenas, especialmente a la hora de desarrollar una mentalidad de un joven ambicioso. Viviendo en una isla es más difícil salir, pero a la vez te venden que el éxito es salir, ¿sabes? Entonces es un poco complicado lidiar con eso. Desde que somos pequeños nos venden que si queremos tener éxito o seguir nuestros sueños, vamos a tener que hacerlo desde afuera. En el fondo tienen un poco de razón en algunos aspectos, pero a la vez pues estamos nosotros intentando que por lo menos con el tema de la música eso cambie y que la gente pueda hacer su producto desde allí y que no tengan que irse lejos de su familia o de su isla en busca de oportunidades”.
Quevedo dio sus primeros pasos en la música rapeando en las calles canarias y al poco tiempo se introdujo en la pequeña escena de las islas. Pero su historia grande en la industria de la música llegó, como la de tantos otros músicos de su generación, con la pandemia. “Yo no sé si estuviera hoy aquí si no fuera por la pandemia. Sin dudas la pandemia fue un impulsor de que empezara a sacar música”, asegura.
Este joven de honestidad nada brutal (todo en su carácter está matizado por su amabilidad y sonrisa franca), dice que ya tenía la idea en la cabeza de hacer algo con aquellos primeros temas grabados. Rapeaba con amigos, se juntaba con gente que estaba comenzando a hacer música, iba a los parques a despuntar el vicio, pero sostiene que todavía no estaba seguro ni tenía muy en claro que la música iba a ser lo suyo. “Lo veía como algo muy lejano vivir en el mundo de la música, algo casi imposible”. Pero entonces, llegaron el virus y el encierro.
“La pandemia me pilló en mi primer año de universidad. Recién había terminado el instituto y me anoté para estudiar administración de empresas, pero no sentía como una conexión. Ni con la carrera ni con nada. Llevaba mucho tiempo desmotivado por la vida en general. Me costaba encontrar algo que me apasionara. Hasta que llegó la música y ahí sí sentí algo especial, aunque todavía no lo veía como una opción viable para poder vivir de eso. Pero durante ese tiempo de encierro, que me sirvió para reflexionar y cambiar cosas de mi vida de ese momento, como volver a conectar con mis padres, decidí jugármela y las cosas empezaron a salir”.
Las cosas salieron tan bien que en 2022 Bizarrap lo convocó para una de sus famosas sesiones y el “queeeeedate, que la noche sin ti duele” se cantó y se bailó aquí, allá y en todas partes (hoy día tiene más de 2.100.000.000 de escuchas solo en Spotify), incluso, en cierto punto, a pesar de él. En medio del éxito de la canción, Quevedo fue invitado al programa La resistencia, uno de los talk show españoles más vistos, y el productor y músico argentino salió al aire a través de un audio en el que desafiaba al canario a contar en público qué parte del tema quería quitar antes de grabarlo. Ante las carcajadas del público y el asombro del conductor, Quevedo confesó que él quería quitar esa parte que decía “queeeeeedate…”. “Ya teníamos la primera parte de la canción, antes del quédate, y como que para mí cambiaba mucho. Me gustaba, pero creía que podíamos encontrar algo mejor. Pero Biza me dijo: ‘No, amigo, esa es la mejor parte’”.
Por aquellos días Pedro tenía 21 años y estaba en la cima del mundo, todo lo que había soñado se hacía realidad. Sin embargo, un año después aseguraba ser “la persona más hateada de España” y confesaba cuánto daño le estaba haciendo tamaña exposición: “Te dicen que estás gordo, que estás flaco, que no sabes cantar, que eres un hijo de puta, que eres un retrasado, que vaya cara de tonto…”. Allí fue que decidió parar y retirarse por una temporada.
¿El éxito es lo que te habías imaginado?
Mmm… En parte sí y en parte no. Creo que cuando uno se imagina el éxito en verdad no sabe ni lo que se está imaginando. Es una cosa que llega y cuando llega es como que tú dices: “Ah, vale, ¿esto es?”. Pero antes de eso tú estás buscando algo que no sabes ni lo que es, ¿sabes? Entonces por eso creo que hay que hacer la música de corazón, sin pretensión de nada. El éxito puede ser muy complicado si tú haces la música solo esperándolo, porque ese éxito no va a ser exactamente lo que imaginabas. A mí me renta porque amo lo que hago y disfruto haciendo lo que hago, pero si no fuera así, creo que no me rentaría ni por mucho dinero que me den, ni por muchas oportunidades que me brinden. La fama cambia tu vida de un día para el otro.
¿También cambia tu forma de relacionarte con la música?
No, eso no. Lo único que cambió con respecto a la música es que ahora trato de disfrutarla más y estar más presente. Hacer cada vez más lo que me apetece. Seguramente he cambiado algunas cosas en mi manera de componer, pero creo que de una manera natural y acorde al momento en el que estoy. A mí lo que más me gusta de la música es componer y de verdad que me encanta crear melodías o sentarme a escribir algún tema que sea más denso. Eso es lo que más disfruto y creo que lo que mejor se me da.
El Baifo es el cabrito en Canarias, pero entiendo que también es un juego con “la cabra”, sinónimo hoy de “el mejor de todos los tiempos”… ¿Quién es hoy “la cabra” para vos?
Bad Bunny, sin dudas, ¿no? Creo que no hay discusión alguna. Es un poco lo que te decía antes de Duki. Gente que ha llevado muy lejos y aun mucho más algo que era lo que los jóvenes de ese momento necesitaban expresar. Bad Bunny le puso voz y lo llevó hasta el Super Bowl, a las giras de estadio que está haciendo. Y creo que al final es un orgullo para la gente de nuestra generación, que ellos que nos han representado tanto estén consiguiendo cosas tan grandes.
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Hace casi 30 años, la superestrella del rap Tupac Shakur se dirigía a una fiesta posterior a un evento en Las Vegas cuando fue acribillado en un tiroteo perpetrado desde un vehículo en marcha; sus asesinos, cuya identidad se desconocía, huyeron a toda velocidad del lugar en un Cadillac blanco. Esta semana, el hombre a quien la policía acusa de orquestar el ataque mortal será juzgado por su muerte. De ser condenado, se esclarecería uno de los asesinatos más célebres y sin resolver de la historia del hip-hop.
La selección del jurado para el juicio penal contra Duane Keith Davis, alias “Keffe D”, comienza este lunes. Los fiscales de Nevada tienen previsto presentar pruebas de cómo el líder de la pandilla de South Side Compton Crips orquestó el tiroteo mortal del 7 de septiembre de 1996 que acabó con la vida de uno de los íconos más perdurables del rap.
Davis, de 63 años, fue arrestado en septiembre de 2023 y acusado de un cargo de asesinato con arma letal, con un agravante por vínculos con pandillas. (Davis no ha sido acusado de apretar el gatillo, pero según la ley de Nevada, una persona puede ser acusada de asesinato si ayudó o fue cómplice en la comisión de un delito).
Se prevé que este juicio de gran repercusión dure cuatro semanas, incluida una semana dedicada a la selección del jurado. A continuación, algunos datos clave sobre el caso.
¿Cómo murió Tupac Shakur?
Tupac Shakur se encontraba en Las Vegas para asistir al muy esperado combate de boxeo entre Mike Tyson y Bruce Seldon, celebrado el 7 de septiembre de 1996 en el MGM Grand. Después de que Tyson noqueara a Seldon en apenas 109 segundos, Shakur subió a un BMW negro junto a Marion «Suge» Knight —jefe de su sello discográfico, Death Row— para dirigirse a un club nocturno cercano.
Mientras estaban detenidos ante un semáforo en rojo en el Strip, un Cadillac blanco se colocó junto a su vehículo y un atacante abrió fuego. Knight, quien conducía el automóvil, sufrió heridas leves por la ráfaga de disparos, mientras que Shakur recibió el impacto principal de los mismos. Tras recibir cuatro disparos en el pecho, el brazo y el muslo, Shakur fue trasladado de urgencia al hospital. Falleció a consecuencia de las heridas seis días después, el 13 de septiembre de 1996. Tenía 25 años.
¿Qué papel desempeñó presuntamente Davis en la muerte de Shakur?
Aunque Davis no está acusado de ser quien efectuó los disparos, se le imputa haber ayudado a organizar el tiroteo desde un vehículo en movimiento al facilitar la pistola Glock de calibre .40 que utilizó el atacante. Davis también había afirmado anteriormente que viajaba en el asiento del copiloto del automóvil del asesino.
¿Ha cambiado Davis su versión?
Davis ha cambiado en repetidas ocasiones su versión sobre su supuesta participación en el asesinato de Shakur. Ha alardeado de su presunta implicación en numerosas entrevistas e incluso escribió al respecto en sus memorias de 2019, *Compton Street Legend*.
Tras su detención, Davis cambió el discurso. Negó haber tenido participación alguna en el tiroteo y ofreció diversas explicaciones de por qué había afirmado ser el cabecilla del asesinato; entre ellas, alegó que no se encontraba en Las Vegas aquella noche y que había exagerado con el suceso con «fines de entretenimiento».
En cuanto a sus memorias reveladoras —en las que escribió «no podíamos permitir que unos gánsteres de estudio de discográfica nos hicieran eso» tras la pelea en el vestíbulo del hotel—, Davis acusó al coautor del libro de haberse tomado libertades excesivas. «Nunca he leído el libro», declaró Davis en 2025. «Simplemente le di [al coautor] detalles de mi vida», dijo, «y él hizo su pequeña investigación y escribió el libro por su cuenta». Tras un litigio de idas y venidas, el juez del caso de Davis dictaminó que el contenido del libro podía presentarse como prueba en el juicio.
¿Cómo influye en el caso la rivalidad de hip-hop entre la Costa Oeste y la Costa Este?
A medida que el hip-hop ganaba popularidad entre el gran público a principios de la década de 1990, comenzó a gestarse una rivalidad entre el sello discográfico californiano Death Row Records y el neoyorquino Bad Boy Records. Cada sello tenía a su propia figura estelar: Death Row contaba con Shakur, mientras que Sean ‘Diddy’ Combs descubrió a The Notorious B.I.G. en una esquina del barrio de Bed-Stuy y contribuyó a convertirlo en una superestrella.
Aunque hubo un periodo de armonía entre ambas costas, la situación estalló después de que Shakur sufriera una emboscada en un estudio de grabación de Times Square en noviembre de 1994. Shakur había acudido al estudio para trabajar con un rapero poco conocido vinculado a Bad Boy; cuando unos hombres armados y vestidos con ropa de camuflaje militar lo asaltaron y le dispararon, Shakur acusó a Combs y a su equipo de haberle tendido una trampa (acusación que Combs ha negado).
Bad Boy echó más leña al fuego de la rivalidad con el lanzamiento de ‘Who Shot Ya’, de Biggie, en febrero de 1995; el tema fue interpretado mayoritariamente como una burla de Biggie hacia Shakur. A su vez, Shakur respondió con la canción de ataque definitiva: la virulenta ‘Hit ‘Em Up’, lanzada en junio de 1996.
Para cuando llegó el momento del combate entre Tyson y Seldon, la tensión había alcanzado su punto álgido; mientras Shakur, Knight y otros miembros del entorno de Death Row abandonaban el vestíbulo del MGM, divisaron a Orlando 0Baby Lane’ Anderson.
Anderson pertenecía a una facción de los Compton Crips, una banda rival notoria de los Bloods de Los Ángeles, grupo con el que Knight estaba vinculado. A principios de ese año, Anderson supuestamente había intentado arrancar una cadena de Death Row del cuello de alguien; por ello, cuando el grupo de Death Row reconoció a Anderson al salir del MGM, lo atacaron.
¿Cómo entra Davis en el tiroteo?
Orlando ‘Baby Lane’ Anderson era sobrino de Davis y líder de los Crips. Tras la pelea, se dice que Davis fue a buscar a Knight y a Shakur para vengarse. Se presume que Davis, Anderson y otros dos hombres iban en el Cadillac desde el que se disparó contra Shakur y Knight.
¿Aseguró Davis que Sean ‘Diddy’ Combs estuvo involucrado de alguna manera?
En un acuerdo de colaboración con un detective de Los Ángeles que investigaba las circunstancias del asesinato de Notorious B.I.G. en marzo de 1997, Davis explicó cómo las pandillas de Los Ángeles fueron involucradas sutilmente en la rivalidad de hip-hop entre la Costa Oeste y la Costa Este.
Dado que Death Row estaba afiliada a los Bloods, Davis afirmó que, cuando Combs y los artistas de su sello Bad Boy visitaban la ciudad, buscaban protección en los Crips. Davis aseguró al detective del LAPD Greg Kading que, durante un encuentro en el restaurante Greenblatt’s Deli de West Hollywood, Combs dijo que «necesitaba deshacerse de Knight y Shakur» y que pagaría un millón de dólares si Davis podía «encargarse del problema».
A lo largo de los años, Combs ha negado rotundamente haber tenido participación alguna en la muerte de Shakur y, en diciembre, calificó de «vergonzoso ataque difamatorio» un documental de Netflix que destacaba las afirmaciones de Davis.
¿Qué ha dicho la familia de Shakur?
La familia y los seres queridos de Shakur llevan mucho tiempo esperando cerrar este capítulo. En declaraciones a Associated Press, el hermanastro de Shakur, Maurice ‘Mopreme’ Shakur, se mostró «cautelosamente optimista» de que se hará justicia. «Espero que el juicio sea justo y que conozcamos la verdad», añadió.
Pero incluso si se declara a Davis culpable de su presunta participación en el tiroteo, Maurice sigue exigiendo más respuestas. En abril, presentó una demanda por homicidio culposo contra 99 coconspiradores no identificados, con el fin de esclarecer lo que sus abogados calificaron como una “compleja conspiración para asesinar a Tupac que implicaba mucho más que una simple represalia por un altercado previo”.
“Muchas de las personas involucradas fallecieron hace tiempo, mientras que a otras ha resultado difícil identificarlas”, señalaba la demanda. “Sin embargo, una cosa es segura: todavía quedan individuos implicados en el asesinato de Tupac que, durante 30 años, no han rendido cuentas por sus crímenes. Esta acción judicial busca cambiar esa situación y obtener una indemnización por la muerte ilícita de Tupac”.
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Sunshine es el quinto álbum de estudio de Jungle y llegará el 14 de agosto como sucesor de Volcano (2023). En este disco, el grupo británico incorpora influencias de la música brasileña, Motown, reggae, dub y highlife de África Occidental. Josh explica que durante el proceso escucharon mucha bossa nova, música latina y artistas como Sérgio Mendes y Fela Kuti.
El grupo también buscó hacer canciones más simples. Varias parten de estructuras de pocos acordes y ponen el ritmo al centro. Josh señala que esa idea también está presente en canciones anteriores de Jungle, como ‘Casio’, y que no sienten que este cambio los aleje de lo que han hecho antes.
Sunshine también es el primer álbum de esta nueva etapa con Lydia Kitto como una figura más visible dentro de Jungle. Kitto trabaja con Josh desde 2019 y su voz ya aparecía en discos anteriores, incluido Loving in Stereo. Sin embargo, su mayor presencia ha generado comentarios de algunos seguidores que consideran que el sonido de la banda se ha acercado demasiado a Loaded Honey, el proyecto que ambos comparten.
Kitto reconoce que esas críticas afectaron su confianza durante algunas semanas. Para Josh, el cambio es parte natural de la evolución de cualquier banda. Jungle busca mantener elementos que siempre han definido su música, pero también evitar repetir la misma fórmula. “Si hiciéramos exactamente lo mismo de siempre, la gente también se quejaría de que no hubo ningún cambio”, dice. “Es imposible darle gusto a todos”.
Lee la entrevista a continuación:
Han mencionado influencias que van desde la música brasileña, como Sérgio Mendes, hasta grupos de Motown como The Supremes. ¿Cómo influyeron esas referencias en el sonido general de Sunshine?
Josh: Últimamente hemos estado escuchando muchísima música, sobre todo música de atmósferas y de vibras: Lover’s rock, dub, mucha música latina, bossa nova, highlife de África Occidental de los años setenta, Fela Kuti, ese tipo de sonidos. Hay una libertad muy especial en esa música; es música en vivo, se siente auténtica, no está tan limitada por una cuadrícula o algo así.
Entonces creo que todo eso nos ha influido bastante. Pero, al mismo tiempo, los elementos más futuristas y la música electrónica siempre han estado presentes. El último año hemos estado haciendo muchos DJ sets y creo que esa energía también se refleja en canciones como ‘Move Like You Do’ y ‘Come Back To Me’.
¿Qué encuentran en la música brasileña que conecta de manera tan natural con el sonido de Jungle?
Lydia: Se siente muy libre y natural; todo el mundo está de fiesta. Al final, es música para fiesta.
Josh: Sí, es divertido, ¿sabes? Te hace sentir que no todo tiene que ser tan serio. Además, el ritmo es la columna vertebral de todo. Está la vibra, hay muchas personas tocando al mismo tiempo y distintos instrumentos de percusión que crean polirritmos y construyen todo un universo sonoro. Creo que Jungle siempre se ha caracterizado por esas capas de polirritmos y por elementos que terminan dando forma al groove de las canciones.
Con Sunshine, ¿cuál sienten que fue el mayor cambio creativo para Jungle? ¿Había algo que quisieran explorar o hacer de manera diferente esta vez?
Josh: Sí, creo que simplemente nos fuimos inclinando hacia una vibra mucho más consistente. Tomamos cosas del reggae y del dub, donde muchas canciones se sostienen sobre dos acordes que van y vienen todo el tiempo. Y, curiosamente, algunas de nuestras mejores canciones de discos anteriores también funcionan con dos acordes; ‘Casio’, por ejemplo, está construida así. A veces piensas: “Voy a escribir una canción con muchísimos acordes”, pero luego está esa frase que siempre dice tu papá…
Lydia: O tocas tres acordes para tres mil personas, o tres mil acordes para tres personas.
Josh: Hay una simplicidad en todo eso, no hace falta que sea demasiado complicado. La emoción se transmite a través de la voz y de la vibra que tiene la canción.

Lydia, ¿cómo ha sido para ti el proceso de entrar cada vez más en el mundo de Jungle? Imagino que existe cierto reto al incorporar tu propia voz a una banda que ya tiene un sonido y una audiencia tan definidos. ¿Qué tan exigente ha sido?
Lydia: Al principio no fue realmente un reto, porque fue hace bastante tiempo. Fue por ahí de 2019, cuando Josh y yo hicimos ‘Keep Moving’, la primera canción que creamos juntos. Todo surgió de una manera muy natural. En ese momento ni siquiera pensaba que estaba haciendo música específicamente para Jungle; simplemente ocurrió y las canciones terminaron publicándose así. Nunca lo vi de esa manera. Con el tiempo, poco a poco, me fui involucrando más en el proyecto.
Más recientemente sí ha sido un poco más desafiante, porque siento una mayor presión. Ahora realmente formo parte de esto, la gente sabe que estoy aquí, y es como volver a empezar desde cero, pero dentro de un proyecto que ya tiene muchísima atención. Ese es el mayor reto para mí.
Pero, al mismo tiempo, es algo increíble. No conozco otra situación que pudiera permitirme vivir algo así. Es una locura y me siento profundamente agradecida de que los chicos quieran que forme parte de esto junto a ellos.
Josh: Jungle siempre se ha caracterizado por la sensación que provoca. El proyecto nunca nació alrededor de un vocalista principal; empezó con dos personas cantando, o cinco, o diez. Desde el principio quedó claro que Jungle podía ser cualquier cosa y que cualquiera podía interpretar esta música, porque lo realmente importante es la música en sí.
Creo que eso nos permitió evolucionar e incorporar cada vez más la voz de Lydia dentro del proyecto. Si empiezas con algo como Adele y luego intentas poner a otra cantante en su lugar, simplemente no funciona. O si piensas en Coldplay, inmediatamente piensas en Chris Martin como la voz de la banda. Nosotros siempre hemos operado de una manera un poco distinta.
Josh: Sí, es como Daft Punk o Justice, ¿sabes? Podría ser cualquiera quien cante esas canciones.
¿Cómo trazan una línea clara entre el sonido y el mundo emocional de Loaded Honey y el sonido de Jungle?
Josh: Sí, al final, tanto Loaded Honey como Jungle seguimos siendo nosotros. Para nosotros, Loaded Honey siempre ha representado la mañana de un domingo, mientras que Jungle es más bien un sábado por la noche. Son dos energías distintas que conviven.
Creo que, conforme nos hacemos mayores, también disfrutamos más la música tranquila, y eso se refleja en un sonido más relajado. Y la verdad es que me parece positivo que la gente debata sobre la música; al final, todo el mundo va a tener una opinión.
A mí, por ejemplo, me encanta la primera etapa de Tame Impala, la adoro. ¿Me gusta lo nuevo? Tal vez sí, tal vez no, no lo sé. Pero creo que los artistas siempre evolucionan y que su sonido siempre va a cambiar. Y eso es lo interesante.
Cuando empezaron a compartir la nueva música, algunos oyentes sintieron que el sonido se estaba acercando más a Loaded Honey o que parte de la energía de los primeros discos de Jungle había cambiado. ¿Cómo procesan ese tipo de reacción? ¿Qué les dirían a los fans que lo sienten de esa manera?
Lydia: Sí, definitivamente me afectó un poco al principio. Pensé: “Ay, no”, y durante un par de semanas perdí la confianza en el álbum. Pero después dije: “No, en realidad el disco es increíble y estoy muy emocionada por que la gente escuche el resto”.
Es complicado cuando lanzas una sola canción y tú ya sabes todo lo que viene después, mientras que la gente está juzgando el proyecto únicamente a partir de ese tema. Además, como no salió acompañado de un video o de una propuesta visual, lo único que podían evaluar era la canción. Y, en cierto modo, también me evaluaban a mí, porque era mi voz la que estaba al frente. Ese fue el verdadero reto.
En cambio, con ‘Let’s Go Back’ prácticamente solo estoy yo cantando, pero había un video. Entonces la reacción fue: “Wow, el baile es increíble, me encanta la vibra, me gusta la canción”. Nadie estaba preguntándose quién cantaba o por qué era yo quien estaba cantando.
Josh: Creo que lo que nos resulta un poco difícil de entender es, ¿por qué ahora? Lydia ya cantaba en Loving in Stereo desde 2021, entonces, ¿qué es lo que hace que justo en este momento genere una reacción distinta?
Lydia: Es porque ahora saben quién soy, porque ya tengo una cara visible dentro del proyecto.
Josh: Pero, ¿sabes? Si escuchas el coro de ‘Keep Moving’, esa voz que se oye ahí es Lydia cantando. Para nosotros es un poco extraño, porque ya hay más discos con Lydia participando que álbumes de la etapa original.
Por eso nos desconcierta que sea hasta el quinto álbum cuando la gente reaccione como si esto fuera algo completamente nuevo. Es como decir: “Despierten, esto lleva pasando desde hace tiempo”.
Lydia: Sí. Y también me gusta que ‘Carry On’ sea completamente distinta a las demás canciones, porque tiene ese factor sorpresa. Para mí, representa una especie de despedida de ese sonido; es como un funeral para esa etapa musical. Y a partir de ahí, el nuevo sonido se siente diferente.
Muchas bandas que llevan mucho tiempo bajo los reflectores se encuentran con cierta resistencia de sus fans más antiguos cada vez que cambian o evolucionan. Al mismo tiempo, tampoco pueden quedarse congelados en una sola versión de ustedes mismos. ¿Cómo han lidiado con eso dentro de Jungle? ¿Cómo han sido esas conversaciones entre ustedes?
Josh: Sí, la verdad es que no le prestamos demasiada atención. Creo que, si pensáramos que el álbum es malo, probablemente sí nos preocuparía. Pero sabemos que el disco es bueno.
Y lo curioso es que, si hiciéramos exactamente lo mismo de siempre, la gente también se quejaría de que no hubo ningún cambio. Así que, al final, es imposible darle gusto a todos.
Lydia: Claro, pero también es algo muy único, porque ha evolucionado de una manera en la que otra persona se ha incorporado al proyecto.
Josh: Volviendo al ejemplo de Tame Impala, su último álbum refleja muy bien esto. Y que nadie piense que estoy criticando a Tame Impala, porque me encanta la banda, de verdad me encanta. Pero escuchas ese disco y podrías preguntarte: “¿Dónde está el Tame Impala que conocíamos? ¿Eso sigue siendo Tame Impala?”. Porque es música house.
Lydia: Sí, pero también tiene todo el derecho de expresarse exactamente como quiere. Y me encanta que haga música para sí mismo, que diga: “No me importa lo que piensen ustedes, esto lo hago para mí”. La verdad, respeto eso.
Josh: Sí, porque hay una línea muy delgada. Una vez que compartes tu música con el mundo, deja de pertenecerte por completo y, en cierto sentido, también pasa a ser de la gente. Hay personas que establecieron conexiones emocionales muy fuertes en 2015 con algo que hicimos hace diez años y que terminó siendo el soundtrack de sus vidas.
A mí me pasa con los primeros discos de The Strokes. El primero y el segundo forman parte de mi juventud. En mi cabeza, siento que también me pertenecen un poco, ¿sabes?
Lydia: Y en esta etapa del lanzamiento es muy fácil quedarse enganchada con unos cuantos comentarios negativos. Pero también he tenido que aprender a decirme: “Está bien, eso no me define”.
Josh: Yo no estoy en internet, así que…
Lydia: Vi unos cuantos comentarios y pensé: “Ay, no, todo el mundo me odia”. Pero luego me dije: “No, está bien, no pasa nada”.

Sus videos se han convertido en una parte esencial de la identidad de Jungle. ¿Cómo suele comenzar la conversación con los coreógrafos? ¿Les dan una guía muy clara o tienen mucha libertad para interpretar la música a través del movimiento?
Josh: Creo que puedes darles una guía o explicarles un poco la idea, pero al final van a reaccionar con el cuerpo y a moverse según lo que les haga sentir la música. Yo no soy bailarín, no puedo decirle a un bailarín cómo debe bailar.
Lo que sí puedo hacer es tratar de moldear un poco la propuesta a partir de lo que transmite la canción y de lo que nosotros imaginamos, pero justamente por eso trabajas con un coreógrafo, para dejar que haga lo suyo.
Sí, esa parte también se la dejamos al coreógrafo, porque siento que ellos saben perfectamente lo exigentes que pueden llegar a ser las rutinas a nivel físico. Hay cierto nivel de complejidad en estos movimientos y es importante que conozcan bien las capacidades de los bailarines para asegurarse de que puedan ejecutarlos.
Jungle ha tenido durante años una identidad visual y sonora muy fuerte: el arte, los videos, la coreografía, la paleta de colores, todo el universo que rodea a la banda. ¿Cómo encuentran el equilibrio entre preservar esa identidad y seguir sorprendiendo a la gente para que no parezca que se están repitiendo?
Lydia: Creo que él está creando arte constantemente, pinta y trabaja en todos los visuales. Pienso que su faceta visual influye muchísimo en la manera en que Jungle se presenta y se muestra ante el mundo. Además, su arte está en constante cambio y evolución, y eso también ha hecho que al mismo tiempo exista una evolución artística y visual dentro de Jungle.
Josh: Sí, a veces es complicado, porque quieres mantener ciertas cosas iguales, pero al mismo tiempo cambiar otras. Si transformas todo de manera demasiado drástica, corres el riesgo de perder a la gente que ha conectado contigo.
Yo lo comparo con un restaurante o con algo como McDonald’s: ellos hacen hamburguesas y, si un día de repente empiezan a vender sopa, todo el mundo se preguntaría qué está pasando. En cambio, sí pueden añadir algo nuevo al menú de vez en cuando. Creo que se trata de evolucionar con el tiempo.
Las canciones de Jungle suelen sentirse hechas para el movimiento, incluso cuando surgen de un proceso de estudio muy preciso. ¿En qué momento empiezan a imaginar cómo va a vivir una canción en el escenario o en los videos?
Josh: En este momento estamos completamente enfocados en el álbum. Terminamos en marzo y, enseguida, nos pusimos a trabajar. De hecho, íbamos un poco retrasados con los videos, porque normalmente tenemos más tiempo para prepararlos, así que tuvimos que movernos muy rápido para que todo saliera adelante.
Y ahora ya estamos pensando en el show en vivo, en cómo incorporar más movimiento, cómo seguir desarrollándolo y cómo hacer que la gente sienta que está entrando en un mismo universo cuando viene a vernos.
¿Cómo va a cambiar Sunshine el show en vivo de Jungle?
Josh: Ahora tenemos más canciones buenas para sumar al repertorio, lo que también significa que puedes sacar algunas que quizá ya no funcionan tan bien y hacer que el show sea cada vez mejor. Al final, tienes una hora y media de concierto y un catálogo mucho más amplio con el que trabajar.
Claro, siempre hay que encontrar un equilibrio, porque el público todavía no conoce la música nueva. Pero ya nos pasó con ‘Back on 74’. Lanzamos la canción en agosto de 2023 y, cuando fuimos a tocar a Estados Unidos en septiembre, la gente todavía no la conocía demasiado. Sin embargo, para septiembre del año siguiente, ‘Back on 74′ ya había tenido un momento enorme y se había convertido en una favorita de los fans. Así que las cosas pueden cambiar.
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Según la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), a 24 horas del temblor que sacudió a Colombia este 10 de agosto, de magnitud 7,4 y con epicentro en San José del Palmar, Chocó, se reportan 181 personas fallecidas y 1.310 heridas. Las principales ciudades afectadas son Pereira, Cali, Quibdó, Manizales y Armenia, que permanecen en alerta roja por la magnitud de los daños.
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Durante la madrugada de este martes 11 de agosto, el Servicio Geológico de Colombia reportó una seguidilla de temblores en el Chocó. De acuerdo con la entidad, los dos movimientos telúricos que tuvieron mayor magnitud fueron de 3,6.
La actividad sísmica continuó durante la madrugada de este martes. El primer evento, de magnitud 3,6, se registró a las 00:12 a. m. y tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó. Menos de una hora después, a las 00:54 a. m., se presentó un movimiento de 3,0 en el mismo departamento, localizado a unos 21 kilómetros de Nóvita.
La seguidilla de temblores continuó a las 2:28 a. m., cuando se registró un sismo de magnitud 3,6 con epicentro en Los Santos, Santander. A las 2:52 a. m., el Servicio Geológico Colombiano reportó un nuevo evento, esta vez de 3,2, localizado a 33 kilómetros de Sipí, Chocó, y con epicentro en Istmina.
Finalmente, a las 4:03 a. m., se registró un sismo de magnitud 3,1 en el océano Pacífico. De acuerdo con el reporte oficial, el movimiento tuvo como referencia un punto ubicado a 107 kilómetros de Mosquera, Nariño.
Ahora mismo, el Chocó es de los lugares más afectados por el temblor. Reportes aseguran que Quibdó y otros municipios del departamento están incomunicada y con afectaciones graves en infraestructura.
Los reportes también contabilizan 153 edificios colapsados y siete aeropuertos con operación suspendida debido a afecciones relacionadas con el sismo.
Además de las víctimas, Cali y Pereira concentran las afectaciones más graves. Cali registra 85 fallecidos, 885 heridos, 25 personas atrapadas, 180 desaparecidas y 56 estructuras colapsadas. También se reportan tres vías colapsadas y 10 hospitales inhabilitados. En Pereira, por su parte, hay 66 fallecidos, 11 personas desaparecidas, seis heridas y 53 atrapadas, además de 65 edificios totalmente colapsados y otros 20 parcialmente afectados.
Quibdó registra nueve fallecidos y 103 heridos, mientras seis personas permanecen atrapadas en una edificación del barrio Medrano y cinco menores de edad están desaparecidos. La ciudad contabiliza 862 viviendas afectadas y 23 colapsadas, además de daños en infraestructura municipal, educativa y de salud.
Entre tanto, en ciudades como Cali y Quibdó ya comienza a llegar la ayuda desde Bogotá y Medellín.
En total, Medellín lleva hacia Quibdó cerca de seis toneladas de equipos y más de 600 herramientas y elementos que serán utilizados de acuerdo con las necesidades que se identifiquen en territorio.
“Mi deseo es que cumplan una buena función, que vuelvan las 23 personas sanas y salvas, y desde acá, desde Medellín, nuestra solidaridad con las familias de las víctimas, que son muchas en todos los territorios de Colombia y que somos solidarios desde Medellín”, finalizó señalando, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.
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