Olivia Wald, una cantautora única que se ha catapultado a la fama con sus rimas, ritmos y colaboraciones trae su nuevo álbum, Otra que arde (2026), el cual salió al público un año y cuatro meses después de su debut, Cuerpo (2025). Deconstruye el desamor y baila con el fuego que purga lo que ha estado conteniendo hasta ahora en un proyecto que la muestra más determinada que nunca a reconstruirse y mostrar a la versión más auténtica posible de sí misma.
Este LP trae líneas que impactan el alma como, “Para curar mis dolores no le pondré agua a tus flores/Qué más da si eran de plástico”, de ‘Tus errores ft. Coti’; “Tapando con el dedo/culta entre mis miedos/Lo siento si exagero/Pero son las 4 AM y acá sigo despierta, en ‘Otro cumpleaños’; y las primeras palabras de ‘El secreto peor guardado de la humanidad’, “Nos sale mal querer disimular/Será el secreto peor guardado de la humanidad/Te siento cerca, hasta cuando viajo/No tengo tatuajes, pero tu amor tengo tatuado”. Esta muestra de los temas del álbum evidencia que su búsqueda de honestidad fue exitosa, algo que se reafirma en la producción musical.

CC: Cortesía
Tras el exitoso lanzamiento de su álbum en Buenos Aires, ha estado muy ocupada con su gira y la creación de material promocional, viajando por toda la región. Para esta entrevista, se encontraba en México. Unas horas atrás, había fallecido la superestrella del country, Dolly Parton, ante lo que dijo: “La verdad es que todas las pérdidas de estrellas icónicas son momentos especiales para recordar momentos que nos dieron. Cada uno en su corazón va a recordar este momento puntual que tendrá guardado. Nos pasa mucho con otras también figuras argentinas que, cuando sacan una serie, cuando fallecen, cuando son sus cumpleaños, aprovechamos. Que no sea una oportunidad que nos deje sin rendirle respeto u homenaje y tomarnos ese ratito para recordarla”.
La artista argentina añadió que conoció a la cantante estadounidense a través de su colaboración con Miley Cyrus, luego continuó su conversación sobre su carrera con ROLLING STONE en Español.
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¿Cómo te has estado sintiendo estas semanas posteriores al lanzamiento?
La verdad es que es un tema lanzar un disco en un país, estar haciendo la gira en otros países, ir y venir… Creo que estamos todo el tiempo en movimiento y estamos en todos lados a partir de las redes sociales. El cuerpo también se mueve y me parece importante estar.
No es diferente el caso de este disco, arrancamos con el lanzamiento desde Buenos Aires, estuvimos en Montevideo, en Uruguay ayer, hoy ya acabamos de aterrizar en México. Es un poco parte de esta vida de artista que te permite conocer un montón de lugares y, más importantemente para mí, un montón de gente.
Hablando del cuerpo, quería saber, ¿por qué decidiste sacar el álbum tan cerca a tu debut? Porque la espera fue bien corta, fue de un año y unos meses. ¿Planeas sacar otro álbum después de un descanso similar o piensas tomarte tu tiempo para el siguiente?
Me cuesta descansar porque me gusta lo que hago y porque también los tiempos últimamente cada vez son más cortos para todos.
Se me hace difícil descansar porque creo que también es parte de la ansiedad que nos da al querer seguir, no son solamente las presiones externas, sino que son las presiones de uno. No siento que sea algo malo todo el tiempo.
Sacar y sacar (música) a veces viene de la emoción, de que nos guste lo que hacemos y lo disfrutamos. Yo realmente lo disfruto.
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¿Cuál es la diferencia entre la Olivia que se encuentra en el estudio trabajando y la Olivia más cotidiana? A veces es difícil separar eso cuando uno está metido en lo que le gusta.
Sí, trato de entender mi personalidad muchas veces, como si me estudiara a mí misma. Es decir, soy carismática y social todo el tiempo, a veces tengo ganas de retraerme. “¿Qué es válido?, ¿Qué no es válido?, ¿Qué muestro a todo el mundo?, ¿Qué no?” Todo el tiempo me estoy haciendo esas preguntas.
Lo que fui aprendiendo últimamente es a ponerme una coraza emocional, como decir, “Bueno, estos son mis problemas, estas son mis sensibilidades y no mostrarlas no me hace superficial, sino que me quiero cuidar”. Entonces, en muchas ocasiones digo, “Bueno, me está pasando todo esto en mi vida personal, no lo voy a traer al trabajo, lo voy a dejar” Eso no me va a volver más superficial, me va a volver sensible a situaciones que está bueno mantenerse menos vulnerable.
¿Tienes alguna anécdota de alguna situación que te gustaría compartir en la que tuviste que hacer esa separación?
Bueno, en este momento, la verdad que no planeaba contarlo, pero tengo un familiar internado. Mi papá está internado y me avisaron el día que me fui a Uruguay. De Uruguay me vine directo a México, es muy difícil arrancar una gira sabiendo que tenés a tu papá internado sin saber qué tiene.
Hoy estoy feliz y lo cuento porque le acaban de dar el alta y eso me pone feliz. Ya siento que hoy me cambió el humor, que estoy más tranquila, más ligera, pero sí tuve que separar. No le conté a todos mis músicos cuando empezamos el show, porque también generás una tensión en el ambiente. Digo, una persona normal que va al trabajo abajo por ahí no anda contando todas sus intimidades, entonces es parte también de resguardar lo de uno, es difícil
Recuerdo otras situaciones que me han pasado, también acá en México haciendo prensa, familiares que… Toca poner la piel en modo trabajo, después llegar al hotel y llamar a la familia, pero separar.
La verdad es que fue una semana muy difícil para mí. La alegría de empezar una gira y el estrés de no estar en casa y no poder estar atendiendo cosas que uno quiere atender, pero bueno, hoy con más alegría.

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Tu sonido es muy emocional, parece que ahí es cuando tus personalidades se mezclan. Haces un recorrido del duelo y del desamor de una manera poco típica, es decir; no es ira roja, hirviente todo el tiempo, pero tampoco es depresión total. Me di cuenta de algunos detalles sonoros como el pop rock o el efecto sonido de WhatsApp que pusiste en ‘Estimado cobarde’, que me gustó muchísimo. ¿Qué otros elementos musicales usas para mostrar esas emociones?
A mí me gusta a veces usar la voz en seco, por ejemplo, hay una canción de Cuerpo que tiene una nota de voz al final con una guitarra medio desafinada y mi voz así no más, que es como una parte agregada de la canción como un outro. ‘En la cara’, la canción más escuchada mía hasta ahora, tiene, en todos los coros, notas de voz de toda mi familia y mis amigos; no es mi voz sola, son mil voces ampliadas.
Fue lindo porque fue como, “Che, estoy haciendo un disco nuevo, quiero que esté toda la gente que quiero en este disco y qué manera más linda que tener sus voces en esta canción”. Después, justo se dio la casualidad o la energía de que esa canción terminó siendo la más escuchada y me trajo un montón de alegría. Cada vez que la escucho sé que hay tantas personas que quiero mucho que están ahí sampleadas.
¿Y qué otros efectos de sonidos dirías que te han inspirado ahora?
Me gustan mucho las gang vocals, esta cosa que hicimos ‘En la cara’ con los gritos que tengo en otras canciones. Me gusta mucho lo que hago también en ‘Amante’ de bajar con guitarra.
Una canción que es como re contra agresiva, empieza el segundo verso y es toda una melodía tierna con una guitarrita criolla, “vas a ver/vas a ver” en el medio de una canción que habla de pegarte un tiro, literal. Me gusta generar esos matices adentro de una misma canción, no solamente adentro de un disco. En ‘Pecadora’, me gusta mucho como también jugar con el piano, tener como momentos más sensibles.
He notado que tu música es sumamente colaborativa, por algo tu canción con más reproducciones en Spotify es ‘En la cara’ con Q’Lokura, ¿Cómo manejas esas colaboraciones, esas diferentes voces que pintan los colores de tus canciones? ¿Qué tanto permites que modifiquen tu visión?
Bueno, en el caso de ‘En la cara’, la canción la escribí yo acá en México y después hicimos una reversión cuarteto con Nico, con Q’ Lokura. Entonces, siento que fue, realmente, dejarles a ellos fluir el instrumental porque yo ya había fluido con la melodía de la letra. Ahí nos dividimos al 100%. Ellos hicieron la reversión en cuarteto y yo me ocupé de la melodía de letra, que en realidad ya existía. Me encantó, flui y me divertí.
Después, depende, si la canción va a estar en mi disco, realmente, trato de que sea una canción que yo escribí o que escribí con la otra persona. Cuando me sumo al proyecto de otra persona trato de ser lo más respetuosa posible y entender que estoy poniendo mi voz y un poco de mi personalidad, pero no mucho más. No tengo tanto problema y tanto ego con esa cosa (colaborar), si hay algo que el otro hizo que quiere compartir conmigo y a mí me gusta, me es suficiente. No tengo que sí o sí escribir algo. Aunque, obviamente, lo más lindo y lo que más me gusta es juntarme en el estudio de cero y hacer una canción, siempre termina generando cosas bellísimas.
¿Cuál fue la canción que fue la más difícil de “afinar”?
‘El secreto peor guardado’ empezó como un bolero, después parecía una canción de un remix de un boliche y ahora, bueno, encontró su versión pop. ‘El secreto peor guardado’ es la que más divagó. O sea, llegué a momentos en los que dije, “¡Esto no sale!”. Yo hoy estoy contenta, pero sí, esa canción cambió demasiado de cuerpo.
Algo que se ha discutido mucho en medios es tu sexualidad y la relación con tu novia ¿Qué otras facetas de tu identidad buscas explorar en tu arte próximamente?
Me cuesta mucho responder porque lo que hago lo hago pensando en lo que quiero decir en el momento. No entro al estudio diciendo, “Hoy voy a salir del closet” u “hoy voy a caerle bien a la comunidad”, no.
Es como, tuve ganas de escribir una canción de amor a mi novia, por lo tanto, se la escribí, tuve ganas de acordarme un amor del pasado y escribir una canción triste, entonces, la escribí. Si es varón y si es mujer o si no tiene género me es indistinto. Me encanta poder empatizar con la comunidad, pero siempre y cuando sea genuino y no sea forzado. Decirte que voy a armar algo para caerles bien me parece vacío. Creo que ya se re contra identifican con estas canciones que hice y se generó algo muy lindo. Me parece que mantenerme fiel a mí y a mi estilo es también lo más respetuoso para cualquier oyente. Planeo seguir haciendo eso, seguir encontrándome sincera en mis canciones.
¿Cuál fue el género musical favorito que exploraste en este álbum?
Me gusta cómo me estoy animando cada vez más a coquetear con el pop, pop, es una cosa que antes me daba más miedo, tipo, ‘Estimado cobarde’ o ‘El secreto peor guardado de la humanidad’, que tienen sonidos más brillantes. Me divierte, la verdad, me divierte. El pop rock es el género que más disfruto en el escenario; ‘La locura’ Y ‘Amante’, son canciones que disfruto mucho de cantar en el escenario.
Como una Olivia Rodrigo o una Sabrina Carpenter, pero traída a Latinoamérica, ¿algo así?
Sí, ni tan enojada ni tan divertida. Sería como en el medio.
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¿Qué prefieres hacer más, sencillos o álbumes? y ¿Qué deberían esperar las personas que te escuchan?
Es más complejo armar un álbum, pero es más divertido a largo plazo armarlo, es más fresco armar un single, creo eso.
Esta idea de hacer una canción, sacarla y no saber si tiene que conectarse o no conectarse, termina teniendo una calidad genuina que está buena. Aunque, en ambos discos terminé encontrando el hilo conductor de una manera muy simple, eso me gusta. Sacaré otro álbum si lo siento igual de genuino, si no seguiré sacando singles. Tengo un poco de ganas de sacar algunos singles, porque estoy un poco perdida y me parece que es un buen punto medio para no abandonar y tampoco genera algo forzado.
Ahora, ¿Cuál es tu siguiente paso?
Juro que no sé. No sé.
Estoy explorando un montón de cosas en el estudio, tratando de entenderme, tratando de caerme bien a mí, decir, “Bueno, che, esto me gustó” como… A veces salgo muy golpeada del estudio, digo, “Ay, no, no me gusta nada lo que hago”, no quiero sentirme así o sacar cosas por sacar. Entonces, quiero volver a encontrarme en el eje donde me encontré escribiendo estos dos discos donde me disfruté, donde me gustó, me ilusioné y tengo ganas.
Hay algunas de las canciones que escribí últimamente que me generan eso, entonces tengo ganas de sentirme así, de probar, de crear y de estar orgullosa de lo que estoy creando. Eso va a venir porque apenas termine la gira voy a volver a encerrarme en el estudio.
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Hoy el mundo empieza a girar. Hoy está disponible el esperado segundo álbum de AKRIILA, una de las artistas chilenas con mayor proyección en la escena urbana alternativa actual: Lucy miró al mundo y notó que está girando.
Cuando AKRIILA habló hace unas semanas con ROLLING STONE en Español sobre el material, todavía no estaba terminado. Faltaban canciones, el tracklist seguía moviéndose y varias ideas estaban por resolverse. Aun así, ya tenía claro cómo quería describirlo: “suena a esperanza”.
Ahora, con el disco completo, eso no ha cambiado. “Lírica y musicalmente lo construí pensando un poco en eso: la vida no es tan cruda, hay un mañana”, explica. El concepto comenzó a tomar forma durante un viaje de un mes a Japón junto a su equipo. AKRIILA llevaba tiempo buscando un título y decidió anotar referencias que tuvieran algún significado para ella. The Beatles, una banda que conoce desde pequeña gracias a su padre, apareció rápidamente.
De ‘While My Guitar Gently Weeps’, de George Harrison, tomó la imagen de mirar al mundo y notar que sigue girando. ‘Lucy in the Sky with Diamonds’, por otro lado, había sido la primera canción que aprendió a tocar en piano. De la combinación de ambas surgió Lucy miró al mundo y notó que está girando.
El título terminó conectando con el sentimiento de que había comenzado el álbum muy concentrada en sus propios problemas y que, conforme avanzaba el proceso, empezó a prestar más atención a lo que ocurría fuera de ella. “¿Por qué estoy escribiendo estas cosas? ¿Por qué veo el mundo como lo veo ahora?”, recuerda preguntarse. “Para mí era importante partir desde esa idea: el mundo está ahí, existiendo, girando, y yo estoy metida en mi nube gris”. Esa reflexión está ligada también al momento personal en el que hizo el material. AKRIILA siente que está dejando atrás ciertos rasgos de su adolescencia y entendiendo de otra manera su entrada a la adultez. La pandemia interrumpió parte de sus años escolares y después no entró a la universidad, por lo que considera que no vivió esa transición de una manera especialmente convencional.

Al volver a algunas letras de Epistolares, reconoce una manera más adolescente de expresar lo que le ocurría. “Entiendo perfectamente lo que quería decir, pero hoy lo escribiría de otra manera”, cuenta. Aunque en lo personal creo que la simpleza de las letras de Epistolares es gran parte de su encanto. En este nuevo material siente que puede ser más literal y, a la vez, más metafórica. “Soy súper sensible y siento todo demasiado”, dice. “Con Epistolares había algo de estar descubriéndome. En este siento que estoy hablando de problemas que para mí son más reales ahora”.
Después de terminar su debut y su edición deluxe, AKRIILA pasó por un periodo en el que le costaba volver a hacer música. Una de las cosas que la ayudaron fue escuchar Reading, Writing and Arithmetic, de The Sundays, que terminó convirtiéndose en una referencia fundamental del nuevo álbum. Le interesaba particularmente su pop de guitarras, atmosférico pero todavía inmediato y fácil de cantar. También aparecen referencias a Gustavo Cerati, especialmente ‘Te llevo para que me lleves’, y a las baterías amplias de Cocteau Twins.
George Harrison es una presencia casi divina (en nuestras vidas, sí, pero también en el álbum). ‘Homogenic’, la canción que abre el disco, termina con un fragmento de una entrevista en la que habla sobre cómo conoció a su esposa. AKRIILA quería comenzar desde ahí porque el álbum, dice, tiene mucho de “humillarse por amor”. AKRIILA presta mucha atención al orden de sus discos y quería que ‘Homogenic’ estableciera desde el principio una atmósfera reconocible antes de empezar a romperla.
Eso ocurre en ‘Abrázame’. La distorsión que ya le conocemos vuelve a ocupar un lugar importante. AKRIILA considera que en Epistolares las divisiones sónicas eran más claras. Podía haber una canción completamente pesada y otra mucho más limpia. En el nuevo álbum aparecen vocoders, versos pop, baterías rotas, guitarras, flautas y arpa dentro de un mismo lenguaje. Para ella, esa mezcla tiene que ver directamente con sus propios gustos. Puede escuchar The Sundays, reggaetón o techno, y no ve por qué esas influencias deberían mantenerse separadas. “A uno nunca le gusta una sola cosa”, explica.

Una de las últimas piezas que encontró fue ‘Santiago de Chile’, junto a Guitarricadelafuente. AKRIILA y Álvaro ya habían hablado sobre colaborar, aunque ella no encontraba una canción que sintiera cercana a su universo. ‘Santiago de Chile’ nació en un estudio cercano a su casa. La letra parte de pensar en cómo reaccionan las personas que te rodean cuando saben que estás pasando por un mal momento, pero ya no pueden hacer demasiado para solucionarlo.
AKRIILA pensaba en sus amigos, su equipo y su familia. “Llega un punto en el que, si un amigo está mal, lo único que puedes decirle es: ‘Puta, de verdad espero que estés bien’”. De ahí surgió la idea de pedirle al sol que no la deje morir. Cuando le envió la canción a Guitarricadelafuente, él agregó la imagen de una “avalancha en Santiago de Chile”.
La producción incorporó también unas baterías con elementos de cumbia que comenzaron casi como una broma, pero terminaron quedándose porque evitaban que la canción se volviera demasiado solemne. “Era como decir ‘no me dejes morir’, pero con cumbia. Y funciona”.
El concepto del disco también pasó a la portada, fotografiada por Emilio de la Rosa, integrante de Latin Mafia, durante una visita de AKRIILA a Nueva York. La artista quería una imagen con mucha luz, asociada con la esperanza y la sensación de un nuevo día. Entre sus referencias estuvieron Abbey Road, de The Beatles; Stories from the City, Stories from the Sea, de PJ Harvey; e Isn’t Anything, de My Bloody Valentine.
Lucy es el caracol que AKRIILA sostiene en la portada. Aunque inicialmente había pensado utilizar un caballo como animal de esta etapa, los caracoles empezaron a aparecer de forma recurrente durante el proceso y ya tenían presencia dentro de las canciones. Emilio terminó proponiendo incorporarlo a la imagen por su relación con el concepto del disco y por la posibilidad de representar el mundo como algo pequeño entre las manos.
Para la sesión consiguieron cinco caracoles a través de personas que los tenían como mascotas en Nueva York. Todos fueron bautizados Lucy y, después de las fotos, encontraron a alguien que pudiera quedarse con ellos. La imagen terminó conectando además con ‘Thank You Music’, donde AKRIILA habla de tener el mundo entre las manos y no dejarlo ir. Al ver la fotografía terminada, encontró prácticamente la misma idea representada frente a ella.
‘Thank You Music’ ocupa además un lugar importante dentro del recorrido emocional del álbum. Para AKRIILA, consiste literalmente en agradecer a la música, a la vida y a sus amigos. A partir de ese momento siente que la atmósfera del disco comienza a cambiar.

“El disco empieza sonando muy lindo, aunque las letras sean más tristes o agresivas, después se transforma en algo todavía más triste y termina con ‘Lucy’”, explica. “Para mí ese es el cierre del ciclo. No necesariamente es un final feliz, pero sí la sensación de que el final feliz puede venir”.
Dos años después de Epistolares, Lucy miró al mundo y notó que está girando muestra a AKRIILA en otro momento personal y creativo, con una mirada más amplia sobre lo que le ocurre y sobre la vida que continúa alrededor. “No todo es tan crudo”, explica. “Ahora puedo mirar esas cosas desde otro lugar”.
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El Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) ha elaborado un informe sobre la llegada masiva de inmigrantes marroquíes a Ceuta los días 30 y 31 de julio. Según la Policía española, el episodio no respondería a un fenómeno migratorio espontáneo ni a una mera coincidencia, sino que existirían indicios de una posible intervención o permisividad deliberada para facilitar la llegada de un elevado número de personas a Ceuta.
La Policía ha analizado imágenes, vídeos, publicaciones en redes sociales y declaraciones de inmigrantes difundidas por distintos medios de comunicación. A partir de este material, el informe apunta a una posible “permisividad” por parte de las fuerzas de seguridad marroquíes durante los acontecimientos registrados semanas atrás. Asimismo, diversas imágenes y testimonios de inmigrantes que participaron en el suceso aportarían indicios de la intervención de agentes marroquíes en la entrada masiva de personas a Ceuta los días 30 y 31 de julio, presuntamente “guiando el cruce a través del agua”.
En comparación con las entradas registradas en 2021 y 2024, el episodio de los días 30 y 31 de julio habría mostrado un mayor nivel de organización y coordinación. Para la Policía española, estos indicios apuntan a una posible entrada planificada, más allá de un fenómeno migratorio espontáneo o de una simple “entrada masiva”. Sin embargo, el informe no identifica a un responsable concreto de la operación.
El documento policial, publicado por Demócrata, recoge a lo largo de 55 páginas los acontecimientos registrados antes, durante y después de la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta los días 30 y 31 de julio. El informe analiza las convocatorias difundidas a través de Facebook, Instagram, TikTok y grupos cerrados de WhatsApp; los desplazamientos hacia la frontera; la actuación de las fuerzas de seguridad marroquíes; los distintos perfiles de las personas que accedieron a Ceuta, así como las consecuencias institucionales, políticas y geopolíticas derivadas de la crisis.
El informe señala que el riesgo asociado al cruce a nado alrededor del espigón, unido a la masificación registrada durante los momentos de mayor intensidad, provocó la muerte por ahogamiento de un elevado número de personas. Según las cifras oficiales, en aguas españolas se recuperaron 82 cadáveres relacionados directamente con la entrada masiva del 30 de julio, mientras que Marruecos reconoció oficialmente 14 fallecidos.
Como primera conclusión, el informe descarta que lo ocurrido pueda considerarse un episodio ocasional o espontáneo y apunta una dirección estratégica y una coordinación sobre el terreno. El documento divide los acontecimientos en tres fases: la llamada a la acción, el desarrollo de la entrada masiva en la ciudad autónoma y una tercera etapa posterior, que continúa desarrollándose incluso después del cierre del informe. “No se trata de algo incidental cuya generación pueda asociarse a un factor ocasional o espontáneo”, sostiene el documento policial.
La investigación realizada tras la entrada masiva de inmigrantes marroquíes concluye que cerca del 90 % de las personas que accedieron a la ciudad no permanecieron en territorio español y regresaron posteriormente a Marruecos. El 10 % restante habría permanecido en Ceuta, en un comportamiento compatible con el de los flujos de inmigración irregular convencionales. En términos absolutos, el informe estima que entre 65.000 y 75.000 personas habrían regresado a Marruecos, a partir de una estimación de entre 75.000 y 85.000 entradas y de una bolsa de entre 5.000 y 10.000 inmigrantes que todavía permanecerían en Ceuta. No obstante, el documento advierte de la imposibilidad de determinar con exactitud las cifras debido al carácter masivo e incontrolado de la entrada irregular.
Para el CENIF, el objetivo principal no habría sido trasladar de forma permanente a decenas de miles de personas a España, sino provocar una movilización de tal magnitud que pudiera desbordar el sistema fronterizo y generar consecuencias institucionales, políticas y geopolíticas. Uno de los pasajes más relevantes del informe se centra en la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Marruecos durante el desarrollo de la entrada masiva.
El informe no atribuye directamente al Gobierno de Marruecos la organización de toda la operación ni identifica a la persona o autoridad que habría dado la orden. No obstante, sí señala que algunos agentes marroquíes habrían facilitado el desplazamiento de los inmigrantes hacia los puntos de entrada en Ceuta.
La entrada masiva en Ceuta tuvo repercusiones significativas en distintos ámbitos. La situación desbordó la capacidad de las autoridades para prevenir y controlar los acontecimientos, así como para atender a las personas afectadas. El episodio también tuvo consecuencias en materia de seguridad pública y sanitaria, además de afectar a la confianza en las instituciones y al ejercicio de los derechos. El documento sostiene, asimismo, que la crisis perjudicó la imagen internacional de España al poner de manifiesto las dificultades para garantizar el control de sus fronteras y evidenciar una “desestabilización política interna”.
Por otro lado, el informe cuestiona la capacidad del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) para detectar con antelación la posible intervención en este tipo de crisis migratorias. Los investigadores consideran que el episodio presenta características que podrían encajar con lo que califican como una “acción de contrainteligencia ofensiva de manual”.
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A ocho meses de su detención en Caracas el pasado tres de enero, Nicolás Maduro busca una nueva vía para frenar el proceso judicial que enfrenta en Estados Unidos. Sus abogados presentaron este miércoles dos de septiembre una solicitud ante un tribunal federal de Manhattan para que se desestimen los cargos en su contra, argumentando que el exmandatario venezolano está protegido por la inmunidad soberana.
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La petición, presentada ante el juez Alvin Hellerstein, sostiene que el derecho internacional reconoce inmunidad a los jefes de Estado extranjeros frente a los tribunales de otros países. Según la defensa —encabezada por Barry Pollack—, las conductas descritas en la acusación estadounidense ocurrieron mientras Maduro ejercía funciones oficiales como presidente de Venezuela y, por lo tanto, no deberían ser objeto de un proceso penal en Estados Unidos.
El argumento, sin embargo, enfrenta un importante obstáculo político y jurídico. Estados Unidos dejó de reconocer a Maduro como presidente legítimo de Venezuela en 2019, después de cuestionar la legitimidad de las elecciones ocurridas en 2018. Para Washington, por tanto, Maduro no era el representante legítimo del Estado venezolano, un elemento que podría resultar determinante al momento de evaluar si puede acogerse a la inmunidad que reclama.
La defensa también cuestiona otros aspectos del proceso. Los abogados de Maduro sostienen que existen problemas relacionados con la jurisdicción de los tribunales estadounidenses y con la formulación de algunos de los cargos. El exmandatario se ha declarado no culpable de las acusaciones.
El proceso se remonta a 2020, cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Maduro y a otros altos funcionarios venezolanos de participar en una conspiración de narcoterrorismo, tráfico de cocaína y otros delitos relacionados con armas. De acuerdo con la acusación, Maduro habría utilizado su posición dentro del Gobierno venezolano para facilitar operaciones de tráfico de drogas y colaborar con integrantes de guerrillas colombianas. Estas afirmaciones forman parte de la acusación de la Fiscalía y no constituyen hechos probados.
El planteamiento de Maduro también tendrá que enfrentarse a antecedentes judiciales poco favorables. Uno de los casos más conocidos es el del exgobernante panameño Manuel Noriega, quien intentó invocar su condición de jefe de Estado para evitar ser procesado en Estados Unidos. Los tribunales rechazaron entonces ese argumento.
La discusión adquiere una dimensión particular debido a las circunstancias actuales del caso. Maduro fue capturado durante una operación militar estadounidense y trasladado a Estados Unidos, donde permanece detenido mientras avanza el proceso. Si la solicitud de su defensa es rechazada, el juicio está previsto para comenzar el 1 de junio de 2027.
Por ahora, la Fiscalía estadounidense tiene hasta el 2 de octubre para responder a las mociones de la defensa. El juez Hellerstein escuchará los argumentos sobre la solicitud de desestimación el 17 de noviembre. La decisión podría determinar si Maduro tendrá que enfrentarse a un juicio en Estados Unidos o si consigue detener el proceso apelando a la inmunidad soberana.
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Mía Rubín, conocida musicalmente como MIA, ha estado expuesta desde muy pequeña al escrutinio constante del público debido a su temprana incursión en el mundo del entretenimiento. De niña, recuerda estar al tanto de lo que se decía sobre ella en redes sociales y medios de comunicación, algo que, sumado a la presión de demostrar su propio valor por ser “la hija de”, poco a poco fue alimentando sus inseguridades y sus propios “demonios”.
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Con el tiempo, pensó que había superado esa etapa de su vida y comenzó su carrera musical en 2021 de la mano de su padre, el cantante y actor Erik Rubín. Tres años después, continuó su camino como solista. Sin embargo, a medida que su proyecto evolucionaba, aquellos cuestionamientos volvieron a aparecer, acompañados de una pregunta que se hizo cada vez más recurrente: ¿tengo lo que se necesita para continuar con una carrera musical? Las dudas terminaron llevándola a una pausa marcada por un profundo proceso de reflexión personal y profesional que trascendió los límites de la música.
Hoy, con una mayor claridad sobre quién es y hacia dónde quiere llevar su propuesta, MIA comienza un nuevo capítulo con ‘On Fire’, un tema de pop sensual y romántico que funciona como un nuevo punto de partida en su carrera y que, detrás de su aparente ligereza, plantea una mirada crítica sobre algunas de sus experiencias en el mundo del entretenimiento.
En una charla con ROLLING STONE en Español, la mexicana habla sobre sus inicios, las lecciones que dejó aquella pausa, la evolución de su sonido, el trasfondo de ‘On Fire’ y lo que le depara el futuro.

La relación entre Mía y la música estuvo presente desde siempre. Con apenas cinco años ya tomaba clases de canto y protagonizaba sus primeras obras de teatro. “Empecé a cantar porque fue algo que me llamó muchísimo la atención y que siempre quise”, comparte, explicando que fue ella quien insistió a sus padres para que la llevaran a esas lecciones iniciales. “Era parte de mí y de quien era como persona”. Esa inclinación, sin embargo, no es para ella algo casual.
La cantante atribuye ese interés a haber crecido con una madre presentadora y actriz —Andrea Legarreta— y un padre cantante. Fue este último quien, quizás sin siquiera proponérselo, comenzó a acercarla a los escenarios. “Mi papá tiene un estudio en casa, así que siempre lo veía trabajar”. Su influencia, sin embargo, no se limitó a verlo componer o producir en casa. Como exmiembro del reconocido grupo Timbiriche, Erik Rubín también llevaba a sus hijas a los reencuentros de la banda, experiencias que Mía recuerda con especial cariño. “Hay un vídeo en el que él canta ‘Princesa tibetana’ en el Auditorio Nacional, y yo estoy ahí brincando por todos lados, corriendo como una pulga porque siempre me sentí atraída por ese mundo”.
Ese entorno también amplió desde temprano su universo musical. “Crecí con artistas como Ariana Grande, Daft Punk, Foster the People, pero también con muchos artistas de los 80 que mi padre nos ponía cuando éramos muy pequeñas”. Con los años, a esa lista se sumaron Tame Impala, Dua Lipa, Rosalía, Kali Uchis y The Weeknd. “He tenido un poquito de todo, y eso me ha ayudado a crecer y a ampliar mis horizontes musicales, lo cual ha sido increíble. Para mí, la música no es solo mi trabajo: es mi vida. Yo no sería MIA sin música”.
Esa diversidad de referentes también se ha reflejado en su crecimiento. “Con el tiempo, he ido evolucionando no solo como artista, sino como mujer. He ido entendiendo muchas cosas”, cuenta. “Yo empecé a los 15 o 16 años, era una niña, y con el tiempo fui encontrando mi sonido”.
Entre las canciones que marcaron ese camino está ‘Diablo’, un bolero-trap que nació durante sus primeras sesiones de composición. “Yo jamás imaginé que mi carrera iba a empezar con una fusión así, con un bolero-trap diferente y componiendo algo tan profundo”, reconoce. Para ella, el tema ocupa un lugar especial dentro de su discografía: “Es una de las canciones más importantes y de las que más amo por lo que representa”.
El track habla del ego como ese “diablo” que habita dentro de nosotros y que puede terminar convirtiéndose en nuestro peor enemigo, una idea que, además, conecta con una experiencia que ha acompañado su propio desarrollo artístico: la inseguridad. “Siempre he tenido esta parte de dudar en mis procesos, de mi talento, de lo que soy capaz o si realmente merezco estar ahí, y no me da miedo decirlo, no me da miedo admitirlo”, confiesa.
A esas dudas se suma también la exposición propia de una carrera artística y el hate que puede llegar con ella. “Cuando no estás listo para recibirlo, puede caer sobre ti como un balde de agua fría”, dice. Sin embargo, lejos de ver esas experiencias únicamente como obstáculos, Mía reconoce que también la han llevado hasta el momento actual: “Todo eso me ha puesto donde estoy ahora. Me ha dado la oportunidad de encontrar el sonido que estaba buscando”.
“Estoy tan feliz con lo que estoy haciendo. Siento que es tan yo y que me representa muchísimo”, afirma. Y si algo ha definido ese proceso es precisamente la posibilidad de moverse entre distintos géneros. Ha pasado por la cumbia y, durante su participación en Juego de voces, interpretó canciones de artistas como Miley Cyrus, Whitney Houston y Olivia Rodrigo, además de temas de Los Ángeles Azules. “He hecho de todo”, resume.
Esa búsqueda de identidad también estuvo detrás de la pausa que Mía tomó entre 2025 y 2026. Después de Nunca más —su EP debut de 2024—, tenía muchas canciones que iban en direcciones diferentes y, además, atravesó un cambio de equipo. “Fue una pausa de reestructurar el equipo, de componer, de ser más intencionales con lo que estábamos haciendo y preguntarme: ¿qué es lo que yo quiero decir como artista? ¿Cuál es el sonido que en estos momentos yo quiero adoptar en mi proyecto?”.
Para ella, detenerse también fue una necesidad personal. “Hubo muchos momentos, como ya mencioné, de mucha inseguridad, de mucha incertidumbre, de pensar que tal vez yo no tengo la madera que se necesita para aguantar todo esto”, cuenta. Sin embargo, esa pausa también cambió la manera en la que entiende los tropiezos de una carrera que define como una constante prueba y error. “Yo no veo lo que hice antes como un fracaso. Veo todo como un área de oportunidad”.
Una de las claves de ese proceso fue encontrar un equipo que creyera en el proyecto tanto como ella. “Cuando tú tienes un equipo que está dispuesto a darlo todo por ti, las cosas cambian. Ya no se siente como una labor de ‘ay, es que tengo que hacer esto porque es mi trabajo’, sino porque fielmente creen en el proyecto”, dice.
Durante esa pausa también compuso más de 20 canciones, muchas de las cuales todavía forman parte de lo que está construyendo. Pero, sobre todo, encontró una idea que hoy parece atravesar su nueva etapa: hacer música desde un lugar más personal. “Yo no tengo que hacer música para agradar a los demás. Yo tengo que hacer música que me llene”, afirma. “Estoy haciendo música que me gusta, estoy haciendo música que me pone feliz, que me nutre, que me llena y que ahora también tiene un porqué”.

Ese cambio de perspectiva se puede leer también en ‘On Fire’. Aunque la canción parte de una letra romántica y sensual, su videoclip lleva esa idea hacia un terreno mucho más personal y crítico: el de la inseguridad, el autosabotaje y la presión que existe alrededor de los artistas en una época en la que captar la atención del público parece cada vez más difícil.
Al mismo tiempo, la canción representa el inicio de una nueva etapa para MIA y del sonido que quiere mostrar de ahora en adelante: un pop girly, femenino y pegajoso, construido alrededor de una idea que hoy resulta especialmente importante para ella: “adueñarse de tu seguridad por completo y usar esa arma que es tan poderosa a tu favor”.
El concepto surgió durante una sesión de brainstorming con su papá. Al pensar en qué querían presentar con la canción, Mía imaginó inicialmente una estética muy femenina, inspirada en la imagen de Marilyn Monroe y las icónicas escaleras rojas de ‘Diamonds Are a Girl’s Best Friend’. Pero después apareció la idea de darle la vuelta a ese imaginario. “Queríamos hacer algo que tal vez fuera muy femenino, y ya después vino la parte del trasfondo”, explica.
Así nació la idea de un programa de televisión en el que todo parece estar diseñado para que la presentación salga perfecta: la coreografía, los bailarines, el vestido, la escalera, la canción. Hasta que deja de serlo. “¿Qué tal si con ‘On Fire’ podemos contar una historia, pero una historia real, una historia que no nada más me pasa a mí, sino a varios artistas?”, se preguntó Mía.
El resultado es también una crítica a la manera en que actualmente consumimos música. “Ahorita todo se trata de crear un hook para que atrapes a la gente en menos de tres segundos porque, si no, scrollean y les vale madres”, señala. En ese contexto, el videoclip plantea una pregunta que atraviesa tanto la experiencia del personaje como la de la propia artista: “¿Qué más tengo que hacer para que me escuchen?”.
La respuesta se vuelve cada vez más evidente mientras avanza el video. El público pierde interés, comienza a hablar, revisa sus celulares y la presentación se transforma poco a poco en un desastre. Para Mía, ese caos representa algo más que una crítica al consumo acelerado de contenido: también es la materialización de los escenarios que una mente insegura puede construir.
“Soy la reina de los fake scenarios”, bromea. Esos escenarios imaginarios, explica, pueden aparecer especialmente en momentos de estrés o alerta y terminar alimentando los propios miedos: olvidar una coreografía, pensar que nadie está prestando atención, imaginar que todos están hablando mal de uno. “Por eso se vuelve tan caótico el video, porque representa lo que está pasando en la mente de una persona que le encanta autosabotearse, que le hace caso a sus demonios y que los demonios le ganan”.
Pero ahí aparece la contradicción central de ‘On Fire’. Si el video representa el momento en que la inseguridad y los pensamientos negativos terminan ganando, la canción apunta en la dirección contraria. “Es una manera de decir: ‘Ya no más, yo ya no quiero que la inseguridad me gane’”, afirma. Para la cantante, la seguridad puede convertirse en una herramienta poderosa: “Yo confío en mí, porque sé que voy a llegar lejos y tengo muy claro hacia dónde me voy a dirigir, independientemente de lo que suceda”.
Esa tensión entre la canción y las imágenes era, precisamente, lo que buscaba. “Para mí era muy importante tener algo contradictorio para el video, porque para mí la canción irradia el adueñarse de tu seguridad y cómo esa arma puede ser tan poderosa”, explica. “Estoy muy orgullosa por cómo lo hicimos”.
El videoclip fue grabado en un set y también incorporó inteligencia artificial para construir al público que aparece en la presentación. “Creo que es una herramienta tan poderosa que, en vez de temerle y hacerla a un lado, podemos utilizarla a nuestro favor y hacer cosas muy cool”, afirma. Para ella, la posibilidad de incorporar nuevas herramientas también forma parte de esa libertad creativa que está buscando en esta nueva etapa.
Aunque creció cerca del mundo del espectáculo, Mía asegura que la presión no llegó desde su familia, sino desde el momento en que comenzó a enfrentarse a la mirada del público. Su primer acercamiento a los escenarios ocurrió en el teatro musical, interpretando a Annie en Anita la huerfanita, cuando todavía era una niña. “Yo no tenía contacto con lo que la gente opinaba de mí. No me importaba. Para mí era un juego”, recuerda.
La situación cambió cuando empezó a buscar en internet las primeras entrevistas que le habían hecho. En una de ellas se encontró, por primera vez, con comentarios negativos sobre su trabajo. “Me acuerdo de haber llegado al cuarto de mi mamá llorando y preguntarle: ‘¿Por qué la gente está diciendo esto si ni me conoce ni ha visto mi trabajo?’”. A partir de entonces comenzó un proceso que, con los años, la llevaría a entender que no todas las opiniones tienen el mismo peso.
“No estoy en contra de los comentarios constructivos. Al contrario”, aclara. Pone como ejemplo a Erik Rubín, quien además de ser su padre es su mánager y suele hacerle observaciones sobre su trabajo. “Él no me dice esas cosas porque quiera que me tire al piso o porque quiera que me ponga a llorar: lo hace porque quiere verme crecer y porque, aunque sea su hija, también soy su artista”.
Con el tiempo, aprendió a distinguir entre las críticas que pueden ayudarla a crecer y aquellas que simplemente buscan provocar una reacción. “Si alguien sin una foto de perfil me está diciendo ‘ay, cantas horrible, no te dediques a esto’, pues la verdad no le voy a hacer caso”, dice. También ha aprendido a tomar con cierta distancia los comentarios positivos: “Creo que también está bien padre aceptarlos y agradecerlos, pero tampoco hay que tomárselos muy en serio porque siento que, si no, uno pierde el piso”.
Eventualmente, la presión dejó de estar únicamente afuera. “Dejó de ser lo que la gente opinaba de mí y era lo que yo pensaba de mí”, reconoce. “Con el tiempo mi peor enemigo terminé siendo yo misma”. Esa frase conecta directamente con una de las ideas que atraviesan su música y que aparece de distintas maneras tanto en ‘Diablo’ como en ‘On Fire’: el autosabotaje y la lucha contra las propias inseguridades.
Su manera de enfrentarlo, ahora, pasa por cambiar la conversación consigo misma. “Me di cuenta de que si yo no creo en mí, ¿quién va a creer en mí?”, afirma. “Cuando tú irradias inseguridad, la gente se da cuenta”. Por eso, dice estar cansada de alimentar esas voces internas: “Ya estoy harta de estarme peleando conmigo, de que mis voces creen tanto ruido en mi cabeza. Voy a hablarme bonito, voy a creérmela y voy a decir: ‘Sí, voy a llegar muy lejos’”.
Para Mía, sin embargo, creer en sí misma no significa esperar pasivamente a que las cosas sucedan. “No nada más se trata de decir ‘ay, me voy a ganar la lotería’ y no voy a comprar el boleto, sino voy a trabajar duro para que eso suceda y voy a hacer todo lo posible para llegar a la meta”, explica. Después de una etapa marcada por la búsqueda, la pausa y la reestructuración, esa parece ser una de las certezas con las que encara lo que sigue.
Y lo que sigue, al menos musicalmente, viene cargado. En el corto plazo llegará ‘Qué jodido’ junto a Edwin Luna, una colaboración en la que Mía incursionará por primera vez en el regional mexicano, fusionándolo con el pop. “Es la primera vez que yo estoy cantando regional”, cuenta. Para ella, el mundo de las colaboraciones ofrece precisamente la posibilidad de explorar territorios que quizá no habría incorporado a su proyecto personal.
También prepara nueva música junto a otros productores. Entre esos proyectos está una canción que hizo con Saak, artista al que admira y con quien tenía pendiente trabajar. El tema se aleja un poco del pop más convencional para acercarse al soul y al R&B, dos sonidos que la cantante reconoce como parte importante de sus influencias. “Me tiene tan emocionada que la escuchen porque me saca un poco de lo convencional de la parte del pop, pero me siento como pez en el agua”, adelanta.
Después de la pausa, las canciones acumuladas comienzan a encontrar su lugar. “Esta pausa nos dio muchos bebés, muchas canciones, y vamos a estar sacando muchas de ellas”, dice entre risas. A eso se suma la incorporación de nuevas personas a su equipo, especialmente en el área estratégica, con quienes busca darle mayor coherencia y personalidad a esta etapa.
Así, mientras deja atrás la necesidad de demostrar que es suficiente y aprende a confiar más en su propio criterio, Mía parece entrar en una etapa en la que la versatilidad ya no es solo una característica de su música, sino también una forma de entender su carrera. “Estoy muy emocionada por lo que viene”, concluye.
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“Lo que me embola de los documentales, en general, es que les falta malicia”, dice Fito Páez. Eso es lo primero que escuchamos apenas comienza Fito Páez: el mundo cabe en una canción, el flamante documental dirigido por Matías Gueilburt, que ya está disponible en Netflix. Se justifica Fito: “El personaje retratado siempre es visto como una especie de adalid de la bondad y las buenas costumbres. Y eso me embola terriblemente”.
A modo de pedido, o de manifiesto, le dice Páez al director, con quien tiene una amistad de larga data, desde el cuarto de baño: “Necesito que pasen cosas más reales, que se vean cosas que no sean caretas, ¿entendés?”. Y mientras se escucha el ruido del chorrito, recalca, con una mano apoyada en la pared y una mirada cómplice a la cámara, el pedido inicial: “Malicia, ¿entendés?”.
Lo que sigue es un derrotero lleno de flashbacks, con la grabación de Novela, la ambiciosa ópera rock que Fito había empezado a escribir en 1988 inspirada en Quadrophenia (1973), el clásico de The Who. No se retrata el proceso creativo, sino la grabación en los míticos estudios londinenses Abbey Road. En el mismo espacio en el que Los Beatles grabaron algunas de sus obras maestras, allí está Fito concretando su viejo proyecto. Y entre viajes en Uber y escenas de alcoba, el relato se entrelaza con los recuerdos de infancia y las historias por detrás de las canciones. Por ejemplo, el conmovedor relato sobre “Parte del aire” (del indispensable La la la, 1986, en una gloriosa yunta con Luis Alberto Spinetta), en el que imagina el reencuentro de sus padres en el más allá.
El registro más íntimo y crudo es el que muestra la internación de Fito en una clínica madrileña después del accidente doméstico que sufrió luego del festejo por el décimo aniversario con su pareja, la actriz Eugenia Kolodziej. (Alerta spoiler: durante el rodaje del documental, anuncian su ruptura). Las escenas de dolor son desgarradoras, y Fito confiesa allí que, con once costillas fracturadas, había llegado al final de sus días.

La mirada de Gueilburt, a pesar de la amistad que comparten desde hace un cuarto de siglo, no es piadosa. Es un retrato completo, que incluye virtudes y defectos, obsesiones y temores, de un genio con mal genio. Se puede observar, en las pruebas antes del regreso a los escenarios luego del accidente, y antes del inicio de la gira 4030, el grado de rigor que maneja Páez en los ensayos. La rigurosidad y los tonos, nada amables, con los que se dirige a los músicos de su banda. En algunos casos, amigos cercanos.
También se develan sus espacios privados. Podemos observar la tapa de bookazine que le dedicamos en Rolling Stone enmarcada en formato XL. Y el muñequito de Charly García saltando desde el noveno piso, colgado de una lámpara de techo, entre muchos otros detalles a descubrir.

Como si fuera una gran sesión de terapia, Fito se muestra caprichoso y consentido. Padre demandante con su hija Margarita, le reprocha con humor sus abandonos (pos) adolescentes vía WhatsApp (versión real sin exagerar de esos sketches que suele subir Sebastián Wainraich a su cuenta de Instagram). La complicidad con su hijo Martín, compañero y compinche, que lo cuida y, también, lo bardea. Y el dolor profundo por la pérdida precoz de su madre y de su padre, sumado al asesinato de sus tías —marcas indelebles en su personalidad y sus costumbres—, componen algunos de los mundos que caben en mucho más que una canción. Es un retrato de la absoluta humanidad de uno de los artistas más talentosos y ambiciosos que ha dado este pedazo de tierra que llamamos Argentina.
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No es un secreto para nadie que, en los últimos años, el pop ha tenido un resurgimiento de la mano de grandes exponentes como Sabrina Carpenter y Olivia Rodrigo, siguiendo el camino que Taylor Swift ya había pavimentado para las nuevas generaciones.
Latinoamérica tampoco es ajena a este revival, y artistas como Emilia Mernes, Tini o Aitana son algunas de las caras más visibles del género en español. Sin embargo, México también es una cantera importante y no se queda atrás frente a Argentina y España. Kenia OS y Danna son claros ejemplos del potencial del país, que cuenta con un gran número de talentos emergentes.
Dentro de los nombres que van sobresaliendo en esa escena, una de las voces más prometedoras es la de Majo Rivas.

Nacida en Ciudad Juárez, Chihuahua, María José Rivas Arteaga, conocida artísticamente como Majo Rivas, es una cantante, compositora y creadora de contenido mexicana que ha encontrado en el pop una forma de convertir sus experiencias y emociones en canciones. Aunque su carrera musical comenzó formalmente hace apenas unos años, su relación con el arte y la escritura se remonta a su infancia.
Desde pequeña, Majo encontró en las palabras una de sus principales formas de expresión. Escribía cuentos y poesía y, mucho antes de pensar en convertir esas inquietudes en una carrera, descubrió que podía decir a través de ellas cosas que de otra manera le resultaban más difíciles de compartir. Esa conexión con la escritura terminaría convirtiéndose en uno de los pilares de su propuesta, marcada por la honestidad y la necesidad de contar desde un lugar personal.
La música, por su parte, estuvo presente desde casa. Del lado paterno, creció en medio de reuniones familiares en las que los boleros eran protagonistas. Uno de sus tíos, Enrique Cáceres, fue durante años la primera voz del trío Los Panchos, un referente que la cantante recuerda como una figura muy admirada dentro de su familia. Así, las canciones románticas y el cuidado por las letras formaron parte de su imaginario desde pequeña, incluso antes de que encontrara en las grandes divas del pop de los 2000 —como Lady Gaga y Katy Perry— el universo musical y visual con el que posteriormente comenzaría a construir su propia identidad artística.
Entre todas esas referencias, Taylor Swift ocupa un lugar especial. Majo recuerda haberla conocido cuando era muy pequeña, a través del videoclip de ‘You Belong With Me’ en Cartoon Network. Lo que más le llamaba la atención no era solamente la canción, sino la historia que contaba el video, la forma en que Swift estaba vestida y maquillada y todo el mundo construido a su alrededor. Desde entonces, comenzó a entender el pop como algo que podía ir mucho más allá de la música y convertirse también en una forma de contar historias y construir una identidad.
Aunque la música siempre había estado presente, el primer paso de Majo Rivas dentro de la industria llegó después de que las redes sociales la convirtieran en creadora de contenido. En octubre de 2021 publicó su primer video en TikTok y, apenas dos meses después, ya rozaba el millón de seguidores. Su contenido, basado principalmente en storytimes, aspectos de su vida y conversaciones sobre temas sociales, le permitió construir rápidamente una comunidad, pero detrás de ese crecimiento había un objetivo que tenía claro desde el principio: utilizar esa plataforma como punto de partida para hacer música.
La decisión de dar el salto, sin embargo, también significó dejar atrás a parte de la audiencia que había construido. Cuando comenzó a mostrar su faceta como cantante, muchos de sus seguidores dejaron de acompañarla y Rivas tuvo que enfrentarse a una sensación que hasta entonces había sido difícil de cuestionar: la necesidad de buscar validación. “Cuando haces las cosas desde la validación, a veces cuando la gente te da cierto rechazo, piensas que estás haciendo algo malo”, recuerda. Aun así, la posibilidad de que su carrera como influencer funcionara mejor nunca fue suficiente para hacerla desistir. La música, dice, era lo que realmente la hacía feliz.
En 2022 entró por primera vez a un estudio profesional y comenzó a darle forma a ese proyecto que había imaginado desde sus primeros días como creadora. El proceso desembocó en marzo de 2023 con ‘Me da igual’, su primera canción y el punto de partida oficial de su carrera. Lo que comenzó con sonidos más cercanos al pop-rock pronto encontraría un lugar más definido en el pop, una transición que Majo describe como un proceso natural de descubrimiento junto a su productor, Champi.
Ese tránsito de un sonido más rebelde —influenciado principalmente por bandas de emo-punk que su hermano le ponía cuando era más joven— hacia un pop más definido terminó de tomar forma con REAL, su primer LP.
Rivas comenzó a trabajar en el disco en marzo de 2024 y, junto con el cambio sonoro, también empezó a construir una nueva identidad visual marcada por referencias al imaginario de los 2000 y la estética Y2K. El resultado es un universo en el que conviven los brillos, los colores llamativos y la “moda maximalista” con canciones que hablan desde un lugar mucho más íntimo.
La dualidad atraviesa buena parte del álbum. En sus 13 canciones aparecen la inseguridad, la tristeza, las comparaciones y las desilusiones amorosas, pero también la aceptación, el amor propio y la decisión de abrazar aquellas partes de sí misma que durante mucho tiempo intentó esconder. En ese sentido, no es un dato menor que el proyecto naciera en medio de un proceso personal de introspección y terapia.
Mientras comenzaba a hablar más abiertamente de sus sentimientos y a aceptar sus inseguridades, Majo encontró en REAL una forma de trasladar ese proceso a la música y convertirlo también en un registro de ese momento de su vida. “Realmente me permití ser muy humana en este álbum”, explica.
Esa intención de mostrarse sin filtros también llegó a la portada del disco. Rivas pidió que no utilizaran Photoshop ni filtros sobre su imagen, incluso en un momento en el que no se sentía completamente segura con su cuerpo. Para ella, la decisión era una forma de ser congruente con el mensaje del álbum y de mostrar aquello que normalmente queda fuera de las versiones más glamorosas que se comparten en redes. Hablar de sus inseguridades, de la comparación o incluso de la envidia podía resultar incómodo, pero también le permitió encontrar a otras personas que se reconocían en esas mismas emociones.
Y esa conexión terminó trasladándose de las canciones al escenario. REAL llevó a Majo por una nueva gira por México, más extensa que la que había realizado en 2025 y con un espectáculo más ambicioso que incorporó coreografías y un setlist más largo. La experiencia también le permitió enfrentarse a una realidad distinta a la de las plataformas digitales: ver, ciudad por ciudad, a las personas que habían hecho propias sus canciones. Desde escenarios frente a unas cuantas decenas de personas hasta un Lunario que estuvo cerca de llenarse, cada presentación se convirtió para ella en una forma de medir, más allá de las cifras, el alcance real de su música.
El cierre de esta etapa llegó con ‘Fue real?’, una canción que Rivas describe como un cuestionamiento nacido de una ruptura amorosa: después de compartir tanto con una persona y verla continuar como si nada hubiera pasado, ¿qué tan real fue lo que vivieron? Pero el tema también funciona como una conclusión para todo el disco. Al repasar canciones como ‘500 palabras’, ‘Copy Paste’ o ‘Paola’, Rivas encuentra en este último lanzamiento una pregunta que resume las inquietudes de toda la era. “Tiene todo el sentido que al final de concluir algo te preguntes: ¿fue real?”, comparte.
Pero más que quedarse en el cierre, Rivas ya piensa en lo que viene. Actualmente trabaja en nueva música y en un álbum que, según adelanta, estará marcado por la autonomía y la recuperación de su propio poder. Después de un disco construido desde la introspección y la vulnerabilidad, esta nueva etapa busca explorar una versión más libre y divertida de sí misma, con un sonido todavía más pop y ritmos pensados para bailar.
Así, mientras despide REAL, Majo Rivas parece tener claro hacia dónde quiere llevar su proyecto: conservar la honestidad que ha marcado sus primeros años, pero permitirse cambiar, experimentar y disfrutar más del camino. Entre letras que convierten sus experiencias en canciones, una estética que recupera el imaginario pop de los 2000 y una identidad que todavía continúa en construcción, Rivas empieza a dejar atrás su primera era para descubrir qué puede hacer con todo lo que viene.
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El regreso a los escenarios de El Último de la Fila, además de quedar grabado en la memoria de los fanáticos de la agrupación, será inmortalizado en un álbum en vivo que recopilará los mejores momentos del reencuentro entre Manolo García y Quimi Portet. El disco recibirá el nombre de Directo 2026 y estará disponible en distintos formatos a partir del 20 de noviembre.
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La reunión ha sido uno de los más grandes acontecimientos de la música del país en los últimos años, pues alrededor de 400,000 personas pudieron presenciar la vuelta a los escenarios de los íconos españoles del pop rock tras casi 30 años de ausencia. Fueron 12 fechas en total —absolutamente agotadas— en las que García y Portet ofrecieron un set nostálgico al lado de algunos de los músicos que los acompañaron en giras pasadas: Josep Lluís Pérez, Antonio Fidel, Juan Carlos García, Ángel Celada y Pedro Javier González. Irene Miller, Eva Reina y Sara García también hicieron parte de los shows.
El grupo catalán anunció que tiene preparada una sorpresa para sus fanáticos más fieles que adquieran el álbum en preventa. Todas las personas que compren Directo 2026 recibirán un mini documental exclusivo con imágenes de las pruebas de sonido del tour, permitiéndoles tener una mirada más cercana al proceso que hubo antes de encender los reflectores.
Directo 2026 llegará tres años después de Desbarajuste piramidal, el álbum en el que Portet y García repasaron 24 de las canciones más importantes de la discografía de El Último de la Fila para darles una visión distinta. De acuerdo con los músicos, aquel trabajo fue la semilla de su gira de reencuentro.
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