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Entre regalos, misterio y mariposas en el estómago, Paul McCartney le brinda el símbolo definitivo del amor a Taylor Swift. Cantó el clásico de los Beatles, por primera vez desde 1964, ‘I Want To Hold Your Hand.’ De acuerdo con los reportajes de People Magazine, él serenó a Travis Kelce y Taylor con el pop rock de los 60 durante el matrimonio que sucedió el pasado 3 de julio en el Madison Square Garden de Nueva York. ¿Poner a rodar el primer número uno de los Beatles en Estados Unidos después de 62 años? ¡Ingenioso!

Los Beatles dejaron de tocar ‘I Want To Hold Your Hand’ en vivo en sus inicios, y por alguna razón, Paul nunca la volvió a tocar en ninguna de sus giras como solista. Pero para esta ocasión, era la canción indicada. Es una historia de amor — baby, just say yeah, yeah, yeah.

Hasta el momento, los detalles de la boda se mantienen en secreto, así que solo podemos imaginar cómo sonó. (Aunque pueden estar seguros de que lo veremos en forma de grabación muy pronto). Según una fuente parlanchina de People que nos dio detalles a pesar del acuerdo de confidencialidad, “Después de la ceremonia, la madre de Taylor, Andrea, invitó a todos al salón de la recepción donde estaba montado el escenario.” Stevie Nicks también cantó; ella y Macca son una gigantesca inspiración para Swift y les enorgullece ser dos de sus fans más fervientes. (Aún no se sabe qué canción interpretó Stevie, ni si Paul se unió a ella para un dueto de ‘Leather and Lace’).

Para los Beatles, ‘I Want to Hold Your Hand’ fue la canción que los catapultó a la fama en Estados Unidos, después de haber alcanzado el estrellato mundial en el resto del mundo, durante la primera oleada de la Beatlemanía estadounidense. La interpretaron en su icónica aparición en “The Ed Sullivan Show”, la noche en que conquistaron Estados Unidos, a tan solo kilómetro y medio del Madison Square Garden. (Tanto Paul como Taylor pueden llegar a obsesionarse con típicos de entusiastas musicales).

‘I Want To Hold Your Hand’ fue la introducción perfecta a los Beatles, porque es su visión más apasionada y extravagante del romance. Es la canción más jubilosa que han hecho, es pura emoción que te pone el corazón en la garganta, cuatro chicos enloquecidos aullando y dándolo todo, porque necesitan decirle a esa chica lo que sienten ahora mismo, o si no explotarán. “I can’t hide!”, gritan, “I can’t hide! I can’t hiiiiiiiiide!”.

Obvio que Taylor lo entiende. Ella tampoco ha sido buena ocultando su amor. ¿Acaso pidió esta canción? ¿O fue Paul quien la eligió? En cualquier caso, es apropiada, porque ambos son románticos, quizás los más profundos del pop.

“La verdad es que soy bastante romántico”, me dijo Paul en 2021. “Y no me refiero solo a un romance entre un chico y una chica. Las canciones que me enamoran son aquellas que rebosan de esos sentimientos amorosos, y hay algo muy tranquilizador y relajante en eso. Así que a menudo me atrae ese camino: encontrar el amor y plasmarlo en una canción”.

La conexión entre Paul y Taylor es profunda. Cuando ella llevó el Eras Tour al estadio de Wembley en Londres, Paul estaba allí mismo, entre la multitud, disfrutando con su esposa Nancy Shevell y su hija Mary, pocos días después de cumplir 82 años. Rockeó al máximo luciendo sus pulseras de la amistad. Fue extrañamente conmovedor observar imágenes de los fans rodeándolo, cantando ‘But Daddy I Love Him’ ​​a McCartney, el eterno y queridísimo padre del rock.

Taylor es amiga de la familia, y se autodenomina la “Stella McCartney de Tennessee” en Lover. Pasaron tiempo juntos en la Super Bowl de 2024, y ella asistió a su concierto en Los Ángeles en marzo. Pero el asunto va más allá, porque en varios aspectos, estos dos están configurados de la misma manera. Ambos están obsesionados con exagerar, con esforzarse demasiado, con dar conciertos maratonianos cuando a todos les bastaría con menos, con incluir chistes internos en las canciones para los superfanes que prestan especial atención. En su clásica entrevista para Rolling Stone Musicians on Musicians en 2020, lo primero que hicieron fue hablar dichosos sobre su obsesión con la numerología. Son los complacientes más patológicos del pop.

Pero, sobre todo, ambos están permanentemente enganchados con las promesas y la miseria del amor verdadero. Ambos tienden a dejarse llevar por las emociones. “Sabes que es un tonto el que se hace el indiferente”, cantaba Paul en ‘Hey Jude’, y sabemos que ni Paul ni Taylor han demostrado jamás talento alguno para eso.

Ambos son estrellas con un inmenso cariño por el Madison Square Garden. El himno de Paul en los años 70, ‘Rock Show’, incluía un homenaje al público: “¡En Madison Square tienen el pelo largo!” Taylor cantaba sobre el mismo recinto en ‘The Lucky One’, sobre una superestrella que abandona la fama para llevar una vida tranquila y privada en el campo: “Ella eligió el jardín de rosas en lugar del Madison Square”. (Ambas frases son llamativas porque nadie más lo llama “Madison Square”).

Fue muy apropiado, ya que Taylor y Travis anunciaron su compromiso con una foto del novio arrodillado, rodeado de rosas rosadas y blancas. ¿Comprometerse en un jardín de rosas y luego casarse en el Madison Square Garden? Eso es muy Taylor-coded. Claro que quería ambos el jardín de rosas Y los fans gritando, y lo consiguió todo, a su manera.

Paul estaba entregado a su esposa Linda de una forma única y bizarra para los matrimonios de estrellas de rock de la época. Tenía solo 26 años cuando se conocieron, pero supo al instante que ella era la indicada y confió en ese instinto a pesar de las tentaciones. Pasaron toda la década de los 70 sin separarse ni una sola noche, hasta la semana en que él fue a la cárcel en Japón en 1981, tras una barrida policial por posesión de marihuana. Permanecieron locamente enamorados hasta la muerte de ella en 1997. En realidad, no hay muchas historias de amor como está entre las estrellas de rock de la generación de Paul. Pero Paul y Linda se adelantaron a su tiempo.

Sabemos que Taylor siempre ha sido fan de la historia de Paul y Linda. “Volvía de correr con un poema para compartir y, después de escucharlo, Linda decía: ‘¡Qué cabeza!’”, recordó Paul en una ocasión. “Eso hace sentir bien al hombre, ese tipo de cosas”. Años después, Taylor se inspiró en esa historia para una de sus canciones de amor, ‘Sweet Nothing’. Como dice: “De camino a casa escribí un poema / Dijiste: ‘¡Qué cabeza!’.”

Al igual que Travis Kelce, Paul era una estrella masculina que adoraba tener una esposa famosa, una de las fotógrafas más importantes del mundo de la música. Se enorgullecía de la carrera independiente que ella había construido. Es imposible olvidar la escena de Get Back en la que lleva a Linda al set de rodaje, la presenta a uno de los camarógrafos y luego dice: “¡Linda es camarógrafo!”. No creo que sería algo que diría Mick Jagger.

Pero ese también es el estilo de Kelce. Disfruta de su papel como el Sr. Taylor Swift, se deleita con su rol en público. Nunca se ha sentido intimidado por su fama ni por su dinero, porque tiene de sobra. Pero tampoco se ha desalentado por su intelecto ni por su talento artístico. Al contrario, se enorgullece de ello. “Nunca he sido un hombre de palabras”, admitió alegremente a The Wall Street Journal. “Estar cerca de ella, contemplar lo inteligente que es Taylor, ha sido alucinante. Aprendo cada día.”

‘I Want To Hold Your Hand’ es una auténtica colaboración entre Lennon y McCartney, una canción que John y Paul compusieron “frente a frente”, acurrucados al piano en la casa familiar de McCartney, con su padre en la habitación de al lado. (Aunque parezca mentira: el padre de McCartney le compró el piano al padre de Brian Epstein). John y Paul cruzaron miradas cuando llegaron a ese acorde agudo del estribillo: supieron que habían dado en el clavo.

Los Beatles se volvieron más sofisticados después de 1964, más experimentales, pero ‘I Want To Hold Your Hand’ sigue siendo esa canción que resume todo lo que alguna vez tuvieron que decir. Todo está ahí en esas voces urgentes, Ringo golpeando la batería, esos aplausos de grupo femenino, la armonía vertiginosa cuando alcanzan esa nota clave en “¡haaaaand!”. Es una canción que escribieron cuando ya eran famosos, y se nota que la dirigían a las multitudes de fanáticos enloquecidos que ahora enfrentaban en el escenario. Era su canción de amor directa a estas chicas, con señales intencionales para el público diseñadas para maximizar sus alaridos. Paul siempre fue el Beatle más pro-chicas, el que nunca se cansaba de oírlas gritar; incluso ahora, en el escenario, les pide a las mujeres del público que le den “un gran grito estilo Beatles”.

Al igual que Taylor, Paul siempre está trabajando en su nueva música, en lugar de quedarse anclado en el pasado. Acaba de lanzar un nuevo álbum increíble, The Boys of Dungeon Lane, con temas como ‘First Star of the Night’, ‘Mountain Top’ y ‘Momma Gets By’. Pero en ciertas ocasiones, retoma alguna canción de su pasado que había dejado en el olvido hasta ahora. Durante su gira del año pasado, sorprendió a todos al cantar ‘Help’, una canción que no había interpretado completa desde la época de los Beatles. Escucharlo revivir las palabras desesperadas que John Lennon escribió con tan solo 24 años nos hizo vibrar el alma, del mismo modo que le conmueve interpretar de nuevo ‘I Want To Hold Your Hand’ como tema principal de la historia de amor entre Taylor y Travis.

“Existe la teoría que dice que las canciones de amor más interesantes son las que tratan sobre amores fallidos”, escribió Paul en su libro The Lyrics. “No creo en esa teoría”. No se podría pedir un resumen más perfecto de su visión del mundo, esa que comparte tan profundamente con Taylor. No se podría pedir una mejor bendición nupcial para ellos que ‘I Want To Hold Your Hand’ Así que, ¡felicidades a los recién casados! Que siempre estén así de unidos.

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U2 está de regreso con música nueva. La banda irlandesa presentó ‘Street of Dreams’, el primer sencillo de su próximo álbum de estudio, un proyecto aún sin título que llegará antes de que termine el año y que marcará su primer disco con material inédito en casi una década.

Producida por Jacknife Lee, colaborador habitual del grupo, la canción recupera varios elementos clásicos del sonido de Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr.: guitarras expansivas, una energía optimista y la búsqueda de esos grandes coros diseñados para resonar en estadios. El lanzamiento también llega en un momento especial para la agrupación, que se prepara para celebrar 50 años desde su formación.

El videoclip de ‘Street of Dreams’ fue grabado en Ciudad de México durante una visita de la banda para asistir a la final de la Street Child World Cup en el Parque Ecológico Lago de Texcoco. Durante el rodaje, U2 salió a las calles sobre un autobús intervenido y reunió a cientos de seguidores en los alrededores del Centro Histórico.

Sin embargo, la grabación tuvo un giro inesperado: una fuerte tormenta provocó una falla en el generador que estaba usando el equipo de producción. Ante el contratiempo, una familia mexicana invitó a los integrantes de la banda a continuar la filmación desde el balcón de su apartamento, convirtiendo el momento improvisado en una de las escenas centrales del video.

‘Street of Dreams’ funciona como la primera pista del nuevo capítulo creativo de U2 después de Songs of Experience (2017). Aunque en los últimos años la banda lanzó proyectos como Songs of Surrender, una reinterpretación de parte de su catálogo, este próximo trabajo representará su regreso formal con canciones completamente nuevas.

El lanzamiento también representa un momento importante para Larry Mullen Jr., quien vuelve a aparecer junto a sus compañeros después de un periodo alejado de los escenarios debido a problemas físicos que le impidieron participar en la residencia de U2 en Las Vegas.

Con casi cinco décadas de trayectoria, U2 parece mirar nuevamente hacia adelante: ‘Street of Dreams’ no solo anticipa un álbum, sino que abre una nueva celebración alrededor de una de las carreras más influyentes del rock.

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El Comité Olímpico Internacional (COI) ha tomado la decisión de levantar provisionalmente el veto a Rusia de los Juegos Olímpicos, dando vía libre a que sus atletas participen en la competición que se realizará en Los Ángeles en 2028 bajo el nombre de su país. Durante París 2024 y los JJ.OO. de Invierno Milán-Cortina 2026, únicamente pudieron participar como neutrales.

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Rusia no ha podido hacer parte de las olimpiadas con nombre propio desde hace ocho años. Las primeras sanciones se aplicaron luego de que la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) destapara en 2015 el escándalo de dopaje que involucró al gobierno ruso durante Sochi 2014, lo cual derivó en que su delegación de deportistas únicamente pudiera formar parte de la competición de 2018 como “Atletas Olímpicos de Rusia (OAR)” y en 2020 y 2022 como “Comité Olímpico Ruso (COR)”. La sanción también implicó utilizar otra bandera y no reproducir su himno nacional. Después de que iniciara la invasión a Ucrania en 2022, el COI impuso un veto sobre Rusia por apropiarse de las organizaciones deportivas de los territorios invadidos de Donetsk, Lugansk, Zaporizhia y Jersón, incurriendo en una violación a la Carta Olímpica. Así pues, los deportistas rusos y bielorrusos tuvieron que competir bajo la bandera neutral.

En el comunicado emitido el martes, el COI explicó que tomó la decisión de permitir el regreso de Rusia al determinar que el COR ya no cuenta con miembros provenientes de territorios bajo la jurisdicción de Ucrania. Asimismo, aseveró que el anuncio se hace en este momento para garantizar el acceso justo de los atletas a las clasificaciones para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y los Juegos Olímpicos de Invierno de la Juventud, ambos programados para realizarse en 2028.

“De acuerdo con la Carta Olímpica, el COR debe garantizar que la selección de atletas rusos ‘debe basarse no solo en su desempeño deportivo, sino en su capacidad de servir como modelos a seguir que respetan, representan y promueven una sociedad pacífica mediante el deporte’”, se lee en el comunicado. Por su historial, la delegación rusa también deberá someterse a unas pruebas rigurosas antidopaje.

Pese a que el Comité Olímpico Internacional dio luz verde a la inclusión de Rusia en los próximos JJ.OO., dejó a consideración de cada Federación Internacional el permitir o no la participación de atletas rusos y bielorrusos en sus competiciones. En su caso, afirmó que no llevará a cabo ningún evento deportivo dentro del territorio ruso ni invitará a sus autoridades a los eventos, y advirtió que más adelante informará su decisión respecto a exhibir la bandera o reproducir el himno del país durante las olimpiadas.

El levantamiento del veto ha generado reacciones opuestas: mientras el ministro de Deportes ruso Mikhail Degtyarev lo celebró y lo tomó como el primer paso para que sus deportistas vuelvan a ser admitidos por federaciones internacionales, el Congreso Mundial de los Ucranianos (CMU) lo rechazó rotundamente. “[Condenamos], en los términos más enérgicos, la decisión del Comité Olímpico Internacional de readmitir a Rusia y Bielorrusia en la competición olímpica. No se trata de una cuestión deportiva, sino moral, y el COI ha fallado. Esta decisión es una ofensa no solo contra Ucrania, sino contra la humanidad entera”, aseveró en un comunicado donde le exige revertir la decisión y llama al boicot hasta que lo haga.

El COI reafirmó su posición en contra de la invasión rusa y resaltó los programas que ha adelantado para apoyar a los atletas ucranianos durante la guerra, no obstante, explicó que la participación de los deportistas no debe estar condicionada por los conflictos bélicos impulsados por sus gobiernos.

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Un año después del show final de Black Sabbath, la agrupación ha anunciado que publicará su primer libro oficial. The Masters of Reality – Why Black Sabbath Matter fue creado por el fotógrafo Ross Halfin, quien trabajó directamente con la banda para repasar su historia desde finales de los 60 hasta su último adiós en 2025.

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El libro comenzó su producción hace dos años y el anuncio de su lanzamiento iba a hacerse poco después del super concierto Back to the Beginning de julio pasado, sin embargo, la muerte de Ozzy Osbourne puso en pausa los planes. “Ozzy y Sharon [Osbourne] querían que saliera justo después del último show en Birmingham, pero el fallecimiento repentino de Ozzy ocasionó que el mundo de la música se detuviera”, explicó Halfin en un comunicado. El difunto músico estuvo involucrado en todo el proceso y llegó a firmar las ediciones deluxe junto con sus compañeros de banda meses antes de la presentación.

“Ahora, a un año de Back to the Beginning, todos consideramos que era el momento de revelar el proyecto”, añadió. “Es un libro que sentimos que celebra tanto a Black Sabbath como a Ozzy, y que retrata su importancia”.

The Masters of Reality – Why Black Sabbath Matter complementa la historia de la legendaria banda de heavy metal con fotografías y material de interés, muchos de los cuales serán publicados por primera vez. A lo largo de sus 500 páginas, el libro se centra en la formación original —Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward— y contiene ensayos de los periodistas musicales Geoff Barton (fundador de Kerrang!) y Dave Ling (cofundador de la revista Classic Rock), quienes entrevistaron a los músicos es diversas ocasiones, incluyendo este proyecto.

El libro agotó sus ediciones firmadas en tiempo récord, pero aún se puede pre-ordenar la versión estándar de portada laminada, protegida por una funda de tela que tiene impresa la figura de Henry (mascota de la banda).

The Masters of Reality – Why Black Sabbath Matter se publicará en octubre.

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“A mi me preguntaban cómo iba a hacer para cantar las canciones de Charly. No digo que fue fácil, pero pude, tuve que cambiar la cabeza un poco, pero pude”, le decía Mercedes Sosa al periodista Daniel Riera en una entrevista publicada en Página/12 en septiembre de 1997. Acababa de salir Alta fidelidad en el cuál la descomunal cantante tucumana intepretaba la música de Charly García. Ese álbum, en el día en que la cantante tucumana cumpliría 91 años, se edita por primera vez en formato de vinilo doble, gentileza de Universal Music.

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“Para mí, Alta fidelidad es una continuación de Say No More, cuenta una historia con la música, los temas tienen una continuidad. Yo traté de que Mercedes cantara y le pasara una película por detrás, y que esa película representara lo que ella quería expresar. A mí me parece que quedó bastante fino. Mis reglas son: polirritmia y discreción. Con la discreción la cago siempre (risas), pero esta vez, creo que la conseguí”, decía Charly sobre ese álbum, que incluye doce de sus canciones canciones, y que recorre su obra con versiones de temas de Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Serú Giran y su carrera solista.

El álbum está lejos de cualquier especulación o alianza estratégica. Se trata de la culminación de una prolongada relación musical y afectiva entre la cantante tucumana y el hombre del bigote bicolor. Ambos artistas se conocieron porque Mercedes frecuentaba la casas de la familia García Moreno (su madre, Carmen, era productora del popular programa de radio Folklorísimo) en guitarreadas en las que participaban otros músicos como Juan Falú, Atilio Stampone, Polo Giménez y Ariel Ramírez, entre otros. Años más tarde se reencontrarían y establecerían un vínculo sagrado e indisoluble. 

Alta fidelidad se comenzó a grabar el 11 de junio de 1996 y se masterizó el 3 de julio de 1997. Participó un verdadero seleccionado de artistas: Pedro Aznar, Bernardo Baraj, Juan Bellia, Andrés Calamaro, Alejandro De Raco, Erica Di Salvo, Ulises Di Salvo, Ciro Fogliatta, María Gabriela Epumer, Rubén Georgis, Pablo Guadalupe, Belén Guerra, Juanse, Rubén Lobo, Nito Mestre, Migue, Rinaldo Rafanelli, Rodolfo Ruiz, Gabriel Said y Mario Serra. Pero tambíén aportó su voz el Gran Actor de la Nación: Alfredo Alcón, en “Los sobrevivientes”.

El repertorio es un recorrido por la obra de García, pero intervenido por la prodigiosa voz de Mercedes, que como señaló García alguna vez, igual que Elis Regina: “la tucumana compone al cantar”. 

“Como nietos y herederos de nuestra eterna abuela Mercedes, agradecemos a Universal Music por cumplirle su deseo: que este álbum tenga su versión en vinilo. También, destacamos el apoyo del querido maestro Charly García y de su familia por acompañarnos en la decisión de revalorizar esta gran obra musical argentina”, contaron en un comunicado sus nietos , Araceli y Agustín Matus.

Araceli también estuvo involucrada en otra flamante edición, en este caso bibliográfica. Se trata de Pájaro azul. Cartas desde el exilio, el libro editado por Paripé Books que compila las cartas que Mercedes le envió a su amigo Hugo Otero entre abril de 1978 y mayo de 1996, y que la nieta de la cantora editó junto a Graciela Goldchulk y Agustina Pérez Rial. El corpus principal de ese epistolario es, como indica el título, la correspondencia que mantuvieron mientras Mercedes estuvo exiliada en tiempos de dictadura cívico militar. Alrededor de esas cien cartas orbitan postales, programas intervenidos, papeles sueltos y anotaciones. Es un testimonio de una amistad cambiante, que formó parte de la vida de Mercedes a lo largo de todos esos años: a veces le dice “Hugo”, otras “Pájaro azul”; a veces “Gorrión” y, en alguna ocasión, “Flor del Sur”. Explican las editoras: “En estas cartas se despliega una voz que pocos conocieron. No es la Mercedes cantora ni la figura pública consagrada, sino una mujer que escribe antes de dormir, en un avión o en su ‘escritorio color burguesía’ y que le habla a Hugo desde el miedo, la soledad, el cansancio, el humor y el deseo. Carta a carta, Mercedes va construyendo una autobiografía fragmentaria que es también el retrato sensible de una época: aparecen lecturas, músicas, ciudades, afectos, escenas del exilio y referencias a acontecimientos históricos que atraviesan su vida cotidiana”.

Editan en vinilo ‘Alta fidelidad’, la histórica colaboración entre Mercedes Sosa y Charly García
Flamante lanzamiento de Papiré Books.

Por su parte, Agustín Matus también fue el impulsor de otro proyecto auspicioso en torno al legado de su abuela. Nahuel Pennisi lanza un disco dedicado a Mercedes Sosa, que será publicado por Sony Music. El álbum se grabó principalmente en Buenos Aires, coproducido por Pennisi junto a Joaquín Guevara y Pablo Durand. Después, Nahuel viajó a Tucumán junto a Agustín para filmar, bajo la dirección de Niko Sedano, los videoclips de cada canción: la casa natal de Mercedes, el Museo del Folklore, la escuela primaria a la que asistió y otros lugares emblemáticos de su historia en la provincia son las locanciones, en busca de conectar con el origen y el legado de su historia.

Nahuel Pennisi viajó a Tucumán para empaparse del paisaje de la gran voz de Latinoamérica (Gentileza Sony Music).

La selección de temas se redujo a diez canciones de una lista inicial de cincuenta. Entre los títulos confirmados están “Canción con todos”, el clásico de Manuel Tejada Gómez y César Isella que fue el primer tema que conmovió a Pennisi en su infancia, y “La Arenosa”, del Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla, pieza clave de su etapa como músico callejero en la calle Florida. La lista también incluye piezas como “Parte del aire” (Luis Alberto Spinetta/ Fito Páez), “Cuando tenga la tierra” (Ariel Petrocelli/ Daniel Toro), “Cinco siglos igual” (León Gieco/ Luis Gurevich) y “Los Mareados” (Juan Carlos Cobián/ Enrique Cadícamo), entre otras.  

El álbum tiene fecha de salida para agosto, pero el primer single (“Canción con todos”) estará disponible en todas las plataformas el 23 de julio. 

El Instituto Nacional de la Música (INAMU), que junto a la familia y la Fundación Mercedes Sosa había rescatado un material inédito grabado en el teatro Gran Rex de Buenos Aires en 2006, planea editar hacia fines de este año un vinilo con esa grabación histórica y liner notes del periodista Gabriel Plaza. Se trata de un documento único de una de las máximas exponentes de la música popular argentina.

El concierto cuenta con la participación de artistas invitados como Eduardo Falú, Chango Spasiuk, Chango Farías Gómez, Alberto Rojo, Coqui Sosa, Pocho Sosa, Walter Ríos y Rafael Amor. Son 26 canciones tomadas del registro inédito que el benemérito Carlos Melero, pionero y referente en el ámbito de la ingeniería de sonido y grabación en vivo, cedió al INAMU.

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Abril de 2026. El presidente Donald Trump está en Miami, sentado junto a la jaula de lo que es su espectáculo favorito en este planeta: el Ultimate Fighting Championship (UFC), el pináculo de las sangrientas artes marciales mixtas. A su lado está quien quizás sea su mejor amigo en el mundo, el presidente de la UFC, Dana White. Las peleas de esa noche son electrizantes: nocauts, cortes, sangre salpicada por toda la lona. En ese momento, el vicepresidente J.D. Vance se encuentra en las etapas finales de una fallida negociación de paz con una delegación iraní en Pakistán. Pero durante unas pocas horas, el presidente tiene una butaca de primera fila para una guerra que le divierte mucho más. Solo falta una cosa: su peleador favorito.

White tendría la oportunidad de rectificar ese detalle el 14 de junio, en la extravagante celebración Freedom 250, el primer evento de la UFC en los jardines de la Casa Blanca. “Me mira y me dice: ‘¿Por qué Derrick Lewis no está en la cartelera de la Casa Blanca?’”.

White recuerda aquel intercambio en esa pelea. “No es que le guste Derrick Lewis: ¡lo adora!”. Lewis, para los que no lo conocen, es un veterano peso pesado apodado Bestia Negra, famoso por sacarse el short al final de cada combate. Después de una victoria reciente, se bajó los pantalones, se puso en cuatro patas y levantó una pierna frente a la esquina de su oponente derrotado, fingiendo orinar como un perro. Es, en otras palabras, un héroe estadounidense, y solo bastó esa pregunta de Trump para que White entrara en acción. Al final de la noche, Lewis ya estaba programado para pelear en la Casa Blanca.

Dana White: “El legado es lo que menos me importa”
(Foto: SACHA LECCA)

Las peleas en conmemoración del 250° aniversario de los Estados Unidos se organizaron a instancias del presidente, presentadas por la figura más importante del deporte estadounidense hoy. A sus 56 años, White ya no es un entrenador de boxeo de poca monta de South Boston. Ni siquiera es el estafador de cartas de Las Vegas que habla rápido, o el promotor de peleas que captó por primera vez la atención de cierto titán inmobiliario de Queens. Es la puerta de entrada a las muestras más íntimas de violencia de Estados Unidos, un imperio multiplataforma que, según me dice, va camino a abarcar “todas las formas posibles de cagar a palos a otro”. Ese negocio se ha cruzado con algunas de las personas más poderosas en todos los rincones del mundo; después de nuestra entrevista, White me dijo casualmente que había perdido un enfrentamiento clave para el evento Freedom 250 porque Vladimir Putin llamó a uno de los participantes rusos y le dijo que no actuara en un sitio que representa el corazón de una superpotencia rival.

Para entender mejor cómo White llegó a este punto, hay que comprender el atractivo de ver a alguien recibir una trompada en la cara o, mejor aún, de hacerlo uno mismo. He peleado de manera recreativa durante años y puedo dar fe de la sensación delirante de poder que se produce cuando tu puño se encuentra con un mentón ajeno. Eso es lo que White vende: la oportunidad de vivir vicariamente a través de su desmenuzado elenco de gladiadores modernos. Y en los últimos años, le ha ido muy bien: en 2025, White firmó un nuevo acuerdo de 7,7 mil millones de dólares con Paramount Skydance Corp., dándole (a un deporte que alguna vez fue considerado demasiado violento para la televisión) un horario de máxima audiencia.

A fines de abril, White pasó por la ciudad de Nueva York para esta entrevista de Rolling Stone. Dos noches después de que nos encontramos, estaba en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca cuando un hombre armado irrumpió en el edificio. White fue capturado por la cámara poco después, absolutamente radiante, diciendo: “Ni me agaché. ¡Fue jodidamente increíble!”.

White es eso, creo. Está acá por lo loco, por lo sorprendente y, sobre todo, por lo violento. Quiere construir, expandirse y conquistar. Quiere tomarlo todo y entonces preguntar: “¿Y ahora qué?”. El día que esa pregunta no tenga respuesta, ya no estará respirando.

La primera vez que Rolling Stone te hizo un perfil fue en 2008. Decía: “Como van las cosas, Dana White pronto podría ser aclamado como el mejor promotor deportivo de todos los tiempos, incluso más grande que Don King, en el boxeo, y que Vince McMahon, en la lucha libre”. 18 años después, buena parte de esa predicción se cumplió. ¿Te imaginaste alguna vez llegar acá?

Bueno, gracias, en primer lugar. Siempre creí que podríamos estar donde estamos. Este [tipo de contenido] no estaba permitido en el pay per view [de la TV norteamericana]. Gastamos 10 millones de dólares para poder entrar. Eso fue para producir The Ultimate Fighter y emitirlo en Spike [en 2005]. Nuestro primer acuerdo por derechos de medios fue de 35 millones de dólares. Pasamos de Spike a Fox por 100 millones de dólares. Pasamos de Fox a ESPN por 3 mil millones de dólares, y luego de ESPN a Paramount por 7,7 mil millones de dólares. Quiero decir, ahora estamos en todas partes. Vamos a Azerbaiyán de nuevo este año. Así que la respuesta larga a tu pregunta es que creía que el deporte podía estar donde está hoy, y siempre supe que yo iba a ser el tipo que lo conseguiría.

Empezaste en el boxeo. ¿Qué te cautivó de las artes marciales mixtas?

La primera vez que las vi fue en 1993, cuando se hizo el primer evento de la UFC. Y luego les perdí la pista. Hasta que Lorenzo y Frank Fertitta [magnates de casinos de Las Vegas y amigos de la infancia de White] y yo empezamos a tomar clases de jiu-jitsu y a conocer a muchos de los luchadores, y vimos que eran muy diferentes de los boxeadores. Venían de lugares diferentes, tenían historias personales diferentes. Y luego fuimos a nuestro primer evento de la UFC y empezamos a decirnos: “Imaginate si hicieran esto” o “imaginate si cambiaran esto otro, podría ser algo muy grande”. Así empezó todo.

¿Qué te atrajo del combate?

Cuando era joven, mis tíos solían poner las peleas en ABC’s Wide World of Sports, y siempre la casa se llenaba de esa energía y esa emoción a las que me volví adicto. Mirábamos partidos de fútbol americano importantes, porque éramos fanáticos de los Patriots, pero nada como cuando había una pelea. Ahí me enamoré.

Hay una energía que no te dan otros deportes.

Y tampoco eran como las peleas de boxeo. Era como las películas de Bruce Lee, las de Chuck Norris y todas las diferentes artes marciales. Me gustaban todos los estilos de lucha. Sabés, Instagram es el diablo. Me puedo quedar en la cama, a la noche, mirando peleas callejeras en Instagram hasta las cinco de la mañana.

Llevar este deporte a Estados Unidos no fue fácil. ¿En algún momento pensaste: “Quizás esto no funcione”?

El de las peleas es el negocio más difícil. Ha habido muchos de esos momentos en los primeros días. Cuando estábamos tratando de cerrar un acuerdo de televisión, cuando estábamos tratando de volver al pay per view y luego el día que Lorenzo [Fertitta, entonces CEO de la UFC] me llamó y dijo: “No puedo seguir haciendo esto. Mi hermano y yo estamos poniendo toda esta plata. Quiero que vayas y veas si podés venderlo”. Empecé a hacer llamadas ese mismo día. Lo llamé y le dije: “Probablemente te paguen 6, 7, 8 millones de dólares”. Ya estábamos treinta y tantos millones en números rojos. Y dijo: “Está bien”. Cortamos y a la mañana siguiente me volvió a llamar y, literalmente, dijo: “A la mierda. Sigamos adelante”. Lorenzo siempre habla de eso, dice: “Es increíble lo bien que te puede hacer una buena noche de sueño”.

Con esta gran ruleta que has estado girando tantos años, ¿cuál fue el momento en que sentiste que habías acertado?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Financiamos los 10 millones de dólares para que The Ultimate Fighter se emitiera en Spike TV. Las audiencias de The Ultimate Fighter van así [hace el gesto de un gráfico que sube]. En ese momento, en el mundo de la televisión por cable, si tenías un programa tan exitoso, estaba en todas partes: en autobuses en Nueva York, en vallas publicitarias. ¿Spike TV? Plano, nada [para promocionar el programa]. A la mitad de la temporada, despiden al presidente de la cadena. Nadie me devuelve las llamadas. Fue una época de locura. Cuando debería haber sido “Mierda, deberíamos estar negociando un nuevo acuerdo para la próxima temporada”, nada de eso sucedió. Fue exactamente al revés.
Así que esa noche en el Cox Pavilion del campus de la UNLV, la pelea final tuvo lugar entre Forrest Griffin y Stephan Bonnar, y parecía que un tren estaba pasando por ese lugar. La gente pisoteaba y coreaba “una ronda más”, y entramos y les dimos a ambos un contrato. Y literalmente recuerdo que esa noche dije: “Me importa un bledo si Spike firma un nuevo contrato o no, esto va a terminar en algún lado”. Y esa noche, los chicos de Spike nos sacaron al callejón, y redactamos el acuerdo en una servilleta.

Celebraste algunos de tus primeros eventos en los casinos de Trump. ¿Qué pensaste cuando te dijo que iba a entrar en política?

Cuando me llamó por primera vez [en 2015], me dijo: “Mirá, si no querés hacer esto, lo entiendo completamente, pero me sentiría honrado si hablaras por mí en la Convención Republicana”. Todo el mundo me decía que no lo hiciera. Por dos razones: número uno, no quéres acercarte a la política, y número dos, nunca va a ganar.

Pero lo hiciste. Me has descrito ese momento como un verdadero punto de inflexión, tanto en tu relación personal con él como en su movimiento político. Se han vuelto bastante amigos desde entonces, ¿verdad

Somos muy cercanos.

Tengo esta teoría de que sos uno de los pocos amigos verdaderos que le quedan a Trump. Creo que a medida que su poder y posición han crecido, muchas relaciones son transaccionales. Pero su relación ha sido constante.

No quiero nada de él. No le pido nada. No hay nada transaccional en nuestra relación. Somos amigos. Y cuando nos reunimos, no es diferente de cuando te ves con un amigo. Hablás de cosas de las que hablan los amigos. Creo que cuando está lidiando con cosas que yo ni siquiera podría soñar, cuando quiere escapar, viene a una pelea de la UFC. Se nota que lo necesita. Como seres humanos, es casi necesario ser fan de algo, ya sea una banda, los Boston Celtics, la UFC, salir una noche y simplemente ser fan de algo y no preocuparse por nada más que disfrutar. Al final del día, todo el mundo tiene que recordar que Donald Trump es humano. Y como seres humanos, todos necesitamos algo. Y lo de Donald Trump es la UFC.

¿Alguna vez te pidió que participes más activamente en su trabajo político, “Dana, te necesito en D.C.”?

Nunca. Nunca.

Eso cambió en el ciclo de 2024, cuando ayudaste a orquestar un bombardeo mediático en podcasts y redes sociales para él. Parecía que estabas un poco más cómodo utilizando las redes y la audiencia que habías construido para…

Sé que todo el mundo se apoya en eso, pero quiero decir, cuando compramos la empresa en 2001 e hicimos la pelea en el Trump Taj Mahal [en Atlantic City, Nueva Jersey], la marca Trump estaba allá arriba [gesticula por encima de su cabeza], la marca UFC aquí abajo [gesticula a su cintura], él apareció en la primera pelea de la noche y se quedó hasta la última. Este tipo es muy buen amigo mío. Lo ha sido por mucho tiempo. Le encantaba venir a la UFC antes de postularse a la presidencia. Pero ¿por qué no haría un gran alarde de que el presidente de los Estados Unidos venga a mi evento?

Claro.

Si vinieran Reagan, Obama, Bush, cualquiera de estos tipos, sería el presidente de los Estados Unidos. Podés politizar cualquier cosa, lo que quieras, pero esa no es nuestra relación. E incluso cuando he hablado en estas convenciones o mítines, nunca me oís hablar políticamente. Nunca me va a oír decir nada de izquierda, derecha, esto, aquello. Estoy justo en el centro; sentido común, eso soy yo.

(Foto: SACHA LECCA)

¿Alguna vez has sentido que esa relación ha alejado a algunos fans?

Viajo por todo el mundo a lugares que son fuertemente liberales. Nueva York, estoy acá todo el tiempo. Acabo de estar en Seattle, Washington. Nadie me ha dicho nada negativo, ni me ha gritado nunca. Nunca he tenido ninguna interacción negativa con nadie en ningún lugar del mundo al que haya ido debido a mi relación con el presidente. Todo lo contrario, para serte honesto.

¿Cómo surgió el evento en la Casa Blanca?

Estamos en una pelea, y me mira y me dice: “¿Sabés qué? Deberíamos hacer una pelea en la Casa Blanca”. Y yo le digo: “Sí, deberías tener una pelea en la Casa Blanca”. No sé si alguna vez conocerás a alguien más orgulloso de la Casa Blanca que él. Le encanta ese lugar y siente que es la casa de Estados Unidos y que deberíamos hacer cosas para que más gente pueda venir a la Casa Blanca y experimentarla.

El frenesí mediático en torno a esa pelea en la Casa Blanca llegó a ser bastante intenso. La popularidad de Trump se encuentra en uno de sus puntos más bajos. La guerra con Irán ha sido un punto crítico e incluso ha recibido críticas de algunos de sus antiguos partidarios. Joe Rogan se preguntó públicamente sobre la seguridad de seguir adelante con el evento de lucha, dado el contexto. ¿Alguna vez te preocupó eso?

Mantuvimos las peleas durante el Covid. Nada de eso me preocupa. Y, escuchá, el mundo es un lugar muy duro, amigo. Siempre pasan cosas malas. Tengo un negocio global. Tengo rusos, tengo ucranianos, tengo israelíes, tengo paquistaníes… lo que quieras, los tengo a todos. ¡Y adiviná qué! Por el resto de la existencia, esas cosas van a seguir ocurriendo. Y cuando tenés un negocio global, no podés simplemente ceder, romperte y rendirte ante cada cosa mala que suceda en el mundo, porque te garantizo que este año van a pasar muchas más cosas malas, y no voy a dejar de dirigir mi negocio por eso.

[Con todo lo que está pasando,] probablemente desearía no haber dicho eso. Pero de nuevo, estamos dentro. Está pasando. Todo está en movimiento. Nunca me ha dicho nada así, pero este tipo está lidiando con mierda que gente como vos y yo ni siquiera podemos imaginar y tampoco queremos. Y no nos metemos en ese tipo de cosas.

¿De qué hablan?

Definitivamente no hablamos de política. Hablamos de todo menos de eso. Cómo está su familia, qué ha estado pasando, cómo se siente? Quiero decir, este tipo no duerme. Tampoco soy de dormir mucho, pero su nivel de sueño es inhumano. Ni siquiera sé cómo hace, especialmente a su edad.

¿Ha habido alguna vez un momento en el que algo que dijo o algo que hizo…

Escuchame, quiero decir, ¿en algún momento deseé que se mantuviera alejado de Twitter? Sí. Soy el tipo que siempre anda por ahí [defendiéndolo], diciendo: “No lo entendés”. Desafío a todo el mundo, podés ser lo más de izquierda que quieras. Si te llevo a cenar con Donald Trump durante una hora, es imposible que salgas de esa cena y digas: “Odio a ese tipo”. Es imposible.

En el futuro, ¿te imaginás tener una relación similar con un presidente demócrata si quieren asistir a eventos de la UFC?

Otros políticos me han dicho: “Me gustaría venir al evento y me gustaría salir al lado tuyo”, como si dijera uh-uh. No. Pero soy ciudadano estadounidense. Si el presidente de los Estados Unidos me llama y dice que necesita algo, considérelo hecho. Demócrata, republicano, podés apostar que voy a ver cómo ayudar.

¿Alguna vez pensaste que serías una especie de intermediario de una de las personas más poderosas del mundo?

No. Creés en tu negocio, creés en el deporte o en lo que sea, pero nunca… Quiero decir, hablo con la familia real en los Emiratos Árabes. Soy supercercano a ellos. Y la lista sigue y sigue. Me reuní con el primer ministro del Reino Unido el año pasado. No ves venir ese tipo de cosas.

¿Qué se siente? Pasás de regatear con los dueños de casinos de Atlantic City a reunirte ahora con primeros ministros.

Realmente te hace consciente de los niveles. Hay niveles en la vida, y es genial ir a ver estas cosas e interactuar con estas personas poderosas.

¿Alguna vez te sentiste deslumbrado por una estrella?

Creo que el único tipo que me dejaría remotamente deslumbrado sería Michael Jordan. Soy un gran fan.

Contame sobre tu rutina personal de salud y fitness.

Me sumergí en agua fría antes de venir acá, esta mañana. Cuando me propongo algo y digo: “Voy a hacer esto”, me entrego por completo. Me puse en la mejor forma de mi vida [en 2022]. Me dediqué a fondo durante tres años. Dejé todas las pastillas, dejé la medicina para la presión arterial, la del colesterol, toda la mierda que tomaba. Quiero decir, me hicieron trizas. Hice todo. Ahora, he encontrado este punto medio feliz donde puedo vivir un poco y también divertirme.

¿Qué hay de los deportes de contacto? ¿Alguna vez le pegás a la bolsa, volvés al ring, hacés [jiu-jitsu] con alguien?

No, no he hecho nada de eso por bastante tiempo. A mi edad –cumplo 57 en julio– trato de no engordar, trato de no lesionarme. Esos son mis objetivos ahora mismo.

Conociste a tu esposa cuando ambos tenían 12 años, están casados desde 1996 y tienen tres hijos. ¿Cuánto tiempo pasás con tu familia?

Mi esposa es una de esas personas que unen a todo el mundo. Es la mejor en eso. Hacemos tres viajes familiares grandes al año. Ella está obsesionada con esa mierda. No es como: “Oh, voy a casa [todas las noches] a cenar…”. Cuando vamos a algún lugar, vamos por 10 días, lo cual es mucho tiempo para mí. Al tercer día, digo: “Oh, Dios mío”. Al séptimo: “Si tengo que ponerme bronceador una vez más…”.

Estás todo el tiempo arriba de un avión. ¿Cómo es tu dieta cultural? ¿Qué escuchás, qué leés?

Nada. Sólo me quedo sentado ahí. Es lo más raro que he visto en mi vida. Simplemente me siento en el avión, sin hacer nada. No escucho música. No veo televisión. Muy pocos programas logran engancharme. Empiezo a ver un programa y a los cinco minutos digo: “Esto es una mierda. No puedo entrar en esto”.

Una crítica común a la UFC y a su negocio es cuánto se les paga a los luchadores. La WNBA acordó un nuevo salario mínimo de alrededor de 70.000 al año, lo que, según se informa, es más de lo que gana un luchador de MMA de segunda categoría. ¿Ves un futuro en el que un luchador de la UFC pueda ganar un salario digno de inmediato?

El pago a los luchadores ha aumentado cada año y seguirá aumentando mientras sigamos teniendo éxito. Pero compararlo con la WNBA es ridículo. Primero que nada, si entrás a la UFC, digamos que firmás un contrato por tres peleas, vamos a averiguar si siquiera pertenecés a la UFC. ¿Debería pagarte $370.000 para ver si pertenecés a la UFC?

Durante más de 20 años, has sido la cara no solo de la UFC, sino del deporte de las artes marciales mixtas en general. ¿Qué le pasará al deporte de las artes marciales mixtas después de la era de Dana White?

Yo dirijo todo este negocio. Yo tomo todas las decisiones y estoy muy involucrado, desde la producción hasta el emparejamiento, lo que sea. Será muy diferente cuando ya no esté. Sigue siendo emocionante, sigue siendo divertido, pero será diferente.

¿Cuánto tiempo más creés que vas a seguir haciéndolo?

No lo sé. Todavía amo lo que hago. En todas las formas posibles en que puedas patearle el trasero a otra persona, estoy involucrado. Y en los próximos 10 años, voy a construir la compañía de deportes de combate más grande de la historia. Quiero decir, ya lo hemos hecho, pero tengo más ideas y más planes. Vamos a seguir construyendo. Nada volverá a existir así.

Ese es el legado de Dana White. Supongo.

No me importa un carajo el legado. Tengo estos planes, estas ideas y cosas que quiero hacer, pero nunca pienso en el legado ni en nada de eso.

¿Entonces, cuál es el punto?

Es lo que me gusta hacer.

¿No te importa si dura?

Me importa un bledo.

La forma en que hablás de legado me recuerda a Trump: “Estoy acá para construir lo más grande que pueda construir en el tiempo que tengo”.

Exacto. ¿Sabés cuántas ofertas de libros he tenido? Nunca escribiré un libro. El legado no me importa una mierda. Estoy aquí mismo, ahora mismo. ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a construir? ¿Qué tan grande vamos a hacer esto? El día que decida alejarme, eso será todo.

¿Alguna vez escuchás una voz en tu cabeza que dice: “Está bien, tenemos el acuerdo con Paramount, ahora hemos construido algo que durará”?

Oh, de ninguna manera. Así no es como funciona. Me levanto todos los días y quiero hacer algo. Quiero ganar. Quiero romper un récord. Quiero subir de nivel cada vez que me levanto de la cama. Y no sé cómo me jubilaré. No sé cómo parar.

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Mientras la Selección Argentina atraviesa un nuevo momento de exposición mundial, una investigación en Estados Unidos amenaza con sacudir los cimientos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Agentes del FBI y fiscales federales comenzaron a tomar testimonios para analizar las operaciones financieras de la entidad en territorio estadounidense y determinar si algunos movimientos podrían configurar delitos bajo la jurisdicción de ese país.

De acuerdo con información publicada por La Nación, la investigación preliminar comenzó a gestarse en 2025 y está enfocada en reconstruir cómo la AFA manejó parte de sus negocios internacionales, especialmente aquellos relacionados con contratos comerciales y pagos canalizados a través del sistema financiero estadounidense.

Uno de los puntos bajo análisis es el rol de TourProdEnter LLC, una compañía vinculada al cobro de acuerdos comerciales de la AFA en el exterior. Los investigadores buscan determinar si la estructura utilizada para administrar esos ingresos cumplió con todas las regulaciones correspondientes o si pudo haber derivado en posibles maniobras financieras irregulares.

La pesquisa involucra a fiscales especializados en delitos financieros y lavado de activos, con operaciones desde Washington D.C. y Florida. Como parte del proceso, las autoridades comenzaron a escuchar testimonios de personas con conocimiento sobre el funcionamiento comercial de la organización.

Entre quienes habrían declarado se encuentra el empresario Guillermo Tofoni, quien mantiene desde hace años un fuerte enfrentamiento con la conducción de la AFA y realizó denuncias contra la entidad. Su participación también abrió un nuevo capítulo de disputa alrededor del caso, ya que desde sectores cercanos a la asociación cuestionan el origen de las acusaciones y señalan un trasfondo político y empresarial.

Por ahora no existen cargos formales contra la AFA ni contra sus dirigentes. Sin embargo, el avance de las consultas por parte de las autoridades estadounidenses instala un escenario incómodo para una institución que, tras los éxitos deportivos recientes, también multiplicó su valor comercial y su presencia global.

La pregunta que intentan responder los investigadores es tan simple como explosiva: cómo se movieron cientos de millones de dólares generados por la marca de la selección argentina y si todas esas operaciones respetaron las reglas del sistema financiero internacional.

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Un día, cuando tenía 18 años, Lisa Cerati llegó del colegio, tomó prestado un teclado de su hermano y se encerró en su habitación con las luces apagadas con la intención manifiesta de escribir su primera canción. El resultado final de esa primera experiencia compositiva fue “Selva”, un trip-hop lento y atmosférico, con acordes que parecen evaporarse para abrirle paso a una voz fría y cautivante a la vez. Sin saberlo, el tema fue el punto de partida de su debut como solista, que firmó con los dos nombres que le eligieron sus padres: Lisa María.

“Para mí, este disco es un punto de llegada que reúne a muchas Lisas de distintos años, de las que por ahí ahora me siento muy distinta, pero tenía que atravesar para llegar a esto. Hay temas que tienen diez años y otros que tienen un mes, pero en todo estoy yo”, dice sobre el álbum que vio la luz el 1° de junio, un mes después de haber cumplido 30 años.

De alguna manera, con este disco Lisa continúa un mandato familiar presente en la obra de su padre, pero también por vía materna, la realizadora y DJ chilena Cecilia Amenábar. “Me llegó tarde la conexión musical tan en serio, pero vi el proceso desde siempre, en mi papá y también en mi hermano, él graba desde que tiene cinco años e hice coros en sus discos. Aprendí observando mucho a mi papá, y también a mi mamá, que tiene la colección de discos más grande que vi en mi vida, incluso más que la de él”, cuenta Lisa. Dentro de esa misma lectura, elegir presentarse con su nombre propio y prescindir de su apellido es un hecho artístico en sí mismo. “Nunca me gustó el Lisa solo, pero Lisa María siempre me pareció interesante porque María suele ir primero y mis papás lo dieron vuelta”, dice tras recordar que comparte apelativo con la hija de Elvis Presley. Luego, agrega: “Además, el trasfondo de la elección de mi nombre no es tan alucinante, es porque a mi hermano le gustaban Los Simpson, y soy María porque cuando nací me parecía a una abuela de mi mamá llamada así, arrugada como un bebé. Decidí usarlo porque me gusta llevarlo a mi mundo de creaciones”.

Lisa creció en una casa en la que el vínculo con la música trascendía las actividades de sus padres (“Era como tener mi propio Spotify”, dice al referirse a la cantidad de discos que tuvo a disposición desde mucho antes de que el streaming fuera siquiera una idea), y tardó en entender que su realidad era distinta a la de los demás. “Lo empecé a notar cuando iba al colegio, era como un bicho raro. Había momentos en los que sufría y quería que fuera todo normal, no quería que fuera todo un acontecimiento porque llegaba mi papá”, repasa sobre una infancia en la que el estímulo creativo era moneda corriente. “Todo el tiempo sentía mucha libertad, y hoy la agradezco un montón. Los dos siempre nos impulsaron a mi hermano y a mí a hacer cosas, a crear. Cuando hacía videoclips de chica, mi mamá me ayudaba filmando y después mi papá hacía presentaciones a sus amigos de todo lo que hacíamos, muy orgullosos los dos”, recuerda.

El destino inevitable de Lisa Cerati
(Foto: Ignacio Arnedo)

A pesar de contar con todo ese estímulo a disposición, Lisa tardó en seguir con el mandato familiar, al menos de manera directa, con incursiones en el diseño gráfico, la producción audiovisual, la conducción televisiva y la realización de videoclips, casi como un derrotero para llegar a un destino inevitable. “Desde chica me enfoqué en lo visual y estudié cine, aunque la música siempre estaba golpeando mi puerta, pero quizás más desde pensar una banda de sonido que acompañara lo que estaba haciendo”, dice sobre una situación que no forzó, sino que esperó que decantara por su propia naturaleza. “Tengo el recuerdo de ver a mi papá o a mi hermano haciendo música mientras yo hacía videoclips, hasta que un día me dije: ‘A ver si me siento a componer con lo que aprendí y lo que observé, a ver qué sale’”, cuenta sobre un camino que tambiénguió lo visual, con canciones inspiradas en colores, imágenes y texturas que se le venían a la mente.

Para grabar las nueve canciones de su álbum debut, Lisa recurrió a Estanislao López, productor clave del último lustro gracias a su trabajo con El Club Audiovisual, Buenos Vampiros, Mujer Cebra y El Nota, y que decidió ficharla para su sello propio, Hora Cero Records. “Empezamos a trabajar poquito antes de la pandemia, a finales de 2019. Ella me mostró unos demos y cuando los escuché me encantaron las letras y las melodías, sentí que tenía una sensibilidad muy especial”, explica López. De a poco, la dupla empezó a revisar maquetas para luego reformularlas en un plano sonoro distinto, un ejercicio que ganó celeridad en el último año. “Forjamos una amistad y me sentí cómoda al ver qué pensaba de esas canciones alguien además de mí, me dio empuje para tomármelo en serio”, explica Lisa.

La primera muestra de esta etapa asomó a mediados del año pasado con “(Solo aire)”, un pop electrónico de pulso amable que ofició como carta de presentación ante un público nuevo. Le siguieron otros dos singles, “Sentimental” y “A mi nube”, pero la idea de disco todavía aparecía como algo lejano hasta que llegó José Fogwill, conocido por su trabajo junto a Marttein, Nathy Peluso y Fito Páez, que la ayudó a redondear el universo visual detrás de Lisa María. “Le escribí y me ayudó muchísimo, me leyó de afuera. El disco tiene unos visualizers que tienen mucho peso conceptual, que era lo que le faltaba al rompecabezas, sobre en cuanto a mi personaje y a los colores”, explica acerca de la elección detrás del rojo carmesí profundo que domina la tapa del disco y también la paleta de colores del clip de “Demente”, en lo que fue su primera experiencia frente al lente.

Aunque en su acompañamiento visual pueda estar interpretando un rol, las canciones de Lisa María son todas narradas en primera persona, casi como una bitácora privada en clave dream pop en lo que fue más un impulso que una decisión planificada. “Salió de una necesidad de hablar, de decir algo, de salir. Tenía que llegar a ese momento para conectar con el mundo y sanar una parte de mí de esta manera, recién lo estoy experimentando”, cuenta antes de reconocer que el proceso fue también una manera de hacerse cargo de lo que enunciaba hacia el afuera.

“Sentía que la música ya hablaba por sí sola, entonces las letras me salían siempre en inglés. De hecho, en ‘Lava Flow’ dejé el estribillo así porque me gustaba esa frase y era imposible de pasar al castellano, pero a los demás temas tuve que cambiarlos porque siento que era un escudo, algo medio despersonalizado, y esto es lo más para afuera. Las letras hablan mucho de los vínculos, conmigo misma y con otros. Es como una terapia o una doble terapia; ahora que saqué todo eso me siento en un lugar mucho más liviano para lo que sigue”, analiza.

La origin story de Lisa María puede rastrearse hace más de una década y media. En 2009, una Lisa de 13 años y un Benito de 16 publicaron Forever Michael, un álbum homenaje al Rey del Pop, con producción y arreglos a cargo de papá Gustavo. Con el paso de los años, su hermano fue un modelo de conducta y también una fuente de consulta por su experiencia al frente de Zero Kill y también con su faceta en solitario. “Hoy en día estamos mucho más parecidos que en otros momentos, siento que antes él era muy barroco a la hora de componer, y yo me sentía muy lejana a eso, porque me considero simple. De hecho, la mayoría de los temas son dos acordes y construyo en base a eso”, dice antes de deslizar una nueva fantasía para homenajear a su ídolo: “Nada me gustaría más que hacer algo juntos, estamos en la misma frecuencia. Mi sueño sería hacer con él algo tipo ‘Scream’ (el single que grabaron juntos Michael y Janet Jackson en 1995) y reírnos de los haters”.

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Los nominados de este año fueron anunciados hoy, 8 de julio, a través de una transmisión en vivo de la Television Academy, presentado por Liza Colón-Zayas de The Bear y Jeff Hiller de Somebody Somewhere. Entre los favoritos se encuentra The Pitt con 25 nominaciones y piezas publicadas por HBO Max, Apple TV y Netflix, nuevamente dominan los premios.

La notable ausencia del drama bisexual, Heated Rivalry, se debe a las reglas de participación de los Emmys que estipulan que producciones de otros países no pueden competir “a menos que sea el resultado de una coproducción (tanto financiera como creativa) entre socios estadounidenses y extranjeros.”. La serie fue producida en Canadá para el servicio de streaming Crave, autores de otros shows como Canada’s Drag Race y The Amazing Race Canada.

A continuación, la lista de los nominados de las categorías principales:

Mejor serie dramática

The Diplomat, Netflix
The Gilded Age, HBO Max
A Knight Of The Seven Kingdoms, HBO Max
Paradise, Hulu
The Pitt, HBO Max
Pluribus, Apple TV
Slow Horses, Apple TV
Your Friends & Neighbors, Apple TV

Mejor Actriz Principal en una Serie Dramática

The Gilded Age, HBO Max
The Testaments, Hulu
The Diplomat, Netflix
Pluribus, Apple TV
Euphoria, HBO Max
Paradise, Hulu
Slow Horses, Apple TV
Task, HBO Max
The Diplomat, Netflix
The Pitt, HBO Max

Mejor serie de comedia

Abbott Elementary, ABC
The Bear, FX/Hulu
Hacks, HBO Max
Margo’s Got Money Troubles, Apple TV
Nobody Wants This, Netflix
Only Murders In The Building, Hulu
Shrinking, Apple TV
Widow’s Bay, Apple TV

Mejor Actriz Principal en una Serie de Comedia

Quinta Brunson, Abbott Elementary (ABC)
Ayo Edebiri, The Bear (FX/Hulu)
Elle Fanning, Margo’s Got Money Troubles (Apple TV)
Lisa Kudrow, The Comeback (HBO Max)
Jean Smart, Hacks (HBO Max)

Mejor Actor en una Serie de Comedia

Yahya Abdul-Mateen II, Wonder Man (Disney+)
Steve Carell, Rooster (HBO Max)
Matthew Rhys, Widow’s Bay (Apple TV)
Jason Segel, Shrinking (Apple TV)
Martin Short, Only Murders In The Building (Hulu)

Mejor actor en serie limitada o antológica

All Her Fault
The Beast in Me
Beef
DTF St. Louis
Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette

Mejor actriz en serie limitada o antológica

Claire Danes, The Beast In Me (Netflix)
Sally Field, Remarkably Bright Creatures (Netflix)
Carey Mulligan, Beef (Netflix)
Sarah Pidgeon, Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette (FX/Hulu)
Sarah Snook, All Her Fault (Peacock)

Mejor actor en serie limitada o antológica

Riz Ahmed, Bait (Prime Video)
Jason Bateman, Black Rabbit (Netflix)
Charlie Hunnam, Monster: The Ed Gein Story (Netflix)
Oscar Isaac, Beef (Netflix)
Matthew Rhys, The Beast In Me (Netflix)

Mejor Talk Show

The Daily Show, Comedy Central
Jimmy Kimmel Live!, ABC
Last Week Tonight With John Oliver, HBO Max
The Late Show With Stephen Colbert, CBS
Saturday Night Live, NBC

Mejor programa de competencias

Dancing With The Stars, ABC
RuPaul’s Drag Race, MTV
Survivor, CBS
Top Chef, Bravo
The Traitors, Peacock

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Los actores dominicanos Alexander Corleone y Josema Rodríguez presentarán la comedia «Ni locas ni cuerdos», del 6 al 16 de agosto en la Sala Ravelo del Teatro Nacional, en horarios de las 8:30 de la noche, jueves, viernes y sábado; los domingos a las 6:30 de la tarde.

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