Mucho antes de que Disney descubriera el potencial narrativo de la Polinesia, Robert J. Flaherty filmó Moana (1926), una obra fundamental del cine etnográfico que buscaba registrar la vida, los rituales y las leyendas de Samoa. Un siglo después, aquel título adquiere un significado muy distinto. La Moana de Disney ya no pretende documentar una cultura, sino convertirla en un gran relato mitológico para nuevas generaciones. Primero lo consiguió con una extraordinaria película animada que unía aventura, tradición y algunas de las mejores canciones que se hayan escrito para el estudio, cortesía de Lin-Manuel Miranda. Después llegó una secuela que, pese a su éxito comercial, confundió movimiento con emoción y velocidad con profundidad.
Ahora aparece la inevitable versión de acción real. O quizá habría que dejar de llamarlas así. El término live action o “acción real” resulta cada vez más engañoso. Estas películas combinan actores de carne y hueso con cantidades enormes de animación digital, captura de movimiento y efectos visuales. Ocurrió con The Jungle Book, Beauty And The Beast, The Lion King y vuelve a suceder aquí. Gran parte de lo que vemos sigue siendo animación, solo que disfrazada de realismo fotográfico. No existe una frontera clara entre ambos lenguajes. Disney lleva años intentando borrarla.
También resulta inevitable preguntarse para qué existen estas películas. La respuesta casi nunca es artística. Los remakes en acción real obedecen principalmente a una estrategia de mercado y es la de invitar a quienes crecieron con los clásicos animados a regresar al cine, ahora acompañados por sus hijos. La nostalgia se convierte así en un puente entre generaciones. El problema aparece cuando el resultado no ofrece más que una copia ilustrada del original.
Las versiones como Aladdin, Beauty And The Beast, The Lion King (o incluso Mufasa) terminan justificándose únicamente por su existencia industrial. En cambio, películas como Pete’s Dragon, Maleficent o Cruella comprendieron que una adaptación solo cobra sentido cuando se atreve a contar otra historia, explorar nuevos personajes o replantear por completo el material de partida. Moana no hace ninguna de esas cosas. Y, sin embargo, funciona.
Antes incluso de su estreno ya circulaban en redes sociales las condenas habituales. “Es innecesaria”, “es un reciclaje”, “es otro síntoma de la falta de ideas de Disney”. Internet ha convertido el juicio previo en una forma de entretenimiento. Alguien decreta que una película será un desastre y miles de personas acuden al cine únicamente para confirmar ese prejuicio.
Ocurrió con Snow White, cuya conversación pública terminó siendo mucho más tóxica que la propia película (la cual no es mala, por cierto). Pasó también con The Little Mermaid, donde buena parte del rechazo escondía prejuicios raciales y sexistas antes que argumentos cinematográficos. Incluso películas tan distintas de lo que produce Disney como Emilia Pérez fueron absorbidas por esa lógica de la condena anticipada.
Conviene dejar esos prejuicios en la puerta, porque esta Moana, aunque no revolucione absolutamente nada, recupera la emoción que hizo especial a la versión animada. La gran revelación es Catherine Laga’aia. La joven actriz australiana-samoana entiende que Moana nunca fue una heroína construida desde la épica grandilocuente, sino desde la curiosidad, la duda y la determinación. Su interpretación transmite exactamente esa mezcla de inocencia y liderazgo que convertía al personaje en una protagonista distinta dentro del universo Disney.
A su lado, Dwayne Johnson parece haber nacido para interpretar a Maui. Pocas veces un actor ha transitado con tanta naturalidad entre una versión animada y su equivalente físico. Su carisma continúa siendo inmenso y el personaje conserva esa mezcla irresistible de vanidad, humor y vulnerabilidad. Incluso las canciones funcionan mejor precisamente porque Johnson ya conoce el tono exacto con el que debe interpretarlas. Se podría pensar que esta película es un capricho del actor para regresar a su personaje y difundir su cultura (él también es productor de la cinta), pero como sucede con las acciones de Maui, detrás de la indulgencia se esconden razones nobles y válidas.
Sorprendentemente, las composiciones de Lin-Manuel Miranda han envejecido extraordinariamente bien. How Far I’ll Go continúa siendo una de las mejores canciones producidas por Disney en las últimas décadas, mientras You’re Welcome mantiene intacta esa energía juguetona que convirtió a Maui en un personaje inolvidable. Lejos de sentirse repetitivas, las canciones recuerdan por qué la primera Moana alcanzó un lugar privilegiado dentro del canon musical del estudio.
Thomas Kail, el director de Hamilton, el exitoso musical de Broadway con la música de Lin-Manuel Miranda, entiende que competir contra la animación original sería un error. Su propuesta consiste más bien en traducirla. El océano vuelve a convertirse en un personaje vivo; las aguas conservan esa personalidad casi infantil; el suicida Hei Hei, el travieso Pua, los venenosos Kakamora, el codicioso Tamatoa (con la maravillosa voz de Jemaine Clement) y la volcánica Te Kā, mantienen buena parte de su exuberancia digital. Paradójicamente, cuanto más animada parece la película, mejor funciona. Esa mezcla constante entre imagen real y efectos digitales termina produciendo una experiencia mucho más cercana al cine fantástico que al realismo.
Quizá por eso el calificativo de live action ya resulte insuficiente. Lo que Disney está construyendo desde hace años es una tercera categoría. Una serie de películas híbridas donde la actuación, la captura de movimiento y la animación conviven sin jerarquías.
Esta Moana, eso sí, nunca consigue justificar plenamente su existencia. Recorre prácticamente los mismos caminos narrativos, reproduce la mayoría de las escenas memorables y rara vez sorprende al espectador que conoce el clásico de 2016. En ese sentido, sigue siendo una oportunidad parcialmente desaprovechada.
Resulta inevitable imaginar una alternativa mucho más estimulante. En lugar de repetir el viaje, quizá habría sido más interesante convertir esta producción en una especie de Moana 3. Que Moana navegara todavía más allá de los arrecifes conocidos, descubriera nuevas culturas, nuevas islas o incluso una dimensión distinta del océano donde convivieran el lenguaje de la animación y el de la acción real. Ese habría sido un verdadero motivo para regresar. Pero juzgar esta película únicamente por lo que pudo haber sido también sería injusto.
Porque en últimas, Moana consigue exactamente aquello que buscaba: devolvernos la emoción del original. Nos recuerda la inmensidad del océano, la riqueza de los mitos polinesios y la extraordinaria fuerza de una banda sonora que sigue siendo una de las mejores del Disney contemporáneo. No amplía el universo, no redefine el relato ni reemplaza la película animada. Tampoco lo necesita. Basta con salir del cine con ganas de volver a verla. Y esa sonrisa, sencilla pero genuina, sigue siendo uno de los mayores triunfos que Disney puede ofrecer cuando recuerda que, antes que una maquinaria de la nostalgia también sabe contar buenas historias una y otra vez.
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Llegan momentos en los que lo único que queremos es escapar. Cambiar de aires, de paisaje, encontrar silencio o, por qué no, descubrir nuevos sonidos. A veces basta con salir a caminar mientras suena nuestra música favorita o ese podcast que dejamos a la mitad; otras, el refugio aparece en el deporte o en un rincón de la naturaleza donde, por fin, podemos escuchar nuestros propios pensamientos. También está la posibilidad de viajar, ya sea físicamente o a través de un libro, donde el único límite es la imaginación.
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Dianka! decidió no conformarse con una sola opción. Durante la creación de Cabriola (relato breve), la artista catalana convirtió la literatura en su refugio. Entre el ruido incesante de Madrid y una escapada a los Alpes —el escenario que inmortalizó a Heidi, uno de los personajes que inspira este proyecto— fue construyendo un universo en el que la imaginación deja de ser un simple escape para convertirse en una manera de comprender la realidad.
Escuchar Cabriola (relato breve) se parece un poco a abrir un libro. Conforme avanzan las canciones aparecen personajes conocidos —Don Quijote, Dulcinea, Heidi o Pippi Calzaslargas—, pero ninguno permanece igual. Todos terminan convertidos en una extensión de la propia Dianka!
En su nuevo álbum la literatura no es solo una referencia, la artista catalana construye un universo donde la imaginación sirve para cuestionar la realidad, la rebeldía consiste en escucharse a uno mismo y los personajes de ficción terminan revelando verdades profundamente personales.
En conversación con ROLLING STONE En Español, Dianka! habla sobre el ruido que dio origen al disco, el día en que Don Quijote le cambió la vida y por qué, al terminar su EP, descubrió que la rebeldía que admiraba de sus personajes favoritos también habita en ella.
Mientras escuchaba esta primera parte de Cabriola sentía que me transportaba a otro lugar. Pensaba en Heidi, en Don Quijote, en esos espacios enormes, tranquilos, alejados del ruido. Me preguntaba si, para crear este proyecto, también necesitaste alejarte del mundo exterior.
Es curioso porque, en realidad, el álbum nació justo en el momento de más ruido. Lo compuse en Madrid, probablemente el lugar más ruidoso en el que he vivido. Yo soy de Barcelona, y Madrid, al ser una capital tan grande, tiene un ritmo completamente distinto: muchísima gente, coches, movimiento constante… Precisamente esa necesidad de huir de todo ese ruido fue la que terminó impulsando el disco. Así que Cabriola nace del deseo de escapar, aunque paradójicamente fue escrito en medio de todo el trajín de la ciudad.
¿Sientes que Cabriola también funciona como un ejercicio de revisión personal? Mientras lo escuchaba pensaba mucho en la idea de cuestionar nuestras propias versiones de las cosas, de entender que nunca conocemos toda la historia.
Sí. De hecho, el propio título, “Cabriola”, resume muy bien esa idea. Una cabriola es un salto que hace un caballo y me gusta porque dentro del disco conviven dos conceptos muy importantes. El primero es precisamente el salto: para mí representa esa huida de la ciudad, del ruido, la libertad de desprenderse de aquello que ya no te hace bien. Pero también existe esa especie de patada hacia atrás, ese gesto de rebeldía, de intentar sacudirse todo aquello que te ha pesado o que no ha sido bueno para ti. Lo más curioso es que este álbum ha sido diferente a los anteriores. Normalmente uno empieza un disco sabiendo exactamente qué quiere decir. Yo tenía muchas ideas claras, pero Cabriola terminó enseñándome cosas que no sabía de mí. Muchas respuestas llegaron después de terminarlo. Fue como descubrir: “Ah, por eso escribí estas canciones. Por eso necesitaba hacer este disco”. Y ese proceso me parece muy bonito.

La lectura ocupa un lugar muy importante dentro del proyecto. ¿Crees que leer puede ser una forma de encontrarnos, pero también de perdernos?
Yo creo que la lectura siempre ha sido una forma de evasión. Gran parte de la literatura que más me ha marcado —especialmente escrita por mujeres— tiene muchísima imaginación. Me gusta esa capacidad que tiene de alejarnos, aunque sea por un momento, de la realidad. Como artista siento que aprendí precisamente eso leyendo: incluso cuando hablo de experiencias reales, siempre necesito llevarlas hacia otro lugar, crear un universo propio, imaginar. Aunque una canción nazca de algo cotidiano que me ocurrió a mí, me gusta contarlo desde una perspectiva más creativa, construir un mundo alrededor de esa experiencia. Creo que esa manera de narrar se la debo, en gran parte, a la literatura.
A veces siento que aprendemos más leyendo una novela o viendo una película que cuando alguien intenta explicarnos algo de forma completamente técnica.
Totalmente. Estoy muy de acuerdo.
Escuchando el disco siento un viaje constante entre distintas épocas. ¿Qué te atrae de esos mundos y cómo decides qué elementos llevar a tu música?
Creo que todos vamos construyéndonos a partir de las cosas que nos influyen. En mi caso, quizá también tenga algo que ver con ser sagitario, porque la libertad siempre ha sido un tema muy importante para mí. Heidi, por ejemplo, representa perfectamente esa rebeldía, esa necesidad de elegir dónde quieres estar. De hecho, muchas veces me sentí como Heidi viviendo en Madrid. Era como si Madrid fuera Frankfurt y Barcelona representara mis Alpes, ese lugar donde realmente quería volver. Después está Don Quijote, que para mí es una obra absolutamente fundamental. Todos hemos sido el Quijote alguna vez, querido ser algo que todavía no somos. Hemos visto gigantes donde había molinos y nos hemos dejado llevar por nuestras propias fantasías. Todo aquello que me inspira necesitaba estar presente en Cabriola. Quería que las referencias fueran visibles porque forman parte de quién soy y de cómo entiendo la creación.
Ahora que mencionas Don Quijote, me gustaría preguntarte por tu relación con la obra. Es un libro fundamental para la literatura en español y latinoamericana. ¿Qué fue lo que encontraste en Alonso Quijano?
Siempre me había gustado leer, pero fue en bachillerato cuando cursé una asignatura optativa de Literatura y leímos algunos fragmentos de Don Quijote. Recuerdo perfectamente estar en clase mientras muchos de mis compañeros no conectaban con la lectura, algo completamente normal a esa edad. En cambio, para mí fue un descubrimiento absoluto. Me reía, lo disfrutaba muchísimo y sentía que estaba leyendo a un autor contemporáneo. Había algo en la historia que me resultaba increíblemente actual. Me fascinó esa locura de vivir desde la imaginación, de convertir la vida en una aventura. Fue una lectura que me abrió un mundo enorme. Además, gracias a ella descubrí que quería dedicar más tiempo a la literatura. De hecho, durante mucho tiempo quise estudiar esa carrera, pero no lo hice por las típicas presiones de que “no tiene salidas” o “no vas a vivir de eso”. Lo bonito es que, después de terminar este disco, decidí que sí voy a estudiar Literatura. Siento que también forma parte del camino que empezó con Cabriola.
Qué bonito. Además, siento que este disco ya funciona casi como un libro.
Totalmente. Creo que estudiar Literatura es una decisión que solo puede tomarse por pasión, y en este momento tengo muchísimas ganas de hacerlo.

Vivimos rodeados de ruido, de opiniones y de estímulos constantes. ¿Crees que hoy es más fácil perder nuestra propia voz?
Qué bonita pregunta. Curiosamente, siento que mi voz nunca me ha fallado. Lo que me han fallado son los oídos. Tengo acúfenos, que son esos pitidos constantes que aparecen en los oídos, y eso terminó influyendo muchísimo en Cabriola. De alguna forma también representaban esa necesidad de escapar de una realidad que, por momentos, se volvía muy incómoda. Con el tiempo he pensado que esos pitidos eran casi una manera que tenía mi cuerpo de decirme: “No quiero seguir escuchando esto”. No quiero escuchar esas ideas negativas sobre mí misma. Creo que, como muchos artistas, he sido muy dura conmigo. Muchas veces la primera persona que me ha dicho cosas que no necesitaba escuchar he sido yo. Por eso me parece muy bonito pensar que, aunque mis oídos me hayan fallado alguna vez, mi voz siempre ha estado ahí para expresar todo lo que necesitaba decir.
En ‘Dulcinea’ sentí esa idea de que la imagen que los demás tienen de nosotros no siempre coincide con quienes realmente somos. ¿Cómo nació esta canción y por qué elegiste precisamente a Dulcinea?
Antes incluso de empezar el disco ya sabía que quería escribir una canción llamada ‘Dulcinea’. Siempre trabajo con una libreta donde voy apuntando títulos, ideas y temas que quiero desarrollar, incluso antes de tener la música. Cuando Pau Aymí, que produjo el álbum conmigo, me enseñó la base de esta canción, sentí que era el momento perfecto para contar esa historia. Para mí, tiene dos grandes significados. El primero era darle voz a un personaje que prácticamente nunca la tuvo. En Don Quijote, Dulcinea existe casi exclusivamente como el ideal que persigue el protagonista. Me parecía muy interesante imaginar qué habría pensado ella de toda esa historia. El segundo tiene un componente mucho más personal. Sabemos que Dulcinea en realidad era Aldonza Lorenzo, una mujer completamente distinta de la imagen idealizada que Don Quijote había construido. Esa diferencia entre la persona real y la versión imaginada me hizo reflexionar sobre mí misma. Muchas veces yo también he sido mi propio Quijote. He perseguido una versión idealizada de Dianka, una artista perfecta que sentía que debía alcanzar. Creo que la canción nace precisamente de esa tensión entre quién eres y quién crees que deberías ser.
Además de Don Quijote, aparecen Heidi y Pippi Calzaslargas. ¿Qué representan ellas dentro de Cabriola?
Siempre pienso que sería maravilloso ver a Heidi y a Pippi compartiendo una historia. Las dos tienen algo muy importante en común: una rebeldía completamente natural. Yo nunca me he considerado una persona especialmente rebelde. Al contrario, siempre fui la niña que quería hacer todo bien, seguir las normas y no equivocarse. Con los años entendí que esas protagonistas representan una forma muy distinta de rebeldía. No nace de llevar la contraria, sino de escuchar esa verdad interior que todos tenemos y que muchas veces dejamos de lado para adaptarnos a lo que esperan los demás. Hace poco volví a ver Heidi y me emocionó muchísimo. Sentí que conectaba con una parte de mí que muchas veces olvidamos cuando crecemos. De niños esa esencia está muy presente. Después, poco a poco, parece apagarse. Para mí, Heidi y Pippi simbolizan justamente eso: la libertad, la autenticidad y esa rebeldía que consiste simplemente en ser quien eres.
Es como preguntarte: “¿Qué haría Heidi en mi lugar?”
Exactamente. De hecho, eso fue lo que hice. Pensé: “¿Qué haría Heidi?”. Y la respuesta fue irse a los Alpes… así que terminé yéndome a los Alpes [risas].
En Cabriola también se perciben muchas influencias de las décadas de los 60 y los 70. Mientras escuchaba el álbum pensaba en cómo la música de esa época tenía la capacidad de transportarte a otros lugares. ¿Cómo nació esa conexión con esos años?
Desde muy pequeña veía un programa en España llamado Cine de barrio, donde emitían películas de los años sesenta y setenta. Ahí descubrí a Marisol, Rocío Dúrcal y muchas artistas que me fascinaron. Recuerdo verlas y preguntarme: “¿Qué es esto?”. Había algo en ellas que me atrapaba profundamente. Siento que Marisol comparte una esencia muy parecida a la que encuentro en personajes como Heidi o Pippi. Es difícil explicarlo, pero todas transmiten una inocencia muy especial. Creo que gran parte del arte de aquella época conservaba una mirada mucho más ingenua sobre el mundo. Todo parecía nuevo, más frágil, más tierno. Quizá por eso sigo volviendo constantemente a esa música. Me recuerda una pureza que siento que, con el paso del tiempo, hemos ido perdiendo.
¿Qué te permite contar un personaje que quizá no podrías contar desde el “yo”?
Creo que hay partes de nosotros que no siempre queremos reconocer. Por ejemplo, una de las canciones del disco habla de algo que me cuesta mucho admitir: aunque soy una persona muy sensible, también hay momentos en los que desconecto completamente de mis emociones. En situaciones muy extremas puedo llegar a ser muy fría. Durante mucho tiempo no encontraba la manera de expresar esa contradicción hasta que apareció esa canción. También me pasa con mi relación con la música. He sentido toda mi vida que la música ha sido una batalla constante. Imagino esa relación como un duelo eterno con espadas. Es algo a lo que amo profundamente, pero que al mismo tiempo me exige, me enfrenta y me pone constantemente a prueba. Durante mucho tiempo me dio miedo reconocerlo porque parecía casi una traición decir que la música podía sentirse también como una enemiga. Pero esa contradicción también forma parte de mí.
Decidiste dividir Cabriola en dos partes. ¿Por qué contar esta historia de esa manera?
Porque siempre pensé este proyecto como un libro. Y un libro necesita tiempo. Siento que Cabriola es un proyecto muy denso, lleno de referencias, detalles y capas de significado. No quería que todo apareciera de golpe. Existe una expresión en catalán que me gusta mucho y que habla de dejar que las cosas reposen. Creo que este disco necesitaba exactamente eso. También influye la manera en la que consumimos música hoy. Todo sucede muy rápido. Un álbum sale y, una semana después, parece que ya desapareció. Yo quería darle más vida al proyecto. Que cada parte pudiera respirarse, descubrirse y masticarse con calma. Incluso yo necesitaba ese tiempo para terminar de comprender todo lo que había creado.

Te parece si hacemos unas preguntas rápidas, la idea es responder lo que te venga en mente.
¡Claro!
¿Cuál ha sido tu mayor acto de rebeldía?
Con este proyecto. Decidí asumir las riendas creativas en todos los aspectos posibles: la dirección artística, la edición, el vestuario, el universo visual… Ya participaba en esas decisiones, pero ahora sentí que debía confiar completamente en mi criterio. Ese ha sido mi mayor acto de rebeldía.
¿Qué palabra te gusta más?
“Triquitra”.
Es una palabra que descubrí en una zarzuela y que terminó convirtiéndose en el título de una canción del disco. Me encanta cómo suena. Además, representa ese traqueteo, ese ruido constante de la ciudad que también atraviesa Cabriola.
¿Qué canción te habría gustado escribir?
‘Tic Tac’ de María Arnal. También ‘Glue’ y ‘Family and Friends’. Son canciones que conectan conmigo de una manera muy concreta y siempre pienso: “Ojalá las hubiera escrito yo”. Y, por supuesto, cualquiera de Marisol.
¿Qué libro te acompaña actualmente?
Olvidado rey Gudú de Ana María Matute. Es una escritora que me ha acompañado durante muchos años y a la que admiro profundamente. Para mí, Ana María Matute también tiene algo de Heidi.
Si pudieras resumir Cabriola en una sola imagen, ¿cómo sería?
Podría decir que sería el instante de un salto, porque es la imagen más evidente. Pero, en realidad, me imagino un cuadro lleno de pequeños detalles. Desde lejos quizá solo verías el salto. Sin embargo, si te acercaras con una lupa empezarías a descubrir un caballo escondido, una cabrita, un libro, pequeños símbolos repartidos por toda la imagen. Creo que Cabriola funciona exactamente así: primero ves el conjunto, pero es en los detalles donde realmente empieza la historia.
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De La Rose emerge para sacar el sencillo titular de su EP que saldrá más tarde este año. ‘La Monda’ con la superestrella colombiana, Ryan Castro, sale hoy según Warner Media. El tema se construye sobre ritmos hipnóticos de dancehall, melodías contagiosas y una química tremenda. ‘La Monda’ es un himno seductor que explora la conexión irresistible entre dos personas incapaces de resistir la atracción mutua, impulsada por el coqueteo, la confianza y una energía magnética, la canción captura la tensión emocional entre el deseo y la tentación.
La puertorriqueña, ganadora de “Rising Star Femenino” del Premio Tu Música Urbano Mix 2026 de Telemundo, reconocida por grandes artistas como Bad Bunny y Omar Courtz, continúa su ascenso astronómico en la industria. Con cada lanzamiento, continúa expandiendo su visión creativa. Su audaz estilo narrativo, su sonido que fusiona géneros y supresencia escénica la han posicionado entre la nueva generación de artistas que están dando forma al futuro de la música latina. ‘La Monda’ representa otro gran paso adelante en su evolución. Según un comunicado de prensa, el video musical saldrá muy pronto.
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Hace casi dos años, Girl Ultra nos sorprendió con el sonido experimental de blush, su más reciente EP. Ahora, la artista oriunda de la Ciudad de México da inicio a una nueva etapa en su carrera con ‘Denisse’, un nuevo sencillo con el que oficialmente arranca el camino hacia el estreno de su nuevo álbum de estudio, RRRomeo.
Si bien este nuevo material verá la luz en octubre, es un proyecto en el que Girl Ultra ha estado trabajando durante casi cinco años. Es el resultado de una larga amistad con el dúo canadiense Chromeo, quienes no solo aparecen en diversas canciones del álbum, sino que también son coproductores junto a la cantautora. “Me invitaron a Los Ángeles a empezar esta producción que no sabíamos en qué se iba a tornar en ese entonces, pero las canciones surgieron hace cinco años y se fueron modificando y me las traje para acá e hice la producción de este lado. Pero sí fue un proceso de añejamiento bastante largo”, cuenta la artista en exclusiva para ROLLING STONE en Español.
Debido a la anterior, este álbum es mucho más que un compilado de canciones. “Definitivamente este disco para mí cumple esa función de completar un círculo, de trabajar con un proyecto que yo crecí escuchando en esta ciudad cuando empecé a salir y empecé mi vida nocturna en la Ciudad de México”, cuenta la cantautora mexicana.

Aunque la historia pública de RRRomeo se remonta a hace poco más de un año, cuando la artista estrenó ‘Tomás’, sencillo donde también colaboró con Empress Of. “Fue como un pequeño gimmick de lo que podía llegar a ser este álbum”, reveló la autora del proyecto. El sencillo tiene un sonido marcado por un conjunto de sintetizadores deliciosos que establecieron la pauta para lo que sería esta nueva faceta de Girl Ultra como proyecto artístico.
Si ‘Tomás’ salió primero, ¿por qué esta nueva etapa comienza con ‘Denisse’? “Creo que es la canción que se sale más un poco de la narrativa, del romance, de la fricción y del erotismo del disco”, responde Girl Ultra. “Me pareció lindo reabrir esta conversación de Girl Ultra con este tema, que es honesto, que es crudo y también es tal vez lo más uplifting que he escrito en mi vida”.
A pesar de que RRRomeo es el resultado de cinco años de trabajo, únicamente estará conformado por ocho temas, lo que requirió de un proceso de selección y depuración riguroso marcado por el crecimiento y la madurez de Girl Ultra como artista. “Creo que viene con la edad y con la seguridad que uno se gana trabajando y cagándola. De repente hay temas allá afuera que todos tenemos que dices, ‘Uy, igual me lo hubiera ahorrado’”, dice.
El primer álbum de Girl Ultra fue lanzado hace casi diez años y con cada nuevo material se nota una evolución en su sonido, producción y composición. “Como intérprete, uno siempre va a ser rejego y un cantante siempre va a cantar mejor al día siguiente, así que era un reto escuchar. Hay ciertas cosas que se encapsulan en el demo, ciertas cosas infantiles que yo no pude replicar porque hace cinco años mi voz sonaba más infantil. Siento que ahora ya tengo voz de mujer, de treintona. Es chistoso. Es como sentarte contigo más joven en un cuarto y decir, ‘A ver, esto se queda, esto se va’. Es una conversación abierta”, cuenta la mexicana.

“Es un disco corto pero son canciones largas. Hay más historia dentro de cada canción”, revela la artista. Puede que un artista tenga cariño por las piezas que compone, pero eso no significa que todas funcionen de la misma forma. En este caso, Girl Ultra priorizó que todo fuera en función del álbum y no para recibir buenas críticas, sino para que ella misma pudiera disfrutar de todo el proyecto. “Me encantan los discos que te dan el factor replay. Creo que eso es algo que he notado en todos mis materiales”, comparte. “Y esto no lo hago por la gente, lo hago por mí como escucha, que de repente encuentro una cohesión de este universo y nada le sobra, nada le falta”.
Este nuevo disco verá colaboraciones con distintos artistas, siendo quizá la más llamativa junto a Buscabulla. “Son uno de los proyectos pop latinoamericanos más consistentes que he escuchado desde que era más chica. Y en este disco dije, ‘Quiero tener dos de esas voces que he admirado desde hace tantos años del pop’”, menciona la artista. “Quería hacer este homenaje a esta época de autoconocimiento entrando en la música y estas voces”, añade.
Al igual que blush, este nuevo álbum gira alrededor de un mismo concepto. “Es una exploración fetichista de los ochentas, del erotismo en el sonido, de la oscuridad del pop”, externa Mariana. “Es un disco muy sexual, pero a la vez es sugerente, no es explícito, como todas estas canciones de Daniela Romo, de Yuri, donde te sugieren un acto, pero no está pintado. Para mí esto era la exploración máxima”.
Esto se ve reflejado en la portada, donde la cantautora aparece besándose con un chico. “La intimidad de un beso, de ver a alguien besándose, es algo complicado de compartir. Quería encapsular eso. Un beso para siempre con una persona en un vinilo, me parece algo para la posteridad igual”, revela.

Siguiendo con esta idea, el sonido de RRRomeo se vio influenciado por la música de la época, aunque sin perder esa esencia experimental que caracteriza a Girl Ultra. “Hay temas en los que se crea un dancefloor que dura cinco minutos; que surge del gusto por el puente instrumental de antes, que duran un minuto entero sin que nadie cante y se construye un universo sonoro. Son cosas que no me permitía blush, que en RRRomeo dije, ‘Tengo 30 años, puedo hacer que mi canción dure 15 minutos si quiero’”, comparte.
Y es que la experimentación y evolución sónica constante son fundamentales en el desarrollo de su carrera. “Siempre he visto a Girl Ultra como un espacio de vanguardia y de exploración sonora. Creo que con los años he entendido que en Girl Ultra me puedo permitir hacer un género y darle un giro a donde yo quiera. Las posibilidades son infinitas”, externa.
Aunque, a pesar de su sonido y estética, lo que promete definir a RRRomeo es un llamado de Girl Ultra a la audiencia; una invitación a volver al romance de antaño y experimentar esas aventuras que cada día se ven menos. “Que traigan el romance de vuelta, que se besuqueen en todos lados. Yo quiero que eso vuelva. El romance se murió hace rato, así que quiero que este disco traiga eso; que reviva a todos los románticos de esta ciudad y del mundo”, finaliza.
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Después de crecer frente a millones de espectadores como Mike Wheeler en Stranger Things, Finn Wolfhard atraviesa un momento de reinvención. Lejos de quedarse atrapado en el fenómeno que marcó su adolescencia, el artista canadiense ha encontrado en la música un espacio para explorar quién es ahora: un lugar donde las guitarras, la vulnerabilidad y la espontaneidad hablan por él.
Con Fire From The Hip, Wolfhard abraza una nueva etapa creativa impulsada por el instinto y la libertad. Entre influencias del country, americana y el rock and roll clásico, el álbum captura la energía de una banda tocando en vivo y la urgencia de crear sin esperar el momento perfecto. En conversación con ROLLING STONE en Español, el músico reflexiona sobre crecer bajo la mirada pública, producir sus propias canciones y la importancia de seguir evolucionando.
Entonces, ¿qué has estado haciendo estos días?
Todo bien, he estado ocupadísimo con este mi álbum (Fire From The Hip) que saldrá pronto. Así que le he estado dedicando harta energía y también volví a mi casa en Vancouver (British Columbia, Canadá), que es donde vivo la mayor parte del año cuando no estoy haciendo otras cosas. He estado intentando relajarme antes de mi tour, en realidad.
Escuché tu álbum y ¡me gustó mucho!
Gracias, gracias
Tiene un sonido cálido, muy honesto y orgánico. ¿Por qué crees que este fue el momento indicado para hacer Fire From The Hip?
Creo que fue esa energía insólita que absorbí cuando estaba en tour el año pasado con mi banda, fue un viaje espectacular… y tenía estas canciones y decía “oigan, deberíamos tocar este nuevo tema en vivo por la noche, ya saben, para intentarlo a ver que pasa”, una canción inédita, ¿sabes?
Todos tenían buenas vibras al respecto y pienso que tenían ideas muy chéveres para el show, decíamos “¡Uy, le deberíamos añadir esto!”, o también “¡de pronto lo toque así!”. Se sintió muy… orgánico, muy bien, o sea, sentí que esta gente, los que tocan para mi banda (The Slaps) se integraron de tal manera que hizo clic en el momento.
Además, había querido sacar un disco hace resto, porque, para mi primer álbum, Happy Birthday, tuve que esperar un año y medio para publicarlo por qué estábamos en la espera de que saliera Stranger Things para darle el tratamiento del tour y compartirlo con la prensa.
En esa época escribí varias de las canciones para Fire From The Hip porque estaba que me escribía un nuevo álbum. Así que, apenas capturamos esa buena energía entre nosotros, queríamos continuar con eso. Lo grabamos rapidísimo, fue un cambio tremendo, lo grabamos al inicio del año y ahora está que sale en el verano (el álbum sale el viernes 10 de julio). Así que siento que tengo mucha suerte por todo esto por qué usualmente se demora un año por lo menos para que salga al público.
¡Claro! Es muy bueno pasar por esta fase y sacarlo delante de una
Definitivamente, si todos tuvieran la oportunidad sería increíble; Fire From The Hip (Fuego Desde La Cadera en español) encapsula ese sentimiento de ir ¡YA!, y creo que el proceso de grabación refleja esa sensación. Estoy convencido de que muchas bandas anhelan sacar su música lo más instantáneo posible, por eso siento que tuve mucha suerte.
Increíble, ¿Descubriste algo nuevo sobre ti mismo mientras hacías este álbum?
Sin duda, pienso que producir un disco cuando estás solo o tienes un equipo pequeño de personas o algo por el estilo te deja ser sincero y ser vulnerable emocionalmente. Por ejemplo, coproduje mi primer álbum con mi amigo Kai, y él… fue asombroso para trabajar, pero aprecio sobre todo la libertad que sentí al poder hablar de lo que quisiera con Kai. Cuando no sabía qué hacer, simplemente le preguntaba y lo sacábamos adelante.
Obvio, con este récord, tuve la opinión y ayuda de muchos amigos a los que les podía hablar, pero esta vez quería aprender de mí como alguien que es capaz de ser un productor individual. Siento que tenía muy clara la meta en cuanto al sonido que estaba construyendo. Sentí que pude confiar en mi intuición, en mis referencias, en cómo quería que sonara la percusión, cosas así.
Me di cuenta de que adoro ver a la gente expresarse y tocar lo que deseen. Entonces quería encontrar ese balance colaborativo entre lo que la banda quería y los límites que veía necesarios para lo que quiero de mi álbum. Fue un proceso de aprendizaje, o sea, produje muchas de las piezas que toqué con mi anterior banda, The Aubreys, aprendí mucho, pero la diferencia es gigante cuando se trata de un estudio más grande y desafiante que en mis proyectos más pequeños.
Dijiste que habías encontrado tu sonido y siento que exploras muchos géneros musicales en el álbum, pero aún existe un sonido coherente que amarra la experiencia.
Esa es la evidencia del trabajo de mi ingeniero y mezclador, Andrew Humphrey, quien es brillante y ha hecho algunos de mis discos de rock and roll favoritos, de verdad sabe como amarrar el sonido de un proyecto y en la mezcla, la mezcla es clave.
Creo que mucho del sonido del récord refleja nuestras relaciones y la gente que estuvo ahí mismo, lo que sentíamos en el momento, por ejemplo, grabamos muchas de las canciones en vivo y también nos aseguramos de darnos nuestra libertad sin que se saliera de control para que el álbum fuera coherente. Todos estábamos en la misma página, sabíamos lo que queríamos hacer y eso fue una gran ayuda porque nadie estaba perdido.
En cuanto a la producción, siempre que terminábamos una canción, escuchábamos la anterior para saber si aún seguíamos esa línea sónica similar entre cada una. No queríamos añadir cosas solo porque queríamos, sino también por lo que eso contribuía a la canción para que tenga sentido dentro de la canción.
Además, el álbum no tiene tantos instrumentos, sigue siendo muy simple, eso me gustó, no estaba sobredimensionado (over-engineered).
Sí, claro, exacto

Hablemos acerca de algunas de las canciones… A mí me gustó mucho ‘Light Goes Down’ ¿Qué nos puedes contar acerca de ese tema?
Esa canción… la hemos tocado en tour durante un largo tiempo, esa probablemente fue la primera, la que estableció el tono “country side” del álbum por qué… creo que Rand, el guitarrista, a pesar de que no toca country, tiene esa vibra americana llena de alma y pasión cuando toca la guitarra. Y escuchamos mucho country viejito, tipo, Uncle Tupelo o, aunque admito que no es tan country, Tom Petty, escuchamos todas esas bandas, como Grateful Dead, esa vibra country/americana que he querido tocar hace mucho tiempo y en esta canción encontré una ventana de oportunidad para realizar ese deseo.
Fue divertido crearla por la letra y por las referencias que pude insertar de la cultura pop. En pocas palabras, es una canción acerca de mí yendo a ver Batman, el de Robert Pattinson… La he vuelto a ver, me gusta mucho, pero en ese momento en mi vida que fui a verla estaba deprimido y no sabía que estaba deprimido, así que cuando me estaba quedando dormido viéndola fue una señal que no me estaba sintiendo bien. En general hay referencias a películas y cosas así, pero en esta canción le doy un giro más cómico. Hay un optimismo ahí, pero pues…
También me gustó ‘Oscilloscope’, es muy bonita.
¡Uy gracias!
Esa es la canción que tiene más de los “Slaps” (la banda que acompaña a Finn), tiene esa influencia muy marcada. También estábamos hablando de, por ejemplo, de Minutemen, canciones que tienen estos aspectos más rápidos y excéntricos. Por eso me encanta esa canción. Gracias.
Muchas personas te descubrieron cuando eras mucho más joven, ¿de qué manera crees que tu música permite que otros te conozcan como eres ahora?
Creo que fue una gran manera de mostrarle al mundo como… quien soy yo ahora, ¿sabes? Y siento que eso es lo más chévere de tener la posibilidad de hacer estos proyectos. Da miedo publicar o lanzar algo porque, cuando sale, se queda ahí para siempre, pero también hace estas dos cosas, donde trabajas para que se sepa en el futuro mientras vives en el presente.
Este álbum significa mostrar quien soy en este momento en mi vida y eso es precioso por qué pues… a final de cuentas siempre seré ese chico de la serie (Stranger Things) y pienso que fue increíble y me alegra serlo, pero al mismo tiempo, me alegra saber que, para mi desarrollo y mi salud, puedo demostrar que he crecido y que en varios aspectos ya no soy ese niño. Quiero que sepan que soy un adulto que está intentando encontrar el significado en su vida y que le apasiona hacer música, así que ha sido muy lindo… Además, aprecio poder ver hacia atrás y darme cuenta de cómo me sentía en ese periodo de mi vida.
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El Paul Atreides de Timothée Chalamet enfrenta las consecuencias de cegarse por el poder en el nuevo tráiler de Duna: parte 3. La adaptación cinematográfica de El mesías de Dune, novela de Frank Herbert, dirigida por Dennis Villeneuve estará ambientada casi dos décadas después del final de Duna: parte 2, cuando Paul asume el control del imperio.
En este nuevo adelanto, Chani (Zendaya) abandona a Paul al sentirse traicionada. “Confié en ti. Me prometiste que nunca tomarías el poder para tu beneficio”, le dice al inicio del clip. Hayt, el personaje interpretado por Jason Momoa, cuestiona las acciones de Paul como emperador y le dice que ya no tiene salvación. En otra escena, le presenta una “propuesta de paz”, pero esta tiene un precio: su destrucción.
Un Robert Pattinson de cabello rubio y sin cejas hace su aparición como el villano Scytale, quien está detrás de un plan para forzar un cambio de régimen. Florence Pugh, como la Princesa Irulan, lo cuestiona y le advierte que acaba de firmar su condena de muerte, pero este le responde, “Encontré a alguien”. Enseguida, se muestra a Chani llamando al gusano de arena.
De acuerdo con la sinopsis oficial, el protagonista es “atormentado por visiones del colapso imperial”, situación que se muestra en el tráiler cuando menciona que ya no puede ver su futuro. “El futuro tiene una forma de hablarme”, dice con aflicción. “Pero no veo lo que me depara”.
Además de Chalamet, Zendaya, Momoa y Pugh, el filme también verá el regreso de Rebecca Ferguson, Charlotte Rampling, Anya Taylor-Joy y Javier Bardem. Esta vez, el reparto principal se complementa con las nuevas apariciones de Pattinson como Scytale e Isaach De Bankolé como Farok.
Duna: parte 3 llegará a los cines del mundo en diciembre.
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La estrella de la animación infantil pareció lanzarle indirectas en su entrevista más reciente con Pitchfork. Este comentario surgió después de que Peppa elogiara a otras artistas como Rihanna, P!nk, Shakira y Dua Lipa. Al preguntarle si conocía a Clairo (Claire Cottrill), respondió con un breve y simple “No la conozco”, seguido de un silencio incómodo.
La desestimación del cantante pop por parte de la cerdita fue reconocida primero por Pink Pantheress, quien, en respuesta a los elogios de Peppa dentro de la misma entrevista, dijo: “Nada de dulce ni qué ocho cuartos hasta que respete a Clairo”.
Esto desató polémica en los comentarios, donde usuarios reaccionaron con su rechazo ante la actitud de Peppa con posts como “La Peppa siempre de igualada con otros. Échenla a la parrilla de una vez”, y efectivamente otros lo expresaron de una manera más… visual.
La segunda reacción de alto perfil vino con la respuesta de Claire Cottrill, la cual publicó en su cuenta de X (Twitter) un pantallazo de sus mensajes privados con Charli XCX, la cual le envió la foto de la cita de Peppa con el comentario “Aniquilémosla”.
A partir de ese momento, además de las fotos de tocineta frita, lechonas a la brasa y el ocasional comentario expresando compasión por la rostiza que le están dando a Peppa en redes, se empezaron a confeccionar parodias de otras celebridades respondiendo a la controversia como esta de Mitski.
Finalmente, Clairo quiso decir que ya era suficiente, pero de todas maneras, nadie se tomó esto en serio. Incluso hasta las últimas horas, las personas en redes, incluyendo el crítico de música estadounidense Anthony Fantano, continuaron apoyándola en esta batalla de titanes. Peppa aún no ha ofrecido ningún comentario ante la polémica.
Toda esta situación se desarrolló con rapidez y humor, no se necesita un experto para admitir que este es un suceso que es típico del internet, es decir, un chiste exagerado que se sale de control y nadie sale herido de verdad.
Sin embargo, como muchos memes o campañas orgánicas virtuales, siempre se encuentran unos granitos de verdad. En mi opinión, el enfrentamiento entre el internet y Peppa, parodia la cultura de fans o “Stan Culture”, la actitud de fanáticos de defender a sus artistas favoritos hasta el punto de mandar amenazas de muerte a quien se atreva a criticar u ofender a su precioso angelito.
En cuanto a la crítica a la actitud de Peppa Pig, esto se ha discutido en profundidad por cómo actúa en su show animado, donde se ha criticado su arrogancia y su actitud grosera desde 2017. Entre anécdotas de niños adaptando esos comportamientos y estudios académicos que buscan definir el impacto de dicha representación se continúa la búsqueda de la respuesta a la pregunta “¿Ver Peppa Pig le está haciendo daño a mi hijo?”.
Se han realizado análisis que dicen que por la edad (4 años) del personaje y su audiencia susceptible al cambio promueve hábitos dañinos y poco saludables, hasta análisis que elogian su representación honesta que refleja cómo se sienten los niños de esa edad. En general, el público se encuentra dividido frente a si es “buena” o “mala”, o si la “aman” u “odian”, algo que se ve reflejado en la entrevista con Pitchfork.
Algo que fue refrescante fue ver un lado nuevo de Clairo, la artista se mantiene fuera de la farándula negativa del internet (excepto por las acusaciones tempranas de ser una planta de la industria durante su disparo a la fama en 2017 con su canción viral ‘Pretty Girl’). Además, su música es dulce, emocional, con una voz silenciosa que te llena de melancolía solitaria y una alegría desaturada… su personalidad musical es la antítesis a las estrellas que se sumergen en drama o tienen fans que la defienden a capa y espada, es decir, ella es la mítica “unproblematic queen” que ahora sabemos que no le tiene miedo a divertirse con la polémica, siempre y cuando no le haga daño a nadie.
En conclusión, habrá que esperar el diss track de Peppa o Clairo será coronada como la victoriosa en esta contienda pintada de grasa de cerdo y memes de internet.
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La televisión latinoamericana siempre ha encontrado en el melodrama uno de sus lenguajes más fértiles. Sin embargo, cada época obliga a replantear sus códigos. Los encantos del sinvergüenza, serie basada en la novela Memorias de un sinvergüenza de siete suelas de la escritora colombiana Ángela Becerra, parte precisamente de esa necesidad de actualizar una tradición sin renunciar a ella.
La serie convierte una historia esencialmente romántica en un relato donde conviven el suspenso, el thriller, la comedia negra y el melodrama clásico. La adaptación introduce una estructura narrativa en dos tiempos, un misterio alrededor de la muerte de su protagonista y un conjunto de personajes que constantemente cuestionan conceptos como la fidelidad, el deseo, la libertad y las distintas maneras de entender el amor.
Al frente del reparto aparece Manolo Cardona como Francisco Valiente, quien además participa como productor ejecutivo del proyecto. Lo acompañan Erick Elías como Bernardo Villafranca y Daniela Álvarez como Morgana Villafranca, intérpretes que construyen personajes atravesados por la ambición, la pasión, los resentimientos y los secretos. Conversamos con ellos sobre el reto de adaptar una obra literaria muy querida, la vigencia del melodrama y las contradicciones morales de unos personajes que difícilmente pueden dividirse entre héroes y villanos.

Manolo, quisiera comenzar aclarando un concepto. ¿Qué es realmente un sinvergüenza?
MANOLO CARDONA: Un sinvergüenza es una persona extrovertida, alguien que no tiene vergüenza, que es pícaro, aventado, dicharachero, que siempre encuentra la manera de conseguir lo que quiere. Cuando me presentaron a Francisco Valiente no pude decir que no. Es un personaje delicioso de interpretar, con una energía permanente, conquistador, muy extrovertido. Me encantó hacerlo.
¿Ser un sinvergüenza es un defecto o una cualidad?
MANOLO CARDONA: Creo que depende de cómo se entienda. Hay un sinvergüenza positivo: alguien que no tiene miedo, que se atreve, que no pasa por encima de los demás ni hace daño. Pero también existe el sinvergüenza que engaña, que hace trampas, que busca aprovecharse de otros. Francisco Valiente tiene un poco de ambas cosas porque termina siendo una especie de Robin Hood: les roba a los ricos para ayudar a los pobres. Eso no significa que esté bien, pero tampoco estoy aquí para juzgarlo; me corresponde defenderlo.

Daniela, Morgana se mueve entre el deseo, la manipulación y las tensiones afectivas. ¿Qué fue lo que más te interesó explorar de ella?
DANIELA ÁLVAREZ: Justamente que no es un personaje común. Nadie debería ir por la vida comportándose como Morgana y eso fue precisamente lo divertido. Cuando me ofrecieron el papel dije inmediatamente que sí porque era muy distinto a cualquier otro personaje que había hecho. No espero que alguien quiera parecerse a ella; más bien espero que el público vea en Morgana todo aquello que una mujer no debería convertirse.

Erick, en una historia donde prácticamente todos esconden algo, los vínculos son muy inestables. ¿Cómo construiste esa ambigüedad sin perder la coherencia emocional del personaje?
ERICK ELÍAS: Ese fue uno de los grandes retos. Además la historia transcurre entre dos momentos separados por dieciocho años, así que podíamos jugar con todo lo que cambia una persona durante ese tiempo. Bernardo termina siendo un hombre controlador, obsesionado con el poder, pero profundamente inseguro. También está su relación con su hermana y la manera como ambos terminan metiéndose en situaciones que jamás imaginaron. Lo más divertido fue jugar con ese suspenso permanente de quién hizo qué y por qué.
La serie adapta la novela de Ángela Becerra. ¿Cómo dialogaron con ese universo literario para transformarlo en un lenguaje audiovisual?

MANOLO CARDONA: Todo comenzó cuando Patricio Wills nos presentó el libro a Juancho y a mí. Lo leí y me fascinó. Después vino el trabajo de encontrar quién podía adaptarlo y apareció Rosa Clemente junto con todo el equipo de Punta Fina. Lo que hicieron fue extraordinario porque conservaron la esencia del libro, pero construyeron una obra audiovisual completamente distinta.
En la novela no existía toda la dimensión del thriller. Ese fue un gran acierto: contar la historia en dos tiempos y comenzar con Francisco diciendo desde el féretro que quiere descubrir quién lo mató y por qué. Desde ese momento el espectador entra a jugar con nosotros. Además la serie mezcla thriller, suspenso, romance, melodrama, comedia y comedia negra. Esa combinación hace que se sienta diferente.
Visualmente también quisimos alejarnos de las grandes ciudades y regresar a una provincia mexicana con identidad propia, con otros códigos sociales y otra estética. Creo que eso también conecta mucho con el público.

Daniela, ¿cómo fue acercarte a un personaje que existe primero en la novela y luego en el guion?
DANIELA ÁLVAREZ: No alcancé a leer la novela, así que mi acercamiento fue directamente desde el guion. Lo que más me gustó fue que Morgana nunca cae en el estereotipo de la villana tradicional. Claro, hace cosas terribles, pero también tiene humanidad. Lo interesante era no convertirla en un cliché, sino encontrar incluso el humor que existe en muchas de sus decisiones. Hace una pareja muy divertida con Bernardo, que termina siendo bastante torpe en muchas de las situaciones. Disfruté muchísimo descubrir ese equilibrio entre el lado más oscuro del personaje y ese tono de comedia que atraviesa toda la serie.
Erick, ¿cómo viviste ese proceso de trasladar una novela al lenguaje audiovisual?
ERICK ELÍAS: Coincido con Manolo en que el gran acierto fue la mezcla de géneros. Como actor fue muy entretenido jugar con el suspenso, el drama y esos momentos donde aparece la comedia. Cuando leí los veinte capítulos, lo primero que me atrapó fue el misterio. Yo mismo quería descubrir quién era el responsable de todo lo que ocurría. Creo que eso es justamente lo que le pasará al público: desde el primer episodio comienza a hacer sus propias teorías y a jugar con la historia. Esa posibilidad de convertir al espectador en parte del misterio me parece uno de los mayores logros de la serie.
Manolo, adaptar la obra de Ángela Becerra implica traducir una prosa muy íntima a un relato coral. ¿Qué se gana y qué se pierde en ese tránsito?
MANOLO CARDONA: Justamente pasa eso: se pierde cierta intimidad literaria, pero se ganan muchas otras posibilidades propias del lenguaje audiovisual. En la novela uno conoce los pensamientos de los personajes porque los está leyendo. En una serie eso no existe. Necesitábamos una herramienta que permitiera entrar en la cabeza de Francisco Valiente y por eso decidimos utilizar la voz en off.
Era importante que él siguiera narrando su propia historia, aun estando muerto. Esa voz guía al espectador, une las piezas del rompecabezas y mantiene viva esa relación tan cercana que el libro construye con el lector. Además, al sumar toda la trama del thriller y el misterio alrededor de su muerte, la historia adquiere una dimensión completamente distinta sin perder el espíritu de la obra original.
Daniela, ¿Morgana ama realmente a Francisco o termina enamorándose de la idea que construyó sobre él?
DANIELA ÁLVAREZ: Yo creo que sí hubo un amor verdadero al principio. Morgana realmente se enamoró de Francisco. El problema aparece cuando entiende que él quiere estar con otra persona. Ahí deja de actuar desde el amor y empieza a hacerlo desde la obsesión.
Entonces ya no se trata de una mujer libre que acepta las decisiones del otro, sino de alguien que está dispuesta a hacer cualquier cosa para retenerlo. En ese momento pierde el rumbo y comienza su caída. Lo interesante del personaje es precisamente esa transformación. La Morgana joven tiene un discurso muy libre, muy adelantado incluso para el entorno donde vive. Pero la Morgana adulta termina traicionando esos mismos principios por el deseo de controlar a la persona que ama. Ahí está toda su contradicción.
Erick, el humor negro suele revelar aquello que preferimos callar. ¿Cómo encontraron ese tono sin que debilitara la tensión dramática?
ERICK ELÍAS: Ahí hubo un trabajo muy importante desde el guion y también desde la dirección de Sergio Osorio. Él fue quien marcó con mucha precisión cuándo podíamos ir hacia la comedia y cuándo era necesario contenernos para que el drama siguiera funcionando.
Muchas veces improvisábamos durante el rodaje, pero siempre dentro de una estructura muy clara. Sabíamos perfectamente qué personajes podían llevar más lejos el humor y cuáles necesitaban mantenerse dentro de otro registro. Al final fue como tocar jazz: había espacio para improvisar, pero siempre respetando la partitura que ya estaba construida.

Manolo, el melodrama contemporáneo suele debatirse entre respetar la tradición o romper con ella. ¿Cómo encontraron ese equilibrio para evitar los lugares comunes del género?
MANOLO CARDONA: Esa fue una de nuestras principales preocupaciones desde la adaptación. Cuando uno escucha un título como Memorias de un sinvergüenza de siete suelas, inmediatamente piensa que hoy puede generar muchas interpretaciones alrededor del machismo o de ciertas relaciones de poder. Entonces sabíamos que no podíamos limitarnos a presentar a un sinvergüenza simplemente porque sí.
Lo que hicimos fue construir una historia donde existen muchos puntos de vista. Ahí aparece el melodrama contemporáneo. Conservamos la esencia clásica —esa provincia con sus propios códigos, sus familias, sus jerarquías, sus conflictos amorosos—, pero al mismo tiempo incorporamos conversaciones muy actuales sobre la monogamia, la poligamia, las relaciones abiertas, el amor libre y las distintas formas de entender la pareja.
Por un lado está Morgana, que representa una visión completamente libre de las relaciones. Por el otro está Alma, que encarna esa idea del compromiso tradicional, del “para toda la vida”. Francisco queda en medio de esas dos maneras de entender el amor y el espectador nunca recibe una respuesta definitiva sobre cuál es la correcta.
Eso era muy importante para nosotros: no decirle al público qué está bien y qué está mal, sino presentar todas esas perspectivas para que cada quien saque sus propias conclusiones. Estoy seguro de que habrá quienes sean Team Alma y otros que se identifiquen más con Morgana. Eso significa que la serie logra abrir una conversación, que era justamente uno de nuestros objetivos. Además, visualmente conserva esa estética del melodrama clásico, pero con actuaciones mucho más naturales y contemporáneas.
Daniela, justamente hablando de Morgana, recordé una idea que me compartieron alguna vez: en una sociedad profundamente machista, muchas veces las mujeres que no orbitan alrededor de un hombre terminan siendo vistas como villanas. ¿Cómo abordaste esa libertad del personaje sin perder de vista su lado más oscuro?
DANIELA ÁLVAREZ: Yo creo que la Morgana joven representa precisamente esa libertad. Es una mujer que vive bajo la idea de disfrutar la vida, de no limitarse, de cuestionar muchas reglas, y además hace eso dentro de una provincia donde esa manera de pensar resulta todavía más llamativa. El problema aparece cuando deja de actuar desde esa libertad y empieza a actuar desde el resentimiento. Ahí ya no dice: “Si él no quiere estar conmigo, lo dejo ir”. Lo que hace es todo lo contrario: decide retenerlo a cualquier precio.
Ese es el momento en el que pierde completamente el equilibrio. Se traiciona incluso a sí misma. Si hubiera conservado esa visión libre del amor probablemente habría sido otro personaje. Pero termina convirtiéndose en alguien obsesionado con conseguir lo que quiere, aunque tenga que destruir todo a su alrededor.
Y justamente ahí está lo interesante de Morgana. Tiene una luz muy fuerte cuando es joven y después vemos cómo esa misma fuerza termina desviándose hacia un lugar completamente distinto. Es un personaje muy complejo porque conviven esas dos versiones de ella. Lo que no deberíamos hacer nunca es llegar hasta donde ella llega con tal de salirse con la suya.
Erick, en una historia donde el protagonista ya no puede defender su propia versión de los hechos, son los vivos quienes reconstruyen su memoria. ¿Bernardo habla desde la verdad, desde el resentimiento o desde la necesidad de reescribir el pasado?
ERICK ELÍAS: Creo que Bernardo termina convencido de que la versión que cuenta es la verdadera. Tal vez ya no lo sea, pero él la ha repetido durante tantos años que termina creyéndola. Es un personaje que reacciona desde el miedo y desde una inseguridad muy profunda. Él sentía que las cosas estaban donde debían estar, que la relación con Alma tenía un rumbo claro, que las familias compartían una misma visión del mundo. Cuando todo eso empieza a romperse, responde tratando de controlar lo que ocurre.
A partir de ahí va tomando decisiones que lo llevan a construir una realidad cada vez más compleja. Se va envolviendo en sus propias mentiras hasta el punto de que ya no sabe cómo salir de ellas. Más que contar la verdad objetiva, Bernardo termina contando la verdad con la que aprendió a convivir durante todos esos años.
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Hace dos años, House of Vans Ciudad de México organizó un concurso para elegir a una de las bandas que participaría en su ya conocido Bazar de Bandas que toma lugar en el Parque Bicentenario. Entre los proyectos independientes que se presentaron aquella noche, destacó la presencia escénica de Gael Briones —mejor conocido como Galo Barker— un compositor, productor y músico multi instrumentista nacido en Puebla, México, que acababa de presentar su segundo EP, DEMOKID.
Aquella noche, Galo se llevó la victoria del concurso y, semanas después, se presentó en el mismo escenario que Juanpalitoschinos durante el festival. A partir de ahí, muchos de los asistentes lograron descubrir una de las propuestas artísticas mexicanas independientes más interesantes de los últimos años. Pues, con apenas 23 años, se caracteriza por construir desde el riesgo, sin miedo a explorar y experimentar en su sonido, creando nuevas propuestas dentro de la escena musical.
Aunque muchos lo conocieron a partir de DEMOKID, su camino comenzó tres años antes con Dead of Blue Bird, un EP completamente en inglés donde predominaban las influencias del indie alternativo y el R&B, con una propuesta mucho más cercana al rock que la que desarrolla actualmente. Desde entonces, su música ha evolucionado sin perder esa curiosidad por mezclar géneros y reinventar su sonido. Paralelamente, trabaja de tiempo completo como productor musical, colaborando principalmente con artistas emergentes originarios de Puebla, una faceta que también ha moldeado su forma de entender la música.
Después de DEMOKID continuó lanzando sencillos que eran tan buenos, que parecían imposibles de superar, pero Galo siempre lograba hacer magia. Era una gran canción tras otra, como ‘X AQUÍ’, ‘UNNO’ y ‘NRML’. No fue hasta el 16 de octubre del año pasado, con el estreno de ‘SI T VAS’, que la cosa se comenzó a poner seria: Galo estaba preparando su (esperado) álbum debut.
Entre reggae, rock, jazz, R&B, indie y mil géneros más sin etiqueta, sacó cuatro sencillos más, que terminarían formando parte de WOOF, lanzado el pasado 1 de julio de forma independiente. En este proyecto, Galo fungió como compositor, productor e intérprete de las 11 canciones que lo conforman, colaborando con Abu Barret en tres de ellas, y con SASH en una. Es por eso que, en ROLLING STONE en Español, nos reunimos con el artista para descubrir que hay detrás de la mente creativa de Galo Barker, el camino que lo llevó a WOOF y la filosofía que ha construido alrededor de su música.
Primero que nada, ¿quién es Galo Barker?
Soy un músico y productor. Tuve este acercamiento a la música desde muy morrillo y, poco a poco, alrededor de Galo se ha construido una comunidad de músicos en Puebla. Realmente, yo, Gael, siempre le doy crédito a toda la gente que se involucra en el proyecto. Entonces, creo que para mí el ser músico, el ser productor y todo eso, va de la mano con la gente que está apoyándonos y con la gente que se suma al proyecto. Yo diría que Galo es como el conjunto de todas estas experiencias, personas y, en especial, obviamente, la música.
La música ha estado bien presente en mi vida desde bien temprana edad, no conozco otra cosa. Más bien, no hay algo más grande, fuera de la gente, que la música. Es esa combinación de cosillas que hay, de rock and roll, de latino, de todo un poco. Siento que me gusta ser bien diverso y, principalmente, me gusta mucho poder estar en el escenario, poder estar en la música y poder estar con los panas. Siento que esto me ha permitido ser yo cada vez más y conocerme más.
Mencionas que la música te ha acompañado desde que estabas muy chiquito. ¿Cómo inició ese acercamiento con todo este lado más musical y artístico tuyo? ¿Y cómo pasó a iniciar el proyecto musical de “Galo Barker”?
Mi bisabuela era soprano, cantaba ópera; mi abuela paterna también toca la guitarra; mi tía, mi papá… Por ese lado de la familia, muchos han tenido acercamiento con la música. Desde muy chiquito crecí con jazz, blues y rock. Mi papá siempre me mostró mucha música. Por el otro lado, mi mamá es muy versátil; le encanta la cumbia, el rock, le gusta de todo. Ella siempre me impulsó porque, por ejemplo, a mí no me gustaba ir a clases de música y ella me obligaba. Era como: “Tienes que ir a clases de música” y, obviamente, a la fecha es algo que le agradezco.
Yo iba a estudiar zoología, no música. Me encantan los animales, trabajé en un rancho como cuatro años. Cuando eres joven y no tienes idea de lo que es la industria musical, tienes todas estas barreras de “yo no puedo estudiar esto porque no voy a comer”, por eso mi primera opción fue otra cosa. En la pandemia me compré una interfaz de audio para grabar música en la computadora. Ya hacía música y grababa con mi celular, pero nada estructurado. Fue en ese lapso cuando empecé a grabar muchísima música: cuatro o cinco rolas a la semana. No sabía nada de producción ni de audio, pero las ganas de hacerlo te llevan a buscar cómo. YouTube fue mi maestro.
Mi mamá escuchó las rolas que había hecho y me dijo: “Pues están chidas tus rolas, pero aquí no va a pasar nada. Tienes que salir a tocar, tienes que sacarlas. La artisteada es cuando eres morro y tienes que darle full o nada”. Entonces empecé a hacer mis portadas, pagué la distribuidora para Spotify y en pandemia saqué mi primer EP. Todavía cantaba en inglés. De ahí decidí estudiar Producción Musical. Al entrar a esa carrera me di cuenta del amplísimo mundo que es la industria musical. No solo tienes que ser un rockstar o una superestrella; puedes ser mánager, productor. Desde ahí supe que eso era lo que quería hacer. El primer paso es subir tu música y compartirla con la gente.

Después de ese EP sale DEMOKID. Ahorita, escuchándote, me doy cuenta que haces muchas referencias a todo lo que te pasó, porque también hay una canción donde dices que ya no cantas en inglés.
Es chistoso porque cuando entré a esta universidad de música, realmente en mi entorno no había músicos, y Puebla es un estado donde, en ese momento, todavía carecía mucho de proyectos independientes. Casi todo lo que había aquí eran bandas de covers y cosas así; no había mucha gente haciendo música. Actualmente sí, pero en ese entonces no. Entrando a esta escuela fue que empecé a conocer muchos músicos, y ellos me empezaron a enseñar música en español. Topa que yo en la prepa iba a las fiestas y me gustaba mucho el reguetón y el Rels B, pero era algo que yo no consumía. Yo en la prepa era el más fan de los Rolling Stones.
Entonces, estos panas de la universidad me empezaron a enseñar música en español y lo que era el urbano actual. Recuerdo que escuché a ‘BAD BITCH’ de Ca7riel, mucho antes del Tiny Desk y fue justo mi referencia más dura para DEMOKID. De ahí me empecé a empapar de este urbano en español, medio alternativo, medio funky, y el producto fue como esta sátira de “yo nunca he sido rapero, pero me gusta hacer música”. Entonces, de ahí nació todo este concepto. La neta no esperábamos que le fuera tan chido. Justamente fue el primer proyecto en español y todo fue sucediendo como a veces tiene que pasar. Nos abrió muchas puertas y estamos muy, muy agradecidos con ese EP, que nos hizo conocer a bandita chida.
Ay, es padrísimo. A mí me encanta. ¿Lo hiciste cuando seguías en la universidad?
Sí, justo. Fue en mis años de la uni. De hecho, hasta aproveché y lo entregué para varios proyectos.
¿Y qué te dijeron tus profes?
Que estaba chido. De hecho, justo en mi proyecto de titulación, cagadamente, un profe me dijo: “Está chido, pero está muy acá, muy alternativo”. Y yo era como de “No, profe…”.
No entiende la vibra.
Sí, fue esta exploración de escribir en español, porque también, la neta, creas o no, es mucho más difícil el español que el inglés cuando sabes inglés. Porque, si te pones a analizar un poco la música, muchas veces el mensaje en inglés es bien vacío, ¿sabes? O cualquier cosa se escucha bien. En cambio, el español, gramaticalmente, es más difícil de rimar y de que diga algo chido. Fue un salto bien abrupto, pero también bien chido. Obviamente, en la uni aprendí un poquito más de ingeniería y salió chido, la neta. Lo aprecio mucho. Al inicio no lo iba a sacar.
¿En serio DEMOKID no iba a salir? ¿Cómo fue que decidiste sí sacarlo?
Fue más un tema de que ya había hecho casi todo, y creo que muchas veces, como músicos y como personas en general, nos gana el orgullo. Como dicen, tú eres tu peor enemigo. Entonces, siempre nuestros juicios ante lo que hacemos son muy duros. Algo que he aprendido, y de hecho con este disco que acaba de salir creo que es lo que más he aprendido, es que la música es un proceso. Yo en ese momento perseguía la canción perfecta, para mí era de que tenía que darle a la rola. No tanto que fuera un hit ni nada, sino algo que me llenara. Pero no entendía que apenas estaba en el proceso de buscar y de saber quién era.
A la mera hora de escucharlo, para mí no estaba chido. Pero ya habíamos hecho fotos, ya medio había hecho portadas y, unas dos semanas antes, dije “ya no lo voy a subir”. Mis panas me dijeron “Estás, güey, súbelo, está chido”. Y pasó lo que tenía que pasar. Me hubiera arrepentido mucho de no haberlo subido.
Y retomando lo del lenguaje, creo que algo que define mucho tu música, es la manera en la que escribes tus canciones. Tienes un lenguaje muy relajado, muy natural, muy Galo. ¿Cómo logras crear esa narrativa o ese lenguaje en tus propias canciones?
Yo soy productor. Realmente llevo ya dos años produciendo a mucha banda, entonces muchas veces te apoyas de los procesos de las demás personas y, obviamente, eso lo implemento en lo que hago. Considero que a lo mejor lo que ayuda a que se sientan, como dices, relajadas o sueltas, es que en especial, DEMOKID era una etapa de soltura y diversión. Tenía muchas ganas de hacer algo así porque venía del indie, que era más chill. También sirvió mucho porque DEMOKID sucedió durante el transcurso en que empecé a tocar en vivo. Yo nunca había tocado en vivo y, la neta, el en vivo escaló súper rápido. Nuestro tercer show fue en Sala Forum, que es de los foros ya un poquito chidos de aquí de Puebla, y fue mucha gente. Entonces, el escenario también me enseñó sobre la energía de la música, de cómo se transmite y de la importancia de transmitir. Porque siento que yo pensaba mucho en el sonido.
Y el en vivo te baja a la realidad; es todo lo contrario. Es cómo logras hacer sentir a la gente con cómo suena tu música. Siento que eso también influyó en mi manera de soltarme. Me volví menos tímido, porque siempre he sido un poquito timidón. Entonces, creo que eso también ayudó al proceso de que sonara así.
Además DEMOKID te trajo a tocar aquí en la ciudad, que fue en el House of Vans, ¿no?
Justo, sí. También aquí en Puebla hay un festival. El festival más grande que pasa aquí es el Tecate Comuna. Y justo, en un concurso, logramos pasar y tocamos; abrimos el Tecate. Creo que fue nuestro cuarto show. Realmente DEMOKID fue algo que no iba a suceder y acabó siendo la puerta a todo.
Ha sido un viaje. Y ahora pasemos a tu álbum debut, que está llegando dos o tres años después de ese EP. Cuéntanos de WOOF.
Actualmente mi trabajo al cien por ciento es producir y mezclar para otros artistas. Cuando te gradúas empiezas a decir “ok, hay que comer, hay que chambear”, y así empecé a dedicarle más tiempo a las producciones, a producir otros artistas, y realmente me tomó casi año y medio en el que casi no hice nada mío. Sí toqué y todo, pero casi toda la música que trabajé era para otras personas, que fue algo muy bello y muy chido. Obviamente, todo suma. Pero sí llegó este punto donde dije: “fuck, necesito hacer música”.
Este proceso también estuvo acompañado de que, justo por DEMOKID, nos cayó nuestra primera oferta grande de un label, que al final no tomamos por muchas cosas. Pero esta oferta era hacer un disco anual y desde ahí entró una chispita en mí de pensar en qué haría yo ahorita si tengo que hacer un disco. También, como artistas —bueno, personalmente yo—, siento que idealizamos mucho la idea de un primer disco. Que tiene que ser un hit o grabado en estudios carísimos. Y, chistosamente, todo este año de producir y de conectar un poquito más con la música me hizo entender que cuando más me la estaba pasando chido haciendo música era cuando esto era mi hobby, cuando no tenía nada de micrófonos, cuando no sabía nada.
Entonces, un poquito intenté hacer eso con el disco. Intenté recuperar parte de ese proceso, que fue un poco difícil. El disco no fue un concepto desde el principio. Yo diría que es más una recopilación de toda la exploración que tuve musicalmente durante un año, más o menos. Exploré rock, exploré rap, exploré de todo, porque no me gusta encasillarme en un género. También creo que todos los temas son muy personales. Honestamente, siento que este disco sí cambió muchas cosas en mi cabeza. Me volvió un poquito más hippie, de que no se trata tanto de la rola perfecta.
Sí siento que hay rolas del disco que todavía estuvieron en esa etapa de mi vida donde yo buscaba construir un castillote o un coro súper legendario. Pero pienso mucho que los artistas ya no somos dueños de nuestras rolas. Una vez que las sacas, las canciones son de la gente. Entonces, tampoco está chido privar a la gente de algo que le pueda gustar. Así que el disco, en sí, es este proceso personal de entender por qué estoy aquí y por qué hago lo que hago.

Me parece muy simpático lo que compartes de la disquera porque justo hay una línea en DEMOKID que dice “¿Quién quiere grabarle un disco a este morro sin carrera?”. Y al final sí, ese mismo EP, te trajo a alguien que sí quería grabar un disco contigo.
Es una locura, ¿no? Cómo es la vida, cómo se va conectando.
Nos cuentas que has producido a distintos artistas. ¿Con quiénes has trabajado?
He trabajado con pura escena local de aquí de Puebla. Estoy trabajando ahorita con un chavo que se llama René Antonio, al que le está yendo muy bien. También estuve trabajando un año con Adrián Tlapa, que es un artista de aquí de Cholula que hace folklore mexicano y cosas prehispánicas.
Mariano Dev, que también es artista de Cholula. Es muy mi cuate. Trabajamos su primer disco junto con Abu. René y Alboroto también hay unas rolillas… Lily Ballester también es muy buena, aquí de Puebla. Mi intención también es que este año, a finales de agosto más o menos, quiero mudarme a Ciudad de México. Porque igual he conocido mucha banda estos últimos meses, tanto en línea como en persona. Bueno, ahorita un compa nuestro la está pegando bien chido, se llama Lucas Gael. Con él tuvimos ahí contacto en línea y vino a Puebla. Hicimos una rola que ya nunca salió.
También he platicado mucho con Big Sempa. Hay algunos proyectitos ahí que siento que les ha gustado, de cierta forma, lo que han visto que hemos hecho. Y, fuera de ser artista, mi intención también es que no importa si es un feat, si es una producción o si es una mezcla; mi intención realmente es poder compartir lo que hago y mi visión de la música con artistas que también me gusta mucho lo que hacen. Entonces, mi intención con esta mudanza, aparte del proyecto, es colaborar, porque allá está todo.
Es todo un mundo por acá. Ya casi para finalizar. ¿Por qué le pusiste WOOF a tu álbum?
Todo el concepto de los perritos, si lo vemos bien a fondo, no nace de algo súper guau. A mí, Galo, pues así me dicen de toda la vida. El Barker, honestamente, sí fue algo que me inventé hace muchos años, creo que cuando hice mi cuenta de Instagram. Me gustaba mucho esto de los labradores y así. Entonces pensé “ladrador = Barker”. De ahí salió ese nombre. Chistosamente, luego lo usé en Spotify y, desde mi primer EP, como yo hacía las portadas y todo eso, siempre metía perros porque me gustaban mucho. Poco a poco esa imagen del “woof” se fue aliando con el proyecto. Siento que terminó de amarrar cuando, en varios shows, yo usaba como intro unos perros que empezaban a ladrar, y la audiencia ya nos veía y nos ladraba.
Siento que “woof” abarca el origen de todo. Acabó siendo la interacción con los fans, el como nos distinguían. Era de que “el Galo ladrador”, “el guau guau”. Y eso también me llevó a recordar que mi primer loguito fue un perrillo. Después me alejé de eso porque justo DEMOKID era como un alter ego de rapero. WOOF fue regresar un poquito a quién somos.
Este proyecto también es un agradecimiento a toda la banda que ha estado ahí. Te digo, incluida tú. Al final, casi todas las oportunidades que hemos tenido han sido porque la gente nos apoya y porque la gente escucha la música y la disfruta. También es este agradecimiento a los woofs, que han estado ahí asentando las bases de dónde estábamos y por qué hacemos lo que hacemos.
¿Y qué sientes de que te estén igualando con Nsqk? ¿Has visto esos TikToks?
Sí. Lo que he visto es mucho esto de la nueva ola alternativa, que realmente es algo que yo vengo viendo desde hace mucho. Justo Nsqk fue de los primeros proyectos, junto con Yoshi, Jessy Baez, porque siento que el R&B realmente ya no es R&B. El R&B es otra cosa, porque el alternativo en México, después de venir de esta época del trap súper duro y del reguetón, se estancó ahí unos cuatro años. Obviamente iba a venir una ola bien disruptiva. Actualmente es bien difícil categorizar la música. Ya no puedes decir: “Esto es esto”, porque ya no hay géneros de la misma manera. Como todos tenemos computadoras y todos podemos hacer beats —que eso es algo súper chido—, ya no tienes que decir: “Soy rockero” o “soy rastafari”. Ya puedes hacer lo que quieras. Y si me gusta el reggae, puedo usar un poco de reggae; puedo usar un poco de funk. Eso se siente bien chido.
Yo siempre he pensado que, para mí, tiene mucho más peso aportar que crecer. Porque te puede gustar mucho el pop o algo más mainstream, pero al final siento que, como músicos y artistas, tenemos un deber, que es regresarle algo a la música. Y siento que la mejor manera de regresarle es darle algo nuevo. Plastikboy también es uno de los proyectos que me gusta muchísimo, porque siento que sí es esta nueva ola que está buscando algo bien nuevo. Se siente bien chido y agradezco mucho que nos consideren parte de esa ola que apenas va empezando. Obviamente, es algo que nos gustaría mucho. Y también, un día poder colaborar o algo.
Se vendrá Galo… lo manifestaremos. Y ya para acabar, ¿qué canción tuya le recomendarías a alguien para que conozca tu proyecto?
Podría ser ‘AUX4’. Es que, fuck, todas son diferentes. Pero del disco yo diría que puede ser esa o ‘SENSACIONES’.
Más bien, mira, ya sé cuál va a ser: ‘trankilo’, porque tiene tres o cuatro géneros y es todo un trip. Esa podría ser la rola con la que actualmente diría “Con esta conecto”.

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