La música internacional perdió a una de sus voces más reconocidas. La cantante británica Bonnie Tyler falleció a los 75 años, según confirmó su familia mediante un comunicado publicado en redes sociales. La artista permanecía hospitalizada en la ciudad de Faro, Portugal, donde recibía tratamiento médico tras haber sido sometida a una cirugía intestinal.
De acuerdo con la información entregada por sus familiares, la intérprete murió durante la noche del miércoles como consecuencia de la enfermedad por la que estaba siendo atendida. Aunque el comunicado confirmó la causa general del fallecimiento, no se dieron a conocer detalles adicionales sobre el diagnóstico que afrontaba.
“Bonnie falleció de manera inesperada anoche en un hospital de Portugal a causa de la enfermedad por la que la estaban tratando”.
Semanas antes de su muerte, la cantante había sido ingresada en un centro asistencial y, tras la intervención quirúrgica, permaneció en coma inducido mientras los médicos seguían de cerca su evolución.
Una carrera que marcó varias generaciones
Bonnie Tyler alcanzó reconocimiento internacional gracias a una voz inconfundible que terminó convirtiéndose en su sello artístico. Durante las décadas de 1970 y 1980 logró posicionarse como una de las figuras más importantes del pop y el rock, impulsada por éxitos que aún hoy siguen sonando en emisoras, plataformas digitales y karaokes de todo el mundo.
Su mayor éxito llegó en 1983 con Total Eclipse of the Heart, una poderosa balada escrita y producida por Jim Steinman que la catapultó al estrellato internacional. Más de cuatro décadas después de su lanzamiento, la canción superó los mil millones de reproducciones en Spotify, demostrando que continúa conquistando a nuevas generaciones.
En una entrevista concedida al Telegraph en 2025, la artista recordó el impacto que tuvo aquella canción.
“¿Cómo imaginar un segundo que su éxito sería tan enorme, y que personas que aún no habían nacido la cantarían hoy en los karaokes?”
En esa misma conversación también aseguró que, pese al fenómeno mundial en el que se convirtió el tema, obtuvo muy pocas ganancias porque no era la autora de la composición.
De Gaynor Hopkins a Bonnie Tyler
Antes de convertirse en una estrella internacional, la cantante nació con el nombre de Gaynor Hopkins en 1951, en Neath, Gales. Provenía de una familia trabajadora: su padre era minero y su madre se dedicaba al cuidado del hogar y de sus seis hijos.
Desde muy pequeña mostró interés por la música cantando en la iglesia de su comunidad. A los 16 años dejó los estudios y comenzó a trabajar mientras perseguía su sueño de abrirse camino en la industria musical.
En los primeros años de su carrera utilizó el nombre artístico Sherene Davis para evitar confusiones con otra cantante galesa. Sin embargo, tras ser descubierta por el cazatalentos Roger Bell y firmar con RCA Records en 1975, adoptó definitivamente el nombre con el que alcanzaría la fama: Bonnie Tyler.
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Uno de los momentos que terminó definiendo su identidad artística ocurrió después de una cirugía para retirar nódulos de sus cuerdas vocales. Al no respetar el tiempo recomendado de reposo, su voz adquirió el tono rasgado que terminaría convirtiéndose en una de sus principales características.
Los éxitos que consolidaron su legado
Antes de conquistar el mercado mundial ya había llamado la atención con Lost in France e It’s a Heartache, pero fue su colaboración con Jim Steinman la que marcó un antes y un después en su carrera.
Tras el éxito de Total Eclipse of the Heart, volvió a ocupar un lugar privilegiado en la escena musical con Holding Out for a Hero, canción incluida en la banda sonora de la película Footloose, uno de los temas más recordados de la década de los ochenta.
A lo largo de su trayectoria recibió tres nominaciones a los premios Grammy y publicó una extensa discografía que la mantuvo vigente durante más de cinco décadas.
Incluso en los últimos años continuó activa. Poco antes de su fallecimiento presentó el sencillo Only Love y preparaba una gira por distintos países de Europa.
Una artista que nunca se alejó de los escenarios
En 2013 representó al Reino Unido en el Festival de Eurovisión con la canción Believe in Me. Aunque no logró una destacada posición en el certamen, siguió realizando conciertos y manteniendo una estrecha relación con sus seguidores.
Bonnie Tyler también fue reconocida oficialmente por su aporte a la música británica. En 2022 recibió un homenaje por sus servicios a la industria musical y, un año después, fue distinguida como Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE).
Lejos de la imagen de las grandes divas, siempre se definió como una persona sencilla:
“Tengo una vida muy normal y no tengo guardaespaldas: ¡no soy Mariah Carey!”, declaró al Times en 2025.
La cantante estaba casada desde 1973 con Robert Sullivan, su compañero de juventud. Ambos dividían su tiempo entre el Reino Unido y la región portuguesa del Algarve, donde la artista pasó sus últimos meses de vida.
Con su partida desaparece una de las voces más reconocibles de la música contemporánea, pero su legado seguirá vivo a través de canciones que continúan emocionando a millones de personas alrededor del mundo.
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Mucho antes de que Disney descubriera el potencial narrativo de la Polinesia, Robert J. Flaherty filmó Moana (1926), una obra fundamental del cine etnográfico que buscaba registrar la vida, los rituales y las leyendas de Samoa. Un siglo después, aquel título adquiere un significado muy distinto. La Moana de Disney ya no pretende documentar una cultura, sino convertirla en un gran relato mitológico para nuevas generaciones. Primero lo consiguió con una extraordinaria película animada que unía aventura, tradición y algunas de las mejores canciones que se hayan escrito para el estudio, cortesía de Lin-Manuel Miranda. Después llegó una secuela que, pese a su éxito comercial, confundió movimiento con emoción y velocidad con profundidad.
Ahora aparece la inevitable versión de acción real. O quizá habría que dejar de llamarlas así. El término live action o “acción real” resulta cada vez más engañoso. Estas películas combinan actores de carne y hueso con cantidades enormes de animación digital, captura de movimiento y efectos visuales. Ocurrió con The Jungle Book, Beauty And The Beast, The Lion King y vuelve a suceder aquí. Gran parte de lo que vemos sigue siendo animación, solo que disfrazada de realismo fotográfico. No existe una frontera clara entre ambos lenguajes. Disney lleva años intentando borrarla.
También resulta inevitable preguntarse para qué existen estas películas. La respuesta casi nunca es artística. Los remakes en acción real obedecen principalmente a una estrategia de mercado y es la de invitar a quienes crecieron con los clásicos animados a regresar al cine, ahora acompañados por sus hijos. La nostalgia se convierte así en un puente entre generaciones. El problema aparece cuando el resultado no ofrece más que una copia ilustrada del original.
Las versiones como Aladdin, Beauty And The Beast, The Lion King (o incluso Mufasa) terminan justificándose únicamente por su existencia industrial. En cambio, películas como Pete’s Dragon, Maleficent o Cruella comprendieron que una adaptación solo cobra sentido cuando se atreve a contar otra historia, explorar nuevos personajes o replantear por completo el material de partida. Moana no hace ninguna de esas cosas. Y, sin embargo, funciona.
Antes incluso de su estreno ya circulaban en redes sociales las condenas habituales. “Es innecesaria”, “es un reciclaje”, “es otro síntoma de la falta de ideas de Disney”. Internet ha convertido el juicio previo en una forma de entretenimiento. Alguien decreta que una película será un desastre y miles de personas acuden al cine únicamente para confirmar ese prejuicio.
Ocurrió con Snow White, cuya conversación pública terminó siendo mucho más tóxica que la propia película (la cual no es mala, por cierto). Pasó también con The Little Mermaid, donde buena parte del rechazo escondía prejuicios raciales y sexistas antes que argumentos cinematográficos. Incluso películas tan distintas de lo que produce Disney como Emilia Pérez fueron absorbidas por esa lógica de la condena anticipada.
Conviene dejar esos prejuicios en la puerta, porque esta Moana, aunque no revolucione absolutamente nada, recupera la emoción que hizo especial a la versión animada. La gran revelación es Catherine Laga’aia. La joven actriz australiana-samoana entiende que Moana nunca fue una heroína construida desde la épica grandilocuente, sino desde la curiosidad, la duda y la determinación. Su interpretación transmite exactamente esa mezcla de inocencia y liderazgo que convertía al personaje en una protagonista distinta dentro del universo Disney.
A su lado, Dwayne Johnson parece haber nacido para interpretar a Maui. Pocas veces un actor ha transitado con tanta naturalidad entre una versión animada y su equivalente físico. Su carisma continúa siendo inmenso y el personaje conserva esa mezcla irresistible de vanidad, humor y vulnerabilidad. Incluso las canciones funcionan mejor precisamente porque Johnson ya conoce el tono exacto con el que debe interpretarlas. Se podría pensar que esta película es un capricho del actor para regresar a su personaje y difundir su cultura (él también es productor de la cinta), pero como sucede con las acciones de Maui, detrás de la indulgencia se esconden razones nobles y válidas.
Sorprendentemente, las composiciones de Lin-Manuel Miranda han envejecido extraordinariamente bien. How Far I’ll Go continúa siendo una de las mejores canciones producidas por Disney en las últimas décadas, mientras You’re Welcome mantiene intacta esa energía juguetona que convirtió a Maui en un personaje inolvidable. Lejos de sentirse repetitivas, las canciones recuerdan por qué la primera Moana alcanzó un lugar privilegiado dentro del canon musical del estudio.
Thomas Kail, el director de Hamilton, el exitoso musical de Broadway con la música de Lin-Manuel Miranda, entiende que competir contra la animación original sería un error. Su propuesta consiste más bien en traducirla. El océano vuelve a convertirse en un personaje vivo; las aguas conservan esa personalidad casi infantil; el suicida Hei Hei, el travieso Pua, los venenosos Kakamora, el codicioso Tamatoa (con la maravillosa voz de Jemaine Clement) y la volcánica Te Kā, mantienen buena parte de su exuberancia digital. Paradójicamente, cuanto más animada parece la película, mejor funciona. Esa mezcla constante entre imagen real y efectos digitales termina produciendo una experiencia mucho más cercana al cine fantástico que al realismo.
Quizá por eso el calificativo de live action ya resulte insuficiente. Lo que Disney está construyendo desde hace años es una tercera categoría. Una serie de películas híbridas donde la actuación, la captura de movimiento y la animación conviven sin jerarquías.
Esta Moana, eso sí, nunca consigue justificar plenamente su existencia. Recorre prácticamente los mismos caminos narrativos, reproduce la mayoría de las escenas memorables y rara vez sorprende al espectador que conoce el clásico de 2016. En ese sentido, sigue siendo una oportunidad parcialmente desaprovechada.
Resulta inevitable imaginar una alternativa mucho más estimulante. En lugar de repetir el viaje, quizá habría sido más interesante convertir esta producción en una especie de Moana 3. Que Moana navegara todavía más allá de los arrecifes conocidos, descubriera nuevas culturas, nuevas islas o incluso una dimensión distinta del océano donde convivieran el lenguaje de la animación y el de la acción real. Ese habría sido un verdadero motivo para regresar. Pero juzgar esta película únicamente por lo que pudo haber sido también sería injusto.
Porque en últimas, Moana consigue exactamente aquello que buscaba: devolvernos la emoción del original. Nos recuerda la inmensidad del océano, la riqueza de los mitos polinesios y la extraordinaria fuerza de una banda sonora que sigue siendo una de las mejores del Disney contemporáneo. No amplía el universo, no redefine el relato ni reemplaza la película animada. Tampoco lo necesita. Basta con salir del cine con ganas de volver a verla. Y esa sonrisa, sencilla pero genuina, sigue siendo uno de los mayores triunfos que Disney puede ofrecer cuando recuerda que, antes que una maquinaria de la nostalgia también sabe contar buenas historias una y otra vez.
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Llegan momentos en los que lo único que queremos es escapar. Cambiar de aires, de paisaje, encontrar silencio o, por qué no, descubrir nuevos sonidos. A veces basta con salir a caminar mientras suena nuestra música favorita o ese podcast que dejamos a la mitad; otras, el refugio aparece en el deporte o en un rincón de la naturaleza donde, por fin, podemos escuchar nuestros propios pensamientos. También está la posibilidad de viajar, ya sea físicamente o a través de un libro, donde el único límite es la imaginación.
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Dianka! decidió no conformarse con una sola opción. Durante la creación de Cabriola (relato breve), la artista catalana convirtió la literatura en su refugio. Entre el ruido incesante de Madrid y una escapada a los Alpes —el escenario que inmortalizó a Heidi, uno de los personajes que inspira este proyecto— fue construyendo un universo en el que la imaginación deja de ser un simple escape para convertirse en una manera de comprender la realidad.
Escuchar Cabriola (relato breve) se parece un poco a abrir un libro. Conforme avanzan las canciones aparecen personajes conocidos —Don Quijote, Dulcinea, Heidi o Pippi Calzaslargas—, pero ninguno permanece igual. Todos terminan convertidos en una extensión de la propia Dianka!
En su nuevo álbum la literatura no es solo una referencia, la artista catalana construye un universo donde la imaginación sirve para cuestionar la realidad, la rebeldía consiste en escucharse a uno mismo y los personajes de ficción terminan revelando verdades profundamente personales.
En conversación con ROLLING STONE En Español, Dianka! habla sobre el ruido que dio origen al disco, el día en que Don Quijote le cambió la vida y por qué, al terminar su EP, descubrió que la rebeldía que admiraba de sus personajes favoritos también habita en ella.
Mientras escuchaba esta primera parte de Cabriola sentía que me transportaba a otro lugar. Pensaba en Heidi, en Don Quijote, en esos espacios enormes, tranquilos, alejados del ruido. Me preguntaba si, para crear este proyecto, también necesitaste alejarte del mundo exterior.
Es curioso porque, en realidad, el álbum nació justo en el momento de más ruido. Lo compuse en Madrid, probablemente el lugar más ruidoso en el que he vivido. Yo soy de Barcelona, y Madrid, al ser una capital tan grande, tiene un ritmo completamente distinto: muchísima gente, coches, movimiento constante… Precisamente esa necesidad de huir de todo ese ruido fue la que terminó impulsando el disco. Así que Cabriola nace del deseo de escapar, aunque paradójicamente fue escrito en medio de todo el trajín de la ciudad.
¿Sientes que Cabriola también funciona como un ejercicio de revisión personal? Mientras lo escuchaba pensaba mucho en la idea de cuestionar nuestras propias versiones de las cosas, de entender que nunca conocemos toda la historia.
Sí. De hecho, el propio título, “Cabriola”, resume muy bien esa idea. Una cabriola es un salto que hace un caballo y me gusta porque dentro del disco conviven dos conceptos muy importantes. El primero es precisamente el salto: para mí representa esa huida de la ciudad, del ruido, la libertad de desprenderse de aquello que ya no te hace bien. Pero también existe esa especie de patada hacia atrás, ese gesto de rebeldía, de intentar sacudirse todo aquello que te ha pesado o que no ha sido bueno para ti. Lo más curioso es que este álbum ha sido diferente a los anteriores. Normalmente uno empieza un disco sabiendo exactamente qué quiere decir. Yo tenía muchas ideas claras, pero Cabriola terminó enseñándome cosas que no sabía de mí. Muchas respuestas llegaron después de terminarlo. Fue como descubrir: “Ah, por eso escribí estas canciones. Por eso necesitaba hacer este disco”. Y ese proceso me parece muy bonito.

La lectura ocupa un lugar muy importante dentro del proyecto. ¿Crees que leer puede ser una forma de encontrarnos, pero también de perdernos?
Yo creo que la lectura siempre ha sido una forma de evasión. Gran parte de la literatura que más me ha marcado —especialmente escrita por mujeres— tiene muchísima imaginación. Me gusta esa capacidad que tiene de alejarnos, aunque sea por un momento, de la realidad. Como artista siento que aprendí precisamente eso leyendo: incluso cuando hablo de experiencias reales, siempre necesito llevarlas hacia otro lugar, crear un universo propio, imaginar. Aunque una canción nazca de algo cotidiano que me ocurrió a mí, me gusta contarlo desde una perspectiva más creativa, construir un mundo alrededor de esa experiencia. Creo que esa manera de narrar se la debo, en gran parte, a la literatura.
A veces siento que aprendemos más leyendo una novela o viendo una película que cuando alguien intenta explicarnos algo de forma completamente técnica.
Totalmente. Estoy muy de acuerdo.
Escuchando el disco siento un viaje constante entre distintas épocas. ¿Qué te atrae de esos mundos y cómo decides qué elementos llevar a tu música?
Creo que todos vamos construyéndonos a partir de las cosas que nos influyen. En mi caso, quizá también tenga algo que ver con ser sagitario, porque la libertad siempre ha sido un tema muy importante para mí. Heidi, por ejemplo, representa perfectamente esa rebeldía, esa necesidad de elegir dónde quieres estar. De hecho, muchas veces me sentí como Heidi viviendo en Madrid. Era como si Madrid fuera Frankfurt y Barcelona representara mis Alpes, ese lugar donde realmente quería volver. Después está Don Quijote, que para mí es una obra absolutamente fundamental. Todos hemos sido el Quijote alguna vez, querido ser algo que todavía no somos. Hemos visto gigantes donde había molinos y nos hemos dejado llevar por nuestras propias fantasías. Todo aquello que me inspira necesitaba estar presente en Cabriola. Quería que las referencias fueran visibles porque forman parte de quién soy y de cómo entiendo la creación.
Ahora que mencionas Don Quijote, me gustaría preguntarte por tu relación con la obra. Es un libro fundamental para la literatura en español y latinoamericana. ¿Qué fue lo que encontraste en Alonso Quijano?
Siempre me había gustado leer, pero fue en bachillerato cuando cursé una asignatura optativa de Literatura y leímos algunos fragmentos de Don Quijote. Recuerdo perfectamente estar en clase mientras muchos de mis compañeros no conectaban con la lectura, algo completamente normal a esa edad. En cambio, para mí fue un descubrimiento absoluto. Me reía, lo disfrutaba muchísimo y sentía que estaba leyendo a un autor contemporáneo. Había algo en la historia que me resultaba increíblemente actual. Me fascinó esa locura de vivir desde la imaginación, de convertir la vida en una aventura. Fue una lectura que me abrió un mundo enorme. Además, gracias a ella descubrí que quería dedicar más tiempo a la literatura. De hecho, durante mucho tiempo quise estudiar esa carrera, pero no lo hice por las típicas presiones de que “no tiene salidas” o “no vas a vivir de eso”. Lo bonito es que, después de terminar este disco, decidí que sí voy a estudiar Literatura. Siento que también forma parte del camino que empezó con Cabriola.
Qué bonito. Además, siento que este disco ya funciona casi como un libro.
Totalmente. Creo que estudiar Literatura es una decisión que solo puede tomarse por pasión, y en este momento tengo muchísimas ganas de hacerlo.

Vivimos rodeados de ruido, de opiniones y de estímulos constantes. ¿Crees que hoy es más fácil perder nuestra propia voz?
Qué bonita pregunta. Curiosamente, siento que mi voz nunca me ha fallado. Lo que me han fallado son los oídos. Tengo acúfenos, que son esos pitidos constantes que aparecen en los oídos, y eso terminó influyendo muchísimo en Cabriola. De alguna forma también representaban esa necesidad de escapar de una realidad que, por momentos, se volvía muy incómoda. Con el tiempo he pensado que esos pitidos eran casi una manera que tenía mi cuerpo de decirme: “No quiero seguir escuchando esto”. No quiero escuchar esas ideas negativas sobre mí misma. Creo que, como muchos artistas, he sido muy dura conmigo. Muchas veces la primera persona que me ha dicho cosas que no necesitaba escuchar he sido yo. Por eso me parece muy bonito pensar que, aunque mis oídos me hayan fallado alguna vez, mi voz siempre ha estado ahí para expresar todo lo que necesitaba decir.
En ‘Dulcinea’ sentí esa idea de que la imagen que los demás tienen de nosotros no siempre coincide con quienes realmente somos. ¿Cómo nació esta canción y por qué elegiste precisamente a Dulcinea?
Antes incluso de empezar el disco ya sabía que quería escribir una canción llamada ‘Dulcinea’. Siempre trabajo con una libreta donde voy apuntando títulos, ideas y temas que quiero desarrollar, incluso antes de tener la música. Cuando Pau Aymí, que produjo el álbum conmigo, me enseñó la base de esta canción, sentí que era el momento perfecto para contar esa historia. Para mí, tiene dos grandes significados. El primero era darle voz a un personaje que prácticamente nunca la tuvo. En Don Quijote, Dulcinea existe casi exclusivamente como el ideal que persigue el protagonista. Me parecía muy interesante imaginar qué habría pensado ella de toda esa historia. El segundo tiene un componente mucho más personal. Sabemos que Dulcinea en realidad era Aldonza Lorenzo, una mujer completamente distinta de la imagen idealizada que Don Quijote había construido. Esa diferencia entre la persona real y la versión imaginada me hizo reflexionar sobre mí misma. Muchas veces yo también he sido mi propio Quijote. He perseguido una versión idealizada de Dianka, una artista perfecta que sentía que debía alcanzar. Creo que la canción nace precisamente de esa tensión entre quién eres y quién crees que deberías ser.
Además de Don Quijote, aparecen Heidi y Pippi Calzaslargas. ¿Qué representan ellas dentro de Cabriola?
Siempre pienso que sería maravilloso ver a Heidi y a Pippi compartiendo una historia. Las dos tienen algo muy importante en común: una rebeldía completamente natural. Yo nunca me he considerado una persona especialmente rebelde. Al contrario, siempre fui la niña que quería hacer todo bien, seguir las normas y no equivocarse. Con los años entendí que esas protagonistas representan una forma muy distinta de rebeldía. No nace de llevar la contraria, sino de escuchar esa verdad interior que todos tenemos y que muchas veces dejamos de lado para adaptarnos a lo que esperan los demás. Hace poco volví a ver Heidi y me emocionó muchísimo. Sentí que conectaba con una parte de mí que muchas veces olvidamos cuando crecemos. De niños esa esencia está muy presente. Después, poco a poco, parece apagarse. Para mí, Heidi y Pippi simbolizan justamente eso: la libertad, la autenticidad y esa rebeldía que consiste simplemente en ser quien eres.
Es como preguntarte: “¿Qué haría Heidi en mi lugar?”
Exactamente. De hecho, eso fue lo que hice. Pensé: “¿Qué haría Heidi?”. Y la respuesta fue irse a los Alpes… así que terminé yéndome a los Alpes [risas].
En Cabriola también se perciben muchas influencias de las décadas de los 60 y los 70. Mientras escuchaba el álbum pensaba en cómo la música de esa época tenía la capacidad de transportarte a otros lugares. ¿Cómo nació esa conexión con esos años?
Desde muy pequeña veía un programa en España llamado Cine de barrio, donde emitían películas de los años sesenta y setenta. Ahí descubrí a Marisol, Rocío Dúrcal y muchas artistas que me fascinaron. Recuerdo verlas y preguntarme: “¿Qué es esto?”. Había algo en ellas que me atrapaba profundamente. Siento que Marisol comparte una esencia muy parecida a la que encuentro en personajes como Heidi o Pippi. Es difícil explicarlo, pero todas transmiten una inocencia muy especial. Creo que gran parte del arte de aquella época conservaba una mirada mucho más ingenua sobre el mundo. Todo parecía nuevo, más frágil, más tierno. Quizá por eso sigo volviendo constantemente a esa música. Me recuerda una pureza que siento que, con el paso del tiempo, hemos ido perdiendo.
¿Qué te permite contar un personaje que quizá no podrías contar desde el “yo”?
Creo que hay partes de nosotros que no siempre queremos reconocer. Por ejemplo, una de las canciones del disco habla de algo que me cuesta mucho admitir: aunque soy una persona muy sensible, también hay momentos en los que desconecto completamente de mis emociones. En situaciones muy extremas puedo llegar a ser muy fría. Durante mucho tiempo no encontraba la manera de expresar esa contradicción hasta que apareció esa canción. También me pasa con mi relación con la música. He sentido toda mi vida que la música ha sido una batalla constante. Imagino esa relación como un duelo eterno con espadas. Es algo a lo que amo profundamente, pero que al mismo tiempo me exige, me enfrenta y me pone constantemente a prueba. Durante mucho tiempo me dio miedo reconocerlo porque parecía casi una traición decir que la música podía sentirse también como una enemiga. Pero esa contradicción también forma parte de mí.
Decidiste dividir Cabriola en dos partes. ¿Por qué contar esta historia de esa manera?
Porque siempre pensé este proyecto como un libro. Y un libro necesita tiempo. Siento que Cabriola es un proyecto muy denso, lleno de referencias, detalles y capas de significado. No quería que todo apareciera de golpe. Existe una expresión en catalán que me gusta mucho y que habla de dejar que las cosas reposen. Creo que este disco necesitaba exactamente eso. También influye la manera en la que consumimos música hoy. Todo sucede muy rápido. Un álbum sale y, una semana después, parece que ya desapareció. Yo quería darle más vida al proyecto. Que cada parte pudiera respirarse, descubrirse y masticarse con calma. Incluso yo necesitaba ese tiempo para terminar de comprender todo lo que había creado.

Te parece si hacemos unas preguntas rápidas, la idea es responder lo que te venga en mente.
¡Claro!
¿Cuál ha sido tu mayor acto de rebeldía?
Con este proyecto. Decidí asumir las riendas creativas en todos los aspectos posibles: la dirección artística, la edición, el vestuario, el universo visual… Ya participaba en esas decisiones, pero ahora sentí que debía confiar completamente en mi criterio. Ese ha sido mi mayor acto de rebeldía.
¿Qué palabra te gusta más?
“Triquitra”.
Es una palabra que descubrí en una zarzuela y que terminó convirtiéndose en el título de una canción del disco. Me encanta cómo suena. Además, representa ese traqueteo, ese ruido constante de la ciudad que también atraviesa Cabriola.
¿Qué canción te habría gustado escribir?
‘Tic Tac’ de María Arnal. También ‘Glue’ y ‘Family and Friends’. Son canciones que conectan conmigo de una manera muy concreta y siempre pienso: “Ojalá las hubiera escrito yo”. Y, por supuesto, cualquiera de Marisol.
¿Qué libro te acompaña actualmente?
Olvidado rey Gudú de Ana María Matute. Es una escritora que me ha acompañado durante muchos años y a la que admiro profundamente. Para mí, Ana María Matute también tiene algo de Heidi.
Si pudieras resumir Cabriola en una sola imagen, ¿cómo sería?
Podría decir que sería el instante de un salto, porque es la imagen más evidente. Pero, en realidad, me imagino un cuadro lleno de pequeños detalles. Desde lejos quizá solo verías el salto. Sin embargo, si te acercaras con una lupa empezarías a descubrir un caballo escondido, una cabrita, un libro, pequeños símbolos repartidos por toda la imagen. Creo que Cabriola funciona exactamente así: primero ves el conjunto, pero es en los detalles donde realmente empieza la historia.
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De La Rose emerge para sacar el sencillo titular de su EP que saldrá más tarde este año. ‘La Monda’ con la superestrella colombiana, Ryan Castro, sale hoy según Warner Media. El tema se construye sobre ritmos hipnóticos de dancehall, melodías contagiosas y una química tremenda. ‘La Monda’ es un himno seductor que explora la conexión irresistible entre dos personas incapaces de resistir la atracción mutua, impulsada por el coqueteo, la confianza y una energía magnética, la canción captura la tensión emocional entre el deseo y la tentación.
La puertorriqueña, ganadora de “Rising Star Femenino” del Premio Tu Música Urbano Mix 2026 de Telemundo, reconocida por grandes artistas como Bad Bunny y Omar Courtz, continúa su ascenso astronómico en la industria. Con cada lanzamiento, continúa expandiendo su visión creativa. Su audaz estilo narrativo, su sonido que fusiona géneros y supresencia escénica la han posicionado entre la nueva generación de artistas que están dando forma al futuro de la música latina. ‘La Monda’ representa otro gran paso adelante en su evolución. Según un comunicado de prensa, el video musical saldrá muy pronto.
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Hace casi dos años, Girl Ultra nos sorprendió con el sonido experimental de blush, su más reciente EP. Ahora, la artista oriunda de la Ciudad de México da inicio a una nueva etapa en su carrera con ‘Denisse’, un nuevo sencillo con el que oficialmente arranca el camino hacia el estreno de su nuevo álbum de estudio, RRRomeo.
Si bien este nuevo material verá la luz en octubre, es un proyecto en el que Girl Ultra ha estado trabajando durante casi cinco años. Es el resultado de una larga amistad con el dúo canadiense Chromeo, quienes no solo aparecen en diversas canciones del álbum, sino que también son coproductores junto a la cantautora. “Me invitaron a Los Ángeles a empezar esta producción que no sabíamos en qué se iba a tornar en ese entonces, pero las canciones surgieron hace cinco años y se fueron modificando y me las traje para acá e hice la producción de este lado. Pero sí fue un proceso de añejamiento bastante largo”, cuenta la artista en exclusiva para ROLLING STONE en Español.
Debido a la anterior, este álbum es mucho más que un compilado de canciones. “Definitivamente este disco para mí cumple esa función de completar un círculo, de trabajar con un proyecto que yo crecí escuchando en esta ciudad cuando empecé a salir y empecé mi vida nocturna en la Ciudad de México”, cuenta la cantautora mexicana.

Aunque la historia pública de RRRomeo se remonta a hace poco más de un año, cuando la artista estrenó ‘Tomás’, sencillo donde también colaboró con Empress Of. “Fue como un pequeño gimmick de lo que podía llegar a ser este álbum”, reveló la autora del proyecto. El sencillo tiene un sonido marcado por un conjunto de sintetizadores deliciosos que establecieron la pauta para lo que sería esta nueva faceta de Girl Ultra como proyecto artístico.
Si ‘Tomás’ salió primero, ¿por qué esta nueva etapa comienza con ‘Denisse’? “Creo que es la canción que se sale más un poco de la narrativa, del romance, de la fricción y del erotismo del disco”, responde Girl Ultra. “Me pareció lindo reabrir esta conversación de Girl Ultra con este tema, que es honesto, que es crudo y también es tal vez lo más uplifting que he escrito en mi vida”.
A pesar de que RRRomeo es el resultado de cinco años de trabajo, únicamente estará conformado por ocho temas, lo que requirió de un proceso de selección y depuración riguroso marcado por el crecimiento y la madurez de Girl Ultra como artista. “Creo que viene con la edad y con la seguridad que uno se gana trabajando y cagándola. De repente hay temas allá afuera que todos tenemos que dices, ‘Uy, igual me lo hubiera ahorrado’”, dice.
El primer álbum de Girl Ultra fue lanzado hace casi diez años y con cada nuevo material se nota una evolución en su sonido, producción y composición. “Como intérprete, uno siempre va a ser rejego y un cantante siempre va a cantar mejor al día siguiente, así que era un reto escuchar. Hay ciertas cosas que se encapsulan en el demo, ciertas cosas infantiles que yo no pude replicar porque hace cinco años mi voz sonaba más infantil. Siento que ahora ya tengo voz de mujer, de treintona. Es chistoso. Es como sentarte contigo más joven en un cuarto y decir, ‘A ver, esto se queda, esto se va’. Es una conversación abierta”, cuenta la mexicana.

“Es un disco corto pero son canciones largas. Hay más historia dentro de cada canción”, revela la artista. Puede que un artista tenga cariño por las piezas que compone, pero eso no significa que todas funcionen de la misma forma. En este caso, Girl Ultra priorizó que todo fuera en función del álbum y no para recibir buenas críticas, sino para que ella misma pudiera disfrutar de todo el proyecto. “Me encantan los discos que te dan el factor replay. Creo que eso es algo que he notado en todos mis materiales”, comparte. “Y esto no lo hago por la gente, lo hago por mí como escucha, que de repente encuentro una cohesión de este universo y nada le sobra, nada le falta”.
Este nuevo disco verá colaboraciones con distintos artistas, siendo quizá la más llamativa junto a Buscabulla. “Son uno de los proyectos pop latinoamericanos más consistentes que he escuchado desde que era más chica. Y en este disco dije, ‘Quiero tener dos de esas voces que he admirado desde hace tantos años del pop’”, menciona la artista. “Quería hacer este homenaje a esta época de autoconocimiento entrando en la música y estas voces”, añade.
Al igual que blush, este nuevo álbum gira alrededor de un mismo concepto. “Es una exploración fetichista de los ochentas, del erotismo en el sonido, de la oscuridad del pop”, externa Mariana. “Es un disco muy sexual, pero a la vez es sugerente, no es explícito, como todas estas canciones de Daniela Romo, de Yuri, donde te sugieren un acto, pero no está pintado. Para mí esto era la exploración máxima”.
Esto se ve reflejado en la portada, donde la cantautora aparece besándose con un chico. “La intimidad de un beso, de ver a alguien besándose, es algo complicado de compartir. Quería encapsular eso. Un beso para siempre con una persona en un vinilo, me parece algo para la posteridad igual”, revela.

Siguiendo con esta idea, el sonido de RRRomeo se vio influenciado por la música de la época, aunque sin perder esa esencia experimental que caracteriza a Girl Ultra. “Hay temas en los que se crea un dancefloor que dura cinco minutos; que surge del gusto por el puente instrumental de antes, que duran un minuto entero sin que nadie cante y se construye un universo sonoro. Son cosas que no me permitía blush, que en RRRomeo dije, ‘Tengo 30 años, puedo hacer que mi canción dure 15 minutos si quiero’”, comparte.
Y es que la experimentación y evolución sónica constante son fundamentales en el desarrollo de su carrera. “Siempre he visto a Girl Ultra como un espacio de vanguardia y de exploración sonora. Creo que con los años he entendido que en Girl Ultra me puedo permitir hacer un género y darle un giro a donde yo quiera. Las posibilidades son infinitas”, externa.
Aunque, a pesar de su sonido y estética, lo que promete definir a RRRomeo es un llamado de Girl Ultra a la audiencia; una invitación a volver al romance de antaño y experimentar esas aventuras que cada día se ven menos. “Que traigan el romance de vuelta, que se besuqueen en todos lados. Yo quiero que eso vuelva. El romance se murió hace rato, así que quiero que este disco traiga eso; que reviva a todos los románticos de esta ciudad y del mundo”, finaliza.
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Después de crecer frente a millones de espectadores como Mike Wheeler en Stranger Things, Finn Wolfhard atraviesa un momento de reinvención. Lejos de quedarse atrapado en el fenómeno que marcó su adolescencia, el artista canadiense ha encontrado en la música un espacio para explorar quién es ahora: un lugar donde las guitarras, la vulnerabilidad y la espontaneidad hablan por él.
Con Fire From The Hip, Wolfhard abraza una nueva etapa creativa impulsada por el instinto y la libertad. Entre influencias del country, americana y el rock and roll clásico, el álbum captura la energía de una banda tocando en vivo y la urgencia de crear sin esperar el momento perfecto. En conversación con ROLLING STONE en Español, el músico reflexiona sobre crecer bajo la mirada pública, producir sus propias canciones y la importancia de seguir evolucionando.
Entonces, ¿qué has estado haciendo estos días?
Todo bien, he estado ocupadísimo con este mi álbum (Fire From The Hip) que saldrá pronto. Así que le he estado dedicando harta energía y también volví a mi casa en Vancouver (British Columbia, Canadá), que es donde vivo la mayor parte del año cuando no estoy haciendo otras cosas. He estado intentando relajarme antes de mi tour, en realidad.
Escuché tu álbum y ¡me gustó mucho!
Gracias, gracias
Tiene un sonido cálido, muy honesto y orgánico. ¿Por qué crees que este fue el momento indicado para hacer Fire From The Hip?
Creo que fue esa energía insólita que absorbí cuando estaba en tour el año pasado con mi banda, fue un viaje espectacular… y tenía estas canciones y decía “oigan, deberíamos tocar este nuevo tema en vivo por la noche, ya saben, para intentarlo a ver que pasa”, una canción inédita, ¿sabes?
Todos tenían buenas vibras al respecto y pienso que tenían ideas muy chéveres para el show, decíamos “¡Uy, le deberíamos añadir esto!”, o también “¡de pronto lo toque así!”. Se sintió muy… orgánico, muy bien, o sea, sentí que esta gente, los que tocan para mi banda (The Slaps) se integraron de tal manera que hizo clic en el momento.
Además, había querido sacar un disco hace resto, porque, para mi primer álbum, Happy Birthday, tuve que esperar un año y medio para publicarlo por qué estábamos en la espera de que saliera Stranger Things para darle el tratamiento del tour y compartirlo con la prensa.
En esa época escribí varias de las canciones para Fire From The Hip porque estaba que me escribía un nuevo álbum. Así que, apenas capturamos esa buena energía entre nosotros, queríamos continuar con eso. Lo grabamos rapidísimo, fue un cambio tremendo, lo grabamos al inicio del año y ahora está que sale en el verano (el álbum sale el viernes 10 de julio). Así que siento que tengo mucha suerte por todo esto por qué usualmente se demora un año por lo menos para que salga al público.
¡Claro! Es muy bueno pasar por esta fase y sacarlo delante de una
Definitivamente, si todos tuvieran la oportunidad sería increíble; Fire From The Hip (Fuego Desde La Cadera en español) encapsula ese sentimiento de ir ¡YA!, y creo que el proceso de grabación refleja esa sensación. Estoy convencido de que muchas bandas anhelan sacar su música lo más instantáneo posible, por eso siento que tuve mucha suerte.
Increíble, ¿Descubriste algo nuevo sobre ti mismo mientras hacías este álbum?
Sin duda, pienso que producir un disco cuando estás solo o tienes un equipo pequeño de personas o algo por el estilo te deja ser sincero y ser vulnerable emocionalmente. Por ejemplo, coproduje mi primer álbum con mi amigo Kai, y él… fue asombroso para trabajar, pero aprecio sobre todo la libertad que sentí al poder hablar de lo que quisiera con Kai. Cuando no sabía qué hacer, simplemente le preguntaba y lo sacábamos adelante.
Obvio, con este récord, tuve la opinión y ayuda de muchos amigos a los que les podía hablar, pero esta vez quería aprender de mí como alguien que es capaz de ser un productor individual. Siento que tenía muy clara la meta en cuanto al sonido que estaba construyendo. Sentí que pude confiar en mi intuición, en mis referencias, en cómo quería que sonara la percusión, cosas así.
Me di cuenta de que adoro ver a la gente expresarse y tocar lo que deseen. Entonces quería encontrar ese balance colaborativo entre lo que la banda quería y los límites que veía necesarios para lo que quiero de mi álbum. Fue un proceso de aprendizaje, o sea, produje muchas de las piezas que toqué con mi anterior banda, The Aubreys, aprendí mucho, pero la diferencia es gigante cuando se trata de un estudio más grande y desafiante que en mis proyectos más pequeños.
Dijiste que habías encontrado tu sonido y siento que exploras muchos géneros musicales en el álbum, pero aún existe un sonido coherente que amarra la experiencia.
Esa es la evidencia del trabajo de mi ingeniero y mezclador, Andrew Humphrey, quien es brillante y ha hecho algunos de mis discos de rock and roll favoritos, de verdad sabe como amarrar el sonido de un proyecto y en la mezcla, la mezcla es clave.
Creo que mucho del sonido del récord refleja nuestras relaciones y la gente que estuvo ahí mismo, lo que sentíamos en el momento, por ejemplo, grabamos muchas de las canciones en vivo y también nos aseguramos de darnos nuestra libertad sin que se saliera de control para que el álbum fuera coherente. Todos estábamos en la misma página, sabíamos lo que queríamos hacer y eso fue una gran ayuda porque nadie estaba perdido.
En cuanto a la producción, siempre que terminábamos una canción, escuchábamos la anterior para saber si aún seguíamos esa línea sónica similar entre cada una. No queríamos añadir cosas solo porque queríamos, sino también por lo que eso contribuía a la canción para que tenga sentido dentro de la canción.
Además, el álbum no tiene tantos instrumentos, sigue siendo muy simple, eso me gustó, no estaba sobredimensionado (over-engineered).
Sí, claro, exacto

Hablemos acerca de algunas de las canciones… A mí me gustó mucho ‘Light Goes Down’ ¿Qué nos puedes contar acerca de ese tema?
Esa canción… la hemos tocado en tour durante un largo tiempo, esa probablemente fue la primera, la que estableció el tono “country side” del álbum por qué… creo que Rand, el guitarrista, a pesar de que no toca country, tiene esa vibra americana llena de alma y pasión cuando toca la guitarra. Y escuchamos mucho country viejito, tipo, Uncle Tupelo o, aunque admito que no es tan country, Tom Petty, escuchamos todas esas bandas, como Grateful Dead, esa vibra country/americana que he querido tocar hace mucho tiempo y en esta canción encontré una ventana de oportunidad para realizar ese deseo.
Fue divertido crearla por la letra y por las referencias que pude insertar de la cultura pop. En pocas palabras, es una canción acerca de mí yendo a ver Batman, el de Robert Pattinson… La he vuelto a ver, me gusta mucho, pero en ese momento en mi vida que fui a verla estaba deprimido y no sabía que estaba deprimido, así que cuando me estaba quedando dormido viéndola fue una señal que no me estaba sintiendo bien. En general hay referencias a películas y cosas así, pero en esta canción le doy un giro más cómico. Hay un optimismo ahí, pero pues…
También me gustó ‘Oscilloscope’, es muy bonita.
¡Uy gracias!
Esa es la canción que tiene más de los “Slaps” (la banda que acompaña a Finn), tiene esa influencia muy marcada. También estábamos hablando de, por ejemplo, de Minutemen, canciones que tienen estos aspectos más rápidos y excéntricos. Por eso me encanta esa canción. Gracias.
Muchas personas te descubrieron cuando eras mucho más joven, ¿de qué manera crees que tu música permite que otros te conozcan como eres ahora?
Creo que fue una gran manera de mostrarle al mundo como… quien soy yo ahora, ¿sabes? Y siento que eso es lo más chévere de tener la posibilidad de hacer estos proyectos. Da miedo publicar o lanzar algo porque, cuando sale, se queda ahí para siempre, pero también hace estas dos cosas, donde trabajas para que se sepa en el futuro mientras vives en el presente.
Este álbum significa mostrar quien soy en este momento en mi vida y eso es precioso por qué pues… a final de cuentas siempre seré ese chico de la serie (Stranger Things) y pienso que fue increíble y me alegra serlo, pero al mismo tiempo, me alegra saber que, para mi desarrollo y mi salud, puedo demostrar que he crecido y que en varios aspectos ya no soy ese niño. Quiero que sepan que soy un adulto que está intentando encontrar el significado en su vida y que le apasiona hacer música, así que ha sido muy lindo… Además, aprecio poder ver hacia atrás y darme cuenta de cómo me sentía en ese periodo de mi vida.
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