Comparar la segunda temporada de Los caballeros (ese exquisito remix de la película del mismo nombre) con El Padrino resulta inevitable, pero también un poco suicida. Después de todo, estamos hablando de enfrentarse a una película que legítimamente puede disputar el título de la mejor de todos los tiempos y, especialmente, a El Padrino II, esa tragedia monumental acerca de un hombre que conquista un imperio mientras destruye todo aquello que alguna vez justificó conquistarlo.
Lo curioso es que la comparación no proviene solamente del espectador. Guy Ritchie la busca, juega con ella y hasta parece divertirse introduciéndola socarronamente dentro de su universo de aristócratas, traficantes, políticos corruptos y tipos que pueden ordenar un asesinato sin derramar una gota de whisky.
Eddie Horniman (Theo James) ha recorrido una distancia considerable desde aquel hombre que heredó un ducado y descubrió que debajo de sus tierras funcionaba un gigantesco negocio de marihuana. El aristócrata que inicialmente veía el crimen como un problema que debía solucionar ha desaparecido. Ahora Eddie sabe que es bueno para esto y, lo que resulta mucho más peligroso, ha descubierto que le gusta. La violencia, el dinero y la posibilidad de decidir sobre el destino de otras personas dejan de ser consecuencias desagradables de su posición para convertirse progresivamente en parte de su identidad.
James entiende perfectamente esa transformación. Eddie parece otro hombre sin necesidad de convertirse físicamente en uno. Endurece la mirada, reduce la sonrisa y transforma aquel encanto aristocrático de la primera temporada en una amenaza cada vez más evidente. Si antes contemplábamos a un caballero obligado a aprender las reglas de los gánsteres, ahora estamos frente a un gánster que todavía conserva los modales de un caballero.
La diferencia parece pequeña. No lo es. Eddie ya no quiere escapar del negocio sino expandirlo. Pretende recuperar las tierras que rodean Halstead, extender la operación hacia Italia y abrir la puerta al mercado legal del cannabis. Su problema es Bobby Glass (Ray Winstone), patriarca de un imperio que contempla esas ambiciones con la desconfianza de quien ha sobrevivido demasiado tiempo como para permitir que un aristócrata recién llegado le explique cómo modernizar el crimen.
Susie Glass (Kaya Scodelario) queda atrapada entre ambos. Para Eddie, el mundo criminal todavía puede imaginarse como una empresa que necesita crecer; para Susie es una familia y, por tanto, algo mucho más difícil de abandonar. Ella conoce las reglas porque nació dentro de ellas y sabe que desafiar a Bobby significa mucho más que cuestionar las decisiones de un jefe. Significa enfrentarse al padre, al patriarca y al hombre alrededor del cual se construyó el orden que la convirtió en quien es.
La temporada encuentra ahí una de sus mejores ideas. El poder funciona como cualquier otra adicción. Eddie comienza queriendo suficiente para protegerse y termina necesitando más para proteger el que ya consiguió. Cada enemigo justifica una nueva transgresión y cada transgresión convierte la siguiente en algo ligeramente más fácil. La corrupción moral no llega acompañada por una banda de música; suele presentarse como una decisión perfectamente razonable.
Y ahí aparece Michael Corleone. Como Michael, Eddie cree que puede utilizar los métodos de los criminales sin convertirse completamente en uno de ellos. También empieza a comprender que cada decisión tomada para proteger su imperio exige otra todavía más cruel. El referente se vuelve particularmente evidente cuando el poder deja de significar únicamente dinero y comienza a representar familia, territorio, sucesión, traición y venganza.
El problema para The Gentlemen es que Coppola ya hizo todo esto demasiado bien. Ritchie posee otras armas y debería confiar más en ellas. Su territorio siempre ha sido el de los criminales capaces de producir miedo y carcajadas en la misma escena, los idiotas peligrosos, los planes perfectos que se convierten en catástrofes y los hombres convencidos de controlar una situación que ya se salió completamente de sus manos. Lock, Stock and Two Smoking Barrels, Snatch y RocknRolla entendían que un cadáver podía ser simultáneamente una tragedia, un inconveniente logístico y un extraordinario chiste.
La primera temporada de The Gentlemen conservaba esa sorna. Aquí se extraña. Esta vez todo se vuelve más oscuro, y no solamente porque Eddie se haya vuelto más agresivo. Hay un extraño espíritu del Antiguo Testamento recorriendo la temporada con padres contra hijos, hermanos contra hermanos, pecados heredados, traiciones que exigen sangre y venganzas que únicamente pueden pagarse con nuevas venganzas. La retribución se convierte progresivamente en el idioma común de personajes que pueden discrepar sobre los negocios, pero parecen compartir la convicción de que toda deuda terminará cobrándose.
Stanley Johnston (Giancarlo Esposito) contribuye a ese tono con sus reflexiones sobre el poder, los reyes y la caída de los imperios, mientras Freddy Horniman (Daniel Ings), el hermano mayor de Eddie, termina atrapado dentro de una concepción mucho más literal de la religión y el castigo. La serie abandona así progresivamente la ligereza de la comedia criminal para internarse en una historia sobre culpa, pecado y retribución.
Incluso Eddie comienza a tener visiones. El fuego, las coronas y las imágenes de sí mismo convierten su deterioro psicológico en una especie de pesadilla religiosa. El hombre que quería administrar un negocio empieza a imaginarse como rey, y la serie parece recordarnos que los reyes siempre terminan necesitando súbditos, enemigos y sacrificios.
Es una apuesta interesante, aunque no siempre beneficia a The Gentlemen. La gravedad hace que por momentos la serie parezca olvidar qué la diferenciaba de tantas historias sobre el ascenso y caída de un criminal. Cuando recupera el absurdo, en cambio, vuelve inmediatamente lo mejor de Ritchie con sus negocios imposibles, aristócratas depravados, mafiosos despiadados, políticos comprables, animales y objetos absurdamente costosos y reuniones que pueden pasar de la cortesía al asesinato antes de que alguien termine la copa.
Lord Hawthorne (Hugh Bonneville) resulta particularmente útil para comprender dónde está la verdadera riqueza de la serie. The Gentlemen no necesita demostrar que Eddie puede convertirse en Michael Corleone porque posee una idea mucho más provocadora: La aristocracia y el crimen organizado quizá nunca fueron mundos tan diferentes.
Ambos dependen de apellidos, territorios, herencias, jerarquías y códigos de lealtad. Ambos construyen su poder alrededor de familias que llevan generaciones protegiendo privilegios. Ambos utilizan intermediarios para hacer aquello que no quieren ensuciarse las manos. Ambos saben que la ley puede ser un obstáculo o una herramienta dependiendo de cuánto dinero y poder tenga quien la enfrenta. Hasta sus buenos modales funcionan como una forma de violencia.
Ritchie debería seguir escarbando allí porque esa mirada sobre la clase social resulta mucho más interesante que cualquier intento por construir su propio Michael Corleone. En Los caballeros, un título nobiliario y una organización criminal pueden funcionar bajo principios sorprendentemente semejantes; lo único que cambia es la decoración de la oficina.
La temporada también recupera por momentos una estructura episódica que recuerda a una televisión anterior al dominio del streaming. Algunos capítulos plantean una misión o un problema particular y funcionan casi como pequeñas películas criminales independientes. Inicialmente eso produce cierta dispersión y hace que la temporada tarde en encontrar su impulso, pero las piezas terminan conectándose y, cuando las alianzas comienzan a quebrarse, la narración alcanza una tensión considerable.
Uno de sus mejores momentos llega cuando Geoff Seacombe (Vinnie Jones) finalmente abandona los márgenes del relato. Durante buena parte de la serie había permanecido como una presencia silenciosa en Halstead Manor, y esa tranquilidad siempre permitía sospechar que debajo había un hombre bastante más peligroso de lo que su trabajo cotidiano sugería. Cuando la amenaza alcanza la casa, Ritchie finalmente suelta a Vinnie Jones.
El resultado es uno de los mejores capítulos de la temporada porque recuerda algo que la serie había mantenido inexplicablemente guardado: pocas presencias funcionan tan bien dentro del universo de Ritchie como Jones. Geoff no necesita gritar ni convertirse en una caricatura de gánster; al igual que Harry De Souza en MobLand, su peligro proviene precisamente de la tranquilidad. El episodio permite además desarrollar su relación con Lady Sabrina Horniman (Joely Richardson) y demuestra cuánto puede ganar The Gentlemen cuando deja momentáneamente a Eddie y Susie fuera del centro para explorar a quienes han sostenido ese mundo desde sus márgenes.
No todo tiene la misma fortuna. El tigre y algunos halcones realizados mediante CGI resultan sorprendentemente pobres para una producción que en casi todos los demás aspectos luce fastuosa. Es una distracción extraña, especialmente porque Ritchie sigue demostrando un extraordinario dominio cuando los animales digitales desaparecen y los humanos comienzan a dispararse.
Las escenas de acción poseen energía y sentido del espacio, pero sobre todo acompañan la transformación de la temporada. La violencia ya no funciona únicamente como espectáculo o remate grotesco (que lo tiene). Empieza a tener consecuencias y el desenlace lleva esa lógica hasta un extremo feroz donde la venganza deja de ser una posibilidad para convertirse prácticamente en una obligación.
Theo James sostiene admirablemente todo ese recorrido. Eddie resulta más interesante ahora que ha dejado de ser el hombre razonable rodeado de lunáticos porque empieza a surgir una posibilidad perturbadora: quizá el crimen no lo convirtió en otra persona. Quizá simplemente le proporcionó un lugar donde ciertas partes de sí mismo dejaron de necesitar esconderse.
Susie Glass (Kaya Scodelario) funciona como un estupendo contrapunto porque vive el proceso inverso. Eddie descubre el placer del poder mientras ella empieza a comprender el precio de haber nacido dentro de él. La relación entre ambos sigue siendo una de las fortalezas de la serie porque nunca depende exclusivamente de la atracción. Existe complicidad, afecto y deseo, pero también competencia, sospecha y la certeza de que cualquiera podría terminar traicionando al otro si las circunstancias lo exigieran.
La segunda temporada de Los caballeros demuestra que sigue siendo una gran serie. Es envolvente, muy bien actuada, feroz y capaz de mezclar sofisticación, mal gusto y brutalidad dentro de una misma copa. No estamos ante una decadencia respecto de la primera, sino ante un cambio de temperatura. Es más sombría, violenta y probablemente más ambiciosa, pero también menos divertida cuando abandona aquella irreverencia que le permitía reírse de los mismos hombres cuya crueldad estaba mostrando.
Guy Ritchie continúa dando lo mejor de sí cuando habla de maleantes, corruptos y hombres convencidos de que pueden controlar el caos que ellos mismos provocaron. Pero debería permitir que Michael Corleone descanse en paz. Los caballeros no necesita convertirse en El Padrino porque posee algo mucho más propio: Un mundo donde un duque, un narcotraficante y un parlamentario pueden sentarse alrededor de la misma mesa y descubrir que sus diferencias son fundamentalmente de etiqueta. Todos protegen el apellido, todos defienden el territorio y todos saben cuánto cuesta comprar a un hombre. La diferencia es que unos llaman al mecanismo crimen organizado y otros, diplomacia, tradición y linaje.
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El corte de pelo dice mucho. Nathan Fillion lo sabe y por eso, cuando intenta explicar a Guy Gardner, comienza por ese casquete rubio que parece concebido para provocar una discusión antes de que el personaje abra la boca. Para el actor, alguien capaz de salir tranquilamente a la calle con semejante peinado está enviando un mensaje bastante preciso: La opinión de los demás le importa muy poco.
Guy Gardner ya había demostrado en Superman que puede salvar al mundo y conseguir simultáneamente que uno desee alejarse de él durante una fiesta. Fillion encontró precisamente allí la clave del personaje: no intentar volverlo agradable. Gardner es arrogante, abrasivo, impulsivo, narcisista y tiene una extraordinaria capacidad para decir aquello que cualquier otra persona habría tenido la prudencia de callar. Pero también fue elegido por un anillo de Green Lantern, y esa contradicción entre el héroe y el hombre que difícilmente elegiríamos como amigo es lo que lo convierte en algo más interesante que un simple alivio cómico.
Su regreso en Lanterns le permite ampliar al personaje presentado en Superman. La serie se adentra en ese “club secreto dentro del club secreto”, como lo llama Fillion: los Green Lanterns dentro de una comunidad de superhéroes mucho mayor. Allí Guy comparte universo con Hal Jordan (Kyle Chandler) y John Stewart (Aaron Pierre), y comienza a revelar algo que apenas podía insinuarse en una película coral: detrás de su comportamiento excesivo existe una historia, unas heridas y una concepción muy particular de lo que significa haber sido elegido.
Durante esta conversación, Fillion habla de los daños cerebrales sufridos por Gardner en los cómics, de su ausencia de filtros, de sus tendencias narcisistas y de aquello que, pese a todo, lo hace digno del anillo. También explica por qué quiso mantener una continuidad absoluta entre el Guy Gardner de Superman y el de Lanterns, imagina una alianza con Booster Gold y reconoce que, si necesitara realmente un Green Lantern para salvarlo, probablemente preferiría llamar a John Stewart.

Guy Gardner puede ser bastante abrasivo. ¿Precisamente eso lo convierte en un personaje especialmente divertido de interpretar?
Absolutamente. Hay una verdadera libertad ahí. Creo que cuando interpretas a alguien abrasivo y desagradable tienes que entender dónde está esa línea que debes detenerte antes de llegar a la verdadera malicia. Necesitas suficiente comportamiento de bocazas y bufón para que puedas juzgarlo tranquilamente y descartarlo diciendo: “Bueno, este tipo es un imbécil. Ni siquiera te preocupes por él”.
Cuando alguien hace suficiente ruido, no te preocupa. Es cuando se queda callado cuando empiezas a preocuparte. Hay una zona intermedia donde estás seguro. Ahí está la fórmula secreta.

¿Había alguna característica de Guy Gardner procedente de los cómics que no quisieras perder?
El simple hecho de que sea desagradable. Cuando comencé en esta industria era muy importante para mí caer bien. No podía establecer una separación entre yo, el actor que quería agradar, y el personaje que estaba interpretando, que no era yo.
Lo que importa es la historia. Entender que ser juzgado también significa ser reconocible. La gente no puede identificarse con alguien perfecto, así que interpretar a una persona defectuosa es fantástico. Hay que abrazar esos defectos. Son los defectos los que hacen complejas a las personas. Los defectos te dicen quiénes son y cómo reaccionarán ante determinadas situaciones. Además, nos permiten sentarnos a juzgar a los personajes que vemos en televisión, algo que considero muy importante.

¿En qué se diferencia el Guy Gardner de Lanterns del que vimos en Superman?
No sé si es diferente. Para mí era importante asegurarme precisamente de que no lo fuera. Quería mantener cierta consistencia. Si existe alguna diferencia está en los asuntos que tiene que enfrentar. Desde afuera ves a un grupo de superhéroes, pero cuando te acercas descubres que dentro de ese grupo existe otro grupo: los Green Lanterns, policías espaciales. Ellos tienen sus propios asuntos, cosas con las que los demás superhéroes no tienen que lidiar. Es un club secreto dentro del club secreto.
Quería que la gente entendiera que era el mismo Guy —¿viste lo que hice ahí?— en ambos proyectos.
¿Pasar más tiempo con él en Lanterns cambió tu manera de entenderlo o de sentir empatía por él?
Cuando pasas tiempo con un personaje aprendes más sobre él. Puedes observar las decisiones que toma y, al hacerlo, empiezas a conocerlo mejor. Siempre se dice que las relaciones a distancia no funcionan porque no ves a la otra persona tomando decisiones todos los días. Cada vez que podemos ver a Guy tomando decisiones descubrimos algo más sobre quién es.
Aquí hay algunos momentos en los que podemos escucharlo, conocer algunas de sus experiencias y observar más decisiones. Descubrimos mejor de qué es capaz y dónde establece determinados límites. Simplemente pasamos más tiempo con él.

Una característica fundamental de Guy Gardner es que parece no importarle absolutamente nada lo que los demás piensen de él. ¿Cómo se interpreta algo así?
Una de las características importantes de Guy Gardner es precisamente esa: no le importa lo que la gente piense de él. No está limitado por las opiniones de los demás. Entonces, ¿cómo muestras eso? Hay una manera muy sencilla: su corte de pelo.
Miras a un tipo con ese corte y queda claro que no le importa tu opinión. Es una manera muy fácil de entender qué clase de hombre es Guy Gardner. Si está dispuesto a llevar eso en la cabeza, no tiene sentido discutir con él. No vas a conseguir convencerlo de nada. Ese hombre piensa que ese peinado es razonable.
En los cómics, Guy Gardner sufrió un daño cerebral que alteró radicalmente su personalidad. Incluso si Lanterns no hace referencia directa a esa historia, ¿la idea de una identidad modificada por un trauma influyó en el hombre que construiste para tu interpretación?
Sí, absolutamente. Cuando estás desarrollando un personaje piensas: “¿Qué clase de persona se comportaría de esta manera? ¿Qué llevaría a alguien a ser así?”. Guy es extremo. Y está en el canon: fue atropellado por un autobús y estuvo en coma. Utilicé esa idea para pensar que recibió un buen golpe en la cabeza y que algo ocurrió con ese mecanismo del cerebro que te dice: “Quizá no deberías decir esto en voz alta”.
Guy ya no tiene ese filtro. Es ese tipo que todos conocemos que siempre es demasiado. Demasiado. Tú piensas: “Vamos, no lo hagas”, y él responde: “¿Qué? ¿Qué podría salir mal?”. Todos conocemos a alguien así.
Pero al mismo tiempo puedes pensar: “Recibió un golpe en la cabeza. Dale un poco de margen”. Casi terminas perdonándolo y evitando juzgarlo demasiado duramente porque no está jugando con la baraja completa.
Guy puede ser abrasivo, difícil y francamente insoportable, pero el anillo lo eligió. ¿Qué existe debajo de todo eso que hace a Gardner genuinamente digno de ser un Green Lantern?
No tiene miedo. No tienes que ser bueno para ser un Green Lantern. Al contrario, creo que cuando los Guardianes necesitan hacer algo que quizá no resulte demasiado bonito hay un par de tipos a los que pueden llamar, y uno de ellos es Guy Gardner. Le dicen: “Necesitamos hacer algo que quizá no sea muy agradable”, y él responde: “Sí, lo haré”. No le importa. Tiene sus utilidades, realmente las tiene. Simplemente es muy desagradable.
En los cómics, Guy tiene formación en psicología y educación y, sin embargo, con frecuencia parece ser la persona con menos conciencia de sí misma en cualquier habitación. ¿Interpretaste esa contradicción pensando que puede comprender mejor a los demás que a sí mismo?
No sé si Guy Gardner llega a ser completamente narcisista, pero definitivamente tiene tendencias narcisistas. Cuando hablamos de cómo se sienten otras personas, o de las personas en general, o simplemente de empatía, no creo que Guy Gardner sea el hombre al que quieras acudir. No creo que sea alguien a quien puedas decirle: “Oye, creo que nuestro amigo está bastante deprimido. Quizá deberíamos ir a animarlo”. No creo que tenga dentro de sí esa capacidad para comprenderlo.
Puedes enseñarle a alguien a ser plomero. Puedes darle a alguien un título en psicología. Eso no lo convierte en una buena persona ni significa necesariamente que sea bueno relacionándose con la gente. Caso ejemplar: Guy Gardner.
Guy parece haberse convertido en uno de los personajes que conectan diferentes proyectos de este nuevo universo DC. ¿Cómo contemplas su futuro?
No sé en cuántas series o proyectos diferentes aparecerá Guy Gardner. Creo que puedo decir tranquilamente que probablemente no serán suficientes. Más sería mejor.
Me gusta la idea de que este sea el comienzo del nuevo universo DC que estamos empezando a disfrutar. A medida que aparecen las diferentes piezas, también empiezan a aparecer los hilos que las conectan.
Creo que Guy Gardner se está convirtiendo en uno de esos hilos que unen este universo. Forma parte del telón de fondo, de la realidad de este DCU, y me estoy divirtiendo muchísimo existiendo dentro de él.
Entre Guy Gardner, Hal Jordan y John Stewart, ¿quién crees que está mejor preparado para ser Green Lantern?
Me alegra que limites la pregunta a los tres porque iba a mencionar a un Green Lantern fantástico que todavía no hemos conocido: Kyle Rayner. Ha hecho cosas espectaculares porque su poder se basa en la imaginación y él es artista, así que posee una imaginación extraordinaria.
Pero entre los tres diría que probablemente el Green Lantern mejor preparado, mejor entrenado y más capacitado ahora mismo es John Stewart. Los tres tienen defectos y los tres poseen fortalezas increíbles. Evidentemente, todos son dignos del anillo. Pero si necesitara un Green Lantern, espero que me tocara John Stewart.
Si Guy tuviera que elegir a otro personaje de DC como compañero para resolver un crimen, ¿quién sería?
Me gusta muchísimo la dinámica tipo Abbott y Costello, el gracioso y el serio. En ese caso me encantaría emparejar a Guy Gardner con alguien absolutamente estoico como Batman. Pero creo que sería mucho más divertido ver a dos idiotas arruinándolo todo. Pienso en algo parecido a The Other Guys. Pondría a Guy Gardner con Booster Gold. Serían dos tipos de los que resulta muy fácil reírse.
Si John Stewart termina abrazando plenamente su lugar dentro de los Green Lantern Corps, ¿Guy lo consideraría inevitablemente un rival, incluso alguien capaz de amenazar su propia identidad?
Creo que sí. El anillo hace que Guy se sienta muy, muy especial. Si aparece otro tipo con un anillo, de repente eres un poco menos especial. Ahí surge inmediatamente la posibilidad de las comparaciones y, por supuesto, no quieres que nadie piense que el otro es mejor que tú. El ego impulsa a Guy Gardner.
Además, este no es un superpoder con el que hayas nacido: eres elegido para formar parte de los Green Lantern Corps. Para alguien impulsado por su ego tanto como Guy Gardner, creo que resultaría tremendamente difícil aceptar siquiera la posibilidad de que otra persona pudiera ser elegida por encima de él.
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ZYN Premios ROLLING STONE en Español 2026 revelan las categorías que darán forma a dos noches dedicadas a celebrar la creatividad, el talento y el impacto de quienes están definiendo la cultura en español. La gala se celebrará en Ciudad de México los próximos 25 y 26 de noviembre y reunirá a protagonistas de distintas disciplinas del entretenimiento y la cultura popular.
En esta edición, los premios contemplan 27 categorías competitivas, ampliando la mirada de ROLLING STONE en Español sobre las distintas formas en que hoy se crea, se consume y se transforma la cultura.
En música, ZYN Premios ROLLING STONE en Español 2026 premiarán categorías como Artista del año, Álbum del año, Canción del año, Promesa musical del año, Colaboración del año y Productorx del año. Además de distinguir propuestas específicas como el Mejor proyecto de regional mexicano, el Mejor proyecto de música urbana, el Mejor artista de música electrónica, también habrá espacio para celebrar aquello que sucede sobre el escenario con Mejor presentación en vivo y una categoría donde el público elige el ganador con Voz de la audiencia.

El cine y las series tendrán un lugar central. Película del año y Serie del año serán acompañadas por la premiación a la Dirección del año, Actuación, Talento revelación, Película documental, Serie documental, Banda sonora y la Mejor canción original para película o serie, entre otras categorías que buscan reconocer tanto las obras como a quienes hacen posible su existencia.

La conversación también se extiende a las nuevas formas de contar historias. En el universo de los creadores, los premios reconocerán el Pódcast del año, así como a quienes han construido propuestas relevantes en formatos de lifestyle o moda, y a creadores de contenido informativo, entendiendo que la cultura contemporánea también se encuentra en las plataformas digitales y en las comunidades que se construyen alrededor de ellas.

La premiación se celebrará en dos noches: el 25 de noviembre, la gala estará dedicada a celebrar lo mejor del cine, las series y las nuevas narrativas; mientras que el 26 de noviembre, el escenario será de la música y sus protagonistas. El periodo de competición para cine, series y nuevas narrativas será del 1 de agosto de 2025 al 31 de agosto de 2026, mientras que para música comprenderá del 1 de junio de 2025 al 30 de junio de 2026.
Las y los ganadores de las 27 categorías se conocerán durante la gala de ZYN Premios ROLLING STONE en Español 2026 y formarán parte de dos noches que reunirán a diferentes generaciones, disciplinas y escenas alrededor de la cultura en español.
ZYN ofrece una alternativa dentro de las formas de consumo, pensada para adaptarse a distintos estilos de vida y momentos de la vida cotidiana. Su propuesta pone el foco en la elección personal, la flexibilidad y la innovación, integrándose de manera sencilla a las rutinas actuales.
ZYN es un producto alternativo para adultos. La nicotina es adictiva.
Artista del año
Reconoce al artista cuya propuesta se destaca por su impacto, relevancia y capacidad de conectar con el público, impulsar la conversación y dejar una huella en la cultura.
Álbum del año
Reconoce el material discográfico que se destaca por la solidez de su propuesta artística, su relevancia y su impacto en la música y el público durante el año.
Película del año
Reconoce la película que haya destacado por su excelencia narrativa, dirección, actuaciones y propuesta artística, consolidándose como una de las obras cinematográficas más relevantes del año.
Dirección del año
Reconoce el trabajo de dirección de un largometraje que destaca por su visión, ejecución y capacidad para articular los distintos elementos de una obra en una propuesta sólida, singular y relevante.
Conoce todas las categorías de ZYN Premios ROLLING STONE en Español 2026 [Consulta aquí la lista completa de categorías y descubre todos los detalles de los premios].
Las bolsas de nicotina ZYN no están exentas de riesgo y contienen nicotina, una sustancia adictiva. Su uso es exclusivo para adultos.
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