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Las crisis que acompañan la adolescencia y el complejo tránsito hacia la adultez temprana son experiencias universales, aunque cada generación y cada persona las enfrenta de una manera distinta según su contexto. La búsqueda de identidad, las inseguridades, la necesidad de pertenecer y la incertidumbre frente al futuro han sido algunos de los grandes estímulos creativos de la música, y capturar ese momento en el que se deja de ser un joven despreocupado para convertirse en adulto ha sido una de las obsesiones más recurrentes en la industria.
Por eso, no resulta extraño que muchos artistas hayan encontrado en sus primeros años de vida una fuente inagotable de inspiración. Billie Eilish retrató la ansiedad y las contradicciones de crecer en When We All Fall Asleep, Where Do We Go? (2019); Lorde convirtió la adolescencia digital y la sensación de desconexión en el centro de Pure Heroine (2013); e incluso Nirvana, desde la rabia y la alienación del grunge, plasmó en Nevermind (1991) el desencanto de una generación que no encontraba su lugar.
Con esos antecedentes, crear un álbum capaz de ofrecer una nueva perspectiva sobre la juventud parecía un desafío casi imposible. Más aún cuando esos discos ya se habían establecido como referentes generacionales. Sin embargo, Olivia Rodrigo, una joven estrella de Disney con el corazón roto, logró transformar sus propias heridas en un fenómeno global trayendo Sour, un debut que convirtió el desamor en un punto de encuentro donde millones de jóvenes hallaron un refugio para sus sentimientos no correspondidos, triángulos amorosos, comparaciones constantes y ese afán casi incomprensible por agradar a todo el mundo.

Antes de deslumbrar con su música, Olivia Rodrigo era conocida principalmente por su faceta como actriz. Tras participar en producciones de Disney como Biz Aardvark y, especialmente, liderar el elenco de High School Musical: The Musical: The Series, la estadounidense comenzó a llamar la atención por su capacidad como compositora gracias a varias canciones escritas para la banda sonora de la serie.
Ese talento despertó el interés de Geffen Records, sello con el que firmó en 2020 para desarrollar su primer proyecto musical. Con apenas 17 años, Rodrigo tenía claro que quería crear una identidad propia, alejada de la etiqueta de “estrella Disney”, y encontró el aliado perfecto en el productor y compositor Dan Nigro, con quien la química fue inmediata. Ese vínculo terminó fortaleciéndose gracias a la pandemia, que les permitió trabajar con un ritmo pausado en el que las canciones nacían de sesiones íntimas a partir del piano o la guitarra, y donde la prioridad era preservar la honestidad de las emociones antes que perseguir un éxito comercial.
Ese proceso también estuvo marcado por las primeras intenciones de Geffen con su nueva artista. El plan era publicar un EP de cinco o seis canciones que funcionara como carta de presentación. Sin embargo, aquellas composiciones nacidas desde la autenticidad de sus sentimientos comenzaron a dar sus primeros frutos el 8 de enero de 2021 con el lanzamiento de su sencillo ‘drivers license’.
Escrita a partir de una ruptura amorosa y concebida como una balada que comienza con una percusión minimalista acompañada por un piano suave, la canción crece progresivamente hasta explotar con una interpretación excepcional de la cantante. Su rango vocal y su característico tono aterciopelado encuentran el complemento perfecto en una producción que incorpora coros para acentuar la melancolía de la pieza, antes de cerrar con un falsete casi angelical y un piano que vuelve a la delicadeza.
El single fue un fenómeno inmediato que rompió récords de reproducciones en Spotify, debutó en el número uno de las listas más importantes y transformó a Olivia en una estrella mundial, lo que llevó a Geffen a cambiar el proyecto inicial por un LP.
Lejos de apagarse, el fenómeno no hizo más que crecer durante los meses siguientes. En abril llegó ‘deja vu’, una mirada mordaz sobre lo fácil que es para algunas personas reemplazar vínculos afectivos por otros, mientras que apenas una semana antes del estreno del disco apareció ‘good 4 u’, un vibrante himno pop rock que terminó por confirmar que Rodrigo no sería una artista de un solo éxito. Los tres sencillos dominaron las redes sociales, especialmente TikTok, lo que le permitió formar una base de fans sólida y además alimentó una expectativa pocas veces vista para alguien que recién estaba dando sus primeros pasos.
Para propios y extraños, la espera culminó el 21 de mayo de 2021 con el lanzamiento de Sour, uno de los debuts más anticipados —y, a la postre, más importantes— del siglo XXI.
El trabajo da la bienvenida con ‘brutal’, que comienza con una sutil melodía de violín y viola, compuesta y ejecutada por Paul Cartwright, antes de que unas guitarras eléctricas distorsionadas y una batería estridente tomen el protagonismo. El resultado es una canción con una identidad cercana al emo punk e, incluso, descrita por algunos críticos como una reimaginación contemporánea del grunge. Buena parte de esa personalidad nace de la línea principal de guitarra, inspirada directamente en ‘Pump It Up’, de Elvis Costello & The Attractions, un parecido que desató algunas acusaciones de plagio tras la publicación del disco. Sin embargo, fue el propio Costello quien salió en defensa de la cantante, restándole importancia a la controversia y asegurando que, si ese era el caso, “está bien para mí”. El músico británico recordó que el rock siempre ha funcionado así: “tomas los pedazos rotos de otra emoción y haces un juguete completamente nuevo”, antes de citar varias canciones que sirvieron de inspiración para componer su propio clásico de 1978.
La letra compagina perfectamente con la pista, convirtiéndose en una tormenta de ideas que refleja algunas de las principales desilusiones y, en general, el caos de esta etapa de la vida. Olivia habla sobre la presión constante y el escrutinio social al que se enfrentan los jóvenes cuando canta “I feel like no one wants me / And I hate the way I’m perceived” (“Siento que nadie me quiere / Y odio la forma en la que me perciben”), una sensación que se intensifica con la ansiedad por cumplir expectativas ajenas en versos como “And I don’t stick up for myself / I’m anxious and nothing can help / And I wish I’d done this before / And I wish people liked me more” (“Y no me defiendo / Estoy ansiosa, nada me puede ayudar / Y desearía haber hecho esto antes / Y desearía que la gente me quisiera más”).
La canción también cuestiona las expectativas irreales que suelen depositarse sobre la juventud. Olivia lo resume con crudeza cuando canta “And I’m so sick of seventeen / Where’s my fucking teenage dream? / If someone tells me one more time / Enjoy your youth, I’m gonna cry” (“Y estoy tan harta de los diecisiete / ¿Dónde está mi maldito sueño adolescente? / Si alguien me dice una vez más: ‘Disfruta tu juventud’, voy a llorar”), una idea que refuerza poco después, en el coro, con “They say these are the golden years / But I wish I could disappear” (“Dicen que estos son los años dorados / Pero desearía poder desaparecer”), llegando a reunir todas esas inquietudes en versos como “And I’m so tired that I might / Quit my job, start a new life / And they’d all be so disappointed / ‘Cause who am I, if not exploited?” (“Y estoy tan cansada que podría / Dejar mi trabajo, comenzar una nueva vida / Y todos estarían tan decepcionados / Porque ¿quién soy yo, si no soy explotada?”), declaraciones que terminan funcionando como un manifiesto sobre las inseguridades y preocupaciones con las que millones se pueden ver reflejados.
Al final, la intensidad se desvanece y el arreglo de cuerdas con el que comenzó la canción vuelve a ocupar el primer plano. Sobre ellas, Rodrigo admite que ni siquiera sabe por dónde empezar, un cierre que funciona casi como una declaración consciente de, a partir de ese punto, abordar estas y otras emociones de forma particular y profunda durante el resto del álbum.
Más que seguir una historia lineal, Sour utiliza cada canción para profundizar en una emoción distinta. Y si ‘brutal’ funciona como una presentación del caos que supone crecer, ‘jealousy, jealousy’ es el momento en el que se centra en enfrentar la constante comparación con los demás y la sensación de no estar nunca a la altura.
En lo sonoro, la canción retoma parte de la energía de ‘brutal’, aunque desde un enfoque más cercano al rock alternativo y el pop rock de comienzos de los 2000. Guitarras distorsionadas, una batería contundente y un despliegue vocal que construyen una atmósfera de permanente tensión, reflejando el desgaste mental que produce la obsesión por alcanzar estándares imposibles.
La letra dirige la frustración hacia la imagen idealizada que proyectan las redes sociales. La cantante confiesa sentirse rodeada de personas que parecen demasiado perfectas para ser reales, hasta el punto de querer alejarse de su teléfono incapaz de soportar el éxito y la buena vida de los demás. A medida que avanza la canción, esa inseguridad termina transformándose en culpa, reconociendo que la envidia la consume, que detesta esa versión de sí misma y que, por más consciente que sea del problema, no consigue escapar del ciclo enfermizo de crear contrastes.
A pesar de estas reflexiones centradas en la introspección y las inseguridades personales, este disco es, en gran parte, una oda al despecho nacida de la desilusión amorosa que Olivia atravesó antes de comenzar la realización del proyecto. Sin embargo, más que hablar del desamor en sí mismo, la cantante explora el vacío que deja una relación cuando una de las dos personas parece seguir adelante mucho antes que la otra.
En ‘traitor’, por ejemplo, Rodrigo transforma la tristeza en reclamo. El tema no habla de una traición explícita, sino de la sensación de haber sido reemplazada antes de que la ruptura terminara de asimilarse. La producción mantiene una atmósfera melancólica y contenida, con una voz que crece progresivamente hasta transmitir una mezcla de decepción y vulnerabilidad, como si la cantante intentara encontrar una explicación para una situación que todavía no logra comprender.
Por otro lado, ‘1 step forward, 3 steps back’ muestra una faceta previa a la ruptura, marcada por la contradicción de una relación donde el afecto y el desinterés conviven constantemente. La entonces pareja aparece como una figura impredecible, capaz de demostrar cariño y cercanía, pero también de generar dudas por su indiferencia, dejando a la protagonista atrapada en una dinámica emocional difícil de descifrar. Rodrigo incluso juega con la idea de tener una pareja distinta cada día, sin saber cuál versión de esa persona encontrará al despertar.
Elaborada sobre una melodía inspirada en ‘New Year’s Day‘ de Taylor Swift, la grabación utiliza una estructura íntima y repetitiva para representar esa inestabilidad emocional. El piano delicado que acompaña a Olivia contrasta con la tensión de un vínculo marcado por avances y retrocesos constantes, donde cada momento de cercanía parece estar acompañado por una nueva distancia.
Con el paso del duelo, la tristeza pasa a ser rabia. En ‘good 4 u’ Olivia abandona la vulnerabilidad y la delicadeza sonora de los temas anteriores para abrazar un potente pop punk cargado de ironía para retratar la frustración de ver cómo la otra persona parece haber seguido adelante sin dificultad. Sin embargo, esa furia no se queda únicamente en el reclamo hacia el ex. En ‘enough for you’, la cantante dirige esa misma decepción hacia sí misma, reflexionando sobre todo lo que cambió y sacrificó intentando ser la persona que alguien más esperaba.
Si ‘good 4 u’ representa la rabia hacia afuera, esta canción muestra el dolor de darse cuenta de que, incluso después de haber intentado ser suficiente para alguien, eso no garantizó quedarse a su lado.
Después de la rabia llega una etapa mucho más compleja: la aceptación. Sin embargo, esta no se presenta como una fase de liberación absoluta ni como un momento en el que todo el dolor desaparece. En las canciones que cierran el recorrido amoroso del álbum, Rodrigo entiende que una relación puede haber terminado y, al mismo tiempo, seguir teniendo un peso emocional enorme, aunque ahora sin tratar de encontrar culpables, sino de aprender a convivir con los recuerdos de algo que alguna vez significó mucho.
En ‘Favorite crime’, la cantante mira hacia atrás con una mezcla de nostalgia y arrepentimiento. El tema apuesta por una producción más íntima, construida alrededor de una guitarra acústica y una interpretación mesurada donde Rodrigo reconoce que, aunque la relación pudo haberle causado daño, también fue una experiencia en la que participó voluntariamente, llegando incluso a cuestionarse por haber defendido o justificado situaciones que no la hacían sentir bien.
Por su parte, ‘happier’ representa el aceptar que alguien se fue, pero no estar preparada para verlo completamente feliz con otra persona. La canción no expresa un deseo de regresar a la relación, sino la incomodidad de imaginar que otra persona ocupa ahora un lugar que antes parecía propio. Con una producción delicada y melancólica, Olivia expone la sensación de querer que alguien esté bien, pero al mismo tiempo sentir una pequeña resistencia al verlo avanzar sin nosotros.
El recorrido de Sour encuentra su cierre con ‘hope ur ok’, que funciona como una ruptura definitiva con todo lo que el álbum había trabajado hasta ese momento. Después de diez canciones marcadas por la inseguridad, el desamor y la dificultad de aceptar una pérdida, Olivia Rodrigo abandona el relato estrictamente personal para dirigir la mirada hacia otras personas y las heridas que muchas veces permanecen ocultas, dejando uno de los momentos más humanos del disco gracias a una reflexión sobre la importancia de reconocer la vulnerabilidad ajena y recordar que cada persona atraviesa luchas que no siempre son visibles.
A diferencia de la intensidad emocional de cortes como ‘brutal’ o ‘good 4 u’, ‘hope ur ok’ vuelve a una producción mucho más sencilla y cálida con arreglos delicados y una Olivia cercana, dando la sensación de estar escuchando una carta escrita en privado.
En la letra, Rodrigo recuerda a dos personas de su pasado que atravesaron experiencias difíciles. Una de ellas enfrenta el rechazo familiar y la dificultad de encontrar aceptación por su identidad, mientras que otra crece en un entorno marcado por la presión y las limitaciones impuestas por quienes deberían protegerla. Sin convertir sus historias en simples momentos de tristeza, la cantante se enfoca en la resistencia de quienes, pese a las circunstancias, lograron encontrar una forma de seguir adelante. El mensaje central no está en lo que perdieron, sino en reconocer que sus vidas tienen valor más allá de aquello que tuvieron que soportar. Por eso, aunque rompe un poco con la narrativa planteada, el cierre resulta tan importante dentro del concepto general.
El paso del tiempo también confirmó que Sour no fue un éxito aislado. Con GUTS (2023), Olivia Rodrigo regresó a las contradicciones de crecer, ahora desde la presión de sostener una carrera convertida en fenómeno mundial. Su trabajo más reciente, You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love (2026), profundiza todavía más en esa exploración emocional, demostrando que las inquietudes que dieron origen a su debut no desaparecieron, sino que simplemente evolucionaron junto con ella.
Esa transformación demuestra por qué su debut logró trascender más allá de sus cifras y sus sencillos más exitosos. El álbum capturó un momento específico de una generación marcada por la comparación constante, la ansiedad, la necesidad de aprobación y la dificultad de aceptar que crecer implica perder algunas certezas. Más que un disco sobre un corazón roto, terminó convirtiéndose en un espacio donde millones de personas encontraron una forma de nombrar emociones que, aunque parecían personales, eran profundamente universales.
Cinco años después, muchas de las inseguridades que Olivia Rodrigo plasmó en Sour siguen acompañando a la Generación Z. Quizá por eso el disco continúa sintiéndose vigente: porque, más allá del desamor, logró capturar ese instante incómodo en el que dejamos de ser adolescentes sin terminar de convertirnos en adultos.
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Este martes los ministros del Interior de los países miembros de la Unión Europea llevaron a cabo una videoconferencia de carácter extraordinario para analizar la crisis migratoria en Ceuta. Tras la reunión, el comisario europeo de Migración, Magnus Brunner, sostuvo que lo ocurrido había sido una “prueba” de la resiliencia europea y de la solidez de la seguridad fronteriza. El diplomático se dirigió a los medios y afirmó que, a su parecer, Europa había superado el test.
La Comisión Europea informó que, en general, hubo un consenso respecto a la necesidad de combatir las redes de tráfico de personas, reforzar las devoluciones y las fronteras de sus países miembros, profundizar las asociaciones con países no pertenecientes a la UE y mejorar la capacidad de anticipación. Los ministros también resaltaron la importancia de desarrollar sistemas de alertas tempranas como inteligencia previa en zonas fronterizas y monitoreo de redes sociales.
Pese a que en el encuentro se destacó la pronta respuesta del gobierno de Pedro Sánchez frente a la situación y los representantes expresaron su solidaridad con España, estos fueron enfáticos en que la comunicación en momentos de crisis debe mejorar y ser más coherente, especialmente en tiempos en los que predomina la manipulación de información.
En una rueda de prensa posterior, el ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, expresó que la reunión había sido “constructiva” y reiteró ante los medios que los servicios nacionales de información no emitieron ningún informe que permitiera prever lo que sucedió. “Si hubiera habido alguna posibilidad de que algo así pudiera pasar (…), se hubiera [dado] un aviso, una comunicación, a las más altas instancias”, afirmó.
Marlaska también informó que le pidió a Italia reconsiderar la suspensión del acuerdo Schengen que impuso a España al considerar insuficiente su respuesta al ingreso masivo de migrantes a Ceuta. En ese sentido, el ministro subrayó que el espacio Schengen no se vio comprometido y nunca se vio en peligro ya que los controles migratorios entre la ciudad autónoma y el territorio peninsular no se han removido.
Las cifras oficiales han establecido que entre el 30 y 31 de julio, cerca de 72,000 ciudadanos marroquíes —hombres, en su mayoría— ingresaron de manera irregular al enclave español al norte de África. Se estima que 80 migrantes murieron en el intento, algunos de ellos por ahogamiento y otros al quedar atrapados en la estampida humana. Actualmente, 70,000 han regresado a Marruecos, mientras que alrededor de 2,000 continúan en la ciudad.
La problemática ha generado críticas respecto a las políticas migratorias de Sánchez, como la regularización de inmigrantes. Asimismo, durante el fin de semana se presentaron protestas en Madrid con presencia de grupos de ultraderecha, mientras que en redes se conocieron videos de manifestantes haciendo el saludo nazi.
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Ha llegado la última semana de Los Juegos Centroamericanos y del Caribe, el evento de múltiples torneos que lleva 98 años premiando la excelencia hispanoamericana. La sede oficial de esta edición, Santo Domingo, República Dominicana, llevará a cabo la clausura el siguiente 8 de agosto.
Tras once días de cientos de contiendas en 55 disciplinas, se solidifican los cinco países con más medallas del momento con México (268 medallas en total, 119 de oro, 81 de plata y 68 de bronce), Colombia (172 medallas en total, 58 de oro, 66 de plata y 48 de bronce), Cuba (92 medallas en total, 31 de oro, 26 de plata y 35 de bronce), Venezuela (123 medallas en total, 22 de oro, 37 de plata y 64 de bronce) y Puerto Rico (72 medallas en total, 18 de oro, 23 de plata y 31 de bronce). *
*Los resultados están actualizados hasta las 8:30 am, hora de Colombia
Las disciplinas doradas
México dominó la natación con 22 medallas de oro, 8 de estas las consiguió Celia Pulido. La atleta de 23 años, oriunda de León, Guanajuato, dominó la disciplina, ganó otras dos platas y dos bronces más, llegando a un gran total de 11 placas, un número que supera el puntaje total de países como Guyana, Honduras, Haití y las 8 naciones que se encuentran al final de la lista.
Este hito acabó Con la marca anterior de 9 medallas en 2018 impuesto la nadadora olímpica Liliana Ibáñez de Celaya, Guanajuato. Además, se ha consolidado Paulo Strehlke como una figura integral de la natación mexicana e internacional al establecer un nuevo récord de 7:58.07 minutos para la categoría de 800 Metros Estilo Libre Masculino.

Los deportistas colombianos continúan impresionando en el Patinaje De Velocidad con 20 medallas en total, le llevan una diferencia de 14 preseas a El Salvador y Guatemala, ambos empatados en el segundo lugar. El santandereano, Juan Mantilla; el vallecaucano, Jhon Tascón; la bogotana, Gabriela Rueda y la vallecaucana, Kollin Castro contribuyeron 3 medallas cada uno. En las últimas contiendas del 1 de agosto, Jhon Tascon ganó el Sprint De 1000 Metros Masculino, junto con Juan Mantilla que quedó de segundo.

Los cubanos lo dieron todo en la disciplina de Lucha, con 15 medallas en total, Venezuela les pisaba los talones con 14. Sin embargo, ganaron 10 oros lo cual los posiciona como los líderes del grupo. Cada una de estas distinciones fue conseguida por un atleta diferente de la selección cubana: Geannis Garzon, Arturo Silot, Oscar Pino, Kevin De Armas, Yonat Veliz, Daniel Gregorich, Greili Bencosme, Laura Herin, Yaynelis Sanz y Milaimy Marín.

Aunque los equipos venezolanos no hayan dominado una rama específica del concurso como los otros países, se destacó en Judo, Taekwondo y Lucha, con 3 medallas de oro para cada categoría, 9 de sus 20 oros totales. Se ha destacado la estabilidad y coherencia de Venezuela en múltiples materias.

Y, finalmente, Puerto Rico le hizo competencia al resto del mundo latinoamericano en Natación con 6 oros y 15 preseas en total. Kristen Romano consiguió tres oros y 6 medallas en total para el país.

Lo que sigue
A pesar de la gran ventaja de México y Colombia, aún pueden cambiar los líderes del tercer, cuarto y quinto puesto. Han cerrado 32 disciplinas de 55, a continuación, se llevarán a cabo las contiendas para Voleibol Sala, Vela, Tiro, Tenis de Mesa, Squash, Sóftbol, Skateboarding, Pentatlón Moderno, Netball, Natación Artística, Levantamiento De Pesas, Karate, Hockey, Gimnasia Artística, Fútbol, Esgrima, Salto Ecuestre, E-Sports, Canotaje Velocidad, Boxeo, Beisbol, Balonmano y Atletismo.
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Durante casi una década, Gianni Infantino construyó una de las presidencias más poderosas en la historia reciente de la FIFA. Llegó al cargo en 2016 como el hombre encargado de limpiar la imagen de una institución golpeada por el mayor escándalo de corrupción de su historia, logró dos reelecciones sin oposición e impulsó una expansión comercial del Mundial hasta convertirlo en uno de los eventos deportivos más rentables del planeta.
Sin embargo, a pocos meses de buscar un nuevo mandato, el dirigente suizo enfrenta la crisis política más importante desde que asumió el poder. El motivo, el FIFA Forward Enterprise (FFE), un ambicioso proyecto comercial que pretendía transformar la manera en la que la FIFA administra los ingresos del Mundial, pero que terminó provocando una rebelión entre varias de las federaciones más influyentes del fútbol mundial.
La iniciativa, que internamente era presentada como una nueva fuente de crecimiento para el fútbol global, terminó convirtiéndose en el mayor golpe político contra Infantino. Después de semanas de críticas, oposición de las confederaciones y dudas sobre la transparencia de la estrategia, la FIFA decidió retirar la propuesta. Ahora, el fracaso del plan amenaza con convertirse en un obstáculo para la reelección del presidente en marzo de 2027.
La idea detrás del FFE
El origen del FFE estaba relacionado con una pregunta que ha acompañado a la FIFA durante años: ¿cómo aprovechar todavía más el enorme valor económico de la Copa del Mundo?
Bajo Infantino, la Copa del Mundo ha aumentado de manera significativa su tamaño y alcance comercial. La edición de 2026 marcó un punto de inflexión al convertirse en la primera con 48 selecciones participantes y tres países anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá—, lo que incrementó el número de partidos, sedes y la complejidad logística del torneo, pero también abrió nuevas oportunidades de ingresos a través de patrocinios, derechos audiovisuales y acuerdos comerciales.
La expansión, sin embargo, no parece haber llegado a su límite, rompiendo con el ritmo histórico con el que se había aumentado el número de participantes en los Mundiales, que durante décadas se mantuvo en incrementos más moderados. Ahora, el organismo estudia ampliar nuevamente la competición para la edición de 2030 con la participación de 64 selecciones. Paralelamente, la FIFA continúa buscando nuevas vías para aumentar sus ingresos mediante acuerdos comerciales más lucrativos y una explotación más amplia de los derechos audiovisuales del torneo.
En ese contexto nació el FIFA Forward Enterprise, una compañía comercial independiente que buscaba atraer inversión privada para explotar parte de los activos comerciales de la FIFA. La propuesta contemplaba vender aproximadamente un 20% de participación de esa nueva entidad a inversionistas privados, con una valoración cercana a los 20.000 millones de dólares.
El objetivo declarado era obtener recursos adicionales para distribuirlos entre las 211 asociaciones miembro de la FIFA mediante el programa Forward, destinado al desarrollo del fútbol en diferentes países. Según los defensores de la idea, el modelo permitiría aumentar la inversión en infraestructura, formación y proyectos deportivos alrededor del mundo. Sin embargo, para sus críticos, el problema estaba precisamente en el mecanismo: entregar parte del control comercial del mayor evento deportivo a fondos privados. La pregunta que comenzó a circular entre federaciones y dirigentes fue si la FIFA estaba buscando modernizar su estructura económica o si estaba abriendo la puerta a una privatización parcial del Mundial.
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Fue así que nació una oposición dentro del propio ecosistema del fútbol internacional liderada principalmente por la UEFA, presidida por Aleksander Čeferin, quien consideró que el plan podría afectar la independencia del fútbol, llegando a advertir sobre posibles acciones legales si la FIFA seguía adelante con la iniciativa. A la posición europea se sumaron sectores de Concacaf y de la Confederación Asiática de Fútbol, mientras varias federaciones nacionales comenzaron a cuestionar públicamente la propuesta. Inglaterra, Finlandia, Serbia, Suecia y Gales fueron algunas de las asociaciones que expresaron rechazo a la continuidad de Infantino al frente de FIFA.
Uno de los puntos más polémicos fue la forma en que se intentó conseguir apoyo. De acuerdo con reportes internacionales, la FIFA buscaba respaldo suficiente entre sus asociaciones miembro para aprobar el proyecto, pero la falta de consenso hizo evidente que la votación no tenía asegurada una mayoría. La presión aumentó hasta que, a finales de julio de 2026, Infantino anunció que el FFE no seguiría adelante. La retirada fue interpretada como una derrota política del presidente, quien hasta entonces había mantenido un fuerte control sobre la organización.
Pero ¿está realmente en peligro la reelección de Infantino? La respuesta depende del lugar desde donde se analice el poder que todavía conserva dentro de la FIFA.
Desde que llegó a la presidencia en 2016, Infantino había construido una relación política sólida con las federaciones más pequeñas, especialmente gracias al aumento de los fondos distribuidos mediante programas de desarrollo. Ese respaldo fue clave para sus victorias electorales de 2019 y 2023, ambas sin rivales fuertes. Pero el caso del FFE cambió el escenario.
Por primera vez en años, varias asociaciones importantes están cuestionando abiertamente su continuidad. Inglaterra y otras federaciones europeas ya han mostrado oposición, mientras empiezan a aparecer posibles candidatos alternativos para la elección presidencial de marzo de 2027. Entre los nombres que aparecen como posibles sucesores están Victor Montagliani, presidente de Concacaf; Aleksander Čeferin; Sheikh Salman bin Ibrahim Al Khalifa, presidente de la Confederación Asiática; y Nasser Al-Khelaifi, presidente del Paris Saint-Germain.
Aun así, la caída del proyecto no significa automáticamente el final de Infantino. El dirigente todavía conserva apoyos importantes, como el de la Federación Africana de Fútbol, y cuenta con una estructura política construida durante casi diez años. aunque lo cierto es que el escenario cambió radicalmente. Por primera vez desde que asumió la presidencia en 2016, Gianni Infantino llega a una elección con algo que durante años parecía imposible dentro de la FIFA: una oposición organizada.
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El cine deportivo suele avanzar hacia una victoria anunciada. Aparece un personaje al que nadie concede demasiadas posibilidades, llega una oportunidad casi milagrosa, comienza el entrenamiento y, después de varios tropiezos, el marcador termina confirmando que la perseverancia puede torcerle el brazo al destino. Es una fórmula antigua, pero difícil de abandonar: pocas imágenes resultan tan eficaces como la de un atleta levantándose del suelo cuando todos lo daban por derrotado.
Un portero muy improbable conoce esas reglas, aunque decide jugar el partido desde una posición diferente. Martín, su protagonista, es un joven autista con una extraordinaria capacidad para calcular la trayectoria del balón. Su talento, sin embargo, no basta. Mientras muchos héroes deportivos deben descubrir aquello que llevan dentro, Martín sabe perfectamente lo que puede hacer. El verdadero conflicto se encuentra afuera, en un mundo acostumbrado a confundir diferencia con incapacidad y a exigirle que demuestre, una y otra vez, que merece una oportunidad.
La elección del guardameta resulta fundamental. El portero viste distinto, obedece otras reglas y experimenta el fútbol desde una extraña soledad. Puede permanecer casi invisible durante buena parte del encuentro, pero un solo error basta para convertirlo en culpable. En Martín, esa posición adquiere una dimensión humana: también él es observado con mayor severidad porque no responde a aquello que su entorno considera normal.
Escrita y dirigida por Mike R. Ortiz (Águila y Jaguar: Los guerreros legendarios) y protagonizada por Danilo Guardiola, la producción mexicana combina humor, emoción y espectáculo futbolístico, además de contar con la participación de figuras como Jorge Campos y Raúl Jiménez. La película llega en paralelo con una Copa Mundial que convirtió el fútbol en conversación familiar, rito colectivo y pequeña religión nacional. Sin embargo, su pregunta más importante no depende de un marcador: ¿Qué sucede cuando el principal adversario de una persona no está en la cancha, sino en los prejuicios de quienes deciden quién puede entrar en ella?
Ortiz y Guardiola hablaron sobre la identidad detrás del relato, las fórmulas del cine deportivo, el lugar cultural del fútbol y el trabajo físico y emocional necesario para darle vida a un guardameta que se niega a aceptar el destino que otros eligieron para él.

La película parece hablar tanto de fútbol como de identidad. Tengo la impresión de que, en el fondo, no trata únicamente de atajar balones, sino de enfrentarse a las expectativas que los demás depositan sobre nosotros. ¿Qué piensan de esa lectura?
MIKE R. ORTIZ: Diste en el clavo. Ese es el punto fundamental de la película. Si te gusta el fútbol, seguramente vas a disfrutarla porque contiene sus elementos épicos y cuenta con futbolistas famosos como Raúl Jiménez y Jorge Campos. En ese sentido, quisimos que los momentos deportivos pudieran emocionar a quienes sienten verdadera pasión por el juego.
Al mismo tiempo, buscamos promover la empatía hacia las personas que son consideradas diferentes y que no reciben las mismas oportunidades, sin importar cuánto talento posean. Eso es lo que le sucede a Martín. En realidad, la historia podría haberse desarrollado alrededor de la música, la medicina o el deseo de convertirse en cantante. El protagonista podría haber tenido una condición distinta del autismo y haberse encontrado de todas formas con un entorno que no creyera en él.
Los obstáculos que enfrenta —el acoso, las puertas que se cierran por un prejuicio y la gente que no intenta comprenderlo— son experiencias con las cuales muchas personas pueden relacionarse. Quizás alguien no haya sufrido una agresión física, pero sí pudo encontrarse durante su infancia con una persona que lo juzgara, lo apartara o lo hiciera sentir inferior.
Existen películas deportivas como Karate Kid o Rocky que van mucho más allá del deporte. Detrás del entrenamiento y la competencia hay una historia profundamente humana. Esperamos que el público encuentre también esa dimensión en nuestra película.
Precisamente, en muchas películas deportivas, el héroe posee un talento oculto que los demás terminan descubriendo. Martín, en cambio, parece vivir permanentemente al borde del fracaso, aunque conoce perfectamente sus capacidades. ¿Te interesaba romper con la fantasía clásica del elegido?
MIKE R. ORTIZ: Sí. Diste en el clavo de nuevo. Las películas deportivas tienen una fórmula y no hay nada malo en ella. A todos nos gustan esas historias porque logran motivarnos e inspirarnos. El reto está en encontrar una forma de apartarse de algunos de sus lugares habituales sin renunciar por completo a los elementos que hacen funcionar el género.
En esta ocasión tenemos un protagonista con un talento extraordinario, relacionado con su capacidad matemática y con una manera particular de percibir el mundo. El problema no está en él, sino en el entorno que le impide cumplir su sueño. Eso puede ser mucho más frustrante que no poseer una habilidad, porque una habilidad puede entrenarse o desarrollarse.
Cuando el éxito ya no depende de ti, sino de personas que constantemente colocan obstáculos en el camino, aparece una frustración distinta. También procuramos que el conflicto no estuviera dividido entre buenos y malos. Martín cuenta con una familia y unos amigos que lo respaldan, pero igualmente debe enfrentarse a quienes no creen en él. La vida suele funcionar de esa manera: el apoyo y el rechazo pueden convivir alrededor de una misma persona.
Los porteros viven el fútbol desde la soledad. Pueden pasar inadvertidos durante noventa minutos y quedar marcados por un solo error. ¿Cómo utilizaste esa posición como una metáfora de Martín?
MIKE R. ORTIZ: Precisamente queríamos alejarnos de lo habitual. En muchas películas de fútbol, el delantero que marca los goles recibe las medallas, los aplausos y el reconocimiento. El portero ocupa una posición completamente distinta. Viste un uniforme diferente y está sometido a reglas que no se aplican de la misma manera a sus compañeros.
Ahí encontramos muchas correspondencias con Martín. Alguien que ocupa una posición distinta puede ser juzgado con mayor dureza, del mismo modo que un guardameta suele quedar señalado después de cometer un error. Esa diferencia era importante para construir al personaje.
Al mismo tiempo, la capacidad de Martín para observar el tiro parabólico, calcular la trayectoria del balón y anticipar el ángulo desde el cual llegará le proporciona algo parecido a un superpoder futbolístico. Esa habilidad también nos permitió introducir una dimensión divertida y espectacular dentro de la historia.

Además de Rocky y Karate Kid, ¿Qué películas o series influyeron en el tono de Un portero muy improbable?
MIKE R. ORTIZ: Soy fanático de casi todas las buenas películas deportivas. No necesariamente tienen que hablar de fútbol. Cuando una historia está bien contada, puede involucrarte incluso si desconoces por completo las reglas del deporte. Me gusta mucho Un domingo cualquiera y, entre las producciones recientes, Hustle, con Adam Sandler, me pareció fantástica.
Observamos distintos elementos de esas películas porque queríamos ser honestos y realistas en la ejecución. Esta es una producción mexicana independiente y, a pesar de nuestras limitaciones, estamos muy orgullosos de las escenas de fútbol. Consideramos que algunas funcionan mejor que las de muchas producciones de Hollywood. Para conseguirlo tuvimos que estudiar cómo otras películas habían construido el movimiento, el ritmo y la intensidad de sus secuencias deportivas.
También buscábamos una película emotiva que no cayera en el melodrama. En ese aspecto me interesó mucho lo que hizo Hustle, porque combina comedia y emoción, además de incorporar jugadores y contextos reales del baloncesto. Aparecen los Philadelphia 76ers y diferentes figuras de la NBA.
Nosotros contamos con el apoyo de la Kings League y de Rayados, y tuvimos la participación de Raúl Jiménez y Jorge Campos. A eso se suma la emoción de películas como Karate Kid. Tratamos de aprender de los mejores referentes, mezclar esas influencias y encontrar nuestra propia voz.
La película tiene mucho humor, pero debajo de él también existe una melancolía profunda. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio?
MIKE R. ORTIZ: Martín tiene un entorno familiar muy hermoso y un grupo de amigos que logra comprenderlo. Sus amigos son muy diferentes entre sí, resultan pintorescos y pueden ser bastante albureros, mientras que él no posee esa misma manera de comunicarse. Aun así, lo integran con afecto y naturalidad.
La forma en que Martín percibe el mundo es personal e irrepetible. Resulta conmovedor observar cómo su entorno intenta incluirlo y aprender a relacionarse con él. Sin embargo, también existe una lucha interior que solamente Martín podrá comprender plenamente durante su vida.
Por eso aparece esa melancolía. Quisimos combinarla con una narración relajada y con humor, porque a veces la risa nos permite aproximarnos mejor a una situación que, presentada desde la solemnidad, podría levantar una barrera entre la película y el público.

Danilo, en Latinoamérica el fútbol se ha utilizado durante décadas como una medida de masculinidad: si a un hombre le gusta, parece cumplir con lo esperado; si no le interesa, su identidad comienza a ser cuestionada. ¿Crees que la película dialoga con esa presión cultural sobre cómo debe comportarse un hombre?
DANILO GUARDIOLA: Durante mucho tiempo se ha pensado que el fútbol está relacionado exclusivamente con los hombres y con una determinada idea de lo masculino, pero creo que esa perspectiva ha comenzado a cambiar. Tengo una prima a quien le encanta jugar y que incluso ha formado parte de un equipo. Me parece estupendo que cada vez existan más espacios para que cualquier persona pueda disfrutarlo.
Cuando era pequeño tampoco me interesaba demasiado el fútbol. A medida que fui creciendo comenzó a gustarme cada vez más, hasta el punto de salir a jugar con mis amigos. Actualmente todavía disfruto hacerlo de vez en cuando.
Creo que la visión de muchas personas se ha ampliado. El fútbol se ha convertido también en una experiencia más familiar. Ahora con la Copa Mundial, muchas familias pueden compartirlo, reunirse y divertirse. Eso puede ayudar a que deje de verse como una prueba de masculinidad y se entienda como una actividad en la que todos tienen derecho a participar.

En el cine deportivo, el cuerpo resulta decisivo: las caídas, el sudor, el cansancio y la frustración cuentan una parte de la historia. ¿Cómo encontraste las herramientas físicas y emocionales necesarias para interpretar a Martín?
DANILO GUARDIOLA: Me basé principalmente en la manera en que yo mismo me sentía cuando jugaba con mis amigos. Traté de llevar a Martín una parte de esa emoción. Nosotros no teníamos una cancha espectacular. Muchas veces llegábamos a la calle, colocábamos dos botellas para marcar la portería y comenzábamos a jugar. Quise recuperar esa alegría sencilla y convertirla en parte del personaje.
También tuve que prepararme físicamente. Yo no era capaz de realizar esas atajadas que parecen de El Hombre Araña. Entrené durante varias semanas, aprendí a caer y recibí bastantes balonazos. Todo ese trabajo sirvió para que Martín pudiera cobrar vida en la pantalla y para que sus movimientos como portero resultaran creíbles.
Una película deportiva puede perder credibilidad cuando exagera demasiado, pero si se apega por completo al realismo corre el riesgo de sacrificar la energía del espectáculo. ¿Cómo encontraste el punto intermedio entre ambas cosas?
DANILO GUARDIOLA: La dirección de Mike fue muy importante para encontrar el tono. Aunque la película contiene mucho humor, también tiene una carga emocional considerable. Las escenas poseen energía, pero no se dejan arrastrar completamente por ella.
Eso permite que existan momentos capaces de tocar el corazón sin abandonar la diversión ni convertir cada situación en algo excesivamente solemne. Creo que el equilibrio se encuentra justamente ahí: en dejar que la emoción aparezca, pero sin obligar al espectador a sentirla.
Finalmente, ¿qué descubriste sobre Martín durante el proceso de interpretarlo?
DANILO GUARDIOLA: Descubrí que es muy necio, pero en el mejor sentido de la palabra. Es persistente y no se rinde, aunque constantemente encuentre trabas y obstáculos.
Gracias al respaldo de su familia y de sus amigos, consigue seguir adelante y luchar por aquello que verdaderamente le apasiona, que es el fútbol. Esa tenacidad me parece admirable. Fue una de las características que más disfruté del personaje, porque Martín puede caer muchas veces, pero nunca acepta que otra persona decida hasta dónde puede llegar.
Esa terquedad y esa tenacidad fueron precisamente las características que más me gustaron del personaje. Mike, Danilo, muchas gracias por esta conversación. Creo que Un portero muy improbable encaja perfectamente con el espíritu de la Copa Mundial.
MIKE R. ORTIZ: Gracias a ti, André. Fue una entrevista muy bonita. Agradecemos mucho el análisis que hiciste de la película.
DANILO GUARDIOLA: Muchas gracias a ti.
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En algún momento de Paw Patrol: The Dino Movie, Humdinger, el eterno villano de la Patrulla Canina, le pregunta a Marshall: “¿Cómo te llamas? Es que son tantos que me confundo”. La verdad es que muchos espectadores mayores de nueve años probablemente compartan el desconcierto. Son muchos perros, muchos vehículos, numerosos uniformes y suficientes dispositivos tecnológicos para que Tony Stark pareciera estar trabajando con un presupuesto municipal.
Por eso conviene comenzar pasando lista. Marshall (Carter Young), es el dálmata bombero: torpe, impulsivo, entusiasta y extraordinariamente constante. Chase (Rain Janjua), es el pastor alemán policía, disciplinado y valiente. Skye (Mckenna Grace), es la cockapoo aviadora que domina los cielos desde su helicóptero. Rubble (Lucien Duncan-Reid), es el bulldog experto en construcción y maquinaria pesada. Rocky (William Desrosiers), es el cachorro mestizo encargado del reciclaje y las reparaciones. Zuma (Nylan Parthipan), es el labrador chocolate que dirige las operaciones acuáticas. A ellos ahora se le suma Rex (Hayden Chamberlain), un boyero de Berna parapléjico, conocedor de los dinosaurios y capaz de desplazarse gracias a un dispositivo adaptado.
Todos están liderados por Ryder, el niño con la voz de Henry Bolan, que cada vez se parece más a una versión preadolescente de Elon Musk. Ryder dispone de portaaviones, grúas, barcos, centros de mando, vehículos transformables y una infraestructura logística que haría palidecer a varios gobiernos. La película nunca explica de dónde sale el dinero, pero cabe sospechar que todo se financia con las ganancias producidas por los juguetes, las loncheras, las camisetas, las camas infantiles, las piñatas y las innumerables figuras de estos cachorros. La Patrulla Canina ha descubierto el movimiento perpetuo: el vehículo vende el juguete y el juguete paga el próximo vehículo.
La franquicia comenzó en 2013 como una serie de televisión creada por Keith Chapman y terminó convertida en uno de los fenómenos infantiles más rentables de su generación. Su éxito no es casual. Paw Patrol reúne dos elementos que ejercen una fascinación casi hipnótica sobre los niños pequeños: Los rescates y los perros.
La infancia mantiene una relación particular con las profesiones de emergencia. Camiones de bomberos, patrullas policiales, ambulancias, helicópteros, grúas y excavadoras condensan una fantasía muy poderosa: cuando algo sale mal, existe una persona preparada para llegar, comprender el problema y solucionarlo. Antes de la Patrulla Canina estuvieron producciones como Emergency!, 240-Robert, Chopper Squad, Adam-12, series sobre bomberos, policías y rescatistas que durante los años setenta y ochenta cautivaron tanto a niños como a adultos.
También está el perro como héroe. Desde los primeros años del cine, estos animales han ocupado el lugar del compañero leal, el protector y el rescatista capaz de comprender aquello que los humanos todavía no han descubierto. Rover, Rin Tin Tin, Lassie, Benji, Joe, Hobo y el Comisario Rex, convirtieron al perro en detective, soldado, guardián y salvador. Paw Patrol lleva esa tradición hasta su expresión industrial definitiva: asigna a cada raza una profesión, un uniforme, una personalidad, un color corporativo y un vehículo susceptible de convertirse en juguete.
Después de convertir a los cachorros en superhéroes en Paw Patrol: The Mighty Movie, la franquicia necesitaba encontrar un nuevo territorio comercial. La respuesta era tan evidente que sorprende que haya tardado tres películas en llegar: Dinosaurios. Los cachorros rescatistas y los animales prehistóricos pertenecen a dos de las obsesiones más persistentes de la infancia. Juntarlos equivale a mezclar chocolate con más chocolate, aunque detrás de la decisión narrativa también pueda escucharse el feliz sonido de una nueva línea de juguetes entrando en producción.
La aventura comienza cuando la Patrulla Canina rescata a Paris Hilton y Snoop Dogg de un yate puesto en peligro por la travesura de un gato (no es una broma ni una alucinación producida por una sobredosis de cannábicos o de televisión infantil). La participación de ambas celebridades confirma hasta qué punto la franquicia ya funciona como una enorme plaza pública. Quieren aparecer allí, aunque sea durante el tiempo que tarda Marshall en desplegar una escalera.
El incidente también permite señalar uno de los aspectos menos simpáticos de la saga, que es su insistente animadversión hacia los gatos. Mientras los perros son trabajadores, nobles y solidarios, los felinos aparecen con frecuencia como criaturas egoístas, caprichosas o directamente criminales. Los Cat Pack ocasionalmente han servido para reducir esa división, pero Humdinger y su pandilla de gatitas continúan perpetuando una guerra zoológica bastante injusta. Los gatos, al parecer, todavía necesitan contratar una buena agencia de relaciones públicas.
Después del rescate, una tormenta arrastra a los protagonistas hasta una tierra desconocida habitada por dinosaurios. Allí conocen a Rex, quien lleva años en la isla y posee un conocimiento enciclopédico sobre sus habitantes. El personaje ya había aparecido en la subserie televisiva Dino Rescue, pero la película le concede un papel más importante como guía de este ecosistema y mediador entre los cachorros y las criaturas prehistóricas.
Rex les enseña que los dinosaurios no son monstruos, sino animales pacíficos que desean vivir en armonía. Incluso los ejemplares que deberían ocupar los puestos más altos de la cadena alimenticia parecen haber adoptado una dieta diplomáticamente vegetariana. No hay aquí rastros de los velociraptores de Jurassic Park ni de su costumbre de abrir puertas y devorar científicos. Estos dinosaurios son grandes mascotas escamosas: adorables, expresivas y cuidadosamente diseñadas para no alterar el sueño de los espectadores más pequeños. Entre ellos encontramos al adorable Tomatito, un pequeño dinosaurio que se hace amigo de Marshall y que está aprendiendo a dominar su rugido.
La Patrulla Canina divulga la existencia de la isla y pronto llega un grupo de científicos para estudiar el comportamiento de los animales (entre ellos Bill Nye). Afortunadamente, nadie intenta construir un parque de diversiones, clonar nuevas especies ni contratar a Jeff Goldblum. La relación entre humanos y dinosaurios parece encaminada hacia una convivencia respetuosa hasta que Humdinger sale de prisión y descubre, mientras observa un noticiero, que la isla contiene una enorme reserva de diamantes.
Ron Pardo vuelve a interpretar al exalcalde corrupto, además de prestar su voz al capitán Turbot. Humdinger viaja a la isla acompañado por sus gatos y dos ayudantes (con las voces de Terry Crews y Jameela Jamil) con la intención de extraer las piedras preciosas a cualquier precio. La película introduce entonces, dentro de su lenguaje elemental, un conflicto relacionado con el extractivismo. La riqueza natural despierta inmediatamente la codicia de quienes observan el territorio como una cantera y no como un ecosistema.
Humdinger perfora el terreno y utiliza dinamita sin considerar que se encuentra sobre una isla volcánica. Su operación minera altera el equilibrio geológico y provoca la inevitable catástrofe. La Patrulla Canina debe rescatar simultáneamente a los dinosaurios, los científicos y hasta los propios responsables del desastre. Para estos cachorros, el derecho al rescate es universal; incluso el villano merece ser salvado de las consecuencias de su estupidez.
La crítica ambiental es sencilla, pero eficaz para la edad del público al que está dirigida. La película explica que la explotación indiscriminada de los recursos destruye hábitats y pone en peligro tanto a los animales como a las personas. No desarrolla las dimensiones políticas o económicas del problema (sería excesivo pedirle a Marshall una conferencia sobre modelos ambientalistas), pero establece con claridad la relación entre codicia, devastación ambiental y catástrofe.
Como ocurría en las entregas anteriores, el relato concentra su arco emocional en uno de los integrantes del equipo. Si Paw Patrol: The Movie se centró en Ryder y Paw Patrol: The Mighty Movie pertenecía principalmente a Skye, The Dino Movie convierte a Marshall en su protagonista. El dálmata continúa tropezando, activando mecanismos antes de tiempo y provocando pequeños desastres, pero también demuestra una voluntad inagotable para levantarse después de cada error.
Su desarrollo no consiste en dejar de ser torpe, sino en comprender que la torpeza no determina su valor. Marshall aprende de sus equivocaciones, modifica sus decisiones y continúa intentándolo cuando otros podrían rendirse. El mensaje es especialmente valioso para los niños que no se identifican con el héroe naturalmente habilidoso. La película les recuerda que equivocarse no equivale a fracasar y que la constancia puede ser una forma de valentía.
Rex complementa esta idea. Su discapacidad no es presentada como una tragedia destinada a inspirar compasión, sino como una condición que forma parte de su vida y exige soluciones específicas. El vehículo adaptado le permite desplazarse y participar en los rescates sin que la narración niegue sus limitaciones ni reduzca al personaje a ellas. Además, Rex posee conocimientos que ninguno de los demás cachorros tiene. En la isla, él es el verdadero especialista.
Cal Brunker, director de las tres películas cinematográficas de la franquicia, conoce perfectamente el material y las expectativas de su audiencia. No intenta transformar a Paw Patrol en algo que no es. La película funciona, esencialmente, como un episodio de 88 minutos con mayores recursos técnicos, más personajes famosos, escenarios amplios y secuencias de acción diseñadas para la pantalla grande.
La animación presenta una mejoría evidente frente a la serie televisiva y a sus películas predecesoras. Los movimientos son más fluidos, los paisajes de la isla poseen mayor profundidad y los dinosaurios tienen suficiente expresividad para resultar adorables sin perder por completo su tamaño. La película aprovecha especialmente los vehículos y dispositivos: camiones que se transforman, aviones que despliegan nuevas funciones, grúas gigantescas y mecanismos cuya utilidad parece secundaria frente al placer de observar cómo se activan.
Ese despliegue posee una eficacia casi peligrosa. Es difícil contemplar aquellos camiones, helicópteros y excavadoras sin imaginar cómo lucirían sobre una mesa o atravesando la sala de una casa. La película no disimula su naturaleza comercial. Cada nueva máquina y dinosaurio parece entrar en escena acompañada por un invisible anuncio de “se vende por separado”. Sin embargo, el diseño es tan seductor y el entusiasmo de los personajes tan contagioso que la estrategia termina funcionando incluso entre espectadores que hace décadas dejaron atrás la edad recomendada.
La banda sonora de Pinar Toprak acompaña la acción con energía y recupera el tono heroico de la entrega anterior. Las canciones de Ava Max y Backstreet Boys refuerzan la intención de atraer a los adultos que acompañan a los niños, aunque la película sabe que ese público ocupa un lugar secundario. El relato no ofrece dobles lecturas particularmente elaboradas ni bromas destinadas a mantener despiertos a los padres. Su compromiso está por completo con los espectadores pequeños.
Para un adulto sin conexión previa con la serie, la experiencia puede resultar aburrida y repetitiva. Cada peligro conduce a la selección de un cachorro, la aparición de un vehículo, la ejecución de un rescate y la celebración del trabajo en equipo. Los diálogos explican constantemente lo que está sucediendo, los chistes son flojos y Humdinger vuelve a ser tan incompetente que resulta asombroso que todavía encuentre personas (o gatos) dispuestos a colaborar con él. La película tampoco desea crear una amenaza demasiado intensa: incluso frente a volcanes, explosiones y dinosaurios gigantes, todo permanece dentro de una zona de seguridad emocional.
Pero juzgarla exclusivamente desde las expectativas adultas sería desconocer su verdadera naturaleza. Paw Patrol: The Dino Movie no pretende interrogar los códigos de la animación ni construir una aventura que atraviese generaciones como las mejores producciones de Pixar. Quiere ofrecer una misión emocionante, comprensible y luminosa a los niños que conocen los nombres, colores y funciones de cada cachorro. Dentro de ese propósito, cumple con notable eficacia.
No es una película hecha para adultos, y muchos probablemente la sentirán como una prolongada visita a una juguetería donde todos los productos hablan al mismo tiempo. Los niños, en cambio, especialmente quienes ya aman a la Patrulla Canina, encontrarán una aventura generosa, dinámica y considerablemente mejor realizada que los episodios televisivos. Al terminar la función, tal vez ningún adulto quiera vivir en Bahía Aventura ni trabajar bajo las órdenes de Ryder. Tener uno de esos camiones, sin embargo, ya es otra historia.
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La música de Cien años de soledad enfrenta un desafío semejante al de su adaptación audiovisual: convertir en sonidos un universo donde el tiempo gira sobre sí mismo, los muertos permanecen cerca de los vivos y una tragedia familiar puede adquirir las dimensiones de una leyenda. No basta con reproducir el folclor del Caribe ni con musicalizar cada aparición fantástica. Es necesario encontrar aquello que mantiene unido a Macondo mientras sus habitantes, sus pasiones y hasta su geografía comienzan a desintegrarse.
Camilo Sanabria encontró la identidad musical de ese mundo durante la primera temporada de la serie de Netflix. Para la segunda debía conservar algunas de sus sonoridades y, al mismo tiempo, conducirlas hacia otra etapa: la llegada de nuevos personajes, el choque entre el catolicismo y el folclor, las guerras del coronel Aureliano Buendía, la decadencia de la estirpe y la destrucción final del pueblo.
En esta conversación, Sanabria explica por qué cada personaje necesitaba una sonoridad propia, cómo la historia latinoamericana se repite musicalmente y de qué manera el trabajo solitario del compositor le permitió acercarse al sentimiento central de la obra de Gabriel García Márquez.

Macondo cambia constantemente, pero el espectador necesita sentir que continúa habitando el mismo universo. ¿Cuál fue el desafío de construir una identidad musical capaz de sobrevivir a varias generaciones de los Buendía?
En la primera temporada ya había encontrado un sonido para Macondo. El comienzo del trabajo en la segunda consistió en decidir cuáles elementos de esa identidad debían continuar y cómo podían evolucionar. Se escucharán guiños y sonoridades que ya estaban presentes, pero la propuesta también era encontrar un sonido nuevo para esta etapa sin perder aquello que habíamos construido.
La novela está llena de imágenes que parecen sueños, recuerdos y profecías al mismo tiempo. ¿Cómo se traduce esa ambigüedad al lenguaje musical sin volverla evidente?
Una cosa es la experiencia de leer la novela y otra la visión que los directores construyeron mediante las imágenes. Trabajé con Laura Mora y Carlos Moreno, dos directores increíbles, y coincidíamos en que no queríamos subrayar lo evidente. Cuanto más sutil fuera la música, mejor.
Con Laura (Mora) hablábamos mucho de la música como un comentario del espíritu. En esta segunda temporada queríamos trascender la emoción inmediata. Nos hacíamos preguntas como: ¿cómo convertir la destrucción de Macondo en algo bello?, ¿cómo acercarnos a lo onírico y encontrar el tono preciso sin explicar lo que el espectador ya está viendo?

¿Trabajaste temas reconocibles para determinados personajes o preferiste acompañarlos desde sonoridades menos explícitas?
No construí temas melódicos tradicionales para cada personaje, pero sí les asigné sonoridades específicas. Fernanda del Carpio es un ejemplo muy claro porque llega cargada con todo el peso del catolicismo y debe enfrentarse al universo de Macondo. Musicalmente, lo más interesante fue explorar el choque entre esos mundos: lo católico frente a lo folclórico.
Ese encuentro produjo algunos de los pasajes más interesantes de la temporada. La primera parte estaba concentrada en un sonido de Macondo que evolucionaba a través del tiempo; en la segunda, la música surge con mayor frecuencia del encuentro y el enfrentamiento entre los personajes.

En Cien años de soledad, la historia avanza en círculos y los destinos parecen repetirse. ¿Cómo trabajaste musicalmente esa recurrencia?
La repetición de la historia estuvo presente desde el comienzo, no solo dentro de la familia Buendía, sino también como una reflexión sobre Latinoamérica. Somos cíclicos y volvemos constantemente sobre los mismos acontecimientos.
Hay un tema recurrente, casi hipnótico, que atraviesa las dos temporadas. Quizá un espectador que escucha de manera pasiva no lo reconozca de inmediato porque no está presentado explícitamente, pero permanece allí. El reto para quien presta atención consiste en descubrirlo y comprender cómo regresa transformado.
Otros compositores suelen hablar de la intuición y la emoción al trabajar una escena. En este caso, ¿la música debía responder al sentimiento inmediato o dialogar con la memoria histórica de Colombia?
Es una mezcla de todo. En algunos momentos se responde a lo que necesita la escena y en otros hay que ir mucho más lejos. Algunos pasajes exigían una profundidad enorme, y eso también dependía de los personajes. Úrsula es extraordinariamente compleja, al igual que José Arcadio Buendía. Cada uno posee diferentes niveles y la música debe reaccionar según quién esté presente, qué relación se esté desarrollando y qué sucede en ese momento.
Componer para Cien años de soledad fue un trabajo muy complejo. Tiene rigor, investigación e intuición. Para mí también era importante que lo hiciera un colombiano, porque al componer cargamos con muchas cosas. Somos el resultado de una mezcla de culturas: dialogamos con Occidente, pero también tenemos profundas influencias africanas y caribeñas.
Bogotá reúne muchas de las culturas que conforman Colombia. En ese sentido, Macondo también es una mezcla. Preguntarse a qué suena Macondo es preguntarse qué somos y cómo convivimos con todas esas tradiciones. Cada personaje llega con una combinación distinta de ellas.
La historia transcurre entre lo íntimo y lo mítico. ¿Cómo conseguiste que la música pasara de una tragedia familiar a una dimensión legendaria sin romper su unidad?
Esta temporada tiene mucho que ver con lo íntimo. Seguimos de cerca distintas historias de amor y eso se refleja en la música. Pero hay momentos en los que lo personal y lo histórico suceden al mismo tiempo.
En uno de los capítulos ocurre una revolución amorosa mientras también se desarrolla una revolución de los trabajadores. Decidimos unir ambas mediante una misma sonoridad porque, en el fondo, el sentimiento era semejante. Son dos revoluciones diferentes, pero nacen de una energía común. Ese tipo de conexiones permitía pasar de lo privado a lo colectivo sin fragmentar musicalmente el relato.
¿Qué tan presente estuvo el Caribe como referencia y cuándo decidiste alejarte de esa identidad para buscar otros territorios sonoros?
La investigación sobre el Caribe fue muy importante, pero nunca quisimos hacer un documental sobre la música caribeña. Cien años de soledad también cuenta una historia universal. Me interesaba trabajar con el folclor, pero descontextualizarlo.
Normalmente escuchamos esas músicas dentro de contextos muy específicos, como los rituales o la fiesta. Sacarlas de allí y utilizar sus sonoridades para construir emociones diferentes podía producir algo nuevo. Era como disponer de una paleta sonora vinculada a nuestro territorio y emplearla para expresar todo aquello que necesitaba la serie sin limitarla a una reproducción convencional del folclor.
La soledad está en el título, en los personajes y en el destino de Macondo. ¿Encontraste una forma musical de comprenderla?
Creo que sí, y debo responder desde algo muy personal: el trabajo del compositor es profundamente solitario. Esa emoción está siempre dentro de lo que hago. En Cien años de soledad no tuve que buscarla desde afuera porque permaneció conmigo durante todo el proceso.
¿Hubo algún pasaje que pareciera casi imposible de musicalizar y te obligara a replantear tu trabajo?
Hubo muchos. Fue un proceso largo y difícil. Recuerdo especialmente la muerte del coronel Aureliano Buendía, la muerte de Úrsula y los finales de varios capítulos. Eran escenas muy importantes y no siempre resultaba claro si debían ser grandes, épicas o íntimas.
También fue complicado encontrar el sonido de la decadencia de Macondo: una música que pudiera degradarse y erosionar poco a poco. El final de la serie producía cierto temor porque había que descubrir la belleza dentro de la destrucción, encontrarla en el momento en que las cosas terminan y el mundo conocido se acaba.
Otro desafío fue la mezcla de universos y personajes. Carlos Moreno me invitaba a pensar en conceptos como lo extraño y el humor dentro de García Márquez, que musicalmente son muy difíciles de alcanzar. Incluso hubo que encontrar una sonoridad capaz de hacer que el sexo adquiriera una cualidad extraña y disparatada. Ese choque entre lo católico, lo folclórico, lo sensual y lo absurdo terminó siendo uno de los retos más grandes, pero también uno de los aspectos más fascinantes.
Después de convivir tanto tiempo con Macondo, ¿qué descubriste sobre la relación entre la música y el realismo mágico?
En la primera temporada, lo mágico estaba mucho más presente. En la segunda descubrimos que la realidad termina superando a la ficción. Las situaciones más absurdas podrían encontrarse dentro de la propia historia, y allí estaba finalmente lo mágico.
Leí la novela en el colegio y recuerdo que conocí la masacre de las bananeras por García Márquez, no en una clase de Historia. Cuando después comprendí que aquello realmente había sucedido, no podía creerlo. Esa experiencia resume la relación entre el realismo mágico y nuestra historia: pensamos que estamos frente a un delirio hasta que descubrimos que la realidad fue todavía más terrible.
También existe una cercanía con Don Quijote. En ambos casos, el comienzo está dominado por la magia y el delirio, pero progresivamente la realidad aplasta a los personajes. La cordura va ocupando el espacio mientras el sueño queda atrás. En la segunda temporada de Cien años de soledad, la música acompaña precisamente ese tránsito: de la fundación maravillada de un mundo hacia la certeza de que incluso los mundos más extraordinarios pueden desaparecer.
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Rosalía siempre se ha abierto su propio camino como estrella del pop, y eso es especialmente cierto cuando se trata de su gira mundial Lux. Cada noche, la cantante española ofrece un espectáculo con visuales impresionantes, movimientos de ballet y voces operísticas. Entre estos elementos, Rosalía también ha desarrollado el imaginerío religioso presente en todo Lux con una idea única: cada noche, invitados especiales hacen una confesión a la cantante dentro de un confesionario gótico recreado, justo antes de que ella interprete el mordaz tema “La Perla”.
Desde que comenzó la gira de 57 fechas, Rosalía ha invitado a un puñado de famosas estrellas, músicos y modelos por igual a desahogarse sobre sus secretos y pecados más profundos y oscuros relacionados con sus vidas amorosas. Aquí está la lista de todas las confesiones de celebridades hasta el momento.
1. Lali Espósito
“Voy a hablar mal de mí misma”, advirtió Lali Espósito durante su momento en el confesionario, tomando una página del libro de Tokischa y usándola para reconocer un error que cometió. En una ocasión, la argentina llevó a una cita —que casualmente era español— a un hotel elegante para pasar un buen rato. Pero luego el invitado encendió un porro en la habitación e inmediatamente le prendió fuego a la estancia. “Salí corriendo desnuda, solo con una camiseta de tirantes, a pedir ayuda”, dijo, provocando los gritos del público. Sin embargo, ¿lo peor de toda la odisea? “Fui una idiota que terminó pagando los daños de esa persona y nunca me devolvió ni un solo centavo”, admitió Espósito. —Maya Georgi
2. Francisca Valenzuela
Para sus paradas de la gira en Chile, Rosalía recurrió a una de las cantantes más queridas del país, Francisca Valenzuela, para que se uniera a ella en el confesionario. La artista chileno-estadounidense compartió una historia bastante desgarradora sobre un romance que se apagó tan rápido como comenzó. Cuando estaba soltera, terminó hablando con un compañero músico, y la cosa pareció ponerse seria rápidamente. La pareja se reunió en una ciudad mientras estaban en sus respectivas giras para pasar tres días románticos juntos. “Al tercer día, me escribió una canción”, dijo Valenzuela. Poco después, el músico invitó a Valenzuela a un concierto y a la fiesta posterior. Allí, lo encontró besándose con otra chica. “Me vio, salió y dijo: ‘¡Mi amor, muchas gracias por venir!’”. Rosalía no tardó mucho en declarar que el músico anónimo era una “perla”. —M.G.
3. Tokischa
¿A alguien le sorprende que Tokischa haya compartido la confesión de celebridad más escandalosa hasta la fecha? La provocadora favorita de la música latina cambió el guion en el confesionario cuando salió en el show de Rosalía en Bogotá y admitió algo indecoroso que hizo. La cantante dominicana contó una historia sobre cuando se convirtió en sugar baby durante un período en el que estaba “en la quiebra”. Su novio de aquel entonces no lo aprobaba, pero según Tokischa, él tampoco tenía trabajo. “Mi sugar daddy quería hacer un trío”, dijo. “Una de mis mejores amigas era la prima de mi novio en ese momento, así que la llevé… Nos lo pasamos genial, ella y yo, y mi sugar daddy, a quien, por cierto, no se le levantaba”, añadió. “Así que básicamente terminamos divirtiéndonos solo nosotras dos”. —M.G.
4. Chappell Roan
Chappell Roan ya ha compartido la inspiración detrás de su dolorosa canción “Casual” en entrevistas pasadas, pero durante el concierto de Rosalía en Oakland, la cantante entró en más detalles que nunca. “Vi la confesión de Lola Young y me recordó algo un poco similar”, dijo Roan antes de describir una situación de coqueteo en la que estuvo durante la pandemia con un coescritor. “Hablamos durante tres meses por internet… Nos enviábamos mensajes, yo mandaba fotos y esas cosas”, recordó la cantante. Roan estaba tan ilusionada que incluso viajó a Los Ángeles para tener una cita con esa persona. “Pero luego no supe nada de ellos durante cuatro días”, dijo. Tras encarar la situación, le informaron de que habían conocido a otra persona en ese breve lapso de tiempo. ¿Lo peor de todo? “Le dijeron a esta artista, de quien yo era amiga, que sabían que deberían estar tristes y preocuparse por mí, pero que no lo estaban y que no sabían por qué yo estaba tan molesta si solo era algo casual”, dijo. La estrella terminó su confesión con la parte más jugosa: “Nunca he contado esta historia porque escriben con otros artistas que tal vez conozcan”. —M.G.
5. Karol G

Rosalía hizo que su primera noche en el Kia Forum de Los Ángeles fuera extra especial cuando sacó a la escena a nada menos que a Karol G. La cantante española le dio a la superestrella una presentación a la altura: “Es una estrella del rock, una leyenda, una mujer fuerte… un aplauso enorme para la bichota”. La cantante colombiana se unió al confesionario y reveló que a su exnovio “no le gustaba celebrar su cumpleaños conmigo”. Continuó: “La parte más chimba, la más curiosa, eran las excusas que surgían año tras año para que yo no estuviera en su cumpleaños”. Karol se guardó el detalle más desgarrador para el final: “En el último año [que estuvimos juntos] nos íbamos a ir de viaje [por su cumpleaños]”, dijo. “Pero no apareció en el aeropuerto, me quedé sola en la sala de espera… Esto me hizo darme cuenta aún más de cómo se había convertido en un patrón de falta de consideración”. Pero Karol siempre recuerda su lado bichota. “Me bajé completamente del avión”, dijo guiñando un ojo al público. —M.G.
6. Marcello Hernández
Para su segunda noche en el MSG, Rosalía invitó a la estrella de SNL y comediante Marcello Hernández al confesionario. En espanglish, contó una historia que admitió que nunca antes había compartido: hace diez años, echó toda la carne al asador para una cita de San Valentín en casa. “Cociné. Usé un tutorial de YouTube. Puse la mesa: tenedor, cuchillo, cuchara… formal. Compré dos botellas de vino con mi identificación falsa. Cometí un delito por esta dama”, dijo Hernández. “Hice el esfuerzo”. Pero su devoción fue en vano después de que su cita le dijera que llegaría una hora tarde… luego dos horas tarde… y al final terminó cancelando. Hernández confesó: “Me tomé una botella de vino por FaceTime con mi mamá”. Pobrecito. —M.G.
7. Maggie Rogers
Maggie Rogers causó un gran revuelo en el show de Rosalía en el Madison Square Garden cuando fue al confesionario y divulgó detalles jugosos sobre una cita que tuvo con un periodista anónimo del New York Times. “Me llama y me dice: ‘Tengo un auto clásico, ¿puedo pasar a buscarte?’”, le contó Rogers a la cantante española. Según Rogers, la pareja terminó cerca de las oficinas vacías del Times… y terminaron besándose en una de las salas de conferencias de la redacción. “Fue una gran jugada, pero era la una de la mañana… fue un momento realmente bueno”, dijo. Pero por la mañana, la música descubrió que el “atractivo” y “soltero” periodista no estaba tan soltero después de todo. “Mi amiga me dice: ‘Dios mío, ese es el novio de mi amiga’”, reveló Rogers. Ella dedujo que, después de todo, el tipo era un “perdedor” (cierto), y que nunca hay que confiar en un periodista en primer lugar (no tan cierto), dándole a Rosalía mucho material con el que trabajar antes de su canción “La Perla”. —M.G.
9. Cara Delevingne
Para su segunda noche en Londres, Rosalía invitó a la polifacética Cara Delevingne al confesionario. Delevingne nunca ha sido de las que se esconden de la verdad, y expuso realmente todas sus inseguridades románticas. “Soy lesbiana, y mi debilidad solían ser las mujeres heterosexuales”, le admitió a la cantante española. “Pero ahora estoy en una relación comprometida, y la cosa es… antes me encantaba ser la dominante. Me encantaba tomar el control, pero creo que era porque tenía miedo de ser vista. Tenía miedo de ser sumisa porque no quería recibir amor. Pero ahora creo que estoy lista. Estoy lista”.
“Esta confesión me impactó mucho. Muchísimo”, dijo Rosalía, a lo que Delevingne respondió: “Mi anillo dice ‘dyke’ [bollera], así que…”. —M.G.
9. Aitana

Aitana pareció soltar la sopa sobre su relación pasada con el cantante colombiano Sebastián Yatra durante su confesión en Madrid. Aunque la cantante española nunca nombró a Yatra directamente, la historia que le contó a Rosalía sobre un ex que admitió que estaba destinado a ser infiel tras un año de noviazgo coincide con las propias declaraciones públicas de Yatra. “Decidí darle otra oportunidad, pero luego salieron esas declaraciones”, dijo Aitana, lo que los fans tomaron como una referencia a los comentarios similares de Yatra en un podcast.
Inmediatamente, Rosalía unió los puntos y le preguntó a Aitana: “¿Podría ser el [cantante] que hizo una maniobra de marketing diciendo algo sobre mí?”. Cuando la cantante española lo confirmó, Rosalía añadió: “Lo sabía. Tengo que confesar algo más aquí: él me pidió disculpas y no lo perdoné… lo siento”. —M.G.
10. Lola Young
Cuando la cantante española se presentó en el O2 Arena de Londres durante su gira, sacó a la potente vocalista Lola Young para la sección del confesionario, y Young no decepcionó con una jugosa historia sobre una llamada que salió mal.
“Estuve viendo a alguien durante unos cuatro meses, se estaba poniendo bastante serio”, dijo. “Tengo que confesar que pensé que me estaba enamorando. Él era un poco mayor, como un ser humano más maduro. Los hombres parecen madurar mucho más despacio”. Continuó diciendo que los dos habían estado juntos en la cama una noche cuando las cosas dieron un giro: “Le suena el teléfono justo cuando está a punto de terminar, se levanta de un salto y dice: ‘Vuelvo en dos minutos’”, recordó. Él no se dio cuenta de que su teléfono estaba conectado a través de un altavoz Bluetooth mientras atendía la llamada. “Baja las escaleras, habla por teléfono y su esposa le pide que traiga pañales para sus hijos. Lo escuché todo por el altavoz Bluetooth”.
Young, abiertamente bisexual, dijo que eso fue todo lo que necesitó para jurar que no volvería a estar con hombres. “Perdí un poco el control”, dijo. “Pensé: ‘No puedo con esto, vuelvo con las mujeres’”. —Julyssa Lopez
11. Guitarricadelafuente
El cantante español Guitarricadelafuente es conocido por sus letras profundamente personales, por lo que los fans no podían esperar a escuchar lo que diría al entrar al confesionario de Rosalía. Contó una historia divertida y un poco vergonzosa sobre un viaje a Sevilla Santa Justa, donde él y su pareja se alojaron en una casa rústica en una noche helada de diciembre. Recordó que no tenía electricidad ni agua corriente y que las ventanas estaban cerradas con persianas, lo cual no impresionó a su pareja romántica.
Al final, la noche fue tan mala que rompieron con él: “Me dijo que necesitaba más calle”. —J.L.
12. Kika Nazareth
Kika Nazareth, la jugadora del Barça, se unió a Rosalía en el escenario para confesar que una vez se vio envuelta en un triángulo amoroso con otras dos mujeres. En su confesión, Nazareth relata la dramática historia de haber invitado a una chica que le gustaba a su fiesta de cumpleaños, donde la chica se enamoró de otra de sus amigas, con quien la propia futbolista ya se había acostado en el pasado. “Me gusta liarme”, dijo Nazareth.
Rosalía finalmente declaró: “Kika, lo que pasaba era que te gustaban las dos”, antes de dedicar el tema de desamor al triángulo amoroso de Nazareth. —M.G.
13. Bad Gyal
Bad Gyal y Rosalía tuvieron un encuentro de chicas de Barcelona en su ciudad natal, un lugar de reencuentro muy apto para ambas. Los fans rugieron cuando Rosalía presentó a Bad Gyal en catalán y le pidió que tomara asiento en el confesionario.
Bad Gyal no decepcionó con su historia. Se mostró intensamente honesta y compartió el recuerdo de un chico con el que se estaba liando que tuvo la audacia de decirle que necesitaba implantes. El público y Rosalía se quedaron atónitos, y la conversación dio un giro empoderador sobre cómo las mujeres no necesitan que unos idiotas les digan qué hacer con sus cuerpos. —J.L.
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