Dolly Parton supo que la amaban mucho. No fue por accidente, ese fue el plan desde el principio. Desde pequeña, creció muy pobre en las Smoky Mountains de Tennessee, planeó llegar a ser una estrella que todos conocerían. La reina del country vistió sobre sus hombros los colores de la historia de la música estadounidense. Así se convirtió en uno de los exponentes del arte más galardonadas y adoradas del mundo, una artista de lentejuelas y una ingeniosa fuerza creativa. “Estaba contando mis propias historias, hablando de mis sentimientos”, le dijo a ROLLING STONE en 1975. “Soy una persona bastante valiente”.
La gente se enamoró de su imagen de “Barbie de montaña” y la enorme personalidad que la acompañaba. Aun así, detrás de la escarcha, Dolly era la cantautora más fuerte y sensible, luchó para construir su camino como mujer en Nashville, poniendo todo su corazón en temas como ‘Jolene’ o ‘Down from Dover’ que ejemplifican su perspectiva única en la industria. Ella es como una Aretha Franklin, Brian Wilson o Stevie Wonder — una visionaria que soñaba con empujar los límites de la música de su cultura.
Estamos en luto por Dolly porque representa lo mejor de cada uno de nosotros.
“Soy un caballo de batalla que parece un caballo de exhibición”, le comentó a Chet Flippo de ROLLING STONE en 1975, antes de cumplir sus 30 años. Se rehusó a modificar su voz creativa, incluso cuando era una joven que tenía todo que perder. “Desde que era una adolescente que me tomaba en serio como letrista. (…) Mis canciones son como mis hijos. Espero que me apoyen cuando esté vieja. Digo esto porque cuando escribo, dejo algo en el mundo que no estaba ahí ayer. Es algo que permanecerá para siempre”.
Ninguno de sus contemporáneos hablaba de la pobreza con el detalle que ella lo hacía. Describía cómo las manos de su padre sangraban después del trabajo, cómo un niño percibe a la nieve cuando entra desde las grietas en los muros. Nunca diluyó estas imágenes, sus relatos de hambre, desamor, aborto espontáneo y de mujeres que cometieron el error mortal de confiar en un hombre. Los tiempos difíciles de estas pistas siempre afectan más a los personajes femeninos. No le permitió al oyente alejarse de esas experiencias.
Así creció, nunca sentimentalizó el pasado que plasmó en obras como ‘In The Good Old Days (When Times Were Bad)’. Reclamó su lugar como cantautora en Nashville donde todo dependía de ella y Loretta Lynn. “No quería ser doméstica”, exclamó en la historia de portada para ROLLING STONE en 1977. “Quería ser libre. Tenía canciones para cantar y una ambición que incendiaba mi interior. Era algo que sabía que me sacaría de las montañas. Estaba segura que podía observar mundos más allá de las Smoky Mountains”.
En la era del internet, cautivó al mundo con el mito que escribió en ‘Jolene’ y ‘I Will Always Love You’ en el mismo día. Solía argumentar amablemente para recordarle a los entrevistadores que ella no lo recordaba de esa manera. Eventualmente, le dio igual y dejó de intentar corregirlos; como la empresaria tan astuta que era, lo trató como un activo provechoso. Para el 2017, empezó a contarla de la misma manera que los interpretaban, después de todo, era severo cuento. El hecho de que le creyeron tan rápido dice mucho del deseo de la audiencia de escucharla. Ese concepto de la reina del country con una sonrisa de oreja a oreja que reprimía su aflicción e ira detrás de piedras preciosas mientras cantaba sus experiencias personales, capturó algo en la gente que la adoraba.
Nunca fue necesario recordar quien era por que siempre estaba ahí, detrás de las canciones que todos reconocen a lo largo y ancho del mundo, excepto las joyas secretas de su catálogo que solo los fanáticos más dedicados conocen. Temas como ‘Nickels and Dimes’ de All I Can Do, ‘Evening Shade’, de My Blue Ridge Mauntain Boy, ‘Don’t Let It Trouble Your Mind’ de In the Good Old Days (When Times Were Bad), o ‘Early Morning Breeze’ de Coat of Many Colors.
‘Jolene’, su pieza más famosa, narra como ella le suplica a otra mujer que no le robe su hombre. Fue el hit Número Uno de country en 1973, de todas maneras, ya parecía un ejemplar fundacional del folk que había sonado desde el inicio de los tiempos. Lo escuché por primera vez en The Gong Shoe, un programade bajo presupuesto. Quedé hipnotizado por la historia y esas notas altas. Dicha canción ha mejorado con el pasar de los años, inspiró remakes de íconos como Beyoncé, Miley Cyrus y Zac Brown. Aún recuerdo lo impresionado que estuve cuando la interpretó Jack White en 2000 durante los inicios de The White Stripes.
La vocalista personificó el tipo de estrella que le pertenece a todos. Vivió toda su vida bajo el ojo público, incluso, durante sus años escolares, “se inventaban muchas historias de mí, muchas mentiras, solo por cómo me veía”, confesó en 1977. “Siempre fui la de las tetas más grandes con una minúscula cintura y un gran trasero. Crecí de esa manera, también tenía una personalidad atractiva”.
A los medios mainstream y el mundo de los late-night talk shows se les dificultó aceptar su imagen, la percibían como una figura encantadora del mundo del espectáculo en vez de la talentosa escritora que era, o como dice ella, era una “narradora de canciones”. Aunque, nunca aparento que no le gustaba el esplendor de su vestuario, su invención creativa. “La ropa llamativa, las joyas y mi apariencia ostentosa, supongo que inventé esa parte de mí. Siempre me fascinó la estética de los cuentos de hadas. La mitad del show se pasa ajustando la iluminación, los brillos y destellos. Se supone que las estrellas deben brillar, de pronto, solo quiero ser una estrella”.
Se enorgullece de su personalidad, pero siempre tuvo un espíritu solitario, algo que se nota desde su voz. “Yo era bastante extrovertida y amigable, creo que eso asustaba a las personas. Pero, nunca sentí que encajaba en mi vida, inclusive durante mi infancia. Solo era diferente, entonces, nunca encontré mi lugar hasta que me mudé a Nashville y empezé mi carrera musical. Ese sí era mi lugar, donde encajaba, Nací inquieta, de veras”.
Desde el comienzo, siempre quiso que todos cantaran sus canciones, y así fue. Patti Smith hizo una versión de ‘Jolene’ en el Horses Tour, en medio de sus interpretaciones de Velvet Underground y Pete Townshend. Tina Turner le prendió fuego a ‘There’ll Always Be Music’ en 1974, Stevie Nicks cantaba sus pistas cuando hacía parte de Buckingham Nicks y Merle Haggard siempre interpretó sus melodías con la emoción que se merecía, en especial en el agrio remake de ‘In the Good Old Days (When Times Were Bad)’.
Jerry García la veneró desde el principio, The Greatful Dead solía tocar ‘Tomorrow Is Forever’, su sencillo de 1969, el cual se mantuvo en rotación durante sus primeros años. En 1970 sorprendió a un reportero para Playboy cuando le contó que era su “artista femenina favorita”. Él insistió en reproducirle un disco de la leyenda del country, The Fairest of Them All del mismo año. Un álbum triste, incluso dentro de su discografía, con pistas como ‘Daddy Come and Get Me’. Escuchando el segundo tramo del proyecto, García, Robert Hunter y el reportero sollozaban en la sala. El último tríptico de ‘Mammie’, ‘Down from Dover’, ‘Robert’ es capaz de derretir lo que sea.
‘Coat of Many Colors’, la canción que denominó como su favorita, trata de una madre que cose un chaleco de trapos. La escribió en el bus de Porter Wagoner sobre el único pedazo de papel disponible, el recibo de la lavandería del jefe. Luego, Wagoner lo enmarcó. Dolly le dio al mundo muchas madres que sufrían, pero no todas son santas. En ‘Travelin’ Man’, del mismo LP, planea huir con ese apuesto vendedor, pero él se marcha con su madre. Canta, “Ese hombre viajero, un amante infiel, ¡se llevó mi amor y luego se llevó a mi madre!”.
Compuso ‘I Lived So Fast and Hard’ en 1968 para que la cantaran los hombres, Porter Wagoner y luego Mel Tillis. Se dificulta no pensar en ella como la narradora cuando dice “Viví al igual que cualquier hombre antes de cumplir 21 años”. Pudo tratarse de una respuesta a ‘Mama’s Tired’ de Haggard, que salió unos meses antes. Le regaló ‘Kentucky Gambler’, un hit de country. “Me encanta escribir canciones para hombres. Es algo bueno que hago porque, en ese entonces, no había muchas mujeres en el negocio del country para componerles temas”.
Múltiples artistas hicieron su versión de ‘I Will Always Love You’ antes de que Whitney Houston la descubriera por medio de un disco de Linda Ronstadt. Se recomienda el cover de Alex Chilton. Una vez que Houston la apropiara, le cayó como anillo al dedo. En The Bodyguard, ella escucha la interpretación de John Doe, de la banda punk X, oriunda de Los Ángeles, en un tocadiscos de un bar de country con Kevin Costner, la perfecta paradoja de Parton. Solo ella podría juntar todas estos exponentes de diferentes géneros en un solo lugar.
Siempre se ha mantenido actualizada. En los ochentas compartía consejos de maquillaje con Boy George. “Me encanta la manera que pinta sus ojos y a él, como hago los míos”, le mencionó a ROLLING STONE. Harmoniza con Kenny Rogers, un amigo de toda la vida, en ‘Islands in the Stream’ como un par de viejos que acaban de tener el mejor sexo de sus vidas. La tocaron hasta el final como en ‘You Can’t Make Old Friends’, su dueto de 2013. Nunca tuvieron una relación formal, Kenny explicó que “Solo coqueteábamos, algo que amábamos hacer” para ROLLING STONE en 2014.
Dio vida a uno de sus más grandes temas de 1980, ‘9 to 5’, una canción que se mantuvo en el consciente colectivo desde la semana que salió. Lo convirtió en un álbum profundamente extraño e infravalorado, 9 to 5 and Odd Jobs, un disco conceptual sobre la lucha de clases y la lucha contra el capitalismo. Interpretó pistas de Woody Guthrie para ‘Deportee’ (acerca de trabajadores inmigrantes), Merle Travis para ‘Dark as a Dungeon’ (acerca de mineros de carbón), Mel Tillis para ‘Detroit City’ (acerca de la línea de ensamblaje de las fábricas de carros). Concluye el proyecto con ‘House of the Rising Sun’ para recordarle al mundo que esta pieza siempre ha tratado sobre chicas pobres y la maldad de los hombres. ¡Es prácticamente la Sandinista de Dolly! Y ella lo presenta todo con una sonrisa.
Volvió a sus raíces rústicas en los noventas con Little Sparrow, su LP de bluegrass de 2001. Pero su mayor éxito de la época fue ‘Romeo’, un hit de baile en línea de 1993 con Billy Ray Cyrus (quien interpreta a Romeo) y las estrellas de Nashville Pam Tillis, Mary Chapin Carpenter, Kathy Mattea y Tanya Tucker. En la vida real, Dolly era la madrina de Miley Cyrus, la hija recién nacida de Billy Ray, pero eso no la detuvo. Las mujeres se pasan la canción piropeando a Billy Ray; Dolly gruñe: “¡Tengo la edad suficiente para ser la amante de ese chico!”
Al final del video, se va agarrada del brazo de Billy Ray. “Me siento tan halagada de que me hayas elegido a mí en lugar de a todas estas chicas jóvenes y guapas. Pero después de todo, es lo justo; yo estoy pagando por este video” dice para terminar la canción.
Fundó Dollywood, un santuario estadounidense dedicado a sí misma y a los sueños que hizo realidad. Una vez pasé una semana de vacaciones familiares ahí, sigue siendo, curiosamente o no, uno de los lugares más felices que he visitado. Ella había comprado el terreno en las Smoky Mountains, la tierra donde creció en la más absoluta pobreza, y lo convirtió en un parque de atracciones que conmemoraba su vida. Cada rincón del lugar tenía algo de ella. La atracción principal era Thunder Road, basada en la película de suspenso de Robert Mitchum de la década de 1950, simplemente porque esa fue la primera película que vio de niña.
En las bocinas del parque sonaba, exclusivamente, Dolly Parton: allí escuché su nueva versión de ese entonces, de ‘In the Pines’, una canción que acabé de aprender de Kurt Cobain. The Parton Family Singers se turnaban en los escenarios cercanos a una recreación de la cabaña de su infancia. El museo exhibe el abrigo multicolor original (puede ser una ingeniosa réplica). Toda la ciudad era un monumento a la chica de pueblo que logró el éxito. El parque local tenía una placa que decía que Dolly lo construyó para que jugaran los niños. La emisora de radio era WDLY; adivinen qué canciones ponían. Esto podría haber parecido egocéntrico si lo hubiera hecho cualquier otro famoso, pero con Parton, todo brillaba con su infinita calidez y benevolencia.
Dollywood era la antítesis de Graceland, ambos parques de Memphis. Era como si hubiera visto la mansión de Elvis, con su aura de tragedia y muerte, y hubiera decidido crear su propia versión. Un lugar que se creó desde los ojos de una ganadora, construida para celebrar su vida, con su propio dinero, mientras aún estaba entre nosotros. Es un palacio construido por una mujer que, sin conexiones ni dinero, consiguió todo lo que deseaba. Invita a los visitantes a celebrar todo aquello de lo que escapó, todo lo que logró y todo en lo que se convirtió. No existe otro lugar igual.
Al salir del estacionamiento de Dollywood, pasas bajo un arco con la inscripción de despedida: “Siempre te amaré. — Dolly”. Sospecho que nadie ha pasado bajo ese arco sin creerlo.
Nunca estuvo lejos del ojo público, ya fuera grabando un álbum de clásicos del rock con una grandiosa versión de ‘Stairway to Heaven’ o cantando a dúo con Miley Cyrus en los Grammy, con BTS bailando ‘Jolene’ entre el público. Un momento típico de Dolly de la ceremonia de los Óscares de 2006 fue cuando la nominaron a Mejor Canción por ‘Travelin’ Through’, que apareció en el innovador documental sobre personas transgénero Transamerica. Lo que nunca olvidaré es cómo sonrió y aplaudió cuando Three Six Mafia le ganó con ‘It’s Hard Out Here for a Pimp’. Les envió una nota felicitándolos por la victoria para Tennessee.
Dice mucho de Dolly Parton que realizó su última aparición pública cerca de Nashville. No fue en un escenario ni en televisión, sino en una parada de camiones en la I-65, en junio. Se presentó en la Tennessean Travel Stop, que iba a ser rebautizada en su honor. Como era de esperarse, era stakeholder en el negocio que vende su propia marca de café. No les sorprenderá saber que se llama Cup of Ambition [Taza de ambición, una referencia a ‘9 to 5’]. “No podría estar más orgullosa”, declaró al público. “He pasado toda mi vida recorriendo la vía”.
Recorrió esa carretera toda su vida, incluso cuando debió ser dura y solitario. Sin embargo, la transformó en un lugar acogedor para todos, incluso cuando se negaba a mentir sobre las dificultades que presenció ahí. Con su música, construyó un Estados Unidos de América donde una multitud de gente podía sentirse como en casa.
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Kany García y Carín León vuelven a encontrarse en la música con ‘El sombrero y la camisa’, una nueva colaboración que retoma el vínculo creativo que ambos construyeron hace tres años y que ahora los reúne desde un momento distinto de sus respectivas carreras.
La nueva canción parte de aquel primer encuentro de 2023, cuando ambos colaboraron en ‘Te lo agradezco’. La recepción de aquel lanzamiento consolidó el vínculo entre sus propuestas y lo convirtió en uno de los éxitos de sus carreras, con millones de reproducciones, decenas de certificaciones internacionales y una nominación al Latin GRAMMY de 2024 a Canción del Año.
Para García, el junte llega además en medio de una etapa de apertura artística. La cantante presentó este año Puerta Abierta, su décimo álbum de estudio, un trabajo en el que continúa explorando distintas formas de la canción latinoamericana y que cuenta con colaboraciones junto a artistas como Juan Luis Guerra, Rawayana, Nathy Peluso y Yuridia.
El título del disco también funciona como una declaración sobre el momento creativo que atraviesa la puertorriqueña: una búsqueda por ampliar los límites de su propuesta y encontrarse con músicos provenientes de diferentes escenas y géneros. En ese sentido, ‘El sombrero y la camisa’ se suma naturalmente a esa etapa, al volver a cruzar su composición con la música mexicana contemporánea.
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Carín León, por su parte, continúa expandiendo las fronteras de una propuesta que parte de la música mexicana y cada vez dialoga con más escenas y públicos alrededor del mundo. El artista sonorense ha construido una identidad propia dentro del género, caracterizada por su capacidad para moverse entre la tradición y sonidos contemporáneos, mientras lleva su música a escenarios internacionales.
Ese crecimiento también ha convertido a León en uno de los nombres más visibles de la nueva generación de artistas mexicanos que han conseguido proyectar su música más allá de las fronteras del país. Su recorrido incluye presentaciones en escenarios como Coachella, el Grand Ole Opry y Viña del Mar, además de una expansión internacional que continuará este año con su llegada a Sphere, en Las Vegas.
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En ese contexto, ‘El sombrero y la camisa’ no es simplemente un segundo encuentro entre dos artistas. También representa la continuidad de una conexión musical que encontró su lugar entre dos universos: el de la canción de autor de Kany García y el de la música mexicana contemporánea de Carín León.
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El gobierno de Rusia ha amenazado con atacar objetivos de Reino Unido si este continúa apoyando a Ucrania con tecnología y armamento militar. La advertencia se da pocos días después de que Andy Burnham, primer ministro británico, anunciara el lunes pasado que le concedería acceso a Kiev a tecnología clasificada que le permita producir sus propios misiles de crucero de largo alcance Storm Shadow.
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Este jueves, la portavoz del ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Maria Zakharova, advirtió que Reino Unido y Francia “están jugando con fuego” y que las consecuencias de sus acciones en el marco del conflicto podrían ser “catastróficas”. “Hemos advertido repetidamente que cualquier base y equipamiento militar británico dentro y fuera del territorio ucraniano puede ser tomado como blanco en respuesta a los ataques que Ucrania ha ejecutado en territorio ruso utilizando armamento británico”, aseveró. Zakharova se refería a la reciente denuncia del Kremlin sobre un bombardeo a un centro comercial en la ciudad invadida de Donetsk hecho con misiles Storm Shadow.
La vocera subrayó que la “postura agresiva” de Londres, que también calificó de “terrorista”, podría agudizar la violencia, desencadenando consecuencias que escalarían el nivel de la guerra. “Proponemos que el gobierno británico, de la manera más sensata, analice la situación de nuevo y de inmediato”, dijo.
De acuerdo con el diario inglés The Guardian, luego de las recientes amenazas de Rusia, un oficial del Ministerio de Defensa de Reino Unido reiteró su apoyo al gobierno de Volodímir Zelenski. “Seguiremos del lado de Ucrania y continuaremos ofreciendo el equipamiento que necesite para defenderse de la invasión ilegal de [Vladimir] Putin. Rusia no debe tener ninguna duda respecto a nuestra determinación de oponernos a sus ataques en Ucrania y en contra del Reino Unido y nuestros aliados”, declaró.
La amenaza de Rusia a Reino Unido también ocurre en medio de las tensiones por la visita de John Ratcliffe, director de la CIA, a Moscú el pasado martes 25 de agosto. Varios medios estadounidenses como The Wall Street Journal especularon que el motivo de la reunión era persuadir al Kremlin de abandonar sus planes de atacar a estados miembros de la OTAN. Aunque dicha información continúa sin comprobarse, el jefe del Servicio de Espionaje Exterior (SVR) de Rusia, Serguéi Narishkin, afirmó que no había “nada inusual” detrás del encuentro, pues este correspondió a una tarea de rutina. El presidente estadounidense, Donald Trump, también negó que se tratase de una visita para evitar confrontaciones entre Rusia y la OTAN.
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Peter Cullen no necesitaba aparecer en la pantalla para cambiar la temperatura emocional de una escena. Bastaba con su voz profunda, solemne y atravesada por una serenidad que podía anunciar una batalla sin celebrar la violencia. Durante más de cuatro décadas, esa voz perteneció a Optimus Prime, el líder de los Autobots y uno de los escasos héroes de la cultura popular cuya autoridad no provenía del miedo que pudiera inspirar, sino de la confianza que despertaba.
Cullen murió el miércoles 26 de agosto de 2026 en su casa de Los Ángeles, a los 85 años. Su agente, Kevin Motley, informó que falleció en paz y acompañado por su familia. Hasta el momento no se ha revelado una causa médica. Le sobreviven sus cuatro hijos: Angus, Claire, Pilar y Clay.
Su nombre permanecerá inevitablemente unido a Transformers, pero reducirlo a Optimus Prime significaría ignorar la amplitud de una carrera que atravesó la radio, la televisión, el cine, la animación y los videojuegos. Cullen también fue Ironhide, el melancólico burrito Igor de Winnie The Pooh, el malvado automóvil KARR de Knight Rider, Monterey Jack en Chip ’n Dale: Rescue Rangers y Thaedus en Invincible. Produjo además las vocalizaciones de King Kong en la película de 1976 y ayudó a crear los sonidos del cazador extraterrestre de Predator.
Su talento consistía en construir cuerpos que no existían. Una máquina, un burro de peluche, un ratón australiano, un automóvil homicida o una criatura interplanetaria podían adquirir edad, carácter y memoria mediante la manera en que Cullen respiraba antes de pronunciar una frase.

Una voz nacida en Montreal
Peter Claver Cullen nació el 28 de julio de 1941 en Montreal, Quebec, dentro de una familia de ascendencia irlandesa. Sus padres eran Henry y Muriel Cullen. Creció junto a sus hermanos Michaela, Sonny y Larry, este último una figura decisiva tanto en su vida como en la creación del personaje que terminaría definiéndolo.
Cullen perteneció a la primera promoción de la Escuela Nacional de Teatro de Canadá, de la que se graduó en 1963. Allí recibió una formación clásica que le enseñó a trabajar la respiración, la proyección y el ritmo. Sin embargo, su carrera no comenzó entre héroes galácticos, sino en la radio y la televisión canadiense, donde desarrolló la versatilidad necesaria para pasar rápidamente de un registro a otro.
Durante las décadas de 1960 y 1970 participó en programas de variedades y comedia como The Smothers Brothers Comedy Hour y The Sonny & Cher Comedy Hour. A diferencia de la imagen solemne que más tarde quedaría asociada con Optimus Prime, Cullen era capaz de construir personajes cómicos, imitar voces y deformar el lenguaje mediante una elasticidad vocal extraordinaria.
Aquellos programas le proporcionaron un entrenamiento especialmente útil. La televisión de variedades exigía velocidad, capacidad de improvisación y la habilidad para presentar una personalidad completa en unos cuantos segundos. Cullen aprendió que una voz no era solamente un sonido particular: implicaba una postura, una biografía y una manera específica de relacionarse con el mundo.
Su carrera comenzó a trasladarse progresivamente hacia la animación y los trabajos vocales. Allí encontró un territorio donde podía interpretar personajes que ningún cuerpo humano podía contener. No necesitaba parecer un héroe, un monstruo o una máquina. Podía construirlos desde el aire.

La fuerza necesaria para ser gentil
En 1984, Cullen presentó una audición para una serie animada basada en una línea de juguetes que enfrentaba a dos grupos de robots extraterrestres capaces de transformarse en vehículos. Leyó la descripción de Optimus Prime y comprendió que el personaje debía diferenciarse del héroe vociferante que abundaba en los dibujos animados.
Antes de la prueba habló con su hermano Larry, capitán retirado del Cuerpo de Marines de Estados Unidos y veterano de la guerra de Vietnam. Larry le aconsejó que no interpretara al personaje como un héroe de Hollywood, porque los verdaderos líderes no necesitaban gritar ni presumir de su fuerza. Debían ser, según una frase que acompañaría a Cullen durante el resto de su vida, “lo bastante fuertes para ser gentiles”.
Peter pensó en la transformación que había observado en su hermano después de que regresara de Vietnam. Larry hablaba con mayor calma y cargaba una gravedad que no necesitaba imponerse sobre nadie. Cullen utilizó esa memoria para crear a Optimus Prime.
El resultado fue una voz grave, pero nunca brutal. El líder de los Autobots podía ordenar un ataque, lamentar una pérdida o dirigirse a un ser humano sin dejar de parecer la misma conciencia. Su autoridad no residía únicamente en el volumen, sino en la convicción de que cada decisión tenía consecuencias y de que el poder debía estar subordinado a la responsabilidad.
Cullen también obtuvo el papel de Ironhide, el veterano Autobot impetuoso y dispuesto al combate. La diferencia entre ambas interpretaciones demostraba su precisión. Optimus parecía evaluar el peso moral de cada palabra; Ironhide transmitía la experiencia del soldado que prefería resolver los problemas mediante la acción. Eran dos máquinas interpretadas por el mismo actor, pero pertenecían a edades, temperamentos y maneras de comprender la guerra completamente diferentes.

La muerte que hizo llorar a una generación
The Transformers fue concebida inicialmente como una herramienta para vender juguetes, pero la interpretación de Cullen ayudó a que Optimus trascendiera ese origen comercial. Para los niños que veían la serie, el líder Autobot representaba una combinación poco frecuente: era poderoso sin ser abusivo, serio sin resultar distante y paternal sin tratar a los demás como seres inferiores.
La dimensión afectiva del personaje se hizo evidente con The Transformers: The Movie (1986). En ella, Optimus muere después de una batalla contra Megatron y transfiere la Matriz de Liderazgo antes de que su cuerpo pierda el color. La secuencia pretendía despejar el camino para una nueva generación de juguetes. Los responsables de la película no calcularon que miles de niños interpretarían aquella decisión empresarial como la muerte de una figura protectora.
Cullen no había dimensionado la popularidad del personaje porque el estudio no le entregaba las cartas que los admiradores enviaban a Optimus. La reacción ante su muerte reveló hasta qué punto aquella voz había dejado de pertenecer a un robot. Familias enteras protestaron, muchos niños salieron llorando de los cines y la presión obligó a la serie a devolverle la vida.
Optimus regresó definitivamente en el episodio doble The Return of Optimus Prime. No se trataba solamente de recuperar a un personaje popular. El público exigía que volviera una determinada idea del heroísmo. Otros Autobots podían ocupar el liderazgo, pero ninguno poseía la autoridad emocional que Cullen había construido.

El regreso a la pantalla grande
Después de la desaparición de la serie original, otros actores interpretaron distintas encarnaciones de Optimus dentro de las numerosas continuidades de Transformers. Cullen permaneció apartado del personaje durante años, aunque nunca dejó de estar presente en la memoria de los seguidores.
Cuando Michael Bay preparó la primera película de acción real, una parte importante del público reclamó su regreso. Cullen volvió a presentar una audición y recuperó el papel en la cinta de acción real de Transformers (2007). Su voz se convirtió en el puente entre los espectadores que habían crecido con la serie animada y una nueva generación que conocía a los Autobots mediante imágenes digitales.
La película podía transformar robots gigantescos en una acumulación de piezas metálicas, engranajes y armas, pero Cullen le devolvía a Optimus una identidad reconocible. Cuando el personaje hablaba, la maquinaria adquiría conciencia. Su voz permitía creer que detrás de aquel rostro mecánico existía un líder antiguo, marcado por la pérdida de su planeta y obligado a continuar una guerra que parecía no terminar nunca.
Retomó el personaje en Transformers: Revenge of the Fallen (2009), Transformers: Dark of the Moon (2011), Transformers: Age of Extinction (2014) y Transformers: The Last Knight (2017). También volvió en Bumblebee (2018) y Transformers: Rise of the Beasts (2023), las dos mejores entregas de la saga.
La calidad de las películas podía variar y sus argumentos se volvían con frecuencia difíciles de seguir entre explosiones, conspiraciones y artefactos extraterrestres. Cullen, sin embargo, conservaba una línea moral reconocible. Su Optimus podía endurecerse, enfurecerse y cometer actos violentos, pero la voz seguía recordando que el personaje había sido concebido como un líder obligado a combatir, no como un guerrero enamorado de la destrucción.
También lo interpretó en series como Transformers: Prime, Transformers: Rescue Bots y Transformers: Robots in Disguise, además de videojuegos como Transformers: War for Cybertron, Transformers: Fall of Cybertron y Transformers: Devastation. Su trabajo en la primera temporada de Transformers: Prime le valió una nominación al Daytime Emmy.
Durante más de 40 años, distintas versiones del diseño, la historia y la personalidad de Optimus aparecieron en las pantallas, pero la voz de Cullen funcionó como su identidad más estable. No estaba imitando la interpretación que había creado en 1984. Estaba envejeciendo con ella.

La tristeza de Igor
Si Optimus Prime representaba la autoridad y la esperanza, Igor (Eeyore en inglés) le permitió a Cullen explorar el extremo contrario: el cansancio, la inseguridad y la expectativa de que todo terminará saliendo mal.
Cullen comenzó a interpretar al burro melancólico de Winnie the Pooh durante la década de los 80 y conservó el papel en numerosas series, películas, especiales y videojuegos. Su Igor hablaba lentamente, como si cada palabra tuviera que atravesar una niebla antes de alcanzar la boca. No buscaba provocar lástima y tampoco convertía la tristeza en una broma cruel. El humor nacía de su resignación ante un universo donde la cola podía volver a desprenderse en cualquier momento.
El personaje requería una sensibilidad particular. Igor es pesimista, pero nunca malicioso; desea participar en la vida de sus amigos aunque esté convencido de que probablemente olvidarán invitarlo. Cullen encontró la ternura dentro de esa contradicción. Su interpretación reconocía que una persona triste no deja por ello de necesitar compañía ni pierde su capacidad de querer a los demás.
Cullen llegó a considerar a Igor su personaje favorito después de Optimus. El contraste entre ambos resume buena parte de su talento. Uno era un comandante intergaláctico que debía mantener viva la esperanza de toda una especie; el otro, un pequeño burro que apenas conseguía mantener su cola en su sitio. Los dos compartían, sin embargo, una dignidad que impedía reducirlos a una sola característica.

Automóviles, ratones y villanos
Entre sus interpretaciones más recordadas se encuentra KARR, el prototipo automovilístico de Knight Rider, el auto fantástico. Si KITT representaba la cooperación entre la inteligencia artificial y el ser humano, KARR había sido programado para proteger su propia existencia por encima de cualquier otra prioridad. Cullen le otorgó una voz fría y arrogante, desprovista de la camaradería que definía al automóvil de Michael Knight.
KARR demostraba que la gravedad de Cullen no estaba limitada a los héroes. El mismo registro que en Optimus comunicaba integridad podía transformarse, mediante pequeñas variaciones, en la certeza aterradora de una máquina convencida de que la supervivencia justificaba cualquier acto. Cullen retomó el personaje décadas después en la nueva versión de Knight Rider.

También interpretó a Monterey Jack en Chip ’n Dale: Rescue Rangers. El ratón australiano, corpulento y obsesionado con el queso, le permitió regresar al registro cómico. Su voz era expansiva, afectuosa y capaz de perder cualquier rastro de racionalidad cuando percibía el aroma de su comida favorita. Monterey no necesitaba la solemnidad de Optimus ni el desaliento de Igor: avanzaba por cada episodio con el entusiasmo de un aventurero que consideraba toda puerta cerrada una invitación.

Fue igualmente Venger, el antagonista de Dungeons & Dragons, cuya apariencia demoníaca escondía una historia familiar y una búsqueda obsesiva de poder. Cullen evitó interpretarlo como una simple colección de amenazas. Su voz sugería que el villano se consideraba legítimo dueño de aquello que perseguía y que cada derrota alimentaba una furia acumulada durante demasiado tiempo.
En sus últimos años participó en Invincible como Thaedus, líder de la Coalición de Planetas. El personaje ofrecía un eco deliberado de Optimus: otro dirigente extraterrestre de voz grave, cargado con decisiones políticas y secretos capaces de modificar una guerra interplanetaria. Cullen podía jugar con la familiaridad que su voz producía y utilizar la confianza del público para introducir sospechas.

Los sonidos del monstruo
Algunos de sus trabajos más sorprendentes ni siquiera contenían palabras. En King Kong (1976), la versión dirigida por John Guillermin, Cullen creó las vocalizaciones del gigantesco simio. Debía proporcionar ferocidad, dolor y una forma primitiva de afecto sin recurrir al lenguaje.

Más de una década después participó en Predator (1987), donde ayudó a crear la respiración y los sonidos guturales de la criatura extraterrestre interpretada físicamente por Kevin Peter Hall. El chasquido producido por el cazador antes de atacar se convirtió en una señal tan reconocible como su camuflaje o su visión térmica.
Cullen no necesitaba pronunciar frases para interpretar. Comprendía que un gruñido también debía responder a una intención: observar, advertir, perseguir, sufrir o prepararse para matar. Sus criaturas no emitían sonidos genéricos. Parecían pensar a través de ellos.
Ese trabajo revela por qué la actuación de voz no puede reducirse a poseer un timbre llamativo. Una voz profunda puede atraer la atención durante algunos segundos, pero sostener un personaje durante décadas exige comprender sus emociones, su respiración y los pensamientos que anteceden a cada palabra.

Un héroe fuera de la cabina
En 2023, la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión reconoció a Cullen con el premio a la trayectoria de los Children’s & Family Emmy Awards. El homenaje celebraba más que su longevidad. Reconocía la manera en que su trabajo había acompañado a varias generaciones y había contribuido a dignificar una especialidad cuyos intérpretes suelen permanecer detrás de los personajes que se hacen famosos.
Cullen desarrolló una relación estrecha con los seguidores de Transformers. En convenciones y encuentros públicos descubrió que Optimus había significado mucho más que entretenimiento para numerosas personas. Algunos lo relacionaban con sus padres; otros habían encontrado en sus discursos una orientación durante momentos difíciles y muchos se acercaban a él con la emoción de quien escucha regresar una parte de la infancia.
A diferencia de otros intérpretes que terminan enfrentados con el papel que los hizo reconocibles, Cullen nunca habló de Optimus como una prisión. Comprendió que el personaje le pertenecía también a quienes habían crecido escuchándolo. Cada vez que repetía una frase o empleaba aquella voz frente a un admirador, no estaba promocionando una franquicia: reconocía el vínculo emocional que alguien había construido con ella.
Peter Cullen interpretó máquinas, animales, monstruos y seres extraterrestres, pero su obra estuvo dedicada a encontrar la humanidad dentro de aquello que no tenía rostro humano. Optimus Prime podía transformarse en un camión, pero Cullen hizo que pareciera cargar sobre sus hombros el destino de un pueblo. Igor era un muñeco triste dentro de un bosque imaginario, pero su voz convertía la melancolía en una necesidad legítima de afecto. El Depredador era una criatura diseñada para matar, aunque sus sonidos revelaban inteligencia, paciencia y propósito.
La muerte de Cullen deja un silencio difícil de separar de la voz que lo precedió. Optimus Prime continuará siendo interpretado por otros actores, como ya ocurrió en diferentes etapas de la franquicia, pero la versión de Cullen permanecerá como la medida frente a la cual serán escuchadas todas las demás.
No hizo que Optimus pareciera poderoso porque hablara más fuerte. Lo hizo poderoso porque sonaba como alguien consciente de la responsabilidad que implicaba tener fuerza. Allí se encuentra la razón por la que millones de espectadores no escuchaban simplemente a un robot cuando Peter Cullen hablaba: escuchaban la clase de líder que esperaban encontrar en el mundo.
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Todo lo hacía cantando. Rubén Rada, que falleció el 26 de agosto a los 83 años, era un compositor prolífico. Pero sus obras completas van más allá de las cientos de melodías que registró a los largo de más de 70 años de carrera. Lucila, Matías y Julieta, sus tres hijos, heredaron (de él) su talento musical.
Pero, antes, cada uno de ellos fue la musa para tres canciones memorables dentro de su repertorio.
A Lucila le dedicó “Lucila II”, incluída en el glorioso álbum La cosa se pone negra, grabado en vivo en el estadio Obras de Buenos Aires el 8 de abril de 1983.
Matías inspiró “Matías, el nuevo embajador”, un candombe-funk que grabó en Siete vidas (1987), y que tiene una notable versión en vivo en el disco Concierto por la vida, grabado en el Palacio Peñarol de Montevideo en 1993.
“Te quiero tanto Julieta, que el corazón se emociona, solo de verte jugar” dice la letra de la canción que Rubén le dedicó a su hija menor, publicada en Montevideo Dos (1999).
Más allá de estos regalos musicales, Matías, Lucila y Julieta siguieron los pazos paternos y desarrollaron fructíferas carreras vinculadas a la música y el mundo del entretenimiento.
Más allá de formar parte de su banda, Matías es una usina de groove montevideano. El notable guitarrista (ocasional cantante, as del vocoder) también forma parte de los Bochamakers de Martín Buscaglia y ha tocado con Illya Kuryaki, y también en los proyectos solistas de Dante Spinetta Salazar y Emmanuel Horvilleur.
Lucila es cantante y compositora, pero también actriz y conductora. En su versátil carrera musical fusiona con fluidez géneros como el pop, el soul, el funk y las raíces afro. Además de editar sus propias producciones discográficas, desarrolló una sólida trayectoria en televisión y medios.
Julieta ostenta una voz potente y versátil que brilla tanto en su proyecto solista como en colaboraciones junto a referentes de la música rioplatense, como Fito Páez y Martín Buscaglia, entre otros. Su propuesta redefine las raíces afro-uruguayas con una mirada moderna, sofisticada y profundamente groovera. En su cuarto disco, Candombe, revisita un repertorio clásico de su papá, pero también otros clásicos candomberos como “El tambor”, de Jaime Roos.
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En un rincón de la costa del Pacífico mexicano, donde la selva se encuentra con el océano, Ondalinda ha construido durante una década algo que difícilmente puede definirse como un festival convencional. Lo que comenzó como una reunión íntima terminó convirtiéndose en una comunidad internacional y en una experiencia que busca integrar música, arte, gastronomía, bienestar, moda, cultura y conexión humana en un mismo espacio.
Hoy, el festival es una plataforma global privada que conecta a una audiencia de visionarios, emprendedores y líderes de distintas partes del mundo. Su comunidad, cuyos miembros residen en más de 60 países, ha llevado el proyecto más allá de México, con expediciones e itinerarios culturales en escenarios como Los Ángeles, Montenegro, Ibiza y Val d’Isère.


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Sin embargo, la historia de Ondalinda no comenzó en el país azteca. En 2016, la francesa Lulu Luchaire, radicada en California, organizó en La Habana un encuentro íntimo de música y arte para celebrar la apertura del nuevo estudio del artista cubano Damián Aquiles. Fue durante un paseo por el Malecón de la capital cubana cuando surgió también el nombre del proyecto: Onda Linda, una “bella ola” que para Luchaire se convirtió en una metáfora de conexión, cultura y movimiento.
Después de aquella primera experiencia, Luchaire dirigió su mirada hacia México, donde conoció a Filippo Brignone, hijo de Gianfranco Brignone, fundador de Careyes, y al productor creativo Philippe Moellhausen. Juntos llevaron el concepto a este enclave de la Costalegre, en Jalisco, donde encontraron un escenario que terminaría convirtiéndose en una parte esencial de la experiencia. Desde entonces, la naturaleza, la cultura local y el entorno han dejado de ser simplemente el telón de fondo para convertirse en elementos centrales de Ondalinda.

La propuesta se define como una experiencia inmersiva multidimensional o “360 Experience”, centrada en la artesanía, la cultura y la sabiduría ancestral. Por eso, aunque la música ocupa un lugar fundamental, el proyecto busca ir más allá de un festival tradicional y construir un universo en el que distintas disciplinas convivan.
El arte aparece a través de instalaciones monumentales y portales interactivos creados en diálogo con la naturaleza; el bienestar, mediante prácticas como yoga, breathwork y talleres de sanación ancestral; y la música, a través de una curaduría de artistas internacionales que acompaña los distintos momentos de cada edición. A esto se suman espacios dedicados a la moda y al diseño local, así como The Talk, un programa de conversaciones que reúne a pensadores y voces de distintas disciplinas para abordar temas culturales, espirituales y sociales.

Esta búsqueda también está vinculada con el interés de Ondalinda por preservar y acercar a su comunidad a las culturas indígenas y locales de los lugares que visita. La experiencia incorpora prácticas, conocimientos y tradiciones de las comunidades anfitrionas, al tiempo que busca generar oportunidades económicas y fortalecer la relación entre los asistentes y el territorio.

Diez años después de aquella primera semilla, Ondalinda regresará a sus orígenes en Careyes para celebrar su décimo aniversario. Del 12 al 15 de noviembre de 2026, la Costalegre será nuevamente el escenario de su encuentro principal, esta vez bajo el concepto Cosmic Code, un viaje construido alrededor de la dualidad, el lenguaje simbólico y la relación entre lo ancestral y lo cósmico.
La celebración se extenderá durante tres noches y llevará a los asistentes por distintos escenarios de Careyes. La primera, Ancient Future (1), tendrá lugar el jueves 12 de noviembre en Playa Zyanya y marcará el inicio de su “capítulo más luminoso hasta la fecha”. La experiencia partirá de la intersección entre historia y futurismo, explorando la manera en que los artefactos ancestrales pueden dialogar con el simbolismo cósmico. El número uno representa aquí la chispa individual y el comienzo de una línea de tiempo.

El viernes 13, la celebración continuará en los Polo Fields con The Shell of Nik (0), una experiencia inspirada en el concepto maya de Nik, asociado al cero como semilla de la creación y comienzo de un nuevo ciclo. El espacio se transformará en una especie de nido cósmico, rodeado de velas e instalaciones de arte simbólico, mientras la concha marina funcionará como metáfora del recipiente de la vida.
La última noche, el sábado 14 de noviembre, llevará la celebración a Playa Teopa para Land of Omeyocan (1 & 0), el capítulo final de Cosmic Code. Inspirada en Omeyocan, el “Lugar de la dualidad” de la cosmología azteca, la experiencia combinará el uno y el cero en un escenario concebido como un ajedrez viviente. Allí, el código binario planteado durante el fin de semana llegará a su resolución a través de un paisaje surrealista que busca representar la armonía entre fuerzas opuestas.

La música será, naturalmente, uno de los ejes de esta celebración. El lineup del décimo aniversario incluye nombres como Chloé Caillet, Natascha Polké, en formato live, Kaz James, Nick Morgan y WAHM, también en vivo, entre otros artistas que acompañarán las tres noches de la experiencia.
Como una extensión natural del aniversario y un puente de descompresión tras la vibrante intensidad de Cosmic Code, la plataforma dará paso a Ondasana.
Concebido como un santuario para el alma, este evento de renovación y bienestar holístico (que se celebrará del 16 al 18 de noviembre) está diseñado para aterrizar la energía del festival e integrar la experiencia vivida a través del movimiento intencional, la restauración y la reconexión con la naturaleza. A lo largo de estos días, los asistentes podrán transitar de la celebración hacia la calma a través de inmersiones en la jungla, yoga, cabalgatas, ceremonias de sanación con sonido, liberación de tortugas al atardecer y cenas comunitarias, ofreciendo un espacio íntimo para elevar la frecuencia personal antes del retorno a la rutina diaria.
Pero la propuesta de Ondalinda no termina cuando cae la noche. Durante el día, el proyecto mantiene un programa que busca equilibrar entretenimiento, bienestar, tradición e intercambio cultural. Practicantes y sanadores regionales participan en sesiones de yoga, respiración —incluido el método Wim Hof—, temazcal, meditación, ceremonias de cacao, sound journeys y caminatas por la selva.
La moda también tiene su propio espacio a través de The Fashion Pop-Up, un escaparate dedicado a marcas y artesanos mexicanos que permite a la comunidad internacional descubrir propuestas vinculadas con el diseño y la economía creativa del país. A esto se suma el ya mencionado The Talk, concebido como un espacio para el intercambio de ideas y la reflexión. En la edición de 2026, sus conversaciones estarán atravesadas por el concepto del aniversario y por preguntas relacionadas con la conciencia, el entorno y la relación entre las personas y el mundo que habitan.

Así, diez años después de aquella primera reunión en La Habana, Ondalinda llega a su aniversario convertida en algo más amplio que un festival. Su apuesta ha sido construir una comunidad y una experiencia en la que la música funciona como punto de encuentro entre el arte, la naturaleza, el bienestar, la cultura y la conexión humana. Y será nuevamente en Careyes, el lugar donde comenzó esta historia, donde el proyecto buscará celebrar una década de ese recorrido.
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