Irvine Welsh se convirtió en una celebridad del mundo literario cuando, en 1993, publicó Trainspotting. Tanto la novela como su consiguiente adaptación al cine revistieron el interés de documentar la decadencia hedonista de la generación X: allí donde el libro capturaba el fracaso británico de la transición hacia los ochenta (fracaso que, ya sabemos, desembocó en el thatcherismo), la película prefirió transportarse a los noventa y diluir el nacionalismo escocés en favor de un sentimiento más Cool Britannia, con el surrealismo ocupando un lugar más preponderante.
Pero lo que persiste en ambas obras, en cualquier caso, es el sentimiento antidrogas que se desprende del testimonio de Welsh, quien sufrió en carne propia los embates de la adicción y vivió para contarlo. De modo que hoy, a tres décadas de la adaptación de Danny Boyle, el autor está rodeado por un aura de respetabilidad. Tanto es así que cuando Rolling Stone Argentina se encontró con él para una entrevista exclusiva, fue en el lobby del Hotel Presidential, en Varsovia, para compartir un discreto brunch.
Altísimo, de porte elegante y una elocuencia prodigiosa, Welsh se apersonó en Polonia como invitado estrella del festival Millennium Docs Against Gravity. Allí tuvo la oportunidad de presentar Reality Is Not Enough, el retrato biográfico que le dedicó su amigo documentalista Paul Sng. Lo más interesante de la película es la manera en que intercala el archivo personal más esperable con registros de Welsh en pleno viaje psiconauta. Estos dos ejes se anexan mediante interludios en los que figuras como Stephen Graham, Ruth Negga y Nick Cave leen pasajes selectos de su obra.
Un vistazo al presente bastaría para afirmar que este rapto de interés renovado en Welsh (que no solo se constata en el documental, sino también en un musical del West End próximo a estrenarse) se configuraría inevitable. Tras más de una década de estancamiento económico, un sistema político incapaz de ofrecer respuestas convincentes y una renovada discusión sobre la identidad británica y el lugar que ocupa Escocia dentro del Reino Unido, Trainspotting vuelve a dialogar con un presente que se le parece demasiado (hasta la recuperación del fútbol escocés pareciera acompañar ese clima, aunque Welsh hoy prefiera seguir las ligas inferiores: “Si querés ver todo lo horrendo de nuestra sociedad, mirá el fútbol en el nivel más alto; es la mierda neoliberal más horrible que existe”).

No es frecuente un documental biográfico que intente capturar la experiencia subjetiva de un viaje de DMT. Eso es precisamente lo que hace Reality Is Not Enough. ¿Cómo fue el proceso junto a tu director, Paul Sng?
Este era un tipo específico de DMT. El estándar se siente como una suerte de antesala entre la vida y la muerte, un acercamiento a la experiencia post mortem. En cambio, esta variante, que se llama 5-MeO y se administra en condiciones de laboratorio, produce un efecto diferente que se asemeja más a un estado prenatal. Son sensaciones muy diferentes. Me pareció que la idea de regresar al útero funcionaba como un dispositivo eficiente para enmarcar una biografía. Personalmente, siempre tuve cierta resistencia a lo biográfico; implica demasiada exposición y no sé hasta qué punto soy capaz de examinar mis aspectos más incómodos con un desconocido. Pero Paul es un viejo amigo. Él me propuso hacer la película y le dije que sí porque me gusta su cine. Me acompañó durante dieciocho meses, y filmamos bastante en The Biscuit Factory, en Leith. Ahí construimos ese entorno de proyecciones sobre las paredes con imágenes de distintas épocas de mi vida. Tiene algo muy onírico, casi alucinatorio.
¿Cambió tu vínculo con la fe a partir de ese regreso a lo prenatal? No sé si te considerás religioso, pero siento que un tema central en Trainspotting es la búsqueda de salvación en la que están todos esos personajes. Su deseo de poder creer en algo.
Ya no se puede creer realmente en nada. Nuestras comunidades y nuestra vida laboral fueron destruidas por la tecnología, el mercado y el capitalismo tardío, así que ya no podemos creer en esas cosas. Hay que buscar un sistema de creencias nuevo que se apoye en lo humano, es decir, en la expresión de nuestra singularidad y en la conexión con los demás. Yo era un ateo convencido antes de probar DMT, y ahora soy escéptico respecto del monoteísmo. Estoy muy seguro de que esto, acá, es apenas una parte muy pequeña de nuestra existencia. Qué es el resto, no lo sé, pero tener la certeza de que existe algo más me hizo entender que la vida es un regalo y merece ser disfrutada de verdad.
¿Creés que este presente corroído genera una sensación de decadencia comparable a la de la época de Thatcher? Y, en esa línea, ¿te interesaría escribir algún capítulo nuevo de la saga Trainspotting ambientado en la Escocia post-Brexit?
Sí, aunque creo que sería un poco aburrido, porque la gente ya no sale tanto. Sería un libro sobre salud mental, básicamente. Yo pasé muchísimo tiempo en Gran Bretaña y en Estados Unidos, y lo que vi fue un imperio que se desmoronaba a largo plazo. Toda la perversión y corrupción de las élites salió a la luz, y se siente endémica y consustancial a este sistema. Si te fijás en cualquier gran ciudad universitaria de Occidente, vas a descubrir que una gran parte de los estudiantes son chinos. China está invirtiendo para que su población esté educada. Gran Bretaña solía tener una de las clases trabajadoras más educadas: gracias al Partido Laborista, los sindicatos y la Workers’ Educational Association, teníamos becas completas para que la gente fuera a la universidad y tuviera las matrículas pagadas. Ahora somos una tribu derrotada que toma Stella y consume cocaína mientras mira Sky Sports con una gorra de béisbol. Cuando un pueblo pierde a su clase trabajadora activista, pierde la posibilidad de un cambio social significativo. Y eso también ocurre porque ya no queda ningún lugar aspiracional para esa clase trabajadora. La clase media (que se aferra como puede a los pocos activos que todavía no le sacaron) está dejando de existir. El abismo que la separa de la burguesía es cada vez mayor. Resulta cada vez más evidente que la sociedad se está desintegrando. Fuimos colonizados por nuestro propio capitalismo; destruidos y arrasados hasta el suelo. Estamos corriendo hacia un precipicio.
¿No hay margen de posibilidad para la emergencia de un movimiento independentista en Escocia y Gales? ¿Cómo impacta el ascenso de Reform UK en el resto del Reino Unido?
Espero que sí. Si observás a la gente tal como se comporta con su familias y sus comunidades, ves que son igualitarios y que tienen un sentido cívico. Son esencialmente buenos. Pero cuando empezás a meter países en el asunto, comienzan a ponerse más conservadores y fascistas. Pasan a hablar en términos de lo “nuestro” y lo “tuyo”, sin darse cuenta de que están actuando un guion escrito por otros y venerando países que, en realidad, están dominados por corporaciones. Ahí se vuelve todo incluso más fascista. Aparecen estos tipos que nacieron en cuna de oro y no trabajaron un puto día (nenes de fideicomiso que viven de ingresos pasivos y del interés compuesto) a decirle al resto del mundo que deberían morirse de hambre hasta extinguirse. Es la sociedad más distópica posible.
¿Cómo puede sostenerse una democracia saludable en condiciones así? A veces cuesta creer que un partido que defendiera los intereses del 99% de la población pudiera contar con los think tanks o el dinero necesarios para traccionar una campaña competitiva.
Cualquiera que proponga una reforma impositiva que alcance a los multimillonarios o que quiera recuperar los activos robados y devolverlos a la comunidad, va a ser completamente demonizado por el aparato propagandístico. Todo fue subsumido por una lógica corporativa. No solo la política. Ya no hay espacios autónomos de exhibición para la cultura. Se suponía que internet iba a liberarnos, pero lo único que hace es reducirnos, por medio de algoritmos, a una versión más desteñida de nosotros mismos. La gente ya no sale a la calle, entonces sus peores aspectos se conectan con los peores aspectos de los demás a través de las redes sociales. El celular es lo peor que nos pasó. Los propios multimillonarios prohíben que sus hijos los usen. La gente de Silicon Valley sabe que es cáncer cerebral que reparte golpecitos de dopamina. Tenemos que volver a salir, reencontrarnos comunitariamente, y rediseñar la tecnología para que esté a nuestro servicio. No al servicio de la industria de la extracción.
¿Eso es lo que te da esperanza?
Creo que sí. Tengo un sello discográfico desde hace cinco años, Jack Said What, con Steve Mac, Carl Loben y Rob Miller, y sacamos música dance. Publicamos a músicos jóvenes muy talentosos; productores que hubiesen sido superestrellas hace quince años, o incluso diez. Pero es más difícil captar el zeitgeist con la economía de la atención de hoy. Cuando era chico, salían doscientos singles en Gran Bretaña cada semana, así que tenías una posibilidad de una en dos de estar en el Top 100, y de una en cuatro de entrar en el Top 50. Eso último te llevaba a Top of the Pops, y si ibas más de una vez, básicamente te convertías en estrella. Ahora es un mercado global en el que todo se publica de manera online, y salen trescientas mil canciones todos los días. La IA probablemente lo volvió unas diez veces más difícil. Entonces, ¿cómo se puede conseguir atención en un contexto así? Tenemos que volver a nuestras comunidades, organizar conciertos y raves, y tocar nuestra propia música ahí. El año pasado fui al recital de Oasis y pensé: hay una sensación colectiva muy palpable en el hecho de que tres generaciones estén encontrándose en un mismo concierto. Un clima buenísimo. Me hizo ver que necesitamos salir de nuevo y alejarnos de las pantallas. Creo que ese es el futuro.

Hablando de música, ¿qué inspiró las canciones del musical de Trainspotting?
Es un juego para mí. Soy yo jugando y encontrando cosas. A veces uno está impulsado por una idea que arde dentro suyo, y a veces por la desesperación. Estaba en una encerrona con una canción, pero pensé en “New Rose” de The Damned, y fue a raíz de eso que pudimos terminar un tema que se llama “Choose Life”. Conseguí que Bobby Gillespie de Primal Scream venga al estudio a cantarlo. Lo terminamos literalmente hoy. Te muestro la edición radial; la extendida va a incluir a la multitud diciendo: “Hear me, hear me, hear me”. Debemos haber escrito veinte canciones con Stephen McGuinness.
¿Y cómo es tu proceso literario? ¿Hay alguna técnica o principio que persista, independientemente del proyecto?
Generalmente me enfrento a la página en blanco. Lo que tiendo a hacer cuando no tengo nada sobre lo que escribir, o cuando apenas tengo una idea difusa, es sentarme y redactar 20.000 palabras sin pensar. Cuando el contador me informa que llegué a las 20.000, ahí me detengo. Entonces imprimo el borrador, me lo llevo a la cafetería, y reviso todo con mi resaltador. No sé con qué me voy a encontrar, porque fue un proceso inconsciente. Ahí es cuando aparecen las preguntas: ¿Qué está pasando? ¿Quiénes son los personajes que están emergiendo? ¿A quién pertenece esta voz, y qué dice? ¿Se comienza a delinear una línea argumental? ¿De qué tema se trata? Después vienen los “qué pasaría sí”. ¿Qué pasaría si hiciera esto o aquello? ¿Qué sigue? Con estas notas me voy e intento encarar el primer borrador.
¿Se te ocurre algún ejemplo específico de algo que haya puesto en marcha todo lo demás?
En el caso de Trainspotting, fue la experiencia de cruzar Estados Unidos en un colectivo Greyhound mientras me recuperaba de mi adicción a la heroína. Estaba leyendo el diario que había escrito en el último año, y lo primero que pensé fue que era una mierda. ¿Por qué me estaba presentando de una manera tan engrandecedora? Si era un yonqui tirado en un colchón mirando las paredes. ¿Por qué era tan arrogante y altivo? Mucho de lo que estaba escrito en esas páginas tenía que ver con salir a conseguir droga, conocer personas variadas y entablar conversaciones. Me di cuenta de que todo eso en realidad venía de mí mismo; que eran aspectos distintos de lo que fui y sentí, a veces hasta fugazmente, pero estirados hasta el punto de constituir caracterizaciones arquetípicas. En realidad, estaba creando personajes a partir de mí mismo y de mis observaciones. Supongo que esa fue mi primera comprensión de que podía escribir ficción.
Tu escritura nunca es panfletaria en su ideología, aunque haya nociones claras de lo que está bien y lo que está mal.
Nadie tiene ganas de escuchar un sermón. La gente ya los padece todos los días. Lo que hago es tratar las ideas estableciendo oposiciones entre los personajes. Y los personajes pueden tener ideas objetables: racistas, sexistas, misantrópicas, siempre y cuando se muestre las consecuencias de sostener ideas así. Básicamente, la consecuencia es que terminan teniendo una vida de mierda. No podés andar por ahí cargando esa toxicidad y pretender tener una buena vida.
¿Qué lectura hacés del ascenso global de los populismos de extrema derecha? Yo pensé que el caso argentino se explicaba por la inflación; pero Chile venía de un gobierno socialista sin una crisis inflacionaria comparable, y aun así se impuso un dirigente proveniente de una familia muy vinculada al pinochetismo.
Creo que hay dos cuestiones. La primera es una especie de anarquismo fantasma. La gente centrista fue radicalizada por el neoliberalismo. Sabe que la extrema derecha es incompetente y va a succionarle todo con su mentalidad de saqueo, pero a la vez cree que esos idiotas son los más propicios a tirar el auto por el precipicio. Canalizan su rabia en una opción que promete romperlo todo. El problema es que esa opción también está capturada por los mismos intereses económicos que produjeron la destrucción, entonces se desprende la otra cosa, que es cuándo nos vamos a dar cuenta de que los únicos que tienen dinero hoy son los multimillonarios. Y se robaron todo. Entonces hay que preguntarle a los acólitos de la extrema derecha: ¿de dónde va a salir la plata para hacer todo lo que quieren hacer? Y no van a saber cómo responder porque no creen en cobrar impuestos a los multimillonarios (que, a su vez, están acomodados por la gracia de esta gente). Siempre pasa así. Pasó en la Alemania nazi. Ni los mismos ricos se ven beneficiados por esa evasión de impuestos. Los ves y son un montón de pedófilos sin alma. Vaya manera de vivir. Fueron tan empobrecidos por la riqueza como la gente de barrios carenciados por la pobreza. Y tienen la arrogancia y la hibris de no darse cuenta. Creen que controlan al sistema, y este los controla tanto como controla a los que están en el eslabón más bajo. Incluso si se juntaran y dijeran: “Vamos a encontrar una forma de cambiar esto y devolver lo robado”, tampoco pueden hacerlo porque no hay manera de desmantelar el mecanismo que está montado.
¿Creés que ese ascenso de la derecha populista representa un retroceso importante en la consideración que se tiene por la gente que lucha contra la adicción?
Todo el mundo está luchando contra la adicción. [señala al celular] Es el golpe de dopamina que estamos buscando. Las drogas callejeras son la parte más pequeña del asunto. Gracias a la Big Pharma, la gran industria farmacéutica, quizás lleguemos a vivir hasta los cien años. Lo que no nos van a decir es que durante la mitad de esa vida, vamos a sentirnos pésimo y estar medicados para siquiera ponernos de pie.
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La historia se abre como una flor en primavera a quien sabe mirarla. Está pasando. Ahora mismo. Por primera vez en el rock argentino hay una escena consolidada de bandas y solistas travesti/trans generando sus discos, sus recitales, sus alianzas, su circuito de visibilidad y su propia cosmovisión contando sus historias de vida en primera persona en sus canciones. Algo hasta aquí inédito, porque era una narrativa que estaba ausente del imaginario del rock argentino. Conformada y pensada desde un territorio de autopercepción y confrontación político-existencial (“al clóset no volvemos nunca más”, como remarca una de las consignas más populares del movimiento LGBTQ+), se trata de una camada de artistas que irrumpen por asalto, destruyendo el hartazgo de la espera por una aceptación o incorporación que nunca llegaba desde el mainstream, en un espacio de recambio generacional en la música de Argentina.

Si uno revisa la historia cultural de las últimas décadas en esta parte del mundo, hubo varios hitos que colaboraron e impulsaron para llegar a este presente. En abril de 1996 se realiza en Rosario el Primer Encuentro Nacional Lésbico, Gay, Travesti, Transexual y Transgénero, lo que representó un quiebre de visibilidad en la militancia LGTB+ del país y de la región. La serie de recitales que hacia fines del 96 llevaron adelante Fun People y She Devils, entre otros, al que llamaron Hardcore Gay Antifascista y creó una heterotopia queer y derivó el split El aborto ilegal asesina mi libertad, un hito en la conjunción de música y política. El festival Fiesta Homocore de principio de 2000 que planteaba en sus flyers preguntas desafiantes sobre lo que hacían estas bandas: “¿Putocore? ¿Lesbopunk? ¿Rock travesti?”. La salida del fanzine Homoxidal 500 en el período 2001-2003, fundamental para el movimiento LGTB argento del siglo XXI. Y la edición en 2000 del compilado Perversos Desviados E Invertidos, publicado por Sebo Discos (“Homo rebelde, únete”, era su lema), que reunía a cuatro bandas de homocore “convencidas de no suscribir a la sexualidad de la mayoría”: The Haggard, Islam, Limp Wrist y She Devils [quien desee profundizar en lo anterior puede recurrir al extraordinario ensayo Ninguna línea recta (Alcohol & Fotocopias/Tren en movimiento) de Nicolás Cuello y Lucas Disalvo. Desde hace varios años gira por Buenos Aires el Festival Desakato (“Festival de bandas conformadas por feminidades y disidencias”, se definen en sus redes sociales), y se le suma, desde marzo de este año, el Festival Invasión Travesti, haciendo una referencia clara al clásico compilado Invasión 88, con este line-up: Las Grasas Trans, Jugo de Basura, Vomitan Glitter, Venenita, Esto Es Un Cuchillo, Trola y Anikke. Lo que indica la consolidación de un territorio, siempre en movimiento de apertura, para el encuentro de la música y la comunidad queer. Pero para entenderlo en su verdadera magnitud hay que acercarse un poco más.
En un estudio de Parque Patricios conocido como El Precioso nos encontramos con Julianne Mosca, que en su Instagram se define como “travesti, tanguera y punk” y, además, es profesora de piano. Lleva adelante su proyecto musical solista Venenita. En 2024 sacó su primer disco, Lo triste no quita lo puta (“el disco que yo necesitaba escuchar, pero en mi adolescencia”), y en 2025 sacó un álbum, a dúo junto al inquieto músico y productor Danzi, llamado 2 noches de vida. Cuenta lo siguiente sobre su historia: “Mi trasfondo viene de haber estudiado piano clásico y a la vez, en paralelo, siempre fui muy punk. Hace algunos años empecé con Venenita por tener un lado punk, pero también tiene mucho rock nacional. Estoy muy interpelada por Charly García, pero en versión travesti. A mí me encantan Mozart, Brahms, Chopin, y también Flema y Viejas Locas”. Venenita, que vive entre Berlín (donde se gana la vida como programadora) y Buenos Aires, es una de las artistas que organizaron el Festival Invasión Travesti. Explica sus motivaciones: “Somos bandas que tenemos integrantes travestis, trans y no binaries, a veces un integrante, a veces más. Además de eso, cantamos sobre nuestras vivencias, sobre las cosas que nos pasan como personas trans. Yo tenía un montón de vivencias en las que durante mucho tiempo me sentí muy sola, y probablemente otras personas se estén sintiendo solas. Cuando te sentís así y escuchás una canción que te habla, te hace toda la diferencia, es impresionante. Siendo travesti, una tiene vivencias que son muy específicas y especiales, y está bueno en todos los sentidos compartir y cantar sobre eso, y compartirlo. Te puede cambiar el mundo. Está bueno que personas que no son travestis ni trans sepan sobre esto”.

La música de Esto Es Un Cuchillo se mueve entre el rock, el punk y el hardcore. Es terriblemente política desde sus letras, su actitud y la manera de pararse en el escenario. Su cantante se hace llamar Pepi y cuenta, vía meet, sobre el porqué de esta escena en este momento histórico: “Nos unimos porque no queremos que nos maten, queremos seguir teniendo voz, queremos seguir yendo a lugares a tocar. Creo que es muy importante todo lo que tenemos para decir, que es nuestra existencia, básicamente. Plantarnos y decir: ‘Estamos, existimos, somos’. Necesitamos también derechos que están ganados y no perderlos. La música que hacemos plasma estas ideas que tenemos. Es inminente la unión de las personas en este aspecto, y poder generar espacios seguros y ganar espacios donde no nos quieren, porque la realidad es que están ganando ellos, nos guste o no, están ganando ellos hoy en día”.
Pepi dice que Nekro y Fun People le salvaron la vida. Pero no tiene mayores referentes en la música porque ahí, en el rock argentino, no hay muchas disidencias donde encontrar un espejo en el que mirarse. De allí que sostenga que sus mayores maestros son sus amistades. Esto resuena con lo que me había dicho unos días antes Venenita: “Una termina convirtiéndose en su propia madre, padre y maestra, porque hay mucho de autoeducación en nuestra vida”. Pienso y me resuena a una canción, “Volver a volver”, de Gabo Ferro, cuando dice: “Seré mi propia madre y así voy a aprender/ que irse es volver a volver”. Según la opinión de Pepi, no hay muchas referencias para las disidencias más allá de las redes de afecto que ellas mismas tejen, porque “vivimos en un sistema patriarcal y machista. El hombre marca el territorio todo el tiempo. Y esto también sucede en el ambiente artístico, pasa siempre. Yo hoy en día tengo una imagen más masculina, no entienden si soy hombre o mujer, así que noto cómo me hablan de otra forma, como que mi presencia tiene otra importancia. Si me leen varón, me escuchan mucho más que si me leen mujer. Y eso en el arte pasa y la realidad es esa. Si bien el arte es lo más primitivo que tenemos, se hizo un negocio del arte, entonces no entran las disidencias, no entran las personas marginales, porque teóricamente no tienen la capacidad de entendimiento o no tienen las herramientas, cuando en realidad el arte puede ser muy amplio”.

Giovi Novello tiene una foto en su entrada de Wikipedia en que se lo ve con un cartel que dice: “Niñe trans. No voy a parar hasta que el mundo sea tu espacio seguro”. Es activista trans y coordinador en la Asociación Civil de Varones Trans y No Binaries de Santa Fe, la ciudad que lo vio nacer en 1984. En 2024 sacó un libro autobiográfico, El secreto más profundo (Planeta), donde cuenta su experiencia al transicionar de género. Canta en la banda Vomitan Glitter desde hace unos años, aunque está en la música desde los 17. En mayo sacaron una nueva canción, “Alegría”, que dice en un momento: “Sé que hay miedos en el viento, que también hay pesadillas/Quiero que sepas no es eterno, también hay mucha alegría”. Ahora vive en Buenos Aires. Y me cuenta sobre las complejidad de salir adelante con una propuesta disidente: “Vos venís con una propuesta de una banda de la disidencia, pero después terminás compartiendo escenarios con una heteronorma que a la vez no tiene mucho que ver con el rock me parece. La escena que se está gestando es volver a la raíz del rock. No puede ser un espacio fascista, no puede ser expulsivo. Tiene que ser un espacio realmente disidente más allá de si las corporalidades en el escenario son travesti/trans o no, pero acá venimos nosotros a poner nuestras corporalidades travesti/trans para tomar un poco el protagonismo de eso y sobre todo para dar puestos de trabajo. Porque de repente estamos los artistas, pero también está la travesti que te corta la entrada en la puerta, la que te prepara el trago, la que va a pasar música. Entonces damos vuelta un poco las cosas y dejamos de mirarlo todo desde abajo todo el tiempo con el deseo de pertenecer y creyendo que no podemos pertenecer solo por ser personas trans. Siempre fue muy cerrado el ambiente del rock, y a nivel mainstream ni hablar”.
Vomitan Glitter nace luego de la pandemia que no solo transformó la tierra, sino que le dio a Giovi Novello el tiempo y el espacio de hacer su transición de género. Y ese fue el caudal de experiencias que nutrieron sus primeras canciones: “Hablaba de lo que me iba pasando. Un día me despertaba y tenía otra cara, otro día tenía otra voz, otro día me había salido una barba, me estaba encontrando con otra fisonomía, con algo que no conocía y que a la vez lo conocía de toda mi vida porque siempre me sentí así. Entonces, todas las canciones eran sobre eso y me empezaron a escribir pibes trans por Instagram de un montón de lugares del mundo diciéndome ‘al fin una banda que cuenta algo que me representa’”.

Considerando que pertenece a una escena travesti/trans que ya está en movimiento, Giovi es optimista y sabe que lo suyo es el futuro: “No sé si vivimos en el mejor momento o en el peor, siento que las cosas giran todo el tiempo, y que hoy en día Capital Federal tampoco termina siendo el lugar más amigable del mundo para hacer punk siendo travesti. Me parece que ahí está la resistencia, y que de repente salgan estas escenas autogestivas tiene que ver con que el espacio no está, así que lo vamos a hacer y sostener. La herramienta que nosotros tenemos es esta y la vamos a usar”.
Fotos de: Anita Iramain, Kenny Lemes y Marko Fredes
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La intención de descentralizar y sus efectos reales
Una de las intenciones sobre las que más enfático ha sido Abelardo de la Espriella es la de descentralizar simbólicamente la Presidencia. Desde su posesión en Cali, ha buscado transmitir que gobernará desde distintos puntos del país. Para ello ha dispuesto sedes presidenciales alternas, entre ellas el Batallón Paraíso de Barranquilla, mientras en Bogotá anunció inicialmente que despacharía desde el Palacio de San Carlos y convertiría la Casa de Nariño en un museo abierto. Sin embargo, ahora comenzará a utilizar nuevamente la Casa de Nariño como despacho principal para su agenda en la capital.
El problema es que sacar las oficinas de Bogotá no equivale a descentralizar el poder. Aunque la Constitución establece la descentralización administrativa como principio de la organización estatal, la mayoría de las instituciones, recursos y funciones del Gobierno nacional siguen concentrados en la capital. Una descentralización efectiva implicaría discutir la distribución de recursos y competencias entre zonas geográficas, no solo trasladar oficinas. Por ahora, la estrategia tiene sobre todo un efecto simbólico y puede traducirse en mayores costos y dificultades logísticas, en contraste con la promesa de austeridad de campaña.
La controvertida batalla cultural
Una de las expresiones más repetidas por Abelardo de la Espriella, tanto en campaña como en sus primeros nombramientos, ha sido la de “batalla cultural”. El concepto, formulado originalmente por el marxista italiano Antonio Gramsci para explicar el papel de la cultura en la disputa por el poder, fue resignificado por las nuevas derechas para confrontar lo que denominan “cultura woke” o progresismo. De la Espriella lo convirtió en una de sus primeras promesas de gobierno: recuperar “el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria, la creencia en Dios y la responsabilidad individual”.
La apuesta ya se refleja en el Gobierno con funcionarios e influencers vinculados a sectores religiosos y conservadores que han llegado a ocupar posiciones estratégicas, mientras expresiones como “ideología de género” aparecen con mayor frecuencia en el discurso oficial. Los casos de Viviane Morales y su reemplazo, Ilva Myriam Hoyos, así como el de la ministra de Cultura, Paola Holguín, o la directora del ICBF que no quiere nombrar a las niñas en las comunicaciones, muestran cómo la afinidad ideológica parece pesar más en algunas designaciones. El riesgo no solo radica en las acciones contrarias a los avances en el reconocimiento de derechos para poblaciones discriminadas sistemáticamente y en el quiebre con el Estado laico, sino que además esta disputa simbólica termine distrayendo y desplazando la experiencia y las capacidades técnicas necesarias para dirigir entidades con responsabilidades concretas sobre derechos, educación, cultura y bienestar.
Un giro radical en política exterior
El nuevo gobierno ha sido muy activo en estrechar la relación con Estados Unidos bajo el mandato de Donald Trump y con gobiernos ideológicamente afines como los de Ecuador, El Salvador y Argentina. En particular, frente a Israel, el giro diplomático restableció plenamente las relaciones que habían sido suspendidas en medio de la guerra en Gaza, calificada por distintos actores como un genocidio contra el pueblo palestino. El Gobierno también anunció el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén, eliminó los visados entre ambos países y retomó las exportaciones de carbón a Israel. A esto se suman la salida de Colombia del Grupo de La Haya y el retiro de su intervención en el proceso de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia.
El giro fue más allá del restablecimiento de relaciones, pues desde el 10 de agosto, en medio de la tragedia por el terremoto, Colombia reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel desde 1967. Con esta decisión, Colombia se convirtió en el único Estado miembro de la ONU, además de Estados Unidos, en reconocer la soberanía israelí sobre el territorio, pese a la resolución 497 del Consejo de Seguridad, que declaró nula la anexión. La decisión generó condenas de Siria, varios países árabes y Naciones Unidas, y abrió un nuevo frente de fricción diplomática para Colombia.
Respuesta al terremoto
El terremoto del 10 de agosto puso a prueba al gobierno de Abelardo de la Espriella desde su primer día hábil de mandato. Aunque el sismo generó una ola de solidaridad nacional e internacional, también dejó en evidencia las limitaciones de un mandatario sin experiencia previa en la función pública. Sus primeras apariciones oscilaron entre el tono de campaña y la gestión de la emergencia, y episodios como el lanzamiento de balones con propaganda en Buenaventura generaron cuestionamientos sobre su manejo de la crisis, así como la empatía ante las víctimas.
El mayor debate se centró en la ayuda internacional, luego de que Colombia rechazara inicialmente el apoyo de personal de rescate de varios países, priorizando insumos y especialistas de naciones afines ideológicamente. Aunque el Gobierno explicó después que la decisión respondió a una unificación de reportes desde las zonas afectadas, no quedó claro por qué equipos de ciertos países terminaron siendo recibidos por encima de otros. A la par, el sismo obligó a replantear los recortes presupuestarios prometidos en campaña, pues la reconstrucción de infraestructura vial, educativa y hospitalaria exigirá recursos adicionales que complican el ajuste fiscal anunciado por el nuevo Gobierno.
Bombardeos. La muerte de menores pone en debate la política de seguridad
Otro de los hechos noticiosos que marcan al nuevo Gobierno en su primer mes es la muerte de tres menores de edad durante el segundo bombardeo ordenado por Abelardo de la Espriella contra estructuras armadas ilegales. La operación, realizada en zona rural de El Retorno, Guaviare, dejó diez personas fallecidas. El Gobierno responsabilizó a las disidencias de “Calarcá” por el reclutamiento y utilización de los menores y defendió el operativo como parte de su respuesta militar. No era el primer caso, pues se conoció del fallecimiento de otro menor durante el primer bombardeo en Catatumbo ordenado por el nuevo Ejecutivo.
Sin embargo, el caso vuelve a poner en discusión las obligaciones del Estado frente al Derecho Internacional Humanitario. El reclutamiento de niños, niñas y adolescentes constituye un crimen de guerra, pero su presencia en estructuras armadas no elimina la protección especial que les reconoce el DIH ni el deber estatal de adoptar todas las medidas necesarias para evitar su muerte.
El regreso de las aspersiones con glifosato
El gobierno de Abelardo de la Espriella cumplió una de sus promesas de campaña al derogar la Resolución 6 de 2015, que desde el Gobierno Santos había suspendido la aspersión aérea con glifosato sobre cultivos ilícitos. Aunque el mandatario aseguró que aplicará “herbicidas de última generación” que no afectan la salud ni el ambiente, la derogatoria no habilita de forma automática las fumigaciones: el Ejecutivo deberá primero cumplir la ruta técnica, ambiental y de consulta con comunidades étnicas que fijó la Corte Constitucional, que condicionó, mas no prohibió, el uso del herbicida.
La medida revive un debate que no tiene consenso científico total, pues mientras la Organización Mundial de la Salud clasificó el glifosato como “probablemente cancerígeno” en 2015, otro comité conjunto de la OMS y la FAO concluyó al año siguiente que no representa un riesgo significativo a través de los alimentos. A esto se suman cuestionamientos sobre su eficacia, pues varios estudios señalan que la aspersión tiende a generar resiembra o desplazamiento de los cultivos hacia otras zonas, además de los más de 1.850 reportes de afectaciones a la salud registrados durante las más de dos décadas en que el país usó este mecanismo. Un estudio de 2025 del Centro de Derechos Reproductivos documentó el aumento de abortos involuntarios, partos prematuros, infertilidad y alteraciones endocrinas en comunidades rurales de Argentina, Brasil y Colombia expuestas a agrotóxicos como el glifosato. A esto se suman los reportes de muertes infantiles, intoxicaciones y otros daños a la salud registrados en el país durante los 23 años de aspersiones aéreas.
El alcance del “Libro de la verdad” y las consecuencias de la falta de empalme
Ante la falta de un empalme formal con la administración saliente, el presidente Abelardo de la Espriella entregó el 18 de agosto el denominado “Libro de la Verdad” a la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría. El documento, de 135 páginas hecho con IA, recopila presuntas irregularidades del gobierno de Gustavo Petro, pero sus “hallazgos de corrupción” no son novedosos y solo cuatro aportan información nueva. Los demás reúnen investigaciones en curso, publicaciones periodísticas o denuncias previas.
El propio informe reconoce que no constituye un empalme formal ni reemplaza una auditoría o investigación judicial. Las situaciones señaladas tienen distinta naturaleza jurídica y una denuncia o falla administrativa no demuestra por sí misma un delito. En ese sentido, el documento resulta limitado como herramienta técnica para suplir la falta de empalme y parece responder más a una estrategia de comunicación y posicionamiento del nuevo gobierno que a la consolidación de insumos para el inicio de su gestión.
El presupuesto de la verdad: 59,2 billones más que la propuesta anterior
En el aspecto económico, el Gobierno de Abelardo de la Espriella radicó en el Congreso una nueva versión del Presupuesto General de la Nación para 2027, con gastos por 634,9 billones de pesos, una cifra superior a los 59,2 billones que había dejado radicada la administración de Gustavo Petro. El hecho crea desconcierto entre los colombianos ante la mencionada política de austeridad. El ministro de Hacienda, Miguel Gómez, defendió el aumento como un ejercicio de “sinceramiento” de las cuentas públicas, argumentando que la propuesta anterior estaba desfinanciada y omitía partidas clave como el servicio de la deuda, pensiones, salud y salarios públicos. Advirtió además que, sin ajustes, el nivel de endeudamiento resultaría insostenible y podría derivar en una crisis de pago.
La cifra generó también dudas entre los congresistas que lo deben discutir, pues pidieron mayor claridad sobre el origen de los recursos adicionales y sobre cómo se financiará la reconstrucción tras el terremoto. Junto con la radicación del presupuesto, el Gobierno anunció un recorte de gasto de 21,9 billones de pesos para este año y una ley de rescate económico. El debate seguirá en el Congreso y hasta el 20 de octubre se cuenta con plazo para su aprobación definitiva. Si no se logra, el Ejecutivo podrá decretarlo tal como fue presentado.
Abelardo y el Congreso, un futuro incierto
La relación entre el Gobierno y el Congreso sigue siendo incierta, aunque no del todo contraria al presidente. Este es un factor clave para que Abelardo de la Espriella consolide su proyecto en este primer año. El primer pulso legislativo no favoreció al presidente, pues el uribista Honorio Henríquez se quedó con la Presidencia del Senado, un resultado leído como consecuencia del distanciamiento entre el Gobierno y el Centro Democrático, la principal bancada de derecha. Esa derrota se profundizó por una inesperada convergencia entre sectores del uribismo y el petrismo, que le restaron margen de maniobra al mandatario. El segundo round, en cambio, sí le sonrió. Bajo el liderazgo del ministro del Interior, Rodrigo Lara, la coalición de gobierno logró siete de los nueve magistrados del nuevo Consejo Nacional Electoral, frente a solo dos del Pacto Histórico.
Tras la primera victoria del Gobierno en el Congreso, se conoció la reciente definición de la bancada del Partido Verde, que decidió no integrar la coalición de gobierno. Los Verdes podrán acompañar al Ejecutivo en algunas votaciones y oponerse en otras, según lo determinen caso a caso. Con este panorama, persiste la incógnita sobre cómo evolucionará la relación del Gobierno tanto con la oposición como con el propio uribismo.
La que será la relación con la prensa
El 3 de septiembre se conoció la directriz emitida desde la Presidencia que reglamentará la relación del Gobierno de Abelardo de la Espriella con los medios de comunicación durante los cuatro años de mandato, buscando centralizar las comunicaciones oficiales y controlar el papel de ministros y demás funcionarios a la hora de hacer declaraciones. Días antes, Caracol Radio había revelado los primeros detalles del documento, que restringiría las entrevistas a medios no afines y permitiría solo declaraciones sin espacio para preguntas. La versión final establece sin embargo que ministros, directores de departamentos administrativos y demás representantes de entidades del Ejecutivo nacional podrán conceder entrevistas o declaraciones siempre que exista consulta y coordinación previa con la Secretaría para las Comunicaciones y Prensa de la Presidencia.
La medida cobra especial relevancia porque la relación de Abelardo de la Espriella con la prensa ha sido históricamente tensa, y se les ha señalado, tanto a él como a su bufete de abogados, por recurrir al acoso judicial contra periodistas. Por ello, aunque la directriz se presenta como un ejercicio de “ordenar las comunicaciones”, organizaciones como la FLIP advierten que sienta un precedente que restringe la labor crítica del periodismo y la posibilidad de interpelar al poder. La FLIP ha documentado casos en los que periodistas no han obtenido respuesta pese a acudir a canales oficiales, dificultando el cubrimiento de temas como el conflicto armado y el terremoto, y recordó que, según la Sentencia SU-018 de 2026 de la Corte Constitucional, el acceso a la información pública goza de protección reforzada para la prensa.
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