El Rey Harald V murió el pasado 28 de agosto dejando atrás algo más que décadas al frente de la Corona noruega. Su patrimonio personal también entra ahora en una nueva etapa y, entre los bienes que quedan en manos de la familia, hay tres propiedades especialmente vinculadas a su vida junto a la Reina Sonia . Son lugares alejados de los grandes palacios y del protocolo, donde los monarcas encontraban espacio para disfrutar de su intimidad.Una de ellas está escondida en plena naturaleza y lleva más de un siglo ligada a la familia. Otra fue un regalo del pueblo noruego a sus bisabuelos y se convirtió en uno de los escenarios habituales de las Navidades reales. La tercera es una espectacular residencia de verano junto al mar que, además, figura entre los bienes de mayor valor económico del patrimonio privado de la familia.La diferencia no es menor. Mientras el Palacio Real de Oslo y otras residencias oficiales pertenecen al Estado, estas tres propiedades forman parte del patrimonio privado de Harald y Sonia. Según ‘E24’, el legado personal del monarca está valorado en varios cientos de millones de coronas noruegas y ahora comienza el proceso para determinar cómo pasa a la siguiente generación.El refugio de Harald y Sonia lejos del protocoloHay una imagen de la vida de los reyes noruegos que poco tiene que ver con los actos oficiales, las recepciones o los salones del Palacio Real. Es la de Harald y Sonia refugiados en la montaña, rodeados de nieve y naturaleza, en Prinsehytta, una propiedad situada en el valle de Sikkilsdalen, en la zona de Jotunheimen.La historia de esta cabaña comenzó mucho antes de que Harald llegara al trono. La propiedad pertenece a la familia desde 1924, cuando el entonces príncipe heredero Olav alcanzó la mayoría de edad. Desde entonces, distintas generaciones de la Casa Real han utilizado este enclave para pasar la Semana Santa y disfrutar de la temporada de caza, convirtiéndolo en uno de los refugios más personales de la familia.La vivienda principal, construida en madera y de estilo tradicional, cuenta con ocho habitaciones. A su alrededor se fueron levantando diferentes edificios y espacios que completan el conjunto, manteniendo una estética muy vinculada a la arquitectura rural noruega.Sonia también dejó su huella en la casa. Uno de los dormitorios principales fue transformado por la reina en biblioteca, mientras que otro espacio se preparó para que sus hijos, Haakon y Märtha Louise, pudieran jugar cuando eran pequeños. Incluso se ha conservado un elemento que hoy puede resultar sorprendente: un baño situado en el exterior.La propiedad continúa siendo un refugio familiar y, este mismo año, se acometió una pequeña ampliación para proteger la entrada frente a las duras condiciones meteorológicas de la zona.Una casa de madera cargada de recuerdos familiaresEn las afueras de Oslo se encuentra otro de los grandes tesoros privados de Harald y Sonia. Kongsseteren está situada en Voksenkollen, rodeada de bosques y muy cerca de la estación de esquí de Holmenkollen, pero su importancia para la familia real va mucho más allá de su privilegiada ubicación.La vivienda fue construida como regalo del pueblo noruego al Rey Haakon VII y a la Reina Maud con motivo de su coronación. Desde entonces, la casa ha pasado de generación en generación y terminó convirtiéndose también en uno de los lugares favoritos de Harald y Sonia para reunir a toda la familia durante las Navidades.Kongsseteren conserva el aspecto de una gran casa rural escandinava. Tiene dos plantas y alrededor de 500 metros cuadrados, distribuidos en 26 habitaciones, con la madera como gran protagonista tanto en la arquitectura como en la decoración.Pero si hay un episodio que hace especialmente significativa esta propiedad es el fallecimiento de Olav V. El abuelo de Haakon murió en Kongsseteren en 1991, dejando para siempre asociado el nombre de la residencia a uno de los capítulos más importantes de la historia reciente de la monarquía noruega.El interior también guarda el sello de varios artistas y artesanos. El ebanista John Borgersen se encargó de la decoración de la entrada y el vestíbulo, mientras que el artista Enevold Thømt realizó buena parte de las decoraciones de techos y paredes. Es una vivienda privada, sí, pero también una pequeña cápsula de la historia de los Windsor noruegos.Mågerø, la joya frente al marY después están las vacaciones de verano. Para ellas, Harald y Sonia contaban con Mågerø, una propiedad completamente diferente a las dos anteriores. Está situada al sur de Tønsberg, en la costa del fiordo de Oslo, y fue concebida como un refugio moderno frente al mar.La residencia comenzó a utilizarse en 1993 y está formada por varios edificios que ocupan alrededor de 1.000 metros cuadrados. La casa principal ronda los 500 metros cuadrados y sus grandes cristaleras permiten disfrutar del paisaje desde prácticamente cualquier estancia.Aquí la madera y la piedra natural sustituyen a la imagen más tradicional de Prinsehytta y Kongsseteren. El resultado es una residencia mucho más contemporánea, pensada para disfrutar del entorno y, sobre todo, de la privacidad que ofrece su ubicación.Mågerø también destaca por su valor económico. Finansavisen ha situado la propiedad en alrededor de 200 millones de coronas noruegas, una cifra que la convierte en una de las piezas más valiosas del patrimonio inmobiliario privado de la familia real.Durante años, este fue uno de los lugares donde Harald y Sonia podían apartarse de la agenda oficial y disfrutar de sus vacaciones estivales con una tranquilidad difícil de encontrar en otros escenarios de su vida.Casa Real noruegaNo todos los palacios pasan a HaakonLa muerte de Harald obliga ahora a distinguir entre la Corona y los bienes personales del monarca. Haakon ha heredado el trono de manera automática, pero eso no significa que se convierta en propietario de todos los edificios relacionados con la monarquía.El Palacio Real de Oslo, por ejemplo, pertenece al Estado noruego. Lo mismo sucede con las principales residencias oficiales. El nuevo monarca podrá utilizarlas en su condición de rey, pero no forman parte de una herencia privada que pueda repartir o transmitir libremente.La situación de Prinsehytta, Kongsseteren y Mågerø es distinta. Las tres están consideradas propiedades privadas de Harald y Sonia y, por tanto, sí forman parte del patrimonio familiar que queda tras la muerte del monarca.A ello se suma una fortuna financiera sobre la que existen diferentes estimaciones. La última cifra oficial conocida, correspondiente a 2010, situaba los activos financieros privados de Harald en algo menos de 100 millones de coronas noruegas. Posteriormente, medios económicos noruegos han elaborado cálculos mucho más elevados al rastrear inversiones vinculadas históricamente a la familia.Un patrimonio que ahora entra en una nueva generaciónLa cuestión es, por tanto, qué ocurrirá con estas propiedades. Haakon es el nuevo rey, pero no es el único heredero de Harald. La reina Sonia y la princesa Märtha Louise también forman parte de esta nueva etapa patrimonial de la familia.Además, existe una diferencia importante entre lo que Harald deja como monarca y lo que deja como marido y padre. Algunas propiedades que históricamente estuvieron vinculadas al rey ya han cambiado de manos. Skaugum, por ejemplo, es actualmente propiedad de Haakon y Mette-Marit, después de que Harald y Sonia se la cedieran tras su matrimonio.También quedan por determinar cuestiones relacionadas con otros bienes privados, como las joyas familiares y determinados activos que han ido pasando de generación en generación.Pero entre todo ese patrimonio hay tres lugares que tienen un significado especial. Prinsehytta representa las escapadas a la montaña; Kongsseteren, las reuniones familiares y las Navidades; y Mågerø, los veranos frente al mar.
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