Es posible que Daniela Blasco no sea consciente de ello, pero es hija de la filosofía que Irene Cara enseñaba en su escuela de artes escénicas: «Tenéis muchos sueños. Buscáis la fama, pero la fama cuesta. Y aquí es dónde es donde vais a empezar a pagar. Con sudor». Daniela sabe muy bien lo que significa sudar, cómo se desencadena el proceso, el esfuerzo que conlleva. Porque a los ocho años se apuntó a clases de baile , «para luego pasarme todos los veranos de mi infancia y mi adolescencia ensayando de sol a sol, practicando sin parar, mientras mis amigos se iban a la feria». Claro que ellos tampoco se subieron a un escenario junto a Justin Bieber, como hizo ella: «No me arrepiento del sacrificio que hice a lo largo de esos años. Volvería a hacerlo. Lo que he conseguido profesionalmente se lo debo todo a ese esfuerzo. Y mi personalidad se ha construido en base a esa forma de trabajar y de vivir unos años trascendentales».Noticia relacionada general No No Rosalía detiene su concierto tras saber que un científico ha puesto su nombre a una proteína A.B. BuendíaDaniela, como Miley Cyrus, se ha montado su propia Hannah Montana con ‘Selena’, el tema para el que la mallorquina ha creado su ‘alter ego’ , una joven extrovertida, atrevida, sin vergüenza, que contrasta con la chica tímida, reservada y familiar que es en la vida real: «Yo soy tranquila en mi casa, ella es imparable en un escenario. Pero las dos vivimos la música con intensidad, está muy presente en nuestras vidas. En eso coincidimos». En cuanto al sonido, «es pop urbano al estilo americano de los 2000 , como el resto de las canciones. Participó desde el principio en todas ellas, traigo una idea y luego las desarrollamos en equipo . El resultado tiene algo de continuidad con respecto a lo que hice en el Benidorm Fest».Si algo la define es «la humildad y ser agradecida, algo que demuestro cuidando de toda la gente que quiero, a la que tengo muy presente. Lo hago de verdad, porque lo siento». Aunque reconoce que debería controlar su forma de reaccionar: « soy tranquila, pero me agobio pronto . Soy cabezota, lo que me hace perseverante. Pero reconozco que a veces me da un pronto y soy impulsiva… Demasiado».Daniela Blasco posando en un ‘photocall’ GtresNo se considera caprichosa, «eso lo controlo porque soy bastante sencilla», pero sí muy soñadora: «absolutamente, lo mío con los sueños es un no parar.» Y tiene uno por cumplir desde hace mucho tiempo: «no recuerdo si fue en una película o en una serie, pero se me quedó grabada la imagen de una ballena en un atardecer en Hawái. Me impresionó. ¡Qué belleza! Yo quiero ver ese espectáculo en vivo. Espero cumplir ese sueño».En cuanto al amor, Daniela se rinde a la verdad: «es que yo lo romantizo todo, hasta un árbol. Soy tremendamente romántica . No de pastelón, tipo ir regalando ositos de peluche, pero me gusta el amor, lo disfruto. Soy un poco intensa en las relaciones».«Huyo de las personas y las relaciones tóxicas. Busco gente sana porque yo me considero sana» Con su chico tiene claro que las cosas funcionan porque «hay máxima igualdad, me cuida, le cuido, alimentamos nuestro bienestar. Huyo de las personas y las relaciones tóxicas . Busco gente sana porque yo me considero sana. Si veo cualquier atisbo de masculinidad tóxica, salgo corriendo. No quiero nada que enturbie mi estabilidad».Encuentra la paz «bailando y haciendo música encerrada en un estudio. O hablando y riendo con mis amigos, que son los mejores del mundo». Y le altera «la gente prepotente, la prepotencia en general.» Entre tanto, para pasar el tiempo, juega al pádel o al tenis: «Soy muy deportista. Al pádel jugaba antes, pero lo he retomado con ganas». Entre grabaciones, ensayos y actuaciones, Daniela encuentra un hueco para el ejercicio en un Madrid donde resulta fácil perderse o abandonarse: «Mi madre está en Mallorca, pero yo aquí no me siento sola, tengo a mis amigos que me cuidan». Tiene apenas 20 años y ya ha conseguido un tesoro de valor incalculable.Fotografía de Daniela Blasco en su niñez CedidaMuy personalEl emoji que más usa: El de los labios rojos y el de las manos formando un corazón. Los uso para todo, para dar los buenos días, las buenas noches, lo que sea.Se haría un selfi con: Karol G.Un momento ‘Tierra, trágame’: Yo tenía 10 años, estaba en clase de baile y el profesor nos puso en parejas para hacer acrobacias y piruetas. Ese día, yo llevaba un ‘short’ un poco suelto. Cuando mi compañero me levantó, se me bajó el pantaloncito y se me vió todo cuando me quedé suspendida en el aire, mientras me sujetaba.Su primer beso: Fue un poco desastre. Yo tendría 14 o 15 años, fue algo que surgió de manera casual durante una verbena de pueblo.Un lugar para perderse: En una playa escondida de Mallorca,Un propósito que nunca cumple: Dejar de morderme las uñas.Algo que no puede faltar en su día a día: Ir al gimnasio. Y hacerme manzanillas, que ahora me ha dado por eso.Tiene miedo a: En lo superficial, a los tiburones. En lo más profundo, a perder a mis seres queridos.Un sacrificio por la fama: La vida social. Mi infancia y mi adolescencia no fueron como las de una niña normal, me pasaba los días ensayando.Dentro de diez años se ve: Haciendo giras mundiales en estadios. Ahora todo va muy deprisa y hay un movimiento, una tendencia, de acudir a festivales, a conciertos, para disfrutar de la música en directo. Me veo partiendo de la base actual para alcanzar un nivel superior en lo profesional, realzando el espectáculo, el sonido, la coreografía, el ‘outfit’… Yo no gano nada porque lo reinvierto todo. Quiero dar lo mejor a mis seguidores.La pequeña Daniela: ¡Ay, era una carabola. Y cabezona! No he cambiado mucho, la verdad. Era una cría tranquila, dormía mucho, no me quejaba de nada. Estaba muy relajada siempre. Tenía dos hermanos mayores, entre ellos se chinchaban mucho, pero a mí me trataban como a una reina, aunque me torturaban a cosquillas. En el colegio me iba muy bien, era muy aplicada. Tenía buenos amigos, de hecho siguen siéndolo. En el patio solía jugar al fútbol. Yo era portera de un equipo y mi mejor amiga era la portera del otro. En casa me gustaba jugar a ser la profesora de mis peluches, a los que daba clase usando la pizarra que les pedí a mis padres.
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