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Cuando los Windsor se ponían el delantal: Felipe hacía barbacoas, Eduardo preparaba tortitas e Isabel II fregaba los platos

Cuando los Windsor se ponían el delantal: Felipe hacía barbacoas, Eduardo preparaba tortitas e Isabel II fregaba los platos

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LA KW

agosto 16, 2026 • 5 min lectura

Balmoral no solo era el refugio de verano de Isabel II y Felipe de Edimburgo . Durante décadas, la residencia escocesa se convirtió en uno de los pocos escenarios donde la Familia Real podía desprenderse, al menos durante unas semanas, del protocolo y disfrutar de una vida mucho más doméstica. Allí, las comidas también tenían un componente familiar: había quien se ocupaba de la barbacoa, quien preparaba los postres e incluso quien terminaba fregando los platos.El castillo, adquirido por el Príncipe Alberto en 1845, fue durante el reinado de Isabel II el escenario de buena parte de sus veranos junto a sus hijos, nietos y bisnietos. Los días transcurrían entre paseos a caballo, excursiones, pesca, caza y comidas al aire libre, una tradición que permitía a los Windsor compartir tiempo juntos en un ambiente mucho más relajado.Y si había una figura especialmente ligada a las barbacoas familiares, esa era Felipe. El marido de Isabel II disfrutaba especialmente de ponerse frente a las brasas y preparar la comida para los suyos. Una faceta que le valió el sobrenombre de «el mago de la barbacoa» y que ha quedado en el recuerdo de quienes trabajaron durante años para la familia.Felipe de Edimburgo y su pasión por las brasasDarren McGrady, chef de la Reina Isabel II durante 15 años, conoció de primera mano aquella faceta del príncipe. Según explicó, a Felipe «le encantaba cocinar y le importaban mucho la comida y las recetas». El príncipe no se limitaba a encender la barbacoa, sino que también se interesaba por los ingredientes y por la manera de prepararlos.«A menudo preguntaba con qué podíamos marinar los ingredientes y qué verduras había en el huerto. Después se encargaba de preparar el plato principal», recuerda McGrady. Entre sus especialidades estaban las carnes a la parrilla, especialmente el cordero, el venado y las salchichas, acompañadas de patatas asadas directamente sobre las brasas.Eso no significa que sus barbacoas fueran siempre perfectas. El propio chef recuerda que Isabel II se tomaba con humor los pequeños accidentes culinarios de su marido: «La reina se reía cuando su marido, al hacer una barbacoa, quemaba las hamburguesas». Una escena doméstica que poco tiene que ver con la imagen solemne que suele acompañar a los miembros de la Familia Real.Felipe también encontraba ayuda dentro de su propia familia. La princesa Ana se sumaba ocasionalmente a las tareas relacionadas con la comida e incluso bajaba a la cocina para preparar parte del menú. «A menudo bajaba a la cocina y decía: «Esta noche me toca a mí preparar el entrante, ¿qué puedo poner?»», cuenta McGrady.El Príncipe Eduardo, entre tortitas y frutos del jardínOtro de los Windsor que disfrutaba participando en la preparación de las comidas era el príncipe Eduardo. En su caso, la repostería ocupaba un lugar especial. El chef recuerda que el hijo menor de Isabel II y Felipe tenía especial predilección por los dulces y que solía pedir al personal que preparara la masa de las tortitas.Después llegaba su parte favorita: rellenarlas. «Después, él mismo las rellenaba con cosas como frambuesas o fresas del jardín y helado», explica McGrady. Los productos cultivados en la propia finca tenían así también un papel protagonista en algunos de los momentos gastronómicos de la familia durante sus estancias en Escocia.La participación de los Windsor en estas tareas refleja una dinámica que se alejaba de la imagen habitual de una familia permanentemente atendida por su personal. Balmoral permitía a sus miembros asumir pequeñas responsabilidades cotidianas y disfrutar de una rutina mucho más informal.Y la persona que protagonizó una de las escenas más sorprendentes fue precisamente Isabel II. La monarca, que había sido servida durante buena parte de su vida, tenía la costumbre de ponerse manos a la obra después de las comidas.GtresIsabel II también fregaba los platosLa reina solía ponerse unos guantes amarillos de plástico y dirigirse a la cabaña de Balmoral para lavar la vajilla. Una costumbre que mantenía incluso cuando entre sus invitados había personas que ocupaban algunos de los cargos más importantes del país.El biógrafo Gyles Brandreth recoge en su libro ‘Elizabeth. An Intimate Portrait’ el testimonio del antiguo primer ministro británico David Cameron, quien fue testigo directo de una de aquellas escenas. «No me lo estoy inventando», aseguró Cameron antes de contar lo que había ocurrido durante una comida.«Me senté y el príncipe Felipe, junto con Su Majestad la Reina, sirvieron la cena, recogieron la mesa y lavaron los platos, mientras yo me quedé sentado charlando con los demás invitados», relató el ex primer ministro. Una imagen difícil de imaginar en cualquier otro escenario oficial de la monarquía.

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