En principio, a la política se llega por vocación. Tanto la meta como el camino para alcanzarla, ya sea una sociedad sea más igualitaria o más libre, depende de la ideología de cada uno, pero lo esencial en un buen político es que todo lo que haga responda a su idea de lo necesario para lograr un mundo mejor. De cerca, Cristina Cifuentes mantiene esa vocación de servicio, solo que ahora, alejada de los instrumentos del poder, ya no aspira a solucionar los problemas de todos sino a ayudar, uno a uno, a quien lo necesite. La escala se ha reducido, ahora se centra en lo cercano. No es una renuncia, al contrario; lo explica muy bien el Talmud: «Quien salva una vida salva al mundo entero». Prefiere dejar al margen todo conflicto, «porque vivimos un momento muy polarizado; tanto, que he decidido no hablar más ni de fútbol ni de política», para abrazar una causa más noble: «Hay que aprender a respetar y hay que descartar el odio, porque no hay nada más liberador que arrebatarle el poder que ejerce sobre ti una persona mala que te hace daño y alimenta la venganza, un sentimiento que por otra parte no entiendo. Yo no le deseo el mal , pero tampoco la quiero ocupando mis sentimientos. Yo solo quiero rodearme de gente buena. Y dedicarme a disfrutar de las cosas sencillas. La vida es muy corta para malgastarla en odiar. A veces, mi marido me dice bromeando que de buena parezco idiota, pero me siento orgullosa porque gracias a eso he podido seguir adelante, soltar lastre».El arquitecto Francisco Javier Aguilar Viyuela es el hombre de su vida: «Con los años se asientan la amistad, el cariño, el respeto, y el deseo se transforma en algo distinto y sereno. Aunque las relaciones amorosas hay que alimentarlas para que mantengan su llama. Me gusta sentir que entro en su alma, porque empatizo tanto con él que puedo saber cómo se siente, adivinarlo. Yo nunca he sido capaz de tener relaciones sin sentir que había algo más, prefería apostar por las relaciones duraderas, tal vez por eso mantengo amistad con todas mis exparejas. Pero mi marido es mucho más, es mi compañero de viaje».Una vez más, Cristina insiste en su idea de apartar todo lo malo: «Lo peor que nos puede pasar en la vida es caer en una relación tóxica, es algo destructivo . Siempre he rehuido de ellas. Soy afortunada, porque una relación sana como la mía mejora con el tiempo». Precisamente por esa razón encontró en su marido el apoyo que necesitaba en los momentos más difíciles: «Tengo mucha suerte. Él pudo suplir todas mis carencias y mis ausencias, aunque el poco tiempo que tuve se lo dediqué a mi familia».Le llena de orgullo hablar de sus hijos: «Porque, para mí, sin desmerecer lo que piensen otras mujeres, lo más importante en la vida es ser madre . No hay experiencia que me produzca más satisfacciones. Nada ni nadie en el mundo es más importante que mis hijos, con ellos he descubierto lo que significa el amor incondicional. No querría sobrevivir a ellos, no podría».Dolor incapacitanteSi no fuera por el dolor padecido y las secuelas físicas, el accidente de moto que casi le cuesta vida podía haber sido una de las ‘mejores’ experiencias de su vida, una epifanía que lo cambió todo: «Desde entonces relativizo todo, disfruto de las cosas más sencillas y ahora es muy difícil que me enfade, por malo que haya sido el día. ¡Y la cantidad de tiempo que he perdido pensando en el futuro! Ahora doy rienda suelta a mi lado disfrutón , me quedo en casa tranquilamente disfrutando de unos momentos de soledad deseada o me calzo las zapatillas y salgo a hacer mis rutas por los parques. Soy fácil de contentar, no necesito cosas extraordinarias, el lujo es tener tiempo», lo dice alguien que sabe perfectamente de lo que habla.Cristina atraviesa una etapa de plenitud vital: «Me siento en paz, tranquila, afortunada y agradecida». La única pega serían las migrañas que la han torturado «durante 30 años, con episodios incapacitantes que me obligaban a meterme en la cama. El último importante fue hace dos años. He aprendido a convivir con el dolor , como el de las secuelas del accidente, que combato haciendo yoga». Con su determinación ha puesto a raya las limitaciones físicas. Y con su serenidad puede mirar al pasado para reconocer la realidad sin un atisbo de nostalgia: «He tenido una vida extraordinaria».Una imagen de Cristina Cifuentes de joven. CedidaMuy personalEl emoji que más usa : «Los corazoncitos y los besos, los uso con frencuencia porque expresan mucho y ayudan a desdramatizar situaciones. También recurro a los Gifs porque son muy graciosos, demostrando que una imagen vale más que las palabras».Se haría un selfi con : «A cualquiera de las personas que quiero. Además, nunca he sido especialmente mitómana. Lo que sí he pedido son autógrafos: una vez, durante el Festival de Santander, estaba asomada al balcón cuando vi pasar a Borges del brazo de María Kodama. Bajé en albornoz a la calle para saludarle. Fue muy amable».Un propósito que nunca cumple : «Preocuparme menos por mis hijos.»Un sacrificio por la fama : «No me gusta esa palabra, prefiero decir que he renunciado a muchas cosas. Y por mi trabajo, no por otra cosa, porque yo no vivo de que la gente me conozca, de hecho, la popularidad es algo que evito».Momento ‘Tierra, trágame’ : «Mandar un mensaje a la persona de la que estaba hablando con otros. Menos mal que era algo simpático, porque hacía referencia a un mote, ‘Bollycao’, que se tomó a risa».Su primer beso : «No lo recuerdo. Yo debía ser muy joven, unos 13 años, pero fue una tontuna que no me dejó huella».Un lugar para perderse : «Escocia».Algo que no puede faltar en su día a día : «Leer, ponerme al día. El calor de los míos».Tiene miedo a : «Desde que se lo perdí a la muerte, le tengo miedo a pocas cosas. Posiblemente, lo único que me preocupa es ver sufrir a mis hijos».Dentro de diez años se ve : «No me veo, no lo pienso, solo vivo el presente. Cuando pasas por una experiencia cercana a la muerte, con el accidente de moto que sufrí, dejas de preocuparte por el futuro».La pequeña Cristina : «Era la menor de 7 hermanos, una niña sensible, mimosa, muy tímida que desarrolló un mundo interior en el que se perdía. Tuve en mi hermana a mi mejor amiga, con ella empecé a salir. El colegio me gustaba, me divertía».
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