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Sara Carbonero ha roto su silencio tras la muerte de su madre, Goyi Arévalo , con un texto que ha impactado por su crudeza y honestidad. La periodista, que llevaba semanas alejada del foco mediático, ha compartido una carta en la que pone palabras al vacío que ha dejado su pérdida.Sin rodeos ni artificios, Carbonero se dirige directamente a su madre en un mensaje que refleja el momento emocional que atraviesa. «Cuánto te echo de menos, cómo duele… No encuentro sentido ni rumbo, mamá…», escribe, dejando claro desde la primera línea el alcance de su dolor.Una despedida íntima que no busca cerrar nada, sino entender lo que ha pasado. A través de sus palabras, la periodista construye un relato donde el duelo se mezcla con la memoria, el agradecimiento y la dificultad de seguir adelante.Noticia relacionada general No No La realidad familiar de Sara Carbonero tras la muerte de su madre: muy unida a su hermana Irene y distanciada de su padre M. A.Un dolor que se instala en lo cotidianoLa carta no se queda en lo simbólico. Sara Carbonero baja el duelo a lo más concreto, a esos pequeños gestos diarios que ahora desaparecen. «Aún no puedo creer que no vaya a sonar el teléfono cada mañana… ni que no pueda volver a abrazarte ni olerte nunca más», confiesa.La ausencia, en su caso, no es abstracta. Tiene forma de rutina interrumpida, de conversaciones que ya no llegarán, de un vínculo que formaba parte de su día a día incluso sin convivir juntas.En otro de los fragmentos más duros, reconoce el impacto que ha tenido la pérdida en su percepción del mundo: «Creo que lo que peor llevo es que la vida siga como si nada porque para mí es como si el mundo se hubiese parado. Como si me hubiesen amputado una parte del cuerpo».Una carta escrita desde la necesidadCarbonero explica también por qué ha decidido escribir. No es un gesto público, sino casi íntimo, ligado directamente a su madre. «Aquí estoy, escribo temblando las líneas más difíciles de toda mi vida», señala.«Y lo hago por ti, porque siempre me decías que escribiese más… En realidad todo lo hacía por ti, mamá», añade, dejando claro hasta qué punto su figura ha sido un motor en su vida, tanto personal como profesional.El texto, en ese sentido, funciona como una conversación abierta. No hay despedida definitiva, sino una forma de mantener el vínculo. «Te escribiré cada día. Dirección el cielo», promete en uno de los cierres más significativos de la carta.El recuerdo de una figura claveA lo largo del mensaje, la periodista reconstruye la figura de su madre desde el cariño y la admiración. «Eras una mujer excepcional… buena, generosa, dulce, valiente, discreta», enumera, dibujando un retrato que va más allá de lo personal.Carbonero también hace referencia al impacto que su madre tenía en quienes la rodeaban. «No sabes lo que te quería la gente», escribe, recordando el cariño recibido en los días posteriores a su fallecimiento.Ese reconocimiento colectivo refuerza la idea de pérdida compartida, pero también el orgullo que siente como hija. «Qué orgullo tan grande ser tu hija», añade en otro de los pasajes más emotivos.Seguir adelante, pese a todoA pesar del dolor, el texto deja entrever una intención clara: seguir. No desde la superación, sino desde la resistencia. «Sé que lo que tú querrías es vernos bien, por eso intento cada día levantarme», explica.La familia se convierte en ese punto de apoyo. Carbonero destaca especialmente el papel de su hermana y de sus hijos en este proceso. «Somos más piña que nunca», asegura, subrayando la importancia de mantenerse unidos.Aun así, no oculta la dificultad del momento. «Sigo pensando que deberías seguir aquí», reconoce, evidenciando que la aceptación todavía está lejos de llegar.
No hay ninguna duda de que Lydia Bosch está espléndida a sus 62 años. No hay más que verla. Su rutina la tiene clara, según ha contado en la revista ‹Lecturas’: «Entreno dos y tres días a la semana y llevo una alimentación saludable». Y también asegura que vivir su vida con calma la ayuda mucho. Buenos consejos, sin duda. Se acaba de operar de presbicia después de años resistiéndose a hacerlo. Lo hizo «porque esta falta de visión me estaba afectando no solo a nivel personal, sino que también en el profesional». Eso tan habitual de ponerse y quitarse gafas a cada rato.«Es verdad que vas cumpliendo años y ya no puedes llevar ciertos escotes porque la piel es diferente, pero no pasa nada. A cambio, ganas una sabiduría y una seguridad que antes no tenías, y también una mayor conciencia de que tienes que cuidarte. Yo, afortunadamente, llevo mucho tiempo haciéndolo», indica Lydia Bosch en su entrevista con ‘Lecturas’.Para Lydia Bosch, tomar conciencia del paso de la edad es fundamental para afrontar lo que viene en mejor disposición. Y caminar siempre es una buena idea. «Antes de la menopausia quise prepararme bien y empecé a hacer más deporte. De joven corría, pero ahora eso ya no me funciona igual, así que camino todos los días una hora. Además, lo hago con técnica: zancada larga, glúteo contraído, abdomen activo… siendo muy consciente de cada paso», concreta.Noticia relacionada general No No La inédita foto con la que Aitana Sánchez-Gijón muestra el enorme parecido con su madre Rocío F. de BujánEjercicio y dietaPara la actriz, este método funciona de verdad. Y más si es con constancia. «Es una forma de trabajar el cuerpo que realmente notas resultados. También entreno entre dos y tres días a la semana y mantengo una alimentación saludable, aunque sin ser rígida», señala.Por supuesto, la alimentación es otro aspecto fundamental, pues ya se sabe que ejercicio y dieta son las dos claves para un envejecimiento saludable. «Siempre hay un margen: mi nutricionista, David del Arco, me guía y me deja un día para mis caprichos, para poder comer unos espaguetis o un helado. Pero es curioso, porque cuando te acostumbras a una determinada alimentación, luego ya ni siquiera te apetece salirte demasiado de ella», precisa en ‘Lecturas’.La vida, con calmaOtro aspecto fundamental para Lydia Bosch es huir del estrés. Relativizar en lo posible los problemas y aplicar algo de sosiego a la vida para no convertir cada jornada en una lucha de nervios. Y le gusta ese proceso de envejecer. «Ahora sí que estoy disfrutando, pero antes, por la presión de querer llegar a lo que los demás esperaban de mí —o a esas exigencias que nos imponemos— no lo hacía tanto».«Ahora sí que estoy disfrutando, pero antes, por la presión de querer llegar a lo que los demás esperaban de mí —o a esas exigencias que nos imponemos— no lo hacía tanto», asegura Lydia BoschLo resume de esta forma: ante todo, mucha calma. «Lo vivía con pasión y alegría, porque eso forma parte de mi personalidad, y no entiendo esta profesión sin esa entrega absoluta. Pero el ‘qué dirán’, la inseguridad que a veces aparecía, no me permitían disfrutar de verdad. Ahora estoy en un momento muy feliz. Supongo que la madurez me ha dado ese poder: el de disfrutar plenamente, de estar con mis amigos, con mis hijos, de vivir momentos como este… Todo desde la calma», concluye.

La reina Letizia, siempre pendiente del más mínimo detalle, ha mostrado sus respetos a la comunidad gitana con un detalle potente, pero casi imperceptible, a través de su look en su reunión con la Fundación Secretariado Gitano.

La actriz ha dejado huella en la industria audiovisual con sus interpretaciones pero, entre todas ellas, hay una serie turca especialmente valiosa por lo emocionante de su historia y por hacer tándem con el actor que dio vida a Evren en ‘Renacer’.

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El pasado 13 de abril falleció Goyi Arévalo, madre de Sara Carbonero, y la periodista ha querido dedicarle unas emotivas palabras a través de su perfil de Instagram. «Mamá, no habrá un solo día en el que no piense en ti, tu recuerdo seguirá vivo por siempre y tú seguirás viva en mi corazón», escribe.