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La muerte de Presley Gerber a los 27 años ha devuelto la mirada hacia la familia que formó Cindy Crawford junto a Rande Gerber y, con ella, hacia algunos de los escenarios que marcaron la infancia de sus dos hijos. Entre ellos se encuentra una espectacular propiedad en Malibú, frente al Pacífico, que durante años fue el hogar familiar y que llegó a estar valorada en 60 millones de dólares.La vivienda, situada sobre un acantilado y con acceso privado a la playa, fue concebida por la pareja como un refugio para disfrutar de la vida familiar lejos del ritmo de Los Ángeles. Grandes ventanales, terrazas, una piscina infinita, pista de tenis y espacios pensados para recibir a amigos formaban parte de una casa en la que el exterior tenía prácticamente tanto protagonismo como el interior.Presley y Kaia crecieron allí durante una etapa de su infancia. Él, nacido en 1999, fue el primer hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber; dos años después llegó su hermana, que acabaría siguiendo los pasos de su madre en el mundo de la moda. Ahora, tras conocerse la muerte de Presley el pasado domingo 20 de septiembre en un centro de rehabilitación, esta propiedad vuelve a formar parte de la historia familiar.El hogar que Cindy Crawford y Rande Gerber crearon para sus hijosCuando Cindy y Rande decidieron instalarse en Malibú, no buscaban únicamente una vivienda espectacular. Querían construir un espacio en el que pudieran hacer vida juntos y disfrutar de la playa como una familia más, pese a las dimensiones de una propiedad que poco tenía de convencional.La modelo llegó a definirla como el primer hogar que habían formado juntos como matrimonio. La construcción y la decoración requirieron cinco años de planificación y trabajo y el resultado fue una casa levantada sobre un acantilado, con el océano como telón de fondo y una playa privada a sus pies.«Queríamos vivir como si estuviéramos en un resort, así que intentamos pensar en todo lo que amamos de nuestras vacaciones en la playa», explicó Crawford al hablar de la vivienda.La conexión con el exterior era constante. Las habitaciones tenían puertas correderas que podían permanecer abiertas cuando el tiempo lo permitía y daban paso a grandes terrazas y a la zona de la piscina. Para la modelo, vivir allí implicaba aprovechar al máximo ese entorno: «Cuando vives en la playa, la usas».GtresUna infancia entre piscina, playa y amigosEn aquellos años, Presley tenía seis años y Kaia cuatro. La casa se convirtió en el escenario de buena parte de su infancia, con una vida familiar que transcurría tanto dentro como fuera de sus paredes.«Nos sentimos como si estuviéramos en unas vacaciones perpetuas. Nuestros hijos van a la piscina cinco veces por semana. Vivimos tanto al aire libre como dentro, y todo es muy natural: somos un hogar sin florituras», contaba Crawford.La intención de la pareja era que la casa fuera también un punto de encuentro para los amigos de sus hijos. Rande Gerber, propietario de restaurantes, discotecas y bares, tenía su oficina cerca, mientras que Cindy trabajaba desde casa. La vivienda disponía de gimnasio, sala de proyecciones y un espacio de entretenimiento en el sótano.A Crawford le gustaba además organizar comidas y reuniones. «Rande quiere que nuestra casa sea el lugar al que todos quieran venir, incluidos los amigos de nuestros hijos», explicaba la modelo, que recordaba cómo las reuniones familiares terminaban muchas veces alrededor del fuego en la terraza.GtresUna decoración que mezcló los gustos de sus padresLa vivienda también fue el resultado de un equilibrio entre dos personalidades muy diferentes. Crawford apostaba por ambientes cálidos y románticos, mientras que Gerber prefería un estilo más moderno y minimalista.«Rande es más moderno y minimalista y yo prefiero un estilo más acogedor y romántico», reconocía la modelo. Las diferencias llegaron incluso a las alfombras: mientras ella era partidaria de las tradicionales piezas orientales, él no compartía precisamente ese entusiasmo.Para encontrar el punto intermedio recurrieron al interiorista Michael S. Smith, amigo de Crawford, que ya había trabajado con ella en otras propiedades. Smith colaboró con el arquitecto Oscar Shamamian para dar forma a una vivienda que combinaba elementos clásicos con otros inspirados en el Caribe.Madera oscura, paredes claras y piedra dominaban los interiores, mientras que la arquitectura estaba diseñada para no competir con el paisaje. Desde la entrada principal, el mar podía contemplarse al fondo a través de un espacio de doble altura.«La casa es un híbrido», explicó Smith al hablar del resultado. «La necesidad de Cindy de calidez y comodidad impregna el lugar, pero la necesidad de Rande de crear teatralidad lo hace memorable».GtresGtresEl lugar donde crecieron Presley y KaiaPresley y Kaia fueron los grandes protagonistas de aquella etapa familiar. El mayor de los hermanos comenzó a trabajar como modelo cuando tenía 15 años y siguió el camino que había abierto su madre décadas antes. A lo largo de su carrera trabajó para firmas como Moschino, Dolce & Gabbana y Calvin Klein.Kaia también comenzó muy joven en la moda y acabó construyendo su propia trayectoria internacional. Su parecido físico con Cindy Crawford fue uno de los aspectos que más llamó la atención desde sus primeros trabajos, aunque con el tiempo logró desarrollar una carrera propia.La relación entre los dos hermanos también estuvo marcada por la manera diferente de afrontar la exposición pública. Kaia hablaba precisamente de ello en una entrevista publicada por ‘Vogue’ el pasado agosto, en la que destacó la franqueza de Presley a la hora de abordar cuestiones personales.La modelo definió a su hermano como un «maestro absoluto» y explicó que su manera de hablar de experiencias difíciles había cambiado también la forma en que la familia afrontaba determinados asuntos. «Hay un límite para lo que puedes ocultarle al mundo», señaló.GtresUna propiedad que llegó a valer 60 millones de dólaresLa espectacular casa de Malibú acabó convirtiéndose también en una de las propiedades más valiosas vinculadas a la pareja. Después de que Crawford y Gerber la compraran y reformaran, salió al mercado en 2016 con un precio de 60 millones de dólares, alrededor de 55 millones de euros.La finca estaba situada en Encinal Bluffs y contaba con unos 490 metros cuadrados de vivienda, cuatro dormitorios y cinco baños y medio. A ello se sumaban la piscina, la pista de tenis y el acceso privado a la playa.Dos años después de ponerse a la venta, la propiedad encontró comprador. Cindy Crawford y Rande Gerber la vendieron en 2018 por 45 millones de dólares, aproximadamente 38,7 millones de euros al cambio de entonces.Para entonces, la familia ya había dejado atrás aquella casa que durante años había sido su refugio en Malibú. Pero su importancia dentro de la historia de los Gerber-Crawford permanece: fue el lugar en el que Presley y Kaia pasaron parte de su infancia, entre tardes de piscina, reuniones familiares y una vida frente al Pacífico.Ahora, tras la muerte de Presley a los 27 años, ese capítulo vuelve a cobrar un significado especialmente doloroso para una familia que ha pedido privacidad en este momento. Un representante de los Gerber trasladó a ‘HELLO!’ que «la familia pide privacidad durante este momento tan difícil y doloroso».
Modelo, actriz y presentadora de televisión, Mónica Pont lleva varias décadas ganándose las habichuelas. Desde principios de los noventa ha aparecido en series tan populares como Hostal Royal Manzanares, presentado el concurso Y gano porque me toca, y ejercido de tertuliana en varios realities de Telecinco. Claro que en determinados momentos acaparó más titulares por temas relacionados con su vida privada que por su trabajo. Por ejemplo, cuando en 2013 perdió la custodia de su hijo Javier (fruto de su fallido matrimonio con un empresario catalán) al trasladarse a Madrid por motivos personales y le tocó librar una batalla en los tribunales para recuperarla. Ahora, a sus 55 años, asegura vivir con bastante serenidad y además está debutando como productora teatral con A.I. Sofocos, una comedia musical que además coprotagoniza [junto a Mar Regueras, Diana Peñalver y Amor Romeira] y que se estrena este 24 de septiembre en el madrileño Teatro Arlequín.-La obra que presenta aborda la madurez y la menopausia, algo que siempre asociamos como una etapa negativa en la vida de la mujer.-Sí. Todas las mujeres llegan a esa etapa antes o después, aunque no todas lo viven de la misma manera, y algunas ni se enteran de ello. En mi caso, a los cuarenta y pocos me descubrieron dos teratomas de ovario. El médico me dijo que uno de ellos era tan grande que lo mejor era quitarme el ovario y dejarme la mitad del otro. Ahí le dije ‘eso significa que voy a dejar de ovular, que voy a tener la menopausia’. Para mí, menopausia era sinónimo de envejecer. -Comenté que no quería sentirme una vieja y entonces me dieron un tratamiento con hormonas naturales que te quita todos los efectos de la menopausia. Ahora siento que estoy en una de las mejores etapas de mi vida, porque sé lo que quiero y esa seguridad en una misma da mucho atractivo. Antes era muy tímida, y esa timidez hacía que cometiera muchos errores, porque quería gustar a toda costa. Hoy ya me da igual gustar o no hacerlo. -Aquí además se estrena como productora.Sí. Mira, he tenido que parar y dosificar el tema de la producción, sobre todo delegar. He tardado un año en encontrar inversores, buscar un teatro para hacerla, encontrar al reparto,… Quería estar tan encima de todo que me estaba olvidando de lo más importante, que es que sobre el escenario debo interpretar seis personajes distintos. Hago de MILF, de mexicana lesbiana, de mocatriz,.. Cuando lo tuve todo armado ya, pasé a delegar y en esas estoy.«Nunca me ha faltado trabajo, porque siempre he salido a la calle a buscarlo»-Antes de esto pasó ocho años en México. ¿Tiene pensado regresar?En enero regresé a México para rodar una serie destinada al mercado latino de Los Ángeles, y cada vez que me llamen de allí para algo que me resulte interesante, lo haré. Para eso tenemos también en este proyecto una actriz suplente. Esos ocho años en México me ayudaron a descubrirme a mí misma.-¿Por qué se fue? ¿Estaba cansada de que aquí no la tuvieran en cuenta profesionalmente?Sí, aquí no me tomaban en serio. Solo me ofrecían personajes que no me interesaban nada. Además sucedió lo de la pandemia, en la que todo el tema artístico se paró. Y también necesitaba ese cambio a nivel personal. Tenía una situación complicada con mi hijo, con quien hoy está todo bien, y además había roto con mi pareja de once años. Mi única atadura entonces era mi perrita Duna, que ya se marchó. Sentí que era el momento de irme. Mi sorpresa fue que, nada más pisar tierras mexicanas, hice un casting para la segunda temporada de la serie de Netflix sobre Luis Miguel y me cogieron. Éramos unas cuarenta actrices para el personaje de María Teresa Campos y yo fui la elegida. Ahí me miré al espejo y me dije: ‘¿ves? El problema no lo tienes tú, sino ellos, que están cargados de prejuicios. ¡Tú eres buena!’. Porque te confesaré que, cuando me fui allí, había perdido la fe y la confianza en mí misma como actriz. Ahí volví a creer en mí como profesional.-Esa no fue la primera vez en que tuvo que empezar de cero.No. También lo hice cuando me casé estando en lo más alto, mientras hacía la serie Esencia de poder y la obra La llamada de Lauren. El padre de mi hijo vivía en una masía en Girona y me dijo ‘viviremos aquí y tú, cuando tengas algún proyecto, puedes coger un avión e ir a trabajar donde sea’. Ahí vendí mi casa de Madrid, lo dejé todo aquí y poco a poco, por nuestro estilo de vida y sus creencias, me fui aislando y fui desconectando de la profesión. Allí no había estrenos de teatro ni eventos del estilo, y los productores pensaban que me había casado y retirado. Ahí tuve que volver a reinventarme. De hecho, cuando me separé volví a Madrid y recuerdo que hice una portada de Interviú para decir ‘oye, que sigo aquí, que no me he retirado y que además estoy mejor que nunca’. Empecé a hacer más televisión, colaborando en algún reality, y volví a creer en mí. En realidad nunca me ha faltado trabajo, porque siempre he salido a la calle a buscarlo. Nunca espero a que suene el teléfono, ni tampoco sé quedarme sin hacer nada. Tengo que pagar mis propias facturas, pues no tengo a nadie que me mantenga. Más bien al contrario, he tenido que mantener a mucha gente a mi alrededor. Sí que hubo un momento en que quizás cometí el error de abrirme demasiado a la prensa del corazón, hablando del conflicto por la custodia de mi hijo. Sé que eso me pasó factura, por todos los prejuicios que existen en este país, pero bueno.-¿Todos esos desengaños llevaron a que también pasara unos años soltera?Totalmente. Durante estos ocho años en México no me he comido un colín. Ahí también ayudó que no me gustó nadie, claro. Quizás porque hoy soy ya más exigente. Allí estábamos mi perrita y yo, disfrutando de asados a los que nos invitaban, de salidas, de la cultura de allí,.. Pero igualmente necesitaba tener tiempo para mí, ver si sabía estar sola,… Me di cuenta de que no necesito a un hombre para ser feliz. Ahora tengo una relación [con Víctor Prat], pero también necesito momentos para estar sola, necesito mi propio espacio. Ya no descuido el teatro, ni a mis amigas y compañeras.-Hablando de compañeras, en su día entabló mucha amistad con Lina Morgan.Ella fue mi mentora y la persona que me dio la oportunidad de darme a conocer al gran público gracias a Hostal Royal Manzanares. Yo era muy naïf y solía darme consejos sobre la vida y la profesión. Me decía ‘Mónica, se está mejor sola. Guarda tu espacio. No necesitas a nadie. Solo a tu familia y tus allegados. No te creas a cualquiera, que aquí no hay amigos’.-Hay quien llegó a soltar que Lina había pasado sus últimos meses medio secuestrada.Lina era muy coqueta. Fíjate, los jueves no grabábamos, solo ensayábamos, pero ella igualmente venía perfectamente maquillada, peinada y vestida. En ese último momento de su vida estaba enferma y no quiso que la gente la viera mal. Eso es lo que pasó y había que respetar su deseo de intimidad. Yo llamaba cada semana y pude saber cómo se encontraba en los últimos momentos a través de Raúl Sénder y Luis María Ansón, que eran mucho más amigos suyos que yo. Ahora, como no pude estar a su lado al final y la quería mucho, me apetece hacerle un homenaje. Además, creo que la prensa no se ha portado muy bien con ella. Me voy a encargar de hacer un proyecto que permita que Lina vuelva a los escenarios. ¡Necesito que A.I. Sofocos funcione para tener la pasta necesaria para lo siguiente! [risas].
Parecía una vida idílica y llena de éxito, pero a veces la realidad esconde algo más triste detrás de esa apariencia. La familia de Cindy Crawford está viviendo un momento terrible al conocer el fallecimiento de Presley Gerber a los 27 años en un centro de rehabilitación. Era el primogénito y se estaba construyendo su propia carrera en el mundo de las pasarelas. Pero también poseía unos fantasmas interiores que le asolaban.Este pasado domingo, 20 de septiembre, los medios estadounidenses se hacían eco de la impactante noticia del fallecimiento de Presley Gerber en un centro de rehabilitación, según los registros del médico forense del condado de Los Ángeles. De momento, no se han confirmado las causas oficiales de la muerte y la familia se ha apresurado a enviar un comunicado solicitando privacidad y respeto en estos momentos tan terribles. Lo cierto es que Presley Gerber luchó durante toda su vida para intentar esquivar sus graves problemas de salud mental, algo de lo que habló abiertamente en entrevistas. Exteriorizaba esos problemas como forma de terapia y también para concienciar a los muchachos de su edad de lo importante que era cuidar de lo que ocurre en el interior de una persona.«Me dan miedo los medicamentos que necesito», reconoció. Aseguró haber pasado por 15 psiquiatras y explicaba que necesitaba más orientación para manejar una medicación que incluía, según su propio relato, buprenorfina, Xanax y Valium. Las benzodiacepinas, contaba, habían ido «fluctuando arriba y abajo dependiendo de lo que ocurre en mi vida».Una sonrisa irresistibleCindy Crawford y el empresario Rande Gerber se casaron en mayo de 1998 y un año más tarde nació Presley. Dos años después saludarían la llega de Kaia. El hijo mayor comenzaría pronto a desfilar en importantes pasarelas de moda, apenas con 16 años. Poseedor de una sonrisa irresistible y de un gran parecido con su madre, su atracción era innegable.Cuando Presley y Kaia eran pequeños, Cindy Crawford se centró en criarlos con una mentalidad abierta. «En mis hijos veo aceptación. Los niños no nacen viendo la diferencia en los demás, nacen abiertos», contaba en un artículo de 2015 para la revista ‹Time’. «El resto se nos inculca al ver las noticias, observar a nuestros padres y ver cómo reacciona la gente. Y todo eso tiene su raíz en la inseguridad. Como madre, trato de predicar con el ejemplo e inculcar confianza en mis hijos, al tiempo que muestro mi propia vulnerabilidad», insistía.Cuando Presley y Kaia eran pequeños, Cindy Crawford se centró en criarlos con una mentalidad abierta. «En mis hijos veo aceptación«, diría la modeloEl primer hijo de Crawford y Gerber, Presley Walker Gerber, nació el 2 de julio de 1999. Como modelo, llegaría a trabajar para marcas tan top como Dolce & Gabbana, Moschino, Tommy Hilfiger y Calvin Klein. También le apasionaba crear conciencia sobre la salud mental y hablaba abiertamente sobre su propia experiencia en este ámbito.Sus demonios interioresAsí, durante una entrevista en 2023 en el pódcast Studio 22, declararía sin tapujos: «Habiendo luchado contra problemas de salud mental, depresión y otras cosas que conllevan, creo que si logro ayudar a una sola persona —o a cien— a salir del lugar en el que yo estuve en un momento dado de mi vida, eso es todo lo que necesito hacer».Más recientemente, apenas en diciembre de 2025, Presley Gerber se extendía al respecto en un emotivo video de Instagram el que revelaba que había tomado varios medicamentos antidepresivos para tratar sus angustiosos «ataques de pánico». Meses después, Kaia se refería a su hermano en relación al consumo de drogas: «Cuando algo así sucede en una familia, de alguna manera nos pone a todos al mismo nivel. Creo que por eso también empecé a definirme a mí misma como ‘la fácil’ y nunca quise pedir ayuda. Porque sentía que era demasiado tener dos hijos que requerían tanta atención».La familia Gerber Crawford. GtresPresley y Kaia siempre vivieron unidos. El chico también adoraba a su madre, con quien trabajó en 2018 para protagonizar una recreación del icónico anuncio de Pepsi que Cindy Crawford hizo para el Super Bowl en 1992. También compartía con ella trabajos en la comunidad con visitas a hospitales para hablar y compartir experiencias y ánimos con enfermos.El hijo mayor de Cindy Crawford y Rande Gerber siempre quiso llevar un estilo de vida activo y disfrutaba del surf, el baloncesto, hacer ciclismo con su padre, practicar el snowboard y otras actividades relacionadas con el deporte, una de sus grandes pasiones. «Cuanta menos actividad física había en mi vida y, especialmente en mi caso, cuanto menos contacto tenía con el océano, más medicación tuve que ir incorporando a mi vida», explicaba. Ahora la vida se le ha marchado muy pronto.

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