Lo mejor de la música colombiana será galardonado una vez más en una nueva edición de los Premios Nuestra Tierra. Artistas, canciones y álbumes nacionales serán reconocidos por su impacto y aporte a la industria musical, llevando el nombre de Colombia a lo más alto. Desde 2007, estos premios destacan lo mejor de géneros como el urbano, pop, vallenato, tropical, salsa, música popular, rock y alternativa.
En su edición de 2026, Premios Nuestra Tierra será celebrado este 14 de mayo en el Teatro Colsubsidio Bogotá. La gala de la ceremonia contará con presentaciones de primera categoría, con grandes muestras musicales en tarima a cargo de Jhon Alex Castaño, Ela Taubert, Willy García, Manú, Monsieur Periné, Aria Vega, Luis Alfonso y Rafa Pérez.
Premios Nuestra Tierra reconoce a los artistas que trascienden generaciones y persisten en conectar con almas a través de un arte tan único como es la música. Por esto, y más acciones que atribuyen ampliamente a la industria musical, Premios Nuestra Tierra anuncia con orgullo el reconocimiento como Artista Leyenda de Nuestra Tierra a Juanes.
El artista colombiano se ha consagrado como una de las voces más emblemáticas, ganando más de una decena de reconocimientos en Premios Nuestra Tierra a lo largo de su carrera. También hemos sido testigo de su presencia en categorías como Mejor Artista Rock/Alternativo, Álbum del Año y Canción del Año, lo que no solo refleja un papel simbólico en la industria musical colombiana, sino también su habilidad de transformación y conexión con el público. Este tributo destaca no solo el impacto de su obra musical, sino también la huella que ha dejado como símbolo de la cultura colombiana ante el mundo, inspirando cercanía, esperanza y armonía a través de cada una de sus canciones.
En esta edición de Premios Nuestra Tierra, la lista de nominados está encabezada por Beéle, con 18 nominaciones; seguido de Ryan Castro, con 17; Kapo, con 13; y Duplat, con 7. También están nominados artistas y agrupaciones como Morat, Karol G, Kris R, Aria Vega, Shakira y Carlos Vives, entre muchos otros protagonistas de la escena musical colombiana.
El público podrá ser parte de esta celebración musical al emitir su voto por sus figuras musicales favoritas. Algunas de las categorías son: Mejor Artista Global, Mejor Canción Global, Mejor Artista, Mejor Canción, Mejor Artista Revelación, Mejor Productor del Año, Mejor Álbum del Año, entre algunas otras más. Con casi un millón de votos en total, los colombianos escogieron a sus artistas favoritos en las diferentes categorías, consolidando a los premios como una plataforma que impulsa y proyecta el talento colombiano a nivel nacional e internacional.
Violeta Bergonzi, Danny Galvis, Sandra Bohórquez y David Quintero serán los presentadores de Premios Nuestra Tierra 2026, una velada cargada de emoción, música y nacionalismo. La noche podrá verse el 14 de mayo desde las 4:00 p. m. hasta las 10:00 p.m. en la página de los Premios Nuestra Tierra, la App de Canal RCN y la App de RCN Radio.
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¿Son las expresiones artísticas realmente genuinas, o un simple producto que puede comercializarse en épocas de capitalismo tardío? Esta pregunta, aunque parece profunda y ha sido abordada por varios filósofos y estudiosos contemporáneos, tiene una respuesta simple y a la vez desesperanzadora: el arte siempre ha sido un producto de consumo dentro de la sociedad.
Esto no quiere decir que todas las expresiones artísticas —ya sean pinturas, esculturas, fotografías o canciones— hayan sido concebidas desde una mirada netamente comercial. En cambio, implica que el capitalismo y las llamadas industrias culturales siempre encontrarán la manera de hacer dinero a partir de ellas, incluso si eso significa arrancarles su esencia o, en algunos casos, apropiarse de la de otras culturas para convertirla en productos de consumo masivo.
Este enfoque toma particular fuerza cuando se observa la industria musical, especialmente en su comportamiento reciente. No es un secreto que una de las tendencias más visibles hoy es el regreso a las llamadas “raíces”, entendidas, en términos simples, como aquellos ritmos tradicionales y populares con los que crecieron los artistas. Estas corrientes van desde géneros ya asentados en el mainstream —como la salsa, la cumbia o el bolero— hasta otros mucho más autóctonos y menos conocidos por el público general, pero profundamente ligados a tradiciones culturales específicas. No hace falta ahondar demasiado en playlists globales o redes sociales para identificar ese patrón: artistas que antes construían su identidad desde una estética más ostentosa y desvinculada de estos sonidos, hoy parecen atravesar procesos de reconexión e introspección en busca de sus orígenes.
Lejos de ser un fenómeno espontáneo, esta tendencia responde a transformaciones más profundas en la manera en que la industria produce, distribuye y posiciona sus contenidos. En un ecosistema dominado por plataformas como Spotify, donde la diferenciación es clave, lo local —lo identitario, lo “auténtico”— se ha convertido en un valor especialmente atractivo y, sobre todo, altamente explotable, y aunque pueda parecer una tendencia reciente, este tipo de dinámicas no es nuevo.
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De Adorno a C. Tangana: cómo la industria convirtió las raíces en tendencia
Theodor Adorno, Max Horkheimer y la Escuela de Frankfurt son nombres indispensables en cualquier facultad de comunicación alrededor del mundo. Su relevancia radica en que, a pesar de haber sido formuladas hace casi un siglo, sus ideas siguen vigentes y permiten entender cómo opera la sociedad, la cultura y, en este caso particular, la música en la actualidad.
La Escuela de Frankfurt fue una escuela compuesta por un grupo de pensadores alemanes del siglo XX que se dedicó a analizar críticamente la sociedad, la cultura y los efectos del consumismo en la vida cotidiana. Entre sus figuras más influyentes se encuentran Adorno y Horkheimer, quienes plantearon un término que revolucionaría los estudios culturales y sociales: la industria cultural. Introducido en su obra Dialéctica de la Ilustración (1944), este concepto describe un sistema en el que la producción de obras culturales queda subordinada a las lógicas del mercado y a las estructuras del capitalismo tardío.
A diferencia de formas culturales anteriores, que respondían principalmente a impulsos creativos o expresivos, la cultura producida bajo esta lógica comienza a diseñarse para satisfacer demandas de consumo y generar beneficios económicos. En ese proceso, el arte pierde parte de su capacidad crítica y emancipadora, y se convierte en un vehículo de entretenimiento estandarizado que, más que desafiar al espectador, tiende a reafirmar normas y valores dominantes.
En esta línea, Adorno insistía en la necesidad de distinguir entre un “arte auténtico”, capaz de incomodar y transformar al espectador, y un “arte de masas” pensado para el consumo pasivo. Este último, al operar bajo principios de simplificación y repetición, no solo homogeniza las obras, sino también las formas en que el público las percibe y las interpreta.
Sin embargo, esta aparente homogeneización no implica la desaparición de la diferencia cultural. Por el contrario, en el panorama contemporáneo, la industria no solo produce contenidos estandarizados, sino que también incorpora elementos de diversidad —estéticos, geográficos o identitarios— como parte de su propia lógica. Lo que en otro momento pudo haber sido marginal o local, hoy se integra en circuitos globales de producción y consumo, muchas veces adaptado para responder a las dinámicas del mercado. Es en este punto donde las llamadas “raíces culturales” adquieren un nuevo significado: ya no solo como expresión identitaria, sino también como un recurso capaz de generar valor dentro de la industria.
Hay que ser claros en algo: este interés por explorar las raíces no es nuevo ni mucho menos novedoso. Desde inicios del siglo XXI, varios artistas bien posicionados como Shakira, Calle 13 o Tego Calderón ya habían incursionado en este terreno, algunos incluso con gran impacto dentro del medio. Sin embargo, el punto de inflexión llegó con la pandemia de 2020. Durante ese periodo, el consumo de series, películas y música se incrementó de forma significativa, al punto de que la propia industria comenzó a replantearse qué se escucha, cómo se escucha, pero especialmente, cómo se crea. En otras palabras: estaba buscando un diferencial.
Antes de ese momento, ya comenzaba a gestarse en España una corriente que buscaba fusionar sonidos contemporáneos con tradiciones musicales clásicas y autóctonas. Un ejemplo claro es Rosalía con El mal querer, un proyecto que supuso una verdadera revolución dentro de la música en español. Sin embargo, tras la pandemia, otro artista terminó de demostrar el potencial comercial de esta propuesta: C. Tangana con El Madrileño.
El álbum fue un éxito en múltiples niveles: construyó un archivo sonoro que conectó a nuevas generaciones con la música de sus padres y abuelos, conquistó tanto a la crítica como al público y, además, obtuvo resultados comerciales contundentes. Así, esta corriente dejó de ser una exploración aislada para consolidarse como una tendencia con valor dentro del mercado.
En este punto, y al igual que en la época en la que Adorno y Horkheimer desarrollaron sus ideas, las vanguardias vuelven a ocupar un lugar central. Entonces, como ahora, estas formas de “arte auténtico” no permanecen al margen del sistema, sino que terminan siendo absorbidas por las industrias culturales, que las reinterpretan y las integran dentro de sus propias lógicas de producción y consumo.
Desde ahí, la industria se volcó hacia este movimiento, capitalizando discursos de introspección y conexión cultural incluso en artistas que, hasta entonces, no estaban vinculados a esos entornos. El resultado ha sido diverso: por un lado, han surgido proyectos con una intención estética y cultural profunda, capaces de articular tradición y contemporaneidad de forma convincente y de conectar tanto con la crítica como con el público. Por otro, también han proliferado propuestas que se quedan en la superficie, con narrativas de “autenticidad” prefabricadas y apropiaciones de ritmos y tradiciones que, aunque se presentan como propias, responden más a una lógica de mercado que a un vínculo real con esas culturas.
Lo hemos escuchado antes
Desde éxitos masivos como ‘Waka Waka (Esto es Africa)’ de Shakira, hasta ejercicios más recientes de reconexión cultural como DeBÍ TiRAR MáS FOToS de Bad Bunny, la industria musical ha encontrado en las raíces un lenguaje capaz de circular con fluidez entre mercados globales. En el primer caso, la canción oficial del Copa Mundial de la FIFA 2010 retoma elementos de ‘Zangalewa’ del grupo camerunés Golden Sounds, un tema originalmente asociado al contexto militar que, a través de su estribillo evoca dinámicas colectivas y de resistencia.
Este “remake” derivó en debates ampliamente mediatizados en torno a apropiación, visibilidad y compensación cultural. Aunque el tema funcionó como vitrina global para sonoridades africanas, también puso en evidencia cómo estas pueden ser reconfiguradas bajo lógicas comerciales que privilegian su exportación por encima de su contexto original, incluso por artistas que no comparten necesariamente una nacionalidad o cultura enraizada.
Algo similar ocurre con la producción más reciente de BTS, que incorpora ‘Arirang’, una canción tradicional coreana reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial, dentro del concepto y el storytelling de su obra. A través de presentaciones y arreglos contemporáneos, el grupo reintroduce este símbolo identitario a audiencias globales, resignificándolo en clave pop. Sin embargo, lo sigue haciendo dentro de la industria del K-pop, un sistema que, como ha analizado The New York Times, convierte lo local en un producto cuidadosamente empaquetado para el consumo internacional. Este proceso se inscribe en la lógica del Hallyu.
Sin embargo, en América Latina este fenómeno se siente distinto. Va más allá del hit o la viralidad y se asoma en proyectos construidos con el tiempo, donde muchos artistas han hecho de sus raíces el centro de su obra y su discografía, ya sea desde el lenguaje o desde los ritmos. Artistas como la mexicana Natalia Lafourcade, por ejemplo, han desarrollado proyectos como Musas, donde colabora con Los Macorinos (un dúo musical famoso por su tradición folklorista) para reinterpretar el cancionero latinoamericano.
El propio Bad Bunny, especialmente a partir de Un verano sin ti, ha integrado ritmos caribeños y/o puertorriqueños tradicionales como la bomba o la plena dentro de una paleta sonora más amplia, en un gesto que la crítica ha leído como una reivindicación de la identidad cultural de la región, pero también leído como una estrategia de diferenciación dentro del mercado global del streaming.
Estos ejemplos permiten observar un patrón en el que la identidad cultural no desaparece dentro de la industria contemporánea, sino que se reconfigura.
La pregunta, entonces, no es si estas expresiones son genuinas o no, sino bajo qué condiciones se producen y cómo circulan. En ese punto, la discusión se desplaza hacia identificar en qué momento dejan de operar como homenaje cultural y pasan a convertirse en capitalización.
¿Homenaje cultural o producto lucrativo?
Este desplazamiento responde a una serie de condiciones estructurales que han sido ampliamente discutidas en la teoría cultural, tanto contemporánea como clásica. Diversos estudios de etnomusicología coinciden en que esta ruptura entre homenaje y producto comienza cuando los elementos culturales son extraídos de su contexto original y reconfigurados bajo una lógica distinta a las que les dio sentido. Esto, en términos musicales, se refiere a la manera en que diversos ritmos, lenguajes o símbolos, dejan de operar como portadores de memoria y pasan a funcionar como meros recursos estéticos. Un estribillo más. Un sonido de background.
A esto se le suma además, otro factor: la asimetría de poder. Se convierte en apropiación cuando quienes incorporan estos elementos no sólo están desvinculados a la cultura de origen, sino que además encuentran forma de lucrar con ellos (sea económica, simbólica o mediáticamente).
Recordemos el siguiente caso. En 2015, ‘Lean On’, la colaboración entre Major Lazer, MØ y DJ Snake, se convirtió en un fenómeno viral a escala global. Aunque la letra no remite de forma explícita a un contexto cultural específico, el video oficial adopta una estética inspirada en elementos de diversas culturas del sur de Asia, lo que en su momento no generó un debate significativo frente a su éxito.
Sin embargo, una revisión posterior del proyecto, junto con declaraciones de los propios involucrados, abrió la discusión en torno a la apropiación cultural. En una entrevista, la propia MØ reconoció que el videoclip (en el que aparece junto a Major Lazer, DJ Snake y un grupo de bailarines asiáticos interpretando coreografías de estilo Bollywood) puede entenderse, en retrospectiva, como un caso de apropiación cultural.
En este caso y en ese momento, el gesto dejó de responder a una relación con la cultura que lo originó y pasa a responder a las lógicas del mercado que lo redistribuye. Frente a este escenario, la pregunta no es si es posible evitar por completo esa ambigüedad, sino bajo qué prácticas puede gestionarse de manera más ética.
Hablemos de inmersión
La investigación y el vínculo real con la cultura de origen se vuelven fundamentales. No basta con tomar elementos superficiales o estéticos; los proyectos más sólidos parten de procesos de inmersión, diálogo o colaboración que permiten entender el contexto del que emergen esas expresiones.
La colaboración directa con portadores de la tradición aparece como uno de los mecanismos más claros para evitar dinámicas extractivas. La integración de músicos, productores o comunidades vinculadas a esas prácticas no solo enriquece el resultado artístico, sino que también redistribuye el crédito, la visibilidad y sobre todo, el recibimiento. Esto no elimina por completo las tensiones, pero sí modifica la estructura bajo la cual se produce la obra, reduciendo la brecha entre quien representa y quien es representado.
Cuando las raíces se integran desde una experiencia situada, la relación con esa cultura se vuelve menos ambigua y más cercana. Más genuina. Más real. Ahí tenemos artistas como WordsofAzia y su álbum debut Modern Wihegou, o Milo J y La vida era más corta, que además de ser escogido por ROLLING STONE en Español como el mejor disco de 2025, destacó por su profunda inmersión dentro del folclore y la cultura argentina.
Entonces, más que los elementos técnicos como el sonido, los ritmos o las letras, que sin duda inciden en la dimensión identitaria y el valor cultural de una obra, lo que realmente define la diferencia entre homenaje y capitalización son las condiciones que la rodean. Sobre todo en una industria donde, cada vez más, lo local, lo distinto y lo identitario se han convertido en un nuevo tipo de plusvalía.
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El código Omerta ha llegado, y con él, la ratificación de la hermandad que J Balvin y Ryan Castro han forjado con los años. El nuevo álbum de las estrellas colombianas está conformado por 10 canciones, donde, a través de versos feroces y de alto calibre, se deja en claro que la lealtad es innegociable y cada decisión responde a una convicción compartida.
El génesis de Omerta parte de una reinterpretación del concepto homónimo italiano, pero con una perspectiva paisa que se convierte en una filosofía viva, moldeada por los códigos de barrio de Medellín. En esencia, el álbum nos presenta una historia de honor, lealtad y respeto.
Con ritmos sonoros que atraviesan el reggaetón, dancehall, trap y hip-hop, Omerta nos presenta la evolución sonora de Medellín. El focus track, ‘Una a la vez’, se desenvuelve en una base de dancehall con percusión de aire costero y ritmos contundentes, mientras que temas como ‘Dalmation’, construyen una narrativa con sintetizadores futuristas y melodías de marimba.
J Balvin y Ryan Castro estuvieron acompañados de grandes nombres dentro de la industria para este primer álbum colaborativo. ‘GWA’ marca el momento más crudo del disco: una descarga de trap pesado atravesada por la presencia magnética de Eladio Carrión. Luego, ‘Tonto’ lleva la propuesta hacia un terreno más amplio y ambicioso, donde DJ Snake aporta una nueva textura sin romper la cohesión del universo de Omerta. El desenlace llega con el tema que da título a este nuevo material, una producción de SOG que termina convirtiéndose en el corazón introspectivo del proyecto.
J Balvin se ha consolidado como una de las figuras más influyentes en la historia de la música urbana. Su trayectoria representa la expansión global de un movimiento que llevó el sonido latino, el idioma y su identidad cultural a escenarios internacionales. Gracias a su impacto, numerosos artistas de la música latina han encontrado un camino mucho más accesible dentro de la industria global, algo difícil de imaginar antes de la irrupción de Balvin. Por otra parte, Ryan Castro ya no es una promesa musical de Colombia, sino una voz que actualmente se encuentra en una cima artística innegable. Omerta hace una reflexión sobre el traspaso de responsabilidades entre los caminos artísticos en los que se encuentran los cantantes.
La producción encuentra uno de sus puntos más profundos cuando J Balvin pronuncia “Ryan no te dañes”, una frase breve que funciona como una especie de advertencia silenciosa sobre todo lo que implica sobrevivir dentro de la industria. No suena paternalista; se percibe como la voz de alguien que ya atravesó el peso de la exposición, la fama y las expectativas. Lejos de esquivar ese mensaje, Ryan Castro responde desde la seguridad de quien entiende que mantenerse firme también es parte del éxito. Su intervención gira alrededor de la disciplina y la lealtad personal, incluso cuando el entorno empuja hacia otras direcciones. En paralelo, Balvin utiliza el coro —“All eyez on me, Aprendan todos de mí, Follow me rookie”— para replantear lo que significa convertirse en referente. La idea no apunta a crear imitadores, sino a demostrar que es posible ocupar un lugar central sin desconectarse de la propia identidad. Más que enseñar, se trata de proponer una manera de permanecer.
Tracklist Omerta:
1. ‘Una a La Vez’
2. ‘Dalmation’
3. ‘Melo’
4. ‘GWA’ ft. Eladio Carrión
5. ‘Medetown’
6. ‘Bengali’
7. ‘Pal Agua’
8. ‘Viernes’
9. ‘Tonto’ ft, DJ Snake
10. ‘Omerta’ ft. SOG
Escucha aquí Omerta:
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“Vale madres la vida antes de ti”. Esa corta frase es todo lo que se necesita para entender de qué va el nuevo tema de Silvana Estrada y pablopablo, ‘Antes de ti’, un junte que desde su anuncio, el 26 de abril, encendió las redes y dejó a los fanáticos de ambos a al expectativa de cómo sonaría esta esperada colaboración. El resultado llegó este 8 de mayo por medio de un bello bolero minimalista, acompañado simplemente por una guitarra y la voz de ambos cantantes. El hecho de ser “sencillo” no quiere decir que no sea potente y tremendamente sentimental, abarcando la sensación de que la vida carecía de sentido antes de encontrar a esa persona especial.
En el video, protagonizado por ambos artistas, vemos su cotidianidad, cada uno por su lado, mientras la canción avanza entre recuerdos y metáforas. Recuerdos sobre su vida antes de conocer a esa persona especial, cuando “eran todo problemas”, cuando se vivía sin su amor; y metáforas donde se refleja cómo esa realidad estaba rota, comparándola con un pocillo con el mango roto, un cajón que no cierra o incluso un aplauso mal dado en medio de una función. Todo esto desemboca en una confesión final donde, a pesar de no haber tenido nada, quien canta asegura haberlo entregado todo.
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La segunda parte recuerda esos primeros encuentros: una borrachera en la Ciudad de México o esos típicos coqueteos donde se exageran las anécdotas para “subir la apuesta”. Así, ambos protagonistas del video terminan encontrándose en un semáforo, llamando la atención del otro casi de inmediato. Ninguno habla; solo se miran tímidamente para luego tomar direcciones diferentes tras el cruce peatonal. Esto nos lleva al final de la canción, con ese sublime coro en el que las voces crecen poco a poco hasta terminar explotando junto a la pista que, al igual que al cierre del primer verso, incorpora toques sinfónicos que hacen aún más bello todo el recorrido del tema.
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Este tema no solo funciona como una colaboración entre dos de las voces más relevantes y prometedoras de la escena hispana; también es una demostración de que lo simple puede ser profundamente hermoso, capaz de provocar emociones tan primitivas como poderosas con apenas un par de acordes de guitarra y, claro, dos voces dulces que juntas resultan hipnóticas.
Y es justamente ahí donde ‘Antes de ti’ encuentra su mayor virtud: en la honestidad. Sin necesidad de grandes arreglos ni dramatismos excesivos, Silvana Estrada y pablopablo logran construir una canción íntima, melancólica y cálida, de esas que parecen hechas para acompañar recuerdos. Un tema que confirma la sensibilidad artística de ambos y que, desde ya, se perfila como una de las colaboraciones más especiales del año.
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Hemos recorrido un largo camino desde que Liam Gallagher negó rotundamente los planes de realizar un documental sobre la tan esperada reunión de Oasis. En 2024, el músico escribió en X: “Ya se ha dicho suficiente sobre esta banda, es hora de empezar con el Rocking and Rolling y no con el parloteo y las peleas”. Resulta que hubo tiempo para todo: el documental de Oasis de Steven Knight, actualmente sin título, se estrenará oficialmente en algunos cines el 11 de septiembre.
“Sinceramente, no puedo esperar a que el mundo vea esta película”, dijo Knight en un comunicado. “Creo que captura el espíritu y la emoción de un momento cultural global y hace justicia al ingenio y la genialidad de dos personas excepcionales. Quería contar la historia de los hermanos y de la banda, pero con la misma importancia, la historia de los fans cuyas vidas han sido tocadas y, a veces, cambiadas para siempre por la música. Es también la historia de cómo la música y la composición pueden unir generaciones, culturas y países y, en una época de rencor y división, darnos a todos una razón para tener esperanza”.
El documental, producido por Knight y dirigido por Dylan Southern con Will Lovelace, incluirá entrevistas tanto con Liam como con Noel Gallagher, lo que marca su primera vez juntos en más de dos décadas. Su gira de reunión, Oasis Live ’25, servirá como eje central de la película. La serie abarcó 41 actuaciones, las primeras juntos desde 2009, entre julio y noviembre de 2025.
“Son simplemente una cita tras otra, son muy divertidos”, dijo Knight anteriormente sobre entrevistar a los hermanos Gallagher para el documental. Durante una entrevista en Project Big Screen, el productor describió la película como “fenomenal” y adelantó que ya existe una versión del estreno que alcanza una ambiciosa duración de cuatro horas.
Después de que la versión final llegue a los cines, el documental de Oasis se transmitirá en Disney+ y Hulu.
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Los Rolling Stones regresan al negro, pero no al azul. El nuevo álbum de la banda, Foreign Tongues, incluye una versión de «You Know I’m No Good» de Amy Winehouse, el tema irreverente de su clásico álbum de 2006, Back to Black.
Jimmy Fallon fue quien dio la noticia durante la aparición de Ronnie Wood en The Tonight Show. «Hacen una versión de Amy Winehouse, que no sé si alguien conoce», dijo el presentador mientras leía la lista de canciones. Acto seguido, ambos interpretaron una magnífica versión a capella de la canción, aplaudiendo y bailando al ritmo del jazz.
“Es un álbum fenomenal”, dijo Fallon sobre Foreign Tongues. Al principio de la conversación, el presentador reveló que él y Wood se encontraron recientemente durante unas vacaciones. En ese encuentro casual, el guitarrista le puso a Fallon el nuevo álbum de los Stones. “También hay muchas estrellas invitadas muy interesantes”, añadió Fallon, mencionando a Paul McCartney y Steve Winwood como artistas destacados.
A principios de esta semana, los Rolling Stones anunciaron su 25.º álbum de estudio y compartieron el nuevo sencillo “In the Stars”. El LP sucede al aclamado Hackney Diamonds de 2023. Ese álbum alcanzó el número tres en Estados Unidos y le valió a la banda un Grammy al Mejor Álbum de Rock. El grupo, cuya formación actual incluye a Mick Jagger y Keith Richards junto a Wood, presentó el proyecto con una sesión de preguntas y respuestas en Nueva York, dirigida por Conan O’Brien.
En el evento, los Rolling Stones revelaron otra aparición especial, aún más sorprendente, en Foreign Tongues: Robert Smith. El líder de The Cure estaba en el mismo estudio de Londres que los legendarios rockeros cuando Jagger se lo encontró. «Le dije: “Nunca te había visto, pero eres Robert Smith de The Cure”. Él respondió: “¡Sí!”. Le dije: “Ya que estás aquí, deberíamos hacer algo”. Y cantó un coro».
Richards también compartió cómo surgió la colaboración con McCartney. Según el guitarrista, McCartney también estuvo en el mismo estudio que los Stones, pero durante las sesiones de su último álbum. “Quería venir a tocar con la banda”, dijo Richards. “Quería cumplir ese sueño”.

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Parece mentira que hayan pasado ya dos décadas desde el primer ensayo abierto/concierto de La Bomba de Tiempo. Y a pesar de que 20 años es un montón, cuesta pensar en la vida musical de Buenos Aires sin ese extraño artefacto cultural que craneó Santiago Vazquez y que revolucionó la agenda y puso a los lunes en el centro de una salida que se pronto se convirtió en un clásico elegido por el público local, pero también por aquellos turistas y viajeros de paso por la Reina del Plata.
El festejo será el sábado 9 de mayo, desde la medianoche (entradas acá), en la Ciudad Cultural Konex, la casa de La Bomba, en una celebración que promete música en vivo, artistas invitados, DJ’s y muchas sorpresas para festejar dos décadas de ritmo compartido.
Desde 2006, La Bomba de Tiempo construyó una historia singular dentro de la música vernácula. Lo que en la enunciación parece algo complejo y casi críptico (un grupo de percusión que improvisa en tiempo real mediante un sistema de señas), se transforma en una fiesta, un ritual, una catarsis colectiva.
No importan los géneros ni las etiquetas: el La Bomba conviven los ritmos afros con el folclore latinoamericano, el funk con los electrónicos, con la improvisación como eje.
En estos 20 años, La Bomba realizó giras por el país y también internacionales —incluidas cinco por Europa, América Latina y Asia— y llevó su propuesta a festivales, teatros y espacios culturales de distintas ciudades, donde la percusión improvisada encontró públicos muy diversos. Más de siete millones de espectadores presenciaron al menos uno de los 1700 shows en vivo, que ofrecieron en ochenta ciudades de trece países.
Pero lo que asombra es la vigencia del proyecto, que sigue convocando a miles por semana. En Buenos Aires, los Lunes Bomba se convirtieron en un ritual semanal ineludible. Hay habitués y están los que llegan por primera vez.
La Fiesta Bomba del 9 de mayo, anuncián, será el comienzo de un año especial: durante 2026, La Bomba celebrará sus 20 años con nuevos proyectos, shows diversos y novedades que se irán anunciando a lo largo de la temporada, por ejemplo una Gira Nacional (ya están a la venta las entradas para Córdoba, Rosario y Santa Fe) y una nueva Gira Europea (sexta vez en el viejo continente) durante octubre.
El grupo está integrado por María Bergamaschi (tumbadora y chekeré), Nacho Alvarez (tambor repique y tumbadora), Mariano Tiki Cantero (tambor chico), Lucas Helguero (quinto, accesorios y dirección), Juampi Francisconi (tambor piano, chekeré, dum dum y dirección), Mario Gusso (conga y campana), Andy Inchausti (surdo, djembé y dirección), Alejandro Oliva (surdo, conga y dirección), Richard Nant (surdo, trompeta y dirección), Gabriel Spiller (campanas, tronco y dirección), Pablo Palleiro (tumbadora y tambor repique), Luciano Larocca (guira y djembé), Diego Sánchez (djembé, quinto y dirección) y Carto Brandán (semillas y surdo).
A lo largo de estos años, el grupo compartió escenario con más de 1300 artistas, entre ellos figuras como Coldplay, Calle 13, Julieta Venegas, Natalia Lafourcade, Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes, Duki y WOS, y llevó su propuesta a escenarios de 13 países en 3 continentes. Aquí, 20 testimonios recogidos originalmente en el libro La Bomba de Tiempo, Ritual y Ritmo:
Rubén Albarrán (Café Tacvba)
“La Bomba es una experiencia tribal, donde se borran las fronteras y las individualidades. Esa sensación de ir todos conectados a un mismo ritmo y acompasando el corazón es poderosa, energética y muy emocionante”.
Fernando Ruiz Díaz (Catupecu Machu)
“Sentir esa cosa primitiva que tienen los tambores mezclada con la energía de Catupecu fue alucinante. Mi manera de tocar la guitarra es muy percusiva, entonces tiene algo que proviene de lo tribal. El mantra, el ritual, está muy presente en Catupecu. Creo que por eso fluyó mucho. Fue un encuentro muy orgánico, alucinante. En algún momento me gustaría que salgamos de gira juntos”.
Baltasar Comotto (Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado)

“Me impactó la interacción tribal con la gente. Era un mantra percusivo en constante evolución, una especie de rave rítmica. Tuve que interactuar con todo el grupo tratando de ser una extensión de lo que estaba presenciando. Me sentí muy satisfecho por haber conocido grandes músicos en un contexto distinto”.
Lula Bertoldi (Eruca Sativa)

“Desde que nos invitaron, nos emocionamos con la situación. Nos encanta lo que hace La Bomba y nos pareció un gran desafío acoplarnos para versionar nuestras canciones. Elegimos «Magoo» y «Amor ausente», dos temas muy rítmicos: uno es mas bien funkero y el otro es una vidala muy bella que tiene un gran espíritu. La energía de La Bomba y la sorpresa de tocar sin haber ensayado antes fue increíblemente emocionante. Nos fuimos llenos de energía, ¡y con ganas de hacer muchas más cosas juntos!”.
Jorge Drexler

“La Bomba de Tiempo es de las cosas que más me gustan de Argentina. El espíritu creativo y racional, puesto al servicio de la emoción. Un orden cartesiano para sostener un sistema físico y profundamente animal de la persona, como es la percusión”.
Emma Horvilleur

“Tranquilamente se puede hacer hip-hop sobre los tambores de La Bomba. Cada vez que hicimos ese medley tuvo mucho sentido y la gente se prendió con todo. Definitivamente, IKV pega muy bien con ese corazón rítmico”.
Hugo Fattoruso

“El trabajo de La Bomba es sencillamente avasallante. Los admiro y me encantan con todos los poros de mí. Son grandes músicos, con disciplina y buenas ideas. Tocar candombe con ellos fue una experiencia excepcional”.
Kevin Johansen

“Cada vez que participé para mi fue formar parte de esa sensación del ritual, el baile, de libertad que te da la percusión, los colores, los juegos rítmicos, porque también tienen una cosa muy lúdica, que invita a romper con los moldes de los ritmos establecidos. A su vez es lindo ver al público gozando con La Bomba de Tiempo. Fue un placer conocerlos y aprender con ellos”.
Yamandú Cardozo (Agarrate Catalina)
“Lo que más me impactó fue el espacio de fiesta, abierto al público de todo color, de todo pelo, de todo tamaño, de toda trinchera, me pareció aluciante ver a la gente tomando por asalto el concierto y bailando todo el tiempo, incluso cuando cantamos nosotros. Eso quiere decir que el ensamble y la fusión de lo que cantó la murga con los tambores de La Bomba estuvo genial”.
Lisandro Aristimuño
“Es una experiencia placentera, vertiginosa y de mucha libertad. La Bomba te deja volar porque en esos minutos sus músicos son los dueños de la tierra. Me refiero a que la percusión es tierra, y ellos la pisan y la siembran de ritmo. Sentí que mi voz y mis canciones volaban sobre esa montaña de ritmo y es algo muy maravilloso, porque te dejan planear, cuidan y disfrutan tu vuelo desde abajo”.
Sergio Rotman (Los Fabulosos Cadillacs)
“Para un músico, la forma más contundente de decir que algo te gusta es invitar a tocar al otro. El guiño más fuerte que damos es «¡vení a tocar conmigo!». Y con La Bomba pegamos onda”.
Chango Spasiuk
“Ver a La Bomba es un momento en el que uno se puede sentir a salvo, como si fuese un estado del corazón y una pequeña metáfora de algo que no se puede explicar: simplemente hay que estar ahí, bailar, tocar, formar parte de ese momento un rato y pasar por esa experiencia que, para mí, siempre ha sido muy constructiva”.
Barbarita Palacios
“Canté varias veces con La Bomba, pero recuerdo especialmente un festejo del día de la Pachamama, junto a los compadres de Tonolec. Fue una noche cargada de magia: celebrar ese día con tambores es una de las experiencias mas religiosas que he vivido y el sonido de mi viola eléctrica rasgueando una chacarera junto a ellos y su ejército de bailarines del público tomados por el repiqueteo en sus corazones y pies. La gente esta necesitada de rituales, y La Bomba es la primera tribu de esta nueva era”.
Pablo Dacal
“La experiencia con La Bomba fue amable y compañera, recuerdo que fue en un dia lluvioso y la fiesta se armó en la sala techada del Konex. Recuerdo haber cantado «El corazón es el lugar» y un poema de Cadícamo al que musicalicé y nunca grabé: «Abierto toda la noche», en clave de candombe transfigurado. sostuve la canción en su estructura y ritmo mientras ellos bailaban, callaban, enloquecían, acentuaban, descansaban o estallaban, interviniendo la emoción del canto y los tropezones del rasgueo, haciendo de la melodía íntima un grito lejano y del ritmo andante una danza tribal, celebrada hasta el derrame por los cuerpos sudados en el verano eterno y sin tiempo”.
La Marisoul (La Santa Cecilia)
“Estar rodeada por tantos tambores es tan imponente como tomar un café bien cargado. Es pura energía, es sentir 16 veces el ritmo de tu corazón tocar diferentes ritmos.”
Marcos Orellana (Onda Vaga)
“Cuando escuchás a La Bomba te perdés en el éter de la música: te avasallan con sus tambores y desaparecen los conceptos que nunca llegan a demasiado. Tener atrás a esa banda acompañándote y llevando adelante el ritmo de tu canción es un regalo de Dios”.
Edson Velandia
“La Bomba una experiencia comunitaria, donde la gente puede ir cada semana a vivir una fiesta de imaginación y espontaneidad. Queda uno con ganas de volver, de meterse otra vez en medio de esa tribu de tamboreros y disfrutar nuevamente ese instante en el que la creatividad puede estallar ante una multitud que es cómplice”.
Marcelo Ezquiaga
“Cantamos una canción que se llama «El gaucho vive y muere en su ley», que comenzó con una intensa batucada, pero luego fue mutando hacia una cosa súper potente, muy libre. La experiencia fue intensa, la onda es total y la gente se copó muchísimo. Compartir escenario con La Bomba es una experiencia muy primal. La pase genial”.
Mariana Carrizo
“Tocar con La Bomba es siempre una experiencia de alto vuelto. Un vuelo desconocido y hermoso. Un rito que se vuelve impredecible y que cuando se encauza pasa a ser como un trance espiritual. La copla también tiene un vuelo libre y desconocido, eso permitió que voláramos juntos de manera mística”
Bruno Arias
“Tocar con ellos fue una experiencia totalmente nueva, especialmente por poder cantar con diferentes patrones rítmicos. Me pude conectar desde otro lugar: ni desde lo armónico o desde la melodía, sino a partir del groove y desde el cuerpo, desde el ritmo y todo lo que eso te moviliza”.
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