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Estos son tiempos de ecos con gran intensidad, aunque corta duración. Si la conversación pública fuera un pedal de delay para guitarra, las perillas estarían seteadas en repeticiones rápidas con lapsos muy breves, que hacen ruido y se apagan pronto.

Lo que en otro momento se hubiera perfilado, por ejemplo, como el lanzamiento discográfico del año, la apuesta fuerte de la industria o la revelación impulsada espontáneamente por la audiencia, hoy no es tendencia durante más que unas horas (si bien el esfuerzo y el dispositivo detrás pueden ser similares a los de días con resultados más suculentos).

Los shows de Soda Stereo Ecos (con la familia Cerati en la producción), sin embargo, rompieron esa lógica de consumo y descarte inmediato. En cierta medida. Vaya si había material con qué: el anuncio (a veces solo sugerido, otras subrayado) de una “vuelta” de Soda al escenario, con un Gustavo Cerati virtual junto a los muy reales Zeta Bosio y Charly Alberti, en el Movistar Arena, invocaba a cualquier cosa menos la indiferencia.

¿Cómo sería eso? ¿Un holograma al estilo de aquellos espectáculos con la música y la imagen de Abba, por remitir al antecedente más a mano? Era algo complejo de anticipar: si nos guiamos por un oráculo serio, como el de las películas de Star Wars, estaríamos a milenios de que la ciencia consiga un holoproyector de fidelidad y estabilidad de señal convincente.

Para aquellos que habían recibido con desconfianza y desdén la gira Gracias Totales, en 2022, cuando Bosio y Alberti tocaron con cantantes invitados, la noticia del Cerati digital estresaría al máximos posible el circuito de la indignación. Pero frente a la ligereza de la acción y reacción en redes sociales, hay que contrastar la contundencia de los números reales: doce funciones en el Movistar Arena (que comenzaron en marzo y se extenderán hasta agosto), es decir más de 150 mil entradas, y muchas de ellas facturadas antes de que trascendieran precisiones acerca de qué depararía el destino, más allá del reencuentro en sí con el repertorio de Soda y la curiosidad por la innovación tecnológica que canalizaría el legado del trío y, en particular, de su incomparable cantautor (“¿Dice Soda? ¡Voy!”).

Ecos del futuro: la música en vivo se transforma
El despliegue de luces y visuales en Soda Stereo Ecos es notable. (Foto: Ignacio Arnedo)

A partir de condiciones objetivas tan peculiares, es difícil pensar en un show reciente, en Argentina, que pueda haber desplegado tantas opiniones y juicios, desde el punto de vista y el costado crítico que se prefieran. ¿Estamos ante un anticipo del futuro del entretenimiento musical? ¿Se avecina toda una nueva categoría de mercado basada en “conciertos” holográmicos? ¿Es un recurso que, de tan disruptivo, se podría ver rápidamente superado y retro? ¿Es legítimo sustituir a Cerati de esta forma? ¿O de cualquier forma? ¿Es siquiera algo deseable? ¿Hubiera aprobado el mismo Cerati algo así? Las respuestas (o las especulaciones) son menos importantes que el hecho de que un espectáculo las haya estimulado en tal medida, desestabilizando un poco el orden dado. Punto a favor de Soda Stereo Ecos.

Entonces llegó el día. El sábado 21 de marzo se despejó la incógnita. O, al menos, se esclareció uno de los enigmas: cómo se “vería” la figura de Cerati, qué tan “convincente” podría ser la tecnología, más allá de que ningún desarrollo bastaría para salvar esa ausencia tan resonante. Con los acordes iniciales de “Estoy moviéndome”, los testigos del primer Ecos constataron (y registraron con sus celulares para el resto del mundo) que el dispositivo para este show era técnicamente notable.

Es poco probable que quien lea esto no sepa ya los detalles, pero recapitulemos: Soda Stereo Ecos es un grandes éxitos de la banda, con un avatar en la posición de Cerati y un despliegue de visuales, entre luces, gráficas y animaciones, superior a casi cualquier otra producción local que hayamos visto. Con una “figura” digital muy lograda (sí, claro que la proyección no se comporta como un ser humano que transpira y hasta pifia) y Zeta Bosio y Charly Alberti en un llamativo segundo plano, de meros acompañantes (algo que podría derivar de los nervios de un estreno, pero soltarse en otras noches). Nadie más sobre el escenario.

Mientras algunos decían, afuera, que esta era la peor idea posible, quienes habían pagado su entrada disfrutaban felices. La supuesta bronca de unos fans de Soda fue la alegría explícita de otros, dispuestos a festejar sus canciones favoritas con ese grado de suspensión de la incredulidad que exige toda ficción.

Que cada quien elija el filtro de su preferencia para mirar Soda Stereo Ecos, pero hay algo insoslayable: la música “en vivo” (alerta de comillas) está en un proceso de transformación pronunciado. Un show con el avatar de un artista fallecido puede ser un caso paradigmático de ese movimiento. Pero los cambios afectan a un área mucho más amplia de esta industria (y el término no es inocente). El Cerati-holograma, o como técnicamente haya que nombrarlo, no está más programado que las bases precocidas en las que se apoyan tantas bandas hoy, en particular, aunque no únicamente, aquellas que pisan escenarios de dimensiones apreciables.

Mucho de lo que suena hoy en un concierto pop no se toca en directo ni es responsabilidad de los músicos visibles en escena. Esto vale para un show de Tyler the Creator, y es obvio en tanto Tyler es el único ser humano que vemos en la tarima y no parece ejecutar ningún instrumento. Pero también vale para bandas de guitarras y pulso rockero, que se aseguran consistencia y contundencia con suculentas capas sonoras a prueba de flaquezas, errores, ocasionales déficits en vivo. Cómo olvidar esos mágicos instantes de la gira Music of the Spheres, en los que los músicos de Coldplay (con máscaras de aliens) empuñaban guitarra, bajo y batería mientras en River explotaba “∞” (“Infinity Sign”), un tema que suena a cualquier cosa menos a lo que emiten en conjunto o por separado una guitarra, un bajo y una batería. A nadie se le hubiera ocurrido denunciar: “Un momento, ¡están haciendo playback!”, como tampoco lo hubiera hecho ningún espectador de Bad Bunny, en cuyo show pasa de acompañarse por una orquesta de veinte virtuosos a… ninguno, sin escalas, pero al mismo volumen.

Dua Lipa o Roxette suelen sorprender a las audiencias en cada país con versiones de hits locales. Son sorpresas bienvenidas, pero también cuidadosamente previstas y programadas; aderezos tan espontáneos como cuando Green Day, Adele o, de nuevo, Coldplay, invitan a subir al escenario a un “elegido”, que tendrá la noche de su vida (y ojalá lo transmita de manera acorde en las pantallas), para acompañarlos en algún clásico. Es decir, nada espontáneos.

Por eso, entre lo mucho que se escribió en las horas siguientes al estreno de Soda Stereo Ecos, la mirada de Mauro Apicella, en La Nación, dio en la tecla. Habló justamente de esa nueva normalidad en el showbiz: “(…) por más que haya un campo de gente de pie dispuesta a saltar y corear el nombre de la banda en cada pausa musical, Ecos no es un recital. Es un show, calculado en milímetros, con un guion, sin posibilidades de espontaneidad ni improvisación. Es cierto que la mayoría de los shows a gran escala que hoy vemos son así. Cada artista tiene marcada desde la entrada hasta el momento de un tema donde levantará una mano o las palabras exactas que deberá pronunciar para saludar al público. En ese sentido, la culpa no es de Soda sino del modo como en esta tercera década del siglo XXI se producen eventos musicales para arenas y grandes estadios”. (En tanto, desde otro de los portales de noticias más leídos de la Argentina, se publicó una observación que podría haber desconcertado hasta a Alberti y Bosio: “Y sucedió nomás. Y fue ante nuestros ojos, que en estos tiempos de inteligencia artificial desenfrenada, a veces no pueden descifrar si lo que ven es cierto o no. Pero era real: regresó Soda Stereo. El trío volvió a sonar a pleno”. De antología).

Lo artesanal se va olvidando. Pero esto no es una denuncia. ¿Qué margen para la espontaneidad puede haber en un tour por treinta ciudades en tres continentes frente a decenas de miles de espectadores en busca de inyecciones precisas e imperecederas de euforia, drama, baile y espíritu de cuerpo filotribal? Nada puede fallar, nadie lo toleraría. No queda mucho resto de tolerancia. Mucho menos en quienes, previsiblemente, sentirían una afrenta moral en un plan como el de Soda Stereo Ecos. Porque, tal como se da con tantos otros asuntos, importantísimos o triviales, desde la posible tercera guerra mundial hasta la separación de una pareja famosa, parece agudizarse ese viejo reflejo que tenemos de aprobar o desautorizar cosas, ya no a partir del admisible gusto personal sino con la severidad del imperativo moral y universal (aunque con la mecánica del like, sin esfuerzo ni costo).

Como sea, hasta el mayor defensor de Soda Stereo Ecos debe haber notado un detalle en el transcurso de ese show. Al final (alerta de spoiler), Bosio y Alberti aparecen tocando sus instrumentos en sendas plataformas entre el público para hacer “De música ligera”. La “banda” suena como nunca en toda la noche; quizás menos ajustada, pero mucho más viva, fresca, “orgánica”. La respuesta es inmediata: los fans enloquecen. No había sido hasta entonces un show frío, ni mucho menos, pero en cuanto el bajista y el batero de Soda se asoman a otro nivel de humanidad y proximidad, dejando al avatar allá lejos, en el escenario grande, todos parecen percibirlo en el cuerpo, quizás hasta en el alma. Después de sucesivos cuadros con recursos visuales y audios bombásticos, Soda Stereo Ecos encuentra su mayor impacto en lo esencial: dos viejos amigos dándole a sus instrumentos con alegría, ahí, cerca y sin tanta red.

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Nacer en una familia donde la música forma parte de la historia puede ser una bendición, pero también una responsabilidad. Para Jura Valoy, hijo de Ramón Orlando y nieto de Cuco Valoy, hubo un momento que terminó convirtiéndose en la bendición musical que necesitaba de su abuelo y que ocurrió cuando apenas comenzaba a descubrir su talento frente al piano.

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A los 84 años, Paul McCartney no quiere bajar el ritmo. En una extensa entrevista con NME, publicada con motivo del lanzamiento de su nuevo álbum, The Boys Of Dungeon Lane, el músico habló sobre su presente creativo, su vínculo con sus excompañeros de The Beatles y sobre la posibilidad de retirarse de los escenarios. Su respuesta fue clara: despedirse no está en sus planes.

Consultado sobre si los fans pueden esperar más música y giras en los próximos años, McCartney admitió que nunca se plantea demasiado el futuro. “No lo sé. Nunca lo sé”, respondió. Luego recordó una conversación con un representante cuando cumplió 50 años. “Me preguntó si estaba pensando en retirarme. Le dije: ‘No lo creo’. Entiendo por qué lo preguntaba, porque cuando teníamos 20 años pensábamos que 30 era muy viejo. Pero los años fueron pasando y la gente siguió tocando, y el público siguió queriendo escuchar esa música”.

Para explicar por qué sigue subiendo a los escenarios, dijo que muchas de sus canciones solo pueden experimentarse plenamente en vivo. “Tenés que ver a Neil Young en directo para sentir realmente a Neil. Lo mismo pasa con muchas bandas: los Stones, The Eagles. No hay nada igual”.

Más allá de los conciertos, Paul dejó en claro que la principal razón por la que sigue activo es el placer que encuentra en la composición. “La satisfacción creativa es simplemente escribir una canción. Sigue siendo la misma satisfacción de siempre”, afirmó. “Hay algo mágico en eso”.

McCartney explicó que, incluso después de más de seis décadas de carrera, todavía disfruta del proceso de sentarse con una guitarra y partir de la nada. “Es un gran logro sentarme con mi guitarra, sin tener nada, empezar a probar ideas y que, tres o cuatro horas después, exista una canción. Sé cómo suena, escribí la letra y está terminada. Esa sigue siendo una sensación mágica para mí”.

Además de publicar The Boys Of Dungeon Lane, su decimonoveno álbum de estudio como solista, McCartney confirmó en la entrevista que participa en una canción del próximo disco de The Rolling Stones, continuando una colaboración que comenzó con Hackney Diamonds.

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El próximo universo sonoro de Charli xcx está en camino. La estrella pop presentará su nuevo álbum de estudio este 24 de julio, titulado Music, Fashion, Film. 

El sucesor de Brat ya cuenta con altas expectativas. La portada cuenta con tres figuras icónicas que forman parte de cada uno de los campos que la cantante hace referencia en su álbum: John Cale de The Velvet Underground (quien colaboró ​​con Charli en la canción ‘House’ de Cumbres Borrascosas), el diseñador Marc Jacobs y Martin Scorsese, cineasta estadounidense y una de las figuras más influyentes del séptimo arte en la última era. 

De Music, Fashion, Film hemos podido escuchar dos adelantos: ‘Rock Music’ y  ‘SS26’. Estos temas nos dan un pequeño vistazo del camino sonoro que Charli tomó para este nuevo material; sin embargo, no nos dejemos guiar por completo, pues podemos esperar muchas sorpresas de la cantante. “Cuando el mundo se acabe, no habrá esperanza para nada”, canta en ‘SS26’. “Sí, caminamos por una pasarela que va directo al infierno / Nada nos salvará, ni la música, ni la moda, ni el cine”. 

Hace unas semanas, Charli xcx habló con British Vogue sobre su octavo álbum de estudio, el cual el medio designó como una reinvención del rock. “Para mí, es divertido darle la vuelta al género. Sabemos que habrá gente a la que le moleste, pero no pasa nada”, declaró la cantante. 

La artista también reveló que la “pista de baile está muerta”, situación que la llevó por una experimentación general por el género. “Si hubiera hecho otro álbum con un estilo más bailable, habría sido muy duro, muy triste”, declaró al medio. 

Con este nuevo álbum, la cantante aseguró que quiere hablar de su mayor amor en la vida, además de su esposo: el arte. “Y qué pasaría si me lo arrebataran. Cómo me quedaría sin propósito, y cómo, para bien o para mal, el arte me da sentido a la vida”.

Su deseo de crear Music, Fashion, Film nace desde la necesidad de tener algo opuesto a Brat; regresar a un punto mucho más interno que encuentra como un refugio más agradable. Charli le admite al medio que este es el reinicio que necesitaba después de que la expectación en torno a Brat se desviara tanto desde una perspectiva musical.

Desde hace unos meses, la artista se ha encontrado muy ocupada con su faceta actoral. Ha tenido tres estrenos este año: el falso documental de A24, The Moment, que ella misma creó, produjo y protagoniza; el remake de terror Faces of Death; y la comedia Erupcja. También coprotagoniza el thriller erótico I Want Your Sex, que se estrena el 31 de julio, una semana después del lanzamiento de Music, Fashion, Film. 
Por ahora, queda esperar Music, Fashion, Film, que llegará este verano.

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Mick Jagger aseguró que ‘no puede esperar’ para volver a llevar a The Rolling Stones a los escenarios. Durante una entrevista con BBC Radio 2 junto a Ronnie Wood, el cantante confirmó que la legendaria banda de rock sí tiene planes de salir de gira nuevamente en el futuro.

‘Me encantaría salir de gira’, dijo Jagger. ‘No puedo esperar’. Sin embargo, también moderó las expectativas: ‘No creo que vaya a suceder este año. Pero espero que ocurra tan pronto como sea posible’.

Las declaraciones de Jagger llegan después de que la banda aparentemente descartara los planes para una gira de estadios por Reino Unido y Europa prevista para 2026. En enero del año pasado, surgieron reportes que señalaban que el grupo había recibido varias ofertas para presentarse durante el verano, pero decidió rechazarlas debido a complicaciones logísticas relacionadas con los recintos, los desplazamientos y otros compromisos previamente adquiridos.

La gira más reciente de The Rolling Stones tuvo lugar en 2024 para promocionar Hackney Diamonds, el álbum que lanzaron en 2023. El recorrido incluyó 20 conciertos en Norteamérica y se convirtió en una producción de gran escala, con ensayos de más de 60 canciones de su catálogo tras el lanzamiento del disco en Londres y un concierto sorpresa en Nueva York.

La banda se prepara para lanzar un nuevo álbum, Foreign Tongues, el próximo 10 de julio. El disco fue grabado en los estudios Metropolis de West London junto al productor Andrew Watt, quien también estuvo al frente de Hackney Diamonds.

Además de Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood, el álbum marca el regreso del bajista Darryl Jones, el tecladista Matt Clifford y el baterista Steve Jordan. El proyecto también incluye una participación póstuma de Charlie Watts, histórico baterista de la banda, registrada durante una de sus últimas sesiones de grabación antes de su fallecimiento en 2021.Entre los artistas invitados figuran Steve Winwood, Paul McCartney, Robert Smith y Chad Smith.

Durante la entrevista con BBC Radio 2, Jagger explicó que la colaboración con Smith surgió de manera fortuita, tras coincidir con él en un evento de la industria musical.

‘Estaba de espaldas, con una especie de túnica larga, y cuando se dio la vuelta estaba cubierto de lápiz labial’, contó Jagger. ‘Le dije: “Tú eres Robert Smith de The Cure”. Él respondió: “Sí, nunca nos habíamos conocido”. Entonces le dije: “Ya que estás aquí, más vale que hagas algo”. A veces así es como nacen las colaboraciones’.

‘Nunca habíamos tocado con él antes. Yo había cantado con él, pero nunca habíamos interpretado música juntos. Fue muy emocionante. Aprende muy rápido’.

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