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Las crisis que acompañan la adolescencia y el complejo tránsito hacia la adultez temprana son experiencias universales, aunque cada generación y cada persona las enfrenta de una manera distinta según su contexto. La búsqueda de identidad, las inseguridades, la necesidad de pertenecer y la incertidumbre frente al futuro han sido algunos de los grandes estímulos creativos de la música, y capturar ese momento en el que se deja de ser un joven despreocupado para convertirse en adulto ha sido una de las obsesiones más recurrentes en la industria.
Por eso, no resulta extraño que muchos artistas hayan encontrado en sus primeros años de vida una fuente inagotable de inspiración. Billie Eilish retrató la ansiedad y las contradicciones de crecer en When We All Fall Asleep, Where Do We Go? (2019); Lorde convirtió la adolescencia digital y la sensación de desconexión en el centro de Pure Heroine (2013); e incluso Nirvana, desde la rabia y la alienación del grunge, plasmó en Nevermind (1991) el desencanto de una generación que no encontraba su lugar.
Con esos antecedentes, crear un álbum capaz de ofrecer una nueva perspectiva sobre la juventud parecía un desafío casi imposible. Más aún cuando esos discos ya se habían establecido como referentes generacionales. Sin embargo, Olivia Rodrigo, una joven estrella de Disney con el corazón roto, logró transformar sus propias heridas en un fenómeno global trayendo Sour, un debut que convirtió el desamor en un punto de encuentro donde millones de jóvenes hallaron un refugio para sus sentimientos no correspondidos, triángulos amorosos, comparaciones constantes y ese afán casi incomprensible por agradar a todo el mundo.

Antes de deslumbrar con su música, Olivia Rodrigo era conocida principalmente por su faceta como actriz. Tras participar en producciones de Disney como Biz Aardvark y, especialmente, liderar el elenco de High School Musical: The Musical: The Series, la estadounidense comenzó a llamar la atención por su capacidad como compositora gracias a varias canciones escritas para la banda sonora de la serie.
Ese talento despertó el interés de Geffen Records, sello con el que firmó en 2020 para desarrollar su primer proyecto musical. Con apenas 17 años, Rodrigo tenía claro que quería crear una identidad propia, alejada de la etiqueta de “estrella Disney”, y encontró el aliado perfecto en el productor y compositor Dan Nigro, con quien la química fue inmediata. Ese vínculo terminó fortaleciéndose gracias a la pandemia, que les permitió trabajar con un ritmo pausado en el que las canciones nacían de sesiones íntimas a partir del piano o la guitarra, y donde la prioridad era preservar la honestidad de las emociones antes que perseguir un éxito comercial.
Ese proceso también estuvo marcado por las primeras intenciones de Geffen con su nueva artista. El plan era publicar un EP de cinco o seis canciones que funcionara como carta de presentación. Sin embargo, aquellas composiciones nacidas desde la autenticidad de sus sentimientos comenzaron a dar sus primeros frutos el 8 de enero de 2021 con el lanzamiento de su sencillo ‘drivers license’.
Escrita a partir de una ruptura amorosa y concebida como una balada que comienza con una percusión minimalista acompañada por un piano suave, la canción crece progresivamente hasta explotar con una interpretación excepcional de la cantante. Su rango vocal y su característico tono aterciopelado encuentran el complemento perfecto en una producción que incorpora coros para acentuar la melancolía de la pieza, antes de cerrar con un falsete casi angelical y un piano que vuelve a la delicadeza.
El single fue un fenómeno inmediato que rompió récords de reproducciones en Spotify, debutó en el número uno de las listas más importantes y transformó a Olivia en una estrella mundial, lo que llevó a Geffen a cambiar el proyecto inicial por un LP.
Lejos de apagarse, el fenómeno no hizo más que crecer durante los meses siguientes. En abril llegó ‘deja vu’, una mirada mordaz sobre lo fácil que es para algunas personas reemplazar vínculos afectivos por otros, mientras que apenas una semana antes del estreno del disco apareció ‘good 4 u’, un vibrante himno pop rock que terminó por confirmar que Rodrigo no sería una artista de un solo éxito. Los tres sencillos dominaron las redes sociales, especialmente TikTok, lo que le permitió formar una base de fans sólida y además alimentó una expectativa pocas veces vista para alguien que recién estaba dando sus primeros pasos.
Para propios y extraños, la espera culminó el 21 de mayo de 2021 con el lanzamiento de Sour, uno de los debuts más anticipados —y, a la postre, más importantes— del siglo XXI.
El trabajo da la bienvenida con ‘brutal’, que comienza con una sutil melodía de violín y viola, compuesta y ejecutada por Paul Cartwright, antes de que unas guitarras eléctricas distorsionadas y una batería estridente tomen el protagonismo. El resultado es una canción con una identidad cercana al emo punk e, incluso, descrita por algunos críticos como una reimaginación contemporánea del grunge. Buena parte de esa personalidad nace de la línea principal de guitarra, inspirada directamente en ‘Pump It Up’, de Elvis Costello & The Attractions, un parecido que desató algunas acusaciones de plagio tras la publicación del disco. Sin embargo, fue el propio Costello quien salió en defensa de la cantante, restándole importancia a la controversia y asegurando que, si ese era el caso, “está bien para mí”. El músico británico recordó que el rock siempre ha funcionado así: “tomas los pedazos rotos de otra emoción y haces un juguete completamente nuevo”, antes de citar varias canciones que sirvieron de inspiración para componer su propio clásico de 1978.
La letra compagina perfectamente con la pista, convirtiéndose en una tormenta de ideas que refleja algunas de las principales desilusiones y, en general, el caos de esta etapa de la vida. Olivia habla sobre la presión constante y el escrutinio social al que se enfrentan los jóvenes cuando canta “I feel like no one wants me / And I hate the way I’m perceived” (“Siento que nadie me quiere / Y odio la forma en la que me perciben”), una sensación que se intensifica con la ansiedad por cumplir expectativas ajenas en versos como “And I don’t stick up for myself / I’m anxious and nothing can help / And I wish I’d done this before / And I wish people liked me more” (“Y no me defiendo / Estoy ansiosa, nada me puede ayudar / Y desearía haber hecho esto antes / Y desearía que la gente me quisiera más”).
La canción también cuestiona las expectativas irreales que suelen depositarse sobre la juventud. Olivia lo resume con crudeza cuando canta “And I’m so sick of seventeen / Where’s my fucking teenage dream? / If someone tells me one more time / Enjoy your youth, I’m gonna cry” (“Y estoy tan harta de los diecisiete / ¿Dónde está mi maldito sueño adolescente? / Si alguien me dice una vez más: ‘Disfruta tu juventud’, voy a llorar”), una idea que refuerza poco después, en el coro, con “They say these are the golden years / But I wish I could disappear” (“Dicen que estos son los años dorados / Pero desearía poder desaparecer”), llegando a reunir todas esas inquietudes en versos como “And I’m so tired that I might / Quit my job, start a new life / And they’d all be so disappointed / ‘Cause who am I, if not exploited?” (“Y estoy tan cansada que podría / Dejar mi trabajo, comenzar una nueva vida / Y todos estarían tan decepcionados / Porque ¿quién soy yo, si no soy explotada?”), declaraciones que terminan funcionando como un manifiesto sobre las inseguridades y preocupaciones con las que millones se pueden ver reflejados.
Al final, la intensidad se desvanece y el arreglo de cuerdas con el que comenzó la canción vuelve a ocupar el primer plano. Sobre ellas, Rodrigo admite que ni siquiera sabe por dónde empezar, un cierre que funciona casi como una declaración consciente de, a partir de ese punto, abordar estas y otras emociones de forma particular y profunda durante el resto del álbum.
Más que seguir una historia lineal, Sour utiliza cada canción para profundizar en una emoción distinta. Y si ‘brutal’ funciona como una presentación del caos que supone crecer, ‘jealousy, jealousy’ es el momento en el que se centra en enfrentar la constante comparación con los demás y la sensación de no estar nunca a la altura.
En lo sonoro, la canción retoma parte de la energía de ‘brutal’, aunque desde un enfoque más cercano al rock alternativo y el pop rock de comienzos de los 2000. Guitarras distorsionadas, una batería contundente y un despliegue vocal que construyen una atmósfera de permanente tensión, reflejando el desgaste mental que produce la obsesión por alcanzar estándares imposibles.
La letra dirige la frustración hacia la imagen idealizada que proyectan las redes sociales. La cantante confiesa sentirse rodeada de personas que parecen demasiado perfectas para ser reales, hasta el punto de querer alejarse de su teléfono incapaz de soportar el éxito y la buena vida de los demás. A medida que avanza la canción, esa inseguridad termina transformándose en culpa, reconociendo que la envidia la consume, que detesta esa versión de sí misma y que, por más consciente que sea del problema, no consigue escapar del ciclo enfermizo de crear contrastes.
A pesar de estas reflexiones centradas en la introspección y las inseguridades personales, este disco es, en gran parte, una oda al despecho nacida de la desilusión amorosa que Olivia atravesó antes de comenzar la realización del proyecto. Sin embargo, más que hablar del desamor en sí mismo, la cantante explora el vacío que deja una relación cuando una de las dos personas parece seguir adelante mucho antes que la otra.
En ‘traitor’, por ejemplo, Rodrigo transforma la tristeza en reclamo. El tema no habla de una traición explícita, sino de la sensación de haber sido reemplazada antes de que la ruptura terminara de asimilarse. La producción mantiene una atmósfera melancólica y contenida, con una voz que crece progresivamente hasta transmitir una mezcla de decepción y vulnerabilidad, como si la cantante intentara encontrar una explicación para una situación que todavía no logra comprender.
Por otro lado, ‘1 step forward, 3 steps back’ muestra una faceta previa a la ruptura, marcada por la contradicción de una relación donde el afecto y el desinterés conviven constantemente. La entonces pareja aparece como una figura impredecible, capaz de demostrar cariño y cercanía, pero también de generar dudas por su indiferencia, dejando a la protagonista atrapada en una dinámica emocional difícil de descifrar. Rodrigo incluso juega con la idea de tener una pareja distinta cada día, sin saber cuál versión de esa persona encontrará al despertar.
Elaborada sobre una melodía inspirada en ‘New Year’s Day‘ de Taylor Swift, la grabación utiliza una estructura íntima y repetitiva para representar esa inestabilidad emocional. El piano delicado que acompaña a Olivia contrasta con la tensión de un vínculo marcado por avances y retrocesos constantes, donde cada momento de cercanía parece estar acompañado por una nueva distancia.
Con el paso del duelo, la tristeza pasa a ser rabia. En ‘good 4 u’ Olivia abandona la vulnerabilidad y la delicadeza sonora de los temas anteriores para abrazar un potente pop punk cargado de ironía para retratar la frustración de ver cómo la otra persona parece haber seguido adelante sin dificultad. Sin embargo, esa furia no se queda únicamente en el reclamo hacia el ex. En ‘enough for you’, la cantante dirige esa misma decepción hacia sí misma, reflexionando sobre todo lo que cambió y sacrificó intentando ser la persona que alguien más esperaba.
Si ‘good 4 u’ representa la rabia hacia afuera, esta canción muestra el dolor de darse cuenta de que, incluso después de haber intentado ser suficiente para alguien, eso no garantizó quedarse a su lado.
Después de la rabia llega una etapa mucho más compleja: la aceptación. Sin embargo, esta no se presenta como una fase de liberación absoluta ni como un momento en el que todo el dolor desaparece. En las canciones que cierran el recorrido amoroso del álbum, Rodrigo entiende que una relación puede haber terminado y, al mismo tiempo, seguir teniendo un peso emocional enorme, aunque ahora sin tratar de encontrar culpables, sino de aprender a convivir con los recuerdos de algo que alguna vez significó mucho.
En ‘Favorite crime’, la cantante mira hacia atrás con una mezcla de nostalgia y arrepentimiento. El tema apuesta por una producción más íntima, construida alrededor de una guitarra acústica y una interpretación mesurada donde Rodrigo reconoce que, aunque la relación pudo haberle causado daño, también fue una experiencia en la que participó voluntariamente, llegando incluso a cuestionarse por haber defendido o justificado situaciones que no la hacían sentir bien.
Por su parte, ‘happier’ representa el aceptar que alguien se fue, pero no estar preparada para verlo completamente feliz con otra persona. La canción no expresa un deseo de regresar a la relación, sino la incomodidad de imaginar que otra persona ocupa ahora un lugar que antes parecía propio. Con una producción delicada y melancólica, Olivia expone la sensación de querer que alguien esté bien, pero al mismo tiempo sentir una pequeña resistencia al verlo avanzar sin nosotros.
El recorrido de Sour encuentra su cierre con ‘hope ur ok’, que funciona como una ruptura definitiva con todo lo que el álbum había trabajado hasta ese momento. Después de diez canciones marcadas por la inseguridad, el desamor y la dificultad de aceptar una pérdida, Olivia Rodrigo abandona el relato estrictamente personal para dirigir la mirada hacia otras personas y las heridas que muchas veces permanecen ocultas, dejando uno de los momentos más humanos del disco gracias a una reflexión sobre la importancia de reconocer la vulnerabilidad ajena y recordar que cada persona atraviesa luchas que no siempre son visibles.
A diferencia de la intensidad emocional de cortes como ‘brutal’ o ‘good 4 u’, ‘hope ur ok’ vuelve a una producción mucho más sencilla y cálida con arreglos delicados y una Olivia cercana, dando la sensación de estar escuchando una carta escrita en privado.
En la letra, Rodrigo recuerda a dos personas de su pasado que atravesaron experiencias difíciles. Una de ellas enfrenta el rechazo familiar y la dificultad de encontrar aceptación por su identidad, mientras que otra crece en un entorno marcado por la presión y las limitaciones impuestas por quienes deberían protegerla. Sin convertir sus historias en simples momentos de tristeza, la cantante se enfoca en la resistencia de quienes, pese a las circunstancias, lograron encontrar una forma de seguir adelante. El mensaje central no está en lo que perdieron, sino en reconocer que sus vidas tienen valor más allá de aquello que tuvieron que soportar. Por eso, aunque rompe un poco con la narrativa planteada, el cierre resulta tan importante dentro del concepto general.
El paso del tiempo también confirmó que Sour no fue un éxito aislado. Con GUTS (2023), Olivia Rodrigo regresó a las contradicciones de crecer, ahora desde la presión de sostener una carrera convertida en fenómeno mundial. Su trabajo más reciente, You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love (2026), profundiza todavía más en esa exploración emocional, demostrando que las inquietudes que dieron origen a su debut no desaparecieron, sino que simplemente evolucionaron junto con ella.
Esa transformación demuestra por qué su debut logró trascender más allá de sus cifras y sus sencillos más exitosos. El álbum capturó un momento específico de una generación marcada por la comparación constante, la ansiedad, la necesidad de aprobación y la dificultad de aceptar que crecer implica perder algunas certezas. Más que un disco sobre un corazón roto, terminó convirtiéndose en un espacio donde millones de personas encontraron una forma de nombrar emociones que, aunque parecían personales, eran profundamente universales.
Cinco años después, muchas de las inseguridades que Olivia Rodrigo plasmó en Sour siguen acompañando a la Generación Z. Quizá por eso el disco continúa sintiéndose vigente: porque, más allá del desamor, logró capturar ese instante incómodo en el que dejamos de ser adolescentes sin terminar de convertirnos en adultos.
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Rosalía siempre se ha abierto su propio camino como estrella del pop, y eso es especialmente cierto cuando se trata de su gira mundial Lux. Cada noche, la cantante española ofrece un espectáculo con visuales impresionantes, movimientos de ballet y voces operísticas. Entre estos elementos, Rosalía también ha desarrollado el imaginerío religioso presente en todo Lux con una idea única: cada noche, invitados especiales hacen una confesión a la cantante dentro de un confesionario gótico recreado, justo antes de que ella interprete el mordaz tema “La Perla”.
Desde que comenzó la gira de 57 fechas, Rosalía ha invitado a un puñado de famosas estrellas, músicos y modelos por igual a desahogarse sobre sus secretos y pecados más profundos y oscuros relacionados con sus vidas amorosas. Aquí está la lista de todas las confesiones de celebridades hasta el momento.
1. Lali Espósito
“Voy a hablar mal de mí misma”, advirtió Lali Espósito durante su momento en el confesionario, tomando una página del libro de Tokischa y usándola para reconocer un error que cometió. En una ocasión, la argentina llevó a una cita —que casualmente era español— a un hotel elegante para pasar un buen rato. Pero luego el invitado encendió un porro en la habitación e inmediatamente le prendió fuego a la estancia. “Salí corriendo desnuda, solo con una camiseta de tirantes, a pedir ayuda”, dijo, provocando los gritos del público. Sin embargo, ¿lo peor de toda la odisea? “Fui una idiota que terminó pagando los daños de esa persona y nunca me devolvió ni un solo centavo”, admitió Espósito. —Maya Georgi
2. Francisca Valenzuela
Para sus paradas de la gira en Chile, Rosalía recurrió a una de las cantantes más queridas del país, Francisca Valenzuela, para que se uniera a ella en el confesionario. La artista chileno-estadounidense compartió una historia bastante desgarradora sobre un romance que se apagó tan rápido como comenzó. Cuando estaba soltera, terminó hablando con un compañero músico, y la cosa pareció ponerse seria rápidamente. La pareja se reunió en una ciudad mientras estaban en sus respectivas giras para pasar tres días románticos juntos. “Al tercer día, me escribió una canción”, dijo Valenzuela. Poco después, el músico invitó a Valenzuela a un concierto y a la fiesta posterior. Allí, lo encontró besándose con otra chica. “Me vio, salió y dijo: ‘¡Mi amor, muchas gracias por venir!’”. Rosalía no tardó mucho en declarar que el músico anónimo era una “perla”. —M.G.
3. Tokischa
¿A alguien le sorprende que Tokischa haya compartido la confesión de celebridad más escandalosa hasta la fecha? La provocadora favorita de la música latina cambió el guion en el confesionario cuando salió en el show de Rosalía en Bogotá y admitió algo indecoroso que hizo. La cantante dominicana contó una historia sobre cuando se convirtió en sugar baby durante un período en el que estaba “en la quiebra”. Su novio de aquel entonces no lo aprobaba, pero según Tokischa, él tampoco tenía trabajo. “Mi sugar daddy quería hacer un trío”, dijo. “Una de mis mejores amigas era la prima de mi novio en ese momento, así que la llevé… Nos lo pasamos genial, ella y yo, y mi sugar daddy, a quien, por cierto, no se le levantaba”, añadió. “Así que básicamente terminamos divirtiéndonos solo nosotras dos”. —M.G.
4. Chappell Roan
Chappell Roan ya ha compartido la inspiración detrás de su dolorosa canción “Casual” en entrevistas pasadas, pero durante el concierto de Rosalía en Oakland, la cantante entró en más detalles que nunca. “Vi la confesión de Lola Young y me recordó algo un poco similar”, dijo Roan antes de describir una situación de coqueteo en la que estuvo durante la pandemia con un coescritor. “Hablamos durante tres meses por internet… Nos enviábamos mensajes, yo mandaba fotos y esas cosas”, recordó la cantante. Roan estaba tan ilusionada que incluso viajó a Los Ángeles para tener una cita con esa persona. “Pero luego no supe nada de ellos durante cuatro días”, dijo. Tras encarar la situación, le informaron de que habían conocido a otra persona en ese breve lapso de tiempo. ¿Lo peor de todo? “Le dijeron a esta artista, de quien yo era amiga, que sabían que deberían estar tristes y preocuparse por mí, pero que no lo estaban y que no sabían por qué yo estaba tan molesta si solo era algo casual”, dijo. La estrella terminó su confesión con la parte más jugosa: “Nunca he contado esta historia porque escriben con otros artistas que tal vez conozcan”. —M.G.
5. Karol G

Rosalía hizo que su primera noche en el Kia Forum de Los Ángeles fuera extra especial cuando sacó a la escena a nada menos que a Karol G. La cantante española le dio a la superestrella una presentación a la altura: “Es una estrella del rock, una leyenda, una mujer fuerte… un aplauso enorme para la bichota”. La cantante colombiana se unió al confesionario y reveló que a su exnovio “no le gustaba celebrar su cumpleaños conmigo”. Continuó: “La parte más chimba, la más curiosa, eran las excusas que surgían año tras año para que yo no estuviera en su cumpleaños”. Karol se guardó el detalle más desgarrador para el final: “En el último año [que estuvimos juntos] nos íbamos a ir de viaje [por su cumpleaños]”, dijo. “Pero no apareció en el aeropuerto, me quedé sola en la sala de espera… Esto me hizo darme cuenta aún más de cómo se había convertido en un patrón de falta de consideración”. Pero Karol siempre recuerda su lado bichota. “Me bajé completamente del avión”, dijo guiñando un ojo al público. —M.G.
6. Marcello Hernández
Para su segunda noche en el MSG, Rosalía invitó a la estrella de SNL y comediante Marcello Hernández al confesionario. En espanglish, contó una historia que admitió que nunca antes había compartido: hace diez años, echó toda la carne al asador para una cita de San Valentín en casa. “Cociné. Usé un tutorial de YouTube. Puse la mesa: tenedor, cuchillo, cuchara… formal. Compré dos botellas de vino con mi identificación falsa. Cometí un delito por esta dama”, dijo Hernández. “Hice el esfuerzo”. Pero su devoción fue en vano después de que su cita le dijera que llegaría una hora tarde… luego dos horas tarde… y al final terminó cancelando. Hernández confesó: “Me tomé una botella de vino por FaceTime con mi mamá”. Pobrecito. —M.G.
7. Maggie Rogers
Maggie Rogers causó un gran revuelo en el show de Rosalía en el Madison Square Garden cuando fue al confesionario y divulgó detalles jugosos sobre una cita que tuvo con un periodista anónimo del New York Times. “Me llama y me dice: ‘Tengo un auto clásico, ¿puedo pasar a buscarte?’”, le contó Rogers a la cantante española. Según Rogers, la pareja terminó cerca de las oficinas vacías del Times… y terminaron besándose en una de las salas de conferencias de la redacción. “Fue una gran jugada, pero era la una de la mañana… fue un momento realmente bueno”, dijo. Pero por la mañana, la música descubrió que el “atractivo” y “soltero” periodista no estaba tan soltero después de todo. “Mi amiga me dice: ‘Dios mío, ese es el novio de mi amiga’”, reveló Rogers. Ella dedujo que, después de todo, el tipo era un “perdedor” (cierto), y que nunca hay que confiar en un periodista en primer lugar (no tan cierto), dándole a Rosalía mucho material con el que trabajar antes de su canción “La Perla”. —M.G.
9. Cara Delevingne
Para su segunda noche en Londres, Rosalía invitó a la polifacética Cara Delevingne al confesionario. Delevingne nunca ha sido de las que se esconden de la verdad, y expuso realmente todas sus inseguridades románticas. “Soy lesbiana, y mi debilidad solían ser las mujeres heterosexuales”, le admitió a la cantante española. “Pero ahora estoy en una relación comprometida, y la cosa es… antes me encantaba ser la dominante. Me encantaba tomar el control, pero creo que era porque tenía miedo de ser vista. Tenía miedo de ser sumisa porque no quería recibir amor. Pero ahora creo que estoy lista. Estoy lista”.
“Esta confesión me impactó mucho. Muchísimo”, dijo Rosalía, a lo que Delevingne respondió: “Mi anillo dice ‘dyke’ [bollera], así que…”. —M.G.
9. Aitana

Aitana pareció soltar la sopa sobre su relación pasada con el cantante colombiano Sebastián Yatra durante su confesión en Madrid. Aunque la cantante española nunca nombró a Yatra directamente, la historia que le contó a Rosalía sobre un ex que admitió que estaba destinado a ser infiel tras un año de noviazgo coincide con las propias declaraciones públicas de Yatra. “Decidí darle otra oportunidad, pero luego salieron esas declaraciones”, dijo Aitana, lo que los fans tomaron como una referencia a los comentarios similares de Yatra en un podcast.
Inmediatamente, Rosalía unió los puntos y le preguntó a Aitana: “¿Podría ser el [cantante] que hizo una maniobra de marketing diciendo algo sobre mí?”. Cuando la cantante española lo confirmó, Rosalía añadió: “Lo sabía. Tengo que confesar algo más aquí: él me pidió disculpas y no lo perdoné… lo siento”. —M.G.
10. Lola Young
Cuando la cantante española se presentó en el O2 Arena de Londres durante su gira, sacó a la potente vocalista Lola Young para la sección del confesionario, y Young no decepcionó con una jugosa historia sobre una llamada que salió mal.
“Estuve viendo a alguien durante unos cuatro meses, se estaba poniendo bastante serio”, dijo. “Tengo que confesar que pensé que me estaba enamorando. Él era un poco mayor, como un ser humano más maduro. Los hombres parecen madurar mucho más despacio”. Continuó diciendo que los dos habían estado juntos en la cama una noche cuando las cosas dieron un giro: “Le suena el teléfono justo cuando está a punto de terminar, se levanta de un salto y dice: ‘Vuelvo en dos minutos’”, recordó. Él no se dio cuenta de que su teléfono estaba conectado a través de un altavoz Bluetooth mientras atendía la llamada. “Baja las escaleras, habla por teléfono y su esposa le pide que traiga pañales para sus hijos. Lo escuché todo por el altavoz Bluetooth”.
Young, abiertamente bisexual, dijo que eso fue todo lo que necesitó para jurar que no volvería a estar con hombres. “Perdí un poco el control”, dijo. “Pensé: ‘No puedo con esto, vuelvo con las mujeres’”. —Julyssa Lopez
11. Guitarricadelafuente
El cantante español Guitarricadelafuente es conocido por sus letras profundamente personales, por lo que los fans no podían esperar a escuchar lo que diría al entrar al confesionario de Rosalía. Contó una historia divertida y un poco vergonzosa sobre un viaje a Sevilla Santa Justa, donde él y su pareja se alojaron en una casa rústica en una noche helada de diciembre. Recordó que no tenía electricidad ni agua corriente y que las ventanas estaban cerradas con persianas, lo cual no impresionó a su pareja romántica.
Al final, la noche fue tan mala que rompieron con él: “Me dijo que necesitaba más calle”. —J.L.
12. Kika Nazareth
Kika Nazareth, la jugadora del Barça, se unió a Rosalía en el escenario para confesar que una vez se vio envuelta en un triángulo amoroso con otras dos mujeres. En su confesión, Nazareth relata la dramática historia de haber invitado a una chica que le gustaba a su fiesta de cumpleaños, donde la chica se enamoró de otra de sus amigas, con quien la propia futbolista ya se había acostado en el pasado. “Me gusta liarme”, dijo Nazareth.
Rosalía finalmente declaró: “Kika, lo que pasaba era que te gustaban las dos”, antes de dedicar el tema de desamor al triángulo amoroso de Nazareth. —M.G.
13. Bad Gyal
Bad Gyal y Rosalía tuvieron un encuentro de chicas de Barcelona en su ciudad natal, un lugar de reencuentro muy apto para ambas. Los fans rugieron cuando Rosalía presentó a Bad Gyal en catalán y le pidió que tomara asiento en el confesionario.
Bad Gyal no decepcionó con su historia. Se mostró intensamente honesta y compartió el recuerdo de un chico con el que se estaba liando que tuvo la audacia de decirle que necesitaba implantes. El público y Rosalía se quedaron atónitos, y la conversación dio un giro empoderador sobre cómo las mujeres no necesitan que unos idiotas les digan qué hacer con sus cuerpos. —J.L.
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“Mirarte a los ojos se ha vuelto contracultural”, versa “Inquieto”, tema devenido manifiesto con el que La Chancha Muda cierra el repertorio de A todos mis santos, su más reciente álbum de estudio. Contemplar ese pasaje estampado en la pantalla de El Teatro Flores, durante la presentación del disco, caldea la potencia del mensaje. En una época en la que la música popular contemporánea argentina eligió la obviedad por encima de la metáfora, esa imagen se convirtió en una bajada de línea para comprender uno de los problemas básicos de la pospandemia. Mientras en el encierro se auguraba el advenimiento de un mundo mejor, el desenlace decantó en una realidad neomedieval. Y es que “ver lo que está delante nuestro requiere de un esfuerzo constante”, como bien advirtió George Orwell en uno de sus tantos aforismos.
En las semanas previas al estreno oficial del quinto álbum de estudio, los músicos ultimaban los pasos a seguir de esta novel etapa en su búnker, situado en ese límite invisible entre Parque Centenario y Caballito. A contramano de todo, al igual que ese Cid Campeador erigido cerca de ahí. Porque las canciones de la banda bien podrían tener un contacto con las hazañas del superhéroe español de la Edad Media, ya que están ataviadas de lealtad, valentía, épica y dignidad: valores en peligro de extinción. Por eso no es fortuito que la versión de Cristopher Nolan de La odisea haya conectado tan fuerte entre las nuevas generaciones de espectadores, al revisitar, a partir de un relato clásico, la ética, la culpa, el pesimismo y el optimismo. Todo aquello de lo que adolece la fauna opinóloga que abunda en la era 5.0.
Hay que armarse asimismo de heroísmo para subir la cantidad de escalones que separan el suelo porteño de la sala de ensayo del grupo. Ejercicio no apto para los que sufren de huesos de cristal. Una vez conquistada la cima, en la habitación más inmediata retumba ese barullo propio de la pausa. Con los pósters de recitales del pasado como testigos, y el vaho canábico a manera de fragancia ambientadora, el mate pasa en torno a la mesa dispuesta en medio del lugar. Los integrantes del septeto esperan al bajista Maximiliano Vera, quien se mantiene en vilo ante lo que el destino le tiene preparado a su perro enfermo. La preocupación se retrata en su rostro, apenas llega, y el silencio respalda la angustia. Tras participar en las fotos que acompañan a esta entrevista, vuelve a su casa para estar al lado de su compañero. Otro signo de nobleza.
Los 12 temas que dan forma a su flamante repertorio irradian una luminosidad inédita en la obra de La Chancha Muda, lo que se torna en un acto de rebeldía en estos tiempos oscuros que envuelven a la Argentina. No obstante, como si se tratara de un oxímoron, nada de esto pareciera opacar a su atractiva actitud combativa, ni deja en suspenso su quimérica cruzada de hacer del rock una trinchera guerrillera. Lo que sí probaron esta vez fue darle una vuelta de tuerca a esa narrativa corajuda que suele marcar a sus historias, transformándola en una ofrenda casi religiosa a la resistencia frente a esta realidad adversa. En eso consiste la esperanza, desde la perspectiva inconformista.

“Antes veníamos de escupir o de vomitar más, y ahora preferimos decir: ‘Yo me agarro de lo contracultural, de mirarte a los ojos, de escaparme y del flash’. Encontramos otras cosas, y tratar de rescatar eso me parece interesante”, afirma el cantante y frontman Gonzalo Pascual. “El hecho, en el fondo, es el mismo. Todo sabemos que la vida puede ser durísima, pero vos podés elegir quedarte denunciando la época. O también tenés la opción de seguir adelante, que, al menos a mí, es lo que me hace bien en este momento. Leí un comentario de alguien del público que fue a uno de nuestros shows, y nos dijo: ‘Fui a recibir un cachetazo, y me dieron amor’. Eso también es revolucionario, no sólo lo es la bomba molotov. Por eso este disco tiene una mirada más optimista. Pusimos el foco en lo que tenemos y en lo que quisiéramos tener: lo bueno, lo malo, el refugio”.
¿Creen que esa reflexión podría algún tipo de impacto fuera de su público?
Gonzalo Pascual: Si bien “contracultural” tiene una connotación ochentosa, estuvo bueno que fuera la palabra que cierre el disco. Nos pareció súper potente. Uno nunca sabe dónde termina desarrollándose todo, por más que hace 20 años esta cuestión era impensada. Y con esto me refiero a la relación de la gente con el teléfono. Para mí el deber que tenemos, siendo artistas, es tratar de que aquello que nos atraviesa como sociedad lo podamos volcar en una canción para que otro que se sienta identificado por la misma historia. Así podrá encontrar palabras sobre algo que está atravesando.
Hoy mirar a los ojos en el bondi incomoda un montón.
Gonzalo Pascual: Es considerado hasta invasivo. Y es que hoy tu espacio privado sos vos y tu teléfono. Si interrumpís eso, claro que puede incomodar.
En 1975, el filósofo e historiador francés Michel Foucault publicó el libro Vigilar y castigar, donde analiza la sociedad disciplinaria y los cuerpos dóciles. Al tiempo que reflotaba la idea del panóptico, concebida por el utilitarista Jeremy Bentham y que proponía el diseño de un edificio perfecto para ejercer la vigilancia. Su efecto esencial era inducir en el detenido un estado consciente y permanente de visibilidad que garantizaría el funcionamiento automático del poder. En la era digital, ese rol lo tomaron los teléfonos inteligentes, logrando que Google y las redes sociales alteren el comportamiento de la sociedad en cuanto a la privacidad. La ensayista Sherry Ning lo graficó de esta manera: “El peligro de las redes sociales no está en que nos vigilen, sino en que nos convertimos en quienes vigilan”.
El panoptismo logró incluso redefinir el concepto de under, a tal instancia que en abril Spotify Argentina llevó adelante una campaña en la que intentó desapropiar ese espacio creativo físico para instalarlo en el imaginario dactilar. Para ello, recurrió a la resignificación a través de una pregunta tan simple como peligrosa: “¿Qué es el under?”. “El under es probablemente algo que no conozca esa persona a la que le estás contando eso que viste y que te flasheó”, cavila el cantante de La Chancha Muda. “O sea, cada uno tiene su propio under. Me parece que es eso. Ahí siguen naciendo esas cosas que terminan siendo enormes. Creo que todos, en algún momento, vivimos esa experiencia. Pero hoy, para serte sincero, no sé qué está pasando en el under. Todos, en algún momento, transitamos por ese mundo”.
Entonces el baterista Diego Chiaradía pide la palabra. “Vamos a ver bandas amigas todo el tiempo, en lugares como el Salón Pueyrredón o Uniclub”, ilustra. “Está clarísimo que el under que curtimos nosotros cambió muchísimo. La última movida así que viví fue cuando Pablito, que es un loco hermoso con el que ensayamos hace un millón de años, montó Otra Historia (lo más próximo al under berlinés que existe en Buenos Aires, abierto en Villa Ortúzar antes de que el barrio se gentrificara). Desde esa época, él ya estaba pensando en hacer algo así. Después de muchos años, retomamos el contacto y nos invitó a conocer su centro cultural. Es una cueva hermosa, con habitaciones por todos lados en la que pasan cosas distintas en simultáneo. Nos alegra que haya cumplido con su sueño”.
Sólo dos años transcurrieron desde que La Chancha Muda pasó de agotar el Salón Pueyrredón, bastión de la contracultura y el under porteño, a dar el salto a La Trastienda, una de las vitrinas del mainstream de la ciudad. La hazaña se registró en el primero de sus discos en vivo, titulado La Chancha Muda (en vivo, La Trastienda), publicado un año después, en noviembre de 2020. “Me acuerdo de estar acá planificando cada paso del show en el Salón Pueyrredón: cómo vendíamos las entradas, por dónde promocionábamos, la puesta en escena. Esa cuestión de núcleo sigue estando, por eso nos seguimos sintiendo muy autogestivos”, espeta el vocalista. “Eso nace en esta sala. Así que para mí todo forma parte de lo mismo, aunque se agranden algunas cosas y se sume más gente al equipo de trabajo”.
A todos mis santos es el segundo disco que publicó el grupo mediante una disquera top argentina, tras haber puesto a circular sus primeros tres álbumes de manera independiente. Pese al abanico de posibilidades que brinda esta decisión, dejarse tentar por las mieles del capitalismo generó dudas en la cofradía. “La sólo idea de pensarlo fue todo un dilema que nos llevó años de charlas entre nosotros y de entender qué hacer o cómo se podía acoplar a lo que hacemos”, revela Pascual. “El 80 por ciento de la historia de La Chancha tuvo que ver con la independencia y la autogestión. Pero llegó un momento en el que comprendimos que para seguir avanzando, existiendo y creciendo necesitábamos encontrar nuevas maneras de laburar. Ahí es donde se empiezan a abrir las puertas”.

¿Cuánto afectó esto a su idiosincrasia artística?
Gonzalo Pascual: Seguimos siendo los mismos porque, en el fondo, nuestras canciones hablan más o menos de lo que veníamos hablando anteriormente. Lo que cambió fue la forma en que se plantea o las palabras que utilizamos. No es lo mismo componer una canción a los 25 que a los 45, hay una gran diferencia. En los primeros discos, esa cosa militante, de barricada, también tenían que ver con el amor. Capaz que ese sentimiento se abrió a más cosas. Creo que las canciones de La Chancha se mantienen en la misma línea, aun cuando parezca que hoy haya menos intensidad en las palabras.
El tercer material de la agrupación, La peste del cazador, es un híbrido entre libro y disco publicado en 2019. El entusiasmo por semejante obra conceptual experimentó un pinchazo de realidad cuando los músicos se dieron cuenta de que no sabían cómo darle salida. “De repente, teníamos acá las mil copias que mandamos a hacer metidas en las cajas”, recrea el frontman. “Nos miramos las caras preguntándonos cómo hacíamos para venderlas. Nos entró esa sensación de que nos habíamos quedado sin nafta. En esa época, las redes sociales se encontraban en un proceso bastante primario, y nosotros, de paso, estábamos en bolas con respecto a ese mundo. Así fue como decidimos dar ese paso fuera de la autogestión, porque era injusto que esas canciones tan tremendas se quedaran en la nada”.

“¡Qué nunca se nos muera el espíritu combativo!”, concluye “Asfixia”, tema clave de La peste del cazador. Ese repertorio ahonda en la cosmogonía anarquista que la banda enarboló tres años antes en el álbum Sinfonía libertaria, periodo donde hasta el punk más corrosivo, identificado históricamente con el movimiento ácrata, se había desentendido de esas ideas. “Nunca me consideré militante”, desestima la voz cantante. “Después de la adolescencia, comencé a encontrarme con lecturas y cosas que me fueron marcando, y que yo sentía que debía retransmitir. Cuando empecé a adentrarme en la literatura de Osvaldo Bayer, tuve mayor conciencia del anarquismo y de lo libertario. Valores e ideales que hoy son difíciles de ver plasmados en la realidad”.
De hecho, Bayer recita el remate de “La chispa”, canción que cierra La peste del cazador. ¿Cómo lo conocieron?
Gonzalo Pascual: Fui a su casa, y hablamos un ratito, meses antes de que falleciera. Me puse en el papel del periodista, y llevé unas cinco preguntas armadas porque no hubiera sabido qué preguntarle en el momento. Esa semana se realizó acá la Cumbre del G-20, y se iban a reunir todos los presidentes en el Teatro Colón. La biografía que Bayer escribió acerca de Severino Di Giovanni (anarquista italiano establecido en la Argentina al que las crónicas periodísticas de hace un siglo atrás tildaban como “El hombre más peligroso de Buenos Aires”) arranca en el Teatro Colón, repartiendo panfletos. Entonces le dije: “Qué loco, ¿no? Hoy es impensado que alguien pudiera hacer algo así”. A lo que me respondió: “¿Por qué no vas, y lo hacés vos?”.
¿Te animaste a hacerlo?
Gonzalo Pascual: En el momento, fantaseé con hacerlo. Pero al final no pasó.
¿Bayer llegó a ver el disco editado?
Gonzalo Pascual: No, no. Sí se lo mostré a su hija, Ana.
Diego Chiaradía: Cuando Gonza trajo la idea de la participación de Bayer, caímos en la cuenta de que la música también es un arma. No sólo estábamos informando, sino también mostrándole un universo a un montón de gente.
La aparición de Javier Milei en el mapa político agudizó la confusión sobre las ideas libertarias. Vale la pena destacar que el término “libertario” surgió en el siglo XIX como sinónimo de “anarquismo”, concebido para evitar la persecución policial de quienes se autopercibían de esa manera. Pero en las últimas décadas su significado cambió debido a corrientes de la derecha económica. La Chancha Muda padeció esa desapropiación. “Eso dio mucha bronca porque que un tipo como él traiga ese término para transmitir lo que transmite, es lo más alejado de esos valores”, se indigna Pascual. “Tuvimos que explicarlo en algunos shows para que el público entendiera que nosotros le aplicábamos otro sentido, totalmente opuesto a lo que este chabón intenta hacernos creer”.
La vuelta del neoliberalismo y el proyecto de reformar al Estado coincidieron con el retro cool, el regreso del rolinguismo, la reivindicación de la opulencia postiza y el humor berreta. ¿No sienten que su nuevo disco vio la luz en medio de un déjà vu?
Gonzalo Pascual: Lo veo como una cultura medio nostálgica, en todos los sentidos. Imaginate que hay un montón de bandas tributo. No sé si es que vuelve lo rolinga como contestación de lo que está pasando, me parece que existe una tendencia al refrito. Cada vez es más difícil encontrar algo que rompa para adelante, y cuando aparece es juzgado. La gente busca lo seguro, el lugar conocido. En nuestro caso, cuando nos escuchás o nos ves en vivo te termina de llegar un universo más amplio.
Así como “Inquieto”, “Tsunamis” es otro de los temas recientes que conecta con el tiempo presente. En él instan a regresar a la sencillez, antes de que sea tarde. ¿A la gente de verdad le gustaría volver a lo simple?
Gonzalo Pascual: Nos quedamos sin tiempo para conversar de cualquier cosa. Ya no hay tiempo para nada, en realidad, porque existe esa sensación de urgencia constante. Eso aplica incluso para nosotros. A veces, nos pasa que terminamos de ensayar, nos sentamos acá y capaz los siete vamos y agarramos el teléfono. Ni siquiera te das cuenta. Siempre hay algo que atender, algo por lo que correr.
A contramano de esa urgencia, cada disco de la banda es una oportunidad para probar diferentes filtros. Eso se nota no sólo en las temáticas, sino también en la manera de encarar la propuesta musical. “Está bueno ir variando el filtro”, cavila “El Pela”, álter ego del guitarrista Federico Fassa. “En algún momento, dijimos: ‘Che, a ver qué se siente apretar dos distorsiones, en vez de tres’. Abordamos distintas formas de hablar de lo mismo, que es el mundo, y eso lo acompañamos con un crecimiento musical y artístico. Con el tercer disco, llegamos a un punto muy denso. Lo que se refleja instrumentalmente. Si bien podés escuchar a una banda súper rockera y pesada, al mismo tiempo estábamos envueltos en una atmósfera oscura. A partir de ahí, empezamos a ver la necesidad de despegar un poco de eso”.
En sintonía con ¿Quién autoriza?, su álbum anterior, lanzado hace tres años, lo nuevo de La Chancha Muda vuelve a hurgar en las emociones para ampliar el espectro de matices sonoros de ese rock con impronta porteña que bien supieron tallar. Traccionado por esa voz siempre conmovida, con dejo arrabalero, de Gonzalo Pascual, y respaldado por unapared de caños. Alcanzando el orgasmo en una canción del temperamento de la ensimismada “Fábulas”, en tanto el vértigo pide cancha en “Cuchillo”. Y si “Refucilo” evidencia el galope hacia adelante, “Nos a caer” saca a relucir su veta crepuscular. La estampa epopéyica que se encargaron de cultivar desde 2003 esta vez hace gala de su reinvención, de la mano de “Cosecharemos”, cuya intro, silbido mediante, le inyecta buqué a spaghetti western.
Por más que es notoria su evolución estética, se suele simplificar lo que hacen metiéndolos en la bolsa del rock barrial. ¿No sienten que esa contextualización los termina estigmatizando?
Gonzalo Pascual: En este disco nos planteamos resaltar colores a los que antes no les prestamos tanta atención. Sin embargo, lo que tiene La Chancha es que somos de barrio, y contamos lo que nos pasa. Usamos este canal no solamente para decirlo como queremos, sino que buscamos también llegar a un lugar más amplio. Eso lo hacemos a través de toda la información musical que fuimos recabando en nuestra historia. Curtimos mucho la década de los 90 y de los 2000, donde hubo un montón de bajada de línea y de reflexiones pulsantes gracias a grupos como Sumo y los Redondos. Cuando te metés en nuestra obra, te das cuenta de que no tiene sentido catalogarla de rock barrial. Pero, más allá de la necesidad de etiquetar, nos consideramos una banda barrial porque ese rock está en nuestras raíces.
A una semana de que el rock argentino experimentara otra vez la tragedia de la orfandad, tras la muerte del Indio Solari, los de Parque Centenario inauguraron en el sur de la ciudad esta actual era. En una de las alocuciones de las dos horas y media de show, Pascual, quien lució una remera alusiva a la tapa del álbum Oktubre, avisó: “Toda esta noche estará dedicada al querido Indio. Es una de las razones por las cuales estamos acá”. Amén de ofrendarle uno de sus flamantes temas, “Alteraciones”, mientras en las pantallas fluía un collage de imágenes del otrora líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, más adelante el vocalista quedó solo en el escenario para pelar la guitarra acústica en su revisita al himno ricotero “Juguetes perdidos”.
Al Indio se le debe esa mística que cambió para siempre la razón de ser de la canción en la música popular contemporánea local. Justamente, sobre ese patrimonio hace referencia “La canción sagrada”, otro de los clímax en el relato de la banda partícipe de A todos mis santos. “Llegamos a pensar en cortarla, pero después entendimos que la canción era medio como una escalera. Tampoco era fácil sacarle algo porque encima tiene cuerdas”, detalla el frontman. A lo que el baterista añade: “Lo bueno de una formación como la nuestra es que, además de que está buenísima, todo lo hacemos de forma colectiva. Construimos con un estilo muy de equipo, todo el tiempo en comunión. Eso nos deja tranquilos porque sabemos que la canción siempre va a salir”.
A propósito de su entelequia de la canción, la métrica rapera la convirtieron en una herramienta habitual. Lo que queda de manifiesto en un tema como “La última”.
Gonzalo Pascual: Nuestro lado más rockero siempre tuvo esa cosa más rapeada. Eso está en todos los discos de La Chancha eso está más o menos explorado. Creo que es parte clave de nuestra propuesta. Y si vemos que no llega a estar decimos: “Falta esta voz”. Es un color que nos gusta. Entran dos palabras, empieza la lata. Yo escucho rap desde hace muchos años, antes del auge de la música urbana, que tampoco es tan rapera. No sé. Estoy hablando de los grandes, de esos tracks memorables, de esas barras que escasean.
Con la progresiva pluralidad de cultos que se instaló luego de la última dictadura militar, tomó cada vez más fuerza el sincretismo. Si bien en otras partes de Latinoamérica tiene atributos aún más mestizos, en la Argentina esa veneración a deidades, fiestas y costumbres surgieron de la mezcla de creencia de los pueblos originarios con las imposiciones de la religión católica (para zafar de su autoridad). Esta versión popular de la fe representa en buena medida el trasfondo del título del disco, en el que la Virgen de Luján, San Cayetano o San Expedito coexisten con el Guachito Gil, la Difunta Correa o Ceferino Namuncurá. En consonancia con el trabajo territorial de los curas villeros, en especial luego del estallido social de 2001, y la necesidad de poder sobrellevar la imparable crisis económica.
“Aunque fallen todos los cañones, aunque no me salgan las canciones, aunque todo parezca romper y romper y romper y romperse, le agradezco a todos mis santos. En este mundo tan cruel, que derrama furia y llanto, y se ve tan radiante y convulsionado. Agradezco tenerte acá a mi lado”, reza unos de los fragmentos del tema que abre el track list y al mismo tiempo le da título a este quinto trabajo de estudio. “Trata sobre encontrar símbolos a los qué agarrarse, para refugiarse o protegerse”, confiesa Pascual. “Seguramente, uno de los santos que nosotros tenemos es la música. Entonces tiene que ver para mí también con eso: con jugar con lo sagrado, y, a la vez, darle importancia a la música y a nuestras canciones. Por eso mismo de que la ‘canción es algo sagrado’. Pero es más una ofrenda que un pedido”.
¿A qué se refieren con esto último?
Diego Chiaradía: Es como sentirse agradecido por lo que hicimos, que está bueno; y porque uno no se engañó durante este tiempo. Es una ofrenda a nosotros mismos o a todos tus santos. Resultó de algo muy personal. Te pone en ese lugar de decir: ‘Vení que te voy a contar una historia’.
La invocación se encuentra a contramano de una de las máximas anarquistas, que niega la existencia de dioses o de nuncios de la fe. Puede sonar tan contradictorio como lo es la especie humana, ¿pero llegaron a cuestionarse este contraste?
Gonzalo Palacios: A lo largo de todos los discos, el tema de Dios y de la Iglesia siempre estuvieron presentes, de alguna manera o haciendo alguna reflexión. Como antecedente está la canción “Fábulas paganas”. Mi santo es Osvaldo Puliese (considerado el patrono de los músicos en Argentina) o un ser querido que no está. Nace de todo este contexto tan de mierda en el que estamos. Pero podemos seguir practicando el ejercicio colectivo, al igual que espiritual. Eso no los puede sacar nadie. No nos consideramos tan concretos ni tan materialistas, lo que nos lleva a poder encomendarnos.
Diego Chiaradía: También está atravesado por el hecho de haber vivido nuestras infancias en colegios católicos. Lo sagrado puede pasar por ahí o por tener un palo santo. Buscamos darle un resignificado a todo eso. Somos medios espirituales, pero es muy curiosa nuestra ingratitud con la fe.
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En el marco de su exitosa gira Latinaje en vivo, que incluyó una histórica escala en el Madison Square Garden, Cazzu anunció el primer concierto en un estadio de fútbol de su carrera. Originalmente estaba programado para el sábado 12 de septiembre, pero debido a algunas modificaciones en el calendario del torneo de fútbol que afectan la disponibilidad del recinto para la realización del evento, el show de Cazzu en Jujuy, fue reprogramado para el sábado 3 de octubre.
Las entradas adquiridas para la fecha original seguirán siendo válidas para la nueva función, sin necesidad de realizar ningún trámite.
Quienes no puedan asistir en la nueva fecha podrán solicitar el reembolso a través de NORTETICKET.COM o escribiendo a compras@norteticket.com.
Cazzu finalizó el primer tramo de Latinaje en Vivo por Estados Unidos que la llevó a ciudades como Chicago, Las Vegas, Phoenix, San Diego, Inglewood, Nueva York, San Antonio, Irving, Houston, El Paso y Miami. Las funciones fueron a sala llena, un nuevo hito en su carrera.
En medio de este tour 2026, llegó por primera vez al festival Tecate Emblema de México, donde compartió cartel con figuras como Jonas Brothers y Louis Tomlinson. Allí estuvo acompañada por el Ballet de Atahualpa Yupanqui. También se presentó en el Teatro Josefa Ortiz de Dominguez, en Querétaro, México.
La próxima parada es Bolivia con escalas en Santa Cruz el miércoles 5 de agosto, La Paz (el viernes 7) y Cochabamba el sábado 8.. Mientras que en septiembre los destinos son Guatemala, Costa Rica y Uruguay.
Hacia fin de año visitará España con conciertos agendados en Madrid y Barcelona.
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