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Fairmont El San Juan Hotel cuenta con una de las historias más emblemáticas de la hotelería internacional. Nace de una visión creativa que conecta a las personas con la esencia de Puerto Rico y se distingue por sus elegantes habitaciones, un spa de lujo, su gastronomía de alto nivel, entretenimiento en vivo diario, un icónico casino y su ubicación excepcional a tan sólo cinco minutos del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín. Más que ofrecer una estancia de lujo, Fairmont El San Juan Hotel busca crear experiencias memorables que perduren en la vida de sus huéspedes, guiado por un firme compromiso con la excelencia y el servicio elevado.

Cada visita está cuidadosamente concebida para reflejar la pasión y el profundo compromiso de Fairmont El San Juan Hotel con el lujo; valores que se hacen presentes en cada detalle de su propuesta. Su legado está ligado a algunos de los momentos más relevantes de la historia. A lo largo de los años, también ha sido escenario de inolvidables encuentros con grandes personalidades y celebridades. Sin embargo, más allá de su historia y prestigio, Fairmont El San Juan Hotel mantiene una filosofía clara: brindar a cada huésped el mismo nivel de cuidado, atención y distinción que ha definido a la marca a lo largo del tiempo.

Fairmont El San Juan Hotel: Lujo, hospitalidad y vanguardia 
Cortesía

Fairmont El San Juan Hotel es un referente de la hotelería de lujo en Puerto Rico desde 1958. Ubicado frente al mar, el hotel reúne historia, sofisticación y una propuesta de hospitalidad que se extiende a través de sus principales espacios: The Lobby & Chico Cabaret, Caña by José Enrique y El San Juan Beach Club. Cada uno de estos espacios aporta una personalidad propia y complementa una estancia concebida para disfrutar del lujo, el confort y la exclusividad, sin dejar de lado el compromiso con la sustentabilidad. En conjunto, Fairmont El San Juan Hotel ofrece una experiencia que celebra el espíritu de Puerto Rico a través de su gastronomía, entretenimiento y entorno privilegiado.

The Lobby y Chico Cabaret

Fairmont El San Juan Hotel invita a redescubrir The Lobby & Chico Cabaret, dos espacios donde el lujo cobra vida a través de una propuesta que reúne entretenimiento, alta gastronomía y coctelería. Cada rincón está diseñado para crear una atmósfera sofisticada y vibrante, convirtiendo cada visita en una experiencia que va más allá de lo convencional.

The Lobby, reconocido por World Class Best Bar Puerto Rico, se ha consolidado como un punto de encuentro social en la isla, con la presencia de estrellas de renombre como Frank Sinatra, Nat King Cole, Liza Minnelli, Sammy Davis Jr. y Eddie Palmieri, entre otros. Se posiciona como uno de los referentes dentro del espectro de los bares de clase mundial en la isla. A su vez, Chico Cabaret, inspirado en los speakeasies del Manhattan de los años 1920, evoca la época dorada desde una perspectiva contemporánea del lujo. 

La oferta gastronómica es una de las más destacadas de la región y está conformada por platos como el cóctel de langosta, el cóctel de camarones, las ostras frescas y el caviar. Los postres son otra de sus paradas imperdibles y rinden homenaje a Puerto Rico mediante la elaboración de platillos tradicionales, como el tres leches de piña colada y las trufas de chocolate infusionadas con Ron del Barrilito. La coctelería acompaña la propuesta del lugar con una redefinición de creaciones de alto nivel que destacan el arte del bar. “El Solista”, elaborado con bourbon y notas de té Earl Grey, con un toque ahumado, evoca la elegancia y el misterio de las noches clásicas de San Juan. “First Class Paper Plane”, preparado con whisky, amaro, aperitivo y cítricos, refleja el equilibrio sofisticado y vibrante de la vida social del hotel. “El Cabaret de Coco”, hecho con ron y matices tropicales, captura el espíritu cálido y caribeño de la isla.

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The Lobby y Chico Cabaret fusionan lo mejor de la gastronomía y la coctelería con la opulencia, mientras el ambiente se convierte en un complemento de estética meticulosamente cuidada, pensado para resaltar cada detalle del recinto. Como parte de una propuesta que apuesta por la evolución y la innovación, Fairmont El San Juan Hotel reinventa estos espacios con una programación semanal, que integra entretenimiento en vivo diario y activaciones especiales a lo largo de la semana, desde noches de piano y sesiones de DJs, hasta ritmos latinos.

Con este renovado concepto, Fairmont El San Juan Hotel reafirma su posición como uno de los destinos más icónicos del Caribe, donde la elegancia, el legado y el entretenimiento se combinan para crear momentos memorables que perduran en el tiempo.

Caña by José Enrique 

La presentación de Caña by José Enrique reafirma la posición de Fairmont El San Juan Hotel como uno de los destinos más icónicos del Caribe. De la mano del chef José Enrique, el hotel reinventa su propuesta culinaria de alto nivel, donde la elegancia, el legado y el entretenimiento convergen para crear una experiencia premium para cada comensal.

Caña by José Enrique rinde homenaje a la cocina puertorriqueña mediante la elaboración de platillos tradicionales que combinan ingredientes locales, técnicas contemporáneas y creatividad culinaria. Cada ingrediente que da forma a sus exquisitos platillos puertorriqueños es cuidadosamente seleccionado bajo estrictos estándares de calidad, priorizando productos de temporada, mariscos frescos y reinterpretaciones modernas de los sabores tradicionales de la isla.

Conocer Puerto Rico a través de su gastronomía es uno de los mejores planes, y Caña by José Enrique lo hace posible. Este espacio se encuentra en una de las zonas más atractivas de la isla y combina detalles refinados con una esencia rústica que enmarca una de las mejores vistas hacia las piscinas del Fairmont El San Juan Hotel. La experiencia se complementa con una selección de presentaciones especiales de entretenimiento en vivo, que puede disfrutar tanto desde el interior del restaurante como desde su terraza.

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Su menú incluye una selección especial de cócteles artesanales, creada por Rolando Carrasquillo, Gerente de Bebidas de Fairmont El San Juan Hotel. Entre las propuestas destaca Un Bolero, un cóctel que celebra la esencia de Puerto Rico en cada sorbo. Su combinación de Ron del Barrilito 3 Estrellas, Lustau Fino Jarana y un delicado toque de Luxardo Bitter Bianco evoca la música, la memoria y la emoción que forman parte de la identidad de la isla.

Si no se decide por un platillo del menú, entre los especiales de la casa destacan la ensalada de pulpo local en escabeche y el pionono de langosta con plátano maduro. Tampoco podemos olvidarnos del guiso de berenjena, acompañado de puré de batata, ni del crudo de hamachi. Para terminar con broche de oro, los postres de la chef Janeric Bayala, como el bizcocho de ron y el flan de café, cuidadosamente elaborados, son algunas de las mejores opciones del lugar.

La propuesta de Caña by José Enrique también incluye desayuno, almuerzo, cena, además de experiencias privadas y eventos a la medida, ideales para celebraciones y reuniones, que llevan la hospitalidad puertorriqueña a un nuevo nivel.

El San Juan Beach Club

Esta experiencia no estaría completa sin hablar de El San Juan Beach Club de Fairmont El San Juan Hotel. Ubicado en la galardonada playa de Isla Verde, el club presenta una propuesta de alto nivel en la que convergen lo mejor de la gastronomía costera y la coctelería refinada, junto con experiencias de lujo, todo acompañado por la brisa y la tranquilidad del mar.

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Considerado uno de los sitios más cotizados junto al océano en Puerto Rico, El San Juan Beach Club presenta un concepto gastronómico insólito, inspirado en la costa y caracterizado por la celebración de los sabores locales. Su propuesta incluye platillos que van desde la ensalada Niçoise, elaborada con una mezcla de lechugas artesanales, aceitunas Kalamata, tomates heirloom cherry confitados, cebollas rojas encurtidas, aguacate; atún sellado al estilo caribeño con especias negras, quinoa crujiente y vinagreta de toronja; el cerdo ahumado en trozos con tostones, preparado con cebollas en escabeche, glaseado de pitaya y plátanos fritos; hasta La Garita, un plato de pargo rojo marinado en coco y lima, acompañado de cilantro.

En la sección de coctelería, se pensó meticulosamente en los ingredientes frescos y tropicales que aportan un toque único de sabor a creaciones como el Guava del Mar, preparado con Espolón Tequila Reposado, puré de guayaba, licor de maracuyá, jugo de lima y agave; y el Pool Side Spritz, una refrescante mezcla de vodka Ketel One de pepino y menta, licor St-Germain, sirope de romero, lima y cava.

El San Juan Beach Club ofrece una experiencia completa, con cabañas privadas, camas de día y servicio elevado de botellas diseñadas para el descanso y la celebración, disponibles para reservar diariamente a través de ResortPass. La programación incluye DJs en vivo, celebraciones temáticas mensuales y la nueva serie The Social Swim, diseñada para aportar energía, música y un ambiente vibrante junto a la piscina.

Si desea algo más privado, El San Juan Beach Club cuenta con una propuesta excepcional para eventos privados, celebraciones y reuniones corporativas en una de las ubicaciones más emblemáticas de Puerto Rico.

Para reservaciones de mesas de estos espacios, visite Opentable.com. Para más información, visite elsanjuanhotel.com, nuestras redes sociales en Instagram: @elsanjuanhotel, @thelobbyelsanjuan, @canasanajuan y @elsanjuanbeachclub, o llame al 787-791-1000.  

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Desde el 5 hasta el 12 de octubre se disputarán las 6 categorías en vivo por medio de las transmisiones de los Premios Nobel. Hoy se entregaron los galardones de Fisiología o Medicina a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel.

El premio de hoy celebra los descubrimientos en la optogenética, según el comunicado de los premios, es un método que permite mostrar cómo las células nerviosas moldean las memorias, los sentimientos y los comportamientos en el cerebro. 

Hegemann y Nagel descubrieron la proteína que reacciona con la luz, canalrodopsina, en una alga monocelular. Luego, Deisseroth la convirtió en un “interruptor luminoso” para dichas células que permite visualizarlas mejor. Este desarrollo se describe como “las bases para una nueva era de la neurociencia”.

Karl Deiseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel
CC: Ilustración de Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach

En pocas palabras, esto permite apreciar un “mapa” del cerebro que supera todas las expectativas de eminencias como Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina. 

Esta investigación empezó a principios de los años 2000 con el descubrimiento de la canalrodopsina. En 2005, Deisseroth aisló el gen de la proteína y la implantó en células de ratas con éxito. Estos avances han contribuido a otros campos como las investigaciones que buscan devolverle la vista a personas que viven con discapacidad visual.

Además del premio en físico, se les otorgaron “12 millones de coronas suecas, a repartir a partes iguales entre los galardonados”, es 1.195.290 de dólares estadounidenses. Esta cifra significa un incremento del 9% respecto al año pasado para conmemorar los 125 años del reconocimiento sueco.

Próximas categorías y el Nobel de Paz

En los próximos días se revelarán los ganadores de los siguientes premios: el ganador del Nobel de Física se conocerá el martes 6 de octubre; de Química, el miércoles 7 de octubre; de Literatura, el jueves 8 de octubre; de Paz, el viernes 9 de octubre; y el premio del banco sueco de ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel, el lunes 12 de octubre.

El Premio Nobel de Paz de este año atraerá mucha atención, dado que la ganadora del año pasado, la venezolana María Corina Machado, cedió su galardón al presidente Donald Trump después de que este capturara a Nicolás Maduro en enero del 2025.

Desde entonces, el republicano ha iniciado una desastrosa guerra con Irán, ha amenazado con imponer sanciones a la Corte Penal Internacional y su gobierno ha desempeñado un papel esencial en el genocidio en Gaza, a pesar de los esfuerzos poco efectivos de lograr un acuerdo de paz de su administración.

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Según Reuters, la elección del año pasado estuvo influenciada por el presidente. El Comité Nobel ha declarado que es muy poco probable que se le otorgue el premio a él. Lo que queda por definir es quién lo recibirá. Haakon Gjerløw, director interino del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), declaró para la agencia de noticias, “Creo que los acontecimientos del año pasado en torno al Nobel de la Paz, María Corina Machado entregándoselo a Trump tras conseguirlo, influirán en algunas de las consideraciones que tome el comité. Una preocupación que podría tener el comité es si otorgar el premio a alguien podría exponer a ese individuo a ser presionado por parte de Donald Trump… Creo que el comité evaluará si el galardón causaría más daño que beneficio”.

En cuanto al posible ganador de este año, entre los 287 nominados, el reporte sugiere que la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional, el Papa Leo y Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, podrían estar entre los ganadores.

El Nobel de Paz ha sido, una de las categorías más polémicas en la historia de estos premios, esto se evidencia desde la definición subjetiva del ganador. El fragmento del testamento de Alfred Nobel estipula que debe otorgarse a “la persona que haya realizado el mayor o el mejor trabajo en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y la celebración y promoción de congresos por la paz”. 

María Corina Machado
CC: Enea Lebrun / Fotógrafo autónomo 

Esto ha dado lugar a elecciones controvertidas, como las de Henry Kissinger en 1973, Barack Obama en 2009 y Aung San Suu Kyi en 1991, la cual, como presidenta de Myanmar, desconoció y se mantuvo en silencio ante los actos genocidas de su gobierno contra los Rohingya, minoría musulmana del país.

En cualquier caso, el viernes se sabrá en definitiva si la organización decide optar por una elección “segura” o no. De todas maneras es que es muy posible que, sea quien sea el ganador, despertará una conversación al nivel mundial.

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No es exagerado afirmar que la primera fecha de BTS en El Campín, con la que arrancó la etapa latinoamericana del BTS WORLD TOUR ‘ARIRANG’, fue uno de los acontecimientos culturales del año en Colombia. No solo se trataba solo de la inauguración de la gira más grande de la icónica agrupación surcoreana hasta la fecha, sino de su primer encuentro con un país y con una legión de fans que llevaba años esperando este momento.

Las expectativas estaban por las nubes. Y, sin embargo, RM, Jin, SUGA, J-Hope, Jimin, V y Jung Kook lograron cumplirlas y, en varios momentos, superarlas. El resultado fue un espectáculo de escala monumental que convirtió al estadio bogotano en el escenario de un reencuentro largamente esperado y que, para quienes estuvieron allí —fanáticos de BTS o no—, será difícil de olvidar. 

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Para la comunidad ARMY colombiana, el concierto comenzó mucho antes de las 8 de la noche del 2 de octubre. Desde la llegada de los siete integrantes a Bogotá, el miércoles 30 de septiembre, la expectativa comenzó a crecer a las afueras del Campín. Un día después, mientras BTS realizaba las pruebas de sonido y los últimos ensayos sobre el escenario, los primeros seguidores empezaban a instalarse en los alrededores del estadio. Para cuando cayó la noche del 1 de octubre, cientos de fanáticos ya hacían fila, a casi 24 horas del comienzo previsto de la primera fecha.

Ya por la tarde del viernes, con la apertura de puertas, las cercanías del recinto estaban plagadas de seguidores y no seguidores, de padres con sus hijos y de vendedores y revendedores que ofrecían desde recuerdos hasta boletas VIP. Dentro del Campín, los carteles con mensajes para los integrantes de la banda, además de banderas de países como Costa Rica, Ecuador, Venezuela y, por supuesto, Colombia, eran cada vez más visibles y se multiplicaban con el ingreso de los casi 45 mil asistentes. 

A las afueras, la emoción tampoco cesó. Allí se congregaron otros cientos de personas que, aun sin boleta, no estaban dispuestas a perderse el concierto. Algunos llegaron con la esperanza de conseguir una entrada de última hora; otros simplemente querían estar cerca del estadio, escuchar lo que pudieran desde afuera y compartir con otros ARMYs un momento que habían esperado durante años.

El preludio del concierto, que tuvo como background una melodía de gugak, estuvo marcado por la interacción de los fans, quienes intercambiaban freebies —pequeños souvenirs—, se tomaban fotos y configuraban sus lightsticks con ayuda de un tutorial que apareció en las criticadas pantallas sobre el escenario. Se trataba de una estructura 360° que permitía una visibilidad del 100 % para el público y evitaba los puntos ciegos. El escenario contaba además con cuatro pasarelas que se extendían hacia los vértices entre las distintas localidades.

Con el pasar de los minutos, la impaciencia de los fanáticos crecía. Algunos coreaban “se vive, se siente, Colombia está presente”, mientras otros gritaban eufóricos “que los saquen”. Las olas no podían faltar y ayudaron a hacer más llevadera la espera durante los minutos previos a la salida de los protagonistas de la noche. Hasta que el reloj marcó las 8 en punto y las luces se apagaron. La espera había terminado: BTS estaba a punto de aparecer sobre el escenario de El Campín.

El show comenzó de forma casi teatral. Un personaje vestido de negro y enmascarado corrió hacia el centro de la tarima con una bengala que dejaba una estela de humo rojo tras de sí. Mientras la melodía de gugak se hacía cada vez más frenética, los asistentes comenzaron a corear “BTS” con una intensidad creciente, hasta que los siete integrantes hicieron su entrada. Creo firmemente que el grito de los fanáticos al ver a sus ídolos fue más fuerte que cualquier gol de Millonarios o Santa Fe celebrado en El Campín desde 2017.

Vestidos completamente de blanco, dieron inicio al concierto con ‘Hooligang’, uno de los grandes éxitos de su último álbum —que da nombre a la gira—. Le siguieron ‘Aliens’ y ‘Run BTS’, antes de que los integrantes se presentaran formalmente ante el público bogotano. En esta pausa, los siete aprovecharon para agradecer la calurosa bienvenida y recordar que era su primera vez en la ciudad. Algunos incluso se animaron a hablar en español no solo en esta primera intervención, sino a lo largo de la noche: V sorprendió con expresiones como “parce”, “bacano” y “qué chimba”, mientras Jin había preparado un “¡hágale pues!” que desató otra ovación. También pidieron al público que entregara su mejor energía, porque el espectáculo apenas comenzaba.

El show se dividió en tres partes, cada una con su respectivo cambio de vestimenta, mientras que los interludios se aprovecharon para darle un respiro al público y enfocar los carteles que los fanáticos habían llevado. Pero la música era apenas una parte de lo que ocurría sobre el escenario. Las coreografías, ejecutadas por los siete integrantes junto a un cuerpo de bailarines, se acompañaron de juegos de luces, humo, fuego, plataformas y efectos visuales que transformaban el escenario 360° de acuerdo con cada canción. La estructura, con sus cuatro pasarelas extendiéndose hacia distintos sectores de El Campín, permitía que BTS se acercara constantemente al público y que el espectáculo tuviera múltiples puntos de atención.

La producción alcanzó uno de sus mayores despliegues con la pirotecnia, especialmente hacia el cierre, mientras los lightsticks también se convertían en parte del espectáculo al sincronizarse con las luces de la producción. 

BTS en Bogotá: El concierto más esperado por toda una generación
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Pero si algo terminó de darle un carácter especial a las dos horas de espectáculo fue la manera en que BTS y la comunidad ARMY parecían estar construyendo el concierto juntos. Los integrantes no solo respondieron a los gritos —que iban desde “papacitos” hasta “mucha ropa”— y a las coreografías del público: también encontraron los carteles que habían preparado especialmente para ellos. Algunos hacían referencia a “Asarabia”, el nombre que Jin había dado por error a Bogotá en una antigua broma del grupo y que V y J-Hope retomaron durante el concierto con una pequeña canción y baile. También hubo espacio para cantarle por adelantado el cumpleaños a Jimin, quien cumplirá 31 años el próximo 13 de octubre.

La conexión iba en ambas direcciones. Mientras los integrantes intentaban comunicarse con el público en español, las ARMYs encontraban formas de hacerle saber a BTS que había preparado este momento durante años. V, en particular, se ganó una de las mayores ovaciones al intentar hablar como un bogotano más: “Ayúdame, parce”, dijo antes de asegurar que la ciudad estaba “muy bacano” y rematar con un “¡qué chimba!”. Jimin, por su parte, reconoció la magnitud de las voces que había escuchado en Bogotá y aseguró que estaban entre las más fuertes que habían encontrado durante la gira.

Uno de los momentos más memorables llegó cuando los siete integrantes salieron del escenario para recorrer los alrededores del escenario en una especie de caravana, acompañados por banderas de ARIRANG y de BTS. El gesto, poco habitual dentro de un espectáculo de esta escala, acercó literalmente al grupo a quienes estaban en las distintas localidades y convirtió el estadio en una suerte de desfile alrededor de la banda. Durante unos minutos, los teléfonos se levantaron por encima de las cabezas y los gritos acompañaron el recorrido de los integrantes mientras daban la vuelta al recinto.

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La puesta en escena también encontró momentos para conectar la identidad coreana que atraviesa el disco protagonista del tour con la historia que BTS ha construido junto a su público. Las telas fluidas inspiradas en los movimientos del seungmu acompañaron uno de los segmentos más íntimos, mientras que en ‘they don’t know ’bout us’ las pantallas de mano inspiradas en el tal, las máscaras tradicionales coreanas, jugaron con la idea de ocultar y revelar la identidad. El VCR en blanco y negro y los nuevos vestuarios de la etapa latinoamericana completaron una de las secuencias visualmente más cuidadas de la noche.

Hacia el final, la escala del espectáculo dio paso a uno de sus momentos más íntimos. Antes de la última tanda de canciones, los siete integrantes se sentaron sobre el escenario y, durante cerca de diez minutos, se turnaron para hablar con el público y agradecerle por la bienvenida. Uno a uno, destacaron la energía de los asistentes y lo especial que había sido aquella noche, hasta el punto de preguntarse por qué habían tardado tanto en visitar Colombia. Lo que comenzó como un encuentro largamente esperado terminó convirtiéndose, también para BTS, en una de esas noches que quedarían en la memoria. Antes de levantarse para el último bloque, la banda dejó una promesa que hizo estallar nuevamente a El Campín: tratarían de volver más seguido.

Después llegó la despedida. ‘Into the Sun’ puso el punto final mientras los fuegos artificiales se apoderaban del cielo sobre El Campín y miles de lightsticks seguían encendidos entre el público. Pero el concierto no terminó del todo cuando se apagaron las luces: afuera del estadio, las ARMYs volvieron a intercambiar freebies y recuerdos que habían preparado durante meses para compartir con otros seguidores. Para algunos, incluso quienes no habían conseguido una boleta, la experiencia continuaba en las calles alrededor del recinto.

Entre abrazos, lágrimas y sonrisas, muchas fanáticas y fanáticos lloraban de emoción. También lo hicieron algunos padres que habían acompañado a sus hijos y que terminaron viviendo la noche como algo más que un concierto. Para una comunidad que había esperado durante años la primera visita de BTS a Colombia, la despedida tenía inevitablemente algo de alivio y de nostalgia: finalmente había ocurrido.

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Y todavía quedaba una noche. El sábado 3 de octubre, BTS volvió a El Campín para su segunda presentación en Bogotá, nuevamente con el estadio lleno. Aunque buena parte del espectáculo mantuvo su estructura, la banda reservó algunas sorpresas para esta última fecha en Colombia, entre ellas ‘We Are Bulletproof Pt.2’ y ‘Mikrokosmos’, que reemplazaron a ‘I’m Fine’ y ‘So What’ de la noche anterior. Así, el grupo cerró su debut colombiano no como una repetición de la primera fecha, sino como una segunda oportunidad para recorrer junto a sus seguidores distintas etapas de su historia.

Con las dos fechas agotadas, más de 100.000 personas pasaron por El Campín durante el primer encuentro de BTS con Colombia. Bogotá fue además el punto de partida de la etapa latinoamericana de la gira, que continuará por Lima, Santiago, Buenos Aires y São Paulo, con un total de 14 presentaciones en la región.

Después de años de espera, BTS finalmente llegó a Colombia. Y aunque el grupo ya dejó Bogotá, la primera parada latinoamericana de ARIRANG deja una imagen difícil de borrar: un estadio lleno, siete integrantes recorriendo su escenario en medio de una multitud que los esperaba desde hace años y una comunidad ARMY que, dentro y fuera de El Campín, convirtió el concierto en algo que iba mucho más allá de las canciones.

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El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, anunció desde el Palacio de la Moncloa el adelanto de las elecciones generales, que tendrán lugar el próximo 29 de noviembre.

Desde hace varias semanas, España se encuentra en el ojo del huracán. La situación comenzó con la llegada irregular de miles de marroquíes a la ciudad autónoma de Ceuta. En ese momento, la frontera que separa Castillejos, en Marruecos, de Ceuta, en territorio español, no contaba con una presencia policial suficiente, lo que facilitó el cruce de las vallas fronterizas por parte de miles de personas. 

Ceuta cuenta con una población de 83,595 habitantes. Por ello, la llegada de aproximadamente 40,000 personas representa una cifra equivalente a casi la mitad de la población total de la ciudad, generando una presión migratoria sin precedentes sobre este territorio español.

Posteriormente, durante las últimas semanas, la crisis de vivienda que atraviesa España se ha convertido en otro de los principales focos de tensión social y política. El acceso a una vivienda asequible ha sido una de las demandas recurrentes hacia el Gobierno de Pedro Sánchez durante los últimos años; sin embargo, el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, el pasado 23 de septiembre, volvió a colocar el problema en el centro del debate público. 

El caso de Maricarmen provocó una importante movilización social, con miles de personas que salieron a las calles tanto para respaldarla como para exigir medidas frente a la situación habitacional. Entre las principales demandas se encuentra una mayor regulación de las viviendas destinadas al turismo y la adopción de medidas que faciliten el acceso a una vivienda digna y asequible.

En medio de esta serie de conflictos, el Gobierno de Sánchez presentó una legislación de emergencia con el objetivo de hacer frente a la crisis de vivienda que atraviesa el país. Sin embargo, la iniciativa no obtuvo el respaldo necesario en el Parlamento español para ser aprobada. La derrota parlamentaria evidenció las dificultades del Ejecutivo para construir y mantener una mayoría suficiente en el Congreso. Tras el rechazo, miles de personas salieron a las calles en distintas ciudades del país para manifestarse y expresar su descontento con la situación.

Ahora, estos acontecimientos llevaron a Pedro Sánchez a anunciar el adelanto de las elecciones generales, previstas originalmente para 2027, al próximo 29 de noviembre de 2026. El anuncio fue realizado desde el Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno español.

“Sé que nosotros mismos hemos cometido errores y no hemos logrado hacer todo lo que nos habíamos propuesto”, comenzó Sánchez en su discurso. A continuación, reconoció que aún quedan “muchas injusticias que corregir, muchas metas sociales que conquistar y muchos problemas que resolver”, especialmente en ámbitos como la desigualdad, los servicios públicos y el acceso a la vivienda.

Sánchez añadió: “Ha llegado el momento de que los españoles y las españolas decidáis qué futuro queréis para vosotros mismos y para vuestro país. Ahora depende de vosotros y de vosotras”. En su discurso, planteó así la disyuntiva que, a su juicio, enfrentan los ciudadanos: “Si deseáis sumaros a esa ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna o deseáis que España continúe siendo un baluarte de apertura y justicia social y de responsabilidad medioambiental; si queréis que nuestro país retroceda o continúe avanzando”.

Mientras Sánchez destacaba los logros de su Gobierno, miembros de su gabinete también expresaron su respaldo de cara a las próximas elecciones. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, transmitió un mensaje de confianza en el resultado electoral: “Vamos a volver a ganar. Esta vez con más fuerza”.

Por su parte, la ministra de Sanidad, Mónica García, también reaccionó al anuncio a través de sus redes sociales. En su mensaje, llamó a defender el derecho a la vivienda y las libertades, al tiempo que planteó la necesidad de impulsar nuevas medidas para reforzar la protección de los ciudadanos y evitar desahucios. “Este 29 de noviembre salimos a defender el derecho a la vivienda frente a los especuladores y las libertades frente a los reaccionarios. Mientras tanto, debemos llevar los RDL al Consejo de Ministros para apuntalar las medidas de vivienda, evitar desahucios y proteger a la ciudadanía”, agregó García.

Por ahora, las encuestas reflejan un escenario en el que los partidos de derecha mantienen una posición competitiva. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), liderado por Pedro Sánchez, se sitúa alrededor del 28 % de intención de voto y lleva tiempo por debajo de sus principales rivales. Durante los años de Gobierno de Sánchez, el partido tampoco ha logrado superar de forma sostenida el 33 % en los sondeos. 

El panorama resulta especialmente complejo para el PSOE debido a la fragmentación del espacio político situado a su izquierda. Las formaciones que podrían ser necesarias para articular una mayoría parlamentaria reúnen actualmente cerca del 8 % de apoyo en las encuestas. De mantenerse un escenario similar, el PSOE tendría que buscar acuerdos con otras fuerzas políticas para reunir los apoyos necesarios para gobernar.

En el otro extremo del espectro político, el Partido Popular (PP) y Vox aparecen en las encuestas como las fuerzas con mayor capacidad potencial para reunir una mayoría parlamentaria. Para alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados son necesarios 176 de los 350 escaños. Por su parte, Vox se sitúa alrededor del 18 % de intención de voto y registra un respaldo especialmente significativo entre los votantes jóvenes y los hombres, de acuerdo con los sondeos.

Uno de los principales temas de interés de cara a estas elecciones será la crisis de vivienda, un problema que ha puesto de manifiesto el elevado precio de los inmuebles y las dificultades que enfrentan millones de españoles para acceder a una vivienda digna y asequible.

La inmigración también ocupará un lugar central en el debate electoral. Sánchez ha defendido públicamente los beneficios económicos y sociales de la inmigración y recientemente impulsó medidas para regularizar a cerca de un millón de personas en situación administrativa irregular. Vox, por su parte, plantea controles migratorios y fronterizos más estrictos. Además, la llegada de miles de personas a Ceuta ha reavivado el debate sobre la gestión migratoria y la capacidad de España para controlar sus fronteras.

Aunque Sánchez, actual diputado y líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) desde 2017, volverá a presentarse como candidato del partido, afronta uno de los escenarios electorales más complejos de su trayectoria. Los sondeos publicados hasta ahora sitúan al PSOE por debajo de sus principales rivales, mientras que el partido enfrenta el desafío de mantener su respaldo electoral y reunir los apoyos parlamentarios necesarios para formar Gobierno. En este contexto, la vivienda, la inmigración y la corrupción se perfilan como algunos de los principales asuntos que podrían marcar el debate público durante la campaña y ocupar un lugar relevante entre las preocupaciones de los votantes.

Después de ocho años al frente del Gobierno, Sánchez aspira a continuar en el poder con un tercer mandato. De conseguirlo, consolidaría su posición como uno de los presidentes del Gobierno español con mayor permanencia en el cargo desde la restauración de la democracia en 1978.

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Afuera llueve. La casa de Carca en Belgrano tiene música por todos lados. Hay vinilos, pósters de películas de Coca Sarli, guitarras y mandolinas colgadas en soportes sobre las paredes, al alcance de la mano, listas para bajar y tocar. Carca aparece y nos invita a pasar a su estudio. Ahí adentro hay todavía más instrumentos: percusiones, una batería, amplificadores y, otra vez, guitarras. Siempre guitarras. En un rincón, dos bandejas y una mezcladora. Reina, su perrita de ocho meses, duerme por momentos sobre la alfombra mientras la lluvia sigue cayendo afuera. Carca agarra el vinilo de A un millón de años blues y viaja en el tiempo, treinta años atrás.

Para llegar a ese disco hay que empezar un poco antes, con Tía Newton. “En realidad no fue mi banda, fue una banda”, aclara. “Quedó medio como que era una banda mía, pero la verdad es que musical y estéticamente era un 25 por ciento de cada uno. Éramos cuatro”. Las canciones podían cambiar violentamente de clima, pasar de la tensión a la calma en segundos. “Había un libre albedrío a partir de un concepto que constaba en destruir la estructura de una posible canción. Era muy lo que pasaba a fines de los ochenta”. En los primeros noventa, Tía Newton llegó a telonear a Soda Stereo durante las presentaciones de Dynamo. “Cerati me preguntaba por los pedales, por cómo hacía algunas cosas. Y yo pensaba: ‘Este tipo es Cerati y se está fijando en esto que hago yo’”.

Tema por tema: Carca repasa ‘A un millón de años blues’, 30 años después
(Foto: Martin Bonetto)

Daniel Melero ya estaba cerca: había trabajado con Tía Newton y Carca había participado de las sesiones de Travesti (1994). Esa relación también fue parte del impulso para lanzarse solo. Después llegó Miss Universo. Lo produjo él mismo y convocó a varios invitados. “Es el disco de un divorciado que tira la chancleta para todos lados y quiere hacer todo lo que los otros no le dejaban hacer”. No se refería a una pelea con sus excompañeros, sino a algo más sencillo: “La banda tenía un concepto del cual no se podía salir. Eso me aburrió un poco”. Miss Universo también era un disco pensado para el formato de su época. “Es el único de mis discos concebido para CD”. La lógica era llenar todo lo que entrara: 74 minutos. Y los llenó. Apenas un año después, A un millón de años blues duraría 29.

Melero también le pegó donde más dolía. Había una frase de “Sentada en la luz del sol” que le encantaba: “Sus dueñas son miles de estrellas, eternas como la inconstancia”. Pensaba que la había escrito Adrián Dárgelos. Cuando se enteró de que era de Carca, le dijo: “Si escribiste eso tan genial, ¿por qué no te rompiste el culo para escribir mejor?”. “Y me la clavó”, dice Carca. Hasta entonces, el foco había estado mucho más puesto en el sonido. Algo empezó a cambiar. “Empecé a maravillarme con compositores y estructuras mucho más simples, más emotivas. En realidad, yo siempre fui atrás de la emoción”. En Tía Newton podía haber momentos “conmovedoramente emocionantes”, pero “no existía esa canción a los dos acordes”.

También empezó a revisar el lugar en el que lo habían puesto. Tía Newton había quedado asociada a la movida sónica, al Nuevo Rock Argentino, a lo alternativo. “Me enojé un poco con esa cosa que se armó del rock alternativo, el rock sónico. Me daba un poco de bronca ser visto como un modernoso vacío que no sabía nada de nuestra música, de nuestra cultura”. Y esa música estaba mucho más cerca de Pappo, Manal y Vox Dei, nombres que en 1995 estaban lejos de resultar modernos. “Pappo era muy grasa. Vox Dei era muy grasa, ni te digo. Manal también. Todo”.

Había, además, un problema concreto: tocar Miss Universo en vivo “era un quilombo”. Un día podía estar Flavio Cianciarulo en el bajo, otro Gustavo “Gabo” Manelli, Diego Tuñón en teclados, una caja de ritmos o distintos bateristas. La solución terminó apareciendo cerca, en Ciudad Evita. No eran músicos de sesión ni nombres consagrados: eran dos pibes del barrio. Zacarías Paul en bajo y Hernán “Capocha” Castro en batería. “Capocha era un fuera de serie”. Autodidacta, cantaba, armonizaba y tocaba varios instrumentos. Le decían Capocha porque era un capo.

El camino termina en Dean Funes y Garay, en Parque Patricios. Ahí vivían Adrián Dárgelos, Diego Tuñón y Cosme Palumbo, entonces manager de Babasónicos. Carca también estaba, aunque de una manera bastante particular. “Yo convivía de prestado. No era uno de los que pagaba el asunto”. En ese lugar empezó a tomar forma A un millón de años blues. Habían comprado en Constitución una vieja grabadora de cinta abierta de cuatro canales. “Debería haber sido una Tascam. Hay dos marcas, Tascam o Akai. No me acuerdo, pero una de esas dos”. Gustavo Iglesias, amigo de Dárgelos desde la infancia, había vuelto de vivir en Nueva York con una vieja consola Yamaha de ocho canales. Él era el ingeniero de sonido. “Adrián y Diego decían lo que les gustaría que pasara y Gustavo era el que entendía las perillas”.

(Foto: Martin Bonetto)

Dárgelos y Tuñón produjeron el disco. “Era tirar para adelante y decirte: ‘Metete ahí que yo te grabo’. ‘No, esto está mal, hacelo mejor’. ‘Vamos con esta de nuevo, vamos a hacer lo mejor’”. Cuatro canales eran cuatro canales. Había que tomar decisiones y convivir con ellas. La máquina, además, no estaba bien calibrada. “Está out of tune el disco. Los temas que están en mi, en realidad están en un intermedio entre el mi y el fa”. La cinta corría apenas más rápido o más lento y ese desfasaje quedó impreso para siempre. “Cuando alguien quiere sacar ‘Príncipe oscuro’ me pregunta: ‘¿En qué tono está? Porque no lo encuentro’. Es como un mi-fa”.

Buena parte del sonido de las guitarras también nació de una cadena bastante improbable. “El sonido principal lo sacamos de un pedal MXR de los setenta que le regaló Cubero Díaz a Zacarías, el bajista. Zacarías me lo presta y después me lo tuvo que regalar”. Lo conectaban directamente a línea, sin amplificador. “Ese sonido es el sonido de ‘Ultratumba’, es el sonido de ‘Quiméricos Monstruos’”. Con el tiempo, otros músicos que grababan con Iglesias empezaron a pedirle ese mismo sonido.

La grabación fue rápida. Muy rápida. “Nada. No tardamos nada. No había nada que sobreproducir, no teníamos la posibilidad”. Se microfoneaba, se tiraban los cables y se grababa. Las voces iban de corrido, sin Auto-Tune. “Terminábamos los temas y considerábamos que era una especie de milagro, porque si no se caía, se cortaba, se esto, se lo otro”. Tampoco quedó demasiado archivo de aquellas sesiones. “No, nunca se guardó nada. Nada, nada de nada”. Una vez terminado el disco, hicieron el máster, digitalizaron las cintas y siguieron adelante. “Se hizo el máster, se digitalizó y ya está. Chau”.

Esa falta de solemnidad permitía cosas que probablemente no hubieran ocurrido en un estudio convencional. En un momento agarraron directamente la cinta con la mano para frenarla y conseguir un efecto. “Si nosotros hubiésemos tenido el respeto, no hubiera sido eso. Y tendríamos la cinta original en una caja de cristal”. No la tienen. Incluso los errores quedaron adentro. En “Príncipe oscuro” habían conseguido un micrófono Neumann para grabar la voz, pero la humedad de la casa afectaba la membrana. “De vez en cuando se tiraba como un pedito”. El ruido quedó en la segunda estrofa. “Es la membrana del micrófono quejándose”.

El disco tampoco se grabó siguiendo el orden que después tendría. “Capaz que lo primero fue ‘Jugo de hermana mayor’. No me acuerdo”. Lo que sí tiene claro es cuál fue el último: “’Camino a la horca’ fue el último en terminar”. Para entonces ya podían darse algunos gustos. “Ahí sí pudimos hacer un poquito de Morricone, un poquito de Friends of Dean Martinez, algo más western”. En ese paisaje también estaban Lee Hazlewood y Nancy Sinatra, parte de ese imaginario de guitarras, western y canciones cinematográficas que sobrevolaba el disco. “Era un colorcito que no queríamos dejar de tener”. Y hasta la mezcla terminó medio de casualidad: “Ese me acuerdo que incluso lo terminó Gabo (Manelli) de mezclar, porque no había nadie”.

Treinta años después, A un millón de años blues no funciona para Carca solamente como una cápsula de aquellos días. “Me cimentó un hermoso estándar para poder empezar a ser bueno en eso. Me da ternura ese pibe trabajando tanto para manifestar y comunicar ciertas cosas”.

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Este viernes 9 de octubre, A un millón de años blues vuelve al escenario en La Trastienda. “Creo que si se presenta A un millón es A un millón entero, más cosas de Carca que tienen bastante que ver. Y nada más”. La banda será nueva, pero hasta ahí llega la información. “No quiero decir quiénes van a tocar. Es sorpresa”. La idea, en cambio, está clara: “Para mí, presentar un disco de esa característica es: te hago el disco entero”.

Antes de volver a poner el vinilo, queda una última historia: la de la tapa. La foto la hizo Lucas Guerrero, amigo de Carca y escalador de montaña, que años después murió en el sur. “Se murió en su ley”. En la imagen aparecen Carca y Rita, la perrita de Lucas, fotografiados en Ciudad Evita frente a una casa prácticamente devorada por plantas de esponja vegetal. “El tipo tenía toda su casa sumergida en una cueva. Ese es el frente de la casa”. El diseño fue de Luchi Camorra, músico y amigo del grupo que por entonces también trabajaba en gráfica. “Lo diseñó él todo. Con nada”. La tipografía fue hecha especialmente y la austeridad era deliberada. “En ese momento había que poner el fotograma, una radiografía, esto, lo otro. Por eso también lo hicimos simple”.

Detrás había además una referencia directa a la música que Carca estaba recuperando: “La tapa es un guiño a Pappo’s Blues Volumen 1”. Sobre las cabezas de Carca y Rita, Luchi dibujó dos halos. Treinta años después, Carca mira esa foto de otra manera. “Esos dos se llevan bien y están out del mundo. Mirando algo”. Hace una pausa y sigue: “Están en santificación, ¿viste? Obtuvieron un estado de gracia divina. Y no es amigo de otra persona, es amigo del perro. Su coequiper es ese ser maravilloso que encima mira hacia donde yo le estoy indicando”. Carca vuelve a mirar la tapa. “Es divino”.

Un millón de años blues – Tema por tema

“Príncipe oscuro”

“Es medio un experimento que hicimos con Adri [Dárgelos], los dos juntos. Yo fui muy fan de Vox Dei desde los 12 años y acá hay mucho de Willy Quiroga. No sabía cantar de otra manera. Está esa guitarra punteada del principio, que tiene una cosa surf, medio Dick Dale, y una segunda voz gritando atrás que debe ser Adrián. Para mí fue el tema más logrado del disco en un punto y el más directo para asimilar. Estábamos los tres en el living tocando. La idea era grabar la batería y el bajo nada más y después poner las voces. Yo grabé una guitarra por línea, sin ningún efecto, como guía. No encontraba la púa, así que la toqué con la uña, con el dedo. Era una Gibson SG. Y quedó esa. Todo salió medio saturado: la batería, el bajo tenía un fuzz. Dijimos: ‘Está buenísimo’. Y la guitarra también estaba buenísima. Era como: no se me va a ocurrir nada mejor.

Después metimos las voces. La mía de corrido y Adri en otro micrófono, cantando en vivo también. Por eso a veces los coros no concuerdan. No era como ahora que terminamos juntos, empezamos juntos. Y hay otro accidente hermoso. Habíamos pedido un Neumann divino y en la casa había tanta humedad que la membrana sufría. De vez en cuando se tiraba como un pedito. Y en ‘Príncipe oscuro’ está. Si lo escuchás, en un momento de la segunda estrofa se escucha la membrana del micrófono quejándose.”

“Mal rebaño”

“Esa letra me la alcanza Dieguito Tuñón. Yo le puse la música, corregí algunas cosas para la métrica y cambié alguna que otra palabra. Como ejercicio me fascinaba porque para mí era más fácil ponerle música a un texto que hacer todo desde cero. Ya estábamos en eso de: esto es lo que hay que hacer ahora. Volver a esto, sin ser heavy, sin comerse esa película del heavy, que a mí me encanta. A los 12 años fui un poco heavy, con mi muñequera de Riff y todo eso. Era muy fan de Riff y sigo siendo.

Acá es Sabbath. Sabbath de cassette, Sabbath de portaestudio, Sabbath de barato. Nuestras intenciones se desvanecían ante los recursos. Queríamos hacer una cosa y después estaban los recursos que teníamos. Mezclábamos un montón de cosas y hacíamos lo que se nos cantaba y lo que podíamos hacer. Y muchas veces cómo quedaba algo no era una decisión estética. La voz, por ejemplo: capaz había sido grabada con la guitarra y si subías la guitarra bajaba la voz, si bajabas la voz subía la guitarra. Eran happy accidents.”

“Ultratumba”

“La segunda voz que se escucha atrás es Capocha. Armonizaba y cantaba hermosamente bien y aparte tocaba la batería alucinantemente. Era un músico autodidacta, un fuera de serie. Ahí también está ese sonido del pedal MXR de los setenta que Cubero Díaz le había regalado a Zacarías. Zacarías me lo prestó y después me lo tuvo que regalar. Lo grabábamos directamente a línea. Ese es el sonido de ‘Ultratumba’ y también de ‘Quiméricos monstruos’.

En las letras hay apóstoles, mesías, fe. Cuando digo ‘si jamás vi a la fe mover montañas, absoluta es la mentira que me engaña’, estoy hablando en contra de la fe ciega de la religión. Uso terminología de la religión para comunicar una experiencia divina, sagrada. Yo creo en Jesús como creo en Krishna, en Shiva, en apariciones en este plano de entidades de otro plano. En esa época estaba hablando de experiencias divinas. No de la Iglesia. La religión como institución es otra cosa.”

“La aparición”

“Arranca con cadenas, grilletes. No recuerdo exactamente, pero seguramente salieron de los discos de efectos especiales que tenía, discos de la BBC. También hay un sonidito que Tuñón había sampleado de alguna serie, algo tipo Lost in Space, una cosa de ciencia ficción muy pop de los cincuenta, sesenta. Y después aparece la canción con ese pianito eléctrico de Tuñón. Ahí es donde hablo de haber visto a la muerte, aunque no la nombro. Yo estaba con un amigo, Juan Pablo, en un flash de cactus en los bosques de Ezeiza. Y la vimos. Los dos. Se me paran los pelos de punta cuando lo cuento. Estaba buscando a alguien. La mina estaba buscando a alguien. Nos miró y pasó. Plateada. Absolutamente. Yo tenía 23 años.

En la canción digo: ‘La vi cruzar la noche montada en su caballo’. Ella y el caballo eran del color de la plata, por reflejar la luz. Y termina con ‘la preciosa armonía de su irradiación divina me vino a buscar y nunca supe más de mí’. Se lo llevó. En ese momento estábamos muy metidos en experiencias de conciencia extraordinaria, psicodélicas. San Pedro, hongos, lo que se te ocurra, pero siempre en esa búsqueda de lo que la Pachamama da. Era una cosa medio sobrenatural, castanedesca. Nos habíamos comido todos esos libros. Yo podía quedar dos semanas asimilando lo que había visto. Correr en pelotas por el bosque o ver a la muerte enfrente montada a caballo bajo la luz de la luna. Y al final aparecen máquinas, sonidos mecánicos, como una especie de tren a vapor. Yo, que cuento con el regalo de haber visto eso, lo siento como el sonido de esa entidad yéndose. Como que entra, la ves y se va. Y a la vez se lleva al protagonista, porque termina diciendo ‘nunca supe más de mí’. Se lo chupó”.

“Quiméricos monstruos”

“Este es la cosa más sabbathera del disco. Y misteriosamente —lo voy a decir así para que se sepa— el bajo se fue. No hay bajo. Lo grabamos, pero a la hora de bajarlo no está. Es guitarra y batería. Menos mal que la batería es tan genial. Capocha está on fire. La batería es tan buena que uno no se acuerda de que no hay bajo. Y de repente corta y entra en otro clima, medio fantasmagórico, con una percusión tribal. Eso lo crea DJ Peguin. Después le pusimos unas percusiones arriba, creo que Diego, y unas voces guturales que somos Capocha y yo. Armamos esa encarnación ahí en el medio.

Después termina como un soundtrack de destrucción apocalíptica: risas, tiros, cantos. Todo eso son discos de efectos. No somos nosotros. Y quedó cerrando el lado A de casualidad. El orden estaba armado para escucharlo de corrido en CD. Después, cuando hubo que dividirlo en cinco y cinco para el vinilo, milagrosamente quedó balanceado. Pero me gusta porque se va. Tiene esa cosa de último tema de un lado de un disco.”

“Miss Universo”

“Yo medio que nací viejo con respecto a la música. No por retro, porque el retro no me gusta. Pero a los 22, 23 años era fan de Sinatra. Entonces absorbíamos un montón de cosas. Podíamos escuchar Sinatra, Carpenters, Burt Bacharach, Japan, David Sylvian y al mismo tiempo toda la música que estaba pasando alrededor nuestro. Y Meat Loaf también. Con Tuñón siempre tuvimos a Meat Loaf allá arriba. Me gusta esa cosa exagerada, teatral, medio desmesurada. En ‘Miss Universo’ hay algo de eso, mezclado con esa cosa de crooner que yo ya tenía dando vueltas en la cabeza. Y muchos años después se terminó cerrando el círculo: hice varios shows como guitarrista de George Borowski, que había trabajado con Meat Loaf. Me acuerdo de que le mandé una foto a Tuñón y le dije: ‘¿Sabés quién es este?’.
 “A Carlos Cutaia lo conocí en las sesiones de Travesti. Está a full ahí, es una pieza fundamental. Nos hicimos amigos y yo tenía una admiración absoluta por él. Tenía sus discos, Ciudad de tonos lejanos, Cutaia con Moro, Cutaia Orquesta. Hablábamos de toda esa música y Carlos se moría. Le mandé la canción. Él tenía un estudio y vivía en la loma del culo. Me había dicho: ‘Mandámela, mandámela’. Y yo pensaba: ‘La puta madre, este me va a putear’. Porque tenía destiempos, alteraciones de tiempo, cosas raras. Pero me manda el track con el piano.
 “Hay también una viola que grabó Sami Abadi. Me acuerdo de que le dimos porro y el tipo nunca había fumado. Al otro día nos llamó y dijo: ‘No, quiero escuchar porque no me acuerdo de nada’. Está un poquito rara de afinación y de todo, pero en el plano en que la pusimos funciona perfecto. Teníamos solamente dos colores, el piano y la voz, y esa viola nos vino bárbaro. Después a Gusti [Gustavo Iglesias] se le ocurre hacer un efecto que habíamos escuchado en Black Sabbath. Dimos vuelta la cinta y le pusimos un delay a la voz. Cuando volvés a dar vuelta la cinta y la ponés al derecho, el eco viene antes que la voz. Estábamos a punto de arruinarlo todo en cualquier momento. Y la intro que hace Carlos para mí tiene algo de David Sylvian. En esa época escuchábamos mucho todo eso. Éramos melómanos: no importaba el género, importaba la música.”

“Los pueblos de Pedro”

“Para mí, estética, sonora y musicalmente, A un millón de años blues es ‘Los pueblos de Pedro’. Resume la idea y el desparpajo de lo que quisimos e intentamos hacer. No tiene batería. Es una caja de ritmos programada, pero al mismo tiempo tiene una guitarra re heavy. Esa guitarra la hice con la guitarra que usaba Mariano (Roger) en ese momento, una guitarra más moderna, más de heavy. Y dije: ‘Esto va con esto, buenísimo’.

“Ahí hacen coros Mariano y el Yegüito. Y hay un momento en que aparece una especie de quena, una flauta. Eso lo hace Capocha. Estábamos necesitando, como en ‘Quiméricos monstruos’, que el tema cayera en un delirio, en una alucinación. Adri le dijo: ‘Vos que tocás la flauta, tocate algo’. Y Capocha grabó dos o tres flautas armonizando. Se lo pusimos en el medio y quedó espectacular. ‘Todo es imposible hasta que se hace posible’ es un guiño a Pappo: ‘Es imposible aguantar’. Pero no estoy diciendo lo mismo. Yo estoy diciendo que todo es imposible hasta que se te hace posible verlo, comprenderlo, entenderlo.”

“Mesías del encantamiento”

“Para mí el modelo de esa canción era Roberto Carlos. El Roberto Carlos de comienzos de los setenta, cuando parecía más Tim Maia que Roberto Carlos. No el de ‘Está prohibido fumar’, más rock and roll clásico, sino el Roberto Carlos que ya estaba metido en una mística. Ese órgano medio eclesiástico, medio gospel, es Tuñón. Lo maravilloso de esa canción es que les pasé los acordes a todos y la tocamos. Fue un domingo a la tarde, tirando a la noche, a la hora de suicidarse. Estábamos todos medio de resaca de haber salido la noche anterior.

“Y de vuelta aparece lo del diablo, el mesías, el alma, vender el alma al diablo por un poco más. Todo ese imaginario estaba ahí. En ese tema también está Melero. Toca un solo de piano eléctrico, un solito muy lindo, de pocas notas, y canta conmigo el estribillo.”

“Jugo de hermana mayor”

“Ese tema es medio un chiste. Era un blues que habíamos grabado para probar sonido antes de empezar a grabar el disco. Está en dos canales. Por eso suena mejor que todo lo demás. Son dos canales y se resolvió en vivo. No tenía la voz. Un día estábamos con Tuñón y yo dije ‘mayor’. Y Tuñón entendió ‘jugo de hermana mayor’. Nos empezamos a morir de risa porque no tenía ningún sentido, ninguna fidelidad con la realidad, nada. Y se me ocurrió esa letra. No está dedicada a ninguna hermana real ni nada.

“Es un power trío. Somos tres nada más. Y muy poco antes de empezar a cantar agarramos la cinta con la mano y la frenamos. Entonces toda la banda hace como que se cae y vuelve. Si hubiésemos tenido respeto por la cinta no hubiera pasado eso. Y hoy tendríamos la cinta original en una caja de cristal. No sabemos ni dónde está. El final también es abrupto porque eso no tenía ni principio ni fin. Era una zapada que hubo que traer de la nada y hacerla volver a la nada.”

“Camino a la horca”

“Fue el último tema que terminamos. Y ahí sí pudimos hacer un poquito de Morricone, un poquito de Friends of Dean Martinez, algo más western. Era un colorcito que no queríamos dejar de tener. Ahí también está todo ese mundo de Lee Hazlewood, Nancy Sinatra, esas guitarras, esa cosa cinematográfica que nos había entrado por todas esas reediciones. Es como la conclusión del disco. Después de andar por todos lados, lo que aprendí es que hay que obrar bien, con corrección. Venís de los mesías, los demonios, la oscuridad, las cadenas, la muerte, y terminás en conectar con el bien.

“También es la canción más larga y la que tiene más desarrollo. Tiene una intro, una estrofa y después una coda, que no es ni el estribillo ni la estrofa, y termina en ese desenlace: ‘Debo conectar con el bien antes de que mi memoria lo pueda notar’. Hay gente que piensa que ‘antes de que’ está mal formulado, pero no. La pregunta es ‘¿antes de qué?’. Es antes de que mi memoria lo pueda notar. La guitarra española estaba ahí en la casa y la toqué yo. Todas las guitarras del disco las toco yo, no hay guitarristas invitados. Y ese tema me acuerdo que incluso lo terminó Gabo (Manelli) de mezclar, porque no había nadie. Es la conclusión. Después de todo lo anterior, termina ahí.”

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Colleen Hoover convirtió la literatura de aeropuerto en un imperio editorial. Sus novelas ligeras, sórdidas y diseñadas para el consumo rápido representan el equivalente contemporáneo del pulp de comienzos del siglo XX. Son libros para leer durante un vuelo, bajo el sol de una playa o mientras se espera que aparezca una maleta, escritos con suficiente sexo, tragedia y manipulación emocional para impedir que el lector los abandone antes del aterrizaje. Su trascendencia literaria resulta escasa, pero se venden por millones, una distinción que Hollywood dejó de considerar importante hace mucho tiempo.

Verity fue autopublicada por Hoover en 2018 y su éxito llevó a Grand Central Publishing, sello de Hachette Book Group, a adquirir sus derechos norteamericanos. La nueva adaptación confirma que una autora de “novelas basura” puede ser también una extraordinaria vendedora. El problema aparece cuando el cine recoge ese material sin saber reciclarlo, incendiarlo o convertirlo en un espectáculo deliciosamente tóxico.

Lowen Ashleigh (Dakota Johnson) es una novelista con algo de reconocimiento crítico, pocas ventas y una situación económica precaria. Hachette la contrata para terminar la exitosa saga de Verity Crawford (Anne Hathaway), escritora que permanece inmóvil y sin capacidad para comunicarse después de un accidente automovilístico. Para revisar sus archivos, Lowen se instala en la enorme casa donde Verity vive con su esposo Jeremy Crawford (Josh Hartnett) y Crew (Brady Wagner), el único hijo que les queda tras una sucesión de tragedias familiares.

Antes de la reunión en la que recibe el encargo, Lowen queda cubierta por la sangre de un ciclista atropellado en una calle de Manhattan. Jeremy aparece como un galán providencial, le presta su camisa, la ayuda a limpiarse y le cuenta que sacó del lago el cadáver de su hija de ocho años. Minutos después vuelven a encontrarse durante la entrevista. La secuencia llama la atención, pero también inaugura una colección de comportamientos que ningún ser humano mínimamente curioso aceptaría sin hacer preguntas. Entre Lowen y Jeremy surge una tensión sexual que, tratándose de una novela de Hoover, promete terminar inevitablemente en una cama.

Mientras revisa los archivos de Verity, Lowen encuentra en una memoria USB una autobiografía secreta llena de confesiones sobre el matrimonio, el deseo, la maternidad y la muerte de las hijas de los Crawford. Su lectura presenta a la escritora incapacitada como una posible criatura monstruosa, mientras Jeremy aparece como el esposo noble y atormentado al que Lowen quisiera salvar. La combinación de Misery, Rebecca y La empleada prometía encerrar al espectador en una casa de pasillos oscuros, manuscritos prohibidos y cuerpos peligrosamente cercanos. Cada nuevo giro, sin embargo, exige olvidar una pregunta anterior.

Dakota Johnson regresa al territorio erótico que la convirtió en protagonista de la lamentable trilogía de Cincuenta sombras de Grey, otra “distinguida” descendiente de la literatura de aeropuerto. Su expresión ausente puede funcionar cuando el personaje requiere opacidad, aunque aquí parece anticipar la conferencia de prensa en la que explicará que la película estrenada no era la que creyó estar rodando. Lowen debía combinar vulnerabilidad, deseo y una capacidad latente para la traición; Johnson permanece durante buena parte del metraje como una visitante que todavía espera instrucciones para abandonar la casa.

Anne Hathaway aparece promocionada como una de las protagonistas, aunque la película la mantiene a cierta distancia. Verity permanece inmóvil y silenciosa durante buena parte del relato, por lo que Hathaway debe construirla mediante la mirada, los recuerdos y la narración de su autobiografía. La actriz comprende el placer de parecer simultáneamente víctima y depredadora, pero su presencia queda administrada con tanta cautela que nunca alcanza a contaminar por completo la historia.

Josh Hartnett continúa especializándose en hombres amables cuya normalidad despierta sospechas. Después de la terrible Trap, donde M. Night Shyamalan explotó con mayor malicia esa contradicción, su sola sonrisa anuncia la posible existencia de una puerta cerrada con llave. Jeremy alterna el duelo, la nobleza y el torso desnudo mientras el relato intenta mantener en secreto si estamos ante un esposo destruido o un manipulador consumado. El guion ofrece más información sobre sus abdominales y sus glúteos que sobre su conducta.

El material necesitaba una dirección dispuesta a disfrutar su condición de basura. Al igual que Tate Taylor con La chica del tren, Paul Feig entendió en La empleada que una historia disparatada puede funcionar cuando se filma con descaro, humor y el entusiasmo de quien reconoce la naturaleza del espectáculo. Katt Shea y Emerald Fennell llevaron a Poison Ivy, con Drew Barrymore y a Saltburn con Barry Keoghan hasta los límites febriles de la clase B y consiguieron que su erotismo, su perversidad y su absurdo formaran parte de una misma intoxicación. Michael Showalter, quien había dirigido a Hathaway con mayor vitalidad en The Idea of You, mantiene aquí un tono grave que asfixia el placer culpable. La película teme abrazar el camp y carece de la convicción necesaria para convertirse en un thriller serio.

Las escenas sexuales apenas generan temperatura, los sobresaltos llegan acompañados por oportunos truenos y algunos personajes, incluida la enfermera Anna (Irina Dvorovenko), desaparecen cuando el guion deja de necesitarlos. La aparición de nuevos textos y explicaciones pretende construir una reflexión sobre la verdad, pero la ambigüedad termina pareciendo indecisión. El tercer acto se descose bajo el peso de sus revelaciones forzadas, coincidencias improbables y respuestas a las preguntas que la película confunde con profundidad.

Verity recuerda los thrillers eróticos de los años ochenta y noventa que imitaban las superficies del noir sin comprender su energía predatoria. Tiene una casa costosa, cuerpos atractivos, secretos familiares, sangre en los labios y hasta marcas de dientes en la cabecera de una cama, pero carece de auténtico apetito. Una buena película de mal gusto habría mordido con fuerza. Esta apenas deja la impresión de una dentadura postiza.

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“Muerte a los ingleses” dice una de las inscripciones que en los últimos días aparecieron sobre el mural inaugurado el 15 de noviembre pasado, en el barrio de Núñez, para celebrar los conciertos que Oasis dio aquel fin de semana en el estadio de River. El autor de la obra fue el artista conocido como Sketch (Benjamin Rock, con larga trayectoria en murales de temática musical), que viajó especialmente desde Manchester para realizar el mural y asistir a los conciertos.

Días atrás, el mural, que representaba a los hermanos Liam y Noel Gallagher y el estadio de River, entre otros detalles, apareció casi completamente cubierto con pintadas. “Muerte a los ingleses”, “Aguante José Larralde” y “Chupala Oasis” se lee hoy en la pared que linda con un pasaje de acceso a la estación Núñez del Ferrocarril Mitre, a pasos de la calle Crisólogo Larralde al 1900.

Vandalizan con consignas antibritánicas un mural de Oasis en Buenos Aires
El mural original, al momento de su inauguración, en noviembre pasado

“Cuando vi las escenas del concierto en Argentina en 2009 me dije que, si alguna vez Oasis se reunía, tenía que verlos allá”, le dijo Sketch a Rolling Stone la mañana de la inauguración del mural, a pocas horas del primer concierto de la banda ese fin de semana. “Así que, en cuanto salieron a la venta, compré las entradas para estas fechas”.

Pintadas sobre el mural, a casi un año de su inaguración

Ahora los últimos días, casi un año después de su inauguración, el mural había permanecido impecable. Entre su realización (celebrada en una auténtica fiesta callejera que unió a fans argentinos e ingleses) y el reciente ataque, las circunstancias en torno del partido Argentina 2-Inglaterra 1 en julio, en el Mundial de Fútbol, y la bandera con la consigna Las Malvinas son argentinas exhibida por los jugadores, derivaron en un cambio de clima de consecuencias tan imprevisibles como la repentina y desconcertante transformación en la estrategia diplomática y discursiva del gobierno nacional.

Al momento del acto inaugural, Benjamin contó también a Rolling Stone que primero compró sus tickets y solo más tarde se le ocurrió darle al viaje otro propósito, haciendo un mural “conmemorativo” en Buenos Aires. Contactó entonces, a través de las redes sociales, a colegas en esta ciudad, que lo ayudaron en todo, desde la búsqueda de una locación, los permisos, hasta el diseño y la concreción de la obra. Uno de esos contactos locales fue Tin, el artista que se hizo conocido por haberle entregado un retrato de su autoría a Dave Grohl en Lollapalooza 2022. Recién después de semanas de comunicaciones y logística, Sketch y sus nuevos amigos porteños se vieron por primera vez las caras.

El mural colectivo incluyó, por supuesto, retratos de Liam y Noel Gallagher, flanqueando a un Monumental rodeado de jacarandás y bajo un cielo muy argentino, aunque con bandas al estilo de la bandera inglesa, Richard Ashcroft (músico soporte en aquellas presentaciones), fans con camisetas argentinas, el Papa Francisco, Maradona y Messi, mientras que en un carrito de golf se suma el resto de los músicos de Oasis.

Fans de Oasis en la inauguración del mural, el 15 de noviembre de 2025

Sketch llegó a Buenos Aires apenas dos días atrás y en ese lapso completó la obra. La inauguración del 15 de noviembre fue toda una fiesta con fans de Oasis, covers de la banda y cerveza.

“He recibido cientos de mensajes hermosos de gente de todo el mundo expresando su amor y su apoyo a nuestro mural. Seguirá por siempre en nuestros corazones”, escribió Sketch en sus redes sociales -junto con una foto que lo muestra con la camiseta de la Selección Argentina de Fútbol-, luego de enterarse de lo ocurrido con su obra en Buenos Aires.

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