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Si alguien quisiera entender quién es Aria Vega, probablemente tendría que empezar en su hogar, en su tierra, en Barranquilla. Si llegara una persona a visitarla ella la llevaría a su casa, al patio, a comer un sancocho de guandú preparado por su mamá y servido en totumas. Habría abanicos para sobrellevar el calor y una conversación sin demasiados protocolos. “Hablaríamos de cualquier cosa”, dice entre risas.

Quizá ahí también sería posible escuchar algunos de los sonidos que quedaron guardados en su memoria mucho antes de que pensara en dedicarse profesionalmente a la música. El ventilador —o el “abanico”, como lo llama ella— y el movimiento de una mecedora al ir hacia atrás son dos de los primeros que recuerda de su infancia. Son pequeños detalles, aparentemente cotidianos, que todavía tienen la capacidad de transportarla.

La música llegó igualmente desde casa. Su abuelo, a quien describe como un melómano, fue quien terminó por enamorarla de ella. Porros sabaneros, boleros, salsa y vallenato formaron parte de sus primeras escuchas, mientras la música folclórica aparecía de manera casi natural alrededor suyo. Incluso antes de nacer: su madre bailó la danza del garabato mientras estaba embarazada de ella. “Es algo que está muy intrínseco en mi ADN musical”, asegura.

Aria Vega: “Mi legado es ser portadora de mi cultura”
Cortesía

Años después, esa relación con el Caribe dejaría de ser solamente un punto de origen para convertirse también en una manera de entender su propio proyecto. Aria recuerda Costeñita, su colaboración con DEKKO, como una de las canciones en las que reconoció algo diferente en sí misma. Ya había experimentado otros descubrimientos creativos en proyectos anteriores, pero ahí ocurrió algo particular: una mujer costeña cantándole a otras mujeres costeñas, desde la Costa Caribe colombiana y viviendo todavía dentro de ella. “Algo conectó”, recuerda. “Hubo como un descubrimiento mágico ahí”.

De ese descubrimiento surgiría con el tiempo un universo mucho más amplio. Aria lo resume hoy en dos palabras: Costeñita Core. No se trata solamente de una estética. En su música aparecen los paisajes de la costa, su jerga, la tambora, el alegre, el llamador y la gaita, pero también una forma particular de relacionarse con el lugar del que viene.

Ese universo coincide ahora con uno de los momentos más agitados de su carrera. Sin embargo, cuando se le pregunta qué ha aprendido a soltar conforme las cosas avanzan, responde justo lo contrario: siente que este no es el momento para aflojar. “Siento una responsabilidad muy grande por romper, por cumplirme a mí misma y por cumplir mis sueños”, explica. La industria musical, dice, es demasiado impredecible para asumir que existe una fórmula y, si algo ha aprendido, es la importancia del timing. “Si este es mi momento, gloria a Dios, vamos para adelante y vamos a disfrutarlo”.

En medio de esa aceleración llegó también su primera nominación al Latin Grammy. Para Aria, sin embargo, el reconocimiento rebasa la idea de un logro unicamente suyo. Ella se graduó de la universidad durante la pandemia: su nombre fue leído entre una lista de cientos de personas mientras estaba en pijama frente a una pantalla. Por eso le causa gracia que ahora le hayan descrito un Grammy como otra especie de graduación.

Esta vez la sensación es distinta. “Es algo con lo que yo he soñado, con lo que mi familia ha soñado, con lo que mi fanbase ha soñado, con lo que mis amigos han soñado”, cuenta. “Es un sueño de todos”.

La nominación no parece haberle quitado el amor a la manera en la que observa su carrera. Más bien ocurrió lo contrario. Aunque sabe que detrás de la música existe también una industria con una parte mucho menos idealizada, Aria parece decidida a no permitir que esa realidad ocupe demasiado espacio en su cabeza.

“Soy una artista muy, muy, muy enamorada del arte”, afirma. Y después resume su postura con una frase sencilla: “Yo me dedico a soñar”.

Ese interés por crear tampoco termina cuando acaba una canción. Durante un tiempo, Aria intentó explicar a otras personas cómo imaginaba las portadas de sus lanzamientos, hasta darse cuenta de que el resultado nunca terminaba de coincidir con la imagen que tenía en la cabeza. La solución fue empezar a hacerlas ella misma.

La decisión le añadió otra tarea a una agenda que cada vez permite menos tiempo, pero también le dio control sobre una parte esencial de su lenguaje. Sus portadas mezclan acuarelas, óleo, papeles y técnicas artesanales dentro de composiciones cercanas al mixed media. Son extensiones visuales de las canciones, piezas en las que intenta conseguir que sonido e imagen pertenezcan al mismo universo, “esta es la voz, así suena. Esta es la música, así suena. Así se ve. Así se hizo”, explica.

Cover

Esa inquietud ayuda también a entender por qué Costeñita Core comienza a escapar de los límites de una canción. Aria piensa en música, pero también en imágenes, videos, moda y cualquier otro lenguaje que le permita construir alrededor de ella. Entre los proyectos que tiene frente a sí aparece un álbum para el que ya acumula más de 30 canciones, aunque sabe que eventualmente tendrá que escoger cuáles serán las que cuenten la historia completa.

También piensa en su dimensión visual. La dirección de videos, la realización audiovisual y la conceptualización del disco le interesan tanto como las propias canciones. En ese proceso aparece una referencia que parece especialmente reveladora: el realismo mágico.

Aria creció leyendo a Gabriel García Márquez y ahora se pregunta cuál sería su propia versión de ese concepto. “Mi música siempre ha tratado de eso, mi mundo estético también ha tratado de eso y de cuál es el realismo mágico de Aria Vega y no de Gabriel García Márquez”.

Quizá por eso, verla en espacios vinculados con la moda no resulta ajeno a su trabajo musical. Recientemente, la colombiana estuvo presente en la Semana de la Moda de Madrid, donde cantó durante uno de los desfiles. Es otro escenario al que puede trasladar ese universo que comenzó a construir desde Barranquilla.

Para Aria, la palabra que aparece al pensar en ese recorrido no es éxito, sino legado.

“Mi legado es ser portadora de mi cultura”, dice, “y poder llevar esa cultura a todos estos diferentes espacios a través de diferentes expresiones de arte y llevar una conversación cultural”.

En algún sentido, el viaje vuelve al mismo lugar en el que empezó: una casa en Barranquilla, el sonido del abanico, una mecedora, la música de su abuelo y todo aquello que parecía cotidiano antes de convertirse en materia creativa. Solo que ahora Aria Vega intenta averiguar hasta dónde puede llevarlo.

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Desde una habitación en Bogotá hasta los grandes escenarios de la electrónica global, Funk Tribu ha construido una carrera marcada por la evolución. El productor colombiano, radicado en Berlín, ha pasado de hacer música prácticamente en solitario frente a un computador a encabezar escenarios internacionales, trabajar junto a productores que admira y desarrollar una propuesta que cada vez entiende menos como una colección de tracks y más como un universo artístico.

Su más reciente EP, LIFE, representa precisamente ese nuevo momento. El proyecto incorpora una dimensión cinematográfica y audiovisual que amplía el lenguaje de su música, con videoclips, dirección de arte y diseño gráfico como partes fundamentales de una misma idea. Al mismo tiempo, Funk Tribu continúa explorando el futuro de la electrónica a través de Tribe, el sello que creó en 2025 para acompañar a nuevos talentos.

En conversación con Rolling Stone en Español, habla sobre su evolución como productor, la importancia de seguir aprendiendo, la relación que mantiene con Colombia, el proceso detrás de LIFE, su trabajo como director de sello y la manera en que imagina la electrónica de cara a 2030.

De producir en una habitación en Bogotá a estar frente a grandes escenarios internacionales, ¿qué sientes que ha cambiado más en Funk Tribu y qué permanece intacto?

Lo más obvio y lo principal sería el tamaño de los shows y el tamaño en el que me he venido desarrollando. Afortunadamente, cada año tengo la oportunidad de tocar en escenarios más grandes, llegar a mucha más gente y realizar shows mucho más masivos.

También siento que mi proyecto musical ha evolucionado. La música que hacía hace dos o tres años suena diferente a la música que estoy haciendo ahora mismo. Me ha madurado un poco en ese sentido. Ahora me gusta mucho crear conceptos, crear todo un universo alrededor de un grupo de tracks o alrededor de un track, y no pensarlo tanto como sacar una canción solo por sacarla.

Lo que sigue igual, lo que nunca ha cambiado, es mi amor por la música, la pasión por la que lo hago y la razón por la que lo hago. Cómo me siento al estar en un escenario y cómo me siento al estar en un estudio. Todo eso sigue siendo igual.

También ha cambiado tu experiencia como productor. ¿Cómo ha sido pasar de trabajar prácticamente solo con tu computador a tener más herramientas y experiencia detrás?

De hecho, eso siento que no ha cambiado tanto. La mayoría de mi música sigo haciéndola en una habitación aquí en Berlín, donde tengo mi computador, un teclado, mis audífonos y ya. No necesito mucho más que eso para poder hacer música.

Sin embargo, sí siento que la fórmula con la que me acerco a hacer música y las técnicas que utilizo ahora son muy diferentes. Me he profesionalizado y pulido mucho más.

He tenido la oportunidad de trabajar con artistas que, como productores, respeto mucho, como Boys Noize, y eso me ha permitido aprender muchas cosas sobre qué puedo hacer para sonar mejor.

¿Hay alguna enseñanza de esos procesos que haya cambiado tu manera de producir?

Ser más intencional con las decisiones que tomo y no utilizar cosas solo porque veo que alguien más las utiliza. Aprender cómo funcionan estas cosas, leer los manuales… Es algo que hacía antes, pero ahora lo hago muchísimo más.

Leo los manuales de las cosas y uno se da cuenta de que puede aprender muchísimo de ahí. Es empaparme mucho más de toda esa información que está ahí, pero que a veces el tiempo pasa por encima y uno no aprovecha.

Con LIFE estás entrando en un nuevo capítulo para Funk Tribu. ¿Qué querías explorar con este EP que no habías podido hacer antes?

Principalmente, tener la oportunidad de crear un universo completo alrededor de tres tracks, bueno, cuatro en este caso. Fue algo que empecé a hacer con este proyecto y siento que no va a ser la última vez.

Ahora en adelante esa es la intención y cómo me gustaría manejar la mayoría de mis lanzamientos.

Fue genial porque tuve la oportunidad de trabajar con una productora de video para los videoclips, también con directores de arte y diseñadores gráficos. Tuvimos muchas reuniones. Me encantó trabajar de esa manera porque me abrió mucho la ambición y la cantidad de arte que siento que le puedo poner a un proyecto.

Eso nos ha llevado a pensar en cosas mucho más grandes para el próximo año.

¿Qué encontraste trabajando con personas de otras disciplinas?

Me encanta trabajar con creativos porque aprendes mucho de ellos. Yo no voy a aprender lo mismo de alguien que hace música que de alguien que se dedica a diseñar, hacer videos, escribir guiones o cualquier otra cosa.

Siento que todos tienen una visión muy específica y diferente de cómo vivir esto que es el arte, que es un aspecto gigante.

Si tuvieras que describir el lenguaje que estás manejando ahora, ¿cómo lo definirías?

Para este proyecto siento que manejo un concepto un poco más cinematográfico, mucho más elaborado. En los videos te puedes dar cuenta de que tuvo un trabajo gigante de producción, rodaje y edición.

En cuanto a la música, me enfoqué mucho en que los tres tracks fueran muy atmosféricos y tuvieran muchos breaks. No están tan enfocados en el club. Estamos más enfocados en los escenarios grandes, y también pensados quizás para televisión, proyectos y cosas así.

Es un formato grande.

Hay una canción que incluso terminó definiendo el proyecto. ¿Qué significa LIFE para ti?

Es curioso porque el track se llama ‘LIFE’, literalmente ese es el nombre. En realidad, ese fue el track por el que el proyecto nació.

Luego, a medida que fui haciendo los otros tracks, pensé: “No, este track ya no siento que haga parte del EP”. No sentía que encajara muy bien con el resto, así que lo dejé por fuera durante un tiempo.

Cuando tenía los tres tracks listos, sentí que hacía falta algo. Me gustaría tener un bonus track, algo que de verdad terminara de poner todo en conjunto. Y escogí ese.

A día de hoy es mi track favorito y representa completamente, a nivel artístico y de producción, hacia dónde quiero apuntar.

Colombia sigue siendo una parte importante de tu historia. ¿Hay algo de Colombia que todavía entre en tu música?

Durante un tiempo exploré elementos andinos, entre ‘Viento’ y otras cosas, utilizando flautas y esta clase de elementos para hacer un track.

Pero siento que ya es algo que exploré un poco. Me gustaría quizás en un futuro explorarlo de nuevo, pero ahora mismo estoy tratando de encontrar inspiración y nuevas ideas en sonidos diferentes.

En 2025 creaste Tribe, tu propio sello. ¿Qué querías construir con él?

Quería darle una plataforma a los artistas nuevos y a mí, o a cualquier otra persona a la que le guste ser parte del sello, para sacar su música.

Manejar un sello es un trabajo muy difícil y soy muy afortunado de contar con Ricarda y John, que son las otras dos personas que trabajan conmigo. Los tres trabajamos en el sello todos los días y cada uno se encarga de diferentes partes.

Ahora mismo, de lo que yo me encargo más que todo es de buscar nuevos talentos, nueva música y artistas emergentes.

¿Qué has descubierto buscando y escuchando a tantos artistas nuevos?

Es difícil porque cuando estoy buscando música tengo que dividirlo en dos fases. Hay una parte de mí que también fue un artista pequeño y me gustaría ayudar a todas las personas y poder hacer de todos un artista grande.

Pero tengo que verlos desde un punto de vista objetivo, y eso es difícil. Por cada 100 tracks que escucho, quizá hay tres o cuatro buenos.

¿Qué diferencia quieres que tenga Tribe frente a simplemente publicar música en un sello?

Siento que nos esforzamos mucho en tener una identidad visual muy marcada y que, en cuanto al track, sea muy fuerte y tenga una identidad clara.

Eso marca la diferencia entre sacar un track en un sello que realmente le invierte tiempo y energía a esas cosas y sacar música simplemente porque sí.

Que te digan: “Me firmaron, me sacaron un track y ya”, pero no hay nada detrás. Eso es lo que queremos evitar.

Estamos acercándonos a 2030. ¿Cómo crees que será el futuro de la electrónica? ¿A qué suena 2030?

Es una muy buena pregunta. Siento que la electrónica se está haciendo cada vez más popular. Al punto en el que muchos artistas mainstream del pop están empezando a mirar hacia esta dirección y a hacer colaboraciones electrónicas, desde lo más mainstream hasta lo más underground.

Siento que para 2030 va a llegar un punto en el que quizás sea un género que esté compitiendo con el hip-hop o con el pop. Me encantaría, la verdad, porque eso les daría a muchos artistas y a muchos shows la posibilidad de hacer cosas increíbles.

Y siento que vamos a empezar a fusionarlo todo. Todo va a empezar a mezclarse con todo y van a nacer nuevos géneros, nuevos artistas. Me emociona mucho.

Después de todo lo que ha pasado con Funk Tribu en estos últimos años, ¿qué te sigue emocionando? ¿Qué te da curiosidad por explorar?

Creo que hay dos cosas, quizá tres, pero hay dos grandes que tengo ahora mismo en mi cabeza.

Primero, me encanta la música y siento que cada año que pasa voy descubriendo nuevas cosas dependiendo de cómo estoy viviendo y de cómo estoy entendiendo la música.

Y la segunda es un poco más mental: apuntar qué tan lejos puedo llegar con mi música y con todo este trabajo que estoy haciendo.

No sé si prefiero intentar llegar tan lejos como me sea posible.

¿Y qué viene ahora?

Este año, desafortunadamente, no voy a poder tocar en Bogotá. Hay muchas personas que me lo han estado preguntando y diciendo, pero es por una buena razón.

Se vienen cosas.

La entrevista parte directamente de las respuestas del audio/transcripción y mantiene sus ideas centrales sobre LIFE, su proceso de producción, Tribe, Colombia y el futuro de la electrónica.

También corregí y limpié las partes de la transcripción que evidentemente vienen de errores del reconocimiento automático, sin agregar información que no aparezca en la conversación.

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BB ASUL es una de las voces más interesantes de la escena argentina actual. En 2023 lanzó PURA, su primer álbum de estudio, definido por ella misma como “música triste para chicas lindas”. Aquel trabajo exploraba la vulnerabilidad, el desamor y las contradicciones de crecer bajo determinadas expectativas, mientras construía una identidad propia dentro de la escena. Casi tres años después, la cantante argentina regresa con Miss Universo, un disco que parte de una transformación personal y artística. 

El proceso de exploración que atravesó durante ese tiempo también modificó su manera de entender la música: junto al productor Dante Saulino, se alejó de algunas de las coordenadas de su trabajo anterior para adentrarse en sonidos como el grunge, el nu metal, el rock y el pop. El resultado es un álbum que convierte la diferencia en identidad y aquello que alguna vez pudo ser señalado como un defecto en una forma de resistencia.

Sobre ese proceso, la evolución entre ambos discos y la construcción de Miss Universo, BB ASUL conversó con Rolling Stone en Español.

BB ASUL presenta Miss Universo, una carta de amor para quienes sintieron que no encajaban
Cortesía

Vienes de lanzar Miss Universo, tu álbum más reciente. ¿Cómo te sientes con este proyecto? ¿Cómo has percibido la recepción del público?

Fue todo alegría, la verdad. Fue increíble porque fue un disco que peleé mucho por hacer. En el medio del disco cambiamos de equipo; pasaron muchas cosas, así que ver cómo todo este esfuerzo, toda esta convicción y esta idea de que el disco es lo que tiene que ser se vea representado en la recepción del público fue hermoso. La verdad es que me sentí súper acompañada, súper apoyada. La gente lo escuchó un montón y lo sigue escuchando un montón. Es una bendición. Estoy re contenta.

Más adelante te preguntaré unas cositas del disco que me llamaron la atención, pero antes me gustaría ir un poco atrás en tu carrera, comenzando por tus inicios. Me gustaría saber cómo fueron esos primeros acercamientos a la música y cuáles son esos artistas con los que creciste y que te inspiraron a hacer música.

Lo que pasa es que en mi vida no hubo un “acercamiento a la música” porque nací en una casa llena de música y de músicos. Toda mi familia es de músicos. Mi papá me tocaba el violín cuando estaba en la panza de mi mamá. No me tuve que acercar porque ya estaba ahí [Risas]. La música para mí siempre fue todo, realmente.

De chica escuché mucho a Björk, Amy Winehouse, Slipknot, Deftones, Hayley Williams. A mucha gente. Siento que siempre me gustaron mucho las mujeres locas y los tipos medio tristes, y con eso me fui armando mi árbol genealógico musical. Después se fueron sumando muchas cosas. En mi casa se escuchaban mucho los Beatles, Pink Floyd o Queen. Más los clásicos.

¿Tu papá (Alejandro Terán) te enseñó a tocar algún instrumento? ¿Él era músico de algún género en específico?

No, él es violinista, violista y arreglador de cuerdas. Cuando alguien hace un disco, se lo manda para que le agregue cuerdas. Y no, no en un género específico. Se suele mover dentro del rock, pero ha pasado por todo. Tiene su orquesta y su cuarteto de cuerdas en el que tocan desde Cerati hasta Mozart. Está todo.

Mi papá no me enseñó a tocar ningún instrumento. Mi papá me enseñó que la música era lo mejor que te podía pasar en la vida y que no había otro camino para existir, con lo cual hoy estoy de acuerdo. De niña hice más búsquedas a ver si había otra cosa que me movilizara y la verdad es que no. Fui a un colegio de música desde muy chiquita. Fui a un conservatorio. Empecé a los 5, después fui a una escuela de arte y después en la secundaria fui a una escuela de música que a la mañana era colegio común y a la tarde era de música. Ahí aprendí a tocar piano y violín, pero el violín nunca me salió.

Muchas veces la inspiración de los músicos no solo viene de la música como tal, sino de otras disciplinas, como pueden ser el cine o la literatura. ¿Sientes que ese es tu caso?

Sí, recontra. Todo lo que uno consume al final del día te va nutriendo el cerebro. Por eso hay que consumir cosas que estén buenas, porque después si estuviste todo el día viendo cosas que son muy basura, no te sale nada. Es importante buscar.

En tu caso, ¿qué películas veías o qué libros leías que sientes que influyeron en tu forma de entender el arte?

Mis películas de niña eran las de Tim Burton. El extraño mundo de Jack, El joven manos de tijeras, El cadáver de la novia. Incluso el otro día volví a ver Charlie y la fábrica de chocolate. Son todas pelis que tenían mucha chispa, gracia y estética. Era todo muy bello y muy hermoso.

Sofía Coppola me encanta. Siempre me gustó mucho. Y en mi país hay una artista que no solo hace canciones, sino que también escribió libros, que se llama Rosario Bléfari, que me vuelve loca la forma en que escribe. Soy muy fan y creo que ella está en el ADN de mi música.

Pasando a tu evolución como artista, desde tu debut en 2021 hasta ahora, se siente una evolución en las letras y los sonidos que exploras en tu propuesta. ¿Cómo has ido construyendo y reforzando tu propuesta artística a lo largo de todos estos años?

Me pasó que al principio entré con lo que se me ocurría, con lo que podía, con lo que salía, porque era sin presupuesto y sin equipo. Rápidamente igual nos conocimos con mi manager, pero al principio era así, medio paracaidista, viendo qué onda, impulsada solo por las ganas de hacerlo y ya, no tanto pensando en trabajar de eso.

Después fui aprendiendo mucho. Uno va conociendo colegas que le enseñan un montón. Yo me puse a componer para otras personas también, para proyectos más grandes que el mío en el sentido comercial de la palabra, y ahí también aprendí mucho de cómo se maneja todo: qué cosas se piensan antes de un disco o cómo se organiza. Uno va aprendiendo.

Hay cosas que uno toma y cosas que también siguen siendo improvisación, en definitiva, porque hay algo lindo en eso también. Pero me parece que la única manera de hacer las cosas bien es hacerlas con otra gente: con gente que sabe cosas que vos no sabés, e ir buscando y aprendiendo.

¿Cómo es que todo ese recorrido termina en un disco como Miss Universo, que está atravesado por temas como la nostalgia y que describes como un proyecto dedicado a “los raros, los deformes, los feos”?

Creo que dentro de eso también hay algo contextual del mundo. Empezó a pasar que veía una estandarización muy marcada para con las mujeres. Todas tenemos que vernos igual, cantar sobre lo mismo, tener la misma ropa, el mismo cuerpo, el mismo pelo, el mismo todo, no opinar de nada, callarse, hablar bajito y no molestar. Me empezó a molestar mucho eso y como el hecho de que no podía hablar de otra cosa. Lo vi mucho en la industria de la música y lo vi afuera también. No es solo una cosa de la música. Así que nada, era de lo único que podía hablar, no podía hablar de otra cosa.

Cortesía

Ahora que introduces el acto de tomar partido desde el arte, tú estás muy comprometida con la lucha social en Argentina, que ahora mismo no está viviendo el mejor momento a nivel social que digamos…

El peor. Desde que yo estoy viva, el peor.

¿Cómo te sientes al respecto?

Es muy angustiante. Argentina es un país hermoso, lleno de gente hermosa y con una cultura increíble. Lo que pasa es que hay gente que viene a querérsela robar y sacarle a las personas lo que es suyo. Eso es muy angustiante porque tienen muy buenos mecanismos de convencimiento y finalmente mucha gente va a votar en contra de sí misma, y se ven las consecuencias muy rápido.

Este gobierno, es su primer mandato, está hace menos de 4 años, y el país se destruyó. Culturalmente no hubo más presupuesto para nada. Socialmente está todo muy dividido. Económicamente todo el mundo está endeudado. A mí me angustia mucho y espero, creo, que hay solución. Todavía no sé exactamente por dónde va a ser [Risas], pero espero que la haya porque es un país que vale mucho la pena cuidar y querer porque es hermoso.

¿Qué papel crees que juega el arte para combatir este auge de movimientos que buscan desfinanciar las artes y la cultura?

Yo creo que el arte tiene la capacidad de hacerte sentir un poco menos solo. Está muy solitaria la vida, ¿viste? Últimamente. Con el trabajo remoto y con la cantidad de trabajo que hay que hacer para vivir bien. Los departamentos cada vez más chicos. Está todo muy hecho para la individualidad. De repente la música puede hacerte encontrarte con otros, en un recital, porque alguien tiene una remera de la misma banda que vos. Eso por un lado.

Por otro lado, creo que la música puede llegar a sembrar una pequeña semilla de rebeldía en el mejor de los casos. Obviamente no reemplaza ninguna política pública ni nada, eso desde ya. Los artistas no reemplazan a los políticos y no tienen esa responsabilidad tampoco, pero sí creo que se puede empezar a decir “che, mirá que esto está bastante mal”, y que alguien que quizás todavía no se dio cuenta diga “ah, buenísimo, me voy a quejar al respecto” [Risas].

Regresando al disco, me gustaron mucho las letras. ¿Cómo fue tu aproximación a la composición para este proyecto?

Siempre me pasa un poco lo mismo, que es que voy escribiendo —en mi celular o en algún cuadernito que tenga— lo que me va bajando, sin mucha ley y sin mucha norma. Se me ocurre algo, lo escribo y ya está.

Después me siento en el estudio, organizo y armo. Quizás de una frase armo una canción entera; quizás eran cinco frases y las voy acomodando. Voy viendo. Encuentro que están hablando más o menos de lo mismo. A veces digo “quiero escribir una canción sobre este tema” y voy viendo qué se me ocurre.

En general, forzarme no me sirve demasiado; como que no termino haciendo cosas especialmente buenas cuando me fuerzo. Así que tiene que salir un poco más natural. Han salido canciones enteras yéndome a dormir, tipo, que se me vinieron a la cabeza enteras y las grabé, y otras tomaron más tiempo. Hay algunas que tienen muchas partes, entonces de repente dependía mucho de la música para seguir componiendo la letra. Fue un proceso largo. Fueron como dos años, así que hubo muchas cosas distintas.

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Ahora que hablas de la parte musical, este disco fue producido por Dante Saulino. ¿Cómo fue trabajar con él en estos dos años que me comentas?

La verdad es que fue hermoso. Dante es un chico muy especial para mí. Con mis amigas siempre decimos que cuando vos sos mujer y vas a un estudio con un varón, te explican mucho cómo hacer tus propias cosas: te explican por qué la música que te gusta te gusta, qué debería gustarte, qué no, qué deberías hacer, qué no. Un montón de cosas, ¿viste? Como que a veces es muy difícil.

Él no. Él es alguien que te escucha y respeta tu opinión, y si algo a vos no te gusta y a él sí, no va. Te respeta mucho. Es una persona con la que trabajar es muy placentero; es gracioso; nos reímos mucho; nos pasamos tardes haciendo chistes y a veces trabajando poco, a veces trabajando toda la tarde re concentrados.

Me parece un chico supertalentoso. Sabe todo de referencias. Le hablás de un disco y sabe todos los detalles. Es como un ñoño total de las cosas técnicas y de audio, así que logra los audios que le pedís, que eso es genial porque yo le decía “me gusta este tema de Deftones, me gusta cómo suena por esto y esto”, y él me decía “bueno, entonces para eso hay que usar este coso”. Como muy prolijo con todo eso.

Después, también es alguien con quien, como somos amigos y nos divertimos, nos permitimos jugar y buscar cosas, y de repente, cosas que no quedaron y que no funcionaban, y cosas que, de repente, en el juego, que quizás no tenían tanto sentido, aparecieron algo que estaba buenísimo, así que la pasé muy bien. Mi próximo disco lo quiero hacer con él también.

‘Caníbal’ es el primer tema del disco. ¿Por qué empezar justo con ese tema? En la intro se escucha la voz de una persona, ¿quién es?

Él es Carca. Toca en Babasónicos, que es una banda muy emblemática de mi país. Carca es una persona hermosísima. Un tipo muy inteligente, muy sensible, muy hermoso. Casualmente, su debut como solista, del 94, se llama Miss Universo. Nos dimos cuenta de eso y fue como, bueno, él tiene que abrir el disco definitivamente.

Me gusta ‘Canibal’ para empezar, primero porque arranca lento y se va acelerando, y segundo, porque presenta a un personaje que está completamente roto, paranoico y medio en las últimas [Risas]. Me gustaba empezar a contar todo el disco desde ahí.

El disco cuenta con varias colaboraciones: Massacre, Taichu y Lali. ¿Qué sientes que aportan a la idea que tenías del disco?

Massacre es una banda de rock súper emblemática de mi país, y me encantaba la idea de que ‘Ajedez’, que es una canción que para mí sonaba mucho a ellos, tuviera el audio real de una banda de rock, ¿viste? De Massacre, que tiene como un audio muy específico y que es muy bárbaro. No sé, me encantaba el cruce como de un artista más nuevo —y más popero si querés— con ellos.

Con Taichu, me pasa que es una artista que simplemente me encanta. La escucho y me gusta muchísimo su música y su manera de interpretar; su vocecita suavecita en el micrófono, o sea, todo es muy hermoso. Soy muy fan de ella y creo que, para ese tema, que era el más  “sexy-hot” del disco, ella tiene una manera de ser sexy muy especial. No es como la típica, la de todos. Me gustaba que estuviera.

Lali fue mi inspiración total para el disco. Obviamente, a nivel de audio hay otras, pero ella fue alguien que me inspiró a animarme y, en general, me inspiró de muchas maneras a lo largo de la vida. La veo y la consumo desde hace muchos años. La admiro mucho y mi sueño era que estuviera, porque ella fue una de las personas que hicieron posible que este disco existiera.

Era muy importante para mí que ella forme parte de alguna manera. Por suerte fue haciendo un tema que encima que le quedó bárbaro, le queda buenísimo y la rompe. La llevás al estudio y en un segundo la rompe toda, en el videoclip lo mismo.

Son tres proyectos que admiro muchísimo, realmente. Es gente que escucho en mi casa. Es una fantasía para mí.

El álbum cierra con ‘Invencibles’. ¿Por qué todo el viaje que construyes termina en esa canción?

Esta es una canción que escribí para mis amigos porque una vez nos fuimos a la playa todos juntos y había una luna roja que yo no vi porque me quedé teniendo un ataque de pánico en la casa. Y hay algo de mi disco anterior, PURA, que se repite acá, y es que la última canción es para mis amigos.

Los amigos son la única parte de la vida que no se discute. Creo que eso es algo absoluto para mí. Como que te salvan todo. Son la parte más importante, en definitiva, y está esta cosa de “entre amigos somos invencibles”.

Está duro el mundo, está rarísimo, está difícil para todos, y entre amigos es la única manera de sobrevivir, me parece. Así que siempre me gusta recordar que es todo por y para ellos.

¿Qué te gustaría que sintiera el público después de escuchar el disco? ¿Qué querías provocar en quienes lo escucharan?

Me gustaría que sea eso que dije: un lugar de contención para los raros, para la gente que no es… Cuando digo “feos” y “feas”, me refiero a una cosa más de rebeldía, de no ser lo que quieren que seas todo el tiempo. Me refiero a una cosa más para los raros, para la gente que no se siente cómoda en otros lugares. Tener un espacio de contención me parece que sería muy lindo, y que los shows sean un lugar de mucha energía, de divertirse, de saltar, de gritar, de descargar un poco la bronca también.

Con Miss Universo ya en circulación, BB ASUL tiene claro qué quiere hacer con el disco: tocarlo todo lo posible. Entre finales de septiembre y comienzos de octubre llevó sus nuevas canciones a España, con presentaciones el 30 de septiembre y el 1 de octubre en Barcelona, y el 5 de octubre en el Faro de Moncloa, en Madrid. Ahora, de regreso en Argentina, se prepara para continuar presentándose en distintos escenarios y festivales.

Más allá de los escenarios que vendrán, el disco representa para la artista un lugar que trasciende la música: un espacio para quienes alguna vez sintieron que no encajaban y una invitación a convertir esa diferencia en una forma de resistencia. Después de dos años de exploración, la artista encontró en sus canciones una manera de reivindicar a los “raros, las raras, lxs deformes” y ahora quiere llevar esa celebración al público en vivo.

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La subasta de un valioso archivo de grabaciones en vivo de Oasis, prevista para este fin de semana, ha sido suspendida en definitivo. La BBC describe el lote como una colección que incluye grabaciones de 63 conciertos en vivo y más de 100 horas de ensayos de los hermanos Gallagher y sus colaboradores durante la década de los noventa. Littleton Auctions, La casa de subastas inglesa, había valorado la colección entre 1,2 y 1,6 millones de libras esterlinas (entre 1,59 y 2,12 millones de dólares). La banda presentó una acción legal para detener la venta.

Huw Richards, el ingeniero de sonido que la banda empleó desde su inicio en 1994 hasta 2001, grabó el show. Su hijo, Owain, llevó las grabaciones a la subasta.

Owain le dijo a la BBC, “Es verdad que Oasis ha demandado a mi padre y a mí para intentar prevenir la subasta de las cintas grabadas por mi padre hace tantos años, hemos acordado en posponer la subasta [de las cintas] para que se pueda resolver la disputa legal por litigación o de manera ordenada”. Los representantes de Oasis no respondieron inmediatamente a la petición de ROLLING STONE para que comentaran al respecto.

Benjamin Homer, el gerente director de la casa de subastas declaró a ROLLING STONE que “Littleton Auctions siempre ha buscado que las ventas se lleven a cabo de manera profesional, transparente y responsable. Tras los procedimientos legales relacionados con un lote, las cintas de oasis han sido retiradas de la subasta… Dado que el asunto sigue siendo objeto de procedimientos legales en curso, no sería apropiado que hagamos más comentarios”.

Aunque las grabaciones no harán parte de la subasta planeada, Littleton continuará con la venta de fotografías inéditas de la banda, materiales de estudio, set lists, un abrigo de gira, instrumentos usados por ellos y otros.

En cuanto a las cintas, que se encuentran en un limbo legal, Owain Richards le contó a la BBC cómo su padre guardó las grabaciones durante los últimos 25 años. “Papá etiquetó todo, grabó todo e hizo copias de seguridad en casetes una y otra vez. Crecí escuchando estas grabaciones. Oasis eran parte de la familia al igual que fueron parte de la cultura”.

Entonces, ¿Qué esconde Oasis detrás de su intención de parar la venta de estas? ¿Qué podría ser tan vergonzoso que los Gallagher no querían que la gente lo escuche? Probablemente, son grabaciones de ellos intercambiando elogios, deseándose felices cumpleaños y ofreciendo consejos fraternales. El resto de lo que sucedió entre ellos ya está bien documentado y su reconciliación es el tema central de un nuevo documental. Por su puesto, quieren que las buenas vibras continúen cuando vuelvan a viajar el próximo año, así que, es posible que lo mejor sea que estas cintas no se escuchen.

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El 6 de octubre salió un teaser trailer para la nueva película de El exorcista: Mártires, dirigida por Mike Flanagan y protagonizada Scarlett Johansson. Saldrá al público el 12 marzo del 2027 en teatros norteamericanos, dos días antes de la edición 99 de los Premios Óscar. Esta es el primer proyecto del universo extendido del filme de 1973 desde que salió The Exorcist: Believer de 2023.

Flanagan ha tenido experiencia como director de Ouija: El origen del mal (2016), Doctor Sueño (2019) y series para Netflix como La maldición de Hill House (2018) y Misa de medianoche (2021). Este próximo proyecto continúa la tendencia dentro de su catálogo de explorar la naturaleza del mal desde el terror religioso.

A pesar de los numerosos intentos fallidos de revivir el horror que la original inculcó en audiencias hace 53 años, Flanagan afirmó que su versión es más un regreso a la esencia del horror de su inicio en vez de un reboot o remake de la visión de Friedkin. Promete que están haciendo “algo muy, muy diferente a lo que la gente espera”.
El exorcista: Mártires contará la historia de Julie Miller, el personaje de Johansson, una detective del departamento de policía de Nueva York y madre soltera con un hijo de 12 años llamado Max, el papel de Jacobi Jupe de Hamnet. John Leguizamo interpreta un asesino, “Father Sunday”, que es enfrentado por la detective por una serie de asesinatos que toman inspiración de las ejecuciones de cristianos por la antigua Roma. Este es ejecutado por el estado, pero algo sale mal. Según el reportaje, este detalle fue inspirado por el caso de la asesina estadounidense Crista Pike, cuya ejecución también presentó complicaciones. 

Mientras esto sucede, el padre William, interpretado por Chiwetel Ejiofor, un capellán de la prisión que estuvo en la ejecución del perpetrador, se encuentra en una crisis vocacional y de fe por lo que sucedió en aquella noche.

Laurence Fishburne actúa como otro padre con conocimiento de rituales ancestrales que entra en escena cuando la situación empeora y se pone en riesgo a la madre de la detective principal, interpretada por Diane Lane. En pocas palabras, los asesinatos continúan y Miller junto a Gina Resrtepo, su compañera interpretada por Sasha Calle, enfrentan el mal terrenal y sobrenatural.

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El plan para la narrativa es combinar los aspectos de thrillers como The Silence of the Lambs (1991) y la presencia de los demonios. Esta conexión es descrita por el director como “cuando se pone divertida [la historia] y saca la posesión de la habitación y el tormento parental hacia algo mucho, mucho más grande”.

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Treinta años después de su mítico MTV Unplugged, Los Tres atraviesan una nueva etapa con XCLNT, un álbum grabado en el Estudio 2 de Abbey Road bajo una filosofía minimalista y centrada en la interpretación de sus cuatro integrantes. En conversación con Rolling Stone en Español, Álvaro Henríquez recuerda la experiencia de grabar en uno de los estudios más emblemáticos de la música, habla sobre el origen de ‘INRI’ y su primera nominación a los Latin Grammy por el video de la canción, y reflexiona sobre el legado de aquel histórico concierto de 1995.

Para Álvaro Henríquez, la experiencia tuvo algo de irreal. “Estar en ese lugar es como el equivalente a un católico y al Vaticano”, dice. No es una comparación gratuita. En ese mismo espacio grabaron artistas que forman parte del imaginario musical de Los Tres, y el estudio está atravesado por una historia que se siente incluso cuando no se está pensando en ella. Henríquez recuerda mirar alrededor y caer en cuenta de que estaba en el mismo lugar donde había grabado David Bowie.

Pero XCLNT no nació para rendir tributo a la historia de Abbey Road. Más bien ocurrió lo contrario: el objetivo fue reducir todo a lo esencial. “Yo quería que se escuchara la música que hacemos los cuatro”, explica Henríquez. El resultado es un disco deliberadamente minimalista, construido alrededor de dos guitarras, bajo y batería, sin una acumulación de capas que pudiera esconder la naturaleza de la banda.

“Quería que la gente pudiera escuchar a Los Tres como cuarteto, como lo que somos, tocando casi en vivo”, cuenta.

La decisión también definió la manera de grabar. Los temas se registraron completos, sin detener las canciones a la mitad para después construirlas en edición. Los Tres hicieron pocas tomas. Dos habitualmente, tres o cuatro como máximo y eligieron entre interpretaciones completas. Tampoco hay fade outs: cada canción comienza y termina por decisión de los músicos.

Esa búsqueda por conservar la interpretación también está presente en la producción. Aunque el álbum fue grabado digitalmente, Henríquez recurrió a equipos y procesos asociados al sonido analógico, incluyendo una consola Harrison de 1979 y compresores de época. Más que perseguir una nostalgia tecnológica, la intención era conseguir que el registro conservara la sensación física de cuatro músicos tocando juntos. “Era como estar en los 60”, recuerda.

Los Tres: 30 años después, la música sigue siendo suficiente

La experiencia de Abbey Road, además, estuvo marcada por esos pequeños descubrimientos que aparecen cuando una banda entra a un lugar con semejante historia. Henríquez cuenta que cada día encontraba algo nuevo: desde instrumentos y espacios cargados de memoria hasta la posibilidad de tocar el piano de Lady Gaga o interpretar una cueca chilena dentro del estudio.

Todo eso terminó influyendo en la interpretación. “Fue muy bonito escucharla y decir: ‘Oye, weón, y esto lo hicimos los cuatro, nadie más’”, dice. Para Los Tres, esa frase resume buena parte del espíritu del álbum.

Una canción nacida de un crucifijo

Entre las canciones que atraviesan esta nueva etapa está ‘INRI’, una composición que nació de una historia familiar y de una imagen tan absurda como reveladora.

El padre de Henríquez fue juez y posteriormente ministro de la Corte Suprema de Justicia. Durante su trabajo recibía informes policiales de todo tipo. Un día le mostró a su hijo uno de esos documentos, en el que se detallaban los objetos robados en un delito: un televisor, una radio, un computador y un crucifijo.

Lo que llamó la atención de Henríquez fue un detalle inesperado: el crucifijo también tenía marca. “Crucifijo marca INRI”, decía el informe. La escena se quedó en su memoria. Décadas después, terminó convertida en canción.

‘INRI’ fue registrada prácticamente de una toma, de acuerdo con Henríquez, siguiendo esa misma filosofía que atraviesa el nuevo álbum: tocar primero, intervenir después lo menos posible.

La canción también terminó llevando a Los Tres a un territorio nuevo. Su video, realizado por Punkrobot, recibió una nominación a los Latin Grammy. Para Henríquez, el reconocimiento tiene un significado especial porque es la primera vez que la banda llega a estos premios. “Estamos muy emocionados y muy agradecidos con la nominación”, reconoce.

El trabajo audiovisual estuvo a cargo de una productora de animación chilena que también está detrás de obras reconocidas internacionalmente. Henríquez cuenta que la banda quería realizar tres videos distintos y que Punkrobot tuvo una amplia libertad creativa para desarrollar las propuestas. El resultado terminó ampliando el universo visual de ‘INRI’ sin quitarle protagonismo a la canción.

Treinta años después del Unplugged

Si XCLNT mira hacia adelante desde Abbey Road, el aniversario del MTV Unplugged obliga a Los Tres a mirar hacia atrás.

En 1995, la banda llegó al formato acústico de MTV después de haber ensayado intensamente. El resultado fue un concierto registrado prácticamente de principio a fin en una sola toma. Solo una canción tuvo que repetirse.

Para Henríquez, más allá del impacto que tendría posteriormente el álbum, aquella experiencia fue una confirmación: Los Tres podían sostener sus canciones únicamente con sus instrumentos y sus voces. “Eso quería decir que somos capaces de tocar bien, de manifestarnos con nuestro instrumento y con nuestras letras de buena forma”, recuerda. Tres décadas después, esa misma convicción parece seguir intacta.

La diferencia está en el contexto. En 1995, el Unplugged representaba una oportunidad inesperada para que una banda chilena pudiera llevar su música a una audiencia mucho más amplia. Henríquez recuerda haber pensado que aquello parecía una broma cuando les propusieron hacerlo. Después entendieron que era real y que tenían una oportunidad excepcional para que más gente conociera su música.

Ahora, en 2026, la historia tiene otra escala. Los Tres han vuelto a grabar un álbum con su formación original, esta vez en Abbey Road, y una de sus canciones compite en los Latin Grammy. Henríquez reconoce que nunca imaginó exactamente ese recorrido.

“No soy católico ni nada de eso, pero soy un hombre de fe”, dice. Cuando comenzaron Los Tres y llegaron las primeras grandes oportunidades, también sentía que todo podía ser una especie de broma. El Unplugged, por ejemplo, parecía demasiado bueno para ser verdad.

Treinta años después, aquella presentación se ha convertido en uno de los capítulos fundamentales de la historia de la banda. Y XCLNT parece demostrar que, pese al paso del tiempo, hay algo que Los Tres no necesitan cambiar. La música sigue estando en los cuatro músicos.

“Me siento muy orgulloso de ese disco y muy orgulloso y agradecido también de la respuesta que tuvo ese disco acá y que ha tenido siempre”, dice Henríquez sobre el Unplugged.

Quizás ahí está la conexión más profunda entre aquel álbum de 1995 y el nuevo trabajo grabado en Londres: la confianza en que una buena canción, interpretada por una banda que conoce sus instrumentos, puede sostenerse por sí misma. Tres décadas después, Los Tres siguen comprobándolo.

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“Es un buen tipo mi viejo”. Esa fue su carta de presentación. Con letra de José Tcherkaski, “Mi viejo” es una balada entrañable, con una base melódica que tiene rastros del soul, pero también de esas canciones melódicas del pop italiano de los 60. Una canción que marcó a varias generaciones y que se transformó tempranamente en un standard contemporáneo, con versiones de artistas como Iva Zanicchi (“Un uomo senza tempo”, en italiano), Leo Dan, Nicola Di Bari, Lucho Gatica, Vicente Fernández, Altemar Dutra, Los del Fuego, Yerba Brava y Leo Mattioli, entre muchísimos otros. Vendió 600 mil ejemplares al momento de su salida, en formato de single, regalo ineludible para aquel Día del Padre. Y fue, también, la punta de lanza de una carrera llena de canciones entrañables y comprometidas, que marcaron varias décadas y que forman parte del cancionero latinoamericano. Piero, que tenía 81 años, falleció este jueves 7 de octubre en el Hospital Italiano de Buenos Aires.

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Su familia confirmó la noticia a través de su cuenta de instagram: “Con profundo dolor, comunicamos el fallecimiento de nuestro querido Piero, a sus 81 años. ​Su voz, sus canciones y su mensaje de paz quedan para siempre con nosotros. Su luz va a seguir brillando en cada rincón donde su música siga llegado. Su familia y amigos, agradecemos los saludos. ​Buen viaje querido Piero”.    

Piero Antonio Franco De Benedictis nació en 1945 en Galipoli, en la región de Apulia, Italia. Su familia emigró a la Argentina cuando tenía tres años. Y para principios de los 70, Piero ya era una celebridad. Coprotagonizó el film El profesor patagónico, junto a Luis Sandrini, bajo la dirección de Fernando Ayala. 

Y con el correr de los discos, especialmente con la trilogía Pedro Nadie (1970), Coplas de mi país (1972) y Para el pueblo lo que es del pueblo (1974), se transformó en un actor político. Un cantor testimonial y comprometido, que encontró en el mencionado José Tcherkasky (periodista y poeta), un inseparable compañero compositivo. 

Asociados a la canción de protesta, Piero y José tenían la capacidad de lograr retratos sociales y construir pequeños relatos de proyección universal, muchas veces acompañado por la orquestación del gran Jorge López Ruiz. Canciones como “Valdemar, el brasilero” o “Los americanos” (junto al Cuarteto Zupay), formaron parte de ese repertorio seminal que influyó, por ejemplo, al panameño Rubén Blades.  

En Para el pueblo lo que es del pueblo (1974), colaboró con Marilina Ross (“Canción de cuna para despertar un hijo”), retrató las penurias de la vida urbana (“Así es la ciudad”) y versionó “Te recuerdo Amanda”,  del chileno Víctor Jara, que había sido asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile en septiembre del año anterior. 

Se exilió en 1976, luego del Golpe de Estado del 24 de marzo, y pasó en Vivió en Italia y España (cerca de Madrid, donde hizo trabajo rural), y mantuvo un fuerte vínculo con Colombia. Su álbum infantil, Sinfonía inconclusa en la mar (1975), es un álbum emblemático para varias generaciones de colombianos.

En 1981, ante el inminente final de la dictadura cívico-militar en un horizonte cercano, Piero planeó su regreso a la Argentina haciendo una escala previa en Uruguay.  Con varios músicos con los que  había entablado relación durante su exilio en España comenzó a darle forma a su nueva banda, Prema, entre ellos los guitarristas Amadeo Álvarez y Daniel Manzini. En el siguiente lustro, por Prema pasaron, entre otros, el pianista Babu Cerviño (integrante de Tantor), el baterista Juan Carlos “El Negro” Tordó (que había tocado en Raíces con el uruguayo Beto Satragni  y un jovencísimo Andrés Calamaro), Alejandro Lerner, Carlos Riganti, Gustavo Gregorio, Rubén “El Mono” Izaurralde, Morci Requena y Luis Gurevich, entre otros. 

Tuvo, en esos años, su pico de popularidad. Hizo varios Obras, participó en B.A. Rock, y entabló un vínculo profundo con Mercedes Sosa (participó de los míticos conciertos en el teatro Ópera, y desde entonces se popularizó su grito de agradecimiento: “¡Gracias, Piero!”, inmortalizado luego por la imitación de los Midachi) y participó de los históricos conciertos de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés en Buenos Aires. Su participación quedó inmortalizada en la versión de “Canción con todos”, de César Isella,  con el aporte de Víctor Heredia, el Cuarteto Zupay y Antonio Tarragó Ros, que cierra el emblemático álbum En Argentina.

“Música propuesta”, esa fue la nueva etiqueta de su propuesta artística a mediados de los 80, abandonando la música de protesta. Pero también fue precursor en la temática de la soberanía alimentaria, mientras fundaba una granja ecológica en Campana, junto a adolescentes de familias vulnerables. A partir de entonces construyó una red de 200 ecogranjas, y sus acciones sociales fueron a la par de una carrera artística que incluyó, a mediados de los 90, un álbum en colaboración con Pablo Milanés. 

La música se constituyó en un legado familiar. Su hijo Juan lideró el grupo Mulan y se desempeña como guitarrista de la uruguaya Ana Prada. Su hija Fiorel lanzó, en 2022, un hermoso EP con la participación del propio Piero, con versiones de clásicos folclóricos argentinos.

Su partida es un golpe profundo a la historia de la canción latinoamericana, a la música con identidad y compromiso social y, también,  a la dulzura, una de las características más notables de su interpretación.

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It’s been more than 10 years since Rihanna’s last album, ANTI, which has spent over a decade on the Billboard 200, but the Navy is still starving to hear what Rihanna has in store if she does decide to shift the music landscape with some new tunes.

RiRi hosted a TikTok Live for her Fenty Beauty brand on Wednesday (Oct. 7), and while promoting some of her new products, she took a fan question, which asked her to estimate the amount of unreleased songs she has in the vault.

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Rihanna used some Fenty Beauty math to reveal she has “at least” 170 songs in the stash ready to go at the moment.

“If there are 10 products in a vault, then I have at least 17 vaults,” she said. Doing some quick math to solve Rihanna’s equation, 17 times 10 equals the 170 songs she’s cryptically referring to.

Rihanna’s partner, A$AP Rocky, who shares three kids with the beauty mogul, divulged that Rih was back in the studio and actively recording during an August interview with Jason Lee.

 “Yo, she in the studio right now,” he begrudingly disclosed. “Yeah, I said it. Sorry, babe. Like, bro, she working. She cooking, no funny sh–. Damn, I’mma get in trouble for this.”

There hasn’t been much noise when it comes to Rihanna’s plans for new music. Rih’s last release came in 2025 and saw her contribute to the Smurfs Movie soundtrack with “Friend of Mine.”

ANTI arrived in 2016 and spent two weeks atop the Billboard 200. Rihanna returned to the stage in July as part of Jay-Z’s Extra Innings show at Yankee Stadium and performed “Run This Town” and “Bitch Better Have My Money.”

Don Toliver has enjoyed a banner year that’s included a No. 1 album on the Billboard 200, an arena tour, and now he can add a pair of Drake collaborations to his résumé.

Toliver joined forces with Drizzy for “Cold Shoulder” and “Solar Eclipse,” the latter of which interpolates Ella Langley’s record-breaking Billboard Hot 100 smash “Choosin’ Texas.” After premiering in Drake’s FOMO stream in September, the pair of collaborations landed on the OVO rapper’s HABIBTI (FOMO) deluxe on Oct. 2.

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As a longtime admirer of Drake, the Houston native reflected on having the chance to team up with Drizzy at this point in his career, and the moment lived up to the hype for Toliver.

“This record to me was just really everything I could possibly ever want. I grew up in [Comeback Season Drake]. So Far Gone, I love that album. It’s one of my favorites,” he said in a Grammy Museum interview with Heran Mamo in Los Angeles on Tuesday (Oct. 6). “I come from that and I just thought that song in particular [‘Solar Eclipse’] was everything I could probably ever want from a collab from us.”

Toliver continued: “That particular type of song, everything was beautiful. It all played out how it was supposed to play out. I thought it was incredible.”

After all 18 tracks from Toliver’s OCTANE album landed on the Hot 100, along with his “Griddle” collaboration with Yeat, he’ll look to add to his chart tally with the pair of Drizzy songs.

The 31-year-old kicked off his massive year with OCTANE in January, which notched Toliver his first No. 1 album on the Billboard 200. He then embarked on the Octane World Tour, taking over arenas across North America. Drake popped out as a special guest at Toliver’s Toronto tour date in August, where he debuted several ICEMAN cuts live.

Toliver isn’t done just yet either, as he’s continued to tease his OCTANE follow-up, NITROUS, which he’s still working on.

Listen to “Cold Shoulder” and “Solar Eclipse” below.

Live Nation was recently the target of a “limited” cybersecurity breach, the company has disclosed.

On Oct. 1, Live Nation notified the Vermont Attorney General’s online portal that two customers in the state were affected by a breach impacting social security numbers, government IDs and health records. No other state had posted a similar notification from Live Nation as of press time, though different states have varying laws about when and how a data breach is to be publicly reported.

It was not immediately clear when this data breach occurred, how many individuals were affected, or whether the victims were Live Nation customers or employees. The company said in a Wednesday (Oct. 7) statement to Billboard, “Live Nation takes the security of our systems and the information entrusted to us seriously.”

“Recently, we identified, contained and secured a cybersecurity incident,” continued Live Nation’s statement. “Following a thorough internal review and independent investigation by a leading cybersecurity firm, we found the incident was limited in scope and had no impact on our operations. The small number of individuals whose information may have been affected are being notified and offered support in monitoring their information.”

The incident has already spawned three class action lawsuits alleging Live Nation didn’t have adequate cybersecurity measures in place to protect sensitive data. Such civil claims are common occurrence when a company discloses a data breach.

Live Nation previously faced two data breaches in 2018 and 2024, both targeting customers of its subsidiary Ticketmaster. The 2018 incident compromised payment information from British ticket buyers, and the company was ultimately fined £1.25 million ($1.65 million) by the U.K. Information Commissioner’s Office.

The 2024 breach was part of a larger hack on Snowflake, a popular third-party cloud storage service used by Ticketmaster. The hacking group ShinyHunters claimed responsibility for the cyberattack, and a Canadian citizen recently pleaded guilty to participating. Civil claims brought by customers against Ticketmaster and other Snowflake clients remain ongoing in U.S. court.