Powderfinger’s reunion odyssey is stretching out.
The beloved Australian rock band unveils an “Encore Run” of shows, nine in total, which will see their tour extend into December 2027.
Announced Friday morning (Oct. 30), this last wave of shows will see the Brisbane band play to new locations, including two nights at Cornelian Bay Oval, in Hobart, Tasmania and a show at Stage 88 in the nation’s capital, Canberra.
Also, their stadium-sized tent will be pitched at Melbourne Park Oval for two more nights, and Western Australians get two additional concerts at Sandalford Estate in Perth.
The tour will end where it all began, with two concerts at the Brisbane Showgrounds, for what will be an “all Bris-band celebration and a tribute to their hometown,” reads a statement.
As it stands, the national jaunt swells to 35 dates. But that’s not the end of it. “Adelaide fans, you haven’t been forgotten. Hang in there,” reads a statement from the band.
Across the Encore stretch, Powderfinger will supported by an all-Australian lineup including Ocean Alley, Violent Soho, The Living End, Ball Park Music, John Butler Trio, Something For Kate, Thelma Plum, DMA’S, You Am I, Teen Jesus and the Jean Teasers, The Preatures, The Belair Lip Bombs and Luca Brasi, Full Flower Moon Band, South Summit, Carla Geneve, Banjo Lucia and Special Features.
As previously reported, the classic lineup of Bernard Fanning (vocals), Ian Haug (guitars), Darren Middleton (guitars), John “JC” Collins (bass) and Jon Coghill (drums) are back, for what will be their first tour in 17 years. It’ll be like the band never left. The initial batch of 26 shows — more than 300,000 tickets — sold out in days.
“When we saw how many people missed out on tickets, we knew we couldn’t leave it there,” comments Fanning on behalf of Powderfinger. “So we’re adding some final shows and we’ve been able to include dates in Hobart and Canberra, which we’re really excited about. We also have some very talented mates joining us. Thank you for keeping the faith and for being so patient. We can’t wait to see you out there.”
Hailing from Brisbane, the 2032 Olympic City, the ‘Finger, as they’re affectionately known in these parts, was one of the elite bands of their era, one that produced five consecutive ARIA No. 1 albums, 18 ARIA Awards and three APRA Awards, including a brace for song of the year.
The five-piece called time with a 34-date national trek back in 2010. The music never stopped. When triple j invited Australians to vote for the greatest homegrown songs of all time, for a countdown in July 2025, Powderfinger clocked up more songs in the top 100 (four, including a Fanning solo number) than any other act.
Powderfinger’s 2027 tour will partner with Mission Australia, an organization that supports the most vulnerable people in the country. Dew Process Artist Management, Cornershop Agency and Live Nation are partnering on the trek. Pre-sales for the Encore Run open from Wednesday, Nov. 4 at powderfinger.com, with the general on-sale beginning Thursday, Nov. 5.
Check out the “Encore” dates and support acts below.
Powderfinger’s Encore Run 2027
Nov. 5 — Melbourne Park Oval
+ Something For Kate and The Belair Lip Bombs
Nov. 6 — Melbourne Park Oval
+ Something For Kate an The Belair Lip Bombs
Nov. 13 — Cornelian Bay Oval, Hobart
+ DMAs, Thelma Plum and Full Flower Moon Band
Nov. 14 — Cornelian Bay Oval, Hobart
+ John Butler Trio, The Preatures and Luca Brasi
Nov. 20 — Sandalford Estate, Perth
+ Ocean Alley, Teen Jesus and the Jean Teasers and Carla Geneve
Nov. 21 — Sandalford Estate, Perth
+ Ocean Alley, South Summit and Banjo Lucia
Dec. 4 — Stage 88, Canberra
+ Violent Soho, Something For Kate and Teen Jesus and the Jean Teasers
Dec. 10 — Brisbane Showgrounds
+ The Living End, You Am I and Special Features
Dec. 11 — Brisbane Showgrounds
+ Violent Soho, Ball Park Music, Thelma Plum and Full Flower Moon Band
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El reggaetón contemporáneo puertorriqueño llegó a la Ciudad de México de la mano de Omar Courtz. En su primera presentación en la capital con la gira Por si mañana no estoy, el artista conquistó al público del Domo de Cobre, que coreó cada verso de un repertorio que combinó los temas de su más reciente álbum de estudio con algunos de los mayores éxitos de su carrera.
Eran las 9:15 p. m. y la euforia en el recinto alcanzaba su punto máximo. Los asistentes aguardaban la salida de Ousi entre gritos y una expectativa que crecía minuto a minuto. Aunque entre el público convivían distintas generaciones, todas compartían la misma pasión por el puertorriqueño. No era para menos: sus presentaciones se han distinguido por ofrecer una propuesta que desafía los convencionalismos del género y apuesta por una experiencia que va más allá de la música. En una industria donde algunos conciertos de reggaetón parecen repetir la misma fórmula —artistas que permanecen en un solo punto del escenario mientras interpretan sus canciones—, la pregunta resulta inevitable: ¿dónde quedaron las sorpresas? ¿Qué pasó con los efectos visuales, las escenografías y la búsqueda de nuevas formas de conectar con el público? La presentación de Omar Courtz recordó que un concierto puede ser mucho más que una sucesión de canciones: puede convertirse en un espectáculo capaz de sorprender, cautivar y dejar huella. Y, sin duda, hacen falta más artistas dispuestos a llevar el género un paso más allá.
Omar Courtz irrumpió entre luces y efectos visuales con una entrada tan exuberante como el momento que atraviesa su carrera: en la cima. Desde una plataforma que lo elevó sobre el público, el puertorriqueño descendió lentamente mientras interpretaba ‘OUTRO’ y ‘El mundo se va a acabar’, tema que da nombre a su segundo álbum de estudio y a su actual gira mundial. La respuesta de los asistentes fue inmediata. Lo que podría parecer una exageración se convirtió en una realidad ensordecedora: las voces de miles de fanáticos se unieron en un coro que, por momentos, opacó la del propio artista.


Desde las alturas, Courtz contemplaba con una sonrisa a un recinto desbordado de emoción por su llegada. Quizá la respuesta del público capitalino superó incluso las expectativas que tenía para esta primera fecha en la ciudad. Lejos de limitarse a cantar desde la plataforma, el intérprete bailó, se movió al ritmo de cada canción y conectó con sus seguidores sin perder la energía, como si las alturas fueran el lugar al que siempre había pertenecido.
La experiencia apenas comenzaba. Con temas como ‘VAMOaCOCHI’, ‘FOREVER TU GANTEL’ y ‘De lejitos Remix’, las sorpresas se sucedieron una tras otra, mientras la propuesta visual cobraba protagonismo sobre el escenario. Grandes pantallas, llamaradas, juegos de luces y un montaje cuidadosamente diseñado dieron forma a un universo onírico que parecía sacado de otro planeta. Más que acompañar la música, cada elemento construía una atmósfera propia, invitando al público a adentrarse en el imaginario de Omar Courtz y convirtiendo el concierto en una experiencia que trascendía lo musical.
A lo largo de la noche, la energía del público se mantuvo intacta. Cada canción era recibida con la misma euforia, mientras Omar Courtz correspondía al entusiasmo de sus seguidores con palabras de agradecimiento: “Oye, México. Qué bonito es conectar con mi gente de México. Es un placer estar con ustedes esta noche. Les vine a traer un poco de mi isla. Gracias por siempre apoyarme. Esta noche es de perreo”. Con estas palabras, el puertorriqueño reafirmó el vínculo que lo une con sus fanáticos mexicanos y dio paso a una noche en la que el ritmo y la emoción convivieron en un mismo espacio.
Uno de los grandes estereotipos que ha acompañado al reggaetón es la supuesta falta de versatilidad de algunos de sus exponentes, quienes suelen permanecer dentro de una misma fórmula sonora. Sin embargo, la nueva ola del género ha comenzado a desafiar esa percepción, y Omar Courtz es una muestra de ello. En uno de los momentos más íntimos de la noche, el cantante apareció sobre una plataforma suspendida en el centro del recinto, acompañado por un piano que dejó al descubierto una faceta distinta de su propuesta musical. La atmósfera cambió por completo. Entre acordes y voces que acompañaban cada interpretación, Courtz demostró que su propuesta va más allá del perreo y las producciones urbanas que lo han llevado a la cima. Al interpretar ‘Por si mañana no estoy’, el artista dotó a la canción de una nueva dimensión emocional y creó un momento de intimidad colectiva en el que la conexión con el público se hizo palpable. Fue una pausa necesaria dentro de la euforia del concierto, una muestra de su sensibilidad artística y de su capacidad para transitar entre distintas emociones sin perder su esencia.


La noche continuó con algunos de los temas más destacados de su repertorio, incluidos los que forman parte de su álbum debut, Primera Musa. El reggaetón retomó el protagonismo y Omar Courtz demostró por qué se ha convertido en una de las figuras de la nueva ola del género. Con ‘Kyoto’ y ‘Velda’, su colaboración con Bad Bunny y Dei V, el recinto volvió a estremecerse entre coros multitudinarios, baile y una energía que parecía no tener límites. Pero el espectáculo no se construyó únicamente a través de la música. A medida que avanzaba la noche, el escenario se transformaba para dar vida al imaginario visual del puertorriqueño. Su emblemática hada, una figura que forma parte de su identidad artística, se apoderó de las pantallas y envolvió el montaje, reforzando la estética fantástica que acompañó cada momento del concierto.
Entre el perreo y la euforia, Courtz también encontró espacio para compartir uno de los mensajes más recurrentes de su carrera: la importancia de valorar el tiempo y vivir el presente. A través de sus visuales, el cantante invitó a los asistentes a reconocer la fugacidad de la vida y a disfrutar cada experiencia como si fuera la última. Una filosofía que, dentro de su universo creativo, se vincula con el éxito, la armonía y el amor. Así, el mensaje trascendió las pantallas para convertirse en un punto de encuentro entre el artista y sus seguidores. Por un instante, la experiencia dejó de centrarse únicamente en la música para dar paso a una reflexión sobre aquello que realmente importa: atesorar los momentos que compartimos, tanto dentro como fuera de un concierto. Porque, más allá de las luces y el espectáculo, también se trata de aprender a vivir el presente.
El concierto de Omar Courtz en el Palacio de los Deportes, un sold-out total, fue una auténtica declaración de intenciones: un espectáculo que sorprendió de principio a fin y que refleja por qué su carrera atraviesa uno de los momentos más prometedores de su trayectoria. Su propuesta demuestra que el éxito de un artista no solo se mide en reproducciones, posiciones en las listas o popularidad en redes sociales, sino también en su capacidad para trasladar ese reconocimiento al escenario y convertirlo en una experiencia memorable.
Ojalá más exponentes de la industria comprendan el valor de una puesta en escena a la altura de su música. Porque, más allá de las cifras y los récords digitales, pocas cosas son tan significativas para un fanático como presenciar en vivo el talento de su artista favorito y sentir de cerca esa conexión que ninguna pantalla puede replicar. Omar Courtz lo entendió y lo llevó a otro nivel: ofrecer un espectáculo que no solo cumple con las expectativas, sino que las supera y deja claro que el verdadero impacto de la música también se construye frente a miles de personas.


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Una nueva ola de dolor y consternación sacude a España. En esta ocasión, un accidente ferroviario ha conmocionado al país y dejado al menos 74 muertos y decenas de heridos, de acuerdo con el último balance difundido este jueves por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, dependiente del Ministerio de Transportes. El siniestro se produjo en las inmediaciones de Urda, en la provincia de Toledo, a unos 120 kilómetros de Madrid, cuando dos trenes de alta velocidad que cubrían la ruta Madrid-Sevilla colisionaron.
Según los primeros reportes, un tren de la compañía estatal Renfe, que había partido de Madrid con destino a Sevilla, chocó por detrás contra otro de la operadora Iryo, que cubría la misma ruta y se encontraba detenido en la vía. La zona se convirtió rápidamente en escenario de una intensa movilización de los servicios de emergencia, con la llegada de ambulancias y personal sanitario procedentes de Madrid y Toledo. Asimismo, el Gobierno español desplegó efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) para colaborar en las labores de asistencia. De acuerdo con un portavoz de Emergencias del Gobierno de Castilla-La Mancha, en el tren de Renfe viajaban 393 pasajeros, mientras que en el de Iryo se encontraban 147 personas, entre ellas un bebé.
En una declaración, el ministro español de Transportes, Óscar Puente, confirmó que se había producido una falla en el sistema automatizado de gestión del tráfico ferroviario, lo que provocó la suspensión inmediata de las operaciones de los trenes que circulaban por la zona. Sin embargo, por causas que aún no se han esclarecido, desde la estación de Atocha, en Madrid, se autorizó la reanudación de la marcha de uno de los convoyes, que terminó colisionando con otro que permanecía detenido en la vía.
Puente calificó la decisión de inexplicable y señaló que, de acuerdo con la normativa vigente y los protocolos de ADIF, el tren no podía reanudar la marcha con normalidad, ya que el circuito de vía continuaba ocupado por el convoy de Iryo, detenido a la entrada de la estación. Además, una señal en rojo impedía expresamente que el tren reanudara su recorrido.
Por su parte, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, aseguró que todas las instituciones del Estado trabajan día y noche para atender la emergencia y brindar apoyo a los familiares de las víctimas del accidente ferroviario de Urda. Sus declaraciones se produjeron durante una comparecencia ante los medios de comunicación, tras visitar el Centro de Coordinación Operativa Integrado (CECOPI), ubicado en el Centro 112 de Toledo, desde donde se coordinan las labores de respuesta al siniestro. Sánchez subrayó que una de las prioridades del Gobierno es esclarecer hasta el último detalle de lo ocurrido y reforzar las medidas de seguridad ferroviaria para evitar que una tragedia de esta magnitud vuelva a repetirse.
“Está todo el Estado volcado en la respuesta”, afirmó el mandatario, quien explicó que la actuación de las autoridades se desarrolla en tres frentes. El primero consiste en atender la emergencia, recuperar e identificar a las víctimas mortales y garantizar la asistencia sanitaria a las personas heridas. El segundo se centra en investigar y esclarecer las causas que provocaron el accidente. Finalmente, el tercer eje contempla la reparación de los daños, incluido el resarcimiento económico que la Administración General del Estado pueda ofrecer a los familiares de las víctimas. El presidente reiteró que el compromiso de las autoridades es acompañar a los afectados durante todo el proceso, tanto en las labores de atención inmediata como en las etapas posteriores de investigación y reparación.
Tras la tragedia, el presidente del Gobierno español activó desde el primer momento el Plan Estatal General de Emergencias de Protección Civil y ordenó la movilización de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), la Guardia Civil, la Policía Nacional y los distintos cuerpos de Protección Civil. El operativo quedó integrado en el dispositivo de respuesta coordinado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con la participación de diversas administraciones para garantizar una actuación rápida, urgente y eficaz ante la magnitud del siniestro.
Asimismo, se confirmó la activación del plan de asistencia a las víctimas del accidente ferroviario y a sus familiares. Como parte de las medidas de apoyo, se habilitó una línea telefónica para proporcionar información a los allegados de las personas afectadas y se establecieron centros de atención a familiares en distintas estaciones de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, con el objetivo de ofrecer acompañamiento y facilitar la comunicación en medio de la emergencia.
El presidente del Gobierno español también anunció tres días de luto oficial en todo el país, desde la medianoche de este jueves hasta las 24:00 horas del sábado 31 de octubre, en señal de duelo y solidaridad con los familiares y allegados de las víctimas mortales del accidente ferroviario ocurrido en Urda. Durante este periodo, la bandera nacional ondeará a media asta en el exterior de todos los edificios públicos, incluidas las representaciones diplomáticas y misiones españolas en el extranjero, así como en los buques de la Armada, como muestra de respeto y condolencia por las personas fallecidas.
“Hoy España está de luto. Toda España está de luto”, expresó el mandatario, quien manifestó su solidaridad y empatía con los familiares de las víctimas y con los heridos que permanecen hospitalizados, a quienes deseó una pronta recuperación. En su declaración, Sánchez también hizo referencia al profundo sufrimiento de las familias afectadas, tanto de aquellas que han perdido a sus seres queridos como de las que aún desconocen el paradero de sus familiares. «Detrás de cada una de las personas que hoy ha fallecido hay vidas rotas, hay familias quebradas», señaló, al tiempo que reconoció la angustia y el dolor que embargan a los afectados y que, afirmó, comparte el conjunto de la sociedad española.
Este no sería el primer accidente ferroviario registrado en España durante el año. El pasado 18 de enero, un tren de alta velocidad sufrió una colisión en la misma línea, un siniestro que dejó 46 personas fallecidas y cerca de 300 heridas. La sucesión de tragedias ha reavivado el debate sobre el estado de las infraestructuras ferroviarias y la eficacia de los sistemas de seguridad del país. Ante esta situación, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, exigió explicaciones sobre las condiciones de la red ferroviaria y las posibles advertencias previas al accidente. “España tiene derecho a saber qué está pasando con sus infraestructuras, en qué estado se encuentran las vías y los sistemas de seguridad, y qué advertencias se recibieron desde Adamuz y qué medidas se adoptaron”, manifestó. Por su parte, el Sindicato Ferroviario calificó de “prematuro” e “irresponsable” atribuir el siniestro a un supuesto error humano antes de que concluya la investigación y se determinen las causas del accidente.
Mientras continúan las labores de atención a los afectados, la sociedad española ha respondido con muestras de solidaridad hacia las víctimas, sus familiares y amigos. A través de las redes sociales, numerosos ciudadanos han difundido información para ayudar a localizar a personas desaparecidas, identificar los hospitales a los que fueron trasladados los heridos y conocer su estado de salud. Sin embargo, la tragedia también ha reavivado la preocupación por la seguridad de las infraestructuras de transporte en España. La sucesión de accidentes en un mismo año plantea interrogantes sobre el mantenimiento de las vías, los protocolos de seguridad y los mecanismos de prevención. Ahora, la atención se centra en esclarecer lo ocurrido, determinar las posibles responsabilidades y establecer qué medidas deben adoptarse para evitar que una tragedia de estas dimensiones vuelva a repetirse.
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La vida de Caravaggio llega hasta nosotros entre lagunas, documentos judiciales y relatos que alimentaron su fama de artista pendenciero. Luego de un documental iluminador a cargo del italiano Giovanni Piscaglia, David Bickerstaff y Phil Grabsky toman esos vacíos como punto de partida para una película que recorre su trayectoria, desde sus primeros trabajos en Roma hasta los últimos años, marcados por el asesinato de Ranuccio Tomassoni y la huida entre Roma, Nápoles y Malta. El resultado se mueve entre el documental de arte y el retrato biográfico, con acceso cercano a las pinturas y comentarios que explican su evolución sin convertirla en una clase inaccesible.
La apuesta más arriesgada consiste en poner a Jack Bannell en la piel del pintor. Con barba, maquillaje y una herida en el rostro, el actor se parece de forma inquietante al Caravaggio que aparece en David con la cabeza de Goliat, donde el artista prestó sus facciones a la cabeza cercenada. Bannell imagina a un hombre encantador y paranoico, dispuesto a narrar su vida mientras esquiva aquello que no quiere recordar. El recurso produce intimidad y dramatiza los escasos datos disponibles, aunque por momentos se acerca al monólogo teatral y atribuye al artista una psicología que las fuentes no pueden confirmar.
La película, como todas las de la serie Exhibition On Screen, encuentra mayor solidez al observar los cuadros. Las reproducciones nítidas y los acercamientos permiten apreciar cómo Caravaggio construía la escena mediante el claroscuro, haciendo que la luz irrumpa sobre cuerpos, gestos y objetos con una fuerza casi física. En La crucifixión de San Pedro, el santo ya está clavado en la cruz mientras los trabajadores luchan por levantarla. La mirada aterrada de Pedro comparte el cuadro con las espaldas y los pies sucios de quienes realizan el esfuerzo. La santidad convive con el sudor, el peso y el miedo. Esa atención a lo material explica parte de la modernidad del pintor y la intensidad cinematográfica que tantos realizadores, entre ellos Martin Scorsese, han reconocido en su obra.
Caravaggio también devuelve a la pintura su dimensión religiosa. El documental explora la fe cristiana del artista y el mundo de la Iglesia y la aristocracia que encargaban sus obras. Sus modelos, vinculados al ambiente popular y bohemio de Roma, aportan rostros y cuerpos comunes a escenas sagradas. La película comprende que esa decisión formal modifica la manera de mirar lo divino. Las figuras bíblicas adquieren el peso de personas de carne y hueso, expuestas al dolor, al deseo y a la violencia.
El relato tampoco deja que la leyenda del chico malo absorba al artista. Las peleas, las fiestas y el temperamento explosivo aparecen junto a las exigencias de trabajar para mecenas poderosos. Esa tensión ilumina un carácter capaz de producir imágenes de una compasión extraordinaria y, al mismo tiempo, de evadir la responsabilidad por sus actos. La recreación de Bannell insiste en esa contradicción, aunque a veces suaviza al hombre para acercarlo al espectador.
Bickerstaff y Grabsky ofrecen un retrato amplio e inteligente que sabe cuándo dejar hablar a los especialistas y cuándo detenerse frente a una pintura. La imaginación escénica añade cercanía pero el examen visual aporta las pruebas más persuasivas. Entre ambos recursos, Caravaggio propone una entrada estimulante a la obra de un artista que convirtió la luz y la oscuridad en fuerzas dramáticas, y cuya vida sigue resistiéndose a una versión definitiva.
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Después de meses recorriendo el mundo con su gira, Ozuna siente el llamado de volver a casa para protagonizar una presentación especial de una sola noche, dedicada a celebrar su música, su trayectoria y el vínculo que lo une a su gente. Así nace Sempiterno, una experiencia que cobrará vida el sábado 26 de diciembre en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot.
Con este espectáculo único, el artista puertorriqueño marca un momento significativo en su carrera y propicia un reencuentro con el público que ha sido testigo de su evolución hasta convertirse en una de las figuras más destacadas del género urbano. A lo largo de su trayectoria, Ozuna ha expresado en múltiples ocasiones su deseo de volver a los escenarios de la Isla y compartir con sus compatriotas la energía, la emoción y la conexión que distinguen cada una de sus presentaciones en Puerto Rico.
Este encuentro promete ser una experiencia irrepetible que recorrerá las distintas etapas musicales de Ozuna y presentará una propuesta escénica innovadora, concebida para llevar su espectáculo a otro nivel. Más allá de celebrar su trayectoria, Sempiterno ofrecerá un adelanto de la visión artística con la que el cantante busca marcar el futuro de su carrera, apostando por la innovación, la evolución y la transformación.
“Llevaba mucho tiempo con ganas de volver a cantar para mi gente en Puerto Rico y quería que fuera en una fecha bien especial, por eso escogimos la época de Navidad. Estamos preparando un show exclusivo para ustedes, con muchas sorpresas, porque quiero que disfrutemos y celebremos juntos como solo se hace en casa. Regresar al Choliseo siempre me llena de emoción y esta es mi manera de agradecerles todo el cariño y el apoyo que me han dado desde el principio. ¡Nos vemos el 26 de diciembre!”, compartió Ozuna.
El repertorio de este espectáculo reunirá algunos de los grandes éxitos que han marcado la trayectoria de Ozuna, entre ellos ‘Se preparó’, ‘Dile que tú me quieres’, ‘El farsante’, ‘Caramelo’, ‘Baila baila baila’ y ‘Taki Taki’, entre muchos otros. Se trata de canciones que trascendieron las listas de popularidad para convertirse en parte de una etapa memorable del género urbano y en la banda sonora de momentos importantes para toda una generación. Así, Sempiterno propone un viaje musical a través del tiempo, evocando recuerdos, emociones y experiencias que encontraron en estas canciones una forma de permanecer para siempre.
El anuncio llega como broche de oro a un destacado 2026 para Ozuna, un año marcado por nuevos lanzamientos, colaboraciones y una exitosa gira internacional. Entre los temas que han formado parte de esta etapa figuran ‘Mi yo de antes’, ‘Paciente’, junto a Dany Ome y Kevincito El 13; ‘ZiZi’, en colaboración con Omar Courtz; ‘Once y once’, junto a Dei V; y ‘La Gerencia Remix’, junto a Tito El Bambino.
La producción del concierto estará a cargo de Paco López y No Limit Entertainment, quienes, en colaboración con el equipo del artista, trabajan en una propuesta especialmente diseñada para ofrecer una experiencia inolvidable al público puertorriqueño. Con esta presentación especial, Ozuna cerrará un año de importantes logros profesionales y se prepara para abrir un nuevo capítulo en su carrera con proyectos musicales que verán la luz en 2027. Su permanencia y evolución dentro del género urbano son reflejo de una trayectoria construida a base de esfuerzo, disciplina y una constante capacidad para reinventarse, consolidando su lugar como una de las figuras más representativas de la música latina.
Los boletos estarán disponibles a partir de este jueves 29 de octubre, a las 10:00 a.m., a través de Ticketera.com
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Dos años atrás, en el verano boreal de 2024, Harry Styles paseaba por una callecita empedrada de Roma, cuando de repente notó una cara conocida. Era Thom Yorke, de Radiohead, uno de sus grandes héroes musicales. Se presentó. Eran dos estrellas caminando por ahí de incógnito, sin ningún tipo de séquito. Como ahora Styles le confiesa a Yorke con una sonrisa tímida: “Para mí, siempre habías sido alguien al que tenía miedo de conocer”.
Yorke y Styles podrían parecer de dos mundos diferentes: el príncipe glam-pop más deslumbrante del planeta frente al sumo sacerdote de la angustia del art-rock. Pero hoy están abocados a hacerse reír el uno al otro en una soleada tarde de julio en Londres, en un estudio cerca de Camden Town. Yorke tiene merecida fama de ser espinoso en las entrevistas, desde los inicios de Radiohead. Sin embargo, hoy baja la guardia, mientras disfruta de la presencia del igualmente conocido encanto de Harry Edward Styles. Y los dos hacen chistes como chicos traviesos.
En mayo pasado, Yorke fue homenajeado en los prestigiosos Premios Ivor Novello del Reino Unido. Styles, que participó del tributo, dijo sin vueltas: “Radiohead es mi banda favorita”. Y de paso dejó una sorprendente confesión acerca de un lado B de la banda.
“Perdí mi virginidad con ‘Talk Show Host’”, declaró, aunque luego se corrigió: “Perdí mi virginidad con la intro de ‘Talk Show Host’”.

HARRY STYLES
Radiohead lanzó su primer álbum en 1993, un año antes de que naciera Styles. Pero ambos han construido sus carreras desafiando las expectativas y negándose a repetir éxitos. Se podría decir que Styles está pasando hoy por su propio momento Kid A, con el electro-pop experimental de Kiss All the Time. Este verano, Yorke fue al primer show de Styles de una residencia histórica de doce fechas en el Estadio de Wembley, y bailó todo el concierto, desde la primera canción.
Yorke está en una racha creativa últimamente. En la charla con Styles, revela que está trabajando en un próximo álbum solista, aunque no ha sido anunciado oficialmente. Lanzó dos aclamados álbumes en 2024 con The Smile, su banda con el guitarrista de Radiohead Jonny Greenwood. Y Radiohead respondió a las plegarias del mundo dando sus primeros conciertos en siete años. Y regresan a mediados de 2027 para hacer seguidillas de shows en Australia y Japón.
Tanto Styles como Yorke son intérpretes magnéticos, de renombre, pero notoriamente reservados fuera del escenario, reacios a revelar mucho, cautelosos con los extraños. Sin embargo, cara a cara, para esta producción de tapa de Músicos por Músicos sacan a relucir diferentes caras de sí mismos que no siempre se llegan a ver. En esta amplia conversación de dos horas, profundizan sobre la fama, el fandom, la composición de canciones, el sufrimiento del síndrome del impostor, el poder inspirador de caminar y la intensidad emocional de llorar en el escenario.
Styles: Nos conocimos en Roma, en una callecita. Estabas tocando en Roma esa semana con The Smile. Yo iba al show.
Yorke: ¿Fue antes del concierto?
Styles: Fue antes, sí. Un amigo me había preguntado si nos conocíamos y yo había dicho que no. Entonces estaba caminando por la calle y me llamaste la atención porque tenías una gorra que decía “Ácido”. Pensé: “Uh, qué buena gorra”. Y después me quedé como: “¡Sos vos!”. Tenía A Moon Shaped Pool [el álbum de Radiohead de 2016] sonando en mis auriculares y lo paré. “Oh, hola…”.
Yorke: “Señor Yorke”.
Styles: “Señor Yorke, hola”. Y vos dijiste: “Oh, hola”.
Yorke: No, dije: “¿Qué demonios [ríe] hacés acá parado en la calle?”.
Styles: Entonces fui al show y ahí sí nos conocimos bien.
Yorke: No sabía que vivías mucho en Roma. No tenía ni idea. Así que estaba doblemente confundido.
Styles: Para mí, siempre habías sido alguien al que temía conocer.
Yorke: Oh, sí. Tengo una larga lista.
Styles: Sí, totalmente. Y recuerdo sentirme tan aliviado después. “Oh, la gente es amable y todos son agradables…”.
Yorke: También me impresionó que estuvieras caminando por la calle. Pensaba: “¿Dónde está su seguridad?”. Porque, quiero decir, yo sé que puedo hacer eso, pero no sabía que vos pudieras. ¿Es una elección?
Styles: Creo que en los primeros días, cuando estaba en la banda [One Direction], gran parte de la experiencia de quedarse adentro de los hoteles se sentía muy limitante. Cuando estaba en casa, sentía que no era seguro salir. Después tuve una novia muy extrovertida, que venía a Londres y yo decía: “Si nos quedamos sentados en mi casa durante tres días, va a pensar que estoy loco”. Así que salíamos a caminar por todas partes, y para mí fue todo un descubrimiento: “Uh, está bueno salir”. Eso rompió un poco la barrera. Ahora, mi vida cambió mucho, porque así es como te mantenés conectado con el mundo.
Yorke: Sí, amigo.
Styles: Leí algo sobre la idea de que el caminar es la perspectiva del artista, porque estás a nivel del suelo y ves cosas que simplemente no ves cuando sólo manejás a todos lados.

mí mismo”. THOM YORKE
Yorke: También es una buena manera de escribir. Escribí “A Wolf at the Door” en un momento en que la estaba pasando realmente mal y caminé como dos días y medio. Llovía, pero no importaba. Un cuaderno en la mano, y simplemente escribí. Al final me sentí mucho mejor. Pero no es solo caminar, es caminar entre la gente. La simple actividad de observar a la gente, jugar a imaginar mientras alguien pasa –adónde van, qué están haciendo, todo eso– te saca de vos mismo, de tus problemas. Quiero decir, sin eso, ya ves, es muy fácil perderse.
Recuerdo cuando estábamos de gira con R.E.M. [en 1995] y Michael Stipe se dio cuenta de que solo me escondía en el camarín y nunca salía a ningún lado. Así que él empezó a arrastrarme afuera, y me dio este truco. Me dijo: “Si no te importa, a los demás tampoco les importa”. Si no estás mirando, no están mirando. Y funciona. Recuerdo estar en Estocolmo yendo a un club muy concurrido, y él dijo: “Probá”. Y funcionó. Nadie nos molestó. Hay momentos en los que te podrás sentir vulnerable. Hay momentos en los que las cosas saldrán mal, o [el diario sensacionalista inglés] The Sun publicará otra foto tuya. A mí también me pasó. Así que no es fácil. No es una decisión fácil de tomar, pero es mejor que la alternativa. Conozco a personas que recibieron amenazas de muerte, y luego no salían de casa y tenían seguridad patrullando. No querés que te pase eso.
RS: Ambos tienen un historial de dejar atrás sus zonas de confort. Es un patrón para ustedes como artistas: después de hacer algo enormemente exitoso, dicen: “Está bien, ya lo hice. No lo voy a hacer de nuevo”. ¿Cómo evitás repetirte?
Yorke: No puedo, aunque quisiera. No podría hacerlo de nuevo. Si escribís “Everything in Its Right Place”, ¿pensás: “Sí, voy a componer otra de esas”? No tiene sentido. No podés. Lo intenté. Creo que si tenés algo que es muy exitoso, hay mucha presión para repetirlo, lo cual estoy seguro de que probablemente sientas, o sentís a veces. O lo sentirás. No va a ninguna parte, porque eso es como trabajar por encargo.
Styles: “Pintá eso de nuevo”.
Yorke: Sí. Esta es una forma de arte comercial, así que siempre vas a tener gente pidiéndote que hagas eso.
Styles: Es un ciclo interesante. Creo. Hacés algo que conecta con la gente, porque capturaste algo acerca de la experiencia humana, ya sea una vulnerabilidad o una sensibilidad que viene con el hecho de ser humano. Y luego, el éxito, en la medida que sea, le da una vida propia. Entonces, todo lo que te rodea hace que tu experiencia sea increíblemente inhumana.
Yorke: Sí. Artificial.
Styles: Sí. El punto es cómo ignorar eso cuando estás creando, para poder seguir haciendo música sobre la experiencia humana. Siempre pensé que si hiciera música sobre cómo es estar en un estudio, estar de gira, y todas las cosas brillantes que vienen después…
Yorke: Brillantes para vos, amigo. No para todos.
Styles: Eso definitivamente no me interesa, así que no debe ser interesante para nadie más. Lo que me encanta de tu trabajo, por ejemplo, es que tanta gente te ve con un estatus casi divino, y vos seguís siendo alguien que lo mira como “Esta es la parte difícil de la vida”. Creo que eso es lo que hace que tu obra sea tan impresionante: que la gente te rinda homenaje y aun así esté mirando lo que hay debajo de las uñas.
Yorke: Creo que la razón de eso fue haber aprendido una lección bastante difícil. Alrededor de Kid A, Amnesiac, antes de eso, realmente luchaba cada vez que tenía que intentar hacer algo nuevo. Me lo tenía que explicar a mí mismo mientras lo hacía, literalmente. Es como una forma de locura, y no podía salir de ahí. Sentí que necesitaba justificarlo de alguna manera. No disculparme, sino justificarlo de una manera intelectual.
La razón de eso era que necesitaba salir de ahí. Necesitaba salir del estudio y simplemente caminar. Solía caminar por los acantilados en Cornwall, por ejemplo. Y gran parte de eso se debía al hecho de que a nadie le importa, amigo. A nadie le importa que sea difícil. Si estás deprimido porque es difícil, joder, pará. Andá y hacé otra cosa, andá a bailar. Además, más adelante, cuando tengas hijos, si vas a seguir haciendo este trabajo, tenés que disfrutarlo. Y lo divertido viene de tener que empezar de nuevo de cero. Lo que aprendés, tenés que desaprenderlo.
Además, componer canciones es muy extraño. Ir a la ceremonia de los Ivor Novello… No me relaciono con compositores, pero aparentemente soy uno. Y te das cuenta de que escribir canciones es algo bastante ingenuo. No podés ser ingenioso. Podés trabajar muy duro, pero las cosas buenas simplemente suceden, y no sabés por qué. Y tenés que ser honesto con vos mismo y aceptar las dudas que pueden venir detrás ese éxito comercial. ¿Te pasa eso?

Styles: Si componés así, casi sentís que no sos responsable. Entonces, si la gente dice: “Oh, has hecho esto y eso significa que sos esto”, hay algo ahí que se siente como: “Oh, no puedo atribuirme el mérito”. Simplemente me pasó. Como decías, las mejores cosas tienden a simplemente suceder.
Siempre he encontrado que las cosas que… Lo que más me ha gustado, o lo que ha sido más especial para mí, son cosas en las que escribís y luego, al escucharlas de nuevo, aprendés algo sobre vos mismo. Te das cuenta de que dijiste algo, en lugar de “Ahora voy a sentarme y voy a decir esto”.
Yorke: Sí, y puede que no te des cuenta. Podrías grabarlo y seguirlo y todo, y no darte cuenta hasta que de repente escuchás: “Oh, mierda, eso es lo que quería decir”. Pero no es intervención divina ni nada. Tenés que aparecer. Tenés que aprender a aceptar los meses de síndrome del impostor, donde estás como: “No tengo nada que justifique todo este increíble equipo en mi estudio”. Y entonces agarrás tu cuaderno, y habrá una frase ahí que te inspire. Pero el caso es que te presentaste. Porque es muy fácil no presentarse.
Styles: Alguien alguna vez lo comparó con el surf, donde podés practicar levantarte en la tabla; a veces no hay olas. Pero si viene una ola y no practicaste lo suficiente, no vas a poder surfearla. Todo pasa por la combinación justa de haber practicado lo suficiente y que las cosas ocurran en el momento adecuado.
Yorke: Sí, tenés que estar listo. O, si estas surfeando, nunca estás listo. Estás ahí en una roca diciendo: “¡Mierda!”.
Styles: Yo tuve un gran cambio. Solía sentirme centrado en el trabajo, en el arte en general. Sentí que para justificarlo, tenía que estar en el estudio por meses.
Yorke: Eso es el síndrome del impostor. Soy igual. A veces es divertido, pero a veces lo hacés porque sentís que tenés que hacerlo, porque necesitás mantenerte ahí arriba. O necesitás seguir demostrando que sos quien decís ser, o quien otros dicen que sos.
Styles: Siento que ahí hay una línea real a seguir. Porque todavía siento que a veces lo logro en el escenario. El mejor punto es cuando estás relajado, en ese estado en el que sentís: “Oh, esto parece realmente fácil”. Se siente como si simplemente estuviera sucediendo, y eso es genial. Y luego paso a pensar: “Oh, se siente demasiado fácil. ¿No estoy trabajando lo suficiente?”. Cuando se siente más natural es cuando creo que el show está en su mejor momento, pero luego tengo esta voz que me dice: “No debería ser tan fácil”.
Yorke: Eso es completamente normal. La broma con Radiohead siempre es que los shows siempre tienen un momento en el que decimos: “¡Oh, Dios mío, somos tan geniales!”. Y, exactamente en ese momento, alguien la caga. Pasa siempre, sin falta.
Styles: ¿Disfrutás de manera muy diferente hacer música con la banda y por tu cuenta? ¿Te gusta lo que la fricción puede generar en ese escenario? ¿O tendés a disfrutar, como, “Oh, voy a tener esta idea y la voy a llevar hasta el final”? Deben ser ambas cosas, estoy seguro.
Yorke: Son ambas cosas. Hay una especie de historia loca detrás de eso. No fue hasta después de Kid A que recuerdo haberle dicho en voz baja a Nigel [Godrich], “Tengo todas estas cosas. Solo quiero hacerlas por mi cuenta con vos, porque no tiene sentido intentar incluir a nadie más”. Hasta ese momento, era un concepto realmente extraño. Nos conocemos desde hace una cantidad asombrosa de años. [Radiohead se formó en 1985.] Todos conocemos las fortalezas y debilidades musicales de los demás. Así que pasamos mucho tiempo trabajando en eso. Quiero decir, no hemos trabajado. No hemos estado en el estudio juntos durante mucho tiempo, así que no sé cómo resultaría ahora. Con The Smile, es totalmente diferente porque Jonny [Greenwood] simplemente genera ideas todo el tiempo. [El baterista Tom] Skinner trabaja más rápido que cualquier ser humano que haya conocido y puede responder literalmente, como probablemente sepas, a cualquier cosa que le tires. Estoy en medio diciendo: “Está bien, ¿por qué no graban esto, porque no entiendo qué está pasando?”. Mis experiencias favoritas en el estudio son aquellas en las que algo suena bien, y no entiendo por qué suena bien, pero agarro el micrófono y respondo a eso. Ya lo escucharé de nuevo y pensaré: “No tengo idea de quién fue eso. ¿Esos somos nosotros?”. Sí, somos nosotros. Y solo te pasa eso cuando estás con otras personas.
Styles: ¿Te parece más vulnerable sacar tu propio material?
Yorke: Todo es vulnerable. Pero al mismo tiempo, no sé vos, pero si estoy terminando un disco, si no puedo sentarme y escucharlo y sentirme cómodo y feliz con él, no se publicará. Entonces, la parte vulnerable sucede…
Styles: ¿Cuando estás componiendo?
Yorke: Sí. Cuando estás tratando de terminar la maldita letra. Ahí es lo peor. No lo había hecho [se queja de dolor], pero no hay nada de malo en eso. No escucho a muchos cantautores. Escucho mucha música folk antigua y rara, o escucho música de películas, o escucho música electrónica. Lo de tocar la guitarra a lo bestia a veces es cuando realmente me llega, pero no mucho. No estoy del todo seguro de por qué es así. Probablemente porque crecimos en una época en la que hubo un verdadero renacimiento de eso, y The Bends fue eso. Pero para cuando llegamos a Kid A, estaba muy entusiasmado por lo que podría hacer con la voz, realmente. Jonny y Nigel armaron esta cosa en la que Jonny toca el Martenot [un teclado electrónico vintage] y yo simplemente elijo líneas al azar de mi sombrero de copa. Y eso se convirtió en la voz. No estoy cantando en absoluto, hablo.
Uno de mis cantantes favoritos de todos los tiempos es Michael Stipe, que en los primeros dos o tres discos [de R.E.M.] ni siquiera se molestó en escribir las letras. O si lo hizo, fue en un fluir de la conciencia. “No voy a hacer explícito esto. Soy solo el sonido humano en medio de todas estas increíbles guitarras estridentes”. A veces no me gusta que la letra sea el centro de la música. A veces es realmente emocionante que solo haya un sonido. [Yorke saca un cuaderno lleno de preguntas.] Tengo notas.
Styles: [Con horror fingido.] ¡Tarea!
Yorke: ¿Viajás siempre con una laptop?
Styles: Mi laptop está muerta hace unos seis años [ríe]. No sé dónde está el cargador.
Yorke: Podemos ayudarte con eso. ¿Dónde tenés las ideas? ¿En el bolsillo?
Styles: En mi teléfono.
Yorke: En tu teléfono. ¿Sabés que tu teléfono es básicamente una computadora?
Styles: Pero solo tengo un teléfono. Uso mucho GarageBand y notas de voz.
Yorke: ¿De verdad? Vaya. Joder…
Styles: Primitivo.
Yorke: No, pero lo digo como algo bueno. Recuerdo mi MiniDisc. Ese era mi mejor amigo.
Styles: Sí, me acuerdo de estar en la escuela primaria. [Ambos se ríen demasiado como para seguir.]
Yorke: Está bien, intentémoslo de nuevo.
Styles: Lo de las notas de voz, me gusta algo de que sea su versión más en blanco.
Yorke: Sí. Es el dibujo a lápiz.
Styles: Creo que me gusta eso. Lo que más me emociona es cuando empiezo un disco, o antes de haber empezado algo, y no tengo idea de cómo va a sonar al final.
Yorke: Estoy sorprendido, porque el último álbum [Kiss All the Time] suena muy como si hubiera sido desarrollado en el estudio. No suena como si viniera de notas de voz.
Styles: Ese fue menos de notas de voz. Hubo algunos momentos, como la parte orquestal [“Coming Up Roses”], o las canciones de piano. Hay un par de canciones mucho más directas. Probablemente hay tres o cuatro momentos que son los más directos.
Yorke: ¿Entonces los demás están trabajados en el estudio?
Styles: Hay mucho de eso, sí. Probablemente dos tercios del disco. Creo que era simplemente el punto donde sentía que estaba en mi vida y la música que estaba experimentando. Quería fusionar las partes de mi vida. Había empezado a salir a bailar mucho más. Realmente no quería que fuera como: “Oh, estoy escuchando esta música, acá es donde estoy ahora”, pero luego entro al estudio y digo: “Bueno, tengo que hacer este tipo de música”.
Yorke: Conozco esa sensación. Conozco muy bien esa sensación.
Styles: Era realmente como: “Acabo de venir de este lugar.Quiero que ese ritmo siga. Quiero estar en el escenario sintiéndome ahí”. Ese tipo de ideas informaron el disco.
Yorke: Creo que hiciste justamente eso. Esa es mi parte favorita del show, donde literalmente hacés eso. Había mucha generosidad ahí, me hizo pensar: “Sí, eso está realmente buenísimo. Ahí claramente hay alguien que está descubriendo algo y quiere compartirlo. La honestidad de eso fue muy genial. Me encantó. Quiero decir, es muy difícil llevar ese tipo de música a esos lugares. Es mucho más fácil volverse completamente sordo pinchando en un club en Berlín. Iba a preguntarte: ¿Qué lugar es más tu hogar? Porque debés tener más de uno.
Styles: Creo que cuando estoy en Londres es más como estar en casa. Y eso que no soy de acá.
Yorke: ¿Dónde están tus cosas? Tus cosas importantes.
Styles: Londres. Porque he vivido en mi casa 12 años o algo así. Ese es el lugar donde siento que he pasado por tantas versiones de mí mismo. Siento que realmente crecí en esta casa, de una manera significativa. Recuerdo mudarme justo después de cumplir 19 años. Ha pasado por muchos cambios, pero ahí, en la cocina, es lo más parecido a un lugar donde puedo decir “Acá vivo”.
Yorke: ¿Cocinás?
Styles: Sí, cocino.
Yorke: Probablemente seas bastante bueno, ¿no?
Styles: Me defiendo…
Yorke: Yo soy malísimo.
Styles: Para quedarme con vos un segundo, si me permitís. [Yorke chasquea los dedos con decepción.] Tenía curiosidad por hacer esta entrevista, por ejemplo, o por lo de los Ivors; creo que todos expresaron sorpresa de que estuvieras dispuesto a ser homenajeado. Tengo curiosidad por saber cómo ha cambiado tu relación con eso a lo largo del tiempo. En términos de alguien tan innovador, ¿cuánto de eso siempre ha sido una necesidad de rechazar la nostalgia, para asegurarte de que estás avanzando?
Para mí, parece que tal vez solo se trate de estar en un lugar más feliz, de darse cuenta de que podés hacer las dos cosas: innovar y también permitir que la gente celebre lo que has hecho antes, ya sea en los Ivors, o de gira tocando una selección profunda de tu catálogo. Poder tocar esas canciones y no sentir que estás viviendo en el pasado, sino simplemente pensar: “Hicimos algo realmente hermoso. Voy a tocar esas canciones, y eso es hermoso. Y ahora también puedo seguir avanzando”.
Yorke: Estás respondiendo esto mejor de lo que yo podría. Tenés razón, estoy en un lugar ligeramente mejor hoy en día, pero mentiría si no dijera que algo como recibir una beca Ivor Novello no me resultó profundamente confuso. Admiro a muchas de las personas a las que les han otorgado esos premios. Algunos son mis héroes. Pero tengo una relación muy, muy extraña con … Dios, esto es realmente difícil de explicar. Tengo una relación muy extraña con esa parte de mi trabajo.
Styles: ¿Introspección?
Yorke: Me cuesta creer en eso. Lo de avanzar, en eso sí creo. Eso es fácil de creer, porque es nuevo. No tengo que explicarlo, así que estoy feliz. Después de la gira de reunión de Radiohead [en 2025] –aunque cuando estábamos ahí fue divertido– mi respuesta después fue un colapso, un colapso masivo, en términos de confianza en mí mismo. Me tomó meses… Tuve que volver a empezar mi propio disco dos meses después para darme cuenta, “Oh, está bien. Ahora estoy bien. Estoy bien”. Simplemente tengo una relación muy extraña con eso. Y simplemente me acostumbré. En los Ivors, para ser honesto, tu discurso fue genial, porque fue realmente honesto y personal, y pude relacionarme con eso. En cambio, cuando se siente demasiado como un negocio, y sos parte de ese negocio, y las cámaras están grabando… No sé, amigo.
Styles: Algo que me da curiosidad: me pregunto si es algo que tal vez sucede cuando tenés hijos, y después seguís creando.
Yorke: Es realmente importante que todos se integren y sigan informando quién sos. Probablemente viste a Agnes y Noah [los hijos de Yorke] en los Ivors. Estaban muy emocionados, y Dajana, mi esposa, también. Lo hago por ellos, porque si ellos se emocionan, está bien, por eso estoy acá. Porque para mí, me siento bastante insensible al respecto.
Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es que parte de la actitud que tengo se ha contagiado a [Agnes y Noah] mientras crecen. Puedo ver que tienen ese tipo de actitud en lo que están haciendo. Bastante valientes al ser creativos y bastante abiertos. Sin avergonzarse. Porque, obviamente, cuando tu hijo es adolescente va a decir: “Oh, Dios, mi padre es bla, bla, bla”. En cambio, ahora, es realmente agradable. Está bueno. Me siento superafortunado por eso, porque no fue fácil, por mucho tiempo.
Styles: Recuerdo haber visto el video de “Karma Police” y pensar: “Oh, esto es brillante”. Siento que mucha de tu música tiene ese peso donde simplemente recordás haberla escuchado. Es tan inspirador ver a alguien ser tan consistentemente genial, de tantas maneras diferentes. Siempre me han atraído mucho cosas como “Codex” o “True Love Waits”. “Everything in Its Right Place” es lo mío.
Yorke: “Everything in Its Right Place” fue mi respuesta a no poder componer. Teníamos una casa vacía. Teníamos un piano de cola y teníamos un colchón. Y eso es lo primero que hice cuando nos mudamos a esta casa. Me había sentido perdido desde lo de OK Computer. Era como un mantra. No estaba pensando: “Oh, estoy componiendo una canción”. Realmente estaba disfrutando tocar el piano en esta casa vacía; solo tenía un CD de [el compositor minimalista] Arvo Pärt, y eso es todo. Fue durante el invierno, había tormentas todo el tiempo, y fue tan genial tocar ese riff una y otra vez para sentirme mejor.
RS: Harry, acabás de terminar tu gran gira en el Estadio de Wembley, y en la noche final, la gente se emocionó mucho al verte llorar. Para ambos, ¿cómo es ponerse emocionales en el escenario?
Styles: Para mí, gran parte de la experiencia en el estudio es casi intentar bloquear el hecho de que alguien lo va a escuchar. Tenés que preguntarte: “¿Qué quiero escuchar en este momento de mi vida? ¿Qué es lo que siento que quiero hacer, decir, crear?”. Darte cuenta de que la gente lo va a escuchar llega más tarde. Tocar en vivo es la parte en la que aceptás que la gente escucha eso, que conecta con la gente. La emoción que se dio al final de los shows en Londres… creo que fue la toma de conciencia de que esos shows se sentían como la culminación del apoyo de muchísima gente. Me sentí apoyado, de una manera que va más allá de algo como: “Estamos acá porque queremos escuchar esta canción que hiciste”. Simplemente se sentía como: “Estamos acá porque creemos en lo que estás haciendo”. Por eso me resultó tan emotivo.
Yorke: Además, tenés que dar mucho de vos, y eso te vuelve muy… ¿cuál es la palabra? Abierto. Quedás expuesto a toda esa gente. Ya no me molesta. Antes sí me molestaba; ya no me molesta más. Pero te vuelve muy abierto.
Styles: Muchas veces, cuando estás creando cosas, intentás rechazar lo que te vuelve de afuera, para conservar una mente más ingenua. Siempre estás tratando de recuperar esa sensación de volver a empezar. Esos momentos en los que te soltás y te abrís y permitís que entre todo, y llegás a sentirlo… es una ola de algo con lo que no convivís todos los días.
Yorke: Cuando hicimos el primer show de Radiohead, en Madrid, el año pasado, tuvimos que hacer una cosa en la que caminábamos entre el público. Nunca habíamos hecho eso antes. Después tuvimos que quedarnos parados en el escenario preparándonos antes de salir. Fue la primera vez que hicimos eso [subir al escenario juntos], después de no sé cuántos años. Todos, toda la banda, estábamos como: “Bueno, quedate firme. Quedate firme”. Porque yo tenía ganas de largarme a llorar, y ni siquiera habíamos tocado una nota. Hacía tanto tiempo que no me exponía a eso, y caminar por el medio de toda esa gente… Quiero decir, estábamos todo como: “La puta madre. La puta madre”.
Styles: Lo que nos lleva de vuelta al tema de caminar, a la perspectiva del artista, que es donde empezamos. Ahí está la reverencia. Ahí está el cierre.
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En 2005, el empresario Phil Knight, cofundador de Nike (el mismo que interpretó Ben Affleck en Air, la película dirigida por él), transformó los antiguos estudios de Will Vinton, pionero de la animación con plastilina, en una compañía llamada Laika. Su hijo Travis Knight, que había trabajado como animador en aquel estudio, se convirtió en una de las figuras fundamentales de esta aventura empresarial y artística, decidida a preservar y perfeccionar una de las técnicas más laboriosas de la historia del cine: el stop motion.
Cuatro años después, Laika presentó su primer largometraje, la extraordinaria Coraline (2009), dirigida por Henry Selick (The Nightmare Before Christmas), una pesadilla infantil inspirada en la novela del malogrado Neil Gaiman que demostró hasta dónde podía llegar la animación artesanal cuando se combinaban la imaginación, el talento y una paciencia prácticamente sobrehumana. Después llegaron ParaNorman (2012), The Boxtrolls (2014) y Kubo and the Two Strings (2016), antes de que Missing Link (2019) cerrara una primera etapa de cinco películas que consolidó a Laika como uno de los estudios de animación más fascinantes del mundo.
Precisamente Travis Knight dirigió Kubo and the Two Strings, que, con el perdón de Coraline, sigue siendo la mejor película del estudio. Aquella extraordinaria fantasía japonesa, construida alrededor de la muerte, la memoria y las relaciones familiares, representó una conquista artística que parecía imposible de superar.
Knight continuó su carrera con Bumblebee (2018), la mejor película de la horrenda saga Transformers y, posteriormente, con la maravillosa Masters of the Universe (2026), la nueva aventura cinematográfica de He-Man. Entretanto, dedicó alrededor de quince años a desarrollar Wildwood, un proyecto monumental que finalmente devuelve a Laika a las pantallas después de siete años de ausencia. El resultado justifica semejante espera y confirma que todavía existen cineastas dispuestos a invertir buena parte de sus vidas en fabricar universos que, literalmente, pueden tocarse con las manos.
Basada en la novela de Colin Meloy, vocalista de The Decemberists, ilustrada por Carson Ellis y adaptada por Chris Butler, Wildwood cuenta la historia de Prue McKeel (Peyton Elizabeth Lee), una adolescente que vive en Portland con sus padres y su pequeño hermano Mac. Durante una salida al parque, una gigantesca bandada de cuervos secuestra al bebé y lo transporta hasta un bosque misterioso que los habitantes de la ciudad conocen como la Naturaleza Impracticable.
Desesperada por recuperar a su hermano, Prue emprende una expedición acompañada por Curtis (Jacob Tremblay), un compañero de colegio que termina involucrado en una aventura mucho más peligrosa de lo que cualquiera de los dos podría imaginar. Al otro lado del bosque descubren una civilización habitada por animales parlantes, criaturas extraordinarias, ejércitos de coyotes, aves, bandidos y gobernantes enfrentados por el control de aquel territorio encantado.
En el centro de este conflicto aparece Alexandra, una gobernanta interpretada vocalmente por Carey Mulligan, cuya tragedia familiar ha terminado convirtiéndola en una hechicera dispuesta a cometer atrocidades para recuperar aquello que perdió. También encontramos a Brendan (Mahershala Ali), un carismático líder de bandidos; a Septima (Awkwafina), una rata particularmente ingeniosa; y al General, una imponente águila dorada que posee la voz majestuosa de Angela Bassett.
El reparto se complementa con Richard E. Grant, Jemaine Clement, Charlie Day y el incomparable Tom Waits, quien presta su voz a Maksim. Escuchar esa garganta de whiskey, cigarrillos y noches interminables en medio de semejante desfile de criaturas fantásticas constituye uno de los placeres adicionales de la película. Waits tiene una voz que parece haber sido descubierta debajo de las tablas de una taberna medieval, algo que lo convierte en un habitante perfectamente natural de este universo.
Conviene reconocer que Wildwood tiene muy poco de original desde una perspectiva argumental. Su historia pertenece a una tradición del sword and sorcery que ha alimentado el cine fantástico durante décadas. Por momentos, la película produce la sensación de estar cambiando constantemente de canal entre Labyrinth, Willow, The Lord of the Rings, The Chronicles of Narnia y Game of Thrones. Hay criaturas que parecen escapar de la imaginación de Jim Henson, batallas que recuerdan las grandes confrontaciones concebidas por Peter Jackson, reinos poblados por animales parlantes que evocan a C.S. Lewis y disputas dinásticas que perfectamente podrían haber sido imaginadas por George R.R. Martin. También aparecen ecos de The Dark Crystal y del universo fantástico de Hayao Miyazaki, especialmente de Princess Mononoke, por su preocupación por la naturaleza y las consecuencias de perturbar sus leyes.
Incluso resulta imposible contemplar algunas de las espectaculares secuencias protagonizadas por aves guerreras sin recordar Legend of the Guardians: The Owls of Ga’Hoole, aquella injustamente olvidada película de Zack Snyder protagonizada por lechuzas que se enfrentaban a muerte utilizando armaduras, garras y armas afiladas.. Knight comparte con Snyder cierta fascinación por la majestuosidad de las criaturas aladas y por convertir sus enfrentamientos en acontecimientos de dimensiones mitológicas. Sin embargo, donde Snyder privilegiaba la espectacularidad digital, Knight construye un universo físico que posee una textura extraordinaria.
Y aquí encontramos la verdadera grandeza de Wildwood. La película representa una nueva conquista del stop motion, una técnica cuyos orígenes cinematográficos se remontan a los experimentos de pioneros como J. Stuart Blackton y Segundo de Chomón, y cuya evolución incluye las extraordinarias criaturas de Willis O’Brien y Ray Harryhausen, las fantasías perturbadoras de Jan Švankmajer, las exploraciones de los hermanos Quay y Bolex y los incomparables talentos de Jiří Trnka, Henry Selick, Wes Anderson y Guillermo del Toro. Todos estos artistas descubrieron que los objetos inanimados podían adquirir personalidad y vida mediante la manipulación fotograma a fotograma. Knight recoge esa tradición centenaria y la lleva hasta territorios de una complejidad formal que sus predecesores difícilmente habrían podido imaginar.
El stop motion exige que cada movimiento sea cuidadosamente construido por un animador. Los personajes son marionetas físicas, dotadas de esqueletos articulados, vestuarios minúsculos y expresiones faciales que se modifican entre fotografías. Laika ha perfeccionado esta técnica mediante la impresión tridimensional de miles de piezas intercambiables y su integración con herramientas digitales que amplían las posibilidades de los decorados, la iluminación y los efectos visuales.
En Wildwood, este procedimiento alcanza dimensiones descomunales. La producción utilizó 136 escenarios y 231 marionetas, mientras que el gigantesco General fue concebido con una envergadura de aproximadamente metro y medio y miles de plumas elaboradas individualmente. Cada rama, prenda, criatura y expresión revelan una minuciosidad que resulta francamente alucinante.
La participación del veterano director de fotografía Caleb Deschanel (The Black Stallion, Twin Peaks) contribuye enormemente a esta proeza. Su trabajo convierte el bosque en un territorio que parece respirar, donde la luz atraviesa el follaje, las sombras adquieren una presencia amenazadora y las superficies poseen una riqueza visual pocas veces alcanzada por la animación. Los árboles, las ciudades, las fortalezas y las criaturas tienen una existencia material que permite experimentar aquel mundo como un lugar tangible.
La cámara se desplaza por escenarios de una complejidad asombrosa y las persecuciones aéreas alcanzan una fluidez que desafía cualquier expectativa sobre las posibilidades de esta técnica. La partitura de Dario Marianelli completa la experiencia con una fuerza sinfónica que acompaña las transformaciones de una aventura capaz de pasar de la comedia al horror y de la ternura a la tragedia.
También sorprende la magnitud épica de su narración. Wildwood dura 132 minutos, una extensión extraordinaria para un largometraje de stop motion, especialmente si consideramos la cantidad de trabajo necesaria para producir apenas unos segundos de movimiento. Knight aprovecha este metraje para desarrollar una historia poblada por numerosas facciones, intrigas políticas, revelaciones familiares, sacrificios y enfrentamientos multitudinarios.
Algunas de sus secuencias, especialmente una persecución entre aves y una gigantesca batalla que parece salida de The Two Towers, alcanzan una espectacularidad formidable. Es difícil imaginar el número de horas invertidas para lograr que semejantes acontecimientos cobren vida mediante pequeñas figuras manipuladas por seres humanos. El resultado permite apreciar una cualidad cada vez menos frecuente en las grandes producciones cinematográficas: El asombro genuino ante aquello que aparece en la pantalla.
Por supuesto, tanta ambición también tiene consecuencias. El guion acumula personajes, conflictos y explicaciones que ocasionalmente amenazan con saturar la narración. Algunas transformaciones dramáticas resultan apresuradas, ciertas revelaciones dependen demasiado de la exposición verbal y las motivaciones de algunos personajes secundarios merecían un desarrollo más generoso.
La película también utiliza convenciones del género con una familiaridad que puede anticipar buena parte de sus acontecimientos. Sin embargo, Knight posee suficiente talento para convertir esos materiales conocidos en una experiencia cinematográfica tremendamente emocionante. El viaje de Prue está sostenido por una genuina preocupación por su hermano y por una exploración del dolor, la pérdida y la dificultad de aceptar que la naturaleza sigue sus propias leyes, incluso cuando estas resultan crueles.
Vale la pena advertir que Wildwood difícilmente puede considerarse una película destinada a los niños más pequeños. Su clasificación está plenamente justificada. Aquí encontramos decapitaciones, personajes atravesados por armas, cuchilladas, muertes violentas, escenas de desnudez parcial y acontecimientos relacionados con el suicidio y la pérdida de seres queridos.
Knight comprende que los cuentos de hadas siempre han mantenido una estrecha relación con el horror y recupera esa dimensión sombría que muchas producciones infantiles contemporáneas prefieren suavizar. Sin duda, cualquier niño de nueve años acostumbrado a las grandes aventuras fantásticas querrá verla a toda costa, fascinado por sus monstruos, sus ejércitos y sus animales parlantes, aunque la intensidad de algunas imágenes exige que los padres consideren su sensibilidad.
En una época en la que buena parte de la industria parece obsesionada con acelerar los procesos creativos mediante herramientas automatizadas (léase IA), Wildwood constituye una celebración del trabajo humano, de la paciencia y de la capacidad de crear maravillas a partir de materiales físicos. Los animadores de Laika han dedicado años a construir un universo que parece haber nacido de la imaginación de un niño enamorado de las películas de aventuras, los libros ilustrados y los monstruos de Ray Harryhausen.
Travis Knight demuestra que conoce profundamente esa tradición y que su pasión por ella permanece intacta. Puede que su película recuerde demasiadas historias que ya conocemos, pero pocas veces las hemos visto representadas con semejante virtuosismo, energía y pasión cinematográfica.
Wildwood es una proeza técnica, una aventura épica extraordinariamente entretenida y uno de los grandes acontecimientos de la animación contemporánea. Si todavía existe la posibilidad de contemplar algo verdaderamente maravilloso en una sala de cine, los artesanos de Laika acaban de ofrecernos una prueba deslumbrante.
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Chris Rock siempre ha sido un observador privilegiado de las contradicciones de la sociedad estadounidense. Su extraordinaria trayectoria como comediante le ha permitido examinar con inteligencia y una considerable dosis de mala leche asuntos relacionados con el racismo, las diferencias sociales, las relaciones sentimentales y las miserias del mundo del espectáculo.
Como director cinematográfico, sin embargo, su carrera ha sido bastante irregular. Debutó con Head of State (2003), una sátira política que aprovechaba su popularidad como comediante, y continuó con I Think I Love My Wife (2007), una adaptación de El amor después del mediodía (1972), de Éric Rohmer, que trasladaba las preocupaciones sentimentales del cineasta francés a las contradicciones de un matrimonio afroamericano de clase acomodada.
Su mejor película llegó con Top Five (2014), una comedia autobiográfica sobre un comediante que intenta convertirse en actor dramático mientras enfrenta las contradicciones de la fama. Doce años después, Rock regresa a la dirección con Misty Green, una tragicomedia que parece reunir sus preocupaciones anteriores y que encuentra en Rosalind Eleazar a una protagonista sencillamente formidable.
La influencia de Woody Allen resulta evidente en su manera de abordar las neurosis de sus personajes, sus relaciones sentimentales y la incapacidad de los artistas para escapar de sus propias contradicciones. También hay mucho de Noah Baumbach, especialmente del cineasta de Margot at the Wedding (2007) y Frances Ha (2012), en la construcción de personajes inteligentes, profundamente egoístas y capaces de destruir las relaciones que más necesitan.
Rock comparte con ambos directores cierta fascinación por las personas que convierten sus desgracias en una forma de vida, aunque su mirada posee una particular preocupación por las diferencias raciales y económicas que determinan quién puede darse el lujo de fracasar en Estados Unidos. A ello se suma una cierta influencia de Uncut Gems (2019), de los hermanos Safdie, en ese retrato de un protagonista que encadena decisiones desastrosas hasta convertir su existencia en una pesadilla de la cual parece incapaz de escapar.
Misty Green (Eleazar) fue una actriz prometedora que alcanzó la fama gracias a una serie de televisión llamada Red Eye, por la cual ganó un premio Emmy. Sin embargo, aquellos días de gloria pertenecen al pasado. Ahora, cerca de los cuarenta años, su carrera está prácticamente destruida por una combinación de adicciones, relaciones sentimentales desastrosas, comportamientos autodestructivos y una reputación profesional que hace que nadie quiera contratarla.
Para empeorar las cosas, su sugar daddy, un hombre adinerado que mantenía su lujoso apartamento en Los Ángeles, acaba de morir y su viuda (Amy Landecker) le concede siete días para abandonar la propiedad. Misty necesita encontrar dinero, vivienda y trabajo, tres cosas que parecen haberse convertido en artículos de lujo dentro de una ciudad que alguna vez le prometió el mundo entero.
Su única posibilidad de recuperar la carrera aparece cuando Jordan (Chris Rock), un director con quien tuvo problemas en el pasado, contempla ofrecerle un papel en una nueva versión del musical Dreamgirls. Sin embargo, para conseguirlo deberá enfrentarse a su propia reputación, a los prejuicios de la industria y, especialmente, a su extraordinaria capacidad para sabotear cualquier oportunidad que se presente. Mientras tanto, su hermano Jordan (Daniel Kaluuya), quien padece trastorno bipolar, reaparece después de una hospitalización psiquiátrica, agregando una responsabilidad familiar a una existencia que apenas puede sostenerse por sí misma.
Alrededor de Misty encontramos una colección de personajes que parecen representar distintas formas de supervivencia dentro de Hollywood. Zach (Adam Driver) es un cineasta oportunista y particularmente desagradable que ofrece soluciones económicas mediante negocios sexuales bastante turbios. Driver aprovecha su aspecto desgarbado y su capacidad para interpretar personajes moralmente ambiguos para construir a uno de esos hombres demoníacos que conocen perfectamente las debilidades ajenas y encuentran la manera de sacarles provecho.
Naomi (Anna Kendrick), la mejor amiga de Misty, ha decidido abandonar sus aspiraciones artísticas para buscar estabilidad económica y sentimental, mientras que su representante (Topher Grace) intenta encontrarle algún trabajo en una industria que prácticamente la considera un producto vencido. Kaluuya, por su parte, aporta una intensidad dramática considerable a un personaje que merecía mayor desarrollo y cuya relación con su hermana permite descubrir aspectos de ella que permanecen ocultos detrás de su arrogancia.
Sin embargo, el verdadero corazón de la película pertenece a Rosalind Eleazar. La actriz británica, conocida especialmente por su participación en la excelente serie Slow Horses, ofrece un auténtico tour de force interpretativo. Su Misty es arrogante, caprichosa, desagradable, sexualmente impulsiva y capaz de tratar miserablemente a quienes intentan ayudarla.
También es una mujer extraordinariamente talentosa que contempla con desesperación cómo las oportunidades desaparecen mientras su cuerpo envejece y sus errores se convierten en una condena profesional. Eleazar comprende que interpretar a una persona semejante exige mostrar sus contradicciones sin buscar permanentemente la simpatía del espectador. Sus cambios de temperamento, sus explosiones de rabia y aquellos momentos en los que la desesperación consigue atravesar su fachada de superioridad construyen un personaje de una riqueza emocional sorprendente.
Hay dos secuencias musicales que permiten comprender la dimensión de su talento. En una de ellas interpreta Creep, de Radiohead, transformando la canción en una confesión dolorosa sobre el sentimiento de exclusión. En otra aborda One Night Only, de Dreamgirls, demostrando que detrás de aquella mujer aparentemente destruida todavía existe una artista formidable. Son momentos en los que la película alcanza una intensidad extraordinaria porque Eleazar consigue transmitir, mediante su voz y su expresión corporal, toda la frustración de alguien que sabe perfectamente cuánto vale su talento y cuánto ha perdido por culpa de sus propios errores.
Rock nos muestra un costado de Hollywood que pocas películas se atreven a explorar con semejante crudeza y que, probablemente, conoce muy bien. El cine ha producido innumerables historias sobre el ascenso de las estrellas, sus excesos, sus romances y sus tragedias, como en los clásicos A Star Is Born y Sunset Boulevard. Sin embargo, Misty Green se interesa por una realidad bastante menos espectacular, la existencia de aquellos intérpretes que tuvieron sus quince minutos de fama y posteriormente descubrieron que el reconocimiento artístico ofrece muy pocas garantías de supervivencia económica.
Un premio Emmy puede convertirse en un objeto decorativo mientras las facturas se acumulan, los representantes dejan de llamar y los productores encuentran razones cada vez más absurdas para descartar a una actriz. Hollywood aparece como una gigantesca maquinaria que exige talento, juventud, belleza y disponibilidad absoluta, pero que puede descartar a cualquiera cuando deja de satisfacer sus expectativas.
Rock también examina las dificultades particulares que enfrentan las mujeres afroamericanas dentro de esa maquinaria. Misty debe soportar comentarios racistas, audiciones humillantes y propuestas laborales que reducen sus posibilidades interpretativas a una serie de estereotipos. A esto se suma el problema de la edad, especialmente cruel en una industria que continúa ofreciendo mayores oportunidades a los hombres maduros mientras considera que las mujeres han perdido buena parte de su valor comercial al acercarse a los cuarenta años. Una escena en la que Misty aparece diminuta frente a una gigantesca imagen publicitaria de Marilyn Monroe resume admirablemente aquella contradicción. Hollywood continúa venerando a sus antiguas diosas mientras destruye sistemáticamente a las nuevas.
El guion, sin embargo, presenta algunas debilidades. Rock acumula tantos problemas alrededor de su protagonista que ocasionalmente parece empeñado en convertir cada jornada en una nueva catástrofe. Los conflictos familiares, las adicciones, el racismo, las dificultades económicas y las relaciones sentimentales terminan compitiendo por el protagonismo.
Algunas situaciones resultan demasiado calculadas y ciertos personajes secundarios funcionan principalmente como instrumentos para desarrollar las preocupaciones sociales del director. También resulta discutible que el personaje interpretado por el propio Rock aparezca como una figura prácticamente providencial, dispuesta a perdonar las peores atrocidades de Misty mientras los demás personajes exhiben sus miserias con escaso pudor.
Afortunadamente, la película conserva una considerable capacidad para provocar risas incluso en sus momentos más melodramáticos. Rock conoce perfectamente los mecanismos de la comedia observacional y utiliza el humor para denunciar el absurdo de una industria donde las relaciones personales funcionan como transacciones comerciales y las oportunidades laborales dependen tanto del talento como de los contactos, las apariencias y los favores sexuales. Sus observaciones sobre las audiciones, los representantes y los productores poseen una autenticidad que revela su experiencia dentro de Hollywood.
Pero lo verdaderamente conmovedor de Misty Green es su capacidad para reconocer la fragilidad de una mujer que ha cometido errores terribles y que, pese a todo, conserva el deseo de recuperar su dignidad. Rock comprende que las personas pueden resultar despreciables en determinadas circunstancias y seguir mereciendo una segunda oportunidad. Su película observa a Misty con una mezcla de ironía, frustración y afecto que evita convertirla en una víctima ejemplar o en una caricatura moral.
En ese sentido, su mayor virtud aparece cuando abandona las explicaciones sobre las injusticias de Hollywood y permite que Eleazar exprese, mediante un gesto o una mirada, el miedo de una artista que comienza a sospechar que sus mejores años han quedado definitivamente atrás.
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¿Qué es GENERACIÓN? Lejos de ser una convención tradicional o un simple show en vivo, GENERACIÓN se presenta como el gran punto de encuentro de las comunidades digitales, un festival concebido para transformar el universo virtual en una experiencia tangible, masiva y compartida. El 11 y 12 de diciembre, el predio BA Ferial Costa Salguero en Buenos Aires abrirá sus puertas para dar vida a dos jornadas donde las pantallas quedarán en segundo plano para dar paso al cara a cara entre los creadores más influyentes del momento y sus seguidores. Entradas acá.
Para entender la magnitud del fenómeno, es necesario observar su propuesta estructural. El festival no se limita a un único escenario ni a un formato lineal. Por el contrario, su propuesta se despliega a través de tres espacios simultáneos —denominados PLAY, CLICK y TREND— que funcionan de manera coordinada. Cada uno de estos escenarios albergará espectáculos exclusivos de aproximadamente una hora de duración, diseñados específicamente para el evento. No se trata de replicar lo que habitualmente se ve en YouTube, Twitch o las redes sociales, sino de llevarlo a una dimensión superior: los creadores desplegarán dinámicas, entrevistas, juegos, humor, desafíos en vivo y momentos de interacción directa con el público. Esta multiplicidad de opciones permite que cada asistente elija su propio recorrido, convirtiendo el predio en un universo dinámico donde convergen múltiples experiencias al mismo tiempo.
Pero la respuesta a qué es GENERACIÓN abarca también una dimensión comunitaria y social. El evento reúne a figuras que han marcado distintas etapas y estilos del entretenimiento en internet, convocando a audiencias masivas. Entre los atractivos más comentados se encuentra el esperado regreso de Rubius a la Argentina tras más de una década, en un show compartido junto a Spreen que promete marcar un hito en la historia de los eventos de creadores en el país. A ellos se suma un line up de lujo integrado por Alejo Igoa, Ian Lucas, Robleis, Jordi Wild, Yolo Aventuras, Farid Dieck, Angie Velasco junto a HiClavero, Carrera, Unicornio, Spreen, Marti Benza, Evitta Luna, Sofi y Kuki Agnone, Mica Suárez, Kevsho, Top Globales, La Gula y Un Poco de Ruido, además del universo futbolero y de streaming de 412 —con Davo Xeneize, La Cobra, Teo D’Elia, Agusneta y Benito SDR—.
Asimismo, la propuesta trasciende los límites de la generación centennial o adolescente, abarcando un enfoque multiplataforma y multigeneracional. Con contenidos diseñados especialmente para el público infantil y familiar —protagonizados por referentes como Alejo Igoa, Robleis, Ian Lucas, La Vecibanda y Yolo Aventuras—, el festival invita a padres, hijos, jóvenes y adultos a compartir una misma pasión en un entorno seguro y preparado para el disfrute colectivo.
Definir GENERACIÓN implica también comprender que la experiencia excede los escenarios. El predio ha sido planificado como un espacio integral de entretenimiento que incluye una amplia Zona de Actividades y una Zona Gastronómica. De este modo, los asistentes pueden hacer pausas entre show y show, recorrer activaciones interactivas y disfrutar de propuestas diseñadas para habitar todo el día el predio. Bajo el concepto ‘Elegí cómo vivirlo’, el festival ofrece diversas modalidades de acceso —como Show Pass, Play Pass, Duo Pass, Festival Pass y el Combo Kids— para que cada persona adapte su visita a sus intereses particulares.
GENERACIÓN es una experiencia que trasciende el mero hecho de ver a los creadores favoritos en vivo, es la materialización de una cultura digital que ha crecido exponencialmente y que ahora busca espacios físicos para consolidar su sentido de comunidad. Impulsado por LA NACIÓN y OLGA, el festival celebra la pasión compartida, el descubrimiento de nuevas vivencias y la comunión entre quienes construyen día a día el ecosistema digital.
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