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“Rajah of Rhinestones” and “Sultan of Sequins” were the two titles given to the legendary nine-time Emmy-winning and three-time Oscar-nominated costume designer Bob Mackie, and they couldn’t have been more fitting. Recognized for being behind some of the most sequined and sparkling outfits in Hollywood, Mackie — who died Monday (Sept. 14) at age 87 — has left an unforgettable mark on pop culture with his timeless work.

Mackie’s career as a costume designer spanned more than half a century. He began designing in 1961, earning his breakout gig through his work as a costume designer on the The Carol Burnett Show. From Cher’s elaborate, head-turning “nude illusion gown” and feathered headpiece at the 1974 Met Gala to Sabrina Carpenter’s iconic three-set archival Mackie look at the 2025 MTV Video Music Awards and its afterparty, the designer has a number of dazzling pieces that have been seen on plenty of music’s biggest stars and inspired the work of countless others.

“It is with a heavy heart that we share the news that Mr. Bob Mackie passed away today,” read the statement shared to Mackie’s social media about his death. “He lived his 87 years to the fullest, fulfilling his dream of being a Fashion and Costume Designer, which is all he ever wanted to do. His genius and extraordinary designs will live on forever, continuing to bring beauty into this world.”

In honor of Mackie’s iconic outfits, Billboard has compiled photos of music artists who have worn some of his intricate and beautifully designed ensembles below.

El mes pasado se cumplió el primer año desde la trágica muerte de Brent Hinds, exguitarrista y cofundador de Mastodon, quien había dejado la banda tan solo unos meses antes del accidente en el que perdió la vida. El aniversario coincidió con el lanzamiento del álbum más reciente de la agrupación de metal, Marrow Deep, un disco en el que Brann Dailor y compañía abordan los pensamientos y emociones que surgen al tramitar una pérdida.

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La banda ha dejado claro que la herida por la partida repentina de Hinds continúa abierta y, tanto en entrevistas como en un video compartido en su perfil de YouTube, sus miembros han hablado sobre la relación compleja que sostuvieron con el difunto músico en los últimos años y cómo su último disco está ligado a él pese a no haber contado con sus contribuciones.

Todo parecía andar sin mayores contratiempos hasta que la semana pasada se conoció la noticia de que el patrimonio del guitarrista interpuso una demanda en contra de Mastodon por mala compensación. De acuerdo con el documento oficial presentado ante el Tribunal del Condado de Fulton, en Estados Unidos, la agrupación y su exmiembro no alcanzaron a llegar a ningún acuerdo para que este último cediera sus derechos sobre el proyecto que ayudó a fundar en el año 2000.

La demanda expone que Hinds fue despedido mediante un correo electrónico en donde se le explicaron los términos del fin de la relación laboral y se le informó que el grupo compraría el porcentaje que le correspondía, incluyendo derechos sobre la música y merchandising. No obstante, las partes nunca pudieron llegar a un acuerdo pues el guitarrista murió cinco meses después de su despido.

Su patrimonio alega que Mastodon le hizo llegar un cheque por 80,000 dólares para comprar su parte, pero sin explicar los cálculos detrás de dicha cifra, por lo que tomó la decisión de no redimirlo hasta conocer la justificación. Además, acusa a la banda de aprovecharse de la imagen del músico fallecido para promocionar su más reciente trabajo discográfico al utilizar lo que parece ser su rostro en la portada.

El arte de Marrow Deep, pintado por el artista Paul Romano, es una interpretación de las Moiras de la mitología griega. En conjunto, las tres representan el ciclo de la vida. La última, que tiene rostro de murciélago y sostiene unas tijeras con las que corta la vida, tiene bajo su manto varios rostros y uno de ellos se asemeja a Hinds. “Los demandados seleccionaron y posicionaron una imagen reconocible de Brent en la portada de Marrow Deep y difundieron dicha portada para promocionar, vender y distribuir copias físicas del álbum, descargas digitales, reproducciones, merchandise y demás bienes o servicios”, dice en la demanda.

Art cover Marrow Deep

Antes del lanzamiento del álbum, Mastodon compartió un video de más de media hora en el que aborda las circunstancias que desencadenaron el despido de Brent Hinds. Allí, los cofundadores sobrevivientes Brann Dailor, Bill Kelliher y Troy Sanders explican que los problemas con el alcohol del guitarrista afectaron el desempeño de la banda y su relación de amistad, situación que se reflejó en su LP de 2021, Hushed and Grim. Según mencionan, el difunto músico ignoró sus súplicas de dejar la bebida por su bien, el de su familia y sus amigos.

Aunque la demanda no menciona explícitamente el alcoholismo, sí acusa a los músicos de compartir “detalles de su vida privada que les fueron confiados y que él decidió mantener en privado mientras estuvo con vida”.

La respuesta de Mastodon a la acción legal en su contra llegó poco después en un comunicado breve en el que niega las acusaciones, pero advierte que mantendrá los detalles de la disputa en privado. “Tristemente, una disputa privada con el patrimonio de nuestro querido amigo Brent Hinds se hizo pública”, se lee. “Negamos rotundamente las acusaciones de que actuamos con mala fe y vamos a defendernos en lo que consideramos una demanda improcedente. No hablaremos de esto públicamente pues creemos que esto no honraría la memoria ni el legado del talento musical de Brent”.

Fue en marzo de 2025 que Mastodon dio a conocer la noticia de la salida de su guitarrista y miembro fundador por motivos que, en aquel momento, no fueron revelados. Pese a que el comunicado decía que la relación había terminado por mutuo acuerdo, Hinds luego aseguró que había sido “echado” de la banda. Cinco meses después, el 20 de agosto, el músico de 51 años murió tras chocar una camioneta con su motocicleta. Las primeras hipótesis apuntaron a que la conductora de la SUV había tenido la culpa al hacer un giro imprudente, no obstante, la policía reveló semanas después que Hinds fue el responsable del siniestro al conducir a más de 100 km/h en una zona de 50 km/h.

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Tras su retiro de las fechas restantes de la gira estadounidense de Ed Sheeran, en la que participaba como telonero, luego de pronunciarse en favor del pueblo palestino durante sus presentaciones en Nueva Jersey, Macklemore está de nuevo en el centro de atención.

Sin embargo, el activismo no es una faceta reciente ni aislada en la carrera de rapero estadounidense. Desde sus primeros años de popularidad, el artista de Seattle ha utilizado sus canciones para hablar sobre asuntos como el matrimonio igualitario, el racismo, el consumo y las adicciones, mientras que en los últimos años ha llevado sus posiciones políticas a un terreno cada vez más explícito. ‘Same Love’, ‘White Privilege II’ y ‘Hind’s Hall’ son algunos de los ejemplos más claros de una obra en la que los grandes éxitos conviven con canciones de protesta.

Por eso, más allá de la polémica, estas son 10 canciones esenciales para recorrer las distintas etapas de la carrera de Macklemore y entender cómo su música se convirtió también en una herramienta para expresar sus convicciones. 

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1. ‘Thrift Shop’

Si hay una canción que convirtió a Macklemore y a su compañero Ryan Lewis en un fenómeno global, es ‘Thrift Shop’. 

Lanzada en 2012 como parte de The Heist, la canción llegó al número uno en varios países, incluido Estados Unidos, y se convirtió en algo tan particular como comprar ropa de segunda mano en un himno pop. Su éxito también ayudó a demostrar que un artista independiente podía competir en el mainstream sin el respaldo inicial de una gran disquera.

Pero detrás de su humor y de su pegadizo estribillo hay una idea que atraviesa buena parte de la obra de Macklemore: cuestionar la necesidad de demostrar estatus a través del consumo. En lugar de presumir ropa de diseñador, el rapero celebra encontrar prendas baratas y hacerlas propias.

2. ‘Can’t Hold Us’

También perteneciente a The Heist, ‘Can’t Hold Us’ mostró la otra cara del éxito de Macklemore y Ryan Lewis: un rap expansivo, casi epico, construido para grandes escenarios y con una energía que rápidamente trascendió al hip-hop. Con Ray Dalton en las voces, la canción se convirtió en otro de los grandes éxitos internacionales de la dupla.

Su letra gira alrededor de la perseverancia y de la sensación de haber llegado hasta allí contra las expectativas. Después de años intentando abrirse camino en la escena de Seattle, Macklemore encontró en canciones como esta una forma de convertir su propia historia en un himno de superación.

3. ‘Same Love’

‘Same Love’ es probablemente la canción que mejor representa el vínculo entre su música y el activismo social. Publicada en 2012 junto a Mary Lambert, la canción defendía el matrimonio entre personas del mismo sexo en un momento en que el estado de Washington, donde nació, debatía la legalización de estas uniones.

Macklemore aborda además sus propios prejuicios y la homofobia presente históricamente en parte de la cultura del hip-hop. El resultado fue una canción que trascendió su contexto político original y terminó convirtiéndose en uno de los temas más reconocidos de su carrera.

4. ‘Wings’

Antes de hablar abiertamente sobre cuestiones políticas, Macklemore ya utilizaba sus experiencias personales para cuestionar algunos de los valores asociados a la cultura estadounidense. ‘Wings’ parte de su obsesión durante la infancia con los tenis Nike y Air Jordan para hablar de consumo, identidad y necesidad de pertenecer.

La canción funciona como una especie de confesión donde aquello que parecía ser simplemente una fascinación por los zapatos termina revelando hasta qué punto las marcas pueden convertirse en parte de la manera en que una persona construye su identidad.

5. ‘White Privilege II’

Cuatro años después de The Heist, Macklemore llevó su discurso social a un terreno mucho más incómodo. En ‘White Privilege II’, incluida en This Unruly Mess I’ve Made (2016), aborda el que es probablemente el tema más sensible para muchos de sus compatriotas: el racismo.

En este tema, grabado junto a Jamila Woods, reflexiona sobre su posición como artista blanco dentro de una cultura construida principalmente por artistas negros y sobre su relación con el movimiento Black Lives Matter, cuestionando sus propias contradicciones y el lugar que ocupa dentro de las protestas contra el racismo, convirtiendo su privilegio en el objeto central de la canción.

6. ‘Wednesday Morning’

La política estadounidense también entró directamente en su música después de las elecciones presidenciales de 2016. ‘Wednesday Morning’ fue escrita en respuesta a la victoria de Donald Trump y funciona como una reflexión sobre el futuro del país desde la perspectiva de Macklemore como padre.

Derechos de las mujeres, inmigración, racismo y derechos de la comunidad LGBTQ+ aparecen en una canción mucho menos cercana al formato de sus grandes éxitos. Más que buscar un estribillo para corear en un estadio, el rapero utiliza el tema para expresar incertidumbre frente al rumbo político de Estados Unidos.

7. ‘Drug Dealer’

La crisis de los opioides en Estados Unidos llevó a Macklemore a abordar otra de las problemáticas sociales que marcaron su vida. En ‘Drug Dealer’, el rapero cuestiona la manera en que los medicamentos recetados pueden conducir a la dependencia y dirige parte de sus críticas hacia la industria farmacéutica y el sistema que permitió la expansión de estos fármacos.

La canción tiene además un componente autobiográfico: el rapero había hablado públicamente de sus propios problemas de adicción y recuperación. El tema fue acompañado por un cortometraje documental en el que conversó con Barack Obama sobre la situación.

8. ‘Kevin’

La adicción también aparece desde una perspectiva mucho más personal en ‘Kevin’. La canción está dedicada a un amigo de Macklemore que murió después de una sobredosis de medicamentos recetados.

Mientras ‘Drug Dealer’ apunta hacia las dimensiones sociales y políticas de la crisis de opioides, este tema se concentra en sus consecuencias humanas. El resultado es uno de los momentos más vulnerables de This Unruly Mess I’ve Made y una muestra de cómo Macklemore suele convertir experiencias cercanas en reflexiones sobre problemas mucho más amplios.

9. ‘Glorious’

Publicada en 2017 como parte de Gemini, su primer álbum de estudio después de la separación creativa de Ryan Lewis, ‘Glorious’ cuenta con la participación de Skylar Grey y abandona buena parte de la carga política de otros momentos de su catálogo.

En su lugar aparece un mensaje de celebración y resiliencia. Es una canción sobre sentirse bien con el lugar que se ha alcanzado y mirar hacia adelante, y sirve también para entender la etapa de Macklemore como solista después de uno de los capítulos más exitosos de su carrera.

10. ‘Hind’s Hall’

En 2024, Macklemore volvió a utilizar su música como una plataforma de protesta con ‘Hind’s Hall’. La canción surgió como respuesta a las protestas propalestinas que se desarrollaban en universidades estadounidenses y tomó su nombre de Hamilton Hall, un edificio de la Universidad de Columbia ocupado por estudiantes y rebautizado por ellos en honor a Hind Rajab, una niña palestina de seis años asesinada en Gaza.

Macklemore cuestiona en el tema el apoyo estadounidense a Israel, la respuesta de las universidades a las protestas y el silencio de parte de la industria musical frente a la guerra. El lanzamiento marcó uno de los posicionamientos políticos más explícitos de su carrera y, años después, ayuda a entender que sus recientes declaraciones sobre Palestina no aparecen de la nada: forman parte de una faceta de protesta que ha acompañado distintas etapas de su música.

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La primera parte acompañaba el nacimiento de Macondo; esta observa cómo se deshace. Tras las guerras del coronel Aureliano Buendía (Claudio Cataño), el ferrocarril conecta al pueblo con el exterior y abre el camino a la compañía bananera. La prosperidad prometida desemboca en explotación, matanza y olvido. Ese recorrido le da a la segunda entrega una tensión histórica más poderosa que la aventura de los primeros capítulos. Cataño, además, encuentra en el coronel una figura cuya autoridad ya no puede ocultar el desgaste de tantos años de violencia.

El cambio de generaciones exige mucho de los actores. Jorge Quintero interpreta en su juventud a los gemelos Aureliano Segundo y José Arcadio Segundo, y Julián Román asume ambos personajes adultos. Román hace especialmente convincente su separación: Aureliano Segundo persigue el placer y la abundancia, mientras José Arcadio Segundo queda ligado al tren, a los trabajadores y a la memoria de la masacre que Macondo se empeña en negar. La solidez de esa interpretación permite que el conflicto político tenga un rostro y no se pierda entre los innumerables Buendía.

Las mujeres sostienen la dimensión íntima de la historia. Úrsula Iguarán (Marleyda Soto) envejece sin dejar de ser el punto de referencia de una familia que se dispersa. Fernanda del Carpio, interpretada primero por Laura Taylor, luego por Carla Baratta y finalmente por Margarita Rosa de Francisco, introduce en la casa una disciplina religiosa que acaba encerrándola también a ella; Baratta hace comprensible su soledad incluso cuando el personaje resulta exasperante. 

Petra Cotes (Ángela Cano y Licinia Alzate) encarna una relación más libre con el deseo, mientras Renata Remedios, conocida como Meme (Juanita Molina), descubre cuánto pueden costarle a una hija las prohibiciones de su familia. Remedios la Bella (Daniella Reyes) pertenece a otro registro. Su ascensión es una de las imágenes más bellas de la temporada, aunque también muestra el límite de una adaptación que convierte en una escena definida aquello que el lector podía imaginar de muchas maneras.

Carlos Moreno imprime a sus episodios un ritmo directo y conduce con oficio las distintas líneas de la historia; Laura Mora trabaja con una intención y audacia más marcada. En la masacre de los trabajadores y en el largo capítulo final, decide cuándo apartar la cámara, cuándo dejar hablar al silencio y cuánto tiempo permanecer en una casa que se derrumba junto a sus habitantes. Es una realizadora con propósito, capaz de tomar riesgos cuando la historia se lo permite. El guion, sin embargo, dispersa con frecuencia esa energía entre situaciones y pasajes narrados con excesiva reverencia al libro. Mora encuentra momentos de gran fuerza, pero debe abrirse camino a través de una escritura que insiste en explicarlos.

El episodio final merece atención por sí mismo. Dura 104 minutos y se concentra en los últimos habitantes de una casa que ya parece venirse abajo con ellos. Fernanda del Carpio (Margarita Rosa de Francisco) llega a su vejez aferrada a las reglas que gobernaron su vida; José Arcadio (Emmanuel Restrepo) regresa a un hogar que ya casi no reconoce; Amaranta Úrsula (Estefanía Piñeres) intenta devolverle alegría a lo que queda de Macondo. Pero en el centro está Aureliano Babilonia (Sebastián Osorio), cuya lectura de los pergaminos de Melquíades reúne el pasado de la familia con su destrucción. Osorio lleva el descubrimiento sin perder al hombre detrás de la profecía, y la breve presencia de Margarita Rosa de Francisco condensa años de aislamiento. Son las interpretaciones y el estado de la casa los que hacen sentir el final antes de que la insistente voz narrativa vuelva a explicarlo.

Ahí persiste la dificultad de la serie. Su fidelidad a García Márquez se traduce en una narración que acompaña y redunda demasiado en lo que ocurre. Incluso el largo cierre, con momentos capaces de sostenerse visualmente, acaba sometido al peso de una obra que sus responsables parecen temer alterar. Los dieciséis capítulos se sienten fatigados por la obligación de pasar por cada estación de la novela.

A esa cautela se suma la asepsia habitual de muchas producciones de Netflix. Hasta cuando Macondo se deteriora, se percibe un Caribe cuidadosamente compuesto, cercano por momentos al de la cinta animada de Disney Encanto y distante de la tierra, el sudor y la vida desordenada que alimentan la escritura de García Márquez. El dinero levanta un pueblo inmenso, pero no consigue que respire. Adaptaciones recientes de clásicos de la literatura como La vorágine y La casa de los espíritus recuerdan que la escala de producción sirve de poco cuando la relación con los personajes y el territorio no alcanza la misma intensidad.

Esta segunda parte supera a la primera por su elenco, por la matanza de los trabajadores y por un final que finalmente deja ver la ruina de los Buendía en sus cuerpos y en su casa. También agota…y mucho. Macondo desaparece entre imágenes grandiosas, mientras la serie insiste en decirnos qué debemos sentir ante ellas.

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Sydney Sweeney protagoniza el nuevo comercial de Novig, la startup estadounidense de apuestas y predicciones deportivas. La empresa opera como un mercado de predicciones que permite a los usuarios comprar y vender posiciones en función de posibles resultados deportivos. El nuevo anuncio ha generado polémica a nivel internacional debido a la caracterización de la actriz, señalada por recurrir a la desnudez y a una representación hipersexualizada de las mujeres en el ámbito deportivo.

La polémica del comercial no radica únicamente en que Sweeney aparezca desnuda o semidesnuda, sino en la manera en que se representa a la mujer dentro del ámbito deportivo. La aparición de la actriz ha generado críticas porque, durante años, las mujeres han luchado por alcanzar igualdad y equidad en el deporte, así como por obtener reconocimiento y respeto por sus logros dentro de sus respectivas disciplinas, más allá de su apariencia física. En este sentido, el anuncio ha sido señalado como una reafirmación de la sexualización de la mujer en el deporte y, para algunos sectores, como un retroceso frente a los avances que el deporte femenino ha conseguido a lo largo de su historia.

En el anuncio de Novig, Sydney Sweeney realiza una simulación de distintas disciplinas deportivas, entre ellas tenis, básquetbol, fútbol americano y hockey. A lo largo del comercial, la actriz aparece desnuda y utiliza diferentes elementos del equipamiento deportivo para cubrir sus partes íntimas. La representación generó indignación entre miles de mujeres alrededor del mundo, especialmente entre aquellas vinculadas al deporte desde hace años, como atletas olímpicas y deportistas de alto rendimiento. Para ellas, la forma en que Sweeney es presentada en el anuncio vuelve a poner sobre la mesa el debate acerca de la sexualización de las mujeres dentro del ámbito deportivo.

Ariarne Titmus, nadadora australiana y ganadora de cuatro medallas de oro olímpicas, expresó su indignación ante el comercial y señaló que existe “una gran diferencia entre lucir sexy por hacer deporte y usar el sexo para vender deporte”. A sus críticas se sumó Brianna Throssell, nadadora profesional australiana que representó al DC Trident en la Liga Internacional de Natación y participó en los Juegos Olímpicos de la Juventud de Verano de 2014, donde consiguió siete medallas de bronce. La deportista compartió en sus redes sociales un video en el que mostró diferentes perspectivas de cómo luce realmente una mujer mientras practica deporte, acompañado del mensaje: “¡Esto es el deporte de mujeres!”.

Entre las reacciones también destacó la de Bree Rizzo, velocista olímpica y exatleta australiana de beach sprint, quien señaló que “las mujeres en el deporte son mucho más que su apariencia física”. Para la deportista, el verdadero valor de las atletas reside en su fuerza, habilidad, dedicación, resiliencia, confianza y en todo aquello que son capaces de lograr. Rizzo también hizo énfasis en la importancia de los referentes femeninos para las nuevas generaciones: “Quiero que las niñas que ven a mujeres deportistas vean lo que sus cuerpos pueden hacer, lo poderosas que son y todo lo que pueden alcanzar”.

Otras atletas también alzaron la voz. Skye Nicholson, boxeadora profesional, lanzó a través de sus redes sociales un mensaje contundente dirigido a las marcas, a las que pidió dejar de sexualizar el deporte femenino. Por su parte, la surfista Felicity Palmateer calificó la campaña como “perjudicial” y cuestionó el impacto que este tipo de representaciones puede tener en la percepción de las mujeres dentro del deporte.

Ante la polémica, Sydney Sweeney compartió en redes sociales una recopilación de portadas de revistas internacionales en las que distintas atletas han posado desnudas o con poca ropa, entre ellas Serena Williams y Megan Rapinoe. Sin embargo, la comparación no fue bien recibida por críticos y usuarios de redes sociales. Quienes cuestionaron la publicación señalaron que se trata de contextos distintos: las deportistas mencionadas tienen una trayectoria consolidada en sus respectivas disciplinas y, en esas sesiones, decidieron mostrar sus cuerpos como una representación de la fuerza, resistencia y capacidad física que exige el deporte, al mismo tiempo que compartían sus historias personales y profesionales. En contraste, sus críticos consideran que la aparición de Sweeney responde a una estrategia de hipersexualización utilizada para promocionar una empresa de apuestas deportivas, por lo que, desde esta perspectiva, ambas situaciones no pueden equipararse.

La controversia no se limitó a las deportistas de alto rendimiento. Mujeres que practican distintas disciplinas deportivas de manera cotidiana también alzaron la voz en redes sociales para compartir sus experiencias y cuestionar la sexualización que enfrentan en distintos ámbitos de la vida. Sus testimonios pusieron nuevamente sobre la mesa una problemática que persiste en la sociedad: el acoso y la sexualización de las mujeres incluso en espacios y actividades que no deberían estar relacionados con su apariencia física, como la práctica deportiva.

@itsemraine

THIS is what women in sports look like… YEARS of fighting for a seat at the table. #sydneysweeney #womeninsports #sportscontentcreator #girlbossofsports #sportsad

♬ original sound – Emily Jane Fairs

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Han llegado los Premios Emmy del 2026, los famosos reconocen a los mejores de la televisión y aceptan sus trofeos.

Este año, The Pitt¸ el drama médico que lideró las categorías con 25 nominaciones como Mejor serie dramática, un reconocimiento que ganó el año pasado junto con demás victorias de actuación para Noah Wylie y Katherine LaNasa. Este año, Wylie, LaNasa, Patrick Ball, Shawn Hatosy, Gerran Howell, Taylor Dearden, Fiona Dourif y Sepideh Moafi están nominados por sus interpretaciones.

Hacks le pisó los talones con 24 nominaciones y estableció el récord de mayor número de nominaciones al Emmy para una temporada singular de una comedia televisiva. Además, compitió para “Mejor Serie de Comedia”. La coprotagonista del programa, Jean Smart, está en búsqueda de su quinta victoria por su rol como Deborah Vance, también, Hannah Einbinder fue nominada para la Mejor actriz de reparto en una serie de comedia, una distinción que obtuvo en 2025.

Dos shows destacados recibieron nominaciones este año: Pluribus y Widow’s Bay. La segunda, una macabra comedia sobre una isla maldita de Nueva Inglaterra, obtuvo 19 nominaciones, incluyendo apariciones actorales para las estrellas Matthew Rhys, Stephen Root, Dale Dickey y Kate O’Flynn.

Pluribus, la serie postapocalíptica de ciencia ficción de Vince Gilligan, el creador de Breaking Bad acumuló 18 nominaciones. La estrella, Rhea Seehorn tiene la posibilidad de conseguir un Emmy por su actuación tras perder dos veces anteriores cuando fue parte integral del elenco de Better Call Saul, la precuela de Breaking Bad. Sus compañeros de reparto, Carlos-Manuel Vesga y Karolina Waydra también fueron nominados.

Ortos nominados notables son Beef y DTF St. Louis encabezaron las categorías de miniseries. Asimismo, recibieron nominaciones los títulos favoritos habituales de los Emmy, entre ellos Only Murders in the Building, Abbott Elementary, Slow Horses, The Bear y The Diplomat.

Consulta a continuación la lista completa de ganadores (en negrilla) tal como fueron anunciados en la ceremonia, 

Nominados a los Emmys 2026

Mejor serie dramática

The Diplomat

The Gilded Age

A Knight Of The Seven Kingdoms

Paradise

The Pitt

Pluribus

Slow Horses

Your Friends & Neighbors

Mejor serie de comedia

Abbott Elementary

The Bear

Hacks

Margo’s Got Money Troubles

Nobody Wants This

Only Murders In The Building

Shrinking

Widow’s Bay

Mejor serie limitada o antológica

All Her Fault

The Beast in Me

Beef

DTF St. Louis

Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette

Mejor actriz principal en una serie dramática

Carrie Coon, The Gilded Age

Chase Infiniti, The Testaments

Keri Russell, The Diplomat

Rhea Seehorn, Pluribus

Zendaya, Euphoria

Mejor actor en una serie dramática

Sterling K. Brown, Paradise

Gary Oldman, Slow Horses

Mark Ruffalo, Task

Rufus Sewell, The Diplomat

Noah Wyle, The Pitt

Mejor actor principal en una serie de comedia

Yahya Abdul-Mateen II, Wonder Man

Steve Carell, Rooster

Matthew Rhys, Widow’s Bay

Jason Segel, Shrinking

Martin Short, Only Murders In The Building

Mejor actriz principal en una serie de comedia

Quinta Brunson, Abbott Elementary

Ayo Edebiri, The Bear

Elle Fanning, Margo’s Got Money Troubles

Lisa Kudrow, The Comeback

Jean Smart, Hacks

Mejor actriz en serie limitada o antológica o película

Claire Danes, The Beast in Me

Sally Field, Remarkably Bright Creatures

Carey Mulligan, Beef

Sarah Pidgeon, Love Story: John F. Kennedy Jr. and Carolyn Bessette

Sarah Snook, All Her Fault

Mejor actor en serie limitada o antológica o película

Riz Ahmed, Bait

Jason Bateman, Black Rabbit

Charlie Hunnam, Monster: The Ed Gein Story

Oscar Isaac, Beef

Matthew Rhys, The Beast in Me

Mejor actor de reparto en una serie dramática

Patrick Ball, The Pitt

Billy Crudup, The Morning Show

Shawn Hatosy, The Pitt

Gerran Howell, The Pitt

Tom Pelphrey, Task

Carlos-Manuel Vesga, Pluribus

Mejor actriz de reparto en una serie dramática

Taylor Dearden, The Pitt

Fiona Dourif, The Pitt

Allison Janney, The Diplomat

Katherine LaNasa, The Pitt

Julianne Nicholson, Paradise

Karolina Wydra, Pluribus

Mejor actor de reparto en una serie de comedia

Paul W. Downs, Hacks

Colman Domingo, Four Seasons

Harrison Ford, Shrinking

Nick Offerman, Margo’s Got Money Troubles

Stephen Root, Widow’s Bay

Michael Urie, Shrinking

Tyler James Williams, Abbott Elementary

Mejor actriz de reparto en una serie de comedia

Hannah Einbinder, Hacks

Dale Dickey, Widow’s Bay

Kate O’Flynn, Widow’s Bay

Janelle James, Abbott Elementary

Megan Stalter, Hacks

Jessica Williams, Shrinking

Mejor actriz de reparto en serie limitada o antológica o película

Linda Cardellini, DTF St. Louis

Dakota Fanning, All Her Fault

Joy Sunday, DTF St. Louis

Laurie Metcalf, Monster: The Ed Gein Story

Constance Zimmer, Love Story: John F. Kennedy Jr. and Carolyn Bessette

Mejor actor de reparto en serie limitada o antológica o película

Jason Bateman, DTF St. Louis

Richard Gadd, Half Man

David Harbour, DTF St. Louis

Nick Offerman, Death by Lightning

Richard Jenkings, DTF St. Louis

Mejor programa de competencias

Dancing With the Stars

RuPaul’s Drag Race

Survivor

Top Chef

The Traitors

Mejor Talk Show

The Daily Show

Jimmy Kimmel Live!

Last Week Tonight With John Oliver

The Late Show With Stephen Colbert

Saturday Night Live

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Antes de que Sacha Baron Cohen se golpeara la cabeza y despertara en una sociedad dominada por mujeres, otro Damien ya había sufrido exactamente el mismo accidente. Era Vincent Elbaz, protagonista de No soy un hombre fácil (Je ne suis pas un homme facile), la comedia francesa escrita y dirigida por Éléonore Pourriat en 2018. Las damas primero no solo toma prestada su premisa, sino que reproduce sus situaciones, su inversión de las conductas sexuales y hasta buena parte de sus conclusiones.

La idea había aparecido inicialmente en Majorité opprimée, cortometraje realizado por Pourriat en 2010 y convertido en un fenómeno viral cuando comenzó a circular con subtítulos en inglés cuatro años después. Allí, un padre de familia debía atravesar un mundo donde las mujeres ocupaban el espacio público con la agresividad tradicionalmente atribuida a los hombres. El personaje recibía comentarios sexuales, sufría acoso callejero y terminaba siendo atacado, para después descubrir que su propia esposa minimizaba lo ocurrido. La inversión revelaba con enorme claridad cómo ciertas violencias parecen normales mientras recaigan sobre el cuerpo acostumbrado a soportarlas.

Pourriat extendió aquel dispositivo en No soy un hombre fácil. Damien, un machista satisfecho con su lugar en el mundo, despertaba en una sociedad donde los hombres debían preocuparse por su apariencia, atender el hogar y protegerse del deseo depredador de las mujeres. Allí conocía a Alexandra (Marie-Sophie Ferdane), una escritora poderosa que se comportaba con la arrogancia sexual que el cine había celebrado durante décadas en sus protagonistas masculinos.

La película francesa tampoco era una sátira perfecta. Su mundo invertido dependía de estereotipos evidentes y la reiteración terminaba debilitando varios chistes. Pero poseía una libertad sexual, una mala leche y una voluntad de provocar que impedían confundirla con una clase de recursos humanos. Más que pretender imaginar una utopía feminista, Pourriat mostraba el mismo sistema de dominación después de intercambiar a víctimas y victimarios. Su argumento no era que las mujeres gobernarían de ese modo, sino que los comportamientos aceptados en los hombres se vuelven grotescos apenas cambia el género de quien los ejerce.

Las damas primero traslada la historia a Londres y convierte a Damien Sachs en un exitoso ejecutivo publicitario, mujeriego profesional y beneficiario de una estructura construida para facilitarle la vida. Su jefe, Fred (Charles Dance), quiere entregarle la dirección de la compañía, mientras Alex Fox (Rosamund Pike), la única mujer con verdadera autoridad creativa dentro de la empresa debe soportar que sus ideas sean ignoradas y su capacidad subordinada a los privilegios masculinos.

Cuando Alex abandona la compañía después de escuchar varios comentarios misóginos, Damien intenta detenerla, se golpea la cabeza y despierta en una realidad alternativa. Ahora las mujeres controlan las empresas, la religión, la política y la vida sexual, mientras los hombres son educados para resultar atractivos, complacientes y útiles. Los cuerpos masculinos venden hamburguesas, Victor’s Secret comercializa ropa interior para ellos y Arabia Saudita acaba de concederles el derecho a conducir. Un demente obsesionado con las palomas (un desperdiciado Richard E. Grant) actúa como guía y conciencia. 

Al principio, las inversiones producen algunos buenos momentos. Damien intenta intervenir en una reunión mientras las ejecutivas lo interrumpen, desestiman sus propuestas y comentan su apariencia. También debe soportar los avances de Felicity Chase (Fiona Shaw), directora de la empresa, y enfrentarse a una Alex convertida en una poderosa ejecutiva que bebe, seduce y utiliza a los hombres con absoluto desparpajo. Todo cuanto él interpretaba como una manifestación natural de la virilidad adquiere otro significado cuando deja de tener el control.

La película acierta al señalar que el sexismo no se limita a las agresiones evidentes. También habita en las interrupciones, las bromas, las miradas, las exigencias estéticas, la condescendencia y las decisiones laborales aparentemente insignificantes. Para muchas mujeres, esas experiencias forman parte de una rutina tan normalizada que los hombres pueden convivir con ella sin reconocerla. Las damas primero cambia el punto de vista para colocar esas conductas en el centro del encuadre.

Como herramienta pedagógica, la estrategia funciona. Un espectador masculino que jamás haya percibido esas desigualdades puede comprenderlas al observar a Damien cosificado, silenciado y obligado a demostrar su competencia frente a personas que solo reparan en su cuerpo. La película produce una forma elemental de empatía. Si algunos hombres necesitan imaginarse como víctimas para reconocer la violencia ejercida contra las mujeres, aquí reciben una demostración de noventa minutos.

Como comedia, en cambio, se queda corta. Los chistes rara vez provocan carcajadas porque cada ocurrencia es presentada, repetida y finalmente explicada. La primera inversión puede ser divertida; la segunda confirma el mecanismo; la tercera permite anticipar todas las siguientes. La película identifica una desigualdad, intercambia los géneros y espera que la sustitución sea suficiente para sostener el humor.

Es aquí donde la comparación con No soy un hombre fácil resulta desfavorable. La adaptación cuenta con mayores estrellas, una producción más costosa y un entorno corporativo reconocible, pero parece menos dispuesta a empujar su propia premisa al límite. La adaptación escrita por Natalie Krinsky, Cinco Paul y Katie Silberman conserva la estructura de la película francesa mientras reduce su ferocidad. Es como si hubiera reproducido el experimento después de retirar todos los elementos que podían causar una reacción peligrosa.

La sátira necesita precisión, pero también riesgo. Debe llevar una idea más lejos de lo aconsejable, revelar la violencia escondida dentro de una conducta aceptada y permitir que el público se ría antes de preguntarse por qué lo hizo. Las damas primero parece demasiado preocupada por evitar que su mensaje sea malinterpretado. Cada chiste llega acompañado por una resolución moral, como si el guion desconfiara tanto de sus personajes como de sus espectadores.

Ese temor representa un problema recurrente en la comedia contemporánea. Muchas producciones parecen desarrolladas bajo la mirada simultánea de abogados, publicistas y comités dedicados a prevenir polémicas en redes sociales. No se trata de defender el insulto gratuito ni de añorar una época en la que cualquier prejuicio podía presentarse como humor. Se trata de recordar que una sátira incapaz de arriesgarse termina convertida en un documento corporativo. Puede tener razón en cada diapositiva y no provocar una sola carcajada.

Por eso sorprende especialmente la timidez de Sacha Baron Cohen. El responsable de Ali G, Borat, Brüno, El dictador y Who Is America? construyó su carrera entrando en territorios donde la comedia podía tornarse grotesca, peligrosa o directamente ofensiva. Sus mejores personajes no explican la hipocresía social, sino que la provocan hasta obligarla a mostrarse. Aquí interpreta una versión domesticada de sí mismo. Damien es despreciable porque el guion lo establece, pero nunca alcanza la ferocidad cómica necesaria para convertir su caída en un verdadero espectáculo.

Baron Cohen posee la gestualidad y la arrogancia que necesita el personaje, además de una vulnerabilidad física capaz de volver ridículo a un hombre poderoso. Sin embargo, la película nunca le permite perder el control por completo. Su transformación moral llega con demasiada puntualidad, como una cita agendada por el departamento de guion. El hombre que pasó su vida beneficiándose del machismo descubre la empatía porque la trama necesita avanzar hacia una conclusión conciliadora, no porque haya sido demolido por la experiencia.

Algo semejante ocurre con Alex Fox (Rosamund Pike). La actriz de las retorcidas Gone Girl e I Care a Lot ha demostrado que no teme interpretar mujeres crueles, dominantes y moralmente repulsivas. Posee una elegancia capaz de transformarse en amenaza y puede convertir una sonrisa en una declaración de guerra. Aquí está perfectamente elegida como ejecutiva que controla la oficina, pero el guion reduce su autoridad a una suma de comportamientos considerados masculinos como beber, acosar, ordenar y utilizar sexualmente a los demás.

La película tampoco imagina una sociedad realmente construida por mujeres, sino el mismo patriarcado con los nombres cambiados. Las jerarquías empresariales, los modelos de belleza, las estructuras religiosas y las relaciones sentimentales permanecen intactos; únicamente se intercambian quienes dominan y quienes obedecen. Esa decisión sirve para demostrar la arbitrariedad de los roles, pero impide explorar cómo una distribución diferente del poder podría transformar las instituciones.

Fiona Shaw consigue darle mayor peligrosidad a Felicity Chase. Cada encuentro con Damien reproduce conductas que durante décadas fueron presentadas en el cine como formas normales del cortejo masculino. Shaw entiende que no basta con invertirlas y las interpreta con la seguridad de quien posee suficiente poder para disfrazar el acoso de cortesía.

La conversión del relato en comedia romántica durante su tramo final debilita todavía más la premisa. El conflicto colectivo termina reducido a la posibilidad de que Damien y Alex aprendan a relacionarse. El patriarcado, después de presentarse como una estructura laboral, religiosa, sexual y familiar, parece encontrar solución en la educación sentimental de un solo individuo. El mensaje es que el sistema cambiaría si los hombres fueran mejores personas, una conclusión razonable pero demasiado pequeña para el problema planteado.

Aun así, sería injusto declarar inútil a Las damas primero. Su descripción de la desigualdad puede parecer obvia para quienes llevan años reflexionando sobre ella, pero no todos los espectadores comienzan desde el mismo lugar. Todavía existen hombres que solo identifican el acoso cuando imaginan a una mujer aproximándose a ellos de esa manera, o que necesitan ver un cuerpo masculino convertido en mercancía para comprender la violencia de la cosificación.

La película puede abrir una conversación, validar experiencias femeninas frecuentemente minimizadas y conseguir que ciertos espectadores examinen su comportamiento desde otra perspectiva. Su alcance masivo quizá lleve estas ideas hasta personas que nunca buscarían una obra feminista más compleja. Esa utilidad no es menor, aunque tampoco convierte automáticamente una lección necesaria en una buena película.

Las damas primero posee una premisa todavía vigente, dos protagonistas capaces de llevarla mucho más lejos y una obra francesa que ya había demostrado sus posibilidades ocho años antes. Pero donde No soy un hombre fácil se atrevía a ensuciarse, la adaptación procura mantener las manos limpias. Cambia el idioma, amplía el reparto y mejora el envoltorio, pero pierde el filo. Y una sátira sin filo puede señalar perfectamente la herida; lo que no puede hacer es abrirla.

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Gerard Way reveló el sábado, durante el concierto de My Chemical Romance en San Antonio, que la banda planea grabar un nuevo álbum, el primero en más de 16 años.

My Chemical Romance ha pasado el último año de gira para celebrar el 20.º aniversario de The Black Parade, publicado en 2006. La banda lanzó un álbum más —Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys, de 2010— antes de separarse durante cinco años a mediados de la década de 2010.

El grupo se reunió en 2019 para una serie de giras, pero desde entonces solo ha lanzado una nueva canción: “The Foundations of Decay”, de 2022. Sin embargo, durante el concierto del sábado, Way les reveló a los fans que MCR espera comenzar a trabajar en su esperado próximo álbum.

“Probablemente deberíamos hacer más canciones. [‘The Foundations of Decay’] fue realmente increíble mientras seguíamos tocándola”, les dijo Way a los asistentes del Alamodome. “Y luego, ya saben, pasan cosas, la vida pasa. Pero sepan que, en realidad, siempre quisimos hacer otro disco, así que esperamos poder hacerlo. Porque ustedes, honestamente, nos mantuvieron con vida durante tanto tiempo que se merecen otro disco”.

El concierto del sábado marcó el cierre oficial de la etapa norteamericana de la gira Long Live the Black Parade, aunque la banda continuará en la carretera con dos presentaciones en festivales: Louder Than Life, en Louisville, Kentucky, y Aftershock, en Sacramento, California. Después, My Chemical Romance ofrecerá una residencia de cinco noches en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, que concluirá el 31 de octubre, en Halloween.

Después de eso, MCR emprenderá una gira de un mes por el Sudeste Asiático que terminará a finales de noviembre. A partir de entonces, la banda espera poder regresar al estudio.

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Una joven de 16 años murió este lunes luego de sufrir una descompensación cuando se disponía a ingresar al recital de la banda surcoreana Stray Kids en el Hipódromo de San Isidro. Pese a la asistencia médica recibida y su posterior traslado a un centro de salud, falleció horas más tarde.

La adolescente, identificada por sus iniciales D.G.P., había asistido al evento junto a su cuñada, de 22 años. De acuerdo con fuentes municipales, la menor comenzó a sentirse mal en los momentos previos al ingreso al predio donde se desarrollaba el espectáculo.

Personal de emergencias que se encontraba en el lugar intervino de inmediato y dispuso su traslado en ambulancia al Hospital Central de San Isidro, ubicado a pocas cuadras del hipódromo.

Una vez en el centro asistencial, los médicos realizaron tareas de reanimación, pero la joven no logró recuperarse y falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio. De todos modos, las causas precisas de la muerte deberán ser determinadas por los estudios médico-legales correspondientes. La investigación quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción N° 1 de San Isidro.

Murió una adolescente tras descompensarse antes del show de Stray Kids en Argentina
Stray Kids se presentó en el Hipódromo de San Isidro. (Foto: Gentileza DF Entertainment)

Desde el Municipio señalaron que el evento contaba con todos los dispositivos de asistencia exigidos para este tipo de espectáculos masivos. Entre ellos mencionaron ambulancias, socorristas, personal de la Cruz Roja, puestos de hidratación y un plan sanitario previamente autorizado por las autoridades locales. Además, indicaron que dichos recursos fueron supervisados durante el operativo desplegado en el predio.

Por su parte, la productora DF Entertainment expresó su pesar por lo ocurrido mediante un comunicado oficial. La empresa aseguró estar acompañando a la familia de la joven y colaborando con las autoridades en todo lo que sea requerido.

La presentación marcó el debut de Stray Kids en la Argentina. El grupo surcoreano, uno de los fenómenos más convocantes del K-pop, reunió a miles de seguidores en San Isidro, muchos de los cuales permanecieron varios días en las inmediaciones del lugar para conseguir una ubicación privilegiada cerca del escenario.

Antes de la actuación principal también participaron los artistas invitados NEXZ, K4OS y Cocho. En tanto, para este martes está prevista la segunda y última fecha de la banda en el país.

El comunicado de la productora:

DF Entertainment informa que el pasado 14 de septiembre, aproximadamente a las 19:00 horas, una persona se desvaneció en las inmediaciones del Hipódromo de San Isidro antes de ingresar al festival STRAYCITY. El personal de emergencias la asistió de inmediato y fue trasladada al Hospital Central de San Isidro “Dr. Melchor Ángel Posse”. Lamentablemente, a pesar de los intentos de reanimación, falleció poco tiempo después.

DF Entertainment lamenta profundamente esta trágica pérdida y expresa sus más sinceras condolencias a la familia y seres queridos de la persona fallecida. Nos encontramos en contacto con la familia y colaborando plenamente con las autoridades correspondientes. Cualquier información adicional sobre las circunstancias del hecho será brindada por dichas autoridades.

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En 1998, Hechizo de amor reunió a Sally Owens (Sandra Bullock) y Gillian Owens (Nicole Kidman), dos hermanas pertenecientes a una familia de brujas condenadas a perder a los hombres que aman. La película mezclaba comedia romántica, fantasía, asesinato, violencia doméstica, posesiones y números musicales alrededor de unas margaritas de medianoche. La crítica la destrozó con bastante razón. Su relato cambiaba de tono sin control, la puesta en escena parecía improvisada y el vínculo entre sus géneros dependía de que el espectador aceptara el caos como parte del encanto.

Griffin Dunne, recordado por interpretar al atribulado Paul Hackett de After Hours y al desafortunado Jack Goodman de Un hombre lobo americano en Londres, nunca consiguió la misma personalidad detrás de la cámara. Su filmografía como realizador incluye las fallidas comedias románticas Adictos al amor, con Meg Ryan y Matthew Broderick, y Marido accidental, con Uma Thurman, Jeffrey Dean Morgan y Colin Firth (quizás unas de las peores películas de todos los tiempos). Dentro de esa carrera errática, Hechizo de amor quizá sea su largometraje más estimable, en gran medida gracias a Bullock, Kidman y una banda sonora que entendía mejor a las protagonistas que el propio relato.

El paso de los años transformó aquel fracaso en una película de culto. Las reposiciones televisivas, el video casero y el streaming encontraron una audiencia que se reconoció en la relación entre las hermanas Owens, la casa familiar, los rituales compartidos y la idea de una estirpe femenina capaz de sobrevivir a sus desgracias. Hollywood ha aprendido a convertir esa clase de afecto tardío en propiedad intelectual, de modo que Hechizo de amor: La magia continúa llega 28 años después para comprobar cuánto permanece del encantamiento.

Sally ha vuelto a renunciar a la magia. La muerte de su segundo esposo confirmó que la maldición familiar seguía activa y la llevó a borrar de la memoria de sus hijas cualquier conocimiento sobre sus poderes. Gillian continúa practicando hechizos a escondidas, convencida de que negar la herencia de las Owens únicamente aplaza sus consecuencias.

El conflicto reaparece cuando Kylie (Joey King) descubre la verdad y su novio Gideon (Xolo Maridueña) queda en coma por efecto de la maldición. Guiada por el recién descubierto Libro del Cuervo, la joven viaja a Inglaterra en busca del origen de la magia familiar. Sally y Gillian la siguen mientras Antonia (Maisie Williams) permanece junto a Gideon. El recorrido incorpora al profesor de ocultismo Ian Wright (Lee Pace) y al misterioso Thomas Lockland (Solly McLeod), dos figuras masculinas situadas en lados opuestos de la galantería y la villanía.

Susanne Bier aporta una dirección más segura que la de Griffin Dunne. La realizadora danesa posee una trayectoria respaldada por Corazones abiertos, Hermanos, Después de la boda y En un mundo mejor, ganadora del Óscar a mejor película internacional. También conoce bien a sus protagonistas, pues dirigió a Bullock en Bird Box y a Kidman en The Undoing. Su experiencia ordena mejor los cambios de tono y les concede mayor claridad a los conflictos familiares.

El guion de Akiva Goldsman, Georgia Pritchett y Kelly Marcel acumula personajes, revelaciones genealógicas y reglas mágicas durante dos horas y diez minutos. La búsqueda del origen de la maldición pierde ritmo en varios pasajes y los hombres aparecen como simples funciones argumentales. Ian Wright encuentra en Lee Pace una presencia cálida y excéntrica, aunque su relación con Sally apenas dispone del tiempo necesario para crecer. Thomas Lockland posee intenciones más oscuras y representa una masculinidad herida por el poder femenino, pero su construcción resulta demasiado estereotipada y evidente.

Joey King le entrega energía a Kylie, heredera del miedo de Sally y la impulsividad de Gillian. Maisie Williams recibe menos espacio como Antonia, mientras las tías Frances (Stockard Channing) y Jet (Dianne Wiest) quedan relegadas durante buena parte del recorrido. Channing y Wiest conservan la calidez del primer largometraje, pero la película desaprovecha su sentido del humor y su capacidad para convertir la excentricidad en sabiduría familiar.

El centro sigue perteneciendo a Sandra Bullock y Nicole Kidman. Bullock recupera la ansiedad terrenal de Sally, una mujer que intenta proteger a sus hijas mediante el control y termina provocando exactamente aquello que temía. Kidman vuelve a interpretar a Gillian con ligereza, sensualidad y una confianza absoluta en la magia. Sus discusiones, miradas y reconciliaciones transmiten la historia compartida que el guion apenas necesita explicar.

También resulta valioso encontrar una producción de esta escala protagonizada por dos mujeres mayores de 60 años sin convertirlas en figuras secundarias. Sally y Gillian siguen siendo deseantes, contradictorias y capaces de conducir la historia. El tiempo modifica su relación con la maternidad, el amor y la pérdida, pero mantiene intacta la energía que las reunió en 1998.

La secuela recupera las margaritas de medianoche, las canciones de Stevie Nicks y otros elementos destinados a activar la memoria de los seguidores. Algunas referencias surgen con naturalidad; otras tienen la insistencia de una lista de requisitos exigida por la nostalgia. Aun así, la reunión de las Owens conserva una calidez difícil de fabricar.

Hechizo de amor: La magia continúa ofrece una experiencia más sólida que su antecesora y comparte con ella la ligereza de un entretenimiento estacional. La historia se extiende demasiado, el misterio carece de verdadera fuerza y las nuevas incorporaciones rara vez compiten con las veteranas. Bullock y Kidman mantienen la película a flote gracias a una complicidad que sobrevivió mejor que los efectos, las modas y la reputación de la original. Con una margarita en la mano puede ofrecer una velada agradable. Sin embargo, su hechizo comienza a desvanecerse poco después de los créditos.

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