Parece hecho para este momento, pero podría haber existido siempre. Esa es la sensación que transmite Nada especial, el primer larga duración de 99dosmil, publicado en octubre pasado. Una conversación entre dos guitarras que se buscan y se esquivan: una lleva la melodía principal y la otra se distancia en punteos agudos, al mejor estilo […]
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En Dear Killer Nannies: criado por sicarios, el actor colombiano Rafael Zea interpreta a “El Dorado”, el mayor de los sicarios encargados de cuidar al hijo de Pablo Escobar. Lejos del cliché del criminal frío, Zea construye un personaje que combina brutalidad y ternura, una figura que protege, corrige y, al mismo tiempo, mata. En esta conversación, el actor habla sobre su proceso, la relación con los niños en el set y la responsabilidad de representar una historia tan cercana y dolorosa para el país.
Hay muchas series y películas sobre Pablo Escobar. ¿Cómo abordaste la construcción de tu personaje sin caer en referentes ya conocidos?
No utilicé referentes directos. Yo trabajo mucho desde el clown, no desde la comedia, sino como herramienta para encontrar cosas humanas. Aquí ya sabemos que son sicarios, eso ya está en el imaginario. Entonces decidí irme por otro lado. Mi personaje es el mayor de los “nannies”, así que quise volverlo más humano, casi maternal. Me convertí en una especie de tía para el niño, alguien que lo cuida, que lo corrige, que le habla desde una cultura muy paisa.

Tu personaje tiene esa dualidad entre lo afectivo y lo violento. ¿Qué hace distinto a “El Dorado” frente a los otros sicarios?
Es un tipo que no necesita demostrar nada. Los más jóvenes tienen que mostrar la pistola, la agresividad. Él no. Es más tranquilo, más cuidador. Le gusta que los demás estén bien, que coman, que se cuiden. Pero cuando le toca hacer su trabajo, lo hace sin dudar. Creo que esa mezcla es lo que lo diferencia. Es un personaje con arranques de cariño muy fuertes, pero también capaz de una violencia muy directa.
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¿Qué fue más desafiante: construir esa relación con el niño o representar a alguien formado dentro del sicariato?
Lo más difícil fue la parte del sicario. Yo no tengo referentes cercanos de eso, entonces hubo mucho trabajo con armas, con cómo se mueve alguien que lleva años en eso. La relación con el niño fue más natural. Él terminó viéndonos como sus cuidadores reales. De hecho, se generó algo muy bonito en el set: no éramos adultos con niños, éramos todos jugando.

La serie está contada desde la mirada del hijo. ¿Eso influyó en tu forma de actuar?
Sí, pero también había una discusión ahí. Claro, es la mirada del niño, pero ese niño tiene que entender el mundo en el que está. Y nosotros somos el puente para eso. No podíamos suavizar todo, porque entonces la historia se volvía falsa. Había momentos donde el personaje tenía que ser duro, porque así era esa realidad.
Pablo Escobar aparece más como presencia que como protagonista. ¿Cómo impacta eso en tu personaje?
Todo gira alrededor de él, aunque no esté en escena. Es el punto de referencia. Las decisiones, los miedos, el respeto, todo pasa por lo que él representa. Nosotros no somos solo empleados, somos gente que cree en él, que está dispuesta a todo.
La serie tiene una recreación de época muy detallada. ¿Eso cambia tu trabajo como actor?
Totalmente. Es un regalo. Llegas al set y ya estás en los años 80 o 90. No tienes que imaginar tanto. Estuvimos en lugares reales, como la Hacienda Nápoles o el entorno del edificio Mónaco. Eso te atraviesa. No es lo mismo recrear que estar ahí.

Tu personaje también funciona dentro de una jerarquía muy marcada. ¿Cómo trabajaste esa idea de poder?
Yo no quería hacerlo desde el macho alfa típico. Para mí, el liderazgo de “El Dorado” viene de la lealtad y de los años. No necesita imponerse todo el tiempo. Ya se ganó ese lugar. Es más bien alguien que cuida, que observa, que sabe cuándo actuar.
La serie aborda hechos reales y dolorosos. ¿Cómo asumes esa responsabilidad como actor?
Con mucho respeto. No es ficción pura. Hay gente que vivió esto y lo sigue viviendo. Nosotros hacíamos pequeños rituales antes de grabar, como encender una vela, para entrar en ese estado. La idea no es glorificar nada, es mostrarlo. Poner un espejo.
Después de este proyecto, ¿qué te queda?
Una reflexión sobre el poder. Sobre cómo puede llevar a la gente a hacer cosas absurdas y dolorosas. Eso lo pensaba mientras grabábamos, viendo las locaciones, las historias. Más que una conclusión, me dejó muchas preguntas.
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Con más de tres décadas dedicadas al cine, Gianfranco Rosi ha construido una obra que desafía las categorías tradicionales. Sus películas, aunque ancladas en lo real, evitan el lenguaje convencional del documental para acercarse a una experiencia más abierta, donde la observación, el tiempo y el fuera de campo juegan un papel central. En esta conversación, el director habla sobre su proceso creativo, su rechazo a las estructuras rígidas y la manera en que el sonido y la imagen construyen sentido en Pompeya: Bajo las nubes.

Llevas más de tres décadas haciendo cine a partir de la realidad. ¿Qué te sigue atrayendo de este tipo de trabajo?
Para mí no hay diferencia entre documental y ficción. Esa división no me interesa. Lo único importante es el cine. Nunca parto de un guion cerrado ni de una historia definida. Prefiero descubrirla con el tiempo, a través de la experiencia directa. Cada película la enfrento como si fuera la primera y la última. Me involucro durante años, viviendo en los lugares, formando parte de esa realidad. Es un proceso de inmersión total.
Esa idea de inmersión implica también una forma distinta de narrar.
Claro. Yo no escribo una historia para luego filmarla. No hago casting ni construyo personajes desde un escritorio. Me interesa encontrar la historia en el camino. Por eso necesito tiempo. El cine industrial no me interesa, porque todo está predeterminado. Yo necesito descubrir, improvisar, dejar que las cosas ocurran.

En tus películas hay una atención muy clara a lo que queda fuera del encuadre.
Eso es fundamental. A veces es más importante lo que no se muestra que lo que está en la imagen. El fuera de campo forma parte de la narración. Las historias que no filmas siguen ahí, dentro de la película. Eso lo entendí mejor cuando hablé con Bernardo Bertolucci. Él me dijo que en mis películas se sentía todo aquello que no estaba en pantalla. Y eso se volvió central en mi trabajo.
En Pompeya: Bajo las nubes, ese fuera de campo parece estar muy ligado al propio territorio.
Sí, porque Nápoles es así. Es una ciudad donde lo visible es solo una parte. Debajo hay otra realidad. El volcán mismo es eso: algo que está presente, aunque no siempre se vea. Me interesa trabajar con esa idea, con lo que está ahí pero no se muestra de forma directa.
El sonido tiene un peso muy particular en la película.
Para mí es esencial. Trabajo solo, así que dirección, cámara y sonido son parte de un mismo proceso. No puedo separar esas funciones. El sonido crea una dimensión que no está en la imagen. En esta película, por primera vez sentí la necesidad de incorporar música. Pero no como un acompañamiento tradicional, sino como una extensión del paisaje sonoro.
¿Cómo trabajaste esa dimensión sonora?
Quería que el sonido pareciera venir del volcán, como si todo surgiera desde su interior. El volcán es casi una entidad viva dentro de la película. Con el compositor Daniel Blumberg trabajamos desde esa idea. Grabamos sonidos, los transformamos, incluso registramos audio bajo el agua para crear una textura distinta. Todo eso aporta una sensación de suspensión, de tiempo detenido.
Tus películas suelen evitar explicaciones directas.
Porque no me interesa dar respuestas. Me interesa mostrar la complejidad. Hoy muchos documentales intentan explicar todo o tomar una posición clara entre lo bueno y lo malo. Eso empobrece el lenguaje del cine. Prefiero dejar espacio para que el espectador construya su propia interpretación. Ahí es donde la película cobra sentido.

También has hablado de la importancia de que tus películas trasciendan el momento en que fueron filmadas.
Sí, eso es clave. No me interesa hacer películas que funcionen como noticias. Quiero que tengan una vida más larga, que sigan creciendo con el tiempo. El cine tiene que ir más allá del presente inmediato. Tiene que abrirse hacia algo que todavía no sabemos del todo.
¿Qué lugar ocupa entonces el cine documental hoy?
Tiene un potencial enorme, pero muchas veces se limita a estructuras muy rígidas. Creo que el reto es recuperar la libertad, volver a experimentar, encontrar nuevas formas. El cine no debería dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas.
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Bryce Dessner, guitarrista de The National, ha desarrollado una gran carrera en la industria cinematográfica. El músico estadounidense radicado en París ha estado detrás de bandas sonoras para aclamadas películas, siendo algunas de las más reconocidas El Renacido de Alejandro G. Iñárritu, Los dos papas de Fernando Meirelles y Sing Sing de Greg Kwedar.
Además de trabajar junto a Nick Cave en el tema homónimo de Train Dreams, por el cual está nominado al Óscar, Dessner se ha centrado en componer la banda sonora de Flamingos: La vida después del meteorito. Dirigido por Lorenzo Hagerman, este documental retrata la supervivencia del flamenco caribeño en la península de Yucatán durante nueve años. Es un documental esperanzador que demuestra la resiliencia no solo de la especie, sino de la naturaleza misma frente a la adversidad y los cambios del entorno.
En conversación con ROLLING STONE en Español, Bryce Dessner nos habla de cómo vivió el proceso de creación de esta banda sonora, las diferencias entre trabajar en una película y hacerlo junto a The National, el profundo mensaje de Flamingos: La vida después del meteorito y mucho más.
Primero que nada, Bryce, ¿cómo te sumaste al largometraje y qué te llamó la atención de él?
Bueno, la mejor amiga de Lorenzo Hagerman, quien trágicamente falleció recientemente, Lynn Fainchtein, a quien quizás conozcan —es una legendaria supervisora musical mexicana y también una vieja amiga mía. Trabajó conmigo en un par de películas con Alejandro G. Iñárritu—, me escribió al respecto. Lynn Fainchtein y Lorenzo eran, creo, mejores amigos. Así que creo que ella fue, en gran medida, incluso productora de la película. Y fue un proceso bastante largo porque creo que tardó casi ocho años en hacerse.
¿Hubo algo en particular que te llamara la atención del proyecto?
Trabajo en muchas películas. Y a menudo son producciones enormes, incluso una película pequeña involucra a cientos de personas y grandes presupuestos. Incluso una película independiente puede parecer algo corporativa. Esta no.
Lorenzo dedicó muchísimo a esto, con mucho cuidado, estudiando, muy despacio. En cualquier momento, pensaba una y otra vez y hacía pequeñas iteraciones. Y es un trabajo difícil para el compositor porque hay mucha música ahí. Yo intenté dar lo mejor de mí y darle todo lo que pude, y terminó siendo un viaje realmente hermoso.

En esta película, Julieta Venegas tiene un papel clave como narradora. ¿Cómo era tu relación con ella antes de trabajar juntos en el largometraje?
Julieta Venegas es otra amiga íntima de Lynn Fainchtein, de quien soy fan. Y, por supuesto, conozco su música. No la conocía ni había trabajado con ella. Supongo que Lorenzo había estado pensando en quién podría ser la voz de la película. Al principio, era otra voz. Creo que incluso era la de Lorenzo. Y luego, cuando Julieta lo leyó, cobró vida. Fue una experiencia muy hermosa trabajar con ella. Ojalá algún día nos conozcamos en persona y trabajemos juntos de verdad.
¡Eso sería increíble! Sabiendo que ella es música al igual que tú, ¿habló contigo sobre la banda sonora de la película en algún momento?
No recibí ninguna nota directamente de ella. Pero creo que el solo hecho de saber que estaba involucrada fue genial para el proyecto y lo elevó todo. Sentí que la música era parte integral de toda la historia. Fue maravilloso que se uniera al proyecto.
Como lo dice su título, el largometraje tiene a los flamencos como protagonistas, ¿hubo algo que te cautivara de estos animales?
Un flamenco es una especie de dinosaurio prehistórico, pero también piensas en el flamenco —y quizás el pavo real también— como algo que nunca encaja. Siempre existe la pregunta, “¿Cómo lo creó la naturaleza?”. Se sienten muy humanos, en cierto modo, por la forma en que cuidan a sus crías. Creo que es este universo enrarecido y extraño en el que entras, pero que de alguna manera resulta extrañamente familiar. Es casi como una especie de Narnia, como si conocieras a C.S. Lewis, es como una especie de animal antropomórfico, como si fueran humanos.
Con la narrativa de la naturaleza y esta historia sobre la creación después del meteorito, hay una sensación de renacimiento y crecimiento. Creo que ahora mismo, en tiempos de conflicto, inestabilidad global y tanta estupidez, esta historia es realmente inspiradora. Y también refleja cómo la naturaleza encuentra la manera de salir adelante, ha sido testigo de la calamidad, la catástrofe y la destrucción humanas una y otra vez. Estamos poniendo en peligro nuestro planeta, pero la naturaleza también es poderosa. Hay algo en todo eso que resulta bastante sanador y hermoso en lo que trabajar.
Lynn y Lorenzo, que son, mis amigos mexicanos, me enviaron desde México un instrumento desde el principio del proceso, que es como una guitarra mexicana. La jarana. Aprendí a tocarla para la banda sonora de esta película y la usé bastante.
Como los flamingos no hablan en la película, la narrativa se construye alrededor de lo que Julieta Venegas está siendo y de tu música. ¿Con esto en mente, sientes que en este proyecto la banda sonora tiene un peso mucho más grande que en otras producciones en las que has trabajado?
Hay mucha música. A menudo, una película con mucha música puede tener 50 minutos de ella, pero esta probablemente tiene una hora y media o algo así. Es música casi rítmica. Así que juega un papel importante. Pienso en ello un poco, casi como escribir música para ballet, para danza. E incluso hay momentos de baile. Hay un momento en el que alzan el vuelo y hay una pieza musical mucho más activa, con percusión, y es casi como un ballet.

En ese momento específico, tu música se escucha al mismo tiempo que los sonidos de los flamencos, ¿sentiste que los usaste como instrumento?
Siempre piensas en la frecuencia y el timbre y un instrumento tiene un tono y una altura. Los pájaros son algunos de mis compositores favoritos. Olivier Messiaen fue un compositor francés del siglo XX y estaba obsesionado con el sonido de los pájaros. Así que escribía todas las melodías. Soy sensible a ello. Me gusta escuchar las notas que cantan y tratar de que la música interactúe.
¿Empezaste a buscar estos elementos desde que te mudaste a Europa? ¿Cómo impactó este cambio en tu vida a la forma en la que compones?
Llevo viviendo en Europa casi 15 años y ha sido un cambio positivo desde Nueva York. Trabajo mucho con orquestas y con una composición más profunda. Incluso el mundo del cine es bastante activo aquí y bastante serio en Francia. Ha sido un cambio positivo. Hay orquestas realmente excelentes y tengo tiempo y espacio para concentrarme en las notas y no dejarme llevar por el ritmo estadounidense, que siempre es demasiado apresurado y ocupado. Así que encuentro que aquí hay un poco más de calma.
¿Eso se refleja únicamente en las música que componen solo o también en lo que hace junto a The National?
The National es diferente, creo, porque es casi como volver a la infancia o algo así. Es como volver a Ohio, ni siquiera a Nueva York. Es como este otro mundo en el que vivimos. Y es como reconectarnos con las raíces de donde venimos. Dicho esto, creo que ha sido bueno para mí tener diferentes perspectivas.
¿Tu mentalidad cambia de alguna forma cuando estás con la banda?
La mentalidad no cambia. Soy la misma persona. Se trata de colaborar con la banda. Hay que dejar espacio para los demás; si trabajo solo, necesito terminar la idea yo mismo. Pero con The National la banda intercambia ideas y nos permitimos interactuar.
También hago muchas colaboraciones en el cine o incluso en la música orquestal, especialmente con Lorenzo [Haggerman]. De hecho, Lorenzo es el compositor de la película. O sea, ayudó a darle forma a cada pieza y nos dio su opinión, y su narrativa visual realmente creó la música. Es una colaboración diferente. Y creo que disfruto la película en parte por los años que llevo tocando en la banda. Me ha hecho un mejor colaborador.
En películas como esta, la música es sumamente importante, ya que pueden ser pesadas por sus tomas contemplativas y largas. ¿Sentiste algún tipo de presión sabiendo el rol que jugaba tu arte en esta producción?
Lo encuentro fascinante. Realmente no me preocupaba eso. He trabajado en muchas películas de vanguardia y proyectos que atraen al público. Y creo que es positivo. Diría que era importante tener buen ritmo en la música y la melodía. Era consciente de que a veces los documentales, sobre todo los de naturaleza, pueden ser simplemente una especie de paisaje sonoro. Y yo no quería hacer eso. No quería simplemente hacer música new age fácil de escuchar. Intenté hacer música con carácter e intensidad.

¿Qué es lo que más disfrutas de trabajar en este tipo de películas en las que tienes más libertad de experimentar con la música?
Disfruto de diferentes experiencias. Hay una película llamada Train Dreams, que está nominada al Óscar a Mejor Canción Original. Y, en cierto modo, es similar, con muchas tomas en la naturaleza y muy poco diálogo. Es como interactuar con el entorno natural. Hay mucha música; son proyectos realmente ideales para mí. Incluso trabajar en El Renacido con Alejandro [G. Iñárritu] fue una experiencia muy inmersiva en cuanto al mundo natural y el diseño de sonido.
Me sentí muy honrado de formar parte de este proyecto, ya que fue muy personal para Lorenzo y Lynn. Fue como si me hubieran invitado a esta hermosa historia y a trabajar con Ajo y Julieta.
Por último, el último álbum de The National llegó en 2023, pero al mismo tiempo ustedes estaban de gira y tú estabas desarrollando música para diversos proyectos audiovisuales. ¿De qué forma encuentras tiempo y espacio para hacer todo esto en el mundo actual?
No es fácil. A veces parece que estamos más ocupados de lo que estamos porque el álbum sale y luego nos vamos de gira, pero, siempre estoy trabajando bastante. La gira nos da mucho tiempo. Ahora todos tenemos familia y cuando estamos en casa también utilizo tiempo en cosas como recoger a mi hijo, por ejemplo. De gira, puedo trabajar hasta la medianoche. Solo estoy en el escenario dos horas al día y el resto del tiempo estoy libre. Así que puedo hacer mucho.
¡Muchas gracias, Bryce! ¿Hay algo que te gustaría agregar?
La cinematografía de esta película es absolutamente impresionante. Creo que hay una historia detrás, casi una alegoría, sobre la empatía, el poder y la belleza de la naturaleza y una especie de reflexión sobre el ciclo de la vida. Y creo que hay muchas cosas que aprender de esta película. Está hecha con muchísimo cuidado, atención y detalle. Creo que la gente debería ir a verla por esas razones.
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Escoger un oficio no resulta sencillo, incluso puede causar vértigo. Cada persona tiene su propio camino, sin embargo, la vida desemboca en un resultado, el cual puede estar influenciado por varios factores que definen una pasión, o bien, una vocación. Para Jacinto ha sido como estar manejando en Periférico —una vialidad confusa en Ciudad de México con muchas desviaciones—, donde en un inicio su destino era convertirse en un hombre de negocios exitoso, pero tomó una desviación que, de forma inesperada lo llevó a convertirse en artista. En el camino se perdió, la confusión y las emociones le provocaron varios dilemas, pero de una u otra forma, encontró su rumbo y con ello una paz que hoy le permite sentirse bien. Con la entrega de su nuevo proyecto musical, Hipersentimental, ha drenado un río de emociones y con su publicación explicó que “tiene un mensaje muy lindo”, pero sobre todo que hizo algo honesto “con mucho corazón y un trasfondo positivo”. Esta no es su primera entrega, de hecho, ya ha publicado tres LP, pero en esta ocasión, a diferencia de otros álbumes, su sentir es el estar “liberado”, porque saca en “crudo” mucho de lo que siente y, sobre todo, se atreve a ser él mismo.
“Estamos programados para hacer algo que no necesariamente queremos. Y es muy valiente decir que no, escucharte a ti primero y hacer lo que realmente te apasiona”.
Gonzalo Guerra Gómez es un chico tapatío (Jalisco) y desde joven tuvo la inquietud de acercarse a la música, se metió al coro de su escuela pero los comentarios de sus compañeros lo orillaron a desistir, al ser distinto al status quo en una escuela católica, se mostraba como alguien diferente, lo marginaban sin valorar lo que sentía. Muy contrario a su dinámica familiar, donde su conexión era íntima, profunda; afirma que su infancia fue feliz.
Durante una temporada se fue a Estados Unidos, aquí pudo conectar con una realidad distinta a la que estaba acostumbrado, y consiguió externar su interés por la música. Expresarse y ser sensible no era mal visto, incluso llegó a tener una banda en ese país. Sin embargo, al regresar a México ese “gusto” que tenía lo veía más como un “hobby”, un “pasatiempo” que un estilo de vida. Creció con la mentalidad de ser proveedor, cumplir con sus obligaciones, convertirse en el modelo perfecto de lo que es ser un hombre de familia, aspirar a estándares seguros. Es así que estudió en el ITAM, y no cualquier carrera: Ingeniería en Negocios. Encontró una vacante en FEMSA, donde desarrolló proyectos de innovación y tecnológicos. Entrando a una etapa de vida más madura, donde más responsabilidades e independencia demandaban decisiones cruciales. Aún así existía una inquietud, una espina que le acompañaba, le acechaba: era su pasión. ¿Realmente estaba haciendo lo que le apasionaba?
El proyecto de Gonzalo Guerra inició de una forma muy “orgánica”. Remontando a esa etapa, él lo contextualiza así: “Yo me gradué del ITAM, estudié ingeniería de negocios, cuando fue la pandemia, yo me veía súper chiquito, tenía 21 años, me gradué con 21”. Menciona que su forma de ser era “muy nerd” y que en ese entonces tenía muchas ofertas laborales y le iba bien en la vida corporativa.
En la pandemia lo escuchó el presidente de Universal Music a través de una publicación que subió en sus redes. Alfredo Delgadillo le mandó un email y le dijo: “te quiero firmar”. Jacinto no sabía quién era él, ni cómo funcionaba la industria, solo hacía música porque le gustaba. Le dijo que estaba dispuesto, pero advirtió, “nomás quiero que sepas que yo no voy a renunciar”, aferrándose a su trabajo porque vivía en la Ciudad de México, tenía que pagar su renta, sus gastos y sus papás no le iban a dar “ni un centavo”. El presidente de la compañía lo entendió, y empezó a sacar música. En su momento solo escribía canciones, no era algo que estuviese fuera de su normalidad, componía y mandaba su música a un productor, aunque, en retrospectiva, comenta que le hubiera encantado producir su primer álbum: Duerme en paz. “Creo que eso es algo que eventualmente voy a hacer”, insinuó, siendo una posibilidad que intervenga las canciones de dicho álbum en un futuro.
Conforme iba sacando música y se le producía, se le solicitó que invirtiera más tiempo en sus redes, que difundiera más su música, pero en ese momento su “enfoque” lo prioriza en otras obligaciones. Él ya anunciaba que no estaba seguro de dedicarse a la música, al menos “de tiempo completo”. Disfrutaba su presente, trabajaba, sacaba música y le empezó ir bien, aún cuando no la difundía. En una ocasión, un amigo le dijo: “Güey, eres un pendejo porque tu música es muy buena, no mames, hazle más promoción para dedicarte a esto”, pero en su momento no le interesaba convertirse en una figura pública y lo que implicaba: ser el “centro de atención”. Le causaba inquietud imaginarselo. Aún así cedió a la presión y empezó a subir contenido en redes.
Jacinto impulsó proyectos como los de Spin, las terminales, a la par de que lanzaba Las cápsulas del tiempo son rosas (y unos demos). Su vida laboral se dividía en dos rubros: ser ingeniero y ser artista, este último más un hobby que un trabajo oficial. Mientras realizaba la promoción de este álbum, comenta que le dió apertura al concierto de Niall Horan, algo que “cambió” su vida “por completo” porque pasando de ser un artista “no tan conocido” consiguió conectar con el fan base del ex miembro de One Direction. Esto sucedió en septiembre de 2024, y allí fue cuando se dio cuenta que su proyecto musical se estaba empezando a poner “serio”. En enero de 2025 habló con su jefe de trabajo y le anunció su decisión final: “Tengo que renunciar”, le dijo. Ahora podría profundizar en la producción de sus proyectos, sus conceptos artísticos, dedicarse de tiempo completo y energía a la música, así como al mundo que le rodea.
Del Jacinto de ahora al de hace cinco años existe una gran evolución. Uno de sus sueños era irse a estudiar a Stanford para hacer su maestría en la prestigiosa universidad estadounidense. Dice haber tenido todo “super idealizado”desde que se graduó, sin embargo, nunca se imaginó componer música y ser un artista. Cuando dejó su trabajó sufrió por un momento, ya no tenía un salario, ni aguinaldo y ahora, ¿de qué iba a vivir? “Puta güey, voy a cambiar mi vida. Probablemente me va a costar más trabajo tener esta familia tradicional que te pintaron de chiquito. Ya soy figura pública. Este pedo va a seguir creciendo y cada vez va a ser más difícil tener esas cosas que me programaron a tener toda mi vida”, pensamientos como estos le empezaron a inundar. “Me entró la incertidumbre los primeros tres o cuatro meses desde que renuncié”, explica.
‘Qué raro es ser normal’ la escribe después de haber dejado su trabajo, en un proceso donde asimila su nueva realidad.
“me dicen que soy raro/
que ya no quiero estar encerrado en una caja de un molde tradicional/
que soy un complicado y solo voy a acabar/
por que no tengo una oficina ni pareja formal/
no tengo horarios ni rutina u orden en general/
creen que no entiendo la vida y que me voy a arruinar/
soñando que estrellas me gritan/
que raro es ser normal”
Jacinto explica que esta canción la escribió pensando: “Güey, fuck, la cagué”, porque por fín decidió dedicarse a hacer lo que más ama hacer en el mundo. No veía en la música un estilo de vida, porque si bien le ha acompañado en varios momentos, de una forma u otra: “Yo siempre lo ví como una escapatoria muy personal, catártica, nunca fue para mí una forma de hacer negocio”. Era un mundo sagrado para él, su lugar seguro, y ahora podría vivir de esto, sin embargo, en el pasado se quería convencer de que necesitaba una maestría y ser exitoso en los negocios, ser un emprendedor, porque “así me programaron toda la vida”. Su sentir lo describe como haber regresado a la vida, “Regresé a ser chiquito”.
Se redescubrió, encontró en lo que ama una oportunidad y su familia lo ha podido constatar. Menciona que su hermana le dijo que hace un año estaba “gris”; ahora lo ven con color. “Yo no me sentía al 100, estaba conflictuado por mil cosas”, explica.
Muchos jóvenes pueden sentir frustración porque se les orilla a estudiar o vivir de una carrera en la cual no desean desempeñarse. Jacinto pudo romper con varios moldes, uno que ha durado por varias generaciones. “Mi papá, mi abuelo, mi bisabuelo y no sé cuantas generaciones son ingenieros”, relata y admite que existe una cultura arraigada en la cual no se busca hacer lo que uno ama. “Y es muy valiente decir que no, escucharte a ti primero y hacer lo que realmente te apasiona”. Él ve a sus padres y a sus hermanas felices por el estilo de vida que han escogido, reconoce en ellos su felicidad y la satisfacción por convertirse en profesionales y ser “personas excelentes”, sin embargo, no es un estilo de vida en el que se ve proyectado.
“Porque agarrarlo y confrontar esa pasión que tienes es de locos y de gente valiente. La vida premia a los valientes”.
La música siempre le ha acompañado y afirma que por más que quisiera, nunca pudo escapar de ella, ya que, de una u otra forma terminaba relacionado con este arte. De todos modos ha sido un proceso de continuo autodescubrimiento que ilustra empleando la siguiente metáfora: “Imagínate que te programan para ser un bloque cuadrado, y para encontrarte, entenderte, es necesario picar esa piedra”. Continúa explicando que no es hasta que das con el núcleo de la estructura que te das cuenta de lo que hay adentro: “ahí eres tú”. Así lo visualiza él, probablemente estuvo influenciado por su entorno, su realidad, pero poco a poco ha picado su piedra hasta descubrir quién es de verdad.
La confusión ha sido una etapa, una que ha trabajado y pulido. En un principio pudo dar con un resultado deforme, pero ha esculpido su verdadera esencia hasta encontrarse con una forma. En el 2020, cuando tenía 22 años, le firmaron para crear su primer disco. Por ese entonces, recuerda “no saber qué hacer” con su vida, por lo que tuvieron que pasar “tres o cuatro años” para ubicarse y entender qué decisiones iba a tener que tomar.
“Creo que estar perdido es muy importante, es parte de quién eres. Necesitas estar perdido para encontrarte”.

Vulnerarse ante el mundo puede resultar complicado, sobre todo en un mundo digitalizado donde la opinión pública está homogeneizada en un mar de información y sesgos. Es por eso que abrir su corazón ante el mundo es exponerse al juicio de miles de perspectivas. Jacinto confiesa que “está raro” ya que parte de ser artista es “atreverse a ser vulnerable” y posiblemente exponerse ante miles de millones de personas, sin embargo, confiesa que en pasadas entregas “no lo había hecho realmente”, ya que en la mayoría de sus canciones emplean un lenguaje “encriptado, poético, metafórico y no necesariamente tan directo” respecto a lo que siente. Ahora que presenta su nuevo álbum pretende romper con este esquema y desnudar sus emociones, hablar de cada letra, explicarlas y ser más activo con su comunidad a través de sus redes sociales. De esta forma se puso un objetivo: no solo presentar sus canciones, sino hablar de ellas, profundizar en ellas y hablar de por qué las escribió. Es así que al presentar este proyecto enfrenta un desafío que no solo trasciende en lo creativo, sino que impacta en un nivel más íntimo, personal. “Si voy a hacer esto el resto de mi vida, quiero construir algo tan sólido que me sienta cómodo siempre haciéndolo”, apunta.
Crear un podcast con sus amigos le ha permitido hablar de su música y de temas que no siempre se abordan entre hombres. Abre ante una audiencia la posibilidad de que exista un diálogo de tópicos que pueden resultar incómodos —como la fragilidad del ego masculino— pero no solo eso, de divertirse, “cotorrear” y ser simplemente él.
Por lo general, la visión que se tiene de artistas como Liam Gallagher, Thom Yorke, Gustavo Cerati o el mismo Charly García es la de personajes que han transformado la música, trascendido en la industria como leyendas y son considerados como “seres místicos, misteriosos”. Aunque dentro del imaginario cultural y para grandes comunidades de fans sea así, Jacinto pretende romper con esa ideología para sí mismo. “No soy místico ni misterioso, soy intenso, abierto y no podría crear un personaje falso”, explica. “Ese no es el artista que quiero ser, aunque los admire”. Lo que busca es aceptarse por quien es él. Es así que la creación de este proyecto con sus amigos —el podcast— es una forma de mostrar su personalidad con más transparencia y aunque nunca se imaginó estarlo haciendo, ahora es un pilar de su vida. “La gente puede saber quién soy fuera del ‘poeta’ que escribe canciones bonitas”, dice, pues allí comparte sus experiencias de vida, platica sobre sus “crisis existenciales” y recuerda que es normal atravesar esas etapas. “Y también no está mal decir cómo te sientes, hablar de emociones, abrirse”, añade. Con esta intención presenta su nuevo álbum y lo refleja paralelamente a través de este podcast.
El diseño del álbum presenta a Jacinto sentado, él recarga su brazo derecho en una bocina, con su brazo izquierdo sostiene una pintura. Del lado izquierdo hay otra bocina y atrás, un pato. El cuadro que sostiene es uno que pintó su hermana, el cual se inspira en artistas como Van Gogh, Dalí, Mondrian, Henri Matisse entre otros que “le gustan mucho”. La composición tiene la intención de expresar la forma en que ve la vida, su realidad y lo que le rodea. Cada elemento tiene un significado: la bocina representa la presencia de la música en su vida, el medio que le ha permitido “narrar mi perspectiva de la vida de una manera más elocuente y simple”. El cuadro es cómo percibe la realidad desde un ángulo puro y lo traspasa a su escritura, en la que se apoya para “pintar mejor” y expresar cómo se siente. El pato es una representación de que crear es como cuando eras niño y jugabas, donde la imaginación cuestiona lo que se percibe como realidad y pone en duda lo que se considera normal; así, también representa la espontaneidad y la diversión como elementos “fundamentales en mi manera de crear”.
‘Maniático’ es una de las primeras canciones que lanzó, en la cual canta: “a veces te pienso, pero luego no”/ “estabas en mis planes, pero eso me aburrió”/ “viernes 13, mesa para dos”/ “pero quédate el domingo por si estoy nostálgico”. Explica que la escribió en julio del año pasado, y se la dedica a una “morra” con la que estuvo saliendo. Ella le dijo: “Hubiéramos sido una gran pareja”, en el contexto de una “peda”. “Nos llevamos bien, éramos cuates, había conexión y hubo muchos queveres entre ella y yo”, dice, sin embargo, ella le aclaró que no estaba lo “suficientemente loca”. Tomándoselo con mucha ironía y risa, pensó que en realidad le valía “madres” que le digan que le gustan las locas. Describe que hay una teoría en la que “si ellas están locas”, él está “más loco”, entonces en realidad es un “maniático”. Ahora que no se encuentra en una relación “tóxica” le resulta extraño, porque de estar en una dinámica constante de “loca” y “loco”, le cuesta conectar con mujeres que poseen un mejor perfil, quizá más maduro, y eso es consecuencia de estar “mal acostumbrado” y de encontrar el amor en “lugares incorrectos”.
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Como Global Head de VALORANT Esports, el brasileño Leo Faria está a cargo de la estrategia y la activación del VALORANT Champions Tour, que el 15 de marzo pasado tuvo en el Santiago Masters una jornada histórica para el gaming en América Latina. Leo es un referente de los e-sports en la región, pero es también un apasionado en la materia desde muy chico, y al mismo tiempo un melómano y un músico. Por eso, en esta entrevista con Rolling Stone habla de su visión profesional respecto de grandes eventos presenciales y en vivo como el de Chile, y también de su aproximación a la música, cada vez más importante en los juegos.
¿Cuáles son los principales desafíos al trabajar en el VALORANT Champions Tour?
Es un equilibrio constante. Primero, tenemos que construir un ecosistema global unificado que no elimine la identidad regional. Un fan en Buenos Aires debería sentir lo mismo que un fan en Seúl, pero el carácter del evento tiene que sentirse como en casa. Segundo, estamos enfocados en el Path to Pro. Queremos asegurarnos de que haya una forma clara para que cualquiera con suficiente talento pueda llegar a lo más alto. Mira un equipo como Nongshim RedForce: jugaron a través de Premier, pasaron a Challengers, ganaron Ascension y llegaron hasta ganar Masters. Ese es el sueño. Queremos asegurarnos de que un grupo de amigos que juegan pueda ver un camino legítimo hacia el escenario global.
Por último, se trata de crear un futuro sostenible para jugadores y equipos. Nos hemos movido hacia un modelo donde el deporte está realmente financiado por los fans. Queremos darle a la gente una forma de representar su amor por el juego y sus equipos favoritos a través de bienes digitales. Se trata de orgullo e identidad. Hemos tenido mucho éxito con esto. Solo el año pasado, pudimos distribuir más de $100M a nuestros equipos. Es algo hermoso cuando la pasión de la comunidad apoya directamente a los profesionales que siguen todos los días.
¿Qué distinguió al Masters de Santiago de otros eventos?
Santiago fue eléctrico. No fue solo un torneo. Fue un verdadero encuentro. La energía local es extraordinaria. De hecho, tuvimos que ampliar la capacidad porque el entusiasmo de los fans era imparable. Hay un orgullo regional específico en LATAM, que amplifica todo dentro del estadio. Sentías como que las paredes vibraban. Se demostró que la pasión aquí no es solo un nicho. Es una piedra angular de la escena global.
Trabajás uniendo dos mundos: el material, en el que se produce el VALORANT Champions Tour; y el mundo interior, propio de un juego. ¿Cómo se siente vivir entre esos dos planos tan diferentes?
Es como ser un director de orquesta y un arquitecto al mismo tiempo. Tienes que darte cuenta de que, para la mayoría de nuestros jugadores, la experiencia con VALORANT es completamente digital. Vive en sus monitores y en sus auriculares. Estos eventos en vivo son una forma muy única de traer ese mundo a la vida.
Es el único momento en el que la comunidad puede salir del juego y conocer en persona a los amigos que hicieron online. Usamos cosas como nuestras ceremonias de apertura para llevar la IP y los Agentes al mundo físico. Un ojo está en la logística material, como los venues y los calendarios, pero el otro está en asegurarse de que cuando un fan entra al estadio, sienta que finalmente ha entrado en el juego que ama. Se trata de difuminar esas líneas para que la transición de jugar en casa a alentar en un estadio se sienta como un viaje continuo.
Se ha hablado de una masculinidad, a veces dominante, en los esports. ¿Cuál es tu visión sobre el lugar de las mujeres en este universo?
Nuestro sueño es algún día ver a hombres y mujeres jugando juntos en el mismo escenario. Queremos que estén unidos por su pasión por VALORANT, no segregados por sus géneros. El objetivo es simple. Debemos normalizar la inclusión como excelencia competitiva.
Ya estamos viendo éxito en esto. Hemos visto jugadoras de Game Changers probando con equipos de Tier 1 y seleccionadas para jugar en las Ligas Internacionales. Incluso hemos experimentado con un evento llamado Spotlight, donde hombres y mujeres jugaron juntos durante la off-season para normalizar esa dinámica en nuestro deporte.
Game Changers es un puente hacia ese futuro. Se trata de dar visibilidad para que el camino hacia la cima esté verdaderamente abierto para todos. En los deportes tradicionales, existen barreras físicas que a menudo hacen necesarias ligas separadas, pero los esports no tienen esas barreras. Por eso, nuestro objetivo no es crear un deporte separado para mujeres ni algo como la WNBA. Queremos un mundo donde el género ya no sea un factor para quien levanta el trofeo.

Tu bio indica que has jugado shooters la mayor parte de tu vida. ¿Cómo cambia la experiencia para alguien que ama el juego, pero al mismo tiempo trabaja en esta industria?
Me mantiene con los pies en la tierra porque crecí jugando videojuegos y ahí es donde encontré a mi tribu. De adolescente, pasaba incontables horas online avanzando en juegos. En Brasil, era muy común hacer estas sesiones LAN nocturnas después de la escuela. Las llamábamos corujão. Esas largas noches me dieron más que un hobby. Me dieron una perspectiva y un contexto de lo que realmente es el gaming. Aprendí qué hace que un juego sea bueno y, más importante aún, qué une a las personas. Cuando trabajamos en VALORANT hoy recurrimos a esa misma fuente de experiencia. Quiero construir el tipo de cosas por las que mi yo más joven se habría quedado despierto toda la noche.
Desde un medio como Rolling Stone, no podemos evitar preguntarte por tu faceta como músico. ¿Alguna vez tu afinidad por la música influyó de alguna manera en la música de algún juego en el que trabajaste?
La música no es un hobby para mí. Es el lente a través del cual veo el mundo. Crecí en una casa donde el fin de semana no terminaba con una película, sino con una jam session. Los amigos de mi padre eran músicos. Después de un día de off-road, simplemente conectábamos y tocábamos. Esa energía cruda y comunitaria es exactamente lo que intentamos replicar en los estadios hoy.
Mi base musical está dividida entre algunas influencias fundamentales. Crecí escuchando rock clásico como Led Zeppelin, Pink Floyd, The Rolling Stones y David Bowie. Pero la música que me definió como adolescente fue el sonido de Seattle y el alternative de los 90, bandas como Nirvana y Pearl Jam, o el lado más pesado con Audioslave y Stone Temple Pilots. Incluso hoy, si tiene una línea de bajo potente y una guitarra distorsionada, capta mi atención. Soy un gran fan de Foo Fighters. Dave Grohl es el ejemplo que sigo para hacer las cosas por las razones correctas y mantener la energía al cien por ciento. En mi estudio en casa, cuando grabo guitarras o baterías, busco ese mismo estado de flujo que encuentras en una partida de alto nivel. En una banda, tienes que estar perfectamente sincronizado con otras cuatro personas para crear algo hermoso. En VALORANT, es exactamente la misma presión.
¿Qué podés decirnos sobre el vínculo de VALORANT con la música?
Es el latido de VALORANT. Es central en nuestro ADN. Cuando producimos shows, estamos constantemente pensando en qué nos haría saltar del asiento en un concierto. Si la respuesta es no, entonces no hemos ido lo suficientemente lejos. Queremos que nuestros eventos tengan la suciedad, el sudor y el alma de un concierto en vivo. Al final, se trata de lo que aman los jugadores. Profundizamos para entender sus preferencias musicales y qué resuena con ellos. Durante Masters Santiago, colaboramos con BUNT. También tuvimos a KATSEYE. Primero trabajamos con ellas para el Game Changers Championship en una canción llamada “MIA”. La interpretaron en sus giras y en Lollapalooza Chile, y luego vinieron a Masters para tocar en nuestro escenario y unirse a nuestro showmatch. Lo que lo hace especial es que estos artistas también son gamers. Conocen VALORANT. Esa autenticidad hace que la colaboración se sienta más que como una simple actuación. Es una experiencia compartida con la comunidad.
¿Qué le dirías, desde tu presente como profesional de la industria, a ese Leo adolescente que jugaba toda la noche a su juego favorito?
Le diría que no deje de jugar. Todo va a salir bien. Pero también le diría que, por favor, continúe diversificándose y aprendiendo. Necesitas complementar el gaming con otras habilidades importantes. Necesitas una perspectiva amplia para construir el mundo en el que quieres vivir.
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Giving credence to the saying “it’s not me, it’s you,” Taylor Momsen is beginning to think that touring with AC/DC might be a hazard to her health. The Pretty Reckless singer posted a video on Wednesday (April 8) in which she received medical treatment from a doctor in Mexico after she was bitten by a venomous spider.
“When do my superpowers kick in? That’s what I want to know,” a nonplussed Momsen says with a smile as a doctor cleans a nasty-looking bite mark on her lower right leg while another member of the medical team gives her a shot in her left arm in what looks like a green room backstage.
The brief video ends with a snippet of the old “Spider-Man, Spider-Man, does whatever a spider can” cartoon theme song.
You see, this is becoming a habit for Momsen, who revealed in the caption that this isn’t her first bite on a tour with the Australian hard rock legends. “🕷️🕷️🕷️ So it wouldn’t be an AC/DC tour if I didn’t get bit,” wrote Momsen. “This time a massive spider decided to take a chunk out of me and its venom did a number on my system so had to have the wonderful doctors in Mexico come and deliver quite the shot before the show last night…add it to the list!”
The last time Momsen toured with AC/DC in 2024, she was bitten by a bat while on the road in Spain during a performance of, no joke, “Witches Burn” from her band’s 2021 Death By Rock and Roll album. In a clip from the time, a bat landed on the singer’s thigh and she didn’t notice it at first. But after spotting some fans pointing at her she looked down and said, “There’s a f–king flying bat on my leg right now … I must really be a witch!”
A crewmember helped her remove the flying menace, but not before it sank into her leg, which sent her to a Spanish hospital, where she had to get treatment and two weeks of follow-up rabies shots. “Thanks to all the staff at the hospital who dubbed me #batgirl after seeing it on the local news that morning…more footage to come…that’s one for the books!!!!,” she wrote at the time.
She was equally chill about her latest unexpected venom incident, doubling-down on her joke from 2024, writing, “Spider woman? Batgirl? 🕷️🕷️🕷️🦇🦇🦇 WTF 😬”
Momsen has a couple days to rest before hitting the stage to warm-up for AC/DC at Estadio GNP Seguros in Mexico City on Saturday (April 11) and then again April 15. The band will then take some well-deserved time off before moving on to a European swing beginning with a June 5 show at the Rock Im Park festival in Nuremberg, Germany and then teaming back up with AC/DC in Charlotte, N.C. on July 11 for a North American summer stadium run in-between their own club shows.
Check out Momsen’s spider scene below.
Marc Jacobs is asking Sabrina Carpenter the right kinds of questions.
While conducting an interview with the singer for the April 7 issue of Perfect, the fashion mogul asked Carpenter how she would describe the importance of having a queer audience as a pop star in today’s day and age.
“I don’t think pop music would exist if it wasn’t for the queer community,” Carpenter begins her thoughtful response. “I don’t think some of our greatest pop stars would exist if it wasn’t for the queer community.”
Carpenter goes on to shout out the LGBTQ+ people in her life: “I feel so deeply connected. I mean, some of my greatest friends and collaborators and artists that I know are a part of the queer community or are just so celebratory of it.”
The Coachella headliner then speaks on how having the community with her has affected her work, saying that she doesn’t think going on tour would be as fun without them.
“I feel so connected and grateful to be able to have them be a part of my journey, to be a part of the world,” Carpenter concludes. Jacobs, an out gay man, agrees with Carpenter’s stance, saying, “Life is much more [colorful] and fun with [the queer community],” and, “It’s important sometimes to say it. Especially now.”
Carpenter has long been incredibly vocal in her support of the LGBTQ+ community. In partnership with non-profit PLUS1, the singer raised over $1 million for mental health initiatives, LGBTQ+ rights and animal welfare last year. In doing so, The Sabrina Carpenter Fund became the nonprofit’s fastest-growing artist fund to date.
Carpenter has also platformed LGBTQ+ artists in her work. Last August she enlisted openly queer Academy Award-winning actor Colman Domingo for her “Tears” music video. The video was inspired by the queer cult classic film The Rocky Horror Picture Show and featured Domingo playing Carpenter’s drag mother. When she debuted the track onstage at the VMAs the following month, Carpenter performed alongside drag artists and trans dancers who held up signs that read, “Protect Trans Rights,” “Support Local Drag” and “Dolls! Dolls! Dolls!”
Carpenter is set to headline Coachella on Friday (April 8). While we don’t know what surprises she might have planned for “her most ambitious show ever,” perhaps she’ll invite some drag artists from her past performances to the stage with her again.
Eden Muñoz captures the crown on Billboard’s Regional Mexican Airplay chart with his latest single “Mi Yo De Antes” leading the April 11-dated ranking. The song rises 4-1 after a 20% surge to 7.6 million audience impressions on United States panel-contributing regional Mexican stations during the March 27-April 2 tracking week, according to Luminate.
“I am very happy that this is my 10th No. 1 on Billboard,” Muñoz tells Billboard. “These past four years as a soloist have been quite dynamic. The No. 1s are like a big hug to the entire team that is giving their all to ensure the message of these songs reaches, as much as possible, those who need it most. Thank you, Billboard, and thanks to the whole team.”
“Mi Yo De Antes,” released Feb. 5 via EMC/Sony Music Mexico/Sony Music Latin, has enjoyed a steady ascent since its February debut at No. 29. After three weeks in the top 10, the track reached the summit of the chart in its seventh week.
“The song represents me completely today, especially in phrases from the song like feeling that you can’t handle everything, or that sometimes you don’t even know what you want, feeling lost,” Muñoz adds. “I realize that it’s not just me going through this stage, but many people who have connected with this song and have found it to be a catharsis.”
With the move, Muñoz hits a milestone, securing his 10th No. 1 on Regional Mexican Airplay, dating to the 2022 chart-topping “Chale!” Plus, he breaks his previous tie with El Fantasma and joins an elite group of solo artists who have earned 10 or more No. 1s since the chart’s launch in 1994. Here is how the leaderboard stands:
Artist, No. 1s
Christian Nodal, 17
Alejandro Fernández, 14
Gerardo Ortiz, 14
Carin León, 12
Eden Muñoz, 10
El Fantasma, 9
Julion Álvarez y Su Norteño Banda, 9
Marco Antonio Solis, 8
Vicente Fernández, 7
Alfredo Olivas, 6
Xavi, 6
“Mi Yo De Antes” also climbs 8-3 on the overall Latin Airplay chart and becomes just the third soloist track to break into the top three in 2026, after Gerardo Ortiz with “Échame El Grito” (No. 3 in January) and Danny Ocean’s “Corazón” (No. 1 in February).
“Mi Yo De Antes” is the first single from Muñoz’s forthcoming album 8847 slated for an August release.
Says Muñoz, “8847 is an important number for me. This album will include tracks that directly tie into this introspection. There’s the song ‘Osadía’ with the maestro Cristian Castro, and collaborations with Fonseca and Yuridia.”
Andrea Bocelli will join the list of international artists who have performed at the iconic Zócalo in Mexico City on April 18, when he takes to the country’s main public square for a free concert. And he won’t do it alone.
That night, the acclaimed Italian tenor will be accompanied by the Mexican cumbia band Los Ángeles Azules and singer/songwriter Ximena Sariñana, announced Banco Plata, the event’s organizer alongside the city government.
“Can you imagine that fusion? Neither can we, but we can’t wait to hear how it sounds,” said the bank in a message posted on social media on Tuesday night (April 7).
Bocelli will bring his celebrated 1997 album Romanza — one of his most successful and commercially acclaimed — to the Plaza de la Constitución (the official name of the Zócalo) in celebration of its 30th anniversary.
Clara Brugada, Mexico City’s head of government, previously expressed excitement about Bocelli’s performance at the iconic venue. “It will be a magical evening that reaffirms Mexico City as the cultural capital of the world,” she said.
The Zócalo is considered a landmark of great importance, as it is a plaza filled with symbolism where politics, social movements, culture and religion intersect. It is the second-largest public square in the world, only behind Tiananmen Square in Beijing.
One of the earliest concerts held at the Zócalo on record was by Los Tigres del Norte in 1999, which lasted nearly three hours. Since then, artists like Paul McCartney, Roger Waters, Justin Bieber, Shakira, Los Fabulosos Cadillacs and Grupo Firme have performed there before thousands of attendees.
On March 1, Colombian superstar Shakira set a record as the artist who has drawn the largest number of attendees to a free show in the Zócalo, with 400,000 people gathered, according to official figures. The previous record-holder was the Argentine band Los Fabulosos Cadillacs, which brought together 300,000 people on June 3, 2023, followed by Grupo Firme, which attracted 280,000 attendees a year earlier.







