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En Chinatown, Roman Polanski convirtió el agua en una maquinaria de poder silenciosa, una corriente que definía quién dominaba la ciudad y quién quedaba condenado a la sed. Entre 2 aguas recoge ese impulso y lo traslada a un territorio donde la paradoja es punzante. Un país atravesado por ríos donde el acceso al agua sigue siendo un privilegio negociado. Aquí no hay sequía como fatalidad natural. Hay administración, corrupción y negocio.

La película de Carlos Gabriel Vergara (Huellas, Esto se calentó), se articula desde un conflicto que no se disfraza de metáfora. Moisés, interpretado por Nelson Camayo, no es un héroe en construcción sino un hombre ya comprometido con una estructura de poder que conoce demasiado bien. Viene de la escasez, de cargar agua antes del amanecer, de entender el líquido como sobrevivencia. Y ahora habita el otro lado: el de quienes regulan, negocian y restringen.

Ese desplazamiento es el verdadero núcleo dramático. No se trata solo de descubrir una red que mercantiliza el agua como plantea la premisa, sino de enfrentarse a la evidencia de que el ascenso social puede estar construido sobre la negación de la propia historia.

Camayo entiende eso con una contención precisa. Su Moisés es un cuerpo atravesado por tensiones de memoria y presente, lealtad y culpa, comodidad y ruptura. Es aquí donde respira la película. A su alrededor, Ana Harlem y Angélica González no funcionan como figuras ornamentales, sino como extensiones de un entorno social donde el poder no siempre tiene rostro, pero sí consecuencias.

Vergara construye la narrativa en capas temporales (niñez, juventud, adultez) como si el personaje fuera tres versiones de sí mismo atrapadas en distintas estaciones emocionales. La infancia, seca y luminosa; la juventud, impulsiva; la adultez, fría, casi mineral. Ese diseño no es caprichoso. Es una manera de entender cómo se forma un verdugo sin dejar de ser víctima.

Cuando la película se instala en esos recuerdos en la caminata, en el pozo y en el gesto cotidiano de buscar agua, encuentra su verdad más contundente. Porque ahí el conflicto deja de ser político y se vuelve corporal.  El problema aparece cuando el relato se desplaza hacia el thriller más convencional. En su intento por expandir el alcance hacia estructuras de poder más amplias, incluso globales, la película adopta códigos reconocibles de giros previsibles que contrastan con la sobriedad de sus momentos más íntimos. No rompe la película, pero sí la vuelve intermitente.

Esa oscilación entre memoria, denuncia y género no siempre se articula con la misma precisión. Hay fragmentos donde la fragmentación enriquece y otros donde dispersa. Pero incluso en esa irregularidad, el eje permanece intacto: el agua nunca es decorado. Es el conflicto mismo. Uno donde la sed no es ausencia de agua, sino consecuencia de quién decide abrir o cerrar la llave.

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A lo largo de su carrera, Fatih Akin ha construido una filmografía marcada por personajes que viven entre mundos: migrantes, desplazados o individuos atravesados por tensiones culturales y políticas. Desde Head-On hasta In The Fade, su cine ha explorado la identidad desde lo social, lo histórico y lo emocional.

Con Amrum, Akin desplaza esa mirada hacia un terreno más interior. Ambientada en 1945, la película sigue a un niño en una isla alemana durante el final de la guerra, en un entorno donde la violencia no siempre es visible, pero sí constante. En esta conversación, el director habla sobre identidad, memoria, herencia familiar y las decisiones formales que marcaron esta nueva etapa de su cine.

A lo largo de tu carrera, tus personajes negocian constantemente identidad, pertenencia y pérdida. ¿Cómo lleva Amrum esas preocupaciones a un nuevo terreno?

Creo que sigue siendo una película sobre identidad, pero de otra forma. Las historias de crecimiento siempre tratan sobre identidad, pero aquí es más interna que externa. En mis trabajos anteriores, la identidad estaba más definida por el entorno, por lo social. Aquí es algo que ocurre dentro del personaje.

El niño llega a la isla desde el continente y se encuentra con un grupo que no lo acepta. Es la historia clásica del marginal que quiere pertenecer. ¿Qué hace para lograrlo? Incluso participa en el rechazo a otros niños, como los refugiados, solo para ser aceptado. Eso habla de algo que vemos en todas partes: personas que buscan pertenecer aunque eso implique ir en contra de sí mismas.

Cortesía de Rialto

Películas como La infancia de Iván o Come and See retratan la guerra desde la mirada de un niño. ¿Fueron referencias para ti?

Claro. Come and See es una película fundamental para muchos cineastas. Pero también pensaba en Alemania: Año Cero de Rossellini, que se acerca más a lo que yo quería hacer. No me interesaba mostrar la guerra en el frente, sino en los márgenes. En mi película, la guerra está lejos. Vemos aviones, vemos rastros, pero no hay grandes escenas de combate. Era un reto: cómo generar tensión sin recurrir a lo espectacular. Porque muchas personas vivieron la guerra así, especialmente en zonas rurales. Esa experiencia más silenciosa también es real.

La isla se siente como un espacio cerrado que a la vez protege y expone. ¿Cómo la pensaste?

Para mí, la isla es un personaje. La forma en que la filmamos responde a eso. Pensé mucho en Ladrones de bicicletas de De Sica, donde un espacio limitado permite mostrar toda una sociedad. En la isla vemos distintos tipos de personas: oportunistas, nazis convencidos, gente que intenta sobrevivir. Es una especie de retrato de Alemania en miniatura. El espacio reducido permite concentrar todo eso.

Cortesía de Rialto

En la película, el niño crece sin una figura paterna. ¿Qué significa esa ausencia?

Era algo muy común en esa generación. Muchos padres murieron, estaban presos o no podían volver a trabajar. Eso obligó a los niños a asumir responsabilidades muy pronto. Alemania fue reconstruida en gran parte por mujeres. Y también por inmigrantes, como mis propios padres. La ausencia del padre no es solo personal, es estructural. Define una época.

Cortesía de Rialto

El mar tiene una presencia constante. ¿Qué papel juega?

El mar es algo personal para mí. Mi padre era pescador, mi familia viene de la costa. Pero también es un elemento cinematográfico muy fuerte: está en movimiento, marca el tiempo.

Las mareas son una forma de mostrar el paso del tiempo, y el tiempo es lo más difícil de trabajar en cine. Además, el mar es incontrolable. Como la vida. No puedes dominarlo.

Muchos de tus personajes están atrapados en situaciones que no pueden controlar. ¿Te interesa esa idea de destino?

Sí. No eliges dónde naces ni quiénes son tus padres. Eso determina muchas cosas. Para mí era importante no simplificar eso. Puedes no estar de acuerdo con tu entorno, pero sigue siendo parte de ti. Esa tensión es lo que me interesa.

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Después de trabajar temas contemporáneos, ¿por qué volver a 1945?

El guion ya estaba situado en esa época, pero cuando lo leí pensé inmediatamente en el presente. Especialmente en la Alemania actual.

Hay una escena donde el niño dice: “yo no soy culpable”, y un adulto le responde: “quizá no, pero tienes algo que ver, porque vienes de tus padres”.

Esa idea sigue vigente. El pasado no desaparece. Sigue influyendo en cómo pensamos y actuamos hoy. Esa idea sigue completamente vigente Por ejemplo, Alemania hoy apoya a Israel en todo lo que hace, en gran parte por un sentimiento de culpa histórica. Es una forma de intentar desprenderse de esa culpa del Holocausto. Ese tipo de relación con el pasado es lo que hace que la película, aunque esté ambientada en 1945, sea también una película sobre el presente.

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Originarios de Austin, Texas, los integrantes de la banda de alt-rock Culture Wars llegan a un punto decisivo en su carrera con el lanzamiento de su primer álbum, Don’t Speak, tras firmar con AWAL (Artists Without A Label), una de las plataformas más influyentes para artistas independientes.

Rock, riffs, guitarras y baquetas. En este disco, lejos de la hiperproducción digital que domina gran parte de la escena actual, Alex Dugan, David Grayson, Dillon Randolph, Caleb Contreras y Josh Stirm apuestan por la crudeza del sonido en vivo y los instrumentos reales, construyendo un rock orgánico, directo y sostenido.

Cortesía / Eliot Lee

En entrevistas con ROLLING STONE en Español el año pasado, el vocalista Alex Dugan mencionó que parte del álbum fue grabado entre El Paso y Tornillo, en estudios como Sonic Ranch en Texas, además de espacios consagrados como United Recording en Hollywood y Sunset Sound en Los Ángeles.

A lo largo de las 12 canciones que lo conforman, Culture Wars explora la identidad, las secuelas emocionales y el proceso (a menudo incómodo) de crecer, equilibrando arrepentimiento, autoconciencia y aceptación.

El lanzamiento, acompañado por el video oficial del sencillo que da nombre al álbum, llega tras un año clave para la banda. Todo comenzó con ‘Heaven’, un tema que irrumpió con más de 2.2 millones de streams desde su estreno en 2024, marcando el primer gran punto de quiebre en su proyección internacional.

Asimismo, canciones como ‘Typical Ways’, escrita, según Dugan, como ‘una carta enojada a su yo del pasado’, atraviesan el disco desde un lugar de autoconocimiento crudo e introspectivo. 

‘Lies’, por su parte, regresa al origen de la banda, pues es una canción nacida del desamor y la pérdida de confianza que evoluciona hacia un momento de claridad y propósito creativo.

Así, desde el lanzamiento de su EP Teche en 2021, Culture Wars ha mantenido un crecimiento constante como una banda independiente y autogestionada. En sus inicios, incluso compartieron escenario en arenas junto a Maroon 5, Keane y Wallows y habían logrado sold outs en venues de Nueva York o Londres, consolidando su creciente alcance internacional.

En ese contexto, y con su debut recién estrenado y más de un millón de oyentes mensuales, la banda se prepara para su primera gira mundial, que comenzará en mayo con fechas en Estados Unidos, Reino Unido y México, que ocupará un lugar especial en ese recorrido: el 30 de mayo en el Foro Puebla y el 31 de mayo en Monterrey, dos noches en las que presentarán por primera vez en el país, las canciones de este debut.

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A menos de 24 horas de lanzar Eterno, Diego Millán —mejor conocido como Calle 24— no intenta disimular lo evidente: está nervioso. Pero no es miedo. Tampoco ansiedad. Lo que siente es distinto. Algo más cercano al vértigo. Una mezcla entre orgullo, expectativa y una emoción difícil de nombrar que aparece justo antes de soltar algo que ya no le pertenece. 

El disco, grabado meses atrás en un home studio improvisado en el clóset de una casa en Anaheim, California, y bajo el sello de Street Mob Records, no es cualquier lanzamiento. Es, quizá, su trabajo más íntimo. Aquí, “Dieguito” no busca impresionar con excesos ni repetir fórmulas: busca permanecer.

En la antesala de este lanzamiento, Calle 24 conversó con ROLLING STONE en Español sobre el significado de la eternidad, el peso de su entorno, sus relaciones personales y la responsabilidad de cantar historias sin romantizar lo que, muchas veces, duele. 

A continuación, extractos editados de esa conversación.

Cortesía Diego Millán

Faltan menos de 24 horas para el estreno de Eterno. ¿Cómo te sientes?

Imagínate… traigo de todo. Estoy contento, la neta, pero también siento muchos nervios.  Es raro, porque este disco lo grabamos desde noviembre y todo este tiempo ha sido como aguantarte, ¿sabes? Tenerlo ahí guardado, escucharlo, y ahora ya soltarlo… sí pega. Son muchos sentimientos juntos. Pero más que nada, estoy agradecido y emocionado. Ya quiero que la gente lo escuche.

¿Qué significa “Eterno” para ti y por qué convertir esta palabra en el centro del álbum?

Para mí, Eterno es eso que dejas cuando ya no estás. No tiene tanto que ver con vivir para siempre, sino con permanecer. Yo siento que uno como artista tiene ese poder de dejar un legado a través de lo que escribes: tus letras, tu forma de pensar, lo que transmites… y también cómo eres como persona. Debes dar esa aura de ser sencillo.

También porque meto y mezclo muchos puntos entre canciones que han sido eternas dentro de la regional mexicana y dentro de la música en general. Por ejemplo, en ‘No soy pa ti’. Ese es un sample que está inspirada en ‘Star Shopping’ de Lil Peep —que en paz descanse—, pero lo hicimos a nuestra manera, tratando de dar ese mismo mensaje. Porque, para mí, él es eterno porque dejó legado, ¿me entiendes? A ese nivel quiero llegar yo de eternidad.

“A mí me gustaría que el día de mañana, cuando yo ya no esté, que un chavalo ponga una canción mía y diga: “Yo escuchaba a Calle 24”. Eso, para mí, es ser eterno.”

Si alguien te descubre por primera vez con este disco, ¿qué te gustaría que percibiera?

Hablando musicalmente, que soy versátil. Nunca me ha gustado quedarme en un solo género; me gusta experimentar: con banda, con norteño, con trap, con lo que sea. Me gustaría que me recuerden como un artista que no se quedó en un solo lugar, sino que quiso llevar la música mexicana , especialmente la de mi tierra, Chihuahua, a otros países.

Y como persona, me gustaría que vean a una persona real, sencilla. No soy alguien clavado en el dinero o la fama. Claro que estoy agradecido con eso y con mi gente, que es quien me ha puesto aquí, pero me gustaría que me recuerden más por cómo soy que por lo que tengo. Ser recordado por ser auténtico.

Esa versatilidad se refleja en las canciones del álbum, que van desde lo más romántico hasta lo más crítico. ¿Cuál es el mayor sentimiento que atraviesa este disco?

Es que así es la vida. En un solo día puedes sentir muchas emociones: amor, tristeza, coraje, nostalgia. El disco es eso. Estoy hablando de tantas emociones en un solo proyecto, tan de la vida cotidiana, tan humanas, que te llevan a identificarte con cualquier tema. No quise meter canciones de “yo esto, yo tengo esto, yo soy esto”. No, no, no. Son canciones para todo mundo, para que cualquiera pueda sentirse identificado, especialmente porque yo lo vivo así.

Y es raro, porque normalmente cuando termino un disco lo escucho una vez y ya no lo vuelvo a poner. Pero este no. Con este estuve clavado. Me subía al carro y era lo único que escuchaba, tronaba la bocina con las canciones. Llegó un punto en el que dije: “Ya lo tengo que dejar de escuchar porque me va a cansar”.

Cortesía Diego Millán

El focus track, ‘El Sentrita’, toca el tema de la narcocultura desde un ángulo muy crítico…

Sí, quisimos hacer algo diferente ahí. Al principio puede sonar como un corrido más, incluso como si idolatrara esa narcocultura, pero conforme avanza te das cuenta de que no va por ahí. Quise darle un vuelco más reflexivo. Porque ese mundo no es fácil. La mayoría de las veces entras sin nada y terminas igual… o peor.

En esa misma canción hay una línea donde cantas: “esto no se va a arreglar cambiando la letra de las canciones”. Cuéntame sobre el simbolismo de esa frase.

Pues es que el tema de la narcocultura es mucho más grande, es estructural. En 2021 saqué un disco que abarca todo eso: el desenlace de un personaje que se mete a esos temas, desde que empieza hasta que termina… mal, ¿me entiendes? Más que nada para decirle a los jóvenes: “Ojo con eso”.

Entonces la gente me pedía mucho: “Hey, saca ‘Mi nueva familia Vol. 2’. Pero en lugar de darles otro disco completo de lo mismo, preferí hacerlo distinto: concentrarlo en una sola canción con esa idea y darle ese giro. Decir que nosotros no tenemos la culpa, ni la sociedad como tal, porque muchas veces es lo que te da el país. Porque hay gente buena que termina ahí por falta de oportunidades… y muchos ya no regresan.

Cortesía Diego Millán

El vídeo, producido por Luxon Films, también es muy crudo. ¿Qué hay detrás de la historia que vemos en él?

Conforme vas escuchando el corrido te va dando pistas que te dicen: “ok, el Daniel [personaje interpretado por el actor Jaime Bernache] no era así”, sino que no tuvo oportunidades de ser más cosas. Y en las tomas de él quisimos reforzar eso.

Metimos el verde, el blanco y el rojo como fondos, en alusión a la bandera mexicana. Cuando aparece el blanco con la serpiente, por ejemplo: en la bandera ves al águila devorando a la serpiente, pero aquí es al revés. La serpiente lo está ahorcando (por eso la tiene en el cuello) y representa cómo ese mundo va consumiendo a la persona, cómo va acabando con quien era antes, con esa parte buena. Y al final yo solo salgo tocando la guitarra, porque como digo: no se canta lo que se hace, se canta lo que se ve.

Siguiendo con el arte, la imagen de la portada parece muy planeada: tú entre dinero, azul total. ¿Qué hay detrás de esa imagen?

Esa foto ni siquiera estaba planeada. Yo no estaba bien en ese momento. Mentalmente estaba mal. Y justo por eso se me hizo fuerte: tener dinero enfrente, pero por dentro estar hecho pedazos. Ahí entendí que el dinero no te da la felicidad. Te da estabilidad, sí, pero no te llena. Por eso el infinito en la portada. Porque lo que realmente buscas, lo que te llena… es lo que permanece.

Trabajas con varios artistas en el álbum, entre ellos Fuerza Regida o Grupo Frontera. ¿Cómo fue colaborar con ellos?

Todo ha sido siempre muy light. La mayoría son mis amigos, y eso hace todo más fácil. Con Fuerza Regida tenemos una trayectoria de colaboraciones que, gracias a Dios, siempre hacen ruido. Nos entendemos, sabemos qué puede pegar. Eddy es como mi hermano, es muy bueno. Y con Grupo Frontera fue algo muy chido; se me hizo bien impresionante que ellos me dijeran que eran fans, y yo como: “¿cómo crees?”. Pero así se dio con todos. Nada forzado.

En canciones como ‘Ay, Dieguito’ parece que dialogas con tu yo más joven. ¿Cómo ha cambiado ese Diego respecto a quien eres hoy?

Pues es un cambio muy grande. Entré a esta profesión como a los 17 [años] y ahora tengo 23. He crecido, he aprendido, me he equivocado… y el disco también refleja eso, mi madurez actual. Porque ser artista no es fácil. Pero también es importante voltear atrás y decir: “No manches todo lo que he hecho”. Porque a veces uno está tan ocupado en el futuro que se olvida de todo lo que tuvo que pasar para llegar al punto en el que está.

Hablando de futuro, en ‘Mi último deseo’  hablas de la muerte desde un lugar muy particular. ¿Cómo te gustaría ser recordado?

Que estén los míos es lo más importante. Prefiero tener dos o tres amigos reales ahí conmigo que un montón de gente por puro chisme. Y que no sea algo triste. Que sea una fiesta. Yo soy alegre, así soy. Quiero que me recuerden como alguien que fue feliz, que dio todo en la música y que siempre fue auténtico.

¿Qué viene después de Eterno?

Ojalá poder confirmar una primera gira. Nunca había hecho una porque no me sentía listo, pero ahora sí. Aparte ahora tengo mi equipo que me apoya demasiado. Entonces tenemos muchos planes este año que, con el favor de Dios, se van a dar con este disco que nos va a impulsar. Por lo pronto, queremos empezar en Estados Unidos, luego México, y ojalá bajar a Sudamérica, porque nos están pidiendo en muchos lados. Pero hay que ver…

Finalmente, ¿qué le dices a tu gente, que ha esperado este disco… desde noviembre?Que gracias. De verdad. Sé que fue larga la espera, incluso para mí lo fue. Pero ellos siempre han estado ahí: mi gente, el equipo de productores de Street Mob Records, Lencho, Gabriel Ssoe, Billy Manhattan, mis amigos… Yo siempre lo voy a decir: si estoy donde estoy es por ellos. Yo les debo todo. Todo. Estoy eternamente agradecido.

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La música mexicana atraviesa uno de sus momentos más brillantes: un auge en el que su internacionalización crece día con día, expandiéndose con fuerza y esplendor. Sería difícil afirmar que antes hubo una etapa mejor, pues hoy resuena en rincones del mundo donde antes era impensable escucharla, y sus exponentes llenan grandes recintos llevando el nombre del país en alto. Además, artistas de otras escenas han mostrado un interés genuino y respetuoso por incorporar los sonidos tradicionales mexicanos en sus propuestas, como ocurre en el caso de La Joaqui.

Durante su estancia en la Ciudad de México, la artista argentina conversa con entusiasmo con ROLLING STONE en Español sobre esta nueva etapa mexicana en su trayectoria, tras haber dejado una huella sólida y distintiva en el RKT y el turreo. Si bien incursionar en un nuevo género puede resultar tan intimidante como emocionante, La Joaqui se adentra en una aventura que le ha brindado experiencias únicas y casi mágicas, como la dicha de cantar por primera vez después de años de carrera. Lee aquí nuestra entrevista completa: 

Háblame de esta nueva Joaqui. ¿De dónde salió la necesidad y deseo de embarcarte en la música mexicana?

¡Dios! A mí siempre me gustaron los sonidos de México. Siento que el idioma más universal es el híbrido de la cumbia entre Colombia, México y Argentina. Siento que estos tres lugares tienen un color de cumbia muy familiar entre sí. Siempre había querido hacer cosas aquí. Cuando Kenia Os me presenta la oportunidad de hacer ‘Kitty’ juntas, para mí fue increíble, porque al ser un perreo mexa que tenía que ver con el RKT, era una manera respetuosa de entrar al territorio musical de otro país. A mí también me gusta que con la música argentina haya un respeto porque es una cuestión cultural que uno lleva muy arraigado a su esencia y afecto. Fue un trabajo paulatino que comenzó con ‘Kitty’. Esto fue crucial para poder empezar a animarme, lo que me dio una base y solidez, una entrada muy directa, y que mejor que con Kenia, quien es la princesa del pop amada. Ella me presentó un mundo nuevo, porque cuando ella me trae y comienzo a conocer México, empiezo a entender un montón de cosas que tal vez no conocía de la región. Se me empezaron a dar oportunidades a raíz de eso. Después llega la canción con Cañaveral, que me encanta y que disfruté un montón. Después llegó la oportunidad de trabajar con Víctor y Luis R. Conriquez, que los mega consumo y me encantan. Fui de a poco en colaboraciones de personas que tienen su esencia bien marcada. Pude ir conociendo la música desde un lugar más sabio. Ustedes son muy de su tierra, desde su forma de hablar, su gente, cómo festejan y más, hasta las canciones tristes se bailan riéndose. 

“Estaba segura que si quería expandir mi música, no había lugar en el que me sintiera más segura que en México. Es un anhelo muy grande el que tenía”.

Me encanta escucharte hablar así de México. 

Amo México. Me encantan los sonidos de aquí. Mi lanzamiento con Gabito Ballesteros, ‘Nada personal’, ha sido el sonido más mexicano que he hecho hasta ahora. Me la pasé muy bien creando. 

¿Qué es lo que pensabas del género antes de intentarlo?

Siempre me llamó mucho la atención y me gustó. Amo los corridos y me encantan. Las guitarras mexicanas son una cosa muy atractiva, sonoramente vibran muy lindo. De verdad entienden la puta vibra. Me gustan y me alegran. Nunca pensé poder mezclar mi sonido con el mexicano porque lo veía muy lejano, y sentía que no tenía piezas que pudieran encajar con esa construcción, pero las pudimos ir creando. 

¿Crees que encontraste una nueva Joaqui? ¿Ha nacido una nueva Joaqui a partir de esta era mexicana que estás emprendiendo?

Sí, totalmente. Desde la base yo hice RKT, que es rapeado y no es cantado. Con estas nuevas canciones, yo me estoy animando a cantar por primera vez. Una persona rebelde como yo, ¿sabes desde cuánto no hace algo por primera vez? Desde hace mucho tiempo. 

“Es una nueva experiencia. Es un despertar espiritual”.

Pero se ha dado de una manera muy natural el escucharte cantar acompañada de los sonidos tradicionales mexicanos. 

Es como te digo, que tuve mucha suerte al estar acompañada de Kenia, que me haya pasado con Víctor y ahora con los otros artistas con los que estoy grabando. También me pasó con El Malilla y con Gabito. Son personas que me gusta mucho su música y me dieron la oportunidad de entrar a sus mundos. Este es un descubrimiento nuevo. Es distinto. La experiencia es como cuando te vas de viaje y eres turista, pero si vos sos de ahí, los lugares más bonitos no los conoce un turista. Creo que pasa lo mismo con la música porque hay códigos de México que son muy lindos. 

Has tenido guías muy buenos… 

Claro que sí. He tenido guías turísticos muy buenos. 

¿Tienes otros referentes que han marcado la música mexicana?

Consumo mucho a Jenni Rivera. ¡Me encanta! Es la actitud de mujer que yo quisiera tener ante la vida, te juro. Es totalmente una inspiración robada y descarada. Yo consumo mucho sus cosas, composiciones y dobles sentidos. Me parece muy ingenioso su mundo musical. La magia del sonido de ustedes vibra muy alegremente, hable de lo que hable la música, sea lo que sea, siempre es música muy alegre. Hasta la tristeza se celebra, lo que también es nuevo para mí. Me gustan las canciones tristes, pero siento que las vivo distinto. Siento que aquí, hasta las letras de desamor, las vibras están arriba. 

Cortesía prensa

¿Crees que el regional mexicano llegó a llenar algún vacío creativo que no sabías que tenías?

Totalmente, sobre todo porque yo no me animaba a cantar. Sentí que era algo a lo que no me animaba a hacer, y como busqué un sonido nuevo, me adapté a las reglas de ese juego, no inventé las mías. Eso estuvo muy bueno, porque si no, hubiera pasado más tiempo hasta que me animara. Estaba muy cómoda en mi receta que funcionaba. Buscar algo nuevo es encontrar un desafío nuevo. Esto conlleva una construcción larga y paciente, pero está bueno porque estamos acostumbrados a ir a las corridas, que volver a aprender e incursionar en algo desconocido, nos revive esa euforia artística. 

¿Cómo se concilia La Joaqui del turreo y RKT con La Joaqui que hace música mexicana? ¿Cómo llamarías a esta nueva Joaqui?

Creo que es disruptiva, como en todos los sectores donde se pasea La Joaqui, que siempre rompe cosas. Es una cosa terrible. No puedo sacar a pasear a La Joaqui, ¿te das cuenta? [Risas]. Me ha traído cosas más importantes: me hice una súper amiga por hacer un perreo mexa, que es Kenia, además de que yo fui su fan por mucho tiempo, y siempre lo cuento. Es una amistad muy sólida que me ha traído la música. También me pasa que con Grupo Cañaveral fue algo especial, porque la canción que hicimos me gustaba desde chiquita. También tiene un significado muy especial. 

Recuerdo que en nuestra última plática, que se dio en el 2025, mencionaste que deseabas sacar un poco más a Joaquina, que es tu lado más visceral y vulnerable. En la música mexicana, gracias a la lírica, es mucho más factible que este lado tuyo salga a relucir… 

¡Total! La música mexicana te obliga a amar, te obliga a sentir. Yo estoy acostumbrada a hacerme la que no siente nada. 

O eso cree el mundo… 

Ni hablar. Yo empecé a hacer música de adolescente, que me encanta hacer música para fiestas y bailar, y lo seguiré haciendo toda la vida porque me encanta el mundo que construí. Pero también quiero tener obras en donde yo exteriorice profundidades: qué opino, qué siento, cómo crecí, cómo veo el amor. Son cosas de las que casi no hablo, y quiero utilizar pequeños momentos para hacerlo. No te digo que mi repertorio será un disco de amor, pero sí me animaré a hacer cosas de las que antes no me animaba. 

También quisiera que me contaras cómo se dio tu colaboración con Gabito Ballesteros. ¿Qué me puedes decir sobre ‘Nada personal’?

A mí me gustan muchísimo los corridos de desamor, me encantan. He escuchado mucho la música de Gabito y me encanta. Siento que la música de él es bella, y es mucho para las girls. Descaradamente le mandé una canción y le dije: ‘Armé esta canción con el objetivo de que podamos hacerla juntos’. A él le gustó y lo hicimos. De hecho, la canción no era regional, sino pop, pero le dije que quería que la hiciera suya. Quería que sonara con su color y guitarra. Sentí que la manera más respetuosa de hacerlo era de donde yo me había sacado la inspiración de querer hacer algo así. No me parecía correcto de mí parte, culturalmente, solo decir: ‘Ay, me gustó este sonido tuyo y hacerlo propio’ y ya. 

¿Hay algunos otros nombres con los que te gustaría colaborar de la escena regional mexicana? 

Ya tengo algunas armadas y otras que me gustaría hacer. Con Tito Double P me encantaría. Cuando canté en Tecate Pa’l Norte, el tocó también. Nunca había visto en vivo su show, y me gustó demasiado. Él es increíble y es un mundo aparte, al igual que su público. Netón Vega también me encanta. Luis R. Conriquez también me gusta mucho. Estas son colaboraciones que me gustarían tener. 

Cortesía prensa

Siempre tienes temporadas para lo que estás presentando sonoramente, ¿cómo llamarías esta?

Dominatriz. Esta temporada es de dominatriz. Estoy armando un disco que es una exportación del mundo de La Joaqui de lo que es el turreo. Viene toda una nueva era a nivel moda, que siempre quise agregar. Tenía muchas ganas de agregar esta parte a mi mundo. Dominatriz es una alfa, y no importa el contexto ni el personaje, pero me parece que siempre tira a villano, y no sé por qué. Lejos de afectarme, le di la vuelta y le metí un concepto. Mi música, al ser de fiesta, genera mucho debate y polémica, porque la gente considera que es una invitación a vivir como yo viví, pero en realidad, fue la manera que yo encontré para traducir mis vivencias de una manera que no me doliera para sobrevivir a ellas. A veces uno necesita volverla música festiva para convivir con ella el resto de la vida. Quiero que quede bien marcado que La Joaqui es un mundo, un concepto, pero no quiero que vivas como mis canciones. No quiero que estés todos los días de fiestas y que se te vaya la vida así. Quiero que por dentro te sientas así. Yo puedo con todo, porque soy un gangster espiritual [Risas]. Quiero crearlo de una manera más artística para que quede bien dividido de lo que es Joaquina, una persona que siente, que le importa y que le compete. Tengo valores muy marcados, me parece muy importante la lealtad en los vínculos. Quiero que quede claro que divertirme, y hacer de mi vida sexual y festiva lo que sea, no quiere decir que tengo pase libre a ser mala persona. La música es para bailarla y vivirla, pero Joaquina es aparte, quien tiene valores. De hecho, La Joaqui se desarrolló bajo un concepto social. 

Aunque presentes a La Joaqui como villana, es una villana que todo mundo quiere. 

¡Es una villana muy querida! [Risas]. Hace poco, Cazzu hizo un comunicado en donde hay muchos guiños sobre su libro del machismo que se vive en la industria. Ella es una genio. Cada vez que necesito saber sobre qué hacer, recurro a ella. Ella es muy sabia; le encanta leer y se nutre constantemente de intelectualidad. Hay algo que dice sobre no poder ser buena y víctima, si para el mundo solo soy una mujer que habla de su sexualidad con sus tatuajes bélicos. No soy la víctima que el patriarcado válida, porque tendría que ser una Carmelita descalza para que el mundo considere que puedo ser víctima de cualquier situación. Esto es una realidad. Hay una estigmatización que es muy lejana a la que una vive porque una es como es. A mí me encantan mis tatuajes, pero también son una exteriorización de que crecí muy solita y no tenía límites marcados. Hice lo mejor que pude con tanta libertad. Nunca supe qué hacer con tanta libertad. A veces se me fue de las manos, y son las marcas de guerra por vivir mi vida al máximo. Tal vez, si mi contexto social o familiar, hubiera sido distinto, yo hubiera sido distinta. Siento que siempre fui rebelde, pero siempre tuve una causa con mi rebeldía. Fui una rebelde con causa. Yo necesitaba exteriorizar esas sensaciones con las que crecí. El que lo convierte en concepto de villano, es el que no tiene la profundidad de decir: ‘Bueno, esto es música para la fiesta, de situaciones consensuadas’. No estoy incitando a nada, solo estoy volviendo festivo lo que para mí, en algún momento, fue oscuridad para transformarme. 

Me encanta como lo transformas y lo conviertes a tu favor, con valentía. Tal y como dijo Cazzu: “No sería justo, les llevas demasiada ventaja”.

Claro. 

En esta etapa de tu carrera, ¿qué buscas causar en ti? ¿Qué buscas responderte?

Siento que llevo muchos años preocupada por hacer cosas que funcionen para el resto. En cierto modo, en este momento de búsqueda, empecé a olvidarme sobre lo que buscaba yo. Estoy buscando hacer un disco que me guste, y que después de que salga, lo quiera volver a escuchar y diga: ‘Puta madre, qué temón el que hice’. Quiero sentirme así, independientemente si esas creaciones son hits o no. Quiero tener obras de las que me sienta orgullosa, donde quede inmortalizada. Ahora necesito sentir otra cosa porque bloqueé mucho lo que siento. 

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En medio de la emoción del Tecate Pa’l Norte, Jackson Wang aparece con la energía de quien entiende el escenario como un espacio de entrega absoluta. Su paso por México no solo marcó su debut en un festival del país, sino también un punto de conexión emocional con una audiencia que, según él, vive con una intensidad distinta. “Debajo del ecuador, la gente disfruta más la vida”, dice entre risas y asombro. “Cuando es fiesta, lo dan todo. Cuando es trabajo, lo dan todo. No hay nada que perder”.

La conversación arranca con humor —un intento fallido de español que termina en carcajadas— pero rápidamente aterriza en una lectura más profunda de su experiencia. Para Wang, el público latino no solo responde: se involucra. Lo siente. Lo habita. “Estaba en el escenario y veía a la gente besándose, viviendo el momento. La sangre hirviendo todo el tiempo”, recuerda. En ese caos emocional encuentra algo que lo inspira, incluso lo confronta. “Pensaba: ojalá yo pudiera tener eso”.

Su paso por Monterrey coincidió con una fecha especial: su cumpleaños. Lejos de celebraciones convencionales, lo que le queda es la impresión de una ciudad que lo sorprendió tanto como el festival. Desde la escala casi infinita de un centro comercial hasta la estética de la gente, todo alimenta su imaginario creativo. “Vi muchas cosas que me inspiraron. Incluso le decía a mi equipo que deberíamos vivir aquí”, cuenta, medio en serio, medio en broma.

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En el escenario, la experiencia fue otra historia. Literalmente. Fuego, cuero, calor extremo. “Se sintió jodidamente caliente”, dice sin rodeos. “Pensé que me iba a desmayar en los primeros 15 minutos”. Pero el show, como su filosofía, no permite medias tintas. Encontró la forma de sostener la energía, de mantenerse en pie, de cumplir con esa única misión que repite constantemente: que incluso quienes no lo conocían antes de subir al escenario se llevaran algo. “Eso es lo único que me importa como entertainer”.

Esa idea atraviesa toda su narrativa. Wang no se posiciona desde la figura distante del artista, sino desde un rol más funcional: el de alguien que está ahí para aliviar, para acompañar, para generar un escape. “Cuando compras una boleta o escuchas música, es para liberar estrés”, explica. Y en esa lógica, su relación con los fans se vuelve central. No desde la idolatría, sino desde un pacto emocional. “Quiero que se amen más a sí mismos. Eso es lo más importante”.

Esa independencia emocional tiene su reflejo en lo profesional. Jackson Wang no responde a las estructuras tradicionales de la industria. No tiene manager, ni disquera, ni publisher. Opera bajo sus propias reglas. Y en ese modelo, que hoy parece cada vez más relevante, ya tiene listo su próximo movimiento. “Ya terminé mi siguiente álbum”, adelanta. Las noticias vendrán pronto, aunque prefiere no revelar demasiado. Entre lo poco que deja ver, menciona una canción titulada Sex God, parte de un proyecto que ya tuvo un primer vistazo en el universo de Louis Vuitton.

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Más allá de los anuncios, lo que queda claro es que Wang está en un momento de control creativo total. Uno en el que su discurso, su música y su presencia en vivo responden a una misma idea: intensidad sin filtro. Como el público que lo recibió en México. Como esa energía que, según él, solo se encuentra en ciertos lugares del mundo.

Y que, por una noche, en Monterrey, lo hizo sentirse exactamente donde tenía que estar.

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As Bruno Mars took the stage at Allegiant Stadium in Las Vegas on April 10 to peel back the red velvet curtain on his 77-city, nine-country The Romantic Tour, he celebrated a day packed with more milestones than most artists achieve in an entire career. The spectacle of accolades included a parade courtesy of MGM Resorts, home to his record-breaking residency; a day and street named in his honor; the key to the city; a state flag from the governor; a pop-up merch shop with icon Hello Kitty; the launch of his first American football stadium tour, and a new title, “The King of Las Vegas,” among other honors.

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At the first of two Las Vegas nights, the lights dimmed just before 9 p.m. The sold-out crowd was beckoned into the church of Mars via a video intro, where the evening’s spiritual leader (Mars)  — a lone Romantic kneeling in prayer — casts a blessing over the audience, vowing to protect all who have entered this sacred space and promising to give the city a show “it would never forget.”

As the stage blazed into view, Mars emerged from a fragmented glow of prismatic stained glass — embedded with a single allegorical red rose — a man on a mission, ready to “Risk It All” for romance.

Choosing to open with “Risk It All,” the second single from Mars’ 2026 album The Romantic, is a surprising move — a ballad in a slot typically reserved for a big bang. But it immediately established the night’s emotional thesis: all-or-nothing love, played out in sweeping highs and funky (not-so) lows. That sense of frenzy and fever became the throughline of a cinematic concert experience that unfolded across the full 26-song set list.

Mars is a flawless performer, from his vocal range to his musical artistry and showmanship. In the live setting, he locked into his character, audience and band in a way that transcended his four albums, taking fans on an interstellar ride through his musical canon.

Here are the best moments from opening night.

Zac Brown Band now has something in common with Carrie Underwood and Lenny Kravitz.

The three-time Grammy Award-winning southern rock band will star in the opening for NBC’s Sunday night coverage of Major League Baseball.

The band’s opening segment will debut on Sunday (April 12) when the Atlanta Braves host the Cleveland Guardians in the first “Sunday Night Baseball” game on NBC.

“It’s humbling, honestly, to have our band’s name mentioned in the same breath as theirs in this context means a lot. We’ve spent many years just trying to make music that connects with people, and something like this tells you that it’s reaching further than you ever imagined,” Brown said in an email to The Associated Press.

Zac Brown Band sings a reimagined version of Emerson, Lake & Palmer’s “Karn Evil 9, 1st Impression Part 2.”

NBC Sports creative director Tripp Dixon said the song resonated because it features an organ and the first line is “Welcome back, my friends, to the show that never ends.”

The majors has often been referred to as “The Show.”

“Those were the two elements we felt like, holy cow, that sounds like something to build this idea around,” he said.

All three also carry the theme of “waiting all day for Sunday night.”

Underwood has done the “Sunday Night Football” opening since 2013, a reimagined take on Joan Jett’s 1988 song “I Hate Myself for Loving You”. Kravitz’s opening to “Sunday Night Basketball” uses Elvis Presley’s “A Little Less Conversation,” which came out in 1968.

The “Sunday Night Baseball” opening was shot in Milwaukee last month. A couple of seconds were featured on NBC’s opening night broadcast between the Arizona Diamondbacks and Los Angeles Dodgers.

“It was one of those experiences where you step back and think, how did we get here? We put everything we had into the performance and then watching it come together with the visuals, the production, it took on a whole new life,” Brown said. “The folks at NBC Sports really understood the energy we were going for. It felt like a genuine collaboration, and when I finally saw the finished product, I was really proud.”

While Dixon had more than a year to think about a “Sunday Night Basketball” open, brainstorming about baseball didn’t begin in earnest until last November, when Major League Baseball and NBC agreed to a three-year deal for Sunday night games and the wild-card round of the playoffs.

“Selfishly, it’s been just a really a fun challenge. But in terms of working with somebody, I think just not only just a familiar song, but we’d worked with Zac in a limited capacity about six years ago when he did a Thursday night tease for us on Thanksgiving,” Dixon said.

“I think just in terms of his music and trying to bring people together, it just felt like really the right fit in terms of letting them put their own spin on a classic.”

“It was a very ambitious, tight schedule. We didn’t have a lot of time to put it together, but you wouldn’t know it from what Zac came back with in terms of a song and a performance.”

After Sunday’s game, the next six weeks will be on Peacock and NBCSN before NBC takes over from May 31 through Sept. 6.

This week’s game also carries special significance for Brown, who grew up in Georgia and followed the Braves.

“Man, that is not lost on me at all. I’m a Georgia boy through and through, so having this debut on a night when the Braves are playing, that’s the kind of thing you just can’t script. Our fans know how much Atlanta means to us. To have this moment tied to our team, in our home state, it really does make it feel full circle,” he said.

Three years after lighting up the stage at Barclays Center for his first tour, Jackson Wang partied it up once more at the iconic Brooklyn, New York, venue on Friday (April 10). Not only was it a night full of explosive fun, but it also brought Wang’s own interesting psyche into focus.

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The concert comes nearly a year after the release of his third solo album, MAGIC MAN 2. Wang previously talked to Billboard about how he took a year off to gather his thoughts on where he stood as an artist, but more importantly, as a human. Using his alter ego of MAGIC MAN, he explored who he really was inside — from the dark and gritty experiences of the music industry that he went through as a member of GOT7 and a solo artist, to perpetual vulnerability and ultimately, recognizing and accepting of all those complicated feelings.

“I wish I could find peace,” Wang’s raw vocals reverberated throughout the arena as he sang “Everything.” “In my mind where the doubt and the pain intertwine/ I don’t know if the life that I’m living is mine.”

The 32-year-old singer constantly proves to be an outstanding performer and creative visionary throughout all of his solo projects. While his previous two albums are deeply personal, what he cares about the most is making his fans happy.

On Friday night, Wang declared that the tour would be a form of escapism for all the attendees. He imparted some words of wisdom in a chaotic time, “The world is crazy right now. Everyone is stressed. I want you guys to treat yourselves better. [Being] selfish is not a bad thing,” before getting real with the crowd, “Sorry that this concert isn’t as commercial as you thought.”

Check out the seven best moments from Jackson Wang’s Brooklyn concert below.

Bruno Mars kicked off The Romantic Tour on Friday night (April 10) with a sold-out show in front of more than 60,000 fans packing Allegiant Stadium in Las Vegas.

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The pop supernova lived up to his billing as the King of Las Vegas entertainment as he ran through his plethora of smash hits within a 25-track setlist, which included five songs with his Silk Sonic running mate, Anderson .Paak, who joined him midway through the show.

If there’s one thing Sin City knows how to do, it’s throw a party. Friday was an all-day celebration for Bruno Mars ahead of his Romantic Tour launch.

“Bruno Mars isn’t just a global superstar; he’s one of the most electrifying performers of our time, and over the past decade, he’s become an integral part of Las Vegas,” said Bill Hornbuckle, CEO and president of MGM Resorts International, in a statement. “From his early performances at Bellagio and MGM Grand to his record‑setting residency at Dolby Live, Bruno has drawn hundreds of thousands of visitors and has created the kind of unforgettable, ‘only in Vegas’ moments that define this city. It’s only fitting that we help launch his world tour here today as we honor his extraordinary impact on Las Vegas and the energy he brings to our community.”

Bruno started the day in style with a ride down the Strip in a vintage convertible for a parade honoring his contributions to the Las Vegas entertainment scene, as April 10 was renamed to Bruno Mars Day in Sin City.

The Grammy-winning artist was given the key to the Las Vegas Strip, while Park Avenue outside Park MGM was renamed to Bruno Mars Drive. He joins a decorated group to receive the honor, which includes Elvis Presley, Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. and Dean Martin.

As Las Vegas has been a lucrative endeavor for Bruno, he made sure to give back to the community. The singer-songwriter pledged a $1 million donation to the future Intermountain Health Nevada Children’s Hospital.

The Romantic Tour continues on Saturday night (April 11) when Bruno Mars returns to the Allegiant Stadium stage for another cinematic performance. It’s the 40-year-old’s first trek in nearly a decade and his first time taking over North American stadiums.

Bruno’s The Romantic album arrived in February and debuted atop the Billboard 200 — his second No. 1 — with 186,000 equivalent album units earned in the United States in the week ending March 5, according to Luminate.


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