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¿YOSHI desapareció? No del todo, pero, sin duda, se perdió en el camino.
Después del estreno de 1UNAMORSUPREMO, su primer material discográfico, el artista mexicano cayó en una espiral que parecía no tener fin, donde lo que importaba era lo que dictaba la industria y no lo que a él le hacía feliz. Ahora, YOSHI está de regreso con un nuevo EP que forma parte de un proceso de introspección que lo ha llevado a reconectar consigo mismo y consolidar su amor por hacer música.
A lo largo de seis canciones, en Selva Oscura —cuyo título hace referencia al primer canto de la Divina Comedia— YOSHI expone cómo ha vuelto a encontrarse a través de notas y versos. Aunque, cómo él mismo cuenta, este proyecto no retrata el resultado final, sino que es solo el primer capítulo de una historia mucho más grande.
En una conversación exclusiva con ROLLING STONE en Español, el artista mexicano desentraña el proceso creativo de Selva Oscura e indaga en sí mismo para revelar qué ha cambiado en él tanto musical como personalmente.
Este proyecto, Selva Oscura, marca el comienzo de una nueva etapa en tu carrera, que implica cambios en el sonido de tu música. Y creo que un cambio creativo como ese también debe tener sus raíces en un cambio personal. ¿Qué cambió en ti como para buscar estos nuevos horizontes?
La verdad es que valoro mucho mi punto de vista sobre la música. Cuando uno empieza, a veces es difícil defenderlo, y siempre es difícil, incluso cuando ya llevas mucho tiempo. Pero creo que al principio uno es más influenciable: estás un poquito a merced de que otra gente te diga que sabe más que tú. A mí me pasó mucho eso.
En los primeros años de mi carrera tuve a mucha gente alrededor que influyó en quién era como artista. No quiero decir que fuera para bien o para mal; simplemente fue una influencia. También pasé por cosas difíciles dentro de mi carrera, como estar con un equipo que quizá no entendía del todo mi visión o colaborar con amigos que tampoco me entendían o que no tenían la ambición que yo tenía. Fueron muchas cosas difíciles, aunque parte del principio de una carrera es equivocarse.
Creo que el cambio que surgió en mí fue, en gran parte, a raíz de todas esas equivocaciones y del proceso de prueba y error que me han dado estos años. Tuve que ajustarme y tomar distancia: tomé mucha distancia de mis amigos, de la industria, de todo en general. Me aislé un poquito porque realmente quería entender quién soy. Si no tengo esta influencia, si no estoy viendo qué hace esta gente ni estoy con mis mismos amigos todo el tiempo, si no estoy en lo mismo en lo que llevo tanto tiempo, ¿qué voy a descubrir de mí mismo? Eso fue lo que pasó: llevo un año muy aislado, tratando de descubrir qué es eso que soy yo.
Pero este EP no es tanto la representación de lo que cambió, sino la representación de esa transición. No es un EP al que llego ya cambiado, sino un EP con el que fui cambiando. Representa ese proceso de transformarse.

¿Qué fue lo más impresionante que descubriste de ti mismo durante este proceso?
En todos los proyectos uno se sorprende, pero lo que más me impresionó fue descubrir que sigo igual de enamorado de la música que siempre.
Cuando empecé, a los 19 años, tenía mucha más inocencia sobre cómo era la industria musical y un amor un poco ciego por todo esto. Luego ocurren las malas experiencias: es una industria pesada y difícil — no solo la industria, la vida misma es difícil; en la vida te hacen daño o pasas por cosas duras. De repente salí de muchos procesos complicados estando menos enamorado de la música, viéndola de una manera muy cínica, muy fría. Ya no tenía el romance que tenía cuando empecé.
Justo cuando estaba terminando el disco me di cuenta de que otra vez había hecho un proyecto que me emocionaba, que me hacía bailar, que me gustaba y cuyas letras me hacían sentir algo. De repente dije: “Güey, creo que me volví a enamorar de esto”. Pensé que eso nunca iba a volver a pasar, así que me impresionó bastante.
Y justo creo que todo esto que dices se ejemplifica mucho en ‘Arder’, la rola que abre el proyecto. ¿Cómo fue componerla? ¿Fue la primera canción?
Sí, ‘Arder’ es la primera rola que escribí de este EP. Antes yo tenía la idea de que mi siguiente proyecto iba a ser un álbum súper ambicioso. Estuve tratando de buscar financiamiento y una infraestructura muy grande para hacerlo. Al final me di cuenta de que no era lo correcto: tenía que llegar a eso de una manera más gradual, no podía dar ese salto porque ni siquiera sabía qué quería hacer. Este EP nace mucho de darme cuenta de eso.
Me dije: “No pienses que tienes que hacer algo súper formal, ni ambicioso, ni con mucho dinero. Ponte a hacer algo como siempre lo has hecho. Regresa a hacer canciones en tu estudio, que realmente hablen de ti”. Así que empecé a escribir canciones todos los días. Escribí varias antes de ‘Arder’, pero la primera de la que dije “esta es para el disco” fue esa.
Vino de ese proceso de darme cuenta de que solo tenía que volver a mi esencia, a lo que siempre he hecho, y no sentir que necesitaba dar un paso en otra dirección ni conseguir infraestructura. Son cosas que a veces el artista piensa que necesita, pero me di cuenta de que no: al final solo necesitaba escribir canciones.
Este proceso de introspección implica un reto importante no solo al momento de escribir, sino también al de publicar: darte cuenta de que tus pensamientos, tus emociones y esa identidad que plasmaste en esas notas y en esos versos van a terminar siendo escuchados por miles de personas. ¿Tú cómo te relacionas con esa idea?
Me emociona mucho. Siento que, al final del día, la gente lo va a disfrutar más que yo. También lo hago para ellos. Antes pensaba que tenía que hacer música para mí, pero la realidad es que nunca la voy a disfrutar tanto como los demás. Siempre le voy a ver lo que le falta, lo que no es, lo que pude haber cambiado. La gente no; la gente la escucha por lo que realmente es. Ellos no escuchan lo que le falta, sino lo que es. Yo escucho lo que no es; eso es lo que está en mi cabeza. Pero lo que sí es, eso lo escucha la gente, y a mí eso es lo que me emociona.
Ayer lo estaba escuchando con mi hermana y sentí que lo escuchaba como si fuera ella. Claro que es totalmente distinto cómo lo va a escuchar la gente, y creo que de buena manera. Así yo ya puedo dejar de sufrir, dejar de pensar en todo lo que le falta, dejarlo ser y que la gente lo interprete como realmente es.
Como ellos no lo hicieron, no saben todo lo que hay detrás, y eso crea una distancia muy sana en la que pueden disfrutarlo mucho más. Cuando les llega, lo disfrutan, lo interpretan y veo cómo sucede esa conversación. Ahí lo disfruto mucho más. Ya dejo de pensar en lo que le falta porque ya está fuera y no le puedo cambiar nada. Empiezo a disfrutarlo con la gente porque digo: “Ah, esto realmente está conectando”. Me gusta oír qué piensan, qué escucharon, qué sienten. Es un proceso que vuelve todo muchísimo más legítimo, porque una obra, por buena que sea, no está completa hasta que la recibe alguien más, hasta que se comparte. Y lo vuelve todo más ligero, porque ya hay que dejarlo ir y disfrutar.

¿Sientes que cuando publicas una canción o un disco te quitas un peso de encima?
En general, sí. De hecho, siento que mi salud mental depende de eso, de dejar ir cosas. Si empiezo a acumular y no estoy sacando ni haciendo cosas, de repente es mucho. Es mucho para traerlo guardado.
Oye, te quiero preguntar también por ‘La gravedad y el tiempo’, la rola que sacaste con Jesse Baez. ¿Cómo surge esta colaboración?
Siempre ha sido igual. Los últimos dos años nuestra convivencia ha sido así: como Jesse se mudó aquí a la Ciudad de México, de repente voy a verlo a su depa y normalmente son visitas muy chidas y amenas. No son tanto de trabajo. A veces escribimos una canción, a veces no.
Una vez que fui y justamente le estaba enseñando el EP; le enseñé ‘La gravedad y el tiempo’ y reaccionó muy bien, le encantó. Desde que le piqué play ya sabía que le iba a gustar, porque es muy su estilo, pero no esperaba que le gustara tanto. Acabó y me dijo: “Güey, no, esto está cabrón”. Y estando ahí en su estudio, jangueando, dije:”«Güey, ¿y si la hacemos juntos?”. Él me dijo: “Sí, mándamela”. Se la mandé, me regresó sus partes y listo. Fue todo jangueando. Yo ni pensaba que iba a estar en este proyecto.
Es el único featuring; para mí este proyecto no iba a tener ninguno, pero me pareció lindo. Dije: “Güey, hace mucho que no hacemos algo”. Al final es una colaboración continua entre Jesse y yo, de toda la vida, y estaba lindo actualizarla, darle algo nuevo, porque nuestras canciones de 2020 tienen seis años y la otra fue en un proyecto colaborativo. Había mucho tiempo que no hacíamos suceder algo entre los dos, y creo que fue muy buen timing hacerlo ahora.
Claro. Este proyecto también tiene una fuerte relación con la Divina Comedia, específicamente con el primer canto, y esto se aprecia desde su título. ¿Por qué existe esta conexión?
Leí la Divina Comedia, nada más la parte del Infierno, cuando tenía como 13 años, en la secundaria. Desde entonces siempre me han llamado la atención las cosas góticas, sobre la muerte, los símbolos góticos y, después, también lo barroco y lo romántico. Desde morro he estado muy atraído por todo lo gótico y lo barroco, y Dante siempre fue una figura que me encantaba: este poeta renacentista con una obra muy gótica sobre el infierno y los demonios me fascinaba.
Siento que parte de este álbum fue retomar muchas cosas que había dejado en el primer disco, que siempre he tenido pero de las que, de alguna manera, me desvié. Al retomarlas, me di cuenta de que toda esta literatura también me servía como referencia para hacer arte. El canto en específico del que nace el concepto de Selva Oscura, que literalmente es el primer verso de la Divina Comedia, me parece muy lindo porque habla de que ya no puedes volver por donde viniste. Siento que la vida siempre te empuja a ese momento: te das cuenta de que lo que pasó, pasó, que nunca va a volver a ser igual y que, al revés, te tienes que enfrentar a algo nuevo, a retos muy cabrones de la vida, porque creo que la vida es difícil.
Es un libro sobre un artista que sentía una ruina espiritual y una confusión muy cabrona, y que decide crear esta obra sobre el infierno y sobre todos estos personajes históricos para comprender mejor su rol como artista y también para comprender mejor el mundo. Empieza a escribir en una etapa inestable del mundo, donde había guerras; Italia era un territorio súper inestable, siempre había movimiento, se derrocaban los principados y llegaba otro. Dante ni siquiera escribió la obra en un solo lugar: se tardó unos 40 años o algo así escribiéndola, en distintas ciudades. Y creo que ahora el mundo atraviesa una etapa muy similar: sentimos que no hay nada seguro, no entendemos el mundo ni nos entendemos a nosotros mismos, y eso ya ha pasado antes en la historia.

Al igual que el primer canto de la Divina Comedia, este EP se siente también como la primera parte de una historia mucho más grande. Con esto en mente ¿qué es lo que sigue en esta historia?
Creo que eso de que se siente como el principio de algo es cierto; yo lo comparto, porque sí es el principio de algo nuevo. Es algo que me costó mucho encontrar porque realmente no sabía qué hacer. Si te fijas, el año pasado no saqué mucha música, y el año antepasado, en 2024, saqué un proyecto colaborativo que a lo mejor no representaba al cien porciento quién era yo. Han sido dos años de buscar con qué voy a salir ahora. Como te digo, pensaba que iba a hacer un álbum, pensaba que iba a hacer otro concierto, mil cosas.
Este proyecto llega justo para empezar una etapa muy importante de mi vida, y también da entrada a una nueva manera de que la gente me perciba. Si bien se siente y se nota que lo hice yo, también da otra cara y otro gusto sobre quién puedo ser. Abre posibilidades que hasta ahorita no siento haberle dado a la gente. Lo que viene va a ser tratar de refinar y perfeccionar este universo. Sigo siendo yo, sigue siendo mi esencia, pero estoy integrando muchas más cosas nuevas.
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Patrick Stewart murió el miércoles 28 de octubre en su casa de Los Ángeles, a los 86 años, acompañado por su esposa, Sunny Ozell. La familia informó que había atravesado un breve proceso relacionado con el alzhéimer y la demencia con cuerpos de Lewy; esos diagnósticos no se habían hecho públicos antes. La noticia cierra una trayectoria de seis décadas en la que el rigor de Shakespeare llegó a millones de espectadores a través de la ciencia ficción y el cine de superhéroes.

Nacido en Mirfield, Yorkshire, el 13 de julio de 1940, Stewart creció en una familia obrera. La actuación apareció temprano como una posibilidad de vida y, más tarde, como un refugio frente a la violencia que su padre ejercía contra su madre. En 1966 se unió a la Royal Shakespeare Company, donde permaneció durante catorce años. Interpretó a personajes como Marco Antonio, Enrique IV, Shylock y Oberón; obtuvo reconocimiento por su trabajo en Antonio y Cleopatra y regresó a Shakespeare a lo largo de toda su carrera. El teatro le dio el instrumento que llevaría consigo a cada pantalla: una voz capaz de ordenar una sala y, al mismo tiempo, de revelar lo que un personaje guarda en silencio.

El capitán Jean-Luc Picard lo convirtió en una estrella global. En Star Trek: The Next Generation, Stewart llevó a la nave Enterprise una presencia distinta a la del héroe de acción: Picard resolvía conflictos con pensamiento estratégico, curiosidad y una convicción profunda en la dignidad de los demás. Su formación shakespeariana no alejaba al personaje del público; le daba peso a cada decisión y hacía de sus discursos algo más que una colección de frases memorables. Stewart interpretó a Picard durante siete temporadas, cuatro películas y, décadas después, en Star Trek: Picard en tres, además de protagonizar varias versiones cinematográficas de Viaje a las estrellas.

De hecho, en Star Trek: Generations (1994), el capitán James T. Kirk murió después de ayudar a Jean-Luc Picard a detener a Soran. La película cerró el recorrido cinematográfico del personaje de William Shatner (actualmente de 95 años) y entregó el relevo a la tripulación de The Next Generation. Picard tuvo su despedida en la última temporada de Star Trek: Picard en 2023, ahora, la muerte de Stewart le da a ese adiós un peso definitivo.

En el universo de X-Men, el profesor Charles Xavier trazó otra clase de liderazgo. Allí, Stewart encarnó a un mentor que defendía la convivencia entre humanos y mutantes mientras conocía el costo de sostener esa esperanza. Xavier encontraba un contrapunto en Magneto, interpretado por Ian McKellen, amigo cercano de Stewart en la vida real. Los dos actores formados en el teatro británico daban densidad moral a una saga que también hablaba de persecución, diferencia y poder. Stewart acompañó al personaje desde la primera película de X-Men hasta Logan, donde su fragilidad física y emocional adquirió una dimensión conmovedora.

Stewart volverá de manera póstuma como el profesor Charles Xavier en Avengers: Doomsday, donde compartirá pantalla con otros intérpretes de los X-Men. La película, prevista para el 18 de diciembre de 2026, será su última aparición cinematográfica. Una despedida inesperada para un personaje que acompañó durante más de dos décadas.

Picard y Xavier ocuparon el centro de su fama, pero nunca resumieron su carrera. Stewart siguió trabajando en teatro, cine y televisión, desde Dune de David Lynch hasta Extras, la comedia de Ricky Gervais. Prestó su voz a producciones animadas como American Dad! y The Emoji Movie, donde interpretó al emoji de popó; y fue genuinamente aterrador como Darcy Banker, el líder de los skinheads en Green Room. Su precisión actoral iba de la absoluta solemnidad al humor más irreverente. Bajo la dicción impecable se asomaba un humor seco, dispuesto a reírse de la seriedad que tantos de sus personajes parecían exigir.

Fuera del escenario, habló públicamente del maltrato que presenció durante su infancia y apoyó a Refuge, organización británica que acompaña a mujeres y niños afectados por la violencia doméstica. Contar esa historia le tomó décadas. Al hacerlo, puso su prestigio al servicio de una causa íntima y recordó que el silencio también puede formar parte de la herencia de la violencia.
Stewart recibió el título de sir en 2010 por sus servicios a la interpretación. En su autobiografía, Making It So, publicada en 2023, volvió sobre una vida que parecía contener dos trayectorias separadas: La del actor de repertorio que habitó a Shakespeare y la del rostro que millones asociaron con las estrellas y los mutantes. Su carrera demostró que ambas podían convivir. Patrick Stewart llevó el teatro clásico a la última frontera y encontró, entre naves espaciales y aulas para jóvenes mutantes, nuevos escenarios para la misma pregunta: qué significa actuar con inteligencia y humanidad.
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“Felicidades / Qué bueno que al fin te sacaste ese peso de encima / Yo entiendo que el amor es ciego y tú no te veías / La mirada vacía / Él te hizo mucho daño, y aunque sé que no es tu cumpleaños / Felicidades”, canta Yami Safdie al inicio de ‘Felicidades’, su más reciente sencillo junto a Maluma. Sobre una base de cumbia, ambos artistas convierten el final de una relación en un motivo para celebrar, con una canción que propone dejar atrás el dolor y reconocer el valor de alejarse de aquello que ya no hace bien.
En lugar de quedarse en la nostalgia por lo perdido, el tema apuesta por una mirada más desenfadada de las rupturas amorosas. Impulsada por un estribillo pegadizo, la letra combina humor, actitud y honestidad emocional para plantear que no todas las despedidas merecen lágrimas. A veces, cerrar un capítulo también significa recuperar la tranquilidad, reencontrarse con uno mismo y abrirse a nuevas posibilidades. Así, ‘Felicidades’ encuentra en el baile una forma de acompañar ese proceso y se convierte en una canción para cantar a todo pulmón o dedicarle a esa persona que finalmente logró seguir adelante, porque, como canta Safdie, “que en verdad es mejor estar sola que vivir un amor de mentiras”.
La colaboración reúne dos identidades musicales distintas. Por un lado, Safdie ha construido su propuesta alrededor de composiciones que parten de emociones y experiencias personales; por otro, Maluma aporta su carisma, sensualidad y su experiencia dentro de la música urbana latina. El encuentro entre ambos da lugar a una cumbia que busca equilibrar sus estilos sin perder de vista el mensaje central de la canción: alejarse de una relación que hace daño no es una derrota, sino una decisión que merece celebrarse. La unión también le permite a la argentina explorar una nueva faceta musical a través de una colaboración con una de las figuras internacionales más reconocidas de la música latina.

El lanzamiento llega en un momento importante para Safdie, quien recibió una nominación al Latin Grammy 2026 en la categoría de Mejor Álbum Pop Tradicional por Querida Yo (2025). Ahora, ‘Felicidades’ abre una nueva etapa creativa para la cantante y funciona como primer adelanto de Bienvenida de Soltera, su próximo EP.
Como su título sugiere, el proyecto girará alrededor del autodescubrimiento, la independencia y la fortaleza que surge de tomar decisiones en favor de uno mismo. La propuesta explora ese momento en el que soltar deja de sentirse como una pérdida y comienza a entenderse como una oportunidad para empezar de nuevo. En ese sentido, el sencillo introduce el espíritu de esta nueva etapa: reconocer lo que ya no funciona, recuperar la propia perspectiva y encontrar motivos para celebrar incluso después de una experiencia dolorosa.
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Con ‘Felicidades’, Yami Safdie y Maluma llevan esa idea a la pista de baile y transforman una experiencia común en una celebración compartida. Más que una canción sobre el final de una relación, el sencillo propone cambiar la forma de mirar las despedidas y recordar que, en ocasiones, pasar página es la mejor noticia que alguien puede recibir. Para Safdie, además, marca el comienzo de un capítulo musical en el que la independencia y la libertad de elegirse a uno mismo ocupan un lugar central.
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La derrota electoral, una orden judicial y un viaje bajo el radar de las autoridades marcaron los tres días que separaron a Flávio Bolsonaro de la presidencia de Brasil y lo llevaron hasta Miami. El senador, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, salió del país después de perder la segunda vuelta frente a Luiz Inácio Lula da Silva, en medio de una investigación por presunto lavado de dinero. Desde Estados Unidos, transformó su salida en un gesto político: rechazó los resultados electorales y se presentó como el líder de una oposición que, según él, ya no puede actuar libremente en su país.
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La derrota y el rechazo a los resultados
El domingo 25 de octubre, Flávio Bolsonaro perdió la segunda vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas frente a Lula. El actual mandatario obtuvo 64.256.232 votos, equivalentes al 51,79 % de los votos válidos, mientras que el senador del Partido Liberal (PL) recibió 59.826.041, el 48,21 %. La derrota llegó después de que Flávio se impusiera en la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, y alimentara las expectativas de un regreso de la familia Bolsonaro al Palacio de Planalto.
Sin embargo, el candidato no reconoció el resultado. Anunció que buscaría anular las elecciones y cuestionó la decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) de permitir que los centros de votación que todavía permanecían abiertos extendieran la jornada hasta las 19:00. Bolsonaro sostuvo que la medida había alterado el resultado, aunque los datos oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE) registraron 34.393 votos emitidos después de las 17:00 en territorio brasileño.
Mientras el senador denunciaba supuestas irregularidades, su partido reconoció la victoria de Lula. El resultado también fue respaldado por los datos oficiales del organismo electoral, que permiten consultar la evolución del escrutinio.
La orden judicial y la promesa de quedarse
El lunes 26 de octubre, un día después de la derrota, el senador publicó un video en sus redes sociales en el que confirmó que la Policía Federal le había solicitado entregar sus pasaportes por orden del juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal. La medida se produjo en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero en la que también está involucrado el abogado Willer Tomaz, amigo de Bolsonaro. Ambos niegan haber cometido irregularidades.
La investigación sobre el senador se desarrolla en un contexto de creciente presión judicial sobre la familia Bolsonaro. En este caso, las autoridades investigan posibles operaciones financieras irregulares y vínculos empresariales que podrían comprometer a Flávio. La orden para entregar sus documentos de viaje convirtió su eventual salida de Brasil en un asunto de especial relevancia.
Pese a ello, Bolsonaro aseguró que cumpliría la decisión judicial y negó que tuviera intención de abandonar el país. Dijo que permanecería en Brasil para organizar la oposición al Gobierno de Lula, una promesa que no duró más de 24 horas.
La orden de entregar los pasaportes también coincidió con declaraciones de su hermano Eduardo Bolsonaro, quien había sugerido públicamente que Flávio debía abandonar Brasil si perdía las elecciones y asumir desde el exterior el liderazgo de la oposición.
Una salida entre versiones contradictorias
El martes 27 de octubre, la ubicación del senador se convirtió en un misterio. Durante la madrugada, Infobae informó que Bolsonaro habría salido de Brasil y que tenía previsto viajar a Estados Unidos en un avión privado desde Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones, cerca de la frontera brasileña. Inicialmente, las autoridades migratorias argentinas afirmaron que no tenían registro de su ingreso al país.
La incertidumbre se prolongó durante varias horas. Bolsonaro había incumplido el plazo para entregar sus pasaportes, fijado para el mediodía del martes, y fuentes policiales brasileñas informaron a Reuters que los documentos habían sido cancelados. El senador, sin embargo, disponía también de nacionalidad italiana, obtenida en 2023, un detalle que resultaría determinante para reconstruir su itinerario.
A lo largo de la tarde, fuentes citadas por Reuters confirmaron que Bolsonaro ya se dirigía a Estados Unidos. El Gobierno estadounidense anunció que permitiría la entrada del senador y de su familia, que recibirían visados. Su salida se produjo así mientras seguían sin conocerse públicamente todos los detalles de cómo había abandonado Brasil y cruzado la frontera.
La ruta se aclaró posteriormente. Según las autoridades migratorias argentinas y los reportes de prensa, Bolsonaro cruzó por tierra a Argentina junto con su esposa y sus dos hijas a través del puente internacional Tancredo Neves, que conecta Foz do Iguaçu con Puerto Iguazú. Lo hizo utilizando un documento italiano, mientras que su familia viajó con pasaportes brasileños.
La diferencia entre la orden judicial y la forma en que logró viajar es importante: la medida exigía entregar los documentos de viaje, pero las autoridades no habían confirmado inicialmente su paradero ni todos los detalles de su desplazamiento. La reconstrucción posterior permitió establecer que la familia llegó a Argentina con documentos válidos para el cruce fronterizo, pese a que el senador había incumplido el plazo fijado por la justicia brasileña.
De Puerto Iguazú a Miami, vía Ecuador
Poco después de cruzar la frontera, la familia abordó un Gulfstream G400 de la compañía argentina Baires Fly, que esperaba en el aeropuerto de Puerto Iguazú desde el lunes. El avión despegó pasada la medianoche del miércoles 28 de octubre y se dirigió a Guayaquil, Ecuador, donde aterrizó durante la madrugada para repostar combustible.
La aeronave volvió a despegar aproximadamente media hora después con destino a Miami. Los registros de seguimiento de vuelos citados por Reuters y EL PAÍS permitieron reconstruir las escalas hasta la llegada a Florida. El avión aterrizó en el aeropuerto ejecutivo de Opa-locka, al norte de Miami, durante la mañana del miércoles. Allí, Flávio Bolsonaro descendió acompañado de su esposa y sus dos hijas.
Su llegada ocurrió después de que la Administración de Donald Trump confirmara que concedería visados a la familia. El presidente estadounidense, aliado político de los Bolsonaro, dijo que habría autorizado su entrada y cuestionó las elecciones brasileñas, aunque sin presentar pruebas que respaldaran las acusaciones de fraude.
La reacción en Brasil fue distinta. Lula calificó de vergonzosa la salida del senador, quien había asegurado que se quedaría en el país para organizar la oposición. La huida también reavivó el recuerdo de Jair Bolsonaro, que viajó a Florida tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula y se negó entonces a reconocer de inmediato su derrota.
De “presidente electo” a “líder de Brasil”
Horas después de aterrizar en Miami, Bolsonaro publicó una carta dirigida al pueblo brasileño y a la comunidad internacional en su cuenta de X. En una primera versión, se declaró el “verdadero presidente electo” de Brasil y afirmó que le habían arrebatado la victoria mediante un supuesto fraude. El documento también acusaba al Gobierno de Lula y a sectores del Poder Judicial de perseguir políticamente a la familia Bolsonaro.
Esa versión fue eliminada y reemplazada por otra en la que el senador se presentó como “líder de Brasil”. El cambio no modificó el núcleo de su mensaje: rechazó la legitimidad del resultado electoral y defendió que había abandonado su país para proteger a su familia y continuar su actividad política desde un lugar seguro.
En la carta, Bolsonaro agradeció al presidente argentino Javier Milei por su apoyo y a Donald Trump y al pueblo estadounidense por recibirlo. También comparó su salida con la de figuras históricas que dirigieron movimientos políticos desde el exilio, entre ellas Charles de Gaulle y José Martí.
“No huí de Brasil, salí por Brasil”, escribió, al argumentar que permanecer en el país le habría impedido ejercer el liderazgo que, según él, sus seguidores esperan. Afirmó que la justicia brasileña estaba siendo utilizada con fines políticos y describió el escenario nacional como un régimen de excepción. Estas declaraciones corresponden a su propia interpretación de los acontecimientos: no constituyen pruebas de fraude electoral ni de persecución judicial.
El episodio abrió una nueva etapa en la estrategia política de Bolsonaro. Después de perder las elecciones y abandonar Brasil en medio de una investigación judicial, anunció que dirigiría la oposición desde Estados Unidos. Su capacidad para convertir esa declaración en una estructura política efectiva, así como las consecuencias judiciales de su salida, quedan por verse.
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La banda liderada por Adam Levine se presentará el 12 de noviembre como parte de su recorrido por Latinoamérica. VidantaWorld Concert Series continúa consolidándose como un punto de encuentro para las giras internacionales, con una propuesta que combina música en vivo, hospitalidad y experiencias vacacionales frente al Pacífico mexicano.
El próximo 12 de noviembre, Maroon 5 llegará a Vallarta-Nuevo Nayarit para ofrecer un concierto como parte de su gira por Latinoamérica. La presentación, que marcará el cierre de su recorrido por la región y su última fecha en México, se suma a la programación de VidantaWorld Concert Series (VWCS), una iniciativa que busca posicionar a Vallarta-Nuevo Nayarit como un destino para disfrutar de espectáculos internacionales sin dejar de lado la experiencia de unas vacaciones junto al mar.
Liderada por Adam Levine, Maroon 5 ha construido una trayectoria que la ha convertido en una de las agrupaciones más reconocibles del pop rock contemporáneo. A lo largo de su carrera, la banda ha desarrollado un sonido que combina melodías pop, guitarras, elementos de funk y R&B, con canciones que han conectado con distintas generaciones de oyentes. Su llegada a VidantaWorld Concert Series forma parte de un calendario que apuesta por acercar al público a artistas de alcance global y convertir sus presentaciones en una oportunidad para descubrir todo lo que ofrece el destino.

La participación de Maroon 5 también responde a una visión que busca integrar a VidantaWorld Concert Series dentro de los recorridos de artistas internacionales. Junto con las presentaciones de Marco Antonio Solís y Robbie Williams, el concierto de la banda se enmarca en una apuesta por recibir giras oficiales y formar parte de sus itinerarios, en lugar de limitarse a albergar espectáculos aislados. Así, VWCS busca fortalecer su presencia en el circuito internacional de música en vivo y consolidar a Vallarta-Nuevo Nayarit como una parada relevante para artistas y públicos de diferentes partes del mundo.
La propuesta va más allá de asistir a un concierto. En VidantaWorld Vallarta-Nuevo Nayarit, la música en vivo forma parte de una experiencia que también incluye hospitalidad, entretenimiento y la posibilidad de disfrutar de unos días de descanso frente al Pacífico mexicano. La idea es que los asistentes puedan convertir una presentación internacional en el punto de partida de unas vacaciones, combinando el espectáculo con la oferta turística y recreativa del destino.
Esta visión se extiende a otras propuestas de entretenimiento que conviven dentro de VidantaWorld. Entre ellas se encuentra Cirque du Soleil LUDÕ, que se aproxima a su primer aniversario y amplía la oferta de experiencias escénicas disponibles para los visitantes. A través de una propuesta que combina acrobacia, narrativa y producción visual, el espectáculo suma una alternativa para quienes buscan complementar su estancia con una experiencia artística más allá de la música.
A esta oferta se incorpora BON Luxury Theme Park, presentado como el primer parque temático de lujo del mundo. Su presencia refuerza la apuesta de VidantaWorld por reunir distintas formas de entretenimiento en un mismo destino, con alternativas para quienes desean organizar una visita alrededor de un concierto y extenderla con otras actividades durante sus vacaciones.
La combinación de música en vivo, espectáculos y experiencias recreativas es uno de los elementos que distingue la propuesta de VidantaWorld Concert Series. Más que funcionar únicamente como una plataforma para presentar artistas internacionales, VWCS forma parte de una oferta de entretenimiento que conecta los conciertos con la hospitalidad y el atractivo de un destino turístico. Para el público, esto abre la posibilidad de planear una visita en la que el espectáculo sea uno de los momentos centrales, sin que la experiencia termine cuando se apagan las luces del escenario.
Con Maroon 5 como uno de los nombres destacados de su programación de 2026, VidantaWorld Concert Series continúa desarrollando una agenda que busca atraer a artistas internacionales y a públicos dispuestos a viajar para verlos en vivo. La presentación del 12 de noviembre cerrará el recorrido latinoamericano de la banda y se sumará a una temporada que también ha contado con figuras como Marco Antonio Solís, Robbie Williams y otros artistas de alcance internacional.
De cara a 2027, VidantaWorld Concert Series se prepara para continuar ampliando su programación, con la intención de fortalecer su lugar dentro del entretenimiento en vivo y seguir conectando espectáculos de gran formato con experiencias vacacionales. En Vallarta-Nuevo Nayarit, la propuesta invita a pensar el concierto no como un evento aislado, sino como parte de una experiencia más amplia que reúne música, entretenimiento y descanso en un mismo lugar.
Los boletos para el concierto de Maroon 5 en la Explanada VidantaWorld ya pueden adquirirse a través del sitio oficial de VidantaWorld Concert Series.
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Ubicado en una extensión de 200 acres, entre un lago y el océano, en el sur del condado de Palm Beach, Florida, The Boca Raton es un destino donde el confort, la exclusividad y el lujo convergen en una experiencia excepcional. Su historia comenzó en 1926, de la mano del visionario arquitecto Addison Mizner, cuya visión dio origen a un legado que ha acompañado la evolución de la ciudad durante un siglo. Hoy, The Boca Raton honra esa herencia mientras celebra 100 años de historia, distinción y transformación, consolidándose como un resort de clase mundial donde la sofisticación se encuentra con la calidez de un hogar.
Más que un resort, The Boca Raton es una comunidad exclusiva que celebra el arte de vivir bien. Un club emblemático del sur de Florida que evoluciona sin perder su esencia, donde cada experiencia fortalece el sentido de pertenencia y cada generación encuentra un lugar propio. Un destino pensado para disfrutar en familia, crear recuerdos y construir una historia que perdure toda la vida.
The Boca Raton reúne cinco hoteles —Beach Club, Bungalows, Cloister, Tower y Yacht Club—, cada uno con una identidad propia y una propuesta única, distribuidos entre el entorno costero y la marina. En sus 200 hectáreas, el resort ofrece un universo de experiencias diseñadas para adaptarse a cada estilo de vida y hacer de cada estancia algo excepcional. La propuesta incluye una oferta gastronómica galardonada, un campo de golf de primer nivel, el spa Palmera —reconocido con cinco estrellas por Forbes Travel Guide—, ocho espectaculares piscinas y medio kilómetro de playa privada. Un destino donde el descanso, la aventura y el bienestar se encuentran en perfecta armonía, invitando a descubrir, disfrutar y dejarse sorprender en cada visita.

En Cloister, el hotel donde comenzó la historia de The Boca Raton, el legado arquitectónico de Addison Mizner se encuentra con una renovada visión de lujo y hospitalidad. Rodeado de exuberantes jardines y detalles arquitectónicos de gran carácter, este emblemático refugio conserva la esencia de sus orígenes, reinterpretada a través de una estética costera en tonos blancos que evoca el diseño original con el que Mizner abrió las puertas del club en 1926. Ubicado en el corazón de Harborside, Cloister cuenta con 294 habitaciones y suites, y ofrece una estancia que combina elegancia, confort y acceso privilegiado a algunas de las experiencias más distintivas del resort. A pocos pasos, el Golf Club, el Racquet Club y el spa Palmera invitan a alternar entre la actividad física, el bienestar y la relajación.
Como parte de su evolución, Cloister incorpora nuevas propuestas gastronómicas y comerciales que enriquecen la experiencia de sus huéspedes, quienes también disfrutan de acceso a las instalaciones de The Boca Raton, incluida su playa privada de arena dorada, una amplia variedad de actividades y una programación diseñada para cada estilo de vida. La experiencia culinaria ocupa un lugar central, con más de 18 restaurantes y bares que ofrecen propuestas para todos los gustos. Entre ellos destacan Adelle’s, Principessa Ristorante, Japanese Bocce Club, MB Supper Club, Palm Court y Cloister Courtyard, espacios que convierten cada encuentro en una oportunidad para descubrir nuevos sabores y disfrutar del arte de la buena mesa.
En The Boca Raton Tower, el lujo se expresa a través de un servicio personalizado, amenidades excepcionales y vistas panorámicas que acompañan cada momento de la estancia. Tras una transformación de 65 millones de dólares, esta torre de 27 pisos redefine la experiencia hotelera con amplias suites, espacios cuidadosamente diseñados y un servicio de mayordomo pensado para atender cada detalle. Su propuesta va más allá del alojamiento.
Entre sus amenidades destacan una zona de juegos y una biblioteca con títulos de la prestigiosa editorial Assouline, además de acceso privilegiado a las instalaciones privadas y al programa de actividades del club. Los huéspedes también pueden disfrutar del spa Palmera, Harborside Pool Club, campos de golf, canchas de tenis y pickleball, Harborside Fitness Club y las salas de reuniones del Mizner Center. Para quienes buscan experiencias más allá de tierra firme, el Marina Center ofrece un espacio dedicado a los deportes acuáticos y las actividades náuticas, ampliando las posibilidades de disfrutar del entorno. En Tower, cada detalle está pensado para ofrecer una estancia donde la privacidad, el confort y las experiencias exclusivas conviven en perfecta armonía.
Las 244 habitaciones y suites de The Boca Raton Tower fueron renovadas integralmente por la firma de arquitectura y diseño Rockwell Group, dando vida a espacios contemporáneos donde el confort y la sofisticación conviven con vistas panorámicas de la costa y el océano. Su diseño versátil permite distintas configuraciones, desde suites comunicadas hasta la posibilidad de reservar plantas completas, una propuesta ideal para familias multigeneracionales y grupos de amigos que buscan compartir una estancia sin renunciar a la privacidad. Con una ubicación privilegiada y horizontes que se extienden hacia el mar, Tower ofrece un refugio excepcional para disfrutar de una experiencia memorable.

En The Boca Raton Yacht Club, el lujo se vive a un ritmo propio, entre la serenidad del lago y el encanto de una marina rodeada de yates. Este hotel exclusivo para adultos, integrado únicamente por suites, ofrece 112 elegantes alojamientos con balcones privados y vistas privilegiadas al lago Boca Raton, con el océano Atlántico como telón de fondo. La experiencia se distingue por un servicio personalizado, con atención de conserjería y mayordomos en cada planta, dedicados a cuidar cada detalle y anticiparse a las necesidades de sus huéspedes.
Situado junto a un paseo marítimo, el hotel cuenta con una exuberante terraza que invita a disfrutar del aire libre en un entorno de absoluta tranquilidad. Su atmósfera íntima se complementa con acceso a las exclusivas instalaciones de The Boca Raton, entre ellas la playa privada de arena dorada del Beach Club, el spa Palmera y una amplia oferta de actividades que abarca desde golf y tenis hasta deportes acuáticos, además de una programación diseñada para enriquecer cada estancia. La experiencia se extiende también a la gastronomía, con acceso a más de 18 restaurantes y bares que ofrecen propuestas para distintos gustos y ocasiones. Así, The Boca Raton Yacht Club combina privacidad, sofisticación y hospitalidad excepcional en un refugio donde cada momento invita a disfrutar del destino desde una perspectiva única.
En The Boca Raton, la experiencia residencial encuentra su máxima expresión en Bungalows, un refugio boutique de lujo concebido para estancias prolongadas, donde la comodidad de un hogar se combina con los privilegios de un resort de clase mundial. Ya sea para una escapada romántica, unas vacaciones en familia o unos días junto al mar con amigos, este espacio ofrece un ambiente versátil que se adapta a cada ocasión. Recientemente renovado y distribuido en tres niveles, Bungalows cuenta con 58 amplias suites de estilo residencial, cuyo diseño fusiona la estética moderna de mediados de siglo con comodidades contemporáneas.
Cada espacio ha sido pensado para ofrecer privacidad, amplitud y una atmósfera acogedora, sin renunciar a la sofisticación que distingue al resort. Ubicado en la zona de Harborside y rodeado de exuberante vegetación, este enclave invita a disfrutar de una estancia relajada en un entorno íntimo. Su piscina privada y sus servicios exclusivos completan una propuesta que redefine el arte de hospedarse, con la libertad de sentirse en casa y el privilegio de tener a su alcance todo lo que ofrece The Boca Raton.

En The Boca Raton Beach Club, el lujo se encuentra con la inmensidad del océano Atlántico en un entorno donde la brisa marina, la arena dorada y la serenidad de la costa marcan el ritmo de cada día. Ubicado frente a media milla de playa privada, este hotel invita a disfrutar de una experiencia costera excepcional, en la que la naturaleza y el diseño conviven en perfecta armonía. Presentada en enero de 2025, una transformación de 130 millones de dólares dio vida a una nueva visión del Beach Club, con espacios que desdibujan los límites entre interior y exterior e integran el paisaje costero en cada rincón.
El resultado es un refugio que evoca la sensación de un verano interminable, donde el descanso y la sofisticación se disfrutan sin prisas. La propuesta se extiende a una oferta gastronómica diversa, con espacios que celebran los sabores y el espíritu de la vida junto al mar. Marisol destaca por su cocina mediterránea fresca; Onda evoca los destinos costeros con una propuesta junto a la playa; Sand Bar ofrece un ambiente relajado al aire libre, junto a la piscina; y Ocean Market reúne opciones gourmet para disfrutar de manera informal. A ellos se suma VesBAR, una original Vespa de los años sesenta transformada en un bar atendido por expertos cocteleros. Una selección de experiencias que convierte cada momento en una invitación a saborear el estilo de vida costero de The Boca Raton.
Ser miembro de The Boca Raton significa formar parte de una comunidad exclusiva que reúne a personas con intereses afines, un estilo de vida dinámico y el deseo de disfrutar experiencias extraordinarias. Más que pertenecer a un club emblemático, es acceder a un mundo de posibilidades, con una programación excepcional, actividades para todos los gustos y momentos que invitan a descubrir algo nuevo cada día. En The Boca Raton Club, cada jornada ofrece una oportunidad para conectar, disfrutar y crear recuerdos. Un lugar donde comenzar el día con nuevas experiencias y terminarlo con la satisfacción de pertenecer a una comunidad que celebra el arte de vivir bien.
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El estereotipo de la “generación de cristal” es algo que raya a cualquier joven. La generación Z ha sido acusada de ser “demasiado sensible”, que “se ofende muy fácil” y/o que “es delicada”. Este álbum surge desde ese granito de verdad que plaga la juventud y las familias del mundo. En ‘De cristal’, el opener de Disco de cristal, hace una declaración que pone este estereotipo de cabeza: “Estoy haciendo lo que puedo/Quiero dejar de hacer las cosas mal/Estoy haciendo lo que puedo/Claro que me rallo, soy de cristal”. Ese es el regalo de Ivan Herzog: tiene la capacidad de usar algo despectivo para transmitir un mensaje de autodeterminación que deja a quienes intentan derribar a los jóvenes sin munición.
Esta fue la canción que resultó más difícil de mezclar según su creador, ya que fue un gran desafío balancear los diferentes momentos dentro de esos tres minutos con 45 segundos. Esto se nota en la manera que los primeros instantes del tema rebozan de creatividad y variedad usando bucles de piano, efectos sonoros y pequeños detalles como minúsculos ruiditos que rascan el cerebro que habitan en el fondo de la mezcla. Esta cualidad se mantiene a lo largo de su duración hasta que la tensión estalla con un break de rock al final.
El video funciona para mostrar esta confrontación de sonidos y la incomodidad de enfrentar aquellas paradojas de la actualidad, como dice, “El punto más álgido en la edad moderna / Una tienda vintage de venta al por mayor / El cambio climático llamando a mi puerta / Abrir y encontrarme con un repartidor”. La puesta en escena que representa este concepto es nada más y nada menos que la terrible cena familiar incómoda que más de uno ha vivido.
En el montaje se aprecia a la hermana indiferente con el celular en la mano, el padre imprudente, el payaso de la familia que le sigue la corriente y el niñato que no hace más que correr por el lugar. La tensión crece en el comedor mientras Herzog confronta al padre y todo termina saliéndose de control con una clásica pelea de comida que despierta a la familia y los une dentro del caos final.
Otra pista destacada es ‘Incandescente’, un tema que toca habla de una relación tóxica que no hace daño por portar una aparente coraza emocional que se desmorona con un “te amo”. Esta pieza pinta el conflicto de efectos sonoros con una pista de piano emotivo que descansa sobre una cama de audios de WhatsApp. Incluso al final, se le escucha frustrado diciendo “voy a jugar al Fornite”.
La variedad de técnicas y conceptos reflejan la manera que fue concebido este proyecto. Un día de crear música con Ivan Herzog se vive de una manera “obsesiva y muy poco sana”, en sus palabras, todos los días podrían convertirse en una nueva sesión de grabación, se levanta temprano y termina tarde. Incluso, cuenta que si le llega un granito de inspiración se va corriendo para su casa a seguir trabajando sea el momento que sea. Le pone su toque a todo, desde dirigir los videos musicales, en este caso junto a Dani Riba, hasta editar la grabación en vivo de ‘Et prometo’.
La música para él es “lo primero, lo segundo, lo tercero y lo último” en su vida. No se limita a lo que crea en el estudio. Aunque, saber cómo se disfrutarán las canciones en vivo es una parte crucial de su proceso creativo. “Salir de gira me inspira a crear porque, para mí, la otra parte del proyecto es el directo… Las horas que hay detrás de los arreglos para el concierto son una locura y es lo mismo [que hacer las canciones del álbum]. Yo me encuentro en casa echándole horas y pensando cómo reaccionará la gente si hago esto e intentando anticipar cómo respirarán ese concierto”.
La primera señal de vida de este proyecto para el público fue cuando cantó en vivo “Et prometo” por primera vez al final de su gira de 2025, Tienes Que Verlo Tour. Este se convirtió en su hit más grande con más de 3 millones de reproducciones en servicios de streaming. Se trata de una declaración de amor a punta de piano y una letra en catalán que promete besos, desayunos y, sobre todo, ser un fiel compañero en las buenas y en las malas.
El disco expone su destreza a la hora de explorar arreglos distintos que gozan de una complejidad similar; muestran diferentes facetas de su identidad y diversas fuentes de inspiración. Por ejemplo, le inspira mucho el trabajo de FINNEAS, afirma que le dio el coraje para construir su propia filosofía, “Me doy la licencia de cosas, explicarlas muy detalladamente y sencillamente plantearlas y decir, ‘Si alguien lo quiere entender, ya lo entenderá’. Y hacerlo con total libertad, confiando y sin subestimar en ningún momento a la gente que lo va a escuchar. Sencillamente, decir, ‘Vale, esto es gente y tienen su propia licencia y su propia manera de entender las cosas. Ojalá lo entiendan como lo entiendo yo, pero si no lo entenderán a su manera y lo harán suyo’”.
El tinte humorístico que tienen algunas de sus canciones se deriva de su otra pasión, la comedia stand-up la cual sirve para cortar esos momentos más serios. Por eso existen pistas más ligeras y divertidas como ‘Macaco’, una canción que suena como una ‘Lazy Song’ de Bruno Mars, pero española, con bastantes sonidos de monos y con una producción que recuerda a El rey león (1994). En esta pieza aspira vivir como un primate despreocupado que no tiene responsabilidad alguna además de rascarse las axilas mientras se calienta con el sol.
También hace referencia a grandes obras como en ‘Flipao’, que describe como “una referencia directa y sin disimular a Michael Jackson” porque la inspiración le llegó justo cuando estaba obsesionado con Dangerous (1991). Un referente claro de su obra es Bojack Horseman, la aclamada serie animada para adultos que cuenta cómo el personaje titular, un caballo actor de “Hollywoob” navega las complejidades del proceso de sanación y las consecuencias de sus acciones que, en varias ocasiones, terminan dañando a las personas más cercanas de su vida.
‘10 de 100’ abre con una cita al final de la segunda temporada. En pocas palabras, el episodio muestra al personaje principal después de pasar por una gran transformación que requiere que tome pasos para mejorar su vida. Él empieza a trotar colina arriba, se rinde en poco tiempo y colapsa al suelo.
Un babuino corredor llega y le ofrece unas palabras al equino sudoroso, “Se vuelve más fácil. Todos los días se vuelve más fácil, pero tienes que hacerlo todos los días, esa es la parte difícil. Pero, sí se vuelve más fácil”. Esta frase complementa la pista de Herzog que trata del mismo tema, encontrar la motivación para seguir, incluso si solo llevas un poco de progreso. Él canta “ese 10/Más otros 10/Suman 20 y más 20 de par en par/Que del 60 a 80 son 20 más hasta 100”. El video musical lo muestra disfrutando con su familia y la descripción incluye una dedicatoria a “toda esa gente que me hace ver el 100% de mis dieces por el simple hecho de estar ahí”.
Un dato curioso es que este no es el único video con una referencia al programa. El personaje principal hace un cameo en el video de ‘Castigao’’, un tema de su debut. El intérprete explicó, “BoJack es mi fondo de pantalla, es mi creación audiovisual favorita, me parece que es un 10 en todo. Es la finura más fina a la hora de escribir y de personificar personajes, muestra ejemplos de gente que todo el mundo conocemos o que en ti mismo te puedes encontrar. Te puedes encontrar en Daine y hasta en Mr. Peanutbutter. Es preciosa la humanidad con la que se lleva… La frialdad con la que nada es bueno ni malo, sencillamente ocurre… Me parece que hay tantas lecciones de vida… No hay nada de relleno. Todo va directamente a matar y es espectacular”.
Un elemento integral de este ciclo es su familia y sus raíces catalanas, explicó, “La relación con la música y con mi familia es la misma. Mi familia se ha dedicado siempre a la música y la hemos tenido siempre como lengua materna, paterna y por todos lados. Es el mismo idioma y es una suerte para mí que hablemos ese mismo idioma porque nos hace compartir muchísimo y lo vivimos todos juntos… Al final estamos orgullosos porque estamos llevando al mundo lo que pasa en casa”.
En cuanto a la música en catalán, en este proyecto publicó sus primeras canciones en su lengua nativa, ‘Et Prometo’ y ‘Des de lluny’. Dijo, “Yo he sido muy público de música catalana durante toda mi adolescencia, muchísimo. Grupos como Txarango, Aspencat, La Pegatina, Oques Grasses y muchos más han sido un gran referente para mí”.
Herzog tuvo la oportunidad de leer una descripción de su antiguo perfil de Linkmusic que escribió cuando tenía 22 años. Esto le produjo una reflexión que pone bajo una nueva luz lo que piensa de ese periodo de su vida, “¿Qué pienso? Que no lo hacía tan mal. O sea, en cualquier otro momento te diría, ‘¡Buah! Es que yo he sido tal, he hecho no sé qué’, y lo pienso todo el rato, pero, de repente, tengo un recuerdo mío mucho más peyorativo del que era real. De repente, ahora lo veo y digo, ‘Bueno, no tiene nada raro, me parece bien’. Me parece que ese momento me sigue representando, o sea, ¡Qué maravilla!”.
Su actitud durante la entrevista refleja la manera en la que se conduce como profesional en su ambiente creativo y en vivo. Herzog tiene esa cualidad irreverente que le permite crear desde un lugar honesto, creativo y amigable. Ese aspecto de su trabajo y su personalidad es lo que produce ese sentimiento cálido cuando aparece en un video o dándolo todo en una presentación en vivo.
Su identidad cambiará mil veces con los siguientes ciclos, pero no dejará de mostrarse como es. Con cada parte de su catálogo hasta el momento, la constante es el piano y esa autenticidad infecciosa que podría llevarte a un lugar precioso si dejas a un lado esa coraza emocional y aceptas que ser “de cristal” no tiene nada de malo.
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Hace dos años, en el verano de 2024, Harry Styles caminaba por una pequeña calle empedrada en Roma, cuando de repente vio un rostro familiar. Era Thom Yorke, de Radiohead, uno de sus mayores ídolos. Se presentó: solo dos estrellas caminando por las calles de incógnito, sin séquito. Como Styles le confiesa ahora a Yorke, con una sonrisa tímida: “Para mí, tú siempre habías sido esa persona a la que me daba miedo conocer”. ● Yorke y Styles parecen ser de dos mundos diferentes: el príncipe del glam pop más deslumbrante del planeta frente al sumo sacerdote de la angustia del art rock. Pero hoy están ocupados haciéndose reír mutuamente en una soleada tarde de julio en Londres, en un estudio cerca de Camden Town. Desde los primeros días de Radiohead, Yorke es conocido por ser difícil de entrevistar. Sin embargo, hoy baja la guardia, mientras disfruta de la presencia del encanto igualmente notorio de Harry Edward Styles, y se hacen reír el uno al otro como un par de estudiantes traviesos.
En mayo de este año, Yorke fue homenajeado en los prestigiosos Premios Ivor Novello del Reino Unido, donde Styles le rindió un tributo muy sincero al decir: “Radiohead es mi banda favorita”. También hizo una revelación sorpresa sobre una de las caras B de la banda. “Perdí mi virginidad con ‘Talk Show Host’”, declaró, y luego se corrigió: “Perdí mi virginidad con la intro de ‘Talk Show Host’”.

Radiohead lanzó su primer álbum en 1993, un año antes del nacimiento de Styles. Pero ambos han construido sus carreras desafiando las expectativas y negándose a repetir sus éxitos. Se podría decir que Styles está viviendo su propio momento Kid A en este momento, con el electro pop experimental de Kiss All the Time. Disco, Occasionally. Este año, durante la residencia de 12 noches que rompió récords en el Estadio de Wembley de Londres, Yorke asistió la primera noche; se puso de pie y bailó desde la primera canción.
Yorke ha estado en una racha creativa últimamente. En su conversación con Styles, revela que está trabajando en un próximo álbum solista, aunque aún no se ha anunciado oficialmente. Lanzó dos aclamados álbumes en 2024 con The Smile, su banda junto al guitarrista de Radiohead, Jonny Greenwood. Y Radiohead respondió a las plegarias del mundo con sus primeros conciertos en vivo en siete años, y regresarán a mediados de 2027 para realizar giras en Australia y Japón.
Styles y Yorke son dos artistas famosos por su carisma sobre el escenario, pero también por su privacidad fuera de él; reacios a revelar detalles y recelosos de los extraños. Sin embargo, en su encuentro cara a cara para la historia de portada de “Musicians on Musicians” sacan a relucir facetas diferentes del otro, que el mundo no siempre tiene la oportunidad de ver. En esta conversación de dos horas que abarca diversos temas, profundizan en la fama, los fans, la composición de canciones, el síndrome del impostor, el poder inspirador de caminar y la intensidad emocional de llorar en el escenario.
Styles: Nos conocimos por primera vez en Roma, en una calle. Tú estabas tocando en Roma esa semana con The Smile, y yo iba a ir a ese concierto.
Yorke: ¿Fue antes del concierto?
Styles: Sí, fue antes del concierto. Un amigo mío me había preguntado si nos habíamos conocido alguna vez, y yo le había dicho que no. Así que iba caminando por la calle y te reconocí porque llevabas una gorra que decía “Acid”, y pensé: “Ay, qué gorra tan genial”. Y luego me di cuenta de que eras tú, tenía A Moon Shaped Pool [el álbum de Radiohead de 2016] sonando en mis audífonos y le puse pausa. “Ah, hola—”.
Yorke: “Sr. Yorke”.
Styles: “Sr. Yorke, hola”. Tú dijiste: “Ah, hola”.
Yorke: No, dije: “¿Qué carajos [risas] estás haciendo parado en la calle?”.
Styles: Luego fui al concierto y nos conocimos de verdad.
Yorke: No sabía que vivías mucho en Roma. No tenía ni idea. Así que estaba doblemente confundido.
Styles: Para mí, tú siempre habías sido esa persona a la que me daba miedo conocer.
Yorke: Ah, sí. Tengo toda una lista.
Styles: Sí, totalmente. Y recuerdo haberme sentido tan ligero después. “Ay, la gente es amable y simpática”.
Yorke: También me impresionó que simplemente estuvieras caminando por la calle. Pensé: “¿Dónde está su equipo de seguridad?”. Porque, o sea, sé que yo puedo hacerlo, pero no sabía que tú pudieras. ¿Es una decisión personal?
Styles: Creo que, al principio, cuando estaba en la banda [One Direction], gran parte de la experiencia en los hoteles se sentía como si estuviéramos encerrados. Cuando estaba en casa, sentía que no era seguro que saliera. Luego, tuve una novia que era muy extrovertida; venía a Londres y yo pensaba: “Ay, si nos quedamos sentados en mi casa tres días, va a pensar que estoy loco”. Así que caminamos por todos lados, y ahí me di cuenta: “Ah, está bien estar afuera”. De alguna manera, rompió ese mito. Me cambió la vida de una manera enorme, porque así es cómo te mantienes conectado con el mundo.
Yorke: Así es, amigo.
Styles: Leí algo sobre que caminar es la perspectiva del artista, porque estás a nivel del suelo y ves cosas que simplemente no ves si vas en auto a todos lados.
Yorke: También es una buena forma de escribir. Cuando escribí ‘A Wolf at the Door’, estaba pasando por un momento realmente difícil y caminé como dos días y medio, así estuviera lloviendo, no importaba. Con un cuaderno en la mano, simplemente lo escribí todo. Al terminar, me sentí mucho mejor.
Pero tampoco se trata solo de caminar, sino de pasar junto a la gente. El simple hecho de observar a la gente, jugar a imaginar, mientras alguien pasa, adónde va, qué está haciendo, todo eso, te saca de ti mismo, te aleja de tus problemas. O sea, sin eso es muy fácil perderse.
Recuerdo cuando estábamos de gira con R.E.M. [en 1995] y Michael Stipe se dio cuenta de que yo me escondía en el camerino y nunca salía a ningún lado. Así que empezó a sacarme a la fuerza y me enseñó este truco. Me dijo: “Si a ti no te importa, a ellos tampoco les importa. Si tú no miras, ellos tampoco”. Y funciona. Recuerdo que estábamos en Estocolmo, yendo a un club muy concurrido, y él me dijo: “Pruébalo”. Y funcionó. Nadie nos molestó.
Hay momentos en los que te sentirás vulnerable. Hay momentos en los que pasarán cosas malas, o en los que The Sun publicará tu foto demasiadas veces. A mí me ha pasado. Así que no es sencillo. No es una decisión fácil de tomar, pero es mejor que la alternativa. Conozco a gente que ha recibido amenazas de muerte, que luego no se atreve a salir y que termina contratando seguridad para que patrulle su casa. No quieres eso.

RS: Ambos tienen un historial de salirse de su zona de confort. Ese es un patrón para ustedes como artistas: después de lograr un gran éxito, dicen, “Bueno, ya hice eso. No lo voy a volver a hacer”. ¿Cómo evitan repetirse?
Yorke: No puedo, ni porque quisiera. No podría volver a hacerlo. Si escribes ‘Everything in Its Right Place’, ¿vas a pensar: “Sí, voy a escribir otra igual”? No tiene sentido. No se puede. Lo he intentado.
Pienso que si tienes algo muy exitoso, hay mucha presión para repetirlo, lo cual estoy seguro de que probablemente sentirás, o a veces sientes. O lo sentirás. No lleva a ninguna parte, porque es como trabajar por encargo.
Styles: “Pinta eso otra vez”.
Yorke: Sí. Es una forma de arte comercial, así que siempre habrá gente pidiéndote que hagas eso.
Styles: Es un ciclo interesante, creo. Creas algo que conecta con la gente, porque has capturado algo de la experiencia humana, ya sea una vulnerabilidad o una sensibilidad que viene con el hecho de ser humano. Y luego, cualquier tipo de éxito en torno a eso hace que adquiera vida propia. Entonces, todo lo que te rodea hace que tu experiencia sea increíblemente poco humana.
Yorke: Sí. Artificial.
Styles: Sí. El objetivo es cómo bloquear eso cuando estás creando, para que puedas seguir haciendo música sobre la experiencia humana. Siempre he pensado que, si tuviera que hacer música sobre estar en un estudio, ir de gira y todas esas cosas brillantes que vienen con eso—
Yorke: Brillante para ti, amigo, no para todos.
Styles: Definitivamente no es interesante para mí, así que no es posible que sea interesante para nadie más.
Lo que me encanta de tu obra, por ejemplo, es que, aunque mucha gente te ve como una especie de figura divina, tú sigues siendo alguien que lo ve como: “Esta es la parte cruda de la vida”. Creo que eso es lo que más impresiona de tu trabajo: que la gente te admire y, aun así, sigas fijándote en lo que hay debajo de las uñas.
Yorke: Creo que la razón de eso fue una lección bastante difícil que tuve que aprender. En la época de Kid A y Amnesiac, y antes de eso, me costaba mucho cada vez que tenía que intentar algo nuevo. Me lo iba explicando a mí mismo mientras lo hacía, literalmente. Es como una forma de locura, y no podía salir de ella. Sentía que necesitaba justificarlo de alguna manera, no disculparme, sino justificarlo de una manera intelectual.
La razón era que necesitaba salir. Necesitaba simplemente salir del estudio y salir a caminar. Solía caminar por los acantilados de Cornualles, por ejemplo. Y gran parte de eso se debía al hecho de que a nadie le importa, hombre. A nadie le importa que sea difícil. Si te desanima que sea difícil, deja de hacerlo. Ve a hacer otra cosa; ve a bailar. Además, más adelante, cuando tienes hijos, la decisión de seguir haciendo este tipo de trabajo implica que tienes que disfrutarlo. Y el disfrute viene de tener que empezar de cero cada vez. Lo que sea que aprendas, tienes que desaprenderlo.
Además, componer canciones es muy extraño. Al ir a ese evento de Ivor Novello, no me junto con compositores, pero al parecer soy uno. Y te das cuenta de que componer canciones es algo bastante ingenuo. No puedes ser astuto al respecto. Puedes trabajar muy duro en ello, pero lo bueno simplemente sucede, y no sabes por qué. Y tienes que ser honesto contigo mismo y admitir que no sabes por qué. Cuando surge algo que te gusta, simplemente te aferras a ello y no lo sueltas.
‘Pyramid Song’ son tres acordes una y otra vez, y la misma letra. ¿Cómo es que eso tiene sentido? Pero a ti te gusta, y no te importa si a alguien más le gusta o no.
Styles: Siempre me he preguntado si eso es parte de la razón por la que existe el síndrome del impostor que puede venir con ese éxito comercial.

Yorke: ¿Tú lo tienes?
Styles: Si escribes de esa manera, casi se siente como si no fueras responsable de ello. Así que, si la gente dice: “Ah, has creado esto y eso significa que eres esto”, hay algo ahí que te hace pensar: “Ah, no puedo atribuirme el mérito. Simplemente me pasó”. Como decías, las mejores cosas suelen suceder sin más.
Siempre he descubierto que las cosas que me terminan gustando más, o que han sido las más especiales para mí, son aquellas en las que escribes y, luego, al volver a escucharlas, aprendes algo sobre ti mismo. Te das cuenta de que has dicho algo, en lugar de: “Me voy a sentar y voy a decir esto”.
Yorke: Sí, y tal vez no te des cuenta. Puedes grabarlo, procesarlo y todo eso, y no darte cuenta hasta que lo hayas masterizado, y entonces, de repente, escuchas: “Mierda, eso es lo que quería decir”.
Pero no es una intervención divina ni nada por el estilo. Tienes que estar presente. Tienes que aprender a aceptar los meses de síndrome del impostor, en los que piensas: “No tengo nada que justifique todo este increíble equipo en mi estudio”. Y luego tomarás tu cuaderno, y habrá una frase que te impulse. Pero el punto es que lo hiciste, porque es muy sencillo no hacerlo.
Styles: Alguien me lo describió una vez como el surf, donde puedes practicar cómo ponerte de pie en la tabla. A veces no hay olas. Si llega una ola, pero no has practicado lo suficiente, no vas a poder surfearla. Cuando sucede, es la combinación de que has practicado y de que algo ocurre en el momento justo.
Yorke: Sí, cuando estás lo suficientemente listo. O si yo estoy surfeando, y nunca estás listo, estás contra la roca diciendo: “¡Mierda!” [risas].
Styles: He tenido un gran cambio de perspectiva; en el arte en general, solía sentirme muy enfocado en el trabajo. Sentía que, para justificarlo, tenía que pasar meses seguidos en el estudio.
Yorke: Ese es tu síndrome del impostor hablando. A mí me pasa lo mismo: a veces es divertido, pero otras lo haces porque sientes que debes hacerlo, porque necesitas mantenerte a la vanguardia. O porque necesitas seguir demostrando que eres quien dices ser, o quien los demás dicen que eres.
Styles: Siento que es una línea muy delicada. Porque a veces todavía siento que me pasa en el escenario. El punto ideal es cuando estás relajado, en ese estado de fluidez en el que sientes: “Ay, esto se siente muy fácil. Parece que simplemente está pasando y es genial”. Y de repente cambio a: “Ay, se siente demasiado fácil. ¿Acaso no me estoy esforzando lo suficiente?”. Cuando se siente más natural es cuando creo que el show está en su mejor momento, pero luego tengo esa vocecita que dice: “No debería ser tan fácil”.
Yorke: Eso es completamente normal. Algo gracioso con Radiohead es que tenemos momentos en el show en los que pensamos: “Dios mío, ¡somos increíbles!”. Y en ese preciso momento, alguien la caga. Cada vez, sin excepción.
Styles: ¿Qué tan diferente es para ti, en términos de cuánto disfrutas hacer música con la banda, crear cosas por tu cuenta? ¿Te gusta lo que la fricción puede generar en ese contexto? ¿O tiendes a disfrutar más algo como: “Ah, voy a tener esta idea y la voy a llevar a cabo hasta el final”? Porque seguro que son las dos cosas.
Yorke: Son las dos cosas. Hay toda una historia loca detrás de eso. No fue sino hasta después de Kid A que recuerdo haberle dicho en voz baja a Nigel [Godrich]: “Tengo todas estas cosas. Quiero hacerlas por mi cuenta contigo, porque no tiene sentido tratar de incluir a nadie más”. Hasta ese momento, era un concepto realmente extraño.
Nos conocemos desde hace una cantidad alucinante de años. [Radiohead se conoció en 1985]. Todos conocemos las fortalezas y debilidades musicales de los demás. Así que pasas gran parte del tiempo trabajando en torno a eso. Quiero decir, no hemos trabajado, no hemos estado juntos en el estudio desde hace mucho tiempo, así que no sé realmente cómo se sentiría ahora.
Con The Smile es totalmente diferente porque Jonny [Greenwood] genera ideas todo el tiempo. [El baterista Tom] Skinner trabaja más rápido que cualquier ser humano que haya conocido y puede responder, literalmente y como probablemente ya sabes, a cualquier cosa que le lances. Puedo estar en medio diciendo: “Bueno, ¿por qué no graban esto ustedes? Porque yo no entiendo qué está pasando”. Mis experiencias favoritas en el estudio son en las que algo suena bien y no entiendo por qué suena bien, pero tomo un micrófono y respondo a eso. Lo vuelvo a escuchar y pienso: “No tengo ni idea de quiénes eran esos. ¿Somos nosotros?”. Sí, somos nosotros. Y eso solo lo logras cuando tienes a otras personas.

Styles: ¿Te parece más vulnerable sacar tu propio material?
Yorke: Todo es vulnerable. Pero al mismo tiempo, no sé tú, pero si estoy terminando un disco, si no puedo sentarme a escucharlo y sentirme cómodo y feliz con él, no sale a la luz. Así que la parte vulnerable ocurre…
Styles: ¿Cuando lo estás escribiendo?
Yorke: Sí, al intentar terminar las malditas letras. Esa es la peor parte, las palabras, ¿no? ¿Cómo te va con las palabras?
Styles: Creo que lo que siempre me ha parecido muy emocionante es que nunca he encontrado un método único. Nunca ha sido como: “Voy a escribir un poema y luego le pongo música”. Lo bueno suele surgir después de unas semanas o un par de meses de “Ay, no se me ocurre nada. No tengo nada. Se me ha acabado todo”. Y de repente escribes algo y piensas: “Esto me gusta mucho. No sé por qué”. Y eso llega de muchas formas diferentes: se me ocurre una frase, o tengo una idea en el piano, o una melodía que murmuro, o construyo una canción en torno a estas tres palabras que suenan genial con esto.
Yorke: Ese es el proceso correcto, en mi opinión. Si tienes unas cuantas palabras en las que basas todo, y no entiendes por qué, eso es lo más emocionante. Aunque sea doloroso, porque entonces tienes que pasar semanas tratando de llenar los vacíos.
Styles: A veces, con algunas de las mejores cosas, creo que es más difícil ser conciso. Sé que me gusta una melodía cuando me excedo al escribir la canción, escribo un montón de estrofas, un montón de letras. Luego pienso: “Ah, toma estas tres estrofas, toma estas frases y conviértelas en una sola estrofa, así es más impactante lo que dice”. Es mejor que explicarlo todo.
Yorke: Sinceramente, lo que más envidia me da siempre serán las personas que pueden dejar fluir libremente sus ideas ante un micrófono y sacarlas a la luz, como todos mis héroes del hip hop haciendo freestyle. Ojalá tuviera ese cerebro.
Styles: Escuché un pódcast en el que participaste, dijiste que consideras tu voz como uno de los instrumentos de la canción, y que así es como sueles abordar la composición ahora. ¿Notaste cuándo cambió eso para ti? Porque dices que no te sientas tanto a escribir una canción, como: “Me voy a sentar aquí, y esta es una canción y así es como va”; piensas en cómo encaja en la producción. Pero obviamente, si regresas a The Bends, por ejemplo, con ‘High and Dry’, esa sí es una canción.
Yorke: Sí, un tipo con una guitarra acústica, cantando su canción. Esa en particular ojalá no la hubiera hecho [hace una mueca de dolor], pero no hay nada de malo en eso.
No escucho a muchos cantautores. Escucho mucha música folclórica antigua, o escucho música de cine, o escucho música electrónica. A veces, cuando alguien toca la guitarra con fuerza, eso realmente me llega, pero no muy seguido. No estoy muy seguro de por qué, probablemente porque crecimos en una época en la que hubo un verdadero renacimiento de eso, y The Bends fue un ejemplo.
Pero para cuando llegamos a Kid A, ya me entusiasmaba más todo lo que se podía hacer con la voz. Jonny y Nigel armaron esta sesión en la que Jonny tocaba el Martenot [un teclado electrónico vintage] y yo simplemente sacaba frases al azar de mi sombrero de copa. Y eso se convirtió en la voz. No estoy cantando eso para nada; literalmente lo estoy diciendo.
Uno de mis cantantes favoritos de todos los tiempos es Michael Stipe, quien en los primeros dos o tres discos [de R.E.M.] ni siquiera se molestó en escribir las letras. O si lo hacía, era un flujo de conciencia. “No voy a hacer esto explícito. Solo soy el sonido humano en medio de todas estas increíbles guitarras resonantes”. A veces no me gusta que las letras sean lo principal. A veces es realmente emocionante que solo haya este sonido. [Yorke saca un cuaderno lleno de preguntas]. Tengo notas.

Styles: [Fingiendo horror]. ¡Tarea!
Yorke: ¿Viajas con una computadora portátil?
Styles: Mi computadora portátil lleva muerta unos seis años [risas]. No sé dónde está el cargador.
Yorke: Nosotros te podemos ayudar con eso. ¿En dónde guardas tus ideas? ¿En tus bolsillos?
Styles: En mi teléfono.
Yorke. En tu teléfono. ¿Sabes que tu teléfono es básicamente una computadora?
Styles: Pero solo es un teléfono. Uso mucho GarageBand, y las notas de voz.
Yorke: ¿De verdad? Vaya, no me jodas.
Styles: Primitivo.
Yorke: No, me refiero a que, de cierta manera, eso es bueno. Recuerdo mi MiniDisc. Era mi mejor amigo.
Styles: Sí, recuerdo estar en la primaria. [Ambos se ríen tanto que no pueden seguir hablando].
Yorke: OK, intentémoslo de nuevo.
Styles: Lo de las notas de voz, me gusta que es como la versión más cruda.
Yorke: Sí, es el boceto a lápiz.
Styles: Creo que eso me gusta. Lo que más me emociona es cuando comienzo un disco, o antes de comenzar a hacer algo, y no tengo idea de cómo terminará sonando.
Yorke: Me sorprende, porque el último álbum [Kiss All the Time] suena bastante a que fue desarrollado en el estudio, no a que proviene de notas de voz.
Styles: Ese no se basó tanto en notas de voz. Hubo algunos momentos, como la parte orquestal [‘Coming Up Roses’], o las canciones de piano. Hay un par de canciones mucho más directas. Probablemente haya tres o cuatro momentos que sean los más equilibrados en ese sentido.
Yorke: Entonces ¿se trabajó el resto en el estudio?
Styles: Gran parte, sí. Probablemente dos tercios del álbum. Creo que simplemente reflejaba en qué momento de mi vida me encontraba y la música que estaba experimentando. Quería fusionar las diferentes partes de mi vida, había empezado a salir a bailar mucho más. De verdad no quería que fuera como: “Estoy escuchando esta música; aquí es donde estoy”, pero luego entro al estudio y digo: “Bueno, tengo que hacer este tipo de música”.
Yorke: Conozco esa sensación. La conozco muy bien.
Styles: Era realmente como: “Acabo de llegar de este lugar, quiero que ese ritmo siga sonando, quiero estar en el escenario sintiéndome en medio de todo eso”. Ese fue el tipo de cosas que inspiró el disco.
Yorke: Creo que lo lograste. Esa es mi parte favorita del show, cuando literalmente haces eso. Sentí una generosidad que me hizo pensar: “Sí, es realmente genial. Es claramente alguien que está descubriendo esto y que quiere compartirlo”. La honestidad en ello fue genial. Me encantó. Quiero decir, es muy difícil llevar ese tipo de música a esos lugares. Es mucho más fácil simplemente hacer como si no oyeras nada mientras pones música en un club de Berlín.
Iba a preguntarte: ¿Dónde está tu hogar? Porque tienes más de uno.
Styles: Creo que cuando estoy en Londres es donde más me siento como en casa. Y eso que no soy de aquí.
Yorke: ¿Dónde están tus cosas? Tus cosas importantes.
Styles: En Londres, porque he vivido en mi casa durante 12 años, más o menos. Es el lugar donde siento que he pasado por muchas versiones de mí mismo, incluso en el mismo espacio. Siento que realmente crecí en esta casa, de manera significativa. Recuerdo cuando me mudé, justo después de cumplir 19 años. Ha pasado por muchos cambios, pero ahí, en mi cocina, es donde más siento: “Aquí es donde vivo”.
Yorke: ¿Cocinas?
Styles: Sí, cocino.
Yorke: Probablemente se te da bastante bien, ¿no?
Styles: Soy bueno.
Yorke: Yo soy jodidamente pésimo.

Styles: Manteniendo la atención en ti por un momento, si me permites. [Yorke chasquea los dedos con decepción]. Me daba curiosidad esta entrevista, por ejemplo, o lo de los Ivors; creo que todos estaban sorprendidos de que estuvieras dispuesto a que te celebraran. Me da curiosidad saber cómo ha cambiado tu relación con eso con el tiempo. En el caso de alguien tan innovador, ¿en qué medida siempre ha sido una necesidad rechazar cualquier tipo de nostalgia, para asegurarte a ti mismo que estás avanzando?
Para mí, se siente como si simplemente estuvieras en un lugar más feliz, al darte cuenta de que puedes hacer ambas cosas: puedes seguir innovando y, al mismo tiempo, permitir que la gente celebre lo que has hecho, ya sea en los Ivors o al salir de gira y tocar una selección profunda de tu repertorio. Poder tocar esas canciones sin sentir que “estamos viviendo en el pasado en este momento”, sino simplemente sería algo así como: “Hicimos algo realmente hermoso. Lo voy a tocar, y eso es hermoso. Y ahora también puedo seguir avanzando”.
Yorke: Estás respondiendo mejor de lo que yo podría hacerlo. Tienes razón en que hoy en día me encuentro en una situación un poco mejor, pero mentiría si no dijera que algo como recibir una beca Ivor Novello me resultó profundamente confuso. Admiro mucho a muchas de las personas a quienes les han otorgado esos premios. Algunas de ellas son mis héroes. Pero tengo una relación muy, muy extraña con… Dios, esto es realmente difícil de explicar. Tengo una relación muy extraña con ese aspecto de mi trabajo.
Styles: ¿De autocontemplación?
Yorke: Me cuesta creer en eso. Lo de seguir adelante, en eso sí creo. Es fácil creer en eso, porque es nuevo. No tengo que explicarlo, así que estoy contento.
Después de la gira de [reunión de 2025 de] Radiohead, aunque me la pasé muy bien, mi reacción fue desplomarme, como un colapso total de mi confianza en mí mismo. Me tomó meses… Tuve que volver a empezar a trabajar en mi propio disco para decir: “Ah, está bien. Ya estoy bien. Estoy bien”. Simplemente tengo una relación muy extraña con eso. Y ya me he acostumbrado.
Si te soy honesto, tu discurso en los Ivors estuvo genial, porque fue muy sincero y personal, y me sentí identificado. En cambio, cuando se siente como un negocio, y tú eres parte de un negocio, y las cámaras están grabando… No sé, hombre. Todo eso me da una sensación de legado.
Styles: Me da curiosidad y me pregunto si es algo que tal vez pasa cuando tienes hijos y sigues creando.
Yorke: Es muy importante que todo se integre y siga definiendo quién eres. Probablemente viste a Agnes y a Noah en los Ivors. Estaban muy emocionados, y Dajana, mi esposa, también lo estaba. Lo hago por ellos, porque si se emocionan por eso, bueno, por eso estoy aquí. Porque, en mi caso, me siento bastante indiferente al respecto.
Una de las cosas de las que más orgulloso estoy es que parte de mi actitud se les ha contagiado [a Agnes y Noah] a medida que crecen. Puedo ver que tienen ese tipo de actitud en lo que hacen. Son bastante intrépidos a la hora de ser creativos y bastante abiertos, no les da vergüenza. Porque, obviamente, cuando tu hijo es adolescente, dice cosas como: “Ay, Dios, mi papá es tal, bla, bla, bla”. Pero ahora es realmente bonito, es algo bueno, me siento superafortunado por eso, porque no fue fácil durante mucho tiempo.
Styles: El video de ‘Karma Police’, recuerdo haberlo visto y pensar: “Ay, esto es brillante”. Siento que gran parte de tu música tiene ese impacto que hace que simplemente recuerdes haberla escuchado. Es muy inspirador ver a alguien ser tan consistentemente genial, de tantas maneras diferentes. Siempre me han atraído mucho temas como ‘Codex’ o ‘True Love Waits’. ‘Everything in Its Right Place’ es el tema para mí.
Yorke: ‘Everything in Its Right Place’ fue mi respuesta al no poder componer. Teníamos una casa vacía, teníamos un piano de cola y un colchón, y eso fue lo primero que hice cuando nos mudamos a esta casa. Me había sentido perdido desde lo de OK Computer. Era como un mantra. No pensaba: “Ah, estoy componiendo una canción”. Realmente disfrutaba tocar el piano en esa casa vacía; solo tenía un CD, del [compositor minimalista] Arvo Pärt, y nada más. Era invierno, había tormentas todo el tiempo, y era genial: tocar ese riff una y otra y otra vez para sentirme mejor.
RS: Harry, acabas de terminar tu gran gira en el Estadio de Wembley, y en la última noche, la gente se emocionó al verte llorar. Para ambos, ¿cómo es esa emotividad en el escenario?
Styles: Para mí, gran parte de la experiencia en el estudio consiste casi en tratar de ignorar el hecho de que alguien lo va a escuchar. Tienes que preguntarte: “¿Qué quiero escuchar en este momento de mi vida? ¿Qué es lo que siento que quiero hacer, decir, crear?”. El hecho de que la gente lo vaya a escuchar… esa toma de consciencia llega más tarde. Tocar en vivo es la parte en la que aceptas que la gente lo escucha, que se conecta con la gente.
El tipo de emoción que se vivió al final de los conciertos en Londres… Creo que fue darme cuenta de que esos conciertos se sintieron como la culminación del apoyo de mucha gente. Me sentí apoyado de una manera que va más allá de: “Estamos aquí porque queremos escuchar esta canción que hiciste”. Simplemente sentí como si dijeran: “Estamos aquí porque creemos en lo que estás haciendo”. Por eso me pareció tan emotivo.
Yorke: Además, tienes que dar mucho de ti mismo, y eso te hace muy… ¿cuál es la palabra? Abierto. Estás expuesto a toda esta gente. Ahora ya no me molesta. Antes sí, solía molestarme, pero ya no. Sin embargo, te hace muy abierto.
Styles: Muchas veces, cuando estás creando algo, intentas rechazar lo que te llega, para mantener una mentalidad de principiante. Siempre intentas volver a esa sensación de empezar de nuevo. Esos momentos en los que te dejas llevar, te abres y permites que todo entre, y llegas a sentir eso… es una ola de algo con lo que no convives todos los días.
Yorke: Cuando hicimos el primer show de Radiohead en Madrid el año pasado, incluimos una parte en la que teníamos que caminar entre el público. Nunca habíamos hecho eso antes. Luego teníamos que quedarnos en el escenario preparándonos antes de subir. Era la primera vez que hacíamos eso [subir al escenario juntos], después de no sé cuántos años. Todos nosotros, toda la banda, decíamos: “Bueno, mantengámonos tranquilos”, porque yo quería romper a llorar, y ni siquiera habíamos tocado una nota. Hacía tanto tiempo que no me había enfrentado a eso, y caminar en medio de todo eso… Es decir, todos pensábamos: “¡Madre mía! ¡Madre mía!”.
Styles: Lo cual nos lleva de vuelta a caminar; la perspectiva del artista, por donde empezamos. Ahí está la reverencia. Ahí está el sello.
Yorke y Styles en los estudios Big Sky en Londres, julio, 2026.
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En su largo camino para volver a ser Rush, Geddy Lee y Alex Lifeson superaron la muerte, la enfermedad, la edad, las dudas y –en el caso de uno de ellos– un hábito de consumo de marihuana que se remontaba a 1966. Lo que no previeron fue la niebla. A principios de junio, la banda estaba a punto de ofrecer su primer concierto en once años, dando inicio a la gira Fifty Something. Aquel domingo a la noche, en el backstage del Kia Forum de Los Ángeles, Lee se sentía tenso; Lifeson, no tanto. “Sorprendentemente, no estaba tan nervioso”, comenta el guitarrista.
Al llegar la hora del show, las pantallas que rodeaban el escenario comenzaron a elevarse, revelando dos siluetas familiares –ambas con guitarras de doble mástil– envueltas en densas nubes de humo. Lifeson apoyó el pie en el pedal de volumen, listo para liberar las notas crecientes que dan inicio a “Xanadu”, el tema de 1977.
Mientras el humo se arremolinaba, sentía el peso de casi seis kilos de su guitarra sobre la columna, pero no lograba ver ni un solo traste. Por un instante, al menos, esa sensación de “no estar tan nervioso” dio paso a un pánico casi total. A pocos metros, Lee miró de reojo un pequeño espejo diseñado para permitirle ver a la baterista Anika Nilles. Entre la bruma, había perdido la visibilidad. “Nos estábamos ahogando en la niebla”, dice Lee, riendo ante lo absurdo de una situación digna de Spinal Tap.

Casi cegados pero impertérritos, arrancaron con la canción. En los primeros instantes de su primer concierto con Rush, Nilles se lanzó a toda velocidad por la larga sucesión de redobles enfáticos que marcan la intro de “Xanadu”. Al cabo de un minuto, golpeaba con fuerza el acompañamiento –cargado de toms– de un riff sinuoso. “No la cagues con este redoble”, recuerda haberse dicho justo cuando aflojó la mano izquierda: “Vi el palillo volar por arriba de los toms”. Falló un solo golpe de batería –suficiente para provocar una mirada de preocupación en Lee– antes de seguir tocando con una sola mano. En esa misma fracción de segundo, logró atrapar el palillo rebelde en el aire, darlo vuelta y continuar. “Son cosas que pasan”, comenta sin inmutarse. “Se te cae el palillo. Como baterista, estás acostumbrada”. (“Es una profesional”, añade Lee. “Estuvo a la altura de las circunstancias en la noche del debut”).
A sus 43 años, Nilles –nacida en Aschaffenburg, Alemania– es tres décadas más joven que sus nuevos compañeros de banda. Cuando nació, Rush estaba a punto de grabar su décimo álbum, Grace Under Pressure. Aunque ha sufrido miedo escénico en el pasado, en la noche más decisiva de su carrera se mostró lo suficientemente relajada como para sonreír justo después de recuperar el palillo. Ayudó el hecho de haber meditado durante 45 minutos antes del concierto, como parte de su “rutina de calma”. “En cada parte de la canción”, explica, “tenía que enfocarme mucho –especialmente en el primer concierto– para que la cabeza no se me fuera”. Intentaba no pensar en la magnitud de la situación. “Todo eso ayudaba a no darle demasiadas vueltas a lo importante que es este puesto y al papel que desempeño en el escenario. Vivir el momento, estar presente, mantener la concentración”.
El puesto que ella ocupa será siempre de Neil Peart, que falleció de cáncer cerebral en 2020. Aquella noche en Los Ángeles fue el primer concierto de Rush sin él desde su debut, el 14 de agosto de 1974. Peart era un virtuoso único, uno de los mejores bateristas que el rock haya conocido; lo que tocaba, de una complejidad descomunal, era tan intrínseco al sonido de Rush que la idea de reemplazarlo pareció por mucho tiempo inconcebible. También era el letrista de la banda y le aportaba al gran power trío canadiense su ambición intelectual y su alma poética, tras algunas entrañables incursiones en la ciencia ficción y la fantasía en sus inicios. “Solo somos inmortales”, canta Lee en “Dreamline” (1991), “por un tiempo limitado”.
Sin embargo, para esta gira estaba decidido a demostrar lo contrario. El exigente líder y bajista de Rush no solo estaba resucitando la banda sino que albergaba ambiciones desmesuradas –casi masoquistas– para su nueva encarnación. “Así soy yo –dice Lee–. Estoy loco”. Los músicos –entre los que ahora se incluía el tecladista Loren Gold– tendrían que aprenderse más de cuarenta canciones, muchas de ellas cargadas con más giros musicales que los álbumes completos de otras bandas. Se prepararon cuatro repertorios alternativos, cada uno repleto del material más complejo de un catálogo famoso por su dificultad de ejecución; la primera cara completa de 2112 era apenas el comienzo. La presencia de Gold al menos libró a Lee de tener que tocar los pedales de bajo con los pies durante las partes de teclado, aunque él sigue encargándose de algunos de los riffs de sintetizador más característicos.

“¿Por qué lo hacés? Es una prueba”, dice Lee, que cumplió 73 años en julio. “¡Es como aullarle a la luna! Es decir: ‘Ya tengo esta edad. ¿Todavía puedo hacerlo?’. Esos momentos de duda… por supuesto que todos los tenemos. Anika también, y es mucho más joven que nosotros. Es parte de ser humano. Siempre dudás de si podrás exigirte al máximo”.
Para Lifeson, esa lucha fue real y visceral. “Durante el último mes de ensayos –cuenta–, hubo momentos en los que me sentaba al borde de la cama a las dos de la mañana y pensaba: ‘¿Tomé la decisión correcta? ¿Podré hacerlo? ¿Podré tocar? ¿Estoy a la altura?’. Recién el domingo, cuando dimos el concierto, todo pareció canalizarse y fluir. En ese instante pensé: ‘Sí, valió la pena. Acá es donde realmente soy feliz’. Esta semana estoy cansado, pero estoy realmente, sinceramente feliz”.
Lee quería volver a los escenarios desde el momento en que la banda se despidió en agosto de 2015, pero confirmar la gira implicaba meses de trabajo arduo y serio. Su hija, Kyla, comentó que apenas le vio una sonrisa auténtica en un año y medio. “En mi trayectoria como músico, no creo haber ensayado nunca tanto, ni individualmente ni con banda”, afirma Lee. “Por supuesto, era necesario, ya que se trataba de una tarea monumental… En el último mes y medio, creo que llegamos a tocar el show 24 veces en 27 días. Hacía mucho tiempo que no pisábamos un escenario, y pusimos todo nuestro corazón y alma en darle forma al concierto. Y cuando se levanta el telón, nunca sabés qué versión tuya va a aparecer”.
Dejando de lado los nervios del estreno, el primer concierto resultó todo un triunfo; el público acogió a Nilles de inmediato, e incluso con gratitud. Para la tercera o cuarta noche, toda señal de nerviosismo había desaparecido. Lifeson recorría el escenario intentando hacer reír a la nueva baterista. “Estamos mucho más sueltos que antes”, dice Lee. “Más bromistas”.
En más de una ocasión, Lee no pudo evitar saltar en el aire mientras tocaba con fuerza, por ejemplo, los riffs de “Red Barchetta” o el clímax de “La Villa Strangiato”. ¿Alguien le sugirió que, para un septuagenario con meses de conciertos por delante en todo el mundo –incluidas dos etapas de la gira por Canadá, su tierra natal–, despegar los pies del suelo tal vez no fuera la mejor idea? “Sí”, responde Lee con una sonrisa pícara. “Mi entrenador. Mi mujer. Mi hija”.
Hace apenas dos años, Lifeson me aseguró que tenía la decisión tomada. “No hay ninguna posibilidad de que busquemos baterista y volvamos a salir de gira”, declaró en mayo de 2024. Él y Lee acababan de volver a tocar temas de Rush en privado, pero Lifeson insistía en que lo hacían solo por diversión. Estaba grabando con una banda llamada Envy of None, pero, por lo demás, parecía un hombre en paz con su semirretiro. “Realmente sentiría que estamos cometiendo una injusticia con nuestros fans y que sería simplemente una forma de ganar plata”. Unos meses más tarde, en otra entrevista, fue aún más allá y calificó la gira R40 como un momento culminante: “Supongo que prefiero que se me recuerde por ese legado antes que volver como la mejor banda tributo a Rush”.
En septiembre de 2022, durante dos conciertos en homenaje al fallecido baterista de Foo Fighters, Taylor Hawkins, Lee y Lifeson actuaron juntos por primera vez desde la muerte de Peart, acompañados por una rotación de distintos bateristas. Anteriormente, habían dejado claro que Rush había llegado a su fin: “Se acabó, ¿verdad? Se terminó”, me dijo Lee a finales de 2020. Sin embargo, tras volver a sentir sus canciones en los dedos, ya no estaban tan seguros; además, influyó que Paul McCartney los animara a volver a las giras en el backstage, tras el primer concierto en el estadio de Wembley. Poco después, Lifeson se mostró entusiasmado con la idea por un momento, pero luego pareció cambiar de opinión. Lee insistió, aunque, con el tiempo, empezó a encontrar cada vez más desconcertantes los comentarios que Lifeson hacía en las entrevistas. “Al es muy dado a decir una cosa a la cara y otra muy distinta en público”, comenta ahora Lee. “Te quedás pensando: ‘Vaya, qué interesante’”.

Lifeson se encoge de hombros. “Sí, es verdad que suelo hacer eso”. Están sentados uno al lado del otro en el estudio del sótano –tenue y oscuro– del hotel Sunset Marquis, en West Hollywood, el mismo donde solían alojarse en los años setenta.
Lee siente un cariño inmenso por su mejor amigo, pero hubo un aspecto de los comentarios públicos de Lifeson que le resultó intolerable. “Sé cómo se siente y cómo se ha sentido durante mucho tiempo”, dice Lee. “Ante todo, somos amigos. Pero… cuando oí aquello sobre el homenaje, pensé: ‘¡Son tus canciones, cabrón!’. ¡No somos una banda tributo! Esas canciones nos pertenecen tanto a nosotros como cuando estaba Neil. Forman parte de nosotros. Son parte de tu alma. Son parte de tu corazón. Y, cuando volvimos a tocarlas juntos, hubo algo que se despertó en él”.
Lifeson cree que intentaba enviar mensajes a través de la prensa que no se atrevía a decirle a Lee a la cara. “Quizás intentaba dar una señal”, comenta. “Quería crear una especie de muro que no tuviera que saltar, diciendo: ‘Ah, no, no quiero estar en una banda tributo a Rush’, bla, bla, bla”.
Como me contó Lifeson en 2024, su reticencia era tanto física como emocional. Tras dos operaciones fallidas, sufrió parálisis estomacal –gastroparesia–, lo que le provocaba náuseas constantes. También padecía artritis en las manos, aunque la medicación mantenía el problema bastante controlado. Además, le aterraba la idea de salir de gira. “Una habitación de hotel puede parecer una cárcel”, dice. “Puede ser un lugar solitario. No sabía si realmente quería hacer eso”.
Empezó a cambiar de opinión el año pasado, durante una estancia en VivaMayr, una prestigiosa clínica situada junto a un lago en la campiña austriaca; allí, el personal diseña programas nutricionales personalizados y bajos en calorías, te masajea el estómago a diario y te enseña a masticar el pan cuarenta veces. Lee decidió acompañarlo “para darle apoyo moral” y terminó disfrutando de la experiencia, a pesar de la prohibición de consumir alcohol y cafeína. Lifeson perdió más de 13 kilos a lo largo de dos visitas y aprendió a tratar sus problemas digestivos. “Realmente me pusieron en el buen camino”, afirma.
Durante la estancia, ambos montaron un estudio en la habitación de Lifeson con equipos traídos de casa e instrumentos conseguidos en un negocio local. Cada día, tras los tratamientos, se ponían a hacer música. “Empezamos a meternos de lleno”, cuenta Lee. “Y cuando combinás esa sensación con el hecho de que él se sentía bien, creo que eso fue lo que le convenció de que tal vez debíamos plantearnos la idea”.
Lee acababa de terminar su tercer libro y empezaba a sentirse inquieto. “No me gusta estar sin proyectos. No soy feliz si no tengo algo que me mantenga ocupado”, asegura. “Pensé: ‘Muy bien. Es hora de escribir letras. Es hora de poner los dedos en forma’”. Durante un tiempo, supuso que tal vez estaba trabajando en su primer álbum solista desde el año 2000, o quizás en su primera gira. Algunas de las letras que escribía le parecían demasiado personales para Rush; por no mencionar que no había cantado sus propias letras con la banda desde el primer álbum, antes de que Peart se uniera al grupo. “Pero antes de llegar a ese punto –dice–, surgió la chispa”.
Lifeson tuvo que admitirlo. “Cuando nos sentamos a hablar, no se trataba de formar una banda tributo a Rush”, comenta. “Se trataba de ser Rush. En una de sus mejores versiones. Y eso era algo completamente distinto”.
A Lifeson le quedaba un cambio de vida más. Había empezado a fumar marihuana a los 13 años y, aunque con períodos de abstinencia, el faso había sido un compañero bastante constante durante las últimas dos décadas. “En el estudio, lo disfrutaba”, dice. “Notaba que me despertaba una creatividad diferente”. Cuatro meses antes de que comenzara la gira, a los 72 años, lo dejó.
Cuando se colocaba por la noche y agarraba la guitarra –siguiendo su ritual habitual–, “no tocaba tan bien. Empecé a tener sensaciones negativas sobre mi confianza y sobre lo que nos esperaba. Estábamos en la mitad del proceso. Era demasiado tarde para bajarse de aquel barco que surcaba el mar a toda velocidad. Pensé: ‘Esto está interfiriendo en cómo debería funcionar mi cerebro y en la concentración y la disciplina que, de repente, realmente quería tener’”.
Emprendió una campaña radical para deshacerse del THC. “Me levanté, fui al baño, agarré todos mis frasquitos de hierba y las pipas, y los tiré a una bolsa de basura”, cuenta. “Luego fui a la cocina, recogí todas las pipas y tiré todo a la basura. Después fui al estudio, vi un recipiente con cigarrillos de marihuana ya armados y pensé: ‘Vaya, estos me encantan. Quizás debería quedármelos’. Pero enseguida me dije: ‘Al, esa no es la idea’. Así que también los tiré. Fui a todos los rinconcitos donde guardaba mis reservas. Terminé con una bolsa de basura llena de pipas, bongs y hierba, hierba, hierba, hierba. Todos mis amigos me decían: ‘¿Por qué lo tiraste? Deberías haberme llamado. Habría estado encantado de quedármelo’”.
Inicialmente planeaba abstenerse durante una semana, y luego un mes. “El THC suele permanecer en el organismo unos 30 días”, comenta. “Llegué al mes y pensé: ‘Dios mío, tal vez debería intentarlo durante dos años, toda la gira’”. No se arrepiente en absoluto. “El otro día estaba en el escenario y pensaba: ‘Gracias a Dios que ya no fumo’, porque tengo la mente mucho más despejada. Ya no postergo las cosas como antes. Mi memoria ha mejorado muchísimo. Son todas esas cosas que te dicen sobre el cannabis; yo nunca me las creí”.
También ha dejado prácticamente de beber. “Ha sido una experiencia realmente positiva. No me lo esperaba, y de hecho esperaba que no fuera así”.

La atención de Lifeson por los detalles puede rivalizar fácilmente con la de su compañero de banda. Para esta gira, decidió prescindir de los amplificadores de guitarra en favor de la emulación digital, configurando los sonidos para que coincidan exactamente con los amplificadores y efectos de estudio utilizados originalmente en cada canción. “Tiene una configuración de pedales y sonidos increíblemente compleja”, dice Lee, “porque quiere que cada momento de la canción sea fiel al original”.
Lifeson estuvo ajustando esos sonidos durante todos los ensayos, y a Lee no siempre le hacían gracia los retrasos de media hora que eso provocaba. Incluso con la gira ya en marcha, sigue retocando esos ajustes preestablecidos. “Siempre hay algo que quiero mejorar un poco”, dice Lifeson. “Y me gusta. Eso es lo que me motiva. Así funciona mi cerebro”.
En palabras de Lee, la pregunta que flotaba en el ambiente era: “¿Cómo reemplazás a alguien insustituible?”.
En el otoño de 2022, John “Skully” McIntosh, técnico de bajo de Lee desde hacía mucho tiempo, salió de gira con Jeff Beck. Beck había reclutado a una nueva baterista con un gran número de seguidores en internet, Anika Nilles, y Skully se fijó inmediatamente en ella. Se puso en contacto con Lee –que acababa de participar en los conciertos homenaje a Hawkins– para sugerirle que trabajara con ella.
Lee la buscó en YouTube. En los videos de la gira con Beck, Nilles –que tocaba con lentes de sol– mostraba un groove al estilo de John Bonham, ejecutando con soltura el material más complejo de Beck y los hi-hats frenéticos de “Stratus” (de Billy Cobham), mientras desplegaba una sucesión de redobles demoledores. En los clips de temas propios como “Alter Ego”, su forma de tocar es más abiertamente técnica, con partes que cambian constantemente y un notable sentido de melodía percusiva, todo ello mientras juega con polirritmias y compases inusuales. Incluso existe un vídeo didáctico en el que enseña a otros bateristas a pensar en quintillos.
Lee, que sabe un par de cosas sobre la excelencia en la batería y los compases complejos, quedó impresionado. “Pensé: ‘Dios mío, es buenísima’”, comenta Lee. “Es muy interesante. Tiene un gran carisma, un carisma personal y un estilo propio”. Guardó el nombre en su memoria, pero, según cuenta, se lo mantuvo en reserva durante tres años.
Una vez que Lifeson se sumó plenamente al proyecto, el guitarrista sugirió “otros músicos en los que quizás había pensado y que podrían encajar para el trabajo”, recuerda Lee. Sin embargo, le pidió a Lifeson que echara un vistazo a Nilles. “Entiendo qué es lo que te gusta de ella”, dijo Lifeson. “Es realmente buena”. Skully hizo la llamada, la presentación por Zoom salió bien y Lee le lanzó la invitación: “¿Te gustaría venir a Toronto para tocar un poco?”.
A pesar de la maestría de Nilles, Lee y Lifeson no terminaron de convencerse del todo hasta el quinto día de aquella audición informal. Ella era tan conocida en su ámbito que ya había aparecido en la tapa de la revista Modern Drummer en 2017, pero la gira con Beck había sido su único trabajo de gran repercusión en el circuito comercial. Beck nunca le dijo a Nilles qué tocar ni cómo hacerlo, lo que la dejó con ideas preconcebidas poco adecuadas para Rush. “No estaba segura de si debía preparar hasta el último detalle”, comenta, “o si bastaba con dominar las partes principales y permitirme cierta libertad aquí y allá”.
En aquellos primeros días, al principio no lograba captar la esencia de “Tom Sawyer” –aunque sí dominaba los redobles– y, en “Subdivisions”, tendía a añadir complejidad extra a las partes de Peart, que ya de por sí eran muy elaboradas. “Muchas notas de adorno innecesarias”, comenta Lee. “Creo que no entendía del todo cuál era su cometido”. Una vez que comprendió hasta qué punto Peart –quien se definía a sí mismo como un “baterista de composición”– integraba sus partes orgánicamente en la música, “empezó a escuchar las canciones de una manera muy distinta”, añade Lee.
Lograrlo supuso dejar atrás rápidamente algunas de las habilidades que tanto le había costado perfeccionar. Su elegante forma de tocar “esas semicorcheas furtivas” en el charleston –uno de los elementos distintivos de “Tom Sawyer”– simplemente no sonaba bien. Para conseguir ese sonido tan robótico e imponente de Peart, tenía que golpear con más fuerza, imprimiendo el mismo impacto en cada nota y utilizando el antebrazo en lugar de la muñeca. En viejas entrevistas, hablaba de usar la técnica para compensar lo que ella consideraba una mayor fuerza física de los bateristas hombres. Para Rush, decidió simplemente ganar fuerza, algo que se percibe en cada golpe de redoblante. “Tengo que aplicar más fuerza muscular”, afirma Nilles, quien lleva meses levantando pesas entre ensayo y ensayo.
Su batería también fue creciendo, y quedó fascinada por el sonido contundente de Peart en los primeros discos de Rush. “¡Me encanta ser baterista de rock!”, le dijo a la banda al poco tiempo de empezar. El proceso exigió un nivel de inmersión casi asombroso. “Ahora llevo un poco de Neil dentro”, comenta. “Lo que más aprendí por mi cuenta fue la faceta compositiva. En eso era realmente brillante. Construye y construye la parte de batería hasta un punto en el que pensás: ‘¿Pero qué demonios está pasando?’”.
“Hay momentos en los que me siento muy orgulloso de ella”, dice Lee. “Porque, para hacer este trabajo, seamos sinceros, tenés que sacrificar un poco de vos mismo. Intentás ser fiel al arreglo de otro baterista… y eso supone un sacrificio”.
Para Nilles, la cuestión es sencilla. “No tengo ego, así que toco lo que hace falta”, afirma. Aun así, no busca una réplica exacta de las partes de Peart, sino que se permite introducir algunos matices propios. “Al mismo tiempo, soy música, con mi propio carácter y estilo, y eso se filtra inevitablemente, aunque no quiera”.
Mientras intentaban integrar a Nilles, Lee y Lifeson cobraron conciencia de lo peculiar y hermético que podía resultar su enfoque musical. “A veces Anika me escribía preguntando: ‘¿En qué compás va este arreglo?’. Y yo respondía: ‘Joder, ni idea’”, cuenta Lee. “Me di cuenta de que ejecutábamos pasajes musicales extraños en compases irregulares sin necesidad de contar, porque simplemente íbamos uniendo frases… Conocíamos tan bien los matices de las partes del otro que nos guiábamos por señales en nuestra forma de tocar. Pero ella aún no tenía esa familiaridad; le era imposible captar esas señales en aquel momento. Ahora creo que sí puede”.
Nilles creció rodeada de bateristas y empezó a tocar a los seis años. Sus padres reconocían su talento, pero temían la inestabilidad de la vida de músico. Por eso, pasó cinco años estudiando para asistente social y trabajó con niños en una escuela. Seguía tocando por las noches y los fines de semana, pero sentía la llamada de otra vida. Empezó de nuevo a los 26 años al matricularse en la Popakademie Baden-Württemberg de Mannheim, convencida de estar en desventaja frente a sus compañeros más jóvenes. “Me sentía vieja y pensaba que era un desastre”, comentó en una ocasión. Pronto los superó gracias a la misma ética de trabajo y humildad que más tarde le valdrían el puesto más desafiante del rock. Los vídeos de sus interpretaciones se hicieron virales, y su éxito en YouTube acabó llamando la atención de Beck. “Nunca imaginé que me pasaría algo tan grande”, confiesa. “Me habría conformado con una gira convencional por Alemania”.
Tras la muerte de Peart, más de un baterista se postuló para Rush, algo que a Lee le pareció ofensivo. Nilles nunca codició el puesto ni siquiera imaginó ocuparlo; de hecho, no conocía muy bien la música de la banda antes de su audición. Para los fans, estos parecen ser puntos a su favor. Resulta difícil imaginar a los exigentes y obsesivos seguidores de Rush vitoreando con tanto entusiasmo a un músico de sesión o a un baterista superestrella tomado de otra banda. “Es maravilloso ver cómo el público la acepta”, comenta Lifeson. “Y cómo la apoya. Realmente quiere que triunfe”.
Antes del primer concierto, recibió noticias de la viuda de Peart, Carrie Nuttall. “Me llegó un mensaje muy agradable, un mensaje realmente encantador”, cuenta Nilles. “Fue muy grato saber que está a favor y entusiasmada con toda esta aventura”.
Una vez superados los conciertos iniciales, Nilles se permite por fin asimilar el impacto de todo lo vivido. “Me siento llena de energía”, afirma. “Y aliviada”. Pero eso ya se notaba en la amplia sonrisa que mostraba tras bordar los redobles de batería de “Tom Sawyer”. Al pedirle que recuerde qué pensaba en esos momentos, suelta una carcajada: “¡Lo conseguí!”.
Antes de reconstruir la banda, Lee tuvo que hacer lo propio consigo mismo. “Estuve diez años sin tocar el bajo con la intensidad habitual de un profesional”, explica. “Creía que estaba en forma porque bajaba al estudio, tocaba uno de mis innumerables bajos y pensaba: ‘¡Qué bien suena esto!’. Uno cree que está en forma, pero no es así. Eso no es estar en forma para tocar ni para salir de gira. La verdadera forma llega cuando juntás capa tras capa de callos y a la noche sentís que los dedos te arden. Así es como te ponés en forma. Por eso, antes de que Al aceptara hacer cualquier gira, yo ya había decidido preparar mis dedos para recuperar el ritmo”.
Su otra tarea era más intimidante y personal. ¿Cómo lograba Geddy Lee alcanzar tonos tan agudos? No tenía ni idea, pero finalmente iba a tener que averiguarlo. En los años setenta, Lee cantaba emitiendo un chillido capaz de derretir los parlantes, que se desataba sin preparación previa ni técnica consciente; de algún modo, hacía todo bien (o mal, según ciertos críticos cascarrabias) guiándose puramente por el instinto. A partir de los ochenta, moderó el uso de notas agudas, aunque llegó a alcanzar registros capaces de romper cristales en la estrofa final de “Freewill”. Con el paso de los años, le resultó cada vez más difícil acceder a aquel antiguo alarido estridente, especialmente en el siglo actual. Lo asumió como algo natural del envejecimiento y simplemente se esforzó al máximo, bajando ocasionalmente la tonalidad de las canciones para facilitarse la tarea.
Esta vez, tras más de cinco décadas de carrera profesional, Lee decidió tomar sus primeras clases de canto. Comenzó a reunirse por Zoom con un veterano entrenador vocal, Mitch Seekins, que trabaja de forma remota desde la pequeña localidad de Ilderton, en Ontario. Seekins, seguidor de Rush desde hace mucho tiempo, supo de inmediato que a Lee le faltaba mucho para estar listo. “Fue impactante”, comenta Seekins. “Es decir, estaba en pésima forma vocal. Los músculos ya no respondían en el registro más agudo”.
Sin embargo, el entrenador tenía noticias muy positivas para su cliente: “Podía percibir que la capacidad estaba ahí; simplemente, él aún no lograba ejecutarlo. No estaba seguro de si alguna vez podría volver a hacer lo que hacía cuando era mucho más joven… Pero no había ningún deterioro real, ni siquiera a causa de la edad”. Las notas agudas carecerían inevitablemente de parte de la potencia desenfrenada de antaño, pero seguían estando a su alcance. El verdadero desafío consistía en convencer a Lee de que era capaz de lograrlo. “La parte más difícil de la recuperación es el aspecto psicológico”, afirma Seekins, cuyas técnicas pueden recordar a las de Yoda. “Porque todo ocurre en el subconsciente: si te convenciste de que no podés hacer algo, bueno… ¿adiviná qué? No vas a poder”.
Lee, que ya entrenaba cuatro veces por semana, empezó a entenderlo. “No es diferente a ir al gimnasio y ganar fuerza”, dice. “Tenés que fortalecer este músculo, y en eso he trabajado: en analizar con precisión forense cómo la voz produce sonido y aplicar ese conocimiento”. Aun así, añade: “Me ponía nervioso intentar cantar algunas de esas canciones”.
Pronto quedó claro que lo estaba logrando. “Nos mirábamos pensando: ‘Madre mía’”, comenta Dale Heslip, colaborador habitual de Rush, quien dirigió el vídeo de apertura de la gira y diseñó el escenario. “Era como si hubiera hecho retroceder el tiempo”.
A medida que Lee ganaba confianza, surgían nuevas posibilidades, como reincorporar al repertorio el tema que daba título al álbum A Farewell to Kings (1977), una canción que llevaban mucho tiempo sin tocar. Sigue siendo el tema más difícil de la gira tanto para Lee como para Lifeson. La ambición juvenil les dejó como legado compases que cambian de forma impredecible, una intimidante introducción con guitarra de cuerdas de nylon, cambios inusuales durante el solo de guitarra y una larga lista de otras complejidades. “Empezás la estrofa y tengo que cantar en esa maldita estratosfera”, dice Lee. “Recuperar una canción de hace tanto tiempo conlleva mucha inseguridad… A esta edad, la gente espera que seas una versión desmejorada de vos mismo, y eso es algo que no acepto”.
Tenían la opción de bajar la tonalidad, como lo hacen con “2112” y “Anthem”, argumentando que así suenan más contundentes. “Es en parte una excusa y en parte la verdad”, admite Lee. Sin embargo, analizaron a fondo “Freewill” y decidieron mantenerla tal cual. “De ninguna manera interpretaría esa canción si no pudiera llegar a las notas de la tercera estrofa”, afirma Lee. “Que es, en realidad, la parte más aguda que canto en toda la noche”.
De alguna manera, noche tras noche, logra llegar ahí arriba. “Los gatos”, dice Lee, “están maullando”.
Todavía hay momentos en el escenario en los que Lee mira atrás y se sorprende al ver a una alegre rubia en la batería. “Sigo esperando ver el rostro intenso de Neil”, comenta. En realidad, Peart sigue siendo una parte fundamental del show. Los momentos más intensos de cada noche son “Time Stand Still” y “Bravado”, ambos presentados como homenajes, con su rostro en las pantallas y su voz sonando antes con una reflexión sobre su enfoque intransigente de la vida y el arte. “Si se conquista el sueño”, canta Lee en esta última canción, “aunque todo se pierda/ pagaremos el precio, pero no contaremos el costo”. El solo de Lifeson que sigue es un homenaje en sí mismo. “Tiene que ser delicado, en cierto modo”, dice el guitarrista. “Y emotivo. Y tiene que tener ese crescendo. Tiene que llevar a un lugar positivo”.
Incluso sin esas referencias explícitas, la presencia de Peart habría sido inevitable. Como él mismo me recalcó en 2015, la larga trayectoria de Rush se debió por completo al profundo nivel de colaboración del trío; cada miembro era esencial para el triángulo que formaban. “Ya sabés cómo funcionan las dinámicas de los grupos cuando uno solo escribe todas las canciones y acapara toda la atención”, decía Peart mientras tomaba whisky en el garaje que le servía de refugio para escribir. “En nuestro caso, por supuesto, es el cantante quien lo hace, pero yo estoy ahí, tocando, viendo cómo todos cantan mis letras junto a Geddy, ¿sabés? La participación conjunta en lo que hacemos, así como la recompensa y el aprecio compartidos, son enormes, porque las bandas no suelen sobrevivir. The Police, Talking Heads… Cuando alguien es la banda en todos los sentidos cuantificables, realmente no puede perdurar”.
Si Rush hubiera salido de gira poco después del fallecimiento de Peart, habría sido más complicado incluir algunos de los momentos más ligeros del espectáculo: desde el video cómico de apertura hasta la tradición de ver a Cartman, de South Park, marcando el ritmo de inicio de “Tom Sawyer” al frente de “Lil’ Rush”. “Hay que reconocer la ausencia”, dice Allan Weinrib, director creativo de la gira y hermano de Lee. “Pero, al fin de cuentas, se trata de Ged y Al volviendo a la ruta, ¿viste? Una vez que decidís salir de gira, decidís que vas a volver a divertirte”.
“No queríamos que fuera algo fúnebre”, dice Lee, que admite que todavía se emociona hasta el punto de que se le hace un nudo en la garganta durante alguna que otra canción. “Porque queríamos que todos lo recordaran con alegría y celebraran a la persona increíble, jodidamente increíble, que fue… Pero todavía lo estoy asimilando. Cuando tengo que cantar sus letras, me siento muy cerca suyo. Es imposible no sentirse así, a menos que estés un poco muerto por dentro. A veces, incluso al hablar del tema, no puedo evitar emocionarme. Es duro. Hay una parte de él que nunca… Ese duelo nunca terminará por completo”.
Nuttall y Olivia, la hija de Peart, asistieron a los dos primeros conciertos en Los Ángeles. “Es muy duro para ellas”, comenta Lee. “Todavía están viviendo un duelo intenso. Sentarse a ver un show en el que volvemos a tocar… es difícil. Lo entiendo perfectamente”.
Incluso el cartel de la gira, creado por Hugh Syme –diseñador habitual de las tapas de los discos de Rush–, hace un guiño a la situación. Muestra dos pájaros pequeños posados en un cable y un tercero alejándose en pleno vuelo. Curiosamente, cuenta Lee: “Hace poco tuve un incidente con un pájaro”.
La mañana siguiente al primer concierto, Lee entró en la sala de estar de la casa donde se alojaba y encontró un pájaro en el suelo, mirándolo fijamente. Jura que era idéntico al pájaro del cartel. El animal revoloteó alrededor de su cama, aterrizó, se giró para mirarlo de nuevo y salió por la ventana. “Fue rarísimo”, dice Lee, quien no pudo evitar interpretarlo como una visita de Peart. “No soy muy dado a creer en cosas esotéricas o extrañas, pero fue algo especial”. Agarró el teléfono para enviarle un mensaje a Lifeson y, justo cuando pulsaba el botón de enviar, apareció de nuevo el pájaro asomando la cabeza por una puerta abierta. Lo observó una última vez antes de que se marchara volando definitivamente.
Dada la gran cantidad de textos que escribió Peart, cabe suponer que podría haber suficientes letras inéditas como para servir de base a nuevas canciones de Rush. Sin embargo, Lee se muestra cauteloso –y quizá algo incómodo– cuando saco el tema. “No me lo he planteado en absoluto”, afirma. “Es una buena pregunta”. En cuanto a música nueva en general, “siempre hay una chispa”, dice Lee. “Pero no puedo permitirme adelantar las cosas. Cuando formamos esta banda, fue con el objetivo de esta gira. Y después de la gira, supongo que podremos reevaluar la situación y ver qué tenemos y qué queremos hacer. Realmente no puedo darte una respuesta mejor”.
Se ven muchísimas lágrimas en las plateas durante la gira Fifty Something. Mientras los fans lloran la pérdida de Peart, también se sienten profundamente conmovidos por la improbable –y demasiado efímera– inversión de la entropía que protagoniza su banda. El siglo XX y sus músicos se van desvaneciendo poco a poco, pero Rush regresó. “Es una gira milagrosa”, afirma Weinrib.
Los miembros de la banda no quieren pecar de grandilocuentes, pero entienden lo que sucede. “Lo siento en el escenario”, dice Lifeson. “Y lo percibo en el público. Es hermoso ver a todos tan contentos, porque no vivimos tiempos precisamente felices, y esto supone una especie de vía de escape. Miro a nuestra público y veo a familias enteras reunidas como en un gran pícnic; hay saludos, risas y lágrimas. Es un momento precioso”.
Lee asiente. “La gente responde a esta gira porque necesita lo que pasa acá”, comenta. “Y tal vez no haya suficiente de eso en el mundo actual”. O quizá la explicación sea más sencilla: “Somos una banda de rock. No quedamos muchas”. Sonríe. “Somos una banda de rock peculiar, pero seguimos ahí. Dándolo todo”.
Esta artículo fue portada de la edición de agosto de Rolling Stone Canadá. Acá en su edición original.
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