La voz y la presencia de Queralt Lahoz irradian resiliencia, poder y una fuerza inquebrantable. Su alma transita por un espectro temporal donde pasado, presente y futuro convergen para avivar la llama de sus raíces, aquellas que la llaman de vuelta a su hogar con orgullo y dignidad. Desde esa autenticidad, crea un espacio en el que las mujeres puedan sentirse seguras, escuchadas y representadas a través de su música: un refugio tejido con valentía, armonía y empoderamiento. Su arte se convierte así en un símbolo de lucha y esperanza, una fuerza que la impulsa a seguir adelante y a defender aquello que, en su momento —y aún hoy—, le dio el impulso necesario para perseguir y conquistar sus sueños.
Como una digna representante de la fortaleza y la autenticidad, Queralt Lahoz se mantiene fiel a su esencia y a sus ideales en un proyecto artístico que no deja de transformarse y expandirse: sonoro en sus raíces, creativo en su forma, conceptual en su discurso y profundamente honesto en su verdad. Su camino es el de una artista en permanente construcción, alguien que se descubre a sí misma con cada paso firme que da hacia nuevos territorios emocionales y creativos. Porque, al igual que ocurre con la naturaleza humana, la evolución nunca se detiene; muta, florece y renace constantemente. En esa búsqueda incesante, Queralt convierte su música en el reflejo vivo de una identidad que aprende, se cuestiona y se reafirma con el tiempo.
En esta plática con ROLLING STONE en Español, Queralt Lahoz reflexiona sobre la transformación de su carrera, la voz que tiene en su proyecto y mucho más. Lee aquí la entrevista completa:
Quisiera empezar sobre la conexión que hay en tu música entre pasado, presente y futuro. ¿Cómo logras que estos tres espectros del tiempo coexistan con naturalidad en tu arte?
Creo que musical y líricamente, cuando te fijas y te nutres de la música de raíz, esa cosa ya es el pasado y el origen. Eso, de manera natural, te hace conectar inmediatamente. También te hace conectar con el presente, que también es futuro porque es lo que cosechamos, y es lo que nos hace ir en una dirección. Ha sido una forma muy natural de poder expresarme. Me ha dado el poder de fijarme en lo que me gusta, en lo que me nutre. También se trata de las identidades que me han marcado, de los mensajes que me han llegado desde chiquita. No olvidar eso ha hecho que yo pueda construir mi discurso y mensaje.
Háblame de la importancia de tus tradiciones en tu música. ¿Qué tan importantes son para ti preservarlas y mostrarlas con dignidad?
Creo que al final se dan naturalmente porque es lo que escuchas desde que eres pequeña. Ahora lo tenemos en un referente muy actual y muy joven que ha hecho un disco de folclore, quien es Milo J. Creo que esa naturalidad de escuchar folclore, flamenco y todo lo que es nuestra raíz es algo muy natural porque es con lo que convives. No es una pretensión porque es lo que has escuchado siempre. Creo que he permitido que toda esa musicalidad y sonidos puedan introducirse sin juzgarme a mí misma, porque no he querido adelantarme a un juicio. Viene desde el corazón. Hay muchos sonidos en mi música que estuvieron presentes cuando era una niña.
¿Cuál crees que es el mensaje más poderoso de tus letras?
Tengo muchos mensajes, pero creo que el más presente es saber que me amo porque amo a los míos. Es un sentimiento de comunidad muy grande en lo que hay en mis letras. Es un respeto muy grande y honra a mi madre. Hay muchos mensajes, pero también hay un mensaje de fuerza entre mujeres, de poder entre mujeres. Ese poderío de mujer es uno de los pilares fundamentales en mis letras.
Justo es lo que quería platicar contigo. En tu proyecto también le das una voz a todas esas mujeres trabajadoras y admirables, desde las que comparten un espacio contigo hasta las que no conoces. Cuéntame un poco de dónde salió esto.
Yo siempre he visto, sobre todo desde mi casa por mi madre laburando sola para sacarlos adelante, a un tejido familiar de mujeres poderosas. Quizás los hombres, por lo que sea, han estado ausentes, ya sea porque murieron pronto o porque desaparecieron de nuestras vidas. He crecido rodeada de mujeres poderosas, que no han tenido más que su propio tejido para poder apoyarse para salir adelante. He sido muy consciente de que las mujeres se traducen como cuidadoras, y no tenemos que serlo de quien no lo merece. Es muy importante ponerte en primer plano y cuidar a quien sí lo merece. Nos tenemos que cuidar entre nosotras, en vez de cuidar a aquellos que después no lo valorarán. Es muy importante no olvidarnos de toda esa influencia y de todo ese amor que debemos de tenernos nosotras.

En tu música conviven géneros como el soul, el hip hop o el bolero sin jerarquías aparentes. ¿Cómo fue el proceso de encontrar tu sonido? ¿Qué es lo que más disfrutas de experimentar en cada género que te llame?
Yo creo que la misma libertad. Me he permitido conocerme, porque también sigo en proceso de redescubrirme. Creo que me sigo conociendo con cada paso que doy. Es una cosa de ensayo y error. Soy la evolución de toda mi carrera, y quizá no hubiese llegado hasta donde estoy ahora, en cuanto a sonoridades, si no hubiese experimentado todo lo anterior. Creo que hay que tener un punto de valentía, que al final se basa en no guiarte por lo que está de moda, sino por lo que te apetece descubrir. Al final, todo está hecho, pero, ¿cuál es tu identidad? Yo estoy de acuerdo cuando la gente dice que todo está hecho, porque es verdad, pero lo que no está hecho, eres tú mismo. Tienes que saber quién tú eres, porque eso es lo más importante: tener tu nombre propio.
Tu sello e identidad. Seguro hay muchos géneros que te apetecen describir…
Muchos, muchos. Haría muchas cosas más locas, la verdad. Sin embargo, es verdad que una también tiene que perfilarse. Soy una de esas personas que haría un álbum de rock alternativo y otras cosas. Haría una cosa de cada género y me molaría mucho. Saltaría por toda la música. También es bonito descubrir tu viaje musical para que la gente te identifique.
Hablemos un poco sobre tu último álbum, 9:30PM. ¿Cómo viviste este proceso catártico al realizar este material?
Cuando terminé Pureza, yo sabía que estaba hablando de mí sin hablarlo. Había intentado que no fuesen temas reales; hablaba en primera persona, pero no de mi vida. Me inspiraba en terceras personas para no hacerme daño. Luego, me di cuenta de que era valiente y amoroso hablar de una misma: de mi proceso, de mi vida e infancia. Indagué en todo mi viaje y sané todas esas heridas, que sigo sanando con las canciones. Ha sido un proceso muy bonito, necesario y personal. Necesitaba eso: conectar con esas partes de mí que estaban rotas, y también las que me han hecho empoderarme. Fueron dos años de estar encontrándome, también con mi sonido y la letra. Se fue haciendo a fuego lento.
¿Qué has descubierto sobre ti misma al ordenar tu vida en este ejercicio de memoria?
Me di cuenta que soy más fuerte de lo que ya sabía que era. También me di cuenta de que tenía que cuidarme más a mí misma. Me puse en primera persona, y quizá por eso tomé decisiones que tal vez pensé jamás tomaría para poder amarme.

¿Qué parte del disco te ha resultado más difícil de compartir y por qué? Si es que hay alguna.
La apertura y cierre son las más difíciles. Son dos temas que me costaron muchísimo cantar. No creo volverlas a hacer en directo, aún cuando creo que son una cosa preciosa. Deben de quedarse ahí. No me apetecen cantarlas en directo porque son temas especiales que los quiero disfrutar en casa, y que conllevaron un proceso muy fuerte. Es por lo que significa para mí: la reconciliación con mi padre que ya no está en vida y esa forma tan fuerte de la triste que me inundó en un momento determinado.
Tal vez aquí se marca la catarsis personal y la sobreexposición personal…
Sí, porque también vuelves a ese lugar. Hay que tener mucho cuidado con lo que compones porque luego vas a tener que interpretarlo. Hay que tener mucha consciencia de lo que escribes, porque vas a viajar en el tiempo. Es un lugar en el que he estado y salido, pero también hay que protegerse de él.
Ahora, con nuevos materiales por venir, ¿qué quedó fuera de 9:30 PM que ya estás lista para contar?
Quedaron muchas frases, canciones, sonidos y cosas fuera. Siempre pienso que las cosas pasan por algo, entonces creo que tuve que eliminar cosas para poder alimentar algunas de las canciones de ese álbum. Lo que está por venir es más grande y hermoso. Tenía que dar un cierre a esos episodios para poder dar un nuevo capítulo en mi vida.

Uno de sus sencillos más recientes ‘Lo volvería a hacer’ con Salma, ¿es la apertura de una nueva era en tu trayectoria?
No, no lo es. Es un sencillo que es hermoso y necesario. Me apetecía mucho. La nueva etapa todavía no la he mostrado. No he dicho fecha y todavía le falta. Tiene que reposar. El viento tiene que soplar a mi favor. Con prisa, las cosas duran dos días. Las cosas con amor y con tiempo, son para siempre.
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Los gritos comienzan apenas pasando la zona de reclamo de equipaje, cuando el primer destello de cabello gris violáceo asoma por encima del muro de seguridad que separa a la banda de pop coreano más grande del mundo —y de la historia— de sus fans. En medio de una histeria ensordecedora, los siete jóvenes de rostro afable que integran BTS atraviesan el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles escoltados por largas filas de corpulentos empleados con camisetas amarillas de ‘Event Staff’. Los chicos sonríen, saludan y, con la eficiencia de la realeza británica, logran abrirse paso entre cientos de adolescentes y jóvenes para subir a unas camionetas Escalade negras, el vehículo que los conduce directo al corazón del mainstream estadounidense.
Es mediados de noviembre y BTS acaba de llegar desde Corea del Sur, impulsado por la devoción de sus admiradores, una comunidad diversa que se hace llamar ARMY —acrónimo de ‘Adorable Representative M.C. for Youth’. El grupo está en la ciudad para una serie de apariciones televisivas de alto perfil: del aeropuerto parten al programa de James Corden; al día siguiente estarán con Jimmy Kimmel; después visitarán a Ellen DeGeneres, quien comparará su llegada a Estados Unidos con la de los Beatles en 1964. Sin embargo, la principal razón de su visita es interpretar su éxito ‘DNA’ en los American Music Awards, una presentación que los convertiría en la tendencia número uno de Google y rompería un récord Guinness de interacciones en Twitter.
El líder del grupo, RM —abreviatura de ‘Rap Monster’—, de 23 años y con una ambición evidente, compara el vertiginoso viaje con ‘surfear una ola gigante’. Pero a las nueve de la mañana del día siguiente a su llegada, el ambiente se parece más a ‘fichar para entrar al trabajo’. Estamos en un estudio de ensayo cuando representantes de los AMA llegan para tomar fotografías promocionales en el estacionamiento. El extrovertido J-Hope, también de 23 años, MC y ex campeón de street dance, sale con los brazos en alto gritando: ‘¡Hola! ¡AMA! ¡Whoa!’. Los demás aparecen poco a poco, con menos dramatismo, y esperan su turno para ser arreglados sobre el asfalto por un equipo de estilistas que también viajó desde Seúl.
Ahí está Jimin, de 22 años, el más atractivo y a la vez más travieso del grupo, ex alumno destacado de danza contemporánea, afeitándose el mentón mientras una mujer le sostiene un espejo. V, cantante de mirada permanentemente sorprendida y de 21 años, otro ex estudiante de arte que debutó en televisión el año pasado con un drama histórico coreano, deja que le cepillen y acomoden su característico cabello gris violáceo. Un hombre utiliza un palillo dental para retirar algo de los dientes de Suga, quien, al igual que RM, comenzó su carrera como rapero underground. Jungkook, vocalista principal de 20 años y ferviente admirador de Justin Bieber, quien se unió a BTS a los 15, recibe una línea de delineador en los ojos.
Mientras tanto, Jin, cantante de 25 años y aspirante a actor, tan atractivo que fue reclutado por un cazatalentos mientras caminaba por la calle, avanza en silencio entre el caos. Su séquito es enorme; dejo de contar después de las treinta personas. Hay managers, publicistas, un coreógrafo, un masajista, el intérprete, estilistas, personas con cámaras, guardias de semblante serio y varios choferes con auriculares.
En casa, BTS prácticamente ya solo compite contra sus propios récords: vistas de videos, preventas de álbumes y posiciones en las listas de popularidad. Y ese fenómeno ya comenzó a expandirse a otros países. Su más reciente EP, Love Yourself: Her, que incluye una canción escrita junto a Andrew Taggart de The Chainsmokers, encabezó la lista de álbumes de iTunes en 73 países. Además, BTS se convirtió en el primer grupo de pop coreano en irrumpir de lleno en el mainstream estadounidense, gracias a un remix de ‘MIC Drop’ realizado por Steve Aoki, que recientemente logró entrar al Top 40.

‘Somos muy afortunados de vivir en esta época, en 2017’, dice RM, el único integrante capaz de mantener una conversación fluida en inglés. ‘Cuando publicamos un tuit, se traduce a más de 30 idiomas’. Las letras del grupo —casi completamente en coreano, pero subtituladas en YouTube y traducidas en sitios como Genius— son una parte fundamental de su éxito internacional. Las canciones de BTS abordan temas como la depresión y la ansiedad. Promueven ideales sociales progresistas, como el empoderamiento femenino y la aceptación de personas de distintos orígenes. Incluso hablan de la inquietud interna que implica abandonar caminos profesionales menos comerciales para convertirse en ‘idols’, como se conoce a las estrellas del K-pop.
Los fans de BTS valoran la empatía, honestidad e independencia de la banda, temas especialmente demandados por las audiencias pop occidentales actuales. Además, BTS lleva ese mensaje sobre producciones hiper modernas e inteligentes —muchas veces realizadas por los propios integrantes— que absorben influencias del EDM, el rap y el R&B contemporáneo. Piensa en artistas como Major Lazer, Justin Bieber, DNCE, Logic, The Chainsmokers o Nick Jonas, y conviértelo en un collage ligeramente extraño pero profundamente adictivo.
Después de la sesión de fotos, los chicos entran a ensayar su presentación para los AMA. Desde el silbido inicial de ‘DNA’, funcionan como un organismo único, de múltiples extremidades y absoluta concentración. Jin, quien normalmente parece melancólico, despliega miradas coquetas y movimientos de manos perfectamente sincronizados. Bromean un poco —Jimin le agarra el trasero a Jungkook después de que este ejecuta un giro casi de ballet—, pero permanecen completamente enfocados.
Una hora después, a las 10:40 de la mañana, toman agua apresuradamente mientras varias mujeres intentan refrescarlos agitando enormes abanicos de papel decorados con los rostros de los propios integrantes. Jin se queda dormido por unos minutos en una silla con ruedas, aunque pronto lo despierta el masajista, decidido a clavarle el codo en el hombro; Jin hace una mueca de dolor mientras sucede. Minutos más tarde, V grita con la boca abierta mientras un asistente trata una llaga dentro de su mejilla. Más adelante, RM terminará bailando con un pañuelo ensangrentado en la nariz: el jet lag y el ritmo constante de trabajo terminan pasando factura. Un almuerzo temprano de hamburguesas frías y papas fritas parece una recompensa mínima, pero ellos comen sin contenerse.
BTS, acrónimo de Bangtan Boys —‘Boy Scouts a prueba de balas’, en coreano—, fue construido alrededor de RM y terminó de consolidarse a través de audiciones. El grupo fue armado por una compañía pequeña, Big Hit, dirigida por el compositor Bang Si Hyuk, conocido como ‘Hitman’, quien cofundó una de las llamadas Big Three de la industria, JYP Entertainment, antes de dejarla atrás. Esa historia le da a BTS un atractivo de underdog. Y aunque la banda surgió dentro del famoso y riguroso sistema del K-pop —viviendo juntos en dormitorios y entrenando de manera constante—, RM asegura que Big Hit les ofrece una libertad artística relativa.
Prueba de ello es que, en una reinterpretación singular del tradicional fan service del K-pop, BTS construye mitologías alrededor de sus álbumes, como ocurrió con Wings, lanzado el año anterior, cuyo concepto parte de Demian, la novela de formación publicada en 1919 por Hermann Hesse. La temática atraviesa las letras, el arte visual y los videos. No queda del todo claro cómo toman forma esas subtramas, aunque resulta fácil imaginar la participación de RM, quien suele leer autores como Haruki Murakami y Albert Camus.
‘Intentamos construir nuestro propio universo BTS’, explica. ‘Tal vez era arriesgado inspirarnos en novelas tan antiguas, pero creo que terminó funcionando aún mejor. Para nuestros fans, se siente como una caja de regalo. Es algo que no encuentras fácilmente en artistas estadounidenses’. Después, compara esa construcción narrativa con Star Wars.
‘Lo más importante de crear nuestro universo es su capacidad de expansión’, añade Suga, el integrante más contemplativo del grupo, a través del intérprete. ‘Como nace de nuestras propias vidas e intereses, podemos expandirlo tanto como queramos y nunca se siente ajeno a nosotros. Eso nos permite tener más diversidad en las historias que contamos y en la música que hacemos’.
¿Se sienten lo suficientemente libres como para escribir sobre la política coreana? RM responde que están trabajando en una canción que aborda el tema de manera sutil, aunque Suga advierte que el asunto ‘está lleno de riesgos, no de forma literal, sino por la posibilidad de ser malinterpretados por jóvenes que quizá aún no han desarrollado completamente su sensibilidad’. Él prefiere enfocarse en generar entendimiento antes que ‘incitar conflictos’. Durante la entrevista del mediodía, el resto del grupo permanece en silencio, salvo para enviar saludos a ARMY y admitir que desean más oportunidades de crossover internacional. Como resume J-Hope: ‘Sería un honor trabajar con cualquiera’.

RM asegura que, más allá de romper nuevos récords, la misión de la banda es promover la individualidad, algo que no siempre se fomenta en Corea del Sur. ‘Especialmente en Corea, existen todos estos estándares: casarte, entrar a una buena universidad’. ¿Y cómo planean transmitir ese mensaje? Sonríe antes de responder: ‘Con mejor música y presentaciones más increíbles’.
Después de agotar entradas en arenas de California, Chicago y Nueva Jersey, BTS ya planea una gira aún más grande por Estados Unidos en 2018. El grupo se mueve en un territorio sin precedentes. A diferencia de PSY, su éxito en el mercado estadounidense no nació de un fenómeno viral aislado; su ascenso en las listas fue gradual y no muestra señales de desaceleración. Aunque en el pasado descartaron la idea de lanzar un álbum completamente en inglés, este año RM ya interpretó versos en inglés en un remix junto a Fall Out Boy y en una colaboración con Wale.
A la 1:30 de la tarde llega el momento de prepararse para su aparición con Jimmy Kimmel. Sigo a BTS desde el estudio de danza hasta el pasillo cercano a su camerino. Hay una mesa plegable cubierta de anillos plateados, collares llamativos y aretes colgantes listos para elegir. En el suelo descansa una enorme bolsa tipo ziplock llena de sandalias Puma idénticas. Después de retocar peinados y ajustar vestuarios, los integrantes suben a las cuatro camionetas Escalade sin el menor alboroto.
Mientras nuestra caravana avanza por Hollywood Boulevard y gira hacia la pequeña calle que conduce al backlot y al escenario al aire libre de Jimmy Kimmel, los vemos: más de mil fanáticos de BTS que estallan en gritos apenas nos detectan. Llevaban horas esperando. Más tarde, Mac Burrus, productor musical del programa, me cuenta que un grupo de cinco adolescentes pasó dos noches completas ahí, en la calle y dentro de bolsas de dormir.
En el green room, por fin llega un momento de calma. Suga y RM comen plátanos. Jin juega en su Nintendo Switch. Jungkook y J-Hope se recargan somnolientos uno sobre el otro en el sofá. V se acuesta en el suelo para que el masajista le ajuste el cuello con una brutal torsión digna de un asesino profesional, antes de acomodarse en otro sillón para ver Carpool Karaoke. Cerca de las cuatro de la tarde, los productores llevan a un par de madres ARMY para un sketch donde molestan a sus hijas —todavía formadas afuera— mediante FaceTime desde el ‘santuario’ de BTS. Más tarde, las chicas regresan y aprovecho para hablar con ellas. Ambas descubrieron a BTS a través de YouTube. Adriana, de 24 años, está aprendiendo coreano ‘despacio pero con seguridad’ para escuchar a los integrantes en su propio idioma. Rosa, de 18, insiste: ‘El idioma no es una barrera cuando se trata de música’.
A las 6:20 de la tarde, BTS se dirige al escenario. Desde atrás, el sonido se parece al de una montaña rusa llena de pasajeros gritando al mismo tiempo. Un trabajador veterano del staff pasa junto a mí con una sonrisa incrédula y murmura: ‘Esto es una locura’.
Desde bambalinas observo cómo la banda arrasa con un set de seis canciones que provoca lágrimas, manos cubriendo rostros y gritos constantes. Durante ‘Save Me’, una canción con ecos de Where Are Ü Now, el público ejecuta un ‘fanchant’ perfectamente coordinado al estilo K-pop, coreando en sucesión rítmica el nombre real de cada integrante. Apenas logro escuchar la música, así que no caigo en cuenta hasta el final de que BTS parece no utilizar pistas vocales de apoyo, como suelen hacerlo grupos estadounidenses o británicos: rapean y cantan cada parte completamente en vivo mientras ejecutan coreografías ininterrumpidas.
Cuando todo termina, poco después de las siete de la noche, un agotado J-Hope se deja caer sobre el asfalto, fuera de la vista del público y de su propio equipo. Respira con dificultad, el pecho agitado y los ojos completamente abiertos. Treinta segundos después se reincorpora y corre para alcanzar al resto de los integrantes de BTS, que ya desaparecen por el pasillo rumbo al green room. Justo antes de doblar la última esquina, una voz chillona estalla detrás de mí: ‘¡Dios mío! ¡J-Hope volteó a verme!’.
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Desde Machuca hasta Noticia de un secuestro, el trabajo de Andrés Wood ha estado marcado por personajes atravesados por procesos históricos, heridas políticas y memorias familiares. Ahora, el cineasta chileno enfrenta uno de los retos más ambiciosos de su carrera: adaptar La casa de los espíritus, la célebre novela de Isabel Allende.
La nueva miniserie busca conservar el carácter popular, emocional y profundamente latinoamericano del libro, mientras explora temas como el traspaso generacional, la memoria colectiva y la convivencia natural entre lo cotidiano y lo sobrenatural.
En esta conversación, Wood habló sobre el proceso de adaptación, el peso político de la historia, la influencia del realismo mágico y el reto de traducir el universo de Isabel Allende al lenguaje audiovisual.

La casa de los espíritus es una obra marcada por la memoria, la política y lo íntimo. Quisiera preguntarte inicialmente cómo abordaste el reto de adaptar este universo tan cargado de historia y simbolismo sin perder esa dimensión emocional.
Bueno, primero hay una explicación general importante, porque acá hay una estructura de quién hizo qué que vale la pena aclarar.
Este proyecto parte con FilmNation, que compra los derechos y se une a las creadoras Francisca Alegría y a Fernanda Urrejola para desarrollarlo. Ellas hacen una interpretación del libro, así como yo hice una interpretación en Noticia de un secuestro de Gabriel García Másquez Y esa primera aproximación se mantiene hasta el final.
La mirada de ellas tiene mucho que ver con esta nueva generación que recopila o recibe el bastón de estas mujeres —la bisabuela, la abuela y la madre— para reconstruir la historia y sanar a partir de eso.
Esa puesta en escena siempre fue de Francisca y Fernanda. Yo me subo a eso con cosas importantes para mí también, como la relevancia de lo político en lo personal. Gran parte de mi trabajo histórico ha tenido que ver con eso: cómo las historias personales son atravesadas por procesos políticos.
Y para mí hubo otro elemento muy importante en esta adaptación, quizá algo que meto con más fuerza por primera vez, y es reconocer que estás trabajando con una obra que tiene una vocación popular.
Por eso digo que me importa muchísimo que a la serie le vaya bien. Porque hubo conciencia de que el libro tiene una vocación popular. Es un melodrama muy barroco, lleno de personajes, lleno de historias enormes, de grandes eventos dramáticos, pero finalmente tiene una conexión muy directa con el público.
Y eso era algo que me interesaba conservar dentro de todas las cosas que inevitablemente uno le “roba” a Isabel Allende al momento de adaptar.

Y quería preguntarte algo relacionado con eso. El libro está lleno de personajes, es un trabajo coral y además muy barroco, como tú mismo lo mencionas. Pero hay algo que tiene Isabel Allende y es esa economía del relato, ese ir al punto. ¿Crees que la serie logra traducir eso? Ese ir al grano, ese ser directo.
Sí, yo creo que no había otra manera de hacerlo. De hecho, la película se quedó muy corta en ese sentido, ¿no es cierto?, porque tuvo que cercenar generaciones incluso. Y ahora la serie tiene este privilegio que ocurre con las plataformas: poder contar esto con actores latinos, hablado en español y en ocho capítulos.
Eso ya es un escenario completamente distinto. Pero igual nos quedamos cortos. Sacamos personajes, sacamos eventos, sacamos episodios completos. Entonces sí, yo creo que nos vimos obligados a hacer justamente eso que tú dices: ir al grano.
Con el riesgo, claro, de perder a veces parte del encanto de Isabel. Porque Isabel, aunque va al punto, también se da muchas vueltas. Y eso es parte de su manera de escribir.
No es como leer a Javier Marías, donde muchas veces el deleite está directamente en la escritura misma. Pero sí diría que en Isabel Allende ocurren muchísimos eventos dramáticos constantemente, y eso hace que la adaptación audiovisual sea plausible. O sea, pasan demasiadas cosas, todo el tiempo. Y eso también obliga a tomar decisiones muy concretas en términos narrativos.

Y ahora pensando en las expectativas del público contemporáneo, ¿qué tanto se negoció entre fidelidad y reinterpretación? Pensando también en estas miradas sobre el machismo que están inherentes a la obra.
Sí, bueno, yo creo que ahí fue donde hubo mayor cuidado. Particularmente de dos mujeres jóvenes muy conectadas con ese tema, que son Francisca y Fernanda. Y yo aprendiendo también de eso.
Porque finalmente la voz de Alba es el filtro desde donde estamos mirando esta historia. Y ellas se dan permiso para aclarar cosas, para opinar, para mirar ciertos comportamientos desde hoy. Pero claro, la historia es la que ocurre para las mujeres en esos momentos históricos. Y cambiar eso no tendría mucho sentido.
Uno podría preguntarse: “Bueno, ¿por qué Clara no hace tal cosa?”. Pero no, ese no es el personaje. Esa no es la realidad que le toca vivir. Entonces sí hay una conciencia muy potente de todo eso. E insisto en algo: hay una mirada donde la última generación, la más joven, tiene mucho que decir sobre el pasado. Y para mí ese es uno de los grandes valores de esta adaptación.
Ahora, en tu cine la historia reciente y pasada de Chile suele estar muy presente. ¿Cómo dialoga este proyecto con esa línea de tu filmografía?
Bueno, yo lo digo y no lo digo por decir. También me pasó con Noticia de un secuestro. Cuando leí ese libro —y hablo de Colombia también— yo recién estaba empezando en el cine y pensé inmediatamente: “Esto podría adaptarse”.
Y con La casa de los espíritus me pasó algo parecido. Hay algo germinal ahí. Mucho antes de pensarme como cineasta, yo había leído este libro. Un libro que además estaba prohibido en Chile cuando yo lo leí. Independiente de que igual se conseguía, claro.
Pero para mí fue muy potente encontrar nuevamente esa mezcla entre lo personal y lo político. Esa idea de que lo político atraviesa absolutamente todo. Obviamente mi trabajo después ha hecho evolucionar esa mirada. He contado la historia desde distintas perspectivas, ¿no es cierto?
Entonces evidentemente mi aporte acá tiene mucho que ver con eso: con mezclar lo personal y lo político. Pero también, y muy especialmente, con desarrollar estos personajes maravillosos que Isabel Allende construye. Porque son personajes muy vivos.
Y hablando de Noticia de un secuestro y de Gabriel García Márquez, hay algo que conecta el trabajo de Isabel Allende con el de Gabo: esa representación de lo sobrenatural, los recuerdos, las presencias, lo espiritual, combinado de una manera muy orgánica. Quería preguntarte justamente por el reto de traducir eso a la pantalla, porque muchas veces no funciona bien audiovisualmente.
Sí. Ahí teníamos una guía muy clara, y esa guía era un cortometraje de Francisca Alegría que ganó Sundance. Es un corto muy bueno sobre unos muertos que vuelven a visitar a una familia en el campo chileno. Y de alguna manera esa película ya tenía esta idea de la normalización de lo sobrenatural.
O sea, que lo sobrenatural no aparezca como algo extraordinario, sino como parte de la vida cotidiana. Yo lo llamo —y esto quizás ya es algo más personal— una actitud frente a la vida.
Como esta idea de que basta con querer conectarse y uno se conecta. Que los muertos están ahí. Que hay personas capaces de percibir ciertas cosas o predecir ciertas cosas. Y que todo eso se asume con naturalidad. Quizá la mejor forma de describirlo sería como una magia cotidiana. Y trabajamos mucho desde ahí.
Además, claro, Isabel Allende le rinde tributo de alguna manera a García Márquez. Me acuerdo incluso de las polémicas literarias que hubo en algún momento alrededor de eso. Pero sí, todo este tema fue muy conversado entre todos nosotros: productores, realizadores, guionistas. Era un aspecto central de la adaptación.
¿Te interesa que el espectador lea esta historia como una memoria colectiva o como una experiencia íntima fragmentada? ¿O ambas cosas?
Bueno, de nuevo, yo creo que justamente Isabel Allende logra esa mezcla entre lo personal y lo social, entre lo personal y lo político. Eso está completamente en el ADN del libro. Pero además acá hay algo muy claro, y es este traspaso generacional representado por las mujeres de la historia. Ese traspaso generacional ayuda a sanar, ayuda a entender, ayuda a creer y ayuda también a construir una realidad.
Entonces sí, sin duda hay una dimensión colectiva. Y eso se vuelve cada vez más evidente a medida que avanza la serie. No sé si has visto todavía los otros capítulos, pero esa idea está muy presente. Esa es realmente la primera capa de la historia. Porque finalmente hay una cabida para quienes históricamente no han tenido cabida: las mujeres, los perseguidos, los pobres, los excluidos. Y eso se vuelve cada vez más evidente.
Ya para cerrar, mirando el resultado final, ¿cómo definirías esta producción?
Bueno, es un poquito difícil hablar de algo propio tan de cerca, ¿no? Pero sí puedo decir por qué estoy orgulloso. Creo que logramos una serie con mucha personalidad propia. Intentamos cosas muy complejas, como unir un elenco de distintas nacionalidades y lograr que funcionara orgánicamente. Y siento que eso puede abrir puertas en ese sentido.
Además, creo que logramos mantener cierta profundidad… cuando digo profundidad, me refiero a una profundidad idiosincrática. O sea, logramos construir algo que se siente propio. Que no parece una reinterpretación escandinava ni una reinterpretación americana de una historia latinoamericana. Pero al mismo tiempo tiene una fuerza visual muy potente. Y eso me enorgullece mucho.
Y hay algo muy bonito también, y es que estamos pasando por un momento donde grandes obras de la literatura latinoamericana están llegando a la pantalla con la escala y la ambición que merecen. Y además desde nosotros mismos, no desde una mirada europea o norteamericana.
Sí, exactamente. Esa es la maravilla.
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¿Qué se hace cuando ya se ha conseguido todo lo que se podía conseguir? ¿Cuando eres referente de toda una escena y de toda una generación de pibitos? Para Quevedo, la respuesta parece estar clara: volver a casa. “Siento que este disco es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado”, explica el cantante canario sobre EL BAIFO, su último álbum de estudio y un proyecto construido desde la nostalgia, la identidad y la necesidad de reconectar con sus raíces.
Tras años construyendo una carrera meteórica dentro de la música urbana en español, EL BAIFO encuentra a Quevedo en un lugar distinto. Más que perseguir otro hit global o intentar ampliar el personaje que lo convirtió en una estrella internacional, el artista decidió mirar hacia atrás y reencontrarse con el lugar del que salió todo. El resultado es un disco profundamente atravesado por Canarias: sus paisajes, su forma de hablar, sus fiestas, sus sonidos y esa idea constante de comunidad que atraviesa cada canción. “Es un disco de verbena”, explica el propio cantante, entendiendo la celebración no solo como fiesta, sino como una forma colectiva de habitar la música y la vida.
A diferencia de proyectos anteriores —Donde quiero estar y Buenas noches— más conceptuales, aquí Pedro —más que Quevedo— toma el centro de la narrativa. Desde la vulnerabilidad de ‘Está en casa’ hasta temas más introspectivos como ‘Mi balcón’, el álbum funciona como un viaje de regreso hacia sí mismo, uno donde la añoranza y el orgullo isleño se convierten en el verdadero motor creativo. El imaginario canario no aparece únicamente en las letras; también vive dentro de la producción, incorporando timples, castañuelas, trompetas, timbales y referencias directas a los carnavales y verbenas que marcaron su infancia.
Ese regreso a las raíces también se refleja en las colaboraciones. En lugar de apostar únicamente por nombres globales o tendencias internacionales, el cantante construye un puente entre generaciones y escenas que forman parte de la identidad cultural de las islas. Ahí conviven artistas emergentes como La Pantera, Lucho RK y Juseph en ‘Algo va a pasar’, leyendas de la música tropical como Elvis Crespo en ‘La Graciosa’ y referentes históricos del folclore canario como Los Gofiones en ‘Hijo del volcán’. Más que simples features, cada aparición parece responder a una misma intención: convertir a EL BAIFO en una celebración de la identidad canaria desde la cima de la música urbana contemporánea.
En ROLLING STONE en Español conversamos con Quevedo sobre el nacimiento de este álbum, esas colaboraciones especiales, las expectativas ajenas y lo que le depara para el resto de este 2026. Lee la conversación a continuación.

¿Cómo estás? ¿Cómo has estado estos días del lanzamiento?
Muy bien, muy tranquilo. Comparado con otras veces, muy tranquilo, la verdad.
¿Cómo has percibido la acogida del público con el proyecto?
Pues la verdad ha sido muy calurosa, ¿sabes? La gente ha estado muy cerca y creo que el proyecto les ha gustado mucho. Te diría que, de los tres álbumes que tengo —que tampoco son tantos—, este ha sido el que más ha conectado de primeras. Con los otros siento que necesitó pasar más tiempo para que la gente los escuchara bien y terminara de entenderlos.
Justamente siento que esa conexión con el público nace del tipo de proyecto que es este disco. Vienes de un camino muy constante, con momentos altos y bajos —como tú mismo retratas en tus letras— y, en ese sentido, ¿cómo sientes que todo ese recorrido desemboca en un álbum como EL BAIFO, que funciona como una carta de amor a tu hogar sin perder tu esencia?
Yo siento que este álbum es más un momento de pausar mi carrera y volver a celebrar a mi casa todo lo que ha pasado. He tenido muchas altas y bajas en el tiempo que llevo, que tampoco es muchísimo, pero sí he pasado por momentos en los que me he sentido mejor, otros peor, otros más conectado con mi proyecto y otros menos.
La verdad es que 2025 y la gira de Buenas Noches fueron un muy buen momento para mí. Conecté muchísimo otra vez con mi carrera, con mi proyecto y con las ganas de hacer música, y siento que este era el álbum que me tocaba hacer: parar, volver a casa, vivir una etapa en la isla, estar tranquilo y construir un disco desde ahí. Creo que era lo que me apetecía, lo que me pedía el cuerpo y también lo que me correspondía ahora mismo: poder celebrar todo esto con mi familia, con mis amigos y con mi gente.
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Algo que me llamó mucho la atención fue la portada del álbum. Me parece muy curiosa, pero también muy linda. ¿Qué significado tiene y por qué decidiste apostar por esa imagen para representar el disco?
Haciendo el rollout del disco, mis amigos y yo salimos en una carroza de carnavales, que es una fiesta súper típica de la isla y una de las más grandes que tenemos. Para una de las carrozas le pedimos a Capi Cabrera, que es un artista de la isla, que diseñara cómo la veía él, y terminó haciendo algo bastante parecido a lo que acabó siendo la portada del álbum. Desde que la vi me encantó.
Conecto mucho con la historia de Capi como artista porque siento que toda la gente que se ha ido de la isla, luego ha vuelto y ha creado desde allí, termina mirándola con otros ojos. Con los ojos del que se fue, del que volvió, del que la ve desde fuera y también desde dentro. Y creo que él representa muy bien tanto los colores como las formas de la isla.
Siento que la portada tiene muchísimos detalles que se perciben muy cercanos a Canarias. Las formas, los colores, todo recuerda a cosas que puedes encontrarte caminando por las calles de la isla. Y eso es lo que le da sentido junto al baifo y esos colores vivos tan típicos de Las Palmas.
Entrando en la esencia del proyecto, hay una mezcla de fronteo, humor, ironía y también momentos más románticos e introspectivos. ¿Cómo fue el proceso de composición para equilibrar todos esos registros dentro del álbum?
Yo siento que siempre me gusta hacer álbumes bastante variados. No soy capaz de hacer un álbum triste, o un álbum feliz, o un álbum con un único mensaje. Cuando estoy haciendo música me pasan muchas cosas en la vida y termino escribiendo sobre todo eso. Creo que todas esas emociones viven dentro de una misma atmósfera, que es el momento que estoy atravesando mientras hago el disco, pero para mí es muy complicado decir “voy a hacer solamente canciones de desamor” o algo así. No me funciona de esa manera.
Entonces siento que aquí hay un poquito de todo. Hay temas de fronteo porque, como te decía, si este álbum también significa volver a celebrar a casa, pues hay una parte de regresar y decirle a los míos “lo hice, lo conseguí”. Pero también está esa experiencia de ver la isla desde fuera, la parte más introspectiva, cosas que quizá me han costado más, o los amores y desamores que uno va viviendo. Al final siento que el álbum es muy real en ese sentido, porque no deja de ser mi perspectiva de cómo he vivido todo este tiempo.
¿Sientes que con el tiempo has mejorado como compositor?
Sí, cien por ciento. Yo diría que sí. Creo que le doy bastante importancia a la letra, aunque no siempre desde la idea de hacer algo súper complejo. También hago letras bastante sencillas en algunos temas, pero siento que lo sencillo no significa que sea fácil. Llegar a algo simple, que todo el mundo entienda y que además tenga ingenio, también tiene muchísimo trabajo detrás.
Hay colaboraciones que llaman mucho la atención, por ejemplo, ‘Algo va a pasar’. En estos días, viendo las reacciones que tuvo el álbum, Heezy, un streamer (shout out pa’ Heezy), describía esta canción como “el sueño húmedo de cualquier chavalito canario” y, aunque lo decía entre risas, siento que entiende muy bien lo que este tema significa para la escena y para los jóvenes de la isla que escuchan su música. ¿Cómo nace esa unión y qué representa para ti esta canción dentro del disco?
Nosotros somos muy amigos los cuatro. Lucho (Lucho RK), Kevin (Juseph), Sergio (La Pantera) y yo somos muy amigos, y la realidad es que simplemente nunca nos habían cuadrado los tiempos para hacer un tema juntos. Ellos tenían canciones entre los tres, yo tengo temas con todos por separado —con La Pantera, con Lucho y con Juseph—, pero nunca se había dado que coincidiéramos los cuatro, y siento que este tema representa justo eso que te decía antes: por primera vez a todos nos está yendo bien. Ya no es que a uno le vaya mejor que al otro, sino que todos estamos viviendo de la música y, de alguna manera, conseguimos eso que soñábamos cuando empezamos. Obviamente queremos más, pero ya alcanzamos algo que en su momento parecía lejísimo.
Entonces siento que esta canción es literalmente llegar a la isla y decirle a todo el mundo ‘lo conseguimos’. Y también mandar ese mensaje de que, si nosotros pudimos, ellos también pueden.
Más adelante aparece ‘Mi balcón’, que aunque no es una colaboración, sí fue una de las canciones que más me llamó la atención porque baja la intensidad del disco y se va hacia algo mucho más íntimo. ¿Cómo nace este tema y qué te interesaba explorar con un sonido tan desnudo y contemplativo?
Esta canción nace porque el verano pasado yo estaba pensando en elementos que me llevaran mentalmente a la isla. Me preguntaba “cuando estoy fuera, ¿qué cosas veo que me recuerdan a mi casa?”, y alguien me dijo que los balcones, porque siento que los balcones canarios son muy únicos, aunque hay sitios —sobre todo Puerto Rico y el Viejo San Juan— donde puedes ver algunos muy parecidos y que me recuerdan muchísimo a la isla.
Me gustó mucho ese concepto y me quedé con la idea del balcón en la cabeza. Empecé a pensar en cómo sería tener el balcón más alto de toda Gran Canaria, poder verlo todo desde ahí y preguntarme qué pasaría por mi mente en un momento así, y creo que terminé haciendo una reflexión sobre muchísimas cosas, pero imaginándolo casi como una conversación mental conmigo mismo: simplemente apoyado en el balcón, mirando hacia abajo y reflexionando sobre la vida. Siento que el tema es un poco eso.
Más adelante llega ‘La Graciosa’ junto a Elvis Crespo, que además es uno de los focos del proyecto y una de las canciones que más expectativas levantó desde el anuncio del álbum. ¿Cómo fue trabajar con un ícono como él y por qué sientes que esta canción ocupa un lugar tan central dentro del disco?
Para mí fue brutal porque obviamente Elvis es una leyenda y siento que en la isla él está totalmente relacionado con nuestra festividad; su música siempre ha estado muy conectada con todo eso. Pero además él también sentía esa conexión con Canarias, y eso fue algo que me gustó muchísimo.
Desde que hice la canción supe que era para él, y cuando lo conocí confirmé que había acertado porque es una persona increíble: un tío muy noble, muy gracioso y que hace que todo sea muy fácil. Siento que fue un acierto total y que la canción quedó increíble. y creo que para la gente ‘La Graciosa’ también va a terminar siendo un himno para siempre.
El álbum cierra con ‘Hijo del volcán’, que es probablemente el tema más honesto y crudo del disco. ¿Por qué decidiste cerrar con esa canción y qué significado tiene para ti incluir a Los Gofiones ahí?
Para mí ese tema es una reflexión sobre todo lo que ha pasado desde que me fui de la isla, desde que salí de mi casa y empecé a vivir fuera, a girar por el mundo y a experimentar todas esas cosas. Y siento que la canción ni siquiera está hecha directamente para la isla, sino que es más la perspectiva de un pibe que se va de su tierra, vive todo eso y que, aun estando lejos, sigue conectado con Las Palmas y con Canarias, y siempre quiere volver. Creo que eso es lo bonito que tiene el tema.
Por eso también quise meter a Los Gofiones. Ellos suenan a mi casa. Suenan a mis abuelos, a los barrios de la isla, a hogar. Entonces tenerlos abriendo y cerrando la canción era un poco eso: casa al principio, yo en el medio contando todo lo que me ha pasado, y casa otra vez al final. Sentía que tenían que ser ellos sí o sí. La verdad es que es de mis canciones favoritas de toda mi carrera. Siento que es un tema demasiado honesto y bastante crudo. No solamente en las partes donde yo puedo quedar bien, sino en general. Es una canción muy abierta y muy sincera.
Y justo ahora que hablas de ese componente más raizal, hay muchas canciones que abrazan esa identidad canaria, pero también otras que mantienen una vibra mucho más urbana. ¿Cómo trabajaste esa dualidad sin que el disco se sintiera fragmentado?
La verdad es que yo tenía muy claro que quería hacer un disco para celebrar en la isla. Mentalmente, eso fue lo que siempre tuve en la cabeza. Quería un álbum con el que pudiera salir de fiesta, celebrar, sentir buena vibra. No quería hacer algo demasiado reflexivo, porque siento que ya habrá tiempo para eso más adelante. He hecho muchas canciones así y me encantan, pero ahora mismo necesitaba más esa parte urbana de disfrutar, pasarlo bien y simplemente celebrar, y creo que la parte más introspectiva sale de manera natural, de momentos que uno vive y que también ayudan a explicar otras partes del álbum.
Realmente tampoco lo viví como una dualidad. Para mí todo convive dentro de un mismo mundo, que es el disco y la manera en la que yo he vuelto a vivir Las Palmas después de pasar tanto tiempo fuera. También está esa mirada de haber visto la isla desde afuera, pero lo que me apetecía ahora era eso: volver a celebrar.
¿Qué ha sido lo más gratificante y también lo más retador de este proceso creativo?
Yo creo que los primeros meses haciendo el álbum fueron muy bonitos, porque realmente no tenía ni idea de qué iba a terminar haciendo. Simplemente estaba haciendo música, y eso es algo que hacía muchísimo tiempo no me pasaba. Llevaba años sin entrar al estudio de una forma tan relajada, sin expectativas, sin estar buscando algo concreto, simplemente disfrutando. Desde más o menos marzo hasta diciembre del año pasado todo fue muy así: probar cosas, buscar sonidos, pero desde un lugar muy tranquilo y sin demasiada pretensión. Y eso fue súper guay.
Quizás este año sí hubo más trabajo detrás, más presión, más cosas pasando y más complicaciones normales del proceso, pero honestamente no siento que haya tenido una parte realmente mala. Yo disfruto mucho hacer álbumes, me gustan muchísimo esos procesos. Lo peor es cuando salen y toca hacer promo. Eso sí es lo peor, la verdad.
¿Qué aprendiste durante este proceso?
Creo que, a nivel musical, cada vez aprendo más a manejar los tiempos de los proyectos, a prepararlos mejor, organizarlos mejor y terminar más conforme con el resultado gracias a eso. Pero siento que lo que más me ha aportado personalmente tiene que ver con todo lo relacionado con la isla. A raíz de hacer este álbum me surgieron muchas dudas y terminé teniendo muchísimas conversaciones, leyendo e investigando sobre nuestra historia, nuestra cultura y todo eso, simplemente por curiosidad. Y creo que eso me abrió una puerta que quizás antes tenía cerrada.
Antes no me planteaba muchas cosas relacionadas con nuestra historia, con nuestra identidad y también con mi propia identidad. Y siento que por eso me interesó tanto profundizar en todo lo relacionado con la isla, porque también es bonito empezar un camino para entender quién eres, de dónde vienes, cuáles son tus raíces y cómo todo eso termina condicionándote y formando parte de ti.
¿Cómo afrontas la mirada ajena? Este álbum generó muchísima expectativa desde que salió el primer sencillo. Entonces, ¿cómo manejas las expectativas del público y también las críticas que inevitablemente llegan?
Yo creo que ya no hago nada para agradar a nadie, realmente. A veces haces cosas normales y todo el mundo te las aplaude y dicen “oh, increíble”. Luego haces cosas igual de normales y todo el mundo las critica. Entonces, la verdad es que no intento agradarle a nadie. Me da bastante igual lo que piense la gente. Yo hago música para mí y para quien conecte con el proyecto, pero no quiero intentar gustarle a todo el mundo porque eso es imposible.
Y creo que tanto los halagos como las críticas son parte natural de sacar música. Siempre va a haber gente que conecte y gente que no. Esa parte siento que ya la tengo bastante aprendida. Intento no ponerme expectativas demasiado altas, pero tampoco demasiado bajas. Simplemente disfrutar el proceso, hacerlo, divertirme y llegar al final pudiendo decir “coño, valió la pena”.
Después de este lanzamiento, ¿qué planes tienes para lo que queda de 2026?
Pues no lo sé, tío, la verdad. Siendo totalmente sincero, creo que ahora mismo no tengo demasiadas cosas en la cabeza. Hay planes, obviamente. Seguro saldrá algún videoclip más de EL BAIFO y también anunciaremos gira este año, pero sinceramente siento que ahora me toca descansar un poco, bajar revoluciones y luego empezar a prepararme para todo lo de la gira. Seguramente también salgan algunas canciones con otra gente más adelante.
Ahora mismo lo que quiero es que la gente disfrute el álbum, que les acompañe durante todo el año y que se convierta un poco en la playlist de su 2026. Ya veremos cuándo llega la gira.
Ya para cerrar, me llamó mucho la atención el título del álbum. “Baifo” es la cría de la cabra.
Es la cabra pequeñita.
Exacto. Y mucha gente lo relaciona inmediatamente con el GOAT, el Greatest Of All Time. Entonces, en este punto de tu carrera, ¿ya te sientes “la cabra” o todavía no?
No, es que el baifo no es la cabra, es la cría de la cabra, como la cabra pero en chiquitito [risas]. Obviamente yo no me siento “la cabra”, pero sí siento que soy como una cabra pequeña, ¿sabes?
Creo que, para el lugar de donde vengo, para ser un pibe de la isla y viendo el momento en el que estoy ahora mismo en mi carrera, sí siento que estoy en un muy buen punto. Pero tampoco me interesa verme como el mejor de todos ni nada así.
Simplemente me gusta esa comparación con la cría de la cabra. Siento que me representa bastante: me ha ido muy bien, obviamente no soy el GOAT, pero sí podría decirse que soy un baifo.

Como el propio Quevedo explica durante toda la conversación, EL BAIFO no nace desde la necesidad de demostrar algo, sino desde el deseo de detenerse un momento y entender todo lo vivido. Por eso el disco funciona menos como una declaración de grandeza y más como un regreso emocional a las calles, sonidos y personas que construyeron a Pedro antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la música urbana en español. Entre verbenas, reggaetón, folklore canario y momentos de vulnerabilidad absoluta, el artista transforma la nostalgia en el hilo conductor de un proyecto profundamente humano.
Quizá ahí es donde realmente vive el corazón del proyecto: en esa dualidad constante entre el artista global y el pibito de Las Palmas que todavía mira a su isla como refugio. Porque después de años de éxito, giras y exposición, Quevedo parece haber entendido que volver a casa no significa retroceder, sino encontrar nuevamente el lugar desde donde todo cobra sentido.
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De alguna manera, el Tiny Desk de NPR logró acomodar a los seis integrantes de Foo Fighters en una reciente visita a sus oficinas, donde el grupo interpretó un repertorio de cinco canciones que incluyó sus grandes éxitos y “Spit Shine”, el sencillo de su álbum Your Favorite Toy con el que abrieron la sesión. El entorno abarrotado no pareció afectar a la banda, acostumbrada a los amplios escenarios de estadios; el líder Dave Grohl se inclinó hacia el micrófono para rugir: “Saben que realmente me importa un bledo”, antes de que el resto del grupo tomara el relevo con coros melódicos. Al terminar, simplemente sonrieron y Grohl bromeó diciendo que el micrófono es “el instrumento más difícil de tocar de todos”.
Luego, antes de arrancar con “Learn to Fly”, Grohl le dijo a los presentes lo especial que era este concierto para él. “Es un honor estar aquí”, comentó. “He visto muchísimos de estos programas de Tiny Desk y tengo varios favoritos. Debo decir que cuando vi a Trouble Funk apretujarse en este pequeño espacio de oficina, pensé: ‘No es tan pequeño’… Pero es genial estar aquí”.
El resto del repertorio incluyó “Child Actor” (también de Your Favorite Toy) y dos de los éxitos más emblemáticos de la banda, “My Hero” y “Everlong”, de su álbum de 1997 The Colour and the Shape. Al finalizar, Grohl se acercó nuevamente al micro y dijo: “Gracias, fue muy divertido”, mientras las decenas de empleados de NPR vitoreaban y aplaudían.
Aparte de una presentación en el festival BottleRock Napa Valley, la próxima oportunidad que tendrán los fans norteamericanos de ver a Foo Fighters será cuando regresen para una gira de casi dos meses en agosto, comenzando en el Rogers Stadium de Toronto.
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“El futuro ya llegó hace rato, pero está desfinanciado”. El cartel de Bruno Lazarte no pide permiso. Lo sostiene con las dos manos, plantado en el medio de una Plaza de Mayo que a las cuatro de la tarde es un hervidero de cuerpos y banderas. Bruno tiene 18 años, el pelo revuelto de quien durmió poco y viajó mucho, y estudia el profesorado de Educación Física en la Universidad Nacional de Luján. Llegó en caravana, apretado entre compañeros que mastican la misma bronca. Para el pibe, la cuarta Marcha Federal Universitaria no es un reclamo gremial más; es un momento muy punk. “Sin futuro estamos con este gobierno. Tenemos que estar juntos porque Milei nos está cortando las piernas antes de empezar a correr”, suelta urgente y se pierde entre las columnas. Esta tarde, Bruno pone el cuerpo para que su futuro no sea una subasta.
Buenos Aires, tensa, aguanta la respiración. Retumba en sus calles el zumbido del 12 de mayo: la respuesta de saberes frente a la prepotencia del relato libertario que solo sabe de superávit y recortes. Agustín Soplán, de 21 años, trae la vibración del tren Roca metida en los talones. Viene de La Plata con su hermana Antonella, una chica de rulos morochos y una mirada melancólica heredera de décadas de lucha estudiantil. Estudian en la UNLP. Se refugian detrás un cartel que es una barricada de cartón: “La libertad empieza por la educación”.
Los Soplán son primera generación de universitarios: su mamá es portera y su viejo, empleado. Cuentan que el título no es un privilegio de casta, sino un derecho ganado por prepotencia de laburo. Dicen a coro que, en los últimos tres años, la motosierra dejó de ser una metáfora de campaña para convertirse en la cuenta sin saldo de la SUBE y una beca Progresar que no paga ni las fotocopias. “El Gobierno da asco”, dicen, mientras sus docentes -doctorados que podrían habitar la estratósfera de la academia- subsisten con migajas que se evaporan en la primera quincena del mes.

La marea crece. Los chicos de la UBA agitan pancartas que resumen la épica del siglo XX argentino: “La conquista más grande, que la universidad se llenó de hijos de obreros”. Miran la Casa Rosada, convertida en una fortaleza sitiada. “Están aterrados a que pensemos, a que seamos críticos, a que nos eduquemos”, dice Gustavo Roldán, estudiante de Historia, y sigue marchando.
Pocas horas antes de la movilización, el Gobierno ensayó otro manotazo presupuestario: nuevo recorte de 3000 millones al Conicet y la poda de 5000 millones para infraestructura universitaria. Otro más. Las fuerzas del cielo quieren poner de rodillas a la educación; las fuerzas del aula salieron a luchar en todo el país. De Ushuaia a la Quiaca se sumaron un millón y medio de personas en decenas de plazas.
Cerca del Cabildo, los vendedores ofrecen pines y muñequitos de Mafalda con guardapolvo blanco y radiante. A unos pasitos, los efectivos de la Federal le sacan lustre al “palito de abollar ideologías”. El operativo antiprotesta es una vez más desmesurado, un gasto millonario que no llegará a las facultades. Frente a la Pirámide de Mayo, decenas de miles dan cátedra a cielo abierto. El tema del día lo resume otro cartel tatuado a mano: “La educación pública no se vende, se defiende”.
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Es el último lunes de marzo. Isabel Pérez sostiene un marcador gastado frente a una pizarra en la calle. Un arma cargada con verdades. La chica tiene la mirada eléctrica de quien ya no espera nada del futuro porque el presente es una cuenta que no cierra y, en las últimas semanas, caminar hasta la facultad es la única forma de llegar. Isabel estudia Ciencias de la Educación en Puan. Esta tarde en lugar de subrayar fotocopias en el patio de la vieja fábrica de cigarrillos, está en el cruce de Miró y Bonifacio haciendo la cuenta que el Gobierno no quiere auditar: “Un viaje de Adorni en jet privado equivale a 18 sueldos docentes”. Isabel es la voz de una generación que el Ejecutivo quiere domesticar a fuerza de frío presupuestario. “Nos quieren sumisos e ignorantes, porque un pibe que piensa es un problema para su orden de mercado”, explica mientras el sol se derrite sobre el asfalto de Caballito como una sopa de plomo, espesa y cargada de una estática que presagia el estallido. Nadie sabe cuándo, pero todos sienten el calor.
Este lunes no hay refugio en las paredes repletas de afiches de Filosofía y Letras. La bronca desbordó la trinchera académica para mudarse a las calles. El objetivo es un edificio coqueto, arquitectura gélida que irradia solvencia y buen pasar: el nuevo domicilio del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Donde hace un rato circulaba el ruido gris de los autos, se arma un aula magna plantada frente al búnker del vocero que ensaya silencios violentos cada vez que le preguntan por las propiedades y los verdosos dólares que aparecen y desaparecen de sus declaraciones juradas como por arte de magia contable.
Adorni, el panelista que usa los números como granadas para justificar el desguace del Estado, se enfrenta a su propia gramática. La cuenta es fría pero el resultado arde: desde que Javier Milei llegó al poder, la brecha de recomposición salarial en las universidades nacionales es del 49%, una cifra que en la vida real condena a un ayudante de primera a sobrevivir con 228.095 pesos mensuales. Es el triunfo de la farsa: un funcionario que predica la austeridad con el bolsillo ajeno mientras sostiene un nivel de vida que choca de frente con la miseria del aula. La clase pública se dicta con una lección de Ética involuntaria, una materia que el jefe de Gabinete parece haber cursado en modo libre y sin rendir cuentas.
“Adorni debería estudiar Educación Cívica, para empezar. Y un poco de Ética para Amador(ni) no le vendría mal”, suelta Pablo Perazzi, secretario general del gremio Feduba, con la voz rebotando contra las ventanas blindadas del edificio. El paralelismo es sombrío, denuncia el antropólogo Perazzi: “Estamos en una nueva Noche de los Bastones Largos, nos están echando de la universidad”. Entre carteles que disparan verdades al paso y vecinos que se asoman a los balcones con la bronca del que teme perder su orden, el profesor Horacio Banega prepara su cátedra de Gnoseología sobre el pavimento. Hoy enseña sobre la universidad frente a la lógica del mercado. “Ni en el menemismo fuimos tan atacados”, reflexiona mientras acomoda un pizarrón que parece un palimpsesto de reivindicaciones justas y necesarias.
A 150 metros de la casa de altos estudios literarios, el reclamo batalla contra la impunidad, esa trama digna de los laberintos de Borges o la prosa cortada de Lamborghini: un país donde el lenguaje sirve para ocultar propiedades mientras se desmantelan los laboratorios universitarios. Los pibes de Puan pasan la voz: el Centro de Estudiantes confirmó clases públicas durante toda la semana. El reclamo incluye actualización de salarios por IPC, pago a los ad honorem y la posibilidad de tomar la facultad.
En la esquina, mientras la tarde cae pesada, la formación policial custodia el frente del edificio con una simetría maníaca. Es la pedagogía del escrache, la única forma en que el Ejecutivo parece aceptar educarse: a distancia, a regañadientes y bajo este sol tremendo.
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Si la calle es la épica, el escritorio es la morgue. La anatomía del desguace responde a una ingeniería del hambre con planos trazados en los despachos oficiales. La Ley de Financiamiento Universitario flota en el limbo de la burocracia judicial, mientras el Gobierno responde con una arquitectura de excusas: “no hay plata”, “están auditando”, “son privilegios”. El cínico juego del presupuesto.
La radiografía es cruel. Un ayudante de primera, el motor de la investigación, cobra un sueldo de indigencia. El resto de los docentes, algunas migajas más. La motosierra no recorta gastos; amputa tejido social. La lógica anarcocapitalista se muestra diáfana: la educación es un “gasto” prescindible, un error de cálculo que debe ser corregido para llegar al todopoderoso superávit. El conocimiento como un bien de lujo inalcanzable para la inmensa minoría.
Ricardo Gelpi, rector de la UBA, advierte hasta el cansancio sobre el colapso: gas, luz, ascensores, limpieza y salarios en rojo. Lecciones del despojo. Mientras tanto, el elefantiásico Ministerio de Capital Humano comandado por la licenciada en Ciencias de la Familia Sandra Pettovello pasó de la omisión a la ofensiva: exige informes, amenaza con retener fondos y subordina los recursos al control ideológico. Pretenden rectores-capataces, pero la universidad resiste en su columna vertebral: la comunidad.
Los números hablan, mejor dicho, sangran. El último informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia Tecnología e Innovación (CIICTI) informa que la planta total del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación cayó de 75.057 a 68.730 puestos de trabajo desde que asumió Milei: una destrucción de 7,7 puestos diarios. Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, 438 investigadores de Ciencias Exactas dejaron sus cargos. Uno cada dos días. La foto trágica se repite en todas las facultades. “Para igualar el salario de diciembre de 2023, el aumento debería ser del 52%”, apunta el decano Guillermo Durán. Los salarios cayeron en abril por 18º mes consecutivo. Se ubicaron debajo de los valores de 2002. Mientras el sistema se desangra, cada peso recortado es un ladrillo menos en la soberanía científica y educativa.
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Viernes 11 de abril, media mañana. En la Plaza de Mayo la luz es cruda y el ajuste no da tregua. El centro porteño se transforma en una casa de altos estudios al aire libre. La historia, que a veces se repite como farsa, esta vez elige ser tragedia y cátedra a la vez. Desde temprano, la plaza muta en feria de ciencias, un despliegue de pizarrones, una respuesta de saberes frente a la oscuridad del relato oficial. Es la universidad de la calle dando lecciones de vida: una respuesta del pensamiento que se niega a ser recluido en un edificio en penumbras.
A pocos metros de la Pirámide, la doctora en Sociología Pilar Fiuza despliega su pizarrón portátil. Se le iluminan los ojos al hablar de su vocación, pero esa luz se vuelve opaca cuando mira el edificio mudo de la Casa Rosada. Dicta Historia del Conocimiento Sociológico frente a pibes que ya no son alumnos, sino protagonistas de la resistencia. A su lado, Laura Estrada, física de Exactas, abre una caja de herramientas de ciencia ficción: láseres y fibra óptica para explicar las cualidades de la luz. Ensaya una metáfora involuntaria en el presente oscurantista. La científica Estrada volvió al país en 2013 con el sueño de devolver lo que la universidad pública le dio; pero esta mañana, con una bronca que mezcla nostalgia y firmeza, denuncia la fuga de cerebros que ya es un éxodo silencioso.
Florencia, jefa de trabajos prácticos en Exactas, escribe “Análisis avanzado” con una fibra negra. El encuadre es violento: de un lado, funciones e integrales; del otro, los carros hidrantes y el uniforme azul de la Federal. La policía no demuestra interés. Mira con una extrañeza casi antropológica los diagramas matemáticos; no entienden que esas fórmulas son la gramática del universo, una lógica que trasciende cualquier decreto de necesidad y urgencia. La belleza del cálculo enfrentada a la fealdad de la macana.
El biólogo molecular Alberto Kornblihtt dicta una clase magistral que convoca a cientos. Recuerda a las Madres de Plaza de Mayo, que dieron cátedra de dignidad frente a esa misma Pirámide, y subraya que el ágora fue siempre el refugio de la inteligencia frente al sablazo presupuestario. Un estudiante levanta un cartel que resume la épica: “La universidad pública enseña, resiste y sueña”. Es una pedagogía de la visibilidad. Frente a un gobierno que quiere una educación sumisa y mercantilista, la plaza responde con la gratuidad de la palabra compartida.
Elián Zamora estudia Filosofía y está sentado bajo la sombra de una palmera flaca. Tiene el rostro curtido por la cuarta semana de una cursada frenada por el ajuste. “Al ministro de Economía le diría que lea mejor a Maquiavelo”, suelta el pibe. “Hablan de El Príncipe como si fuera un posteo de redes sociales, un ‘el fin justifica los medios’ vacío”. La angustia de Elián es más material que metafísica: cobra una beca Progresar de apenas 35 mil pesos. “No me alcanza ni para los apuntes. Tuve que comprar el Leviatán de Hobbes y me salió 40 lucas. La beca no llega a cubrir ni un libro”. El estudiante, como miles, está igual de precarizado que sus maestros. En la Argentina de Milei, leer a los clásicos es un lujo que se paga con el estómago vacío.
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El teléfono suena mientras Joan Manuel Pardo viaja hacia la sala de ensayo. Al otro lado de la línea, el ruido de la calle se mezcla con la urgencia del nuevo disco de Camionero, Pruebas de contacto, que presentarán el 23 de este mes. Pero esta mañana, la métrica que desvela a Joan no es solo la de sus canciones; es la de un país que ve cómo se desangra la educación pública, un goteo incesante que ningún torniquete retórico parece poder frenar. Joan es la voz y la guitarra de un dúo que suena a garaje sucio y desprolijo, una bestia de dos cabezas que completan la batería de Santiago Luis y una ética innegociable: la autogestión como hoja de ruta.
Joan es un converso del sistema. Pasó por la escolarización privada y un amague en Publicidad en la UP antes de patear el tablero. “Un día me pregunté: ‘¿Qué carajo estoy haciendo?’. Me metí en Letras en la UBA y ahí pasé del mundo privado a la educación pública. Descubrí que ahí se respira un compañerismo que en la privada directamente no existe”, suelta con la honestidad de quien ya no tiene que rendir cuentas a la herencia familiar.
La UBA fue su casa por varios años. Egresado de Puan, Joan recuerda que el nuevo edificio de la calle Bonifacio se levantó sobre el sacrificio de una toma histórica en 2010. Por eso, el ataque sistémico del gobierno de Milei le produce un cortocircuito. “Es absurdo que usen la palabra libertad, nadie compra ese verso. La matemática no da. Ver que hoy hay una especie de resignación me duele; nosotros conseguimos un edificio con lucha, pero ahora parece difícil imaginar algo de ese calibre”.
Hace un mes, Pardo dejó de dar clases en secundarias del Conurbano para dedicarse 100% a la banda. Sabe lo que es estar frente al aula donde la motosierra libertaria no es una metáfora, sino una realidad. “¿Cómo enseñar literatura a pibes que piensan primero en comer? Enseñar literatura es siempre inútil, en el mejor sentido: está desencajada de la utilidad. Mi mejor clase fue como en Karate Kid: pulir y limpiar. Los pibes ven la universidad como algo exterior a su historia familiar, pero en la escuela pública surgen lógicas anti-individualistas, anti-capitalistas, de solidaridad, que la hacen resistir”.
Esa resistencia tuvo su clímax el pasado 23 de abril, en el festival frente a la Facultad de Filosofía y Letras. Camionero sacó los parlantes a la calle para ponerle banda sonora al reclamo por la Ley de Financiamiento Universitario. “Fue raro”, confiesa Joan. “Ver a mis ex profesores y a los pibes pogueando me llena. Pero el aporte a la lucha es más espiritual que concreto; es una toma de posición, revalidar y visibilizar discursos. El compromiso del artista es su obra y la obra está comprometida con la sociedad”.
Para el Gobierno, la universidad pública es un “centro de adoctrinamiento” o un “curro”. Joan, que conoce el paño, desarma el discurso oficial: “Es una mentira flagrante. Los profesores trabajan por dos pesos con cincuenta y los pibes hacen un esfuerzo heroico para llegar, para cursar. Es cuestión de que se den una vuelta para ver lo que pasa realmente”.
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A una semana de la Marcha Federal Universitaria, el scroll infinito de las redes sociales escupe postales de una obscenidad simétrica. Mientras el patrimonio de Adorni florece en una chacra con pileta climatizada, cascadas y asadores pagados en el negro más absoluto, el presupuesto de los hospitales universitarios entra en estado de rigor mortis. En la UBA, el congelamiento de partidas es un jaque mate a la red asistencial que atiende a 700 mil pacientes al año. De los 80 mil millones previstos para salud en 2026, el gobierno de Milei no ejecutó un solo peso al cerrar el primer cuatrimestre. La motosierra, que se promocionó como herramienta quirúrgica contra los privilegios, terminó siendo un hacha que corta el suministro de oxígeno en los centros de salud.
“La administración está incumpliendo su propio Presupuesto. No es un conflicto administrativo; es una crisis sanitaria”, advierten las autoridades de la UBA en conferencia de prensa. El aire en los pasillos de Medicina huele a desinfectante barato y a una tensión que se corta con bisturí.
Llamo a Juan Martín Agosti. Tiene 26 años y los nervios curtidos por las guardias. Se recibió de médico el año pasado y, mientras estudia para ingresar a la residencia en cardiología, desanda el camino de su militancia. En 2020 fundó Somos Libres en la Facultad de Medicina. Agosti es un hijo dilecto de la clase media porteña, educado en colegios privados donde la política era un rumor lejano, casi una mala palabra. Quiso ser periodista, pero terminó buscando la verdad en la anatomía humana.

“Empecé a hacer política en 2015, con la asunción de Macri”, dice. Para Juan Martín, Cambiemos fue la oportunidad de “terminar” con el kirchnerismo. Pero en el medio pasaron cosas, y su fe se mudó al anarcocapitalismo.
Construir una orga liberal en el corazón de la educación estatal parece una misión suicida, pero Agosti tiene otros datos. “En Medicina o Derecho no somos minoría. Lo que pasa es que el militante kirchnerista sale a gritar y el nuestro no dice nada, parece que no existimos”, afirma. En 2022 plantaron su primera mesa física. Pagaron el derecho de piso de la vieja política universitaria: mesas rotas, mensajes agresivos, el hostigamiento de un reformismo que los mira como un virus exótico. En el presente ya son 100 voluntarios que creen que la libertad avanza, incluso entre cadáveres para disección y libros de fisiología.
Agosti es ayudante de primera en Histología e Inmunología. Cobra, como todos, el salario del miedo. No ignora que su sueldo es un insulto a la formación académica, pero su diagnóstico es dogmático: “El salario docente es bajo hace años. El Estado tuvo que aplicar un plan de ajuste porque veníamos de una inflación del 300 por ciento. Hay que analizar el porqué”.
Para Juan Martín, la bronca de sus colegas es una cuestión de etiquetas ideológicas. “Cuando estaba Macri había paros; con Alberto Fernández, con los mismos problemas y salarios bajos, no había quejas. Entra a jugar la ideología”, sostiene. Para el joven médico, la solución no es “pedir plata”, sino que la universidad aprenda a gestionar su propia escasez.
Cuando le pregunto por las becas que se evaporan y los estudiantes que empiezan a elegir entre el apunte o el almuerzo, Agosti se refugia en la esperanza del largo plazo. “El presidente dice que a largo plazo las políticas van a rendir sus frutos. En el medio, tenemos estos problemas”. Su lógica es una flecha lanzada al futuro: cree que la movilidad social ascendente de la UBA es un mito del siglo pasado y que las reformas de Milei son las que finalmente permitirán que los sectores bajos lleguen a la universidad.
Sobre la Marcha Federal, su postura es un equilibrio precario. Agosti dice que defiende la universidad pública y gratuita, pero se niega a caminar junto a lo que considera el “engaño” de la oposición. “Ver a Kicillof o a las Madres de Plaza de Mayo hablando de la UBA es ridículo. Esto no es un partido de fútbol. Nosotros no queremos cerrar la UBA, queremos auditorías”, sostiene mientras se prepara para faltar a la cita masiva del 12 de mayo. “Yo no voy a ir”.
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“No puedo faltar, soy un hijo de la universidad pública”, dice Federico Servini, docente de la Facultad de Ciencias Astronómicas. El profesor cuenta que es un sobreviviente del vaciamiento: graduado en Diseño Industrial, magíster en Marketing y doctor en Ciencia y Tecnología. Tantos pergaminos acumulados para terminar cobrando una miseria que lo obliga a hacer malabares. “No llego a fin de mes. Mis colegas andan haciendo Uber o changas para subsistir”, revela. Como docente de Gestión de Proyectos e Innovación, su diagnóstico sobre el Ejecutivo es lapidario: “El Gobierno hace todo lo que no hay que hacer; te destruyen. Pero acá estamos. Por ahí somos una gota de agua, pero la lluvia siempre moja el campo para la cosecha”.
La marea es total. Profesores, auxiliares, estudiantes, egresados y familias enteras que se niegan a ser un número en el Excel. Una piba pasa con una remera que lleva el sello histórico de la UBA: “Argentum virtus robur et studium”. El lema en latín es un conjuro: “La virtud argentina es la fuerza y el estudio”.

Cerca del escenario, Ricardo Paulín, de 76 años, levanta temperatura. Jubilado, tiene tres hijos estudiando en la pública y, por si fuera poco, cursa la carrera de Derecho. Es un estudiante crónico de la dignidad. “Nunca vivimos algo así, el Gobierno no para de ajustar y el pueblo está repodrido”. Para Paulín, la educación paga es el fin del sueño de sus hijos. “Pensar, ser libres, ser críticos… todo eso te lo da la universidad. Esta es una demostración de que el pueblo se junta para pelear por lo que es justo”. Le pregunto por Adorni, que quizás espía la plaza desde algún rincón de la Rosada. Ricardo niega con la cabeza: “No le diría nada. Esa gente no siente, son egoístas. Solo piensan en ellos y en los poderosos”.
“Sean eternos los laureles, que supimos conseguir…”. El Himno Nacional suena en una Plaza de Mayo que ya es un solo puño. Desde el escenario, la exigencia es clara: que la Corte Suprema deje de dormir la siesta y ordene al Ejecutivo que cumpla la Ley de Financiamiento. ¿Será justicia?
La noche empieza a irrumpir con su manto gris sobre Buenos Aires y la marea humana inicia una desconcentración lenta, en procesión laica. John Suárez, estudiante de Medicina, emprende el regreso a La Plata con el cansancio metido en los huesos. Pero antes, el futuro doctor se acerca a las vallas de la Casa Rosada y deja un cartel de cartón, un pliego de condiciones clavado en el hierro para que lo lea el poder sitiado por su propia ceguera: “La lucha es un poema colectivo”.
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Pearl Jam have booked their first gig since the departure of longtime drummer Matt Cameron last summer after 27 years behind the kit. The band will take the stage with an as-yet-unannounced time keeper at this year’s Ohana Festival in Dana Point, Calif., which will take place from Sept. 25-27.
The 10th anniversary edition of the event founded by PJ singer Eddie Vedder will feature performances by PJ and Eddie Vedder and Friends, as well as Mexican rock legends Maná, Tyler Childers, Alabama Shakes, Fontaines D.C., Billy Idol, Pixies, Rilo Kiley, Jon Batiste, Bad Religion, Courtney Barnett, the reunited Sugar and more.
Ten Club ticket pre-sales are open now, with fans encouraged to sign-up now for a presale code for the general presale kicking off on Thursday (May 14) at 12 p.m. PT, followed by a public on-sale at 12 p.m. PT if any tickets remain; click here to sign up for the presale.
More than 30 bands will take to the three stages on Doheny State Beach, including Midnight Generation, Otoboke Beaver, Men I Trust, Stephen Wilson Jr., The Front Bottoms, Alice Pheobe Lou, Marlon Funaki, Ellery Harper, The Format, Tom Odell, Ecca Vandal, Horsegirl, Villanelle and more.
Pearl Jam announced last July that Cameron was stepping away after more than a quarter century with the group. In a statement, former Soundgarden drummer Cameron wrote, “After 27 fantastic years, I have taken my final steps down the drum riser for the mighty Pearl Jam. Much love and respect to Jeff [Ament], Ed [Vedder], Mike [McCready] and Stone [Gossard] for inviting me into the band in 1998 and for giving me the opportunity of a lifetime, filled with friendships, artistry, challenges and laughter. I am forever grateful to the crew, staff and fans the world over. It’s been an incredible journey. More to follow. I thank you all from the bottom of my heart.”
Check out the full lineup for the 2026 Ohana Festival below.
Universal Music Group is expanding its work in the mental health and wellbeing spaces through new partnerships with Amber Health and Project Healthy Minds.
Through a combination of partnerships and programs, announced today (May 13) by the music giant, UMG intends to improve access to care within its creative community.
By partnering with Amber Health, UMG’s artists and songwriters in North America will have 24/7 access to a range of mental health services, including clinical expertise, including crisis response, care planning, and specialized referrals. Also, UMG will work with the organization to provide additional behavioral health support to the music major’s employees in the United States and Canada, which will include access to expanded mental health support and resources.
Additionally, UMG signs up as a founding member of Project Healthy Minds’ workforce mental health research initiative, becoming the first music company to do so. Through that alliance, UMG cements its commitment to the development of a standardized framework to measure workforce mental health and its correlation with organizational performance, a statement reads. Through a collaboration with academic partners, including Harvard Business School, this project is meant to establish data-driven benchmarks and inform best practices across industries.
“Through our strategic partnerships with organizations like Amber Health and Project Healthy Minds — and our continued investment in groundbreaking programs like Music Health Alliance’s Music Industry Mental Health Fund,” says Susan Mazo, UMG’s chief impact officer, in a statement, “we are working to redesign how our industry supports wellbeing. Our focus is on expanding access to care, reducing stigma, and ensuring that our artists and songwriters, employees, and the broader music community have the resources they need to thrive.”
The partnership, notes Dr. Chayim Newman and Zack Borer, co-founders at Amber Health, represents “a real shift in how labels support their artists. Together with UMG’s corporate and label leadership, we’re embedding quick access to specialized mental health care directly into the labels’ infrastructure, making it proactive rather than an afterthought. We couldn’t be prouder of this work, or the message it sends to the rest of the music industry.”
Adds Phil Schermer, founder and CEO, Project Healthy Minds: “Music has always been a vehicle for mental health conversations and now Universal Music Group is bringing that same honesty inside its own walls. When a company of UMG’s reach commits to this, the whole industry pays attention.”
UMG turned talk into action in February 2025, by partnering with Nashville-based non-profit Music Health Alliance on the Music Industry Mental Health Fund, which provides comprehensive, high-quality outpatient mental health resources for music industry professionals across the United States. That alliance builds upon the healthcare access program launched by UMG and MHA in April 2021.
Also last year, UMG and Apple Music globally launched Sound Therapy, a wellness collection designed to help listeners reach for clearer focus, deeper relaxation, and better sleep.
Thanks to isolation, travel, late nights and other factors, creatives and the industry professionals that support them are often at the frontline when it comes to mental health issues. The struggles are real. A study by Swedish digital distribution platform Record Union, published in 2019, prior to the pandemic, found that upwards of 73 percent of independent music makers reported the symptoms of mental illness. Separately, the Mental Health and Wellbeing Survey 2024, released by Australia’s music industry charity Support Act, found that 53.5% of Australian music and creative workers face high or very high psychological distress, with north of 68% citing high cost of living as a major issue.
UMG continues to work with existing longstanding partners including Mental Health Coalition (MHC) to highlight the resources and research-backed ways that music can support mental health.
The late, disgraced Australian entertainer Rolf Harris is the subject of a new two-part documentary, commissioned by the Australian Broadcasting Corporation.
The film, Rolf Harris: Primetime Predator, will debut Tuesday, June 9, and will feature interviews with survivors who’ve never before spoken publicly of his crimes. The series is said to capture the full story of Harris’ double life, charting his rise from suburban Perth, Australia to the heights of fame and influence in the United Kingdom, while revealing the pattern of abuse that unfolded behind the scenes for decades.
Prior to his downfall, Harris was a popular figure on TV, the airwaves, and charts across the U.K., the U.S. (“Tie Me Kangaroo Down, Sport” hit No. 3 on the Billboard Hot 100 in 1963) and his homeland, Australia. In the mid-2000s, he was once commissioned to paint Queen Elizabeth II, a sitting that was turned into a documentary.
His U.K. chart hits included “Two Little Boys” (Columbia), which has the distinction of being the very last No. 1 in that market in the 1960s. “Tie Me Kangaroo Down, Sport” reached No. 9 in the U.K. back in 1960, and he had a No. 3 hit with “Sun Arise” in 1962. Decades later, in 1993, he enjoyed another U.K. top 10 appearance, when his cover of “Stairway to Heaven,” a spin-off from the Australian TV show Money or the Gun, reached No. 7.
Harris’ spectacular fall from grace began in 2013, when he was questioned and arrested police under Operation Yewtree, the investigation into sexual abuse among members of the English media elite, including the late Jimmy Savile. Following a trial in 2014, Harris was found guilty of various indecent assaults on women and young girls between 1968 and 1986, and was sentenced to five years and nine months in prison. He was released in 2017, but denied any wrongdoing and never issued an apology to his victims.
He died in 2023 at the age of 93. “In the years since, the silence that once protected him has begun to lift,” reads a statement from the ABC, announcing the new series, which “gives voice to those who were previously unable to, as they share their experience on their own terms.” Harris’ death “has finally lifted a veil of fear once cast by this powerful figure, and survivors who long feared retribution are at last able to speak.”
Prior to the Yewtree investigation, Harris moved within the highest circles in Britain, his adopted home. Along the way, he was named as Officer of the Order of the British Empire (OBE), a Member of the Order of the British Empire (MBE) and a Commander of the Order of the British Empire (CBE).
It was a similar scenario in his country of his birth, where Harris was appointed an Officer of the Order of Australia (AO) and was inducted into the ARIA Hall of Fame. ARIA has since scratched his name from the record books.
Rolf Harris: Primetime Predator will air 8.30pm AEST on ABC TV, with both episodes available to stream on ABC iView.
U2 is back on the streets, this time in Mexico City where the legendary Irish rock band is shooting a new music video.
Bono, The Edge, Adam Clayton and Larry Mullen Jr. were snapped in the Mexican capital where they’re shooting a music video for the new track, “Street of Dreams,” lifted from their yet-to-be announced next studio album, due for release later in 2026.
The Rock Hall-inducted band was spotted Tuesday, May 12, rocking out on top of a school bus, graffitied by local artist Chavis Mármol, with hundreds of fans gathered for the special event.
It’s not the first time U2 has brought the streets to a standstill. In the late ’80s, the group famously recaptured the spirit of the Beatles’ “Get Back” with a performance on a rooftop in downtown Los Angeles, footage of which appears in Meiert Avis’ music video for “Where the Streets Have No Name.” The clip went on to win the Grammy Award for best performance music video at the 31st Annual Grammy Awards, and its parent album, 1987’s The Joshua Tree, was a monster, confirming U2 as a hitmaker, a stadium act and, without argument, the biggest band of its time.
This week also sees Mexico City host the 2026 Street Child World Cup, with 30 teams from across the globe in town for this year’s tournament that kicked off May 6, and wraps up this Thursday, May 14. “It’s a little NGO with a big kick for kids with all of the talent and none of the access,” chimes in U2 drummer Mullen. “Our band are proud supporters.”
U2’s next album is the followup to 2023’s Songs of Surrender, which debuted at No. 5 on the Billboard 200 and No. 1 on the Official U.K. Albums Chart.
The group has been notably active of late, and with the release in April of the Easter Lily EP, Bono shared an update on that next record. “We are in the studio, still working towards a noisy, messy, ‘unreasonably colourful’ album to play LIVE… which is where U2 lives. We still look to vivid rock n roll as an act of resistance against all this awfulness on our small screens. These are for sure ‘wilderness years’ for so many of us looking at the mayhem out there in the world,” the singer explained in a written statement.
The Dublin fourpiece “will attempt hoopla and fanfare at a later date to remind the rest of the world we exist but in the meantime,” Bono continued, “this is between you and us.”
U2 has landed 34 songs on the Billboard Hot 100, including two leaders, along with eight No. 1s on the Billboard 200 chart. Induction into the Rock And Roll Hall of Fame came in 2005. U2 had the honors of being the first band to play the Sphere in Las Vegas, which they inaugurated in September 2023 with the residency, U2:UV Achtung Baby Live at Sphere.
