No sería errado afirmar que Amarga Navidad, la película más reciente de Pedro Almodóvar, termina de coagular las características definitorias de su período tardío. Una vez más se retoma la cuestión de la impermanencia y la degradación de los cuerpos, y nuevamente se contrarresta la densidad del asunto con el despliegue de juegos metaficcionales y operaciones lúdicas. El lugar que antes ocupaba el exceso está ahora habitado por una mirada más contemplativa, lo que no quiere decir que la desfachatez haya desaparecido; más bien, migró a la manera en que Pedro encara la estructura de su narración, brincando en la línea difusa que separa la realidad de la ficción.
Pero la película también cristaliza algo parecido a una nueva troupe almodovariana: es la conformación de un nuevo conjunto de actores fetiches para él. El elenco está mayormente compuesto por intérpretes que tuvieron su primera oportunidad en Dolor y gloria y Madres paralelas. Uno de ellos, claro, es Leonardo Sbaraglia, que en apenas unos minutos de pantalla dejó una marca indeleble en toda la obra de Pedro. Tanto es así que él terminó convocándolo para protagonizar Amarga Navidad, otro autorretrato sobre la stasis creativa y cómo sobrellevarla.
Esta no es tu primera colaboración con Pedro Almodóvar: ya habían trabajado juntos en aquella escena increíble de Dolor y gloria. ¿Qué tan distinto fue el proceso creativo de Amarga Navidad?
Hay una especie de diálogo entre Dolor y gloria y esta película. El propio Agustín Almodóvar me decía: “Seguramente los cinéfilos seguidores de Pedro van a hacer algún tipo de análisis de por qué estabas ahí y ahora acá”. Pero, más allá de ese lenguaje que puede estar teniéndose, creo que toda persona que se dedica al cine o la actuación siente a Almodóvar como alguien cercano, alguien que habla de uno mismo. Indistintamente del tema, hay algo en la humanidad que transmite que es como si desnudara algo que buscamos esconder, tal vez un dolor o una duda. Ha hablado por todos nosotros a través de muchísimas décadas, entonces no sé exactamente dónde empieza o termina esa relación. Y además, en mi caso, empezó antes de Dolor y gloria porque llegué a tener algunas entrevistas con él para La mala educación. Lo que sí creo es que Dolor y gloria fue una participación más orgánica para mí, en el sentido de que era un personaje que yo sentía más cercano por esa ternura y luminosidad que Pedro necesitaba. Acá era todo lo contrario: necesitaba a alguien seco, duro, escondido detrás de sí mismo, que espía agazapado la vida de los otros. Lo primero que me dijo fue que quería autoficción y no un retrato amable. En Amarga Navidad hay un alter ego del alter ego, y al mismo tiempo está Almodóvar detrás de ese alter ego y también nosotros, los actores.
Mencionás el componente de autoficción en Amarga Navidad, y lo interesante de poner estas películas en diálogo es que en Dolor y gloria encarnabas al agente externo que despabilaba al protagonista de su entumecimiento, mientras que acá te toca a vos ponerle el cuerpo a un personaje que está escindido de su propia creatividad.
Yo creo que Amarga Navidad es una especie de juego de espejos donde todos nos estamos mirando. Hay una ventana que es la vida y otra que es la manera de observarla; y en el medio aparece un espejo donde el actor se reconoce en el personaje pero es al mismo tiempo el actor. Almodóvar dice en muchas entrevistas que lleva a sus actores al límite, y es en ese límite donde encuentra a sus personajes: en la tensión entre el personaje y el actor.
¿Cuál fue ese límite para vos? ¿Te reveló algo el proyecto sobre vos mismo?
La primera tensión fue la de estar entre profundamente agradecido y honrado de estar trabajando para él y perteneciendo a su mundo durante meses y, al mismo tiempo, sentir una enorme autoexigencia. Yo soy muy autoexigente y él es muy exigente, entonces ahí aparece una fricción y un juego en el que uno tiene que responder a cosas que, en el momento, parecen imposibles de lo abstractas que son. “No quiero que muevas tal músculo”. Él quiere que hables de una manera determinada, y que te muevas o no te muevas de una manera determinada. No quiere cosas coloquiales. No quiere que aparezcan elementos cotidianos o que no tengan que ver con su universo.
Amarga Navidad versa sobre un director que empieza a usufructuar la vida de las personas que lo rodean. Supongo que ahí hay un paralelo con el oficio de un actor que tiene que interpretar una versión construida de otro. ¿Podés identificar dónde termina él y dónde empieza la construcción?
Él te dice el texto tal como quiere que lo digas, y cuando lo hace le encontrás sentido. El tema es que puedas agarrarlo. En relación a tu pregunta: sí, el actor está voraz de captar cosas. Más de una vez me encontré investigando obsesivamente a los personajes que iba a interpretar. En este caso era distinto, porque lo tenía en frente y porque he visto miles de entrevistas suyas. Él mismo se ofrecía a esa mirada. Me decía: “Pregúntame lo que quieras”. En un momento le pregunté por qué me había elegido a mí. Se sorprendió con la pregunta, y dijo: “Bueno, porque me parece que tienes la edad, el físico, que eres muy buen actor”. La argentinidad era lo que menos me preocupaba. De todas maneras no hay ninguna “ye” en la película.
Quería volver a tu escena en Dolor y gloria. ¿Qué recordás de ese día en el set?
Contrariamente a lo que pasó en Amarga Navidad, esa escena la ensayamos poco porque él ya la veía con claridad. Creo que por eso fue más fácil. Lo que yo le daba ya le gustaba. Esta vez no le gustaba lo que yo le daba, entonces había que ir encontrándolo. Pero en ambas instancias tuve la suerte de trabajar con compañeros increíbles, Aitana Sánchez-Gijón y Antonio Banderas. Enseguida nos entendimos. Lo primero que tuve que hacer en Dolor y gloria fue abrir el ascensor y encontrarme a Antonio. Ese mismo día llegamos a lugares que ninguno de los dos imaginaba alcanzar tan rápido. Al segundo día, cuando filmamos la gran escena entre los personajes, ya estaba completamente desplegado ese vínculo. Fue un día hermoso. Además tengo una anécdota muy linda de ese rodaje. Mientras filmábamos esa escena, Pedro me preguntó si había visto Call Me by Your Name. Tiempo después, cuando me lo encontré a Luca Guadagnino en el Festival de Venecia, me habló justamente de Dolor y gloria y esa escena. Le dije que estábamos hablando de su película mientras filmábamos la nuestra. Todo adquirió una especie de circularidad muy hermosa.
Tu mamá es profesora de actuación, y desde La Noche de los Lápices hasta Amarga Navidad pasaron literalmente cuarenta años. ¿Qué aprendiste o tuviste que desaprender en esta vida abocada al oficio actoral? ¿Cambió mucho tu método? ¿Detectás momentos bisagra en tu carrera que te hayan hecho repensar la actuación?Creo que lo que más fui ganando con los años fue aprender a no tomarme tan en serio. No porque eso implique trabajar menos sino fundamentalmente por miedo e inseguridad. Creo que casi todos los actores somos muy inseguros. En mi caso, durante mucho tiempo me aferré a ciertas obsesiones por esa inseguridad y eso me hizo perder un poco de plasticidad, pero la vida te va cocinando. Yo siento que en muchos aspectos empiezo de nuevo con cada proyecto que encaro. Ahora estoy por filmar una nueva película con Damián Szifron, y es un nuevo comienzo porque voy a trabajar con uno de los directores que más admiro en el mundo. Estoy queriendo darlo todo, pero tampoco tuvimos muchos encuentros porque esa es la dinámica de Damián, así que supongo que nos encontraremos sobre todo en el set, trabajando con la cámara encendida. Tengo que hacer un concertista de piano, así que estoy estudiando con el instrumento. Cada personaje te ofrece un mundo y te viene a iluminar como persona y como actor. Hay algo en estos elementos nuevos que te enseñan a iluminar toda esta parte de atrás que no estaba iluminada. Por eso digo que es como empezar de nuevo. Cuando me tocó hacer de Menem, dije: “¿Cómo me están ofreciendo esto?”. Es empezar siempre de nuevo y aprender a nutrirte de herramientas que no tenía. Es un proceso decir: “¿Cómo es actuar?” y después reconocer que no tenés idea por fuera de aprender el texto. Como quiebre personal te podría señalar Plata quemada. Caballos salvajes también. Marcelo Piñeyro fue un gran facilitador de quiebres, rupturas y nuevos lugares. Haber ido a España fue un momento bisagra y volver a Argentina también, tanto personal como actoralmente. Menem también. Con Almodóvar tenés que desaparecer en el personaje y convertirte en alguien que obedece a otra lógica. Con El otro hermano de [Israel Adrián] Caetano también me pasó. Son personajes donde tuve que renunciar a hacer pie. Es un trabajo difícil porque tenés que renunciar a vos mismo y dejar de verte en el espejo. Descartes tiene un trabajo filosófico sobre el oficio del actor que data del siglo XVII y habla precisamente de los espejos, del desdoblamiento, de los escenarios en los que uno está. Me gustaría algún día escribir algo sobre eso.
The post Leonardo Sbaraglia: “Almodóvar me pidió autoficción y no un retrato amable” appeared first on Rolling Stone en Español.
Bruce Springsteen volvió a demostrar que su enfrentamiento con Donald Trump excede las declaraciones aisladas. El miércoles por la noche, en el Nationals Park de Washington D.C., el Boss se despachó con mensajes directos contra la Casa Blanca y una puesta cargada de referencias al clima social y electoral de Estados Unidos.
Según consignaron medios locales, Springsteen arengó al público durante varios pasajes del recital y lanzó una frase que rápidamente se viralizó: “Let ’em hear you in the f—in’ White House!” (“Que nos escuchen en la Casa Blanca”), en referencia a la cercanía del estadio con el centro político de Washington.
El concierto formó parte de la gira Land of Hope and Dreams, presentada por Springsteen desde el inicio como una respuesta explícita al regreso de Trump al poder. Desde el debut del tour en Minneapolis, en marzo, el músico viene utilizando sus shows para denunciar políticas migratorias, cuestionar el accionar del gobierno y advertir sobre lo que considera una amenaza a las instituciones democráticas.
Springsteen interpretó “American Skin (41 Shots)” y “Streets of Minneapolis”, dos canciones atravesadas por denuncias sobre violencia y racismo. También volvió a apuntar contra la administración Trump, a la que describió en distintos tramos de la gira como “corrupta”, “autoritaria” y “peligrosa para la democracia”.
The Washington Post directamente definió el recital como “un acto de resistencia” y señaló que Springsteen prometió generar todavía más “ruckus” —caos o agitación— antes de las elecciones legislativas de medio término previstas para noviembre.
El Boss formará parte del festival Power to the People, que se realizará el 3 de octubre en Maryland y reunirá a artistas como Foo Fighters, Dave Matthews, Joan Baez, Tom Morello y Brittany Howard. Parte de lo recaudado será destinado a organizaciones vinculadas al derecho al voto y la participación ciudadana.
The post Bruce Springsteen desafió a Trump en Washington: “Que nos escuchen en la Casa Blanca” appeared first on Rolling Stone en Español.
Llevar con orgullo nuestro canto. Durante las últimas décadas, el amor por nuestras músicas y cantos ha crecido de manera sustancial. Artistas como Carlos Vives, Adriana Lucía y Fonseca han entrelazado los sonidos del folclor con elementos más modernos y han logrado resaltar la música colombiana alrededor del mundo.
Pero, ¿qué tanto reconocimiento les damos a los lugares donde nacen esos sonidos del folclor que nos representan globalmente? ¿Por qué seguimos mirando de forma peyorativa a las personas que nacen y crecen en los pueblos? Justamente, en respuesta a esas y otras preguntas similares, es que Adriana Lucía lanza ‘Pueblerina’, una canción que exalta el amor por el pueblo y todo lo que representa para nosotros. Porque la raíz que nos hace colombianos no está en las grandes ciudades: está en las periferias, en esos lugares en los que, como dice Iván Benavides: “Tengo la posibilidad de mirar el mundo con asombro, de descubrir la belleza en las periferias. Estoy convencido de que las grandes innovaciones no vienen de las ciudades ni de las academias, sino de los márgenes”.
Acabas de lanzar ‘Pueblerina’ hace poco. ¿De dónde nació esta canción?
Llevo varios años con esta idea sobre lo que significa ser de pueblo. En Bogotá, donde confluyen personas de todas partes, es inevitable escuchar términos como “provinciano”, “pueblerino” o expresiones como “regrésese para su pueblo”. Pero, pese a todo eso, yo amo a Bogotá y siempre me he preguntado por qué hay gente que ve el hecho de regresar al pueblo, o ser de pueblo, como algo malo. La próxima vez que alguien me diga: “Regrésese a su pueblo”, le voy a responder que eso me encantaría [risas].
Esa percepción de la palabra “pueblerino” como algo negativo me ha venido taladrando durante los últimos años. Entonces empecé, durante los conciertos, con un discurso que decía: “Esta canción va dedicada a todos los pueblerinos del mundo”, y la gente se ponía feliz. Había una gran aceptación, no solo en los pueblos, sino también en las ciudades. Ahí empecé a pensar cómo convertir ese discurso en una canción.
La canción se llama ‘Pueblerina’, pero algo curioso es que en ningún momento digo esa palabra. Es la historia de una pueblerina que tiene una pareja, y lo que más me gusta es cuando ella le dice a él: “Ya voy a mitad de camino acordándome de ti / De cuando tú me decías: tú no eres de por aquí / Decías que eso te gustaba y ahora me vas a decir / Que no vaya pa’ mi pueblo, pues me voy contigo o sin ti”. Esa parte me gusta mucho porque todo el mundo empieza diciendo: “Ay, tan lindo como hablas”, “qué chévere tener un pueblo para pasear”, y después dicen: “Qué pereza irse para ese pueblo”. Por eso, esa parte de la canción me encanta.
Tengo un gran orgullo por ser pueblerina. Yo, como mujer Caribe que soy, y ahora que mi región está tan de moda, quisiera recordar cómo a Lucho Bermúdez al inicio le decían que su música era “para negritos”, o cómo a Totó la Momposina, tras su muerte, todo el mundo le mostró admiración, pero antes le decían que lo que hacía era “bulla”. Entonces siempre me he preguntado cómo hacer entender a la gente que Colombia es un país de regiones, pero que tenemos muchísimas similitudes y no deberíamos centrarnos tanto en las diferencias. Me he dado cuenta de que los campesinos y los pueblerinos de todas las regiones nos parecemos mucho: tenemos los mismos códigos, confiamos en la palabra, en las encomiendas, en pasear por el pueblo.
Yo tengo la percepción de que las periferias y los pueblos son los que, en realidad, tienen esa raíz que nos hace colombianos.
Totalmente. Me encanta eso que dices, es la primera vez que un periodista me lo plantea así.
Hay cosas evidentes que vienen del campo: la fruta, las verduras… pero para la gente no es tan evidente que la poesía y el folclor también brota del campo. Los fundamentos —no solo en Colombia, sino en el mundo entero— vienen del campo. El blues, el soul e incluso el rock & roll tienen un origen profundamente campesino, profundamente pueblerino. Y ahí hay algo curioso: nosotros, para creernos chéveres, necesitamos que alguien más venga a decirnos que lo somos.
Yo me veo reflejada en Bad Bunny. Ambos hacemos parte de ese gran Caribe, y los campesinos de él seguramente son iguales a los míos. Y ese campesino también se parece al antioqueño, porque aunque Antioquia se considere un departamento montañoso, con el carriel como símbolo, ellos también tienen Caribe: cantan bullerengue y tienen una comunidad afro muy poderosa. Pero esa parte muchas veces es invisibilizada por los mismos antioqueños. Y lo digo porque, al final, somos mucho más parecidos todos los pueblerinos de lo que uno se imagina.
Bogotá, esta ciudad tan inhóspita, donde parece que cada quien tuviera que salvarse como pueda, hace que los pueblerinos amemos más a nuestros pueblos. Porque muchas veces el pueblerino no ama realmente a su pueblo hasta que se va. Bogotá despierta lo que yo llamo “la teoría de la yuca”: cuando yo vivía en mi pueblo no me gustaba para nada la yuca, pero cuando empecé a vivir en Bogotá, empecé a extrañar hasta la yuca.
El video de la canción es hermoso porque yo fui a este pueblo —Nariño o Nariño Gallinazo, cerca de Lorica— a entregar ayudas durante una inundación. Y todavía conservaba una arquitectura y una esencia muy de pueblo, porque con el paso de los años muchos pueblos han ido perdiendo identidad. En ese momento me parecía inmoral hablar de grabar un videoclip en medio de la inundación, pero les dije que cuando bajara la marea regresaríamos para hacerlo allá.
Cuando llegamos a grabar, nadie se lo esperaba. Y yo no quería que la gente apareciera posando, como pasa a veces cuando los creadores de contenido entregan mercados y convierten todo en espectáculo. Al final logramos un video hermoso, lleno de simbolismos: las gallinas, el pavo, las casas, los techos, la bicicleta… y que la gente se vistiera como normalmente lo hace. Quitamos muchos clichés y mostramos la realidad.
Algo muy bonito fue que, en el video de expectativa, cuando le preguntábamos a la gente “¿quién eres?”, respondían: “soy hijo de la señora que vendía carimañolas”, o cosas por el estilo. Y eso demuestra cómo la identidad de cada persona está profundamente ligada a su familia y cómo cada familia le aporta algo a la comunidad. Recorrimos varios pueblos durante la grabación del videoclip.

¿Qué nos puedes contar de este nuevo proyecto que inicia con ‘Pueblerina’?
Más que una canción, es el hilo conductor de todo lo que viene. Es la piedra angular de esto que estamos construyendo: reivindicar el orgullo de ser de pueblo.
Es una canción que combina afrobeat con cumbia y que tiene un elemento muy especial: la flauta de millo, un instrumento hecho con las cañas que brotan del campo y que, para mí, se entrelaza perfectamente con esta canción moderna, en la que experimentamos mucho con los beats y con la búsqueda de que sonara tanto a cumbia como a afrobeat. Porque el afrobeat ha estado presente desde siempre en el Caribe y en las Antillas, pero el simple hecho de compartir territorio no significa necesariamente que conecte con la cumbia. Entonces fue un experimento muy bonito poder entrelazar estas dos músicas.
Lo que viene es preservar la esencia sin negarme a los tiempos de ahora. Parte de mi misión en la vida es conectar generaciones y conectar al campo con la ciudad. ‘Pueblerina’ es la puerta de entrada a un universo que apenas comienza.
Acaba de morir Totó la Momposina. Cuando hablamos de tu último disco también hablamos de lo que significó para ti cantar ‘La candela’. ¿Cuál crees que es el gran legado que dejó y qué nos puedes contar de ella?
Fue hermoso haber podido rendirle homenaje en vida, haber grabado ‘La candela’ y, mucho antes, ‘La piragua’. He cantado junto a los tambores de Totó en Mompox y compartí tarima con ella en su último concierto.
Totó la Momposina es la gran matriarca, la gran arquitecta de nuestra identidad colombiana; una mujer profundamente valiente. Ella hizo popular la música del pueblo, la música del agua que viene del río. Fue una de las grandes responsables de construir esa identidad colombiana desde la música, y además cantó boleros, baladas… era una genia.
Cuando yo nací, ella ya estaba grabando un disco en Inglaterra. Hizo siempre lo que quiso y fue una fuerza noble y rockanrolera sobre el escenario. Es totalmente irremplazable y nos dejó un compromiso enorme: mantener vivo ese legado de identidad colombiana, entender cómo sonamos, reconocer los golpes de tambora, la cumbia, el bullerengue, los bailes cantados… una maestra en todo el sentido de la palabra.
Hablando de eso, ¿cómo ves el futuro del folclor?
Soy una persona positiva y creo mucho en las nuevas generaciones. Y, hablando de eso, odio la expresión “generación de cristal”, entre otras cosas porque tengo un hijo.
Veo a muchos jóvenes realmente interesados en aprender sobre el folclor, en investigarlo y entenderlo. También veo que es un camino difícil y que no es tan romántico como a veces parece. Los medios tradicionales suelen mirar el folclor desde la apreciación, pero no siento que exista un verdadero trabajo de continuidad. En cambio, sí veo a muchos medios independientes haciendo cosas muy valiosas con nuestras músicas. Los medios tienen que dejar de mirar el folclor desde una perspectiva contemplativa y paternalista, y empezar a involucrarse realmente con la cultura.
La música es un elemento cambiante y, aunque hay muchas personas haciendo música desde lo estrictamente tradicional —lo cual me parece fantástico—, también hay pelados a los que les encanta fusionar y están haciendo cosas muy interesantes. Pero siempre partiendo del conocimiento y del respeto por las raíces.
En un mundo cada vez más homogéneo, saber quiénes somos y cómo sonamos también se convierte en una forma de ser disruptivos.
The post Adriana Lucía: el orgullo de ser pueblerinos appeared first on Rolling Stone en Español.
Para Manuel Turizo, la esencia de la música no está en seguir fórmulas para pegarse ni en encerrarse dentro de un solo sonido. Por el contrario, el cantante colombiano ha entendido —a lo largo de más de 10 años de carrera— que hacer música con identidad propia pasa principalmente por permitirse probar cosas diferentes, encontrar nuevas formas de conectar con la gente y mantenerse en constante exploración de distintas corrientes musicales regionales, nacionales, e incluso internacionales.
Esa filosofía atraviesa Apambichao, su más reciente álbum de estudio y un trabajo donde el Caribe colombiano, desde sus sonidos hasta su cultura, conviven con el pop, el reggaetón e incluso con la música mexicana. “No está en mi esencia probar las mismas cosas y hacer proyectos homogéneos”, asegura Turizo, quien entiende su carrera artística como un proceso permanente de aprendizaje.
En una conversación exclusiva, Turizo habló sobre el proceso creativo detrás de este último lanzamiento, la manera en que entiende la música, la mezcla de géneros que atraviesa el proyecto y hasta el uso de inteligencia artificial dentro del proceso creativo de canciones como ‘Intro: Viene el Apambichao’.

“He intentado vivir este camino literalmente como un estudiante. Uno nunca termina de aprender ni de saber todo lo que puede dar. La tarea siempre es entrar al estudio y preguntarse qué no has hecho todavía, qué otra cosa puedes aprender o qué más puedes ofrecer en la música”, explica Manuel, quien entiende la música como un proceso de descubrimiento permanente.
En medio de una industria cada vez más marcada por las tendencias virales y la inmediatez, el colombiano asegura que su identidad artística se ha construido desde la curiosidad y la necesidad constante de experimentar con nuevos sonidos. Para él, la evolución no nace de seguir fórmulas, sino de mantener una mentalidad abierta frente a todo lo que la música todavía puede enseñarle. “La carrera de un artista, hasta el último de sus días, es eso, seguir explorando y entender cómo conectar con todas esas influencias y colores que uno carga desde su cultura y desde todo lo que escucha”.
“Ese ecosistema en mi cabeza suena así: suena a ese ambiente, a ese tipo de calle, a esa jerga, a ese calor, a ese acento”, comenta el artista. “Mientras armaba el álbum, yo quería sentirme como en unas vacaciones en mi tierra, con mi gente. Quería hacer música para disfrutar y escuchar juntos, y obviamente mi manera más natural de plantearlo iba a ser desde donde yo soy”.
A lo largo del disco, Turizo se mueve entre distintos géneros, una mezcla que, según él, nació tanto desde la sensibilidad como desde la investigación musical. Para el cantante, acercarse a nuevas corrientes implica primero entender qué define cada uno de esos universos antes de llevarlos hacia su propio lenguaje artístico.
“Todo empieza desde la vibra y desde lo que tú sientes. Hacer música es como estar en un laboratorio”, asegura. “Primero viene la energía y después llega esa parte de explorar cómo respetar cada género, pero poniéndole encima todo el color de lo que es Manuel Turizo. Es una exploración constante, porque al final todo parte de un lienzo en blanco y tú mismo vas inventando lo que quieres construir”.
El concepto de Apambichao también nace desde esa misma búsqueda de sensaciones y atmósferas. Para Turizo, el término —tomado de un tipo de merengue lento y sensual— resume perfectamente la energía que quería transmitir a lo largo del álbum: una experiencia mucho más relajada, cálida y conectada con el Caribe. “Si tú llevas ‘apambichao’ a la vida, es vivírtela más suave”, comparte el cantante. “Sentía que esa palabra englobaba perfectamente el ecosistema donde yo quería que viviera este proyecto, esa sensación de calor, de parche y de disfrutar la música con tu gente”.
Aunque el álbum está profundamente ligado a sus raíces culturales, Turizo asegura que el proceso creativo no partió de una idea estructurada o de un concepto previamente definido. Más bien, dice, fue una experiencia guiada por la intuición y por la necesidad de conectar consigo mismo desde un lugar mucho más honesto y libre. “Desde hace dos álbumes me he permitido hacer todo lo que he querido en la música. Ya no existe ese nervio de no permitirme algo”, afirma. “Este disco fue muy pensado en conectar conmigo mismo y con lo que realmente me representa. La música es vibrar, es energía. Las canciones simplemente salen y uno las va construyendo en el camino”.
Esa intención aparece desde el primer momento del álbum con ‘Intro: Viene el Apambichao’, una apertura inspirada en sonidos profundamente arraigados a distintas tradiciones culturales colombianas. Lo más llamativo del tema, sin embargo, es que la voz femenina que atraviesa la canción no pertenece a ninguna cantante invitada, sino que fue creada por el propio Turizo utilizando inteligencia artificial.
Según explica, la idea era recrear un tipo de canto mucho más autóctono y ancestral, inspirado en sonidos que van desde los vaqueros arreando ganado hasta cantos indígenas y tradiciones orales presentes en distintas regiones del país. El problema, revela, era que encontrar ese tipo de registro vocal fuera de contextos culturales específicos resultaba prácticamente imposible dentro de un entorno comercial de grabación.
“Yo quería esos colores de voz muy culturales, no comerciales”, comenta. “Busqué muchísimo, pero no encontraba a alguien que pudiera grabar exactamente eso que tenía en la cabeza. Entonces grabé mi propia voz y empecé a trabajar con IA, dándole referencias e información sobre el color que quería lograr, hasta construir esa voz femenina que termina apareciendo en la canción”.
Lejos de ver la inteligencia artificial como una amenaza para la música, Turizo la entiende como una herramienta más dentro de los procesos creativos contemporáneos. Para él, el verdadero valor sigue estando en la intención humana detrás de cada idea y no en la tecnología utilizada para ejecutarla. “Nosotros no podemos pelear contra la evolución”, asegura. “La IA va a existir y tú decides si la utilizas a tu favor o si peleas contra eso y te quedas atrás, pero una herramienta no hace las cosas por ti. La IA no creó eso sola; yo tuve que decirle exactamente qué quería hacer. Al final, ella fue una herramienta, pero el operador era yo”.
La transición entre ‘Intro: Viene el Apambichao’ y ‘Apambichao’ también funciona como una puerta de entrada al universo sonoro del álbum. Después de esa apertura cargada de referencias culturales y sonidos mucho más tradicionales, el proyecto da paso a una colaboración junto a Maluma, uno de los nombres más importantes de la música urbana colombiana y un artista con el que Turizo ya había trabajado anteriormente.
Según cuenta el cantante, la colaboración nació de manera bastante espontánea y sin demasiadas vueltas. La canción fue creada inicialmente junto al productor Casta, quien terminó jugando un papel clave para que Maluma se sumara al tema una vez la idea ya estaba bastante avanzada dentro del proceso del álbum.
“Es la segunda vez que colaboro con él y desde la primera siempre ha sido muy buena vibra conmigo”, comenta Turizo. “La canción la hicimos con Casta y después él se quedó con la idea. Yo incluso ya ni la tenía tan presente hasta que un día me escribió y me dijo ‘marica, se la mostré a Maluma y le encantó’”. La respuesta del paisa, recuerda, llegó de manera inmediata. “Dijo de una ‘sí, me monto, voy. Lo que usted diga, hermano’. Y así nació realmente la colaboración. Todo fluyó muy natural y sin complicaciones”.
Más adelante llega uno de los featurings más llamativos del disco, cuando Turizo incorpora un sample de Diomedes Díaz en ‘Te Creo’. Más allá del peso histórico del cantante dentro del vallenato, la presencia del “Cacique de La Junta” funciona dentro del álbum como una conexión directa con una de las mayores influencias emocionales y musicales de Turizo, que son las letras románticas y sentimentales del vallenato clásico.
Según explica el artista, desde las primeras maquetas de la canción sintió que había algo en su esencia que lo llevaba inmediatamente hacia ese universo musical. La guitarra, el tono de la letra y la carga emocional del tema le recordaban canciones profundamente asociadas al imaginario vallenato que marcó gran parte de su crecimiento musical. “Siempre he dicho que gran parte de lo que me conecta a cantar letras tan sentimentales y románticas viene justamente del vallenato”, remarca. “Desde que hicimos esta canción sentía eso todo el tiempo. Decíamos ‘jueputa, esto recuerda a esos temas clásicos que uno siente tan a flor de piel’, y ahí nació la idea de usar el sample de Diomedes”.
Para Turizo, incluir la voz de Díaz no buscaba únicamente generar nostalgia, sino también preparar emocionalmente al oyente para el tipo de conversación sentimental que propone la canción. “Creo que Diomedes es uno de los artistas más legendarios que tenemos en Colombia”, comenta. “Utilizar ese sample era también darle a la gente un mood, prepararla para el sentimiento de la canción y para todo ese trasfondo emocional que tiene el vallenato”.
Dentro de ese recorrido por distintos géneros y sonidos, ‘Te Hacen Falta Dos’ aparece como el focus track y, probablemente, como el centro emocional de Apambichao. Según explica, el tema resume muchas de las características que la gente suele asociar con su música, especialmente esa manera íntima y emocional de abordar las relaciones y los sentimientos dentro de sus canciones. Más allá del género o del ritmo, el colombiano siente que su vínculo con el público nace precisamente desde ese tipo de emociones.
“Siento que es una canción muy reconocible dentro de lo que la gente entiende como Manuel Turizo”, comenta el cantante. “Tiene un sentimiento muy bonito, muy genuino, y personalmente percibo que la gente conecta muchísimo conmigo cuando hago ese tipo de música que quizás les transmite felicidad o emociones más cercanas”.
Turizo incluso compara esa conexión emocional con la manera en la que otros artistas logran construir identidad desde diferentes estilos musicales. Mientras algunos destacan desde la energía del reggaetón o la técnica del rap, él siente que su lugar dentro de la música siempre ha estado más relacionado con las canciones sentimentales y con la posibilidad de conectar desde la emoción. “Hay artistas que conectan desde un delivery brutal o desde canciones para perrear toda la noche”, asegura. “Yo siento que la manera en la que me conecto con mi gente es hablando desde los sentimientos”.
La exploración musical termina siendo, justamente, uno de los ejes centrales del trabajo. A lo largo del álbum, Turizo se mueve entre el pop, la música popular colombiana, el regional mexicano, el reggaetón, la música tropical y distintos sonidos urbanos junto a artistas tan diferentes entre sí como Luis Alfonso, Emilia, Xavi, Dei V o Dálmata. Sin embargo, para el colombiano, esa diversidad nunca ha sido algo forzado ni una estrategia para abarcar distintos mercados; más bien, responde a la forma natural en la que él mismo consume y entiende la música.
Turizo revela que nunca ha visto su carrera desde la lógica de pertenecer a un solo género. Por el contrario, siente que gran parte de su crecimiento artístico ha estado ligado a permitirse explorar distintos universos sonoros y, sobre todo, a lograr que su público entendiera esa libertad creativa como parte de su identidad. “Mi manera de disfrutar la música es básicamente eso: probar cosas diferentes”, afirma el cantante. “No está en mi identidad pensar que un álbum tiene que ser homogéneo en un ritmo o en un género. En un color sí, en un concepto sí, en lo que te hace sentir sí, pero no necesariamente en un solo sonido”.
Para Turizo, esa libertad también parte de una idea muy simple: nadie escucha un único género musical en su vida cotidiana. Según explica, sus propios hábitos como oyente terminaron moldeando la manera en la que hoy entiende sus proyectos y la posibilidad de moverse entre mundos completamente distintos sin sentirse limitado creativamente. “A mí me gusta de todo”, asegura. “Entonces también quería darme esa libertad en la música de poder explorar en todo. Al final la gente decide si conecta o no con lo que haces, pero lo importante para mí era no limitarme mentalmente pensando que tenía que repetir la misma fórmula todo el tiempo”.
Esa apertura, dice, es justamente lo que le ha permitido colaborar tanto con artistas del mundo urbano como con figuras cercanas a la música mexicana, las baladas o los sonidos tropicales. Más que verlo como una contradicción, Turizo entiende todos esos géneros como parte de una misma experiencia emocional.
El colombiano también coincide con una idea planteada recientemente por Quevedo sobre la imposibilidad de construir un álbum desde una única emoción o un solo estado de ánimo. Para él, la música funciona mucho más como una experiencia cambiante, capaz de acompañar distintos momentos de la vida cotidiana. “Un álbum tiene que sentirse como un viaje”, explica. “Si tú ves una película y tiene la misma escena repetida cuarenta veces, deja de tener sentido. La música también tiene que generar una montaña rusa emocional”.
Turizo incluso compara esa construcción emocional con la cocina: una mezcla constante de ingredientes, ritmos y sensaciones que van cambiando dependiendo del momento y del estado de ánimo de cada persona. “Hay días donde quieres escuchar algo más lento y parchado para caminar tranquilo, y otros donde quieres reggaetón porque estás con tu pareja o quieres salir a bailar”, comenta entre risas. “La música es eso: diferentes emociones, diferentes energías y diferentes momentos”.

Aunque Apambichao gira alrededor de la libertad creativa y la exploración, Turizo reconoce que detrás de cada lanzamiento también existe un componente de incertidumbre inevitable. Después de meses —e incluso años— trabajando en silencio sobre canciones, conceptos e ideas, el momento de mostrar el proyecto al público sigue siendo, para él, una de las partes más difíciles del proceso artístico. “El reto realmente aparece cuando ya terminaste todo y dices: ‘Juepucha, ojalá que la gente conecte con esto’”, comenta el cantante. “Uno disfruta muchísimo haciendo música, pero después de invertirle tantas horas y tanta energía a un proyecto, siempre existe ese pequeño momento de ansiedad cuando finalmente sale al mundo”.
Más allá de hablar de dificultades técnicas o creativas, Turizo asegura que su principal criterio a la hora de hacer música sigue siendo el disfrute y la conexión emocional con lo que está creando. Según explica, cuando deja de sentir esa vibra o esa emoción dentro de una canción, prefiere abandonar la idea y empezar de nuevo antes que forzar un proceso creativo. “Si no estoy disfrutando lo que hago, simplemente cierro ese libro y empiezo otro”, asegura. “La música tiene que sentirse natural. Cuando uno no está conectado con lo que está haciendo, se nota”.
Tras el lanzamiento, el colombiano adelanta que el resto de 2026 estará marcado por nuevas colaboraciones, festivales y la posibilidad de comenzar oficialmente la gira del álbum hacia finales de año. Esa etapa ya comenzó a expandirse recientemente con ‘La Semana’, junto a Elena Rose, donde vuelve a acercarse a un sonido mucho más melódico y emocional.
Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa sigue siendo su creciente relación con la música mexicana, una escena con la que ha conectado cada vez más durante los últimos años. Entre esos acercamientos aparece una colaboración con Banda MS, una experiencia que Turizo describe como especialmente significativa por la relación emocional que encuentra entre la música regional mexicana y géneros profundamente arraigados a la cultura colombiana, como el vallenato. “Soy muy fanático de la música banda y de toda esa música cultural mexicana”, explica. “Siento que tiene mucho que ver con el mismo sentimiento que transmite el vallenato: esas letras, esa emoción, esa manera de cantar las cosas tan a flor de piel”.
El cantante también reconoce que parte de esa conexión nace desde la manera en que artistas y agrupaciones mexicanas han abierto las puertas para que él pueda participar en un universo cultural completamente distinto al suyo. Nombres como Grupo Frontera o Fuerza Regida aparecen entre las agrupaciones con las que siente afinidad dentro de esa escena. “Yo me siento un forajido entrando a ese mundo”, comenta entre risas. “No soy mexicano ni crecí dentro de esa cultura, pero lo hago porque realmente me gusta y conecto con eso, y lo bonito es que ellos también han conectado con lo que yo hago”.
Para Turizo, esa experiencia se parece mucho a entrar en escenas profundamente locales dentro de Colombia, como la champeta o el vallenato más tradicional: espacios culturales con códigos propios que van mucho más allá del pop o de las tendencias globales. “Eso es cultura mexicana de verdad, no el pop mexicano”, asegura. “Y yo agradezco muchísimo que me hayan permitido entrar a ese mundo”.
Para Turizo, esa necesidad de explorar constantemente no parece responder únicamente a una estrategia artística, sino a una manera muy personal de entender la música y la vida. En un momento donde gran parte de la industria gira alrededor de fórmulas inmediatas, tendencias pasajeras y algoritmos, Apambichao aparece como un proyecto construido desde la intuición, la curiosidad y la libertad de probar cosas nuevas sin miedo a moverse entre géneros, culturas o incluso nuevas tecnologías.
Más que buscar una única definición dentro de la música latina, Manuel Turizo parece haber encontrado su identidad justamente en la posibilidad de no quedarse quieto. Ya sea acercándose al vallenato, experimentando con sonidos tropicales, colaborando con artistas urbanos o entrando como “forajido” al mundo de la música mexicana, el colombiano entiende su carrera como un proceso abierto, en constante movimiento y aprendizaje. Quizás ahí esté precisamente la esencia de Apambichao, un álbum que no busca encajar en un solo lugar, sino recorrer muchos al mismo tiempo.
The post “He hecho todo lo que he querido en la música”: Manuel Turizo appeared first on Rolling Stone en Español.
Este lunes 25 de mayo, el papa León XIV hizo pública su primera encíclica como Sumo Pontífice, titulada Magnifica Humanitas. El documento está centrado principalmente en la inteligencia artificial y en cómo esta, junto a otras nuevas tecnologías, puede eclipsar la dignidad humana. por medio de sus redes sociales, el Pontífice aseguró que todos tenemos el “deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”.
En el documento de 110 páginas, el papa estadounidense advirtió que la inteligencia artificial “no puede considerarse moralmente neutra” y pidió “desarmarla” para “evitar que domine al ser humano”, en lo que muchos interpretaron como una crítica a que estas herramientas estén al servicio de los intereses de quienes las crean y controlan. “La palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento exige palabras capaces de captar la atención”, señaló el Pontífice.
Uno de los puntos más fuertes de Magnifica Humanitas gira alrededor de la concentración del poder tecnológico en manos de unas pocas empresas privadas. Según el Pontífice, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras y datos terminan definiendo “condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas”, algo que, a su juicio, amenaza la transparencia y el control público.
En ese sentido, León XIV insistió en que no basta con hablar de ética de manera abstracta, sino que se necesitan “marcos jurídicos sólidos”, supervisión independiente y usuarios informados. “Una IA más moral no es suficiente si esa moralidad es determinada por unos pocos”, señaló el Papa, quien también advirtió sobre el crecimiento de las desigualdades económicas en medio del auge tecnológico.
El documento también dedica varios apartados a los efectos de estas herramientas sobre menores y trabajadores. Sobre los jóvenes, alertó sobre fenómenos de manipulación, explotación y chantaje potenciados por perfiles falsos, algoritmos y sistemas capaces de alterar imágenes y videos. Frente a ello, pidió mayores controles y responsabilidad por parte de las plataformas digitales.
Respecto al trabajo, el Pontífice sostuvo que algunos enfoques tecnológicos actuales podrían “desespecializar” a los empleados, someterlos a vigilancia automatizada y relegarlos a tareas repetitivas. Por ello, pidió que cualquier proceso de automatización esté acompañado por medidas reales de protección laboral y programas de recualificación profesional.
Te puede interesar:Donald Trump arremete contra el papa León XIV
Otro de los apartados más comentados de la encíclica fue el relacionado con la guerra y el uso militar de la inteligencia artificial. León XIV aseguró que no es “moralmente permisible” delegar decisiones letales a sistemas automatizados y llamó a superar la teoría de la “guerra justa”, promoviendo en cambio el diálogo y el multilateralismo.
La publicación de Magnifica Humanitas también ha llamado la atención porque varios analistas la consideran una actualización moderna de Rerum Novarum, la histórica encíclica publicada por León XIII en 1891 como respuesta a los efectos de la Revolución Industrial. De hecho, León XIV firmó el documento exactamente 135 años después de aquel texto, estableciendo un paralelismo entre los desafíos industriales del siglo XIX y el impacto actual de la inteligencia artificial.
En el último capítulo de la encíclica, en un apartado titulado “Todos podemos dar nuestro aporte”, León XIV también sorprendió al recurrir a la literatura fantástica para reflexionar sobre la responsabilidad humana frente a la inteligencia artificial. Allí citó al escritor británico J. R. R. Tolkien y, específicamente, una frase pronunciada por Gandalf en El señor de los anillos: El retorno del rey.
“Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: ‘No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza’”, escribió el Pontífice en el párrafo 213 del documento.
Otro de los acontecimientos que llamó la atención fue que el papa León optó por presentar él mismo la encíclica en el Vaticano, acompañado por expertos en IA, entre ellos Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Olah, canadiense de 33 años, es reconocido por su trabajo para comprender el funcionamiento interno de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), sistemas que sirven de base para herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot, Grok o DeepSeek.
Tras el evento, Olah advirtió que incluso quienes desarrollan estas tecnologías siguen encontrando comportamientos difíciles de interpretar. “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante”, afirmó.
Ese nivel de incertidumbre, sumado al rápido avance de la inteligencia artificial y a su concentración en pocas compañías privadas, es precisamente uno de los temas que León XIV busca poner sobre la mesa con su primera encíclica, planteando que el futuro de estas herramientas no puede ser decidido únicamente por líderes tecnológicos o intereses empresariales.
Así, el papa acierta en hacer un llamado activo y directo no solo a quienes controlan estas tecnologías, sino también a los ciudadanos y personas del común. Más allá de advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, León XIV plantea que el debate alrededor de estas herramientas no puede limitarse a laboratorios, gobiernos o gigantes tecnológicos, sino que debe involucrar a toda la sociedad.
Con Magnifica Humanitas, el Pontífice no se posiciona en contra del avance tecnológico, sino que invita a reflexionar sobre el tipo de humanidad que se quiere preservar en medio de una era cada vez más automatizada. En un momento en el que la IA avanza más rápido que las regulaciones y las discusiones éticas, la encíclica aparece como un intento de devolver al centro de la conversación conceptos como dignidad, responsabilidad y bien común.
The post El papa León XIV pone a la inteligencia artificial en el centro del debate moral appeared first on Rolling Stone en Español.
The entertainment lineup for the 2026 Formula 1 Singapore Airlines Singapore Grand Prix race in Marina Bay, Singapore is stacked. The main stage acts for the event slated to take place from Oct. 9-11 include the Goo Goo Dolls, Split Enz and an F1 Drivers’ Fan Forum where fans can catch the drivers on the Wharf Stage on the first two days.
The General Stage will host DJ Snake, Major Lazer Soundsystem, Tokimonsta, Run-DMC’s Rev Run, Mark Ronson, a DJ set from Australian electronic house duo Flight Facilities and Zhu.
In an Instagram post announcing the lineup, organizers said the lineup for the main Padang Stage and Zone 4 acts will be announced soon. “From high-octane track action with F1, F1 Sprint and Porsche Carrera Cup Asia to back-to-back international DJ sets at an all-new Barge Stage, a Zone 1 ticket unlocks the best of racing and entertainment across the Circuit Park 🙌🏼,” read another post revealing the lineup.
Limited three-day and single-day tickets are now available at singaporegp.sg.
“The F1 Sprint race sets the tone for a thrilling Formula 1 Singapore Airlines Singapore Grand Prix 2026 weekend. Building on the excitement on track, we are raising the tempo with a multi-genre line-up featuring some of the biggest names in entertainment, including high-calibre DJs that have headlined EDM festivals around the world,” said Adam Firth, executive director of Singapore GP Pte Ltd. in a statement. “The artist line-up for the Padang Stage is progressing well and will be announced shortly, as we complete a jam-packed race weekend festival that extends well beyond the track.”
Last year’s lineup featured the Foo Fighters booking their first gig of 2025, headlining the Padang Stage alongside DJ/producer Alan Walker at the event that also featured South Korean rapper/singers CL and G-Dragon, Indonesian pop singer Putri Ariani and Singapore pop group Oakë, as well as Crowded House, Babymetal, The Lathums, U.K. singer Tom Grennan, Elton John, the Smashing Pumpkins and Wombats.
Hits come, hits go. Sometimes hits return, and you don’t see it coming. Jennifer Lopez was blindsided when “On the Floor,” featuring Pitbull, returned to the Billboard charts for the first time in 15 years.
Lopez was the first guest on Jimmy Kimmel Live, airing Wednesday night, May 27, for a promotional stop in support of her forthcoming Netflix film Office Romance. Her recording career is enjoying a bounce, too, thanks to a major viral moment sparked by the Prime Video series Off Campus.
“On the Floor” is surging following a steamy scene starring the character Allie (Mika Abdalla), dressed as J.Lo, and Dean (Stephen Kalyn), dressed as Tom Cruise’s character Maverick from the Top Gun films, who dance to Lopez’s 2011 single at a Halloween party. Lopez later joined the moment on social media, teaming up with Abdalla to re-create part of the scene and dance to the song.
Thanks to all that action, the song debuts at No. 117 on the Billboard Global 200 and No. 80 on the Global Excl. U.S. charts (dated May 30).
Speaking with Kimmel, Lopez revealed that her socials team had alerted her to the buzzy situation. “I was like, ‘what?!’ It was like out of the blue.” And with that, she went a little deeper into the consumption of digital music. “The music business, everything has changed because people discover (from different sources),” she opined. “My kids are listening to all kinds of music that I’ve never even heard of. And some stuff that is classic, like the Beatles. Listen, great music lives forever, as we know, but it lives in a different way now because they can find it easily.”
“On the Floor” is a milestone in both J.Lo and Pitbull’s chart histories. It marked one of Lopez’s 10 top 10s on the Billboard Hot 100, where it peaked at No. 3 in 2011 among her 32 career entries, and it stands as one of Pitbull’s 10 top 10s among 45 total entries.
During her latest late night TV stint, Lopez discussed single life, and her 18-year-old twins graduating from high school (tears are ready at the thought). She’s also a huge fan of Barbra Streisand, but hasn’t met her and just might get starstruck if she did. That’s because she’s admittedly shy. “I like to sing, I like to dance. I like to act. But it’s all behind the character. Behind the facade,” she explained. “I couldn’t do what you do, like host a show.”
In Office Romance, Lopez plays a high-flying CEO of an airline who enforces a strict anti-fraternization policy for all her employees, per The Hollywood Reporter. Things go awry when the attractive new lawyer, played by Brett Goldstein (Ted Lasso), enters the picture.
Office Romance premieres June 5 on Netflix. Watch Lopez’s interview below.
Soft, loud, soft. Mogwai’s irrepressible wall of sound has been wailing out of amplifiers for three decades, unbowed, undented by fluctuations in pop culture. Undefeated. The Scottish post-rockers are a sonic force of nature, a swirling hurricane of guitars. Sometimes heavy, sometimes not. Soft, loud, soft.
Formed in Glasgow back in 1995, the four-piece stopped by the Sydney Opera House last weekend for the ultimate 30th birthday bash (well, 31 now, but who’s counting).
From the very start, Mogwai has been independent. DIY, even. “Once in a while” the major music companies would come knocking, frontman Stuart Braithwaite tells Billboard backstage ahead of the concert, a production for Vivid LIVE. “Yeah, well,” he points out, “we are completely indie, you know.”
Mogwai owns, operates and releases its music through the Glasgow-based Rock Action Records. That label, like the band, was established in the mid-1990s and remains fiercely independent. Today, it’s home to a diverse roster of artists, including Arab Strap, The Twilight Sad, Kathryn Joseph, Cloth, Sacred Paws, Errors and Remember Remember. For North America, their music is released through the Brooklyn-based independent label Temporary Residence.
The band flexed those indie muscles with a show Saturday, May 23, at the Concert Hall within the iconic SOH. Mogwai is mostly instrumental, mostly guitars. With a setlist featuring “Yes! I Am a Long Way From Home,” “Ritchie Sacramento,” “Auto Rock” and the blistering encore “Mogwai Fear Satan,” and playing against a backdrop of an all-purpose ridge, Mogwai reels the house in, fixes them in a trance.
On this occasion, Braithwaite is the only bandmate who chats with the audience. His banter rarely rises above a “thank-you so much. Cheers.” Mogwai let their respective instruments do the talking. On stage left, a Palestine flag tacked to a Marshall stack. A “soft loud soft” political statement.
Before the sonic chaos and subtlety, Braithwaite reflects on his career highlights. And of lessons learned. He’s reminded of the late Lou Reed, who in 2010, staged “Music for Dogs” on the steps of the Sydney Opera House. “That’s quite a painful memory for me because he actually asked us to come and play with them,” he recounts. “We didn’t do it, and then he died. To be honest, it was a teaching moment, as they say. Because I think anytime we get opportunities like that, we always really take them because you don’t want to miss out. Especially with older (artists) because you don’t know how long they’re going to be around.”
Braithwaite’s tracksuit has touches of green, a nod to his beloved Glasgow Celtic soccer club, which, some hours later, would complete the “double” by winning the Scottish Cup against Dunfermline Athletic, by a scoreline of 3-1. Mogwai had a massive win, too, during the pandemic. The band scored their first No. 1 on the Official U.K. Albums Chart in Feb. 2021 with As The Love Continues, their tenth studio LP.
“Yeah, that was crazy,” he remembers. “When I got the first chart through, I thought it was like the Scottish chart or the vinyl chart or something. Someone was like, ‘no, that’s the real chart. I was like ‘wow.’”
All up, they’ve collected 11 appearances on the U.K. top 40 albums chart, including four top 10s, most recently with 2025’s The Bad Fire, which peaked at No. 5. But a No. 1? “That was really cool. It wasn’t even a dream come true because I don’t think any of us had dreamed about it. It was just this insane thing to happen.”
There are no immediate plans to release a 12th studio album, not this year. Or cut a soundtrack. “I’ve also got nothing to do next year, so yeah, I need to think of something,” he quips. For the months ahead, Braithwaite and his bandmates (bassist Dominic Aitchison, drummer Martin Bulloch, and multi-instrumentalist Barry Burns) are soaking up their extended birthday party, which includes festival spots across the United Kingdom, Europe and Japan’s Fuji Rock.
“That’s one thing about the anniversary is (we’re) just really grateful that people are still coming to see us and want to hear our music. And yeah, it’s pretty insane after a really long time,” Braithwaite continues. “And to get younger generations (to come along) as well. People that maybe, definitely, weren’t even born when we started the band. Anyone under the age of 30, yeah, they weren’t born when we started.”
Vivid LIVE is the annual contemporary music centerpiece of the Sydney Opera House, and part of the broader Vivid Sydney festival, which runs through June 13. Vivid Sydney is owned, managed and produced by the New South Wales government, Destination NSW and Feel New Sydney.
All products and services featured are independently chosen by editors. However, Billboard may receive a commission on orders placed through its retail links, and the retailer may receive certain auditable data for accounting purposes.
Summer can be unpredictable, especially when it comes to your hair. The heat and humidity can transform your hair from straight to frizzy, but a good blow dryer can save the day, especially in an unexpected hair emergency.
When it comes to the best hair dryers, we like Dyson’s Supersonic Nural, which the brand says is it’s “most intelligent” hair dryer yet. Released in 2024, the 10-inch hair dryer is still one of our daily go-tos, thanks to features like sensor technology that reduces heat damage and a slew of “new and improved” attachments, including a gentle air attachment, styling concentrator, wave and curl diffuser, wide tooth comb and flyaway attachment. Don’t just take our word for it: Beyonce has been seen using the Dyson Nural too.
BEST DEAL
Dyson Supersonic Nural Hair Dryer
Right now, you can get the Dyson Supersonic Nural Hair Dryer for $100 off — the cheapest price we’ve seen all year. Dyson rarely discounts its products so this is a deal you’ll want to take advantage of.
What you’ll like this: the Dyson hair dryer is equipped with sensors that automatically reduce heat as the Nural gets close to your head, and a scalp protection mode automatically reduces the heat to 131-degrees, an “optimum temperature for scalp comfort and drying speed,” per Dyson.
Depending on how close it is to your hair, the Nural’s LED lights will adjust from yellow (low heat) to orange (medium heat) or red (high heat) when in Scalp Protect mode.
I tested the Dyson’s Supersonic Nural hair dryer during a trip overseas, and it came in handy when my flat iron failed the vibe check. It’s surprisingly lightweight, not too bulky or loud, and works rather quickly. My hair was silky smooth and felt healthier — not fried.
Another bonus: the Nural is smooth to the touch and has a motion sensor that turns the blow dryer off when you put it down. Plus, it’s compact enough to throw in your luggage and take on summer vacation.
The Dyson Nural Supersonic hair dryer is available in multiple colors online at Amazon but the “amber silk” colorway is the one with the current $100 discount. Don’t wait long though as Amazon pricing could change at any time, so we recommend adding this Dyson to cart while the sale is still live. See more details here.
ALSO CONSIDER
Professional High Speed Ionic Blow Dryer
Looking for a cheaper alternative? Amazon sells this top-rated ionic blow dryer that promises faster drying with no heat damage and less frizz.
This set comes with the lightweight handheld hair dryer, plus interchangeable diffuser and nozzle attachments. More than 73% of shoppers give this Dyson alternative a full five-star rating.
Kid Cudi has long been open about his mental health struggles, and being open about his battles over the years helped a generation of millennial hip-hop fans along the way.
With all of the experience he’s gained along his journey, Cudi is joining the movement We Are Enough as a founding partner, the organization announced Thursday (May 28), in the midst of Mental Health Awareness Month. We Are Enough is an initiative launched to remove the stigma surrounding mental health and benefit those struggling.
“Been open about my struggles for years — I know what it’s like to be in that dark place,” said
Kid Cudi in a statement. “That’s why I’m excited to be a founding member of We Are Enough — a reminder that we already enough, just as we are. 100 percent of proceeds go straight to nonprofits doing the real work on the ground for mental health.”
To kick off the partnership, everyone in attendance of Cudi’s NYC show of his Rebel Ragers Tour at Madison Square Garden on Saturday night (May 30) will receive a We Are Enough bracelet.
We Are Enough was founded by entrepreneur Blake Mycoskie, who faced his own mental health struggles while battling depression, which led him to creating the initiative. Mycoskie is best known for building TOMS into a global footwear brand.
According to the organization’s website, We Are Enough’s mission is to “spread reminders in every form — bracelets, messages, actions, community — until feeling ENOUGH becomes the cultural default.” The organization will donate 100 percent of profits toward benefiting mental health initiatives.
The “Pursuit of Happiness” rapper’s Rebel Ragers Tour started in April and comes to MSG on Saturday, before heading to Camden, N.J.; Hartford, Conn.; Mansfield, Mass., and Bangor, Maine, to kick off the first week of June.






