Logo
search
Logo

Síguenos en Redes

TikTok Instagram Facebook YouTube
Mabe Fratti y el cello como canal espiritual

En la música medieval existía la idea de que ciertas combinaciones de intervalos podían alterar el ánimo. Monasterios y tratados musicales atribuían a determinadas armonías la capacidad de inducir recogimiento, éxtasis o calma, porque entendían el sonido como una de las formas más directas de aproximarse a lo trascendental. La música de Mabe Fratti parece […]

Ver más noticias en Indie Hoy.

La adolescencia temprana siempre ha sido terreno fértil para el terror. No el espanto sobrenatural, sino el social. William Golding lo entendió cuando publicó Lord of the Flies en 1954. No hace falta un demonio externo si el salvajismo y la crueldad ya está en el grupo. La versión de Peter Brook (1963) filmó esa caída con una crudeza casi documental; y la de Harry Hook (1990) la trasladó a otro contexto generacional, más pulido pero igual de despiadado. En ambas, la civilización se desmorona en cuestión de días. No porque desaparezcan los adultos, sino porque las jerarquías juveniles necesitan víctimas.

Desde entonces, el cine ha regresado una y otra vez a ese infierno en miniatura. Welcome to the Dollhouse convirtió la secundaria en un campo de humillación sistemática. Kids retrató a la juventud neoyorquina como una bomba de hormonas y autodestrucción. Gummo filmó la desolación adolescente como si fuera un paisaje postapocalíptico. Thirteen capturó la velocidad con la que la identidad puede desmoronarse. Eighth Grade transformó la ansiedad social en una pesadilla digital permanente. Incluso Stand by Me, con toda su nostalgia, entendía que el tránsito hacia la adultez pasa por la confrontación con la violencia y la pérdida. The Plague, el debut de Charlie Polinger, entra directo en esa tradición y no titubea.

Estamos en 2003, en un campamento de waterpolo para chicos de 12 y 13 años. El nuevo es Ben (Everett Blunck), un chico tímido y sensible, con una vida familiar fracturada. Quiere pertenecer. El líder del grupo es Jake (Kayo Martin), un chico de carisma luminoso y crueldad quirúrgica. El marginado es Eli (Kenny Rasmussen), acusado de tener “la plaga”. Si lo tocas, te contagias. Y si te contagias, estás acabado. La premisa es simple y la ejecución, devastadora.

Polinger filma el agua como un territorio ambiguo. Es el lugar de juego, pero también de asfixia. Las tomas submarinas, con cuerpos flotando sin rostro, parecen criaturas al acecho. El diseño sonoro y la música elevan la tensión hasta convertir escenas cotidianas (una ducha colectiva, un asiento en el comedor, una broma sexual) en unas intensas pruebas de supervivencia.

El acierto mayor está en las actuaciones. Everett Blunck construye a Ben desde la necesidad. Su cuerpo habla antes que sus palabras. Los hombros cerrados, la mirada expectante y la sonrisa forzada. Lo inquietante es observar cómo esa necesidad empieza a erosionar su brújula moral. Kayo Martin, en cambio, evita el cliché del bully gritón. Su Jake es inteligente, estratégico y encantador cuando quiere. El tipo de líder que convierte la humillación en un ritual de cohesión.

Joel Edgerton aparece como el entrenador, una figura adulta que se parece mucho al profesor de educación física de la estupenda serie el despertar sexual de preadolescentes conocida como Big Mouth. Habla de trabajo en equipo mientras ignora la violencia simbólica que se despliega ante él. No es un villano. Es algo más común. Un adulto que no ve, que tal vez no tiene la inteligencia para ver o que simplemente, no quiere ver.

Lo que distingue a The Plague no es la alegoría, sino la fisicidad. La “plaga” (una alergia cutánea) funciona como una metáfora de la diferencia, de lo impuro y de lo que debe aislarse. Pero Polinger nunca convierte su cinta en una lección moral, ya que deja que el espectador saque conclusiones.

Como en las mejores películas sobre la adolescencia, el verdadero horror no está en un giro final ni en un susto calculado. Está en el reconocimiento. Está en entender que el deseo de pertenecer puede ser más fuerte que la empatía. Que la violencia social se aprende temprano. Y que, a veces, el primer sacrificio que exige el grupo es tu propia conciencia. The Plague no necesita fantasmas, zombies o vampiros. Tiene algo más perturbador. Chicos que descubren, demasiado pronto, que pertenecer es más fácil que resistir.

The post Crítica: <i>La plaga (The Plague)</i> appeared first on Rolling Stone en Español.

Cuando una banda colombiana independiente logra producir y lanzar un álbum sinfónico, ya hay que reconocer un mérito muy grande. Sin embargo, cuando esa banda ha mantenido por varias décadas un lugar de privilegio en el inconsciente colectivo de un país, el mérito se duplica.

Estado Alterados acaba de presentar oficialmente en plataformas digitales su álbum en vivo Sinfónico, que hace ya algunas semanas venía circulando en formato de vinilo desde el 18 de abril, para el Record Store Day. Después de un largo y complejo proceso de postproducción, el álbum -grabado en 2021 junto a la Orquesta Filarmónica Metropolitana del Valle de Aburrá (La Metro)- ya se puede escuchar en cualquier parte.

La materialización de este sueño ha traído, en palabras de la misma banda, un enorme crecimiento musical y personal, porque les llevó a trabajar con decenas de jóvenes que día a día se esfuerzan para abrirse camino en la música, y este encuentro permitió a Estados Alterados enfrentarse a una nueva perspectiva frente al país, con realidades desconocidas hasta entonces. Al hablar con la banda parece evidente que este disco ha dejado una huella que no esperaban. “Este es un proyecto que va mucho más allá de lo musical, porque van en pro de la construcción de un colectivo”, dice Ricky Restrepo (baterista). “Algo así hace creer a la gente, ‘¡Esto se puede, esto es posible!’”, añade.

La orquesta, conformada por alrededor de 60 intérpretes (prudentemente ataviados con tapabocas), estuvo dirigida por Alejandro Vásquez, con la orquestación de Álex Zuluaga, y se contó con la ingeniería de Luis Ángel, experto en este tipo de grabaciones. La producción estuvo a cargo de Felipe Carmona y Estados Alterados, la masterización corrió por cuenta de Mike Marsh (Björk, The Chemical Brothers, Depeche Mode, Massive Attack), y para el disco en vinilo estuvo en manos de Miles Showeell (The Beatles, Queen, Eric Clapton, The Who, The Rolling Stones) en los estudios de Abbey Road en Londres.

“Lo más poderoso de esto fueron los ensayos con La Metro”, asegura Ricky, y reconoce la disciplina de la orquesta, así como el compromiso de cada persona involucrada. “Ellos ya habían hecho unos arreglos, había canciones insignes de Estados Alterados que ellos ya tenían referenciadas”, y eso implicó la búsqueda de un consenso con la banda, que quería darle el tratamiento sinfónico al menos a una canción de cada álbum.

En un tiempo récord de muy pocas semanas, tras la propuesta de la organización de Medellín Music Week, tuvieron que hacerse nuevos arreglos y ensayos para presentar el primer show. Los obstáculos fueron múltiples y, según Ricky, la clave estuvo en mantener “un optimismo real, con los pies en la tierra”.

“Había que tener referentes, porque estábamos aprendiendo”, confiesa el baterista sobre el proceso creativo y de producción que implicó el álbum, y cuenta que entre esos referentes tuvieron las grabaciones de Depeche Mode con la orquesta de la BBC, el álbum Roseland NYC Live de Portishead, y 11 Episodios Sinfónicos de Gustavo Cerati.

En su propio proyecto, Estados Alterados, por razones obvias que dieron nuevos matices a las composiciones, se despojó en gran medida de su carácter electrónico para sonar muy orgánica, mostrando una fuerza rockera que escapa a la obviedad. Sin duda alguna, para toda una generación colombiana será un placer encontrarse con estas versiones de varios clásicos indiscutidos, como ‘Muévete’, ‘El velo’, ‘Seres de la noche’ o ‘La fiebre de marzo’. Tal vez esa misma generación encuentre acá la oportunidad de descubrir las composiciones de discos más recientes, como ‘Guayaquil’, ‘Mantra’, ‘Animal’ o ‘Miedo’.

De cualquier modo, el matiz electrónico no desaparece por completo, y está bien presente en ‘Opulencia’ (de 1991), que fácilmente se destaca como uno de los momentos cumbres del disco, porque los arreglos permiten un balance perfecto entre la banda y la orquesta. Inmediatamente después, y como cierre triunfal, orgánico y contundente, ‘El velo’ nos hace pensar que fue escrita con una filarmónica en la cabeza, y cada pieza cae perfectamente en su lugar, dando lugar a la sensación de que así fue como siempre debimos escuchar este clásico.

Sinfónico se siente como una celebración, como la amable revancha de una banda que logra finalmente materializar algo que no cabe en las palabras de una reseña. No es perfecto, pero es tan entrañable como emocionante, como un buen álbum de fotos familiares que hoy podemos ver ampliadas con justicia y con marcos de lujo. El mérito es enorme, y los aplausos van de pie.

Sinfónico, de Estados Alterados, por fin se corre el velo
Cortesía

The post <i>Sinfónico</i>, de Estados Alterados, por fin se corre el velo appeared first on Rolling Stone en Español.

Desde hace más de dos décadas, Dolores Fonzi se consolidó como una de las actrices más importantes del cine argentino y latinoamericano. Su carrera comenzó muy joven en televisión, pero rápidamente encontró en el cine un espacio mucho más complejo y desafiante para desarrollar personajes atravesados por contradicciones emocionales, violencia social y tensiones políticas. Películas como Plata quemada, La patota, La cordillera, Truman y Blondi demostraron su capacidad para habitar personajes intensos sin caer nunca en el exceso melodramático.

Además, Fonzi logró algo poco frecuente: pasar de actriz prestigiosa a directora con voz propia. Con Blondi confirmó una sensibilidad cinematográfica muy personal, mezclando humor, fragilidad emocional y relaciones familiares complejas sin necesidad de solemnidad artificial.

Ahora, después de dirigir y protagonizar Belén, Fonzi asume uno de los personajes más emblemáticos de la literatura latinoamericana: Clara del Valle en la nueva adaptación de La casa de los espíritus de Isabel Allende. Y lejos de interpretar a Clara únicamente como una figura mística o sobrenatural, Fonzi la construye desde algo muchísimo más íntimo con sensibilidad, intuición, conexión emocional y fuerzas que muchas veces la racionalidad moderna intenta negar.

Dolores Fonzi: “Clara entiende cosas que los demás no pueden ver”
Cortesía de Prime Video

Tu personaje, Clara del Valle, vive entre lo cotidiano y lo sobrenatural. ¿Cómo trabajaste eso para que el personaje no pareciera solamente místico, sino también profundamente humano?

Creo que hay algo de Clara en todos nosotros. Creo que hay algo de la humanidad y de lo infrahumano y de lo sobrehumano. Hay muchas energías que tienen que ver con lo humano. Si uno se deja ir en la sensibilidad, todos podemos ser Clara. Si uno se deja ir en la intuición, también podemos ser Clara. Hay algo de una sensibilidad particular que, si uno se deja llevar, puede acceder a mundos más misteriosos.

En ese sentido, conectarme con eso no me cuesta tanto. Yo prendo velas a mis muertos, hago rituales del Día de Muertos en México, creo en las energías. Tengo amigas brujas que me tiran las cartas. Hice una preparación con una brujita amiga en Chile para entender cómo se manejan esas energías. El tarot no es algo raro para mí. Me encantan las cartas, las energías, los planetas. Una vez por año hago la revolución solar. Prefiero creer que descreer. Creo en todo. Entonces, hay algo de esa energía de Clara que me resultaba fácil de conectar.

Tú hablas de esa sensibilidad distinta a la de quienes la rodean. Desde tu construcción actoral, ¿consideras que esa sensibilidad hace parte de una forma de poder, de resistencia o de aislamiento?

Podría ser las tres cosas. Depende del momento. Clara a veces se aísla más de la realidad, otras veces se conecta más con ella, y otras veces pone esa energía en función de cambiar la realidad. Creo que las tres cosas son posibles y que Clara va pasando por una y otra a lo largo de la serie.

Hay momentos donde necesita negar la realidad, otros donde necesita advertir algo, avisar que alguien se va a morir, y otros donde directamente se descuelga y vive en su propio mundo. Creo que eso también nos pasa a todos. Hay días donde uno quiere enfrentar el problema, otros donde preferís no tocar el tema, y otros donde estás muy intuitivo y, si seguís esa intuición, probablemente algo suceda.

No soy la primera en decirlo. Ahí está todo el trabajo de David Lynch, por ejemplo. También la meditación, la física cuántica, cosas que no son nuevas. A mí me apasiona porque creo en eso y porque me entrego a sentir y a hacerme caso cuando siento algo particular.

Cuando uno está conectado con ciertas cosas, está más receptivo. Puede ayudar mejor a otros, hablar mejor con sus hijos, entender lo que pasa alrededor. Creo que hay algo de Clara muy propio también.

Hay otro elemento muy importante en Clara y es el silencio. ¿Cómo lograste representar escénicamente ese silencio que dice tanto a nivel emocional y político?

Me encanta cuando en la novela se dice que Clara deja de hablarle a Esteban y nunca más vuelve a dirigirle la palabra. Pensaba: ‘Wow, qué increíble poder’. Pero para actuarlo no fue tan difícil porque la serie funciona como un collage. Va relatando distintos momentos y no está construida únicamente alrededor de ese silencio.

Igual, siento que Clara era una mujer superpoderosa. Yo leí la novela cuando tenía 17 años y me marcó muchísimo. Era una mujer bruja, distinta, y aun así su familia respetaba esa particularidad. No la mandaban a un internado ni intentaban corregirla. Incluso Esteban, siendo un hombre violento y terrible, la quería profundamente.

Creo que Clara tenía un poder enorme relacionado con sostener aquello en lo que creía, incluso cuando el mundo alrededor no estaba preparado para entenderla. Y eso la vuelve una mujer muy única para la época.

Cortesía de Prime Video

La relación entre Clara y Esteban es compleja y contradictoria. Desde tu lectura, ¿Clara ama, perdona o simplemente trasciende a Esteban?

Creo que hay algo relacionado con lo patriarcal. Cuando muere su hermana, Clara siente que debe continuar ese destino y que ese matrimonio tiene que suceder para que todo lo demás ocurra. Hay algo trascendental ahí, algo que supera a Esteban mismo.

Ella se entrega a un destino donde Esteban no es el centro del mundo. Pero tampoco puede romper completamente con eso. No se va definitivamente cuando él le pega. Sí abandona el campo, pero sigue siendo su marido porque había un sistema social que todavía no permitía realmente que una mujer pudiera dejar a un hombre en esa época.

Entonces, creo que Clara era presa de un sistema que trascendía a Esteban Trueba. No era solamente él, sino toda una sociedad. Y al mismo tiempo, dentro de ese sistema, hacía lo que quería. Era una mujer libre que encontraba maneras de vivir según sus propias reglas mientras seguía funcionando dentro de las normas de su tiempo.

Después de interpretarla, ¿qué te enseñó Clara del Valle sobre la vida, la memoria, la violencia y la manera en que las mujeres atraviesan esas experiencias?

Creo que la novela terminó siendo una especie de visión del futuro. Isabel Allende escribió algo que después siguió ocurriendo en la realidad. Ves la serie hoy y muchas cosas todavía siguen pasando: el poder de ciertos hombres, los feudos, las peleas de los campesinos por sus espacios, la violencia, las violaciones, la idea de que algunos cuerpos siguen siendo propiedad de otros. Eso sigue existiendo. Y es emocionante y doloroso verlo porque la historia continúa reflejándose en el presente. Ahí está la fuerza que tiene la novela.

Creo que Isabel Allende terminó siendo una especie de Clara clarividente. Escribió una historia que nunca dejó de ser actual.

Cortesía de Prime Video

Para terminar Dolores, ¿quisieras contarnos sobre tus próximos proyectos?

La verdad es que no puedo hablar demasiado todavía. Lo que sí puedo decir es que voy a filmar pronto mi tercera película como directora. También voy a actuar en una parte de esa película porque estará dividida en distintas historias y una de ellas la protagonizo yo.

Ahora quiero tomarme un poco de tiempo. Lo de Belén fue muy intenso y hace tres años que no tenía vacaciones. Pero este año sigo trabajando. Se viene el estreno de La casa de los espíritus y también la miniserie Mis muertos tristes, que hice con Pablo Larraín en Chile. Después seguiré preparando esta nueva película que quiero filmar en 2027.

The post Dolores Fonzi: “Clara entiende cosas que los demás no pueden ver” appeared first on Rolling Stone en Español.

Detrás de la voz de Hempress Sativa existe una herencia rastafari que honra todos los días mediante canciones que invitan a expandir la consciencia, impulsan el respeto entre los seres humanos y reafirman la fortaleza de las mujeres. Después de sus dos primeros álbumes de estudio, Unconquerebel (2017) y CHARKA (2023), “The Lyrical Machine” ­­­­—como ha sido apodada por su pluma fina— ha presentado recientemente su tercer trabajo discográfico: Woman.

Para esta ocasión, la artista jamaiquina se reunió con su viejo colaborador Paolo Baldini, el productor italiano con quien en 2016 publicó su gran hit ‘Boom (Wah Da Da Deng)’. Hempress compuso las canciones y luego viajó a Italia a finales del año pasado para terminar el LP, un trabajo que dice no haber tardado mucho en hacer pero que supuso un reto debido a la barrera del idioma.

Al lanzamiento de Woman le sucedió una serie de conciertos por Europa junto a Baldini, pero luego de un breve descanso, la cantante se prepara para viajar a Latinoamérica. Para ella, no existe una preparación minuciosa pues considera que buena parte de sus shows depende de la energía del público y del momento. “Es porque, para mí, cada presentación es muy espiritual”, explica. “Quiero que sea una experiencia natural. No me gusta que esté tan planeado ni que sea tan pretencioso. Quiero vivir el momento”.

Días antes de su debut en Bogotá el próximo 5 de junio durante la primera edición de Concrete Junglist, la exponente del conscious roots reggae habló con ROLLING STONE en Español sobre su último disco, la importancia de la mujer dentro del movimiento y lo que desearía que cambiara en la industria musical para que las mujeres reciban el respeto que merecen.

Hempress, a Bogotá llegarás con tu disco más reciente, Woman, el cual es un homenaje a las mujeres y nuestra relevancia en el mundo. ¿Qué te llevó a explorar este concepto para tu tercer álbum y en este punto de la historia?

Me estoy haciendo mayor, más sabia y estoy honrando mi arte. Soy más consciente y creo que estoy entendiendo cada vez más la esencia de la mujer. Estoy en mis 40, así que he tenido muchas experiencias en mi vida y ya puedo ser más directa. Quería crear un álbum que examinara las múltiples facetas de la mujer. Somos tan poderosas, tenemos un rol vital en la sociedad y somos más que personas que pueden gestar. En un punto, fuimos oráculos y fuimos altamente respetadas por nuestra intuición y esencia espiritual. Quería recordarles a las mujeres que a pesar de que el patriarcado nos diga que somos débiles, que debemos servirles a los hombres y ser sumisas, tenemos una posición vital dentro de la humanidad. Tenemos que mantenernos firmes en nuestra gloria y gracia sin importar lo que los hombres piensen y sientan.

¿Qué mujeres te formaron como persona y como artista?

Las mujeres que me formaron como persona, definitivamente, son mi madre y mis hermanas porque antes de cualquier interacción que tuviera con otras, estuvieron ellas. Ellas son la primera inspiración. Y a nivel musical, he estado influenciada por mujeres fuertes. Diría Lauryn Hill, Sade, Sister Carol, Sister Nancy, todas mujeres que cimentaron el camino y dejaron huella. Ellas cargaron con el peso de esto sobre sus hombros y nunca se doblegaron.

En este álbum no solo hablas sobre las mujeres, sino también sobre el mal en el mundo y la necesidad de unirnos para combatirlo. ¿De qué manera construyes este sentimiento de comunidad alrededor de tu música?

Es verdad, en este álbum hablo desde la perspectiva de la mujer porque recuerda que no somos del tipo que busca algún tipo de maldad para la comunidad a la que pertenecemos, y quiero que este disco sirva de recordatorio de que a eso es a lo que debemos apuntar. El mundo ha estado regido por un sistema patriarcal durante mucho tiempo y todo se ha hecho con una aproximación masculina, pero lo que falta es bondad y empatía. Esa es la energía que nosotras representamos mejor. Quiero que, además, resuene con la gente a un nivel más espiritual y que sea mucho más que un “álbum para mujeres”, porque somos multifacéticas y tenemos una cualidad espiritual que impacta al mundo.

Hempress Sativa, una voz de fortaleza
Cortesía

¿Dónde encuentras el impulso para escribir canciones o crear un álbum completo?

En las experiencias de vida. Puedo estar escuchando un audiolibro y una frase puede ser mi inspiración. O puedo estar escuchando una canción de otra persona y su melodía me impulsa a hacer la mía. Tan solo el hecho de estar viva es una inspiración, utilizo cada esencia como una oportunidad de implementarla en mi música.

¿Qué tan distinto fue el proceso de crear este disco del anterior?

Creo que la principal diferencia es que en los anteriores hubo un mayor entendimiento a nivel de dinámicas culturales. Esta vez, trabajar con Baldini fue retador porque él no habla inglés, entonces expresar las cosas que yo quería escuchar y sentir fue un poco difícil. Diría que el mayor reto con este álbum fue la barrera del lenguaje.

¿Cómo lo solucionaron?

Encontramos personas que nos tradujeron. En ocasiones nos entendíamos; en otras no. Pero, al final del día, logramos que funcionara y pudimos terminar el disco.

Paolo produjo tu hit ‘Boom (Wah Da Da Deng)’ en 2016. ¿Cómo terminó involucrado en Woman?

Exactamente, yo ya había trabajado con él en 2016, así que lo busqué de nuevo y le dije, “Oye, tengo una idea para un álbum. ¿Te interesaría crearlo conmigo?”, y él me contestó que sí. Literalmente, así fue como sucedió.

¿Qué le aporta Paolo a tu música?

No creo que le aporte nada en particular porque él tiene su propia manera de interpretar la música, así como yo tengo la mía. Sin embargo, lo mejor de todo es que podemos colaborar para crear algo verdaderamente único.

Este álbum contiene dos colaboraciones importantes, una con Tiken Jah Fakoly y otra con Jalifa. Pero primero, ¿qué me puedes decir de ‘Rastaman A Chant’?

Soy una mujer rasta y, a lo largo de los años, siempre escuché conversaciones entre los mayores sobre Babylon, el sistema que fue impuesto, y lo que vendrá. Quería hacer una canción a modo de recordatorio de eso, pero también reafirmar que todo estará bien, y así fue como di con el concepto de ‘Rastaman A Chant’. Quería recordarle a la gente que todavía hay rastafaris hablando en contra de las injusticias y las atrocidades que están sucediendo porque nada ha cambiado, pero al final del día somos quienes tenemos que darnos cuenta de eso y actuar.

Y, ¿cómo terminaste invitando a Jalifa para ‘Ganja Spliff’?

Siempre he hablado con Jalifa a través de redes sociales. Eventualmente, intercambiamos números de teléfono y nos hablamos por WhatsApp, entonces le conté que estaba trabajando en un álbum y le pregunté si quería participar en una de las canciones. Ella se mostró emocionada y llegamos a la idea de ‘Ganja Spliff’. Yo ya había escrito la canción y le dije, “Jalifa, me encantaría que estuvieras en esta canción porque ambas somos defensoras de la marihuana”. Ella me contestó, “Absolutamente”, y en 30 o 35 minutos ya me había mandado una demo.

¿Te llamó la atención la rapidez con la que la hizo?

Para ser honesta, no. Yo sabía que quería colaborar con Jalifa porque me gustan sus melodías y su delivery, pero entiendo que cada artista interpreta la música de forma diferente. Hay quienes pueden hacer una canción en media hora y puede que esté bien, pero no trasciende; hay otros que tardan años en trabajar una sola canción y esa es la que perdura. Por eso es que no me impresiona la habilidad de escribir rápidamente, más bien, la canción debe tener sentido y eso fue lo que sí me impresionó.

¿De qué manera eliges a las personas que quieres involucrar en tus trabajos?

Soy una persona peculiar, de modo que siempre me inclino por personas que tengan una mentalidad similar a la mía y que estén en mi misma sintonía. Siempre me emocionará colaborar con alguien que sea espiritual, consciente, que no esté absorto en la negatividad y que no sea chismoso. Más bien, alguien honesto que aún conserve la esperanza y que esté intentando dar lo mejor de sí en la industria musical.

Después de trabajar en este álbum, ¿qué dirías que es lo que más disfrutas de ser artista?

La gente no entiende que los artistas seguimos siendo seres humanos: tenemos las mismas emociones, los mismos sentimientos que los demás. Entonces, cada vez que interactúo con personas que apoyan mi música, son amables, empáticas y comprensivas, y eso me llena de alegría. He conocido personas que me han dicho que mi música les ha impactado, incluso hay quienes me han dicho que querían quitarse la vida, pero cambiaron de parecer al escuchar la letra de una canción. Para mí, esa es una de las mayores recompensas porque la música también me ha salvado muchas veces. Me siento muy agradecida cada vez que puedo darles algo de vuelta porque me han dado fuerza con sus palabras, con su apoyo, al ir a los conciertos y al demostrar su cariño. Es una experiencia completa.

Y, ¿qué es lo que más disfrutas de cantar en vivo?

La energía en vivo y escuchar a los fans cantar las canciones. Últimamente estuve viajando un montón por Europa y la barrera del lenguaje es enorme, pero es hermoso saber que el idioma no importa a la hora de entender la música. Lo que importa son las vibras de lo que estamos cantando y eso me resulta fascinante. La música trasciende límites y las barreras no importan; las conexiones y la energía sí. Nosotros agradecemos el poder tener la inspiración de crear canciones que tengan impacto en la gente.

Cortesía

Hempress, desde tu perspectiva, ¿qué tan importantes han sido las mujeres para el roots reggae?

Muy importantes. Considero que somos portadoras vitales de una energía intuitiva y de poder. En este caso, somos capaces de transmitir una emoción y creo que por eso mismo trascendemos en la música. Somos capaces de canalizar emociones en un sentido más profundo, siempre y cuando tengamos la oportunidad de demostrarlo. Hay muchas mujeres talentosas haciendo canciones de música espiritual, pero ni siquiera han podido compartirlas con nadie porque es un campo dominado por hombres, y ese es un problema muy grande. Los hombres pueden hacer canciones mediocres que serán aceptadas, por el contrario, a veces a nosotras ni siquiera se nos permite mostrar el 1% de lo que podemos hacer. Todavía hay mucho por mejorar.

¿Qué cambios te gustaría ver dentro del movimiento para que las mujeres obtengan más reconocimiento?

Me gustaría que más mujeres tuvieran reconocimiento en la industria no solo como artistas, sino como managers, agentes de booking y demás. También me gustaría que los eventos contaran con más mujeres en sus carteles y en letras grandes. Que fueran las encargadas de cerrar los festivales porque nosotras podemos atraer al público. Que se nos dieran las mismas presentaciones que a los hombres. Que se nos respete.

No lo digo por ser negativa, pero me gusta evaluar las experiencias. Una vez estuve de gira y tuve que enfrentarme al tour manager (no era el mío). Yo era la única mujer en el cartel, así que tenía que compartir baño y otro tipo de cosas con hombres. Hubo un momento en el que estaba usando el baño y un hombre entró y tuve que decirle [al tour manager], “No es por ser ‘diva’ ni nada por el estilo, pero la privacidad es muy importante para mí”. Como mujer, nunca quisiera que alguien me encontrara en una posición vulnerable, así como tampoco me gustaría entrar y ver a un tipo orinando. No quiero verlo. Entonces me dijo, “Tienes toda la razón, me disculpo por eso”. Son cosas que parecen sencillas, pero tenemos que proteger nuestra virtud, y los hombres también tienen un compromiso en ese aspecto.

Por mucho tiempo, la industria musical ha estado regida por hombres que, en sus cargos ejecutivos, te sexualizan antes de darte una oportunidad para grabar. Ellos tienen que ser conscientes de lo que proyectan y tienen que entender que las experiencias a las que nos someten son innecesarias.

Sí, es indignante que aún en 2026 tengamos que ver estas cosas. Una pensaría que la industria ya habría mejorado, pero todavía hay trabajo por hacer.

Sí, porque muchos piensan que estamos exagerando. Ellos han sido privilegiados por un montón de tiempo, entonces no alcanzan a dimensionar ni entender las cosas que les contamos. Lo único que ellos han visto es un sistema que les beneficia. Tienen que hacer un trabajo de introspección.

The post Hempress Sativa, una voz de fortaleza appeared first on Rolling Stone en Español.

No sería errado afirmar que Amarga Navidad, la película más reciente de Pedro Almodóvar, termina de coagular las características definitorias de su período tardío. Una vez más se retoma la cuestión de la impermanencia y la degradación de los cuerpos, y nuevamente se contrarresta la densidad del asunto con el despliegue de juegos metaficcionales y operaciones lúdicas. El lugar que antes ocupaba el exceso está ahora habitado por una mirada más contemplativa, lo que no quiere decir que la desfachatez haya desaparecido; más bien, migró a la manera en que Pedro encara la estructura de su narración, brincando en la línea difusa que separa la realidad de la ficción.

Pero la película también cristaliza algo parecido a una nueva troupe almodovariana: es la conformación de un nuevo conjunto de actores fetiches para él. El elenco está mayormente compuesto por intérpretes que tuvieron su primera oportunidad en Dolor y gloria y Madres paralelas. Uno de ellos, claro, es Leonardo Sbaraglia, que en apenas unos minutos de pantalla dejó una marca indeleble en toda la obra de Pedro. Tanto es así que él terminó convocándolo para protagonizar Amarga Navidad, otro autorretrato sobre la stasis creativa y cómo sobrellevarla.

Esta no es tu primera colaboración con Pedro Almodóvar: ya habían trabajado juntos en aquella escena increíble de Dolor y gloria. ¿Qué tan distinto fue el proceso creativo de Amarga Navidad?

Hay una especie de diálogo entre Dolor y gloria y esta película. El propio Agustín Almodóvar me decía: “Seguramente los cinéfilos seguidores de Pedro van a hacer algún tipo de análisis de por qué estabas ahí y ahora acá”. Pero, más allá de ese lenguaje que puede estar teniéndose, creo que toda persona que se dedica al cine o la actuación siente a Almodóvar como alguien cercano, alguien que habla de uno mismo. Indistintamente del tema, hay algo en la humanidad que transmite que es como si desnudara algo que buscamos esconder, tal vez un dolor o una duda. Ha hablado por todos nosotros a través de muchísimas décadas, entonces no sé exactamente dónde empieza o termina esa relación. Y además, en mi caso, empezó antes de Dolor y gloria porque llegué a tener algunas entrevistas con él para La mala educación. Lo que sí creo es que Dolor y gloria fue una participación más orgánica para mí, en el sentido de que era un personaje que yo sentía más cercano por esa ternura y luminosidad que Pedro necesitaba. Acá era todo lo contrario: necesitaba a alguien seco, duro, escondido detrás de sí mismo, que espía agazapado la vida de los otros. Lo primero que me dijo fue que quería autoficción y no un retrato amable. En Amarga Navidad hay un alter ego del alter ego, y al mismo tiempo está Almodóvar detrás de ese alter ego y también nosotros, los actores.

Mencionás el componente de autoficción en Amarga Navidad, y lo interesante de poner estas películas en diálogo es que en Dolor y gloria encarnabas al agente externo que despabilaba al protagonista de su entumecimiento, mientras que acá te toca a vos ponerle el cuerpo a un personaje que está escindido de su propia creatividad.

Yo creo que Amarga Navidad es una especie de juego de espejos donde todos nos estamos mirando. Hay una ventana que es la vida y otra que es la manera de observarla; y en el medio aparece un espejo donde el actor se reconoce en el personaje pero es al mismo tiempo el actor. Almodóvar dice en muchas entrevistas que lleva a sus actores al límite, y es en ese límite donde encuentra a sus personajes: en la tensión entre el personaje y el actor.

¿Cuál fue ese límite para vos? ¿Te reveló algo el proyecto sobre vos mismo?

La primera tensión fue la de estar entre profundamente agradecido y honrado de estar trabajando para él y perteneciendo a su mundo durante meses y, al mismo tiempo, sentir una enorme autoexigencia. Yo soy muy autoexigente y él es muy exigente, entonces ahí aparece una fricción y un juego en el que uno tiene que responder a cosas que, en el momento, parecen imposibles de lo abstractas que son. “No quiero que muevas tal músculo”. Él quiere que hables de una manera determinada, y que te muevas o no te muevas de una manera determinada. No quiere cosas coloquiales. No quiere que aparezcan elementos cotidianos o que no tengan que ver con su universo.

Amarga Navidad versa sobre un director que empieza a usufructuar la vida de las personas que lo rodean. Supongo que ahí hay un paralelo con el oficio de un actor que tiene que interpretar una versión construida de otro. ¿Podés identificar dónde termina él y dónde empieza la construcción?

Él te dice el texto tal como quiere que lo digas, y cuando lo hace le encontrás sentido. El tema es que puedas agarrarlo. En relación a tu pregunta: sí, el actor está voraz de captar cosas. Más de una vez me encontré investigando obsesivamente a los personajes que iba a interpretar. En este caso era distinto, porque lo tenía en frente y porque he visto miles de entrevistas suyas. Él mismo se ofrecía a esa mirada. Me decía: “Pregúntame lo que quieras”. En un momento le pregunté por qué me había elegido a mí. Se sorprendió con la pregunta, y dijo: “Bueno, porque me parece que tienes la edad, el físico, que eres muy buen actor”. La argentinidad era lo que menos me preocupaba. De todas maneras no hay ninguna “ye” en la película.

Quería volver a tu escena en Dolor y gloria. ¿Qué recordás de ese día en el set?

Contrariamente a lo que pasó en Amarga Navidad, esa escena la ensayamos poco porque él ya la veía con claridad. Creo que por eso fue más fácil. Lo que yo le daba ya le gustaba. Esta vez no le gustaba lo que yo le daba, entonces había que ir encontrándolo. Pero en ambas instancias tuve la suerte de trabajar con compañeros increíbles, Aitana Sánchez-Gijón y Antonio Banderas. Enseguida nos entendimos. Lo primero que tuve que hacer en Dolor y gloria fue abrir el ascensor y encontrarme a Antonio. Ese mismo día llegamos a lugares que ninguno de los dos imaginaba alcanzar tan rápido. Al segundo día, cuando filmamos la gran escena entre los personajes, ya estaba completamente desplegado ese vínculo. Fue un día hermoso. Además tengo una anécdota muy linda de ese rodaje. Mientras filmábamos esa escena, Pedro me preguntó si había visto Call Me by Your Name. Tiempo después, cuando me lo encontré a Luca Guadagnino en el Festival de Venecia, me habló justamente de Dolor y gloria y esa escena. Le dije que estábamos hablando de su película mientras filmábamos la nuestra. Todo adquirió una especie de circularidad muy hermosa. 

Tu mamá es profesora de actuación, y desde La Noche de los Lápices hasta Amarga Navidad pasaron literalmente cuarenta años. ¿Qué aprendiste o tuviste que desaprender en esta vida abocada al oficio actoral? ¿Cambió mucho tu método? ¿Detectás momentos bisagra en tu carrera que te hayan hecho repensar la actuación?Creo que lo que más fui ganando con los años fue aprender a no tomarme tan en serio. No porque eso implique trabajar menos sino fundamentalmente por miedo e inseguridad. Creo que casi todos los actores somos muy inseguros. En mi caso, durante mucho tiempo me aferré a ciertas obsesiones por esa inseguridad y eso me hizo perder un poco de plasticidad, pero la vida te va cocinando. Yo siento que en muchos aspectos empiezo de nuevo con cada proyecto que encaro. Ahora estoy por filmar una nueva película con Damián Szifron, y es un nuevo comienzo porque voy a trabajar con uno de los directores que más admiro en el mundo. Estoy queriendo darlo todo, pero tampoco tuvimos muchos encuentros porque esa es la dinámica de Damián, así que supongo que nos encontraremos sobre todo en el set, trabajando con la cámara encendida. Tengo que hacer un concertista de piano, así que estoy estudiando con el instrumento. Cada personaje te ofrece un mundo y te viene a iluminar como persona y como actor. Hay algo en estos elementos nuevos que te enseñan a iluminar toda esta parte de atrás que no estaba iluminada. Por eso digo que es como empezar de nuevo. Cuando me tocó hacer de Menem, dije: “¿Cómo me están ofreciendo esto?”. Es empezar siempre de nuevo y aprender a nutrirte de herramientas que no tenía. Es un proceso decir: “¿Cómo es actuar?” y después reconocer que no tenés idea por fuera de aprender el texto. Como quiebre personal te podría señalar Plata quemada. Caballos salvajes también. Marcelo Piñeyro fue un gran facilitador de quiebres, rupturas y nuevos lugares. Haber ido a España fue un momento bisagra y volver a Argentina también, tanto personal como actoralmente. Menem también. Con Almodóvar tenés que desaparecer en el personaje y convertirte en alguien que obedece a otra lógica. Con El otro hermano de [Israel Adrián] Caetano también me pasó. Son personajes donde tuve que renunciar a hacer pie. Es un trabajo difícil porque tenés que renunciar a vos mismo y dejar de verte en el espejo. Descartes tiene un trabajo filosófico sobre el oficio del actor que data del siglo XVII y habla precisamente de los espejos, del desdoblamiento, de los escenarios en los que uno está. Me gustaría algún día escribir algo sobre eso.

The post Leonardo Sbaraglia: “Almodóvar me pidió autoficción y no un retrato amable” appeared first on Rolling Stone en Español.

Bruce Springsteen volvió a demostrar que su enfrentamiento con Donald Trump excede las declaraciones aisladas. El miércoles por la noche, en el Nationals Park de Washington D.C., el Boss se despachó con mensajes directos contra la Casa Blanca y una puesta cargada de referencias al clima social y electoral de Estados Unidos.

Según consignaron medios locales, Springsteen arengó al público durante varios pasajes del recital y lanzó una frase que rápidamente se viralizó: “Let ’em hear you in the f—in’ White House!” (“Que nos escuchen en la Casa Blanca”), en referencia a la cercanía del estadio con el centro político de Washington.

El concierto formó parte de la gira Land of Hope and Dreams, presentada por Springsteen desde el inicio como una respuesta explícita al regreso de Trump al poder. Desde el debut del tour en Minneapolis, en marzo, el músico viene utilizando sus shows para denunciar políticas migratorias, cuestionar el accionar del gobierno y advertir sobre lo que considera una amenaza a las instituciones democráticas.

Springsteen interpretó “American Skin (41 Shots)” y “Streets of Minneapolis”, dos canciones atravesadas por denuncias sobre violencia y racismo. También volvió a apuntar contra la administración Trump, a la que describió en distintos tramos de la gira como “corrupta”, “autoritaria” y “peligrosa para la democracia”.

The Washington Post directamente definió el recital como “un acto de resistencia” y señaló que Springsteen prometió generar todavía más “ruckus” —caos o agitación— antes de las elecciones legislativas de medio término previstas para noviembre.

El Boss formará parte del festival Power to the People, que se realizará el 3 de octubre en Maryland y reunirá a artistas como Foo Fighters, Dave Matthews, Joan Baez, Tom Morello y Brittany Howard. Parte de lo recaudado será destinado a organizaciones vinculadas al derecho al voto y la participación ciudadana.

The post Bruce Springsteen desafió a Trump en Washington: “Que nos escuchen en la Casa Blanca” appeared first on Rolling Stone en Español.

Llevar con orgullo nuestro canto. Durante las últimas décadas, el amor por nuestras músicas y cantos ha crecido de manera sustancial. Artistas como Carlos Vives, Adriana Lucía y Fonseca han entrelazado los sonidos del folclor con elementos más modernos y han logrado resaltar la música colombiana alrededor del mundo.

Pero, ¿qué tanto reconocimiento les damos a los lugares donde nacen esos sonidos del folclor que nos representan globalmente? ¿Por qué seguimos mirando de forma peyorativa a las personas que nacen y crecen en los pueblos? Justamente, en respuesta a esas y otras preguntas similares, es que Adriana Lucía lanza ‘Pueblerina’, una canción que exalta el amor por el pueblo y todo lo que representa para nosotros. Porque la raíz que nos hace colombianos no está en las grandes ciudades: está en las periferias, en esos lugares en los que, como dice Iván Benavides: “Tengo la posibilidad de mirar el mundo con asombro, de descubrir la belleza en las periferias. Estoy convencido de que las grandes innovaciones no vienen de las ciudades ni de las academias, sino de los márgenes”.

Acabas de lanzar ‘Pueblerina’ hace poco. ¿De dónde nació esta canción?

Llevo varios años con esta idea sobre lo que significa ser de pueblo. En Bogotá, donde confluyen personas de todas partes, es inevitable escuchar términos como “provinciano”, “pueblerino” o expresiones como “regrésese para su pueblo”. Pero, pese a todo eso, yo amo a Bogotá y siempre me he preguntado por qué hay gente que ve el hecho de regresar al pueblo, o ser de pueblo, como algo malo. La próxima vez que alguien me diga: “Regrésese a su pueblo”, le voy a responder que eso me encantaría [risas].

Esa percepción de la palabra “pueblerino” como algo negativo me ha venido taladrando durante los últimos años. Entonces empecé, durante los conciertos, con un discurso que decía: “Esta canción va dedicada a todos los pueblerinos del mundo”, y la gente se ponía feliz. Había una gran aceptación, no solo en los pueblos, sino también en las ciudades. Ahí empecé a pensar cómo convertir ese discurso en una canción.

La canción se llama ‘Pueblerina’, pero algo curioso es que en ningún momento digo esa palabra. Es la historia de una pueblerina que tiene una pareja, y lo que más me gusta es cuando ella le dice a él: “Ya voy a mitad de camino acordándome de ti / De cuando tú me decías: tú no eres de por aquí / Decías que eso te gustaba y ahora me vas a decir / Que no vaya pa’ mi pueblo, pues me voy contigo o sin ti”. Esa parte me gusta mucho porque todo el mundo empieza diciendo: “Ay, tan lindo como hablas”, “qué chévere tener un pueblo para pasear”, y después dicen: “Qué pereza irse para ese pueblo”. Por eso, esa parte de la canción me encanta.

Tengo un gran orgullo por ser pueblerina. Yo, como mujer Caribe que soy, y ahora que mi región está tan de moda, quisiera recordar cómo a Lucho Bermúdez al inicio le decían que su música era “para negritos”, o cómo a Totó la Momposina, tras su muerte, todo el mundo le mostró admiración, pero antes le decían que lo que hacía era “bulla”. Entonces siempre me he preguntado cómo hacer entender a la gente que Colombia es un país de regiones, pero que tenemos muchísimas similitudes y no deberíamos centrarnos tanto en las diferencias. Me he dado cuenta de que los campesinos y los pueblerinos de todas las regiones nos parecemos mucho: tenemos los mismos códigos, confiamos en la palabra, en las encomiendas, en pasear por el pueblo.

Yo tengo la percepción de que las periferias y los pueblos son los que, en realidad, tienen esa raíz que nos hace colombianos.

Totalmente. Me encanta eso que dices, es la primera vez que un periodista me lo plantea así.

Hay cosas evidentes que vienen del campo: la fruta, las verduras… pero para la gente no es tan evidente que la poesía y el folclor también brota del campo. Los fundamentos —no solo en Colombia, sino en el mundo entero— vienen del campo. El blues, el soul e incluso el rock & roll tienen un origen profundamente campesino, profundamente pueblerino. Y ahí hay algo curioso: nosotros, para creernos chéveres, necesitamos que alguien más venga a decirnos que lo somos.

Yo me veo reflejada en Bad Bunny. Ambos hacemos parte de ese gran Caribe, y los campesinos de él seguramente son iguales a los míos. Y ese campesino también se parece al antioqueño, porque aunque Antioquia se considere un departamento montañoso, con el carriel como símbolo, ellos también tienen Caribe: cantan bullerengue y tienen una comunidad afro muy poderosa. Pero esa parte muchas veces es invisibilizada por los mismos antioqueños. Y lo digo porque, al final, somos mucho más parecidos todos los pueblerinos de lo que uno se imagina.

Bogotá, esta ciudad tan inhóspita, donde parece que cada quien tuviera que salvarse como pueda, hace que los pueblerinos amemos más a nuestros pueblos. Porque muchas veces el pueblerino no ama realmente a su pueblo hasta que se va. Bogotá despierta lo que yo llamo “la teoría de la yuca”: cuando yo vivía en mi pueblo no me gustaba para nada la yuca, pero cuando empecé a vivir en Bogotá, empecé a extrañar hasta la yuca.

El video de la canción es hermoso porque yo fui a este pueblo —Nariño o Nariño Gallinazo, cerca de Lorica— a entregar ayudas durante una inundación. Y todavía conservaba una arquitectura y una esencia muy de pueblo, porque con el paso de los años muchos pueblos han ido perdiendo identidad. En ese momento me parecía inmoral hablar de grabar un videoclip en medio de la inundación, pero les dije que cuando bajara la marea regresaríamos para hacerlo allá.

Cuando llegamos a grabar, nadie se lo esperaba. Y yo no quería que la gente apareciera posando, como pasa a veces cuando los creadores de contenido entregan mercados y convierten todo en espectáculo. Al final logramos un video hermoso, lleno de simbolismos: las gallinas, el pavo, las casas, los techos, la bicicleta… y que la gente se vistiera como normalmente lo hace. Quitamos muchos clichés y mostramos la realidad.

Algo muy bonito fue que, en el video de expectativa, cuando le preguntábamos a la gente “¿quién eres?”, respondían: “soy hijo de la señora que vendía carimañolas”, o cosas por el estilo. Y eso demuestra cómo la identidad de cada persona está profundamente ligada a su familia y cómo cada familia le aporta algo a la comunidad. Recorrimos varios pueblos durante la grabación del videoclip.

Adriana Lucía: el orgullo de ser pueblerinos
Cortesía

¿Qué nos puedes contar de este nuevo proyecto que inicia con ‘Pueblerina’?

Más que una canción, es el hilo conductor de todo lo que viene. Es la piedra angular de esto que estamos construyendo: reivindicar el orgullo de ser de pueblo.

Es una canción que combina afrobeat con cumbia y que tiene un elemento muy especial: la flauta de millo, un instrumento hecho con las cañas que brotan del campo y que, para mí, se entrelaza perfectamente con esta canción moderna, en la que experimentamos mucho con los beats y con la búsqueda de que sonara tanto a cumbia como a afrobeat. Porque el afrobeat ha estado presente desde siempre en el Caribe y en las Antillas, pero el simple hecho de compartir territorio no significa necesariamente que conecte con la cumbia. Entonces fue un experimento muy bonito poder entrelazar estas dos músicas.

Lo que viene es preservar la esencia sin negarme a los tiempos de ahora. Parte de mi misión en la vida es conectar generaciones y conectar al campo con la ciudad. ‘Pueblerina’ es la puerta de entrada a un universo que apenas comienza.

Acaba de morir Totó la Momposina. Cuando hablamos de tu último disco también hablamos de lo que significó para ti cantar ‘La candela’. ¿Cuál crees que es el gran legado que dejó y qué nos puedes contar de ella?

Fue hermoso haber podido rendirle homenaje en vida, haber grabado ‘La candela’ y, mucho antes, ‘La piragua’. He cantado junto a los tambores de Totó en Mompox y compartí tarima con ella en su último concierto.

Totó la Momposina es la gran matriarca, la gran arquitecta de nuestra identidad colombiana; una mujer profundamente valiente. Ella hizo popular la música del pueblo, la música del agua que viene del río. Fue una de las grandes responsables de construir esa identidad colombiana desde la música, y además cantó boleros, baladas… era una genia.

Cuando yo nací, ella ya estaba grabando un disco en Inglaterra. Hizo siempre lo que quiso y fue una fuerza noble y rockanrolera sobre el escenario. Es totalmente irremplazable y nos dejó un compromiso enorme: mantener vivo ese legado de identidad colombiana, entender cómo sonamos, reconocer los golpes de tambora, la cumbia, el bullerengue, los bailes cantados… una maestra en todo el sentido de la palabra.

Hablando de eso, ¿cómo ves el futuro del folclor?

Soy una persona positiva y creo mucho en las nuevas generaciones. Y, hablando de eso, odio la expresión “generación de cristal”, entre otras cosas porque tengo un hijo.

Veo a muchos jóvenes realmente interesados en aprender sobre el folclor, en investigarlo y entenderlo. También veo que es un camino difícil y que no es tan romántico como a veces parece. Los medios tradicionales suelen mirar el folclor desde la apreciación, pero no siento que exista un verdadero trabajo de continuidad. En cambio, sí veo a muchos medios independientes haciendo cosas muy valiosas con nuestras músicas. Los medios tienen que dejar de mirar el folclor desde una perspectiva contemplativa y paternalista, y empezar a involucrarse realmente con la cultura.

La música es un elemento cambiante y, aunque hay muchas personas haciendo música desde lo estrictamente tradicional —lo cual me parece fantástico—, también hay pelados a los que les encanta fusionar y están haciendo cosas muy interesantes. Pero siempre partiendo del conocimiento y del respeto por las raíces.

En un mundo cada vez más homogéneo, saber quiénes somos y cómo sonamos también se convierte en una forma de ser disruptivos. 

The post Adriana Lucía: el orgullo de ser pueblerinos appeared first on Rolling Stone en Español.

Para Manuel Turizo, la esencia de la música no está en seguir fórmulas para pegarse ni en encerrarse dentro de un solo sonido. Por el contrario, el cantante colombiano ha entendido —a lo largo de más de 10 años de carrera— que hacer música con identidad propia pasa principalmente por permitirse probar cosas diferentes, encontrar nuevas formas de conectar con la gente y mantenerse en constante exploración de distintas corrientes musicales regionales, nacionales, e incluso internacionales.  

Esa filosofía atraviesa Apambichao, su más reciente álbum de estudio y un trabajo donde el Caribe colombiano, desde sus sonidos hasta su cultura, conviven con el pop, el reggaetón e incluso con la música mexicana. “No está en mi esencia probar las mismas cosas y hacer proyectos homogéneos”, asegura Turizo, quien entiende su carrera artística como un proceso permanente de aprendizaje.

En una conversación exclusiva, Turizo habló sobre el proceso creativo detrás de este último lanzamiento, la manera en que entiende la música, la mezcla de géneros que atraviesa el proyecto y hasta el uso de inteligencia artificial dentro del proceso creativo de canciones como ‘Intro: Viene el Apambichao’. 

“He hecho todo lo que he querido en la música”: Manuel Turizo
Cortesía

“He intentado vivir este camino literalmente como un estudiante. Uno nunca termina de aprender ni de saber todo lo que puede dar. La tarea siempre es entrar al estudio y preguntarse qué no has hecho todavía, qué otra cosa puedes aprender o qué más puedes ofrecer en la música”, explica Manuel, quien entiende la música como un proceso de descubrimiento permanente.

En medio de una industria cada vez más marcada por las tendencias virales y la inmediatez, el colombiano asegura que su identidad artística se ha construido desde la curiosidad y la necesidad constante de experimentar con nuevos sonidos. Para él, la evolución no nace de seguir fórmulas, sino de mantener una mentalidad abierta frente a todo lo que la música todavía puede enseñarle. “La carrera de un artista, hasta el último de sus días, es eso, seguir explorando y entender cómo conectar con todas esas influencias y colores que uno carga desde su cultura y desde todo lo que escucha”.

“Ese ecosistema en mi cabeza suena así: suena a ese ambiente, a ese tipo de calle, a esa jerga, a ese calor, a ese acento”, comenta el artista. “Mientras armaba el álbum, yo quería sentirme como en unas vacaciones en mi tierra, con mi gente. Quería hacer música para disfrutar y escuchar juntos, y obviamente mi manera más natural de plantearlo iba a ser desde donde yo soy”.

A lo largo del disco, Turizo se mueve entre distintos géneros, una mezcla que, según él, nació tanto desde la sensibilidad como desde la investigación musical. Para el cantante, acercarse a nuevas corrientes implica primero entender qué define cada uno de esos universos antes de llevarlos hacia su propio lenguaje artístico.

“Todo empieza desde la vibra y desde lo que tú sientes. Hacer música es como estar en un laboratorio”, asegura. “Primero viene la energía y después llega esa parte de explorar cómo respetar cada género, pero poniéndole encima todo el color de lo que es Manuel Turizo. Es una exploración constante, porque al final todo parte de un lienzo en blanco y tú mismo vas inventando lo que quieres construir”.

El concepto de Apambichao también nace desde esa misma búsqueda de sensaciones y atmósferas. Para Turizo, el término —tomado de un tipo de merengue lento y sensual— resume perfectamente la energía que quería transmitir a lo largo del álbum: una experiencia mucho más relajada, cálida y conectada con el Caribe. “Si tú llevas ‘apambichao’ a la vida, es vivírtela más suave”, comparte el cantante. “Sentía que esa palabra englobaba perfectamente el ecosistema donde yo quería que viviera este proyecto, esa sensación de calor, de parche y de disfrutar la música con tu gente”.

Aunque el álbum está profundamente ligado a sus raíces culturales, Turizo asegura que el proceso creativo no partió de una idea estructurada o de un concepto previamente definido. Más bien, dice, fue una experiencia guiada por la intuición y por la necesidad de conectar consigo mismo desde un lugar mucho más honesto y libre. “Desde hace dos álbumes me he permitido hacer todo lo que he querido en la música. Ya no existe ese nervio de no permitirme algo”, afirma. “Este disco fue muy pensado en conectar conmigo mismo y con lo que realmente me representa. La música es vibrar, es energía. Las canciones simplemente salen y uno las va construyendo en el camino”.

Esa intención aparece desde el primer momento del álbum con ‘Intro: Viene el Apambichao’, una apertura inspirada en sonidos profundamente arraigados a distintas tradiciones culturales colombianas. Lo más llamativo del tema, sin embargo, es que la voz femenina que atraviesa la canción no pertenece a ninguna cantante invitada, sino que fue creada por el propio Turizo utilizando inteligencia artificial.

Según explica, la idea era recrear un tipo de canto mucho más autóctono y ancestral, inspirado en sonidos que van desde los vaqueros arreando ganado hasta cantos indígenas y tradiciones orales presentes en distintas regiones del país. El problema, revela, era que encontrar ese tipo de registro vocal fuera de contextos culturales específicos resultaba prácticamente imposible dentro de un entorno comercial de grabación.

“Yo quería esos colores de voz muy culturales, no comerciales”, comenta. “Busqué muchísimo, pero no encontraba a alguien que pudiera grabar exactamente eso que tenía en la cabeza. Entonces grabé mi propia voz y empecé a trabajar con IA, dándole referencias e información sobre el color que quería lograr, hasta construir esa voz femenina que termina apareciendo en la canción”.

Lejos de ver la inteligencia artificial como una amenaza para la música, Turizo la entiende como una herramienta más dentro de los procesos creativos contemporáneos. Para él, el verdadero valor sigue estando en la intención humana detrás de cada idea y no en la tecnología utilizada para ejecutarla. “Nosotros no podemos pelear contra la evolución”, asegura. “La IA va a existir y tú decides si la utilizas a tu favor o si peleas contra eso y te quedas atrás, pero una herramienta no hace las cosas por ti. La IA no creó eso sola; yo tuve que decirle exactamente qué quería hacer. Al final, ella fue una herramienta, pero el operador era yo”.

La transición entre ‘Intro: Viene el Apambichao’ y ‘Apambichao’ también funciona como una puerta de entrada al universo sonoro del álbum. Después de esa apertura cargada de referencias culturales y sonidos mucho más tradicionales, el proyecto da paso a una colaboración junto a Maluma, uno de los nombres más importantes de la música urbana colombiana y un artista con el que Turizo ya había trabajado anteriormente.

Según cuenta el cantante, la colaboración nació de manera bastante espontánea y sin demasiadas vueltas. La canción fue creada inicialmente junto al productor Casta, quien terminó jugando un papel clave para que Maluma se sumara al tema una vez la idea ya estaba bastante avanzada dentro del proceso del álbum.

“Es la segunda vez que colaboro con él y desde la primera siempre ha sido muy buena vibra conmigo”, comenta Turizo. “La canción la hicimos con Casta y después él se quedó con la idea. Yo incluso ya ni la tenía tan presente hasta que un día me escribió y me dijo ‘marica, se la mostré a Maluma y le encantó’”. La respuesta del paisa, recuerda, llegó de manera inmediata. “Dijo de una ‘sí, me monto, voy. Lo que usted diga, hermano’. Y así nació realmente la colaboración. Todo fluyó muy natural y sin complicaciones”.

Más adelante llega uno de los featurings más llamativos del disco, cuando Turizo incorpora un sample de Diomedes Díaz en ‘Te Creo’. Más allá del peso histórico del cantante dentro del vallenato, la presencia del “Cacique de La Junta” funciona dentro del álbum como una conexión directa con una de las mayores influencias emocionales y musicales de Turizo, que son las letras románticas y sentimentales del vallenato clásico.

Según explica el artista, desde las primeras maquetas de la canción sintió que había algo en su esencia que lo llevaba inmediatamente hacia ese universo musical. La guitarra, el tono de la letra y la carga emocional del tema le recordaban canciones profundamente asociadas al imaginario vallenato que marcó gran parte de su crecimiento musical. “Siempre he dicho que gran parte de lo que me conecta a cantar letras tan sentimentales y románticas viene justamente del vallenato”, remarca. “Desde que hicimos esta canción sentía eso todo el tiempo. Decíamos ‘jueputa, esto recuerda a esos temas clásicos que uno siente tan a flor de piel’, y ahí nació la idea de usar el sample de Diomedes”.

Para Turizo, incluir la voz de Díaz no buscaba únicamente generar nostalgia, sino también preparar emocionalmente al oyente para el tipo de conversación sentimental que propone la canción. “Creo que Diomedes es uno de los artistas más legendarios que tenemos en Colombia”, comenta. “Utilizar ese sample era también darle a la gente un mood, prepararla para el sentimiento de la canción y para todo ese trasfondo emocional que tiene el vallenato”.

Dentro de ese recorrido por distintos géneros y sonidos, ‘Te Hacen Falta Dos’ aparece como el focus track y, probablemente, como el centro emocional de Apambichao. Según explica, el tema resume muchas de las características que la gente suele asociar con su música, especialmente esa manera íntima y emocional de abordar las relaciones y los sentimientos dentro de sus canciones. Más allá del género o del ritmo, el colombiano siente que su vínculo con el público nace precisamente desde ese tipo de emociones.

“Siento que es una canción muy reconocible dentro de lo que la gente entiende como Manuel Turizo”, comenta el cantante. “Tiene un sentimiento muy bonito, muy genuino, y personalmente percibo que la gente conecta muchísimo conmigo cuando hago ese tipo de música que quizás les transmite felicidad o emociones más cercanas”.

Turizo incluso compara esa conexión emocional con la manera en la que otros artistas logran construir identidad desde diferentes estilos musicales. Mientras algunos destacan desde la energía del reggaetón o la técnica del rap, él siente que su lugar dentro de la música siempre ha estado más relacionado con las canciones sentimentales y con la posibilidad de conectar desde la emoción. “Hay artistas que conectan desde un delivery brutal o desde canciones para perrear toda la noche”, asegura. “Yo siento que la manera en la que me conecto con mi gente es hablando desde los sentimientos”.

La exploración musical termina siendo, justamente, uno de los ejes centrales del trabajo. A lo largo del álbum, Turizo se mueve entre el pop, la música popular colombiana, el regional mexicano, el reggaetón, la música tropical y distintos sonidos urbanos junto a artistas tan diferentes entre sí como Luis Alfonso, Emilia, Xavi, Dei V o Dálmata. Sin embargo, para el colombiano, esa diversidad nunca ha sido algo forzado ni una estrategia para abarcar distintos mercados; más bien, responde a la forma natural en la que él mismo consume y entiende la música.

Turizo revela que nunca ha visto su carrera desde la lógica de pertenecer a un solo género. Por el contrario, siente que gran parte de su crecimiento artístico ha estado ligado a permitirse explorar distintos universos sonoros y, sobre todo, a lograr que su público entendiera esa libertad creativa como parte de su identidad. “Mi manera de disfrutar la música es básicamente eso: probar cosas diferentes”, afirma el cantante. “No está en mi identidad pensar que un álbum tiene que ser homogéneo en un ritmo o en un género. En un color sí, en un concepto sí, en lo que te hace sentir sí, pero no necesariamente en un solo sonido”.

Para Turizo, esa libertad también parte de una idea muy simple: nadie escucha un único género musical en su vida cotidiana. Según explica, sus propios hábitos como oyente terminaron moldeando la manera en la que hoy entiende sus proyectos y la posibilidad de moverse entre mundos completamente distintos sin sentirse limitado creativamente. “A mí me gusta de todo”, asegura. “Entonces también quería darme esa libertad en la música de poder explorar en todo. Al final la gente decide si conecta o no con lo que haces, pero lo importante para mí era no limitarme mentalmente pensando que tenía que repetir la misma fórmula todo el tiempo”.

Esa apertura, dice, es justamente lo que le ha permitido colaborar tanto con artistas del mundo urbano como con figuras cercanas a la música mexicana, las baladas o los sonidos tropicales. Más que verlo como una contradicción, Turizo entiende todos esos géneros como parte de una misma experiencia emocional.

El colombiano también coincide con una idea planteada recientemente por Quevedo sobre la imposibilidad de construir un álbum desde una única emoción o un solo estado de ánimo. Para él, la música funciona mucho más como una experiencia cambiante, capaz de acompañar distintos momentos de la vida cotidiana. “Un álbum tiene que sentirse como un viaje”, explica. “Si tú ves una película y tiene la misma escena repetida cuarenta veces, deja de tener sentido. La música también tiene que generar una montaña rusa emocional”.

Turizo incluso compara esa construcción emocional con la cocina: una mezcla constante de ingredientes, ritmos y sensaciones que van cambiando dependiendo del momento y del estado de ánimo de cada persona. “Hay días donde quieres escuchar algo más lento y parchado para caminar tranquilo, y otros donde quieres reggaetón porque estás con tu pareja o quieres salir a bailar”, comenta entre risas. “La música es eso: diferentes emociones, diferentes energías y diferentes momentos”.

Cortesía

Aunque Apambichao gira alrededor de la libertad creativa y la exploración, Turizo reconoce que detrás de cada lanzamiento también existe un componente de incertidumbre inevitable. Después de meses —e incluso años— trabajando en silencio sobre canciones, conceptos e ideas, el momento de mostrar el proyecto al público sigue siendo, para él, una de las partes más difíciles del proceso artístico. “El reto realmente aparece cuando ya terminaste todo y dices: ‘Juepucha, ojalá que la gente conecte con esto’”, comenta el cantante. “Uno disfruta muchísimo haciendo música, pero después de invertirle tantas horas y tanta energía a un proyecto, siempre existe ese pequeño momento de ansiedad cuando finalmente sale al mundo”.

Más allá de hablar de dificultades técnicas o creativas, Turizo asegura que su principal criterio a la hora de hacer música sigue siendo el disfrute y la conexión emocional con lo que está creando. Según explica, cuando deja de sentir esa vibra o esa emoción dentro de una canción, prefiere abandonar la idea y empezar de nuevo antes que forzar un proceso creativo. “Si no estoy disfrutando lo que hago, simplemente cierro ese libro y empiezo otro”, asegura. “La música tiene que sentirse natural. Cuando uno no está conectado con lo que está haciendo, se nota”.

Tras el lanzamiento, el colombiano adelanta que el resto de 2026 estará marcado por nuevas colaboraciones, festivales y la posibilidad de comenzar oficialmente la gira del álbum hacia finales de año. Esa etapa ya comenzó a expandirse recientemente con ‘La Semana’, junto a Elena Rose, donde vuelve a acercarse a un sonido mucho más melódico y emocional.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa sigue siendo su creciente relación con la música mexicana, una escena con la que ha conectado cada vez más durante los últimos años. Entre esos acercamientos aparece una colaboración con Banda MS, una experiencia que Turizo describe como especialmente significativa por la relación emocional que encuentra entre la música regional mexicana y géneros profundamente arraigados a la cultura colombiana, como el vallenato. “Soy muy fanático de la música banda y de toda esa música cultural mexicana”, explica. “Siento que tiene mucho que ver con el mismo sentimiento que transmite el vallenato: esas letras, esa emoción, esa manera de cantar las cosas tan a flor de piel”.

El cantante también reconoce que parte de esa conexión nace desde la manera en que artistas y agrupaciones mexicanas han abierto las puertas para que él pueda participar en un universo cultural completamente distinto al suyo. Nombres como Grupo Frontera o Fuerza Regida aparecen entre las agrupaciones con las que siente afinidad dentro de esa escena. “Yo me siento un forajido entrando a ese mundo”, comenta entre risas. “No soy mexicano ni crecí dentro de esa cultura, pero lo hago porque realmente me gusta y conecto con eso, y lo bonito es que ellos también han conectado con lo que yo hago”.

Para Turizo, esa experiencia se parece mucho a entrar en escenas profundamente locales dentro de Colombia, como la champeta o el vallenato más tradicional: espacios culturales con códigos propios que van mucho más allá del pop o de las tendencias globales. “Eso es cultura mexicana de verdad, no el pop mexicano”, asegura. “Y yo agradezco muchísimo que me hayan permitido entrar a ese mundo”.

Para Turizo, esa necesidad de explorar constantemente no parece responder únicamente a una estrategia artística, sino a una manera muy personal de entender la música y la vida. En un momento donde gran parte de la industria gira alrededor de fórmulas inmediatas, tendencias pasajeras y algoritmos, Apambichao aparece como un proyecto construido desde la intuición, la curiosidad y la libertad de probar cosas nuevas sin miedo a moverse entre géneros, culturas o incluso nuevas tecnologías.

Más que buscar una única definición dentro de la música latina, Manuel Turizo parece haber encontrado su identidad justamente en la posibilidad de no quedarse quieto. Ya sea acercándose al vallenato, experimentando con sonidos tropicales, colaborando con artistas urbanos o entrando como “forajido” al mundo de la música mexicana, el colombiano entiende su carrera como un proceso abierto, en constante movimiento y aprendizaje. Quizás ahí esté precisamente la esencia de Apambichao, un álbum que no busca encajar en un solo lugar, sino recorrer muchos al mismo tiempo.

The post “He hecho todo lo que he querido en la música”: Manuel Turizo appeared first on Rolling Stone en Español.

Este lunes 25 de mayo, el papa León XIV hizo pública su primera encíclica como Sumo Pontífice, titulada Magnifica Humanitas. El documento está centrado principalmente en la inteligencia artificial y en cómo esta, junto a otras nuevas tecnologías, puede eclipsar la dignidad humana. por medio de sus redes sociales, el Pontífice aseguró que todos tenemos el “deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”. 

En el documento de 110 páginas, el papa estadounidense advirtió que la inteligencia artificial “no puede considerarse moralmente neutra” y pidió “desarmarla” para “evitar que domine al ser humano”, en lo que muchos interpretaron como una crítica a que estas herramientas estén al servicio de los intereses de quienes las crean y controlan. “La palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento exige palabras capaces de captar la atención”, señaló el Pontífice. 

Uno de los puntos más fuertes de Magnifica Humanitas gira alrededor de la concentración del poder tecnológico en manos de unas pocas empresas privadas. Según el Pontífice, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras y datos terminan definiendo “condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas”, algo que, a su juicio, amenaza la transparencia y el control público.

En ese sentido, León XIV insistió en que no basta con hablar de ética de manera abstracta, sino que se necesitan “marcos jurídicos sólidos”, supervisión independiente y usuarios informados. “Una IA más moral no es suficiente si esa moralidad es determinada por unos pocos”, señaló el Papa, quien también advirtió sobre el crecimiento de las desigualdades económicas en medio del auge tecnológico.

El documento también dedica varios apartados a los efectos de estas herramientas sobre menores y trabajadores. Sobre los jóvenes, alertó sobre fenómenos de manipulación, explotación y chantaje potenciados por perfiles falsos, algoritmos y sistemas capaces de alterar imágenes y videos. Frente a ello, pidió mayores controles y responsabilidad por parte de las plataformas digitales.

Respecto al trabajo, el Pontífice sostuvo que algunos enfoques tecnológicos actuales podrían “desespecializar” a los empleados, someterlos a vigilancia automatizada y relegarlos a tareas repetitivas. Por ello, pidió que cualquier proceso de automatización esté acompañado por medidas reales de protección laboral y programas de recualificación profesional.

Te puede interesar:Donald Trump arremete contra el papa León XIV

Otro de los apartados más comentados de la encíclica fue el relacionado con la guerra y el uso militar de la inteligencia artificial. León XIV aseguró que no es “moralmente permisible” delegar decisiones letales a sistemas automatizados y llamó a superar la teoría de la “guerra justa”, promoviendo en cambio el diálogo y el multilateralismo.

La publicación de Magnifica Humanitas también ha llamado la atención porque varios analistas la consideran una actualización moderna de Rerum Novarum, la histórica encíclica publicada por León XIII en 1891 como respuesta a los efectos de la Revolución Industrial. De hecho, León XIV firmó el documento exactamente 135 años después de aquel texto, estableciendo un paralelismo entre los desafíos industriales del siglo XIX y el impacto actual de la inteligencia artificial.

En el último capítulo de la encíclica, en un apartado titulado “Todos podemos dar nuestro aporte”, León XIV también sorprendió al recurrir a la literatura fantástica para reflexionar sobre la responsabilidad humana frente a la inteligencia artificial. Allí citó al escritor británico J. R. R. Tolkien y, específicamente, una frase pronunciada por Gandalf en El señor de los anillos: El retorno del rey.

“Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: ‘No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza’”, escribió el Pontífice en el párrafo 213 del documento.

Otro de los acontecimientos que llamó la atención fue que el papa León optó por presentar él mismo la encíclica en el Vaticano, acompañado por expertos en IA, entre ellos Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Olah, canadiense de 33 años, es reconocido por su trabajo para comprender el funcionamiento interno de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), sistemas que sirven de base para herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot, Grok o DeepSeek.

Tras el evento, Olah advirtió que incluso quienes desarrollan estas tecnologías siguen encontrando comportamientos difíciles de interpretar. “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante”, afirmó.

Ese nivel de incertidumbre, sumado al rápido avance de la inteligencia artificial y a su concentración en pocas compañías privadas, es precisamente uno de los temas que León XIV busca poner sobre la mesa con su primera encíclica, planteando que el futuro de estas herramientas no puede ser decidido únicamente por líderes tecnológicos o intereses empresariales.

Así, el papa acierta en hacer un llamado activo y directo no solo a quienes controlan estas tecnologías, sino también a los ciudadanos y personas del común. Más allá de advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, León XIV plantea que el debate alrededor de estas herramientas no puede limitarse a laboratorios, gobiernos o gigantes tecnológicos, sino que debe involucrar a toda la sociedad.

Con Magnifica Humanitas, el Pontífice no se posiciona en contra del avance tecnológico, sino que invita a reflexionar sobre el tipo de humanidad que se quiere preservar en medio de una era cada vez más automatizada. En un momento en el que la IA avanza más rápido que las regulaciones y las discusiones éticas, la encíclica aparece como un intento de devolver al centro de la conversación conceptos como dignidad, responsabilidad y bien común.

The post El papa León XIV pone a la inteligencia artificial en el centro del debate moral appeared first on Rolling Stone en Español.