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¿Qué estabas haciendo hace diez años? Little Jesus lo sabe muy bien: estaba celebrando el estreno de Río Salvaje, el álbum que marcaría un antes y un después en su carrera. Con apenas diez canciones y poco más de 46 minutos de duración, la banda oriunda de la Ciudad de México nos regaló un proyecto en el que consolidaron su versátil sonido en el que conviven elementos de rock, pop, funk, synth-pop y hasta música tropical. 

“[Estamos] muy contentos. Sorprendidos de que haya pasado tanto tiempo porque se pasó en un parpadeo”, comentó Santiago Casillas, “Sant”, en conversación con ROLLING STONE en Español. “Sigo sintiendo la emoción de cuando fuimos a grabar; fue una grabación muy especial para nosotros. Y la verdad, lo siento como si fuera la primera vez”, continuó el vocalista de la banda. 

Para celebrar el décimo aniversario de Río Salvaje, todas las canciones que forman parte del proyecto volvieron a sonar frente al público. Si bien algunas de ellas han permanecido en su repertorio, la mayoría no han sido interpretadas en vivo durante muchos años. “Nos damos cuenta de que en estos diez años hemos cambiado un poco la forma en la que tocamos algunas canciones”, comenta “Sant”. “Justo las estamos volviendo a conocer. Algunas las estamos aprendiendo casi desde cero porque las hemos tocado muy poco”. Dentro de esta lista figuran temas como ‘Nuevos Amigos’, ‘Río Salvaje’ y ‘Niña Bien’. 

Con este proceso, tanto “Sant” como el resto de integrantes de Little Jesus han podido revivir momentos y reconectar con sus versiones del pasado. A pesar de que en una década tanto el mundo como ellos mismos han cambiado drásticamente, en su interior aún perduran esos jóvenes llenos de ilusión que solo querían hacer música y vivir la vida de la forma en la que lo hacían sus ídolos. “Estamos reconectando con esa época y con nosotros como banda; volviendo a aprender y a sentir lo que sentíamos”, menciona el vocalista y principal compositor de la agrupación. 

Río Salvaje: el álbum de Little Jesus nos sigue acompañando 10 años después 
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“Todos estamos cambiando todo el tiempo. Y en estos diez años nuestras vidas han dado un giro total. Pero nos estamos acordando del humano que éramos en ese entonces y dándonos cuenta de que seguimos siendo los mismos de alguna manera. Aunque vamos aprendiendo y vamos olvidando cosas”, externa Casillas. “Hay muchas cosas que olvidamos. Siento que el paso de los años y la rutina te hacen olvidar ciertas sensaciones. Y este tipo de celebraciones te recuerdan los pequeños detalles”, añade. 

A pesar de que Río Salvaje fue el álbum que terminó de consolidar a Little Jesus como una de las bandas principales de la escena independiente, la agrupación no llegaba en ceros. Tres años antes habían estrenado Norte, un proyecto que había sido bien recibido por el público y donde quedaron inmortalizadas canciones como ‘Azul’ y ‘Químicos’. Aunque desde entonces eran conscientes que tenían mucho más que ofrecer y para su siguiente entrega decidieron echar toda la carne al asador y preparar un proyecto que terminó por definir la identidad de Little Jesus como banda, que si bien ha visto cambios, sigue manteniendo esa esencia despreocupada y atrevida que fue notoria desde hace diez años. 

“Ese fue un álbum que hicimos con inspiración juvenil, casi por instinto. Fuimos grabando las canciones donde podíamos, como podíamos, sacándolas por internet. Y teníamos un estilo muy marcado que le llamábamos el ‘Tropipop’ de broma. Y como le fue bien ese álbum, queríamos que el segundo álbum fuera como un statement”, dijo “Sant”. “La gente comentaba que no sabían si nosotros íbamos a poder cumplir con el reto del segundo disco. Porque las bandas a veces se atoran cuando le va muy bien al primero; el segundo es complicado. Así que aceptamos ese reto y decidimos hacer un disco más ambicioso de lo que se acostumbraba en esa época para las bandas independientes”. 

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Lo que dice “Sant” es muy cierto. Si bien el camino del artista independiente sigue siendo complicado, las herramientas que existen hoy y el tamaño de la escena son mucho mejor a las que había hace una década. “Era una época en la que no era muy popular el rock independiente. No había muchas oportunidades”, comparte el vocalista del grupo. Sin embargo, los integrantes de Little Jesus apostaron por ellos mismos y se encerraron en el estudio. “La grabación la hicimos en Sonic Ranch, un estudio que también se veía lejano a poder ir. Y grabamos todo como un álbum conceptual siguiendo el ejemplo de las bandas que nos gustaban, como en los documentales. Decidimos creérnosla, darle un giro al sonido que teníamos antes y arriesgar. Y al final siento que el volado funcionó”, externa. 

El que una banda independiente pudiera realizar un proyecto de esta magnitud fue una verdadera hazaña e inspiró a muchos más artistas a comenzar sus respectivos caminos por cuenta propia. “Estoy seguro y sé de algunos casos que les influyó mucho a decidir dedicarse a la música o a sacar un disco”, dice “Sant”. “Colegas que nunca habían sacado música escucharon ese disco y se dieron cuenta que independientemente podían hacer la música que se les antojara, aunque no tuvieran disquera”. 

Y es que Little Jesus realmente llevó su sonido al siguiente nivel con Río Salvaje, demostrando que no estaban ligados a un solo género. “Abrimos un camino para poder hacer cualquier canción de cualquier género a partir de este disco”, dice el músico mexicano. “Fue la primera vez que experimentamos con sintetizadores análogos. Y en cuanto empezamos a usar los sintetizadores ya nos quedamos con eso. Agregamos en canciones como ‘La Luna’ arpegiadores con los sintetizadores, y eso lo hemos seguido utilizando. Le pusimos elementos electrónicos de percusión a canciones con batería análoga. Por ejemplo, en ‘La Magia’ hay unas percusiones electrónicas que suenan ahí. Pequeños detalles de producción que siento que reflejaron nuestro crecimiento y que íbamos aprendiendo nuevas cosas mientras nuestra carrera evolucionaba. Y definitivamente eso marcó la evolución”. 

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Además de por su sonido novedoso y arriesgado para la época, el proyecto logró resonar con una generación joven que apenas comenzaba a despertar y experimentar con nuevas emociones y vivencias, tanto positivas como negativas. “La juventud tiene momentos turbulentos en los que sientes que te estás dejando ir por la vida. Esa es la sensación del Río Salvaje: que estás dejándote ir y luchando contra las inclemencias. Y a veces hay momentos de paz mientras estás navegando. A veces llega una tormenta y te lleva, pero al final se trata de vivir, estás aprendiendo, estás sintiéndolo todo”, menciona “Sant”. 

Si bien Río Salvaje gira alrededor de enamorarse en la capital mexicana, lo cierto es que el material logró llegar a todas partes del país, llevando a la banda a nuevos territorios. “Siento que resonó mucho con la gente joven de cualquier parte del mundo que entendiera la letra porque las letras son muy honestas con lo que siente la gente a esas edades”, dijo el vocalista de Little Jesus. “Siento que tratamos siempre de ser muy honestos con lo que estábamos viviendo en ese momento y plasmamos muchas sensaciones y sentimientos que tenemos los jóvenes mexicanos y latinoamericanos al estar viviendo y creciendo”. 

Al conectar con un público que apenas comenzaba a experimentar, Río Salvaje se convirtió en la banda sonora de esas “primeras veces”, por lo que fue sencillo que perdurara en la memoria y que continúe acompañando a esa audiencia una década después, aunque ahora lo pueden escuchar desde una perspectiva diferente. “Se nota el crecimiento de la gente y del público que escucha este disco. Porque al principio la canción de ‘La Magia’ la relacionaban con la magia. Como con el ‘Yo, las canciones, y tú, la magia’. Y diez años después la canción la usan en videos que hablan de renunciar a su trabajo. Por la primera frase que dice ‘Ese trabajo te va a matar’. Siento que cuando salimos los chicos que nos escuchaban todavía no trabajaban y ahora ya tienen trabajo y se identifican con otras partes de la canción que están más acordes a su edad”, comentó. 

Y es que, además, ‘La Magia’ se convirtió en el himno por excelencia de Little Jesus y es, hasta la fecha, la canción más escuchada de la banda. “Me acuerdo de estar en modo disco tocando canciones con mi guitarra eléctrica a altas horas de la noche. Y sí me acuerdo de cuando empezó a salir la melodía. Es difícil de explicar, se me pasó por la cabeza hablar de la magia”, recuerda “Sant”. Aunque la versión que hoy conocemos del sencillo no fue la primera que pasó por la mente de la agrupación. 

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“Después, ya que tenía la armonía y un poco de la letra hecha, me junté con la banda. Y el reto fue decidir cuál iba a ser el estilo de producción de la canción. Hicimos muchos experimentos. Hicimos una versión rock, una versión más rápida, una versión más lenta. La canción se hizo muy rápido, el reto fue encontrar la producción adecuada”, revela Casillas, quien al final, junto con sus compañeros, terminó decantándose por una versión con influencias de ‘Young Turks’ de Rod Stewart. “Tiene algo atemporal, como que suena medio ochentera, pero suena actual. Siento que justo la onda nostálgica fue lo que nos gustó de esa versión”. 

‘La Magia’ no fue el único gran sencillo de Río Salvaje, ya que estuvo acompañada por ‘TQM’, una canción donde Little Jesus colaboró con Ximena Sariñana y Elsa y Elmar. “Ya habíamos terminado el disco, ya teníamos nueve canciones que creímos que ese iba a ser el total del disco. Y al final, jugando en el piano se me ocurrió el intro y se me hizo que era una buena carta de despedida para el disco”, recuerda “Sant”. Una de las principales características de la canción es ese cierre tan abrupto en que el las guitarras se silencian repentinamente. “Estábamos viviendo el documental y tratando de hacer canciones como nuestros ídolos y que nuestros discos se sintieran así legendarios y un disco que nos gusta mucho es Abbey Road de los Beatles. Y así termina la de ‘I Want You’”, añade. 

Hoy en día, a diez años del estreno de Río Salvaje, Little Jesus es uno de los principales referentes de la música mexicana. A pesar de que la banda ha pasado por distintas etapas, la esencia de este proyecto sigue presente tanto en su sonido como en su vibra. De hecho, el futuro de la agrupación seguirá muy ligado a este álbum. “Este disco, esta celebración, el recordar y revisitarlo, nos está inspirando mucho para hacer un nuevo disco definitivamente. Esa sensación —tal vez por los años, por la rutina, por la edad— la estábamos perdiendo, y tenemos ganas de volver a hacer algo parecido: un álbum conceptual ya con otro punto de vista, otras experiencias”, revela “Sant”, aunque tiene claro que el sonido no será el mismo. “Creo que parecido más en el espíritu, en la vibra, en el misticismo que rodeó al Río Salvaje. Siempre fue muy místico para nosotros ese disco, no anunciamos nunca que estábamos grabando, lo sacamos y nos creímos el sueño del ‘Rockumental’, y queremos hacer otro disco así en el que se sienta místico desde el principio”, finaliza. 

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Penélope Robin marca la llegada de una nueva etapa para su trayectoria con su nuevo sencillo ‘Diosa de cien colores’. Estos nuevos pasos buscan perfilarla con una identidad inquebrantable, un sonido más audaz y el comienzo de una era poderosa. 

‘Diosa de cien colores’ va más allá de una canción; es una transformación artística y personal que sitúa a Penélope Robin en una declaración de presencia, identidad y autoexpresión. En este primer lanzamiento que busca la reinvención, la cantante escribió un himno para quienes han sido catalogados como ‘demasiado’, dándole el poder al espectro completo de lo que una persona puede ser: todo. 

Con versos como “Eres una Diosa / de cien colores / Cuando salgas todas las noches / Quiero que puedas soñar / Tu aura es espectacular”, Robin encuentra un espacio de celebración para dar el paso más contundente de su carrera, hasta ahora. Se trata de celebrar la identidad y abrazar plenamente quién eres. Es un recordatorio de que la verdadera libertad comienza cuando te permites ser tú mismo: sin ataduras, sin esconderse, sin máscaras ni excusas. 

Este mensaje cobra especial relevancia en el marco de las celebraciones del Pride en Colombia, con Penélope presentándose en el escenario del Pride de la Plaza de Bolívar y liderando la noche en Theatron, Bogotá, dos de los espacios más emblemáticos e icónicos del calendario cultural y de diversidad del país.

Este 2026, Penélope Robin ha lanzado otros temas, como ‘Ansiedad’, ‘Curazao remix’, ‘Dulce maldición’ y ‘Se vive una vez’. 

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El título de la nueva película de la actriz sudafricana Charlize Theron es Ápex, un término que significa cima, vértice o punto más alto. En biología existe el término “depredador ápice”, para hablar de la especie situada en la cima de la cadena alimenticia. 

Theron demostró que las mujeres son mucho más letales que los hombres, gracias a esas fuerzas demoledoras de la naturaleza como Furiosa en Mad Max Fury Road y Lorraine Broughton en Atomic Blonde, pasa buena parte de esta película escalando montañas, cruzando rápidos, cayendo por barrancos, soportando heridas imposibles y huyendo de un asesino serial salido de una pesadilla australiana. Dicho de otra manera: está teniendo un día normal en la pantalla.

La actriz ha construido una de las carreras más curiosas de Hollywood. Ganó un Óscar por encarnar a una asesina en serie en Monster, ha trabajado con directores de alto prestigio y podría haberse instalado cómodamente en el cine dramático. En cambio, lleva años demostrando una debilidad por personajes capaces de sobrevivir a experiencias que enviarían a cualquier ser humano directamente a cuidados intensivos. 

Ápex abre con una secuencia que deja claro cuál es el plan. Sasha (Theron) y su pareja Tommy (Eric Bana), duermen suspendidos en una tienda de campaña colgada sobre una pared vertical de roca. Es una imagen espectacular y ligeramente aterradora. También funciona como una declaración de intenciones. Su director quiere que sintamos constantemente que el suelo puede desaparecer bajo nuestros pies.

Tras una tragedia que llega pronto y empuja la historia hacia adelante, Sasha viaja a un remoto parque nacional australiano para enfrentarse nuevamente a aquello que mejor sabe hacer que es desafiar los límites de la supervivencia. Allí conoce a Ben.

Taron Egerton, el actor británico de Kingsman y Rocketman, tan versátil en el drama y la acción como Theron, interpreta a su personaje con una inteligencia que la película no siempre merece. El actor entiende que los villanos más inquietantes rara vez parecen monstruos. Ben resulta amable, educado, incluso encantador. Uno entiende perfectamente por qué Sasha confía en él. Cuando finalmente revela quién es en realidad, Egerton evita los excesos y construye una amenaza basada más en la tranquilidad que en la histeria. Su personaje nunca necesita gritar para resultar peligroso.

Lo mejor de Ápex llega cuando la película deja atrás cualquier intento de misterio y se convierte en una persecución a gran escala. Ahí, el islandés Baltasar Kormákur recupera algunas de las virtudes visuales que ya había demostrado en Everest. Los paisajes australianos lucen impresionantes y amenazadores al mismo tiempo. Los bosques parecen interminables. Los ríos transmiten peligro real. Las montañas recuerdan constantemente que la naturaleza no necesita asesinos seriales para acabar con alguien.

Theron aprovecha ese escenario para ofrecer exactamente lo que el público espera de ella. Corre, escala, lucha y se arrastra con una convicción física que muy pocas estrellas actuales poseen. Nunca parece estar esperando que los efectos especiales hagan el trabajo por ella. Cada golpe tiene peso y cada caída parece doler. Esa credibilidad física es precisamente lo que mantiene viva la película cuando el guion empieza a mostrar sus costuras. Porque las muestra.

Jeremy Robbins escribe una historia que funciona mucho mejor como mecanismo de suspenso que como estudio de personajes. Cada vez que intenta explicar los traumas edípicos de Ben o profundizar en las heridas emocionales de Sasha, la película pierde impulso. No ayuda que algunas revelaciones psicológicas parezcan sacadas del manual más básico del thriller contemporáneo. Tampoco ayudan ciertos efectos digitales que desentonan con la espectacularidad de los escenarios reales. Son momentos aislados, pero suficientemente evidentes para romper el hechizo.

Afortunadamente, Ápex siempre encuentra la manera de regresar a su principal fortaleza: el enfrentamiento entre Theron y Egerton. La química entre ambos no nace de la simpatía sino de la confrontación. Son dos intérpretes jugando una partida donde cada movimiento implica dolor físico y riesgo real.

La película nunca alcanza la intensidad emocional de los mejores trabajos de Theron ni la complejidad psicológica de los grandes thrillers de supervivencia como Deliverance, The River Wild, The Descent o The Grey. Pero tampoco parece particularmente interesada en hacerlo. Su objetivo es el de ofrecer dos horas de tensión, paisajes espectaculares y una estrella de acción en plena forma. Y cuando Charlize Theron está en plena forma, eso es más que suficiente.

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Alguien debió detener la reunión en la que se aprobó esta película y hacer una pregunta muy sencilla: ¿cuál es el punto? No porque How To Make a Killing sea un desastre. Algunos desastres suelen ser memorables. El problema es mucho peor. Es una película que toma una idea extraordinaria y la reduce a algo apenas correcto.

Becket Redfellow es el hijo ilegítimo de una de las familias más ricas de Estados Unidos. Mientras sus parientes viven rodeados de privilegios, él sobrevive vendiendo trajes en una tienda departamental. Cuando descubre que siete herederos se interponen entre él y una fortuna de 28 mil millones de dólares, decide acelerar el proceso sucesorio por medios poco ortodoxos.

La premisa, basada en el clásico del cine británico Kind Hearts And Coronets, donde Alec Guiness interpretó a ocho personajes, es venenosa, divertida y está cargada de posibilidades. Permite burlarse de las élites económicas, del privilegio hereditario y de la obsesión estadounidense con el éxito financiero. Sin embargo, el director y guionista John Patton Ford (Emily The Criminal) parece más interesado en ejecutar la mecánica del relato que en explotar sus implicaciones. Lo que debería ser una sátira feroz termina convertido en un ejercicio sorprendentemente dócil.

La película funciona durante su primer acto porque comienza con su protagonista sentenciado a muerte (¿cómo llegó ahí?) y todavía existe la ilusión de que cada asesinato abrirá nuevas posibilidades narrativas. No ocurre. Lo que sigue es una estructura repetitiva y algo soporífera donde aparece un familiar excéntrico, Becket diseña un plan, alguien muere y la historia avanza hacia el siguiente objetivo. Una y otra vez. El resultado termina pareciéndose menos a una comedia negra y más a una lista de pendientes.

Por suerte, Glen Powell aparece en el centro de todo. Pocos actores actuales poseen una capacidad tan natural para generar simpatía. Becket es ambicioso, resentido, manipulador y perfectamente consciente de que está cruzando todas las líneas morales imaginables. Aun así, Powell consigue que el espectador siga apoyándolo. Hay un eco de Cary Grant, Matthew McConaughey y George Clooney en su interpretación que vuelve entretenidas incluso las escenas más mecánicas. Sin él, la película probablemente se derrumbaría mucho antes.

La ironía es que Powell ya había demostrado en la muy superior Hit Man que podía jugar con identidades, disfraces y personajes moralmente ambiguos. Hubiera sido maravilloso que él hubiese encarnado a todas las víctimas como Guiness lo hizo en su cinta del 49. Aquí se le entrega un asesino en serie con potencial para convertirse en un monstruo fascinante, pero el guion rara vez le permite explorar algo más allá del encanto superficial.

En este neo noir, Margaret Qualley es la mujer fatal por excelencia interpretando a Julia Steinway, la amiga de infancia con rasgos sociopáticos que parece divertirse observando cómo Becket se convierte lentamente en una amenaza para todo su árbol genealógico para luego chantajearlo y obtener beneficios monetarios. Jessica Henwick es Ruth, la mujer noble y quizá el único personaje que recuerda que detrás de la fortuna y los cadáveres todavía debería existir algún tipo de conflicto moral.

Entre los miembros de la familia Redfellow destacan Topher Grace como un predicador convertido en una evidencia ambulante de la hipocresía religiosa, Ed Harris como Whitelaw, el hombre que desheredó a la joven madre de Becket y el más diabólico del clan y Bill Camp como el tío Warren, uno de los pocos personajes que parece pertenecer a una película más inteligente. El problema es que casi todos los familiares existen únicamente para convertirse en futuras víctimas. Y ahí aparece la gran debilidad del proyecto.

Lo cierto es que How To Make A Killing no puede evadirse de la sombra de Kind Hearts and Coronets. No hace falta haber visto el clásico británico para notar que aquí falta algo. En aquella cinta cada asesinato revelaba nuevos matices del protagonista y de la sociedad que lo rodeaba. Aquí los homicidios terminan mezclándose unos con otros hasta formar una masa amorfa de situaciones apenas ingeniosas.

Ni siquiera la sátira logra morder con suficiente fuerza. Los Redfellow son tan desagradables y tan obviamente corruptos, que la película elimina cualquier complejidad moral. No existe el placer culpable de apoyar a Becket. Desde el primer minuto sabemos que todos los demás son peores que él.

Lo más frustrante es que el filme nunca deja de insinuar una mejor versión de sí mismo. Una más cruel, elegante, despiadada, más interesada en examinar la relación enfermiza entre dinero y poder Ed Harris y Margaret Qualley lo intentan, pero como estamos ante otro de esos productos mediocres de A24 (otrora un estudio con cintas más fascinantes e interesantes), la película es incapaz de utilizar sus asesinatos para decir algo sobre la obsesión contemporánea con la riqueza. Cada vez que parece acercarse a esa versión superior, prefiere conformarse con otro cadáver.

Cuando llegan los créditos, la sensación dominante no es el entusiasmo ni la indignación. Es la oportunidad perdida. Con una premisa así, con un actor tan carismático en el papel principal y con semejante arsenal de millonarios detestables esperando turno para morir, How To Make a Killing debería ser una fiesta del humor negro. En cambio, termina siendo una película que muere mucho antes que sus víctimas.

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No somos de los que desprecian un regalo, sobre todo si se trata de un fiel corcel de 25 centímetros llamado Bullseye. Así que empecemos por destacar lo positivo y reconocer que Toy Story 5, la nueva entrega de la franquicia estrella de Pixar*, es esencialmente una gira de reencuentro. Todo gira en torno a la nostalgia, a revivir los grandes éxitos, a la alegría de ver caras conocidas. O, en este caso, a escuchar voces conocidas, una en particular.

Bienvenida de nuevo, Joan Cusack: su interpretación de Jessie, la vaquera que canta a la tirolesa y que apareció por primera vez en Toy Story 2 hace más de un cuarto de siglo, siempre ha sido uno de los momentos más destacados de la película. La actriz ha estado prácticamente desaparecida de la pantalla desde la anterior entrega de Toy Story y una breve aparición en la segunda temporada de la serie Homecoming. En el estreno de la película animada la semana pasada, le dijo a un reportero en la alfombra roja que ha pasado los últimos seis años viviendo una vida normal en Chicago. Te hemos echado de menos, Sra. Cusack.

Lo mejor de esta entrega tardía de la serie, hecha solo para sacar dinero, es que Jessie (y por lo tanto Joan) finalmente toma el protagonismo, habiéndose convertido en la líder del grupo. Es la favorita de Bonnie, la niña de nueve años que disfruta pasando las tardes con el grupo organizando bodas simuladas y misterios de asesinato. El novio falso es Buzz (Tim Allen), el guardián espacial del grupo, prendado de su prometida; le encantaría formalizar su unión, si no fuera porque se queda tan callado a su alrededor. Sin embargo, Jessie no tiene tiempo para cursilerías. La dama del Stetson rojo tiene una misión.

Porque Bonnie es una niña introvertida, la más tímida de todas. Le gustaría hacerse amiga de los gemelos de enfrente, pero cada vez que intenta que vengan a jugar con ella, su timidez la supera. Además, todos los preadolescentes de su cuadra —y de su barrio, y de su escuela, y probablemente en un radio de 160 kilómetros— ya no juegan con muñecas, dinosaurios de plástico ni perros Slinky. Tienen iPads. En el universo de Toy Story, este presagio digital de la perdición se llama LilyPad y suena como Greta Lee con una voz pasivo-agresivamente educada. Conecta a los niños con “el Estanque”, donde pueden enviar mensajes, jugar y comportarse como los zombis adictos al teléfono que comúnmente se conocen como “adultos”.

Los padres de Bonnie, preocupados de que su hija nunca haga una amiga “de verdad”, le compran un LilyPad. Y entonces empiezan los gritos. “¡Se acabó la era de los juguetes!” —grita un personaje ansioso. La era de las pantallas omnipresentes está en pleno apogeo. Los juguetes se dirigen al garaje. Jessie finalmente pide ayuda a Woody (Tom Hanks), quien ahora rescata juguetes perdidos junto a Bo Peep y todo el equipo de Toy Story 4. Pero después de que un incidente con LilyPad en una pijamada sale terriblemente mal, la vaquera decide tomar cartas en el asunto. Además, por si lo habías olvidado, Jessie tiene serios problemas de abandono cuando sus dueños envejecen. Es natural que ella y Bullseye se encuentren en el mismo lugar donde ocurrió su trauma, con música de Sarah McLachlan, hace tantos años.

Hablando del pasado: ¿De verdad han pasado más de tres décadas desde que se estrenó la primera película de Toy Story y revolucionó para siempre el cine de animación moderno? A mediados de los noventa, su mezcla de tecnología de vanguardia y narración clásica y emotiva se sintió como un salto evolutivo para el medio. ¡Apártate, Mickey, que ha llegado un nuevo sheriff —y, ejem, astronauta— a la ciudad! Varias generaciones crecieron fascinadas por las aventuras de Woody y Buzz, y esa tierna y divertida oda a la infancia se convirtió en la piedra angular del imperio Pixar. La compañía, con sede en el Área de la Bahía, experimentó éxitos, fracasos, escándalos y los problemas propios del crecimiento de las grandes empresas cuyas películas se convierten en un género en sí mismas. Pero siempre contaron con su franquicia estrella, el título que lo inició todo y definió lo que era una película Pixar.

Así que nadie se inmutó cuando llegaron la secuela y la tercera entrega, cada una expandiendo maravillosamente el universo que Toy Story estableció y demostrando ser (posiblemente) superiores a la original. Si Pixar se hubiera detenido en Toy Story 3 de 2010, se habrían despedido por todo lo alto y habrían mantenido el título en perfecto estado; discrepamos con Quentin Tarantino en muchas cosas, pero coincidimos plenamente con su idea de que es una trilogía cinematográfica prácticamente perfecta. Cuando la cuarta película llegó a los cines en 2019, se notaba que la trama empezaba a flaquear. Aun así, exprimir la saga una vez más era comprensible. ¿Una quinta entrega, sin embargo? Eso ya sería pasarse de la raya.

Toy Story 5 viene con una advertencia, un sentido de justicia y un sinfín de molinos de viento contra los que luchar. Vivimos en un mundo donde las pantallas no solo han acaparado nuestra menguante capacidad de atención, sino que han distorsionado por completo el concepto de infancia, nos dice. La idea del juego ha sido reemplazada por distracciones prefabricadas que se hacen pasar por interacción con el usuario, y los dispositivos que han fomentado la pérdida de conocimiento en línea y la división en la vida real han llegado para nuestros hijos. La tecnología alguna vez nos brindó un mundo en el que los juguetes animados (y los insectos, y los autos, e incluso la alegría de un preadolescente) se movían con una fluidez y un arte impresionantes. Ahora la tecnología es la villana —algo difícil de refutar en 2026— y cuanto más se alejen los niños, es decir, nuestro futuro, de los juguetes analógicos, menos probabilidades tendrán de convertirse en seres humanos sanos. No hay discusión al respecto.

Suponemos que Pixar es consciente de la ironía de que su película, que denuncia tales tendencias antisociales, esté destinada a ser vista sin cesar en pantallas y dispositivos muy parecidos a LilyPad. Si son conscientes de la ironía aún mayor de que una película sobre los peligros de externalizar la imaginación también adolezca de una grave falta de imaginación, es una incógnita. Toy Story 5 es un panfleto en busca de una historia, y ni siquiera el conmovedor relato de Jessie sobre cómo sana la soledad de su dueña o su propia historia de desamor pueden evitar la decepción de los resultados decrecientes. (Aunque Cusack hace lo posible por transmitir la vulnerabilidad y la redención de la heroína de bolsillo, y una vez más, uno recuerda cuánto se ha echado de menos a esta actriz). Todo lo que rodea su historia —la legión de figuras de acción de Buzz varadas en busca de un líder, el regreso de Woody a mitad de la película, los pintorescos dispositivos de primera generación que pertenecen a otra preadolescente igualmente torpe socialmente llamada Blaze— de alguna manera se siente como relleno. Al menos nos regalan una nueva canción de Taylor Swift.

¿Por qué hacen esto, Pixar? Bueno, ya sabemos por qué [sonido de millones de monedas saliendo disparadas de una máquina tragaperras]. Pero, independientemente de las preocupaciones, más o menos justificadas, sobre el tiempo en pantalla, no parece haber otra razón para que esto exista que mantener contentos a los accionistas. Esta quinta entrega de la saga pretende ser una advertencia sobre la crisis actual que supone el dominio de Silicon Valley sobre nuestras vidas. Pero es aún más una advertencia sobre la gestión de marcas. Esto es lo que pasa cuando se explota una franquicia hasta la saciedad.

*Toy Story 5 se estrena oficialmente en los cines de Argentina este jueves 18 de junio.

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En “Divine Intervention”, una alegre canción sobre ignorar el apocalipsis del próximo álbum número 25 de los Rolling Stones, Mick Jagger confiesa que una vez se preocupó tanto por el fin del mundo que consultó a una vidente de Hollywood. “En medio de la oscuridad, le pregunté: ‘¿Cuál es mi futuro?’ / Bueno, vomitó”, se lamenta sobre un ritmo de guitarra boogie al estilo de Some Girls. El mensaje de Jagger en el estribillo es que incluso cuando el mundo se acaba, “los valores distópicos son demasiado intensos para soportarlos, y me voy a morir en llamas”. ¡Eso sí que suena bien!

Después de todo, al tipo que cantó tanto “Time Is on My Side” como “Time Waits for No One” —el mismo que una vez dijo que preferiría estar muerto antes que cantar “Satisfaction” a los 45— nunca pareció importarle demasiado el futuro. Jagger, que cumplirá 83 años poco después del lanzamiento del álbum el 10 de julio, siempre ha cantado sobre vivir el presente. En los sesenta, cuando Paul McCartney lamentaba elegantemente una ruptura en “Yesterday”, Jagger le reprochaba a su ex con “Yesterday’s Papers”. Y mientras que en el excelente nuevo álbum de Macca recordaba a The Boys of Dungeon Lane, los Boys of Dartford Station están más interesados ​​en asuntos internacionales.

Crítica: Los Rolling Stones continúan su racha ganadora con ‘Foreign Tongues’
El 25° disco de los Stones estará discponible el 10 de julio.

“Ringing Hollow”, un rock country con ritmo pausado que recuerda la influencia de Gram Parsons en los Stones, es la carta de despedida de Jagger y Keith Richards a Estados Unidos. “Bueno, estaba locamente enamorado de ti / Antes de conocernos”, canta Jagger. “Vi todas tus películas / Fumaba tus cigarrillos”. Pero ahora, canta Jagger, “La Estatua de la Libertad está de mal humor”. Es una canción folk americana llena de observaciones irónicas y mordaces como: “Dejen que los soñadores consigan el sueño que desean, mi chiste favorito / Así que pasen el fentanilo / Pasen la cocaína… Cuando las voces se ahogan / Quiero gritar a todo pulmón”. ¡Auch! Sabemos que aún adoran a sus fans estadounidenses, pero al igual que con “Sweet Neo Con”, “Undercover of the Night” y “Street Fighting Man”, cuando los Stones ven una injusticia, no dudan en protestar.

Mientras tanto, en «Divine Intervention», una de las mejores canciones de Foreign Tongues, con un magnífico solo de blues de Ronnie Wood, Jagger describe a «multimillonarios escabulléndose, corriendo a sus refugios en el cielo». En «Covered in You», rapea: «Me despierto harto de todos estos autócratas/Sabes, parecen reproducirse como un enjambre de ratas sucias con sus misiles en exhibición». Nunca menciona a Trump por su nombre, pero sí lanza una pulla a uno de los compinches del presidente en «Mr. Charm», por lo demás un himno de gigoló caprichoso, cuando se refiere al primer trillonario del mundo como «el magnate loco Sr. Musk».

En “Never Wanna Lose You”, una canción pop-rock con un bajo funky y la participación de Robert Smith de The Cure en los sintetizadores, Jagger muestra la otra cara de la vida cuando le dice a su amante que incluso viviría con ella en Nápoles, aunque podría referirse a Nápoles, Florida, ya que describe “un parque de caravanas destartalado”. Al fin y al cabo, la política, como dijo Aristóteles, es la lucha entre los pobres y los ricos. (Y, fiel a su estilo, este hombre de riqueza y buen gusto nunca hace alarde de su propia condición de multimillonario ni la de sus compañeros de banda).

El nuevo LP llega tres años después de Hackney Diamonds. Aquel disco supuso una especie de regreso, ya que fue su primer álbum de música original en casi dos décadas, y, bueno, fue bastante bueno. Le valió a la banda —que ahora incluye al bajista Darryl Jones y al baterista Steve Jordan— un Grammy y los consagró como los creadores de éxitos más veteranos de Inglaterra. Foreign Tongues, que probablemente recopila temas de Diamonds que aún estaban en fase de grabación, se siente como algo habitual para el grupo, en el buen sentido, ya que la grabación obtuvo resultados similares.

Las 14 canciones del disco incluyen temas de rock enérgicos (“Hit Me in the Head“, “Rough and Twisted“), baladas con emotivas despedidas y diálogos fuera de escena (“Back in Your Life“ y la excelente “Some of Us“ de Richards), baladas disco desgarradoras (“Jealous Lover“, “Never Wanna Lose You“), temas country (“Ringing Hollow“) y un sinfín de riffs de Chuck Berry (literalmente en una reverente versión de “Beautiful Delilah“ de Berry). Aquí no hay giros inesperados ni experimentos pop, solo la satisfacción de la música reconfortante al más puro estilo Stones.

Al fin y al cabo, los Stones saben cómo debe sonar un disco suyo. Su fidelidad al blues, el R&B y el rock and roll clásico permanece intacta, y en caso de que se desvíen, cuentan con Andrew Watt, quien también produjo Hackney Diamonds, guiándolos. Figura como productor e incluso tiene algunos créditos de composición junto a Jagger y Richards, pero probablemente también debería haber recibido un reconocimiento por su “conciencia”, ya que, como superfanático, les ayudó a recordar su esencia: riffs cálidos y bluseros combinados con la mordaz ironía de Jagger.

Los únicos momentos realmente desconcertantes del álbum son el rap de Jagger en la, por lo demás, excelente “Covered in You“ —donde McCartney toca un ritmo animado con el bajo mientras Jagger dice algo sobre “espera a ver el blanco de sus culos”— y una versión bastante convencional de “You Know I’m No Good“ de Amy Winehouse, cuya mejor parte es Jagger imitando la producción de Mark Ronson con su armónica. Lo único que falta son improvisaciones largas, una travesía nocturna o una tempestad como “Gimme Shelter“, pero el álbum ofrece en gran medida lo que los fans de los Stones necesitan.

Al igual que en Hackney Diamonds, la lista de invitados es extensa: McCartney, Smith, Steve Winwood (que se limita al piano y al órgano), Benmont Tench de los Heartbreakers (al órgano) y Bruno Mars, que toca un cencerro casi inaudible en la fiesta disco “Never Wanna Lose You“. Al igual que en Hackney Diamonds, la aparición más destacada es la del difunto y genial Charlie Watts en la canción “Hit Me in the Head“, al estilo de “Hang Fire“, grabada en 2021; y esto no es una falta de respeto a Jordan, quien tiene un estilo diferente y golpea con más fuerza.

El álbum suena un poco demasiado pulido a veces, pero en general Foreign Tongues se mantiene fiel al sonido característico de los Stones, o al menos a la idea que Watts tenía de cómo debían sonar. No hay ritmos pesados ​​como los de Dust Brothers en este álbum, como sí los había en Bridges to Babylon. Jagger, Richards y Wood saben que nunca superarán la racha ganadora que los llevó desde Beggars Banquet hasta Exile on Main St. (sin olvidar Aftermath, Some Girls o Tattoo You), así que ¿por qué no superar Dirty Work y Voodoo Lounge, algo que logran con creces aquí? La voz de Jagger es una maravilla moderna, sonando tan bien como hace 40 años; Incluso canta “You Know I’m No Good” en un tono más alto que Winehouse. Y el “antiguo arte de entrelazar” de Richards y Wood produce texturas densas, especialmente en “Ringing Hollow”, que permiten que cada uno de ellos destaque aquí y allá con solos de guitarra.

En cierto modo, Foreign Tongues supone una mejora respecto a Hackney Diamonds, ya que este último sonaba a veces demasiado a un disco en solitario de Jagger por su énfasis en las melodías vocales; este se siente más centrado en la guitarra y con un sonido más característico de los Stones. El objetivo, como ha dicho Watt, era crear canciones que funcionaran bien en grandes estadios, y los sencillos “In the Stars“ y “Never Wanna Lose You“ podrían lograrlo si la banda quisiera volver de gira.

Como siempre, las mejores canciones surgen cuando los Stones se desatan. En “Jealous Lover“, un tema soul con toques funk que recuerda a “Emotional Rescue“, Jagger rompe con su amante en falsete porque ella es demasiado celosa de otras mujeres (y, por cierto, nunca dice que no le esté siendo infiel). Y abraza la actitud de ligón en la divertida “Mr. Charm“, donde seduce a una mujer rica diciéndole: “La vida es demasiado corta para solo ganar dinero / Enséñame a gastarlo, cariño“. (En un raro reconocimiento de su edad, admite en la canción que, si bien alguna vez soñó con recorrer Marte, ahora prefiere quedarse en casa y “hacer anagramas, soltar epigramas“). Luego está “Some of Us“ de Richards, una conmovedora declaración de devoción cuyos orígenes como canción se remontan a los años ochenta, en la que canta: “Algunos de nosotros estamos de rodillas, suplicando, cariño“. Hay una profunda emoción y vulnerabilidad en la voz de Richards, que ocasionalmente se entrelaza con la de Jagger, de una manera que refleja un nivel de dedicación que solo se alcanza con un amor duradero.

Y hablando de amor duradero, el álbum termina con Jagger y Richards, presentes en la vida del otro desde los cinco años, cantando “Beautiful Delilah“ de Berry, con Chad Smith de los Red Hot Chili Peppers al bombo. Al igual que cuando los Glimmer Twins interpretaron “Rolling Stone Blues“ de Muddy Waters en Hackney Diamonds, su elección de Berry representa un momento muy especial para el dúo, ya que Jagger llevaba discos de Waters y Berry cuando se reencontró con Richards en la estación de tren de Dartford, y el primer sencillo de los Stones fue una versión de “Come On“”” de Berry. Durante cuatro minutos, volvieron a ser Blues Incorporated, su primera banda. Y se nota que esa chispa original aún late en ellos.

Jagger ha expresado su deseo de que los Stones publiquen más discos, pero a medida que él y Richards se acercan a los ochenta (Wood cumplirá 80 el año que viene), siempre existe la sensación de que este álbum podría ser el último. No lo saben. Si lo es, sin embargo, Foreign Tongues es un álbum que está a la altura de su legado.

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A veces, la mejor escapada está más cerca de lo que imaginamos. Madrid, con su inconfundible carácter cultural y tradicional, ofrece el equilibrio perfecto entre la energía de una gran metrópoli y la serenidad de sus rincones históricos. Aquí, la vanguardia convive armoniosamente con un legado centenario que se transmite de generación en generación, permitiendo descubrir la esencia más auténtica de España mientras se disfruta de todo lo que una ciudad moderna tiene para ofrecer. Y no hay nada mejor que encontrar una estancia que conecte con lo esencial de la metrópoli, aquí es donde entra en escena JW Marriott Hotel Madrid. 

Ubicado en el pleno corazón de Madrid, el resort se ha consolidado como un referente en la industria hotelera en la capital. Ofrece una experiencia inigualable donde el bienestar converge de manera armoniosa con el placer y el confort, siendo uno de los emblemáticos edificios que cuentan con una estancia cinco estrellas. La calma y sofisticación lideran este placentero hotel que se encuentra a pocos pasos de los lugares más icónicos e históricos de la ciudad, como la Puerta del Sol, el Palacio Real y la Plaza Mayor.

El JW Marriott Hotel Madrid destaca por un diseño sofisticado que rinde homenaje a la rica historia de la capital española. Con 139 habitaciones y suites distribuidas en siete plantas, algunas de ellas cuentan con balcones privados desde los que es posible contemplar impresionantes vistas panorámicas de la ciudad. Concebido bajo una filosofía orientada al bienestar integral, el hotel ofrece un entorno pensado para revitalizar cuerpo, mente y espíritu. Su legado histórico permanece intacto gracias a la cuidadosa conservación de elementos arquitectónicos originales, como las columnas de hierro forjado del siglo XIX, un tributo al pasado que se integra armoniosamente con la elegancia contemporánea de sus espacios. Más que un alojamiento, se trata de un refugio donde el descanso, la sofisticación y la excelencia gastronómica convergen para crear experiencias memorables y momentos verdaderamente especiales.

La propuesta gastronómica del JW Marriott Hotel Madrid se posiciona entre las más destacadas de la ciudad. Fiel a su sello de excelencia y exclusividad, este hotel cinco estrellas convierte el bienestar en una experiencia integral que también se expresa a través de la alta cocina. Su restaurante QÚ, liderado por el chef con estrella Michelin Mario Sandoval, ofrece una propuesta culinaria que rinde homenaje a la riqueza gastronómica española. Concebido para resaltar la calidad de los ingredientes locales y recuperar la esencia de las recetas tradicionales, su menú incorpora una visión contemporánea que cautiva tanto a los paladares más exigentes como a los amantes de la buena mesa. Cada plato refleja un equilibrio entre tradición e innovación, consolidando a QÚ como un destino imprescindible para quienes desean descubrir la auténtica cocina española desde una perspectiva moderna y sofisticada.

En JW Marriott Hotel Madrid, el compromiso con el bienestar trasciende la hospitalidad tradicional para convertirse en una experiencia integral. Sus exclusivos paquetes combinan tratamientos de spa con propuestas gastronómicas diseñadas por Mario Sandoval, creando momentos pensados para quienes buscan una estancia enriquecedora, memorable y llena de sensaciones. Desde masajes revitalizantes acompañados de cócteles de autor en el lobby hasta selectos aperitivos especialmente concebidos para complementar una sesión de spa, cada experiencia ha sido cuidadosamente diseñada para promover el equilibrio entre cuerpo y mente. Una invitación a desconectar, renovarse y disfrutar de un bienestar que se vive a través de cada detalle.

Más que ofrecer una de las estancias más exclusivas de la capital española, este hotel se presenta como un auténtico refugio para quienes desean descubrir la esencia de Madrid sin renunciar al lujo y al bienestar. Cada espacio ha sido concebido para brindar una experiencia que invita a desconectar, revitalizarse y disfrutar de la ciudad desde una perspectiva más serena y sofisticada. Gracias a su personalidad única, su legado histórico y su firme apuesta por el bienestar integral, JW Marriott Hotel Madrid redefine el concepto de hospitalidad en la capital, convirtiendo cada estancia en una experiencia memorable para los sentidos.

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A household name as one of the Backstreet Boys, Howie Dorough (artistically known as Howie D) now presents his new, solo single “Coqui” — marking his official Spanish-language debut, premiering exclusively on Billboard on Wednesday (June 17).

The nearly three-minute track, penned by Dominican songwriter Darlin, is a sensual Afrobeats jam powered by Howie’s sugary vocals, the subtle sounds of the coqui (a small tree frog native to Puerto Rico) and crashing ocean waves. 

“Making this record, I wanted to identify with things that were true to me, about the culture, the people, and my heritage,” Howie — who was born in Orlando, Fla. to a Puerto Rican mom and Georgia-based dad — tells Billboard. “This is where my mother is from, and where I have the most connection with growing up. With this song, I’m properly connecting with my roots, and I’ve never fully dived in until now.” 

Known as one of the Latin singers of BSB, Howie previously sang in Spanish with the beloved boy band in “Nunca Te Haré Llorar” (“I’ll Never Break Your Heart”) and “Donde Quieras Yo Iré” (“Anywhere for You”); however, he shares that growing up in South Florida in the ‘70s and ‘80s, he wasn’t surrounded by many Latinos, which made it a challenge for him to fully grasp the language. 

“I wanted to sound authentic, and the music felt real to me, it felt very natural,” he says of the song’s creative process. “It was almost like re-training my tongue to understand, it felt like a child learning a language for the first time. I was very humble, I was corrected a hundred times. I didn’t want to accept mediocracy. There were times that were easier, there were other times that I was frustrated, but I got through with Darlin’s coaching and my Duolingo app.”

“Coqui” is Howie’s third attempt at releasing a Spanish-language project, and though he’s aware of his huge, devoted Latin following, he admits that his own insecurities always got in the way. 

“Making music in Spanish has been a passion of mine, but also a struggle,” he expresses. “I was a little scared of not being accepted by my own people, because I didn’t speak the language perfectly. I wasn’t so much worried about my fans, but of the industry tearing me apart.” 

Over the years, he’s grown more comfortable with his Latin identity, and has fearlessly honed his Spanish-speaking skills — with ”Coqui” serving as a reflection of that.   

“Latin music is so big right now, and people are willing to hear music that’s not in their own language,” he notes. “I don’t have major expectations… this is a passion for me, it’s more of a journey. It’s a story that hopefully people will get to know, of a kid who once wanted to embrace his culture, his roots, and because of society and insecurities over the years, I’ve held myself back, but now is the time.”

Below, watch the exclusive video premiere of “Coqui”:


Obama Presidential Center Grand Opening to Feature Stevie Wonder, Bono, Bruce Springsteen, Eddie Vedder, Tems, The Roots & More

Fresh from opening his 12-night stand at London’s Wembley Stadium, on Tuesday (June 16) Harry Styles found himself in a more intimate environment for a special one-off show at London’s Meltdown Festival, where he treated the crowd to a varied setlist of covers, deep cuts and reimagined songs with the Jules Buckley Orchestra.

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Styles was appearing as part of the festival, held at Southbank Centre’s Royal Festival Hall, which he is also curating for 2026. Previous curators include Robert Smith, David Bowie and Grace Jones.

During the 13-song show, Styles switched up the setlist from his Together, Together residency tour and favored a number of rarely-played songs. “Two Ghosts,” from his 2017 debut album, Harry Styles, was performed for the first time in six years, while a number of tracks from his new album Kiss All The Time. Disco, Occasionally received new arrangements. Elsewhere, fan favorites such as “Fine Line,” “Matilda,” and “Boyfriends” were included in the show.

The set also included a number of covers, with Styles spending much of the evening at the piano. He played songs by Canadian songwriter Patrick Watson (“Here Comes the River,” and “Hommage”) and closed the set with a cover of Simon & Garfunkel’s “Bridge Over Troubled Water.” The latter has been used by Styles as his pre-show entrance music during the Together, Together run so far.

“I’ve always been a lover of orchestral music, classical music, and it’s quite an intimidating field to step into as someone who doesn’t, cannot, read music,” said Styles of the switch-up from his usual shows (per The London Standard).

Styles’ Together, Together run kicked off in Amsterdam, Netherlands in May and arrived at Wembley Stadium on Friday (June 12) and will run for 12 nights across June and July. He is now the historic venue’s new record holder for the most shows by an artist in a calendar year; Coldplay previously held the title with a 10-show stand in 2025.

See the full setlist for the show at London’s Meltdown Festival below.

“Boyfriends”
“Paint By Numbers”
“Matilda”
“Matter Red” (Orchestral interlude)
“Two Ghosts”
“The Waiting Game
“Fine Line”
“Hummingbird” (Orchestral interlude)
“Coming Up Roses”
“Here Comes The River” (Patrick Watson cover)
“Carla’s Song”
“Hommage” (Patrick Watson cover)
“Bridge Over Troubled Water” (Simon & Garfunkel cover)


Obama Presidential Center Grand Opening to Feature Stevie Wonder, Bono, Bruce Springsteen, Eddie Vedder, Tems, The Roots & More

Former President Barack Obama has lined up a galaxy of superstars to help him celebrate the grand opening of his Obama Presidential Center in Chicago. Thursday’s (June 18) event — which will livestream globally at noon ET — will feature performances and appearances from U2’s Bono and The Edge, Bruce Springsteen, Christina Aguilera, Common, Pearl Jam singer Eddie Vedder, Jennifer Hudson, John Legend, Stevie Wonder, Tems and The Roots.

In addition, the event will feature an appearances by the nonprofit arts-based youth development organization Guitars Over Guns, the Illinois Army National Guard and Uniting Voices Chicago, as well as speeches from Obama and former First Lady Michelle Obama. The lineup was announced in a social post featuring an animated group chat with the various artist’s excited responses to the invitation to appear alongside the Obama, with Springsteen asking, “Is this really happening [mind blown emoji], The Roots responding, “Beyond honored. Can’t wait to celebrate with you” and hometown hero JHud adding, “Wouldn’t miss it for the world.”

According to a statement, the grand opening marks the official dedication of the towering center Chicago’s South Side, with the livestream bringing together, “global leaders, artists, changemakers, and citizens for an inspiring celebration of the values that shaped the Obama presidency and continues to inspire people everywhere to believe in their power to create change.”

The $850 million Center financed through private donations sits on a 19.3-acre campus in the city’s Jackson Park and officially opens to the public on Friday (June 19), Juneteenth, with a series of celebrations and events planned for the public throughout the weekend.

Check out the announcement below.


Obama Presidential Center Grand Opening to Feature Stevie Wonder, Bono, Bruce Springsteen, Eddie Vedder, Tems, The Roots & More