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Mark Grayson (Steven Yeun) quería ser como su padre. Esa era la fantasía inicial de la serie animada para adultos Invincible: un adolescente torpe, noble y entusiasmado que descubre que heredó los poderes de Omni-Man (J.K. Simmons), el superhéroe más poderoso del planeta. La primera temporada juega durante un buen rato con esa ilusión juvenil. Mark aprende a volar, se inventa un nombre, estrena traje, se enamora, comete errores y cree que el heroísmo consiste en resistir golpes hasta que el cuerpo aguante.
Entonces Omni-Man masacra a los Guardianes del Globo y tanto Omni-Man como la serie revelan su verdadera identidad. Desde ese momento, Invincible deja claro que no está interesada en la fantasía canónica del superhéroe adolescente. Lo que realmente quiere contar es el derrumbe de una familia.
Nolan Grayson no es simplemente un padre ausente o un mentor exigente. Es un conquistador viltrumita que ha vivido años fingiendo amar a la humanidad mientras espera el momento de someterla. La brutal paliza que le da a Mark en el final de la primera temporada sigue siendo uno de los momentos más devastadores de la televisión reciente porque no duele solo por la sangre. Duele porque convierte una pelea superheroica en abuso familiar. La serie nunca se recupera de esa escena y ese es su mayor acierto.
La segunda temporada entiende que el trauma no desaparece después de los créditos. Mark intenta seguir estudiando, amar a Amber (Zazie Beetz), ayudar a Atom Eve (Gillian Jacobs) y salvar personas, pero carga con la sospecha de que dentro de él puede vivir la misma violencia de su padre. Debbie, la madre de Mark, interpretada vocalmente por una extraordinaria Sandra Oh, se convierte entonces en uno de los personajes más ricos del relato. Su duelo no es solo marital, es el de una mujer que debe aceptar que la vida que construyó fue parcialmente una mentira.
Steven Yeun también hace un trabajo admirable como Mark. Su voz conserva la inseguridad adolescente del personaje, pero cada temporada le añade más cansancio, rabia y miedo. Mark no es invencible. El título siempre fue una ironía. Su cuerpo se rompe, sus vínculos se deterioran y su idea del bien se vuelve más difícil de sostener cada vez que la serie lo obliga a elegir entre salvar a todos o preservar su propia humanidad.
La tercera temporada lleva esa tensión a un punto especialmente feroz. El conflicto con Angstrom Levy (Sterling K. Brown), las variantes de Invincible y la llegada de Conquest (Jeffrey Dean Morgan) convierten la historia en una prueba moral. La violencia ya no es solo un espectáculo sino una tentación. Mark ha repetido durante años que nadie merece morir, incluso los peores enemigos, pero Conquest lo empuja más allá de ese límite. Cuando Mark finalmente responde con una brutalidad que lo horroriza incluso a él mismo, la serie encuentra una de sus ideas centrales. El problema no es tener poder, sino descubrir qué parte de uno mismo aparece cuando el poder deja de tener freno.
La cuarta temporada recoge esas consecuencias y hace algo inteligente, baja la velocidad sin perder intensidad. Después de Conquest, cada golpe pesa distinto. Mark ya no pelea como el chico que quería demostrar que podía ser un héroe. Pelea como alguien que teme convertirse en aquello que más odia. Su relación con Eve, con su medio hermano menor Oliver (Christian Convery), se vuelven más complejas porque todos funcionan como recordatorios de una vida que todavía puede salvarlo de la lógica viltrumita.
El regreso de Nolan al centro dramático de la serie también resulta fundamental. J.K. Simmons nunca interpreta a Omni-Man como un mero villano. Su voz transmite autoridad, vergüenza, orgullo y una culpa que jamás llega a absolverlo. La serie comprende que la redención no puede borrar el daño. Nolan puede cambiar, pero eso no elimina lo que hizo. Y Mark debe decidir si puede mirar a su padre sin convertirse en él.
Invincible también funciona porque, como en los mejores cómics de superhéroes (la serie está basada en el propio cómic de Kirkman), su universo secundario está lleno de personajes que parecen merecer su propia serie (Atom Eve tiene un episodio especial). Rex Splode (Jason Mantzoukas), Cecil Stedman (Walton Goggins), Allen The Alien (Seth Rogen), Robot (Zachary Quinto), Monster Girl (Grey DeLisle), Thragg (Lee Pace) y muchos más (tal vez demasiados), amplían la historia más allá del drama familiar de los Grayson.
No todos reciben el mismo desarrollo en las cuatro temporadas, y ahí aparece una de las debilidades del conjunto: La serie acumula tantos frentes que algunos personajes desaparecen durante largos tramos o quedan reducidos a promesas futuras. Aun así, cuando decide concentrarse en ellos, encuentra momentos notables, especialmente en el conflicto de Eve con el sentido práctico del heroísmo y en la ambigüedad moral de Cecil.
La animación ha sido motivo de debate desde el comienzo. En escenas cotidianas puede lucir rígida, incluso barata para una producción de este tamaño (¿es que no entienden que es un homenaje retorcido a las series animadas de aventuras de los ochenta y noventa?). Pero los quejicas de las redes deben admitir sin rechistar que cuando llega la acción importante, la serie sabe exactamente dónde poner el músculo.
Las peleas, más que buscar elegancia buscan impacto brutal. Los cuerpos atraviesan edificios, los huesos se rompen, la sangre salpica y la destrucción tiene consecuencias. Esa crudeza separa a Invincible de tantas historias de superhéroes donde las ciudades quedan reducidas a escombros sin que nadie parezca recordar a las víctimas.
La comparación con The Boys, la otra serie de superhéroes de Prime Video, e Invincible es inevitable porque las dos parten de una misma premisa que es la de desmontar el mito del superhéroe perfecto. Pero sus objetivos son distintos. La serie de Eric Kripke (también basada en cómics) utiliza el cinismo, la sátira política y el humor negro para mostrar un mundo donde el poder corrompe inevitablemente, mientras que Invincible conserva una fe casi clásica en el heroísmo.
Incluso en sus momentos más oscuros, la serie de Robert Kirkman sigue creyendo que las personas pueden elegir ser mejores. Donde The Boys se pregunta cuánto tarda un dios en convertirse en monstruo, Invincible se obsesiona con una cuestión más dolorosa y es la de cómo evitar convertirse en el monstruo que te crió.
Después de cuatro temporadas, la serie se ha convertido en algo más que una alternativa violenta al modelo Marvel o DC. Su fuerza no está en parodiar el género, sino en exprimirlo hasta que aparezca lo que muchas franquicias esconden: El costo emocional de salvar el mundo, la herencia tóxica de los padres, la culpa de sobrevivir y el miedo a que la violencia se transmita como una enfermedad familiar.
Invincible empezó preguntando qué pasaría si Superman fuera tu papá. Cuatro temporadas después, la pregunta es mucho más profunda: ¿Qué haces cuando descubres que el monstruo al que debes derrotar también forma parte de tu sangre?
P.D. Todavía quedan muchos interrogantes, los cuales se irán revelando en la temporada 5, la cual probablemente no será la última, pensando en la tendencia de Kirkman de alargar sus relatos de manera innecesaria como lo hizo con The Walking Dead.
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La responsabilidad de un vocalista con su instrumento es tan enorme que, si sus cuerdas vocales llegaran a dañarse, podría enfrentarse al fin de su carrera. Por eso es que para Bruce Dickinson decir adiós cuando ya no se posee la misma capacidad vocal que antes es un acto de dignidad y de respeto con los fanáticos.
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El cantante de Iron Maiden, que posee una de las voces más privilegiadas del heavy metal, habló recientemente sobre lo que opina de sus colegas que, pese a tener graves afectaciones en sus voces que les impiden ofrecer interpretaciones de calidad, insisten en seguir subiendo a un escenario. En una entrevista con Kerrang!, el músico recordó una discusión que tuvo con un periodista al respecto: “Le dije, ‘Mira, hay un montón de cantantes cuyas voces ya están deterioradas y todo el mundo lo sabe. Y me responde, ‘Sí, pero son leyendas’. No son unas leyendas, son personas que no pueden cantar más. Cuando lo hacían bien, sí lo eran. Pero cuando ya no lo pueden hacer, dejan de serlo”.
Dickinson admitió que es una “verdad brutal”, pero advirtió que él mismo no podría seguir ofreciendo presentaciones si su capacidad vocal se viera reducida considerablemente. “No sé cómo la gente se sube a un escenario cuando ya no puede cantar más. Claro, es su vida, pero no es la manera en que yo hago las cosas”, agregó.
El tema surgió luego de abordar la salida de Nicko McBrain a finales de 2024, quien tras sufrir de un derrame cerebral en 2023 vio reducida su capacidad de tocar la batería y decidió dar un paso al costado de su vida de gira. El baterista Simon Dawson, que también desempeña el mismo papel en British Lion —la segunda agrupación de Steve Harris—, asumió la posición y ha acompañado a la banda en sus presentaciones desde entonces.
En la misma entrevista con el medio inglés, tanto Dickinson como Harris hablaron sobre si existen preocupaciones por el fin de Iron Maiden, a lo que ambos respondieron que el grupo legendario todavía tiene mucho para dar. Los músicos no descartaron que, una vez finalice la gira de celebración por los 50 años de existencia de la Doncella de Hierro, comiencen a trabajar en el sucesor de Senjutsu (2021), aunque aclararon que todo llegará a su tiempo.
“Personalmente, amaría hacer otro disco. […] Si tuviera que elegir entre eso y salir de gira de nuevo, preferiría lo primero, pero Steve funciona al contrario. Él saldría de gira y gira hasta que muriera en el escenario”, comentó el vocalista. “Creo que Bruce amaría hacer un nuevo álbum y yo no tengo problema con eso. Solo pienso que si lo hacemos, tiene que ser en el momento indicado”, sumó el frontman. “No quiero hablar mucho de eso y no digo que no vayamos a hacerlo, solo que no quiero apresurarlo”.
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Sin duda, todo ser humano guarda una chispa que se convierte en el motor que impulsa su vida. Es difícil imaginar nuestra existencia sin una esperanza capaz de robarnos el aliento cada vez que pensamos en ella. En los días malos, en los mejores e incluso en los más ordinarios, recordar y aferrarnos a aquello que ilumina nuestro corazón es un abrazo para el alma. Es una fuerza que nos sostiene y nos recuerda que, aunque sea por un instante, la belleza también habita en la sencillez. Y en ese momento, la vida parece no poder ser mejor. Esa chispa puede encontrarse en una taza de café por la mañana, en jugar con tu perro, en escuchar tu canción favorita, en ver a tu artista preferido sobre el escenario, en compartir una comida con toda la familia, en viajar al lugar con el que siempre soñaste o, simplemente, en el privilegio de estar vivo. Esa luz que arde con la intensidad de la esperanza y la pasión tiene un nombre para Greeicy: Candela.
En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, la artista colombiana comparte la historia detrás de su cuarto álbum de estudio, Candela. Más que un proyecto que amplía su catálogo musical, Greeicy nos abre las puertas de su universo personal para invitarnos a reflexionar sobre esa pasión que enciende la candela que cada ser humano lleva dentro. A través de las distintas etapas de su vida, encontró en este concepto un mantra que la ayudó a superar las adversidades que alguna vez limitaron su camino hacia la mujer y la artista que es hoy. Por ello, extiende una invitación a todos aquellos que conecten con su mensaje: detenerse por un momento y meditar sobre el tiempo, la búsqueda y el propósito de la vida. Porque al final, solo tenemos una, y la manera en que recordaremos nuestros días se construye en el presente. Es aquí y ahora donde decidimos qué experiencias, sueños y emociones encenderán nuestra propia Candela.
Lee aquí la entrevista completa:
Candela es lo que nos enciende el alma, lo que nos motiva en nuestra cotidianidad y lo que nos sigue inspirando en lo más profundo. Cuéntame sobre esto.
Me encanta que inicie así la conversación. Definitivamente, esta es la conclusión del por qué le puse Candela al álbum. De hecho, este concepto nace en un momento de mi vida que era difícil, donde el alma estaba un poquito bajita y donde estábamos un poquito apagados a nivel familiar. Estábamos bien, pero había mucho ruido afuera y eso te afecta el alma. Yo dije: ‘Dios mío, gracias porque entendí la importancia’. Todos tenemos una candela, esa lucecita dentro; solo falta que entendamos qué es lo que la enciende. En mi caso, creo que la pasión la enciende, la familia, la música, el orgullo hacia los míos, bailar, mis animales. Siento que la vida me puso en esta situación para analizar varias circunstancias a mi alrededor, así me regaló este concepto.
“La palabra empezó a llegar desde varios lugares y dije: ‘La vida está muy Candela’”
La gente estaba candela, y todo lo estaba. Era lindo que todas las personas encontráramos cuáles son esas cositas que encienden el alma cuando nos duele, o cuando los días están difíciles. Esto nos puede salvar de muchas situaciones. En mi caso, muchas veces digo que le dedicamos mucho porcentaje de nuestra vida al trabajo, pero, ¿a qué le quieres dedicar más tiempo? Siento que trabajamos tanto, que diría que es un 60% de nuestra vida que se va destinada al trabajo, pero tampoco veo las estadísticas. Quiero que la gente se pregunte a qué le queremos dedicar ese tiempo, porque cuando los días se ponen difíciles, no es lo mismo si te levantas a hacer algo que te apasiona y que en el día te hará encender tu candela. Me pasaba que me sentía bajita de ánimo, pero iba de manera responsable a realizar mis labores, pero también decía: ‘Gracias Dios mío por permitirme hacer lo que amo, porque esto enciende mi candela’. Este álbum encierra todo esto. A nivel musical, hay mucha variedad. Siento que cada una de las canciones enciende una candela diferente en mí.
Candela es una celebración de tu autodescubrimiento. ¿Qué fue aquello que descubriste que no sabías de ti?
Creo que, a nivel de la Candela del alma y del ser humano, hay una muy especial. Esta última etapa de mi vida, y algunas otras que conllevan la maternidad, siento que para las mujeres que tenemos este privilegio de crear vida y de dar vida, es una etapa en la que te das cuenta que puedes dar mucho más de lo que crees. Ejemplo, cuando llegó la maternidad para mí hace cuatro años, yo decía: ‘Wow, yo en mi lista de sueños nunca tuve ser madre y siempre le había dedicado gran porcentaje de mi tiempo a mis sueños, a la actuación, música y arte’. Pero después puse la maternidad como prioridad y me sumergí con intención y alegría a este universo, y cuando pasaron los años, vi que a duras penas me bañaba y me alcanzaba el tiempo, creí que no sería capaz de hacerlo. Sin embargo, con el tiempo entendí que hay muchas maneras de llegar al mismo lugar. No soy la misma mujer de antes, soy mucho mejor porque tengo un motor a mi lado que me motiva, inspira y enciende mi Candela. Encontré otra manera. Sigo encontrando ese balance perfecto para que todo esté bien. Para mí, como quiero estar bien con mi hijo, también quiero estar bien como individuo, y para eso, me gusta sentirme productiva, que trabajo por lo que me gusta y que sigo haciendo música. En esta etapa me he dado cuenta de que somos más capaces de lo que creemos.
A nivel musical, todo ha sido muy bonito porque siempre se puede avanzar. Miro atrás y digo: ‘Wow, no soy la misma de antes’. Hoy, a nivel musical, me siento en otro lugar porque ya sé qué me gusta y sé con qué cosas me conecto. En este recorrido me di cuenta que conecto con un montón de géneros y sonidos. Nunca ha sido fácil definirme o describir a qué género me dedico; solo me gusta la música. Disfruto de la música latina, la bachata, la salsa, el reggae, lo urbano, el folclor colombiano y muchas cosas más. En el álbum se ve un poco todos estos universos que me conectan a nivel musical. Me encantó descubrir que tenemos esa posibilidad de experimentar y explorar porque la gente está abierta a escucharte en otra propuesta, y es que, años atrás, se preguntaba cuál era el género que te definía. Hoy hay mucha posibilidad de explorar con géneros que nunca habías tratado.
“Siento que ha sido una etapa de descubrirme en muchos aspectos artísticos y personales”
A Candela lo percibo como un renacimiento de Greeicy, ¿lo sientes así?
Sí. Y más porque nunca había sentido que un álbum me representara tanto. Yo soy todas las canciones de ese álbum. Hay canciones muy personales, y no sé si las personas las puedan recibir como si fueran suyas, pero, independientemente de que nuestras realidades sean diferentes, todos nos enamoramos, equivocamos y aprendemos, y tenemos el mismo tipo de sentimientos. Siento que es lo lindo que tenemos los artistas para conectar a través de la música, de lo que sea que estés hablando y por más personal que sea. Ha sido muy bonito, porque en todos estos contextos musicales donde me siento identificada, la gente también conecta con cada una de las canciones que hay dentro de Candela.
También quería platicar de la versatilidad que muestras en Candela. ¿Cómo exploraste esta búsqueda sonora para el álbum?
Siento que el explorar diferentes géneros se ha venido dando en el transcurso de los años. Me he juntado con diferentes artistas; ya había hecho un reggae con Cultura Profética, que es mi banda favorita de reggae, y tener esta segunda canción con ellos es muy especial, no solo porque los considero unos artistas maravillosos, sino porque también son unos seres humanos preciosos. La música latina también me encanta. No soy bailarina profesional, pero la gente sabe que me gusta mucho el baile y me conecto mucho con la bachata, merengue, que tampoco había hecho. También me tomé el atrevimiento de hacer un vallenato, y recuerdo que alguna vez hicimos una versión de ‘Si tu amor no vuelve’ en reggae, pero nunca me había tomado el atrevimiento. De los géneros que experimenté en este álbum, ese fue el que tenía un poco más de nervios, y es que vengo de un país de muy vallenato, donde tenemos exponentes muy increíbles haciendo el género. No quería parecer atrevida y haciéndolo a la ligera. El productor con el que hicimos la canción nunca había hecho un vallenato, pero es un gran músico que entiende la música desde todos sus universos, así que lo hicimos desde todo el respeto. La gente se ha conectado un montón con esa canción.
Hay otra canción que me recuerda a mi infancia, al folclor. Es la época del colegio donde teníamos clases de danza y nos poníamos las faldas folkloricas. Esa canción representa la alegría de esa época y fue muy lindo porque representa la alegría de la vida, que contagia la emoción de ver a alguien conectando, bailando y demás. También hay afro y todo lo que te invita al baile y movimiento. Traté de agarrar todos esos géneros que me gustan y que escucho en mi día a día.


Este material tiene colaboraciones con Rawayana, Cultura Profética, La Guru, Calema y Branbel. ¿Cómo se dieron estos juntes?
Con Cultura Profética tuve una colaboración hace como tres años. Soy fan de ellos desde hace muchos años atrás. Cuando ‘Mantis’ salió, fue muy lindo porque llegó de una manera muy mágica y especial. Tuve un encuentro con una mantis religiosa. Lo primero que me dijeron fue que era muy difícil encontrarte con ella, y su significado es muy lindo. Para este álbum, me tomé la tarea de ejercitar mi músculo de la composición, entonces me puse a escribir una canción por mi cuenta, y ese día llegó un mensaje súper especial. Salió casi en dos horas. Nos pareció muy lindo en ese momento. Quedó guardada por casi cuatro meses, hasta que pasa una vaina en la vida de nosotros que fue muy extraña porque era ajeno a nuestra realidad. Después de eso, abrí mi computador porque tenía que entregar el álbum y ya tenía muchos mensajes pendientes, y lo primero que vi fue ‘Mantis’, lo que me erizó la piel. Gracias a varias situaciones, entendí por qué llegó esa canción. Me conecté muy profundamente con esa canción y subí a Instagram un pedacito, y al día siguiente, Willy de Cultura Profética me escribió diciendo que le gustó la canción y que estaría muy lindo volver a colaborar. Me emocioné demasiado y le mandé todo. Apareció de nuevo con su propuesta y me erizó, y lo que escribió, sin explicarle, para mí fue como si la vida o Dios hubieran puesto esas palabras en él. Es muy especial tenerlos ahí.
La que tengo con Rawayana, que es ‘Solecito vení’, es una de mis favoritas, y de los demás también. Tiene mucho que ver con dos cosas: la canción es muy buena y Rawayana está en un momento súper especial. Para mí, esto ha sido un privilegio y empujón gigante de hacer esta canción con ellos. Cuando la hicimos, no pensamos en Rawayana, solo pensábamos en playita y verano, donde puedas compartir con tus amigos en el mar. Salió la canción y me sonaba mucho a Rawayana, sentía la esencia de ellos. Dude en mandarla porque la agenda de ellos es una locura, y no sabía si iban a tener el tiempo de ir a un estudio y hacer su parte. Pero bueno, lo peor es que me dijeran que no tenían tiempo, no perdía con hacer el intento. Le escribí a Beto y le dije que me había tomado el atrevimiento, aceptando si me decían que no porque sabía lo apretada que estaría su agenda y justo estaban terminando Donde es el after. Él me dijo que no se imaginaba que le fuera a mandar algo así, pero le encantó y fueron súper generosos. Sacaron el espacio en medio de toda la prioridad que tenían para finalizar su álbum. Fuimos al estudio y escribió su parte. La canción salió y sabía que si era una colaboración tenía que ser con ellos.
Otra colaboración es con Branbel, un artista caleño muy talentoso. Lleva haciendo música hace muchos años y nació con ese talento. Está destinado a ser artista. También tiene una historia de vida muy bonita. Él es muy luchador y trabajador. Lo conocimos y nos enamoramos de su talento, así que hemos apoyado mucho su conocimiento para guiar su camino porque digamos que a nivel industria apenas está empezando. Tiene una magia súper bonita.
Para el vallenato, que me tomé el atrevimiento de hacer desde el respeto y con los profesionales del género, invité a La Guru, una artista colombiana. Me encanta porque siento que ella es la reina del despecho y desamor. Todo lo que sea de esos temas, los toca. La vi mucho en este tema, y no por el género, porque no hace vallenato, pero sentí que su voz, que es muy femenina, contrasta muy lindo con la mía. Ella hace un trabajo de composición maravilloso, y lo que le hizo a la canción fue muy bello.
Calema, que es un dúo de Portugal, los tenía mucho en mi radar, tal vez no tan presentes como dúo y artistas, pero sí había una canción de ellos que tenía en mi playlist. Yo, más que guardar artistas, voy guardando canciones de diferentes géneros que me gustan; pasa de urbano a vallenato, folclor a salsa y tengo todo lo que me gusta. Tenía una canción de ellos, así que los tenía referenciados. Pensaba hacerla sola, pero en la disquera los mencionaron diciendo que eran un dúo interesante con sonidos africanos, y cuando me los mostraron, claro que los conocía. La verdad, ellos le sumaron muchísimo a la canción. Tienen voces lindas y les quedó muy bella.
Las colaboraciones me gustan porque son muy versátiles, como el mismo álbum. Son artistas muy diferentes entre ellos, lo que le dio el toque. Así como hay muchos géneros, también hay muchos artistas. Esto me encantó porque amplifica y redondea todo el universo que hay dentro de Candela.
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