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Qué ver en Netflix: 4 películas sobre la maternidad

La maternidad ha sido una fuente inagotable de historias para el cine, que ha explorado sus alegrías, desafíos y contradicciones desde perspectivas muy diferentes. A continuación, 4 películas de Netflix que ponen el foco en el vínculo entre madres e hijos. La hija oscura 2021 – Dir: Maggie Gyllenhaal Duración: 120 minutos. Reparto: Olivia Colman, […]

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5 discos que tienen animales en la tapa

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Tras una creciente presión dentro del Partido Laborista, Keir Starmer ha anunciado su pronta renuncia como primer ministro de Reino Unido. El cambio de líder se completará a lo largo del verano, cuando se decida quién será el sucesor y candidato ideal para el partido. 

Hace menos de dos años, Starmer ganó las elecciones con una contundente victoria para el Partido Laborista. Sin embargo, desde entonces, su gestión como primer ministro ha estado marcada por más tropiezos que éxitos. En las elecciones locales y regionales celebradas hace unas semanas, los laboristas perdieron más de 1.400 concejales. Tras esos resultados, Starmer admitió que dentro de su partido habían surgido dudas sobre si seguía siendo la persona más adecuada para liderarlos de cara a las próximas elecciones generales.

“Renunciaré como líder del Partido Laborista”, compartió Keir Starmer, asegurando que su decisión pone “al país por delante de todo”. También ratificó que hará lo necesario para garantizar un traspaso de poder organizado y que el siguiente en su papel contará con todo su apoyo.

Y agregó: “Hace seis años, heredé un Partido Laborista que estaba en bancarrota política, financiera y moral. Me dijeron una y otra vez que mi partido estaba acabado, que estábamos condenados a la historia, que una mayoría en las elecciones generales, y mucho menos una mayoría aplastante, era imposible, pero demostramos que esas personas estaban equivocadas. El arduo trabajo del cambio tuvo un propósito singular: no el poder por el poder mismo, sino cambiar Gran Bretaña para mejor, para construir un país más justo, con dignidad y respeto, donde todos son vistos, todos son valorados, riqueza y oportunidad para todos, no solo para unos pocos privilegiados. Y miren lo que hemos logrado en solo dos años”.

El aún primer ministro dejó en claro los logros de su mandato, según su perspectiva: economía más fuerte, inversión en construcción de infraestructuras, fin a las políticas de austeridad y aumentar la sanidad pública. Aunque su dimisión ya es oficial, Keir Starmer explicó que, durante su reunión con el rey Carlos III, planteó la necesidad de que el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista pusiera en marcha el proceso para elegir a su sucesor. El calendario de candidaturas se abrirá el 9 de julio y concluirá antes del receso estival. Hasta entonces, Starmer seguirá desarrollando el papel de primer ministro. 

Por ahora, el sucesor en la mira es Andy Burnham, político británico que ha ejercido como miembro del Parlamento por Makerfield desde junio de 2026. Esto le habilitará para liderar el Partido Laborista y desafiar al ahora primer ministro en unas primarias. 

“Keir ha hecho un gran servicio a nuestro país y quiero agradecerle su liderazgo y su dedicación durante un período tan desafiante. Su decisión marca el inicio de una transición y es importante que este proceso sea conducido de una manera ordenada y responsable. Me presentaré como candidato para formar parte de este proceso”, compartió Burnham en sus redes sociales. 

También dijo que se espera estabilidad, seriedad y un enfoque continuo a temas de interés para el país, y eso es lo que él dará. Si es que llega al mandato, su prioridad será trabajar en conjunto para devolver al país donde todos los ciudadanos lo quieren ver. 

“La gente quiere ver avances en el crecimiento económico, el costo de vida, los servicios públicos, la vivienda y las oportunidades para la próxima generación. El cambio político nunca debería distraer de la responsabilidad de mejorar la vida de las personas. El movimiento Laborista siempre ha estado en su punto más fuerte cuando mira hacia adelante con confianza y propósito. Esto es lo que haremos desde aquí y nos aseguraremos de que esta transición sea un proceso positivo de renovación para nuestro partido y nuestro país”, agregó.

Si no hay otro candidato a competir con Andy Burnham, podría ser primer ministro para mitad de julio.

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Brigado, es el séptimo álbum de estudio de DELLAFUENTE. Bajo un concepto inspirado en la palabra portuguesa obrigado (“gracias”), que da nombre al álbum, el artista inicia una nueva etapa marcada por la calma, la consciencia y la reconciliación personal, tras un periodo de grandes éxitos en su carrera. Este trabajo se presenta como un ejercicio de gratitud, motivación y reflexión sobre los años de esfuerzo que han forjado una trayectoria basada en la perseverancia, el crecimiento y el reconocimiento.

Con Brigado, DELLAFUENTE, a través de 12 canciones, nos abre las puertas de su espacio de reflexión y contemplación, invitándonos a cuestionar el significado y la verdadera importancia de aquello que nos rodea. En este punto de su carrera, alcanza una sensación de plenitud creativa, sin dejar de explorar nuevas posibilidades sonoras que enriquecen su propuesta. El resultado es su trabajo más introspectivo, honesto y personal hasta la fecha.

Aunque el álbum no cuenta con colaboraciones, DELLAFUENTE introduce a 3NOC, un alter ego que figura en los créditos de canciones como ‘Sin explicacion3s’, ‘La vida te da sorpr3sas’ y ‘Mi modo de vida <3’. Estos temas comparten la presencia del número tres como un símbolo que los conecta dentro de una misma dimensión espiritual, un espacio desde el que el artista reflexiona sobre la gratitud, la esperanza, el sentido de comunidad y la construcción de la identidad. Este nuevo personaje surge como una extensión de su universo creativo y encuentra su origen en su nombre de nacimiento, Pablo Enoc. A través de 3NOC, DELLAFUENTE explora una faceta más introspectiva y simbólica, profundizando en las inquietudes y valores que atraviesan buena parte del discurso conceptual del álbum.

Por ahora, ya puedes escuchar Brigado, en todas las plataformas de streaming musical.

TRACKLIST BRIGADO, 

  1. Vida en PNG
  2. Sin explicacion3s ft. 3NOC
  3. Modo avión
  4. Na me sabe a na
  5. Me olvido
  6. 2:3 Filipenses
  7. Espíritu Santo
  8. La vida te da sorpr3sas ft. 3NOC
  9. El baile del agua
  10. Mi modo de vida <3 ft. 3NOC
  11. Caravaggio
  12. Agradecío 

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En más de seis décadas de carrera, los Rolling Stones han convertido las giras mundiales en una parte esencial de su leyenda. Sin embargo, Keith Richards cree que el futuro de la banda sobre los escenarios podría ser muy distinto al que sus seguidores han conocido durante años.

En una nueva entrevista con Uncut, el icónico guitarrista de los Stones reconoció que las grandes giras internacionales podrían no volver a ser una opción para el grupo. “Realmente no sé si las giras son posibles”, afirmó Richards, dejando abierta la posibilidad de que la banda abandone el tradicional formato de recorrer el mundo para adoptar un esquema mucho más reducido.

Lejos de hablar de un retiro definitivo, el músico de 82 años explicó que la agrupación podría seguir presentándose en vivo, aunque de una manera diferente. Entre las opciones que contempla están las residencias artísticas en ciudades clave, un modelo que ha ganado popularidad entre artistas veteranos en los últimos años.

“Podríamos hacer algo en Londres, Nueva York o París”, señaló Richards, sugiriendo que la banda podría permanecer durante varias noches en una misma ciudad en lugar de trasladar una enorme producción de estadios de un país a otro.

Las declaraciones del guitarrista llegan en un momento de incertidumbre sobre el futuro en directo de la banda. A comienzos de este año trascendió que los Rolling Stones habían descartado los planes para una posible gira europea en 2026, una noticia que alimentó las especulaciones sobre si el grupo volvería a emprender una extensa serie de conciertos internacionales.

La última gran gira de la banda fue el Hackney Diamonds Tour, realizada en apoyo a Hackney Diamonds (2023), el primer álbum de material original de los Stones en casi dos décadas. El tour fue recibido con entusiasmo tanto por la crítica como por el público, reafirmando el poder de convocatoria del grupo incluso después de más de 60 años de trayectoria.

A pesar de las dudas sobre el futuro de las giras, Richards dejó claro que los Rolling Stones están lejos de pensar en una despedida. El músico confirmó que la banda continúa trabajando activamente y que existe material nuevo en camino, manteniendo viva una de las historias más longevas y exitosas en la historia del rock.

Por ahora, el futuro de los Stones sobre la carretera sigue siendo incierto. Pero si algo han demostrado Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood a lo largo de las décadas es que siempre encuentran la manera de seguir adelante, incluso cuando eso implica reinventar la forma en que se presentan ante su público.

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A comienzos de junio de este año, Phoebe Bridgers anunció su primera gira en solitario desde 2023. El afiche promocional incluía una fotografía de la cantante y compositora de 31 años en una desolada calle de un pequeño pueblo, al volante de un vehículo turquesa vintage. Es el crepúsculo: el cielo exhibe un patrón cósmico de azul y rosa, similar al algodón de azúcar, mientras un haz de luz emerge detrás de una antigua casa revestida con tablillas blancas y contraventanas verde oscuro. Bridgers aparece como una figura diminuta dentro del encuadre, pero su energía es inconfundible. Casi dan ganas de preguntarse si su emblemático traje de esqueleto está guardado en el baúl del automóvil.

La imagen fue capturada por el fotógrafo de bellas artes Gregory Crewdson, cuyas inquietantes y deslumbrantes escenas de la vida suburbana han sido comparadas con la obra de David Lynch y el pintor Edward Hopper. Crewdson no suele realizar muchos trabajos editoriales o comerciales, pero asegura que hizo una excepción para la artista de cabello rubio platinado y reconocida inclinación hacia la melancolía.

“Necesito sentirme conectado con el trabajo”, le dice Crewdson, de 63 años, a Rolling Stone durante una videollamada desde su casa en el oeste de Massachusetts. “Había una afinidad, una sensación compartida de misterio y soledad, además del deseo de establecer conexiones con el paisaje y todo lo que eso implica. Es un encuentro entre el mundo de Phoebe y el mío”.

Crewdson cuenta que él y Phoebe Bridgers comenzaron a hablar sobre una posible colaboración hace algunos años, y que finalmente se reunieron el verano pasado en Hudson para planear el proyecto. La imagen fue capturada durante dos jornadas de rodaje en marzo de este año en la cercana Adams. “No quería hojas en los árboles; quería que se sintiera como el invierno dando paso a la primavera”, explica.

Así fue como Phoebe Bridgers consiguió la imagen perfecta para su gira de 2026
Cortesía

Las producciones de Gregory Crewdson se asemejan a un set cinematográfico, con alrededor de 50 personas en el equipo. Para la sesión se utilizaron cinco grúas destinadas a iluminación y equipos técnicos, mientras que el departamento de bomberos roció agua sobre la calle para crear ese resplandor casi místico. Según el fotógrafo, el alto nivel de producción busca intensificar lo que ya existe en el entorno. “Existe una perfecta convergencia entre nuestras luces artificiales y la luz ambiental del sol”, afirma. “Es ese único momento en el que todo encaja”.

La fotografía también posee un componente analógico. Crewdson señala una cabina telefónica visible al fondo de la imagen, un detalle apropiado para la próxima gira de Bridgers, en la que no se permitirá el uso de teléfonos inteligentes, así como la lámpara de xenón que proyecta el intenso haz de luz. “Es una luz de la vieja escuela que ya nadie utiliza”, comenta. “Sería muy fácil recrear eso con inteligencia artificial o efectos digitales, pero nosotros lo hicimos de verdad”.

Cortesía

Los seguidores de Bridgers seguramente peregrinaron a la calle de Adams donde se produjo la imagen, y Crewdson asegura que ya ha visto tatuajes inspirados en la fotografía. El artista también reconoce que, como muchos, quedó profundamente impactado por Punisher, el más reciente disco en solitario de Bridgers, publicado en 2020.

“Hay algo en ese álbum que realmente capturó mi imaginación, algo especialmente fantasmal y onírico”, dice. “Y, por supuesto, está esa tristeza que atraviesa todas las canciones. Me identifiqué muchísimo con ella, porque son temas con los que trabajo constantemente: esa sensación de soledad, pero también el deseo de establecer una conexión”.

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Es un sábado de mayo y el viento dulce del oeste arrastra un frío riguroso que hace sentir el otoño. Faltan apenas un par de horas para que Wos salga al escenario del Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, quinta escala de una gira bonaerense que empezó en Mar del Plata, pasó por Bahía Blanca, Tandil, Junín, Villa Ballester y que cerró el fin de semana pasado en Lanús. Afuera, mientras el sol se muere, late algo difícil de transferir. Ocurre con pocos artistas de su generación y lo podemos reducir, apenas, en un término: “mística”. Eso que está en el aire, se percibe a medida que el público, su público, se acerca. Es mística, sí. Pero no cualquier mística. Es una mística que conecta con el fenómeno musical, social y cultural más importante en la historia del rock argentino: la mística ricotera. “Qué bueno que se genere y se sienta esa sensación. Obviamente no es algo que uno pueda buscar, ¿no?”, dice Wos, con una mezcla de timidez, asombro y orgullo. “Pero lo que sí te puedo decir es que, en este camino, me fui encontrando con cosas que me van sorprendiendo a mí mismo”.

Wos: ‘La mística no es algo que se pueda buscar”
a. Rumbo al escenario, con el baterista Tomi Sainz y la guitarrista Chipi Rud, y a su derecha, el mánager y socio, Peter Ehrlich (Foto: Gustavo Correa).

La decisión de hacer esta gira bonaerense, emulando una ruta que transitaron grupos como Sumo y Los Redondos en tiempos en los que la mayoría de los artistas de su generación está tocando en Europa o Estados Unidos, parece ir en esa dirección. Para un artista que se acostumbró a llenar estadios de fútbol, son conciertos casi íntimos. “Con todos los que son parte del proyecto, estamos buscando qué cosa realmente nos hace sentido y nos late en el momento para no entrar en el automático y, de verdad, hacer contacto con lo que estamos haciendo”, le explica en su camarín Valentín Oliva, el artista conocido como Wos, a Rolling Stone luego de la prueba de sonido. “Teníamos ganas de volver a conectar con esa energía. Un poco los Obras tenían esa misma línea, pero además queríamos hacerlo por [la provincia de] Buenos Aires y también porque ese público está en un montón de lugares, pero no necesariamente viaja a ver los shows. Nos dimos cuenta de eso: hay mucho público local en cada fecha que quizás no está acostumbrado a trasladarse, y otros que aprovechan para moverse, acompañar y caer desde otros lados. Pero creo que fue un poco eso: las ganas de ir a buscar a esa gente, ese contacto más cercano, y también el estilo de show, con menos capas”. 

En el camarín, últimos toques antes de salir a escena (Foto: Gustavo Correa).

En septiembre del año pasado, Wos lanzó Ilusión supersport (Doguito Records), un EP de cuatro canciones, que iba acompañado por un mediometraje en blanco y negro, dirigido por Lucas Vignale, el director que fallecería trágicamente en el mismo accidente que el youtuber argentino Gaspi y el cantante estadounidense Oliver Tree.

Al mismo tiempo, protagonizará Magnetizado, el nuevo film de Luis Ortega, inspirado en la novela de Carlos Busqued. Uno de los atractivos de esta gira, para Wos, está en la escala, un vínculo mucho más cercano con la audiencia que permiten este tipo de venues. Microestadios que no superan los 5 mil espectadores. “Es un camino extraño el mío, porque empieza con mucha exposición”, argumenta Wos. “A veces, en algunas cosas, fue un camino inverso; en un sentido tuve algo que muchos tienen que construir por años hasta llegar a esa exposición y a ese nivel de escucha. Pero, por eso mismo, quizás te salteás o hacés otro tipo de camino donde te perdés cosas muy lindas también, como pueden ser este tipo de fechas y este contacto distinto con la gente. Aparte, me está pasando que son los shows que más disfruto arriba del escenario. Es muy loco ese ida y vuelta, y el disfrute que se está generando con la banda también me motiva mucho”. El feedback con sus seguidores gana en intensidad con la proximidad. “Siento que el público cumple una parte muy importante en nuestros shows y tenerlo cerca es clave. Desde que hacía rap y freestyle existió ese ida y vuelta energético, esa interacción. Después se fue transportando también a las canciones y agrandándose a un público totalmente nuevo que fue cambiando con el tiempo. Entonces, después de muchos años de tocar, es lindo encontrarme tan cerca con el público de ahora, que ya no es el mismo de hace cinco años, como nosotros tampoco somos los mismos. Es como actualizar algo, volver a estar cerca de esa gente, ver sus caras, su energía, y volver a sorprenderme. También hay algo de conectar con esta cosa más esencial, que es lo importante de salir a tocar, lo que nos gusta a nosotros. Es como un alivio, ¿no? Es decir: bueno, fuera de cosas exuberantes, en esto hay algo totalmente vivo y totalmente potente que existe, que es juntarnos para esto puntual que sucede. Entonces es muy lindo tener esa oportunidad, y te pasa a importar muy poco todo lo demás”. 

La relación con el imaginario ricotero no es forzada, ni casual. En marzo de 2024, Wos presentó “Quemarás”, con la participación especial del Indio. Se trata de una balada mid tempo, una melodía circular que adopta aires marciales cuando Solari canta “podés resistirte a todo, menos a la tentación en tus modos, el amor es un sentir (y también una idea)”. El fuego, elemento fundamental de la naturaleza y también de la poesía ricotera, ocupa un papel preponderante en la canción. Pero hay otro fuego en ese asunto: el de la antorcha que entregó el Indio, que parecía señalar a Wos como uno de sus herederos. “Saber que el Indio me abrió ese lugar y que para él también fue algo estimulante es impagable. Ese vínculo de amistad que se generó con los años, y que además pudo continuar con ese tema y que quede plasmado en algo artístico, es impresionante. Esa energía de él también nos acompaña. Estar tocando y que aparezca su voz, y yo conectar con eso, es una energía que sí o sí te tira para arriba y te hace estar muy agradecido”, decía Wos. Nadie imaginaba la noticia de la muerte del excantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, apenas un par de semanas después de este encuentro. El 5 de junio, desde su cuenta de Instagram, lo despidió así: “Hoy que necesito palabras tengo pocas, esta tristeza y un profundo agradecimiento. Nos cambiaste la vida a muchos. Te vamos a extrañar de maneras que aún no imaginamos. Llevo tu música y tu amistad en el corazón. Hasta siempre…”

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Volvamos al camarín, en Ituzaingó. Sobre ese vínculo con el Indio, decía Wos: “Es algo muy especial, algo que ni siquiera sé si me animaba a soñar. ¿Sabés qué pasa? Por cómo soy, las cosas se van dando. A veces tengo cierta timidez con respecto a las cosas que admiro; no en todo lo que me gusta me quiero involucrar, a veces simplemente lo disfruto desde afuera. Pero esto se fue dando de una manera natural, con ciertos guiños que nos fueron conectando. Y es loco que se haya dado, obviamente con tantas diferencias en lo musical. Pero me parece que fue más allá de eso y que terminó mixeando y conectando muy bien”.

La tribu de mi plaza 

Las bandas wosistas van cubriendo el microestadio. Nadie hubiera pensado, hace una década, que en las competencias de freestyle en las plazas se estaba gestando un movimiento que crecería (y mutaría) en multiplicidad de direcciones, y que llegaría a lugares tan inesperados y disímiles, como las playas de Miami, las salas de conciertos de Europa, el late night show más popular de Estados Unidos… o este reducto del conurbano bonaerense. Alguna vez, en los 90, Sandro recibía al periodista Mariano del Mazo en un pequeño camarín de un cine de San Miguel con esta frase: “Bienvenido al Madison Square Garden”. Estaba allí porque había ido a cubrir uno de los conciertos suburbanos con los que solía preparar su desembarco en la calle Corrientes. Wos se ríe cuando le cuento la anécdota: “De la plaza es de donde venimos, más allá del lugar puntual o del barrio. Justamente esto de lo que hablaba, de las plazas y el hip-hop: no hay nada más en contacto con eso que ese momento del hip-hop, de las competencias, y lo mismo pasa con el rock de otras formas. Por eso se vive lo que se vive y se siente esa energía, porque es parte de lo que soy y de lo que somos todos”. 

Wos y su banda en la prueba de sonido en Ituzaingó (Foto: Gustavo Correa).

De todos modos, para Wos esto no formaba parte de un plan. “No lo soñé”, podría decir para seguir con la dialéctica ricotera. Pero lo que dice es esto: “Alguno que otro decía ‘con esto va a pasar tal cosa’, pero a mí ni se me cruzaba. De pronto empezó a suceder y para los que estábamos ahí fue una sorpresa enorme. Pero, como te digo, sí había una energía muy fuerte y genuina que encontró un lugar en eso: gente con ganas de expresarse y de tirar una rima sin demasiadas capas, sin demasiado elemento, en un contacto muy directo con los otros artistas y con la gente. Justamente, las rondas de freestyle siempre se dieron así; es algo donde se comparte una energía que circula. Fue muy potente lo que pasó y, como toda cosa que se agranda así, al ser una energía tan grande va encauzando hacia distintos lados. Es como una fuente de agua que va a distintos ríos; cada uno arrastra cosas distintas y lleva después su propia corriente, pero de alguna manera muchas cosas salieron de esa explosión”. 

La plaza funcionó mucho más que como un espacio de encuentro y exhibición. Fue una escuela. “Ahí es donde yo hice ese recorrido, que es más raro. Esos fueron mis comienzos, mis inicios, que no son los convencionales para después armar una banda. Pero sí, obviamente eso me forjó y esa energía sigue estando. La gente que me escucha lo sabe, lo vio, y se siente también cada vez que en el show aparece la parte de improvisación. Más allá de que yo tocaba la batería y siempre estuve cercano a la música, descubrir la improvisación hizo que construyera mi identidad con eso. De hecho, mi primer acercamiento a las canciones fue a partir del rapeo, de ese formato. Después esa semilla fue deformándose, creciendo y apareciendo cosas nuevas”. 

La improvisación es clave a la hora de pensar el freestyle, pero también es clave en la música que hacían (y hacen) los padres de Wos. Alejandro Oliva es uno de los miembros fundadores de La Bomba de Tiempo, el grupo de tambores que improvisan dirigidos por señas que desde hace dos décadas reinventa las noches de los lunes en la Ciudad Cultural Konex. Maia Mónaco es una notable artista multidisciplinaria, cantante y actriz que actualmente se enfocó en una suerte de electrónica orgánica, como una Björk criolla. Juntos, compartieron el grupo El Diablo en la Boca, una propuesta libre de géneros lanzada a la aventura de la improvisación. [Ambos están esta noche acá, en Ituzaingó, y no pueden creer cómo al primer acorde, miles de voces acompañan las complejas letras que canta su hijo]. 

El mimo de su madre, la cantante y performer Maia Mónaco en una charla casual antes del show (Foto: Gustavo Correa).

Wos tardó en trazar una bisectriz entre la música de su casa y la de la plaza. “Me fui dando cuenta después”, confiesa. “En un momento dije: ‘Ah, claro, había algo acá’. Eso viene de ahí, estuve rodeado de eso en mi casa. Y es un tremendo juego que abre una puerta a ese mundo misterioso; un poco me la dio la improvisación. Yo obviamente me doy cuenta de todo eso que absorbí, incluso en lo rítmico puesto en la improvisación. Yo hice percusión de chico y después como que se fueron uniendo las cosas, ¿no? En algún momento de pronto mirás para atrás y le encontrás sentido a todo”. 

En primera fila, las fans buscan un registro cercano con sus celulares (Foto: Gustavo Correa).

No es casual que esa sea la piedra angular de su método creativo. Él lo explica así: “Para mí la improvisación, incluso en la composición, es siempre la puerta para sentarme a escribir después. Hay mucho de eso que para mí es muy importante. Las nuevas cosas que estoy componiendo también, muchas salen de las zapadas, así que es como un instrumento que está muy presente para mí. Sé que es lo que más me conecta con esa cosa más inexplicable y de disfrute, a la que después le voy dando distintas formas y distintos canales para darles un orden y una forma en el afuera. Pero la energía primordial creo que es esa”. 

¿Sentís que al momento de empezar a desarrollarte como artista ese background te daba herramientas distintas o tu escuela como freestyler estuvo únicamente centrada en escuchar rap?
No sé si fue distinta o no, porque la verdad es que hay demasiada gente, demasiados estilos y formas de hacer. Hay mucha originalidad, sobre todo acá, en Argentina, que es algo que también hizo que eso . afuera llame la atención. Yo creo que cada uno tuvo un enfoque distinto, por lo menos los que yo fui conociendo en ese momento. Había algo muy particular de cada uno que es algo con lo que no podés mentir: en algo tan visceral, todo lo que vos traés aparece ahí, es medio inevitable. Algunos están más relacionados con una cosa que con otra, de acuerdo con lo que pasó en su vida y con lo que absorbieron. Por eso siento que cada uno fue muy distinto y dejó ver su universo. Y por eso también ahora, de los que fueron a construir un camino en lo musical y en lo artístico, se ven cosas tan distintas.

 Así como sentís que fuiste encontrando tu propia voz en el freestyle, ¿cómo armaste tu identidad al momento de posicionarte como solista por fuera del movimiento? 

Y, fue haciéndolo. Fue todo muy en el presente y no hubo demasiado tiempo para planificar nada; todo fue en vivo, digamos. Fue un experimento que se fue construyendo en simultáneo con ese ida y vuelta, con la situación que venía pasando con la exposición y con las giras. Obviamente todo eso que va sucediendo empieza a entrar en tu música. Una cosa era al principio, pero después, cuando ya empecé a tocar en vivo, aparecen otros elementos que empiezan a incidir en el estudio. La vida misma y los años te van dando cosas que ni te imaginás, ni buscás o entendés. Después, en mi caso, creo que hubo siempre una curiosidad de qué más podía encontrar en esta energía, qué otros cauces tenía o qué formas de estímulo podía encontrar para sacar eso que tiene que salir. Bueno, ese es mi eje. Para mí, lo que yo siento es: tengo esta energía misteriosa, desordenada, caótica, y le voy encontrando maneras distintas de que salga y estímulos distintos para que eso aparezca. Se fueron encontrando así cosas incluso muy distintas en mis propios discos, uno de otro. Y también con mi propio productor, con Evlay, llevamos un camino de años donde desarrollamos un vínculo en conjunto que es importantísimo.  

Hay una palabra clave en la industria de la música en esta época  que es la “narrativa”. Muchos artistas están pensando en un disco  y, más allá, en una narrativa que lo  acompañe, y me da la sensación de  que esa palabra no está en tu vocabulario, sino que vas hacia algo  más genuino. 

 Sí, creo que nunca me salió armar demasiado la cuestión. A veces  es más fácil cuando uno puede  construirse esa coraza o esa “narrativa”, como se dice. Digo, capaz  que sería más sencillo para encarar  ciertas cosas, pero no es algo que  haya pensado o tenido en cuenta.  Creo que la propia vida te va dando  su propia narrativa y que entregarse a ese lujo de la vida y de lo que  va pasando es lo mejor que, por lo  menos yo, siento que puedo hacer.  Cada momento me va dando una  materia prima distinta.

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Thom Yorke escribió “Nude” para narrar, de manera desgarradora, eso que pasa cuando te das cuenta de que lo que soñaste nunca va a suceder. Pero lo que el líder de Radiohead nunca imaginó es que la introducción de esa canción, uno de los paisajes más desoladores de In Rainbows (2007), iba a terminar siendo el colchón perfecto para que un pibe de Sarandí que soñó mucho y que, según dice, está cumpliendo sus sueños, le cante al culo.

“Baby, te pusiste un putishort que no te calza/ ese culo es más grande que una casa./ Voy a dejarte un negro adentro de la panza/ te hago el amor mientras las horas se pasan”, rezan las primeras barras de “Putishort”, el cuarto track del flamante El que compró perdió, el segundo álbum de Little Boogie.

Martín Velázquez, el nombre detrás del personaje, tiene 25 años y vive en Buenos Aires. Pero cuando atiende el teléfono para hablar con Rolling Stone está en La Saladita, Sarandí, en la habitación de la casa de sus padres. La misma donde grabó sus primeras rimas, donde tiene una carpeta de dibujos tan polvorienta que, según dice, le provoca estornudos. Dibujos de una época en que también quería ser ilustrador de Marvel. “Para 2014, 2015 ya era solo un sueño frustrado”, dice y se ríe con la tranquilidad de alguien que saldó esa cuenta.

Su padre, Carlos “El Buitre” Velázquez, fue boxeador y trabajó dos años junto a Carlos Monzón. Salió de la Isla Maciel lustrando zapatos y encontró en el deporte un idioma para entender el mundo. Ese idioma se lo pasó a su hijo. Y también la música. El primer disco que le regaló Carlos fue Number Ones de Michael Jackson. El segundo, uno de Luis Miguel.

A los seis años, Martín ya sabía lo que quería. “Le dije a mi vieja: yo voy a ser rapero”, recuerda. Su mamá lo miró sin entender del todo. Martín piensa que lo asoció a la cumbia villera que ponían los primos cuando iban a lo de la abuela. “No sé a qué lo asoció. Pero en el fondo siempre trató de consentirme”, dice.

Little Boogie, el rapero de Sarandí que samplea a Radiohead y Charly García
“A veces sueño que me busco a mí mismo para decirme: lo hiciste”, dice Little Boogie. (Foto: Lara Schottland @laraschottland)

Un día apareció una escuelita de hip-hop en el barrio. Martín se anotó y conoció gente que escuchaba lo mismo que él. Se enamoró del baile, una de las ramas del hip hop. “Sentí que era parte de algo”, recuerda. Pero crecer en un lugar marginal, aclara, tiene una física propia: tarde o temprano uno termina eligiendo el camino del barrio. “Soñar está mal visto. Ser artista está mal visto. Hacer cosas nuevas está mal visto. Y eso es lo que la sociedad nos inculcó por mucho tiempo”, reflexiona.

A los 21 estaba laburando en un frigorífico. La música, en pausa. “Pensaba como la sociedad piensa de un pibito que es de zona sur y baila y canta y dibuja. Ya pensaba así, y me enojé mucho conmigo mismo”. Una charla a tiempo con Delfín, uno de los dos integrantes de Stereo –el dúo productor que hoy es su columna vertebral artística–, fue el cachetazo necesario. Sos artista, ponete las pilas, sacate la bronca. Algo así le dijo. Y de ahí nació “Ni cabida con el ditroit”, el tema con el que empezó a hacer ruido en internet. Algo que confirmó con “Okupas”, donde samplea (y reversiona) “Más o menos bien” de Él Mató.

El disco que acaba de editar junto a Stereo es una de las propuestas más singulares del rap local. Con samples que van de Duki (“She Don’t Give a FO” en “Joven por siempre”) a Charly García (“Promesas sobre el bidet” en “Bando (Freestyle)”), una colaboración con Milo J que impacta (“Voy a dispararme”, que incluye un inesperado sample de la cantante Caroline Polachek) y hasta una balada de redención a piano y voz (“Mamá tenía razón”) que podría salir en la radio.

“Los sueños que estoy cumpliendo son para el guachín ese, para ese pibe que estaba acá en esta habitación hace unos años”, cuenta. “A veces sueño que me busco a mí mismo para decirme: lo hiciste”.

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La primera vez que NIKKÖ tocó en un cementerio entendió que algo en su música había encontrado un lugar definitivo. Por eso, cuando empezó a trabajar en “FRIKIDADIDOU”, una canción atravesada por la imagen de un velorio familiar y los traumas que sobreviven incluso entre los vivos, pensó inmediatamente en una persona: Mariana Enriquez.

La conexión con la escritora se dio a partir de la oscuridad, elemento clave en la cosmovisión de ambas. Todo comenzó en 2024, cuando NIKKÖ –el nombre artístico de Nicole Mugneco– organizó un recital en el Cementerio Británico de Buenos Aires, una experiencia que recuerda como el show más importante y cinematográfico de su carrera hasta ahora. Antes de esa fecha, alguien de su equipo le recomendó leer Alguien camina sobre tu tumba, el libro de crónicas en cementerios de la autora argentina.

“Ya la seguía por entrevistas y sentía mucha conexión con las cosas que decía. Pensaba: ‘Yo quiero ser esa señora en unos años’”, cuenta Nikkö entre risas en diálogo con Rolling Stone. Y dice que intentó invitarla al recital, pero Enriquez no estaba en el país. Quien sí asistió fue la periodista Lala Toutonian, colaboradora y amiga de la escritora, que quedó fascinada con la propuesta. A partir de ahí empezó a construirse un vínculo que terminaría desembocando en “FRIKIDADIDOU”.

“El tema habla de familiares reunidos en un velorio, de gente que no se ve nunca, de la careteada y de los traumas que tiene uno. Entonces pensé: ‘Che, esta canción necesita que Mariana diga algo acá’. Sentía que el tema necesitaba su voz. Que había algo ahí que ella podía narrar mejor que nadie”, dice. Y cuenta que la grabación terminó siendo mucho más relajada de lo que esperaba. NIKKÖ pasó a buscar a Enriquez por su casa y juntas fueron a un estudio en Benavídez. “Lo que menos tiempo llevó fue grabar. Después nos quedamos todo el día hablando de música, tenis, Taylor Swift, canguros…”.

El momento más intimidante llegó cuando tuvo que mostrarle el texto que había escrito especialmente para ella. “Le dije: ‘Capaz esto te parece una mierda y tengo que encerrarme en el baño a escribirlo de nuevo’. Pero le encantó. Lo único que me cambió fue un verbo”, cuenta Nikkö, que de chica soñaba con ser escritora.

NIKKÖ, la cantante que toca en cementerios y convocó a Mariana Enriquez para su nuevo tema
“Hay cosas que no se pueden cantar lindo. Tienen que doler”, dice NIKKÖ. (Foto: Laurita Church)

“Yo me encerraba en mi cuarto y escribía novelas interminables sin rumbo”, recuerda. “Me ponía música y lo que esa música me hacía sentir era hacia donde llevaba la historia”. A los 12 años descubrió accidentalmente que también podía usar su voz. Estaba sola en su casa, en el descanso de una escalera con eco, cuando hizo un sonido y pensó: “Che, creo que puedo cantar”. Las novelas empezaron a transformarse en poemas y después en canciones. Poco tiempo más tarde convenció a sus padres para empezar clases de canto, algo que desconcertó bastante a su familia porque siempre había repetido que quería ser escritora.

La primera vez que cantó en vivo fue en un bar de San Isidro, durante una muestra de su profesora. Eligió “I Love Rock ’n’ Roll”, el clásico popularizado por Joan Jett. “Después, cuando conocí más su historia, me sentí completamente identificada con ella. Cuando cuenta que iba a los sellos discográficos y le decían que no podía cantar, que su música no servía, yo me veo reflejada. Siempre me sentí del lado de los rechazados. En el colegio era la loser, la perdedora. Y arriba del escenario es cuando me siento ganadora. Tocar en vivo es una venganza contra mis pensamientos intrusivos y contra mi yo del pasado, que muchas veces dudaba de sí mismo”.

La primera etapa de su carrera estuvo marcada por Finnegans, la banda que formó después de terminar el colegio y con la que pasó once años grabando discos y girando de forma independiente. Ahí aprendió a tocar, producir, organizar shows. Pero el proyecto cumplió su ciclo. “La banda se terminó convirtiendo en una pyme”, resume. “Tenía una velocidad de ideas muy constante y una banda implica combinar horarios, economías, opiniones. Entendí que Finnegans había cumplido su ciclo. Y supe que no iba a volver a tener otra banda porque mi banda fue esa”.

Aunque el proyecto terminó, muchas de las bases de su sonido siguen ahí. “Salíamos a tocar con camisas largas hasta el piso, todo negro. El último disco, Frank, fue el más pop: nos fuimos a Mendoza, a una finca, tomamos ácido, compramos un sintetizador y empezamos a sonar diferente. Pero cuando armé mi identidad solista me di cuenta de que los momentos que más disfruto en vivo son cuando todo se pone más rockero y violento”, sostiene. En Finnegans ya había guitarras que, por momentos, buscaban ir por el camino de Jack White o The Dead Weather… y “FRIKIDADIDOU” suena a The Kills.

“Cuando la música se pone violenta siento que mi cuerpo la necesita”, asegura Nikkö. “Después de tocar, me tiemblan mucho las manos. Termino con la presión baja, como si hubiese ido a una batalla”. Y aclara: “Amo el pop. Me encanta Prince, me encanta Michael Jackson, me encanta toda la estética de los ochenta. Pero mi alma necesita la catarsis del rock”.

Tras el final de Finnegans, Nikkö inició oficialmente su camino solista justo antes de la pandemia, en 2020, con el EP El nuevo planeta, un primer manifiesto donde probó correrse del rock más rígido para explorar climas oscuros con sensibilidad pop. Más tarde llegó Maniki, su primer álbum, un trabajo introspectivo que llama a hacer catarsis. Los primeros adelantos de su próximo disco muestran su costado más crudo y guitarrero, influenciado por el rock alternativo de los noventa.

Mariana Enriquez con NIKKÖ. (Foto: Laurita Church)

Además del riff podrido de la guitarra y el galope ajustado de la batería, la letra del estribillo de “FRIKIDADIDOU” sintetiza con precisión la mirada actual de Nikkö: “De chica no me gustaba la gente/ ahora veo muertos que están en mi mente”, canta con un grito casi gutural. “Hay cosas que no se pueden cantar lindo”, explica la artista.

“La voz que quedó grabada fue prácticamente la de la maqueta porque ahí me grité todo. No puede ser melódico. Tiene que doler. Eso tiene que salir crudo. Hay momentos que necesitan ser gritados”.

El videoclip de la canción muestra esta pesadilla urbana que narra Nikkö en la letra, que dialoga muy bien con el imaginario literario de Mariana Enriquez. La participación de la autora en el clip no está planteada como un cameo clásico, sino como una presencia narrativa. Una voz espectral que lo invade todo.

Un espíritu similar se evoca en el cover que hizo Nikkö de “La casa del sol naciente” –cantada alguna vez en estas pampas por Palito Ortega–, otro de los momentos clave a la hora de entender su nueva etapa. La idea de la versión surgió después de escuchar la interpretación a capela de Sinéad O’Connor. “Esa canción tiene una soledad muy infantil que me destruye”, dice. “Tenía que convertirse en algo desgarrador”.

La colaboración con Enriquez formará parte del próximo disco de Nikkö, Aquel lugar donde perdí la inocencia, que promete ser “muy crudo, con mucha guitarra, nada de pistas, nada de sintetizadores”. Lo resume así: “Volví a mis influencias más noventosas”. Y adelanta: “Hay un tema que habla de alguien que se suicidó y se arrepintió. Va muy al hueso”. El álbum será presentado el 17 de octubre. Y sí, será otra vez en un cementerio. Mientras tanto, Nikkö observa con entusiasmo el estado actual del rock argentino. Nombra bandas como Dum Chica, Buenos Vampiros y Mujer Cebra como parte de una nueva ola que apareció después de la pandemia. “Cuando estuvimos encerrados tanto tiempo, mucha gente necesitó volver a sentir la distorsión en el pecho”, reflexiona. “A veces no querés que te canten suavecito al oído. A veces necesitás que te griten”.

Su más reciente aparición se dio en la Feria del Libro de Buenos Aires, primero en un recorrido por los largos pasillos del predio, megáfono en mano. Y luego en forma de show. O deberíamos decir, de performance. Porque lo que ocurre cuando Nikkö sale a escena no se parece a un clásico show acústico en una feria en La Rural. El maquillaje, el vestuario, la interpretación y la música, por supuesto, se ponen al servicio del mundo de fantasía dark que construyó Nikkö en su cabeza. Y que cobra vida en sus obras, ya sea entre libros, en el sótano de un bar o rodeada de lápidas.

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