1. PRINCE ‘PURPLE RAIN’ (1984)
Los orígenes de ‘Purple Rain’ están llenos de leyendas: Prince pensó que podría haber sido una canción country, se la ofreció a Stevie Nicks, quien consideró que era demasiado cinematográfica para que ella la grabara, y una mujer sin hogar fue la primera en escucharla cuando Prince la invitó al local de ensayo de The Revolution. Pero nada de eso importa, ya que, para todos los demás, la banda dio a luz a ‘Purple Rain’ en el First Avenue de Minneapolis el 3 de agosto de 1983, cuando Prince sacó de su guitarra un solo que se sintió más como un conmovedor grito del alma que como un momento musical estelar. Es la primera vez que la tocaron en vivo, y es la versión que aparece en Purple Rain. La destreza de Prince con la guitarra ya estaba bien documentada para ese momento, pero la fluidez de su fraseo en la canción y la forma en que tocaba notas que ascendían hacia el cielo decían más sobre lo que significaba ‘Purple Rain’ que sus letras obtusas. K.G.
2. JIMI HENDRIX ‘MACHINE GUN’ (1970)
‘Machine Gun’ es Jimi Hendrix en su máxima expresión: la manifestación más ambiciosa, cruda, conmovedora y arriesgada de su genio musical. Pertenece al álbum Band of Gypsys, grabado en vivo en Año Nuevo de 1970 en el Fillmore East, una tormenta de 12 minutos de angustia eléctrica y furia política, inspirada por la violencia en Vietnam y en Estados Unidos. Muchas leyendas de la guitarra han calificado este solo como el mejor de la historia, desde Slash (“Ese es el Santo Grial”) hasta Kirk Hammett. “No solo es mi solo de guitarra favorito de todos los tiempos”, dijo Trey Anastasio de Phish, “sino que incluye la mejor nota jamás tocada en una guitarra eléctrica: la nota aguda y estridente que Jimi toca justo al comienzo de su solo”. (Escúchala justo en el minuto cuatro). Hendrix tuvo éxitos más grandes, pero este es el punto donde más lejos llegó. Más de 50 años después, ‘Machine Gun’ sigue siendo lo más alto que una guitarra —y un guitarrista— puede alcanzar. R.S.
3. EAGLES ‘HOTEL CALIFORNIA’ (1976)
Es innegable la incomparable grandeza del rock radiofónico de los 70 que representan los solos de guitarra enfrentados en ‘Hotel California’. Conservados para la posteridad por el productor Bill Szymczyk en la canción que da título al álbum de 1976 de la banda, los solos son un duelo en plena luz del día entre los virtuosos de la guitarra Joe Walsh y Don Felder. Además, son muy fáciles de cantar: admítelo, tú también los has tarareado en el auto durante el clímax de la canción. “Siempre hubo un poco de competencia entre Felder y yo. Siempre intentábamos superarnos el uno al otro… ‘¿Ah, sí? ¡Escucha esto!’”, dijo Walsh en el documental de 2013 History of the Eagles. Ya sea en la grabación original o en vivo en el escenario, los solos de guitarra nunca dejan de evocar esa brisa fresca y el cálido aroma de “colitas”. Szymczyk, quien trabajó en álbumes de B.B. King y Bob Seger, dijo: “El final de ‘Hotel California’ es uno de los momentos más destacados de mi carrera discográfica”. J.H.
4. PINK FLOYD ‘COMFORTABLY NUMB’ (1979)
El trascendental solo de ‘Comfortably Numb’ de David Gilmour no es una sola toma, sino la mejor de entre cinco o seis, aunque nadie lo nota. “Simplemente seguí mi procedimiento habitual, que consiste en volver a escuchar cada solo y marcar las líneas de compás, indicando qué partes son buenas”, dijo Gilmour en una ocasión. Subió y bajó los faders cada vez que una frase le llamaba la atención, creando un mosaico que, al escucharse de forma consecutiva, se convirtió en el solo más conmovedor de su carrera. Su interpretación es emotiva, conmovedora y hermosa, y le da un toque de calidez humana a la melancolía de The Wall. Por suerte para los fans de Pink Floyd, mantuvo la canción en los repertorios de la banda después de que Roger Waters se fuera, ampliándola brillantemente en álbumes en vivo como Pulse de Pink Floyd y su propio álbum en vivo reciente, The Luck and Strange Concerts. Según Gilmour, cada vez que toca el solo, se convierte en algo nuevo en el escenario. K.G.
5. VAN HALEN ‘ERUPTION’ (1978)
Casi medio siglo después de que Van Halen lanzara su álbum debut homónimo, resulta casi imposible imaginar el impacto que el segundo tema del disco, un solo de un minuto y 42 segundos acertadamente titulado ‘Eruption’, tuvo en la historia de la guitarra. La concisa declaración de intenciones de Eddie Van Halen, con su uso revolucionario del tapping a dos manos, su dominio absoluto de la palanca de vibrato, su velocidad deslumbrante y su tono rico y saturado —al que él se refería como el “sonido marrón”—, estableció el léxico para una nueva generación de guitarristas. Según contó Van Halen, quien a menudo se quejaba de que ‘Eruption’ tenía un error que no pudo reproducir posteriormente, la inclusión del solo en el álbum fue casi una idea de último momento. “[Estábamos] tonteando mientras ensayábamos para un show que teníamos que dar en el Whiskey, así que yo estaba calentando, practicando mi solo”, le dijo Van Halen al periodista Jas Obrecht. “[Nuestro productor] Ted [Templeman] entra y me dice: ‘Oye, ¿qué es eso?’, yo le digo: ‘Es un pequeño solo que toco en vivo’, y me respondió: ‘Es genial, ¡ponlo en el disco!’”. T.B.
6. CHUCK BERRY ‘JOHNNY B. GOODE’ (1958)
Chuck Berry perfeccionó el solo de guitarra del rock & roll tal y como lo conocemos en ‘Johnny B. Goode’, el himno definitivo de los héroes de la guitarra. Su ráfaga inicial de 18 segundos fue un golpe que se escuchó en todo el mundo, una explosión de bravuconería eléctrica —a la altura de Tunguska— que inspiró a la mitad de los músicos de esta lista a levantar su primera guitarra. Como dijo Keith Richards: “Chuck es el abuelo de todos nosotros”. Es la historia de un chico del campo de Luisiana que rasguea mientras su mamá le anima: “¡Vamos, Johnny, vamos!”, pero se inspiró en su primer concierto en Nueva Orleans, marcado por la historia de la ciudad. Como escribió en sus memorias: “La emoción de ver mi nombre de negro publicado por toda la ciudad, en una de las ciudades por las que trajeron a los esclavos, se convirtió en la canción ‘Johnny B. Goode’”. Todas las tradiciones de la música estadounidense están presentes en la guitarra de Chuck Berry, nunca más fuertes ni más desafiantes que aquí. R.S.
7. LED ZEPPELIN ‘STAIRWAY TO HEAVEN’ (1971)
“Pensé que ‘Stairway’ cristalizaba la esencia de la banda”, declaró el guitarrista Jimmy Page a ROLLING STONE en 1975. No se equivocaba. La odisea de ocho minutos de Led Zeppelin IV muestra lo mejor de cada miembro: las letras pastorales de inspiración celta de Robert Plant, interpretadas con su icónico grito desgarrador; el bajista John Paul Jones, tan versátil como siempre, aportando su mística flauta dulce y su piano eléctrico; John Bonham, que evoca tanto el cielo como el infierno con su batería atronadora; y luego está Page, quien utilizó una Fender Telecaster de 1959 que le regaló Jeff Beck para el deslumbrante final. El solo de Page fue totalmente improvisado, una clase magistral de melodía y potencia en la que “lo primero que se me ocurrió fue lo mejor”; lo suficiente para rematar la obra, pero sin llegar a eclipsar todo lo demás. “Todo músico quiere hacer algo de buena calidad, algo que perdure en el tiempo”, dijo Page. “Y supongo que lo logramos con ‘Stairway’”. A.M.
8. STEELY DAN ‘KID CHARLEMAGNE’ (1976)
Al más puro estilo de Steely Dan, Larry Carlton pasó al menos 90 minutos —quizás más— en el estudio con Donald Fagen y Walter Becker, trabajando en el solo de guitarra de ‘Kid Charlemagne’. El guitarrista de formación jazzística (tan famoso por su uso de la Gibson ES-335 que se ganó el apodo de ‘Mr. 335’) tuvo que hacer varias tomas, a petición de Becker, con una Fender Stratocaster antes de que le permitieran volver a su guitarra principal. “No pasó mucho tiempo después de eso para que nos metiéramos de lleno en el tema”, recordó Carlton. Sus solos del punto medio y del final (este último grabado en una sola toma) equilibran magistralmente la complejidad y la naturalidad, con melodías de pop rock de oro macizo que no temen los giros del jazz cósmico. Y su fraseo nunca flaquea, un deslizamiento sin esfuerzo incluso en las partes más rápidas o espinosas, cada nota derritiéndose como tinta sobre un secante. J.B.
9. FUNKADELIC ‘MAGGOT BRAIN’ (1971)
Según cuenta la leyenda, la mente maestra de P-Funk, George Clinton, le pidió al guitarrista Eddie Hazel que tocara el tema inicial del álbum de Funkadelic de 1971 como si acabaran de decirle que su madre había fallecido. El resultado es un tema instrumental desgarrador y alucinante que se percibe como una transmisión de dolor puro y sin filtros. Hazel, un guitarrista autodidacta que adoraba a Jimi Hendrix, contribuyó enormemente al canon de P-Funk. Pero el solo de guitarra de casi 10 minutos que da inicio a su LP de 1971 —oscuro, inquietante, pero aún así jodidamente groovy— sigue siendo la piedra angular de su legado. Las notas no se tocan tanto como se lloran y se arrancan de su instrumento; Hazel finalmente evoca una sensación de perseverancia, resurgiendo como un fénix de las cenizas de sus pedales de eco. “Es una pieza musical para evocar a los fantasmas del pasado”, dijo Vernon Reid, de Living Colour. D.F.
10. THE BEATLES ‘WHILE MY GUITAR GENTLY WEEPS’ (1968)
Este clásico del White Album es el solo más legendario de los Beatles, y sin embargo, lo tocó el mejor amigo de George Harrison, Eric Clapton. Fue una idea de último momento: Harrison invitó a su amigo a tocar justo antes de la sesión, mientras los dos se dirigían en auto a Londres. Clapton se horrorizó y dijo: “¡Nadie toca en las sesiones de los Beatles!”. Harrison simplemente respondió: “¿Y qué? ¡Es mi canción!”. Pero tenía un motivo oculto: estaba harto de la guerra en Abbey Road, y sabía que los Fab Four se comportarían bien ante un invitado de honor. Como bromeó: “Todos se comportaron de la mejor manera”. Clapton tocó un solo muy al estilo de Harrison con una Les Paul rojo cereza de 1957 que acababa de regalarle a George, apodada ‘Lucy’. Harrison la usó en el White Album y en Abbey Road, incluso en ‘Something’. (Sí, así es: tocó su canción de amor más romántica para Pattie Boyd con la guitarra que Clapton le había regalado). R.S.
NUEVOS CLÁSICOS
SOLOS INCREÍBLES DE VIRTUOSOS MODERNOS
JOHN MAYER ‘GRAVITY’ (2006)
Este tema destacado del LP de Mayer de 2006, Continuum, se inspiró en su propio ídolo de la guitarra, Stevie Ray Vaughan, y en su trabajo reciente con el John Mayer Trio. ‘Gravity’, y su solo aparentemente sencillo, es un estudio del espacio negativo, que se eleva y desciende suavemente, con momentos de silencio entretejidos como destellos de sol a través de los árboles en una tarde de finales de verano. S.H.
ST. VINCENT “RATTLESNAKE” (2014)
“Muchos de mis héroes de la guitarra son antihéroes de la guitarra, como [Robert] Fripp, [Adrian] Belew o Marc Ribot”, dijo en una ocasión Annie Clark, de St. Vincent. ‘Rattlesnake’ es una canción amplia y misteriosa, y su solo —tocado con su característica guitarra Ernie Ball Music Man— parece suspendido entre una libertad sin límites y una fatalidad inminente. J.D.
MDOU MOCTAR “AFRIQUE VICTIME” (2021)
Al músico africano Mdou Moctar le suele llamar el ‘Hendrix del Sáhara’. ‘Afrique Victime’ es un ejemplo perfecto de por qué: el ritmo va subiendo y subiendo mientras lamenta la eterna cicatriz que el colonialismo francés dejó en Níger. Para cuando empieza su solo, parece que estuvieras volando a la velocidad de la luz hacia el sol del desierto. J.P.
MJ LENDERMAN ‘KNOCKIN’ (SINGLE VERSION)’ (2023)
MJ Lenderman, de Carolina del Norte, se ha convertido en el poeta laureado del indie rock de la década de 2020. Como guitarrista, es un brillante heredero de grandes figuras del noise melancólico como Neil Young y J Mascis. En ‘Knockin’, nos deja sin aliento con una parte de guitarra que plasma el desamor y la soledad en forma sonora. J.P.
GEESE “GETTING KILLED” (2025)
Las revelaciones de art rock elíptico de esta banda de Brooklyn no tendrían el mismo impacto sin la guitarrista Emily Green. Aquí, su forma de tocar es ágil y vivaz, como la de Tom Verlaine de Television, pero también etérea, como la de Radiohead en su etapa intermedia, y tan bien elaborada que uno se imagina que ella traza cada nota que toca antes de pulsar una cuerda. J.P.
Colaboradores: Tom Beaujour, Jon Blistein, Jon Dolan, David Fear, Kory Grow, Shirley Halperin, Joseph Hudak, Angie Martoccio, Rob Sheffield, Jaeden Pinder
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El tipo nos advirtió hace tiempo ya que no tenía para darnos más que un par de promesas, algunos tics de la revolución, un implacable rocanrol y un par de sienes ardientes que son todo un tesoro. Pero lo cierto es que con él aprendimos que la independencia era mucho más que una bandera y que la libertad era cosa sagrada. Que la bohemia y la psicodelia eran conceptos tan peligrosos como sensatos. A través de sus canciones nos habló de héroes y de tumberos, de mamones zoquetes y fiolos pifiolos, de botijas rapados y de vencedores vencidos. Fue el protector de nuestro ánimo y nos regaló el pogo más grande del mundo. Con él aprendimos que todo preso es político, que los 60 fueron tres putos años nomás y que vivir, al fin de cuentas, solo cuesta vida.
Carlos Alberto Solari, Carlitos, el Indio, decía que lo que quería era que la muerte lo encontrase vivo. Y el 5 de junio de 2026 lo encontró más vivo que nunca. En una mañana fría y gris, el Indio Solari se hizo omnipresente. Su voz, sus canciones, sus frases, los recuerdos, las anécdotas, su discurso y su rostro filoso. Argentinos de varias generaciones no dudaron un segundo en ofrendarle la posesión más preciada que tienen los pueblos: su cariño. “¿Por qué?”, se preguntaban desde las pantallas mediáticas, buscando una respuesta cerebral para un sentimiento solo explicable desde el corazón. ¿Qué habrá hecho este buen hombre de 77 años para recibir el tratamiento de un Dios (¿el cortejo de un Rey?) con los pies bien puestos sobre esta tierra?
La respuesta a esa pregunta no es una sola y ninguna de ellas es simple ni concreta. Cada uno tiene la suya, personal e intransferible. Porque el Indio Solari ha sido, desde siempre, un personaje inasible, escurridizo por donde se lo analice o piense y, al mismo tiempo, un artista al alcance de todos. “Creo mucho en la transformación metafísica del que hace cosas. Me parece que el tipo que pinta un cuadro está transformándose a sí mismo. No tanto la obra, la obra son huellas que quedan. La obra más grande es la modificación que está pasando en él”, decía y en esa mutación permanente el Indio abrazó la aventura de contradecirse, una y otra vez, un poco por convicción, y otro por el gusto de despistar.
Hay un Indio psiconauta y uno bohemio. Un Indio nihilista, existencialista y uno peronista. Hay un Indio cínico y otro juguetón, de gran sentido del humor. Fue estrella de rock y padre amoroso, letrista críptico y poeta luminoso. Domador de fieras y ángel de la guarda. Siempre con elegancia, un conversador extraordinario, fuera de lo común, con una verba fluida, culta y a la vez orillera y lunfarda. “Me considero un ingenioso antes que un artista”, decía. “Lo cual tiene su mérito, ojo: los ingeniosos podemos hacer cosas que otros no… Yo creo que el arte me inventó. No puedo ver hacia atrás sin reconocerlo aquí y allá, prácticamente en todas partes: ha sido el interés más grande que tuve durante toda mi vida”.

Carlos Alberto Solari fue un niño travieso suelto en las diagonales de La Plata, “dañino, como todos en el barrio”, reconocería en sus memorias. Criado en una familia de clase media, Carlitos rápidamente descartó la instrucción religiosa (“Fui a catequesis, sí, porque pasaban películas y series de la época, tenían metegoles y mesas de ping-pong. De lo que trataban de meterme en la cabeza no me quedó nada, salvo –quizás– esa parte de los Evangelios donde Jesús dice: ‘No vengo a traer la paz, sino la espada’”) y ya en su juventud abrazó la psicodelia como madre formadora. Fue en ese lapso donde tuvo su despertar artístico y a partir de allí fue Indio para siempre.
“Los Redondos nacimos para hinchar las pelotas”, decía y ahí están los Redondos, en sus revoltosos inicios a fines de los 70, escapando de aquí para allá, armando happenings con tinte de cabaret político, en años de dictadura y contracultura. Teatro, monólogos y redonditos de ricota para una pequeña elite ilustrada e intelectual. Un circo antisistema que pregonaba la libertad en pequeños ámbitos del under.
Y ahí están también los Redondos, a mediados de los 80, ya en formato banda tradicional, retratando la rabia y el descontento tras la desilusión del sueño democrático. Porque ese perro seguía allí y que podría ser peor, sí, pero eso no los arreglaba. Desde las letras de sus canciones, sin proponérselo, el Indio le dio voz a una generación que se había ilusionado con tiempos mejores y que terminaría marginada de la fiesta menemista de la década del 90.
“El Indio es el Dios de los rotos”, dijo una chica en medio de esa despedida infinita en Villa Domínico el 7 de junio pasado y sintetizó buena parte del sentimiento ricotero que desde aquellos años de fin de siglo convirtió a la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el fenómeno social conocido como los Redondos.
En 1987, un Solari de 38 años cantaba eso de que “todo preso es político” y dos años más tarde sostenía con vehemencia que “violencia es mentir”. Versos, frases que se hicieron carne en un público que encontró en su lírica una guía para seguir adelante y comprender, tristemente, que nuestro amo juega al esclavo.
“No lo soñeeeeeeeé-ñeeeeeeé…”. La voz del Indio irrumpió en la escena como un alarido incómodo, original y lleno de personalidad. Pero él mismo siempre se ocupó de bajarle el precio. “El único rol que tengo que aceptar y a mí no me gusta es el de cantar. Disfruto cantando en el escenario porque estoy perdido en una circunstancia musical, pero no le adjudico a mi voz ningún carácter atractivo, no tengo armónicos ricos, el bel canto no va conmigo. Pero yo digo en chiste: si cantó Bob Dylan, uno puede cantar. Lo que tiene la música popular es eso, te autoriza a un tipo que compone alguna cosa a decirlo él y a hacerse cargo de eso de mejor manera que alguien que utilice el bel canto para cantar”.
Para cuando los Redondos comenzaron a peregrinar por el país y la leyenda se agigantaba a cada paso, Solari devino en mito viviente, el hombre detrás de los anteojos negros que vivía encerrado en su casona del oeste bonaerense y apenas salía para cantar o para prender el loro ante un puñado de periodistas y ofrecer su visión del mundo: de la psicodelia (de la que el Indio tenía un doctorado) a la cultura rock, del valor de la independencia a la literatura y el cine, de los marginados y los pitucos al sentido de la creación y el objetivo del arte. Del universo al bife.
“Cada cual tiene derecho a vehiculizar su obra como quiere y favoreciendo lo que quiera, pero yo no creo en el artista militante. Creo que el artista tiene que ser como un francotirador, cruzar las fronteras del sentido común de la sociedad para traer nuevas miradas para la vida. Es más, creo que el artista debería hablar menos. Yo soy medio chúcaro porque cuando uno habla sobre la obra o sobre su trabajo, libera tensiones que son necesarias para la creatividad. Todas las tensiones que se diluyen en una conversación política van quitándole misterio, uno se va desligando de tensiones que tiene que aplicar en lo que uno hace. Uno hace canciones y el otro pinta y el otro hace películas y ese es el discurso básico que refleja lo que uno quiere hacer. Yo hago canciones y creo que están buenas, en cuanto a su resonancia, ahora ya empezar a dar conferencias por el hecho de que tengo popularidad y que un montón de gente va a curiosear, me parece que libera un montón de tensiones que yo necesito tener. Es una mirada…”, decía en esas reuniones trasnochadas en la casa del barrio de Palermo de la “Negra” Poli y Skay, devenidas en entrevistas de más de cuatro horas. Ponencias de un hombre lúcido siempre intentando cuestionar, con gracia y valentía, todo lo que sucedía a su alrededor.
Entre sus influencias solía nombrar a los Beatles, a Billie Holiday, a Leonard Cohen y a David Bowie; el cine italiano de Mastroianni, Giancarlo Giannini y Fellini, directores como Kurosawa, Godard o Werner Herzog; y siempre se mostró como un ávido lector y amante del cómic, con Oesterheld a la cabeza.
Acérrimo defensor de la cultura rock en la que se formó, Solari renegaba del preconcepto de que su generación había finalmente perdido la batalla. “Me tocó vivir unos años muy buenos, previos al verano del amor, el hippismo, años históricamente muy jugosos. Se pensó la vida de muchas maneras, se aborreció del mundo hipócrita del cual se vivía y creo que infectó un poco el superorganismo con esas ideas, creyendo que hemos sido derrotados, pero en realidad se cambiaron muchas cosas, hábitos sexuales, la preocupación por el clima… fueron años jugosos”.
Y un día, a fines de 2001, el sueño terminó. Patricio Rey se evaporó en el aire. Que un año sabático, que distintas inquietudes artísticas, que la situación social del país. El Indio y Skay bifurcaron sus caminos sin aclarar demasiado la intimidad de la ruptura (al menos hasta pasados unos años). Solari formó Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (“sin aire acondicionado la vida no vale la pena”, bromeó entonces. “Es un chiste, como cuando le puse los Redonditos de Ricota. Nombres que después se cargan de importancia no por sí mismos sino por lo que pase o no con el proyecto”) con un seleccionado de músicos jóvenes y talentosos, pero lejos de despegarse de la estampita, como él llamaba a su figura pública, el mito siguió creciendo.

“Uno tiene derecho a dudar hasta de uno mismo, pero no recuerdo sinceramente un grado de conciencia de querer agigantar el mito. Sobre todo porque siempre me ha sorprendido que los chicos tiemblen cuando se acercan a sacarse una foto. No recuerdo haber alimentado esa imagen. No tiene la vocación de generar algo que, por otro lado, como dije, resulta fastidioso. Como no tengo vocación de mártir, trato de no obrar en mi contra. Si yo pudiera evitar todo eso, sería mejor. Pero no way. No hay una vocación de acrecentar el enigma y todo eso. Creo sinceramente que la personalidad de uno desmerece un poco y desprotege la obra. El carácter enigmático, misterioso y detonante de la obra, está mejor protegido si uno no compite con la obra”.
Pero no hubo caso. Las misas ricoteras de fin de siglo se convirtieron en procesiones fundamentalistas a partir de 2005. Sesenta mil almas, ciento cincuenta mil, doscientas mil, trescientas mil. Más banderas y más tatuajes. “Hay ceremonias en la tormenta”. “Pensando en vos siempre”. “Nos merecemos bellos milagros y ocurrirán”. “Nadie es capaz de matarte en mi alma”.
“Me llevo mal con la masividad y la popularidad”, decía el Indio, haciendo alarde de su fobia, en sus primeras entrevistas como solista. “Siempre intenté reflexionar al respecto [de la masividad], pero creo que al estar metido dentro es muy difícil, no sé si hay alguna objetividad. Tiene una peculiaridad que ni siquiera es comparable con otras cosas. Un grupo de amigos que arrancan sin ningún tipo de protección ni compañía atrás que te hypee, que empieza siendo una banda de culto para minorías pseudointelectuales o bohemias, que en unos años se transforma en una masividad, la más importante que hubo en el país, y no solo de la música rock, de toda la música, que termina siendo una banda de culto y masiva. No hay otra medida para pensar. Me sigue sorprendiendo el cariño de la gente. Porque este proyecto lo pusheó el afuera, yo no tenía mucho interés en volver a estar expuesto y la gente hablando de uno, y los que estaban resentidos en algún lado. Quería tranquilidad, pero cuando empezás a trabajar, e intervienen otros, empieza a salir la noticia para afuera, y lo que me da una dimensión de lo que pasó con los Redondos es esa presión que empezó a derrumbar los filtros que yo tengo con el afuera”.
Al mando ahora sí del proyecto completo, otro Solari comienza a aparecer, más allá de que insistía en que su trabajo seguía siendo el mismo que en días Redondos. “Al fin de cuentas, uno escribe siempre sobre lo mismo”, me dijo una vez, sentados solos en su estudio Luzbola de Parque Leloir. “El amor, la muerte, el deseo, la traición”. En su etapa solista (“quería que los discos llevasen el nombre de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, porque a mí me gusta formar una banda, pero me di cuenta de que no era verdad, porque yo tomo las decisiones, compongo, hago la lírica, todo… por eso no puedo hablar de una banda”), Solari abrió su corazón y escribió una de sus páginas más inspiradas, sin rastros de cursilería, dedicada al amor de su vida, Virginia, Viru, su pareja y compañera desde los primeros días de la década del 80, con quien se casó en 1988 y con quien tuvo su único hijo, Bruno.
“En general, mis letras no son muy felices, pero bueno, contra lo que aparenta la materia que hay en el álbum (Porco Rex), todo pivota alrededor de una canción de amor, que es genuina y que se la dediqué a mi compañera: ‘Y mientras tanto el sol se muere’. Sinceramente tengo la suerte de disfrutar del amor y lo que veo hoy en día es que el amor está siendo desacreditado, ridiculizado permanentemente, como si fuera algo malo o una tontera inexistente, qué sé yo… Entonces, creo que no está de más que alguien que no lo ve de esa manera agregue a toda la información que hay, un álbum que gira en torno a una canción de amor. Algunas yo digo medio en joda que son canciones de amor para dealers, ¿no? Pero esta canción en particular habla de alguien que marca la intención de encontrarse con otra persona aún después de la muerte, alguien que no tiene una religión efectiva que lo ampare, pero aun así dice ‘te voy a buscar y te voy a encontrar, en la inmensidad, en la oscuridad’. Uno no vuelve virgen del amor, creo que debe haber una sola oportunidad de enamorarse en la vida, hablando de algo que va más allá del enamoramiento circunstancial, cuando uno encuentra la necesidad de compartir la intimidad más profunda con una persona sin la cual la vida no tiene mucho signficado”.
“Todavía no usé mi milagro de hoy. Qué corta es la vida, mi amor. No voy a buscar más consuelos tontos, no. Si pasa algo malo, esta vez, te voy a buscar. En la eternidad”, canta el Indio enamorado.

El amor y la muerte. Como todo superhéroe el Indio tuvo su villano, que él mismo bautizó Mr.Parkinson, el malo de esta película que logró lo que nadie había podido: bajarlo de los escenarios. Pero su enfermedad no le impidió seguir componiendo hasta el último de sus días. “Empiezo por el final, terminaré en el principio… Solo me falta saber la fecha y el lugar, y allí iré cantando”, prometió en “Encuentro con un ángel amateur”, esa suerte de despedida en vida hecha canción.
“A medida que uno se pone grande, aparece la cosa de sumergirse en la nada. Es lo que incentiva las religiones: el miedo a la muerte, a la disolución completa. La gente prefiere tener un Dios toda la vida y resignar su libertad en nombre de un Cielo futuro. Y a mí me gusta que la vida me sorprenda. La vanidad dice que me gustaría ser recordado, pero hay una parte mía que cree que hay mucha más dignidad en el olvido”, dice casi al final de Recuerdos que mienten un poco (2019), coescrito junto al escritor y periodista Marcelo Figueras. “A la hora de irme, me gustaría hacerlo a la manera de Leonard Cohen: levantándome en mitad de una partida de póquer sin llamar la atención, dejando las cartas sobre la mesa, sin interrumpir el juego y con la confianza de que mis compañeros no darán vuelta los naipes para adivinar qué me traía entre manos. Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores, que merecen seguir adelante. ¡Con lo que cuesta armar un full…! Hoy más que nunca suscribo eso que decía hace más de treinta años, en uno de los recortes de prensa que encontramos en las cajas: sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo”.
Así fue, y eso no es sopa, querido Indio. A tu salud.
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Era el último día del Mes del Orgullo de 2024, y Gigi Pérez estaba pasando por un mal momento. Su discográfica de entonces, Interscope, acababa de dejarla; vivía en casa de sus padres, tratando de recuperarse, y aún estaba de luto por su hermana Celene, quien había fallecido cuatro años antes. Entonces, mientras estaba en el bar de un amigo a la hora de cierre, recibió una notificación; su ídola, Hayley Kiyoko, la había seguido en Instagram.
“Salté de la silla”, cuenta ahora Pérez, de 26 años. “Me volví loca, de verdad. La seguí de vuelta inmediatamente y le envié un mensaje. Algo así como: ‘Oye, me has marcado muchísimo’”. Kiyoko respondió de inmediato con un mensaje propio, diciéndole a Pérez cuánto le encantaba ‘Kill for You’, una canción poco conocida de su EP debut, How to Catch a Falling Knife. Pérez se quedó boquiabierta: no solo la mujer a quien había admirado desde los 15 años escuchaba su música, sino que era su fan.

“Pensé: ‘Las cosas están cambiando a mi favor’”, dice Pérez. “En ese momento, vivía en casa, estaba aprendiendo a grabar y producir. En esa época descubrí algo maravilloso: que puedes estar pasando por un momento realmente genial y, al mismo tiempo, por un momento realmente malo. Es muy difícil de aceptar. Que Hayley me siguiera fue como un rayo de luz”. Un mes después, Pérez lanzó ‘Sailor Song’, una canción introspectiva sobre la lucha con la fe, y su carrera explotó. La canción acabó teniendo casi 2 mil millones de reproducciones en Spotify, y consiguió un nuevo contrato con Island Records para At the Beach, in Every Life, un álbum de 2025 que dedicó a su difunta hermana.
“Gigi y yo tenemos mucho en común, pero lo que más destaca es que ambas hemos creado música desde la necesidad», le dice Kiyoko a ROLLING STONE. “Recuerdo escuchar At the Beach, in Every Life por primera vez en el auto, con los ojos llenos de lágrimas, era una sensación muy específica que me invadió y me llegó al alma. Ella procesa las emociones más profundas a través de su voz de una manera que me parece realmente excepcional”.
Pérez se reunió con Kiyoko en el escenario de Coachella 2026, donde cantaron la canción de Kiyoko de 2015 ‘Girls Like Girls’, un tema fundamental de la juventud de Pérez. “Que Hayley saliera del armario con ‘Girls Like Girls’ fue, literalmente, un terremoto”, dice. “Ella es verdaderamente una pionera de la música queer, de la música gay, de la música lésbica; no tenía un colchón en el que apoyarse. Esa era su verdad. Siento que antes de eso, ni siquiera veía un futuro en el que pudiera aceptarme a mí misma, y mucho menos tener el maldito honor de cantar ‘Girls Like Girls’ con ella”.
“Reconociendo nuestras raíces”
Pérez, una adolescente de Florida que no había salido del clóset y se crió en el cristianismo, se sentía aislada y asustada en aquella época, y Kiyoko fue un bálsamo para ella. “No creo que el matrimonio gay se hubiera legalizado aún cuando salió ‘Girls Like Girls’”, dice. (De hecho, el sencillo se lanzó la misma semana en que la Corte Suprema de los Estados Unidos tomó la histórica decisión en el caso Obergefell v. Hodges). Por esa misma época, recuerda haber estado aterrorizada al leer sobre el tiroteo en el club nocturno Pulse en Orlando. “Me invadió una oleada de emociones, miedo, la sensación de que la gente va a por ti”.
Pérez encontró consuelo en un chat grupal de amigas en línea que, al igual que ella, no habían salido del clóset y que había conocido en Tumblr. “Recuerdo aquellos momentos en los que hablábamos entre nosotras a altas horas de la noche, cuando deberíamos estar durmiendo, enviándonos fotos de Selena Gomez”, dice. ‘Girls Like Girls’ era un tema candente: una oda a robarle una chica a un chico, con un video musical protagonizado por las estrellas adolescentes Stefanie Scott y Kelsey Asbille. El video se volvió viral, acumulando más de 100 millones de visitas. Parecía imposible que algo así existiera para una chica que se encogía en los bancos de la iglesia, preocupada por su alma inmortal porque estaba enamorada de una estrella de Disney.
“Vivía muy metida en la música, siempre perdida en mis audífonos”, dice Pérez. “Pero no tenía ninguna perspectiva gay. Podía identificarme con el amor no correspondido, pero nunca con de quién estaban hablando, ¿sabes? Te hace sentir sola. Y entonces Hayley lanzó ‘Girls Like Girls’”.
Naturalmente, Pérez se sorprendió cuando se enteró hace poco de que la canción que tanto significaba para ella iba a ser adaptada al cine. Kiyoko coescribió y dirigió la versión cinematográfica de ‘Girls Like Girls’, que se estrena el 19 de junio, y le pidió a Pérez que colaborara en una canción para la banda sonora. Por supuesto, ella aceptó. “Recuerdo que cuando me preguntó si quería escribir algo, le dije: ‘¿Estás bromeando? ¡Por supuesto!’”, dice Pérez. “Después de terminar la canción, estábamos tan felices que dejamos que la canción tomara el rumbo que necesitaba. La colaboración, la perspectiva de otras personas, expande una parte diferente de mí”.
“No podemos dar por sentados estos derechos. Tenemos que recordar quiénes lucharon para que pudiéramos llegar hasta aquí”.
La canción final se llama ‘Collide’, una melodía embriagadora llena de anhelo y romance agridulce, coproducida por Yves Rothman. Y ya está conectando con los fans: “Esta colaboración musical provocó una explosión nuclear en mis costillas y ascendí al cielo, para no volver jamás. Gracias, oh diosas lesbianas”, decía un comentario característico en Reddit. La banda sonora completa, que sale el 12 de junio, también cuenta con Young Miko, Chelsea Cutler, Joy Oladokun, Snow Wife, August Ponthier y Tegan and Sara.
Ese es solo uno de los momentos destacados de lo que se perfila como un gran verano para Pérez. A partir de mediados de junio, tocará en estadios de toda Norteamérica como telonera de Noah Kahan. También se unirá al cantautor de Vermont en el cartel del primer Stateside Festival de ROLLING STONE en Kingston, Nueva York, el 4 de julio. Pérez cree que Girls Like Girls es especialmente importante en un momento de ataques contra los derechos de las personas trans y la libertad de expresión en Estados Unidos. “Cuando tenía 15 años, me costaba mucho imaginar que la vida fuera a mejorar alguna vez”, dice. “Siento que reconocer nuestras raíces y de dónde venimos es muy importante. No podemos dar por sentados estos derechos que tenemos. Tenemos que recordar quiénes lucharon por nosotros para que llegáramos hasta aquí”.
En cuanto a esas amigas en línea que la apoyaban hasta altas horas de la noche, hablando de la música de Kiyoko y de sus enamoramientos secretos, Pérez todavía piensa en ellas. “Tenemos un chat grupal en WhatsApp”, dice. “Crecimos juntas. Ya no hablamos tanto, pero siempre estaremos ahí las unas para las otras”. Cuando tocó en Coachella este año, revisó sus mensajes y vio que uno de esas viejas amigas había publicado una transmisión en vivo de su presentación en el chat grupal. “Les envié un mensaje justo después: ‘Gracias, chicas, por ayudarme a superar esto’”.
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Charli xcx cree en los fantasmas, por lo que suele mantenerse alejada de cualquier lugar donde puedan estar. Eso podría resultar difícil en esta tarde de mediados de mayo, considerando que estamos parados en el cementerio Hollywood Forever, donde Charli nos ha sugerido que filmemos esta entrevista. Aquí descansan aproximadamente 95.000 almas, entre ellas las de Judy Garland, Cecil B. DeMille y Dee Dee Ramone, pero Charli no tiene intención de sacar una tabla Ouija. De hecho, la estrella de pop de 33 años sospecha que tal vez ya sea demasiado tarde. “Probablemente ya estemos poseídas”, dice con su acento británico, mirando a través de sus característicos lentes de sol negros.
Estamos en una zona de Hollywood Forever conocida como el Jardín de las Leyendas, que da a un lago decorado con sauces llorones, palmeras y mausoleos imponentes. Viste un conjunto de Levi’s hecho a la medida: unos jeans de cintura baja y una chamarra de denim con cremallera deshilachada. El cielo está oscuro y nublado, ideal para un paseo entre las lápidas (y, en sentido estricto, Charli no necesita los lentes de sol).

Es la primera vez que camina entre las tumbas, pero ya había visitado el lugar —donde se organizan regularmente proyecciones, conciertos e incluso clases de yoga— en 2021, cuando se presentó en la logia masónica del sitio durante la gira de su clásico de culto de la pandemia, How I’m Feeling Now. La muerte nos rodea, pero también hay señales de vida: pavos reales deambulan por los terrenos, desplegando sus plumas junto al coche fúnebre Rolls-Royce de 1962 del cementerio, mientras que tortugas, patos y gatos callejeros siguen con su rutina diaria. “Esta pandilla de aquí”, dice Charli, señalando a un grupo de patos que se pasean por el césped. “Me encanta el sonido que hacen. ¡Qué lindos!”.
Hace cuatro días, Charli lanzó ‘Rock Music’, el primer adelanto de su próximo álbum, Music, Fashion, Film, que saldrá el 24 de julio. La canción fue un giro radical respecto a su obra maestra del dance pop de 2024, Brat —un giro brusco que le provocó al Internet un brutal latigazo—, con Charli declarando: “La pista de baile está muerta”. Cantó con un AutoTune fragmentado sobre una guitarra eléctrica distorsionada, pero el mensaje era claro: “Ahora estamos haciendo música rockkkkkkkkkkk”.
La respuesta a la canción se escuchó fuerte y fue variada. A algunos fans les encantó la sorpresa; otros estaban convencidos de que Charli se estaba burlando de los clichés del rock clásico (canta sobre saltar del escenario y, en el video musical, arroja un televisor por la ventana). “Una broma muy chistosa, Charli”, publicó un fan. “¿Dónde está el verdadero sencillo principal?”. Courtney Love la llamó con admiración una “troll”; Madonna sutilmente subtituló una foto: “Si tu pista de baile se siente muerta/Quizás estás poniendo la música equivocada”. (Más sobre esa frase de la pista de baile y todo el tema del “rock” en un momento).
“No tengo pasatiempos, esta es mi vida”.
La naturaleza provocativa de la canción —y el hecho de que se haya alejado intencionalmente de Brat— es una jugada sacada directamente del manual de xcx. “Todos mis álbumes funcionan a base de opuestos”, dice Charli. “Se repelen entre sí, y ese es el hilo conductor”. Podría haber hecho una continuación, pero sería terriblemente aburrida —y muy poco al estilo de Brat—. “Cuando lo estaba haciendo, sabía que nunca volvería a hacer ese disco”, afirma. “Para mí no es gratificante creativamente hacer lo mismo dos veces”.
Charli ha estado haciendo música desde que era adolescente, coescribiendo (y participando en) el éxito de Icona Pop de 2012 ‘I Love It’ y su propio ‘Boom Clap’, antes de lanzar joyas del hiperpop como ‘Vroom Vroom’ y ‘ILY2’. Pero le tomó años que el público general la descubriera. “Nunca solía pensar en Billboard / Pero ahora he vuelto a pensar en eso / Me pregunto si creo que merezco el éxito comercial”, cantaba en el hipnótico tema de Brat ‘Rewind’. Y, efectivamente, eso fue exactamente lo que obtuvo.
Brat dominó las listas de éxitos y las listas de fin de año de los críticos, pero, más allá de eso, la convirtió en un fenómeno cultural. Se infiltró en las temporadas (el “Brat Summer”), en los diccionarios (Collins nombró “brat” como la palabra del año) e incluso en la política (la campaña presidencial de Kamala Harris para 2024). El verde lima eléctrico de la portada del álbum se filtró en la moda y la cultura de los memes, mientras que la definición de brat ya no se refería a niños quejumbrosos que hacían pataleta por un helado, sino a adultos seguros de sí mismos y sin complejos, cuyos defectos solo los hacían más hermosos y elegantes. “Me encantó cómo construyó ese personaje”, dice Emily Ratajkowski, amiga de Charli. “Es una mujer que está contemplando la maternidad mientras sigue consumiendo cocaína y bailando sobre mesas. Es brillante”.
Brat inspiró sketches de SNL, antes de que Charli asumiera un doble papel como presentadora e invitada musical del programa. También encabezó una gira por estadios y lanzó el magnífico álbum de remixes Brat and It’s Completely Different but Also Still Brat, que contó con colaboraciones de artistas como Billie Eilish y Lorde. Y, sí, le siguieron ocho nominaciones al Grammy (y tres premios).

Charli coronó la revolución Brat con The Moment, un falso documental de 2026 sobre esa época; uno de los muchos créditos en su floreciente filmografía, junto a proyectos futuros como The Gallerist, de Cathy Yan, y una película aún sin título con el director japonés de terror Takashi Miike. Y a principios de este año, lanzó la banda sonora de Cumbres borrascosas, la sensual película de época de Emerald Fennell con Jacob Elordi y Margot Robbie.
No se imagina alejándose de su trabajo por mucho tiempo. “No tengo pasatiempos”, dice. “Esta es mi vida, es cada fibra de mi ser”. O, como lo expresa su colaborador y productor A. G. Cook: “Soy adicto al trabajo, pero Charli me supera en todos los niveles”.
“Lo inesperado del próximo álbum, y el hecho de que vaya en una dirección completamente diferente, demuestra lo poco que le preocupa seguir siendo popular”, dice Ratajkowski. “Lo que le preocupa es seguir siendo interesante”.
Charli probablemente lo expresaría de otra manera. “Realmente no siento la necesidad de explicar mis intenciones de nada de lo que hago”, afirma la cantante. “Pero solo diré que me parece que las cosas pueden ser sinceras y divertidas al mismo tiempo, y no tienen por qué existir separadas exclusivamente. Así es como me siento respecto a gran parte de mi trabajo, y si la gente lo interpreta como trolleo, entonces está bien”.
Y, aún así, a pesar de su aparente actitud de “nada me importa un carajo”, a Charli sí que le importan algunas cosas un carajo. Durante varias horas que pasamos juntas en Nueva York y Los Ángeles, se muestra vulnerable, picante, emotiva y tremendamente divertida. Habla en profundidad sobre su salud mental y la lucha interna sobre cuánto le importa —y cuánto no— realmente la percepción del público. “El discurso es muy fuerte, y eso, a veces, puede ser muy abrumador”, expone.
Por eso también, según ella, ya no quiere dar más entrevistas. “Probablemente esta sea mi última entrevista extensa por un tiempo”, me dice en un momento dado. “Llegaste justo a tiempo”.
El discurso es muy fuerte, y eso, a veces, puede ser muy abrumador”
Charli tiene en mente el thriller gótico de 1973 La rosa de hierro. Dirigida por Jean Rollin, la película gira en torno a una primera cita que sale terriblemente mal después de que la pareja se pierde en un cementerio. Es onírica y encantadora —a excepción de la espeluznante escena en la que aparece un payaso—, con una vívida paleta de colores de los 70 y un ritmo que va creando tensión de manera sutil. “Hay algo bastante romántico y extraño cuando vienes a un cementerio, es como entrar en otra dimensión”, comenta.
Al caminar por el Jardín de las Leyendas del cementerio, pasamos junto a tumbas que Charli tenía en su lista de lugares que no podía dejar de visitar: Janet Gaynor, la estrella del cine mudo que fue la primera mujer en ganar el Óscar a Mejor actriz; Jayne Mansfield, quien en realidad está enterrada en Pensilvania, pero que de todos modos tiene una lápida aquí; y el cineasta de culto David Lynch, quien falleció el año pasado. Al pasar junto al epitafio de Lynch (“Jazmín que florece por la noche”, por su propia cita sobre su flor favorita y su amor nostálgico por Los Ángeles), la cantante saca su celular y me muestra su fondo de pantalla: un fotograma en blanco y negro de su película de 1997, Lost Highway.
“Es bastante loco tener un cementerio donde descansan todas estas figuras históricas”, dice. “La verdad es que no estoy muy segura de en qué creer respecto a la vida después de la muerte. Creo que, una vez que te vas, tu experiencia en este mundo se acaba. Así que es curioso pensar que personas famosas estén enterradas aquí. Porque, en la muerte, todos somos iguales, ¿no? Lo cual me parece bastante genial”.
“Genial” es una palabra que Charli usa —y en la que piensa— mucho; incluso escribió un ensayo en Substack en el que explora su concepto y reflexiona sobre su desaparición. También reseña películas en Letterboxd; desde críticas contundentes (L’Avventura, de Michelangelo Antonioni: “Espectacular e inquietante, con tomas de paisajes que te dejan sin aliento”) hasta comentarios hilarantes (El hombre invisible: “Ay, Dios mío, cariño, está literalmente ahí”). Y de igual manera, su perfil ofrece una idea de lo que le ha estado gustando a su esposo, George Daniel, el baterista de The 1975 (recientemente vio Mean Girls por primera vez y le encantó).

“Definitivamente no soy una esnob cuando se trata de películas”, dice Charli. “Mis gustos son muy variados. Mi fin de semana ideal es levantarme tarde, ver como cuatro películas seguidas y pedir comida a domicilio. Es como escapar a otro mundo”. También tiene una carrera como actriz en pleno auge, que incluye una reciente y aclamada actuación en Erupcja, de Pete Ohs, donde interpreta a una turista en Varsovia que abandona a su novio por un amigo de la infancia al temer que él le pida matrimonio. “Muero por aprender y experimentar muchas cosas en el set. Quiero absorberlo todo como una esponja”, comparte.
En su nuevo álbum canta sobre la actuación, incluyendo una delicia vertiginosa en la que afirma que no se siente avergonzada “aunque sea un desastre”. Y, sin embargo, ahí está de nuevo esa batalla interna de xcx, ese tira y afloja entre que algo le importe o no, con el que lucha sobre una instrumentación glitch: “¿Estoy siendo jodidamente estúpida si intento estar en la pantalla a punto de cumplir 34?”.
Brat recibió elogios por sus letras coloquiales y su extrema vulnerabilidad, y aquí ella profundiza aún más. “Lo que me parece interesante del disco es que Charli logró volver a mirarse a sí misma de esta manera lírica y llegar a estas perspectivas brutales que realmente funcionan con la música”, comenta Cook. “Tiene algunas similitudes con las perspectivas de Brat, pero es aún más introspectivo. Es como: ‘Ah, ¿pensabas que Brat era como un diario? Este es el otro extremo, en cierto sentido’”.
Charli no tenía pensado sacar una continuación de Brat tan pronto. “Estaba muy, muy lista para desaparecer, tomarme un descanso y dejar de hacer música”, dice. “Me sentía muy agotada creativamente y sin inspiración para escribir nada nuevo. Entonces, de repente, llegó la inspiración”. Se refiere a octubre de 2025, cuando Cook le sugirió que grabaran mientras estaban en París para la semana de la moda. “Sabía que, al estar metida en toda la temática de la Semana de la Moda, podría usar el método de actuación en el sentido de ‘Charli va a grabar un álbum en París durante la Semana de la Moda’”, explica el productor. “Sabía que eso captaría su personalidad”. A Charli le encanta trabajar en un plazo de tiempo muy ajustado. “Algunas de mis canciones favoritas que he compuesto siempre han surgido en esos períodos intermedios, bastante caóticos y agitados, en los que estamos concentrados”, señala la interprete.
“Escucho mucho mis discos, lo que probablemente me convierte en una malvada narcisista”.
Grabar con Cook y su colaborador Finn Keane en París se convirtió en el tema central del álbum: más que nada, Charli simplemente quería hacer música con sus amigos. Hay toda una canción dedicada a Cook, con versos como “Me siento tan especial, solo por conocerte” y “Lloraría si murieras”. La dupla ha trabajado junta desde 2015, y ambos describen su vínculo como intrínseco; las conversaciones sobre la música son, en su mayoría, innecesarias. (Cook señala que ambos tienen esa “energía de hijos únicos”). “Hay un cliché un tanto recurrente en Los Ángeles del compositor y productor de pop como psicólogo. Algo así como: ‘Entremos en tu psique, en tu alma’. Pero, nosotros llegamos a ese lugar casi sin hablar de ello”, cuenta Cook. Como dice Charli: “Nos demostramos nuestra amistad cuando creamos cosas”.
A Cook le pareció “muy dulce” la canción dedicada a él, pero también sintió que era una anomalía en Music, Fashion, Film, y admitió que le sorprende que ella la haya incluido en el álbum. Y menos mal lo hizo, porque es uno de los temas destacados, con la característica composición de Charli como flujo de conciencia y la guitarra entrecortada de Cook, además de un cambio de tempo alucinante que le da el toque perfecto.
Cuando le digo a Charli que sonoramente me recuerda a los Strokes, me mira fijamente.
“Genial”, dice, y no añade nada más.
Es importante señalar que la artista no considera que Music, Fashion, Film sea un disco de rock, a pesar de que la primera canción que lanzó sea ‘Rock Music’ y de que una revista describa el álbum como una “reinvención del rock”. Dejando de lado las comparaciones con los Strokes, Charli no estuvo de acuerdo con mi idea de un vínculo entre este álbum y la pseudobanda de Cook y Keane, Thy Slaughter, a cuyo éxito ‘Heavy’ contribuyó con su voz en 2023. “Obviamente, sé que se ha hablado mucho de que estoy haciendo un álbum de rock. Cosa que nunca dije”, aclara. “Pero, para ser honesta, nunca he pensado en los géneros de manera binaria, me parece una noción muy anticuada. Ni siquiera sé cuál es el género. Solo somos A. G. Cook, Finn Keane y yo, haciendo lo nuestro”.
También le gustaría aclarar esa frase tan debatida, esa en la que le dice “descanse en paz” a la pista de baile. “Esa letra tiene mucho que ver con mi relación con Brat y mi experiencia personal con ese álbum. Mi esposo dirige un sello discográfico de música dance. Últimamente han salido un montón de discos increíbles de música dance y electrónica, ya sea de Slayyyter, Underscores o PinkPantheress. La música dance está en un momento increíble”.
Charli menciona a otras dos cantantes que le encantan: Zara Larsson y Raye. “Hay muchas artistas que llevan mucho tiempo en esto y que ahora están viviendo su momento”, dice. “Como Zara. Estoy muy jodidamente feliz por ella. Y alguien a quien apoyo totalmente es a Raye”, con quien han sido amigas durante una década (Charli coescribió y dirigió el video de ‘I, U, Us’ de Raye). “Hubo un momento en nuestras vidas en el que pasábamos mucho tiempo juntas”, me cuenta. “Y su trayectoria, al convertirse en una artista independiente y hacer lo suyo, es realmente genial”.

Poco después de lanzar Brat, xcx ya tenía algo diferente en mente. “Para ser honesta, tengo ganas de hacer un disco al estilo de Lou Reed. Eso, sin duda, sería un cambio bastante grande”, le dijo a Billboard en 2024. Con su actitud cambiante hacia las entrevistas y sus decisiones profesionales poco convencionales, bien podría ser una especie de padrino espiritual. (Charli publicó recientemente en sus historias de Instagram Metal Machine Music, la exploración de ruido vanguardista de Reed de 1975, y uno de los álbumes más devueltos a las tiendas en la historia).
Charli es fan desde hace mucho tiempo del fallecido Reed y de The Velvet Underground (su reseña en Letterboxd del documental de Todd Haynes sobre los Velvets de 2021 dice: “Sexo, inteligencia, grandes canciones, drogas, suciedad, el deseo de más, lentes de sol 24/7, odiar a Los Ángeles y, a veces, realmente odiarse entre ellos”). Le puso a su perro rescatado el nombre de la cantante Nico, y recientemente contó con la participación del cofundador de los Velvets, John Cale, en la banda sonora de Cumbres borrascosas, para el fascinante colapso gótico que es ‘House’. “Me siento muy honrada de conocerlo”, afirma sobre Cale, y él mismo nos cuenta: “Su generosidad hacia mi historia y mi trabajo actual me hace sonrojarme. Su sentido del descubrimiento en la música y el cine no tiene límites”.
Cale aparece en la portada del álbum, representando a la música (junto a Marc Jacobs, por la moda, y a Martin Scorsese, por el cine). “Nunca había conocido a ninguno de los dos hasta la sesión fotográfica”, dice Cale sobre los dos pesos pesados con los que aparece. “[Charli] me dijo que tenía una idea que quería consultarme. Lo siguiente que supe es que estaba en un vuelo y terminé en una cocina cualquiera”.
Pero si pensabas que los Velvets eran un punto de referencia sonoro en la música, la moda y el cine, bueno, piénsalo de nuevo. “Para ser honesta, cuando hago música, pienso menos en otra música como punto de referencia. De hecho, me aíslo y simplemente nos escapamos a nuestro propio mundo. He hablado largo y tendido sobre lo mucho que me gustan Lou Reed, John Cale y los Velvet Underground. Pero ¿diría que el disco suena similar a algo de eso? No”.
Dos semanas antes de nuestro encuentro en Los Ángeles, me reúno con Charli en el antiguo barrio de Reed, el Lower East Side de Nueva York. Almorzamos en el Corner Bar, que está cerca del departamento que comparte con Daniel (dividen su tiempo entre NY, Los Ángeles y Londres). Nos sentamos en una mesa de un comedor privado decorado con alfombra, papel tapiz y manteles azul real. Charli lleva una chamarra negra con una camiseta translucida a rayas sin mangas, de la que se asoma un sostén negro de encaje. Pide un té de limón y jengibre, y se quita los lentes.
La intérprete vive en el mismo edificio que su viejo amigo y colaborador Rostam Batmanglij, y compara al cofundador y productor de Vampire Weekend con un hermano. Rostam vio el video de ‘Rock Music’ la noche antes de su lanzamiento y lo describió como una de sus canciones favoritas de Charli xcx hasta la fecha, y él también le mostró el video de una canción de su excelente nuevo álbum, American Stories. “Ella dijo algo como: ‘Sin comentarios’”, recuerda Rostam. “Si Charli no tiene comentarios, sabes que ya está listo”.
“Quiero vivir mi vida exactamente como quiero vivirla, porque no tengo una segunda oportunidad”.
En dos días, Charli asistirá a su cuarta Met Gala. Ha estado colaborando con YSL desde el año pasado, convirtiéndose en la musa del director creativo Anthony Vaccarello, y lucirá un vestido diseñado por él que hace un guiño a Vincent van Gogh. A medida que se acerca el evento, está tratando de portarse lo mejor posible para la ocasión. Me cuenta sobre la Met Gala de 2024, cuando pasó el rato con Harrison Patrick Smith la noche antes de su prueba de vestido. Lo que comenzó como una sesión para ver Challengers, de Luca Guadagnino, se convirtió en una noche en vela, y la mañana siguiente fue brutal. “Creo que dormí como dos horas. Definitivamente todavía estaba un poco mal”, comenta. En un intento por mantener la semana de la gala de este año sin mucho alboroto, anoche tuvo una velada bastante tranquila. Cenó con su amigo, el músico Troye Sivan, e ignoró las tentaciones de salir: “Comí pez espada y me fui a la cama”.
“¿Pedimos hamburguesas?”, pregunta Charli. Cuando acepto, se levanta de inmediato y toma la iniciativa, acercándose directamente a nuestra mesera para hacer el pedido. Cuando vuelve a sentarse, nos sumergimos de nuevo en el nuevo álbum. Menciono la enérgica canción de cierre, ‘No One Lasts Forever’, que Charli escribió en tiempo real mientras reflexionaba sobre una noche de fiesta en París. La letra (“Todos piensan que tengo un problema / Ya que todos conocen mi nombre / Que soy irresponsable y grosera / Que me inyectaré drogas en las venas”) parece aludir a la forma en que Internet la percibía cuando saltó a la fama con Brat.
Le pregunto sobre el título de la canción y si tal vez tiene que ver con la naturaleza efímera de la vida. Pero mientras se toma un momento para responder, me doy cuenta de que esto no está saliendo del todo bien.
“Probablemente, esto no sea útil para la entrevista. Y de verdad que no pretendo callarte ni nada por el estilo. No es que esté siendo una perra… Es solo que realmente no me interesa mucho hablar del significado detrás de mis canciones”.
Le digo que no necesita dar ninguna explicación previa y que no creo que sea una perra. “Nunca sabes cómo va a quedar en el texto. Sinceramente, no lo decía como algo importante. Es simplemente cómo me siento. La gente ya piensa que soy una perra, así que… estoy muy en paz con eso. Está bien, y no es un drama ni nada por el estilo. Solo soy yo tratando de hacer lo que es bueno para mí, porque llegó un punto en el que mi ansiedad me estaba afectando físicamente, y la verdad es que no puedo seguir adelante con mi vida así”.
Parte de cómo ha logrado aliviar esta ansiedad ha sido reducir el consumo de café (lo toma negro, por lo general helado) y planear cómo hacer que su próxima gira sea menos agotadora físicamente. Charli dice que tiene una “relación complicada” con estar en el escenario, y que la gira de Brat fue agotadora, ya que a menudo se encontraba “revolcándose por el piso”. Sufrió daño a los nervios en su cuello a causa de la gira —canta sobre ello en ‘Rock Music’— y se lesionó la espalda mientras grababa el video de la canción.

Le pregunto cómo le afectan las redes sociales en cuanto a su ansiedad y con qué frecuencia las usa. Entre nuestras conversaciones en cada costa, noté que comenzó a publicar cada vez más, ya fuera para responder a las críticas a ‘Rock Music’ o a las especulaciones sobre el título del álbum alimentadas por sus fans (a quienes llama “Angels”). “De hecho, he estado mucho más desconectada. Ya no las reviso tanto. Es mejor para mi mente, sé que la gente probablemente no me creerá, porque soy, por naturaleza —al menos en el pasado—, una artista muy activa en línea. Pero últimamente he estado luchando mucho con mi salud mental, tanto que, si soy sincera, me encuentro en el peor momento mental de mi vida”.
Dice que es una “gran creyente” de la terapia, aunque necesita mejorar el asistir con más constancia. Lo que más la mantiene con los pies en la tierra es pasar tiempo con Daniel, preferiblemente en una ciudad en la que pueda quedarse el tiempo suficiente para tener cierta constancia, y crear junto a sus amigos.
Charli también anhela tener conversaciones más directas con sus fans, lo cual está logrando a través de eventos solo por invitación, donde puede conocer a sus oyentes y darles consejos sobre cómo crear arte (asiste a uno después de nuestro almuerzo en Nueva York y organiza otro en Londres a finales de mayo). Señala que, si bien Brat era “muy coloquial y vulnerable”, la campaña de marketing —como el muro gigante verde lima en Brooklyn— fue enorme. “Las cosas han cambiado ahora. Me interesa crear una conexión realmente íntima entre mi público y yo, y sentarme cara a cara con una persona para tener una conversación”, explica.
Este enfoque forma parte de la nueva etapa de Charli, una nueva forma de priorizar su tiempo. “En este momento tengo la mentalidad de que mi vida terminará, al igual que todas nuestras vidas”, comenta. “Quiero vivir mi vida exactamente como quiero vivirla, porque no tengo una segunda oportunidad”.
El día anterior al paseo por Hollywood Forever, me encuentro con Charli en su sesión fotográfica para la portada de Rolling Stone con Gus Van Sant. La artista quería que un director de cine se encargara, con la esperanza de obtener unas fotos íntimas en blanco y negro. Es otro giro radical respecto a su época Brat y a sus recientes sesiones de alta costura tan pulidas. “Se trata menos de estar oculta detrás del cabello, el maquillaje, el viento y el drama”, expone. “No me malinterpretes, también me encantan esas sesiones, pero con [Van Sant], realmente quería hacer algo honesto”.
Los dos pastores australianos de Van Sant, Leo y Burroughs, deambulan emocionados por su propiedad en Hollywood Hills, que cuenta con un patio trasero con vista al letrero de Hollywood y al Observatorio Griffith. Sobre la encimera de la cocina hay cuatro paquetes de cigarrillos Parliaments, la marca preferida de Charli, además de tres limones y un enorme ramo de flores de Steve Lacy, quien recientemente trabajó con Van Sant. Las cosas de la intérprete están por toda la habitación del director, incluyendo un tocador, un perchero con sus atuendos negros y tacones, y varias bandejas de joyas de plata.
Con sus Asics moradas, jeans y una camiseta negra, Van Sant captura a Charli por toda la casa, desde su garaje hasta su tina. “Perdón, mi hebilla está rayando tus azulejos”, le dice ella, vestida con un sostén de cuero negro y shorts a juego. Van Sant sigue tomando fotos con su Leica, le dedica una sonrisa tranquila y afable, y le dice que no se preocupe por eso.

Charli y Van Sant tienen un amigo en común, Matt Copson, quien adaptó la película de Van Sant de 2005 inspirada en Kurt Cobain, Last Days, a una ópera. Los dos hablaron por teléfono hace poco, pero recién hoy se conocieron en persona. Ambos tienen formación en escuelas de arte —Charli asistió por un tiempo a la Slade School of Fine Art en Londres, donde conoció a Copson, mientras que Van Sant estudió en la Escuela de Diseño de Rhode Island— y cada uno ha incursionado en la pintura. “Los dos estábamos escapando del mundo de la pintura”, me cuenta Van Sant después de la sesión fotográfica. “Ella pintaba, y empezó a hacer obras de arte más centradas en el performance. Y en mi caso, me abrí camino hacia el departamento de cine”.
Por toda la casa se pueden encontrar rastros del trabajo de Van Sant: la banda sonora de su película de 1989, Drugstore Cowboy, protagonizada por un joven Matt Dillon; una foto de él con Dillon en una pared; y un libro de fotos de Gucci de 2021 que incluye algunas de las fotos de Van Sant. El director lleva décadas haciendo retratos, y solía tomar fotos Polaroid de los actores con los que se reunía para los papeles. “Necesitabas un registro, porque en 1994 no había Internet”, dice.
Pasar tiempo en la casa de Van Sant era exactamente lo que Charli necesitaba. “La energía de Gus es muy tranquila”, dice. La tranquilidad es algo de lo que necesita más, y está haciendo todo lo posible por conseguirla. “¿Sabes qué realmente quiero hacer, con todas mis fuerzas?”, pregunta. “Tengo muchas ganas de ir a Suecia este verano. Cada vez que voy, siento esa sensación de estar en contacto con la tierra. Muchos de los escandinavos que conozco tienen una visión muy refrescante de la vida y de cómo vivir en este mundo”. Me pregunto si le gustarán los spas. “Chica, ¡claro que sí!”.
Al día siguiente, en Hollywood Forever, estamos de pie en la logia masónica, con su iluminación tenue. Charli se quita los lentes y recorre con la mirada el lugar que abrió sus puertas en 1927 y comenzó a albergar conciertos en 2008. Hay cortinas escarlatas, filas y filas de sillas vacías que transmiten una vibra al estilo de El resplandor, y grandes vigas de madera en el techo. “No conozco muy bien todos los detalles de esta arquitectura, pero es bastante extrema, ¿no te parece?”.
La artista británica llegó por primera vez a Los Ángeles alrededor de 2009. No fue una llegada espectacular —“No tengo un recuerdo al estilo de Miley Cyrus ‘me bajé del avión en el LAX’”, dice, citando ‘Party in the U.S.A.’—, pero recuerda ciertos detalles. Probó el yogur helado por primera vez y asistió a fiestas en casas que compara con la película de 1996 Swingers. No conducía, pero a menudo la llevaba el productor Ariel Rechtshaid (quien también ha trabajado con Haim y Vampire Weekend). Se hospedaba en el Grafton on Sunset, ahora cerrado, y recuerda sentarse junto a la alberca del hotel a medianoche, comiendo hamburguesas. Se sentía bastante sola, a más de 8.000 km de casa, pero su carrera apenas comenzaba.
Charli nació como Charlotte Emma Aitchison el 2 de agosto de 1992 en Essex, hija de Jon, un empresario independiente, y de Shameera, una azafata y enfermera de origen gujarati. (Menciona sus orígenes en el tema ‘SS26’ de Music, Fashion, Film, utilizando con descaro la jerga del marketing corporativo: ‘Mi herencia podría darme un gran USP”, canta, refiriéndose a “punto de venta único”). Comenzó a escribir canciones cuando era adolescente, tan decidida que le dijo a Jon que su carrera “no iba a ninguna parte” cuando solo tenía 14 años. Sus padres la apoyaron desde el principio, financiando su primer álbum —acertadamente titulado 14— y acompañándola a las raves de Londres (Charli les pagó el álbum tan pronto como firmó su contrato). Comenzó a publicar canciones en MySpace bajo el nombre de Charli xcx, tomado de su nombre de usuario de MSN Messenger, y llamó la atención de un representante de A&R de Atlantic en 2008. Dos años después, firmó un contrato.
En colaboración con Rechtshaid, Charli lanzó su álbum debut, True Romance, en 2013, bajo un sello discográfico importante. (La canción de apertura de synth pop, ‘Nuclear Seasons’, contiene una frase que resulta inquietantemente familiar: “Nadie vive para siempre”). A continuación llegó Sucker, en 2014, que incluía el himno ‘Boom Clap’, con el que entró por primera vez en el Billboard Hot 100 como artista principal. “Antes de Brat, yo era la chica que cantaba ‘Boom Clap’”, dice. “Y ahora, para quienes me conocen solo por Brat, soy la chica que fuma, usa lentes de sol y le gusta el color verde”. Pocos artistas pueden hablar de su discografía como Charli, quien tiene una visión muy aguda de cada etapa. A menudo vuelve a escuchar sus álbumes, algo poco común entre los músicos; recientemente, ha vuelto a escuchar True Romance y el EP de 2017, Pop 2. “Escucho mucho mis discos, lo que probablemente me convierte en una malvada narcisista”, bromea.
El EP Vroom Vroom de 2016 fue un momento trascendental en la carrera de Charli, ya que marcó la primera vez que colaboró con Sophie, la fallecida productora escocesa. Al EP —y específicamente a la emocionante canción que le da título— ahora se le atribuye haber ayudado a impulsar el género del hiperpop, pero al momento de su lanzamiento generó opiniones encontradas. “Su discográfica pensó que era terrible y un desastre total, y no podían entender que se tratara de la misma artista que había hecho ‘Fancy’ y ‘Boom Clap’”, cuenta Cook, a quien conoció y con quien comenzó a trabajar por esa época. “Realmente me incorporaron para defenderla y a este nuevo estilo de música y arte en el que se estaba adentrando”.
Charli colaboró con Sophie hasta su muerte en un accidente en 2021, y se le llenan los ojos de lágrimas al hablar de su amiga. “Perdí a alguien que cambió mi vida por completo, y hay muchos sentimientos que procesar al respecto, especialmente porque estaba muy ligada a mi vida creativa de una manera realmente positiva, pero también, a veces, de una manera difícil”, comenta. “Poder expresar esos sentimientos a través de mi trabajo ha sido realmente catártico para mí”.
Ahora estamos en la azotea del Mausoleo Gower de Hollywood Forever, que cuenta con pasadizos abiertos de concreto y zonas verdes que van desde suculentas hasta olivos. Los pavos reales siguen chillando a lo lejos, mientras Charli se apoya en la barandilla y contempla con atención el horizonte de Los Ángeles. “El duelo es algo curioso para cualquiera que lo vive, ¿no crees?”.
Resulta que la reciente Met Gala se extendió hasta muy tarde para la intérprete. Eso, por supuesto, no era lo que había planeado originalmente, pero vamos, es Charli xcx, ¿de verdad esperas que se vaya a dormir a las 10 de la noche? Y aunque es un rollo tener que lidiar con la resaca al día siguiente, ella sabe cómo manejarla. “Simplemente la dejo pasar”, me dice durante nuestra última hora juntas. “Las cosas van mejor cuando te permites hacer tonterías, cuando entras en ese estado de delirio. Solo tienes que mantener las vibras alegres y felices. Como, tal vez, tomarte una mimosa”.
Le pregunto cómo le ha ido desde nuestra conversación en Nueva York sobre su salud mental. Dice que ha estado hablando con su amigo Matty Healy, de The 1975 (“Él estaba ayudando… a su manera”), pero que todavía está tratando de aceptar los comentarios en línea. “Me está costando… No sé. Si soy honesta, me he dado cuenta de que mis emociones están muy, muy inestables en este momento. Tú has sido genial. Has sido muy amable y muy respetuosa, y, de hecho, eso me emociona”.
Lleva puestos los lentes de sol, pero puedo escuchar cómo se le quiebra la voz. “No siempre me siento segura haciendo estas cosas, pero tú me has hecho sentir bastante segura”, me dice.
Charli no sabe cómo será su futuro, pero mientras tanto, va a hacer algo de música con sus amigos. Está a punto de volar a París, donde grabará el video con temática de moda para ‘SS26’. Brat le dio un giro a su vida, pero aún le queda mucho más por crear. “Es curioso cómo el éxito puede enjaularte, pero he vivido una amplia gama de éxitos y fracasos. Las personas que me conocían antes de Brat saben cuáles son los altibajos de mi proceso, y yo entiendo los altibajos de la música y de la cultura pop. Así que me siento relativamente libre para crear lo que sea que haga después”.
Mientras se levanta para salir del cementerio y abordar su avión, me da un abrazo de despedida.
“Gracias por ser tan genial”.
Fotografía por: Gus Van Sant
Styling de Chris Horan para The Wall Group.
Peinado de Matt Benns para Total Management con productos Wavytalk.
Maquillaje de Lilly Keys en A-Frame Agency con productos YSL Beauty.
Producción de Bran-don Zagha.
Brasier de Alexander McQueen.
Bufanda de Daniil Antsiferov.
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Blur drummer Dave Rowntree has lost a U.K. court appeal to revive his challenge against PRS For Music’s “black box” royalty distribution on Monday (June 29).
The U.K.’s Court of Appeal has dismissed his appeal in his proposed class action against the nonprofit collection society. Rowntree’s proposed class action on behalf of PRS’ songwriter members is now dismissed.
Rowtree’s proposed suit was initially struck down by the Competition Appeal Tribunal in August 2025 by Lord Justice Miles. That ruling has now been upheld with the court finding that Rowntree had not put together a “counterfactual” method of distribution against which the society’s approach could be measured. Read the full ruling here.
The proposed suit criticized PRS’ so-called “black box” royalty distribution; PRS uses the term “unidentified royalties.” These royalties are sums that PRS collects but cannot match to the correct songwriter or publisher due to data that is missing or inaccurate.
These royalties are distributed on a pro rata distribution to its writer and publisher based on the same proportions as identified royalties.
Rowntree argued that this favored publishers over songwriters and that the distribution method of a reported £200 million ($264 million) should be amended to ensure fairer payouts to its members.
The Court of Appeal has now ruled that “there is nothing inherently unfair about the pro rata distribution” of unallocated royalties, recognizing that the system operates with incomplete information.
In his original judgment in August 2025, Lord Justice Miles wrote, “the reason why no counterfactual has been advanced, even in general terms, is manifest: it is that the very data failure problem which has given rise to the black box royalties means that there is no plausible basis for suggesting a more accurate (let alone fairer) distribution.” This ruling was upheld by Lord Justice Zacaroli and Lord Justice Nugee.
A PRS for Music spokesperson said: “The Court of Appeal has once again recognised that this claim has no reasonable prospect of success and has upheld the Competition Appeal Tribunal’s earlier decision to strike it out, vindicating our longstanding position that this claim was never in the interests of PRS members.
“This class action was fundamentally flawed, and was a complete misrepresentation of our policies from the outset. It would have resulted in PRS members suing the society they collectively own, despite there being soaring costs attached and no logical basis for doing so.
“We welcome the decision and look forward to continuing to focus on our main priority which has always been, and remains, delivering value for our members and protecting their rights wherever and whenever their music is used.”
Rowntree has not yet commented on the ruling.
In 2025, PRS For Music paid out £1.24 billion ($1.6 billion) to songwriters, composers and publishers and represents the rights of more than 190,000 songwriters, composers and music publishers.
Olivia Rodrigo is getting smaller, on purpose. The singer has teamed up with LEGO for a new series of sets inspired by her most beloved songs, looks and symbols. The LEGO Editions Olivia Rodrigo collection features five sets paying tribute to Rodrigo’s three studio albums — Sour, Guts and her brand new You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love — making the singer the first musician to receive multiple dedicated LEGO sets, including five new minifigures celebrating some of her most iconic performances.
Created in collaboration with the singer, the collection “captures the emotion and energy that has made the 23-year-old singer-songwriter one of the defining artists of her generation – from sold-out stadium tours and festival stages, to heartbreak anthems, handwritten lyrics and love stories hidden between the lines,” according to a release announcing the line.
The sets feature custom detailing inspired by some of the singer’s most iconic onstage moments through the years, as well as nods to her Filipino heritage. Each minifigure will feature her instantly recognizable expressions and favorite looks, with all five characters having dual facial expressions to represent the different sides of Rodrigo’s personality.
“I’ve always loved hiding little details and meanings in my music and videos, so working with the LEGO team to bring something that fans can actually build and explore together has been so exciting,” Rodrigo said in a statement about the range that features a number of Easter eggs. “There are so many pieces of my world inside these sets – little nods to songs, memories, outfits and moments that mean a lot to me.”
According to the release announcing the collaboration, Rodrigo played an active role in the design process and helped refine each element during the process, with LEGO senior design manager and product lead Amy Corbett saying that the singer wanted the collection to feel like something “fans could explore over time. Every detail — from the outfits, minifigure expression and smallest symbols — was designed to reflect moments from Olivia’s world and her energy in a way that invites discovery.”
The sets designed for ages 9-14 are described as telling a variety of stories about Rodrigo’s career, from “arena-sized performances and emotional love songs to handwritten lyrics, vintage-inspired visuals and her signature rock-and-roll edge.” They will include the “Olivia Rodrigo Vinyl,” a 360-piece set that tracks her musical journey, inspired by the greatest hits from her trio of albums, with hidden references from across her career.
There will also be a 400-piece Flower Bouquet set that will bloom with symbolic flowers, hidden meanings and surprises inspired by Rodrigo’s songwriting, marking the first time a LEGO partner will get their own personalized LEGO Botanicals set. Centered on a striking purple flower made of electric guitars, that set will include floral nods to Rodrigo’s Filipino heritage.
The 670-piece Concert Moon set will recreate a viral concert scene in which Olivia soars above the crowd on a giant moon, while the 1,085-piece Secret Storage set collects some of the singer’s most recognizable symbols, from a bright red guitar inspired by the instrument she played on her 2025 festival tour, to a bold red megaphone from her Guts tour and a notebook inspired by the handwritten lyrics books featured on the Sour tour.
Fans can also check out the 1,228-piece Dual Guitar set, featuring a split acoustic and electric guitar design celebrating two sides of her artistry, which opens up to reveal hidden stage scenes, backstage details, secret storage compartments and plenty of hidden references for fans to discover.
“Olivia Rodrigo has created a world that fans feel deeply connected to – one filled with emotion, individuality, creativity and discovery,” said Julia Goldin, the LEGO Group’s chief product and marketing officer in a statement. “With this collection, we wanted to celebrate the passion Olivia brings to every lyric, every hidden clue and every album, while giving fans a meaningful way to connect with her. This collaboration is about more than recreating moments – it’s about inspiring fans to build, explore and express themselves through storytelling and creative building.”
The full collection will launch globally on Aug. 1 at LEGO.com, as well at LEGO stores and select global retailers.
Ariana Grande has rescheduled three dates on her Eternal Sunshine Tour, after production issues raised safety concerns ahead of the shows.
The singer shared the update with fans on Instagram Stories on Monday, announcing changes to one Brooklyn show and two Boston dates. Her July 12 concert at Barclays Center in Brooklyn has been moved to July 14, while her July 22 and July 24 concerts at TD Garden in Boston will now take place July 23 and July 26, respectively.
“We are so sorry for these unfortunate scheduling changes,” Grande wrote. “This was our best and safest option as these challenges with production have come to our attention.”
She added that the call was made to ensure the show could be presented safely and as planned: “The utmost important thing to us all is safety, first and foremost, and also making sure you all see the show how it is intended to run. Thank you so much for your understanding and I cannot wait to see you.”
All tickets will be honored for the rescheduled dates, with ticket holders expected to receive additional information directly.
The Eternal Sunshine Tour launched earlier this month in Oakland, Calif., marking Grande’s first headlining tour since 2019’s Sweetener World Tour. The run supports her seventh studio album, Eternal Sunshine, released in 2024. That record debuted at No. 1 on the Billboard 200, giving Grande another chart-topping album, and spun off two Billboard Hot 100 No. 1 singles in “yes, and?” and “we can’t be friends (wait for your love).”
Grande’s setlist has leaned heavily on Eternal Sunshine while reaching back across her catalog, with recent shows folding in songs from Positions, Dangerous Woman, My Everything and thank u, next — a career-spanning return after years away from the road.
For now, the production-related changes affect only the three listed shows, with the tour set to continue across North America before heading overseas later in the run.
New music lands first, regardless: Grande’s eighth studio album, Petal, arrives July 31, led by “Hate That I Made You Love Me,” which recently became her 10th career No. 1 on the Billboard Hot 100 — tying her for the 10th-most chart-toppers in the survey’s history.
Eric Hutchinson is returning to Australia for the first time in 16 years, booking three East Coast theater shows in November for what will be his first-ever headline run in the country.
The tour stops at Brisbane’s Lefty’s Music Hall on Nov. 19, Melbourne’s Northcote Social Club on Nov. 20 and Sydney’s The Lansdowne on Nov. 21.
The American singer-songwriter has an unusual history in the market: he broke there largely through a sync. His single “Rock & Roll” featured on the homegrown drama Packed to the Rafters, helping drive the track to platinum certification in Australia, where it reached No. 1 in 2009. Hutchinson first toured the country supporting Jason Mraz and Kelly Clarkson in 2008 and 2009, but never returned for his own run.
“I honestly have no idea why I never came back to Australia, other than the fact that it’s super far away from New York City, where I live,” he said in a statement, adding that the timing finally aligned after years of fan requests.
The U.S. story ran in parallel. “Rock & Roll” earned Hutchinson his first gold record in the United States, though it never reached the Hot 100. Its parent album, Sounds Like This, first gained traction independently — a Perez Hilton co-sign pushed it to No. 5 on the iTunes Store in September 2007, before debuting at No. 1 on the Billboard Heatseekers chart and earning a wide release through Warner Bros. Records in May 2008. He has since released a string of albums and built a touring-driven following well beyond the radio years.
The run supports Hutchinson’s latest album, the 2026 release Repeating Myself, billed as a return to the piano-driven pop and soul of that breakthrough. Australian sets are expected to mix the new material with catalog cuts including “Rock & Roll,” “OK, It’s Alright With Me” and “A Little More.”
Marshall Hamburger, who won the tenth season of Australian Idol in 2025, will open for Hutchinson on tour.
Eric Hutchinson Australian Tour
Presented by Teamwrk Touring & MRG Live
Thursday, Nov. 19 — Lefty’s Music Hall, Brisbane
Friday, Nov. 20 — Northcote Social Club, Melbourne
Saturday, Nov. 21 — The Lansdowne, Sydney
An archive of early Coldplay recordings — studio tapes, alternate mixes and demos from the formative sessions that predated and helped shape the band’s debut album, Parachutes — is heading to auction this week through Wax Poetics, offering a rare look at the band before it broke worldwide.
The bulk of the collection comes from British producer, mixer and engineer Chris Allison and centers on Coldplay’s “Blue Room” sessions at London’s Orinoco Studios, recorded shortly after the band signed to Parlophone.
The auction house describes the material as a window into the period that laid the groundwork for Parachutes — including “High Speed,” which would become the only track on the album not produced by Ken Nelson; Allison produced it alone. The song first surfaced on the Blue Room EP, Coldplay’s first release for Parlophone, in October 1999, before being re-recorded for the album.
The lots also include original DAT mixes, unreleased alternate versions, a previously unheard take of “We Never Change,” and a nine-track cassette holding some of the band’s earliest known recordings — two of those songs never released in any form.
Among the more unusual items, the auction house says the archive contains an acoustic demo that Chris Martin recorded as a pitch for the title song of the 1999 James Bond film The World Is Not Enough. The assignment ultimately went to Garbage, whose “The World Is Not Enough” became the official theme; per Wax Poetics, Martin’s version has never been released or documented.
“This is a window into the writing, recording, production and promotion of some uniquely celebrated music artists – pieces of music history that deserve to be in the hands of fans, not gathering dust in a storage unit,” Allison said in a statement.
The tapes document Coldplay at its absolute starting line. Parachutes was released in July 2000, peaked at No. 51 on the Billboard 200 and was eventually certified double platinum in the U.S., later winning the Grammy for best alternative music album. From there, the band became one of the defining stadium acts of the century, stacking up Billboard 200 No. 1 albums and one of the highest-grossing touring runs in history.
The wider Alt/Indie, Rock & Pop collection also features material tied to the Beta Band, the Wedding Present and Red Hot Chili Peppers, with bidding open through July 19. A percentage of proceeds is earmarked for Restore the Music, a charity funding instruments and equipment in under-resourced state schools.
Memphis Bleek was “happy” to see his mentor Jay-Z address his haters during his Roots Picnic freestyle.
The Brooklyn rapper turned podcaster recently sat down with Boardroom and gave some insight on how Jay operates
“Jay just be having verses. I know,” he said after admitting that he didn’t really get to hear the freestyle until it hit social media due to how chaotic it was backstage. “I be trying to get him to spit, but he got too many verses that he just tucks. When you’re a writer, you’re a rapper, you’re an artist, you’re gonna continue to write. Whether you release it or not.”
Bleek then explained why the people Jigga dissed had it coming because it’s easy to lie in today’s digital climate. “Everybody get hit. He put the fully on,” he began. “These kids got the switch, they don’t know about the fully. They know Shawn Carter, they know Jay-Z, they don’t know Jigga. That’s Jigga. Welcome, man.”
He added: “I’m happy he did ’cause a lot of people they just talk and talk and talk and its no one to rebuke it, to go against it, speak the truth, so lies get spewed all over the Internet and turned into truth. Because, you know, these guys are gonna believe what they want, but it’s not the other side fighting against it, only the lie seems like the truth. So, I’m glad he put belt to ass on certain people. They deserved that spanking.”
He then continued by saying that if you’ve paid attention, Jay-Z almost always talks about what he’s going through in his music. “Jay always responds through music,” the Memph Man explained. “Anything he’s feeling or going through, it’s always been in the music. That’s how we’ve always been. All of us. We really don’t get on here like, ‘Yo, I hate this rapper. When I see you, I’ma catch you.’ It’s on the record. If we’re going to entertain, I’ma make money off it. I’m not gonna just go on here and just be on everybody platform. Your algorithms go up and I’m just angry.”
You can watch the full conversation below.






