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Pocas especies han mantenido una relación tan estrecha con el ser humano como los chimpancés. Compartimos cerca del 98 % de nuestro ADN con ellos, pero el cine ha demostrado que la verdadera cercanía no se mide en genética, sino en la capacidad de reconocernos en sus gestos, sus miradas y sus contradicciones.

Durante décadas, Hollywood los presentó como animales cómicos, traviesos o simples compañeros de aventuras. Sin embargo, con el paso del tiempo, comenzaron a ocupar un lugar mucho más complejo dentro del lenguaje cinematográfico. Se transformaron en víctimas de la experimentación científica, en metáforas del colonialismo, en cuestionamientos éticos sobre el trato hacia los animales e incluso en espejos donde el ser humano contempla sus propios impulsos de violencia, ternura o dominación.

Esta lista no reúne únicamente películas cuyo protagonista es un chimpancé. También incluye obras donde su presencia resulta decisiva desde el punto de vista simbólico, narrativo o cinematográfico. Algunas pertenecen al cine de autor europeo; otras al blockbuster contemporáneo; otras recuperan la tradición familiar de Disney o exploran la ciencia ficción más ambiciosa. Pero todas, sin excepción, utilizan al chimpancé para decir algo sobre nosotros mismos.

10. Primate (2026)

Director: Johannes Roberts

El cine de terror ha convertido prácticamente cualquier especie animal en una amenaza, desde tiburones y cocodrilos hasta ratas, abejas o conejos. Primate traslada esa tradición al chimpancé y lo hace recuperando el espíritu del terror naturalista inaugurado por The Birds de Alfred Hitchcock y consolidado por Jaws de Steven Spielberg. Aquí, Ben, un chimpancé criado en cautiverio por una reconocida primatóloga, se transforma en una máquina de matar después de contraer la rabia tras el ataque de una mangosta. Johannes Roberts, director de 47 Meters Down, construye un thriller eficaz donde el aislamiento de una casa familiar y la irrupción de un grupo de adolescentes sirven como escenario para una sucesión de ataques tan violentos como espectaculares. 

Más allá de su historia brutalmente sencilla, la película encuentra buena parte de su fuerza en el impresionante trabajo físico del especialista en captura de movimiento Miguel Torres Umba, que dota al chimpancé de una presencia inquietante y creíble. Aunque apenas insinúa reflexiones sobre la domesticación o la relación entre humanos y animales, Primate merece un lugar en este listado por ser una de las escasas ocasiones en que un chimpancé ocupa el centro absoluto de una película de terror.

9. Bedtime for Bonzo (1951)

Director: Frederick de Cordova

Mucho antes de que Ronald Reagan llegara a la Casa Blanca, protagonizó una de las comedias más insólitas de la década de los cincuenta. En Bedtime for Bonzo, interpreta a un profesor universitario decidido a demostrar que el entorno pesa más que la herencia genética en la formación del comportamiento humano. Para probar su teoría decide criar a un chimpancé llamado Bonzo como si fuera un niño. Lo que comienza como una sátira académica termina convirtiéndose en una divertida comedia de enredos donde Bonzo demuestra mucha más inteligencia que buena parte de los humanos que lo rodean.

Vista hoy, la película refleja la visión paternalista con la que Hollywood representaba a los primates durante aquella época. Sin embargo, también constituye un documento fascinante sobre el debate científico de mediados del siglo XX en torno a la naturaleza y la educación. Más allá de su valor histórico (acrecentado por la posterior carrera política de Reagan), Bedtime for Bonzo sigue siendo una pieza fundamental para entender cómo el chimpancé pasó de simple mascota cinematográfica a protagonista con identidad propia.

8. Ciao Mashio (Bye Bye Monkey) (1978)

Director: Marco Ferreri

Dentro de la filmografía del director de La gran comilona, esta cinta ocupa un lugar tan desconcertante como fascinante. Ambientada en una versión surreal y decadente de Nueva York, la historia sigue al escultor Luigi (Marcello Mastroianni) y a Lafayette (Gérard Depardieu), un electricista francés quienes encuentran un chimpancé bebé abandonado dentro de una gigantesca maqueta de King Kong y el electricista decide criarlo como si fuera su propio hijo.

A partir de esa premisa, Ferreri construye una película que desafía cualquier clasificación. En esta cinta conviven la sátira política, el absurdo, la crítica social y el humor negro en una ciudad poblada por personajes extravagantes, museos de cera, feministas y una constante sensación de distopía y decadencia. El pequeño chimpancé se convierte en el centro emocional del relato y en el único vínculo de ternura dentro de un universo profundamente hostil. Lejos de utilizar al animal como un simple recurso cómico, Ferreri lo transforma en el eje de una fábula extraña e incómoda sobre la soledad, la fragilidad de los afectos y el colapso moral de la sociedad contemporánea. Es una de las aproximaciones más originales que el cine europeo ha hecho a la figura del chimpancé.

7. Project X (1987)

Director: Jonathan Kaplan

Mucho antes de que el debate sobre la experimentación animal ocupara un lugar central en la conversación pública, Project X convirtió ese conflicto en el corazón de un thriller profundamente humanista. Matthew Broderick interpreta a Jimmy Garrett, un joven recluta de la Fuerza Aérea estadounidense asignado a un programa secreto donde chimpancés son utilizados para estudiar los efectos de la radiación durante posibles escenarios de guerra nuclear.

Entre todos ellos destaca Virgil, un chimpancé extraordinariamente inteligente con quien Jimmy establece un vínculo afectivo que termina transformando por completo su manera de entender el proyecto. Lo que comienza como una investigación científica deriva en un dilema moral sobre el valor de la vida animal, la obediencia institucional y los límites de la investigación militar. Jonathan Kaplan evita convertir la película en un melodrama fácil. La tensión surge precisamente porque el espectador comprende que Virgil no es un simple sujeto experimental, sino un individuo capaz de aprender, confiar, jugar y sufrir. Esa mirada resulta todavía más poderosa gracias al trabajo del entrenador Karl Miller y al impresionante desempeño del chimpancé que interpreta a Virgil.

Aunque pasó relativamente desapercibida en su estreno, Project X ha sido reivindicada con el paso de los años como una de las películas más importantes sobre los derechos de los primates y una obra adelantada a muchos debates éticos que siguen plenamente vigentes.

6. The Misadventures of Merlin Jones (1964)

Director: Robert Stevenson

A comienzos de los sesenta, los estudios Disney  produjeron una serie de comedias familiares protagonizadas por jóvenes inventores, profesores despistados y animales extraordinariamente inteligentes. The Misadventures of Merlin Jones es una de las mejores representantes de esa etapa. Tommy Kirk interpreta a Merlin, un brillante estudiante que desarrolla inventos tan ingeniosos como problemáticos, entre ellos un dispositivo capaz de traducir el lenguaje de los chimpancés.

Lo que comienza como un experimento universitario pronto deriva en una cadena de malentendidos, persecuciones y situaciones absurdas donde los primates dejan de ser simples mascotas para convertirse en participantes activos de la historia. El humor físico, el optimismo científico y la curiosidad juvenil convierten la película en una encantadora cápsula del cine familiar de los años sesenta. The Misadventures of Merlin Jones resulta reveladora porque refleja una época en la que Hollywood imaginaba a los chimpancés como compañeros de aventuras antes que como sujetos de reflexión ética o científica. Su mezcla de comedia, ciencia ficción ligera y espíritu Disney la convierte en una pieza fundamental para entender la evolución de estos animales dentro de la historia del cine. Tuvo una secuela igual de divertida llamada The Monkey’s Uncle

5. The 5th Monkey (1990)

Director: Éric Rochat

Más que una película de aventuras, The 5th Monkey utiliza el viaje como una reflexión sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza. Ben Kingsley interpreta a Cunda, un humilde cazador de serpientes que, tras sobrevivir a la mordedura de una víbora en la selva amazónica, encuentra cuatro chimpancés (animales ajenos a ese ecosistema) y los interpreta como una señal del destino. Convencido de que representan una oportunidad para cambiar su vida, emprende un recorrido lleno de traficantes, mercenarios y buscadores de oro que pondrá a prueba sus convicciones. 

Dirigida por el cineasta suizo Éric Rochat y basada en la novela Le Cinquième Singe de Jacques Zibi, la película convierte a los chimpancés en el eje moral de la historia. Más que simples acompañantes, funcionan como un recordatorio de la fragilidad de la naturaleza frente a la ambición humana. Poco conocida fuera del circuito cinéfilo, sigue siendo una curiosidad valiosa por su aproximación filosófica y por ofrecer una mirada distinta a la habitual representación de los primates en el cine.

4. NOPE (2022)

Director: Jordan Peele

El chimpancé Gordy apenas aparece durante unos minutos. Sin embargo, basta esa secuencia para convertirlo en uno de los personajes más perturbadores del cine reciente. El director de Get Out! utiliza el estallido de violencia protagonizado por Gordy durante la grabación de una comedia televisiva para hablar de algo mucho más profundo: la arrogancia humana frente a los animales salvajes y la industria del entretenimiento. El problema nunca fue el chimpancé, fue creer que podía domesticarse un instinto que jamás dejó de existir. 

La escena funciona además como un espejo de la historia principal de la película. Tanto Gordy como la criatura del cielo representan fuerzas de la naturaleza que el ser humano insiste en convertir en espectáculo hasta que ese espectáculo termina devorándolo. En apenas unos minutos, Peele construye una de las representaciones más inteligentes, violentas y devastadoras de un chimpancé en la historia del cine. No porque Gordy sea el protagonista, sino porque simboliza el fracaso absoluto de nuestra ilusión de control.

3. Max mon amour (1986)

Director: Nagisa Ōshima

Pocas películas han sido tan desconcertantes y controversiales como esta. Después de revolucionar el cine con El imperio de los sentidos, Nagisa Ōshima volvió a desafiar todas las convenciones con una historia que, sobre el papel, parece una provocación: una mujer de la alta sociedad mantiene una relación amorosa con un chimpancé.

Sin embargo, reducir la película a esa premisa sería ignorar su verdadera naturaleza. El chimpancé Max nunca funciona como un simple elemento extravagante ni como una broma surrealista. Ōshima lo convierte en el centro de una reflexión sobre el deseo, la monogamia, la burguesía y las reglas invisibles que gobiernan las relaciones humanas. Charlotte Rampling ofrece una de las interpretaciones más fascinantes de su carrera, defendiendo con absoluta seriedad un personaje que jamás intenta justificar racionalmente aquello que siente. Su marido, interpretado por Anthony Higgins, tampoco responde con violencia ni histeria; intenta comprender lo incomprensible, convirtiendo el absurdo en un ejercicio filosófico.

2. Better Man (2024)

Director: Michael Gracey

La decisión de representar a Robbie Williams como un chimpancé generado por computadora parecía, en un principio, un simple golpe publicitario. Terminó convirtiéndose en una de las ideas más brillantes del cine biográfico reciente. Michael Gracey comprendió que el verdadero conflicto del cantante británico nunca fue únicamente la fama. Fue la sensación permanente de sentirse diferente, observado, juzgado y reducido a un espectáculo. Convertirlo en un chimpancé no pretendía ridiculizarlo, sino materializar visualmente la imagen que él mismo confesó tener de sí: la de alguien que nunca terminó de sentirse plenamente humano dentro de la maquinaria del entretenimiento.

Gracias a la captura de movimiento realizada por Jonno Davies y al extraordinario trabajo de efectos visuales de Wētā FX, el personaje posee una expresividad sorprendente. El espectador deja de ver un chimpancé y comienza a percibir cada matiz emocional del artista. La película utiliza esa metáfora para explorar la ansiedad, la adicción, el síndrome del impostor y el precio psicológico de la celebridad. Paradójicamente, cuanto menos humano parece Robbie Williams en pantalla, más profundamente humana resulta su historia. Pocas veces un chimpancé ha servido para expresar con tanta precisión las fracturas interiores de una persona real.

1. La trilogía de Caesar: 

Rise of the Planet of the Apes (2011)

Dawn of the Planet of the Apes (2014)

War for the Planet of the Apes (2017)

Directores: Rupert Wyatt (Rise); Matt Reeves (Dawn y War).

Si existe una saga que transformó para siempre la representación de los primates en el cine, esa es la de Planet of the Apes. Y si hablamos específicamente sobre chimpancés, esa es la trilogía derivada de esta serie y protagonizada por Caesar.

Lejos de ser simples remakes (o precuelas) de El planeta de los simios, estas tres películas construyen una auténtica tragedia shakespeariana sobre el poder, la libertad, la familia y la violencia. Caesar no nace como un líder. Es un hijo adoptivo, un sujeto de laboratorio, un exiliado y, finalmente, un revolucionario obligado a cargar con el destino de toda una especie.

El enorme logro de la trilogía reside en que el espectador nunca contempla a Caesar como un efecto digital. Gracias al trabajo monumental de Andy Serkis y al perfeccionamiento de la captura de movimiento, cada gesto, cada mirada y cada silencio poseen una humanidad extraordinaria. La tecnología desaparece para dejar únicamente al personaje.

Rise of the Planet of the Apes plantea la emancipación; Dawn analiza la fragilidad de la convivencia entre especies y la facilidad con la que el miedo conduce a la guerra; War convierte a Caesar en una figura casi bíblica, obligada a sacrificarlo todo para garantizar el futuro de los suyos.

La trilogía dialoga con la esclavitud, el colonialismo, los derechos civiles, la destrucción ambiental y la naturaleza del liderazgo sin perder jamás su condición de espectáculo cinematográfico. Muy pocas franquicias contemporáneas han conseguido combinar con semejante equilibrio la emoción íntima, la reflexión política y la innovación tecnológica. Por eso Caesar no solo es el chimpancé más importante de la historia del cine. Es uno de los grandes personajes cinematográficos del siglo XXI. Su viaje demuestra que el cine puede utilizar a un primate para hablar, con una profundidad extraordinaria, de aquello que nos hace verdaderamente humanos.

Mención especial: Chimpanzee (2012)

Directores: Alastair Fothergill y Mark Linfield

Si alguna película ha permitido al gran público descubrir cómo viven realmente los chimpancés en libertad, esa es Chimpanzee. Producido por DisneyNature, el documental sigue la vida de Oscar, una joven cría que, tras perder a su madre en los bosques tropicales de Costa de Marfil, encuentra una inesperada oportunidad de supervivencia cuando el macho dominante del grupo decide adoptarlo, un comportamiento excepcionalmente raro entre chimpancés salvajes.

Sin recurrir a la ficción, Chimpanzee construye un relato emocionante a partir de conductas reales: la cooperación, el aprendizaje, las disputas territoriales y los complejos vínculos familiares que caracterizan a una de las especies más cercanas al ser humano. Su extraordinaria fotografía y su capacidad para acercar al espectador al comportamiento natural de estos primates lo convierten en una magnífica puerta de entrada a su mundo.

Más que un simple documental de naturaleza, Chimpanzee recuerda que, detrás de muchos de los personajes que el cine ha imaginado durante décadas, existe un animal extraordinariamente inteligente, social y vulnerable cuya conservación sigue siendo uno de los grandes desafíos ambientales del presente.

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Después de más de tres décadas de carrera, María Helena Döering ha interpretado mujeres de todas las clases sociales, heroínas, villanas, aristócratas, madres y personajes que dejaron una huella en la televisión colombiana. Con títulos como La viuda de blanco, Hasta que la plata nos separe, La saga: negocio de familia, Bella Calamidades y Rojo Carmesí, su trayectoria ha estado marcada por una notable versatilidad. Sin embargo, pocas veces había encontrado un personaje tan complejo como Victoria, la protagonista de Lactar, el más reciente largometraje de Harold Trompetero.

La película, basada en una historia real que el propio director convirtió primero en novela y luego llevó al cine, acaba de consolidar su recorrido internacional al obtener los premios a Mejor Película y Mejor Actriz en el Eurasia Kinofest de Sochi, uno de los festivales cinematográficos más importantes de esa región. El reconocimiento a Döering llegó después de una ovación de diez minutos para la película, confirmando el impacto que ha tenido un relato que se atreve a hablar del deseo, la maternidad, la vejez, la libertad y las decisiones que pueden transformar una vida cuando parecía que ya todo estaba escrito.

En Lactar, Doering interpreta a una mujer de 62 años atrapada en un matrimonio emocionalmente devastado que encuentra, de la manera más inesperada, la posibilidad de empezar de nuevo. Lejos de convertir esa premisa en una extravagancia o en una simple provocación, la actriz construye un personaje lleno de humanidad, contradicciones y valentía. Conversamos con ella sobre el proceso de crear a Victoria, la riqueza psicológica del guion de Harold Trompetero, la controversia surgida a partir del final de la película y el momento que vive actualmente el cine colombiano.

María Helena Döering: “En Lactar interpreto a una mujer que descubre que nunca es tarde para empezar a vivir”
Cortesía de Cine Colombia

Para ti, ¿cuál es el significado del título Lactar?

Aunque solemos asociar la palabra con la maternidad, para mí lactar significa, sobre todo, nutrir. Alimentar a otro ser humano. Incluso un hombre puede lactar si es quien alimenta a un bebé con un tetero. En esta historia, naturalmente, el concepto está ligado al embarazo de una mujer mayor, pero también habla de la necesidad de alimentar la vida y darle sentido.

Harold Trompetero me contó que Victoria está inspirada en una mujer real que, aunque no tenía necesidades económicas, trabajaba como empleada doméstica y vendiendo minutos de celular. La película comienza con una frase muy poderosa: “¿Qué hacer con la vida?”. ¿Qué lleva a esta mujer a tomar las decisiones que toma?

Esa pregunta es el corazón de la película. Más que explicar las consecuencias de sus actos, habla de una mujer que decide vivir una vida distinta. Victoria está profundamente sola. Vive un matrimonio infeliz, es madre de ocho hijos y, aun así, se siente completamente ignorada. Sufre un maltrato psicológico constante y creo que muchas veces olvidamos que ese tipo de violencia puede ser incluso más devastadora que la física.

Me llamó muchísimo la atención la historia real que Harold me contó. Era una mujer que no necesitaba trabajar para sobrevivir económicamente y, sin embargo, prefería vender minutos de celular en una plaza, limpiar casas o cuidar niños antes que pasar el tiempo en un club observando a otras mujeres que, probablemente, atravesaban situaciones muy parecidas a la suya sin darles la importancia que ella sí les daba.

Todo lo que ocurre después, todos los giros que tiene la película y ese final tan inesperado, nacen precisamente de esa soledad extrema y de una profunda insatisfacción con la vida que llevaba. Lo que más admiro de Victoria es que nunca se presenta como una víctima. Es una mujer valiente. Nunca vive quejándose de sus dolores, aunque el espectador los percibe permanentemente. Para cualquier actriz con una trayectoria larga, un personaje así representa un desafío enorme porque exige poner a prueba todo lo que uno ha aprendido como actriz y también como ser humano.

Cortesía de Cine Colombia

Hay un punto de quiebre muy importante en la película que tiene que ver con la pérdida de su amante. Sentí que allí Victoria empieza a dejarse ir.

Yo creo que la película tiene varios momentos decisivos. El primero ocurre cuando el marido se va de viaje. Victoria ni siquiera sabía que él viajaba con su amante. Inicialmente les propone a todos que lo acompañen, pero en realidad sabía que nadie aceptaría y así podría hacer lo que quería.

Durante esa ausencia sucede algo muy importante cuando el conductor de la familia le dice que nunca ha entendido a la gente rica, que le parece muy extraña su manera de divertirse. Esa conversación cambia algo dentro de Victoria. Mientras su marido está de vacaciones con otra mujer, ella termina jugando tejo y tomando una gaseosa con el conductor. Ahí comprende que hay otra forma de vivir.

Esa noche termina acostándose con él, un hombre que llevaba toda la vida trabajando para la familia, pero con quien nunca había existido ningún tipo de intimidad. Probablemente, si Victoria no hubiera quedado embarazada, todo habría terminado ahí. Pero ese embarazo la obliga a tomar decisiones muy profundas. Nunca piensa en abortar. Creo que empieza a ver en ese noveno hijo un sentido para los años que todavía le quedan de vida.

Lo más fuerte viene después. No recibe apoyo de su familia, es expulsada de su propia casa y termina viviendo con un hombre con el que realmente no tenía una historia de amor. Lo extraordinario es el cambio tan radical que decide asumir. Pasa de vivir rodeada de todas las comodidades a instalarse prácticamente en una habitación junto a una cancha de tejo. Cuando sus hijos le ofrecen un apartamento y una enfermera para cuidarla, ella rechaza todo eso porque finalmente había tomado una decisión sobre su propia vida y quería llevarla hasta las últimas consecuencias. Me parece un acto de una valentía impresionante.

Con Harold hablábamos de que, de alguna manera, Victoria es una especie de Quijote. Su valentía parece estar sustentada en una cierta locura, en la decisión de ir en contra de todas las convenciones sociales. ¿Qué piensas de esa idea?

Es muy posible. Yo misma he tomado decisiones en mi vida que me han sorprendido, pero no sé si habría llegado tan lejos como Victoria. Creo que sí hay una cierta dosis de locura en lo que hace.

Yo, por ejemplo, no habría soportado treinta y cinco años de infelicidad de la manera en que ella lo hizo. Vivió todo ese dolor con una serenidad impresionante. La tormenta estaba por dentro, pero nunca recurrió al conflicto permanente, ni a los gritos, ni a la agresión. Probablemente yo habría reaccionado de otra forma.

Y tampoco estoy segura de que hubiera tenido la valentía de abandonar todas las comodidades, arriesgar mi salud y mi estabilidad para empezar de nuevo desde cero. Me parece una mujer extraordinariamente valiente y, sí, también un poco loca. Pero el mundo es muy grande. Somos miles de millones de personas. Estoy segura de que han existido otras mujeres capaces de tomar decisiones parecidas.

Cortesía de Cine Colombia

Con Harold también hablábamos de que vivimos tiempos muy polarizados. He escuchado a personas que interpretan el final de Lactar como una reivindicación del hombre machista, sobre todo por la decisión que toma el esposo al final y porque quienes terminan acogiendo a Victoria son sus hijos hombres y no sus hijas. ¿Qué piensas de esa lectura?

Es una reflexión muy interesante y sí la he pensado. Entiendo que haya espectadores que sientan que el final reivindica a un hombre que, aparentemente, no merecía esa oportunidad. Pero yo lo veo de otra manera.

Lo que hace ese hombre al final puede entenderse como una reivindicación, pero también como un castigo. Criar un hijo nunca es sencillo, mucho menos a esa edad, y más aún cuando se trata de un hijo que ni siquiera es biológicamente suyo. Tener que levantarse todos los días y convivir con ese niño puede ser, al mismo tiempo, una forma de redención y una carga enorme.

Yo creo que esa era la única posibilidad que tenía para no hundirse todavía más en la vida vacía que llevaba. Porque tampoco era un hombre feliz. Ni cuando estaba con su amante, ni cuando aparentaba tenerlo todo. Era una persona profundamente insatisfecha.

Sin revelar demasiado de la película, diría que muchos acontecimientos lo conducen hasta esa decisión. A mí el guion me enamoró precisamente porque nunca sentí que estuviera forzando las situaciones. Es una historia de ficción, claro, pero no me parece imposible. A veces la realidad termina siendo mucho más sorprendente que cualquier película.

Podríamos decir, entonces, que ese noveno hijo termina devolviéndole un propósito a este hombre.

Exactamente. Mientras una vida se apaga, otra comienza. Ese niño termina cuestionándolo todo: a los hijos, al padre, a la familia completa. Creo que él encuentra finalmente algo que hacer con su vida. Durante toda la película busca sentido en otros lugares: en la amante, en los viajes, en las apariencias. Al final encuentra un propósito criando al hijo por el que Victoria entregó la vida.

Y creo que ahí está una de las grandes preguntas de la película. ¿Qué pasa con todos los que quedaron? ¿Cómo cambia la vida de cada uno después de haber sido incapaces de comprender a la mujer que siempre estuvo ahí para ellos? Mientras todos seguían pensando en sí mismos, Victoria, por primera vez, decidió vivir su propia vida.

También me llamó la atención que Lactar parece llegar en un momento importante para el cine colombiano. Con Harold hablábamos de cómo durante años parecía existir una división muy marcada entre las comedias comerciales y un cine mucho más pequeño y de festivales. Películas como Lactar o Un poeta parecen demostrar que el público colombiano está buscando otro tipo de historias.

Qué palabras tan lindas. Yo misma he sido de las personas que muchas veces piensa dos veces antes de ir a ver una película colombiana. Durante mucho tiempo predominó ese tipo de comedia que no necesariamente era el humor con el que yo conectaba, o las historias relacionadas con el narcotráfico, que fueron ocupando un espacio muy importante en nuestra producción audiovisual.

Yo nunca he querido participar en una narcoserie. He tenido algunas propuestas y siempre las he rechazado porque siento que Colombia es muchísimo más que eso y no quería contribuir a seguir reforzando esa imagen de nuestro país.

Por eso fue tan emocionante llegar a Rusia con una película profundamente colombiana, aunque al mismo tiempo universal. Está escrita y dirigida por un colombiano, protagonizada por una actriz colombiana y cuenta una historia que nace aquí, pero que logra emocionar a espectadores de cualquier lugar del mundo. Para ellos fue algo completamente distinto a la imagen que tenían de Colombia y eso fue muy gratificante.

Recibir los premios a Mejor Película y Mejor Actriz fue una felicidad enorme, pero también lo ha sido la respuesta del público aquí. El hecho de que la película permanezca tantas semanas en cartelera ya es un premio muy importante. Naturalmente habrá personas que estén de acuerdo con ella y otras que no. Eso es completamente válido. Yo, de hecho, desconfío un poco de las obras que le gustan absolutamente a todo el mundo. Me parece sano que existan distintas lecturas y que la película genere discusión.

Creo que Lactar logró hacer algo diferente y eso es lo verdaderamente valioso. 

Creo que esta película demuestra una sensibilidad distinta a la que muchas personas asocian con él.

Totalmente. Yo ya conocía a Harold, pero nunca había trabajado tan cerca de él como ahora. Hicimos la película a comienzos de este año y todo ha pasado muy rápido. Terminamos el rodaje en febrero, la película se estrenó en mayo y desde entonces no hemos parado de viajar y conversar sobre ella.

En todo ese proceso descubrí a un hombre con un conocimiento muy profundo de la psicología femenina. Uno no necesariamente espera encontrar esa sensibilidad detrás de alguien que suele mostrarse tan espontáneo y tan descomplicado. Pero realmente es una persona con una enorme capacidad para comprender las emociones y los conflictos de las mujeres.

Ese fue uno de los grandes regalos que me dejó esta película. No solamente el éxito que ha tenido o la oportunidad de interpretar a Victoria, sino haber conocido a Harold desde ese lugar.

Incluso ya leí otro guion suyo y ojalá me permita interpretar también a esa mujer. Es un personaje completamente distinto a Victoria, pero con una psicología igual de compleja y sería un reto actoral maravilloso.

Al final, eso es lo que buscamos las actrices de mi generación: buenas historias y personajes que nos permitan seguir jugando a ser otras personas, aunque sea durante el tiempo que dura una película.

María Helena, ha sido un verdadero placer conversar contigo. Gracias por esta entrevista y, sobre todo, por una interpretación tan conmovedora.

Gracias a ti por tus palabras, por la generosidad con la que has visto la película y por esta conversación. Ha sido un verdadero gusto. Muchas gracias.

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El término ‘afrofuturismo’ fue acuñado en 1993 por el crítico cultural Mark Dery, y refleja una mezcla de ciencia ficción, fantasía, espiritualidad africana, historia, tecnología, cosmologías ancestrales y crítica política. No busca escapar del pasado, sino dialogar con él. El trauma histórico permanece presente, pero deja de ser una condena para convertirse en el punto de partida de una imaginación radical. Los ancestros conviven con las inteligencias artificiales; los rituales tradicionales coexisten con naves espaciales; los dioses yorubas pueden caminar entre ciudades hipertecnológicas.

Esta visión rompe con la idea occidental del progreso como una línea recta. Para el afrofuturismo, el tiempo es circular. El futuro no consiste en abandonar el pasado, sino en regresar a él para reconstruir aquello que fue interrumpido. La escritora Octavia E. Butler, los músicos Sun Ra y George Clinton o la académica Kodwo Eshun ayudaron a consolidar un movimiento que hoy atraviesa prácticamente todas las disciplinas artísticas.

El cine afrofuturista

Reducir el afrofuturismo a Black Panther sería confundir la puerta de entrada con la casa completa. Wakanda volvió masivo un imaginario, pero el cine africano y afrodescendiente ya venía construyendo futuros más extraños, dolorosos y radicales. Unos futuros donde la tecnología no siempre brilla, donde el archivo habla, donde los muertos regresan como preguntas políticas y donde la memoria colonial no se supera: se hackea.

Uno de sus ejemplos más poderosos es Neptune Frost, de Saul Williams y Anisia Uzeyman. La película funciona como musical, manifiesto queer, ciberpunk africano y ritual anticolonial. En su universo, un minero de coltán y un hacker intersexual se encuentran en una comunidad hecha de restos tecnológicos. La película conecta directamente la tecnología global con la extracción de recursos africanos. 

Afrofuturismo: Imaginar el mañana para vivir el presente
Cortesía.

En el documental autobiográfico Milisuthando, el afrofuturismo aparece de forma menos evidente, pero quizá más profunda. No hay naves ni androides; hay archivos, apartheid, infancia y una pregunta: ¿qué significa descubrir que uno era negro dentro de un sistema que había organizado el mundo antes de que uno pudiera nombrarlo? La película trabaja como un ensayo íntimo y decolonial, mezclando historia personal, historia nacional y una forma fragmentaria que rompe con el documental tradicional. 

La noche de reyes, de Philippe Lacôte, dialoga con el afrofuturismo desde otro lugar y es el de la palabra como tecnología ancestral. Ambientada en la prisión MACA de Costa de Marfil, la película convierte el acto de narrar en una herramienta de poder, supervivencia y transformación. Un joven preso debe contar una historia durante toda la noche para seguir vivo. 

En On Becoming a Guinea Fowl, Rungano Nyoni trabaja desde Zambia una forma de futurismo moral. Aquí, el futuro solo puede existir si se rompe el pacto de silencio alrededor del abuso, la misoginia y la complicidad familiar. La película, atravesada por el humor negro, el duelo, el ritual y el surrealismo, muestra cómo una muerte abre una grieta en una estructura social podrida. 

Y luego está Dahomey, de Mati Diop, una obra fundamental para pensar el futuro africano desde la restitución. El documental sigue el regreso a Benín de 26 tesoros reales saqueados por Francia, pero Diop no filma los objetos como piezas muertas de museo. Les da voz, recuerdos, sombras y consciencia. 

Por eso, el cine afrofuturista contemporáneo debe entenderse en un sentido amplio. No se trata solamente de ciencia ficción negra, sino de una constelación de películas que imaginan otros modos de tiempo. Black Panther se pregunta cómo sería África sin colonización. Neptune Frost se pregunta quién paga el costo material del futuro tecnológico; Milisuthando se pregunta cómo reconstruir una subjetividad después del apartheid; La noche de reyes se pregunta qué puede salvar la palabra cuando todo está perdido; On Becoming a Guinea Fowl se pregunta qué futuro puede nacer si una comunidad se atreve a escuchar a sus víctimas; y Dahomey se pregunta qué ocurre cuando la memoria saqueada vuelve a casa. Ese es el verdadero corazón del cine afrofuturista: no predecir el mañana, sino disputar quién tiene derecho a imaginarlo.

La música afrofuturista

El gran arquitecto de esta revolución fue Sun Ra. Pianista de jazz, poeta y filósofo, afirmaba provenir del planeta Saturno y convertía cada concierto en una ceremonia cósmica. Sus discos mezclaban free jazz, electrónica primitiva, mitología egipcia y especulación espacial. Para muchos, Sun Ra comprendió que la ciencia ficción podía ser una forma de resistencia política. 

Durante los años setenta, Parliament-Funkadelic llevó estas ideas al funk. Bajo el liderazgo de George Clinton, sus presentaciones incluían naves espaciales gigantes, personajes intergalácticos y complejos relatos de ciencia ficción.

Más adelante, aparecieron artistas que incorporaron la electrónica, el hip hop y el R&B para ampliar el lenguaje afrofuturista. Janelle Monáe convirtió al androide Cindi Mayweather en protagonista de una extensa narrativa musical sobre libertad, discriminación e identidad. 

Flying Lotus exploró la inteligencia artificial, la espiritualidad y el jazz desde la electrónica experimental, mientras Moor Mother fusionó ruidos, palabra hablada y memoria histórica para denunciar las violencias del pasado.

Incluso artistas del mainstream como Beyoncé incorporaron elementos afrofuturistas en proyectos audiovisuales como el álbum visual Black Is King, donde la tradición africana, el futurismo y el orgullo identitario dialogan constantemente.

Pero el afrofuturismo musical del siglo XXI ya no se expresa únicamente mediante referencias explícitas a la ciencia ficción. Hoy se manifiesta en la conquista del espacio cultural global. Si durante décadas Occidente imaginó el futuro desde Nueva York, Londres o Tokio, una nueva generación de artistas africanos ha desplazado ese centro creativo hacia Lagos, Johannesburgo o Accra.

En ese cambio de paradigma, Wizkid ocupa un lugar fundamental. Con Made in Lagos y, especialmente, con el tema Essence junto a Tems, el afrobeats dejó de ser un fenómeno regional para convertirse en uno de los sonidos más influyentes del pop mundial. La canción no solo abrió definitivamente el mercado estadounidense para la música africana, sino que demostró que el futuro del pop podía cantarse en inglés, yoruba o pidgin sin renunciar a su identidad. 

Cortesía.

Tems representa quizá una de las evoluciones más interesantes del afrofuturismo contemporáneo. Su música es minimalista, introspectiva y casi espectral. En lugar de construir personajes cósmicos como Sun Ra o Janelle Monáe, crea paisajes sonoros donde la vulnerabilidad, la espiritualidad y la experimentación electrónica producen una sensación de tiempo suspendido. Su colaboración en Black Panther: Wakanda Forever reforzó además ese vínculo entre el imaginario afrofuturista y la nueva música africana. 

Algo similar ocurre con Burna Boy. Él prefiere definir su propuesta como “afrofusion”, una mezcla de afrobeats, reggae, dancehall, hip hop y highlife. En discos como Love Damini, I Told Them… o Twice As Tall, Burna Boy convierte la historia, la política y la identidad africanas en el centro de un lenguaje musical pensado para estadios de todo el mundo. 

La revolución también llegó desde Sudáfrica con Tyla. Su fusión entre amapiano, pop y R&B representa una nueva etapa del afrofuturismo: una generación que ya no necesita explicar África, sino que simplemente la convierte en tendencia mundial. Water transformó un ritmo nacido en los barrios de Pretoria y Johannesburgo en un fenómeno planetario. Dentro de esa misma expansión global aparecen las figuras del rapero Drake y el DJ alemán Adam Port. Sus trabajos con artistas africanos y la incorporación del afro house y el amapiano a su repertorio musical ilustran cómo las estéticas sonoras nacidas en África han comenzado a reorganizar la música de baile mundial.

En realidad, el gran logro del afrofuturismo musical contemporáneo no consiste únicamente en producir nuevas sonoridades, sino en desplazar el eje de la innovación. Hoy, el afrobeats, el amapiano, el alté y el afro house se han convertido en laboratorios desde los cuales el pop internacional se reinventa. 


El afrofuturismo desafía la hegemonía colonial y el racismo sistémico, empleando elementos de la ciencia ficción para construir futuros de liberación y autodeterminación.


La moda afrofuturista

Si el cine dio imágenes al afrofuturismo y la música le dio un ritmo, la moda terminó por convertirlo en un lenguaje cotidiano. Durante décadas, la industria de la moda occidental utilizó motivos africanos como simples recursos exóticos, despojándolos de su contexto cultural e histórico. El afrofuturismo invierte esa lógica. Ya no toma elementos africanos para adaptarlos al gusto europeo, sino que convierte las estéticas del continente y de su diáspora en el punto de partida desde el cual imaginar el futuro.

No se trata de vestir “como África”, sino de preguntarse cómo vestiría una civilización africana que nunca hubiera sido colonizada, o cómo dialogarían las tradiciones textiles ancestrales con la inteligencia artificial, la impresión 3D, los nuevos materiales y el diseño digital. 

Pocas personas han influido tanto en esta conversación como Ruth E. Carter. Su trabajo en Black Panther consistió en construir una identidad visual para Wakanda a partir de decenas de referencias culturales reales del continente. Carter investigó comunidades como los zulúes, los himba, los surma, los tuareg, los masái o los dogón para crear un vestuario que evitara los estereotipos y propusiera una visión compleja de África: diversa, sofisticada y profundamente contemporánea.

Entre los diseñadores que comenzaron a explorar con mayor libertad una estética afrofuturista, que ya existía, se destacan el camerunés Imane Ayissi, quien ha llevado tejidos tradicionales africanos a la alta costura parisina sin renunciar a su origen. También la diseñadora nigerianobritánica Mowalola Ogunlesi, cuya obra mezcla cuero, vinilos, colores intensos y una visión provocadora de la identidad negra contemporánea. En Sudáfrica, Laduma Ngxokolo ha reinterpretado los tejidos xhosa mediante procesos industriales que dialogan con el lujo internacional sin abandonar sus raíces culturales.

El fenómeno también ha encontrado un aliado inesperado en la tecnología. La inteligencia artificial, el diseño paramétrico, la fabricación digital y la moda virtual han permitido que numerosos creadores africanos experimenten con prendas que hace apenas unos años resultaban imposibles de producir. Las grandes pasarelas ya miran hacia Lagos Fashion Week, Dakar Fashion Week o South African Fashion Week, pues se han convertido en laboratorios donde el futuro de la moda dialoga con la artesanía, la sostenibilidad y las cosmologías africanas.

Latinoamérica y África, un nuevo futuro

Si el afrofuturismo nació como respuesta a la historia de la diáspora africana, América Latina representa hoy uno de sus territorios más fértiles. La región alberga una de las mayores poblaciones afrodescendientes del planeta. Países como Brasil, Colombia, Cuba, República Dominicana, Panamá o Venezuela conservan tradiciones africanas que sobrevivieron a pesar de siglos de violencia colonial.

Sin embargo, estas comunidades también fueron marginadas de los grandes relatos nacionales. Por eso, comienza a hablarse cada vez con mayor frecuencia de un afrofuturismo latinoamericano. En la televisión colombiana, apareció el Chocó futurista del Profesor Super O mientras que en el cine surgen cineastas como Óscar Ruíz Navia (El vuelco del cangrejo), Jhonny Hendrix Hinestroza (Chocó), Juan Andrés Arango (La playa D.C.) o Ángela Carabalí (Soñé su nombre) que exploran nuevas formas de representar la identidad afrodescendiente sin reducirla al trauma histórico.

En la música, ritmos como el currulao, el bullerengue, la champeta, el maracatú, el reguetón o los sonidos afrocubanos dialogan con la electrónica, el hip hop y las producciones digitales. Artistas como Luedji Luna, Xênia França o Systema Solar muestran que la tradición puede proyectarse hacia el porvenir sin perder su raíz.

En la moda, ocurre algo similar. Diseñadores afrocolombianos y afrobrasileños reinterpretan tejidos, turbantes, fibras naturales y símbolos ancestrales para construir una estética contemporánea que ya no necesita validarse desde Europa.

Quizá el mayor aporte del afrofuturismo latinoamericano sea comprender que el futuro no pertenece exclusivamente a Silicon Valley ni a las grandes potencias tecnológicas. También puede nacer en el Pacífico colombiano, en Salvador de Bahía, en Cartagena o en La Habana. Porque el afrofuturismo nunca ha sido simplemente una estética de luces de neón o ciudades futuristas.

En un mundo donde la inteligencia artificial, la biotecnología y la exploración espacial vuelven a definir el destino de la humanidad, el afrofuturismo recuerda que ninguna innovación será verdaderamente revolucionaria si no incorpora todas las voces y todas las formas posibles de imaginar el mañana.

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La muerte de un colombiano de 26 años durante un operativo del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Biddeford, Maine, vuelve a poner bajo escrutinio las tácticas de la política migratoria estadounidense. Lo que comenzó como una operación de vigilancia terminó con un joven abatido a tiros frente a su esposa y su hija de tres años y una nueva ola de cuestionamientos sobre el uso de la fuerza por parte de las autoridades federales.

El caso ha causado especial indignación porque, según organizaciones defensoras de migrantes y varios legisladores, el colombiano contaba con permiso de trabajo y número de Seguro Social vigente. Además, el senador independiente Angus King aseguró que el fallecido ni siquiera era el objetivo principal del operativo, una afirmación que cambia por completo la narrativa inicial presentada por las autoridades.

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La versión oficial del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) sostiene que el agente abrió fuego después de que el conductor intentara utilizar su vehículo como arma para escapar. Sin embargo, testigos, organizaciones civiles y congresistas han pedido cautela ante esa explicación, recordando que aún no existen grabaciones corporales del incidente y que la investigación apenas comienza. El FBI y la Oficina del Inspector General del DHS ya asumieron el caso.

Más allá de lo que determine la investigación, el episodio vuelve a exponer una realidad incómoda: para miles de migrantes, tener documentos parciales o autorización para trabajar ya no garantiza seguridad frente a operativos migratorios cada vez más agresivos. En los últimos meses, distintas actuaciones del ICE han generado protestas y fuertes críticas por el aumento de incidentes con desenlaces fatales, alimentando el debate sobre los límites del poder de las agencias federales en materia de inmigración.

La muerte del colombiano también tiene un peso simbólico para América Latina. Durante décadas, Estados Unidos promovió la idea de que regularizar el estatus migratorio era el camino hacia una vida más estable. Hoy, este caso parece demostrar que esa promesa resulta insuficiente cuando las operaciones de control terminan resolviéndose con disparos antes que con procedimientos transparentes.

Mientras la investigación avanza, la principal pregunta sigue sin respuesta: ¿por qué un operativo que aparentemente buscaba detener a otra persona terminó con un colombiano muerto? Hasta que exista una reconstrucción independiente de los hechos, el caso permanecerá como un nuevo capítulo en la creciente controversia alrededor del ICE y de una política migratoria que, para muchos críticos, ha convertido la aplicación de la ley en un escenario de confrontación permanente.

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Quilmes Rock 2027 ya está en marcha. Luego de una edición histórica en 2025, el festival confirmó su regreso con tres jornadas previstas para abril de 2027 y una invitación que marca un nuevo capítulo en su historia: por primera vez, el público podrá participar activamente en la construcción de la grilla de artistas.

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Bajo el lema “Esta vez, lo armamos entre todos”, nace Prode Rock, una experiencia digital inspirada en la lógica de los pronósticos deportivos que traslada el juego al universo de la música.

Ingresando a Quilmesrock.com.ar, los fanáticos podrán registrarse y armar su festival ideal, eligiendo qué artistas quieren ver en cada jornada. Cada participación suma puntos, con una mecánica que premia a quienes hagan sus predicciones antes de que comiencen a conocerse los nombres oficiales. 

El premio mayor es el “Quilmes Rock a tu casa”. Un único ganador obtendrá la oportunidad de realizar un evento privado en su propio hogar, donde una de las bandas del festival tocará un show en vivo para el ganador y hasta 10 amigos invitados. Adicionalmente, el premio incluye 2 entradas de categoría All Access para asistir al festival.

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Desde su nacimiento en 2003, Quilmes Rock construyó algunos de los momentos más memorables de la música argentina: Gustavo Cerati, Pappo, Luis Alberto Spinetta junto a Divididos, Charly García cantando “Seminare” bajo la lluvia, la reunión de Sumo, Gorillaz junto a Trueno y tantos otros encuentros que quedaron grabados en la memoria colectiva.

La edición 2025 volvió a demostrar la vigencia del festival con hitos como el regreso de Los Piojos después de 15 años, la vuelta de Andrés Calamaro a los festivales, el reencuentro de Joaquín Levinton con el protagonista del histórico videoclip de “Yo no me quiero casar, ¿y usted?” y la emoción de volver a escuchar canciones de Serú Girán interpretadas por David Lebón y Pedro Aznar.

En medio de la fiebre mundialista, el Quilmes Rock anuncia su propio Prode musical
Trueno y Damon Albarn, en Tecnópolis, histórico cruce en el Quilmes Rock.

Con una trayectoria que lo convirtió en un clásico de la cultura argentina, Quilmes Rock vuelve a reinventarse apostando a una experiencia más participativa, donde la conversación con su comunidad comienza mucho antes de que se enciendan los escenarios.

Las entradas, en Enigma Tickets, ya están en venta en la Fase 1: Zorzal Madrugador, porque, según consignan, “al que madruga, el rock lo ayuda”.

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Swedish Entertainment Company Pophouse Entertainment said on Tuesday (July 14) it acquired 50% stake in British heavy metal icons Iron Maiden‘s publishing and master music rights, and a stake in their name, image, and likeness (NIL) rights

Formed 1975 by founder and bassist Steve Harris in London, Iron Maiden remains one of the most enduring and influential bands in music history with 100 million records sold, 17 studio albums, major honors including Grammy, Brit and Ivor Novello awards. Terms of the deal, which Pophouse says was structured and developed over the last year with the band’s co-manager Andy Taylor, were not disclosed. BMG retains its relation with the band as their publisher.

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“We are 50-50 partners with the band, and the plan is that we’re going to work together turbo charging Maiden’s plans for the future,” Jessica Koravos, CEO of Pophouse, which owns music rights of KISSCyndi Lauper and Tina Turner, tells Billboard. “With Pophouse, we’re always thinking around the visual identity and … there’s lots of world building that’s possible both in [Maiden’s] artwork, but also in the storytelling within the songs. The heavy metal genre, especially with the addition of Eddie, lends itself to a treatment potentially in the world of horror.”

Established by ABBA member Björn Ulvaeus and Conni Jonsson, founder of global private equity behemoth EQT AB, Pophouse is best known for its affiliation with ABBA Voyage, the London show where avatars of the ABBA members in their prime perform the band’s greatest hits. Koravos said Pophouse is collaborating with Iron Maiden on a film of its Run For Your Lives World Tour and other plans around interactive fan experiences and a digital universe centered around Eddie, Maiden’s longtime ghoulish mascot and a central part of the band’s imagery. The acquisition includes a stake in the rights relating to Eddie, alongside trademarks, personas and other associated IP covered by the NIL rights.

“I am very excited about our relationship with Pophouse and the ability we now have to pursue, facilitate, and finance our many plans and dreams quicker than we ever hoped,” Iron Maiden’s manager, Rod Smallwood, said in a statement. “The interest in the band has never been bigger and [with] this strategic partnership … the fans can be assured there is a great deal more to come for Maiden, and Eddie will rule, OK!!”

A mainstay heavy metal act for more than 50 years, Maiden has had four albums reach the top 10 of the Billboard 200 chart: Senjutsu, which in 2021 became Maiden’s highest-charting album debuting at No. 3, The Book of Souls in 2015, The Final Frontier in 2010, and A Matter of Life And Death in 2006. Maiden’s 1986 album Somewhere In Time notched the No. 11 spot on the Billboard 200.

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From Madonna to the Rolling Stones, the catalogs of legacy acts typically generate less revenue from streaming and more from physical sales, airplay spins, concerts, merchandise sales and licensing their music for other media, like concert films, video games and comic books, all of which Maiden has done. It’s latest film, the documentary Iron Maiden: Burning Ambition, came out earlier this year alongside news that the group will be inducted into the Rock & Roll Hall of Fame in November.

According to Luminate, the Iron Maiden catalog averaged about 191,000 album equivalent units over the past four years in the United States, of which album sales totaled about 136,000 units while streaming averaged almost 172 million on-demand streams annually. However, outside the U.S. where Iron Maiden has a large and growing audience, the group averaged 1.055 billion on-demand streams annually.

The band’s live presence is legendary, and Koravos says they have no intention of cribbing the band’s ability to tour.

“One of the attractions of this catalog is the incredible fandom that surrounds them, and they’ve done the most incredible job over the years of giving those fans amazing shows every single time,” said Koravos, whose husband, Stuart Galbraith, CEO of KMJ Entertainment Group, was the promoter of Maiden’s recent Eddfest shows in Knebworth, United Kingdom. “I have a deep understanding of the Maiden fan, and I think the band would say they’ve brought us on board to turbo charge them, [not] to help them hang up their boots.”

Iron Maiden has played more than 2,500 shows in 64 countries worldwide, according to Pophouse, touring the world in a personalized Boeing 747 piloted by frontman Bruce Dickinson. (Dickinson is a licensed commercial airline pilot who used to fly with the British charter line Astraeus and once flew a group of Royal Air Force pilots home from Afghanistan in a flight chartered by the British Ministry of Defence.)

Touring that much is lucrative. For the 745 shows for which industry sources reported figures to Billboard Boxscore charts, the band has sold 10.5 million tickets and grossed $681.1 million since 1984. Those numbers are incomplete, as boxscore data is subject to data submitted by official industry sources, and it does not include merchandise sales.

The group draws massive audiences in Latin America, particularly in Brazil where Maiden played their first Rock in Rio festival in 1985. In late November, 2024, Maiden sold 119,000 tickets to their double-header at Santiago, Chile’s Estadio Nacional, making that stop the group’s best-selling concert stop, according to Billboard Boxscore.

The group also draws large crowds across Europe, particularly in their hometown of London where they played their highest-grossing show on June 28, 2025, at London Stadium grossed $8.9 million from 75,000 tickets. That show, part of the group’s 50th-anniversary Run For Your Lives World Tour, helped make Iron Maiden the 14th highest-grossing touring act in 2025, with 59 shows and more than 1.5 million tickets sold grossing nearly $151 million, according to Boxscore.

Catalog investors consider acts that are currently touring more appealing than artists who aren’t because those live shows activate the band’s fanbase, with ticket and merch sales providing current data to measure consumer demand and drive new fans to stream their music.


Noah Kahan Is Having the Best Week Ever: Four Sold-Out Fenway Park Shows, a Hall of Fame Induction and a Hole-in-One!

If you dream big enough, sometimes those dreams come true. Just ask Noah Kahan, who seems to be on an insanely hot streak this week. The New England native “Stick Season” singer-songwriter has a lot to celebrate after becoming the first-ever performer to sell out four nights at Fenway Park in Boston.

Not only did Watertown, Vt.-bred Kahan play for 150,000-plus fans during his run, but Massachusetts Gov. Maura Healey helped put the icing on the gravy by declaring Saturday (July 11) Noah Kahan Day in Massachusetts, with a proclamation that read: “Whereas, Noah Kahan has emerged as one of New England’s defining artists, writing songs that capture the people, places, and experiences that shape life across the region; and Whereas, As a former resident of Watertown, he has maintained a deep connection to Massachusetts and the communities that have influenced his music.”

Kahan, 29, played Fenway on July 7, 8, 10 and 11 and perhaps the highest of highs for a New Englander, Patriots quarterback Drake Maye dropped by Tuesday’s opening night with a video message for fans. “Hello? Drake? I thought you got canceled or Kendrick beat you or something, right? Why are you calling me? Well, I appreciate you coming to the show, I guess,” Kahan said before picking up a ringing pay phone receiver on stage during his nightly phone call segment.

“Wrong Drake, brother,” Maye assured him in his pop-in message. “I just wanted to welcome you to Boston, say what’s up. I know Fenway is rocking right now. I’m here in the crowd. You’re the man. Go Pats.” He also got a call from Boston Red Sox legend David “Big Papi” Ortiz on the second night and former Patriots tight end Rob Gronkowski on night three.

Then, on Saturday, it was his mom, Lauri Berkenkamp, who got on the phone to announce that her son had been inducted into the Fenway Music Hall of Fame. “I can’t believe you’re the only artist to ever sell out four consecutive nights at Fenway Park, but I’m not surprised. I knew you could do it, I’ve known all along,” Berkenkamp said in the prerecorded message to the singer, according to People. “I also have some news to share. On behalf of Fenway Park and the Boston Red Sox, you are officially being inducted into the Fenway Music Hall of Fame!”

Kahan joins Billy Joel, Paul McCartney and the Zac Brown Band in the Fenway Music Hall of Fame.

As if things couldn’t get better, Kahan posted a video on Monday in which he said he got a hole-in-one playing golf at the Boston Golf Club. “This is the best day of my life,” Kahan wrote in the caption to the video in which he’s seen retrieving his ball on the 11th hole while holding a beer. “I can’t believe that just happened!” he says.

But wait, there’s more. He followed up with one more note summing up his epic week. “Sold out 4 fenways made a hole in one then stole 5k off the dealer at encore [casino]. What a week! Love you Boston,” he wrote.

Kahan released his fourth studio album, The Great Divide, in April, with the LP debuting at No. 1 on the Billboard 200 chart with 389,000 equivalent album units, according to Luminate. It was Kahan’s first chart-topping album, as well as the largest first-week performance for any rock album since Billboard started tracking units in 2014.

The singer’s epic summer will roll on tonight (July 14) with the first of two shows at Wrigley Field in Chicago.


Noah Kahan Is Having the Best Week Ever: Four Sold-Out Fenway Park Shows, a Hall of Fame Induction and a Hole-in-One!

The Kelly Clarkson Show and The View were both nominated in both daytime talk categories — best daytime talk series and best daytime talk series host — for the 2026 Daytime Emmy Awards. Winners will be announced on Oct. 30.

Kelly Clarkson has been a double nominee in these categories for all seven seasons of her talk show, which is concluding this season. She has won four times in each category.

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Joy Behar, Whoopi Goldberg, Alyssa Farah Griffin, Sara Haines, Sunny Hostin and Ana Navarro are the nominated hosts of The View. Behar and Goldberg were among the hosts of the long-running program when the show’s hosts won in 2009. The View won best daytime talk series in 2003 and best talk show — informative in 2020.

The other nominees for best daytime talk series are Live With Kelly and Mark, hosted by Mark Consuelos and Kelly Ripa, which won last year; The Drew Barrymore Show, which has yet to win in the category; and two offshoots of The Today Show: 3rd Hour of Today, hosted by Craig Melvin, Al Roker and Dylan Dreyer, and Today With Jenna & Friends, the fourth hour of the venerable show, which was hosted this season by Jenna Bush Hager and a rotating series of guest co-hosts.

The other nominees for best daytime talk series host are Tamron Hall for Tamron Hall; Jennifer Hudson for The Jennifer Hudson Show; and Sherri Shepherd for Sherri. Shepherd won in the category in 2009 when she was one of the hosts of The View.

The last two winners of best daytime talk series host, Drew Barrymore (2025) and Kelly Ripa and Mark Consuelos (2024), weren’t nominated in that category this year.

Here are the nominees in the two talk show categories in list form:

Best Daytime Talk Series

3rd Hour of Today

The Drew Barrymore Show

The Kelly Clarkson Show

Live With Kelly and Mark

Today With Jenna & Friends

The View

Best Daytime Talk Series Host

Joy Behar, Whoopi Goldberg, Alyssa Farah Griffin, Sara Haines, Sunny Hostin, and Ana Navarro — The View

Kelly Clarkson — The Kelly Clarkson Show

Tamron Hall — Tamron Hall

Jennifer Hudson — The Jennifer Hudson Show

Sherri Shepherd — Sherri


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