Si estás viendo la novena temporada de Rick and Morty y ya estás pensando en qué otras series similares podés encontrar en la plataforma, a continuación te ahorramos el trabajo y te recomendamos cuatro producciones animadas que podés ver. The Venture Bros. Episodios: 84. Origen: Estados Unidos. Cuenta las aventuras y desventuras de dos adolescentes, […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
Elvis Presley fue el idolo de una gran cantidad de artistas, entre ellos The Beatles, que tuvieron la chance de conocerlo en 1965. Ese año, el cantante de «Suspicious Minds» los recibió en su casa de Los Ángeles y los Fab Four cumplieron un sueño. Otro que tenía ganas de conocerlo era Mick Jagger, pero […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
Después de completar su gira por México y Estados Unidos, Fransia volvió a Buenos Aires para presentar una sesión en vivo de su último y cuarto disco de estudio, Fuentes secretas. Se trata de un trabajo cuidado que le da una nueva dimensión audiovisual al universo y el concepto del álbum, destacado por Bandcamp Daily […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
Joaquín Levinton, el vocalista y líder de Turf, sorprendió con una versión en español de «Wonderwall» de Oasis, cuya letra fue cambiada para alentar a la Selección nacional de cara al partido con Inglaterra este miércoles. El músico se la dedicó a los hermanos Noel y Liam Gallagher y les advirtió: «Tengan miedo». El posteo […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
Entre las nuevas producciones de Netflix se encuentra La casa de la pradera, una serie de época que retoma la historia de la familia Ingalls y se presenta como un relato de superación ambientado durante la formación del Oeste estadounidense. De qué trata La casa de la pradera «Dejaron atrás todo lo que conocían para […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
Roblox se sumó a la fiebre de los Stones en el marco del lanzamiento de Foreign Tongues. Por tiempo limitado, el videojuego ofrece una experiencia para que los fanáticos de la banda y de la plataforma disfruten de un desafío que combina música, amor por el rock and roll e historia de una de las […]
Ver más noticias en Indie Hoy.
¿Puede una mala actuación arruinar una película?
La historia del cine demuestra que sí. Pocas veces un solo personaje tiene el poder de alterar por completo el equilibrio dramático de una obra, pero cuando ocurre el efecto suele ser devastador.
El argentino Mauro Mauad se ha convertido silenciosamente en uno de esos cineastas latinoamericanos que insisten en hacer películas personales en una industria donde levantar un largometraje independiente ya es una victoria. Desde No quiero estar sin ti, pasando por Una llave hacia el pasado y Sin clemencia, ha construido un cine pequeño en escala, pero ambicioso en emociones. Sus películas privilegian los personajes sobre el espectáculo, las conversaciones sobre la acción y las heridas íntimas sobre los grandes conflictos externos.
Un amor inevitable continúa esa búsqueda y, durante buena parte de su recorrido, deja ver que detrás existe otra vez un director interesado en observar a los seres humanos antes que fabricar héroes o villanos.
Nano Blanco, un cantante veterano que ha construido una carrera modesta pero estable, ve cómo su vida cambia cuando la joven Luna aparece embarazada en su puerta y existe la posibilidad de que él sea el padre.
El problema aparece cuando la película necesita que el espectador crea en Luna. Todo el edificio dramático depende de ese personaje. No basta con comprender racionalmente que Nano la ama; necesitamos sentir por qué la ama. Necesitamos descubrir el magnetismo de una mujer capaz de alterar la vida de un hombre que parece haber encontrado cierta estabilidad. Pero la interpretación de Laura Ángel nunca consigue construir esa presencia.
Luna está escrita como un personaje contradictorio. Es una mujer libre, impulsiva, marcada por una historia de violencia, delincuencia y relaciones abusivas. Sobre el papel posee los elementos necesarios para convertirse en una figura compleja. Sin embargo, la actuación reduce todas esas capas a una sucesión de diálogos recitados. En su interpretación no hay misterio, vulnerabilidad, rabia contenida ni contradicciones visibles. Tampoco existe esa mezcla de fuerza y fragilidad que permitiría comprender por qué Nano sigue orbitando alrededor de ella después de tantos años.
Paradójicamente, Cecilia, la representante interpretada por Eliana Diosa, termina apropiándose de la empatía del espectador. En apariencia ella ocupa el lugar del obstáculo. Cecila es una mujer controladora, posesiva, interesada en proteger la carrera de su cliente y quizá enamorada de él. Mientras Luna permanece emocionalmente inaccesible, Cecilia adquiere espesor, humanidad y sentido dramático, pese a que tampoco estamos hablando de una actuación destacada. El espectador deja de preguntarse por qué Nano no está con Cecilia y comienza a preguntarse por qué sigue insistiendo con Luna. Esa no parece ser la película que Mauad quería contar.
Resulta una lástima, porque alrededor de ese problema existe un trabajo autoral sólido. Mauro Mauad vuelve a demostrar sensibilidad detrás de la cámara. La fotografía privilegia la cercanía de los rostros y los espacios cotidianos; el montaje evita el exceso melodramático; la música acompaña la dimensión íntima del relato sin manipular la emoción. Incluso como actor encuentra un tono contenido y creíble para Nano, un hombre que entiende el éxito como algo secundario frente al afecto y cuya relación con la música expresa aquello que las palabras no alcanzan a decir.
Quizá por eso la frustración es mayor. No estamos frente a una película sin ideas. Tampoco frente a un director sin personalidad. Lo que se percibe es una obra cuyo centro dramático nunca logra sostener el peso que el guion le exige.
Un amor inevitable confirma, quizás sin proponérselo, que una sola actuación puede modificar el destino de una película. Mauro Mauad vuelve a demostrar que posee una mirada honesta sobre las relaciones humanas y que su cine sigue apostando por las emociones antes que por el artificio. Precisamente por eso resulta inevitable pensar que esta pudo haber sido una de sus mejores películas.
The post Crítica: <i>Un amor inevitable</i> appeared first on Rolling Stone en Español.
Existe una razón por la que las grandes comedias románticas sobreviven al paso del tiempo. No es porque reinventen el amor, sino porque reinventan la manera de contarlo. When Harry Met Sally, Sleepless in Seattle, Forget Paris, Notting Hill o Bridget Jones’s Diary parten de estructuras conocidas, pero encuentran personajes, diálogos y conflictos capaces de hacernos olvidar que ya conocemos el destino de la historia. La sorpresa nunca está en el qué, sino en el cómo. Office Romance parece no haber entendido esa lección.
Sobre el papel, la idea resulta atractiva. Jackie Cruz (Jennifer Lopez) dirige una poderosa aerolínea con una política de tolerancia cero frente a las relaciones sentimentales entre empleados. Todo cambia cuando llega Daniel Blanchflower (Brett Goldstein), el nuevo abogado de la compañía, cuya presencia convierte esa norma en el primer obstáculo para un romance inevitable. El conflicto está servido. El problema es que la película jamás encuentra una sola manera interesante de desarrollarlo.
El primer síntoma aparece apenas los protagonistas se conocen. Entre ellos no existe absolutamente ninguna química. Jennifer Lopez hace exactamente la misma interpretación elegante, inaccesible y controladora que lleva ofreciendo desde hace años en buena parte de sus comedias románticas, mientras Brett Goldstein parece caminar durante toda la película intentando decidir si sigue interpretando a Roy Kent o si realmente quiere convertirse en un galán clásico. Nunca termina de escoger ninguno de los dos caminos. El resultado es una pareja que jamás convence. Y una comedia romántica sin una pareja creíble es como una película de tiburones sin tiburón.
El mayor problema, sin embargo, no son ellos. Es el guion. Goldstein, junto a Joe Kelly, construye una historia que parece escrita siguiendo un manual de lugares comunes. No existe una sola sorpresa narrativa. Cada conflicto aparece exactamente cuando el espectador espera que aparezca y se resuelve exactamente como cualquiera podría anticiparlo veinte minutos antes.
La película intenta compensar esa falta de imaginación recurriendo constantemente a un humor adulto basado en palabrotas, chistes sexuales y situaciones deliberadamente incómodas, confundiendo irreverencia con comicidad. Hablar constantemente de masturbación, erecciones, penes o utilizar insultos cada pocos minutos no convierte automáticamente una escena en divertida. Solo evidencia la desesperación del libreto por provocar una risa que nunca llega. Y cuando no apuesta por el humor, apuesta por el humor grotesco.
Hay una secuencia de un parto mostrada con un nivel de detalle completamente fuera de tono para el tipo de película que pretende ser. No resulta transgresora ni especialmente audaz. Solo genera la incómoda sensación de estar viendo dos películas distintas chocando entre sí. Algo parecido ocurre con Lizzy, el extravagante personaje interpretado por Jodie Whittaker (la hermana de Daniel que se encuentra en prisión), cuya aparición parece pertenecer a otra historia completamente diferente. Lo más frustrante es comprobar la enorme cantidad de talento desperdiciado.
Jennifer Lopez ha demostrado en películas como Out of Sight, Hustlers, El cantante o Selena que posee mucho más registro del que normalmente le permiten explotar estas producciones. Brett Goldstein es uno de los grandes descubrimientos recientes de la televisión gracias a Ted Lasso y Shrinking, y Betty Gilpin (Glow, Nurse Jackie) lleva años confirmándose como una de las actrices más inteligentes de su generación y aquí, curiosamente, termina robándose cada escena en la que aparece gracias a un sarcasmo que la película nunca desarrolla del todo. Edward James Olmos y Bradley Whitford apenas sobreviven convertidos en funciones narrativas, mientras que Tony Hale de Arrested Development entra y sale del relato como si hubiera aterrizado desde otra comedia, al igual que los respetados Tony Plana y Roger Bart.
Ol Parker tampoco consigue aportar personalidad detrás de la cámara. Ya había demostrado en la divertida Ticket to Paradise cierta tendencia a convertir paisajes paradisíacos en escenarios románticos, pero aquí la cosa no funciona. La República Dominicana luce hermosa. Jennifer Lopez luce impecable. Los aviones privados, las oficinas de lujo y los hoteles cinco estrellas parecen salidos de un catálogo turístico. Pero todo eso resulta completamente irrelevante cuando los personajes nunca parecen personas reales.
Quizá el mayor pecado de Office Romance sea precisamente ese: la indiferencia. Ni emociona, ni divierte, ni escandaliza. Simplemente transcurre. Incluso cuando intenta introducir conflictos corporativos, secretos familiares o dilemas laborales, todo termina reducido a una sucesión de escenas intercambiables que podrían pertenecer a cualquier otra comedia romántica producida por Netflix durante los últimos cinco años.
Existe además una paradoja bastante reveladora. La película insiste una y otra vez en que una relación sentimental dentro de una empresa representa un enorme riesgo profesional, pero jamás consigue que el espectador crea que la carrera de ninguno de los personajes corre verdadero peligro. El conflicto principal nunca tiene peso dramático y, por tanto, tampoco tiene consecuencias emocionales. Las buenas comedias románticas hacen que deseemos desesperadamente que dos personas terminen juntas.
Office Romance consigue exactamente lo contrario: uno termina deseando que ambos vuelvan cuanto antes a sus respectivas oficinas… y que la película también lo haga. Porque el mayor romance aquí no es entre Jackie y Daniel. Es entre Netflix y la peligrosa idea de que cualquier algoritmo puede fabricar una historia de amor.
The post Crítica: <i>Turbulencia en la oficina (Office Romance)</i> appeared first on Rolling Stone en Español.
Antes de Steven Spielberg, los tiburones ya aparecían en documentales, relatos de aventuras y producciones donde funcionaban como un peligro más dentro de océanos llenos de amenazas. Después de él, dejaron de ser simples animales y se convirtieron en un género.
La película de Spielberg estableció en 1975 una gramática que el cine nunca ha abandonado: Una superficie aparentemente tranquila, una presencia invisible desplazándose bajo el agua, un grupo de personas que se niega a reconocer el peligro y una comunidad obligada a enfrentarse con aquello que no puede controlar. También consolidó una imagen del tiburón como asesino metódico que trascendió la ficción y contribuyó a una percepción pública profundamente negativa de estos animales. Con el tiempo, el propio Peter Benchley, autor de la novela original, dedicó parte de su vida a la conservación marina.
La paradoja resulta especialmente pertinente cada 14 de julio, fecha en la que se celebra el Día Mundial o Día de Concienciación sobre los Tiburones. La jornada busca combatir esos mitos, recordar la función esencial que cumplen los tiburones dentro de los ecosistemas marinos y llamar la atención sobre las amenazas derivadas de la pesca dirigida, la captura incidental y el comercio internacional.
Esta lista no pretende medir el rigor científico de las películas. Si lo hiciera, buena parte de ellas terminaría flotando boca arriba. Reúne, en cambio, diez obras que han dejado una marca dentro del cine de tiburones, algunas por su capacidad para producir terror; otras por transformar la supervivencia en una experiencia física; unas cuantas por abrazar sin pudor el absurdo, y una porque cambió para siempre la historia del cine.
10. Sharknado (2013)
Director: Anthony C. Ferrante
Hay películas sobre tiburones y luego está Sharknado, una criatura mutante nacida de la televisión por cable, el cine de catástrofes, los efectos digitales baratos y una premisa que parece concebida durante una apuesta: ¿Es posible mezclar Twister con Jaws? La respuesta es sí, mediante un huracán que absorbe tiburones del océano y comienza a arrojarlos sobre Los Ángeles.
Ian Ziering de Beverly Hills, 90210 interpreta a Fin Shepard, un antiguo surfista que atraviesa una ciudad inundada para proteger a su familia, mientras los escualos aparecen en autopistas, casas, piscinas y, por supuesto, dentro de tornados. Tara Reid de American Pie encarna a April, su exesposa, y la cantante Cassie Scerbo es Nova, una camarera con una historia personal marcada por los tiburones.
La película de Anthony C. Ferrante no posee tensión, verosimilitud ni efectos especiales convincentes, pero entiende perfectamente la naturaleza del espectáculo contemporáneo. Su ridiculez se convirtió en un fenómeno viral y la conversación en redes sociales terminó siendo más importante que sus niveles iniciales de audiencia. El resultado produjo cinco secuelas, innumerables cameos y una marca cultural que transformó la incompetencia deliberada en una estética.
Sharknado entra en este listado sencillamente porque representa el momento en que el cine de tiburones dejó de temer al fondo del océano y decidió saltar directamente sobre el espectador con una motosierra en la mano. Recomendamos verla en dupla con Piraña 2: Pirañas voladoras, dirigida nada menos que por James Cameron.
9. The Meg (2018)
Director: Jon Turteltaub
Si un tiburón blanco ya no parecía suficiente para sostener una superproducción, Hollywood encontró una solución sencilla: resucitar un megalodón de veintitrés metros y poner a Jason Statham a combatirlo.
Basada libremente en la novela de Steve Alten, The Meg sigue a Jonas Taylor (Jason Statham), un buzo de rescate atormentado por una antigua misión submarina. Cuando una expedición queda atrapada en el fondo del Pacífico, Taylor descubre que la criatura que arruinó su carrera no era una alucinación, sino un depredador prehistórico que ha permanecido oculto bajo una barrera térmica. Li Bingbing interpreta a Suyin Zhang, oceanógrafa y madre que se convierte en su compañera de aventura, mientras Rainn Wilson aporta el inevitable empresario convencido de que toda catástrofe puede convertirse en contenido.
Jon Turteltaub dirige la película como una combinación de ciencia ficción marina, comedia de acción y espectáculo internacional diseñado para no inquietar demasiado a nadie. El resultado carece del terror visceral de las mejores películas del género, pero compensa esa ausencia con escala, humor y una comprensión elemental del placer cinematográfico: ver a Statham enfrentarse a un monstruo imposible.
Con más de 500 millones de dólares recaudados mundialmente y una secuela a cuestas, The Meg demostró que el tiburón seguía siendo una propiedad comercial formidable, siempre que se le alimentara con presupuesto, nostalgia jurásica y músculos británicos. Tuvo una secuela igual de irregular.
8. Shark! (1969)
Director: Samuel Fuller
Antes de que Spielberg estableciera las reglas del género, Samuel Fuller, el gran director de cintas serie B, filmó una aventura áspera sobre delincuentes, cazadores de tesoros y tiburones en las aguas del mar Rojo. Burt Reynolds interpreta a Caine, un traficante de armas que pierde su cargamento cerca de un puerto sudanés y acepta participar en la búsqueda de un tesoro hundido. El problema no reside únicamente en las aguas infestadas de tiburones, sino en que todos los integrantes de la expedición están dispuestos a traicionar a los demás.
Basada en la novela His Bones Are Coral de Victor Canning, la película reúne a Reynolds con Silvia Pinal, quien interpreta a Anna, una mujer tan seductora como peligrosa, y Arthur Kennedy como un científico cuya aparente respetabilidad encubre intereses menos nobles. Fuller concebía la historia como un enfrentamiento entre personajes amorales donde la verdadera amenaza no siempre estaba debajo del agua.
La producción fue accidentada y Fuller terminó distanciándose del montaje final. Aun así, sobreviven su gusto por los ambientes hostiles, los personajes endurecidos y una violencia sin romanticismo. La cinta fue reestrenada en 1975 bajo el título Man-Eater para aprovechar el éxito de Jaws, una maniobra que confirma hasta qué punto la película de Spielberg modificó incluso la identidad comercial de sus predecesoras.
7. Jaws 2 (1978)
Director: Jeannot Szwarc
Ninguna continuación podía igualar la precisión de Jaws, pero su secuela inmediata (hay tres secuelas directas cada una peor que la anterior), comprendió que el jefe Martin Brody era tan importante como el tiburón. Roy Scheider regresa a Amity Island convertido en un hombre traumatizado, incapaz de convencer a las autoridades de que otro escualo ha comenzado a atacar las costas. Para los habitantes del pueblo, Brody es un paranoico. Para el espectador, es Casandra con placa de policía.
La película recupera a Lorraine Gary como Ellen Brody y a Murray Hamilton como el alcalde Larry Vaughn, todavía dispuesto a sacrificar la evidencia en nombre del turismo. Cuando un grupo de adolescentes (entre ellos los hijos de Brody) queda aislado en el mar, la historia abandona gradualmente el misterio y se convierte en una película de rescate.
El fallecido Jeannot Szwarc asumió la dirección después de una producción conflictiva y optó por mostrar más al tiburón, una decisión inevitable pero menos eficaz que las restricciones mecánicas que habían favorecido a Spielberg. A pesar de repetir numerosos elementos de la original, Jaws 2 conserva tensión, un excelente trabajo de Scheider y una partitura de John Williams que vuelve a convertir el océano en una extensión del miedo. No fue una secuela necesaria, pero sí una continuación digna: la mejor de una franquicia que después demostraría que siempre se puede nadar hacia aguas más turbias.
6. Deep Blue Sea (1999)
Director: Renny Harlin
En una instalación submarina, un grupo de científicos modifica genéticamente tiburones mako para aumentar su masa cerebral y extraer una proteína capaz de combatir el alzhéimer. Como suele ocurrir cuando la ciencia cinematográfica decide jugar a ser Dios, los animales se vuelven más grandes, más veloces, más inteligentes y mucho menos dispuestos a permanecer en sus tanques.
Saffron Burrows interpreta a la doctora Susan McAlester, responsable de los experimentos; Thomas Jane es Carter Blake, especialista en el manejo de tiburones; Samuel L. Jackson encarna al ejecutivo Russell Franklin; y LL Cool J se roba buena parte de la película como Preacher, un cocinero religioso cuya relación con su loro produce algunas de las escenas más divertidas.
Harlin transforma el complejo Aquatica en una casa embrujada bajo el mar. A medida que las instalaciones se inundan, los pasillos se convierten en canales de caza y los tiburones utilizan su inteligencia para manipular a los humanos. La película combina ciencia ficción, desastre, terror y humor con una energía orgullosamente excesiva.
Su importancia dentro del subgénero reside en haber recuperado el espectáculo de estudio para una criatura que llevaba años relegada a imitaciones baratas de Jaws. Además, contiene una de las muertes más sorpresivas del cine de los noventa, ejecutada con un sentido del ritmo tan brutal como cómico.
5. 47 Meters Down (2017)
Director: Johannes Roberts
Lisa y Kate son dos hermanas de vacaciones en México. La primera intenta superar una ruptura; la segunda quiere convencerla de abandonar la prudencia. La oportunidad aparece cuando dos jóvenes las invitan a descender dentro de una jaula para observar tiburones blancos. El cable se rompe, la jaula cae hasta el fondo del océano y ambas quedan atrapadas a 47 metros de profundidad, con poco oxígeno, mala comunicación con la superficie y varios tiburones alrededor.
Johannes Roberts convierte una jaula de metal en un espacio de terror claustrofóbico. El océano exterior es inmenso, pero la oscuridad reduce el mundo a unos cuantos metros iluminados por linternas. Mandy Moore y Claire Holt sostienen la película desde la respiración, el pánico y el deterioro progresivo de su capacidad para tomar decisiones.
La amenaza no proviene únicamente de los tiburones. También están la falta de oxígeno, la narcosis por nitrógeno, la presión y el riesgo de ascender demasiado rápido. Roberts comprende que cada posible solución debe abrir un nuevo peligro.
La película no posee el realismo de The Reef ni la pureza dramática de Open Water, pero utiliza con enorme eficacia la geografía vertical. Aquí, la superficie no está lejos: está arriba, visible e inalcanzable, como una promesa cruel. Tuvo una secuela digna pero inferior a esta.
4. The Reef (2010)
Director: Andrew Traucki
Un grupo de amigos viaja en velero hacia Indonesia, pero la embarcación golpea un arrecife y queda volcada en medio del océano. Con el casco hundiéndose y la corriente alejándolos de tierra firme, deben elegir entre permanecer sobre los restos del barco o intentar nadar hasta una isla situada a varios kilómetros. Uno de ellos sabe que esas aguas pueden estar infestadas de tiburones. Los demás descubren muy pronto que tiene razón.
Andrew Traucki construye The Reef a partir de una premisa mínima y una crueldad elemental: en el mar abierto no existe un lugar donde esconderse. Luke, interpretado por Damian Walshe-Howling, intenta guiar a Kate, Suzie y Matt hacia tierra mientras un gran tiburón blanco comienza a seguirlos. La historia se inspiró en el caso de Ray Boundy, único sobreviviente de un incidente ocurrido en aguas australianas en 1983.
La gran diferencia respecto a muchas películas del género es el uso de imágenes de tiburones reales, integradas cuidadosamente con los actores. Traucki evita convertir al animal en una máquina sobrenatural: aparece, desaparece, observa y espera. Esa conducta vuelve mucho más perturbadora su presencia.
The Reef demuestra que el terror no necesita laboratorios secretos ni depredadores gigantescos. Basta un horizonte vacío, varios cuerpos agotados y una sombra moviéndose bajo el agua.
3. The Shallows (2016)
Director: Jaume Collet-Serra
Nancy Adams, una estudiante de medicina que atraviesa el duelo por la muerte de su madre, viaja a una playa mexicana donde ella había surfeado durante su embarazo. La búsqueda de conexión emocional se transforma en una lucha física cuando un tiburón blanco la ataca y la obliga a refugiarse sobre una pequeña formación rocosa situada a menos de doscientos metros de la costa.
Blake Lively sostiene prácticamente sola la película. Herida, aislada y con la marea subiendo, Nancy debe utilizar sus conocimientos médicos, estudiar el comportamiento del animal y convertir los pocos objetos a su alcance en herramientas de supervivencia. Su principal compañero es una gaviota herida, bautizada cariñosamente por el público como Steven Seagull, que aporta sensibilidad sin romper la tensión.
El español Jaume Collet-Serra convierte la playa paradisíaca en una prisión de colores luminosos. El contraste es fundamental: no hay oscuridad, tormenta ni niebla que esconda la amenaza. Todo ocurre a plena luz, ante una costa suficientemente cercana para alimentar la esperanza.
Aunque su acto final abandona parte del realismo construido anteriormente, The Shallows revitalizó el cine de tiburones mediante una protagonista inteligente, un espacio narrativo reducido y una dirección que entiende la supervivencia como una sucesión de problemas concretos.
2. Open Water (2003)
Director: Chris Kentis
Susan y Daniel (Blanchard Ryan y Daniel Travis) son una pareja cuya relación comienza a erosionarse bajo el peso del trabajo, la rutina y una comunicación cada vez más difícil. Durante unas vacaciones deciden participar en una excursión de buceo. Un error en el conteo hace que la embarcación regrese a tierra sin ellos. Cuando emergen, solo encuentran agua en todas las direcciones.
Chris Kentis parte de una situación inspirada libremente en la desaparición de los buzos Tom y Eileen Lonergan, ocurrida en Australia en 1998. Filmada con un presupuesto reducido y protagonizada por Blanchard Ryan y Daniel Travis, Open Water reemplaza el espectáculo por una forma casi documental de ansiedad.
Los tiburones que rodean a los actores son reales. No atacan como monstruos programados para generar sobresaltos, sino como animales curiosos que se acercan, se alejan y vuelven a aparecer. La incertidumbre resulta más aterradora que cualquier mandíbula digital.
La película observa cómo la desesperación despoja a la pareja de sus resentimientos cotidianos. Primero discuten, luego se culpan, después se consuelan y finalmente comprenden la dimensión absoluta de su abandono.
Open Water ocupa este lugar porque reduce el cine de tiburones a su miedo más elemental: descubrir que el océano es demasiado grande, nosotros demasiado pequeños y nadie sabe que seguimos allí.
1. Jaws (1975)
Director: Steven Spielberg
Una joven es atacada mientras nada de noche frente a Amity Island. El jefe de policía Martin Brody quiere cerrar las playas, pero el alcalde Larry Vaughn se niega a poner en peligro la temporada turística. Cuando las muertes continúan, Brody se une al oceanógrafo Matt Hooper y al cazador Quint para perseguir al tiburón blanco responsable.
La premisa parece sencilla. La ejecución cambió la historia del cine. Steven Spielberg convirtió la novela de Peter Benchley en una obra sobre el miedo, la política, la masculinidad y la necesidad humana de creer que todo peligro puede administrarse. Roy Scheider dota a Brody de una vulnerabilidad extraordinaria: es un policía que teme al agua y debe internarse en ella para proteger a su familia. Richard Dreyfuss transforma a Hooper en la voz de la ciencia, mientras Robert Shaw crea en Quint a uno de los grandes personajes del cine estadounidense, marcado por el recuerdo del hundimiento del USS Indianapolis.
Las constantes averías del tiburón mecánico obligaron a Spielberg a mantenerlo fuera de cuadro durante buena parte de la película. Esa limitación produjo una de las decisiones más fecundas del suspenso moderno: el animal se anuncia mediante la cámara subjetiva, los barriles amarillos y las dos notas de John Williams antes de adquirir una presencia física.
Además de convertirse en un fenómeno mundial, Jaws ayudó a establecer el modelo contemporáneo del blockbuster veraniego mediante una campaña televisiva masiva y un estreno amplio cuidadosamente coordinado. Sin embargo, su grandeza no depende de la taquilla ni de su influencia industrial. Jaws sigue ocupando el primer lugar porque continúa funcionando como aventura, drama humano, sátira política y película de terror. El tiburón puede haber dado origen al género, pero Spielberg entendió algo que casi todos sus imitadores olvidarían: Para temer a una criatura primero debemos preocuparnos por las personas que se encuentran en el agua.
Mención especial: Shark Whisperer (2025)
Directores: J. P. Stiles y Harrison Macks
Mientras buena parte del cine ha convertido al tiburón en un monstruo, Shark Whisperer propone exactamente lo contrario: comprenderlo. El documental sigue a la conservacionista y activista marina Ocean Ramsey, conocida por sus inmersiones sin jaula junto a grandes tiburones blancos, tigre y otras especies, con el propósito de desmontar décadas de miedo y desinformación.
Lejos de presentar a los tiburones como máquinas de matar, la película explora su comportamiento, su papel fundamental dentro de los ecosistemas marinos y las amenazas que enfrentan por la sobrepesca, el comercio de aletas y la degradación de los océanos. Al mismo tiempo, también aborda el intenso debate que rodea los métodos de Ramsey, admirados por unos y cuestionados por otros especialistas por el riesgo de humanizar a animales salvajes.
Más que un documental sobre encuentros espectaculares bajo el agua, Shark Whisperer invita a replantear la relación entre el ser humano y uno de los depredadores más incomprendidos del planeta. Es el complemento perfecto para este listado porque recuerda que, detrás del gran villano que el cine nos ha enseñado a temer durante medio siglo, existe una especie cuya supervivencia depende, paradójicamente, de que aprendamos a conocerla y protegerla.
The post 10 películas para celebrar el Día Mundial del Tiburón appeared first on Rolling Stone en Español.
No todas las transformaciones comienzan con una celebración. Algunas nacen en medio de la duda.
Antes de convertirse en el título de su primer EP, METANOIA estuvo cerca de convertirse en el nuevo nombre de ALMAS. Fue una posibilidad que surgió cuando el girl group mexicano atravesaba un momento oscuro,pues habían ciertas dificultades dentro del proyecto las hicieron cuestionar si valía la pena, o no, seguir adelante. Hoy, ese mismo nombre representa el capítulo con el que Alegría, Dae, Dany y Steph inauguran una nueva etapa, y no hay mejor manera de hacerlo que con un EP que lleva el nombre que alguna vez pudo cambiar sus vidas, pero que hoy las presenta ante el público y sus fans, fuerte y claro.
“En nuestro peor momento, cuando ya no creíamos que esto iba a ser posible y estábamos un poquito desanimadas, surgió ese nombre”, recuerda Steph. “Tiene un significado muy bonito: transformación de la mente. Por eso quisimos que nuestro primer EP llevara ese nombre tan importante”.
El significado no pudo resultar más apropiado. METANOIA no solo marca el debut discográfico del cuarteto, sino que también resume el camino que las llevó hasta aquí.
Para quienes apenas comienzan a descubrirlas, la respuesta de Alegría sobre qué es ALMAS resulta tan breve como contundente: “Música de calidad”. Detrás de esa frase hay años de preparación, una pasión compartida por el pop y un sueño que, aseguran, comenzó desde la infancia.
“Desde muy pequeñas soñábamos con esto. Siempre decíamos: ‘Queremos ser pop stars‘. Crecimos rodeadas de música y admirando a muchas artistas, pero siempre quisimos construir nuestro propio mensaje”, explica Steph.
Aunque hoy proyectan una identidad sólida, la química del grupo comenzó mucho antes del lanzamiento oficial. Dany recuerda que incluso durante la etapa de predebut, cuando todavía no existían certezas sobre el futuro del proyecto, las cuatro compartían la misma convicción. “Siempre nos vimos como un grupo. Nadie nos aseguraba que esto fuera a dar frutos, pero nos aferramos al proyecto y gracias a eso hoy estamos aquí”, comparte.

Esa complicidad, unión y crecimiento que las chicas han construido con el paso del tiempo se hace evidente cuando les pregunto por METANOIA. Aunque el álbum puede entenderse como una narrativa completa, cada canción tiene identidad propia y acompaña distintos momentos, dependiendo de quien la escuche. “Cada canción tiene su personalidad y su momento específico. Si un día te sientes coqueta, fiestera o vulnerable, en METANOIA hay una canción para ese mood“, explica Dae. Steph añade que, si bien el orden de reproducción no es indispensable, todas las canciones terminan dialogando entre sí de forma natural.
Uno de los mejores ejemplos es Crush, una canción que retrata esa etapa en la que una persona invade todos los pensamientos. “Cuando llegamos al estudio siempre hablamos de cómo nos sentimos y de lo que nos ha pasado. Crush viene de una experiencia que todas hemos vivido, pero quisimos darle un toque más retorcido inspirándonos incluso en Yandere Simulator (un videojuego)”, cuenta Steph entre risas.
En contraste, ‘Dumb Boy’ baja el telón del EP con una energía mucho más ligera. Lo que comienza con una frase tan popular como “Ojo de loca nunca se equivoca” termina convirtiéndose en una historia de sororidad, donde las mujeres deciden apoyarse entre ellas en lugar de competir. “Queríamos terminar el EP con algo divertido, pero que también transmitiera nuestro mensaje de apoyo entre mujeres”, explica Steph. La participación de NXNNI en la canción no hace más que complementar con la visión artística de ALMAS. Según comentan las chicas, esta colaboración surgió de forma completamente natural tras conectar con la artista regiomontana durante una sesión de trabajo.
Desde sus primeros lanzamientos, ALMAS ha convivido con las inevitables comparaciones con el K-pop. Ellas no rehúyen esa influencia; por el contrario, reconocen que las coreografías, la disciplina y la construcción de conceptos fueron parte de las referencias que las unieron como grupo. Sin embargo, insisten en que su objetivo nunca ha sido replicar una fórmula.

“Nos gusta tomar elementos como el baile, la narrativa o los conceptos, pero adaptarlos a nuestra identidad. No es solo un sonido; es todo el trabajo que hay detrás”, explica Steph al hablar del L-Pop, un término con el que buscan nombrar una propuesta que conserve la esencia latina mientras incorpora una visión más integral del pop contemporáneo.
La conversación inevitablemente llega a una pregunta que ellas mismas se hicieron hace algunos años: ¿estaba Latinoamérica preparada para un proyecto como ALMAS?
“Sinceramente, cuando empezamos no. Sentíamos que todavía costaba entender lo que estábamos haciendo”, admite Dany. Sin embargo, observa con entusiasmo cómo han comenzado a surgir nuevos grupos en distintos países de la región. “Ahora ya no se juzga tanto. Me emociona saber que hay grupos en Chile, Argentina o Perú. Es bonito que Latinoamérica empiece a construir algo así”.
Ese mismo espíritu es el que quieren transmitir a quienes hoy comienzan a seguirlas. Más allá de las canciones o las coreografías, esperan que su historia sirva como recordatorio de que los sueños también pueden construirse desde una ciudad pequeña del norte de México.
“Queremos que la gente se identifique con nosotras. Somos cuatro chicas que siguen aprendiendo a vivir y a cumplir sus sueños. Si nosotras lo logramos, ellos también pueden hacerlo”.
Antes de despedirse, les propongo imaginar METANOIA como una película. ¿Cuál sería el último plano antes de que aparezcan los créditos?
Dany sonríe antes de responder. “Sería una imagen de las cuatro juntas que dejara claro que esto apenas comienza. Que el público se quede con ganas de más”.
The post ALMAS: así nació <i>METANOIA</i> appeared first on Rolling Stone en Español.