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Alright, Still tiene 20 años, casi la misma edad que Lily Allen tenía cuando se lanzó en 2006 (tenía 21). Repasar la carrera de Lily es un honor y un privilegio (sí, la adoro, todo buen periodista puede confesar su sesgo de vez en cuando, XOXO), así que, en lugar de ir con el típico repaso a su trayectoria, cambiemos un poco las cosas y analicemos uno de los elementos que definieron su éxito en aquel entonces: el lanzamiento de su CD.

Para empezar, comprar CDs en aquella época era caro, como siempre. Según este artículo de Rolling Stone de 2004, su precio rondaba los 18 dólares, equivalentes a 30 dólares actuales. El mercado de los formatos físicos aún estaba en auge, por lo que era prioritario incluir en este lanzamiento la mayor cantidad de información, extras y arte posible.

Desde la portada, te impacta esa estética británica de collage y referencias estilo cómic tan característica de los 2000. Esta introducción te muestra todo lo que necesitas saber de Lily en su momento: una chica que está segura de sí misma y, en realidad, está haciendo esto para divertirse y contar lo que piensa sin filtro con una apariencia inocente, pero letras inteligentes y llenas de comedia, crítica y vulnerabilidad que parecieran nacerle como si nada.

Feliz cumpleaños a Alright, Still, el clásico del pop británico del 2006

En una extensa entrevista con CBS Mornings, Lily habla sobre su último lanzamiento; al recordar su debut, menciona que le gusta componer de forma colaborativa porque “no toca ningún instrumento musical lo suficientemente bien como para grabarlo”. El sonido de Alright, Still refleja sin duda esta decisión creativa.

Canciones como ‘LDN’, ‘Friend of Mine’ y, el inmortal hit, ‘Smile’, (el cual fue viral en TikTok hace unos meses) presentan inspiración de reggae, ska, rap y otros samples que le dan un color único que aún se disfruta el día de hoy. Por ejemplo, ‘LDN’ samplea a ‘Reggae Merengue’ de Tommy McCook and The Supersonics.

Entre las temáticas del tracklist, encontramos una gran variedad, como la narración de un enfrentamiento en un club en ‘Friday Night’, un Diss track indirecto a la decepción sexual de un examante en ‘Not Big’ y el guayabo melancólico de un amor que muere lentamente en ‘Littlest Things’, producido por Mark Ronson (una de mis canciones favoritas ;-;). Este álbum suena como el diario de una chica que ha estado esperando toda su vida para sacar estas emociones y compartirlas con el mundo… ¡Porque así fue que inició!

*si miras el texto en rojo al lado del código de barras encontrarás una invitación para mandar un mensaje de texto al 8477 para entrar al club celular de Lily para ganar timbres, videos, compilaciones ¡y más! XD.

Alright, Still podría ser considerado como uno de los primeros “hits de internet”, ya que su desarrollo empezó con Lily compartiendo demos de sus canciones en su muro de MySpace a finales del 2005. Si vemos el pantallazo archivado por la Wayback Machine, podemos apreciar más acerca de cómo era Lily en 9 de abril del 2009.

En este muro de GIF arcoíris, enmarca con marcos rosados una foto de ella tomando en público con gafas de sol y la lista de sus inspiraciones con claros favoritismos y sus opiniones incluidas, se puede leer: “Blondie, Björk, The Specials, Dizzee Rascal (…) T REX (possibly the best band ever , ever ! ) (traducción: ¡probablemente la mejor banda de todos los tiempos!), Kate Bush( when she was my age) (traducción: cuando tenía mi edad), MARK FUCKING RONSON, Bob Geldof is a cunt (traducción: Bob Gedolf es un imbécil), Eminem.

Hacía blogs como “Goodbye NY , I’m coming home” (traducción: Adiós Nueva York, me voy a casa) y recibía comentarios de fans como “LOVE UR TUNES CANT WAIT FOR THE ALBUM TO DROP” (traducción: AMO TUS CANCIONESS, NO PUEDO ESPERAR A QUE SALGA EL ÁLBUM) de Rusty y “thanks 4acceptin’..! i really like ur music.. spesh LDN ~ remindz me of tha summer! “SHOWING SOME LOVEEEEEE” xXx” (traducción: Gracias x aceptarrrr…! Me gusta tu música, especialmente LDN ~ ¡me recuerda al verano! “MOSTRANDO AMOOOOOOR” xXx” de ×Latina Laydee× aKa Mz Fresh.

Sin embargo, en una entrevista con el Adlercast.com del 17 de diciembre del 2007, admite que la gente reaccionaba de una manera muy diferente en 2005/2006 y que en 2007, los fans de su sitio web oficial se ponía de mal humor cuando no publicaba semanalmente, ella dijo que “No lo hacía para satisfacer a mis fans, lo hacía para mí”.

La integración con el internet fue integral para su éxito, por lo que, debajo del CD te dan la oportunidad de descargar una canción extra si insertas el disco al computador y entras a www.lilyallenmusic.com. El sitio actualmente promociona su último álbum y fechas de gira, por lo que esta captura muestra mejor lo que se encontraron los fans que compraron su disco.

Hubo 8 canciones extras en total que se desbloquearon con el tiempo y eventualmente salieron en ITunes primero, y luego en Spotify con Alright, Still (Deluxe) Estas incluyen ‘Nan, You’re a Window Shopper’, una parodia de ‘Window Shopper’ de 50 Cent, ‘Naïve – BBC Radio 1’s Jo Whiley’s Live Lounge’ y ‘Cheryl Tweedy’. Esta última le trajo controversia, ya que, según Grazia, la contienda continuó durante meses con comentarios de ambas pjartes, Lily Allen cambió la letra “deseo que me viera como Cheryl Tweedy” A “que bien que no me veo como la Cheryl Tweedy” en un concierto en Glastonbury, Cheryl respondió diciendo que era una “vieja con pene”. Esta es una muestra de los cientos de controversias promovidas por la prensa de los años 2000 acerca de Lily.

Algo que marcó a Lily Allen en el inicio de su viaje al estrellato fue el trato que se le dio en los medios británicos, los cuales la perseguían sin cesar, difundieron rumores y fue tildada como “la mala” del pop, algo que fue amplificado por el mismo internet que la sacó adelante. Dicha tendencia continuó hasta el punto que incluso su pérdida fetal en 2008 fue manipulada para generar contenido y conversación en los tabloides.

En una entrevista de 2019 con SBS The Feed, recuerda que en aquel momento estaba desesperada por encontrarse a sí misma y que “otros le decían quién era”, y que sentía que tenía que afrontar esa imagen pública de frente, lo que contribuyó a que la prensa británica la considerara “enemiga número uno” durante sus primeros años. Esto resultó en problemas con drogas y alcohol, algo de lo que habla en sus siguientes álbumes.

Finalmente, la parte que más me gusta de la entrega de los CDs son los agradecimientos que incluyen en el libro de la portada con las letras de las canciones. En este caso podemos observar esa escritura que nos recuerda de sus raíces en MySpace. Se leen dedicatorias como “Mi profesora Julia Sener (que no hizo más que menospreciar mi canto y decirme que debería concentrarme en las matemáticas en lugar de la música) ¡JAJAJAJA!” “Papá y mi nueva hermanita Teddy, los quiero. Alfie y Sarah, sé cuánto hemos peleado a lo largo de los años, ¡pero la verdad es que me caen muy bien!” y “Esto es para mi amigo Simon / Sci-Fi que estará ausente un tiempo, estoy pensando en ti, hermano, todo mi cariño Andrews. MySpace, gracias por eso. Y a cualquiera que haya olvidado. Charlie Green Q.E.P.D. y jOe StRummEr VIVe. XXXXXX”

Espero que los lectores aprecien el análisis de esta edición física. Los formatos físicos conservan un recuerdo nítido de historias, personas y arte. Sin ellos, se produce una pérdida de memoria. Si pueden, consigan ediciones físicas de sus obras favoritas; quién sabe, quizás sea la única manera de revivir esa experiencia en el futuro (◔ ʖ̯ ◔).

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Tras el éxito de su segundo álbum, It’s Not Me, It’s You (2009), su carrera comenzó a decaer en 2014 con el lanzamiento de Sheezus, un álbum que incluso la propia Lily considera un fracaso por la influencia de su disquera, Parlophone, perdió mucha de su identidad artística. Luego sacó No Shame en 2017, un álbum que, si bien estaba orgullosa de haber escrito, no vendió. 

Su vida personal también fue complicada, continuó su proceso de sobriedad, sufrió otro aborto espontáneo en 2010. Dio a luz a dos niñas, Ethel Mary en 2011 y Marnie Rose en 2013. Luego se divorció de Sam Cooper en 2018 (la relación que inspiró a No Shame). Publicó su libro My Thoughts Exactly en 2018. Se casó con la estrella de Stranger Things, David Harbour, en 2020 y luego incursionó en la actuación con 2:22 A Ghost Story, haciendo su debut teatral en 2021 en el West End, Ciudad de Wensmister, Londres. 

Cuando pienso en Lily Allen, me viene a la mente una cita de su documental de 2007, Lily Allen: Still Alright? “No es algo que quiera hacer durante 15 años, ¿sabes? Quiero casarme, tener hijos y mudarme al campo… Para mí nunca se ha tratado de ser un producto, sino de ser cantante y compositora… No quiero ser una estrella del pop para siempre.”

Todo, desde su manera de vestir, hasta la forma en que alcanzó la fama, su actitud hacia la prensa y la atención en línea, y el dolor que implica ser famosa sin dejar de ser una persona con esperanzas y sueños, resuena para muchos todos. Por eso es el arquetipo para la estrella de TikTok; ídolo de internet a la que la gente puede darle la espalda, pero que aún recuerda su amor por la música y la pasión genuina que solo estrellas orgánicas como PinkPantheress y Charli XCX pueden comprender (ellas también son grandes fans suyas <3).

Para finalizar esta celebración del inicio de la carrera de Allen, no debemos olvidar lo que vino después de su debut en el teatro… por supuesto… me refiero a su podcast Miss Me? Con su amiga de la infancia, Miquita Oliver, en 2024 por BBC Sounds (jejeje, mentiris ;p) ¡Hablo de West End Girl! El disco que generó polémica ante su divorcio con David Harbour y mostró que, para Lily, el trauma se puede transformar en arte, su ethos desde el 2006.

De nuevo, ella disfruta de las reacciones de la gente en TikTok como en sus inicios, y siente que esta sesión le ayudó a volver a esa confianza que había perdido por los años. Lo último que quiere es volver al estudio, por el momento, pero como una artista única en su clase, es básicamente lo que se esperaba para su renacimiento sónico a los 41 años de edad. o7

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Christopher Nolan no solo adaptó uno de los grandes pilares de la literatura occidental sino que también abrió una puerta para redescubrir la inmensa influencia que La Odisea ha ejercido sobre el cine, la televisión, los cómics, la animación y hasta el rap. Detrás de su superproducción se esconden homenajes, coincidencias históricas, hallazgos arqueológicos, guiños cinéfilos y sorprendentes conexiones con Batman, los Minions, John Wick y Wonder Woman. Estos quince datos curiosos demuestran que el largo viaje de Odiseo continúa mucho más vivo de lo que imaginábamos. 

15 datos curiosos sobre La Odisea
Cortesía de Cine Colombia

15. John Wick le debe mucho más a Homero de lo que parece

Mucho antes de que John Wick emprendiera una implacable cruzada de venganza tras la muerte de su perro, Homero ya había convertido a un can en uno de los símbolos más conmovedores de La Odisea. Argos, el viejo perro de Ulises, permanece esperando durante veinte años el regreso de su amo mientras el palacio de Ítaca es tomado por los pretendientes de Penélope, quienes lo maltratan y lo relegan al abandono. 

Cuando Ulises finalmente vuelve disfrazado de mendigo, Argos es el único que lo reconoce de inmediato. Tras mover la cola por última vez y ver cumplida su espera, muere en paz. Aunque las motivaciones de ambos relatos son distintas, resulta fascinante comprobar cómo uno de los primeros textos de la literatura occidental ya entendía el inmenso poder emocional que puede tener un perro dentro de una historia de pérdida, fidelidad y venganza. Hay algo profundamente homérico en la forma en que John Wick convirtió a un animal en el detonante de una epopeya sangrienta.

Cortesía de UIP

14. No, Nolan no copió a los Minions

Habrá quien, con el humor propio de las redes sociales, diga que Christopher Nolan “copió” a los Minions por incluir a un cíclope en The Odyssey. La realidad es exactamente la contraria. En Minions and Monsters, los simpáticos personajes amarillos emprenden un viaje para encontrar al villano perfecto al que puedan servir y, entre sus candidatos, aparece nada menos que Polifemo, el cíclope derrotado por Ulises.

Lejos de ser una ocurrencia aislada, el guiño funciona como un homenaje a uno de los primeros grandes antagonistas de la literatura occidental. Creado por Homero hace casi tres mil años, Polifemo representa la fuerza bruta enfrentada a la inteligencia, un arquetipo que ha sobrevivido en incontables historias hasta nuestros días.

La aparición del cíclope en una película de los Minions demuestra precisamente lo contrario de lo que algunos podrían afirmar en redes sociales: no es Nolan quien toma prestadas ideas del cine de animación, sino que las propias películas contemporáneas continúan regresando a Homero porque allí se encuentran muchas de las raíces de la narrativa universal. Cuando un monstruo creado hace casi treinta siglos sigue apareciendo en superproducciones, dibujos animados y epopeyas modernas, queda claro que algunos personajes nunca dejan de pertenecer al presente.

Cortesía de Warner

13. Cuando Circe convirtió a la Mujer Maravilla en una cerdita

Los fanáticos de los superhéroes encontrarán un inesperado puente entre La Odisea y el universo de DC Comics. En la serie animada Justice League Unlimited, la hechicera Circe, una de las mayores enemigas de Wonder Woman y de su madre Hipólita, lanza un hechizo que transforma a Diana en una cerdita, dando origen a la inolvidable Wonder Pig, la cerdita maravilla.

La ocurrencia parece un chiste, pero en realidad nace directamente de Homero. En La Odisea, la maga Circe recibe a los compañeros de Ulises con un banquete y, utilizando sus poderes, los convierte en cerdos, uno de los episodios más famosos y perturbadores del poema. Christopher Nolan recupera ese pasaje en The Odyssey, recordándonos que la magia de Circe siempre ha representado la pérdida de la identidad y la degradación del ser humano.

El episodio de Justice League Unlimited rinde homenaje a ese momento clásico con mucho humor, pero sin perder la referencia mitológica. De hecho, Wonder Pig terminó convirtiéndose en un personaje tan querido que regresó años después como PB en la película animada DC League of Super-Pets (2022), consolidando uno de los guiños más inesperados y divertidos que los cómics han hecho a la obra de Homero. Es una prueba más de que, incluso en el cine y la televisión de superhéroes, los grandes mitos de la Antigüedad siguen vivos.

Cortesía de Bleecker Street

12. De Batman a Antínoo… y los superhéroes que persiguen a Christopher Nolan

Uno de los guiños más curiosos de The Odyssey está en su reparto. Robert Pattinson, quien actualmente interpreta a Batman en la nueva saga del Caballero Oscuro, se convierte aquí en Antínoo, el más despiadado de los pretendientes de Penélope (Anne Hathaway) y el principal antagonista de Odiseo (Matt Damon) durante su ausencia.

La elección resulta especialmente llamativa porque Christopher Nolan fue el director que redefinió a Batman para toda una generación con la trilogía protagonizada por Christian Bale y en la que Anne Hathaway interpretó a Catwoman en Dark Knight Rises. Por eso, para muchos cinéfilos será inevitable imaginar lo divertido que habría sido ver a Bale formando parte de esta epopeya homérica, cerrando un curioso círculo entre las dos generaciones del héroe de Gotham. vale la pena mencionar que Damon es gran amigo de Ben Affleck, quien también hizo de Batman.

No sería la primera vez que una película de Nolan reúne a personajes que el público identifica con superhéroes. En The Prestige (2006), Christian Bale y Hugh Jackman interpretaban a dos magos enfrentados, una rivalidad que hoy puede verse con otros ojos: Batman contra Wolverine muchos años antes de que el cine de superhéroes dominara Hollywood.

Y los guiños continúan en The Odyssey. En varios momentos de la película, Antínoo se enfrenta directamente a Telémaco, interpretado por Tom Holland. Para los fanáticos del género, esas escenas tienen un atractivo adicional: Es inevitable sonreír al pensar que, por unos instantes, Batman termina enfrentándose a Spider-Man, aunque esta vez el combate ocurra en la Grecia de Homero y no entre los rascacielos de Nueva York o Ciudad Gótica. A propósito, Holland y Pattinson ya habían colaborado juntos en la estupenda The Lost City Of Z.

Cortesía de Zendaya

11. Zendaya viajó de Homero a Frank Herbert… y compartió set con Tom Holland

Pocas actrices han tenido una agenda tan exigente como Zendaya durante el rodaje de The Odyssey. Mientras interpretaba a Atenea para Christopher Nolan, también terminaba la temporada final de Euphoria y participaba en el rodaje de Dune, la tercera entrega de la saga dirigida por Denis Villeneuve.

La coincidencia resulta fascinante porque, casi sin proponérselo, Zendaya terminó trabajando simultáneamente en dos de las obras más influyentes de la historia de la ficción. Por un lado, La Odisea, uno de los pilares de la literatura universal y uno de los textos fundacionales de la narrativa occidental. Por el otro, Dune, la novela de Frank Herbert considerada por muchos como la gran obra maestra de la ciencia ficción moderna. En apenas unos meses, la actriz pasó de habitar el universo de Homero al de Herbert, invitando indirectamente a una nueva generación de espectadores a volver a las librerías para descubrir ambos clásicos.

Además, The Odyssey le permitió reunirse de nuevo con Robert Pattinson (ellos estuvieron juntos en The Drama) y también con su pareja, Tom Holland, quien interpreta a Telémaco. Sin embargo, quienes esperen verlos actuar juntos se llevarán una sorpresa: Atenea y Telémaco nunca comparten una escena. Así, una de las parejas más populares de Hollywood coincide en la misma película sin cruzarse realmente frente a la cámara. Tendremos que esperar a la nueva entrega de Spider-Man para ver a Peter y a Mary Jane juntos.

Cortesía de UIP

10. El primer gran protagonista de Matt Damon para Christopher Nolan

Aunque Matt Damon ya era un viejo conocido dentro del universo de Christopher Nolan, The Odyssey marca un hito en su relación creativa. Se trata de la tercera colaboración entre ambos, después de su breve pero decisiva aparición como el doctor Mann en Interstellar (2014) y de interpretar al general Leslie Groves en Oppenheimer (2023). Sin embargo, esta es la primera ocasión en la que Nolan le confía el peso absoluto de una de sus películas.

El director encuentra en Damon al intérprete ideal para un Odiseo muy distinto al héroe clásico e invulnerable. Su Odiseo es un estratega brillante, pero también un hombre desgastado por la guerra, perseguido por la culpa y dispuesto a sacrificarlo todo para regresar a Ítaca. Después de años orbitando el universo de Nolan en papeles secundarios de enorme importancia, The Odyssey convierte finalmente a Matt Damon en el rostro principal de una de las epopeyas más ambiciosas de la carrera del cineasta británico.

Cortesía de Universal

9. El curioso fetiche de Nolan por los rostros ocultos

Si Quentin Tarantino tiene una conocida fascinación por los pies, Christopher Nolan parece haber desarrollado la suya por los personajes que permanecen ocultos detrás de una máscara. A lo largo de su filmografía ha demostrado una extraña confianza en actores capaces de transmitir emociones aun cuando el espectador apenas puede ver su rostro.

El mejor ejemplo es Tom Hardy, quien interpretó a Bane en The Dark Knight Rises (2012) con el rostro prácticamente cubierto durante toda la película. Nolan repetiría el recurso en Dunkirk (2017), donde el mismo Hardy pasa casi todo el metraje escondido tras la máscara de oxígeno de un piloto de la RAF.

En The Odyssey, aunque Hardy no forma parte del reparto, el director parece repetir el mismo patrón. Benny Safdie, reconocido también por su trabajo como director, interpreta a Agamenón, quien aparece constantemente protegido por un enorme casco que apenas deja distinguir sus facciones. El resultado vuelve a demostrar que, para Nolan, un gran actor no necesita mostrar completamente el rostro para imponer presencia en la pantalla. En su cine, la voz, la postura y el lenguaje corporal suelen decir mucho más que una expresión facial.

Cortesía de UIP

8. De la lira griega al rap de Travis Scott

Uno de los aspectos más sorprendentes de The Odyssey es su banda sonora. Lejos de limitarse a construir una partitura épica al estilo del Hollywood clásico, Ludwig Göransson trabajó junto a historiadores y especialistas en música antigua para estudiar instrumentos como el aulos y la lira, buscando recrear sonoridades que evocaran el mundo de la Grecia arcaica. El resultado es una música extraña, sombría y casi ritual, que parece surgir de un tiempo remoto y dota a la película de una identidad sonora muy distinta a la de otras epopeyas cinematográficas.

La mayor sorpresa llega, sin embargo, en los créditos finales. Allí aparece el tema When I’m Home de Travis Scott, quien a su vez interpreta un bardo dentro de la película y también firma el tema de cierre. La elección no es un simple capricho musical: Nolan establece un sugestivo paralelismo entre los bardos de la Antigüedad, encargados de transmitir las gestas heroicas de forma oral, y los raperos contemporáneos, que hoy narran historias, construyen mitologías y preservan la memoria de sus comunidades a través de la palabra rimada. No es la primera colaboración entre ambos. Travis Scott ya había participado en Tenet con el tema The Plan, utilizado también durante los créditos finales. En el universo de Nolan, el viejo aedo griego y el rapero del siglo XXI terminan siendo, en el fondo, dos versiones del mismo narrador.

Cortesía de IMDB

7. La Odisea convertida en una casa embrujada

Si existe una adaptación que demuestra hasta dónde puede estirarse el legado de Homero, esa es Keyhole (2011), del director canadiense Guy Maddin. En lugar de mares, islas y monstruos mitológicos, Maddin traslada el viaje de Odiseo al interior de una vieja casa que funciona como un laberinto psicológico, donde cada habitación parece conducir a un recuerdo, un fantasma o una culpa del pasado.

El protagonista es Ulysses Pick, interpretado por Jason Patric, un gánster que regresa a su hogar acompañado por un grupo de delincuentes tras un violento robo. Allí lo espera Hyacinth, interpretada por Isabella Rossellini, una figura que evoca claramente a Penélope, aunque convertida en una presencia espectral marcada por la ausencia y el resentimiento. Los habitantes de la casa funcionan como versiones deformadas de los personajes homéricos, mientras el recorrido deja de ser físico para convertirse en un descenso al inconsciente.

Con influencias del surrealismo, el cine noir y el expresionismo alemán, Keyhole transforma La Odisea en una experiencia onírica donde el verdadero monstruo ya no es Polifemo ni las Sirenas, sino la memoria. Es, probablemente, la reinterpretación más radical y desconcertante que ha inspirado el poema de Homero.

Cortesía de IMDB

6. Muchos descubrieron a Homero gracias a un anime

Aunque para millones de personas La Odisea fue una lectura obligatoria en el colegio, muchos otros llegaron al poema de Homero por un camino mucho más inesperado: Ulises 31 (1981-1982). Esta inolvidable coproducción franco-japonesa trasladó el mito al siglo XXXI y convirtió a Ulises en el comandante de la gigantesca nave Odiseus, condenado por Zeus a vagar por el espacio después de destruir al cíclope para rescatar a un grupo de niños, entre ellos su hijo Telémaco.

Acompañado por Temis, la pequeña extraterrestre de piel azul, el entrañable robot Nono y la computadora Shirka, Ulises emprende un viaje por el Laberinto Galáctico en busca del reino de Hades para despertar a su tripulación, congelada por el castigo de los dioses. En el camino aparecen versiones futuristas de Circe, las Sirenas, Escila, Caribdis, el Minotauro, Calipso y otros personajes del poema, demostrando que la ciencia ficción podía convivir con la mitología clásica sin perder su esencia.

Con una inolvidable banda sonora de sintetizadores, que hoy incluso puede recordar a la electrónica de grupos como Daft Punk, y una estética que marcó a toda una generación, Ulises 31 sigue siendo una de las reinterpretaciones más extrañas, audaces y entrañables que ha inspirado el universo homérico. Incluso Guy Maddin tendría que reconocer que no fue el único capaz de llevar a Odiseo hasta territorios absolutamente insospechados.

Cortesía de Touchstone

5. Los hermanos Coen adaptaron La Odisea… sin haberla leído

Pocas anécdotas son tan curiosas como la que dio origen a O Brother, Where Art Thou? (2000). Joel e Ethan Coen han confesado en varias ocasiones que aceptaron el desafío de hacer una versión de La Odisea sin haber leído realmente el poema de Homero. Sabían de qué trataba porque se lo habían asignado en el colegio, pero admitieron que nunca terminaron la lectura. Aun así, decidieron convertir esa especie de apuesta personal en una película.

El resultado fue una de las reinterpretaciones más ingeniosas del clásico. Ambientada en el Mississippi de la Gran Depresión, la historia sigue a Ulysses Everett McGill (George Clooney), un preso que escapa junto a dos compañeros para regresar con su esposa Penny (Holly Hunter), una evidente versión de Penélope. En el camino aparecen equivalentes del cíclope Polifemo, las sirenas, Tiresias y otros personajes del poema, trasladados al folclore y la cultura popular estadounidense.

Incluso el título es un homenaje cinéfilo. O Brother, Where Art Thou? toma su nombre de la película Sullivan’s Travels (1941), de Preston Sturges, una de las grandes influencias de los hermanos Coen. Paradójicamente, sin haber leído a Homero de principio a fin, terminaron realizando una de las adaptaciones más brillantes, libres y divertidas que ha inspirado La Odisea.

Cortesía de janus

4. De Irene Papas a Anne Hathaway: un legado que atraviesa la tragedia griega

Al elegir a Anne Hathaway para interpretar a Penélope, Christopher Nolan no solo volvió a trabajar con una actriz con la que ya había colaborado en Interstellar (2014) y en The Dark Knight Rises (2012), donde dio vida a Catwoman. También, de manera inevitable, evocó a una de las grandes intérpretes del teatro y el cine griegos: Irene Papas. En la extraordinaria miniserie italiana Odissea (1968), Papas construyó una Penélope inolvidable, inteligente, firme y emocionalmente compleja, considerada aún hoy una de las mejores encarnaciones del personaje.

Pero la relación de Irene Papas con el universo homérico va mucho más allá. En Electra (1962), de Michael Cacoyannis, interpretó a la hija de Agamenón; en Las mujeres troyanas (1971) dio vida a Helena, cuya huida con Paris desencadena la Guerra de Troya; y en Ifigenia (1977) encarnó a Clitemnestra, esposa de Agamenón y una de las figuras más complejas de la tragedia griega. Pocas actrices han recorrido con tanta profundidad el imaginario clásico, convirtiéndose en el rostro cinematográfico de las grandes heroínas creadas por Homero, Eurípides y Esquilo. Más que una intérprete, Irene Papas terminó siendo una auténtica heredera de la tragedia griega en la pantalla.

Cortesía de CNN

3. Un fragmento perdido de La Odisea apareció hace apenas unos años

Aunque La Odisea fue compuesta hace casi tres milenios, su historia sigue revelando sorpresas. En julio de 2018, durante unas excavaciones en Olimpia, Grecia, arqueólogos descubrieron una tablilla de arcilla de época romana fechada aproximadamente en el siglo III d. C. que conservaba trece versos inéditos del poema de Homero. El hallazgo fue especialmente relevante porque se trataba de uno de los testimonios materiales más antiguos encontrados del texto fuera de los manuscritos medievales.

Los versos corresponden al encuentro entre Odiseo y Eumeo, el viejo porquero que permanece fiel a su rey durante los veinte años de ausencia y que se convierte en uno de los primeros aliados del héroe cuando regresa a Ítaca disfrazado de mendigo. En The Odyssey, Christopher Nolan confía este personaje al colombiano John Leguizamo, quien aporta una enorme calidez a una figura aparentemente secundaria, pero fundamental para el desenlace de la historia. Es fascinante pensar que un personaje interpretado hoy por un actor latinoamericano siga siendo objeto de descubrimientos arqueológicos casi tres mil años después de haber sido creado por Homero.

Cortesía de Warner

2. De Ray Harryhausen a La Ilíada que Nolan todavía nos debe

Christopher Nolan ha reconocido que The Odyssey funciona, en cierta medida, como un homenaje a Ray Harryhausen, el gran maestro de los efectos especiales en stop motion que dio vida a criaturas fantásticas en películas como Jason and the Argonauts y Clash of the Titans. La paradoja es deliciosa: Con sus criaturas fantásticas, Harryhausen ayudó a definir el imaginario cinematográfico de la mitología griega, pero nunca participó en una adaptación directa de La Ilíada o La Odisea.

La relación de Nolan con Homero, además, pudo haber comenzado mucho antes. El director estuvo vinculado inicialmente a Troy, la superproducción basada en La Ilíada y protagonizada por Brad Pitt que finalmente dirigió Wolfgang Petersen. Nolan prefirió entonces embarcarse en Batman Begins, pero más de veinte años después regresó al universo homérico con The Odyssey (curiosamente, entre la escritura de La Ilíada y La Odisea transcurrieron un par de décadas).

De Inception y Batman Begins a Memento: la filmografía de Christopher Nolan ordenada de menor a mayor – Rolling Stone en Español

Ahora queda una fantasía irresistible para los cinéfilos: que Nolan complete el viaje y se atreva con La Ilíada. Sería casi una especie de Memento épica, una precuela contada después de su desenlace. Y si Christian Bale y Tom Hardy, dos de sus actores más emblemáticos y grandes ausentes de The Odyssey, interpretaran a Aquiles y Héctor, su duelo frente a las murallas de Troya haría estremecer a cualquier amante del cine (¿tendremos que esperar otros veinte años?).

Cortesía de Universal

1. Todos los caminos narrativos parecen conducir a Homero

Pocas obras han ejercido una influencia tan profunda sobre la imaginación occidental como La Ilíada y La Odisea. Más que dos poemas épicos, constituyen el punto de partida de buena parte de la literatura de Occidente. Si aceptamos la idea de los arquetipos narrativos desarrollada por el psicoanalista Carl Gustav Jung, resulta difícil encontrar una gran aventura que no dialogue, de una u otra forma, con el viaje de Odiseo.

Sir Christopher Nolan parece ser plenamente consciente de ello. Su película deja entrever que el largo regreso del rey de Ítaca guarda sorprendentes afinidades con otra de las grandes leyendas europeas: El ciclo artúrico. Así como Odiseo abandona su reino para emprender un viaje que lo transforma para siempre, el rey Arturo se aleja de Camelot en busca del Santo Grial, una travesía que también pone a prueba su identidad y el destino de su reino. 

Incluso existe un paralelismo estructural muy llamativo entre ambos relatos. En la leyenda artúrica, solo quien logra extraer Excalibur de la piedra demuestra que posee el derecho legítimo a gobernar. En La Odisea, el desafío es diferente, pero cumple exactamente la misma función narrativa: solo quien consiga tensar el inmenso arco de Odiseo y atravesar con una flecha el ojo de doce hachas podrá reclamar la mano de Penélope y el trono de Ítaca. En ambos casos, el héroe legítimo es reconocido por una prueba imposible que ningún impostor puede superar. Más que una coincidencia, parece la supervivencia de un mismo arquetipo narrativo a través de los siglos.

Hay, además, un detalle que despierta una pregunta inevitable. En varios momentos, The Odyssey parece dialogar visualmente con Monty Python and the Holy Grail. La combinación entre música solemne, criaturas fantásticas capaces de inspirar auténtico terror y héroes huyendo desesperadamente recuerda por momentos la célebre parodia de los Monty Python. Del mismo modo que los caballeros de la Mesa Redonda escapan de criaturas absurdas como la bestia de los mil ojos de Argh, los hombres de Ulises corren aterrorizados frente al cíclope Polifemo. ¿Es una coincidencia o un guiño deliberado? Sería una magnífica pregunta para Nolan, porque demuestra que los grandes mitos no solo alimentan las epopeyas, sino también las parodias. Después de todo, ambas son formas distintas de mantenerlos vivos.

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Así como The Pitt bebe más de lo que quizá estaría dispuesta a admitir de ER (hasta parecer en ocasiones su heredera directa, su reformulación y casi su spin-off espiritual), The Bear mantiene una deuda evidente con Boiling Point, la película de Philip Barantini filmada en plano secuencia y protagonizada por Stephen Graham que posteriormente se prolongó en una serie de la BBC. Ambas convierten el servicio de un restaurante en una crisis sostenida, siguen cuerpos que se desplazan al borde del agotamiento y entienden que una cocina profesional puede ser simultáneamente fábrica, familia, ejército, refugio y cámara de tortura. 

Boiling Point apareció primero, en 2021, y su continuación televisiva llegó en 2023, cuando The Bear ya se había convertido en todo un fenómeno. La semejanza existe, es profunda y no vale la pena disimularla. Tampoco importa demasiado. El arte no se mide únicamente por la novedad de sus ingredientes, sino por lo que consigue cocinar con ellos. Y durante cinco temporadas The Bear llevó la televisión hasta su máximo nivel de ejecución.

Carmen “Carmy” Berzatto, interpretado por un extraordinario Jeremy Allen White, abandona el mundo de la alta cocina y regresa a Chicago después del suicidio de su hermano Michael (Jon Bernthal). Allí hereda a The Original Beef of Chicagoland, una sandwichería familiar deteriorada, endeudada y gobernada por un sistema que solo puede llamarse sistema porque ha sobrevivido al caos que lo produjo. Carmy llega con técnicas, disciplina, lenguaje de brigada, estrellas Michelin en el pasado y una incapacidad casi absoluta para permanecer emocionalmente presente. Sabe organizar una cocina, pero no sabe qué hacer con el dolor. Puede convertir ingredientes en experiencias sublimes, aunque no consigue hablar con su hermana Natalie (Abby Elliott) ni aceptar que la muerte de Mikey ha dejado algo podrido dentro de todos ellos.

La cocina se transforma entonces en el escenario visible de una tragedia invisible. Cada cuchillo, cada pedido retrasado, cada deuda y cada plato que regresa a la mesa expresan conflictos que los personajes no saben verbalizar. El restaurante no es únicamente un negocio: es el cadáver de Mikey, el hogar de Richie (Ebon Moss-Bachrach), la oportunidad de Sydney (Ayo Edebiri), el despertar creativo de Marcus (Lionel Boyce), la segunda vida profesional de Tina (Liza Colón-Zayas), el proyecto administrativo de Natalie y la prisión voluntaria de Carmy. Todos creen estar trabajando en el mismo lugar, pero cada uno habita un restaurante diferente.

Ahí comienza la grandeza de The Bear. Muchas series laborales utilizan el oficio como decorado. Al igual que Mad Men lo hizo con el mundo de la publicidad, esta serie convierte el trabajo en psicología, dramaturgia y lenguaje cinematográfico. La cocina no sirve para llenar el fondo mientras los personajes conversan sobre sus vidas. La cocina es su vida. Determina cómo hablan, cuánto duermen, qué relaciones pierden, qué cuerpos sacrifican y qué versión de sí mismos pueden llegar a imaginar. Como ocurre en The Pitt, la competencia profesional se vuelve un espectáculo en el que personas altamente capacitadas resuelven problemas concretos mientras el tiempo, la presión y la fragilidad humana intentan derrotarlas. Sin embargo, The Bear añade algo todavía más doloroso y es la posibilidad de que el talento no sea una salida, sino otra forma de condena.

La primera temporada es una máquina de ansiedad. Christopher Storer y Joanna Calo filman The Original Beef como un organismo que funciona gracias a los gritos, la costumbre y una milagrosa resistencia al desastre. Los pedidos se acumulan, las máquinas se dañan, el dinero desaparece y los personajes ocupan un espacio demasiado pequeño para todo lo que callan. La sensación de autenticidad nace tanto de los procedimientos culinarios como del ruido, la proximidad física y la imposibilidad de retirarse cuando el servicio comienza.

Carmy intenta imponer la brigada francesa en un lugar donde Tina se resiste a cualquier cambio, Richie entiende la transformación como una traición a Mikey, Marcus descubre que cocinar puede ser una forma de creación y Sydney comprueba que la ambición no siempre está acompañada por la experiencia necesaria para sostenerla. La serie encuentra su corazón no solo en Carmy, sino en la tensión entre tradición y renovación. El Beef es disfuncional, pero también es una comunidad. Carmy quiere salvarlo sin comprender todavía que, para hacerlo, debe aceptar aquello que el lugar significa para los demás.

Jeremy Allen White construye a Carmy desde la introspección. Su genialidad no se manifiesta mediante los desplantes narcisistas habituales del chef cinematográfico y del reality show, sino a través de su precisión, su silencio y su dificultad para habitar cualquier espacio que no esté gobernado por una emergencia. Cuando finalmente explota, la violencia resulta devastadora porque la serie ha mostrado previamente cuánto se esfuerza por no convertirse en los hombres que lo destruyeron. El personaje no está atormentado por ser talentoso. Está herido por el duelo, la culpa, el abuso laboral y la certeza de que nunca logró rescatar a su hermano.

Review, el séptimo episodio, lleva esa presión a un extremo formal mediante un plano secuencia que convierte un error en el sistema de pedidos digitales en una reacción en cadena. La cámara se mueve entre insultos, cuchillos, fuego, órdenes y cuerpos al límite. No es solo una proeza técnica. Es la traducción audiovisual de una crisis nerviosa colectiva. Para entonces, la serie ya ha conseguido que el espectador no observe el desastre desde afuera, sino que sienta que trabaja allí.

La primera temporada habla del duelo, pero también del emprendimiento en su fase más brutal. Carmy no recibe un negocio, recibe deudas, infraestructura defectuosa, empleados que desconfían de él y una herencia afectiva imposible de contabilizar. El dinero escondido en las latas de tomate puede ser una solución argumental demasiado conveniente, pero permite cerrar la temporada con una imagen necesaria: la posibilidad de extender The Beef en The Bear. La promesa de que del dolor puede surgir algo nuevo.

La segunda temporada evita la repetición mediante una decisión brillante que tiene que ver con cerrar temporalmente la cocina. En lugar de intentar superar el estrés de la primera temporada con un volumen todavía mayor, la serie convierte la remodelación del restaurante en una exploración de lo que cada personaje necesita para transformarse.

Carmy y Sydney diseñan el menú mientras enfrentan el costo económico y emocional de sus aspiraciones. Natalie se convierte en administradora de un proyecto que parece descubrir un problema estructural cada vez que resuelve otro. Marcus viaja a Copenhague y aprende que la excelencia no tiene por qué estar construida sobre la humillación. Tina asiste a la escuela culinaria y descubre que todavía puede crecer. Richie, perdido ante un mundo que siente que ya no lo necesita, encuentra una nueva identidad en el servicio.

Forks es uno de los grandes episodios de la televisión contemporánea porque transforma un tenedor mal pulido en una revelación existencial. Richie comprende que servir no significa someterse, sino prestar atención; que recordar un detalle puede convertir una cena en un acontecimiento; que la hospitalidad también es una forma de amor. Ebon Moss-Bachrach realiza aquí el giro más difícil de toda la serie. No vuelve amable a Richie ni borra su agresividad, sino que le concede un propósito. De pronto, el hombre que parecía una reliquia del viejo Beef se convierte en quien mejor entiende lo que The Bear puede llegar a ser.

En el extremo contrario está Fishes, la cena navideña donde el pasado de los Berzatto explota alrededor de una mesa. Jamie Lee Curtis interpreta a Donna como una madre capaz de convertir el amor en amenaza y el cuidado en chantaje emocional. Jon Bernthal dota a Mikey de un carisma que permite comprender por qué todos siguen orbitando alrededor de su ausencia. El episodio explica que la cocina de The Bear no inventó su violencia, sino que la heredó de una familia donde amar significa vigilar constantemente el momento de la próxima explosión.

La segunda temporada pregunta qué hace valiosa una vida. Carmy, que ha llegado a la cima de su oficio sin experimentar alegría, intenta iniciar una relación con Claire, pero interpreta el bienestar como una distracción. Sydney quiere una estrella Michelin sin saber si el reconocimiento compensará el sacrificio. Marcus descubre el placer del aprendizaje mientras se enfrenta al deterioro de su madre. Richie encuentra dignidad en un trabajo que antes despreciaba. La temporada entiende que el propósito no llega como una revelación grandiosa: aparece al limpiar un tenedor, aprender una técnica o descubrir que uno todavía puede ser útil.

La apertura de The Bear reúne todos esos procesos y también revela la incapacidad de Carmy para disfrutar lo construido. Encerrado dentro de un refrigerador, destruye su relación con Claire y descarga su rabia sobre Richie. La imagen es perfecta. El chef que consiguió abrir su restaurante no puede participar en su propia noche inaugural. Ha creado el lugar de sus sueños y se encuentra atrapado detrás de una puerta.

La tercera temporada es la más polémica, frustrante y formalmente arriesgada. Después del impulso narrativo de las dos primeras, la serie decide detenerse. Carmy sale del refrigerador, pero convierte todo el restaurante en uno. Impone una lista de principios innegociables, cambia el menú diariamente y persigue una perfección que no puede definirse porque en realidad no busca excelencia: intenta controlar el dolor.

Tomorrow, el episodio inicial, reconstruye su formación culinaria como un poema audiovisual. Los recuerdos de chefs generosos conviven con la violencia psicológica ejercida por el personaje de Joel McHale. Trent Reznor y Atticus Ross acompañan un montaje donde el aprendizaje y el trauma terminan siendo difíciles de separar. Carmy aprendió a cocinar en cocinas extraordinarias, pero también aprendió que la excelencia exige miedo. Su gran tragedia consiste en intentar construir un espacio diferente mientras reproduce las condiciones que lo destruyeron.

La temporada avanza deliberadamente en círculos. Sydney no consigue firmar el acuerdo que la convertiría en socia. Richie no responde a la invitación de boda de Tiffany (Gillian Jacobs). Carmy no llama a Claire (Molly Gordon), el amor de su vida. Natalie espera el nacimiento de su hija. La crítica del Chicago Tribune tarda en llegar. Todos se encuentran suspendidos frente a una decisión que podría modificar sus vidas y ninguno consigue atravesarla.

Esa inmovilidad produce algunos de los mejores episodios de la serie y también sus mayores excesos. Napkins, dirigido por Ayo Edebiri, reconstruye la llegada de Tina al Beef y convierte un almuerzo compartido con Mikey en un acto de rescate. Liza Colón-Zayas demuestra que detrás de la hostilidad inicial de Tina existía una mujer expulsada del mercado laboral, humillada por la indiferencia y necesitada de un lugar donde su experiencia todavía tuviera valor. Ice Chips, centrado en Natalie y Donna durante el parto, transforma una habitación hospitalaria en un espacio donde madre e hija intentan interrumpir la transmisión del trauma.

Sin embargo, la temporada también se entrega demasiado a sus propios manierismos. Las apariciones de chefs reales interrumpen el pulso dramático; los Fak pasan de válvula cómica a invasión; Sydney queda relegada cuando debería ocupar el centro del conflicto; y la fragmentación empieza a parecer menos una apuesta que una postergación. La serie demuestra que puede convertir una arveja, una cicatriz o un plato en metáfora, pero por momentos se enamora tanto de su sensibilidad que se olvida de avanzar.

Pero no se equivoquen. No es una mala temporada. Es una temporada incompleta, una larga inhalación antes de que la historia continúe. Su problema consiste en que The Bear había enseñado al espectador a esperar una combinación casi perfecta entre forma, emoción y movimiento. Cuando uno de esos elementos desaparece, la excelencia de los otros no alcanza a ocultar la ausencia.

La cuarta temporada comienza con la crítica negativa del Chicago Tribune. El restaurante es acusado de inconsistencia, precisamente el defecto que muchos encontraron en la temporada anterior. Carmy debe aceptar que su obsesión por cambiar el menú diariamente, sorprender y perseguir una grandeza abstracta ha debilitado tanto la experiencia de los comensales como el funcionamiento del equipo.

La serie responde a sus propios excesos recuperando la claridad narrativa. El tío Jimmy (Oliver Platt) instala una cuenta regresiva que marca el tiempo restante antes de retirar su apoyo económico. The Bear necesita alcanzar estabilidad, controlar sus costos y demostrar que puede sobrevivir. La excelencia ya no es una fantasía artística, debe coexistir con nóminas, proveedores, reservas, tiempos y balances. El emprendimiento deja de presentarse como un discurso inspirador y revela su verdadera naturaleza de una maquinaria que puede triturar incluso a quienes hacen bien su trabajo.

Carmy intenta “hacerlo mejor”. Habla, escucha y pide disculpas. No se transforma de repente en un hombre saludable (la serie jamás traiciona al personaje con una curación milagrosa), pero empieza a comprender que la responsabilidad no consiste en sentirse culpable, sino en modificar la conducta que hiere a los demás. Jeremy Allen White encuentra nuevas capas en un personaje que preferiría quemarse las manos antes que permanecer dentro de una conversación emocional.

La temporada también devuelve al elenco la posibilidad de interactuar. Sydney sigue debatiéndose entre aceptar otra oportunidad profesional o comprometerse definitivamente con The Bear. Richie construye una relación con Jessica (Sarah Ramos) basada en el respeto y en una versión menos defensiva de sí mismo. El matrimonio de Tiffany reúne a la familia biológica y a la familia elegida en un episodio extenso que funciona como reverso luminoso de Fishes. Allí donde la cena navideña mostraba cómo una familia puede intoxicar cada gesto de afecto, la boda permite contemplar cómo personas igualmente heridas pueden comenzar a repararse mediante dos palabras difíciles: perdón y gracias.

La cuarta temporada no alcanza la perfección de la segunda. Reduce demasiado a Tina después de haberle entregado su episodio definitivo, insiste más de la cuenta con la santificación de Claire y resuelve algunas tensiones con menos fuerza de la prometida. Aun así, recupera el impulso, la química del elenco y la certeza de que The Bear solo funciona cuando la comida, la familia y el trabajo ocupan simultáneamente el centro. La serie regresó a una forma más firme y satisfactoria después del estancamiento parcial anterior.

Cabe mencionar que las apariciones especiales también enriquecieron el universo de The Bear sin reducirse al simple desfile de celebridades. Will Poulter convirtió a Luca, el chef que guía a Marcus en Copenhague, en la prueba de que la excelencia puede transmitirse sin crueldad; Olivia Colman dotó a la chef Terry de una serenidad capaz de redefinir el servicio como cuidado; y Bob Odenkirk, como el corrosivo tío Lee, participó en Fishes la violencia verbal y los resentimientos que intoxican a los Berzatto. Más adelante, Josh Hartnett aportó calidez y una vulnerabilidad inesperada como Frank, la nueva pareja de Tiffany, mientras Alison Brie, como Francie Fak, amplió esa constelación de relaciones, agravios y afectos que convierte a la familia extendida de la serie en un organismo tan caótico como entrañable. Ninguno llega para robarse el plato: todos añaden un ingrediente preciso a una serie que entiende el cameo como desarrollo emocional y no como truco publicitario. 

La quinta y última temporada comprende que el cierre no necesita una nueva expansión. Necesita regresar al origen con un grupo de personas intentando superar un servicio que amenaza con destruirlas. Carmy ha anunciado su salida y Sydney debe asumir el liderazgo de una cocina que enfrenta el retiro del apoyo financiero de Jimmy. Una inspección Michelin puede conceder al restaurante la legitimidad que persiguieron durante años, pero el reconocimiento corre el riesgo de convertirse en una victoria inútil si el negocio no puede sostenerse.

La temporada final concentra buena parte de su acción en un servicio atravesado por una tormenta, problemas de plomería, una colisión, reservas duplicadas, platos perdidos, clientes retrasados y trabajadores emocionalmente agotados. Todo aquello que puede fallar falla. La cocina vuelve a ser un campo de batalla, pero ya no está habitada por las mismas personas que conocimos en 2022. La quinta temporada fue presentada oficialmente como el cierre de la serie y como el último gran desafío conjunto del equipo.

La diferencia fundamental está en la naturaleza del caos. En la primera temporada, cada problema aislaba a los personajes y revelaba la fragilidad de una estructura sostenida por el miedo. En la quinta, las dificultades también producen cooperación. La serie mantiene su fascinación por la competencia profesional (ese placer de observar a personas extraordinarias resolver problemas bajo presión), pero demuestra que la pericia individual solo adquiere sentido dentro de una comunidad.

Richie intenta manejar reservas imposibles; los empleados responden al desastre con humor de patíbulo; Natalie intenta entregar a su hija al cuidado de Donna sin imaginar que el trauma familiar pueda filtrarse por contacto. La risa no elimina el dolor: permite respirar dentro de él.

El desenlace de The Bear no depende realmente de obtener una estrella Michelin. Esa meta, como el restaurante, siempre fue una superficie sobre la cual los personajes proyectaban necesidades más profundas. Sydney quería demostrar que podía construir algo duradero. Richie necesitaba sentirse necesario. Natalie buscaba una familia que no reprodujera la violencia de su infancia. Marcus quería convertir la curiosidad en oficio. Tina necesitaba comprobar que su vida profesional no había terminado. Carmy perseguía una perfección capaz de justificar todo lo perdido.

La serie termina comprendiendo que ningún reconocimiento puede cumplir esas funciones. Una estrella no devuelve a Mikey, no repara la infancia, no garantiza solvencia y no convierte automáticamente a un jefe herido en un buen mentor. El verdadero triunfo está en haber construido un lugar donde personas solitarias pueden trabajar, discutir, cocinar, fracasar y aun así permanecer juntas. La quinta temporada cierra así una serie que comenzó con una familia destruida y termina con la posibilidad de una familia elegida.

Decir que The Bear es la serie sobre chefs más importante de todos los tiempos no significa únicamente reconocer la autenticidad de sus cocinas, la belleza de sus platos o la precisión de su vocabulario. Significa entender que ninguna otra serie ha utilizado la gastronomía con semejante riqueza para hablar del trabajo contemporáneo.

The Bear es una serie sobre la frustración porque sus personajes descubren constantemente que el talento no garantiza resultados. Es una serie sobre presión porque cada aspiración trae consigo nuevas responsabilidades, gastos y posibilidades de fracaso. Es una serie sobre estrés porque observa cuerpos obligados a funcionar cuando la mente ya no puede sostenerlos. Es una serie sobre ambición porque nunca romantiza completamente el deseo de ser el mejor, sino que muestra su capacidad para producir belleza y también para devorar todo lo que existe alrededor.

Y es, de manera especialmente lúcida, una serie sobre emprendimiento. En el discurso empresarial, abrir un restaurante suele presentarse como la realización de un sueño. The Bear muestra permisos, moho, préstamos, equipos defectuosos, proveedores, nóminas, plazos, críticas, reservas, márgenes mínimos y jornadas que convierten la vocación en agotamiento. El restaurante no fracasa porque sus responsables carezcan de pasión. Puede fracasar precisamente porque la pasión los empuja a gastar, exigir y trabajar más allá de lo sostenible.

La serie tampoco confunde liderazgo con autoridad. Carmy posee mayor conocimiento técnico que casi todos los demás, pero eso no lo convierte automáticamente en el mejor jefe. Sydney posee visión, pero debe aprender a comunicarla y sostener sus consecuencias. Richie descubre que servir es anticiparse a las necesidades ajenas. Tina comprende que enseñar y aprender pueden ocurrir a cualquier edad. El liderazgo se distribuye porque ningún restaurante (y ninguna familia) puede sobrevivir dependiendo del genio de una sola persona.

La cocina es también una metáfora perfecta del trauma. Todo debe prepararse antes del servicio. Lo que no se procesa a tiempo aparece en el peor momento. Un error pequeño puede contaminar una estación completa. Las heridas se esconden bajo vendas azules para que puedan encontrarse si caen dentro de la comida. En The Bear, los personajes intentan hacer lo mismo con sus daños (cubrirlos, continuar y confiar en que nadie los encuentre). Pero el dolor siempre termina en el plato.

Christopher Storer asumió la serie con una versatilidad extraordinaria. Podía convertir un episodio en una estampida de cortes y sonido, filmar otro como un plano secuencia, construir una memoria casi sin diálogos o detenerse durante una hora frente a una conversación familiar. La música, la fotografía, el montaje y el diseño sonoro nunca funcionaron como simples adornos. Cada recurso intentaba reproducir una experiencia mental: la ansiedad de Carmy, la atención de Richie, la creatividad de Marcus, la duda de Sydney o la soledad de Tina.

El elenco hizo posible que ese virtuosismo no se convirtiera en una exhibición vacía. Jeremy Allen White creó a un hombre que parece estar permanentemente a segundos de desaparecer dentro de sí mismo. Ayo Edebiri dotó a Sydney de inteligencia, ambición, torpeza y una ansiedad que nunca reduce su autoridad. Ebon Moss-Bachrach realizó una de las transformaciones más conmovedoras de la televisión reciente. Abby Elliott convirtió a Natalie en el centro administrativo y afectivo que todos necesitaban. Lionel Boyce hizo de la curiosidad una forma de bondad. Liza Colón-Zayas encontró dentro de Tina el orgullo de quien vuelve a sentirse visible. Jon Bernthal construyó con apariciones breves un fantasma cuya gravedad organiza toda la serie.

The Bear tuvo una tercera temporada indulgente, historias que se prolongaron demasiado y una relación con la comedia tan problemática como su categorización en los Emmy. Pero incluso sus fallas nacieron de una ambición enorme. En una época llena de series fabricadas para acompañar distracciones, esta exigía atención completa. No quería ser consumida mientras revisaba el teléfono. Quería alterar la respiración.

Durante cinco temporadas, The Bear mostró lo que la televisión puede alcanzar cuando escritura, actuación, montaje, sonido, música y dirección trabajan con la precisión de una gran brigada. Fue una serie sobre cocinar, pero también sobre servir. Sobre heredar. Sobre fracasar. Sobre pedir perdón. Sobre intentar crear belleza en un sistema que apenas concede tiempo para sobrevivir.

Como The Pitt dentro del drama médico, The Bear no es importante solo porque represente un oficio con autenticidad. Lo es porque utiliza ese oficio para hablar de la condición humana. Ambas entienden que el verdadero drama laboral no consiste en ejecutar una tarea, sino en descubrir qué parte de uno mismo debe sacrificarse para ejecutarla bien.

The Bear nunca fue únicamente el nombre de un restaurante. Era Mikey. Era Carmy. Era el miedo que perseguía a toda la familia y la criatura interior que cada personaje intentaba domesticar. La serie no logró curarlos por completo, porque las grandes historias saben que la curación absoluta es otra fantasía. Les concedió algo más modesto y verdadero: la posibilidad de continuar juntos. “Cada segundo cuenta”, repetía el letrero de la cocina. The Bear hizo que cada uno contara.

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BandLab Technologies has acquired AI-powered digital audio workstation Aiode, adding to its suite of products which includes BandLab, Cakewalk, ReverbNation and Airbit.

Aiode is a digital music-making product that allows music creators to write and produce songs by using audio-to-audio models, meaning a user can upload a half-finished track they’ve made, for example, and Aiode’s AI-powered virtual musicians can help finish out the song idea stem-by-stem. It also allows musicians to regenerate specific portions of songs to help take their ideas in a new direction, to quickly find new samples and to work alongside models based on real musicians, who have collaborated with Aiode, to create with their artistic flair.

Developed alongside session musicians and producers, the product has only been trained on licensed pre-existing music as well as audio created by professional musicians in-house. The models within Aiode’s platform are also proprietary and all of its licensed training data is traceable to its source.

Aiode adds to BandLab Technologies’ suite of options for a growing class of do-it-yourself music creators, including BandLab, which is a social music creation platform, and Cakewalk, its suite of desktop music tools. Based in Singapore, BandLab Technologies is a division of Caldecott Music Group, which also owns NME Networks and Vista Musical Instruments.

This deal is part of a growing trend in AI music acquisitions in the last year. In 2025, AI music company Suno acquired WavTool, a browser-based digital audio workstation, and Epidemic Sound purchased Song Sleuth, an AI recognition startup. In January, Beatstars acquired AI music tool Lemonaide, and Splice bought Kits AI. Then, in February, Google acquired AI music startup ProducerAI, which is now available as part of Google Labs’ offerings, which also includes its music model Lyria 3.

“Aiode shares BandLab Technologies’ ethos of innovation and giving music makers every opportunity to find success,” says Idan Dobrecki, CEO and co-founder of Aiode. “Since Aiode was founded in 2022, we’ve worked side by side with professional musicians to create technology that respects their artistry and keeps them involved in how their musical identity is represented. BandLab Technologies gives us the opportunity to bring that approach to more creators,”

“For Aiode, joining a group that understands both accessible creation and professional production is a rare fit,” says Blue Dobrecky, COO and co-founder of Aiode. “BandLab Technologies’ breadth of experience gives us a much broader foundation for where Aiode can go as the ways people make music continue to evolve.”


BandLab Acquires AI-Powered Digital Music Studio Aiode

Lily Allen has rethought the routing for her upcoming tour in support of her acclaimed West End Girl album. After playing a series of North American theaters in the spring, Allen had announced a run of arenas in the fall. But this week, she’s downsized a majority of the shows to arenas and amphitheaters, as well as canceling her planned stop in Montreal.

In an Instagram post announcing the change on Monday (July 13), Allen wrote, “I am so beyond excited to bring West End Girl back across the pond this September!! It has been so surreal playing this album to such epic crowds this summer.. Thank you for singing every word with me.”

She added, “We have a few updates since we first announced this leg of the tour earlier in the year. I am SO excited to say we are now coming to Seattle, tickets on sale July 24, 10AM local.” Allen also noted that shows in Philadelphia, Chicago, Los Angeles, San Francisco and Vancouver have been adjusted down, informing fans that if they have tickets for those shows they will automatically be refunded in the next 5-7 working days and enrolled into a presale that will go live at 10 a.m. local time on July 22; a general onsale will follow on July 24 at 10 a.m. local.

Allen also apologized to her fans in Montreal, saying, “I am so sad to say we tried our hardest but will not be able to make it to you this time. NY, Boston, Toronto, Detroit, Minneapolis, Red Rocks – you are staying as is. Tickets on sale now :))” The singer did not give any reason for the downscaling of the tour, which played theaters and concert halls across the U.K., Europe and the U.S. earlier this year, bumping up to arenas in the U.K. during a recent run; at press time a spokesperson for Allen had not returned a request for additional comment on the tour date shuffle.

The fall North American tour is now slated to kick off on Sept. 3 at Madison Square Garden in New York, followed by a Sept. 4 stop at MGM Music Hall at Fenway in Boston. After shows in Philadelphia at the TD Pavilion at Highmark Mann (originally at 21,000-capacity Xfinity Mobile Arena), Toronto, Detroit, Chicago (now at the 3,500-capacity Chicago Theatre vs. the 23,500-capacity United Center), Minneapolis, Morrison, Colo., Los Angeles (5,900-capacity Greek Theatre vs. the 18,000-capacity Kia Forum), Oakland (3,000-capacity Paramount Theatre vs. 21,500-capacity Chase Center in San Francisco) and Seattle, the outing is slated to wrap up on Sept. 28 at the Orpheum in Vancouver.

Allen has been eschewing her back catalog on the tour in favor of playing the new 2025 album in chronological order. She recently defended her artistic choice after someone who attended one of her shows at the O2 Arena in London complained about length of the show, the lack of an opening act and Allen not addressing the audience.

“The show has always been advertised as ‘Lily Allen performs West End Girl,’” Allen wrote. “I was a few mins late as my tights were laddered and i had to change them,” she continued. “The show is just over an hour as it’s just the album in its entirety. It’s my artistic choice not to talk to the audience, the fourth wall helps with the storytelling. Most people find it to be effective. “I don’t want anyone to feel ripped off. Everyone on this tour is really working very hard to give people the best show we possibly can, and i’m extremely proud of it.”

Check out the revised fall 2026 North American tour dates below.

  • Sept. 3: New York, N.Y. @ Madison Square Garden
  • Sept. 4: Boston, Mass. @ MGM Music Hall at Fenway
  • Sept. 6: Philadelphia, Pa. @ TD Pavilion at Highmark Mann
  • Sept. 10: Toronto, ON @ RBC Amphitheatre
  • Sept. 12: Detroit, Mich. @ Fox Theatre
  • Sept. 13: Chicago, Ill. @ Chicago Theatre
  • Sept. 16: Minneapolis, Minn. @ The Armory
  • Sept. 18: Morrison, Colo. @ Red Rocks Amphitheatre
  • Sept. 21: Los Angeles, Calif. @ Greek Theatre
  • Sept. 22: Oakland, Calif. @ Paramount Theatre
  • Sept. 24: Seattle, Wash. @ Paramount Theatre
  • Sept. 28: Vancouver, B.C. @ Orpheum


BandLab Acquires AI-Powered Digital Music Studio Aiode

Queens of the Stone Age is back with new music, and the announcement of an extended tour that will see the rockers finish the year touring the lands down under.

But first, the arrival of QOTSA’s new single “Easy Street” (via Matador Records / Remote Control Records), the band’s first new song since 2023 studio album In Times New Roman. 

Featuring vocals from Nikki Lane, the mid-tempo “Easy Street’ is accompanied by a weird and wonderful music video directed by Tony Wolski and Christopher Gruse, based on a story and idea by frontman Josh Homme.

“It’s kind of a funny song,” remarks Homme, who produced it with Michael Shuman. “It’s like hitting your funny bone, where it’s funny because it hurts and it hurts because it’s funny. You’re serious, but it’s funny,” he continues. “We made it the way you’d make a demo. No click track, mistakes left in. It speeds up, it slows down, the claps aren’t great, but they’re not bad, and a bad clap adds this human thing you can’t fake.” 

He continues, “It’s not just about silliness. It’s about understanding the imperfection of your life. The song, like your life, is in the mistakes. Its imperfections are unbeatable.”

With new music comes additional tour dates. As the new Australasian itinerary currently stands, Homme, Troy Van Leeuwen, Michael Shuman, Dean Fertita and Jon Theodore will embark on a seven-city visit of capital cities and at least two regional centers.

On that route, the band will play a mix of outdoor and arena shows, starting Dec. 8 at Adelaide’s The Drive. The QOTSA show will then hit the road for arena concerts in Hobart, Melbourne, Sydney, Newcastle, Brisbane, and wrap up Dec. 20 at Auckland’s Spark Arena.

Australian and New Zealand fans will be the first to experience a brand-new show following QOTSA’s current European tour with System of a Down and scheduled U.S. dates with Foo Fighters, plus a headline show in Iceland set for October, according to Live Nation, which is production the run of Australia and New Zealand.

Special guests on the ANZ tour are ‘90s alternative rockers Primus and homegrown experimental art-punk quartet Tropical F*ck Storm.

The general on sale begins Monday, July 20 at 11am. For complete tour and ticket information, visit livenation.com.au and livenation.co.nz.

Queens Of The Stone Age Tour of Australia And New Zealand 2026:

Dec. 8 — The Drive, Adelaide
Dec. 11 — MyState Bank Arena, Hobart
Dec. 13 — Rod Laver Arena, Melbourne
Dec. 15 — Afterpay Arena, Sydney
Dec. 16 — Newcastle Entertainment Centre
Dec. 18 — Brisbane Entertainment Centre
Dec. 20 — Spark Arena, Auckland

With special guests Primus and Tropical F*ck Storm
Presented by Double J