System of a Down protagonizó un nuevo capítulo de su histórica rivalidad con Oasis durante el show que dio el pasado lunes 13 de julio en el estadio Tottenham Hotspur de Londres, donde incitó a la audiencia a corear contra la banda británica. El momento tuvo lugar durante la interpretación de «Needles», tema que el […]
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Lana Del Rey ha obsequiado a sus fans con una sorpresa a mitad de semana: Stove irá acompañado de un “hermoso álbum secundario”, que representa diferentes partes de su trayectoria a lo largo de los últimos cuatro años.
En una extensa publicación de Instagram, Del Rey compartió que invirtió “mucho tiempo esperando a que las cosas encajaran y muchísimo tiempo preguntándose si estaba bien que todo se desmoronara.” Mientras tanto, “entre canciones surgieron nuevos pensamientos sobre viejos amigos y nuevos sueños, y de la duda de si el árbol que había estado cuidando crecería surgieron nuevos brotes y así creció un nuevo rosal bajo el sauce”. Ese rosal se convirtió en su “gran álbum complementario”, que fue “elaborado por tantas personas como pude encontrar para ayudarme a ordenar mis pensamientos sobre cuánto estaba cambiando.”
Del Rey afirmó que, si bien Stove es “tan encantador e intacto como se concibió—un LP clásico—”, el álbum secundario se fue revelando con el paso del tiempo. La cantautora compartió que el proyecto es una especie de “comentario sobre todo lo que ha estado sucediendo, la paciencia que se requirió y la confianza que tuve que tener en que no todo lo que no funcionaba era solo por mi culpa.”
Agradeció a sus colaboradores en el álbum y dijo que necesitará un mes para terminar de armarlo antes de enviar ambos álbumes a vinilo. Del Rey calificó los dos álbumes como “mis obras más hermosas.” Comparando la vida con el flujo impredecible de un río, agregó: “No es tu elección de verdad y es una verdadera aventura en sí misma”, y añadió: “Escribí sobre ello. Ahora es momento de confiar en el proceso y dejarse llevar por la corriente.”
Del Rey bromeó: “Estoy muy agradecida con todos los que siguen a bordo conmigo. Y, por supuesto, les deseo lo mejor a todos los que se quedaron en tierra. Claro que lo entiendo. Mentiras, pensé que estábamos todos en el mismo barco”.
La artista lleva tiempo dando pistas y posponiendo la fecha de lanzamiento de su próximo álbum, sucesor de Did You Know That There’s a Tunnel Under Ocean Blvd de 2023. Su esperado disco se tituló originalmente Lasso, luego The Right Person Will Stay y, finalmente, Stove (por ahora).
Para satisfacer a sus fans mientras llegan los álbumes, Del Rey acompañó su anuncio más reciente con fotos de las portadas de dos discos de vinilo: uno con un retrato suyo enmarcado por flores titulado “Stove”, y otro de un barco que parece llamarse “Spyda”, que podría ser o no el título del álbum. También incluyó clips de fuegos artificiales y celebraciones del 4 de julio, una captura de esas botas Ralph Lauren que persiguió tras verlas durante la Semana de la Moda de Nueva York en febrero y un video de Del Rey bailando con su gato con un bolso Chanel. Todo es muy críptico, nostálgico y muy al estilo de Lana.
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El viernes 10 de julio, la Fiscalía de Jalisco confirmó el fallecimiento de Benjamín Medrano Quezada, tras el ataque armado que sufrió el 7 de julio en calles de Guadalajara.
De acuerdo con los reportes, el exalcalde de Fresnillo fue atacado a balazos por un hombre que portaba un casco. Tras la agresión, el atacante huyó del establecimiento a bordo de una motocicleta. Empleados de la nevería ubicada en el cruce de la avenida Experiencia y la calle Cintra, en Guadalajara, solicitaron apoyo al 911. No obstante, debido a la gravedad de las heridas que sufrió en el cráneo, se presume que Benjamín Medrano ya no presentaba signos vitales al momento de la llegada de los servicios de emergencia y que falleció en el lugar.
El político fue trasladado al Servicio Médico Forense (Semefo), donde permaneció hasta que sus familiares realizaron la identificación del cuerpo. Posteriormente, el 10 de julio, se confirmó y comunicó oficialmente su fallecimiento. Hasta el momento, no se han dado a conocer más detalles sobre los presuntos responsables ni sobre el avance del caso; sin embargo, las autoridades mantienen abierta la investigación y continúan con la búsqueda de los sospechosos.
Benjamín Medrano Quezada fue un político, empresario y cantante mexicano, originario de Nochistlán, Zacatecas. A lo largo de su trayectoria política militó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), bajo cuyas siglas fue electo presidente municipal de Fresnillo en las elecciones de 2013, uno de los municipios más importantes del estado de Zacatecas. Posteriormente, también formó parte del Partido del Trabajo (PT).
Sin embargo, su trayectoria también estuvo marcada por polémicas, investigaciones y señalamientos. Tras encabezar el Patronato de la Feria Nacional de Zacatecas durante la administración del exgobernador Alejandro Tello, Medrano Quezada fue señalado por presuntas irregularidades relacionadas con su gestión. En 2022, la Secretaría de la Función Pública estatal presentó una denuncia por el presunto desvío de 60 millones 100 mil pesos durante la organización de la edición 2019 de la Feria Nacional de Zacatecas.
El caso involucró a diversos exfuncionarios de la entidad y derivó en una orden de aprehensión contra Medrano Quezada; sin embargo, en 2025 obtuvo un amparo que dejó sin efecto dicha medida. Por ello, al momento de su fallecimiento, no se encontraba prófugo de la justicia.
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Queens of the Stone Age presentó ‘Easy Street’, su primera canción nueva desde el lanzamiento de In Times New Roman en 2023. El sencillo fue producido por Josh Homme y Michael Shuman y cuenta con la participación de la cantante estadounidense Nikki Lane.
La canción combina guitarra acústica, sintetizadores y una base rítmica grabada sin metrónomo. El grupo decidió conservar los cambios de velocidad, los aplausos irregulares y otros errores de la sesión para mantener el carácter de una maqueta.
“Es una canción divertida porque duele y duele porque es divertida”, explicó Homme. El músico señaló que el tema aborda la necesidad de aceptar las imperfecciones de la vida y aseguró que la banda buscó una grabación menos controlada y más humana.
‘Easy Street’ llega acompañada de un video dirigido por Tony Wolski y Christopher Gruse, a partir de una historia creada por Homme. En el clip, el vocalista aparece golpeado mientras intenta escapar de varios perseguidores interpretados por los integrantes del grupo, entre ellos un payaso Juggalo, un Santa Claus de centro comercial y un vaquero acompañado por un caballo pequeño.
La banda estrenó la canción en vivo durante su gira por las Catacumbas y actualmente continúa presentándose en distintos países. Queens of the Stone Age también comparte una serie de conciertos con System of a Down y prepara nuevas presentaciones junto a Foo Fighters.
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La música de República Dominicana ha recorrido el mundo de la mano de Pedro René Peralta Soto, más conocido como Chichí Peralta. Y no solo gracias a los conciertos y las giras por decenas de países en distintos continentes, sino por su amor a la música y a las fusiones culturales que nacen dentro de ella. En sus canciones conviven instrumentos autóctonos de República Dominicana con sonoridades e instrumentos de Brasil, India, Japón, Venezuela y muchos otros rincones del planeta.
Algunas de sus producciones hacen parte de las canciones más recordadas y escuchadas del vasto universo que llamamos música tropical. ‘Amor narcótico’ y ‘Procura’ no solo marcaron a toda una generación, lo siguen haciendo, son temas que hoy encajan perfectamente dentro del mainstream por el número de oyentes que todavía poseen. Pa’ otro la’o, el álbum al que pertenecen estas canciones es un universo sonoro que va desde el merengue y los ritmos caribeños hasta el funk y los momentos acústicos, convirtiéndose en una de las producciones tropicales más relevantes e influyentes de las últimas décadas.
Del Grupo Fragmento a la mítica La Familia André, y de Juan Luis Guerra 4.40 hasta Chichí Peralta y Son Familia, Pedro René Peralta Soto es uno de los artistas —en el sentido más amplio de la palabra— más importantes que ha dado la música del Caribe.
¿Por qué, desde un inicio, se enamoró tanto de la música autóctona de su región?
A los cuatro años construí mi primera tambora con un envase de aceite, pero resulta que, para hacerla, vacié todo el aceite del mes de mi casa y me castigaron [risas]. Después, mi papá me llevó al Mercado Modelo, que quedaba cerca de la casa y donde vendían todo tipo de tamboras, güiras e instrumentos de República Dominicana. Ahí me compró mi primera tambora.
“Trae la tambora”, me decía mi papá cuando estaba escuchando música, y yo empezaba a tocar con la Sinfónica de Londres, con Fefita La Grande, con vallenatos, con cumbias… Ahí nació mi amor por la música, por la música dominicana y por las fusiones.
Más adelante, los grandes maestros de nuestras músicas se reunían con nosotros los jóvenes en los parques para enseñarnos, eso era muy bonito. De manera principalmente autodidacta, complementando mi formación con algunos cursos, continué mi camino en la música.
La música es una parte esencial de la vida; incluso cada planeta tiene su propio sonido. Mi vida se divide, en este orden: Dios, la familia y la música.
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“Mucha gente se emociona porque piensa: “Wow, ya no voy a tener que escribir la música, ya no voy a tener que pensar”. Y ahí comienza otro problema enorme: cuando la gente se acostumbre a no pensar, ¿qué nos va a quedar? Ahí es cuando la humanidad empieza a perder una parte de sí misma”.
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Antes de lanzar su propio proyecto, hay que hablar de dos etapas fundamentales en su carrera. Primero me gustaría preguntarle por su paso por La Familia André. ¿Cómo fue ese primer gran capítulo musical como percusionista?
Antes de La Familia André, hice parte del Grupo Fragmento, que gran parte, fue lo que después conformó La Familia André en esa etapa, porque La Familia André ya había tenido una época anterior a esa que grabó ‘De oro’ y se volvió mucho más reconocida.
Muchos recuerdos de esa época en la ciudad colonial, amigos entrañables, yo empecé en esta agrupación a los 15 o 16 años… Cuando empiezo a trabajar con La Familia André, con esa forma tan particular de construir los arreglos entre todos, pero con un énfasis muy fuerte en lo rítmico, puedo decir que tuve mucho que ver con canciones como ‘Nande’, que comienza con un solo de percusión, ‘Marcela’ y, por supuesto, ‘De oro’, el tema que nos abrió las puertas y nos hizo muy conocidos en otros países.
Yo ya había asistido al primer Festival de Música del Caribe en Cartagena, con otra agrupación, pero regresé por segunda vez con La Familia André. Recuerdo la Plaza de Toros completamente abarrotada de gente. Siento que ese momento marcó mi carrera.
Después de La Familia André me dediqué a producir jingles en un pequeño estudio que tenía y pasé a trabajar principalmente como músico de sesión. En esa etapa grabé un disco con mi hermano en Cristo, Juan Luis Guerra, y fue entonces cuando empecé a hacer parte de 4.40, agrupación en la que permanecí durante nueve años. Después nació Son Familia, proyecto que finalmente se convertiría en Chichí Peralta y Son Familia.
Trabajó junto a Juan Luis Guerra y 4.40 en discos emblemáticos como Bachata rosa, Areíto y Fogaraté. ¿Cuál diría que fue la mayor enseñanza durante ese periodo?
El amor por la música y la libertad creativa que Juan Luis nos daba a los músicos, especialmente a la base de percusión. Inventamos ritmos como los de ‘La bilirrubina’ y ‘Pedir su mano’. Trabajamos muchísimo, sobre todo en el estudio, creando esa música tan bonita de Juan Luis. Fue una época en la que todos aprendimos. Además, trabajar al lado de uno de los más grandes percusionistas de República Dominicana, el maestro Catarey, fue una experiencia maravillosa.
¿Han pensado en un reencuentro con Juan Luis Guerra y 4.40?
Todo está en manos del Señor, pero claro que sí. De hecho, ya volvimos a trabajar juntos en una canción llamada ‘Bahía de las Águilas’, un tema muy bonito en el que también participaron Joan Manuel Serrat y Danny Rivera. Es una canción en defensa de Bahía de las Águilas, uno de los lugares vírgenes más hermosos de nuestro país. Es muy importante preservar ese ecosistema, con sus delfines, sus tortugas, sus manatíes… es un verdadero paraíso. Espero que, en el futuro, el Señor nos vuelva a reunir con Juan Luis Guerra.
¿En qué momento decide que había llegado la hora de crear su propio proyecto? Además, no es tan común que un percusionista se anime a liderar una propuesta de esa magnitud.
Claro. Lo que pasa es que yo ya no era solo percusionista; también tenía experiencia como arreglista y productor. Como te contaba, ya había trabajado haciendo jingles y toda esa parte de producción. Al mismo tiempo, venía realizando muchos experimentos con la música folclórica dominicana, que es muchísimo más que merengue y bachata. Por ejemplo, tenemos ritmos como la mangulina por mencionarte alguno más.
Hubo un proceso de aprendizaje académico en torno a la producción musical que fue fundamental para lanzarme con mi propio proyecto. Creo que, cuando uno está aprendiendo, llega un momento en el que siente la necesidad de hacer algo propio. Ese camino fue el que me llevó de producir jingles a terminar grabando en Abbey Road junto a la Orquesta Sinfónica de Londres.
Usted ha construido un puente entre el Caribe y distintas culturas alrededor del mundo. ¿Por qué cree que su música se presta para ese diálogo?
Como te decía al principio, todo eso viene de mi papá y de la música que escuchaba. En la casa sonaban desde Fefita La Grande y toda nuestra música tradicional hasta Elvis Presley y la música sinfónica europea. Él pertenecía a una etnia de San Pedro de Macorís llamada Cocolo, una comunidad nacida de la mezcla entre africanos e ingleses. Era todo un gentleman.
Desde muy temprano me enamoré de las fusiones, y eso te lleva a descubrir instrumentos y músicas de todas partes del mundo. De Brasil, por ejemplo, el cavaquinho o el tantán, entre muchos otros; de Asia encuentras el shamisen, el shakuhachi y el koto, instrumentos que hacen de la música japonesa algo exquisito. De hecho, hicimos un documental sobre nuestro paso por Japón, donde fusionamos la música dominicana con la japonesa, llamado Inside Japan. Además, hay una influencia muy fuerte del jazz, del blues y de Robert Johnson, una música que siempre me ha fascinado. Creo que las fusiones fluyen de manera orgánica en mis canciones porque son el resultado del gusto y del conocimiento que he adquirido experimentando durante toda mi vida.
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“No sé cómo van a lograr ponerle corazón a canciones hechas completamente en un computador. La música nace de una conexión que viene del Señor y encuentra en nosotros el camino para convertirse en creación. Las computadoras pueden aprender de la música que los seres humanos llevamos siglos haciendo, pero ¿hasta qué punto pueden aprender? El ser humano siempre va a seguir creando”.
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Me atrevería a decir que Pa’ otro la’o es uno de los mejores discos tropicales de las últimas décadas, sobre todo porque su sonido sigue siendo completamente atemporal. Canciones como ‘Amor narcótico’ y ‘Procura’ nunca han dejado de sonar; ‘Techno Son’ explora una faceta mucho más cercana al funk y ‘Limón con sal’ apuesta por una sonoridad más acústica. ¿Cómo ha envejecido ese álbum para Chichí Peralta?
Es un disco que, sencillamente, no ha envejecido. Es una obra completamente construida desde la fusión. Como he dicho en varias ocasiones, es latin world music: música latina mezclada con sonoridades de todo el mundo. Fue un álbum diseñado con tanto cuidado, especialmente desde la parte sonora, que el tiempo no le pasa.
‘Procura’ nace inspirada en aquella Cuba de Benny Moré, pero con teclados modernos y una enorme cantidad de instrumentos fusionados con el merengue. En esa canción también le hice un homenaje al músico sudafricano Hugh Masekela, quien luchó desde la música por la liberación de Nelson Mandela. Lo curioso es que, cuando menciono su nombre en la canción, mucha gente cree que digo: “cuando la yuca se quema” [risas]. Hugh acompañó a una extraordinaria cantante llamada Miriam Makeba, conocida como Mamá África, quien también trabajó con Paul Simon en el álbum Graceland.
En ese disco también quisimos darles protagonismo a distintas regiones de Latinoamérica. De Venezuela, por ejemplo, incorporamos el cuatro, un instrumento del que me enamoré y que hoy utilizo en casi todas mis producciones. También hay acordeón, un instrumento que conecta tanto con la música típica dominicana como con la colombiana.
Pa’ otro la’o fue un ejercicio de atreverse a ponerle nuevos colores a la música, igual que ocurrió con De vuelta al barrio, un álbum grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Londres, donde fusionamos el son con los arreglos de cuerdas. Además, la introducción de cada canción en este último disco que te mencioné es un homenaje a una época y a un estilo musical en particular.
Te voy a contar una pequeña historia relacionada con esos discos. La bachata nació alrededor de una emisora llamada Radio Guarachita. Allí sonaba muchísimo vallenato y fue donde empezó a tomar forma esa primera bachata, que en su momento no era bien vista por buena parte de la sociedad. La Viuda, que era la dueña de la emisora, me permitió comenzar a promocionar De vuelta al barrio. Después viajamos al sur de la isla, donde unos decimeros conocidos como los chuineros de Baní me dejaron grabar sus voces, después de compartir con ellos un día entero. Esas voces terminaron viajando hasta Abbey Road para sonar junto a la Orquesta Sinfónica de Londres. Por eso digo que cada canción de esos discos guarda una historia muy especial.
Tengo que preguntarle por Jandy Feliz. La unión artística entre ustedes fue un éxito absoluto. ¿Por qué cree que, trabajando juntos, ambos lograron mostrar una de sus mejores versiones?
Fue el momento y la manera en que se dio todo. Trabajamos con varias letras de Jandy y, en un principio, Pa’ otro la’o estaba pensado para que distintas personas interpretaran las canciones del disco. Pero, al final, la gran mayoría de los temas terminaron en su voz, y eso hizo que la producción tuviera una identidad muy compacta. De ahí surgió un álbum muy bonito que dejó huella y que, hasta el día de hoy, la sigue dejando.
¿Qué nos puede contar de este nuevo disco que llegará después de tantos años desde su último álbum?
La nueva producción, que saldrá muy pronto, tendrá una fuerte presencia de las músicas folclóricas de República Dominicana, fusionadas con rock, jazz y blues. Es uno de los discos que más se parece a lo que imaginé desde el principio, porque muchas veces uno entra al estudio buscando una cosa y termina encontrando otra. En este caso, todo fue tomando exactamente el rumbo que habíamos planeado.
Este álbum, junto con De vuelta al barrio, es de esos trabajos que me hacen pensar: “Wow, este es el disco”. Siento que Dios fue armándolo poco a poco. Tiene toda la esencia de Chichí Peralta y Son Familia, pero incorpora elementos de la música de los años veinte, fusiones directas con sonoridades de Asia y la participación del músico senegalés Assane Thiam, quien trabaja con Youssou N’Dour que ha grabado con artistas como Sting y Peter Gabriel. También incluye instrumentos como el duduk, de Armenia, y el bansuri, de la India. Es un álbum con muchísima fusión, pero cada elemento está cuidadosamente pensado.
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“Sí existe una gran diferencia entre querer transmitir algo desde el corazón con las manos, como sucede en el arte, para que otra persona lo sienta y lo perciba, a simplemente escribir un prompt. Yo no comparto esa manera de hacer música”.
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¿Cómo percibe la evolución de la música tropical con el paso de los años? ¿Cuál era su visión cuando comenzó esta carrera y cómo la ve hoy?
Ha evolucionado en algunos aspectos para bien, pero en otros no tanto. Hay corrientes de la música tropical o caribeña que ya no utilizan un solo instrumento en vivo, ninguno de los instrumentos que realmente representan nuestra identidad: los cueros, la tambora, la conga… Para mí, nuestra música debe estar hecha cien por ciento por seres humanos, como la música tradicional, donde uno podía pasar un día entero escuchando un solo compás hasta encontrar el adecuado.
La inmediatez con la que muchos jóvenes quieren hacer música ha llevado todo a una velocidad en la que se pierden demasiadas cosas. Esa idea hay que abandonarla. Cada concepto merece trabajarse con calma, por respeto al ente más importante de la música, después de Dios: el público. Nuestra música siempre debe conservar esa vena orgánica de los ritmos, de los arreglos con sustancia, con alma humana. Y también están las letras; sinceramente, muchas de las que se escuchan hoy no son aptas para menores.
No sé cómo van a lograr ponerle corazón a canciones hechas completamente en un computador. La música nace de una conexión que viene del Señor y encuentra en nosotros el camino para convertirse en creación. Las computadoras pueden aprender de la música que los seres humanos llevamos siglos haciendo, pero ¿hasta qué punto pueden aprender? El ser humano siempre va a seguir creando.
¿Qué opina de la inteligencia artificial?
Todavía no he visto una escultura hecha con una impresora 3D que tenga el peso artístico de las que creó Miguel Ángel. A mi entender, la gente se está dando cuenta de que el alma es indispensable en el arte. Por eso la generación Z está mirando hacia atrás: vuelven los vinilos, los CD, los casetes y las cámaras de rollo. Están buscando lo verdaderamente esencial y auténtico.
Hay una sensación irrepetible en tener tu propio vinilo o CD entre las manos, abrirlo, recorrer el arte de la portada, leer los créditos, descubrir quién grabó, dónde se hizo el disco, ver las fotografías… Todo eso tiene algo mágico. No digo que las plataformas de streaming vayan a desaparecer, pero lo tangible es único. Un disco de vinilo viene siendo un máster del máster, y saber que uno tiene eso en las manos produce un sentimiento indescriptible.
Sí existe una gran diferencia entre querer transmitir algo desde el corazón con las manos, como sucede en el arte, para que otra persona lo sienta y lo perciba, a simplemente escribir un prompt. Yo no comparto esa manera de hacer música. Además, cuando uno le da instrucciones a una inteligencia artificial, casi siempre termina generando música al estilo de alguien; difícilmente crea algo realmente nuevo.
Claro, mucha gente se emociona porque piensa: “Wow, ya no voy a tener que escribir la música, ya no voy a tener que pensar”. Y ahí comienza otro problema enorme: cuando la gente se acostumbre a no pensar, ¿qué nos va a quedar? Ahí es cuando la humanidad empieza a perder una parte de sí misma.
Las veces que he estado en Abbey Road recuerdo, con un profundo agradecimiento, haber estado al lado de Sir Colin Davis, toda una eminencia. Todavía se me eriza la piel al contarlo: Estar de pie, en el centro de más de 90 músicos, escuchando tu propia música, es una experiencia sensorial irrepetible. El corazón está completamente ligado a la música y a la creación; a esa experiencia de tocar una tambora con las manos. Eso es muy distinto a escribir un prompt.
Entiendo que, al final, la inteligencia artificial terminará siendo una herramienta más, como lo fue en su momento Pro Tools. De hecho, aquí, en mi estudio, todavía trabajamos de forma híbrida y seguimos grabando con una máquina de cinta de dos pulgadas. Técnicamente, un archivo MP3 necesita comprimir demasiado la música y, en ese proceso, se pierden armónicos. Incluso me atrevería a decir que todavía no existen sistemas digitales capaces de reproducir por completo el ancho de banda de una cinta de dos pulgadas. Personalmente, el sonido grabado en cinta tiene una profundidad, una amplitud y un peso que ningún formato digital me ha logrado ofrecer. Lo análogo, para mí, sigue teniendo el sonido más cálido, más fuerte y hermoso.
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“La inmediatez con la que muchos jóvenes quieren hacer música ha llevado todo a una velocidad en la que se pierden demasiadas cosas. Esa idea hay que abandonarla. Cada concepto merece trabajarse con calma”.
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Ahora que recibe un Latin Grammy a la Excelencia Musical, ¿cuál diría que es el mayor legado de su música?
Son muchas cosas. Llevo haciendo música desde hace muchísimo tiempo y, en ese camino, he vivido y aprendido de todo. Te conté que había comenzado en el Grupo Fragmento, pero, en realidad, mi primera agrupación fue otra que fundé cuando tenía 12 o 13 años: el Grupo La Azotea. Se llamaba así porque ensayábamos en la azotea de la casa de un amigo que, lamentablemente, ya falleció. Desde muy pequeño hubo en mí una enorme inquietud por la música, y creo que esa trayectoria, construida durante tantos años, ya representa un legado.
También está el sacrificio que exige esta pasión. Muchas veces uno no puede compartir con la familia en fechas especiales porque está grabando, de gira, ofreciendo conciertos, atendiendo reuniones o dando entrevistas. Casi no queda tiempo para descansar. Hoy, con herramientas como Zoom, muchas cosas son más sencillas, pero antes había que recorrer emisora por emisora durante todo el día. No era como ahora, que publicas algo en Instagram y la noticia llega de inmediato a todo el mundo.
Haber vivido esa época, antes de tanta tecnología, me hizo valorar mucho más la cercanía con las personas. A veces siento que la tecnología nos hace perder afecto y humanidad, y yo siempre he tratado de que eso no desaparezca. Ese también quisiera que fuera parte de mi legado.
La música es un camino que va mucho más allá de conseguir un éxito o pegar una canción. Es la decisión de perseguir un sueño, incluso cuando aparecen las dificultades. Siempre invito a los músicos jóvenes a no desfallecer cuando las cosas no salen bien, especialmente frente a una industria que, probablemente, es el reto más grande de todos, y más ahora, cuando se publican miles de canciones cada día. Mi consejo es que se tomen el tiempo para hacer buena música, que respeten el proceso creativo y que siempre caminen de la mano de Dios.
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Aunque se trate de un evento deportivo, para muchos, la Copa Mundial 2026 ha dejado varios momentos simbólicos de reivindicación histórica. Este miércoles 15 de julio, tras el partido de semifinal jugado en Atlanta, Estados Unidos, la Selección Argentina celebró su triunfo frente a unos asistentes eufóricos por la posibilidad de llevarse un título más a casa. En medio de los cantos y los abrazos, varios jugadores sujetaron una pancarta del público que leía, “Las Malvinas son argentinas”. El gesto disgustó al gobierno británico, que pidió a la FIFA investigar la situación e imponer una sanción de ser necesario.
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Previo al encuentro, fanáticos y fanáticas de la Albiceleste tomaron el partido como un hecho que iba más allá del fútbol. La vicepresidenta de Argentina, Victorial Villarruel, declaró que cualquier enfrentamiento deportivo contra los ingleses “siempre es algo más” y los llamó “piratas usurpadores”. “No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más. Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararles el carro a los invasores”, escribió en X (Twitter).
Por el contrario, el director técnico de Argentina, Lionel Scaloni, ya había pedido en una rueda de prensa que no se mezclara un conflicto del pasado con el balompié: “Es un partido de fútbol, yo no puedo mezclar las cosas sobre todo por respeto a lo que pasó hace tantos años. Fue una época de nuestra historia muy triste y que nosotros no podemos hacer mucho. (…) Es un partido de fútbol, mezclarlos sería una locura”. Pese a sus peticiones, el centrocampista Giovani Lo Celso y los defensores Cristian “Cuti” Romero y Nicolás Otamendi, entre otros, ondearon la pancarta hecha por fanáticos que ha generado polémica.
El ministro de Empresa de Reino Unido, Peter Kyle, calificó el acto como “totalmente inapropiado” y le exigió a la FIFA adelantar una “investigación exhaustiva”. De acuerdo con el artículo 34.3 del reglamento de la organización, los jugadores tienen prohibido mostrar mensajes o lemas políticos antes, durante o después de un partido.
En el pasado, la Selección Argentina ya había sido sancionada por una razón similar cuando en 2014, en un encuentro amistoso contra Eslovenia, sus jugadores posaron detrás de un cartel que tenía la misma frase. La FIFA emitió un comunicado en el que confirmó la infracción del seleccionado argentino y le impuso una multa de 30,000 francos suizos.
Argentina venció 2-1 a Inglaterra, por lo que se disputará la final del Mundial 2026 contra España el próximo domingo 19 de julio en Nueva Jersey.
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Consumada la increíble remontada 2-1 sobre Inglaterra en la semifinal disputada en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, los jugadores argentinos fueron a celebrar con los miles de hinchas que habían copado una de las cabeceras. En medio de los abrazos y los festejos, Giovani Lo Celso desplegó una bandera blanca con una inscripción en letras negras: “Las Malvinas son argentinas”. Lisandro Martínez, Leandro Paredes y otros integrantes del plantel se sumaron a la escena mientras las cámaras de televisión captaban una imagen que, en cuestión de minutos, dio la vuelta al mundo.
En la previa, la FIFA había prohibido el ingreso al estadio de banderas, camisetas o cualquier otro elemento vinculado al reclamo argentino sobre las Islas Malvinas. La decisión fue comunicada luego de una reunión de coordinación entre representantes de la FIFA, el FBI, la policía de Atlanta, autoridades británicas y funcionarios argentinos, que prepararon un operativo especial para un partido considerado de “alto riesgo”.
La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había advertido públicamente que ningún espectador podría ingresar con elementos que contuvieran mensajes políticos, raciales o religiosos. Incluso fue más específica cuando se le consultó por las banderas de Malvinas: “Las Malvinas son argentinas es un mensaje político“, respondió, aclarando que tampoco podrían ingresar camisetas o estandartes con esa consigna.
El encuentro entre Argentina e Inglaterra llegaba inevitablemente atravesado por una carga simbólica extra, aunque Lionel Scaloni insistió durante toda la semana en que se trataba solamente de un partido de fútbol, varios futbolistas reconocieron después del encuentro que para el plantel tenía un significado especial.

La bandera terminó apareciendo donde nadie la esperaba. Desde las tribunas hasta el césped y sostenida por los propios protagonistas de la clasificación. Según pudo reconstruirse, un grupo de hinchas logró ingresar el estandarte (confeccionado de manera casera con pintura y una sábana de hotel) y, una vez terminado el partido, se lo alcanzó a los jugadores, que decidieron exhibirlo frente al público argentino.
La repercusión fue inmediata. En Inglaterra, diarios como The Sun calificaron el episodio como una muestra de “arrogancia argentina“, mientras que el Daily Mail recordó que la FIFA había prohibido previamente cualquier referencia a las islas por considerar que se trataba de un mensaje político. Horas después, el gobierno británico elevó un pedido formal para que la FIFA investigue el episodio y evalúe si la Selección argentina violó la normativa vigente durante la competencia.
El reclamo se apoya tanto en el Código de Conducta de los estadios de la FIFA como en el artículo 4 de las Reglas de Juego de la International Football Association Board (IFAB), que prohíben la exhibición de mensajes, consignas o imágenes de carácter político, religioso o personal durante las competencias oficiales. En caso de considerarse una infracción, la sanción suele recaer sobre la federación nacional correspondiente —en este caso, la AFA—, generalmente mediante una multa económica, aunque el reglamento no fija una penalidad específica para este tipo de situaciones.
Desde el Reino Unido incluso hubo dirigentes políticos que reclamaron una sanción deportiva. Ed Davey, líder del Partido Liberal Demócrata, pidió que los futbolistas involucrados fueran suspendidos para la final frente a España y recordó el antecedente de los españoles Rodri y Álvaro Morata, sancionados por cánticos relacionados con Gibraltar.

En la Argentina, la respuesta política no tardó en llegar. El presidente Javier Milei respaldó el gesto de los futbolistas y sostuvo que “es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos”. Aunque relativizó las posibles consecuencias deportivas al afirmar que, en el peor de los casos, la AFA recibiría una multa económica, diferenció el accionar de los jugadores del plano diplomático y reiteró que el reclamo por la soberanía de las islas debe sostenerse por vías diplomáticas.
Milei también tomó distancia de las declaraciones previas de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien había vinculado el partido con la Guerra de Malvinas y había calificado a los británicos como “piratas usurpadores”. “No hay que caer en eslóganes berretas ni en nacionalismos rancios”, sostuvo el Presidente, al tiempo que reivindicó el mensaje de los futbolistas como una expresión emocional nacida en el contexto del partido.
Los propios jugadores tampoco ocultaron el significado que tuvo el encuentro. “Siempre serán argentinas“, respondió Leandro Paredes cuando fue consultado por la bandera. Lautaro Martínez, autor del gol del triunfo, reconoció que, aunque intentaron enfocarlo como un partido más, “para nosotros era un partido especial“. Lisandro Martínez, por su parte, resumió el sentimiento del plantel con una frase que rápidamente se viralizó: “No podíamos fallarle al pueblo argentino“.
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Algunas carreras cinematográficas parecen avanzar como una conversación consigo mismas. Olivia Wilde debutó con Booksmart, una de las comedias sobre adolescentes más inteligentes y divertidas de la última década, donde reveló una sensibilidad extraordinaria para dirigir actores y encontrar humor en los pequeños gestos cotidianos. Después llegó Don’t Worry Darling, una película mucho más ambiciosa, imperfecta, pero igualmente interesada en explorar las relaciones de pareja, las estructuras de poder y las fantasías que sostienen muchos matrimonios contemporáneos. The Invite reúne esas dos facetas. Conserva el ritmo, la ligereza y la precisión cómica de su debut, mientras recupera las inquietudes emocionales de su segunda película para construir una obra mucho más madura de lo que su premisa parece prometer.
El punto de partida pertenece al español Cesc Gay, uno de esos cineastas que, al igual que Woody Allen en sus mejores años, ha encontrado en los apartamentos, las cenas y las conversaciones domésticas un escenario inagotable para explorar las contradicciones del amor. Sus películas rara vez necesitan grandes acontecimientos. Basta una reunión entre amigos o una pareja encerrada en un comedor para que aparezcan los reproches, las inseguridades, los deseos reprimidos y los silencios acumulados durante años. Sentimental ya contenía todo ese universo, pero Wilde comprende que una adaptación solo tiene sentido cuando encuentra una voz propia.
Ahí resulta decisivo el trabajo de Rashida Jones y Will McCormack. Ambos toman la estructura de la película original y la adaptan con enorme inteligencia a la clase media estadounidense. Los personajes dejan de sentirse como simples equivalentes de sus versiones españolas y adquieren conflictos específicos, nuevas motivaciones y un humor mucho más cercano al desencanto norteamericano. Lo admirable es que la película nunca transmite la sensación de estar copiando otra obra. Respeta el original sin convertirse en su sombra.
La historia gira alrededor de una propuesta indecente. Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde) invitan a cenar a sus sofisticados vecinos, Hawk (Edward Norton) y Piña (Penélope Cruz), supuestamente con la intención inicial de limar algunas asperezas provocadas por la convivencia. La conversación avanza entre vino, charcutería y pequeños momentos incómodos hasta que los invitados revelan que practican el intercambio de parejas y quisieran compartir esa experiencia con sus anfitriones. Sobre el papel podría parecer una comedia construida alrededor de una situación escandalosa. En realidad, esa invitación apenas constituye el detonante de algo mucho más interesante.
La película nunca habla realmente de sexo. Habla del tiempo. Habla de esas parejas que un día descubren que siguen compartiendo la misma casa, la misma cama y las mismas rutinas, pero ya no recuerdan exactamente cuándo dejaron de mirarse con el mismo deseo. La propuesta de Hawk y Piña no pone en crisis la fidelidad de Joe y Angela. Obliga a ambos a preguntarse si todavía conocen a la persona con quien llevan tantos años viviendo.
Joe es probablemente uno de los mejores personajes de la carrera de Seth Rogen. Muy lejos del eterno adolescente marihuanero y despreocupado que marcó buena parte de su filmografía, aquí interpreta a un músico (todavía marihuanero) que conoció el éxito demasiado pronto y que ahora enseña en una universidad mientras sobrevive entre dolores de espalda, frustraciones profesionales y una sensación permanente de haber desperdiciado parte de su talento. Rogen encuentra un equilibrio magnífico entre el humor, la amargura y la vulnerabilidad. Sus bromas funcionan porque esconden una profunda tristeza que nunca necesita verbalizarse.
Olivia Wilde también sorprende delante de la cámara. Angela podría haberse reducido a la esposa insatisfecha de tantas comedias matrimoniales. Sin embargo, Wilde construye una mujer que lleva años intentando mantener viva una relación cuya erosión comenzó mucho antes de aquella cena. Sus silencios, sus miradas y sus pequeños actos resultan tan elocuentes como los estallidos de Joe, y la directora demuestra una notable capacidad para interpretar aquello mismo que luego filma.
Penélope Cruz disfruta enormemente interpretando a Piña. Como sexóloga, comprende que el deseo no desaparece con los años; simplemente cambia de forma. Su personaje jamás intenta provocar ni escandalizar. Habla del sexo con la misma naturalidad con la que otros hablan de gastronomía o literatura. Cruz convierte a Piña en la persona más libre de la habitación, precisamente porque nunca necesita demostrar que lo es.
Edward Norton juega otra partida mucho más ambigua. Hawk es un bombero que posee el encanto suficiente para desarmar cualquier tensión, pero también una seguridad que termina resultando ligeramente inquietante. Nunca sabemos si realmente intenta ayudar a sus vecinos o si disfruta observando cómo el matrimonio comienza a resquebrajarse delante de él. Norton entiende perfectamente ese doble juego y convierte cada sonrisa en una posible amenaza. Al final, nos ofrece un monólogo que permite ver al humano detrás del nombre de ave de rapiña.
Wilde logra transformar un único apartamento en un espacio cinematográficamente vivo. La decisión de rodar en 35 milímetros no responde a una simple búsqueda estética. El celuloide aporta una calidez y una textura que recuerdan al cine estadounidense hecho por y para adultos, precisamente el de películas como Hannah and Her Sisters, Who’s Afraid of Virginia Woolf? o Scenes from a Marriage, referencias que la directora ha reconocido abiertamente. La fotografía de Adam Newport-Berra (Euphoria, The Studio) encuentra profundidad, movimiento y variaciones constantes dentro de un espacio reducido, demostrando que el verdadero espectáculo nunca depende del tamaño de la locación, sino de la inteligencia con la que se filma.
También sorprende el extraordinario sentido del ritmo. La película transcurre casi por completo entre cuatro personas conversando alrededor de una mesa, pero jamás pierde energía. Cada revelación modifica la relación entre los personajes, cada broma esconde un reproche y cada confesión obliga a reinterpretar lo que se dijo unos minutos antes. Wilde dirige como si estuviera montando una pieza musical donde las pausas, las interrupciones y las réplicas importaran tanto como los grandes momentos dramáticos.
The Invite comprende que las relaciones rara vez terminan por culpa de un acontecimiento extraordinario. Lo hacen por la acumulación de decisiones aparentemente insignificantes: dedicar demasiado tiempo al trabajo, dejar de escuchar, convertir la rutina en costumbre o asumir que el amor sobrevivirá sin necesidad de alimentarlo. La propuesta sexual que desencadena la historia termina siendo apenas un espejo donde cada personaje observa aquello que llevaba demasiado tiempo evitando mirar.
Olivia Wilde demuestra aquí que posee un talento particular para observar las relaciones humanas desde la comedia sin renunciar nunca a la melancolía. Gracias al brillante trabajo de Rashida Jones y Will McCormack, a cuatro intérpretes en estado de gracia y a una puesta en escena de enorme precisión, The Invite recupera un tipo de cine adulto que parecía haber desaparecido de las salas, películas donde las palabras importan tanto como las acciones, donde el humor nace de reconocer nuestras propias contradicciones y donde una simple cena puede terminar revelando toda una vida.
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El cine de terror vive uno de sus mejores momentos de la historia con películas como The Substance o, más recientemente, Backrooms y Obsession que han sido éxitos rotundos en taquilla. Pese a que la creación de historias nuevas ha demostrado funcionar entre el público y la industria, Hollywood continúa apostándole a los clásicos del género ya sea a modo de reestreno o de reinterpretaciones de sus piezas originales; este es el caso de A Nightmare on Elm Street.
Esta semana se conoció que Paramount Pictures llegó a un acuerdo con el patrimonio de Wes Craven para adquirir los derechos en Estados Unidos sobre el guion del filme de 1984, el cual presentó al personaje de Freddy Krueger y dio pie a una franquicia de nueve películas —entre secuelas, spin-offs y remakes— y un documental. La firma se hizo mediante Paramount Primal, el nuevo sello de la compañía que está detrás de producciones como Barbarian, Companion y Weapons.
La productora y viuda de Craven, Iya Labunka, y su hijo, Jonathan Craven, coproducirán el nuevo largometraje en colaboración con Marc Toberoff, el abogado y productor que les ayudó a readquirir los derechos del filme original en 2019. Todavía no se sabe qué dirección tomará el nuevo relato pues lo único que se ha revelado es que tendrá lugar en el universo del primer largometraje y se basará en su guion.
“Esperamos acercar el mundo de A Nightmare on Elm Street de Wes Craven a una nueva y apasionada generación de fanáticos”, comentó Labunka en un comunicado. “Sabemos que Wes estaría encantado de ver cómo el terror finalmente está ocupando el lugar que merece dentro del canon cultural. Estamos ansiosos por sentarnos todos juntos en una sala de cine oscura —la fogata de nuestros tiempos— mientras se despliega el siguiente capítulo de esta historia”.
A Nightmare on Elm Street sigue la historia de un grupo de adolescentes que son atormentados y asesinados en sus sueños por Freddy Krueger (Robert Englund), un hombre de cuerpo quemado y guantes de cuchillas que prometió venganza luego de que el pueblo, en un acto de indignación por ser el asesino de varios niños, lo quema vivo. La película se convirtió en un ícono del cine slasher y, además de transformarse en una franquicia millonaria, trascendió a la cultura popular.
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¿Grindcore en un Tiny Desk? Sí, y durante 19 minutos. Napalm Death hizo historia al llevar toda la intensidad de su sonido a las oficinas de NPR, convirtiéndose en una de las bandas más extremas que han pasado por la célebre serie de conciertos.
Lejos de bajar el volumen o suavizar su propuesta, Barney Greenway y compañía ofrecieron un set demoledor que recorrió algunas de las canciones más representativas de su carrera. En medio de la presentación, el vocalista aprovechó para expresar su respaldo a los medios públicos, asegurando que tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos enfrentan amenazas que hacen necesario defender su existencia.
Uno de los momentos más llamativos llegó con ‘You Suffer’, la canción de apenas 1,3 segundos que ostenta el récord Guinness como la más corta jamás publicada y que, ahora, también forma parte de un Tiny Desk Concert.
Aunque la serie de NPR ya había recibido a artistas de sonido pesado como GWAR, Thou o Turnstile, la visita de Napalm Death lleva el formato a un nuevo extremo y confirma que no hay género demasiado ruidoso para el escritorio más famoso de la música.
El concierto completo, de 19 minutos de duración, ya está disponible y demuestra que incluso el grindcore puede encontrar un lugar en uno de los escenarios más íntimos e icónicos de la industria musical.
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