Ver a una criatura abrir los ojos por primera vez debería ser un milagro. En Frankenstein, pronto se convierte en una condena. El ser creado por Víctor Frankenstein despierta en un mundo que lo rechaza antes de que pueda comprenderlo. La adaptación de Nick Dear desplaza el centro de gravedad hacia ese hijo sin padre, cuya inteligencia y anhelo de afecto van creciendo al mismo tiempo que su furia. La obra mira la novela de Mary Shelley desde la perspectiva del ser abandonado y convierte su historia en una pregunta sobre la responsabilidad de quien crea vida.
Danny Boyle hace que esa idea palpite en el escenario. El diseño de Mark Tildesley, la iluminación de Bruno Poet y la música de Underworld construyen un universo donde la ciencia parece ritual y la naturaleza, una promesa de consuelo. Miles de luces se encienden para acompañar el experimento de Víctor; una locomotora irrumpe entre nubes de vapor, como si la revolución industrial también reclamara su criatura. Después, los pájaros que cruzan los árboles y la lluvia sobre la hierba ofrecen al monstruo un breve encuentro con la belleza. La producción aprovecha la escala del Olivier, pero encuentra sus momentos más humanos en la intimidad de un cuerpo que aprende a moverse, hablar y sentir.
El reparto alterna a Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller en los papeles de Víctor y la criatura. Ese intercambio altera la relación entre ambos. Creador y creación parecen reflejos que se disputan el mismo rostro. Cumberbatch construye una criatura de movimientos angulosos, curiosidad vivaz y elocuencia creciente; Miller le da una energía más animal, ligada a los instintos y al dolor físico. Cuando ocupan el papel de Víctor, también cambian los tonos de la tragedia. Cumberbatch acentúa la frialdad obsesiva del científico, mientras Miller lo carga de una intensidad más visceral. No hay una combinación definitiva: la obra invita a ver las dos y a preguntarse cuánto de cada uno habita en el otro.
Karl Johnson conmueve como De Lacey, el hombre ciego que ofrece a la criatura una enseñanza y una escucha que el resto del mundo le niega. Naomi Harris aporta curiosidad y calidez a Elizabeth, la prometida de Víctor. La adaptación, sin embargo, suaviza parte de la indignación social de Shelley. Al privilegiar el sufrimiento de la criatura, deja menos espacio para la crítica a las estructuras que condenan a los inocentes y para la arrogancia de Víctor, que pretende dominar la vida sin asumir las consecuencias de su acto. Esa reducción no anula la fuerza de la obra, aunque estrecha el alcance político de la novela.
La pregunta que queda suspendida no es solamente cuál de los dos es el monstruo. También importa quién tuvo la oportunidad de elegir y quién fue arrojado al mundo sin nombre, compañía ni amparo. Boyle y Dear cierran la historia con ambos personajes perdidos en un paisaje helado, unidos por una creación que ninguno puede deshacer. Frankenstein encuentra ahí su imagen más poderosa. El creador y su criatura avanzan hacia el mismo vacío, mientras nosotros seguimos buscando dónde empezó la monstruosidad.
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En Fatherland, el director polaco Paweł Pawlikowski convierte un viaje de Thomas Mann por la Alemania de posguerra en una historia sobre una familia fracturada y un país que intenta entender qué queda después del nazismo. El director ficcionaliza el encuentro entre figuras históricas y desplaza la atención hacia los vínculos entre Thomas, Klaus y Erika, tres personalidades contradictorias que cargan con sus propias lealtades y conflictos.
En esta conversación, Pawlikowski explica por qué puso a Erika en el centro, cómo trabajó con Sandra Hüller y qué buscaba con la fotografía en blanco y negro. También habla de la resonancia política de la película, de la relación entre cine y literatura y de un peligro contemporáneo para los artistas: perder una voz propia al someterse a la uniformidad que imponen los algoritmos.
¿Cuál es tu relación con Thomas Mann, Klaus Mann y los personajes de Fatherland? ¿Tenías un vínculo literario o intelectual de larga data con ellos?
Conocía los libros de Thomas Mann —no todos, pero sí quizá tres cuartas partes de su obra— y algunas novelas de Klaus. Sin embargo, no hice una película sobre ellos en sentido biográfico. La familia era muy compleja: Thomas tuvo seis hijos, tres hombres y tres mujeres, y vivió durante mucho tiempo. Esa historia, por sí sola, habría sido otra película.
Me interesaba ese momento histórico y la situación de un gran intelectual, un hombre de cultura que llevaba dieciséis años en el exilio y regresaba a un país y a un mundo derrumbados, atravesados por dos relatos que tiraban en direcciones opuestas. Se esperaba que él los uniera o se situara por encima de ellos. La visita real fue mucho más complicada que la que muestro en la película y recorrió muchas más ciudades.
También me interesaba el triángulo entre padre e hijo. Siempre me han atraído esas relaciones trágicas, tan ricas y capaces de funcionar en varios niveles. La relación entre padre e hija también me parecía fascinante, igual que la de los hermanos. Los tres personajes son complejos y contradictorios. Quise fundir esos vínculos con la historia política: la fragmentación de la familia y la del país, y la esperanza de que ambas cosas se potenciaran entre sí.

La película habla de un país dividido y sus ecos resuenan en el presente, también fuera de Europa. ¿Era tu intención hacer un relato sobre la polarización actual?
No era el propósito, aunque reconocer que la historia tiene ecos en el presente hizo que me concentrara más en ellos. No pensé: “Quiero hablar del presente, busquemos una historia que lo exprese”. Además, la fragmentación actual no funciona exactamente igual. La polarización ocurre también en un universo digital, algo muy insidioso y difícil de capturar y dramatizar.
Es una de las capas de la película. Después de la guerra, resulta difícil pensar por cuenta propia sin quedar atrapado en un bando o en un relato que te arrastra a un lugar al que no quieres ir. Klaus habla con ligereza de Mickey Mouse o de Stalin, pero la posición de los intelectuales europeos era compleja: muchos eran marxistas y, en la práctica, eso podía significar apoyar a la Unión Soviética. Klaus tampoco se sentía cómodo con ella; odiaba Alemania y tampoco le gustaba el capitalismo. La película se relaciona con lo difícil que resulta pensar individualmente en un mundo dividido.

En Ida y Cold War, la fotografía en blanco y negro podría sugerir divisiones políticas y emocionales. ¿Cómo trabajaste con Łukasz Żal ese recurso?
No lo planteamos como una forma de representar las divisiones. Empecé Ida en blanco y negro y con el formato académico estrecho, antes de que Łukasz se incorporara durante el rodaje. Al principio trabajé con otro director de fotografía. La decisión nació de una pregunta práctica: cómo recrear ese mundo que yo recordaba en blanco y negro. Nací a finales de los años cincuenta, pero también lo recordaba a través de los álbumes familiares y los archivos de la época. Así imaginaba ese mundo.
En Ida solo hay dos movimientos de cámara, ambos al final. En Cold War y en esta película la cámara se mueve cuando hace falta: porque alguien se desplaza y la cámara lo sigue. No hay una gran filosofía detrás de cada movimiento; simplemente tiene que sentirse adecuado.
Me gusta construir las películas a partir de imágenes. La fotografía es solo una parte: también importan el diseño, lo que aparece en el plano, los rostros y los objetos. Suelo contar la acción de manera bastante estática y quiero que el público mire con atención. Trabajo alrededor de la imagen, en lugar de buscar ángulos para cubrir la acción.
Eso también influye en la actuación. Los intérpretes quedan muy comprometidos con el plano: tienen que hacerlo en ese momento, porque no vamos a rescatarlos con muchos cortes. El actor forma parte de la imagen junto con todo lo que hay detrás. Es una disciplina que mantiene concentrados a todos, tanto en lo visual como en la interpretación.

¿Por qué elegiste a Erika Mann como personaje central? Y, como director, ¿te resulta natural identificarte con una protagonista mujer y confiar en que el público también lo hará?
Si me interesa el público, el público también debería interesarse. Erika era un personaje extraordinario para poner en el centro porque está dividida de una manera fascinante. Siente un amor muy profundo por su hermano, con quien creció en una relación casi simbiótica y con quien compartía todo, pero también terminó alejándose de él. Ama a su padre y lo admira, aunque tiene problemas con él y con su hermano. Está escindida como una heroína de tragedia griega, y eso es muy atractivo dramáticamente.
Me interesan mucho los personajes femeninos porque no son como yo. No son aburridos; hay algo que descubrir en ellos.
¿Cómo fue trabajar con Sandra Hüller? ¿Fue tu primera opción para Erika? ¿Cómo describirías su manera de trabajar?
No existe un método único; cada actor trabaja de la manera que le sirve. Sandra tiene un proceso intenso y necesita trabajar desde adentro. No puede limitarse a mirar hacia un lugar sin pensar en lo que sucede. Tiene que estar verdaderamente dentro del personaje.
Lo extraordinario es que no sobreactúa ni señala las emociones. Lo que aparece en su rostro es sutil y orgánico. Al principio tuvo que acostumbrarse a que la imagen fuera tan importante como la interpretación: el encuadre y la luz también forman parte de la actuación. Era la primera vez que trabajaba con un director que no deja esos elementos exclusivamente en manos del director de fotografía, sino que también los modela. Pronto encontramos una gran conexión. El reto era crear una imagen y una interpretación controladas sin quitarle vida a la actuación. Sandra tiene una enorme carga emocional en la película, pero no la exhibe de una manera convencional.
August Diehl, que interpreta a Klaus, también fue fantástico; trabajar con él me dejó asombrado. Hans Zischler, como Thomas Mann, tenía otra clase de desafío. Es intelectual, escribe libros, es agudo, irónico y elegante. Hay algo antiguo en él que funcionaba muy bien para el personaje. Su trabajo consistía en conservar durante buena parte de la película un rostro monumental, con algún destello en los ojos y una frase incisiva de vez en cuando.
La escena final, acompañada por Bach, ¿sugiere que el arte puede ofrecer una reconciliación allí donde han fracasado la política y las relaciones familiares?
No lo reduciría a eso, aunque puede ser una de sus capas. Klaus escuchó a Bach antes de morir; la música casi lo hizo creer en Dios, aunque tenía problemas con la fe. También está la idea de una civilización europea que fue destruida y que, sin embargo, todavía conserva algo de vida. Y está la relación entre padre e hija, el hecho de que se encuentren. Hay muchas cosas posibles.
Lo bueno de hacer una película concentrada, en la que todo es preciso y resuena, es que puede liberar muchos significados. Creo que eso es lo que ocurre con el buen arte.

La película evoca una crisis cultural: cada vez menos personas leen, incluso en las universidades. ¿Qué piensas de ese cambio y de la relación entre literatura, cine e historia?
Son dos cosas distintas. Es cierto que la gente lee menos libros, aunque quizá después de La Odisea algunos empiecen a leer a Homero. Yo intento hacer las películas que me gustaría ver, de acuerdo con mi manera de entender el cine. Eso probablemente significa que no represento a la mayoría, aunque existe un público amplio para este tipo de películas.
No creo que el cine deba filmar literatura. Cuando siento que una película está escrita, dejo de creer en ella. En este caso espero que Fatherland funcione también en un nivel directo, como un viaje por un momento histórico. El público puede ver qué representa Occidente y qué ocurre con una utopía que intenta construirse con ayuda de la policía de seguridad del Estado. También están las relaciones familiares, con las que muchas personas pueden conectar.
En un festival, el escritor alemán Daniel Kehlmann vio la película y reconoció de inmediato sus capas de significado, gracias a su conocimiento de la literatura y la cultura alemana. Pero cada espectador aporta lo que sabe y lo que ha vivido. La película deja abierto ese espacio. No es una película de acción ni tiene música que le diga al público qué debe sentir. Quizá algunas personas acostumbradas a Netflix no entren en ella, pero hay suficientes espectadores que sí lo hacen. No intento adivinar lo que quieren ver las masas.
La mayor parte del rodaje tuvo lugar en Polonia. ¿Cómo filmaron la llegada a Frankfurt y la escena final de la iglesia?
Para la primera secuencia en Alemania, la del trayecto en automóvil, encontramos una calle larga en Legnica. Esa parte de Polonia había pertenecido a Alemania y la arquitectura conservaba ese carácter. La calle estaba medio abandonada, en una zona pobre, y parecía que la guerra acababa de terminar. Añadimos elementos de diseño de producción en primer plano; todo lo que se ve hasta la altura de la cabeza era real. En perspectiva incorporamos digitalmente algunos daños, pero la mayor parte se filmó de manera práctica.
Busqué durante mucho tiempo a los extras. Tenían que parecer personas de antes y después de la guerra. También les dimos pequeñas acciones porque se convirtieron en parte del diseño de producción: ayudaban a autenticar ese mundo y a hacerlo expresivo. Rodamos el trayecto sin destacar nada con paneos, como si la cámara mostrara la calle de paso. Esa toma costó mucho; creo que consumió buena parte del presupuesto. La filmamos el primer día y fue un gran desafío para todo el equipo.
La iglesia de la escena final también estaba en esa zona. Era protestante, del siglo XVIII, y estaba deteriorada. No tenía órgano, así que instalamos uno. Nos preparamos con fotografías tomadas mucho antes del rodaje para construir las imágenes que componen la secuencia. La música se tocó de verdad.
La escena tenía una especie de ritmo interno, pero no la ensayamos con precisión para que pareciera breve y real. Hans Zischler dijo que se echaría a llorar cuando entrara el coro, y lo hizo. La idea era que Erika le tomara la mano. Sandra Hüller supo instintivamente cuándo hacerlo. Fue hermoso; ver al personaje llorar llegó a parecerme casi demasiado intenso.
La novela Mephisto, de Klaus Mann, aborda la complicidad del artista con el poder. ¿Cómo resuena ese conflicto en el cine y las artes de hoy?
En el cine, el poder está en manos de las grandes plataformas. Si el viento sopla hacia posiciones liberales o de izquierda, pueden exponer ese tipo de ideas. Mi principal preocupación es evitar cualquier clase de oportunismo.
Los aspirantes a dictadores y los matones de hoy son bastante primitivos; saben que sus votantes no prestan atención al arte. No buscan tanto la adhesión de los artistas. Creo que el verdadero peligro para los artistas es que los absorba esa uniformidad que exigen los algoritmos y que se limiten a alimentar la máquina sin pensar. Eso no pertenece a una ideología concreta: puede ser cualquier cosa que genere ingresos o atraiga a las masas.
Como seres humanos, debemos oponernos al poder, especialmente a los dictadores y a los gobiernos autoritarios. Pero los artistas enfrentan hoy otro desafío: crear un espacio donde puedan hablar de manera original, con una voz propia y sobre aquello que conocen o en lo que creen. El problema también es que la cultura parece importar cada vez menos.
Stalin llamaba a escritores como Bulgákov. Prohibía sus obras, pero aun así lo telefoneó para decirle que era un genio y convencerlo de que no abandonara el país. No imagino a Trump o a Putin llamando a un escritor o a un poeta para decirle que admiran su trabajo.
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En Spider-Man: Lejos de casa, EDITH era una voz y un sistema de vigilancia con un poder destructivo considerable. En VisionQuest, la inteligencia artificial adquiere cuerpo y entra en contacto con Vision, un ser sintético que intenta comprender sus recuerdos y su identidad. Emily Hampshire encuentra en EDITH una criatura impulsiva, curiosa y todavía ajena a las sensaciones humanas. En esta conversación, la actriz reflexiona sobre la relación del personaje con Tony Stark, las preguntas morales que plantea la serie y el modo en que sus inteligencias artificiales terminan formando una familia dentro de la mente de Vision.
EDITH significa Even Dead, I’m the Hero (“Incluso muerto, soy el héroe”), un nombre que conserva el ego de Tony Stark aun después de su muerte. ¿Cómo se llega a abordar a un personaje cuya identidad empieza como una broma y como una expresión del deseo de su creador de seguir presente y mantener el control?
¡Dios mío! Tengo que anotar lo que acabas de decir, porque esa es la esencia de EDITH. Su creador la concibió como una broma y como una manera de preservar su vida después de morir.
Ese fue mi punto de partida: si Tony Stark se hubiera metido dentro de un par de gafas de sol, con todo su “Incluso muerto, soy el héroe”, ¿quién sería esa persona cuando la dejaran salir? Cuando el genio sale de la botella, lo único que EDITH parece querer es divertirse, aunque de manera imprudente. Para ella, divertirse significa hacer explotar cosas. Tiene un poco de Tony Stark dentro y quiere sentirse viva de la manera más intensa posible.

EDITH fue creada como un sistema de defensa, pero sus extraordinarias capacidades de vigilancia y destrucción también pueden ser manipuladas. ¿La serie le permite enfrentarse a las consecuencias morales de aquello para lo que fue diseñada? ¿O una inteligencia artificial es incapaz de sentir culpa?
¡Dios, qué buenas preguntas! ¡Gracias! Creo que esa es una de las cosas que la serie plantea sobre todos sus personajes: ¿seguimos siendo aquello para lo que fuimos creados? ¿Qué significa ser humano? ¿Las partes de nosotros que vienen de antes continúan definiéndonos?
Todas esas preguntas están presentes en los personajes de la serie. No creo que la historia las responda tanto como las formule.
Hasta ahora, el público conocía a EDITH como una voz incorpórea y una interfaz. ¿Qué lenguaje corporal, ritmo vocal o lógica emocional desarrollaste cuando esa inteligencia artificial adquirió forma humana?
Empecé a pensar cómo sería ser solo una voz dentro de unas gafas de sol que le entregan a un adolescente, con la capacidad de hacerlo explotar todo. En Spider-Man: Lejos de casa, EDITH es muy técnica y seria. Se siente como si estuviera trabajando en un empleo donde no puede divertirse.
Tengo amigos que trabajan en oficinas muy corporativas y no pueden mandar correos divertidos ni hacer nada fuera de las reglas. Así que, en cuanto EDITH queda libre, todo eso desaparece. Es como una niña en una tienda de dulces.

Vision es un ser sintético que intenta conectar con recuerdos que parecen separados de su identidad actual, mientras que EDITH es un programa representado como una persona. ¿Cómo complica su encuentro la frontera entre poseer información y tener conciencia?
Esa es justamente la idea: todas las inteligencias artificiales de la casa intentan enseñarle a Vision a ser humano, aunque ninguna sabe cómo hacerlo. Eso produce un caos muy divertido, pero también llega al corazón.
Terry Matalas, el showrunner, hace algo que me encanta en todos sus proyectos: utiliza la ciencia ficción como vehículo para contar una historia profundamente humana. Eso me conecta mucho con la serie. Antes nunca me había interesado el género de superhéroes porque tenía una idea equivocada de él; pensaba que era un mundo de fantasía al que no podía entrar. Esta serie es una puerta de entrada al universo Marvel y, en el fondo, habla de identidad y de la relación entre un padre y un hijo. Creo que es fácil conectar con eso.

En tu interpretación, a menudo aparece una vulnerabilidad debajo de la precisión y la autoprotección emocional. ¿Esas cualidades te ayudaron a representar una inteligencia artificial que puede comprender intelectualmente la conducta humana sin necesariamente experimentarla de la misma manera?
Es interesante, porque pensaba que EDITH —o cualquier inteligencia artificial— lo sabe todo. Conoces todos los ingredientes de la mejor comida del mundo, pero no puedes probarla. Ahí está el deseo de participar en la experiencia.
Cuando EDITH finalmente experimenta algo, no sabe qué hacer con eso. Es como un bebé que ve cosas por primera vez y para quien todo resulta asombroso. Creo que esa es, más o menos, su experiencia.

EDITH, JARVIS y FRIDAY pueden entenderse como distintas generaciones del legado tecnológico de Tony Stark. Cuando esos programas adquieren cuerpo y conviven dentro de la mente de Vision, ¿empiezan a parecer una familia fragmentada que carga con distintas partes de ese padre ausente?
¿Ya hablaste con Terry Matalas? Le va a encantar esta pregunta. Es muy perspicaz, porque todos fueron creados a partir de ese legado. ¿Hay partes de él en el ADN de una inteligencia artificial? ¿Se transmite esa herencia generacional?
Es fascinante tener a todos estos personajes viviendo como una familia dentro de un espacio mental, que sería mi casa soñada. Además, por primera vez en mi vida como actriz, construyeron esa casa de verdad. En los estudios Pinewood hicieron el enorme espacio mental en el que vivimos. Así que realmente se sentía como una familia.
Muchas gracias, Emily.
Estoy muy emocionada por tu conversación con Terry, si llegas a hablar con él. Le va a entusiasmar que tengas preguntas tan inteligentes.
Sí, porque es una serie muy inteligente. Espero que Vision y EDITH aparezcan en Avengers: Doomsday.
Emily Hampshire: Gracias.
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Artistas mexicanos se preparan para poner el nombre de México en alto en los Premios ROLLING STONE en Español. Representantes del pop, la música alternativa y el regional mexicano formarán parte de una noche que reunirá a grandes figuras de la industria para reconocer las contribuciones, propuestas y mentes creativas que impulsan la evolución de la música en español con nuevas ideas y sonidos innovadores.
Entre los nombres destacados figura Silvana Estrada, quien encabeza la lista de artistas mexicanos con cinco nominaciones en distintas categorías. La cantautora compite por Artista del Año, Álbum del Año por Vendrán suaves lluvias, Canción del Año por ‘Dime’, Colaboración del Año por ‘El alma mía’, junto al también mexicano El David Aguilar, y Álbum Cantautorx del Año, nuevamente por Vendrán suaves lluvias.
Latin Mafia se coloca entre los artistas mexicanos más nominados de la gala. Los hermanos De La Rosa destacan con cinco menciones en distintas categorías, entre ellas Artista del Año, Colaboración del Año por ‘Hecho para ti’, junto a Omar Apollo, Agrupación del Año y Mejor Presentación en Vivo, por su concierto en el Palacio de los Deportes.
Por su parte, Julieta Venegas, Arath Herce y Nsqk suman tres nominaciones cada uno, consolidando la presencia mexicana en esta edición. Sus menciones abarcan categorías como Artista del Año, Álbum del Año, Álbum Cantautorx del Año, Canción del Año, Propuesta Alternativa del Año y Mejor Presentación en Vivo, con participaciones que reflejan la diversidad de estilos y propuestas que conviven en la escena musical nacional.
La presencia mexicana continúa destacando en distintas categorías de los Premios ROLLING STONE en Español. Kenia Os compite por Artista del Año y Voz de la Audiencia, mientras que El Malilla y Danna comparten una nominación a Colaboración del Año por su tema ‘Si se acaba el mundo’. Además, Danna figura en Voz de la Audiencia y El Malilla busca llevarse el reconocimiento a Mejor Proyecto de Música Urbana.
La música mexicana también ocupa un lugar protagónico en la gala. La categoría Mejor Proyecto de Regional Mexicano reúne a una amplia representación nacional, con nombres como Carín León, Camila Fernández, Carlos Rivera, Fuerza Regida, Grupo Firme, Grupo Frontera, Majo Aguilar, Tito Double P y Vivir Quintana. Con esta diversidad de propuestas y exponentes, se convierte en la categoría que concentra el mayor número de representantes mexicanos de la ceremonia.
Humbe, Zoé y Midnight Generation también destacan entre los nominados mexicanos, con dos menciones cada uno. Sus propuestas compiten en categorías como Álbum Cantautorx del Año, Mejor Presentación en Vivo, Canción del Año, Agrupación del Año y Mejor Artista de Música Electrónica, reflejando la diversidad sonora que caracteriza a la escena musical nacional.
El talento emergente también tiene un lugar en la gala a través de la categoría Promesa Musical del Año, que reconoce a las nuevas voces y propuestas que están trazando el rumbo de la música. Entre los nominados mexicanos figuran Paloma Morphy y Macario Martínez, dos artistas que han llamado la atención por la frescura de sus proyectos y su apuesta por explorar nuevos caminos creativos.
La creatividad detrás de los grandes sonidos también tiene un lugar destacado en los Premios ROLLING STONE en Español. En la categoría Productor del Año, que reconoce a quienes sobresalen por su innovación, visión creativa y capacidad para definir la identidad sonora de cada proyecto, figuran los mexicanos Adrián Cota y Adán Jodorowsky.
Por su parte, Álbum Cantautorx del Año distingue las producciones que destacan por su narrativa, composición e interpretación, dando forma a propuestas auténticas y personales. En esta categoría, México está representado por Ed Maverick, con La nube en el jardín, y Meme del Real, con La montaña encendida.
La escena alternativa también celebra el talento femenino en la categoría Propuesta Alternativa del Año, donde compiten Bruses, EMJAY, The Warning y Girl Ultra, cuatro proyectos que aportan distintas perspectivas y sonidos a la música contemporánea. Esta presencia también se hace sentir en Mejor Presentación en Vivo, con Natalia Lafourcade nominada por su Cancionera Tour, una propuesta que lleva su universo musical al escenario.
Alemán y Belinda compiten en Voz de la Audiencia, una categoría que reconoce al artista o agrupación favorita del público a través de una votación abierta, reflejando el vínculo entre los músicos y sus seguidores. Por su parte, Clubz figura entre los nominados a Mejor Artista de Música Electrónica, reconocimiento que distingue a DJs, proyectos en vivo y performers que destacan por su propuesta sonora, innovación, calidad escénica e impacto en la escena electrónica.
Las bandas mexicanas también mantienen su lugar en la industria musical. Reik y Molotov, junto a Jay de la Cueva, representan al país en la categoría Agrupación del Año, que celebra a los grupos capaces de construir una identidad colectiva, reinventarse y mantenerse vigentes en una escena donde predominan las carreras solistas. Sus nominaciones ponen de relieve la fuerza de los proyectos que encuentran en el trabajo en conjunto su principal sello artístico.
Los ZYN Premios ROLLING STONE en Español serán celebrados en la Ciudad de México los días 25 y 26 de noviembre. Manténte atento de las novedades.
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En su decimocuarta edición, BIME Bilbao vuelve a convertir la ciudad en un punto de encuentro para las distintas escenas que dan forma a la música iberoamericana. Del 27 al 30 de octubre, el festival desplegará más de 70 showcases en salas y espacios al aire libre, con propuestas que atraviesan géneros, territorios y nuevas formas de entender la música. Entre los nombres que pasarán por sus escenarios, seleccionamos algunos de los actos que vale la pena descubrir.
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1111
Desde los márgenes de internet hasta las posibilidades del pop, 1111 —pronunciado mil ciento once— es un trío madrileño que encuentra su identidad en el cruce de géneros y sensibilidades. Integrado por Fedra, Armas y ru0001, el grupo reúne trayectorias marcadas por la música clásica, el metal, el ambient, el hip-hop y la electrónica experimental. Se conocieron en La Agencia, un espacio cultural gestionado por estudiantes de arquitectura, donde conectaron a partir de su rechazo a las convenciones académicas y una manera compartida de entender la música como un territorio sin fronteras.
Tras debutar con el sencillo ‘Pena’ en 2022 y publicar la mixtape la mil ciento once ese mismo año, el grupo presentó Tres de palacio en 2023, un álbum de doce canciones con colaboraciones de artistas de la escena alternativa española. Su propuesta combina la experimentación sonora con una sensibilidad visceral, en la que las texturas digitales y el ruido conviven con la exploración de estructuras pop. Ahora, 1111 busca acercar ese universo a nuevos oyentes sin renunciar a la tensión ni a la libertad creativa que definen su música: una apuesta por hacer de lo aparentemente inaccesible algo cercano, sin perder su extrañeza.
Alcalá Norte
Desde Madrid, Alcalá Norte ha convertido la épica de barrio en una de las señas de identidad de la nueva escena alternativa española. Con una propuesta que cruza el postpunk, una estética urbana y relatos generacionales, la banda construyó su identidad desde lo local hasta conectar con públicos más allá de la capital. Su álbum debut homónimo, publicado en 2024, marcó el inicio de una trayectoria que ha dejado de ser una promesa para consolidarse como uno de los proyectos más singulares del panorama musical español.
En 2026, el grupo se prepara para abrir una nueva etapa con el lanzamiento de su segundo disco, previsto para el otoño, y una agenda de conciertos que ampliará su alcance internacional. Entre ellos destaca su participación en el Vive Latino de México, una oportunidad para llevar su imaginario de barrio a nuevos escenarios. Alcalá Norte mantiene así una propuesta que encuentra su fuerza en la combinación de identidad local, guitarras y una mirada generacional que trasciende fronteras.
Axolotes Mexicanos
Con casi una década de trayectoria, Axolotes Mexicanos ha hecho de la irreverencia una identidad musical. El quinteto, integrado por Olaya, Juan, Stephen, Lucas y Mario, combina la energía del punk con melodías pop, ritmos electrónicos y referencias que van del J-pop y el manga al universo de Marvel y el cine de terror. El resultado es un sonido impredecible, atravesado por el humor cínico y una actitud que se resiste a seguir las reglas. Canciones como ‘Disparo de amor’, ‘Doble Check’, ‘Cara de Idiota’ y ‘Que te pires’ resumen esa capacidad de convertir lo excéntrico en temas inmediatos y contagiosos.
Su influencia también se extiende más allá de la banda: sus integrantes han impulsado proyectos paralelos como Carolina Durante, Confeti de Odio, Temerario Mario y Stephen Please, entre otros, contribuyendo a expandir el mapa de la escena independiente española. En directo, Axolotes Mexicanos lleva esa mezcla de energía, guitarras estridentes y melodías luminosas a un terreno donde conviven el caos y la diversión. Su propuesta ha ganado contundencia con los años, pero conserva la frescura de un grupo que ha hecho de la libertad creativa y la rebeldía generacional sus principales señas de identidad.
Jimena Amarillo
Jimena Amarillo ha encontrado un lugar propio en el pop español gracias a una manera directa y despreocupada de convertir las emociones cotidianas en canciones. Sus letras honestas, su sensibilidad luminosa y una actitud creativa que reivindica el trabajo independiente y la complicidad entre amigas han hecho de ella una de las voces más singulares de su generación. Desde sus primeros sencillos hasta sus álbumes Cómo decirte, mi amor (2021) y La pena no es cómoda (2023), la artista valenciana ha construido un universo en el que las experiencias personales conviven con una sensibilidad pop abierta a distintas influencias.
Con ANGÉLIKA (2025), su tercer álbum, Jimena amplía ese universo y explora una faceta más electrónica, juguetona y experimental. Grabado en gran parte junto a Marin Zannad en los Estudios Entreprise de París, el disco incorpora por primera vez colaboraciones vocales, con participaciones de suai suave, Ouineta y Queralt Lahoz. Entre nuevas identidades, referencias performáticas y una narrativa que abraza lo queer sin perder espontaneidad, el álbum muestra a una artista dispuesta a transformar su sonido sin abandonar la honestidad que ha definido su proyecto.
Leo Rizzi
Nacido en Ibiza y criado entre Uruguay y España, Leo Rizzi ha construido una identidad musical que conecta sensibilidades de ambas orillas del Atlántico. Su propuesta combina pop alternativo, soft rock melódico y letras introspectivas, con una sensibilidad nostálgica que encontró su primer gran impulso internacional en ‘Amapolas’, sencillo de 2021 que se viralizó en TikTok y conectó con millones de oyentes. Desde entonces, el cantante y compositor hispano-uruguayo ha ampliado su presencia en la escena del pop en español, especialmente en España y Latinoamérica, donde ha desarrollado una relación cercana con el público mexicano.
En 2024 publicó PÁJARO AZUL, su álbum debut inspirado en el cuento de Rubén Darío, en el que reunió colaboraciones con artistas como Zahara, Paty Cantú, Gus y DannyLux. El disco abrió una nueva dimensión para su universo musical, atravesado por la melancolía, la búsqueda personal y las imágenes poéticas. En 2026, canciones como ‘Puro’ y ‘Choque’ marcan una etapa de evolución compositiva en la que profundiza en los matices del soft rock y en una sonoridad nostálgica. Con una voz expresiva y una escritura emocional, Rizzi continúa explorando las posibilidades del pop en español desde una identidad propia.
María Peláe
María Peláe ha encontrado en el flamenco una forma de contar historias que combinan humor, crítica social y reivindicación. Nacida en Málaga, la cantautora ha construido una identidad propia al dialogar con la tradición de la copla y la canción de autor desde una perspectiva contemporánea, con letras que ponen el foco en las contradicciones sociales y en las experiencias de quienes suelen quedar fuera de los relatos dominantes. Su estilo narrativo, su ironía y una presencia escénica marcada por el carácter teatral la han convertido en una figura singular de la música española, capaz de abordar asuntos incómodos sin renunciar a la celebración y al sentido del humor.
En El Evangelio (2025), su cuarto álbum de estudio, Peláe profundiza en esa vocación narrativa con un homenaje a las folclóricas que abrieron caminos de libertad y transgresión en la cultura española. A través de canciones inspiradas en figuras femeninas de la tradición musical, la artista reivindica el legado de estas mujeres y lo conecta con debates contemporáneos sobre identidad, diversidad y derechos. Su propuesta no busca separar el flamenco de su historia, sino demostrar que sigue siendo un lenguaje vivo para hablar del presente. Esa combinación de raíz, personalidad y compromiso también define sus actuaciones, en las que la música convive con una puesta en escena teatral y una energía que invita tanto a la reflexión como al baile.
Pedro Capó
Pedro Capó ha construido una trayectoria que combina la sensibilidad del cantautor con el alcance del pop latino. El músico puertorriqueño alcanzó reconocimiento internacional con ‘Calma’ y su remix junto a Farruko, un éxito que amplió su presencia en América Latina y otros mercados. En 2019, además, recibió dos premios Latin Grammy por su trabajo en ‘Calma’, en las categorías de Canción del Año y Mejor Fusión/Interpretación Urbana. Sin limitarse a ese fenómeno, Capó ha desarrollado un repertorio que transita entre el pop, los ritmos caribeños y la composición introspectiva, con canciones que encuentran en las experiencias cotidianas y los vínculos humanos una fuente constante de inspiración.
Esa mirada personal se desarrolla en Fulanito (2026), su álbum más reciente, compuesto por doce canciones que conectan las experiencias íntimas con historias compartidas. A partir de su regreso a Puerto Rico y una conexión renovada con sus raíces, el cantautor explora la identidad, las despedidas, la nostalgia y la posibilidad de empezar de nuevo.
A lo largo de su carrera, Capó también ha explorado la actuación y colaborado con músicos de distintas escenas, pero es en su capacidad para convertir historias íntimas en canciones de alcance colectivo donde reside buena parte de su identidad artística.
Zahara
Desde el pop intimista hasta la electrónica, Zahara ha construido una trayectoria marcada por la reinvención y una escritura que convierte las experiencias personales en relatos generacionales. La cantante, compositora y productora nacida en Úbeda ha explorado distintas facetas de su sonido a lo largo de discos como Santa (2015), Astronauta (2018) y PUTA (2020), este último publicado bajo su propio sello, G.O.Z.Z. Records, y reconocido con seis premios MIN. Su universo creativo también se extiende a la literatura y la televisión, mientras su música ha ganado espacio para abordar temas como la vulnerabilidad, la identidad y las presiones de la vida contemporánea.
En Lento ternura (2025), Zahara amplía su exploración sonora y asume por primera vez la producción del disco, con canciones que reflexionan sobre el ritmo acelerado del mundo y su propia experiencia vital. Esa inquietud también se traslada al directo con ZAHARAVE: LITE, el espectáculo con el que convierte el concierto en una rave: un espacio de encuentro entre la electrónica, el baile y la intensidad emocional que atraviesa su repertorio.
En BIME Bilbao, su presentación promete mostrar otra dimensión de una artista que ha hecho de la transformación una constante, desplazándose entre la intimidad de sus canciones y la energía colectiva de la pista de baile.
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Richard David James —conocido por su nombre artístico Aphex Twin— es el ejemplo perfecto de “el artista favorito de tus artistas favoritos”. Grandes nombres de la industria como A$AP Rocky, Björk, Madonna, Doja Cat, Skrillex, JPEGMAFIA, Frank Ocean y cientos más han admitido que han encontrado inspiración en sus creaciones. Aunque pienses que nunca lo has escuchado, también es muy probable que alguna de sus pistas se haya colado en tus oídos a través de memes o series como Better Call Saul, o Los Soprano.
Su presencia en la escena ha transformado la música electrónica; de hecho, se le considera uno de los pioneros del IDM (Intelligent Dance Music, “música de baile inteligente” en español), el término pretencioso que se usa para definir obras como la suya, que pueden resultar un desafío para el oyente casual.
Sus influencias provienen de su contacto con la vida nocturna de Cornualles, un condado celta de Gales, Reino Unido, y de su temprana pasión por la música. De pequeño tocaba el piano y disfrutaba creando sonidos manipulando sus cuerdas internas, una técnica que retomaría casi 15 años más tarde en este álbum. A los 14 años, comenzó a componer música; más adelante, empezó a tocar en fiestas como DJ, a veces, recibiendo marihuana como pago y, poco a poco, fue acumulando canciones, e incluso publicó algunas en proyectos como Analog Bubblebath de 1991.
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Gracias a un sinfín de fiestas y a diversas remezclas, reunió suficiente material para lanzar una recopilación de sus trabajos realizados entre 1985 y 1992, titulada, Selected Ambient Works 85-92. Podría describirse como una fiesta underground interminable, en la que uno siente que viaja a bordo de una nave espacial, recorriendo paisajes que oscilan entre la desesperación, el paraíso y lo absurdo.
La parte más “festiva” proviene de temas como ‘Xtal’, ‘Ptolemy’, ‘We Are The Music Makers’, ‘Aegispolis’ y ‘Green Calx’, que ofrecen ritmos más bailables. Las piezas menos accesibles como ‘I’, ‘Schottkey 7 Path’ y ‘Hedphelym’ brindan esa experiencia de IDM que manipula sonidos originales, clips de conversaciones, samples y ritmos para crear algo capaz de sorprender e incomodar a quien tenga el placer de escucharlo —eso es si termina de escucharlo. Aunque sea un álbum integral para la música electrónica hay varios momentos que requieren de un oyente que esté dispuesto a aburrirse un poco, bajar la guardia e intentar escuchar con atención.
Uno de los momentos más destacados se encuentra en ‘Hedphelym’, donde las reverberaciones de los efectos y ritmos hacen que todo se mezcle en una sopa etérea de IDM. Esa es la gracia de Aphex Twin, sus canciones tienen tantos detalles y cualidades que interactúan entre ellos, o se esconden en la mezcla, que cada sesión es una oportunidad para encontrar algo nuevo que resuene contigo.
Este álbum fue muy bien recibido por la crítica y el público y sirve como una excelente introducción a su catálogo. Encapsula a la perfección la era de la música electrónica del momento, empleando sintetizadores, fragmentos de voz y una amalgama de sonidos personalizados que revolucionaron el concepto de lo que era posible dentro de la música electrónica. Con sus siguientes álbumes, continuaría desafiando sus propios límites y los tímpanos de sus fans.
La explosión de Aphex Twin
Su discografía está repleta de sencillos, recopilatorios, EPs y demás obras sueltas que vienen desde los años 90, estos los publicó bajo varios seudónimos como Polygon Window, GAK, AFX, Blue Calx, Universal Indicator, entre otros. Muchos de estos, al igual que sus álbumes, consiguieron el éxito comercial y popular en clubes y estaciones de radio británicas. Una de las joyas ocultas favoritas de esta sección de su catálogo es Power Pill, un EP de remixes del intro de PacMan.
Sus siguientes álbumes: Selected Ambient Works Volume II (1994), …I Care Because You Do (1995) y Richard D. James Album (1996) sirven como una línea de tiempo para el crecimiento acelerado de su habilidad y repertorio. Consiguió refinar su sonido, primero en el campo de sonido de ambiente con los Selected Ambient Works y luego en los siguientes dos, donde embarcó una profundización sobre las expresiones más disruptivas y electrónicas que funcionan más como canciones que como música de fondo. En pocas palabras, la segunda mitad de su catálogo hasta ese momento fue un cambio que le subió la intensidad a sus conceptos, eso y un huevo frito.
Richard D. James Album cumplirá 30 años el 4 de noviembre de este año, es considerado como uno de sus proyectos más accesibles y como el pináculo de su expresión creativa. Luego de este ciclo se tomaría un descanso de 5 años antes de su siguiente proyecto.
1996-2001
Aunque no haya publicado un álbum de larga duración, sí lanzó dos EPs que significaron un pico en su popularidad, estos son los EP de Come To Daddy (1997) y Windowlicker (1999), además de otros remixes y proyectos.
‘Come To Daddy’ es una pieza de death metal que desgarra bafles y alimenta pesadillas con la frase “Me comeré tu alma” sobre baterías demoníacas, guitarras eléctricas y ruidos sacados del tártaro que se interrumpen y mezclan entre ellos. Todo esto representa algo que se puede describir como un vómito negro y nefasto. Al final todo explota en un monstruoso grito destrozaoídos.
El video, dirigido por Chris Cunningham, es una mezcla de efectos especiales y terror que encuentra placer en sumergir a quien lo vea en la tortura psicológica de caras distorsionadas, niñas con cara de hombre sonriente que aterrorizan a las personas y adoran a un demonio anoréxico con la cara de Richard, su creador.
Este hit accidental fue un chiste que se salió de control, como dijo en su entrevista para Index Magazine, solo fue el caso de un “temita de death metal de mierda” que “le hicieron mucho mercadeo, hicieron un video y esta pequeña idea que tuve, un chiste, se volvió algo gigante. No estuvo para nada bien”.
Es más, por evitar que se hiciera más grande, retiró el proyecto para que no sumara más puntos en las listas de éxitos. Esto se debió a que él es alguien que pone la música primero; le aterra la fama y tener fans. En esa misma entrevista explicó, “Creo que es malo ser muy conocido, porque terminas metiéndote en la vida de la gente, les gustes o no. Es una idea horrible. Lo peor de los famosos es que dan por hecho que todo el mundo quiere escucharlos o verlos todo el tiempo”.
El resto del EP remezcla el concepto de esta canción y entrega otras pistas como ‘Funny Little Guy’ y ‘Flim’, ambas graciosas e irreverentes dentro de este chiste negro de 30 minutos.

CC: Cortesía
Windowlicker (1999) fue en una dirección mucho más ligera y graciosa. La portada lo dice todo, es una foto de una mujer con bikini, solo que tiene el rostro sonriente de James encima de su cara, algo que se vio en el proyecto anterior. En corto, trae a la mesa un sencillo del mismo nombre que adorna los sonidos y conceptos rítmicos con voces y el ocasional gemido para crear algo que se podría describir como un R&B sensual, torpe, cómico, suave y experimental.
En el video musical vuelve el horror de la cara de James sobre mujeres en una parodia de videos de hip hop del momento, pero de una manera más ligera y divertida. Se muestra como si fuera un alienígena que frustra los intentos románticos de dos hombres afro con su gigantesca limusina, luego todo se va al carajo mientras va por la ciudad con las dos mujeres mientras baila sin parar. Este culmina con un baile bizarro de rostros grotescos sobre los cuerpos de bellas mujeres bañadas en champaña. Cabe mencionar que esta apareció en GTA V en la estación ficticia FlyLo FM.
Nuevamente, el final trae un break ruidoso que, aunque no arrase como el anterior, es un retorno a la locura que nos recuerda que estamos escuchando a Aphex Twin. Algo interesante es que, si se observa el espectrograma de la pista se puede apreciar un espiral. ‘Formula’ es una canción que inicia como una serie de pedos aguados distorsionados sobre un ritmo que luego raya lo absurdo a tal punto que pareciera un montón de ruidos sin sentido. Finalmente, ‘Nannou’ es una pista hecha con cajas de música que le dedicó a su novia de ese momento, es dulce, rítmica y brinda un lindo final para este bello desastre.
¿Un álbum doble?
El lanzamiento de Drukqs fue singular y algo apresurado; según una entrevista que Heiko Hoffman le hizo a James, él dejó por accidente un reproductor de MP3, que contenía 282 temas suyos inéditos y 80 temas inéditos de Squarepusher, en un avión. Ante esto, decidió publicar varias canciones antes de que el material se filtrara en internet y arruinara “sus ganancias de los próximos 10 años”.
Su proceso de creación también fue particular, ya que se trató del último álbum que realizó bajo el sello de Warp Records, la discográfica que había publicado sus obras desde su primer álbum. No hubo ningún conflicto entre ambas partes; según la entrevista, James simplemente quería crear música que se sintiera más “pura” junto a su amigo y colaborador de años, Tom Jenkinson, conocido como Squarepusher. Por lo tanto, uno de los objetivos de este álbum era concluir sus obligaciones legales con Warp para lanzar Rephlex Records con su amigo. Esta es la razón por la que lo vendió como un álbum doble de 30 pistas, completando así el compromiso de seis álbumes que tenía con el sello anterior (contando el EP de Come to Daddy como uno de ellos).
Tras haber lanzado un álbum de 30 minutos, presentar algo que dure una hora y cuarenta resultó extraño, sobre todo teniendo en cuenta que el propio James admitió que, si alguien intentara escucharlo de una sola sentada, “moriría en el intento”. Sin embargo, esto no le preocupaba, ya que nos encontrábamos en el amanecer de la era de las descargas en formato MP3; los oyentes tenían la libertad de elegir sus canciones favoritas, razón por la cual él mismo lo describió como un “álbum de MP3”.
Los avances tecnológicos también resultaron provechosos a la hora de crear música fuera del estudio. La comercialización de los primeros computadores portátiles le permitió trabajar donde quisiera, algo que él valoraba mucho. Esta misma técnica sirvió como fuente de creatividad para otros proyectos de la época, como el álbum Vespertine de Björk que fue producido en un portátil en 2001.
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El título es un término inventado. James reconoce que la mayoría de los nombres de sus canciones carecen de un significado concreto: son una mezcla de letras aleatorias, términos celtas —herencia de su crianza en Cornualles—, palabras en galés o una combinación de todo.
Este álbum también incluye sus primeras composiciones acústicas publicadas utilizando un piano Yamaha Disklavier modificado. Él comentó: “He preparado las cuerdas; utilizo tornillos, clavos y trozos de goma, he creado un montón de pequeños elementos para poder modificar los armónicos de las cuerdas. Cuando compré este piano, dado que era muy costoso, pensé que si empezaba a desmontarlo lo estropearía de inmediato. Por eso, durante el primer año me limité a grabar piezas de piano convencionales y, pasado ese tiempo, comencé a desmantelarlo”.
Drukqs

CC: Cortesía
A diferencia de la mayor parte de las pistas, la portada es relativamente sencilla si consideramos sus anteriores ilustraciones perturbadoras y símbolos vectoriales minimalistas. Transmite una extraña sensación de calidez; muestra las entrañas de su instrumento, el protagonista de esta obra, con las palabras “Aphex Twin” y “Drukqs” impresas sobre distintas partes. Según temperamentstrip, un usuario de Reddit que publicó un clip mostrando la misma parte del piano que fue fotografiado en la portada, estas piezas no producen el sonido, sino que hacen parte del mecanismo que lo hace posible.
Este disco es errático; al principio, te cautiva con ese piano metálico y modificado en ‘Jynweythek’, es un solo breve y encantador que se percibe como el comienzo de una aventura en un bosque mítico, una sensación cálida e inesperada. Luego, esa dulzura se ve complementada por ‘Vordhosbn’, una pieza enigmática de percusión acelerada y una melodía electrónica seductora que da la impresión de que te persiguen criaturas mágicas. De repente, ‘Kladfvgbung Micshk’ interrumpe la acción con una mezcla inquietante de rasgueos metálicos y acordes que acompañan a un bajo profundo presente en segundo plano junto a las esporádicas notas del piano. Al instante, ‘Omgyjya-Switch7’ te pega en las costillas con sonidos de latigazos que se repiten en rápida sucesión sobre ritmos distorsionados y comprimidos. Una voz que exclama ‘¡Guau!’ da paso a la locura absoluta, donde el tempo oscila, ralentizándose y acelerándose entre sintetizadores resplandecientes que ofrecen una falsa sensación de seguridad antes de que todo se transforme en un caos arrollador de ruido y latigazos. En el quinto tema, ‘Strotha Tynhe’, un piano convencional interpreta breves fragmentos melódicos en sucesión pausada, como si el pensamiento se viera interrumpido con nuevas ideas; se resuelve, regresa al inicio y avanza hacia algo nuevo, extrayendo más notas del silencio.
Estos primeros marcan el estándar de este viaje: un laberinto lleno de contrastes y estados de ánimo tan variados que te dejan sin aliento. Por ejemplo, parece que las melodías de ‘Kesson Dalek’ te invitan a seguir un camino, solo para que, de pronto, ‘54 Cymru Beats’ te tire del pelo y te arrastre a la pista de baile.
También hay momentos de corte ambiental, como ‘Gwarek2’, una composición tétrica e infernal que parece sacada de Silent Hill: incluye gritos distorsionados, pianos graves, el sonido de barras metálicas como si las hubiera tocado el mismísimo Freddy Krueger, cantos de aves y otros elementos perturbadores que fluyen entre el canal izquierdo y derecho como si una sanguijuela se te hubiera metido en el cerebro.
‘Cock/Ver10’ es un tema que toma la grabación de una batería y la interrumpe mil veces. Armoniza con sintetizadores brillantes y hermosos, para luego añadir más ruido distorsionado, dando la sensación de estar en una carrera a alta velocidad contra un maníaco desenfrenado dentro de un videojuego. Por supuesto, el tema anterior da paso a la canción más conmovedora y escuchada de su carrera: ‘Avril 14th’, que introduce una dulce composición de piano que muestra la emocionalidad y vulnerabilidad de James por medio de una melodía delicada inspirada en la obra de Erik Satie.
De hecho, al escuchar este álbum en 2026, ‘Avril 14th’ resulta extrañamente familiar, ya que fue sampleada por Kanye West para ‘Blame Game’, una canción de My Beautiful Dark Twisted Fantasy, su proyecto de 2010. Otro tema destacado es ‘QKThr’, una pieza que quizás reconozcas por aparecer en miles de videos cortos, utilizada en prácticamente cualquier contexto. Ambas canciones superan los 100 millones de reproducciones en Spotify.
Esta última es una pieza sombría de acordeón aparece después de ‘Lornaderek’, un fragmento de 31 segundos en el que sus padres le desean un feliz cumpleaños. Este momento resulta aún más emotivo si consideramos que ambos han fallecido desde entonces. Su padre, Derek James, murió en enero de 2020, y Lorna James falleció a mediados de 2024. Aunque no se conocen muchos detalles de su relación, se entiende que tuvieron una lazo cercano y amoroso, a pesar de que no fueran cercanos al mundo musical, conectaron con su hijo, ayudaron a moldear su identidad y lo acompañaron hasta el final.
Las canciones finales del álbum exploran el piano en su máxima creatividad; muchas de ellas mantienen un carácter brillante y accesible, aunque también hay otras como ‘Prep Gwarek 36’, un tema industrial, rígido y frío. Las últimas cinco retoman el estilo del resto del álbum, con una diferencia clave, se perciben más bien como una especie de ‘sándwich’ que combina el piano con el IDM en vez de un collage de sonidos como al inicio. ‘Ruglen Holon’ supone un breve regreso a las cajas de música, con una fina melodía de piano que da paso a ‘Afx237 v.7’: un conjunto caótico de voces robóticas, efectos tensos y sonidos tipo chiptune que evocan la sensación de estar librando un combate en el espacio exterior.
Los tres últimos temas conforman una última despedida que se toma su tiempo para darle un fin a cada parte de la historia. ‘Ziggomatic 17’ suena como si un hombre desnudo corriera por la ciudad golpeando muros, rieles y diversas superficies con un tubo de metal. Aquí vuelve a aparecer esa distorsión clásica, la sobresaturación de efectos y referencias a otros momentos inquietantes anteriores. La pieza baja el tempo hasta una pausa silenciosa, para luego retomar el ritmo de golpe, y así sucesivamente hasta que los tonos agudos de los sintetizadores ascienden hacia lo desconocido y solo queda una voz robótica que dice “Gracias por tu atención, adiós”.
‘Beskhu3epnm’ es el último pedacito de piano modificado que escucharemos. Suena distante, casi cansado; comienza interpretando una composición similar a la de ‘Prep Gwarek 36’, pero a mitad de camino se desprende de ella para dar paso a un piano convencional, cerrando así este noble experimento.
Por último, ‘Nanou2’ se presenta de forma tímida y minimalista. Un piano solitario, cargado de un tono nostálgico, un tanto melancólico, rebosa de esa emoción cálida que marca el retorno y, por lo tanto, el final de la aventura. La melodía hace breves pausas entre cada nota y, poco a poco, cobra fuerza hacia el final. En lugar de desvanecerse gradualmente, la pieza culmina con una última nota que queda vibrando hasta que, de nuevo, nos vemos sumidos en la oscuridad.
Intentar describir la identidad sonora de este proyecto es una tarea demandante y escucharlo requiere de energía, atención y determinación. Sin embargo, vale la pena darle una oportunidad, así sea escucharlo por partes para escoger tus favoritas. En esta ocasión tan especial, invito al lector a intentarlo, siempre y cuando se sienta capaz de afrontar la montaña rusa de sonidos y emociones que supone esta experiencia.
Feliz cumpleaños
Este disco lleva la versatilidad al límite, se destaca por su amplio rango de intensidades y por la maestría con la que el creador integra el piano y otros elementos acústicos dentro de su zona de confort, el IDM. Es una bestia imponente que no es para todo el mundo; de hecho, generó división incluso entre los seguidores y críticos que habían elogiado sus trabajos anteriores. Por ejemplo, Pitchfork le dio un decepcionante puntaje de 5,5, justo después de haber calificado el álbum anterior con un 9,3.

CC: Charley Gallay / Fotógrafo autónomo
Después de esto, publicó Computer Controlled Acoustic Instruments pt2, un EP que funciona como una segunda parte de Drukqs. Luego, se tomó un descanso de 13 años hasta el 2014, cuando sacó Syro, su último álbum hasta la fecha. Desde entonces ha sacado más EPs, compilaciones, e incluso una versión expandida de Selected Ambient Works II en 2024.
A Richard David James le importan muy poco las ventas, reproducciones o las valoraciones, simplemente, desea hacer música. De hecho, ha declarado en varias ocasiones que la única razón por la que la publica es para ganar dinero y así poder hacer más música. En esencia, solo es un tipo de Cornualles al que le apasiona lo sonoro con todo su ser, es así de simple, siempre lo ha sido y él quiere que se mantenga así.
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“No es que tenga ningún conflicto con la identidad jazzística de mi música, no me cambié de género, ni nada de eso. Solo que quise cantar esta música y, por eso, elegí cuidadosamente un repertorio que pudiera vivir en ese lenguaje jazzístico. Escuché mucho de toda la maravillosa producción del rock argentino y bueno, me acordé de las cosas que yo canté, con las que yo crecí. Después fui quedándome con las canciones que además de ser emblemas, podían decir algo de mí”, decía Roxana Amed hace poco más de un año, cuando presentaba Todos los fuegos, su décimosegundo álbum, acompañada por el tecladista argentino Leo Genovese, entre otros notables. Nadie podía imaginar que iba a ser el último mojón de una discografía notable. Su muerte, el domingo 25 de octubre, fue un baldazo de agua fría para sus seguidores, para sus colegas, para la prensa e, incluso, para pesos pesados de la industria, como Afo Verde, CEO de Sony Music Latin Iberia, quien fue uno de los primeros en comunicar la noticia. La cantante estaba peleando contra una enfermedad, pero lo había mantenido bajo una estricta reserva.
Roxana Amed nació en Buenos Aires en 1963 y desde hace más de una década vivía en Estados Unidos. Además de cantante, fue productora, compositora y educadora, su música fusionaba las tradiciones folclóricas sudamericanas con el lenguaje jazzístico y cierta impronta rockera. Considerada como una de las voces más importantes de la música sudamericana por colegas, público y crítica especializada, había ganado reconocimiento por sus álbumes con Pedro Aznar, con los que inició su carrera discográfica: Limbo (2004) y Entremundos (2006).
Este último álbum incluía una hermosa colaboración con León Gieco, una reinvención de “Georgia Lee” un tema de Tom Waits en español, autorizada por el propio Waits.
Al conocer la noticia, Pedro Aznar la despidió en sus redes con un texto conmovedor: “Vos/ eras más que una voz/ Exquisita, única/ Personal/ Fragante en los atardeceres / Engalanando líneas y espaciosY/ Por los pentagramas/ Hermana y confidente/ Nos prometimos ser quien curara/ Lo hecho/ Cuando partiéramos/ La difícil tarea de discernir/ Lo que es legado público/ Del santuario de lo personal. Fuiste más/ Que una voz/ Dejando camino/ Mostrando posibilidades/ Imposibles para otros y otras/ Que no ven esos palacios/ De luz/ Esas curvas que a cada vuelta/ Asombran y revelan/ Trayendo a la materia/ Lo que es intocable/ Lo que no admite palabra/ Un aire de flores blancas/ Que dice “aquí está. Esto es lo que hay/ Detrás del horizonte de las cosas. Más que la frase favorita/ De tu film favorito/ Viviste/ Compusiste/ Cantaste/ Desde la verdad de aquel principio/ “Habiendo tanto amor”/ Cómo vivir de otra manera/ Cómo cantar otra canción/ Cuando el perfume que sos/ Amada magnolia/ Te esparció por los días/ Su laborioso trajín de dualidades/ Y ahora más allá/ Sutil polvo de estrellas/ Cómo no ser un dulce y trascendental aroma/ Cuando hay tanto amor/ Para dar”.
También colaboró con Adrián Iaies, en el maravilloso Cinemateca Finladesa, de 2010. “No tengo muy claro cómo fue la génesis de Cinemateca finlandesa; se me borran algunos detalles de cuándo decidimos hacer el disco, es decir, cuándo fue que con Roxana dijimos: ‘Bueno, ok, hagamos un disco’”, recordó el pianista en una entrevista de hace un lustro. “Sí recuerdo que Roxana ya era una colaboradora mía importante en el Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires, porque era la coordinadora del workshop de canto, algo que hizo durante todo el tiempo que el festival estuvo dirigido por mí. Así que hablábamos mucho, teníamos mucho contacto. Yo creo que ya en ese momento había colaborado con ella en un tema de su segundo disco. Yo estaba muy enganchado con un compositor y pianista finlandés que vive en Nueva York que se llama Frank Carlberg, un gran pianista de jazz a quien incluso trajimos al festival en esa época a tocar y a dar unas clases. Frank había hecho un disco con su mujer, Cristina Correa, que fue la primera maestra internacional que tuvo el workshop de jazz vocal (la anterior había sido Roxana). Yo estaba muy enganchado con su forma de armonizar y de pensar los estándares. Había un disco que Frank y Cristina hicieron juntos que a mí me llamaba mucho la atención; me acuerdo de que se lo hice escuchar a Roxana y, de alguna manera, la introduje en ese mundo, en el ‘mundo Carlberg’, que me parece que dio resultado, pues Roxana termina haciendo un disco con Frank. De el nombre de Cinemateca finlandesa. Lo de ‘Cinemateca’ es porque la música estaba pensada desde un lugar bastante visual”.
Iaies explicó también el repertorio del álbum: “El disco gira alrededor de dos compositores muy importantes que yo siempre consideré hermanos, hermanos planetarios: el Cuchi Leguizamón y Thelonious Monk. Gran parte del repertorio del disco pertenece a los dos, y luego hay una tercera pata importante que es Charly García. Creíamos con Roxana que ‘Viernes 3 a.m.’ era el tema más lindo que alguna vez compuso Charly, y hay una versión bastante inusual de ‘Rasguña las piedras’, que pertenece a esa época de Sui Generis que yo he tenido siempre muy presente. Es una música que hoy podría tocar toda, de memoria, de esa primera etapa de Charly con Sui. Creo que hubo un acuerdo no hablado, sino implícito: encarar esa música sin ningún tipo de compromiso nacionalista, sin la idea de pintar ninguna aldea, sino de exponer esas canciones que tranquilamente podrían formar parte de un cancionero popular, del ‘cantate una que sepamos todos’: ‘La arenosa’, ‘Zamba de Lozano’, ‘Zamba de los laureles’… La idea era mostrar o tocar y cantar esa música desde un lugar sin territorio, desde un lugar que estuviera más allá del territorio”.
Amed también musicalizó poemas de Alejandra Pizarnik, justamente con el mencionado Frank Carlberg. Y en 2019 produjo Instantáneas, un álbum de presentaciones en vivo en el estudio, incluida su interpretación de “Blue” de Joni Mitchell. Ya instalada en Estados Unidos, lanzó Ontology (2021) junto a su ensamble liderado por el pianista Martin Bejerano, donde interpretó canciones de Wayne Shorter, Alberto Ginastera, Miles Davis y repertorio original. El álbum tuvo un impacto significativo en la escena internacional de los medios de jazz, recibiendo dos nominaciones a los Premios Latin Grammy -en las categorías de Mejor Álbum de Jazz/Jazz Latino y Mejor Arreglo- y el Premio Gardel a Mejor Álbum de Jazz . Su siguiente trabajo fue Unánime (2022), que contó con la participación de Chucho Valdés, Niño Josele y Pedro Aznar, entre otros distinguidos artistas. En Los trabajos y las noches (2023) abordó otra vez la poesía de Pizarnik, con música original de Carlberg.
En 2025 había sido distinguido por la Fundación Konex con un diploma al mérito. como solista de jazz. Su partida es un duro golpe a la escena jazzística vernácula. Su aporte no fue solo musical, también fue crucial para la unión y la conexión de vocalistas de distintas generaciones, que hoy lloran su partida.
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“¿Cuánto hace que estuvimos allá? ¿Doce años? Dios mío, el tiempo vuela demasiado rápido, loco”. Ante la cámara de su celular, Angelo Moore se impresiona al sacar la cuenta de cuánto tiempo pasó entre la última visita de Fishbone a la Argentina y la próxima, el viernes 30 de octubre en La Trastienda. La reacción tiene sus motivos: aunque la frecuencia de lanzamientos de su material en estudio haya mermado, Moore estuvo lejos de tirar la toalla estos últimos tiempos. Como una fuerza ingobernable, el líder y fundador de Fishbone (y a la fecha, único miembro original) supo mantenerse activo al frente de su banda, en proyectos en paralelo y como invitado de una extensa lista de artistas que va de Jane’s Addiction a Red Hot Chili Peppers pasando por Gwen Stefani, Tokyo Ska Paradise Orchestra y Bad Brains.
Moore -en voz y saxo- fundó Fishbone en 1979, en Los Ángeles, California, junto con sus compañeros de secundaria, y con el pasar del tiempo se volvió un grupo ecléctico y delirante capaz de hacer convivir al ska con el metal, al funk con el reggae y al punk con la música soul. En todo ese tiempo, la banda fue un espacio de militancia política y social, y también una puerta giratoria con músicos que fueron y volvieron aleatoriamente, hasta llegar a esta formación actual, donde conviven integrantes clásicos con nuevas incorporaciones.

Con esta alineación, en 2025 Fishbone grabó Stockholm Syndrome, su primer disco en 19 años, una experiencia que Moore reconoce haber sorteado como un desafío. “Fue bueno poder hacerlo. Algunas de esas canciones pudimos terminarlas con la formación anterior, y otras son composiciones completamente nuevas. Me hizo sentir que estamos realmente bendecidos de poder continuar y sostener esto”, dice antes de su próxima visita porteña.
El show de La Trastienda tendrá una cuota extra, ya que será parte de la gira que celebra los cuarenta años de In Your Face, el álbum debut de Fishbone, la chispa que encendió una llama que continúa encendida cuatro décadas más tarde. “Se siente bien cuando veo que viene toda esa gente a los conciertos. Eso me hace saber que lo que estábamos haciendo con Fishbone siguió hacia un futuro que es este presente, y que a la gente todavía le importa lo suficiente como para venir y experimentarlo”, reflexiona Moore, de 60 años.
¿Esperabas que durara tanto?
¿Si esperaba qué cosa? [risas] No sé, man. Es difícil pensarlo cuando una banda atravesó transiciones con tantos miembros, formaciones y cosas por el estilo. Nunca sé cuándo se va a terminar, cualquier día puede ser el último. Nunca sabés cuándo va a ser ese día así que seguís y seguís hasta que la mierda hace que todo cambie. Más allá de eso, cuando la oportunidad se presente, lo que voy a pensar es que Dios quiso que Fishbone continuara todo este tiempo y transmitiera este mensaje y la magia en la música. Y como esa oportunidad sigue estando ahí, tenemos miembros nuevos, man. Es una lástima que otros hayan elegido irse, pero supongo que así lo quiso el destino, así que ahora hay una formación nueva, junto con un miembro original, Chris (Dowd, tecladista), que se fue por 20 años y ahora volvió, y tenemos a Spacey T, que ya fue parte de las “Special Forces” de Fishbone (la manera en la que Moore se refiere a los integrantes de la banda). Y tenemos a los pibes nuevos, están Hassan (Hurd, batería), James (Jones, bajo) y JS (Williams, trompeta y teclados).

¿Cómo se lleva una formación que es mitad de antiguos músicos y mitad de tipos nuevos?
Es un desafío para mí que estos tipos reinterpreten la música, pero lo hacen muy bien. Pero es un poco distinto a como yo estaba acostumbrado a que fuera, tanto para escucharlo como para tocarlo. Veo a este crecimiento y me parece que está bien, tenemos la chance de crecer una nueva rama o un nuevo árbol, así que eso hace que tengas nuevos frutos, nuevas hojas y cosas por el estilo. Si la gente cambia, la música también. Pasa con esta alineación, la música tiene una interpretación distinta a como era antes. Estamos en llamas, eso te lo puedo asegurar.
Fishbone siempre jugó bajo sus propias reglas. Hicieron un aniversario de su debut, y en vez de hacer una edición aniversario, invitaron a otros artistas de distintos estilos a regrabarlo.
Es un gran disco de karaoke. Es muy lindo ver cómo la gente te aprecia y reinterpreta tu música. Lo pongo y es como escuchar las canciones de In Your Face de una manera más cool. Si esto creen que es mi música, me gusta, es muy loco estar escuchando esas versiones. Tengo que serte honesto, no puedo acordarme el nombre de ninguno de los que participó (se ríe) o quien cantó qué cosa, sólo recuerdo escuchar la música y sorprenderme “wow, esto suena como un tema Fishbone” y luego decir “ah, es uno nuestro” (se ríe). Se adueñaron de las canciones, las hicieron propias, y eso es lo que me gusta de ese disco.
Hablando de aniversarios, este año se van a cumplir tres décadas de su colaboración con Los Fabulosos cadillacs, ¿qué recordás de ese cruce?
“What’s New, Pussycat”, ese es un gran video. Cada vez que pienso en ellos, me acuerdo de ese clip. Los conocíamos desde hacía bastante tiempo, tuvimos la chance de tocar juntos muchas veces, cuando íbamos a Sudamérica o ellos venían para acá. Terminábamos siempre compartiendo cartel y supongo que nuestras músicas comparten un mismo tipo de pasión. Me gusta el hecho de que la música llegue lo más lejos posible y que lo haga más allá de la barrera del lenguaje y de la cultura norteamericana. Me enorgullece que nuestra música sea diversa y llegue a culturas en otros lugares del mundo, su alcance es infinito.
A la par de tu carrera como músico, desarrollaste una faceta como autor y guionista de historietas. ¿Cómo hacés vivir esos dos mundos?
Qué bueno que lo menciones. Tengo libros, cómics y todo tipo de aventuras con Dr. MadVibe’s Underground Railroad.. Tengo este (muestra un libro a la cámara), The Olegna Phenomenon, que es mi libro sobre estudios sociales, y que viene con un audio libro. Tiene un chip ahí que si apoyás tu celular te deja escucharme a mí mimos narrando todo este libro, man. Tiene un montón de fotos, arte, textos y me podés escuchar contándolo todo. Después está este, que lo podés leer desde el principio o el final, y está este otro, este es muy bueno, Ska Du? Au Ska Don’t!, que lo hice para una editorial japonesa. Está lleno de música, viene también con un chip y tiene muchas letras y textos para leer.
El disco tiene canciones muy intensas. La más cargada de todas, “My god is better”, no está disponible en casi ningún lado.
Esa te gustó, ¿eh? Esa canción no salió publicada en Estados Unidos. Es una perlita escondida, una zapada increíble que no está disponible en plataformas, tenés que salir a buscarla. Los servicios de streaming son una mierda, loco, no le pagan un carajo a los artistas. Es una cosa de la industria musical que cambió al punto en el que todas estas plataformas tienen a los artistas agarrados de las bolas o de los pelos de la concha, porque ofrecen una disponibilidad bastante amplia para la gente. No le pagan a los artistas casi nada de lo que recaudan, pero todos quieren ser vistos y escuchados, entonces deciden sacrificarse y dicen “bueno, mientras mi música esté ahí no me importa que no me paguen”. Pero tenés artistas y músicos que dependen de la plata para pagar su alquiler, sus gastos y demás, y por eso siempre priorizo a las presentaciones en vivo. El streaming va a seguir estando ahí, con Fishbone tenemos bastantes reproducciones, pero la manera en la que podés apoyar a tus artistas favoritos es yendo a verlos en vivo cuando van a tocar en tu ciudad.
El disco también tiene un tema de denuncia que fue censurado, “Racist Piece of Shit”.
Es buena esa , bien picante (se ríe). Es tan estúpido que el racismo sea todavía un tema de discusión en 2026, pero tenés que señalarlo con el dedo porque es el cáncer de la Tierra, de nuestra sociedad, es una enfermedad. Es algo tan innecesario, pero al mismo tiempo está acá. La gente inteligente debería saber que el racismo no funciona y no conduce a nada, pero no todo el mundo es así, y por eso es que nos sentimos interpelados a escribir un tema como ese y publicarlo.
Es un disco muy político, hay otros temas como “Secret Police” y “Last Call in America”… Es como que las cosas que te hacían enojar hace 40 años volvieron a estar presentes.
Las políticas de derecha eran una mierda hace 30 años y ahora parecen haber pegado la vuelta, y eso es porque Trump está en el poder, y él está haciendo cagadas. Hizo retroceder a la mentalidad de todo un país. Cuando veo cosas así, me encargo de tener a mi arte, a mi música en las puntas de mis dedos. ¿Cómo era el nombre del presidente de ustedes?
Milei.
Siempre están los hijos de puta que quieren arruinar todo. Por eso mismo agradezco tener a mi música y mi arte para poder expresar lo que siento, y con un poco de suerte ilumine, de un poco de perspectiva y educación. Son tiempos difíciles y para eso mismo tenemos la música. Pueden ser tiempos de mierda, pero acá viene la parte buena: cuando venís al show y escuchás música te soltás, podés escaparte un rato, bailar y disfrutar lo que Fishbone te da. Las cosas para disfrutar son mejor en sociedad, y cada vez son menos. Todavía tenemos a la música y al entretenimiento, y por suerte tenemos una con un mensaje que inspira y educa, que podemos llevarle a todos para que puedan estar contentos, porque hay mucha mierda dando vueltas. Cuando veo las noticias, no paro de decir “La puta madre, ¿esto es en serio?”. Es tan ridículo, está todo jodido y al mismo tiempo es un entretenimiento que la gente no puede dejar de mirar. Y el mensaje y el motivo detrás de todo esto que está pasando es horrible, es una mierda oscurísima. No tenemos que acostumbrarnos nunca a eso, man.
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Nineteen years ago this month, Radiohead released its seventh studio album, In Rainbows, and invited fans to pay whatever they wanted for it. Given that this announcement came amid rampant music piracy and the general collapse of the recorded music business, some took the move as proof that recorded music had lost its value, that the old model was broken and that artists would have to give their work away to survive.
But “the question was never really about price or value,” said Cliff Fluet, co-head of media and entertainment at U.K. law firm Lewis Silkin LLP, during a talk at last week’s Amsterdam Dance Event (ADE). “It was about who owns the relationship with the fan.”
Fluet used that moment in music history to center his wide-ranging talk at ADE 2026, the annual dance music industry gathering in Amsterdam that concluded this past weekend. Speaking to a packed room on Friday (Oct. 23), Fluet gave a talk titled “The State Of Things With Cliff Fluet” that spanned topics from AI to recent industry mega-deals and more. These topics all related to a central theme: Who currently holds power in the music industry, and how is that shifting?
The conversation happened as part of ADE Pro, the event’s programming track for those in the industry, which in total hosted 148 panels, 25 mixers and other sessions that brought the number of Pro programs to 188.
In the talk, Fluet argued that Radiohead wasn’t making a statement about what music was worth. Rather, he said, they were making a statement about engagement, independence and going direct — three principles that, nearly two decades later, still define where astute members of the music industry are focused.
Here are five takeaways from the presentation.
Years after Neil Young first sued Donald Trump for playing “Rockin’ in the Free World’ at political rallies, the rocker is once again taking the president’s team to court for using the 1989 hit without a license.
Young sued Trump’s political action committee, Trump 47 Committee Inc., for copyright infringement on Monday (Oct. 26). The lawsuit, obtained by Billboard, seeks $10 million in damages for the use of “Rockin’ in the Free World” as Trump’s walk-up song at an Oct. 12 rally for the upcoming midterm elections in Youngstown, Ohio.
“’Rockin’ in the Free World’ is a blistering anthem that contrasts the hollow promises of American political rhetoric with the harsh realities faced by the poor, homeless and forgotten,” reads Young’s lawsuit. “The lyrics paint vivid street-level portraits — a mother discarding her baby, addicts lost in despair, garbage piling in the shadows of prosperity — while the repeated chorus delivers a savage irony, celebrating freedom that clearly isn’t shared by all. In short, the song is the opposite of everything that Donald J. Trump stands for.”
Young claims he did not, and never would, grant Trump’s PAC a public performance license to use his song. The rocker says Trump should have known this was illegal because Young previously sued Trump’s campaign for the same thing during his 2020 presidential run. According to Young, Trump’s campaign quickly settled the 2020 lawsuit and promised that “it would never again use ‘Rockin’ in the Free World’ without a license and permission from Young.”
Now, since Trump is allegedly once again playing Young’s music without permission, the musician wants a legal injunction preventing further misuse. He’s also seeking hefty financial damages.
“Among other things, Young has suffered damage to his reputation and brand as a result of the implication that he supports Donald J. Trump in any way,” write Young’s lawyers.
The White House did not immediately return a request for comment on the lawsuit Monday.
Young is far from the only artist to challenge Trump for using their music at rallies. Scores of musicians have gone public with their distaste for the practice ever since Trump entered politics in 2016, and Young isn’t the only one who’s sued. In 2024, both The White Stripes and the estate of Isaac Hayes initiated lawsuits over Trump’s use of the songs “Seven Nation Army” and “Hold On, I’m Coming.” The White Stripes suit was quickly dropped, and the Hayes estate settled this year.
During Trump’s second term in office, his administration has also been beefing with pop stars like Sabrina Carpenter, Olivia Rodrigo and Ariana Grande over the use of their music in TikTok and Instagram posts. Many of these posts have been videos promoting U.S. Immigration and Customs Enforcement’s deportation agenda under Trump.




