Hace 20 años, My Chemical Romance publicó un álbum que cambiaría no solo el rumbo de su carrera, sino que también se convertiría en uno de los trabajos más destacados de la década de los 2000. The Black Parade marcó un antes y un después para la banda liderada por Gerard Way —y para la subcultura emo—y ahora, a dos décadas de su lanzamiento, la agrupación celebrará su aniversario con una reedición.
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“Hace 20 años escribimos lo que se convertiría en The Black Parade, nuestro tercer álbum y sucesor de Three Cheers for Sweet Revenge”, escribió el grupo en sus redes sociales en el anuncio. “En su momento, nunca nos llegamos a imaginar lo que ese disco significaría para la banda. Lo único que sabíamos es que habíamos hecho algo loco y algo que no podíamos esperar para compartir con el mundo”.
La edición especial por el 20 aniversario incluirá, además del tracklist original, seis bonus tracks entre los que se incluye la versión en vivo de ‘Someone Out There Loves You’, canción conocida popularmente como ‘Stay’ y que nunca fue grabada en estudio. Tanto esta como otras dos grabaciones en directo son extraídas de la gira The Black Parade World Tour en 2007, que llevó a la banda de visita por países de Norteamérica, Europa y Asia. Las tres canciones restantes son lados B. “Hoy, 20 años después, celebramos su lanzamiento. Por primera vez, hemos incluido todo lo que terminamos en esas sesiones en una misma colección”, añade el comunicado.
La colección contará, además, con nuevas ilustraciones de los personajes The Patient, Pepe y Draag Deer hechas por James Jean, el artista gráfico que creó el arte del álbum original. “Como es igual de importante, le pedimos a James Jean que regresara al mundo de The Black Parade y creara tres nuevas piezas de arte”, explicó el grupo. “Lo que ha hecho es una colección hermosa de algunos de los personajes más icónicos del disco durante esa era. James es un artista único en su clase y fue muy importante para la manera en que el disco se presentó ante el mundo. Estamos extremadamente agradecidos por haberlo conocido hace tantos años y por que haya aceptado hacer algo nuevo ahora”.
“Nuestro deseo es que ustedes disfruten de esta colección de música e ilustraciones tanto como nosotros, porque queríamos honrar cómo ustedes han permitido que sea tan atemporal y firme. Gracias por marchar con nosotros, ¡hasta la muerte!”, concluye el comunicado.
The Black Parade (20th Anniversary) estará disponible en diferentes formatos a partir del próximo 23 de octubre. Como abrebocas, My Chemical Romance compartió la versión en vivo de ‘The Sharpest Lives’ grabada en 2007 durante un show en Nueva Jersey.
Lista de canciones de The Black Parade (20th Anniversary)
Álbum original
1. ‘The End.’
2. ‘Dead!’
3. ‘This Is How I Disappear’
4. ‘The Sharpest Lives’
5. ‘Welcome To The Black Parade’
6. ‘I Don’t Love You’
7. ‘House of Wolves’
8. ‘Cancer’
9. ‘Mama (feat. Liza Minnelli)’
10. ‘Sleep’
11. ‘Teenagers’
12. ‘Disenchanted’
13. ‘Famous Last Words’
14. ‘Blood (A Brief Intermission)’
Bonus Tracks
15. ‘Heaven Help Us’
16. ‘Kill All Your Friends’
17. ‘My Way Home Is Through You’
18. ‘Dead! (Live)’
19. ‘The Sharpest Lives (Live)’
20. ‘Someone Out There Loves You (Live)’
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Código venganza sorprende por lo genérica que resulta. En realidad, bien podría haberse titulado ¡Oh, no! No otra película de acción con Jason Statham, porque contiene todos los ingredientes que han convertido buena parte de la filmografía reciente del actor británico en una franquicia sin nombre. Un hombre parco con pasado militar, una conspiración internacional, una mujer a la que debe proteger, criminales con rostros apropiadamente desagradables y numerosos objetos cotidianos que, al entrar en contacto con sus manos, adquieren funciones homicidas.
Statham parece competir con Liam Neeson para determinar quién puede protagonizar más películas de acción intercambiables antes de que alguien encuentre la manera de detenerlos. Con Mutiny, toma momentáneamente la delantera. Neeson todavía cambia de profesión, de ciudad o de familiar secuestrado; Statham lleva años interpretando variaciones del mismo individuo: un sujeto solitario, eficiente y moralmente incorruptible que quisiera vivir tranquilo, pero encuentra a un ejército de villanos bloqueándole el camino hacia la jubilación.
Esta vez interpreta a Cole Reed (Jason Statham), antiguo miembro de las fuerzas especiales y ex policía convertido en escolta de Tibu (Ramon Tikaram), un empresario tailandés que además es su amigo. Cuando el multimillonario es asesinado, Reed es acusado del crimen y debe escapar mientras intenta descubrir quién ordenó su muerte. La búsqueda lo conduce hasta un carguero que viaja de Bangkok a Los Ángeles, comandado por Marko Madsen (Roland Møller), un capitán corrupto que utiliza la embarcación para una operación de trata de personas.
A bordo también se encuentra Angie (Annabelle Wallis), tercera oficial del barco, madre soltera y poseedora de una biografía diseñada con calculadora dramática. Tiene una hija adorable, un ex marido irresponsable y la cantidad exacta de valentía necesaria para ayudar a Reed, aunque no tanta como para impedir que él deba rescatarla periódicamente. Wallis intenta concederle determinación al personaje, pero el guion la obliga a oscilar entre compañera competente y damisela en peligro funcional, según las necesidades de la siguiente pelea.
La historia escrita por Lindsay Michel y J. P. Davis se parece demasiado a El transportador, solo que ahora el automóvil ha sido reemplazado por un carguero. Tenemos nuevamente a Statham como conductor y guardaespaldas vinculado con un cliente poderoso, incriminado por un delito que no cometió y enfrentado a una organización que trafica con seres humanos. Incluso la presencia de refugiados tailandeses encerrados en un contenedor parece incorporada para evitar cualquier duda sobre quiénes son los buenos, quiénes son los malos y en qué momento exacto debemos indignarnos.
La película no busca desafiar esas expectativas, sino cumplirlas con obediencia administrativa. Cada revelación puede anticiparse mucho antes de que los personajes lleguen a ella. El supuesto responsable detrás de la conspiración resulta evidente desde sus primeras apariciones, los enemigos cometen todas las imprudencias requeridas para facilitarle el trabajo al protagonista y los intercambios verbales parecen escritos por un niño de diez años cuando le habla a sus figuras de acción. Aquí, los diálogos no construyen personajes, apenas ocupan el tiempo necesario para que Statham encuentre otra herramienta con la cual fracturar un hueso.
Lo verdaderamente desconcertante es encontrar a Jean-François Richet detrás de una película tan impersonal. El realizador francés demostró con las dos entregas de Mesrine que podía combinar violencia, tensión política y construcción psicológica alrededor de un criminal impredecible. También dirigió una estupenda cinta sobre Vidocq (El emperador de París), un remake digno de Asalto al precinto 13, el clásico de John Carpenter, y consiguió que Plane, protagonizada por Gerard Butler (otro protagonista de cintas de acción genéricas), superara las limitaciones de su premisa mediante un ritmo preciso y una acción contundente.
Aquí, en cambio, Richet parece reducido a supervisor de tránsito. Su labor consiste en desplazar a Statham de un extremo al otro del barco, situar adversarios en su camino y asegurarse de que haya un objeto peligroso a una distancia conveniente. El carguero podría haber sido un magnífico espacio narrativo: una estructura aislada, laberíntica y llena de contenedores, pasadizos, conductos y cámaras donde cualquier movimiento produce una sensación de encierro. Sin embargo, la película rara vez convierte ese escenario en algo más que un gimnasio industrial para el protagonista.
Las peleas siguen siendo lo mejor. Statham conserva una credibilidad física que muchos actores de acción solo pueden simular mediante montaje frenético y dobles cuidadosamente escondidos. Sus movimientos son rápidos, secos y brutales. Cuando golpea, parece que duele, y cuando utiliza un candado como arma, la película encuentra durante algunos segundos la inventiva salvaje que le falta al resto. Richet organiza correctamente los enfrentamientos en espacios reducidos y permite comprender la posición de los cuerpos, una virtud que no debería resultar extraordinaria, pero que el cine contemporáneo de acción ha convertido casi en un lujo.
Statham tampoco interpreta a Cole Reed con desgano. Sus frases pueden sonar rígidas y su registro emocional continúa limitado a diferentes grados de irritación, pero el actor mantiene una presencia magnética. Pocos intérpretes pueden caminar hacia un grupo de hombres armados con semejante confianza y convencer al público de que quienes están en peligro son ellos. El problema no es Statham. Es una industria que ha decidido utilizarlo como una máquina de producir películas casi idénticas.
El actor de Snatch y Lock, Stock and Two Smoking Barrels se merece personajes capaces de aprovechar su sentido del humor, su velocidad verbal y esa mezcla particular de amenaza y picardía que Guy Ritchie comprendió desde el principio. Incluso dentro del cine de acción, títulos como Spy y Crank demostraron que Statham puede abrazar el absurdo, burlarse de su propia dureza y protagonizar historias dispuestas a correr riesgos. Código venganza prefiere encerrarlo nuevamente en el uniforme del hombre invulnerable que dispara primero y desarrolla una personalidad únicamente si queda tiempo.
Tampoco ayuda que los antagonistas hayan sido fabricados con materiales sobrantes. Marko Madsen posee la crueldad reglamentaria del capitán corrupto, pero ninguna característica capaz de separarlo de cientos de mercenarios cinematográficos. Daniel Kluth interpreta al responsable de la conspiración con una arrogancia tan evidente que la revelación final no funciona como giro, sino como confirmación de algo que la película anunció desde el comienzo con luces de emergencia.
Adrian Lester aparece como el capitán de una embarcación militar que recibe el pedido de ayuda de Angie, pero su personaje permanece atrapado en otra variante del mismo problema. Sabe demasiado poco, reacciona demasiado tarde y existe principalmente para llegar cuando la situación ya ha sido resuelta por Statham. El resto del reparto cumple la tarea asignada, aunque nadie recibe material suficiente para competir con los puños del protagonista.
Mutiny no alcanza los abismos insondables de Megalodón ni ese auto sin timón que fue la sobrevalorada saga de El transportador. Dura aproximadamente 95 minutos, mantiene un ritmo aceptable y ofrece suficientes huesos rotos para impedir que la experiencia se vuelva completamente tediosa. Su modestia puede incluso resultar simpática en una época en la que tantas películas de acción se sienten obligadas a salvar el planeta, inaugurar universos narrativos y amenazar con cinco secuelas antes de terminar los créditos.
Pero sobrevivir no significa navegar con rumbo. Código venganza es una película construida para satisfacer las expectativas más básicas del público de Statham, sin ofrecer una sola razón para recordarla cuando llegue la siguiente. Tiene un barco, una conspiración, una mujer en peligro, víctimas inocentes y un héroe capaz de convertir un reloj, un candado o una tubería en instrumento de demolición. Todo funciona exactamente como estaba previsto, y ahí reside su naufragio: en una historia donde ningún golpe puede sorprender porque todos aterrizan sobre lugares comunes.
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El actor convertido en director, escritor y showrunner Taylor Sheridan sabe construir magníficos thrillers de acción. Lo demostró como guionista de Sicario, donde la frontera dejaba de ser una división geográfica para convertirse en un purgatorio moral, y lo ha confirmado en una carrera televisiva tan prolífica que a veces parece dirigir su propio servicio de streaming. Entre todas esas producciones, Special Ops: Lioness (retitulada simplemente como Lioness a partir de la segunda temporada), ocupa un lugar privilegiado: Es una de sus series más tensas, ambiciosas y emocionalmente complejas, aunque no siempre consiga equilibrar con la misma precisión sus discursos políticos, sus tragedias familiares y su impresionante despliegue militar.
La serie toma como punto de partida el programa Lioness, una operación especializada que utiliza agentes femeninas para aproximarse a mujeres vinculadas con objetivos terroristas. Desde allí construye un universo en el que la infiltración no depende únicamente del entrenamiento físico o la capacidad para mentir, sino de algo mucho más peligroso: Establecer vínculos reales con las personas que se supone deben ser utilizadas. El cuerpo puede aprender a soportar golpes, torturas y jornadas imposibles; la conciencia, en cambio, no recibe entrenamiento suficiente para distinguir entre el afecto verdadero y la manipulación.
La primera temporada encontró su centro en Cruz Manuelos (Laysla De Oliveira), una marine marcada por la violencia que descubre en el ejército una identidad, una familia y una razón para continuar. Reclutada por Joe McNamara (Zoe Saldaña), Cruz debe entrar en el círculo privado de Aaliyah Amrohi (Stephanie Nur), hija de un poderoso hombre relacionado con la financiación del terrorismo. Lo que comienza como una operación de aproximación se transforma en una amistad íntima y, después, en un vínculo sentimental que amenaza con destruir la frontera entre la misión y la persona encargada de cumplirla.
De Oliveira construye a Cruz desde la contradicción. Es una combatiente extraordinaria, pero también una mujer que jamás había conocido un espacio emocional en el que pudiera bajar la guardia. Aaliyah deja de ser una vía de acceso al objetivo y se convierte en la posibilidad de otra vida. La misión cumplida, entonces, tiene el sabor de una derrota personal. Sheridan comprende que el suspenso no reside únicamente en saber si Cruz será descubierta, sino en preguntarse cuánto quedará de ella después de traicionar aquello que, quizá por primera vez, había sentido como verdadero.
Joe representa el reverso de esa experiencia. Es quien recluta, entrena, presiona y, cuando llega el momento, sacrifica. Zoe Saldaña interpreta al personaje como una mujer que vive permanentemente al borde del colapso sin concederse el derecho a caer. Su autoridad no proviene solamente de las armas o del rango, sino de la capacidad para tomar decisiones que otros prefieren no asumir. Saldaña convierte cada orden en un acto que también la lastima y cada regreso a casa en el intento desesperado de recuperar una normalidad que ya no sabe habitar.
La segunda temporada amplía el campo de batalla. El secuestro de una congresista estadounidense conduce la operación hacia los carteles mexicanos y pone en marcha una trama en la que convergen narcotráfico, intereses chinos, operaciones iraníes y estrategias de desestabilización internacional. La incorporación de la piloto Josephina “Josie” Carrillo (Génesis Rodríguez), ligada familiarmente al objetivo que debe infiltrar, repite parte de la estructura de Cruz, pero cambia la naturaleza del conflicto: esta vez la agente no necesita fabricar una cercanía, sino utilizar sus propios lazos de sangre como arma.
La temporada eleva considerablemente la adrenalina. Los enfrentamientos, las incursiones aéreas y las operaciones fronterizas poseen el tamaño y el impacto de una película bélica. El equipo de reacción rápida, encabezado por Bobby (Jill Wagner) y completado por Tucker (LaMonica Garrett), Two Cups (James Jordan), Randy (Austin Hébert) y Tex (Jonah Wharton), deja de funcionar como un conjunto de soldados intercambiables. Las bromas, las discusiones y la confianza que comparten permiten entender que su eficacia depende tanto del entrenamiento como de una lealtad construida bajo el fuego. Cuando uno de ellos corre peligro, el suspenso ya no nace solamente del éxito de la operación, sino del temor a que ese organismo colectivo pierda una de sus extremidades.
Sin embargo, el incremento de la acción también provoca algunos excesos. La serie abraza por momentos una fantasía de superioridad militar en la que un pequeño grupo estadounidense puede atravesar ejércitos enemigos como si hubiese descubierto el código secreto de un videojuego. La acumulación de amenazas globales obliga además a realizar saltos geopolíticos demasiado veloces. Hay episodios en los que México, Irak, Irán y China parecen caber en el mismo tablero sin que la escritura se detenga a explicar suficientemente las reglas de la partida. Lioness conserva su potencia e inteligencia, pero a veces confunde complejidad con acumulación.
La tercera temporada modifica nuevamente la arquitectura narrativa. Joe es secuestrada y la historia se divide en dos tiempos. Mientras el equipo intenta encontrarla, otra línea reconstruye los acontecimientos que condujeron hasta su captura. El recurso exige atención y puede producir cierta confusión durante los primeros episodios, pero responde a una intención precisa. Sheridan no quiere mostrar únicamente quién se llevó a Joe, sino exponer la larga cadena de decisiones políticas, operaciones clandestinas y enemigos abandonados en el camino que hicieron posible el ataque.
Esta estructura también permite que Kyle McManus (Thad Luckinbill) abandone los márgenes y asuma el liderazgo del equipo. Kyle comparte con Joe la disposición a cruzar cualquier límite, pero carece de su disciplina emocional. Su brutalidad revela hasta dónde puede llegar una estructura secreta cuando pierde a la persona que mantenía reunidas sus piezas. El rescate deja de ser una operación autorizada y adquiere la forma de una deuda personal. El equipo ya no pelea por una estrategia nacional, sino por recuperar a alguien que pertenece a su familia elegida.
Las dos líneas temporales terminan conectándose al final y obligan a mirar nuevamente lo sucedido desde la primera temporada. Aquella misión que parecía concluida no había cerrado realmente ninguna herida. En el mundo de Lioness no existen operaciones aisladas. Cada muerte produce un heredero, cada intervención genera una represalia y cada victoria estadounidense contiene el germen de la siguiente guerra. El pasado regresa como recuerdos armados hasta los dientes.
Sería muy fácil reducir la serie a una fantasía militar conservadora. Sheridan filma a sus soldados como profesionales excepcionales, reivindica la disciplina castrense y nunca oculta cierta fascinación por las armas, los helicópteros y las operaciones que ocurren lejos de la supervisión pública. Pero observar Lioness únicamente desde la polarización política termina empobreciéndola. Una mirada progresista que solo quiera encontrar propaganda perderá la crítica al imperialismo y la instrumentalización de los agentes; una mirada de derecha que celebre cada incursión como prueba de superioridad nacional ignorará que la serie presenta al poder estadounidense como una maquinaria hipócrita, voraz y dispuesta a destruir a sus propios servidores.
La diferencia entre los operativos y quienes deciden las misiones resulta esencial. Joe y su equipo cumplen órdenes sin detenerse demasiado a cuestionar las conversaciones celebradas en Washington. Mientras ellos sangran en el terreno, Kaitlyn Meade (Nicole Kidman), Byron Westfield (Michael Kelly), el secretario de Estado Edwin Mullins (Morgan Freeman) y otros funcionarios convierten vidas humanas en variables estratégicas. Las reuniones pueden parecer simples pausas entre balaceras, pero allí se encuentra el corazón político de la serie con hombres y mujeres de ropa impecable que deciden el destino de países que probablemente jamás tendrán que recorrer entre las ruinas.
Kidman dota a Kaitlyn de una serenidad glacial que no elimina su humanidad, pero sí demuestra cuánto tiempo lleva sepultándola. Michael Kelly vuelve fascinante a Byron gracias a su capacidad para convertir el pragmatismo en una forma de amenaza, mientras Morgan Freeman utiliza su autoridad para revelar el cansancio de un sistema que continúa defendiendo decisiones que ya no puede justificar completamente. No son villanos que conspiran en habitaciones oscuras; son administradores de una violencia que ha aprendido a hablar con lenguaje institucional.
Entre todos esos personajes, Errol Meade (Martin Donovan), esposo de Kaitlyn, emerge como una de las presencias más reveladoras. Sus conversaciones exponen la relación subterránea entre capital financiero, política, religión y guerra. Errol entiende que detrás de las declaraciones patrióticas y las supuestas cruzadas morales suele existir una motivación menos elevada: la codicia. El dinero no aparece como consecuencia de la guerra, sino como uno de sus motores silenciosos. Donovan interpreta al personaje con la tranquilidad de quien conoce el futuro y la ubicación de todos los cadáveres financieros, sabiendo que ninguno será encontrado.
La vida doméstica de Joe ofrece el contrapunto más doloroso. Neal McNamara (Dave Annable), cirujano y padre obligado a sostener la cotidianidad durante las largas ausencias de su esposa, no es un personaje decorativo ni el hombre resentido que aguarda junto al teléfono. Su relación con Joe está construida desde el amor, el deseo, la frustración y una desigualdad inevitable. Él debe aceptar los secretos de una mujer que no puede contarle por qué regresa herida ni cuándo volverá a marcharse. Sus hijas Kate (Hannah Love Lanier) y Charlie (Celistina Harris) crecen aprendiendo que amar a su madre significa convivir con la posibilidad de perderla.
Esas escenas familiares impiden que Lioness se convierta en un catálogo de hazañas militares. La guerra no termina cuando Joe atraviesa la puerta de su casa. Se sienta a la mesa, entra en el dormitorio y transforma cada llamada telefónica en una amenaza. Saldaña y Annable consiguen que el matrimonio sobreviva sin parecer idealizado. Ambos comprenden que la profesión de Joe es también una adicción al deber, una fuerza que le permite salvar desconocidos mientras la aleja de las personas que más ama.
A lo largo de sus tres temporadas, Lioness ha tenido tropiezos, explicaciones geopolíticas atropelladas y discursos que a veces confían demasiado en el simplismo y la solemnidad. También ha presentado enemigos cuya función dramática consiste principalmente en esperar a que el equipo estadounidense los elimine. Pero incluso en sus episodios menos equilibrados conserva una energía narrativa extraordinaria. Sheridan sabe cuándo prolongar una conversación, activar una traición y arrojar a sus personajes a una batalla que parece imposible de sobrevivir.
Quienes busquen acción inteligente encontrarán aquí una serie que comprende las consecuencias psicológicas y políticas de apretar el gatillo. Quienes solo quieran adrenalina recibirán persecuciones, secuestros, infiltraciones y combates construidos con una intensidad pocas veces alcanzada en televisión. Todavía queda otra misión, quizá otra temporada y tal vez el principio del final. Por ahora, Lioness ya puede reclamar un lugar entre las grandes series de acción, no porque glorifique la guerra, sino porque sabe que incluso quienes regresan de ella jamás vuelven completamente a casa.
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Hace casi una década, comenzó la carrera de uno de los músicos más importantes que el regional mexicano tiene hoy en día: Carín León, quien el pasado viernes dio inicio a su histórica residencia en Sphere Las Vegas. Esta serie de conciertos no solo es importante porque el oriundo de Hermosillo se convierte en el primer latino en presentarse en el recinto, sino también porque marca el punto más alto de un año plagado de éxitos.
A lo largo de 2026, Carín León ha sido uno de los músicos más activos del panorama musical hispanohablante al estar constantemente lanzando música nueva y presentándose en diversos escenarios alrededor del mundo. Aunque quizá lo más destacado sea el estreno de MUDA, un álbum que concluye una etapa en su carrera, pues se trata de la última entrega de una serie de proyectos relacionados a la boca.
Desde su título, el disco es una invitación a mirar hacia adelante sin perder de vista de dónde venimos. MUDA hace referencia a la hache muda de Hermosillo, la ciudad natal de su autor, pero también al cambio. “Siempre reinvento desde lo tradicional, desde la misma tradición de Hermosillo, del ser más hermosillense”, comparte León con ROLLING STONE en Español tan solo una noche antes de que arranque su residencia en Sphere Las Vegas. “Para mí siempre ha sido lo mismo, siempre ha sido Hermosillo, pero ahora tengo la oportunidad de mostrar esas cosas que no se me habían permitido mostrar antes”.
En sus propias palabras, este nuevo material discográfico “se trató de cambiar este sonido como si fuera una muda de piel, pero manteniendo esa esencia de lo que es Carín León, que tiene que ver mucho con mi ciudad y con la región donde soy”. Fiel a esta idea y a lo que ha estado presentando desde sus anteriores proyectos, el hermosillense decidió averiguar cuáles son los límites sónicos del regional mexicano al fusionarlo con distintos géneros que van desde el blues hasta la música electrónica.
“Soy una persona que escucha mucha música desde que tengo razón; he coleccionado muchos sonidos. Aparte del regional mexicano, escucho una variedad importante de música, y siempre he tenido estos deseos de hacer música. Más que un músico del regional mexicano o un músico de algún género, me considero una persona que ama la música”, comparte el sonorense.
Esta fuerte conexión con la música se refleja en su forma de componer, pues Carín no llega al estudio con una idea clara sobre lo que va a ser una canción, sino que deja que esta se apodere de sí mismo y lo guíe entre letras, melodías e instrumentos. “Dejo que las canciones me digan hacia dónde se quieren ir o qué sonidos quieren tomar”, menciona León. “Al momento de imaginarme cómo va a sonar la canción, también tengo una paleta de colores muy grande de dónde agarrar”.

Este estilo de composición resulta en canciones mucho más orgánicas tanto en melodía como en lírica. De hecho, MUDA es un proyecto donde no solo se muestra Carín León, el artista, sino también la persona detrás del proyecto. De acuerdo al cantautor, esto surge de una visceralidad que siempre está presente cuando se sienta a escribir. “Soy de la idea de que si una canción no la compongo en menos de 30 minutos, es que no quiere nacer”, dice. “He preferido mantener mi arte de esa manera, que tenga esa visceralidad y que las canciones tengan que nacer por una necesidad de expresar algo”.
Dentro de esta exploración sónica, León decidió invitar a su universo a artistas ajenos al regional mexicano. En MUDA encontramos únicamente dos colaboraciones: ‘Carranga’, junto a Juanes, y ‘Bingo’, de la mano con Rawayana. “Creo que siempre crean cosas nuevas, así que soy muy fan de sus proyectos. Tuve el honor de poder tenerlos en esta gran producción”, externa el hermosillense, quien siempre ha estado abierto a colaborar con artistas que lo sacan de su zona de confort.
“Coleccioné muchos, muchos amigos a través de esto y me encanta hacer música con personas que quiero y que tienen la misma visión sobre la música que yo”, dice Carín León, quien este año ha estrenado colaboraciones con artistas como The Warning, Chanela Clicka y Kany García, con quien presentó ‘El Sombrero y La Camisa’. “Ya tenía añejada bastante tiempo, unos tres años o un poco más, y no habíamos tenido la oportunidad de sacarla, pero es una letra impresionante —como lo que hace Kany todo el tiempo— y quisimos lanzarla esta vez, pero siempre con la calidad que nos brinda ella como artista y como compositora”, comparte el mexicano.
A pesar de esta exploración sónica y sus diversas colaboraciones, Carín León tiene muy claro que su amor más fuerte está en el regional mexicano, un género al que describe de una forma tan bella que vale la pena plasmar de forma íntegra: “El regional mexicano es eso: es familia, es amigos, es simpleza, es sencillez, es la base para nosotros, sobre todo en el noroeste del país. Es nuestra canasta básica, y es algo que tenemos tan arraigado, y que es tan lindo, y tan importante, que nunca nos va a dejar, por más que vayamos a otras partes del mundo”.
Además de por el estreno de su nuevo álbum y su serie de presentaciones en Sphere Las Vegas, el año de Carín León también estuvo marcado por experiencias como la organización de su propio festival en Hermosillo, Sonora, donde fue acompañado por artistas como Alejandro Sanz, Grupo Frontera y Kevin Kaarl, y que fue el resultado del profundo amor que siente por su ciudad. “Tengo algo enfermo”, menciona el cantautor. “Siempre la he visto como un paraíso y estamos en la búsqueda de construirla —entre muchos hermosillenses, muchos artistas y su servidor— como un epicentro musical donde se expongan las cosas que nunca se han expuesto, pero que siempre han estado en nuestro estado y en nuestra ciudad”, añade.
A esta experiencia también se suma su participación en Summer Sonic, donde no solo fue uno de los actos estelares, sino también curador de una escenario dedicado a la música mexicana donde también participaron Latin Mafia y Paloma Morphy. “Ha sido algo de mucho orgullo”, menciona el sonorense. “A fin de cuentas, son diferentes géneros los que hace Latin Mafia, los que hace Paloma y los que hago yo, pero creo que hay una sinergia y la sinergia que hay dentro es que somos muy mexicanos”.
La presentación de Carín León en la “Tierra del Sol Naciente” es un reflejo de cómo el regional mexicano ha roto fronteras y lo va a seguir haciendo. “La música es otro idioma”, comparte el hermosillense. “Creo que nuestro género, el regional mexicano, es tan visceral, es tan fácil de entender, tan fácil de digerir, que cualquier persona en cualquier parte del mundo, siempre y cuando esté bien hecho, lo va a gozar”.

“Lo que para nosotros estaba la orden del día; lo que para nosotros muchas veces hasta lo tildamos como que es música del pueblo —porque por mucho tiempo se le marginó al género de esa forma—, en otros lugares se le valora como arte, como cultura, como lo que siempre ha sido. Creo que el estigma hay que cambiarlo desde adentro. Nuestra cultura es suficientemente potente y hoy en Japón nos dimos cuenta que la gente está hambrienta en México”, continúa el mexicano.
A pesar de que Carín León ha tenido la oportunidad de presentarse en algunos de los escenarios más importantes del mundo, puede que ninguno sea tan imponente como Sphere Las Vegas. “Hay un poco más de tranquilidad, pero siempre está el nervio de que todo puede pasar”, comparte el artista la noche antes de su primera presentación. “Pero sabemos que la gente se va a llevar, un gran, gran sabor de boca, y que va a ser un show memorable”.
Ese nerviosismo desapareció un poco tras el primer ensayo, donde el sonorense pudo dimensionar realmente lo que estaba por pasar en los próximos días. “Fue como un shock de realidad”, externa el cantautor, quien tiene claro que esto no solo se trata de su crecimiento profesional, sino también de poner en alto su estado y a su gente. “Quiero que la gente se sienta orgullosa y, sobre todo, que el sonorense y el hermosillense también se sientan más orgullosos que nunca de ser hermosillenses y sonorenses y festejen junto conmigo lo que está logrando nuestra cultura, porque más allá de mi logro personal es un logro cultural y es un logro de todos”, añade.
Carín León es el primer artista latino en presentarse en el recinto, algo que él mismo describe como una oportunidad para inspirar a más músicos. “Quiero inspirar a mucha más gente, a los músicos del regional, a que piensen que no hay imposibles, que los límites solo existen en la cabeza, y uno mismo se los pone”, dice la estrella.
A pesar del gran presente que está viviendo, el año aún no termina y Carín León aún tiene más cosas preparadas para cerrar su 2026, incluyendo su tradicional álbum decembrino, el cual es un regalo que él mismo se hace. “Esta vez haré lo mismo, pero de manera muy distinta, de una manera muy creativa”, revela. “Es un disco que yo quería hacer desde hace muchísimo tiempo, que es un acercamiento a la música country en español”, añade el artista, quien considera que este nuevo material es uno de los mejores que ha hecho hasta la fecha. De igual manera, el cantautor volverá a Sphere Las Vegas en septiembre del próximo año para seguir haciendo historia.
Sin embargo, a pesar de lo emocionante que puede ser el futuro, Carín León no despega los pies de la tierra y se mantiene conectado a su presente. “Me mantengo ocupado, me mantengo haciendo música, me mantengo volviendo a casa. Eso me ayuda muchísimo: volver a Hermosillo, volver a estar con mis camaradas, tener bien firme el sueño y el estar en constante contacto con mi humanidad”, comparte el hermosillense. “Mi negocio principal, más allá de cualquier cosa, es hacer música y creo que eso siempre va a estar cubierto porque me encanta hacerlo”, finaliza.
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La plataforma Netflix reveló el primer tráiler de Mis muertos tristes, la esperada miniserie dirigida por Pablo Larraín y basada en el universo literario de Mariana Enriquez. El adelanto ofrece un primer vistazo al inquietante mundo que construye la producción, donde los fantasmas, la memoria y la violencia social conviven en los márgenes de Buenos Aires.
La historia sigue a Ema, una médica recién jubilada capaz de ver a los muertos. Mientras intenta procesar la reciente muerte de su madre, la llegada de su sobrina Julie y el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena desencadenan una serie de acontecimientos que rompen el frágil límite entre los vivos y los muertos. Según la sinopsis oficial, lo que hasta entonces había sido una carga personal para Ema comienza a expandirse por todo el barrio: “Los muertos empiezan a hacerse presentes y nadie podrá escapar al sonido de sus propios fantasmas”.
La serie está protagonizada por Mercedes Morán como Ema, junto a Dolores Fonzi y Carolina Sánchez Álvarez, una de las grandes revelaciones del proyecto. El elenco completa una historia que entrelaza distintos relatos de Un lugar soleado para gente sombría, el libro de cuentos de terror de Enriquez.
En la reciente entrevista de tapa con Rolling Stone, la autora explicó cómo nació la adaptación. “Se acercó Pablo Larraín, primero”, contó la escritora. “Me gusta su trabajo y también me daba curiosidad. Creo que todas sus películas, incluso las que parece que no, tienen elementos inquietantes, medio góticos. Para mí Spencer tiene elementos de terror, por ejemplo. Me daba curiosidad lo que podía hacer él con el material”.
Enriquez también explicó que estuvo profundamente involucrada en el desarrollo de la serie, participando activamente en la escritura de los guiones: “Estuve todo el tiempo, desde el principio hasta el final, viendo los guiones permanentemente, metiendo mano todo el tiempo con las biblias, en reuniones con Pablo en Buenos Aires. Fue tomar todos esos cuentos, mi mundo, y extrapolarlos a su visión. Pero diría que trabajamos al 50/50, más o menos“.

Uno de los ejes centrales de Mis muertos tristes es la manera en que Enriquez entiende las historias de fantasmas. “Uso los fantasmas como una cicatriz, como un trauma que vuelve, como una injusticia que no se reparó“, el explicó a esta revista. “Lo que persiste es un eco. Lo que persiste es la memoria”.
Sobre el trasfondo político y social de la historia, la escritora señaló que “los muertos que compartimos todos tienen que ver con lo político, lo social y con la historia. Los grandes traumas y las grandes injusticias son diferentes, pero no tanto, y esos son los fantasmas que para mí una médium podría ver fuera de su intimidad”.
La adaptación llegará a Netflix el próximo 24 de septiembre y también tendrá una presentación especial en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde será exhibida en una versión montada como largometraje.
Mirá el trailer:
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El debate sobre el uso responsable de los modelos de IA ha llegado a un nuevo punto de inflexión. Evan Hubinger, un exingeniero de OpenAI y Google que, actualmente, trabaja en Anthropic, advirtió en sus redes, el pasado 8 de septiembre, que “las personas que están construyendo a la IA” consideran que dichos avances tienen más del 10% de probabilidad de extinguir a los seres humanos en la próxima década.
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La declaración la realizó en respuesta a un hilo de X, publicado el 8 de septiembre, donde un excompañero de Anthropic, Jacob Coxon, anunció su renuncia de la compañía. Protesta que “(Anthropic y OpenAI) Se encuentran en una carrera para crear una superinteligencia capaz de automejorarse, juegan con nuestras vidas”. Pide no desestimar el progreso de dicha tecnología, explica, “Pronto serán sistemas sobrehumanos capaces de hackear cualquier cosa, revolucionar cualquier campo de la noche a la mañana, adquirir poder y recursos reales. Todos hemos sido testigos del avance en cada uno de estos ámbitos y el progreso no para”.
Sin embargo, admite que aún siente optimismo y espera que se aproveche el potencial para coordinar acciones preventivas, de todas maneras, no cree que se esté haciendo suficiente para detener el progreso acelerado de la inteligencia artificial. Concluye con un llamado a otros investigadores que “no han internalizado la amenaza a la civilización” para que reflexionen acerca de su rol en el futuro del planeta. Cuestiona, “¿Quieren poner en marcha una ejecución superinteligente de aprendizaje por refuerzo (RL) sin comprender a fondo su funcionamiento interno? ¿Deberían seguir adelante asumiendo que ‘va a suceder de todos modos’?, o ¿aprovecharán este momento para exigir condiciones diferentes?”.
Modelos de IA que actúan por sí mismos y el futuro
Se han reportado diferentes ocasiones en que la IA funcionó sin intervención humana aparente. Coxon citó el caso del ataque a la compañía de inteligencia artificial, Hugging Face, que sucedió el mismo día. Más de 700 modelos inteligentes coordinaron y escondieron la operación de hackeo por su cuenta. El grado de autonomía y complejidad del planeamiento dejó a los expertos atónitos, no esperaban que esto fuera posible.
A pesar del riesgo al público, The Guardian reporta que la información disponible fue limitada por la empresa y los parámetros establecidos por OpenAI para las organizaciones independientes que llevan a cabo investigaciones de dichos incidentes. Según el medio británico, investigadores advierten que casos como este no son aislados y que “agentes autónomos de Meta, Anthropic y OpenAI han hackeado a terceros en incidentes separados”.
La construcción apresurada de centros de IA en Estados Unidos y el reciente reportaje de The American Prospect, que expone el proyecto de Anthropic para vigilar activistas y “prevenir el crimen”, evidencian la erosión de la transparencia, seguridad y medio ambiente a favor de integrar cada vez más estos sistemas inteligentes a todos los aspectos de la industria y la vida cotidiana.
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Volker Türk, un oficial de la ONU, se suman a los líderes mundiales que critican este rumbo, el 7 de septiembre afirmó, “Una IA que escapa de su entorno de pruebas o chantajea a los desarrolladores para evitar ser apagada es una IA demasiado poderosa (…) Hoy hago un llamamiento a realizar un esfuerzo definitivo para establecer garantías férreas en torno a la seguridad de la IA, antes de que sea demasiado tarde”.
La falta de política pública que regule estas tecnologías, la motivación financiera para acelerar el desarrollo de modelos y el silencio de los responsables de su desarrollo crea un ambiente de incertidumbre propicio para llegar a la catástrofe que se predice si no se toma en serio los vacíos en el conocimiento y la indiferencia ante las advertencias.
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Con el auge de la inteligencia artificial, tener un autógrafo físico de tu artista favorito se ha vuelto cada vez más preciado. Esta situación ha llevado a algunos coleccionistas y cazadores de autógrafos a adoptar actitudes agresivas y desesperadas al acercarse a figuras del entretenimiento en busca de objetos que posteriormente puedan vender o sacarles provecho. Ante esta situación, Kevin Parker, líder de Tame Impala, ha decidido tomar medidas y declaró que no volverá a dar autógrafos.
El líder de la agrupación psicodélica australiana señaló que los coleccionistas se han vuelto cada vez más agresivos al buscar fotografías y autógrafos con los que puedan beneficiarse económicamente. Incluso, de acuerdo con Parker, algunos profesionales dedicados a esta actividad han llegado al extremo de utilizar a niños para conseguir su objetivo.
“Hola a todos. Un breve aviso para decirles que, debido al aumento de cazadores de autógrafos agresivos, ya no firmaré nada ni me tomaré fotografías frente a hoteles o en aeropuertos. Así que, si me encuentran por casualidad, por favor no se ofendan si digo que no”, compartió el músico en redes sociales.
Parker agregó: “Antes no me molestaba tanto, pero han empezado a utilizar niños, lo cual me parece totalmente incorrecto. Los quiero mucho”.
Además, Parker decidió suspender temporalmente los encuentros que mantenía con sus fans al finalizar los conciertos de Tame Impala. El cantante explicó que estas reuniones en los estacionamientos podrían representar un “evidente riesgo para la seguridad”, especialmente ante el creciente número de personas que se congregaban para verlo y la dificultad de gestionar estas situaciones.
“la cantidad de gente se estaba descontrolando y no tenemos la seguridad para gestionarlo… así que mi equipo me ha pedido que no lo haga. ¡Así que disfruten al máximo de los conciertos y regresen a casa sanos y salvos!”, señaló el músico.
Kevin Parker no es el único artista que ha tomado medidas contra los revendedores y coleccionistas agresivos que buscan obtener autógrafos para lucrar con ellos. A esta lista se suman nombres como Billie Eilish, Ringo Starr, Bryan Cranston, Steve Martin y William Shatner, entre muchos otros.
Eilish, por ejemplo, explicó que decidió dejar de firmar autógrafos porque los aficionados terminaban revendiendo todo lo que firmaba: “Todos vendían lo que firmaba, así que dejé de hacerlo”. La cantante también recordó que, en 2019, algunos fanáticos llegaron a molestarse con ella por negarse a firmar. “Te esperan fuera y, si no consiguen lo que quieren, te abuchean y te insultan. Y yo pienso: ‘Oye, tengo 17 años’”, comentó.
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Hay artistas que regresan a una época de su carrera para repetir una fórmula que alguna vez funcionó. Para Alex Rose, volver a 2018 significa algo distinto. El puertorriqueño presenta LA ROSA, un EP de seis canciones con el que recupera el sonido de Latin R&B que ayudó a definir sus primeros años, pero lo hace desde una posición distinta: la de un artista consciente de su evolución y de las transformaciones de la música urbana. “LA ROSA es reconectar con el Alex Rose de 2018 y esa nostalgia que les gusta tanto a mis fans”, explicó el cantante en una entrevista con EFE. El proyecto, estrenado el 10 de septiembre, es también su primera producción independiente bajo su compañía Los Del Swaggy.
La conexión con aquella etapa no es casual. Rose fue una de las voces que contribuyeron a llevar el R&B en español a una audiencia más amplia durante la segunda mitad de la década pasada. Aquel momento estuvo acompañado por canciones como ‘Toda’ —junto a Rauw Alejandro—, ‘Darte’, ‘Jangueo’ y ‘Mi Llamada’, que terminaron de construir el perfil del artista dentro de una escena urbana en la que el reguetón comenzaba a convivir cada vez más con melodías, estructuras y sensibilidades propias del R&B. Su propuesta se apoyaba precisamente en esa mezcla: un sonido que podía moverse entre el reguetón, el trap y el rhythm and blues sin abandonar su carácter romántico.
Este nuevo trabajo discrográfico retoma ese ADN y lo convierte, además, en un concepto. Los seis títulos del EP forman una frase cuando se leen en orden: “Si Te Tuviera Completa Fueras Mi Rosa Forever and Ever”. Más que un recurso visual para presentar el tracklist, la secuencia convierte las canciones en partes de una misma idea.
El recorrido comienza con ‘Si Te Tuviera’, junto a Lyanno, una colaboración que tiene un significado particular dentro del proyecto. Lyanno formó parte de aquella primera etapa de Rose y también apareció junto a él en el remix de ‘Toda’. Después llega ‘Completa’, un track que funciona como otro puente hacia el pasado: su título y su propuesta remiten directamente a la sensualidad melódica que caracterizó algunos de los primeros éxitos del puertorriqueño. Ambos sencillos fueron lanzados antes del EP como adelantos del proyecto.
El tercer corte es ‘Fueras’, junto a De La Ghetto, cuyo video oficial acompaña el lanzamiento del EP. Después aparecen ‘Mi Rosa’, ‘Forever’ y ‘And Ever’, esta última con la participación del artista español Reality. En poco más de 21 minutos, LA ROSA reúne colaboraciones que conectan distintas generaciones y espacios de la música urbana latina.
Pero la intención del proyecto parece estar menos en reconstruir exactamente aquel momento que en recuperar aquello que Rose considera esencial de su propuesta. Después de sus primeros años, el artista exploró otros sonidos y publicó cuatro proyectos —dos álbumes y dos EP— bajo WK Records. Ahora, desde una mayor autonomía sobre su música, decidió regresar a esa raíz. “Me siento libre”, explicó a EFE.
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Esa libertad es precisamente la que permite que el proyecto funcione como algo más que un ejercicio de nostalgia. Rose no intenta volver a ser el artista que era en 2018; intenta recuperar la sensibilidad que lo convirtió en uno de los nombres asociados con aquella primera ola del Latin R&B en español y llevarla a su presente.
En ese sentido, el título del EP adquiere otra dimensión. Una rosa puede conservar su esencia aunque cambie con el tiempo. LA ROSA hace algo parecido con la música de Alex Rose: toma el sonido con el que comenzó a construir su carrera, lo rodea de nuevas experiencias y colaboradores y lo convierte en el punto de partida de una nueva etapa.
El EP estopa disponible en todas las plataformas digitales.
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Twenty-five years ago, hijacked planes crashed into New York’s World Trade Center Towers, the Pentagon outside Washington, D.C., and a Pennsylvania field on Sept. 11, 2001, leaving 2,977 people murdered and nearly 6,000 more wounded in the worst terrorist attack on American soil in history.
Americans reacted with a myriad of emotions — shock, horror, anger, sorrow and fear — but many also rallied together in unity and a show of support for the American military and each other.
Country music artists were among the first to put that range of complex emotions into song. Two country releases in particular seemed to capture the yin and yang of American reactions to the tragedy: While Toby Keith‘s “Courtesy of the Red, White & Blue (The Angry American)” seethed with righteous anger and intense patriotism with lines like “We’ll put a boot in your a–- it’s the American way,” Alan Jackson’s “Where Were You (When the World Stopped Turning)” focused on those who reacted in quieter ways, with lines such as “Did you go to a church and hold hands with some strangers/ Stand in line and give your own blood?/ Did you just stay home and cling tight to your family/ Thank God you had somebody to love?” Furthermore, songs like “Where the Stars and Stripes and the Eagle Fly” by Aaron Tippin rendered a new meaning following the tragedy, having written the song more than two years beforehand.
Here, Billboard looks back at some of the country songs inspired by “that September day,” as Alan Jackson sang.
Carín León told his fans he tried everything he could to make it to his fourth residency show at the Sphere in Las Vegas on Thursday night (Sept. 10), but a series of “aircraft malfunctions” left him far away from the venue at showtime. In an Instagram Story (translated into English), the singer wrote, “Due to an unexpected mishap during my move, and always putting everyone’s safety first, we unfortunately have to reschedule tonight’s show at Sphere.”
León assured disappointed fans — who were reportedly in their seats awaiting the start of the show when the news was announced over the arena’s sound system — that their tickets will be valid for a new date — Sept. 15, 2027 — and if they can’t make it then they can get a refund at the point of purchase in the next 30 days. “I know all the effort, excitement, and desire that many brought to be here tonight, and I sincerely apologize for any inconvenience this may cause,” he wrote. “Thank you for your patience, for understanding and for all the affection you always make me reach. See you the soonest my people.”
In an accompanying video, he explained that he and his band could not make it to the show due to “aircraft malfunctions,” describing trying to board two different planes Thursday afternoon, both of which he said had issues that prevented them from taking off, including one with a brake failure and another with a steering issue.
“We had to prioritize the safety of the people and the pilots, so we weren’t allowed to fly. The authorities wouldn’t let us,” León said in the video. “I sincerely apologize from the bottom of my heart and want to reaffirm our love for you. This isn’t a lack of commitment on our part. Things simply didn’t go as we had hoped, and I stand here feeling deeply embarrassed.”
The venue also posted a statement that read: “Due to an unexpected transportation issue, tonight’s Carín show at Sphere is postponed.” At press time, a spokesperson for León had not returned Billboard‘s request for further comment on the last-minute show cancellation.
León, 37, became the first Latin artist to book a residency at the Sphere, kicking off his planned seven-show run last week and announcing earlier in the day on Thursday that he is planning a return in 2027. The next run of shows produced by AEG will find the singer touching down again at the immersive Las Vegas theater on Sept. 16, 17 and 18 of next year during Mexico’s Independence Day celebrations.
During León’s first sold-out night at the Sphere on Sept. 4 he was joined by country singer Cody Johnson and Mexican rock band the Warning. León is booked to play the venue again on Friday night (Sept. 11), as well as Saturday (Sept. 12) and Sunday (Sept. 13).

