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Bob Odenkirk ha descubierto en la madurez una segunda carrera que probablemente nadie imaginó durante los años de Mr. Show. Después de interpretar a un abogado moralmente escurridizo en Breaking Bad y Better Call Saul, Odenkirk se ha convertido en una estrella de acción. La transformación funciona precisamente porque su cuerpo nunca parece pertenecer por completo a ese género. Odenkirk pelea bien, pero no transmite la invulnerabilidad de Jason Statham ni la precisión casi mitológica de Keanu Reeves. Cada golpe le duele y cada caída parece dejarle una factura médica. Incluso cuando gana, conserva la expresión de un hombre que sospecha que la victoria no cubrirá el deducible.

Normal aprovecha esa cualidad mucho mejor que en la decepcionante secuela de Nobody. Ulysses, su personaje, llega como sheriff provisional a Normal, un pequeño pueblo de Minnesota que parece diseñado por un comité encargado de proteger la cordialidad estadounidense. La gente saluda, los comerciantes sonríen, el alcalde ofrece la bienvenida y los problemas policiales se reducen a disputas vecinales. Todo luce tan apacible que comienza a resultar sospechoso. En el cine y en la televisión, un pueblo exageradamente amable suele esconder algo debajo de la plaza principal, y casi nunca se trata de algo bonito.

Ulysses necesita precisamente ese letargo. Arrastra el fracaso de su último trabajo, una separación matrimonial y una dependencia del alcohol que la película presenta sin convertirla en melodrama. Su filosofía puede resumirse en una frase: la vida resulta más fácil cuando uno se preocupa un poco menos. No es un asesino retirado ni una máquina de combate disfrazada de hombre común, como Hutch Mansell en Nobody. Es un policía cansado que ha reducido sus expectativas para no volver a decepcionarse.

La tranquilidad termina cuando Keith (Brendan Fletcher) y Lori (Reena Jolly), una pareja con más desesperación que talento criminal, intenta asaltar el banco local. El robo parece condenado al fracaso hasta que Ulysses descubre algo insólito: los habitantes no quieren proteger a los clientes ni capturar a los delincuentes. Quieren defender el banco de cualquier mirada externa. El sheriff comprende entonces que la normalidad del pueblo es una representación colectiva y que cada sonrisa forma parte de un pacto construido alrededor del dinero, el miedo y una conveniente versión del patriotismo.

La comparación con Fargo aparece desde la nieve, los habitantes excéntricos y esa cortesía del medio oeste que puede preceder a una carnicería. Incluso el apellido Gunderson, perteneciente al sheriff anterior, funciona como un saludo deliberado a Marge Gunderson, el personaje de Frances McDormand en la película de los hermanos Coen. Sin embargo, conviene no exagerar el parentesco. Normal carece de la precisión moral, la riqueza verbal y la tristeza subterránea de aquella obra (tanto la película como la estupenda serie). El director Ben Wheatley utiliza Minnesota como escenario para una comedia de acción, no como el territorio de una tragedia estadounidense.

John Wick 4 – Rolling Stone en Español

Existe otra relación cinematográfica posiblemente más reveladora. La llegada de Ulysses recuerda a Bad Day at Black Rock, el clásico de 1955 en el que Spencer Tracy interpretaba a un forastero que descubría el crimen racista oculto por toda una comunidad. En ambas películas, la supervivencia económica del pueblo depende del silencio y la violencia se activa cuando alguien comienza a formular las preguntas equivocadas. Normal sustituye la gravedad de aquella historia por una orgía de balas, cuchillos, platos rotos, tacos de dinamita y cuerpos destrozados, pero conserva una idea semejante: las comunidades también pueden organizarse para convertir la culpa en tradición.

Wheatley se mueve con una soltura que había perdido en el encorsetado remake de Rebecca y en la absurda e innecesaria Meg 2: The Trench. Después de intentar amoldarse a producciones que parecían rechazar sus instintos, recupera aquí el gusto por el caos de Kill List, High-Rise y, especialmente, Free Fire. El director británico entiende la violencia como una maquinaria que comienza con una decisión torpe y termina devorando a todos los participantes. Sus enfrentamientos no poseen la coreografía elegante de John Wick. Son desordenados, crueles y con frecuencia ridículos. La gente dispara sin saber dónde colocarse, tropieza, se hiere accidentalmente y descubre demasiado tarde que aceptar un pacto criminal no equivale a estar preparado para matar.

El guion de Derek Kolstad (autor de las dos Nobody y las tres primeras entregas de John Wick) y desarrollado a partir de una historia concebida junto con Odenkirk, comienza introduciendo a unos integrantes de la Yakuza en Osaka. La escena parece pertenecer inicialmente a otra película, pero planta la semilla de una conspiración que conecta la vida provincial estadounidense con un negocio criminal internacional. El argumento es deliberadamente delgado y algunas revelaciones apenas reciben el tiempo necesario para asentarse. Wheatley tiene prisa por llegar al estallido y sacrifica parte del misterio que podría haber convertido a Normal en un lugar todavía más inquietante.

Esa impaciencia también limita a varios personajes. Lena Headey interpreta a Moira, la dueña del bar que observa cuanto sucede en el pueblo, y su presencia sugiere una historia más compleja de la que finalmente recibe. Jess McLeod consigue darle carácter a Alex, descendiente del anterior sheriff y antigua integrante del ejército, pero la alianza que establece con Ulysses se desarrolla con demasiada rapidez. 

Henry Winkler, en cambio, necesita pocos minutos para construir al alcalde Kibner. Su amabilidad untuosa, su sonrisa paternal y su absoluta confianza en el orden local lo convierten en la encarnación perfecta de una corrupción que ha aprendido buenos modales. Por su parte, Billy MacLellan convierte al ayudante Mike Nelson en una mezcla de entusiasmo provinciano y torpeza entrañable, cuya admiración por Ulysses incluye hasta la coincidencia de sus bigotes. Su simpatía inicial adquiere otro significado cuando la lealtad hacia el pueblo comienza a pesar más que su deber como policía. 

Odenkirk sostiene la película mediante su agotamiento. Ulysses no reacciona ante el peligro como alguien que añora la batalla, sino como un trabajador al que acaban de prolongarle el turno. Su expresión resignada consigue que las secuencias más absurdas conserven un contacto con la realidad. Cuando comienza la violencia, no se transforma mágicamente en otro hombre: continúa siendo el mismo sheriff golpeado, triste y ligeramente desorientado, obligado a recuperar unos instintos profesionales que creía enterrados.

Ese detalle permite separar a Normal de una hipotética Nobody 3. Hutch Mansell reprimía el deseo de regresar a la violencia; Ulysses necesita encontrar una razón para volver a preocuparse. Uno siente placer al liberar a la bestia. El otro parece avergonzado de haber permitido que la apatía ocupara el lugar de su conciencia. Odenkirk utiliza la acción para mostrar dos crisis masculinas distintas, aunque ambas terminen con una cantidad considerable de personas atravesando paredes.

La película alcanza sus mejores momentos cuando convierte los objetos cotidianos en armas. Una cocina se transforma en campo de batalla y los platos, los cubiertos y hasta las agujas de tejer adquieren funciones homicidas que sus fabricantes difícilmente habrían incluido en las instrucciones. Wheatley filma estas secuencias con una claridad refrescante. Se entiende quién golpea a quién, desde dónde llega el peligro y por qué una acción disparatada produce determinada consecuencia. Parece una observación menor hasta recordar cuántas películas contemporáneas confunden velocidad con ilegibilidad.

El humor nace de la distancia entre las acciones y quienes las ejecutan. Los habitantes de Normal han aceptado beneficiarse de un sistema criminal, pero muchos nunca imaginaron que tendrían que ensuciarse las manos para defenderlo. Cuando finalmente llega el momento, la incompetencia no reduce el peligro. Por el contrario, lo vuelve impredecible. Una persona sin entrenamiento y con un arma puede ser mucho más aterradora que un profesional, especialmente si cree estar defendiendo su casa, su negocio y la prosperidad de sus vecinos.

Ahí aparece la carga política de Normal. El pueblo ha construido su bienestar sobre un secreto y ha decidido que protegerlo constituye una obligación comunitaria. Sus habitantes pueden condenar públicamente la violencia mientras se benefician de aquello que la produce. Wheatley no interrumpe la acción para explicar esta contradicción. La deja expresarse mediante comerciantes, policías y autoridades que convierten la avaricia en deber cívico. No son monstruos llegados desde afuera. Son ciudadanos ejemplares mientras nadie amenace sus cuentas bancarias.

La participación de la Yakuza corre el riesgo de sentirse como una excentricidad añadida para aumentar el número de cadáveres. El prólogo japonés promete una conexión narrativa más elaborada de la que la película entrega y algunos personajes aparecen cuando el relato ya se aproxima a su desenlace. Aun así, su llegada completa la broma central: el pequeño pueblo que ha pasado años protegiendo una organización temible termina convertido en un escenario donde nadie puede controlar la violencia que ayudó a financiar.

Normal dura noventa minutos y conoce perfectamente el límite de su propuesta. No intenta ocultar la delgadez del argumento bajo explicaciones interminables ni prolonga el desenlace para preparar cinco secuelas. Su objetivo es ofrecer una comedia sangrienta, veloz y cruel sobre un hombre que entra en un pueblo aparentemente apacible y descubre que la normalidad es apenas una coartada.

Wheatley no alcanza la ferocidad de sus mejores trabajos ni explota por completo el potencial de su reparto, pero recupera el placer de observar cómo una situación sencilla se descompone hasta convertirse en una masacre. Odenkirk vuelve a probar que un héroe de acción puede tener la espalda adolorida, el corazón roto y la mirada de quien preferiría estar resolviendo un problema administrativo.

Debajo de las bromas, los disparos y las extremidades extraviadas, Normal deja una conclusión bastante menos festiva: La violencia estadounidense no siempre aparece como una invasión que destruye la vida cotidiana. En ocasiones ya forma parte de ella, escondida detrás del mostrador, protegida por el gobierno y saludando amablemente.

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Abraham Mateo se prepara para iniciar una nueva era musical y esta vez ha invitado a María Becerra y al productor Big One para dar el pistoletazo de salida hacia su próximo trabajo discográfico. En ‘Así’, los artistas tienden puentes entre España y Argentina, recordando que la unión hace la fuerza.

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La canción, coproducida por Mateo y el también DJ argentino, cuenta con una base afro, guitarras y palmas que entremezclan los estilos personales de cada músico. “Ya dejamos de ser lo que un día fuimos/pero me gusta lo que somos”, canta el español al inicio. “Intento controlar mis emociones y no jugar con ilusiones/Y pienso que me sobran las razones para escribirte canciones”, continúa Becerra en su verso.

El videoclip que acompaña al lanzamiento fue dirigido por Mario Arenas y en él se ve a los cantantes representando un acto en apariencia sencillo, pero más íntimo, como lo es compartir audífonos para escuchar la misma canción.

En su más reciente visita a España, “La nena de Argentina” invitó a Abraham Mateo a subir al escenario para debutar en vivo su nueva colaboración. “Te admiro mucho María, gracias por la invitación y a todo tu público maravilloso por recibirme”, declaró el gaditano en un post en el que compartía algunas fotografías de los ensayos y del show.

‘Así’ llega en un momento en el que Mateo celebra sus 20 años de carrera. A finales de 2025, en entrevista con ROLLING STONE en Español, el artista explicó sus deseos de adentrarse mucho más en sus raíces al tiempo que se expande por Latinoamérica: “Me gustaría adentrarme un poco más en el flamenco, ir introduciendo mi sonido con un toque más español, fusionado con el pop. Creo que sería una buena manera de probar cosas nuevas. Además, en Latinoamérica gusta mucho el flamenco, y me encantaría internacionalizarlo un poco más”.

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Con apenas unos años de carrera, J Noa ya se convirtió en una de las voces más importantes del rap en español. Sin embargo, su nuevo EP, RecOrTa y PeGa, marca un punto de inflexión en su trayectoria. Más que un cambio de sonido, la artista dominicana lo presenta como una declaración de identidad y el comienzo de una etapa en la que busca romper con las etiquetas que han acompañado su ascenso.

“Estoy en una transición de quitarme la etiqueta de ‘J Noa, la niña’ y también la de ‘J Noa, la rapera’. Amo el rap, lo defiendo y siempre voy a rapear, pero quiero que la gente me vea como una artista”, explica.

Ese espíritu se refleja en un proyecto que mezcla canciones creadas en distintos momentos, ciudades y estados emocionales. De ahí surge el nombre del EP: un collage construido con piezas que, aunque nacieron por separado, terminan dialogando entre sí.

“Son canciones que no hice pensando que fueran un EP, pero cuando las escuché juntas entendí que funcionaban. Es un RecOrTa y PeGa de emociones, de proyectos y de lugares”, cuenta.

Aunque el disco explora nuevas melodías y momentos más cercanos al pop, J Noa asegura que existe un hilo conductor entre todas las canciones: la protesta.

“Todas las canciones están protestando algo. En unas hablo de una traición, en otras cuestiono el sistema o las expectativas que la sociedad pone sobre uno. Esa rebeldía conecta todo el proyecto.”

J Noa inicia una nueva etapa con ‘Player
Cortesía.

Un EP grabado entre cinco países

La producción de RecOrTa y PeGa también refleja esa diversidad. Las canciones fueron creadas entre República Dominicana, Puerto Rico, Estados Unidos y otros escenarios que marcaron el proceso creativo.

En el proyecto colaboró con productores como Gaby Cabral, Truco, Dímelo Nido —conocido por trabajar con Rauw Alejandro—, Ghetto y Arnold, mientras que cada tema fue tomando forma en ciudades como Miami, Atlanta, Nueva York, Puerto Rico y Santo Domingo.

Uno de los detalles más curiosos del EP aparece en ‘Garota’: el coro fue interpretado por la neumóloga de la cantante.

“Antes de saber que era doctora, sabía que cantaba. Después terminé tratándome con ella por el asma y, cuando hicimos la canción, terminó cantando el coro. Ahora cuida mis pulmones y también mi música”, recuerda entre risas.

Cortesía.

Cómo nació la colaboración con Farruko

El sencillo principal del EP, ‘PlaYer </3’, junto a Farruko, nació de una relación que comenzó a través de redes sociales.

Según cuenta J Noa, el puertorriqueño fue uno de los artistas que mostró un interés genuino por su trabajo desde que empezó a ganar notoriedad. Aunque inicialmente le envió otra canción para colaborar, los constantes compromisos del cantante retrasaron la grabación.

La oportunidad definitiva llegó durante un viaje a Miami.

“Él me dijo: ‘Hagamos una canción desde cero’. Entramos al estudio a las dos de la mañana y salimos a las ocho. Yo tenía que ir directo al aeropuerto”, recuerda.

La sesión terminó convirtiéndose en un verdadero intercambio creativo.

“Él me daba ideas para mis partes, yo le daba ideas para las suyas. La vibra fue increíble. Al principio la canción iba a salir con él, pero después decidió que la publicara yo.”

La transformación de J Noa no solo se escucha; también se ve. Para esta nueva etapa, la dominicana buscó inspiración en el universo visual de Tyler, the Creator.

“Vi muchísimas cosas de Tyler. Me gusta esa estética colorida, saturada, casi caricaturesca, pero sin perder una imagen limpia”, explica.

También reconoce que pasa horas buscando referencias en Pinterest y observando el trabajo de creadores de contenido para construir un universo visual coherente con la música que está desarrollando.

Cortesía.

Ese concepto ya puede verse en el videoclip de ‘Antisistema’, donde cada detalle fue cuidadosamente planeado. Incluso reveló que el sobre que aparece al final del video volverá a tener protagonismo en el clip de ‘PlaYer </3’, conectando ambas historias dentro de una misma narrativa.

La nueva etapa de J Noa apenas comienza. Además del lanzamiento de RecOrTa y PeGa, la artista abrirá el SummerStage compartiendo cartel con Mula y Trueno, mientras ya piensa en el siguiente capítulo de su carrera.

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Era prácticamente imposible que una nueva película de Spider-Man superara la excitación colectiva provocada por No Way Home. Aquella cinta no solo reunió a los tres Hombres Araña (Tom Holland, Tobey Maguire y Andrew Garfield), sino que convirtió décadas de memoria cinematográfica en un parque de diversiones construido con nostalgia, heridas compartidas y portales interdimensionales. La altísima vara quedó suspendida sobre Manhattan, balanceándose entre tres generaciones de espectadores.

Spider-Man: Brand New Day entiende que intentar repetir aquella operación habría sido una forma de suicidio creativo. En lugar de aumentar el número de universos, villanos, variantes y apariciones sorpresa, la película decide reducir la escala. El resultado puede sentirse inicialmente como un descenso en términos de grandilocuencia, pero no necesariamente como una pérdida. Después de una aventura que parecía contener todas las versiones posibles de Spider-Man, la saga necesitaba volver a preguntarse quién era Peter Parker cuando ya no quedaba nadie a su lado.

Destin Daniel Cretton asume la dirección después de haber demostrado en Shang-Chi And The Legend Of The Ten Rings que podía administrar la maquinaria de Marvel sin perder por completo el interés por los personajes. Antes había dirigido a Brie Larson en la emocional Short Term 12 y a Jackie Chan en el destacado drama The Foreigner, mientras que en la serie Wonder Man se permitió abordar el género de superhéroes desde una perspectiva satírica, extraña y bastante alejada de la fórmula habitual del estudio. Esa experiencia se percibe en Brand New Day, una película que no renuncia al espectáculo, pero que se preocupa más por la vulnerabilidad del héroe que por la cantidad de edificios que se pueden destruir durante el tercer acto.

Crítica: Wonder Man – Rolling Stone en Español

Peter Parker se encuentra solo. Su tía May (Marisa Tomei) ha muerto. MJ (Zendaya) y Ned (Jacob Batalon) han olvidado quién es. Para protegerlos, él decidió aceptar que su vida desapareciera de la memoria de las dos personas que más amaba. Ahora vive encerrado en un apartamento deteriorado, rodeado de pantallas, herramientas y dispositivos, como si hubiera convertido la tecnología en una barricada contra el mundo exterior.

Crítica: Euphoria (2019-2026) – Rolling Stone en Español

Su único propósito es combatir el crimen. Ya no existe la universidad, la vida sentimental, la amistad o el proyecto personal. Peter ha dejado de ser una persona para convertirse en una función. Sale, persigue delincuentes, salva ciudadanos y regresa a una habitación donde nadie lo espera. Cree que el aislamiento es una forma de responsabilidad. Mientras no permita que nadie se acerque, nadie sufrirá por su culpa. Lo que no comprende es que esa renuncia también está destruyendo aquello que lo hacía humano.

Tom Holland aprovecha esta nueva etapa para ofrecer su interpretación más madura del personaje. El actor ya no necesita apoyarse continuamente en la torpeza adolescente, el nerviosismo verbal o la comicidad de quien todavía está descubriendo sus poderes. Su Peter Parker carga ahora con una tristeza más silenciosa. No es el muchacho que teme fracasar como superhéroe, sino un hombre joven que ha decidido fracasar deliberadamente en todos los demás aspectos de su existencia.

La película presenta entonces un misterio encarnado en una entidad capaz de poseer personas y desplazarse de un cuerpo a otro. El enemigo puede hablar a través de cualquiera, desaparecer dentro de una multitud y transformar a aliados circunstanciales en amenazas. La premisa recuerda inevitablemente a Fallen, aquella cinta mediocre de 1998 en la que Denzel Washington perseguía una presencia demoníaca que saltaba de persona en persona. Aquí la idea pierde su dimensión religiosa y se convierte en un enigma ligado a la identidad, el trauma y la imposibilidad de reconocer quién está realmente frente a nosotros.

El concepto funciona porque prolonga el conflicto emocional de Peter. El héroe no solo persigue a una criatura sin rostro fijo, también intenta descubrir quién es él ahora que todas las personas que definían su vida han dejado de reconocerlo. Para resolver el caso, Spider-Man se ve obligado a hacer aquello que más teme: pedir ayuda.

El primero en entrar en escena es Frank Castle, interpretado nuevamente por Jon Bernthal. Después de la brutalidad de su especial televisivo, Punisher aparece aquí moderado por las exigencias de una producción destinada a un público más amplio, aunque conserva la aspereza, la furia y la convicción casi patológica de que cualquier problema puede resolverse con suficiente munición.

Crítica: The Punisher: La última muerte (The Punisher: One Last Kill) – Rolling Stone en Español

La relación entre ambos recupera el espíritu de aquellos cómics de Marvel que reunían durante algunas páginas a dos héroes incompatibles. Spider-Man intenta salvar a todo el mundo; Castle considera que algunas personas han renunciado al derecho a ser salvadas. Uno utiliza el humor para impedir que el miedo lo paralice; el otro ha convertido el dolor en una metodología de combate.

Jon Bernthal no necesita apropiarse de la película. Su presencia funciona como un espejo oscuro de Peter: Frank también perdió a las personas que amaba, pero respondió al duelo destruyendo todo vínculo posible con los demás. Es, en cierto sentido, el futuro que espera a Spider-Man si continúa confundiendo la soledad con la fortaleza.

La participación de Florence Pugh como Yelena Belova, la nueva Black Widow, aporta uno de los momentos más divertidos de la cinta. Peter la visita en una especie de baño termal convertido en oficina improvisada y ella le pide que se desnude para entrar al agua. Peter obedece, aunque conserva la máscara. La imagen resume de forma perfecta el conflicto del personaje. Puede mostrarse físicamente vulnerable, pero aún no está dispuesto a revelar quién es.

Pugh entiende el tono de la secuencia y convierte la conversación en algo más que un cameo diseñado para despertar aplausos. Yelena, otra heroína atravesada por pérdidas familiares y relaciones rotas, comprende que el problema de Peter no es únicamente el enemigo que persigue. Es su incapacidad de desnudarse, de mostrarse como es para volver a formar parte del mundo.

Crítica: Thunderbolts* – Rolling Stone en Español

La jefa de policía Jean DeWolff, interpretada por Liza Colón-Zayas, ocupa también un lugar importante. La actriz de The Bear aporta calidez, maternidad, autoridad y sentido práctico a un universo poblado por personas que suelen resolver cualquier dificultad atravesando paredes. Su personaje funciona como vínculo entre Spider-Man y la ciudad, pero también como una figura adulta que observa con preocupación la manera en que el héroe está consumiéndose.

Crítica: The Bear (2022-2026) – Rolling Stone en Español

Hay un cambio significativo en la relación entre Spider-Man y Nueva York. Durante buena parte de la historia del personaje, los ciudadanos han desconfiado de él. J. Jonah Jameson convirtió esa sospecha en una industria y utilizó los titulares para presentar al héroe como amenaza pública. En Brand New Day, Jameson no aparece y la ciudad parece haber adoptado finalmente a El Hombre Araña como uno de los suyos.

Los neoyorquinos lo animan, lo protegen e incluso colaboran con él. Este respaldo podría parecer una simple corrección sentimental después de tantas películas y cómics de persecución, pero también introduce una ironía. Spider-Man cuenta con el afecto de millones de desconocidos y, sin embargo, no tiene a una sola persona con quien compartir la cena.

El misterio externo coincide con una transformación interna. Peter comienza a sufrir dolores de cabeza, alteraciones sensoriales y cambios físicos. Su fuerza aumenta, sus reflejos se vuelven más agresivos y las telarañas dejan de depender de dispositivos mecánicos para surgir directamente de su cuerpo. La araña parece estar conquistando al hombre.

Es aquí donde la película se acerca, aunque con prudencia industrial, al territorio de David Cronenberg. Peter Parker siempre ha vivido dentro de una mutación biológica, pero las películas anteriores trataron sus poderes como una bendición acompañada de responsabilidades. Brand New Day se atreve a sugerir que también podrían ser una enfermedad, una alteración genética o una forma de pérdida de identidad.

La referencia más evidente es The Fly. Como el científico interpretado por Jeff Goldblum, Peter descubre que su cuerpo está desarrollando habilidades que inicialmente parecen extraordinarias, pero que también amenazan con reemplazar su humanidad. La diferencia es que Marvel no está dispuesta a llevar la metamorfosis hasta sus consecuencias más perturbadoras (en alguna ocasión en los cómics, a Peter le crecieron 6 brazos). La cinta abre la puerta al horror corporal, observa unos segundos el abismo y luego instala una baranda de seguridad.

Aun así, la idea resulta poderosa. Peter se ha alejado tanto de sus vínculos humanos que su ADN arácnido comienza a dominarlo. El cuerpo expresa aquello que la mente se niega a aceptar. Cuanto más intenta ser únicamente Spider-Man, menos queda de Peter Parker.

Por eso busca a Bruce Banner. Mark Ruffalo aparece ahora como un científico retirado de la primera línea superheroica, un hombre que ha dedicado años a negociar con la criatura que habita dentro de él. Banner comprende mejor que nadie lo que significa temerle a una parte del propio cuerpo.

El encuentro entre ambos termina, por supuesto, en una batalla contra Hulk. La película no desperdicia la oportunidad de enfrentar la agilidad de Spider-Man con la fuerza descomunal del gigante verde. Sin embargo, la secuencia no es únicamente una obligación espectacular. También enfrenta a dos personajes que han construido su identidad alrededor del control. Banner teme perderlo; Peter empieza a sospechar que nunca lo tuvo.

Tombstone (Marvin Jones III) y El Escorpión, interpretado por Michael Mando de Better Call Saul, aparecen como villanos secundarios y adversarios físicos. La presencia de El Escorpión permite algunas escenas de combate contundentes, aunque la película sabe que el verdadero conflicto no está en su aguijón mecánico. Existe otra figura, interpretada por Sadie Sink (Stranger Things), cuya identidad y función conviene no revelar. Basta decir que la supuesta villana no responde a la lógica tradicional del antagonista y que su relación con Peter transforma la investigación en una confrontación moral.

Spider-Man descubre que perseguir a alguien no significa comprenderlo y que detener una amenaza puede exigir algo distinto a golpearla hasta que lleguen los créditos. La película incluye ninjas, persecuciones aéreas, enfrentamientos y numerosos desplazamientos por los rascacielos de Manhattan. No carece de acción ni de efectos especiales. Lo que ocurre es que Cretton no organiza la narración exclusivamente alrededor de esas secuencias. Las utiliza como estaciones dentro de un proceso emocional más largo.

Con 145 minutos de duración, Brand New Day se toma su tiempo. En ocasiones demasiado. La investigación avanza por episodios, algunos personajes aparecen como piezas de una maquinaria que prepara futuras producciones y la entidad capaz de saltar entre cuerpos no alcanza todo el potencial inquietante de su premisa. 

También existe la sensación de que varias ideas como la mutación de Peter, la popularidad de Spider-Man, el conflicto con Damage Control, la turbia agencia dedicada al manejo de superpoderosos y liderada por William Metzger (Tramell Tillman repitiendo su rol de Severance), podrían haber recibido un desarrollo más profundo. Pero esa lentitud también permite que las relaciones respiren.

La película comprende que, después de la muerte de May y el sacrificio final de No Way Home, Peter no podía regresar inmediatamente a las bromas escolares y las excursiones internacionales. Debía atravesar el duelo. Debía convertirse en alguien que ya no podía esconder el dolor detrás de una máscara, por muy elástica que fuera.

MJ y Ned permanecen inicialmente en los márgenes de su vida. Ellos no recuerdan a Peter, aunque conservan rastros emocionales de algo que no pueden nombrar. Peter los observa desde lejos, revisa sus publicaciones y fabrica encuentros casuales. Hay algo triste, e incluso perturbador, en esa vigilancia. Él cree que está protegiéndolos, pero también se está condenando a presenciar una existencia de la que fue borrado.

Zendaya vuelve a ser fundamental. MJ no es aquí únicamente el interés romántico del héroe, sino la prueba de que el afecto no desaparece con la memoria de los acontecimientos. Puede perderse el recuerdo concreto de una persona y, sin embargo, permanecer una sensación, una ausencia o la impresión de que algo importante falta.

La química entre Holland y Zendaya (pareja en la vida real) sostiene los momentos más delicados de la película. Peter desea recuperar lo perdido, pero sabe que revelarle la verdad a MJ podría devolverla al peligro. La responsabilidad deja entonces de significar salvar el mundo y pasa a convertirse en una pregunta mucho más cruel: ¿tiene derecho a entrar nuevamente en la vida de alguien que ya aprendió a vivir sin él?

Ned cumple una función semejante. Peter necesita a su amigo no solo por sus conocimientos o por su capacidad de ayudarlo durante una misión, sino porque Ned representaba la parte de su vida donde todavía podía ser ridículo, inseguro y ordinario. Sin él, Spider-Man se ha vuelto más eficiente, pero Peter Parker se ha reducido hasta casi desaparecer.

Crítica: La Odisea (The Odyssey) – Rolling Stone en Español

La enseñanza central de Brand New Day podría formularse de manera sencilla: nadie puede vivir sin los demás. Sin embargo, la película consigue que esa idea elemental adquiera peso porque la coloca dentro de una franquicia obsesionada con la autosuficiencia heroica. Los superhéroes suelen salvar ciudades, universos y líneas temporales, pero rara vez admiten que necesitan que alguien los salve a ellos.

Peter Parker descubre que una red no sirve únicamente para desplazarse entre edificios. También es la estructura humana que impide que una persona caiga cuando sus fuerzas se agotan. Frank Castle, Yelena Belova, Bruce Banner, Jean De Wolff, Ned Leeds y MJ forman, de maneras distintas, esa red que Peter había decidido cortar.

El título Un nuevo día podría sugerir un reinicio radical, pero la película no borra el pasado. Al contrario, construye su nueva etapa sobre las consecuencias del capítulo anterior. No existe día nuevo sin la noche que lo precedió. La cinta no tiene el impacto histórico ni la euforia de No Way Home. Tampoco pretende tenerlos. En lugar de competir con el espectáculo de tres Spider-Man balanceándose juntos, elige observar a uno solo mientras intenta recordar por qué vale la pena continuar.

Destin Daniel Cretton nos entrega un episodio de la saga menos deslumbrante, más irregular y, al mismo tiempo, más humano. Su mayor virtud consiste en comprender que la madurez de Peter Parker no depende de que sea más fuerte, más serio o violento. Depende de que acepte que pedir ayuda no contradice la responsabilidad. Después de conquistar el multiverso, Spider-Man descubre que la aventura más difícil no consiste en salvar todas las realidades posibles, sino en volver a formar parte de una.

P.D. Hay una única escena postcréditos bien al final y una advertencia que nos dice que El Hombre Araña regresará. 

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Reebok unveiled its new seasonal campaign in partnership with global brand ambassador, Karol G

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Following its “Born Classic. Worn for Life.” campaign, the cultural sports brand now presents its “Born Classic. Worn Together.” installment that celebrates connection, self-expression and community through its Reebok Classics sneaker.  

“What I love most about Born Classic. Worn Together. is that it’s rooted in joy, energy, and community,” the Colombian superstar said in a press statement. “We brought together people of different ages, backgrounds, and perspectives to celebrate what makes each of us unique while showing how we’re all connected. That message is incredibly important to me, and I’m proud to be part of a campaign that reflects Reebok’s commitment to individuality, self-expression, and togetherness.”

The commercial campaign—shot by Alfred Marroquín in Mexico City—draws inspiration from the orange hues that represent Karol’s Tropicoqueta era and spotlights a diverse group of people celebrating fashion and human connection as they dance together to her feel-good mambo tune “Tropicoqueta.” Her album of the same name debuted No. 1 on the Hot Latin Songs chart and No. 3 on the all-genre Billboard 200 last year. 

In January, Billboard exclusively announced the “Bichota” singer as Reebok’s new global brand ambassador with a multiyear partnership that marked the return of the Reebok Classics sneaker. 

News of the second installment comes on the heels of Karol announcing her forthcoming studio album No Me Arrepiento de Sentir Tanto and kicking off her extensive Viajando Por El Mundo Tropitour that will run through 2027 in the United States, Latin America and Europe.

Karol G x Reebok

Courtesy of Reebok

Karol G x Reebok

Courtesy of Reebok

Charli XCX comes in hot on the ARIA Albums Chart, as Music, Fashion, Film debuts at No. 1.

It’s Charli’s fourth appearance in the top 10, a tally that includes No. 1s for Crash in 2022 and the remix release of BRAT in 2024.

With that fast start, the British singer and producer blocks Amy Shark from a fourth consecutive ARIA No. 1 with soft pop, new at No. 2. Shark led the all-genres albums chart with Love Monster in 2018, Cry Forever in 2021 and Sunday Sadness in 2024.

Olivia Rodrigo completes the podium with you seem pretty sad for a girl so in love, down 2-3.

Icelandic singer and songwriter Laufey kicks off her seven-date Australian tour Friday night, July 31 in Melbourne, a trek that powers-up her album A Matter Of Time: The Final Hour. The album spikes 39-6 on the ARIA Albums Chart, several places adrift from its No. 2 peak.

Also new to the ARIA Chart, published late Friday, July 31, is the Strokes’ Reality Awaits. It’s new at No. 10, for the New York indie rockers’ sixth top 10 appearance, a run that includes a 2011 leader with Angles

Close behind is Gentleman, the debut studio album from Australian singer and songwriter Budjerah. Gentleman is new at No. 14.

South African singer Tyla opens her account at No. 28 with A*Pop, her sophomore album. That’s by some distance a new career high, besting the No. 48 peak position for 2024’s Tyla.

Canadian country music superstar Shania Twain enjoys another top 40 appearance with Little Miss Twain, her seventh studio album. It’s new at No. 30. Twain has bagged three ARIA Chart leaders during her glittering career. According to ARIA, 1999’s Come On Over logged 20 weeks at No. 1, while 2002’s Up! and 2017’s Now both checked in for a week at the chart summit. 
 
Meanwhile, Sydney rocker Body Type starts No. 42 with Tally. It’s their third album and first to crack the ARIA Top 50.

Over on the ARIA Singles Chart, Ella Langley enters an eighth non-consecutive week at No. 1 with “Choosin’ Texas.” It’s another all-female top three, with Olivia Dean’s “Man I Need” holding at No.  2 and the British singer’s collaboration with  Sam Fender, “Rein Me In,” unchanged at No. 3.  

The top new release belongs to international girl group Katseye, whose “Animal” debuts at No. 8. Co-written with Ed Sheeran, it’s the act’s fourth top 50 hit here after 2025’s “Gabriela” (No. 27), 2026’s “Pinky Up” (No. 19) and “Iconic By Mistake” (No. 39) with Le Sserafim and Illit. The members of Katseye visited Australia in May for a series of showcases and fan events. “Animal” is the only fresh cut new top ARIA Top 50.

Bright lights, damp smells, electronic sounds bouncing from the walls. For Generation X, video game arcades were the gateway to dance parties.

PNAU made the leap. And somehow, that trip is fused into AHHCade, the electronic duo’s seventh studio album, out today (July 31) via Sydney-based indie label etcetc, part of TMRW Music.

“We started out this record trying to do something different and trying to make darker music,” co-founder Nick Littlemore explains in a sitdown chat with Billboard. “We talked about the idea of making it quite industrial, going back to my roots.”

That didn’t quite end up happening.

Instead, PNAU, the project of high school buddies Littlemore and Peter Mayes, reached deep into the memory banks, and those formative, dingy rooms that sucked up our pocket money and triggered dopamine dumps.

“Arcades were such an exciting place as kids. I don’t know if they were safe spaces, but they were exciting and they gave us a window to a future that other generations didn’t have,” Littlemore explains. In an earlier, simpler life, the young generation was “going to the arcades, making mixtapes for friends, representing yourself on your pencil case.”

Playing the “Spacies,” as Aussies of a certain vintage have in their vernacular, “the fact they weren’t necessarily that safe is a bit like going to raves. They were the precursor to going into other dark rooms, with dodgy foods being sold somewhere. And blinking lights, mad sounds. And very electronic. You were interfacing with it.”

Those sensory overload rooms were the first to enable youngsters to get a buzz by burying their faces in screens. “Music isn’t work; you don’t work music. Arcades, it’s a play time, isn’t it?,” Littlemore reckons. “There’s a playfulness to it.”

Playtime was “naive back then in a beautiful way. I never want to lose that.”

The new collection houses the previously-released belter “Tu Corazon (Your Heart)” featuring Mexican rock act The Warning; the bubbly single “Nirvana” with EARTHGANG and sadMONTH; and the new single “Serotonin,” which features Kurtis Wells and arrives today. Other features include Master Peace, Kungs, MEDUZA, Maleigh Zan, The Flints, LATASHA, and Marieme.

PNAU formed in Sydney in the mid-1990s, the golden era of Australia’s underground electronic music scene. Their debut album, Sambanova, dropped in 1999, and won an ARIA Award for best dance release. More would come, as would AIR Awards. Long-overdue international recognition came when PNAU joined forces with Elton John on the Rocket Man’s 2012 remix album Good Morning to the Night, which went to No. 1 on the Official U.K. Albums Chart. PNAU and Elton teamed up again for the 2021 remix “Cold Heart” with Dua Lipa, and landed a bonafide global monster.

PNAU will support the new release with a national tour, kicking off Sept. 19 for Brisbane’s Night at the Parkland event. Littlemore, one half of Empire of the Sun, is a reluctant touring artist. “I want to wind up my personal touring by the end of the year. Ideally. I tried to do it last year. But I would like to move just purely into production and composition,” he insists. “I’ve been making a classical album, with an amazing arranger, and all these modular synths. Oh, my God. No one’s gonna listen to her, but I’m really enjoying making it.”

Littlemore admits he and Mayes and have “100s of songs and ideas” on standby. “Songs are spells. They’re wishes and they’re spells, and you want to put good spells in the universe,” he insists. “There are enough bad spells out there, anyway.”

AHHCade brings some balance to the equation. Eleven good spells, a half-hour playtime.

Stream it in full below.

Glenn A. Baker, for generations a familiar name in Australian media for his work as a music historian, author, presenter and pundit, and a long-time Billboard correspondent, died Friday morning, July 31. He was 74.

“Glenn’s contribution to the Australian rock ’n’ roll music landscape was immense, but his family remembers him as a loving father of six and grandfather of thirteen,” reads a statement posted on his official social channels.

“Glenn’s passion for music, travel, food and his family (still not entirely sure of the order) was, like his personality, larger than life.”

Born in Sydney, New South Wales, in 1952, the eldest of four children, Baker left school aged 15 to support his family and was “galvanized” by seeing the Beatles on TV.

In the mid-‘70s, Baker launched his radio career as part of a research team whose work led to the creation of 2JJ, which would became triple j, the national youth network within the Australian Broadcasting Corporation.

Baker always cut a flamboyant figure on TV, which was often, in the 1970s through to recent times. A true music allrounder, Baker managed the band Ol’55 and, in 1979, co-founded the Australian record label Raven Records. He topped the BBC’s “Rock Brain of the Universe” on three occasions during the 1980s, and twice won the Australian Travel Writer of the Year Award twice (1995 and 2000).

A prolific writer, Baker penned 17 books, sleeve notes for more than 600 albums, and served as Billboard’s Australia correspondent for over 20 years.

His knowledge of music was as vast as his collection of records. In 2024, Baker, through Lloyds Auctions, put his immense haul under the hammer. Over 80,000 items were put up for sale, including over 50,000 LPs “primarily representing rock’n’roll and popular music of the second half of the 20th century,” the listing stated.

Winarch Group’s founder and director Paul Lambess bought the goods.

Speaking with 702 ABC Sydney, Baker’s son Orson revealed that his father had experienced a “period of illness,” was “declining for a while” and had experienced a stroke.

His dad was “somebody who absolutely grabbed life, throttled it, and did everything that he wanted to do”.

As news of his passing spread, the music community reached out.

“I am very sorry to hear of the passing of Glenn A Baker today,” writes Iva Davies, spearhead of ICEHOUSE. “Glenn was someone who lived life on his own terms – his passion for music and for the industry made him a force for discovery of new artists and to advocate with business and government to improve conditions for creators.”

Cold Chisel frontman Jimmy Barnes remembered Baker as “the first person I’d turn to whenever I needed to know anything about our music history. He was always ready to help, drawing on his vast knowledge of popular music.” It was Baker who sent Barnes the Easybeats song “Good Times” when the rocker was looking for a song to record with INXS. “I’ll miss his insights, his incredible knowledge, and our conversations about music whenever we met.”

ARIA Hall of Fame inductee Marcia Hines reflects on Baker as “a man to whom music was more than music. It was part of his life blood. His big, beautiful brain held the keys to a treasure trove of deep cuts that he rejoiced in and wrote about with the same prolific passion that is usually reserved for what readers/listeners would usually view as ‘the hits.’”

Baker had celebrated his birthday just three days earlier. “While the family wishes for privacy,” reads the family statement, “if you do wish to honor Glenn or continue his legacy in some way, have a passionate conversation today with somebody about your favorite Australian muso or band. Rock on Glenn! You will be missed.”

Cardi B wants you in the club this summer. The Bronx native returned with her first single of the year on Friday (July 31), as “Ah Ha” arrived on streaming services at midnight ET.

The Bardi Gang went into a frenzy when Cardi previewed the hard-hitting single on Monday (July 27), which saw her rapping while taking a stroll on the beach in a Dominican Republic flag bikini. 

Looking to capitalize on the buzz and momentum, Cardi and Atlantic Records didn’t waste any time setting a release date for the catchy single, which the Grammy-winning artist officially announced on Wednesday (July 29). 

“A n—a can’t trap me, I won’t keep it/ B—es really hate me, so be it/ Bathroom floors and these hoes both heated/ It goes three, two, to the one in this b—h/ I’ll give a hoe exactly what she want in this b—h,” she raps on the new song.

Cardi also dissed Donald Trump on the track. “Black trucks at the club look like Trump in this b—h, f–k him/ A hoe never played with me once in this b—h,” she spews.

Even without any new music prior to “Ah Ha,” Cardi has been booked and busy so far this year. She kicked off 2026 with the Little Miss Drama Tour, which served as her first headlining North American trek. The 33-year-old also came in at No. 1 on Billboard’s Hottest Female Rappers list for the first half of 2026.

It’s unclear if “Ah Ha” is the launch of a new era or a one-off release. Cardi’s sophomore album, Am I the Drama?, arrived in September 2025 and topped the Billboard 200. 

Stream “Ah Ha” below.

Following his breakthrough album, Where I’ve Been, Isn’t Where I’m Going and its inescapable cross-format hit, “A Bar Song (Tipsy),” Shaboozey returns with a full-on concept album, The Outlaw Cherie Lee & Other Western Tales, out Friday (July 31) via his American Dogwood imprint distributed through Empire.

The story, laid out through songs and short, spoken-word vignettes, tells of Cherie Lee — who, after seeing her sheriff father murdered by the Bootcut Boys, seeks to avenge his death. Along the way, she falls in love with one of the outlaws, and ultimately (spoiler alert!) chooses revenge over romance. Prompted by Shaboozey’s longtime love of Westerns, the project has been a labor of love for quite some time.

Shaboozey’s rise to stardom over the past few years allowed him to call on some famous friends when he cast the album, including Oscar winner Jamie Foxx and Oscar nominees Sam Elliott (who knows a thing or two about westerns) and Teyana Taylor. They are joined by Gunna, Leon Bridges, Orville Peck and Kehlani, who all make solid contributions.

The issue with a concept album is making sure there are songs that stand alone outside of the theme that work for radio and listeners not invested in the project. Shaboozey, who co-wrote 17 of the 20 tracks, smartly has a few of those here that still play well with the songs that solely move the narrative along. Because of the Western theme, there is a uniformity — think minor keys, fiddles, harmonicas and acoustic guitars — to some of the songs here, but the engaging project moves along quickly.

It will be interesting to see where Shaboozey goes with this, as it would easily translate into a short film given the story line and the cinematic themes. He’s already released a graphic novel companion that he was touting at Comic Con.

Below is a ranking of the tracks with one caveat: Billboard ranked the short spoken-word and musical interludes at the bottom — not because they don’t work, but simply to separate them from the full songs.


Shaboozey’s ‘The Outlaw Cherie Lee & Other Western Tales’: Every Track Ranked