Logo
search
Logo

Síguenos en Redes

TikTok Instagram Facebook YouTube
5 obras de teatro para ver en agosto en Buenos Aires

Entre todas las propuestas culturales que ofrece Buenos Aires, el teatro es una de las más destacadas. Hay muchísimas obras a lo largo y ancho de la ciudad, por lo que puede ser difícil decidirse por una. A continuación te recomendamos 5 que podés ver durante este mes. Si vos me amás, yo te gano en […]

Ver más noticias en Indie Hoy.

Linkin Park estrenará un documental sobre su regreso

La historia de Linkin Park está signada por el éxito masivo, la caída y la resurrección. Como una forma de compartir con el público parte de este recorrido, la banda estrenará el documental Linkin Park: Unshatter, una película que indaga en su regreso en 2024. El film, dirigido por el integrante de la banda Joe […]

Ver más noticias en Indie Hoy.

Para Andrés Cepeda, mirar hacia atrás no significa quedarse atrapado en la nostalgia. En Big Band 2, el cantante colombiano vuelve sobre algunas de las canciones, arreglos y sonoridades que ayudaron a construir la identidad musical de América Latina para ponerlas nuevamente en circulación y recordar de dónde viene buena parte de lo que escuchamos hoy. El álbum continúa una inquietud que lo acompaña desde hace más de dos décadas, cuando descubrió las posibilidades de las grandes orquestas al grabar “Piel Canela” para la televisión, y que en 2018 tomó forma con su primer proyecto dedicado al formato big band.

Esta vez, Cepeda amplía el recorrido: boleros, porros, cumbias y otros ritmos permiten seguir el viaje de las grandes bandas desde el jazz y el swing estadounidense hasta su encuentro con las músicas de Cuba, Puerto Rico, México, Venezuela y Colombia. Grabado en vivo en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, después de una serie de 12 conciertos agotados, Big Band 2 es también un ejercicio de preservación y arqueología musical que llega hasta los archivos: además de Lila Downs, el álbum cuenta con las voces de Celia Cruz y Benny Moré recuperadas de grabaciones originales. “Hay que evitar la palabra rescatar porque la música no necesita que nadie la rescate”, dice Cepeda. Su propósito es otro: recordar que esta música sigue ahí y acercarla a generaciones que quizás nunca tuvieron contacto directo con ella.

El proyecto de Big Band merece varios álbumes. ¿En qué momento usted se dio cuenta de que esto merecía más que un solo volumen?

El viaje de big band empezó para mí hace muchos años, yo creo que fue en el año 2003, tal vez, y me invitaron a hacer la banda sonora de una telenovela. Yo tenía que estar muy chiquito, no sé si recuerde…

Se llamaba El Inútil y la productora quería que la banda sonora fuera esta canción muy famosa de Bobby Capó que se llama Piel Canela. Y yo dije que me la imagino en big band con todas las de la ley y con el tema de época. Y esa canción terminó convirtiéndose en una canción muy importante en mi repertorio.

Me di cuenta del potencial del formato, que me gusta mucho. Unos años después, bastantes años después, hice mi primer “big band” en el 2018, creo que tal vez fue. Lo hice de manera independiente, ni ninguna casa discográfica me quiso apoyar ese proyecto. Sin embargo, lo hice solo y me fue muy bien. Vendí muchos discos en ese momento y me gané un Latin Grammy al mejor álbum tropical.

Me quedó la idea de que “¡claro! Había hecho un primer álbum de solo boleros, pero había mucha más música que presentar ahí”. Entonces el año pasado quise hacer una serie de conciertos para grabar el segundo álbum, también en vivo, pero contando y explicando un poquito cómo era ese viaje del formato del big band.

Como todos sabemos, el big band nace en Estados Unidos con las grandes bandas de jazz y de swing en los años 20 y 30 y entonces, esas grandes bandas empiezan a viajar. Primero van a Cuba con los casinos de las mafias americanas, llegan a Cuba y se encuentran con las compañías de baile, pero sobre todo con los músicos cubanos y con la música cubana, con el son, con el bolero, etcétera.

Se empiezan a fusionar y como estaba esta moda del swing en Estados Unidos en Latinoamérica, queríamos emularla, entonces empiezan a aparecer todos estos experimentos que fusionan música folclórica del Caribe con el formato de big band. Pasa lo mismo en Puerto Rico, México, pasa lo mismo, obviamente, en Colombia y en Venezuela.

Aparecen bandas como La Billos Caracas Boys o Los Melódicos en Venezuela; en Colombia Lucho Bermúdez, Pacho Galán; en México artistas como Pedro Vargas también graban con una big band; en Puerto Rico Bobby Capó; en Cuba, el Gran Benny Moré y se fusionan estas dos cosas del jazz y la música del Caribe. Nacen grandes artistas, arreglistas, directores, intérpretes y quedan unas canciones que son muy importantes para la cultura latina.

En un mundo en donde la cultura latina se mira con ojos un poquito miopes y muy inmediatistas. Creo que vale la pena recordar de dónde viene todo esto, ¿no? ¿Cuál es nuestra relación con la música del Caribe? ¿Por qué la música afro es tan importante? El jazz es negro, la música del Caribe es negra, esa fusión es negra, bailamos como negros, ¿no?

Es chévere hacer esa reflexión, de presentar unas canciones que creo que son muy buenas, con unos arreglos que son eternos, que hay que respetar y seguirlos haciendo, a unas generaciones que, de pronto, no han estado tanto en contacto con esa información. De ahí sale el deseo de seguir haciendo álbumes de Big Band y presentándolos en concierto, invitando a la gente a que los disfrute, los baile, los oiga.

¿Hasta qué punto quiso ser usted respetuoso con la tradición y en qué momento dijo que había que traicionarlo un poquito para que igual sonara a “Andrés Cepeda”?

Quise ser bastante respetuoso. Son pocas las canciones en el álbum en donde nos damos la libertad de hacer nuestros propios arreglos o de adaptar los arreglos. Quisimos ser respetuosos porque, así como son importantes las canciones, las composiciones, son superclaves los arreglos, pertenecen a un estilo particular de una época de la música que vale la pena mantener.

Pero claro, ahí nos damos algunas libertades aquí y allá para jugar un poquito más con la orquesta, para alargar un poquito una parte de la canción, para, de alguna manera, contemporizar un poquito lo que se está haciendo ahí. En términos generales tratamos de ser muy respetuosos con arreglos, incluso con tonalidades, a veces con los BPMs [pulsos por minuto] no siempre, pero pues, eso presenta un reto interesante que es tratar de cantar las canciones en las tonalidades originales.

Andrés Cepeda: “Hay que recordar de dónde viene nuestra música”
Cortesía

También tiene un repertorio muy variado, ¿no? O sea, hay un montón de salsa, un montón de música de acá colombiana-

¡Claro!Al ser la historia del viaje del formato, pues, eh cada país que visita tiene su manera de asumir ese formato.

Entonces, están los porros colombianos y las cumbias y está la parte venezolana y está la parte puertorriqueña, está la parte cubana. Cada aproximación a la big band por parte de los artistas de estos países genera un sonido diferente, ¿no? Por eso se siente esa variedad en ritmos y en estilos.

¿Hubo alguna canción del repertorio que lo intimidara?

Sí, sí, sí, hay dos en particular que me iban sacando canas. Una que se llama ‘Lamento borincano’ que es difícil de interpretar y es larga, tiene una letra que es una letra que es más un poema que una canción, una letra de Rafael Hernández. Otra canción es mexicana, que se llama ‘Alma Mía’, que también tiene unos retos interpretativos interesantes y que tocó trabajarles bastante.

¿Dónde lo grabó? ¿Dónde fue eso?

Hice un concierto en el Julio Mario Santo Domingo para grabar el álbum. La gente se entusiasmó muchísimo, agotó la boletería ese mismo día. Terminamos haciendo 12 shows, boletería agotada en el Julio Mario, y eso me dio oportunidad de tener muchísimo material para editar, lo cual fue chévere.

El otro, el primero, lo habíamos grabado también en el Julio Mario, pero solamente hicimos dos shows. En esta ocasión logramos hacer 12 y pues, fue mucho más cómodo al momento de post producirlo, el álbum.

Hay una particularidad. Tengo tres invitados. Tengo a Lila Downs de México en una canción que se llama ‘Rayito de Luna’ y tengo a Benny Moré y a Celia Cruz. Lo de Celia Cruz vino como un accidente, cuando yo estaba ya grabando el disco, estaban ensayando para grabar el disco. Vino mi memoria… hace muchos años yo fui… pues, yo soy ingeniero de grabación y cuando estaba como practicante en varios estudios de Bogotá, en uno de esos estudios de Bogotá en los años 90, a ese estudio llegó Celia Cruz a grabar una canción del maestro José Barros que se llama ‘Las Pilanderas’ y la grabó con Matilde Díaz, la cantante de la orquesta de Lucho Verdugo.

Yo fui testigo de esa grabación porque yo estaba trabajando ahí como asistente y yo recordaba perfectamente a Celia cantando, pero a mí fue un momento lindísimo ver a Celia grabar en un estudio. Dije, “¡Eso tiene que estar en alguna parte! ¡Esa cinta tiene que existir!” Entonces empecé a buscar, a desenterrar esa cinta, a hurgar por todos lados… apareció la cinta, una cinta de cuarto de pulgada donde estaba la voz de Celia original.

Por fortuna estaba bien almacenada, no tocó hacerle mucha labor de restauración. Después tocó empezar a conseguir los permisos: primero, de la discográfica que mandó a hacer la grabación, después de la otra casa disquera, a la que le vendieron esa grabación, y esa casa disquera después fue con comprada completa por otra discográfica que a su vez vendió el catálogo a una más.

Eso fue un enredo tremendo, pero fui consiguiendo y con el equipo fuimos consiguiendo las autorizaciones, y dándole la pista a la vaina y después conseguir la autorización de los herederos de Celia, de la persona que maneja… la albacea su legado para que nos permitiera usar esa cinta y poner los créditos de Celia en la canción.

Todo esto sin la utilización de inteligencia artificial, a la antigüita. Así logré utilizar la voz de la cinta de Celia y llevarla a la canción.

Esa canción no la toqué en los shows que grabé, esa canción la grabé en las pruebas de sonido antes de que entrara la gente a los conciertos en el Julio Mario, sin la voz mía, sin la voz de ella. Posteriormente, la canté yo y puse las partes que quise poner de la voz de Celia. Logré obtener el permiso, participar en entre otras cosas en el año pasado en los Grammy en un homenaje que se le hizo a los 100 años de nacimiento de Celia, el centenario de Celia.

Logré hacer eso, una vez aprendí a hacer eso, me sometí a hacer el mismo proceso, pero esta vez con la voz de Benny Moré y tengo esos dos invitados de lujo en el álbum.

Cortesía

Es una labor de archivo y de arqueología muy grande.

Sí, sí, sí. Pura arqueología musical

¿Qué más aprendió de este disco? ¿Qué le deja a este disco?

Bueno, primero, la sensación de que hay que hacer otro, por lo menos. Hay mucho repertorio. Creo que lo que hablamos al principio; es importante recalcar el valor de esta música y seguirla presentando.

Me recuerda que es una delicia y que hay que seguir haciendo álbumes en vivo. La tecnología nos ayuda mucho, una buena sala, como es el caso del Teatro Mayor, pues, ayuda muchísimo a tener una buena grabación. El equipo técnico que me acompaña, vale la pena destacarlo: el director es Carlitos Taboada; Juanito es el director musical, arreglista y transcriptor de los arreglos; en la grabación estuvo Kiko Castro y estuvo Pilito.

La mezcla la hicimos con Carlos Taboada. Se hizo un equipo técnico muy bueno con el que vale la pena repetir y meterse en otras aventuras de grabación en vivo más adelante.

Eso le quería preguntar, ¿para dónde quiere coger? ¿A dónde quiere llevar el big band?

No, pues, yo quisiera… El big band se puede llevar a muchísimos lados, no solamente la música tropical. Eso tiene muchas posibilidades, ya nos lo demostraron Sinatra, Bublé y el mismo Quincy Jones. Se puede hacer pop con la big band, se pueden hacer muchas cosas. Entonces, ahí queda como la inquietud para seguirla explorando.

¿Cuál fue alguna versión que usted escuchó ya al final y la haya impactado de todas formas como haya quedado?

Me gustó mucho como nos quedó… Hay algo que pasó con la versión de ‘El año viejo’ que es muy raro porque quedó sonando como si lo hubiéramos grabado en el 59, o sea, adoro el sonido del disco, me gusta muchísimo.

Obviamente, tiene más resolución y el sonido es más pulido, pero tiene como una nostalgia y una cosa que quedó capturada, superlinda. Eso tiene que ver mucho con el trabajo de los músicos, algunos de ellos son gente ya mayor que, de hecho, o grabó o participó en orquestas como los que tratamos de emular nosotros, ellos traen… como esa experiencia y ese sonido, esas texturas, a nuestra grabación.

Me parece muy bacano que usted está haciendo un trabajo primero de arreglos y de composición muy bacano, o sea, de traer esto de regreso, pero sobre todo de preservar los sonidos de América Latina de una forma moderna.

Sí, hay que evitar la palabra rescatar porque la música no necesita que nadie la rescate, la música es más grande que todos nosotros, pero, sí me parece chévere que algunos nos ocupemos de recordar que existe.

Y recordar a la gente que no tuvo contacto con esa música que existe ahí para que entendamos por qué nuestra escena musical es lo que es hoy y cómo podría ser aún más interesante si conocemos de dónde venimos.

Sí, inclusive, digamos, a las nuevas generaciones les gustan mucho los boleros.

Sí, claro

Es una expresión completamente idiosincrática de cómo somos formados y como somos educados a pesar de que pasan las generaciones.

Hay ciertas cosas y ciertas maneras de ver la vida que encajan perfectamente en cómo fueron escritas las letras de tantos boleros.

Ya después de tantos años interpretar sus canciones, de todas formas, ¿qué le deja a usted interpretar canciones de otros?

Ah, no, pues eso se llama estudiar.

Cuando uno está en la universidad, a uno lo ponen a estudiar los clásicos y lo ponen a oír jazz y aprenderse los standards, ¿no? Porque es la manera de educarse.

Y como uno nunca termina de aprender en la música, hacer este tipo de covers y sumergirse en otros mundos musicales es un gran aprendizaje.

The post Andrés Cepeda: “Hay que recordar de dónde viene nuestra música” appeared first on Rolling Stone en Español.

En Los niños del Brasil (1978), Franklin J. Schaffner convirtió a Josef Mengele en el villano de una fantasía conspirativa basada en la novela de Ira Levin. Interpretado por Gregory Peck, el médico nazi continuaba sus experimentos en Sudamérica mediante la creación de clones de Adolf Hitler, destinados a reproducir no solamente su genética, sino las condiciones familiares que habían moldeado al Führer. La película era cruda, aterradora y delirante, pero entendía perfectamente la naturaleza de su monstruo. Mengele no representaba únicamente un criminal fugitivo, sino el sueño de un Tercer Reich que se negaba a morir.

En el extremo opuesto se encuentra La caída (2004), de Oliver Hirschbiegel. Allí, Bruno Ganz interpretaba a Hitler durante sus últimos días en el búnker de Berlín enfermo, acorralado, paranoico y todavía capaz de exigir la destrucción de un país que consideraba indigno de sobrevivirle. La película no lo convertía en una criatura sobrenatural ni intentaba humanizarlo para absolverlo. Lo observaba como un tirano despojado del poder, pero no de la ideología que había conducido a millones de personas hacia la muerte.

Entre la pesadilla aterradora de Los niños del Brasil y el estudio psicológico de La caída se encuentra La desaparición de Josef Mengele. La película está basada en la obra homónima del escritor y periodista francés Olivier Guez, una investigación novelada que reconstruye la fuga sudamericana del criminal nazi. Publicada en 2017 y ganadora del Premio Renaudot, el libro examina tanto sus redes de protección como la degradación física y mental de un hombre que jamás abandonó su ideología.

El director ruso Kirill Serebrennikov (Leto, El estudiante) no imagina nuevos crímenes ni reconstruye un juicio que nunca ocurrió. Su interés está en la larga decadencia de un hombre que logró escapar de la justicia, pero no del encierro producido por su propia doctrina.

La película comienza en un anfiteatro brasileño durante el siglo XXI. Un grupo de estudiantes de Medicina examina un esqueleto mientras el profesor revela que aquellos huesos pertenecieron a Josef Mengele, el llamado Ángel de la Muerte de Auschwitz. Entre los alumnos se encuentran dos hermanos gemelos negros, una ironía histórica frente a los restos del hombre que convirtió a los gemelos en objetos de sus experimentos raciales.

Mengele queda reducido a aquello que hizo con tantas víctimas. Un cuerpo anónimo sobre una mesa, observado, manipulado y estudiado. La inversión resulta poderosa, aunque también anuncia una revelación que el resto de la película no consigue igualar. Los huesos son despojados de autoridad; el hombre que los habitó ocupa todavía 135 minutos.

A partir de allí, la narración retrocede hacia las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Mengele vive oculto en Argentina, Paraguay y Brasil, protegido por su familia, simpatizantes nazis y redes que permitieron a numerosos criminales europeos construir nuevas vidas en Sudamérica. La Argentina de Juan Domingo Perón aparece como un territorio especialmente hospitalario para ellos, mientras los cambios políticos de la región permanecen en segundo plano, transmitidos mediante noticias radiales y conversaciones dispersas.

Serebrennikov presenta esta existencia mediante una estructura fragmentada que salta entre países, identidades y épocas. El blanco y negro y los planos secuencia de Vladislav Opelyants (El joven Stalin) produce una atmósfera cercana al cine noir. Mengele camina como un animal perseguido, vigila los automóviles, teme a conocidos y desconocidos y sospecha que la Mossad puede encontrarlo. No obstante, la persecución nunca alcanza una verdadera intensidad. La película acumula desplazamientos, pero rara vez genera la sensación de estar avanzando.

El episodio central es el encuentro de Mengele con su hijo Rolf, interpretado por Max Bretschneider. En 1977, el joven viaja a Brasil para visitar a un padre al que apenas conoce y exigir alguna explicación. Lo que encuentra no es un hombre consumido por la culpa, sino un fanático que continúa justificándose mediante el lenguaje del deber, el patriotismo, la obediencia y la ciencia.

Mengele acusa a otros, reescribe los acontecimientos y se presenta como víctima de una persecución injusta. Puede reconocer que determinadas acciones ocurrieron, pero se niega a aceptar su naturaleza criminal. En su relato, siempre existe una autoridad superior, una circunstancia histórica o una necesidad médica capaz de desplazar la responsabilidad. La conversación con Rolf revela una de las formas más aterradoras del mal y es la capacidad de convertir el exterminio en una cuestión política y administrativa.

August Diehl (El mayor Hellstrom de Inglourious Basterds), interpreta a Mengele sin buscar una humanidad secreta que pudiera despertar compasión. Su cuerpo encorvado, sus movimientos cautelosos y la aspereza de su voz muestran a un hombre reducido por la edad, aunque todavía dominado por la soberbia. Diehl consigue que el personaje parezca simultáneamente peligroso y miserable, un anciano que ha perdido el uniforme, la autoridad y el laboratorio, pero conserva intacta la creencia en su superioridad.

Crítica: Nuremberg – Rolling Stone en Español

La película muestra que Mengele nunca aprendió a amar. Sus relaciones con sus esposas, su padre, su hijo y las personas que lo protegen están determinadas por la conveniencia, la dominación o el desprecio. Incluso quienes lo esconden terminan detestándolo. Para él, los demás continúan siendo cuerpos funcionales: colaboradores, sirvientes, herederos o amenazas.

Sin embargo, el retrato termina siendo demasiado limitado. La desaparición de Josef Mengele identifica al racista, al padre ausente, al hombre soberbio y al criminal incapaz de arrepentirse, pero ofrece pocas herramientas para comprender cómo todas esas facetas convivieron dentro del médico formado, el heredero de una familia industrial y el funcionario que seleccionaba quién debía trabajar y quién debía morir apenas descendía de los trenes.

A mitad del relato, el blanco y negro cede ante imágenes en color que reconstruyen Auschwitz con la textura de antiguas filmaciones. Allí aparecen los experimentos, las selecciones y el placer con el que Mengele ejercía su poder. La secuencia busca proporcionar el horror que la vida sudamericana apenas sugiere, pero su exhibición resulta discutible. La música clásica y la composición calculada amenazan con convertir el sufrimiento en espectáculo grotesco. Después de la magistral La zona de interés, que hizo del fuera de campo una acusación devastadora, mostrar directamente las atrocidades exige algo más que una estética del espanto.

También aparece el gesto ya recurrente del criminal enfrentado a sus actos que termina vomitando. Pero la náusea no equivale al remordimiento. Mengele puede sufrir una reacción corporal sin revisar una sola convicción. No expulsa la culpa porque nunca la ha aceptado. En ese sentido, el vómito parece pertenecer más a las convenciones del cine contemporáneo sobre atrocidades que a la psicología del personaje.

Serebrennikov apunta hacia una idea valiosa. Mengele no escapó exclusivamente gracias a su astucia. Sobrevivió porque contó con dinero familiar, documentos, refugios y personas dispuestas a protegerlo. El nazismo no desapareció con la caída de Berlín; cambió de idioma, cruzó el Atlántico y encontró sociedades capaces de tolerarlo. El mal persiste cuando existen estructuras interesadas en ofrecer una habitación, una identidad y silencio.

Pero esa dimensión política permanece subordinada a una cronología excesivamente dispersa. Los saltos temporales, los matrimonios, las huidas y los cambios de residencia se suceden como notas biográficas. La película desea ser simultáneamente estudio psicológico, relato de persecución, crónica histórica y advertencia sobre la permanencia del fascismo, sin desarrollar por completo ninguna de esas direcciones.

La desaparición de Josef Mengele no es una mala película. La fotografía y la puesta en escena poseen una gran fuerza, August Diehl ofrece una interpretación formidable y el encuentro entre padre e hijo contiene el corazón moral del relato. Tampoco cae en la tentación de redimir al protagonista o explicar sus crímenes mediante algún trauma oportunista.

Su problema es que observa durante más de dos horas a un hombre que nunca quiso observarse a sí mismo y termina atrapada en esa misma superficie. Mengele fue racista, soberbio, incapaz de amar y responsable de atrocidades inimaginables. Todo eso está presente. Lo que falta es una exploración capaz de conectar al anciano escondido en Brasil con el médico que caminaba por Auschwitz decidiendo quién conservaría unas horas más de vida.

Su desaparición no consistió solamente en cambiar de nombre y esconderse en Sudamérica. Mengele también desapareció dentro de sus propias justificaciones, refugiado en una ideología que le permitió morir sin reconocer a sus víctimas. La película consigue mostrar esa decadencia, pero no termina de iluminar el abismo que la produjo.

The post  Crítica: <i>La desaparición de Josef Mengele (Das Verschwinden des Josef Mengele)</i> appeared first on Rolling Stone en Español.

Hay algo extraño y casi patológico en la fascinación que sienten numerosos cineastas nacidos en los años noventa y dos mil por una década que nunca conocieron. Los ochenta han dejado de ser un periodo histórico para convertirse en un parque temático conformado por videoclubes, arcades, sintetizadores, cintas de VHS, campamentos de verano, anuncios televisivos, golosinas, asesinos enmascarados y canciones que regresan cubiertas por una pátina de melancolía. No estamos hablando de una  reconstrucción de la década; se está invocando su simulacro.

Stranger Things convirtió esa nostalgia heredada en una poderosa industria cultural. Desde entonces, una buena parte del cine contemporáneo parece convencida de que regresar a los ochenta equivale automáticamente a recuperar una época más libre, extraña y creativa. Sin embargo, aquella representación utópica dista mucho de la realidad que conocieron quienes vivieron esos años de conservadurismo político, pánico moral, misoginia convertida en espectáculo y una epidemia de sida que transformó el sexo en territorio de culpa, miedo y muerte.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma vuelve a ese mausoleo cultural con la pretensión de exhumar sus cadáveres y descubrir que tenían algo importante que decirnos. La película quiere deconstruir el slasher, recuperar su valor para las identidades queer, satirizar la explotación de propiedades intelectuales y explicar la manera en que la cultura popular participa en la construcción del deseo. El problema no está en sus ambiciones, sino en que confunde en todo momento ambición con profundidad.

Kris Williams (Hannah Einbinder de la maravillosa serie Hacks) es una cineasta independiente de 29 años que alcanzó reconocimiento en Sundance con una película descrita como una reinterpretación de Psycho desde el punto de vista de la cortina de la ducha. Esa ocurrencia resume bastante bien al personaje y, por extensión, a la propia película. Una idea que desea sonar provocadora antes de demostrar si verdaderamente significa algo.

Un estudio contrata a Kris para resucitar Camp Miasma, una saga ficticia iniciada en los años ochenta y construida a imagen y semejanza de Friday the 13th y Sleepaway Camp. Su asesino, Little Death es un asesino en serie de género fluido que lleva en la cabeza una rejilla de ventilación y emerge periódicamente de un lago para despedazar adolescentes. En su momento, las películas de este tipo fueron repudiadas por los grupos religiosos y conservadores; décadas después, son examinadas por su tratamiento transfóbico y misógino de los personajes. Naturalmente, el estudio quiere una versión “elevada”, “actual” y susceptible de convertirse nuevamente en mercancía.

Kris conoce la saga desde que tenía ocho años y mantiene una fijación particular con Squeak, la joven consejera que pierde la virginidad poco antes de encontrarse con el asesino. Para preparar la nueva película, localiza a Billy Presley (Gillian Anderson), la actriz que interpretó al personaje y desapareció de la vida pública después de aquella única actuación. Billy vive aislada precisamente en el campamento donde se rodó la película original, rodeada por proyecciones, recuerdos, golosinas, dibujos y fantasmas.

La comparación con Norma Desmond no tarda en aparecer. La propia película menciona a Sunset Boulevard, como si reconocer anticipadamente el referente pudiera absolver copiarlo. Pero una cita no convierte automáticamente la apropiación en diálogo. Billy es otra estrella desaparecida que permanece encerrada en el escenario de su antiguo esplendor, contempla repetidamente la película que la hizo famosa y recibe la visita de una persona más joven que espera beneficiarse de su regreso. Incluso el campamento funciona como una versión forestal de la mansión de Norma Desmond. El asesino oculto alrededor de la propiedad llega a ocupar, de manera bastante transparente, el lugar del inquietante mayordomo interpretado por Erich von Stroheim.

Además de Sleepaway Camp y Friday the 13th, la película también saquea descaradamente a, Videodrome, Mulholland Drive, The Cabin in the Woods y Wes Craven’s New Nightmare. De esta última toma la idea de una ficción de terror que desborda la pantalla y comienza a invadir la realidad de quienes participaron en ella. Una vez más, la obra menciona parte de sus influencias, pero nombrar el sitio del robo no hace que desaparezca el botín. La directora Jane Schoenbrun reúne las piezas, las cubre de sangre artificial y espera que la mirada queer baste para transformarlas. No basta. No señor.

El cine de terror se ha convertido en el refugio casi obligatorio de muchas voces emergentes. No porque sea el único género capaz de hablar sobre identidad, trauma o marginación, sino porque la industria ha descubierto que puede vender esos temas con relativa facilidad siempre que estén acompañados de cuchillos, vísceras y asesinos enmascarados. Ante semejante saturación surge una pregunta inevitable: ¿Dónde están las nuevas comedias, los melodramas, los musicales, las aventuras o las películas de ciencia ficción creadas por esas mismas voces? ¿Por qué toda revelación generacional parece necesitar un charco de sangre para ser escuchada?

Schoenbrun ya había explorado la construcción de la identidad a través del consumo cultural en We’re All Going to the World’s Fair y I Saw the TV Glow. La primera mezcló los laberintos digitales con ecos de Lewis Carroll y los terrores adolescentes de internet (al igual que hace poco lo hizo la sobrevalorada Backrooms). La segunda convierte la obsesión por una serie televisiva en metáfora de una identidad reprimida y un dudoso “homenaje” a David Lynch. Ambas fueron recibidas por algunos sectores como nuevos clásicos instantáneos, cuando en realidad sus ideas quedaban frecuentemente atrapadas dentro de narraciones endebles, afectadas y derivativas. Una atmósfera sugerente, una buena dirección de arte o una interpretación febril no convierten por decreto una película en una obra maestra.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma repite el mismo procedimiento pero a mayor escala. Su universo ficticio intenta deconstruir con esmero la trayectoria comercial de las franquicias de Jason Voorhees y Michael Myers. Pero el catálogo de objetos y guiños termina pareciendo menos la historia de un fenómeno cultural que el inventario de una tienda especializada. La nostalgia es minuciosa; la reflexión, bastante menos.

La película pretende reivindicar el slasher de los ochenta como un territorio secretamente liberador. El planteamiento resulta forzado porque buena parte de aquel cine no ocultaba una profundidad reprimida esperando ser descubierta. Muchas de esas películas eran productos baratos, nihilistas y abiertamente misóginos que convertían el cuerpo femenino, la sexualidad adolescente y el castigo moral en mercancía. Algunas desarrollaron ideas fascinantes y otras consiguieron trascender sus condiciones industriales, pero no todo desperdicio cultural contiene un tesoro enterrado. Sacarle peras al olmo sigue siendo una tarea ingrata, aunque se cite a Judith Butler mientras se sacude el árbol.

El punto más problemático aparece cuando la película une el despertar sexual de Kris con el asesinato de Squeak. Little Death no recibe ese nombre por casualidad: la petite mort o “la pequeña muerte” es una expresión tradicionalmente asociada con el orgasmo. Kris explica que el miedo, el deseo y la proximidad de la muerte que observó de niña en la secuencia superaron todo lo que posteriormente experimentó en sus relaciones sexuales (¡analiza eso Freud!). Billy revela, además, que durante la filmación de la escena ocurrió algo decisivo entre el placer, la penetración y la violencia.

En un relato queer producido durante un periodo de renovada homofobia, la relación simbólica entre un arma cortopunzante y la satisfacción sexual de una mujer no es una ocurrencia inocente. Durante décadas, el discurso homofóbico ha sostenido que el lesbianismo podría “corregirse” mediante la penetración de un hombre suficientemente viril. Al transformar la cuchillada del asesino en una forma de orgasmo revelador, la película se aproxima peligrosamente a esa fantasía. Puede argumentarse que se trata de una sátira, de una inversión o de una apropiación deliberada de la violencia; sin embargo, ninguna de esas coartadas elimina el contenido de la imagen.

El problema no consiste en que el cine queer deba comportarse correctamente ni producir personajes ejemplares. Exigirlo sería otra forma de censura. El problema aparece cuando una película emplea una simbología cargada de violencia histórica sin examinar sus consecuencias y después pretende que la extravagancia funciona como argumento. La sangre paródica continúa siendo sangre; el falo metálico continúa siendo un falo. La exageración no neutraliza necesariamente el mensaje.

Tampoco funciona como comedia. Las conversaciones entre Kris y Billy están repletas de observaciones sobre cine, sexo, teoría de género, pollo frito, gomitas y cultura popular, pero rara vez poseen gracia o espontaneidad. Los ejecutivos del estudio son las caricaturas de siempre. Unos oportunistas que desean una película progresista siempre que pueda vender boletos. La broma sobre el cine “elevado” llega agotada después de una década de terror empeñado en explicar que sus monstruos representan traumas. Cada comentario parece anunciar su propia inteligencia con la desesperación de quien levanta la mano en un salón donde nadie ha formulado una pregunta.

Hannah Einbinder interpreta a Kris como una mezcla de entusiasmo cinéfilo, inseguridad sexual y pedantería universitaria. La actriz consigue comunicar el desconcierto del personaje, aunque el guion la obliga a pronunciar ideas que suenan menos como pensamientos humanos que como fragmentos de una ponencia. Gillian Anderson, en cambio, se entrega a una composición sensual y teatral. Su Billy Presley puede pasar de la seducción a la amenaza, de la lucidez a la demencia, sin perder autoridad. Es una interpretación fascinante atrapada dentro de una película que espera que la presencia de Anderson complete todos los espacios que el guion deja vacíos.

La dirección de arte es atractiva, la fotografía de Eric Yue con su rollo de 35 mm granulado explota los rojos sanguíneos y los colores artificiales del campamento, y la música de Alex G contribuye a esa sensación de sueño contaminado por recuerdos ajenos. La versión de “Nightswimming”, de R.E.M., que acompaña los créditos iniciales y la de “Supernatural Superserious” que acompaña los créditos finales (también se usan “A Long December” de Counting Crows y I Love You Always Forever de Donna Lewis)  intentan dotar a la nostalgia de una tristeza que el resto de la película rara vez alcanza (además son temas de los años noventa). Hay imágenes creativas y muertes diseñadas con entusiasmo carnavalesco, incluidas cascadas de sangre y una pulverización corporal contra un poste de tetherball. Pero detrás del espectáculo se extiende un vacío que ni las vísceras ni los referentes consiguen ocultar.

A medida que la fantasía y la realidad se mezclan, la narración pierde dirección. La posible existencia de Little Death, el trauma de Billy, la fascinación de Kris y el proyecto del estudio terminan fundidos en una sucesión de símbolos que se declaran trascendentes sin establecer una lógica capaz de sostenerlos. El homenaje a New Nightmare se vuelve particularmente evidente, solo que donde Wes Craven examinaba su propia responsabilidad como creador de imágenes violentas, Schoenbrun utiliza la metaficción para celebrar la intensidad de su relación con ellas.

Teenage Sex and Death at Camp Miasma quiere hablar sobre el deseo, la identidad, la creación artística, la explotación de los actores, la mercantilización de la diversidad, la memoria cinematográfica y el poder transformador de los relatos. También quiere ser una comedia psicosexual, un slasher, un romance queer, una sátira industrial, una película sobre películas y una experiencia surrealista. Tener muchas intenciones, sin embargo, no equivale a tener muchas ideas.

El resultado es una obra desordenada, derivativa y sorprendentemente aburrida. Anderson y Einbinder son buenas actrices y algunos elementos técnicos demuestran auténtica imaginación, pero ambos terminan sepultados bajo una avalancha de referencias, declaraciones y cadáveres. La película repite constantemente “mira todo lo que sé” y casi nunca responde la única pregunta que realmente importa: ¿para qué sirve saberlo?

En su afán por deconstruir el slasher, Schoenbrun termina reproduciendo varios de sus peores vicios. La fetichización de la violencia, la confusión entre sexo y castigo, la explotación del cuerpo y la idea de que una montaña de sangre puede sustituir el pensamiento. No ha resucitado unas viejas franquicias para revelar su significado oculto. Apenas ha vestido nuevamente al cadáver y lo ha enviado a caminar alrededor del mismo campamento.

The post Crítica: <i>Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma (Teenage Death and Sex at Camp Miasma)</i> appeared first on Rolling Stone en Español.

La llegada masiva de personas migrantes desde Marruecos hacia el enclave español de Ceuta, entre el 30 y el 31 de julio, desencadenó una difícil situación humanitaria y política que rápidamente trascendió las fronteras españolas. Lo ocurrido no solo puso a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades y afectó tanto a quienes intentaban cruzar la frontera como a la población local, sino que reabrió el debate europeo sobre las políticas migratorias y el creciente endurecimiento de las fronteras. En esta ocasión, el foco se ha centrado en el Gobierno de Pedro Sánchez y en sus políticas de regularización migratoria, en contraste con modelos de mayor control y exclusión adoptados por buena parte de la Unión Europea.

El episodio fue aprovechado por varios gobiernos europeos críticos de las políticas de regularización impulsadas por Sánchez. Entre ellos, dirigentes de gobiernos como los de Italia y Dinamarca, llegaron a reclamar la suspensión de España del espacio Schengen, una propuesta sin viabilidad política, pero que evidenció las crecientes tensiones entre los Estados miembros sobre la gestión de la migración. También volvió a poner de relieve una estrategia recurrente de numerosos partidos, especialmente de extrema derecha, que han convertido la migración en uno de sus principales ejes para conseguir votantes. 

Mientras tanto, la dimensión humanitaria de la crisis quedó relegada por el debate político. Aunque aún no existen cifras definitivas, se conoce que más de 70 personas migrantes murieron durante la caótica travesía en su intento por llegar a la península española. Incluso organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes hablan de 140 y tanta otras desaparecidas. 

Una crisis con múltiples causas e intereses políticos

Las causas de la llegada masiva continúan bajo discusión. Las hipótesis apuntan a una combinación de factores que incluyen campañas de desinformación en redes sociales, la actuación de redes de trata de personas e incluso las tensiones diplomáticas entre Marruecos y España.

El Gobierno marroquí ha sostenido que lo ocurrido no fue un fenómeno espontáneo. Según el Ministerio del Interior de ese país, el episodio respondió al uso del espacio digital por parte de organizaciones dedicadas al tráfico de personas y a la difusión de información engañosa relacionada con una reciente sentencia del Tribunal Supremo de España sobre las denominadas “devoluciones en caliente”. En ese punto coincidió también el presidente Pedro Sánchez durante su visita a Ceuta, al señalar que la interpretación del Tribunal Supremo sobre el rechazo en frontera, conocido como devolución en caliente, no resulta aplicable a las personas que acceden a Ceuta o Melilla por el mar. De acuerdo con esta interpretación, la circulación de mensajes erróneos llevó a muchas personas a creer que podrían ingresar a España sin ser retornadas de manera inmediata, incentivando el intento masivo de cruce.

La cobertura deshumanizante

Aunque las cerca de 60.000 personas que cruzaron la frontera de manera irregular, en su mayoría jóvenes marroquíes que ingresaron nadando o caminando, ya fueron devueltas a Marruecos, el episodio todavía deja varios interrogantes. Se trata de la primera vez que un volumen tan elevado de personas intenta cruzar la frontera en un periodo tan corto, una circunstancia que mantiene abiertas preguntas sobre el origen del episodio y la respuesta de las autoridades.

Al mismo tiempo, el tratamiento mediático y el discurso político sobre la situación han mostrado el carácter deshumanizante ampliamente difundido. La situación dio origen también a los pronunciamientos de líderes, especialmente de extrema derecha, para reforzar posiciones aún más restrictivas frente a la migración. La reacción de al menos 22 Estados europeos, que responsabilizaron a España por sus políticas de regularización, reflejó además la creciente presión para endurecer aún más las medidas migratorias dentro de la Unión Europea.

Sin mayor reparo, además, numerosos medios de comunicación y dirigentes políticos han descrito esta situación con un lenguaje que los estudios migratorios llevan décadas señalando por su capacidad para deshumanizar la experiencia de quienes migran. Expresiones como “ola”, “invasión”, “avalancha”, o “amenaza para la seguridad” no son neutrales, pues construyen un marco de ideas que condiciona la percepción pública sobre la migración. Bajo este relato, quienes migran dejan de ser sujetos de derechos para convertirse en una amenaza o en un problema que debe ser contenido. Este tipo de narrativas no solo distorsiona la complejidad de los procesos de movilidad humana, sino que también contribuye a normalizar políticas cada vez más restrictivas y prácticas que pueden derivar en la vulneración de los derechos humanos.

La investigación en lingüística y estudios migratorios ha mostrado que estas metáforas, muchas veces utilizadas de manera automática e incluso inconsciente, moldean la percepción pública del fenómeno migratorio. En este tipo de narrativas, las personas migrantes aparecen como una masa homogénea, peligrosa e incontrolable, mientras los gobiernos son retratados como actores que libran una batalla para defender sus fronteras. Este tipo de discursos no solo simplifican una realidad compleja, sino que reproducen imaginarios jerárquicos y, en muchos casos, visiones racistas sobre quién merece protección y quién representa una amenaza, lo que contribuye a legitimar políticas de control y exclusión. 

El uso de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. Acompaña y legitima un proceso más amplio de endurecimiento de las políticas migratorias europeas que se ha consolidado durante las últimas dos décadas. El episodio de Ceuta ocurre en ese contexto. Europa ha endurecido progresivamente su política migratoria y esa tendencia se profundizó con la entrada en vigor, en 2026, del Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. Entre las medidas contempladas por este marco normativo se encuentra la posibilidad de trasladar a solicitantes de asilo rechazados a centros ubicados fuera del territorio europeo, una estrategia de trasladar o externalizar las fronteras. 

Sin embargo, el endurecimiento del control migratorio no se limita a las fronteras físicas. En la última década, varios Estados europeos han ampliado los mecanismos de vigilancia y control dentro de sus fronteras al incorporar a instituciones públicas, como los sistemas de salud y protección social, a las estrategias de gestión migratoria dentro de sus propios territorios. Estas medidas buscan desincentivar la llegada de personas migrantes y dificultar la vida de quienes permanecen en situación administrativa irregular. 

Las consecuencias de estas políticas recaen principalmente sobre quienes emprenden rutas migratorias cada vez más peligrosas.  A lo largo del norte de África y del Mediterráneo, miles de mujeres, hombres, niñas y niños enfrentan riesgos extremos al intentar llegar a Europa en busca de un asilo que es negado por los cada vez más estrictos procedimientos para su solicitud. Muchos mueren ahogados durante la travesía en el mar, otros desaparecen en el desierto o quedan atrapados en territorios convertidos en zonas de contención migratoria. 

La externalización de fronteras ha desplazado los riesgos lejos del territorio europeo, pero no ha eliminado sus consecuencias humanitarias, como lo ha venido documentando el colectivo Border Resistance. Por el contrario, ha contribuido a que las rutas sean más largas, más peligrosas y más mortales. Aunque el episodio ocurrido en Ceuta presenta características excepcionales por la magnitud del flujo migratorio registrado en apenas dos días, no puede analizarse de forma aislada. 

La situación vuelve a poner sobre la mesa el impacto de las políticas migratorias de la Unión Europea, que continúan dejando un saldo de personas fallecidas, desaparecidas y desplazadas a lo largo del norte de África y del Mediterráneo. Al mismo tiempo, recuerda que detrás de estos movimientos migratorios persisten factores estructurales como la pobreza, los conflictos armados y los efectos de la crisis climática, que obligan a millones de personas a abandonar sus países en busca de condiciones de vida más seguras. 

En ese escenario, Ceuta representa no solo un episodio excepcional, sino también un reflejo de la tensión permanente entre el reforzamiento de las fronteras y la obligación de los Estados de garantizar los derechos humanos de las personas migrantes y su derecho a migrar.

The post La crisis de los migrantes en Ceuta evidencia el costo humano de las políticas fronterizas de la Unión Europea  appeared first on Rolling Stone en Español.

A veces olvidamos que, antes de convertirse en quienes son, los artistas pasaron años soñando con ser escuchados. Anhelaban que su música encontrara un público, que su arte fuera reconocido y que un golpe de suerte transformara por completo su realidad. Lo que pocas veces imaginan es que, cuando ese momento finalmente llega, la cotidianidad y la privacidad dejan de existir tal como las conocían. Kendall Peña, oriundo de Costa Rica, soñó con ser cantante desde muy temprana edad. Y, a decir verdad, lo ha conseguido de una manera tan enriquecedora como admirable. Sus canciones narran una verdad tan honesta que, por momentos, pareciera que estamos escuchando un audiolibro —con una impecable banda sonora— sobre su propia vida. 

En los últimos años, todo dio un giro vertiginoso. Pasó de componer en la intimidad de su habitación a vivir entre hoteles y giras; los estudios de grabación sustituyeron su cuarto como espacio creativo, su equipo de trabajo creció, su comunidad de seguidores se multiplicó y su música cruzó fronteras. Pero, por encima de todo, quien más cambió fue él. Y no hablo únicamente de su evolución artística —que es evidente—, sino también de la personal. Comprendió matices y significados que antes reducía a respuestas absolutas: sí o no, verdad o mentira. Dejó atrás el escepticismo para convertirse en alguien dispuesto a abrazar las experiencias que le ha regalado el mundo, su nueva vida como artista y la música que hoy crea. Esa versión renovada de sí mismo queda plasmada en Hotel 506, su más reciente material discográfico. Un álbum que, según sus propias palabras, será el disco más pop que hará en toda su vida.

Lee aquí nuestra entrevista con Kendall Peña:

Cuéntame sobre Hotel 506. Háblame sobre la historia detrás del material.

Yo venía de una gira, de casi tres o cuatro meses por todo México. Empezamos en Cancún y terminamos en Tijuana. Terminó la gira y todos regresaron a sus casas y países, pero yo me quedé en México un tiempo más. Me metí de nuevo al estudio con mi productor apenas terminó la gira. Estuvimos una semana, y creo que en ese tiempo se crearon la mayoría de canciones que están en el álbum. La canción de ‘506’ es sobre amor, de que yo sigo en la misma habitación del hotel pero esa persona ya no está conmigo y tiene otra vida con alguien más. A raíz de ese tema, nos dimos cuenta que todo se estaba basando en historias que me había pasado en hoteles y en lugares durante la gira. 

Yo vivo en Costa Rica, entonces mi vida cambió bastante cuando se empezó a hacer mucho más profesional, cuando me empecé a dar a conocer en más lugares. Comencé a viajar mucho, a componer en más lugares y a tener otro proceso de composición. Antes componía en mi cuarto en Costa Rica y hacía TikToks, y ahora salí de mi país y estuve en México, España, Argentina y demás. Conocí la música a través de irla escribiendo en una gira. Cuando nos pusimos a pensar en un concepto, pues lo hicimos literal, en donde estuve: hoteles. Ahí sucedieron la mayoría de las historias. La mayoría del álbum es de amor y desamor, que cuenta una historia cronológica, las partes lindas que es el amor, hasta cuando uno se da cuenta que no es lo que siempre se había pensado. Es un álbum muy de cantautor sobre las experiencias que tuve entre el 2024 y 2025. No le quisimos dar mucha vuelta, es sobre lo que se trató mi vida: viajes, hoteles, estar en diversas partes del mundo y hablar sobre personas que llegaron a marcar mi vida, pero que siguieron su camino. 

También es un poco surreal y dreamy para que no fuera aburrido y se centrara en un hotel. Es un viaje de ilusionarse hasta caer en la realidad, que es un poco lo que me pasa en la vida. Creo que mis proyectos son un diario de mi vida. Este es mi segundo álbum, y creo que es el más rockstar porque comencé a vivir más cosas que jamás había vivido: estar en festivales, hacer conciertos, no dormir, irnos en camionetas a otro lugar. Creo que se vivió muy fuerte. Las emociones y experiencias en el álbum se viven muy fuertes. 

Kendall Peña y el gran giro que transformó su vida 
Cortesía prensa
Cortesía prensa

Me interesa lo que mencionas sobre tu primer acercamiento a la vida ‘rockstar’. ¿Cómo te sientes con este giro tan importante en tu carrera? ¿Crees que se rompió la fantasía o se hizo más grande?

Creo que se rompe la fantasía, pero a la vez no. Es una mezcla. Es muy extraño porque como seres humanos siempre estamos inconformes. Lo que tengo ahora mismo no es lo que quiero, y quiero otra cosa, y cuando ya consigo lo que quiero, ya extraño lo que tenía en mi pasado. Hay cosas que extraño mucho de estar escribiendo solo en mi habitación, donde sentía que era un proceso más personal. Ahora, tal vez me tengo que abrir más a otras personas y a otros compositores. Siento que mis materiales son muy personales, entonces a la hora de estar conectado con tantas personas, puede ser complicado abrirse, porque no le puedo estar contando a cada productor mis cosas personales. Siento que fue bueno exponerme a tanto, pero ahora es crear un balance entre lo que era antes y lo que soy ahora. 

Había un momento en el que sentí que era cansado estar en tantos aeropuertos y estar viajando tanto. También uno extraña a la familia y se pierde de muchas cosas, entonces siento que es agridulce. Igual creo que uno exagera porque hay peores cosas en la vida y uno la está pasando súper bien, pero sí es cierto que me di cuenta de lo inconformes que somos como seres humanos, y lo que no tenemos es lo que siempre estamos buscando, pero cuando lo tenemos, lo normalizamos. Más que entenderlo, pretendo disfrutar del presente porque es algo que casi no hice. Estaban pasando cosas y siempre estaba pensando en lo siguiente que estaba por pasar, y tal vez no iba a pasar más. Creo que lo importante es disfrutar de ese presente. Quiero disfrutar de llegar a Costa Rica y que sea lindo estar con mi familia. Quiero agradecer esas dos cosas. Lo cool es que no es tan rockstar como uno lo siente, porque cuando comienzas a conocer más personas y relacionarte, te das cuenta de que todo es más normal de lo que parece. Esto es parte de un trabajo, y tiene sus partes bonitas y sus partes cansadas. 

También mencionas la importancia de lo visual en tu proyecto. Cuéntame del peso que tiene en tu vida personal y artística este lado creativo. 

Estudié diseño en Costa Rica. Siempre quise estudiar música, pero en Costa Rica es súper difícil. Recuerdo cuando me estaba graduando, antes de entrar a la universidad, mi mamá me preguntó sobre mis planes, y ella siempre me había dicho que siguiera mis sueños, entonces le dije que quería ser cantante, pero me dijo que no [Risas]. Tenía que estudiar otra cosa, porque según las personas, me iba a morir de hambre. Eso fue antes de la pandemia, antes de que pasaran las cosas de TikTok y así. Estudié diseño porque era lo más relacionado al arte que encontré en Costa Rica. Siempre ha sido muy importante para mí. Recuerdo que cuando era pequeño veía MTV, y tal vez una canción no me gustaba, pero luego veía el video de la canción y cobraba un sentido diferente y tenía otro significado. Para mí, ya tenía un peso diferente. 

Desde mis TikToks, trataba de darle una forma estética y un significado. Cada proyecto mío ha tenido sus eras y sus etapas. Me gusta mucho que los proyectos sean conceptuales, aunque sí se vuelven más cansados porque se tiene que pensar en un concepto y trabajarlo por meses. Creo que esto tiene mucho peso en los proyectos. Para mí no es solo la música, sino que también se tiene que crear un concepto en lo que se quiere expresar.

Cortesía prensa
Cortesía prensa

Sobre el cambio en tu composición, mencionas que ahora compones en los hoteles y en plena gira. ¿Qué tanto te ha ayudado como compositor el salir de tu zona de confort?

Creo que más como compositor, me ha ayudado en temas personales. Antes, cuando estaba solo en Costa Rica, mis problemas se hacían más grandes de los que eran. Cada vez que viajaba, o cuando conocí México por primera vez, dando un ejemplo, veía que había mucho más, y que la vida era mucho más que solo mi cuarto y mis problemas en Costa Rica. Esto me ayudó a relativizar mucho más las cosas y a vivir más tranquilo. 

¿En qué etapa crees que te encuentra Hotel 506?

Este disco me enseñó que el amor no es blanco y negro. En mis primeros proyectos era: o me quiere o no me quiere, o es todo o es nada. A través de los viajes y de todo lo que me ha pasado, he entendido que hay personas que llegan a nuestra vida para que aprendamos algo, para que nos acompañen en un periodo corto de nuestra vida y seguir cada quien en nuestro camino. Creo que es un álbum que me hizo ser más introspectivo en aspectos de la vida. En el amor hay demasiados grises. También me hizo ser más exigente, en cuanto a calidad y lo que quiero. Creo que este es el álbum más pop que haré en toda la mi vida. 

Me encanta Ralphie Choo, Rusowsky y Rosalía, lo que se me hace curioso, porque es música que yo no hago. Lo siguiente que haga, me gustaría darle tintes de lo que me gusta y escucho. Creo que me ayudó a saber que hay canciones que no se escriben en 20 minutos o 40. Lo siento más profesional, completo o con más sentido. Esto me deja ganas de seguir haciendo más, y considero que será cada vez más difícil. Lo disfruté bastante y me hizo crecer bastante. 

The post Kendall Peña y el gran giro que transformó su vida  appeared first on Rolling Stone en Español.

A medida que los rumores y la opinión pública crearon un alboroto en redes después porque Ariana Grande anunció que se tomaría un descanso después de terminar su tour actual, el lunes pasado, salió al escenario para hablar con sus fans en directo al respecto.

Durante la parada del Eternal Sunshine Tour en el United Center de Chicago, Illinois, Grande pausó su concierto para “aclarar algunos asuntos”.

“A veces cuando una historia sale [en redes], que no tiene nada que ver conmigo directamente, las cosas se pueden salir de control. Entonces, esta noche, quería hablar con mis fans directamente porque los aprecio mucho”, dijo la artista ante los miles de gritos de sus fanáticos. “El anuncio que salió ayer, no se publicó de manera impulsiva o en reacción a lo que estaba pasando. Yo lo decidí. Es un plan que hice en silencio hace un largo tiempo. Fue una decisión que se hizo desde un lugar consciente y empoderado”.

Continuó, “Escuché que mis fans estaban preocupados de que la negatividad estaba arruinando mis asuntos, pero debo decir que esto no puede estar más alejado de la realidad, quiero ser muy, pero muy clara, muchas cosas pueden ser verdad al mismo tiempo: se necesita establecer límites, los seres humanos pueden necesitar un descanso de vez en cuando y esta también puede y continuará siendo una de las mejores experiencias de mi vida profesional y personal”

La intérprete afirmó que a pesar del “ruido que existe, nada es capaz de distorsionar mi realidad o será mi ‘yo’ real o será más fuerte que este amor que compartimos, o, incluso, el sentimiento de crear arte con la gente que amo y respeto”.

Como si abrazara a la multitud, Grande abrió sus brazos y declaró, “Esto es lo que me llevaré siempre, porque, el resto de toda esa mierda no es mía para cargar con ella. Quería que escucharan eso de mi parte”. Antes de continuar, resaltó, “Necesitaba salir aquí [en frente de todos] y diferenciar eso [el drama/la negatividad] de mi verdad para todos ustedes porque los amo y este tour ha sido la experiencia más sanadora, hermosa, reparadora, magnífica y especial de mi vida”.

El domingo, unos días después de que sacara su último álbum, petal, su representante le comentó a la revista People que “Ariana se tomará un descanso del ojo público al finalizar el Eternal Sunshine Tour”. Como parte del receso, la cantautora canceló su aparición en la adaptación de Sunday in the Park With George de Stephen Sondheim en el West End de Londres. Además, se reveló que la superestrella no participará en la siguiente temporada de American Horror Story, pero eso se debió al conflicto entre los horarios de producción y la gira. La pausa surgió mientras los fans de la cantante acudieron a redes para compartir sus preocupaciones sobre la salud de la estrella del pop tras la publicación del video musical de ‘petal’ el viernes pasado.

“Espera terminarlo con broche de oro, de una manera sana y feliz. Luego, se tomará un merecido descanso del trabajo y las apariciones públicas que han desencadenado una ola de escrutinio público”, añadió. “Este tour ha sido una bella experiencia para ella. Ama a sus fans y ha apreciado muchísimo cada momento de esta gira”.

The post Ariana Grande pausa su show de Chicago para hablar acerca de su pausa del ojo público appeared first on Rolling Stone en Español.

Linkin Park presenta el primer adelanto de su nuevo documental. Unshatter, dirigido por Joe Hahn —integrante de la banda—. seguirá el camino del grupo de regreso a los escenarios tras la muerte de su vocalista Chester Bennington en 2017.

El filme, cuyo lema es The Hardest Part of Ending is Starting Again (“La parte más difícil de terminar es volver a empezar”), llegará a las salas de cine el próximo 30 de septiembre. Las entradas estarán disponibles a partir del 13 de agosto y toda la información podrá consultarse en un sitio web especialmente creado para el lanzamiento.

El tráiler muestra la emoción de los fanáticos durante el concierto que la banda ofreció en São Paulo, Brasil, en 2024, e incluye entrevistas con sus integrantes. “Definitivamente, nunca se había hecho de la forma en que nosotros lo hicimos”, afirma Mike Shinoda en uno de los fragmentos, antes de referirse a la muerte de Bennington. “Gran parte de nuestras vidas había girado en torno a Linkin Park, y de repente todo se vino abajo”.

A lo largo del avance, los músicos expresan el temor de que la historia de la banda hubiera llegado a su fin. Sin embargo, la llegada de la nueva vocalista, Emily Armstrong, marca un punto de inflexión y da paso a imágenes de conciertos que reflejan el regreso triunfal del grupo a los escenarios.

El largometraje abarca un periodo que comienza con las sesiones de grabación de 2022, de las que surgiría dos años después el octavo álbum de estudio del grupo, From Zero, el primero con Emily Armstrong como vocalista y Colin Brittain en la batería, y culmina con el concierto en São Paulo. Además, Unshatter incluye material inédito del archivo de la banda, imágenes de sus shows y entrevistas tanto con los integrantes de la banda como con sus seguidores.

Joe, miembro fundador de la agrupación, ha sido el encargado de los sintetizadores y las tornamesas de la banda desde 1996. Además, ha dirigido varios de sus videoclips más emblemáticos, entre ellos los de ‘Numb‘, ‘Somewhere I Belong‘ y ‘Bleed It Out‘. En un comunicado, explicó que Unshatter, un título que sugiere que aquello que se rompió puede volver a reconstruirse, no nació originalmente como un documental, sino como una película de concierto centrada en la presentación que el grupo ofreció en Brasil. Con el tiempo, el proyecto terminó convirtiéndose, según sus palabras, en una forma de agradecer a los seguidores de Linkin Park.

“Mientras más seguíamos grabando, más nos dábamos cuenta de que había una historia mucho más grande desarrollándose”, afirmó Hahn. “Después de siete años alejados de los escenarios, sinceramente no sabíamos cuál sería el futuro de Linkin Park. Íbamos descubriéndolo sobre la marcha. Ninguno de nosotros sabía si la banda evolucionaría de la manera en que lo hizo, cómo reaccionarían los fans o hacia dónde nos llevaría todo esto. No quería hacer una película que mirara hacia atrás con una claridad absoluta. Quería que la gente experimentara esa incertidumbre de la misma manera en que nosotros la vivimos, en tiempo real”.

Te puede interesar: https://es.rollingstone.com/arg-linkin-park-y-su-vuelta-desde-cero-el-regreso-la-nueva-voz-y-la-magia-en-el-estudio/

Hahn añadió que, al ser miembro de Linkin Park y haber vivido toda esa historia “desde adentro”, sintió la responsabilidad de contarla con honestidad. “Habría sido fácil presentar la versión que la gente esperaba o la que se construyó a partir de los titulares y las entrevistas, pero ese nunca fue el objetivo”, explicó. “Quería capturar las conversaciones, las dudas, los momentos creativos y todo lo que ocurrió entre medio, esas cosas que solo quienes las vivieron realmente pueden comprender”.

Como complemento del documental, el próximo 25 de septiembre se publicará Unshatter Film Soundtrack (Live in São Paulo), un álbum en vivo que reúne interpretaciones de canciones de distintas etapas de la carrera de la banda. El disco también incluirá varias actuaciones registradas durante el concierto en la ciudad brasileña que finalmente no fueron incorporadas a la película.

Tras el receso que siguió a la muerte de Bennington, Linkin Park regresó en 2024 con ‘The Emptiness Machine‘, su primer sencillo junto a Armstrong y Brittain. Poco después lanzó ‘Heavy Is the Crown‘ y el álbum From Zero. Su sencillo más reciente, ‘Unshatter’, fue publicado el año pasado como parte de la edición de lujo de su último álbum.

The post Linkin Park se reconstruye en el nuevo tráiler del documental <i>Unshatter</i> appeared first on Rolling Stone en Español.

Cuando los y las artistas hablan de los procesos creativos detrás de algún álbum, suelen decir que muchas canciones se quedaron por fuera del corte final. Puede que al decidir lanzar una edición deluxe de dicho trabajo incluyan unas tres o hasta cinco extra, pero es una rareza que compartan una segunda parte que le dé continuidad a esa primera entrega. Después de publicar Femme Fatale el año pasado, a Mon Laferte le quedó una cantidad considerable de temas que sentía que merecían ver la luz, así que en junio presentó Femme Fatale Vol. 2, un LP de 20 canciones nuevas que nacieron dentro del mismo momento emocional del primer volumen. “Se me ocurrieron muchas canciones en el camino, muchísimas. De hecho, me quedaron como 20 más”, cuenta.

A diferencia del primer disco, en el que el jazz fue fundamental para la historia, el más reciente es más ecléctico en cuanto a sonidos. En un momento estás escuchando una balada folk y al siguiente te aturdes porque llega un tema intenso de punk. También es un álbum en el que sale —aunque parezca imposible— un lado de Mon más personal.

La cantautora chilenomexicana comenta que esta ha sido una de las etapas artísticas más exigentes de su carrera hasta ahora, pero de cualquier modo, la ha estado disfrutando. “La exigencia física es alta y es muy exigente para la voz también porque, por ejemplo, tuve tres conciertos de tres horas en el Palacio de los Deportes de la Ciudad de México y fueron tres días pegaditos”, dice respecto a su gira actual. De hecho, su interpretación en vivo de ‘Femme Fatale’ durante una de estas noches que menciona quedó registrada en un video que ya puede apreciarse en su canal de YouTube a modo de celebración de lo que ha sucedido alrededor de este universo.

Semanas antes de la publicación del video, Mon Laferte, desde París, habló con ROLLING STONE en Español sobre lo que hay detrás de Femme Fatale Vol. 2.

Hace poco publicaste Femme Fatale Vol. 2, y si bien tiene canciones que nacieron dentro del mismo proceso creativo del primero, su sonoridad es distinta. ¿Tuviste dudas de incluir estas canciones en el vol. 2 de Femme Fatale? ¿Por qué no sacarlas bajo otro título?

No, porque se me hacía como una trampa. Cuando empecé Femme Fatale, siempre supe que quería que sonara más hacia el jazz. Empecé a recopilar canciones en el proceso y se me ocurrieron un montón de otras nuevas, pero no todas necesariamente eran de jazz o tenían algo que ver con ese universo. Y era como, “OK, compuse esto, existe dentro del universo, pero no suena a la canción ‘Femme Fatale’”, que fue la primera que hice pensando en el álbum y el sonido que quería crear. Entonces, compuse una que se llama ‘No le regales tu corazón’ y no quedaba en Femme Fatale, pero la hice en el mismo momento con la misma energía. Era parte de lo mismo.

Pude haberlas usado todas en otro álbum, pero realmente sentí que era como hacer una trampa. Me gusta la idea de empezar de cero un material. Siempre tengo notas en mi teléfono y voy agarrando cositas y las trabajo cuando me toca hacer un disco, pero igual para mí es importante que sea una fotografía sonora del momento en el que estoy. Entonces dije, “Voy a lanzar el Femme Fatale como está, y en una parte dos que se entienda que es todo lo que no puse en la parte uno”, pero no por eso es descarte, sino que fueron parte de todo esto.

P&R: Mon Laferte
Portada Femme Fatale Vol. 2

Es un álbum con mucho contenido donde también eres bastante directa. Por ejemplo, en ‘For Your Consideration’ hablas de la contradicción de querer seguir haciendo arte, pero no querer sentirte como mercancía e incluso desear una vida normal. ¿Cómo evitas que la industria controle tu arte?

Yo creo que la industria no controla mi arte y creo que siempre ha sido así. Si hablamos de industria, pensar en netamente el venderte un álbum o venderte la canción del verano no es parte de mis intereses, nunca lo ha sido realmente. No digo que esté mal, pienso que cada artista tiene sus maneras de percibir el éxito y lo que le gusta, pero a mí me gusta tanto hacer mi música, mis experimentos, estar ahí en la computadora mil horas y escribir pendejadas. Si tuviera que estar todo el rato pensando en hacer un hit, no sería feliz, sería una persona muy desgraciada. Tengo la fortuna de que hago mis canciones y hay un público ahí, y es un nicho que está esperando este tipo de música y afortunadamente me va bien. Entonces yo siento que lo de la industria es porque a veces me doy cuenta de que estoy cansada y digo, “OK, voy a parar un rato”, y yo misma voy y digo, “No, no voy a parar, quiero seguir haciendo esto un rato más porque tengo que producir”. Y es un pensamiento bastante capitalista que creo que nos atraviesa a todos hoy en el presente, el sentir culpa por echarte a ver una serie o lo que sea.

Sí, por no sentirte “productivo”.

Totalmente. Es como una epidemia y no nos queda otra que trabajar porque si no, “estás mal”, como que el mundo te castiga si no estás produciendo. Entonces, claro, por ahí tal vez sí me gana, soy víctima de la industria y el capitalismo. Por eso dice, “El capitalismo, el neoliberalismo, no me dejan descansar”. Pero eso es otra cosa, creo yo.

A mí me gusta ‘No le regales tu corazón’ porque es la canción más larga y es bien experimental, pero aparte de todo, siento que también es una de tus canciones más directas. Creo que nunca te había escuchado cantarle a tu familia tan de tú a tú.

Sí. Esa canción es muy especial y, de hecho, pensé en no publicarla porque mi pareja estuvo muy deprimido en un tiempo. Nosotros ya llevamos varios años juntos, y tenía mucha depresión (esto es algo que nunca había contado y le pedí permiso para hablar de esto). Su padre se suicidó cuando él tenía tres años, y yo tenía mucho miedo de que se repitiera la historia porque él entró en una depresión muy fuerte. Entonces, yo le digo, “No le regales tu corazón a la depresión. Tú no eres como él, como tu padre”. Es por eso que dice esa frase, “Tú no eres como él”. 

¿Al final se escuchan los latidos de tu hijo?

No, pero la idea era que se sintiera como un corazón. Lo que digo al final, “Amor de mi vida, voy en el ferry hacia Venecia…”, eso es algo que escribí mientras iba en el ferry a encontrarme con él y finalmente esa carta que le escribí fueron mis votos en nuestra boda. Esa canción es muy personal, es una carta de amor y también una manera de representar todo lo que se vive en una relación de muchísimo amor, con todos sus altos y bajos, pero siempre desde el amor. Te das cuenta de que el amar y el tener una relación es una decisión y es un trabajo de todos los días, y eso es lo que yo quería que se sintiera en la canción. A veces se siente como un bálsamo, a veces está pesado, está tortuoso, pero así es la vida también.

¿Qué lugar ocupa esta canción en tu carrera entonces?

Yo siento que es parte de un grupo de canciones que tengo que son muy personales y muy honestas, y no son la canción estereotípicamente de amor, sino que entran en otro sitio. Por ejemplo, en esas canciones yo diría que está una que se llama ‘Pa’ dónde se fue’, se la hice a mi padre; hay otra que se llama ‘El cristal’, se la hice a mi abuela; hay una que se llama ‘Te vi’, que se la hice a mi madre. Ese tipo de canciones son de las que más me gustan porque son canciones con nombre y apellido, y con una honestidad que me llega a ser incómoda.

Neil Krug

¿Cuál es la historia detrás de ‘Mary’? ¿Le cantas a una persona en específico o a tus amigas en general?

Mary es mi mejor amiga. Somos amigas hace 25 años, más o menos. Desde muy jovencitas. Mary tiene una enfermedad autoinmune en el hígado y ha sido trasplantada tres veces. Y cuando le escribí esa canción, ella estaba en su último trasplante de hígado, estaba muriendo, y yo escribí esa canción para ella. Por suerte, ahora está superviva, feliz y celebramos la vida juntas.

¿Qué es lo bonito de cantarle a las amistades?

Es precioso. No hacemos tantas canciones para los amigos. Como que siempre las declaraciones de amor son para tu pareja, pero al final te das cuenta de que los amores que se te quedan casi siempre son las amistades porque normalmente son amores sin condiciones. En cambio, en las relaciones de pareja siempre hay un condicionante, es decir, esta cosa de pertenencia y en las amistades no, es un amor libre.

En contraposición a ‘No le regales tu corazón’, siento que su opuesto sonoro es ‘Tal vez yo soy el problema’ porque es bien corta y bien ruidosa, es la más ruidosa del álbum. ¿A qué se debe este desquicio en Femme Fatale Vol. 2?

[Risas] Para mí es una travesura de esa canción. Es una broma porque, obvio, la inventé, y tenía escrito mucho de eso en mi teléfono, como lo irónico, como la parte de que “no llenó el vacío que dejó mi papá”. Y yo decía, “Ay, esto tiene que ser con una música rockera punkera”. Es una canción graciosa con mucha ironía y yo la siento así, como que quise jugarle una broma a la gente, porque aparte viene un momento supertranquilo del álbum y de repente es como “¡Me sentía tan sola…!” [risas]. De hecho, el día que salió el disco, lo quise oír porque se escucha distinto el máster que tú entregas al que escuchas en las plataformas, entonces me puse los audífonos y me puse a oír el disco. Me había olvidado que ahí venía esa canción y me saqué de onda, pero muchísimo y dije, “OK, esto mismo siente la gente”. Se asustaron igual que yo, pero está chido. Es una broma, pero también hay mucha realidad, es parte de la música que me gusta y que alguna vez he hecho en mi vida. Mis primeros dos discos eran muchísimo más rockeros y alternativos, y está bueno que también es algo que es parte de mí, que a lo mejor en mis últimos álbumes no ha estado muy presente, pero es algo que me gusta.

Sí, así lo sentí. Me remontó a tus inicios, a esta Mon con capul.

Sí, totalmente.

También me gusta ‘Gigante’, cuya letra la escribiste hace más de 15 años en un momento en el que sentías que ibas a perder tu voz. ¿Cómo ves ahora la Monserrat que en ese entonces temía ser olvidada y que ahora hace parte de la historia de la música latinoamericana?

¡Ay, qué emoción lo que dices! Fíjate que esa canción desde hace tres, cuatro discos atrás yo decía, “La voy a poner”. Siempre decía que tenía que meterla en algún álbum porque me gusta y es una canción tranquila, como que puede ser un bonus de cualquier disco, siento yo. Y vi la oportunidad, fue como, “Estoy poniendo muchas canciones en este disco, pues pongamos una más y recuperemos ‘Gigante’”. Es una canción en la que casi que me estoy despidiendo del mundo, de la vida; me voy a quedar sin voz. Yo pensé que también me podía haber pasado cualquier cosa en ese tiempo porque era muy joven y percibía el mundo de otra manera. Pero hoy, 15 años después, como dices esto de “haces parte de la historia de la música latinoamericana”, es cierto, soy parte de miles de artistas que forman nuestra identidad sonora y es superemocionante pensar que se logró. Yo despidiéndome hace 15 años atrás en una canción y 15 años después, “Ah, no, siempre no, no me despedí, aquí estoy” [risas]. Me da gusto, me siento feliz. Y creo que es una forma de celebrar también el que esté la canción.

Neil Krug

En el disco también hay muchas letras en las que siento que eres muy dura contigo misma, pero también está ‘Hello Monserrat’. Igualmente eres autocrítica en esa canción, pero es como “bueno, necesito espabilar”.

Esa me encanta. Al principio no me convencía tanto y ahora es una de mis favoritas del disco porque justamente llegué a ser extremadamente honesta; me gusta mucho eso, la verdad. Siento que no puede ser de otra manera, por lo menos en mi manera de ver el mundo, de percibir la música. Es decir, “Pienso en el bótox. En la soledad de estar de gira”, porque, aunque estás con mucha gente, de repente se extraña estar en la casa. Al final me doy cuenta de que solo soy una mujer más, que nada es tan importante. Un momento de la canción dice como, “Igual todos nos vamos a morir”, y estoy en el proceso de aprender a quererme, como dice la canción. Creo que todos estamos un poco ahí. Hay unos que se quieren más, otros un poquito menos, pero nos cuesta vernos y realmente amarnos. Siento que nos enseñaron, de alguna manera, a mi generación a merecer las cosas, a tener que esforzarte mucho para que te quieran o quererte tú mismo y hacer algo importante, y estoy en esa búsqueda de quererme más porque ya me quiero. Hubo un momento en que no me quería nada, sobre todo en la adolescencia, pero ya me quiero bastante y me quiero querer más todavía porque quiero que mi hijo vea a una mujer que sabe amar y amarse también a ella misma.

Qué bonito escuchar eso. Igual es un trabajo en construcción y siento que es importante tener estos puntos de vista de que uno está siempre en constante aprendizaje.

Sí, todo el tiempo. Y me encanta porque claro, ahora te digo, yo ya me quiero. Justo hoy hablaba con una amiga de eso y hablaba también con el tema del peso, trastornos alimenticios y le decía, “Es una locura ver cómo pasé todos mis 20 pensando que era fea y gorda”, porque en los 2000 era cruel el mundo también con las mujeres. Una de mis películas favoritas es El diario de Bridget Jones y me acuerdo que en esa época se decía [de Renée Zellweger], “Es que es gorda”, y ahorita la veo y digo, “¡¿Qué?!”. Me tocó ese mundo. Entonces pienso que en ese tiempo no me quería y ahora me quiero mucho, pero siento que me puedo querer más, aceptar más también y no ser tan dura conmigo. Soy un ser humano.

Mon, ¿qué es lo que más has apreciado de toda esta era de Femme Fatale?

Con cero humildad, te diría que yo creo que son mis mejores composiciones hasta ahora [risas]. Espero que, si hago otro álbum en un futuro, poder decir lo mismo, que sea mi mejor disco y que vaya creciendo con los años. Pero me gusta mucho este disco. Me siento más tranquila en el tema de composición, siento que como escritora crecí mucho, encontré la mejor forma de contar mi historia y me encanta que podamos hablar de estos temas de las letras, de las canciones, que no había puesto antes como de la maternidad, de cómo me siento con la industria, no sé. Me deja eso para empezar: crecimiento como compositora.

Siento que he conectado mucho más con mi público y creo que tiene mucho que ver las letras de las canciones. También me la he pasado muy bien en el sentido del personaje Mon Laferte-Femme Fatale. He jugado con el personaje, con la peluca, con el brillo, ha sido muy rico también en eso, he podido colaborar con gente increíble. Siento que he crecido y que he conectado más con el público y con mi equipo de trabajo también. Creo que ha sido mucho crecimiento en general.

Me gusta que digas esto de “con cero humildad” porque no es no tener humildad, sino apreciar las cosas propias. Si yo luché por esto, tengo que sentirme orgullosa.

Sí. Espero que siempre sea así, que mi último trabajo siempre sea el mejor, porque me esforcé mucho para que fuera el mejor. Me pasé horas y horas buscando la palabra para contarte la historia. De hecho, todo empezó porque yo estaba viendo una entrevista de un maestro y poeta chileno que se llama Floridor Pérez, y decía, “Yo lo que más le enseño a mis alumnos de literatura es a borrar. No a escribir, a borrar”. Y me quedó dando vueltas y claro, es importante saber quitar. Creo que hice mucho eso en este disco.

The post P&R: Mon Laferte appeared first on Rolling Stone en Español.