No es un secreto que cada vez que Ryan Castro y Feid unen fuerzas, el resultado deja huella. A lo largo de sus carreras, las estrellas colombianas han lanzado dos colaboraciones oficiales que se han convertido en favoritos del público. Ahora, vuelven a encontrarse para demostrar por qué su química es una de las más celebradas del género. Su nuevo sencillo, ‘Mentira’, reúne la energía que caracteriza a ambos artistas con una producción envolvente y una narrativa vulnerable que refleja su evolución musical.
La canción explora la incertidumbre dentro de una relación marcada por la desconfianza, las dudas y las señales confusas que terminan poniendo a prueba el amor. Fieles a su esencia, Ryan Castro y Feid presentaron ‘Mentira’ de la manera más auténtica posible: junto a su gente. El pasado fin de semana regresaron a Colombia para sorprender a los habitantes de Pedregal, el barrio de Medellín donde Ryan creció, con un evento improvisado que transformó las calles en un punto de encuentro lleno de música, celebración y comunidad. Allí interpretaron algunos de sus mayores éxitos antes de revelar por primera vez ‘Mentira’, desatando la euforia de los asistentes y reafirmando el vínculo que mantienen con sus raíces.
Una vez más, Ryan Castro y Feid demostraron que no hace falta un escenario imponente ni una producción extravagante para crear un momento inolvidable. En plena calle y rodeados de su comunidad, ofrecieron una experiencia cercana y auténtica que permitió a los asistentes conectar con la esencia y la cultura que han marcado el camino de ambos artistas. El videoclip también deja una pista sobre el universo creativo del próximo álbum de Ryan Castro, del que ‘Mentira’ se convierte en el primer sencillo. Además, la canción también formará parte de El Club de las 19 Flores, el esperado próximo álbum de Feid.

Con ‘Mentira’, Ryan Castro y Feid vuelven a poner en evidencia la química y complicidad que han construido a lo largo de los años. Sus colaboraciones anteriores se han consolidado como referentes del movimiento urbano de Medellín: ‘Monastery’ marcó el inicio de esta alianza musical en 2021, mientras que ‘Ritmo de Medallo’ rindió homenaje al sonido, la identidad y la cultura de su ciudad natal en 2023. Ahora, ‘Mentira’ abre un nuevo capítulo en esa historia compartida, mostrando una faceta más enérgica, pero también más vulnerable, de su conexión artística. El sencillo no solo reafirma la fuerza de su química musical, sino que también refleja la evolución creativa y personal que ambos han experimentado desde su primer junte.
Ryan Castro atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera. El artista colombiano ha consolidado su proyección internacional con hitos como su reciente portada en ROLLING STONE en Español, además de una agenda marcada por giras internacionales y una presencia constante en las listas más relevantes de la industria musical. Hace unos meses presentó Omerta, su álbum colaborativo junto a J Balvin, un proyecto que confirmó la sólida conexión entre ambos y el respaldo de sus seguidores.
Feid, por su parte, continúa afianzándose como una de las figuras más influyentes de la música urbana actual. Su impacto trasciende fronteras, impulsado por una creciente proyección internacional que recientemente lo llevó a presentarse en The Tonight Show Starring Jimmy Fallon. A esto se suma una trayectoria de colaboraciones con artistas de talla mundial, entre ellos Madonna, y un catálogo de lanzamientos que se mantiene como protagonista en las principales listas y plataformas de la industria.
Por ahora, ya puedes escuchar ‘Mentira’ en todas las plataformas de streaming musical.
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El último proyecto discográfico de la cantante Rihanna fue en el lejano 2016. Hoy, 10 años después, su esposo, A$AP Rocky, confirmó durante una entrevista en The Jason Lee Show que la artista está trabajando en nueva música.
En la charla, publicada el pasado 5 de agosto, Rocky respondió a uno de los cuestionamientos más comunes dentro del fandom de la artista: ¿Es su relación la que razón por la que Rihanna no ha lanzado un nuevo LP? La respuesta del Estadounidense fue tajante: “Para nada”.
Posterior a eso, el reconocido rapero soltó la bomba: “ella está en el estudio ahora mismo. Sí, lo dije. Perdón, amor. O sea, está trabajando. Está cocinando, no estoy bromeando.”, rematando con un “maldición, me voy a meter en problemas por esto”.
A comienzos de ese año, Rihanna volvió a despertar las expectativas de sus seguidores sobre un posible regreso musical cuando compartió en TikTok un video de su rutina diaria en el que reveló que, después de grabar el contenido, tenía previsto ir al estudio antes de dedicarse a preparar un disfraz para uno de sus hijos.
Aunque en ningún momento confirmó que estuviera trabajando en un proyecto específico, la publicación fue suficiente para que sus fans, The Navy, comenzara a especular sobre la llegada del esperado R9.
Desde entonces no ha habido anuncios concretos sobre nueva música. El lanzamiento más reciente de la cantante sigue siendo ‘Friend of Mine’, canción que formó parte de la banda sonora de la película Pitufos (Smurfs) en 2025. Sin embargo, las imágenes de aquella sesión de grabación sumado a las últimas declaraciones de su marido continúan alimentando la esperanza de sus fanáticos, quienes siguen conectando las pistas a la espera de un nuevo proyecto discográfico.
A lo largo de estos años, Rihanna ha mantenido viva la expectativa de sus seguidores con apariciones puntuales, como su presencia en la Met Gala 2026 o su inesperada participación musical durante el concierto por el 30.º aniversario de Jay-Z en Nueva York. Sin embargo, su último álbum de estudio como solista sigue siendo ANTI, publicado en 2016 e impulsado por éxitos como ‘Work’ y ‘Consideration’.
Desde entonces, la artista ha centrado gran parte de su tiempo en sus proyectos empresariales, su vida personal y su etapa como madre. Aun así, cada nueva aparición en un estudio de grabación o cada comentario sobre su música vuelve a encender la esperanza de quienes siguen esperando su regreso discográfico.
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Las familias no siempre permanecen unidas por aquello que se dicen. Con frecuencia sobreviven gracias a una cuidadosa administración de silencios, verdades aplazadas y preguntas que nadie formula porque todos sospechan la respuesta. En algunos hogares se habla constantemente, pero la abundancia de palabras no garantiza la comunicación. Se discuten horarios, deudas, parejas, enfermedades y decisiones domésticas mientras aquello verdaderamente importante continúa circulando debajo de la mesa como un animal al que nadie se atreve a mirar.
Terapia familiar encuentra su punto de partida en esa paradoja. Victoria (Dominika Paleta) dirige un centro holístico en Bali, un espacio dedicado al bienestar y la transformación personal, pero no sabe cómo hablar con sus hijos adultos. Puede defender ideas sobre la plenitud y los nuevos comienzos, aunque le cuesta reconocer sus errores o anunciar una decisión que afectará a toda la familia.
Su centro está a punto de desaparecer y la única posibilidad de salvarlo consiste en vender la casa familiar. Victoria vuelve a la Ciudad de México con un objetivo aparentemente práctico, pero la propiedad no es únicamente un activo económico. Allí permanecen los recuerdos de sus hijos, las versiones contrapuestas del pasado y una forma de pertenencia que ella no puede liquidar como si se tratara de un mueble. Para conseguir el dinero necesita desprenderse de la casa; para desprenderse de ella debe explicar una historia que llevaba demasiado tiempo evitando.
El personaje de Victoria pertenece a un grupo todavía escaso dentro del cine mexicano y es el de mujeres mayores de cincuenta años cuya vida no ha terminado con la crianza ni depende exclusivamente de encontrar una pareja. Victoria continúa siendo madre, pero también es empresaria, migrante, amante y mujer con ambiciones que pueden entrar en conflicto con las necesidades de sus hijos. La película defiende su derecho a escoger sin sugerir que todas sus elecciones son necesariamente justas.
La llegada de David, su expareja y socio, termina de alterar el precario equilibrio. Interpretado por Rubén Zamora como una especie de seductor, oportunista y hombre amable, posee el encanto suficiente para convencer a Victoria de que todavía pueden salvar su proyecto, pero su aparición también confirma cuánto desconoce la familia sobre la vida que ella construyó lejos de México.
El título podría hacer pensar que la película se desarrollará principalmente dentro del consultorio de un terapeuta, pero la verdadera sesión ocurre en la casa. La directora Mariana González (Fractal) utiliza la comedia ligera para impedir que el conflicto se ahogue en solemnidad. La película comprende que los padres participan en la formación de las heridas de sus hijos, aunque estos, al llegar a la edad adulta, deben decidir qué harán con aquello que recibieron.
El cine ha celebrado durante décadas a mujeres que cancelan sus deseos para sostener a la familia. Cuando una madre decide marcharse, emprender un negocio o invertir el patrimonio en un proyecto propio, la narración suele exigirle una penitencia. González intenta escapar de esa lógica.
Los hijos Ana (Macarena Miguel), Emilio (Claudio Roca) y Fernanda (Karla Coronado) ayudan a construir la sensación de una familia con memoria compartida. Sus personajes no reaccionan ante la venta de la casa de manera uniforme porque tampoco perdieron a la misma madre. Cada hijo conoció una versión diferente de Victoria y convirtió esa experiencia en su propia explicación sobre el pasado.
En algunos momentos, sin embargo, el guion organiza demasiado cuidadosamente los conflictos. Ciertas discusiones parecen destinadas a cubrir cada tema anunciado y la estructura amenaza con convertir a los personajes en ejemplos de una lección emocional.
Aun así, González evita transformar la película en un manual de autoayuda. La comedia de 84 minutos interrumpe las conclusiones perfectas y recuerda que comprender un patrón no significa haberlo abandonado. Sin embargo, su brevedad también deja a algunos integrantes del conjunto con menos desarrollo del necesario.
La cinta no propone que el amor resuelva automáticamente los conflictos ni que una conversación consiga reparar décadas de omisiones. Su idea resulta más modesta y, por ello, más creíble. Antes de reconstruir una familia, sus integrantes deben renunciar a la versión de sí mismos que llevan años defendiendo ante los demás.
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Los dedos llenos de tinta. No, no había tocado “el pianito” en ninguna comisaría. Claudio Kleiman se había pasado muchas horas, abrochando manualmente buena parte de los diez mil ejemplares que conformaban la tirada de la primera edición de la revista Expreso Imaginario, la publicación que se volvería un símbolo del periodismo contracultural en la Argentina, y que llegó a los kioscos porteños el lunes 6 de agosto de 1976, hace exactamente 50 años. “El número uno se imprimió en un taller que se llamaba Paladino, en la calle Maturín del barrio de La Paternal. La tecnología que tenían daba para la impresión de las hojas y de la tapa (que era en papel satinado a color), pero no tenían para el abrochado. Durante todo un día, todos los integrantes del equipo del Expreso Imaginario nos reunimos ahí y abrochamos a mano los 10.000 ejemplares en que consistió la tirada de ese primer número”, evoca Kleiman, entonces periodista cachorro, y hoy una de las plumas más célebres de Rolling Stone y del periodismo musical latinoamericano.
Kleiman transmite la emoción al ver plasmadas algunas de sus primeras notas. “Había una a toda una página sobre un recital en el Luna Park bajo el título ‘11.000 personas, una fiesta’, y críticas de discos de Neil Young y Bob Dylan, que fueron elogiadas por Charly García. Es inolvidable. En medio de pasar las hojas y abrochar, abrochar, abrochar… Me tuve que ir un poco antes de que termináramos porque tenía que ir a atender la disquería que tenía con mi hermano en Flores. Recuerdo el clima de ensoñación cuando salí de ese taller con todas las manos entintadas, una experiencia que nunca voy a olvidar”.
El Expreso fue, para sus redactores, pero también para sus lectores, una experiencia que trascendía el periodismo. “Hacer el Expreso marcó un antes y un después en mi vida”, explic el benemérito Alfredo Rosso, otro de los cronistas cachorros, devenido (igual que Claudio Kleiman) en Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. “Fue allí donde me di cuenta, con el contacto diario con Jorge Pistocchi, Pipo Lernoud y los demás integrantes de la revista, dónde estaba mi verdadera vocación. Me di cuenta de que en el Expreso había gente que manifestaba la voluntad de vivir una vida sin que nadie le escribiera el libreto, independientemente de lo que pensaran sus padres, sus maestros o los gobernantes de turno”.
Rosso tan solo 20 años tenía. “Aacababa de salir de la ‘colimba’ —donde conocí a Kleiman— y el Expreso empezó dos meses después. Al mismo tiempo que empezaba a escribir en la revista, debutaba en radio con Fernando Basabru en el programa Viento a favor y empezaba a trabajar en el sello Music Hall editando discos internacionales. Al entrar al Expreso me incliné definitivamente hacia el periodismo, y aunque hice centro en el periodismo musical, siempre sentí que mis intereses iban mucho más lejos, como los de toda la gente que trabajaba en la revista y nuestros propios lectores”.
El mencionado Basabru fue otra de las grandes plumas del Expreso. Y fue quien advirtió a Claudio Kleiman sobre la existencia de un emergente (casi desconocido) grupo de la ciudad de La Plata, con el extrañísimo nombre de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Hacia la ciudad de las diagonales fueron Kleiman y Basabru, y volvieron fascinados. Kleiman ostenta el orgullo de haber sido el primer periodista en escribir sobre esa troupe de delirantes que terminarían transformándose en el fenómeno artístico, político y social más extraordinario de la historia argentina. Los Redondos le dedicaron a Basabru, que falleció a comienzos del nuevo milenio, el que sería su último disco de estudio, Momo Sampler. “Dedicado a Fernando Basabru que desfilo en el alegre séquito de Momo cuando era un ejército imparable”, puede leerse en el booklet del álbum editado a fines de 2000.
“La experiencia del Expreso la recuerdo como una experiencia de iniciación en todo sentido de la palabra”, reflexiona Kleiman. “Fueron mis inicios en el periodismo y fue una experiencia iniciática porque empezar con una publicación de esa magnitud y con gente tan grosa —los que están son mis amigos hasta hoy y los que no están fueron mis amigos también durante toda la vida— fue conmovedor. Por supuesto en lo profesional, pero especialmente en lo existencial. El Expreso me cambió la vida. Compartirlo con la gente que conformábamos aquel equipo inicial como Jorge Pistocchi, Pipo Lernoud, Alberto Ohanian que era el editor, el queridísimo “Negro” Fontova, Uberto Sagramoso, José Luis D’Amato, Fernando Basabru y Alfredo Rosso, que eran con los que hacíamos la parte de música... A través de la labor en el Expreso inicié amistades perdurables con León Gieco, Claudio Gabis, Gustavo Santaolalla y Charly García. Fue una experiencia esencial”.
Para entender la magnitud del Expreso, es imprescindible leer Estación Imposible. Expreso Imaginario y el periodismo contracultural, de Sebastián Benedetti y Martín E. Graziano.
“En esos días oscuros de la dictadura militar, el Expreso Imaginario fue una resistencia periodística y cultural indivisiblemente ligada a la búsqueda existencial de quienes lo hacíamos. Esa sensación de querer ser libre, de dejar atrás el temor reverencial a los dictámenes de las generaciones previas y todas esas ataduras. La cultura rock nos había dado una pista para salir de ese encierro, y trabajar en el Expreso compartiendo esa visión me afirmó en mi camino”, evoca Rosso. “En el correo de lectores se percibía claramente que la revista era un oasis en el desierto de la dictadura, que entre otras cosas perseguía a las formas de cultura que se podían apartar del modelo mesiánico que trataban de imponerle al país. La cultura rock y otras artes reflejadas en el Expreso —como el teatro alternativo, el cine alternativo, la plástica y la poesía— en una época en que prácticamente ninguna publicación de kiosco mostraba ese tipo de manifestaciones, hizo que mucha gente a lo largo y ancho del país se sintiera identificada”.
Los recuerdos de Rosso marcan el clima de aquellos años: “Cualquier expresión cultural entre 1976 y 1983 era también una expresión de resistencia. Hacer poesía, literatura, teatro, cine o música era una forma de oponerse a esa cerrazón que quería imponerse por la fuerza, a ese modelo castrense de la vida cotidiana. Lo resistíamos como podíamos: hablando con eufemismos y tratando de que la gente asociara las notas que escribíamos con un mundo diferente que existía y que era posible. Fue nuestro granito de arena para resistir a la prepotencia de la época”.
Kleiman concuerda: “Era un espacio de la cultura rock donde en esa época estábamos todos del mismo lado: los lectores, los artistas y los periodistas. El Expreso le dio un espacio de nucleamiento y de difusión que era muy necesario. En plena dictadura no había ningún otro medio y para la gente era importantísimo. Así como a los artistas algunos les dicen ‘esa canción me salvó la vida’, a nosotros también nos han dicho con el correr de los años muchos lectores que el Expreso consiguió salvarles la vida, porque los hizo sentir que no estaban aislados ni solos en sus casas, que no eran los únicos que se sentían de esa manera a contramano de todo el terror imperante. El hecho de que haya sido durante la dictadura hizo que nos aglutináramos todos los que estábamos del mismo lado: éramos claramente ‘nosotros contra ellos’. Cuando nos planteamos hacer la revista, antes de que saliera, queríamos que los músicos, los artistas y el público la sintieran como suya, y lo conseguimos. En otras revistas tenían una cuestión muy crítica, bajaban línea y a algunos artistas les hacían la vida imposible, mientras que en el Expreso, aun cuando nuestras críticas eran bastante afiladas, siempre los músicos lo sintieron como un espacio propio”.
Las notas más emblemáticas
Alfredo Rosso y Claudio Kleiman tienen un recuerdo especial de algunas de las notas que publicaron en esas páginas. Dice Rosso: “Entre las notas mías que recuerdo como hitos, primero quiero citar la nota de punk, porque fui uno de los primeros en la publicación que se interesó en ese proceso y en toda la transformación que esa música iba a traer. Hice una nota gigante hablando del movimiento punk en Inglaterra, de la génesis del movimiento en Nueva York y de todo lo que había sucedido con las principales bandas en ambos costados del Atlántico. Otra nota que quiero muchísimo es el reportaje a Luis Alberto Spinetta en la época de Kamikaze. Era un momento muy difícil porque estábamos en medio de la guerra de Malvinas. El ‘Flaco’ contestó muy emocionalmente acerca de cómo se había hecho el disco y aproveché para preguntarle por un álbum que siempre fue un misterio para mí y que él me aclaró con lujo de detalles: Spinettalandia y sus amigos (1971). Todas las reflexiones de Luis Alberto sobre su época, sobre ese momento de la historia del país y lo que se venía después fueron muy lúcidas. Me sentí muy contento de haber estado a cargo de esa nota”.
Kleiman, por su parte, también tiene un lugar especial para sus recuerdos. “Hay unas cuantas. Por ejemplo, una con Los Jaivas que se llamó ‘El planeta es un ser respetabilísimo’. La recuerdo como una nota muy importante por lo que significó para mí meterme en su mundo —un grupo que, aún a 50 años de esa experiencia, todavía se encuentra en actividad y son una especie de mito viviente en Chile—. De las notas tituladas ‘Se cuenta todo’, donde un artista recorría toda su vida, recuerdo especialmente las de León Gieco y Gustavo Santaolalla: notas muy extensas que implicaban varios días de convivencia con los entrevistados”. Y la lista sigue: “Después recuerdo la nota de Dylan del número 12, que fue la primera nota extensa recorriendo toda su carrera que se hizo sobre Bob Dylan en nuestro país. Recuerdo las dos notas a Charly García que fueron tapa: una con el Expreso en formato grande de primer año y la otra donde está con un cigarrillo en la era con Pettinato como director, que son notas muy citadas en los libros que se han escrito sobre Charly. Por supuesto, recuerdo ‘Es verdad que aunque usted no lo crea, entrevistamos a Patricio Rey’, que fue la primera nota que se hizo con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (además de dos reseñas de conciertos que había hecho previamente) y la única vez en la vida que Patricio Rey dio una nota”.
Aunque estaba centrada en la Cultura Rock, el universo musical iba de Astor Piazzolla y Atahualpa Yupanqui a Rubén Rada, los hermanos Fattoruso, Egberto Gismonti y Hermeto Pascoal.
“Éramos conscientes de que estábamos haciendo una cosa muy importante, que no había sido hecha antes y que, en el contexto en que lo estábamos haciendo —la Argentina en plena dictadura cívico-militar—, redoblaba su importancia. Le poníamos alma y vida a la publicación, dejábamos todo lo que teníamos. Hacíamos el esfuerzo por hacer las mejores notas que pudiéramos y no teníamos calendario: si había que quedarse tres días sin dormir haciendo una nota o porque se venía un cierre, lo hacíamos. Algunos cierres eran experiencias realmente heroicas por el esfuerzo que involucraban”, evoca Kleiman. “Distinto es verlo con el diario del lunes. Nadie podía ser consciente de lo más lindo a lo que uno puede aspirar: que esto perdure en el tiempo, que la gente se acuerde, que les haya transformado la vida y que a 50 años todavía te la sigan mencionando. Sigue siendo significativa no solo para nuestros contemporáneos que compraban la revista o la leían, sino también para sucesivas generaciones a las que les fueron llegando los ecos del Expreso Imaginario y que reconocen esa patriada”.
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Del jueves 6 al domingo 9 de agosto, de 14 a 21 hs, en C Art Media (Av. Corrientes 6271) la Feria de Editores (FED) celebra su 15° edición con entrada gratuita (reservas acá) y un despliegue que reúne a más de 330 editoriales de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y España.
Durante cuatro jornadas, los pasillos proponen un desfile en el que conviven sellos de culto como Godot, Sigilo, Caja Negra, Gourmet Musical y Chai, junto a apuestas artesanales y de nicho como Firpo casa editora y Astronauta Ruso.
La grilla de actividades propone incluye una entrevista pública a Mauricio Kartún sobre los procesos creativos; debates sobre gentrificación, la correspondencia de Walter Benjamin o las formas de la crónica contemporánea. Entre las visitas internacionales sobresalen la escritora Socorro Venegas, la cantautora Julieta Venegas, la francesa Violaine Bérot y las autoras uruguayas Tamara Silva Bernaschimna y Erika Paula Curbelo. El cierre estará a cargo de Camila Perochena con Editar el pasado para gobernar el presente, una lección sobre cómo la historia se reescribe en caliente.
En un momento decisivo, la FED fija postura y se une al repudio del sector ante el intento de derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. Esta norma, ejemplo en Latinoamérica e inspirada en mercados como Francia, Alemania y España, protege el precio único del libro y sostiene un ecosistema diverso de librerías de barrio frente a la concentración. La consigna de la comunidad es rotunda: la ley se puede debatir y mejorar, pero jamás derogar de manera unilateral.
Además, el sábado 8, desde las 23:50 hs, el Teatro Vorterix (Av. Federico Lacroze 3455) será la sede del gran baile de la edición independiente. La pista conjuga el groove imbatible de Villa Diamante, la impronta de DJ La Malibú y el viaje por el rock, pop y tango a cargo de Sandwich Piano Bar. Las entradas ya están a la venta en AllAccess. Un ritual imperdible para brindar por las lecturas y la resistencia en papel.
Como es costumbre, Rolling Stone recomienda una serie de libros para rastrear en esta edición de la FED y apoyar a las editoriales independientes.
Invenciones sobre Babasónicos
Sebastián Cháves (Editor) – Gourmet Musical
Cada disco, cada show, cada videoclip, cada entrevista de Babasónicos se aparece como un manifiesto tan elástico que lo protege de convertirse en bajada de línea y permite así que la fantasía haga lo suyo. En ese limbo entre idea e imaginación se mueve este libro. Doce textos, doce escritores, que ponen el goce del pensamiento y la interpretación a jugar con una obra que ha logrado, como pocas, fundir erotismo e intelectualidad, para que nada sea pura pulsión ni pura reflexión.
Tamara Tenenbaum escribe sobre el erotismo en Babasónicos. Pablo Schanton sobre teoría y práctica del rock. Leo Oyola un cuento-poema. José Bellas reconstruye los comienzos. Julieta Habif analiza las palabras. Pablo Plotkin la relación con la ciudad. Gabriel Orqueda la portada de Miami. Luis Paz los shows en vivo. Juan Barberis la producción audiovisual. Olivia Pranteda el lado cósmico. Andrea Guzmán el de la independencia. Sebastián Chaves los límites de la canción.
Prohibido ingresar con cámara
Gabriel Patrono – Editorial Caracú (Disponible en el stand de Alto Pogo)
Gabriel Patrono, fundador y referente del colectivo La Nave de los Sueños, presenta su nuevo libro de crónicas, que incluye un centenar de fotos inéditas que retratan la cultura rock de Buenos Aires de los años 80 y 90. Prohibido ingresar con cámara, debut de la editorial Caracú, se presenta en una edición artesanal de 144 páginas, con las tapas estampadas en serigrafía directo sobre el cartón, los interiores a color, cosida y encuadernada a mano. Una tirada de 100 ejemplares numerados, cada una con un poster único.
El libro propone un paseo en clave adolescente con la llegada de la democracia como punto de partida, el colegio secundario y el rock argentino como telón de fondo, las primeras fotos a los fervorosos escenarios musicales, aventuras con amigos y la música en primer plano. Un libro singular desde su concepción, narrado con fascinación por la música y las imágenes, sabor adolescente, espíritu de fan y emoción rockera.
Aunque parezca increíble, en esos años estaba prohibido sacar fotos o llevar un grabador a los conciertos de rock. Hay pocos registros de espectadores de esas noches geniales de música y comunión. Un par de chicos lanzados a la aventura entendían el valor del momento y con la irreverencia de la edad se las ingeniaban para esquivar el impedimento y meterse con una camarita escondida en la campera, disfrutar de momentos de gloria y sacar algunas fotos para dejar un registro propio de esas noches llenas de emociones y espíritu de aventura. De eso se trata este libro indispensable.
5 estrellas. Amor y odio y crítica de música
Martín E. Graziano – Firpo casa editora
Escrita en el lapso de un año y medio, esta serie de ensayos y tiros por elevación abre una discusión, la lleva en distintas direcciones y, a su manera, la cierra. ¿Por qué la crítica de música dio un paso al costado? ¿Vale ofenderse o es de blandito? La posición política de un artista, ¿modifica la forma en que lo escuchamos? ¿Qué es una canción con ideas? Simultánea y acaloradamente, Cinco Estrellas es un elogio y una descalificación de este oficio en vías de extinción. Si alguien tiene algo para decir -propone el autor- que lo diga dos veces.
Palabras que ya no existen
Inés Ulanovsky – Paripé Books
El nuevo libro de la autora de Las fotos (2026, Blatt & Ríos) está conformado por imágenes propias y encontradas –muchas de ellas diapositivas tomadas entre las décadas del 60 y del 80- que, en un giro poético del destino, vio caer un domingo de marzo de 2023 desde la ventana de su casa, en un quinto piso.
“La gente tira sus recuerdos y yo me autoimpuse una misión absurda: registrarlos antes de que pase el camión de la basura. Intuyo que hice la misma operación con mis recuerdos. Los rescaté para no olvidarme, los escribí para que ‘mi siglo XX’ quede en alguna parte. Este libro es un inventario incompleto de imágenes y palabras que están a punto de desaparecer”, señala la fotógrafa y docente Inés Ulanovsky en las primeras páginas de Palabras que ya no existen.
Cospel, guía Filcar, estampilla, videoclub, Nuevediario, Enciclopedia Salvat, Argentina Televisora Color, fax, máquina de escribir Olivetti, casete, cabina telefónica, Peugeot 404… por este libro híbrido desfilan los nombres y las imágenes de muchas cosas que ya no forman parte de la vida cotidiana de los argentinos, las del mundo en el que nació la autora. “Ya no existe ninguna posibilidad de que me toque un boleto capicúa, sentarme en el último asiento del colectivo, mirarlo y pensar que tuve suerte”, escribe. Pero si aún es posible nombrar muchas de estas cosas y pasar las páginas de este libro, ¿será que, de algún modo y en algún lado, aún existen?
La estrella y la memoria
Eduardo Berti – Híbrida Editora
En un pueblo de la Patagonia hay decenas de personas convencidas de haber visto al mejor futbolista de la historia argentina. Eliseo Alegre, un vecino callado con un talento innato para el fútbol, que no quiso la fama ni irse de su pueblo, que jugaba al fútbol porque se lo pedían los demás y que terminó convertido en leyenda.
Eduardo Berti construye en La estrella y la memoria una novela a medio camino entre la ficción, la crónica y el documental oral. La voz del narrador se corre y deja lugar a otras voces: vecinos, excompañeros, rivales y familiares, gente que todavía discute si Alegre fue un genio o un invento colectivo.
Una novela coral de la que emerge una reflexión sobre el talento, la voluntad, la relación entre el deseo y la destreza, y la forma en que los pueblos fabrican a sus héroes. ¿Qué hacemos con un don descomunal cuando no le interesa a su dueño? ¿Qué pasa con los talentos que sus propios portadores no reclaman?
Por qué escuchamos a Iggy Pop
Vera Land – Gourmet Musical

Al pensar en Iggy Pop un puñado de canciones llegan a nuestra mente de forma inmediata. El clamor de una cadencia profunda a través del tiempo. Una misma melodía de voz llena de variantes que conforman un mensaje unido en el viento que atraviesa la contingencia. Iggy no solamente canta, no solamente es un letrista. Nos habla, nos susurra al oído, nos grita en la cara, nos aúlla desde una caverna atemporal, nos narra desde cierta distancia, nos explica sin bajar línea, aunque no comprendamos el idioma, aunque no estemos familiarizados con los códigos de su barrio, de su ciudad. Canta muy bien, pero no solo eso es lo importante, nos envuelve con entonaciones sinuosas, sugerentes, amenazadoras, el aura de su voz nos toca de forma especial, es una convocatoria, una llamada, como el campanario de una iglesia que se ve desde todos los lugares del pueblo. Un pueblo que es el nuestro y que no tiene un territorio delimitado. Una iglesia de una religión sin nombre, pero que es la nuestra, de ciudades fundadas sin batallas de militares a caballo, con medallas tatuadas en la piel, con himnos que encierran la épica de la lucha desigual. Iggy es esa voz en el viento que nos llama en un idioma que no es el inglés. Es el idioma de nuestra caterva. Las palabras son importantes, pero la llamada trasciende las fronteras del significado de los versos.
Cómo arruinar el rock nacional
Ale Sergi – Firpo casa editora
“Yo no sé tocar bien ningún instrumento. Pero puedo programar una banda completa y que quede bien”, dice Ale Sergi. De grabar demos de trash metal en el Oeste a llenar estadios; de romper las estructuras del rock nacional a tocar en la tele de la tarde sin prejuicios. Este fanzine es un recorrido por la cabeza del cantante de Miranda!: un artista que entendió antes que nadie que el pop no es una cuestión de egos, sino de saber, libertad y autogestión total. Dice Javiera Pérez Salerno (@labicivoladora) en el prólogo: “La sola existencia de Miranda! parecía afirmar que si no había un afuera del capitalismo, si no íbamos a poder cambiar el sistema, entonces la única alternativa era rarearlo todo. Así se metió en el corazón de la cultura comercial para hacerla estallar desde adentro”. Un manual involuntario sobre cómo hacer música con una compu en un monoambiente, cómo adueñarse del concepto, provocar, arruinar lo sagrado y, sobre todo, ponerse al servicio del espectáculo.
Estéticas liminales. Vaporwave, Backrooms, weirdcore o cómo la cultura de internet está enrareciendo la realidad
Valeria Tanni – Caja Negra
“Internet es una forma de vida extraterrestre”, declaró David Bowie en 1999: hoy su afirmación está más vigente que nunca. El aumento exponencial de contenido online y de su consiguiente capacidad para afectar nuestra vida se corresponde con la necesidad urgente de encontrar conceptos que nos ayuden a comprender este novedoso paisaje alienígena. Y qué mejor para esta tarea que utilizar conceptos nativos de la propia web, surgidos de manera confusa y colectiva en cuentas de Tumblr, comentarios de YouTube o hilos de Reddit. La historiadora y curadora italiana Valentina Tanni se entrega con minuciosidad arqueológica a esta labor, asumiendo que internet es al mismo tiempo máquina de producción de realidad y aparato de autointerpretación.
Cenizas
Vera Land – Hormigas Negras
“Escribo poemas desde los doce años”, cuenta Vera Land. “La mayoría se han perdido en mudanzas o quedaron dentro de computadoras muertas. Como el destino de mis poemas suele ser el naufragio, apuro este libro antes de que corran la misma suerte que los anteriores”.
Un fragmento de “Verano”, uno de sus poemas:
Lanzas metálicas de hormigas negras
tinta húmeda, tinta roja, alma y sangre
la metrópoli y los otros,miradas que tropiezan
certezas fugaces en el puente nocturno
inmensos telones dorados, presencias exóticas
humo, ruido, siluetas sigilosas
hojas estampadas de letras indescifrables
recortes de secuencias, frases inconclusas
trancos ácidos, en la huida suave
por andenes mal alumbrados
retumbando en la amnesia del día después
la armonía del azar, cartas del porvenir
signos en el vapor de los cristales
memorias en la brisa, escombros en el tiempo.
Obras quemadas
Juan Álvarez Tolosa – Paripé Books
Dice Sofía de la Vega: “Como a vista de pájaro sobre el Río de la Plata, Obras quemadas nos despliega un territorio, con su memoria y sus derivas. Hay, por supuesto, un inicio desde el mar: el Vizconde Lascano Tegui, un escritor maldito de comienzo de siglo, pierde la mayor parte de sus escritos durante un incendio en su camarote de vuelta a Los Ángeles. Este hecho, casi excusa, se convertirá en el principal afluente que abre los misterios y aventuras de los hombres y mujeres que vivieron surcando este río. En paralelo, Juan Álvarez Tolosa nos deja pistas de su propia vida mientras de forma compulsiva acumula los rastros del Vizconde. Así se construye una novela doble, o ¿múltiple?, que se quema entre nuestras manos. Los ríos propios, ajenos, antiguos y ficcionales se cruzan para crear este libro fascinante que se pregunta sobre las posibilidades de invención de la Nación”. Juan Alvarez Tolosa es economista, periodista y editor de la revista Los Años 20. Oriundo de Villa Sarmiento, Morón, Buenos Aires. Obras quemadas, su primer libro, es un ensayo híbrido sobra la vida y obra del poeta maldito argentino Vizconde de Lascano Tegui.
Patear el suicidio hacia adelante
Walter Lezcano con ilustraciones de Pedro Dalton – Piloto de Tormenta
Parte de la colección Rima y prosa del sello, este libro es un recorrido poético por el cuerpo, el deseo, los sueños y las batallas cotidianas de la mente. Walter Lezcano es poeta, narrador y docente de literatura, nacido en Goya, Corrientes. El trazo visual del uruguayo Pedro Dalton acompaña y tensiona el texto sin ilustrarlo literalmente.
Historia de la música beat en la Argentina (1964-1970)
Julián Delgado – Gourmet Musical
Durante mucho tiempo, la historia del rock argentino fue contada como la epopeya de unos pocos nombres ilustres y de un puñado de discos convertidos en mito. Pero antes de que existiera un canon consolidado, antes de que La balsa fuera elevada a la categoría de himno fundacional, hubo una trama mucho más amplia, heterogénea y contradictoria: la de la música beat.
Entre 1964 y 1970, cientos de bandas juveniles, fanáticos, periodistas, productores, sellos discográficos, clubes, revistas, instrumentos eléctricos y nuevas tecnologías de grabación transformaron para siempre el modo de hacer, escuchar y pensar la música en la Argentina. Inspirada por los Beatles y la invasión británica, la juventud de aquellos años no solo incorporó nuevos sonidos, peinados y formas de vestir: también impulsó una profunda modernización cultural, atravesada por tensiones entre arte y comercio, autenticidad y mercado, rebeldía y consumo, cosmopolitismo y nacionalismo.
Este libro reconstruye ese universo y propone una nueva mirada acerca de la conformación del rock y el pop en la Argentina explorando la red de actores, prácticas e ideas que hizo posible el surgimiento de una sensibilidad musical inédita. Desde El Club del Clan hasta Almendra, desde Los Shakers y Los Gatos hasta los grupos anónimos hoy poco recordados, muestra cómo y por qué la música beat fue un capítulo decisivo de la historia cultural argentina.
Por qué escuchamos a Serge Gainsbourg
Gustavo Álvarez Núñez – Gourmet Musical

Serge Gainsbourg atravesó gran parte de la segunda parte del siglo XX inscribiendo su nombre como una leyenda de la canción francesa. Provocador. Misógino. Visionario. Crooner maldito. Borracho. Fumador. Bardero mediático. Misántropo. Tímido. Fanático de los pedos. Racista. Onomatopéyico eterno. El hombre más feo del mundo colaborando con las mujeres más bellas del mundo: Jane Birkin, Juliette Grèco, Brigitte Bardot, Isabelle Adjani y Vanesa Paradis, entre las más mentadas. En su obituario, el entonces presidente francés François Mitterrand dijo: “Fue nuestro Apollinaire, nuestro Baudelaire, elevó la canción a la categoría de arte”. A lo largo de casi cuatro décadas, el multifacético artista francés construyó una obra tan sugestiva y cuantiosa musicalmente como atrevida y aventurada literariamente hablando; una obra tan rica como descabellada, tan accesible como inalcanzable, tan jugosa como jugada. Gainsbourg fue un genio posmoderno adelantado a su tiempo.
El tao de la canción
Pablo Dacal – Híbrida Editora
¿De qué está hecha una canción? Con la lucidez del ensayista, el oído del músico y el asombro del trovador, Pablo Dacal recorre siglos de canto: de los goliardos medievales a los juglares rioplatenses, de la zapada a la grabación y del fuego tribal al algoritmo. Este libro es un viaje por los caminos de la música y la palabra, por los oficios del canto y sus metamorfosis; un mapa apasionado de la canción como forma de conocimiento, aventura y revelación. Dacal nos recuerda que toda canción, antes que sonido o letra, es un modo de estar vivos.
Notas musicales de un periodista cultural. Entrevistas 1967-2025
Carlos Ulanovsky – Gourmet Musical
Carlos Ulanovsky es periodista desde su más tierna adolescencia y oyente de música en la radio desde que tenía cinco años. Es escritor y Notas musicales es su libro número veintiocho. En su ya extensa trayectoria tuvo la oportunidad y el privilegio de entrevistar a músicos, directores, compositores, intérpretes, cantantes (varios de ellos extranjeros, reporteados en sus países), críticos musicales, periodistas especializados, productores, disc jockeys. Este es el registro de esos encuentros, realizados para distintos medios gráficos y digitales y que abarcan un período que va de 1967 al 2025. La mayor parte de ellos estuvieron generados por la curiosidad, por el interés de reflejar un aspecto fundamental de la cultura popular formadora de su propia educación sentimental y, por qué no, por la admiración y por el afecto personal. Al decir del autor, estas charlas, miradas y observaciones no solo hablan de los músicos y la música que escuchó, conoció y entrevistó sino que son el singular rescate del músico que podría haber sido y que no fue. El listado de entrevistados es ecléctico y apabullante: Facundo Cabral, Alberto Favero, Leonardo Favio, Horacio Fontova, Charly García, León Gieco, Víctor Heredia, Kevin Johansen, Libertad Lamarque, Les Luthiers, Leo Maslíah, Horacio Molina, Fito Páez, Dámaso Pérez Prado, Astor Piazzolla, Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, Caetano Veloso, María Elena Walsh y Alfredo Zitarrosa, entre otros.
Los Corrosivos (1984-1989). Los 5 años que cambiaron la historia (La nuestra al menos)
Fellini (Walter Temporelli) – Piloto de Tormenta
En Los Corrosivos: 1984-1989: Los 5 años que cambiaron la historia (la nuestra al menos), Fellini nos sumerge en el mundo de una banda con premisas indiscutibles: todo debía sonar siniestro y marchoso (…) nadie podía tocar “solos” ni de batería, ni de bajo y mucho menos de guitarra (…) antes que digitar, mejor acoplar (…) no tocar lo que el público espera (…) el mejor aplauso es el silencio abrumador después de terminar cada tema… Y aunque esta muestra de sentencias parezca algo dogmática fueron, en realidad, las reglas con las que Los Corrosivos cambiaron una forma de experimentar y vivir la música, la suya al menos.
Esta banda creada por Fellini y puñado de amigos en algún lugar de la zona sur bonaerense a mediados ochenta, precisamente, puso su imaginación al servicio de la corrosión de lo impuesto, diluyendo en lo performático lo metálico y áspero de la historia individual y social que les tocó vivir. Y la mención del sur no es azarosa porque Los Corrosivos no es solo uno de los grupos pioneros del punk (y no tan punk) argentino, sino también una de las bandas sureñas que “armaron la zona” y le dieron ese espíritu que todavía hoy conserva.
Los Corrosivos 1984-1989 es un relato atrapante que nace de una subjetividad pero que al párrafo se vuelve colectivo, barrial, nacional, mundial. Y decimos mundial porque en sus páginas se entremezclan ciudades europeas, fanzines nacionales e internacionales extintos, pueblos perdidos de la Patagonia, manifiestos punkvanguardistas, películas de culto, el muro de Berlín, la pos dictadura, espacios existenciales conurbánicos y una Buenos Aires sepultada por los nuevos edificios derrumbándose… eso y muchos espacios más que seguramente los lectores descubrirán solos.
Como si fuera una cinta de Moebius, Fellini encausa en la zona, en el sur, a su banda en un proceso químico narrativo que le saca el óxido a una etapa de nuestra cultura y que, quizás, nos gusta pensar, cambió el mundo… al menos el de ellos.
Bestias Brutas
Polaco Scalerandi – Tren en Movimiento
Reconocido ilustrador, historietista y pintor, Damián “Polaco” Scalerandi (se formó en la Escuela Prilidiano Pueyrredón (IUNA), y publicó en medios como Fierro, Barcelona, Mongolia, Billiken y Crisis, además de dirigir la revista Lule Le Lele. Sobre su nuevo libro, dice Enrique Alcatena: “Como todos los que recorran las páginas de esta obra, también uno no podrá evitar maravillarse ante la maestría técnica del artista. La destreza pictórica, el cuidado por el detalle (jamás gratuito, siempre relevante), la maestría compositiva, son cualidades que no son inéditas para los que seguimos la obra del autor desde hace tiempo. Lo que hace a este libro no solo un despliegue de virtuosismo artístico sino algo emocionante y perturbador, es la visión del Polaco. Visión encarnada en la atroz majestad de sus brutales esperpentos, que conviven, en sobrecogedora familiaridad, con escenarios suburbanos; lo cotidiano y lo pesadillesco en un mismo espacio mágico. Pero no termina ahí la alquimia: los textos que acompañan el desfile de monstruos complementan, sin altisonancias, con la claridad de un cronista crítico, añaden profundidad y perspectiva al momento histórico que nos ha tocado transitar. Imposible no pensar en otros creadores de fantasmagorías que reflejaron su época en el espejo oscuro de su inspiración, como Brueghel el Viejo o Goya. El Polaco está en esa liga”.
Re-Sisters. Vidas y archivos de Delia Derbyshire, Margery Kempe y Cosey Fanni Tutti
Cosey Fanni Tutti – Caja Negra
Este libro es mucho más que un ensayo biográfico: es un montaje íntimo que descubre la profunda afinidad entre mujeres que nunca se conocieron pero que, sin embargo, compartieron una misma voluntad de insubordinación y trascendencia. Cuando a Cosey Fanni Tutti –figura fundamental de la música electrónica británica– le encargaron la banda sonora de un documental sobre otra pionera musical, Delia Derbyshire, comenzó a explorar sus archivos con tal intensidad que el proyecto derivó en una búsqueda personal. En paralelo, descubrió en una librería las memorias de una mística cristiana del siglo XV, Margery Kempe: una obra considerada como la primera autobiografía en idioma inglés.
Con una narración híbrida y envolvente, Re-Sisters entrelaza las vidas de Derbyshire, Kempe y Tutti para expandir los vínculos entre creación, deseo, espiritualidad y libertad. A pesar de los siglos que las separan, las tres enfrentaron formas similares de exclusión y encarnan maneras singulares de sostener una vocación frente a la resistencia del entorno. Derbyshire revolucionó la música electrónica desde el Radiophonic Workshop de la BBC, pero durante años su aporte quedó invisibilizado; Kempe, peregrina y visionaria, desafió los límites impuestos a las mujeres en la Inglaterra medieval y padeció la crueldad y el desprecio; y la propia Cosey sufrió diferentes formas de abuso como parte de la banda industrial Throbbing Gristle, a la vez que fue cuestionada durante décadas por incursiononar en el terreno de la pornografía como parte de su obra performática.
Cosey Fanni Tutti convierte la investigación y la escritura en un gesto de filiación y rescate. Avanzando por asociaciones e intuiciones antes que por cronologías rígidas, Re-Sisters revela cómo la historia cultural suele dejar en los márgenes a quienes desafían lo establecido y traza un mapa de la experiencia y de la complicidad feminista a lo largo de seis siglos.
Estamos desesperados, Dios del underground
Martín Servelli – Piloto de Tormenta
Publicada de manera independiente y con ediciones agotadas hace más de una década, el lector podrá encontrar en un único tomo la novela indie-rock Estamos desesperados (2011) y los relatos de míticos recitales en la ciudad de Buenos Aires a finales de la década del noventa e inicios del siglo XXI en Dios del under (2013).
La música es un misterio que acompaña al hombre desde sus orígenes y traduce su impulso vital: el del ritmo de nuestro corazón. ¿Será por eso que el sonido de los tambores nos atrae como un llamado primigenio, y las rondas de pogo en los recitales son idénticas a una danza tribal? Encuentros, desencuentros, vida cotidiana, sexo, drogas, tribus urbanas, conurbano, libros, disquerías, recitales y música indie como permanente sonido de fondo conforman este combo: dos obras elementales para entender el sentir de una generación —la X— antes del tsunami homogeneizador de las redes sociales como campo de desempeño, donde se priorizaba la creatividad y autenticidad de sus participantes.
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Foo Fighters confirmó su regreso a la Argentina. La banda encabezada por Dave Grohl se presentará el 25 de febrero de 2027 en el Estadio River Plate, en el marco de la gira mundial Take Cover Tour, que acompaña la salida de su más reciente álbum, Your Favorite Toy. El concierto tendrá como artistas locales invitados a Usted Señalemelo y Pacifica.
Será la quinta visita del grupo al país. Su debut fue en el Quilmes Rock de 2012, seguido por los shows en el Estadio Único de La Plata (2015), Vélez (2018) y su última presentación en 2022, cuando cerró la edición de Lollapalooza Argentina.
Las entradas tendrán una preventa exclusiva para clientes Macro Visa desde el martes 11 de agosto a las 10, mientras que la venta general comenzará el miércoles 12 de agosto, también a las 10. Los tickets se venderán exclusivamente a través de All Access.
El show forma parte del Take Cover Tour, una gira que comenzó en enero de 2026 en México y que se extenderá hasta 2027 con fechas en América, Europa, Oceanía y Sudamérica. En este recorrido, Foo Fighters alterna un segmento eléctrico con otro acústico e incorpora canciones poco habituales en su repertorio, además de algunos covers.
Durante esta etapa, la banda publicó Your Favorite Toy, su duodécimo álbum de estudio y el primero grabado con Ilan Rubin como baterista. El disco, editado en abril de este año, llegó tres años después de But Here We Are (2023), el trabajo con el que el grupo inició una nueva etapa tras la muerte de Taylor Hawkins en 2022.
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¡Luces! ¡Cámaras! ¡Glitter! ¡Fucsia! Un fucsia atronador y galáctico explota desde la pantalla de led enorme del Estudio C, en la planta central de El Trece. Afuera, Constitución soporta un frío siberiano, una misteriosa Buenos Aires que se congela. Pero adentro de esta caja de zapatos catódica el invierno es un concepto abstracto. Los cables reptan por el piso como culebras de goma y el cartel de “Aire” es un faro bizarro. En el centro de este palacio romano de paneles naranjas, cortinas opacas y pisos grises –tan lustrados que devuelven el reflejo de las cámaras como un espejo distorsionado– se planta ella. La bestia pop. Moria Casán no camina la televisión: la coloniza.
Va ataviada con un ambo de sastrería a rayas celestes y blancas. Un homenaje textil e insumiso a la Selección Argentina, que un par de días antes sufrió hasta el último suspiro para ganarle 3 a 2 a Cabo Verde en el Mundial. Las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, los tacos aguja kilométricos clavados en el centro del set, uñas pintadas de un rojo shocking que parece sangre fresca y ese flequillo geométrico que Galo –su asistente a sol y sombra, un tipo de amabilidad extrema que madruga con ella desde las seis de la mañana en Parque Leloir– le acomoda obsesivamente entre corte y corte.
A su alrededor orbitan siete panelistas en estado de trance matutino. El gran mantra del programa es un juego ecuménico: “Estamos en La mañana con…”, arranca ella; “… ¡Moria!”, responden a coro los satélites de la mesa. El tema del día es el barro espeso del escándalo judicial del exintendente Martín Insaurralde y la modelo Jésica Cirio, con sus verdosos millones de dólares en estricto negro flotando en un yate por el Mediterráneo. Mientras los panelistas se trenzan en un griterío que califica la causa judicial de “circo”, Moria, impasible, juega con una réplica en miniatura de sí misma –una muñequita de tela que descansa pegadita a su taza de té– y lanza un dardo venenoso con su lengua karateca: “¿Tiene tobillera la acusada?”. En la pantalla partida, la movilera Mercedes Ninci grita un “¡No, no, no, no!” desaforado desde los pasillos de Tribunales, desarmando la hipótesis del arresto domiciliario.
El delirio de la grilla no se detiene. Moria pasa sin respirar de la corrupción política al chivo comercial, bendiciendo marcas con la misma mística con la que habitaba las tablas del teatro de revista. Tira la publicidad de jarabe para la tos, salta a unos sahumerios espirituales y remata con un impermeabilizante de goma para tapar goteras en los techos. El surrealismo sigue cuando suena la música de una joyería que promete pagar hasta 420 mil pesos el gramo de oro, “el mejor precio internacional”, justo antes de que la conductora mude el cuerpo hacia un mostrador psicodélico forrado de azulejos multicolores. Junto a la cocinera del programa, arranca el “ritual de las bananas”. Suena de fondo el clásico ochentoso de Los Pericos, mientras Moria manipula frutas y budines de chocolate. “Exageran la culpa”, decreta sobre la neurosis argentina de la dieta.

Poco antes de que den las once, la cortina musical baja y la farsa diaria se interrumpe. El decorado, finalmente, se calla la boca. Los siete panelistas se dispersan como fantasmas, los técnicos arrastran las cámaras y el estudio queda hundido en una tregua silenciosa, rota solo por el parpadeo de los monitores que se apagan. Pero Moria no se mueve. Se queda sentada en el mismo lugar de la batalla, frente a la mesa del set, estirando las piernas. Pide un vasito de Coca-Cola. Entonces recibe a Rolling Stone en un tête-à-tête sin cámaras, donde la diva se saca la máscara de la televisión y se pone los anteojos de observadora absoluta. El próximo 14 de agosto –apenas dos días antes de que la Casán sople 80 velitas de vida–, Netflix estrenará a nivel mundial Moria, la serie de ocho capítulos donde su hija Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth jugarán a ser sus avatares en distintos momentos de su vida. Pero en esta mesa vacía, mientras el gas de la gaseosa burbujea en el frío de Constitución, queda claro que la ficción siempre corre atrás.
Moria Casán no corrió jamás detrás de nadie para contar su vida. La industria fue la que siempre tuvo que esperar a que decidiera abrir las puertas de su historia. En el primer capítulo de la producción de About Entertainment, la diva aparece en la pantalla consagrada como una titiritera mística, la encargada exclusiva de mover los hilos de su propia mitología. “Es muy fuerte”, suelta frente a la mesa desierta del estudio. Agrega que la noche anterior, en un aquelarre íntimo y analógico, se había encerrado con Sofía y unos amigos a ver los primeros tres capítulos de la biopic. Ver a su propia hija interpretarla en la pantalla es la paradoja definitiva: la titiritera original sentada en la penumbra, observando cómo otros dedos intentan mover a sus fantasmas.
“Es una cosa diferente. Todo muy loco. Qué bueno que la haya podido hacer mi hija. Está brutal. Y cuando hace el amor con Castiglione [NdR: Mario, exesposo de Moria y padre de Sofía], y queda embarazada de ella… Qué fuerte nuestra vida. ‘Qué bueno que nos haya tocado esto’, le decía ayer a Sofía. Porque somos elegidas. ¿Viste que es muy conmovedor? Todo, todo. La serie es dura, es romántica y tiene poesía. Y también tiene humor. Mucho humor. No tiene careteo hétero. Es muy, muy queer, es muy, muy gay. Es muy… Es muy verdad”.
¿Qué pasa cuando se te acerca una productora a ofrecerte contar tu vida en una serie, cuando es una historia que el público ya devoró mil veces?
Esto ya me lo venían ofreciendo hace como dos años y yo decía: “De ninguna manera quiero hacer una serie sobre mi vida”. No quería porque me conocen tanto y lo he dicho tanto. Siempre digo que mi vida fue un set; un estudio televisivo ha sido el gran living de mi casa, porque yo conté mi historia primero a la gráfica, a los periodistas de todo el país, pero también después en la televisión. Ya me habían ofrecido antes hacer una película. Y como venían todos los días como atrasados, no atrasados, no sé, no podían llegar a mí, de alguna manera estaba frenado. Entonces, o el cine o la serie… y me quedo con la serie, porque pensé que podía extender más en capítulos un poco lo que era mi vida ya conocida.
Me contaron que tuviste mucho ida y vuelta con el director y guionista Javier Van de Couter. ¿Participaste del guion?
Sí que participé. Primero estuve hablando días y días enteros, contándole cosas de mi vida. Cosas que la gente de pronto sabe un poco, pero no sabe tanto. Los hechos inusuales como entrar al teatro después de salir de la facultad, sin pensar; eso ya solamente da para una película. Cómo una chica va a entrar así al teatro de revista…Todavía no me lo creo yo. Una piba que estudiaba… ¡Imaginate vos! Iba a ser abogada…

Esa metamorfosis brutal a finales de los años sesenta, el salto sin red desde las aulas de la Facultad de Derecho de la UBA al conchero y las plumas, le dan cuerpo a un tratado de sociología pop. El filósofo Jacques Derrida definía al “monstruo” como esa fuerza mutante que no se puede encasillar porque rompe las normas, asustando y fascinando en dosis parejas. “Monstruo” tiene raíces en el latín monere, que significa “advertir” o “avisar”: en la antigüedad se creía que estas criaturas eran advertencias divinas que venían a anunciar una grieta en el orden de las cosas. Moria es la mostra definitiva de la cultura argentina: inabarcable para el cursus biográfico tradicional. Desarmar su origen exige romper la cronología y saltar a una noche de 1968, al escenario del Teatro El Nacional, donde Ana María Casanova quemó los códigos civiles, se calzó un traje de Chaplin y debutó en la revista de Carlos A. Petit. El mito nacía rompiendo la ley.
De alguna manera el teatro de revista te salvó de ser una gris abogada.
No, no, no. Me salvó mi padre. Y mi madre. Él era militar, músico de la banda del Colegio Militar, y teníamos abono en el Colón. Era un melómano perdido, estábamos todo el tiempo escuchando música. Yo nací en el Hospital Militar Central, en Las Cañitas. Pero de ahí nos fuimos a la provincia, a José Ingenieros, la casa de mis padres en San Roque 283. Fui al principio un poco a las monjas cerca de casa, en un kinder, pero después toda la primaria la hice en la Escuela N° 12 de la calle Cortina, en Devoto. Y el secundario lo hice en el Liceo 12 de Caballito, en José María Moreno y Formosa. Así que toda mi vida estuve afuera del barrio, en Capital. Salíamos todo el tiempo: al Colón, a todos lados.
El mito de la piba de barrio que de golpe se sube a las puntas sin haber tomado una sola clase de danza. En un club de Ciudadela, ¿no?
En el club Unión Argentina de Ciudadela. Yo estudiaba piano: teoría, solfeo y armonía; y mi papá no quería que estudiara baile, pero mi madre y mi tía me llevaban escondidas. Ahí me gané mi primer segundo premio. Yo no estudiaba danza, pero me hacían el famoso tutú de tul y, al no saber bailar, me inventaba los pasos mirando ballet en la tele. Escuchaba el Danubio azul y me inventaba coreografías frente al espejo. Un día voy al club y se le rompe el disco a mi mamá. Entonces una amiga, Susana Fabián, que creo que todavía vive enfrente de la casa de mi tía, me presta el suyo. Y ahí viene mi primera astucia: cómo me planto y cómo me elevo. No quería media punta, le pedí: “Dame las zapatillas de punta”. Ella, que sí iba a aprender baile, me las prestó. Mi madre y mi tía se fueron a la confitería del club para no ver cómo me caía, porque no me podían frenar. Y no solamente no me caí, sino que hice todo el tiempo en punta. Cada tanto daba una vuelta para saludar porque no sabía cuándo terminaba el tema, porque no era el mío. Era como si estuviera titiriteada por el universo mágico. Ahí me empecé a elevar y dije: “Acá hay algo”. Sentí que me resignificaba. ¿Eso qué hace? Que me gane una copa. Con ese premio mi papá me empezó a mandar a danza y a partir del año siguiente me gané el primero siempre. Pero mirá cómo empiezo: una gran seguridad en lo que yo decretaba, mis eventos los producía yo. Ahí aprendí metafísica. Eso es metafísica pura.

a mí misma” (Neflix/ Machado Cicala).
Hay una formación muy autogestiva en esa trastienda, casi garajera. Pensando en términos más de rock, es la misma ética de las bandas que arman su propia historia desde abajo antes de llegar a primera.
¡Las bandas de garaje! ¿Sabés cuándo empecé a dar clases de danza yo? De muy chica, en el garaje de mi casa para ganarme mis primeros morlacos. ¡Yo soy rockstar, rockstar soy yo! [Moria suelta una carcajada seca, un rayo que no cesa y sacude la quietud del estudio]. Era muy fanática de la música también, me compraba discos. Los de Giorgio Moroder, toda esa primera electrónica, eurodisco. No me gustaba nada en español, nada, nada. Música italiana, porque amo a Mina, pero no pusimos temas de ella en la serie, y me gusta el cine de Sorrentino. Paolo Sorrentino, el de La grande bellezza, es uno de mis directores predilectos.
La serie tiene por momentos esa estética muy de Sorrentino: una mezcla hermosa de exceso, brillo y decadencia.
Es muy Sorrentino, claro. Yo amo a Paolo Sorrentino. ¿Viste Parthenope? Me fui al cine a las dos de la tarde cuando se estrenó, éramos tres. Extraordinaria. Soy fan de él a un nivel que no te explico.
La serie arranca a finales de los sesenta, en plena dictadura de Onganía. Elegís un quiebre absoluto: rompés con la facultad y te ponés un nombre que tu madre te quiso dar, pero el registro civil de la época no la dejó.
Elijo Moria Casanova. Después, la gente del teatro me lo cortó a Casán porque en los programas horizontales el apellido entero no entraba. Moria Elizabeth era el nombre que mi vieja me quiso poner al nacer y no la dejaron los pacatos de ese momento; la obligaron a ponerme Ana María. ¡Pero mirá lo que es el destino! Yo no sabía que Moria es el nombre del monte bíblico más sagrado de Jerusalén. Cuando estuve allá lo entendí: mi nombre ya estaba marcado por el universo. Por eso el comienzo de la serie es tal cual: bajé las escaleras de la facultad, fui al teatro y debuté ese mismo día. Es absolutamente así.
Ese debut tiene una mística muy cinematográfica. Diste mal un examen de Economía Política, miraste el reloj de la biblioteca y saliste corriendo.
¡Total! Un amigo de la facultad era conocido de Petit. El domingo anterior habíamos ido a ver la revista Cuando la abuelita no era hippie, con Zulma Faiad, Adolfo Stray y gran elenco. Petit me vio en un palco y me dijo: “Qué hermosa mujer, usted está ideal para el teatro, muy mona, se nos va una vedette. La espero el martes a las 19 horas”. El lunes me agarró la marea del “iré, no iré”. El martes di el examen mal, me quedé estudiando en la biblioteca y a las seis y media de la tarde encaré sola. Me crucé Figueroa Alcorta, divina, me tomé un taxi y llegué a El Nacional. Petit me dijo: “Empieza mal porque llega tarde, vaya a cambiarse”. Yo no tenía nada. Una chica me prestó una malla. Arrancaba vestida de Carlitos Chaplin. Me tuve que ir a comprar volando una maquinita de afeitar para depilarme la pussy porque no estaba preparada. El único ardor que tuve por el debut. Salí a escena vestida de Chaplin con bombín y galera, y me cambié tres veces arriba del escenario. Pasé del traje de Chaplin a la bikini y las plumas, mujer-hombre. Ahí empezó mi vida.
Me dijiste recién: “Encaré sola”. Esa independencia radical para tirarte de cabeza a la aventura, de self-made woman, es la clave de toda tu construcción.
¡Siempre sola! No quería a nadie que me sacara un milímetro de determinación. Cualquiera que te acompañe, si no tiene tu mismo registro de rapidez mental, te distrae; y esa era mi energía focalizada para lo que a mí me interesaba. Yo sabía que esa aventura era mi vida. Debuté y no paré más. Al poco tiempo pasé a la televisión con [Juan] Verdaguer e hice en este canal un desnudo total, en bolas, en pleno gobierno militar. Era un momento supercareta y cerrado, pero al mismo tiempo de vanguardia. Santiago Bal me tenía agarrada, me soltaba la falda y yo quedaba desnuda de espalda frente a la cámara. Mirá lo que hacíamos. Después hablaban de la censura, pero nosotros nos desnudábamos igual en la cara de los milicos. Una cosa rarísima.
A una semana del encuentro con Moria, Buenos Aires sigue sitiada por la escarcha. Del otro lado de la pantalla de Meet, aparece Javier Van de Couter. El director atiende con los ojos cansados, pero con la lucidez intacta para desarmar el juguete rabioso que tuvo entre manos.
“Cuando Mercedes Reincke y Erika Halvorsen me trajeron la propuesta, lo primero que sentí fue abrumación –confiesa Javier sobre la génesis del proyecto–. ¿Cómo abordás en una ficción a un ícono popular de este tamaño? Mi primera decisión fue ir a buscarla. Viajé a Mar del Plata con un equipo mínimo; ella estaba haciendo Brujas y paraba en el Hermitage. La filmé caminando por esos escalones medio palaciegos y me tiró un chiste: ‘Javier, nunca me filmaron de tan lejos’. En esas charlas empecé a deducir una lógica ‘casanesca’, una filosofía Casán para ver el mundo. Eso me ayudó a desarmar la cronología lineal. La serie no es una biopic que arranca con la infancia; la infancia aparece recién pasada la mitad, cuando es necesaria para explicar sus secretos, su dolor y su humor. Estructuré la serie no por fechas, sino por estados de un personaje cuántico”.
Para Van de Couter, el verosímil de la historia no se apoyó en el maquillaje o la caracterización, sino en un ejercicio de aproximación emocional a cargo de una trinidad arriesgada: Sofía Gala, Griselda Siciliani y Cecilia Roth. “Trabajamos la energía que une a las tres actrices. Siento que las tres están adoptadas por nuestra comunidad, vibran en una sintonía queer que es la misma de Moria. Esa margenialidad, que ella dice. Moria es un ícono de nuestra comunidad porque fuimos a misa con Moria. Nos dio herramientas y discursos cuando nadie más lo hacía: defendiendo a las trabajadoras sexuales, el matrimonio igualitario o la identidad de género, mucho antes de que existieran las leyes”.

Cuando llegó el momento del veredicto, el rito de pasaje consistió en encerrarse en una sala de cine a maratonear los ocho capítulos de la serie, codo a codo con la titiritera original: “Fue una experiencia que no me voy a olvidar en la vida. Verla de principio a fin al lado de ella. Por momentos se mataba de risa de su propia audacia y, por otros, se emocionaba muchísimo con el terreno vincular, con esa historia de madre e hija que es el corazón de la serie. Moria es de un profesionalismo prusiano: si le decís a las ocho, a las ocho menos cinco está ahí lista para laburar. Al final, nos miró conmovida y nos dio la bendición”.
Javier cierra la entrevista con una definición que dialoga con los marcos teóricos de la vanguardia: “Con Moria y las actrices decíamos que la serie muestra cómo se construye una mostra. Una suerte de Queen Kong de la cultura argentina. Hay un libro hermoso de Charlie Fox, Este joven monstruo, que habla justamente de eso: el monstruo como el ser que viene a romper el orden establecido para avisarnos algo. Eso es ella”.
En la bio-serie de Moria, la historia política del país no se escribe en los despachos oficiales ni en las marchas de Plaza de Mayo: se filtra de forma lateral, desobediente, por los ojos de las cerraduras de los camarines teatrales y de la tele. La política de los cuerpos en las trincheras de la noche, sobre el escenario y con la piel como documento de identidad.
En esa reconstrucción de los años setenta –con una Sofía Gala que conmueve al encarnar a esa primera Moria fundacional, la Ana María Casanova que mutaba en la vedette que desafiaba a los hombres que la explotaban y a los censores de la dictadura a fuerza de plumas, descaro y laburo sin respiro–, la coyuntura histórica no entra de manera panfletaria. Tampoco lo hace al retratar la tórrida primavera democrática del alfonsinismo, o el sube y baja de la década infame de pizza, champán y cocaína del menemato. Griselda Siciliani brilla al capturar a la Casán de los 90: esa fiera televisiva que inventó los tribunales mediáticos y la patria chimentera acostando a la fauna del poder y el show en A la cama con Moria, mientras en paralelo rompía todas las taquillas teatrales con Brujas, cerrando definitivamente su era de plumas para graduarse de actriz total. Todo ese derrotero, incluida la supervivencia post boom y crac de 2001, hasta llegar a las galas del escándalo y el cotillón del Bailando por un sueño de Marcelo Tinelli durante el primer kirchnerismo, es el retrato de una bohemia que, mientras el país se desangraba y ensayaba sus peores dramas, Moria plantaba una bandera de disidencia lúdica, transformando el destape y la camaradería en un refugio de resistencia. Para La One, dinamitar el orden conservador o sobrevivir a los naufragios argentinos nunca dependió de una afiliación partidaria: le alcanzó con plantarse como el Obelisco con tetas de la cultura popular y masiva.
En la serie, la política se mueve un poco por los bordes, pero tus cruces con la noche de la contracultura y las disidencias sexuales muestran una faceta muy política desde el cuerpo.
Siempre con la margenialidad, porque yo sentía que eran los descartados. ¿Qué es esa falta de compasión y de respeto? Las minorías en este país, olvidadas y sin derechos, son maravillosas, son sensibles y geniales. Mis “putis amigos”, los máximos de mi vida; ellos han sido mi familia. En los setenta, a mis bailarines los tenía que ir a sacar todas las noches de la comisaría, mi amor. Yo nunca dramaticé porque tengo un gran humor, pero la desdramatización de la vida la hice a través del colectivo. El teatro de revista es lo más grande que hay. Y siempre estuve con la vanguardia. En los ochenta, el artista plástico Edgardo Giménez me hizo un body painting espectacular. También me iba a ver Federico Peralta Ramos, que era familia y me bautizó “La Mucha”. En la noche yo era la mina más marginal dentro del medio comercial. En teatro hice Las tres viejas de [Alejandro] Jodorowsky; Una visita inoportuna de Copi, que hacía de enfermera mambeada, en el Konex; también Julio César de Shakespeare, dragqueeneada.
En este ecosistema del espectáculo donde el cuerpo lo es todo, hablás mucho de “superar el físico”. ¿Sentís que para vos la edad directamente no existe?
No existe. Pero existe porque tengo el calendario y voy a cumplir 80 años dentro de un mes, pero es lo único que yo no elegí, entonces no lo tengo. Estoy espléndida, con salud, nunca falté al teatro por enfermedad; en 60 años de carrera nadie me conoció enferma. En cambio, hubo muchas mujeres en la revista que no pudieron superar su físico. Pobrecitas, se quedaron desgastadas, muy dolidas. El físico tiene un límite y no pudieron crecer porque se entregaron a cosas que las voltearon. No pudieron superar su juventud, la vida las pudo.
En ese ambiente donde tantas compañeras se quedaron en el camino, ¿cómo fue tu relación con las drogas? Tuviste siempre un vínculo cero careta.
Algo social y nada más. Yo no me permito humillar ante la droga. Jamás llamé a un dealer, jamás lo necesité. Si yo necesitara de algo externo para sentirme bien, me sentiría profundamente humillada. Yo necesito de mí misma. Para conectar conmigo, puedo tomar una copita de champagne y la dejo; un pasecito, y lo dejo; me fumo un cañito, y lo dejo. Pero nunca me quedo atrapada. He recorrido un largo camino, baby, de eso se trata la vida.

Naciste en el 46, el año en que asumió el primer peronismo, y tu infancia transcurrió en esa Argentina de masas. ¿De ahí viene esa conexión indestructible con lo popular y tu mística cinéfila?
Yo no te podría decir ahora que soy peronista, tengo peronistas y radicales en la familia, aunque Galmarini [Fernando, su actual pareja, exsecretario de Deportes del gobierno de Menem] siempre me dice: “Vos tenés el gen peroncho por cómo sos con la gente”. Mi infancia fue muy feliz y me hice cinéfila porque en esa época nos veíamos 20 películas semanales. Los martes íbamos al cine de barrio a ver tres continuadas; los viernes en el centro mi padre nos esperaba frente al Obelisco y veíamos comedias americanas o a Chaplin en Candilejas, también Ben Hur y Sansón y Dalila. El sábado, de vuelta. Ahí me devoraba el cine nacional de la época: Tita Merello, Lolita Torres, Niní Marshall, Laura Hidalgo. Esas mujeres hermosas y esas historias formaron mis ojos.
¿Leés mucho, Moria?
Sí, muchísimo. Pero ahora estoy muy metida con la Kabbalah. Me lleva un tiempo enorme y no puedo leer otra cosa. Leo sobre cienciología, leo de todo, pero los sábados a la mañana me los reservo para estudiar física cuántica. Dos horas clavadas, me siento y estudio. Sigo a un rabino maravilloso por internet, tomo clases presenciales y virtuales, pero el estudio del Zohar –el Libro del Esplendor– te exige una dedicación absoluta. Son tres tomos de 500 páginas cada uno, escritos en arameo y en español. Hay que meterse ahí.
Es un laberinto complejo, te tiene que limar la cabeza…
A mí la Kabbalah me dio las herramientas para confirmar que yo ya era cabalística desde que nací. Toda mi autogestión, el decretar las cosas y hacer que existan en mi vida, viene de ahí. En mi universo no hay pérdida; cuando pensás que algo se pierde, en realidad hay una sublimación constante de todo lo vivido. Es maravilloso. Cuando empecé con [el programa] Incorrectas en América, la gente de la comunidad de Kabbalah se me acercó, me dijeron que tenía todas las características de una líder y me regalaron el Zohar. Mi vida no la podría haber guionado otra persona: es pura magia, estoy titiriteada por el universo.
Te traigo al presente: hace unas semanas estuviste en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en pleno corazón del conflicto estudiantil, con los pibes resistiendo el desfinanciamiento del Gobierno a la educación pública. Te recibieron chicos de 14 o 15 años que conocen todas tus frases de memoria y te usan como bandera en las tomas. ¿Qué te pasó ahí adentro?
Claro, me invitó la nieta de Jorge Marrale, que es mi coequiper en la obra de teatro que hago en el Metropolitan: Cuestión de género, una comedia francesa sobre la vida de una trans. Entonces fui y me metieron en el salón máximo: estaba reventado de chicos con banderas, pancartas con mis dixit y gritando. Mi nieta Helenita, que ya tiene 17 años, va al Pellegrini. Ese día se me vinieron encima los chicos a decirme: “Moria, te amamos”. Yo venía de trabajar, entré y me gritaban “Moria, Moria” como locos. Agarré el micrófono y les dije: “Hola, chicos, recién vengo de trabajar, encantada de saludarlos. Pero antes que nada quiero que sepan una cosa: se los quiere mucho”. Se quedaron mudos. Nunca vi nada igual. Me dio una ternura que me emocioné. Los pibes mudos, no hablaron más.
Es muy fuerte que los chicos se queden mudos cuando alguien les dice simplemente que se los quiere. Es que nadie les dice eso. El mundo les pide cosas todo el tiempo. Yo no les pido nada.
Moria lleva unos aros dorados y asimétricos: de un lado se lee QUIÉNES, del otro, SON. Obra de Dolce & Gabbana, traídos desde Milán por un amigo de la Casán. La alta costura y la lengua karateca se abrazan.
Esa capacidad para adornar el habla popular y transformarla en un accesorio de lujo –o caja de herramientas de uso cotidiano– convierte a Moria en algo más que una máquina de tirar títulos para los portales de chimentos. William Burroughs decía que el lenguaje es un virus que infecta y coloniza los cerebros de los huéspedes; La One opera como un vector de contagio en la cultura argentina. Su lengua karateca no es solo velocidad mental; es una fábrica de cut-ups pop que destrozan la sintaxis y se meten en el inconsciente colectivo.
“¿Quiénes son?”, dicen tus aros. Es casi literatura interactiva. Vos creaste un idioma pop total. ¿Sos consciente?
Totalmente. Eso me lo puso la prensa al principio, pero la realidad es que creé un lenguaje propio por pura impronta y repentización. Aunque, si te soy sincera, siempre lo tuve adentro. Por eso digo que mis primeros psicólogos fueron los cronistas de la gráfica en los setenta, y después los televisivos, porque frente a ellos descargaba todo lo que me pasaba por la cabeza. Hoy estoy en una etapa de mi vida donde esas frases ya son como una Biblia para la gente. Una Biblia pop.
En la serie hay una escena tremenda del pasado donde aparecés charlando con Susana Giménez sobre qué quieren para el futuro. Ella te dice: “Yo, millonaria”. Y vos, clavándole la mirada, le respondés: “Yo quiero ser inmortal”. Con este diccionario popular que inventaste, esa eternidad ya es un hecho.
Es como una forma de trascendencia. El lenguaje me hace eterna. Fijate que hoy todo el mundo usa mis frases: “Si querés llorar, llorá”, “el decorado se calla la boca”. Las usan los chicos en las escuelas y los políticos en el Congreso. Ya no me pertenecen, son de la gente. Soy una bestia pop que les regaló un idioma.
Pensando en esa capacidad tuya para colonizar lenguajes, la serie viaja a un episodio rupturista que encarna Cecilia Roth: tu paso por la cárcel en Paraguay. Es realismo mágico cuando cantan “My Way” en guaraní.
¿Viste qué lindo ese capítulo? Sí, sí, sí. Un capítulo más en mi vida. No era una cárcel para mí, era un monasterio. Yo la pasé tan bien ahí porque me lavaban el pelo, me hacían masajitos las chicas… Había como una juguetería, porque había mamás que tenían que maternar a sus hijos. Fueron nueve días. Obviamente que no lo esperaba, pero la pasé bien porque, como no había hecho nada, nunca en mi vida me victimicé, ni lloré, ni me sentí triste, lo juro por mis nietos y mi hija.

La seña de Galo desde las sombras del estudio rompe el hechizo. El tiempo se agota. La diva debe descansar; mañana le espera una sesión de fotos y una maratón interminable de entrevistas rumbo al gran estreno.
Ese linaje psicomágico que se arma en la serie, con Sofía encarnándote, conecta con el presente. Ella lidera Fea, su banda post-punk, y al principio de la serie vos decís que eras punk. Es una continuidad de tu historia.
Sin dudas. Igual, ella es más rock, más música. Sofía es una melómana perdida, de las que se van a Londres a comprar vinilos y se queda en casa de amigos, hasta trabajó en una disquería del centro y le pagaban con discos. Yo amo Fea, la fui a ver a la casa de Fito [Páez] cuando se presentaron y me mató. Amo que ella necesite mandar toda esa creatividad a la garganta. Ella ama a Lou Reed, a John Lydon, a Lennon, a todos los actores americanos. Sofía es una intelectual gloriosa. ¿Y sabés qué? Yo soy otra intelectual. Somos intelectuales en otro packaging.
Intelectuales de la calle…
¡Calle, cordón, vereda, patio de adelante y patio de atrás! Por eso, cuando John Lydon, el padre del punk, vino con PIL y teloneó Fea, murió por ellos y los agasajó diciendo que era la mejor banda. Ayer terminaron de grabar su primer disco, en el estudio de Leroy, el hijo de Sergio Rotman. La serie la vi con ellos, llorando y riendo. Un Italpark. Yo ya era punk antes de entrar al teatro de revista. Soy la primera punk.
Y la última. Moria se despide con un guiño de pestañas y enfila hacia el camarín. God save the queen.
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“Una de las primeras cosas que conocí fue el amor de la muerte”. Así de filosa es la primera frase que se escucha en el tráiler oficial de Fito Páez: el mundo cabe en una canción, el documental producido por Netflix en Argentina que se estrena el 3 de septiembre en todo el mundo. A través de un relato íntimo y en primera persona, el film, dirigido por Matías Gueilburt, muestra al artistas rosarino revisitando los momentos más significativos de su vida y su carrera – con una honestidad y una cercanía descomunal.
La película tiene su punto de partida en el accidente que no sólo obligó a Fito a interrumpir parte de su gira en 2024, sino que lo enfrentó al límite del dolor físico y emocional. Desde ese momento de pausa forzada, el músico vuelve sobre los vínculos más significativos de su vida, sus éxitos, sus caídas y una reinvención que lleva más de cuatro décadas -y elige, desde un lugar más vulnerable y reflexivo, abrirse como nunca antes lo había hecho.

En el tráiler se puede observar, enmarcada en su living, la portada del bookazine que Rolling Stone le dedicó al artista rosarino en 2022.

Con material de archivo inédito, registros en vivo y conversaciones íntimas, Fito Páez: el mundo cabe en una canción ofrece una mirada cercana y sin filtros sobre uno de los artistas más importantes de la música en español. La dirección es clave: Matías Gueilburt -amigo personal de Fito y realizador de El vendedor de ilusiones: El caso Generación Zoe, Los ladrones: el robo del siglo y Vilas: Serás lo que debas ser o no serás nada-, cuyo vínculo con el músico hcae posible el nivel de acceso e intimidad que recorre toda la película.
Es un año especialmente prolífico para la familia Gueilburt. Nicolás, hermano de Matías, que colaboró como guionista en Los ladrones: La verdadera historia del robo del siglo y en películas emblemáticas del Nuevo Cine Argentino como El Bonaerense y Los Paranoicos acaba de lanzar su primera novela. Un soldado siempre está solo (Ediciones B) es un atrapante policial negro, de indudable pulso cinematográfico. La trama sigue a Ciro Burgos, un excombatiente de la Guerra de Malvinas y árbitro de fútbol en el ocaso de su carrera, quien, tras quedar envuelto en un escándalo mediático (las cámaras de televisión lo captan cantando una canción de la hinchada de uno de los equipos del partido que está dirigiendo), se ve forzado a dirigir una final de un campeonato regional y termina atrapado en una peligrosa red de apuestas ilegales y mafias locales encabezadas por un exoficial. A través de una atmósfera asfixiante, la obra combina la tensión del género con una mirada profunda sobre la soledad, el trauma de la guerra y la lealtad.
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Melanie “Mel C” Chisholm had a surprisingly sporty attitude about two of her Spice Girls bandmates’ actions at her recent wedding to husband Chris Dingwall in England on July 18. Speaking to Sydney, Australia radio station KIIS 1065, Chisholm said, “It was amazing. It was perfect. My feet haven’t touched the ground, really, because we had a beautiful weekend with all our families and friends.”
But she also finally responded to the one question so many had about the elaborate nuptials at the Country House Cumbria in the Lake District: why wasn’t Victoria “Posh Spice” Beckham there? After all, fellow Spice Girls Melanie “Mel C” Brown, Geri “Ginger Spice” Halliwell-Horner and Emma “Baby Spice” Bunton were all on hand.
“So Victoria was very disappointed to not be there. She was with David in New York and it was the football final, the World Cup,” Melanie C said of the Beckham’s attendance at the 2026 FIFA World Cup third-place game that same day, where England defeated France 6-4. “She tried to get out of it. She isn’t the biggest football fan, she won’t mind me telling you, but the family were there and [husband] David [Beckham] had commitments being an ambassador for FIFA.”
It was all good, though, as fashion icon Beckham was there in spirit thanks to the “dream dress” she offered to make for the bride, an ivory slip dress with hand-stitched floral lace appliqués; Beckham also provided the “something borrowed” by lending Chisholm a dress for the couple’s earlier legal ceremony in the groom’s native Australia.
“I was actually having dinner with Melanie and asked her what she was up to,” Beckham told British Vogue last month. “She very casually told me she was leaving for Australia in two days and getting married! When I asked what she was wearing, she mentioned she had actually ordered one of my dresses but that it didn’t quite fit, and she didn’t have time to get it altered before leaving. I happened to have that exact dress in my own wardrobe and offered to lend it to her.”
Chisholm, 52, told the KIIS crew that though Beckham couldn’t be there, she checked in all day long. “Of course she made my gorgeous dress, and she was messaging me on the day. And I actually saw her when I was in Ibiza,” Chisholm said of her post-wedding DJing gig on the popular Mediterranean party island. “So we had a little catch up. So yeah, we were giving her updates and sending her pictures.”
She also responded to a question about Halliwell-Horner seemingly stealing her thunder by also wearing white at the wedding. “I did have a little chat with Geri because it is her favorite color,” Chisholm said, noting that Halliwell-Horner wears white “every day … But she had a beautiful floral dress on, and it was white. But I did have a little giggle with her about that.”
And, for the record, Chisholm did not play one Spice Girls song at the wedding. “There were several Spice Girls songs, come on now!” she laughed.
Chisholm released her ninth studio album, Sweat, in May.
Manchester’s Beyond The Music conference and festival has announced the first round of speakers for its upcoming 2026 event (Oct. 7 – 9). Taking place at the MediaCity UK complex in Salford, Greater Manchester, the conference brings together an array of U.K.-based and international industry figures for panels, keynotes, workshops and more.
The first round of speakers includes executives from a variety of sectors with Stacey Tang (co-president of RCA Records U.K.) one of the leading names set to appear. Tang led the organizing committee for the 2026 BRIT Awards, and was instrumental in the decision to move the ceremony outside of London for the first time, which was held at Manchester’s Co-op Live in March.
Bev Craig, who succeeded Andy Burnham in the role of Mayor of Greater Manchester, will also appear at the event; in July, Burnham assumed the role of U.K. prime minister.
Yungblud’s longtime manager Tommas Arnby will also speak at the event, as well as Dr. Jo Twist (CEO, BPI), Tom Gray (Chair, The Ivors Academy), Dan Lambert (Manager, Kneecap), Sophie Jones (CEO, Royal Television Society) and artists Tom A Smith, The Anchoress, Nina Nesbitt and more. See the full list of speakers at the event here.
The conference will also feature an All Content AI summit convened by Burnham, who played an integral role in establishing the Beyond The Music conference while in the role of Greater Manchester’s mayor. The first seats for the summit are available to reserve here.
The festival and conference was first established in 2023 with a number of key organizations such as the BPI, Factory International, Co-op Live and Manchester City Council operating as founding members.
(@casassaylorenzo)