Hay algo casi improbable en el origen de Folie à Deux: Across the Meridian. Durante años, dos fotógrafos trabajaron en lugares distintos, con generaciones y escenas diferentes, utilizando la misma cámara —una Polaroid Big Shot de 1971— para retratar a personajes fundamentales de la cultura contemporánea. Nunca se conocieron mientras construían sus respectivos archivos. Sin embargo, sus caminos terminaron cruzándose en Costa Rica y ahora sus fotografías llegan juntas a Monterrey.
La exposición, presentada por Colector y L4UD, reúne por primera vez ambos universos del 18 de agosto al 3 de octubre de 2026. Se trata, además, de la primera muestra dedicada enteramente a la fotografía en la historia de Colector. El proyecto reúne cientos de retratos originales, concebidos como piezas únicas, y propone mirar la fotografía instantánea no solamente como registro de una celebridad, sino como un archivo cultural vivo.
La historia detrás de la muestra comenzó, en parte, desde la relación de Ángela Tamez con la industria musical. Desde hace aproximadamente seis años, Tamez trabaja en dirección creativa y diseño dentro de la escena musical y comenzó a encontrarse repetidamente con el trabajo de Your Favorite Internet Friend. Sus fotografías aparecían en los mismos circuitos en los que ella trabajaba: artistas de Colombia, Venezuela, Puerto Rico y otros lugares de Latinoamérica que comenzaban a ocupar un lugar cada vez más importante dentro de la conversación global sobre música urbana.
“Casualmente este chico ya fotografiaba mucho a personajes específicos con los que yo ya trabajaba”, cuenta Tamez en la conversación. “Empecé a tener mucha alineación y mucha relación con gente de Colombia, de Venezuela y de allá”.
Entre esos nombres estaban Young Miko, Álvaro Díaz y otros artistas de una generación que estaba transformando la escena urbana latinoamericana. El archivo de Your Favorite Internet Friend terminaría incluyendo también a Yandel, Daddy Yankee, Latin Mafia, NSQK, Elena Rose, Girl Ultra, Jesse Baez, Ozuna y Manuel Turizo, entre otros.
Del otro lado estaba Phillip Leeds, cuyo archivo se había construido durante décadas alrededor de la escena del hip-hop, la moda, el diseño y el arte. Su cámara había estado frente a figuras como Pharrell Williams, Snoop Dogg, Jay-Z, Mac Miller, Virgil Abloh, Naomi Campbell, A$AP Rocky, Tyler, the Creator, David Byrne y Takashi Murakami.
El encuentro entre ambos fotógrafos abrió una posibilidad que Colector y L4UD llevaban más de un año imaginando: llevar la fotografía y la industria musical al centro de un mismo proyecto curatorial.
“Queríamos hacer algo que jamás habíamos logrado, que era integrar en nuestro proyecto curatorial la fotografía y la industria musical”, explica el equipo detrás de la exposición.
Para Flores, la conexión entre ambos mundos no es tan distante como podría parecer. Una exposición, explica, puede seguir dinámicas similares a las de un lanzamiento musical: existe un artista, un equipo creativo, una narrativa, un público y, alrededor de todo ello, distintas formas de encuentro.
“Una exposición, una exhibición de un artista llega a ser como un release de un artista de música”, plantea. La galería puede convertirse en una especie de escenario; el encuentro con coleccionistas tiene algo del meet & greet; las publicaciones y el merchandising forman parte de un ecosistema que permite que el arte salga del espacio tradicional de exhibición.
Esa idea resulta central para entender Folie à Deux. La muestra no pretende simplemente colgar fotografías de personajes conocidos en una pared. Busca presentar los retratos como fragmentos de una historia cultural más amplia.

Una cámara que obliga al momento
La Polaroid Big Shot ocupa un lugar fundamental en esa historia. Producida durante un breve periodo entre 1971 y 1973, la cámara fue utilizada por Andy Warhol como una suerte de cuaderno visual para registrar a las figuras de su época. Su estética y su funcionamiento quedaron asociados posteriormente a una tradición de retrato en la que la fotografía instantánea podía ser tanto gesto íntimo como documento cultural.
Pero hay una particularidad que hace todavía más especial al archivo de Leeds y Your Favorite Internet Friend: la tecnología utilizada para construirlo está desapareciendo.
La Big Shot es una cámara grande, mecánica y poco discreta. No permite esconderse detrás de ella. Su presencia frente al retratado es casi una invitación a participar.
“Es una cámara demasiado ostentosa, grande. Cuando la gente la ve es como: ‘A ver, a ver, ¿qué es eso?’”, cuenta Flores.
Y luego está el problema del material. El filme original dejó de fabricarse hace décadas. Encontrar cartuchos sin utilizar implica buscar en mercados de segunda mano, colecciones privadas y lugares tan improbables como una casa en Japón donde alguien pudo haber encontrado material fotográfico perteneciente a una generación anterior.
Según relatan durante la entrevista, Phillip Leeds llegó a decirles que le quedaban apenas ocho películas.
Eso transforma cada retrato en algo más que una decisión estética. Para que una fotografía exista deben coincidir demasiadas variables: que la cámara funcione, que el flash responda, que el filme todavía sea utilizable, que el retratado acepte detenerse y que el instante no se pierda.
“Ya se fue el artista y te queda la foto”, explica Flores sobre el riesgo de trabajar con un formato tan limitado.
La exposición plantea así una paradoja particularmente contemporánea: en un momento en el que una imagen puede reproducirse millones de veces en cuestión de segundos, estas fotografías solo existen una vez.
Cada retrato es un objeto único, no una edición reproducible. El dossier de la exposición insiste precisamente en esa condición: la fotografía como objeto sobreviviente y no simplemente como imagen digital.
De Pharrell y Snoop a Young Miko y Yandel
Una de las virtudes de la exposición está en la posibilidad de leer las fotografías como una línea histórica.
El archivo de Leeds permite observar décadas de transformación del hip-hop y su relación con la moda, el diseño y el arte. Pharrell ocupa un lugar particularmente significativo: Leeds trabajó con N.E.R.D. y Pharrell, estuvo involucrado en Billionaire Boys Club y el músico escribió los prólogos de los dos volúmenes de Big Shots! que reúnen parte de su archivo.
Snoop Dogg, por su parte, está relacionado directamente con el nacimiento editorial del archivo: según el material de la exposición, fue él quien animó a Leeds a convertir sus Polaroids en un libro.
También están las fotografías que adquieren nuevas capas con el paso del tiempo. Mac Miller aparece retratado de manera despreocupada, en un momento cotidiano, antes de su muerte en 2018. Virgil Abloh aparece dentro del universo que conectaba hip-hop, streetwear y alta moda. Naomi Campbell, David Byrne, Jay-Z y André Leon Talley amplían todavía más el mapa.
Pero al otro lado de la exposición hay otra historia.
Your Favorite Internet Friend ha construido un registro de la nueva generación de la música urbana latinoamericana. Young Miko, Yandel, Daddy Yankee, Álvaro Díaz, Ozuna, Jesse Baez y Manuel Turizo permiten observar diferentes momentos de una cultura que dejó de ser periférica para convertirse en uno de los centros de la música popular global.
“Philip en los 90, 2000, de Nueva York, California, Japón, Hong Kong; y Your Favorite Internet Friend, que es meramente hispano y latinoamericano, con reggaetón y urbano”, explica Flores.
La diferencia entre ambos archivos es precisamente lo que hace posible el diálogo. No se trata de encontrar fotografías idénticas, sino de descubrir conexiones entre escenas que históricamente han estado mucho más relacionadas de lo que a veces se reconoce.
Yandel, por ejemplo, aparece como un puente entre generaciones: una figura central del reggaetón de los primeros años de expansión internacional y, al mismo tiempo, un artista que continúa colaborando con nuevas generaciones.

El detalle que convierte un retrato en historia
La curaduría de la muestra implicó seleccionar alrededor de 300 fotografías posibles para finalmente construir una narrativa dentro del espacio de la galería.
“No se trata solamente de escoger piezas”, explica Flores. “Para escoger piezas y darle una narrativa se pudo haber escogido retratos de perritos, de familiares, de abuelos, de niños, y llegas a otra exposición”.
En este caso, la decisión fue conectar las fotografías con música, moda, arte y diseño, cuatro territorios que permiten leer los archivos como un solo ecosistema.
Por eso resultan tan importantes las historias que acompañan cada imagen.
En una de las fotografías, André Leon Talley le indica a Leeds cuál es su perfil favorito. El antiguo editor de Vogue recuerda que Andy Warhol lo había fotografiado décadas antes desde el otro lado del rostro. La nueva fotografía se convierte, entonces, en una especie de conversación involuntaria con aquella imagen anterior.
Con Jay-Z ocurre algo distinto. Leeds estaba a punto de fotografiarlo cuando llegó una caja con unos bates personalizados. Jay-Z le pidió que lo fotografiara con ellos. El resultado, según Flores, tiene precisamente esa intimidad que define al archivo: no es necesariamente la imagen pública que un equipo habría producido, sino un momento que ocurrió porque el fotógrafo estaba ahí.
“Jay-Z no ha puesto una foto sin que haya pasado por su equipo: qué ropa, qué fotógrafo”, cuenta. “Y ahí estaba casi en pijama, en su cuarto de ropa”.
Ese tipo de momentos explica por qué Folie à Deux insiste tanto en la palabra “archivo”. No se trata solamente de quién aparece en la imagen, sino de qué relación permitió que esa imagen existiera.
Monterrey como punto de encuentro
La elección de Monterrey tampoco es accidental.
La exposición coincide con los 30 años de la Avanzada Regia, movimiento que ayudó a desplazar el centro de la música mexicana hacia una escena que estaba ocurriendo fuera de Ciudad de México. Control Machete, Jumbo, Plastilina Mosh y Kinky fueron parte de una generación que demostró que desde Monterrey era posible construir una cultura musical con impacto nacional e internacional.
Tres décadas después, la ciudad vuelve a ser presentada como un punto de encuentro para otra generación.
“Monterrey tiene una cuestión de exportación”, explica Flores. “Las galerías nacen aquí y se van a otros lados. Las ferias nacen de aquí y se van a otros lados. Los artistas nacen de aquí”.
La conexión con la música urbana contemporánea es parte de esa misma lógica. Latin Mafia y NSQK aparecen como representantes de una nueva escena que vuelve a colocar a Monterrey dentro de una conversación cultural más amplia.
Por eso la muestra no termina únicamente en las paredes de la galería. Durante su periodo de exhibición también contempla activaciones relacionadas con la música y la curaduría sonora, incluyendo una sesión privada con el curador musical Emmanuel Emiliano Hernández.

La intención es que la exposición funcione como un espacio vivo: un lugar donde fotografía, música, diseño, arte y cultura popular puedan encontrarse de la misma manera en que lo hicieron, durante décadas, los personajes que aparecen frente a la cámara.
Al final, el proyecto vuelve a una pregunta sencilla y enorme: qué imágenes sobrevivirán a nuestra época.
En una cultura acostumbrada a producir fotografías infinitamente reproducibles, Folie à Deux propone algo distinto: un retrato que ocurrió una sola vez, en un instante determinado, frente a una cámara que ya casi no puede utilizarse. Una imagen de Young Miko, Snoop Dogg, Virgil Abloh, Yandel o Mac Miller deja entonces de ser solamente una fotografía de una persona famosa. Se convierte en una pieza de tiempo.
Y quizá ahí esté la verdadera unión entre los dos archivos: no en la cámara, ni en los personajes, ni siquiera en la geografía, sino en la necesidad de guardar algo antes de que desaparezca.
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George Orwell no necesitó más que una granja, unos cuantos animales y poco más de cien páginas para explicar cómo una revolución puede convertirse en una dictadura mientras sus dirigentes continúan pronunciando discursos sobre la libertad. Publicada en 1945, Rebelión en la granja sigue siendo una de las sátiras políticas más accesibles, lúcidas y despiadadas del siglo XX.
Orwell escribió la novela durante la alianza británica con la Unión Soviética, cuando criticar a Stalin no era precisamente una excelente estrategia para conseguir editor. El manuscrito fue rechazado por varias casas editoriales, no porque careciera de calidad, sino porque su alegoría podía resultar políticamente inoportuna. Después sería prohibido durante décadas en la Unión Soviética y acabaría convertido en un clásico mundial que nunca ha dejado de circular. La ironía habría complacido a Orwell: el libro que algunos no querían publicar terminó sobreviviendo a buena parte de los regímenes que denunciaba.
La premisa es conocida, pero conserva toda su potencia. Los animales de la granja del señor Jones se rebelan contra el hombre y fundan una sociedad basada en la igualdad. Napoleón representa a Stalin; Snowball, a Trotsky; Squealer encarna la propaganda que cambia la realidad mediante el lenguaje, y Boxer representa a la clase trabajadora, explotada incluso después de entregar toda su fuerza al supuesto proyecto colectivo. La revolución comienza con una promesa de emancipación y termina con los cerdos caminando sobre dos patas, negociando con los humanos y modificando los mandamientos cuando ya nadie recuerda su versión original.
No es una historia infantil. Puede ser leída por adolescentes, por supuesto, y su estructura de fábula facilita el ingreso a sus ideas. Pero su verdadera materia está compuesta por la manipulación política, la desaparición de la memoria, la persecución del disidente, el trabajo convertido en sacrificio inútil y la manera en que el poder fabrica su propia verdad. Es una narración sombría, amarga y deliberadamente cruel. Tratarla como una película infantil convencional es como convertir 1984 en una aventura protagonizada por un simpático Gran Hermano que al final aprende a respetar la privacidad.
La nueva versión de Andy Serkis lleva gestándose desde 2011, cuando comenzó a desarrollarla junto con Rupert Wyatt después de El planeta de los simios: (R)evolución. En 2018, Netflix adquirió los derechos tras hacerse con Mowgli: Legend of the Jungle, y Matt Reeves quedó vinculado como productor después de haber trabajado con Serkis en El amanecer del planeta de los simios y La guerra del planeta de los simios. Tanto Netflix como Reeves abandonaron posteriormente el proyecto, pero Serkis continuó adelante con una película que en algún momento describió como una mezcla de A Bronx Tale y El lobo de Wall Street contemplada “a través de los ojos de un cerdo”. Nada más lejos de la verdad.
Después de semejante peregrinación de quince años, el resultado parece menos una obra largamente meditada que una sesión de ejecutivos tratando de responder una pregunta terrible: “¿Cómo conseguimos que George Orwell sea divertido para los niños?”. La respuesta, aparentemente, fue añadir persecuciones, autos lujosos, pollitos tiernos, pantallas gigantes, música dance, chistes torpes y un cerdo con la voz de Seth Rogen que anuncia que sus flatulencias son “el sonido de la libertad”. Marxismo, estalinismo y ventosidades: Así van a llamar los estudiantes de ahora en adelante sus ensayos escolares sobre Rebelión en la granja.
En esta versión, Napoleón (Rogen) sigue siendo el gran manipulador de la granja, pero su ascenso autoritario ha sido transformado en el espectáculo de un villano simplón. Rogen posee una risa inmediatamente reconocible y sabe imprimirle arrogancia al personaje, aunque el guion parece creer que reír como Seth Rogen equivale automáticamente a comprender a Orwell. Napoleón provoca algunas carcajadas ocasionales, pero rara vez produce el temor que debería provocar un líder capaz de transformar la palabra “igualdad” en una cláusula contractual.
Snowball (Laverne Cox) defiende una visión colectiva de la revolución y funciona como su principal adversaria. Cox le concede inteligencia y energía, pero la película simplifica tanto el conflicto que Snowball deja de ser la figura perseguida y borrada de la historia para convertirse en un personaje insulso. El desenlace incluso intenta repartir las culpas al afirmar que los animales no debieron depositar toda su confianza ni en Napoleón ni en Snowball, aunque nunca se explica qué hizo esta última para merecer semejante equiparación. Es el equivalente político de castigar a dos estudiantes porque uno golpeó al otro y el segundo tuvo la descortesía de encontrarse allí.
Squealer (Kieran Culkin) continúa siendo el encargado de inflar la imagen de Napoleón y alterar el relato de los acontecimientos. Culkin posee la voz perfecta para un personaje capaz de convertir una mentira en una explicación condescendiente, pero la película utiliza poco su capacidad para revelar cómo el autoritarismo se sostiene mediante la repetición, la distracción y el agotamiento colectivo. En Orwell, Squealer cambia el significado de las palabras; aquí se limita a servir de secuaz.
El nuevo personaje central es Lucky (Gaten Matarazzo), un joven cerdo que empieza a comprender la corrupción del régimen. Su amistad con Boxer (Woody Harrelson) proporciona el corazón sentimental de la película y ofrece al público infantil una figura con la cual identificarse. El problema no es la existencia de Lucky, sino la manera en que reorganiza toda la historia a su alrededor. La tragedia colectiva se convierte en un relato de crecimiento personal, y el destino de Boxer pierde buena parte de la brutalidad que tenía en el libro. Harrelson le proporciona nobleza y cansancio al caballo, pero ni siquiera su voz puede sustituir aquello que el guion decide suavizar.
En la novela, Boxer resulta devastador porque su lealtad, su fuerza y su disposición al sacrificio no lo protegen. Al contrario, son precisamente las cualidades que el poder aprovecha hasta que deja de necesitarlo. Modificar esa dimensión significa arrancarle a la historia una de sus conclusiones más terribles: Los regímenes autoritarios no solamente eliminan a sus enemigos; también devoran a sus creyentes más fieles.
Freida Pilkington (Glenn Close), una multimillonaria inventada para la película, y el señor Whymper (Steve Buscemi), su servicial intermediario, desplazan parte de la crítica hacia la codicia empresarial, las corporaciones agrícolas y el capitalismo tecnológico. Actualizar una alegoría no constituye una traición automática. Orwell no escribió un texto sagrado que deba preservarse bajo una campana de cristal. Sin embargo, para introducir esa nueva crítica, la película reduce o elimina algunos de los componentes esenciales de la original, incluidas las ejecuciones de los disidentes. El resultado ya no es una ampliación de Orwell, sino una sustitución. Se retira la violencia ideológica y se instala una empresaria malvada con aspecto de haber llegado directamente de una reunión con Donald Trump y Elon Musk.
El reparto de voces es envidiable. Kathleen Turner, Jim Parsons, Iman Vellani y el propio Andy Serkis completan un conjunto que cualquier producción animada querría tener. Serkis interpreta al gallo Randolph y demuestra nuevamente su facilidad para construir personajes mediante la voz.
Sin embargo, la animación no ayuda. Los diseños son genéricos, los escenarios carecen de personalidad y el movimiento transmite esa elasticidad prefabricada de tantas producciones digitales que confunden actividad con vitalidad. La película corre, grita, salta, explota y vuelve a correr. A veces parece temer que, si permanece quieta durante treinta segundos, algún niño del público podría empezar a pensar en el significado de lo que está viendo. En una adaptación de Orwell, impedir que el espectador piense constituye una ironía bastante espectacular.
Por eso sorprende especialmente que el director sea Andy Serkis. Como intérprete, Serkis ayudó a demostrar que la captura de movimiento podía ser una verdadera herramienta interpretativa. Nicholas Stoller, responsable del guion, también había demostrado en cintas infantiles como Los Muppets y Cigüeñas una comprensión mucho mayor del ritmo y de las relaciones entre personajes. Ambos son demasiado inteligentes para no haber comprendido el texto. Quizás lo comprendieron y después intentaron hacerlo digerible para demasiados públicos a la vez, que es otra manera de conseguir que una obra termine sin sabor.
Las dos adaptaciones audiovisuales anteriores ofrecen comparaciones poco favorables para esta nueva versión. La película animada de 1954, dirigida por John Halas y Joy Batchelor, fue el primer largometraje animado británico y contó con financiamiento secreto de la CIA, que vio en Orwell una herramienta de propaganda anticomunista. La agencia intervino en el proyecto y contribuyó a modificar su desenlace, sustituyendo parte del pesimismo de la novela por una nueva rebelión contra los cerdos. Es decir, incluso aquella adaptación tenía una agenda política detrás de otra agenda política. Muy orwelliano todo.
Aun así, la versión de 1954 conserva una severidad, una expresividad y un sentido de la tragedia que esta película no logra alcanzar. Su animación puede parecer sencilla, pero sus imágenes tienen peso. El hambre se siente, la explotación duele y la transformación de los cerdos en aquello que juraron combatir conserva su fuerza. La CIA pudo alterar el final, pero no consiguió convertir a Napoleón en un comediante especializado en gases intestinales. Hay límites hasta para los servicios de inteligencia.
En 1999 llegó la adaptación televisiva dirigida por John Stephenson, realizada con animales reales y criaturas animatrónicas de Jim Henson. Patrick Stewart interpretó a Napoleón, Kelsey Grammer a Snowball, Ian Holm a Squealer, Paul Scofield a Boxer, Peter Ustinov al Viejo Mayor y Julia Ormond a Jessie, una perra creada como narradora y eje emocional. Aquella versión también modificaba el libro y añadía un desenlace influido por la caída de la Unión Soviética. No era completamente fiel ni siempre funcionaba, pero entendía que los animales debían habitar un mundo físico, sucio y amenazante. Su tono, sus criaturas y sus extraordinarias voces transmitían una gravedad ausente en la película de Serkis.
Tanto la adaptación animada de 1954 como la producción de 1999 alteraron a Orwell. La diferencia es que sus cambios todavía dialogaban con las consecuencias históricas y políticas de la novela. Esta nueva versión parece más interesada en proteger al público de esas consecuencias. Las ejecuciones desaparecen, la tragedia de Boxer se reduce, los perros ladran pero no muerden, la violencia del régimen pierde fuerza y el célebre momento en que resulta imposible distinguir a los cerdos de los hombres aparece demasiado pronto, como una parada obligatoria antes de que comience un tercer acto de rebelión juvenil y reparación emocional.
El final feliz representa el golpe definitivo. La obra de Orwell no termina con la promesa de que una nueva generación corregirá los errores y reconstruirá la granja. Termina con la constatación de que la revolución ha completado su círculo y de que los nuevos amos son indistinguibles de los antiguos. Esa desesperanza no es un defecto que deba corregirse: es la conclusión moral de la historia. Reemplazarla por un mensaje tranquilizador equivale a adaptar Romeo y Julieta y decidir que la pareja debe vivir y que los Montesco y los Capuleto pueden ir juntos por una pizza después de solucionar sus rencillas.
Los niños no necesitan que todas las historias terminen con una celebración. Pueden comprender la injusticia, la traición, el miedo y la pérdida, especialmente cuando esos temas se presentan con claridad. Lo que necesitan es que los adultos confíen en su inteligencia. Esta Rebelión en la granja hace exactamente lo contrario. Confunde accesibilidad con simplificación, energía con estruendo y humor con pedos.
Andy Serkis ha dedicado una parte considerable de su carrera a borrar la frontera entre el ser humano y el animal (César) y mostrar la dualidad de la maldad y la bondad (Gollum). Resulta paradójico que su adaptación de Orwell no comprenda por qué esa frontera era tan importante. Al final, los cerdos pueden parecerse a los hombres, pero esta película nunca se parece demasiado a Rebelión en la granja. Es una comedia animada bulliciosa que utiliza los nombres, los animales y algunas ideas del libro, mientras deja su amargura, su inteligencia y su furia esperando fuera del establo.
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Nicolás “Dubi” Rubio, conocido artísticamente como CONOSUR, presenta su segundo álbum de estudio, titulado self-title. El artista chileno propone un material dividido en dos partes, donde convergen la colaboración, la experimentación y una faceta más personal de su proceso creativo.
self-title nace de un juego de palabras inspirado en una tradición clásica de la música: los álbumes homónimos, aquellos que comparten el mismo nombre que la banda o el artista. El concepto representa una idea que ha acompañado a CONOSUR desde sus inicios: el alejamiento de la estructura convencional de una banda. A través de este título, el artista reinterpreta dicha tradición y la convierte, a su vez, en una declaración sobre su propia identidad.
El material se divide en dos caras musicales que exploran distintas formas de entender y experimentar el proceso creativo desde la conexión. En la cara A, CONOSUR retrata las vivencias de un retiro musical en Michigan, donde compartió sesiones de creación junto a Tom Cox, Louis Van Camp y Troy Cruz. Esta experiencia le permitió adentrarse en una dinámica más espontánea e interactiva entre músicos, dando como resultado un sonido orgánico y de carácter colectivo.
Por otra parte, la cara B revela una de las facetas más personales de CONOSUR, con dos canciones producidas por él mismo. Esta sección permite acercarnos a una visión más completa de su identidad como creador, explorando sus distintas dimensiones como cantante, productor y músico. El álbum también cuenta con la participación de Tom Cox, Louis Van Camp y Troy Cruz, además del productor chileno Benzo Lombardo.

Con el lanzamiento de self-title, CONOSUR profundiza en uno de los principios que atraviesan su proyecto: entender la música como un espacio de conexión. Más que una banda tradicional, el proyecto se plantea como una plataforma abierta en la que músicos, productores, influencias, espacios y referencias convergen para dar forma a algo nuevo.
Para CONOSUR, la música no consiste en permanecer dentro de una categoría o género, sino en generar conexiones y tender puentes entre sonidos, músicos e ideas que abran espacio a la libertad creativa. Con self-title, culmina un periodo enfocado en la creación, grabación y lanzamiento progresivo de nueva música, para dar paso a una nueva etapa: llevar el álbum al escenario y continuar explorando su propuesta desde la experiencia del directo.
Por ahora, ya puedes escuchar self-title en todas las plataformas de streaming musical.
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Por segundo año consecutivo, Irlanda mantiene su postura y no participará en Eurovisión 2027. La cadena pública irlandesa de radio, televisión e internet, RTÉ, emitió un comunicado en el que reafirma su posición respecto a la participación de Israel y la situación humanitaria en Gaza, optando nuevamente por mantenerse al margen del Festival de la Canción.
En el comunicado, la cadena reiteró que mantiene sin cambios su postura respecto a la participación en el Festival de Eurovisión. RTÉ confirmó que no participará en la edición de 2027 ni retransmitirá el concurso. Según la cadena, la participación de Israel no se justifica ante la situación actual, al tiempo que llamó a reflexionar sobre la pérdida de vidas en Gaza y la crisis humanitaria que continúa poniendo en riesgo a la población civil.
“Asimismo, RTÉ sigue profundamente preocupada por la constante negativa a conceder acceso independiente a periodistas internacionales al territorio”, compartieron.
Por su parte, Eurovisión emitió un comunicado en el que Martin Green CBE, director del Festival de Eurovisión, lamentó la ausencia de RTÉ en la edición de 2027. No obstante, expresó su pleno respeto por la decisión de la cadena irlandesa y reconoció la contribución que ha realizado al concurso a lo largo de los años. “Siguen siendo una parte importante de nuestra familia y los echaremos de menos. El Festival de Eurovisión alcanza su máximo esplendor cuando las cadenas de televisión y sus artistas de diferentes países se unen para compartir música, celebrar la creatividad y crear conexiones entre el público”, compartió Green.
Martin Green señaló que la capacidad del certamen para unir a las personas constituye la esencia de lo que lo hace tan especial, y que cobra aún más importancia en un mundo cada vez más difícil y dividido. Asimismo, explicó que todas las emisoras deciden anualmente si participan en el concurso del año siguiente. La organización añadió que mantendrá el diálogo con RTÉ y que espera poder contar nuevamente con su presencia en el concurso en el futuro.
A esta lista se suma AVROTROS, la asociación pública de radio y televisión de los Países Bajos, que también decidió no participar en el Festival de la Canción en el contexto de la participación de Israel en el certamen. Green señaló que también lamenta la ausencia de la cadena neerlandesa en Eurovisión, aunque afirmó comprender su decisión y respetar las posturas de las distintas emisoras miembros que forman parte del concurso.
También señaló que el certamen siempre ha sido un espacio para unir a las personas, celebrar la diversidad de las comunidades y demostrar que un mundo mejor es posible incluso en los momentos más difíciles. Asimismo, indicó que continuará el diálogo con NPO, la organización que agrupa a los medios de comunicación públicos de los Países Bajos, para explorar las posibilidades de que participe otra emisora. Finalmente, expresó su deseo de que el público y los artistas neerlandeses puedan seguir estando representados en el Festival de Eurovisión.
Aún no se ha dado a conocer la lista definitiva de países que participarán en el Festival de la Canción de Eurovisión 2027. Sin embargo, algunos ya han confirmado su participación, como Canadá, mientras que otros, como España, todavía no se han pronunciado al respecto.
La 71.ª edición del Festival de Eurovisión se celebrará en mayo de 2027 en Burgas, a orillas del mar Negro. El concurso contará con tres espectáculos en directo, programados para el martes 11, el jueves 13 y el sábado 15 de mayo de 2027. La competición tendrá lugar en el Arena Burgas, uno de los recintos deportivos y de entretenimiento más recientes de Bulgaria, inaugurado en 2023.
“Estamos encantados de que Burgas sea la ciudad anfitriona del Festival de Eurovisión 2027. Burgas aporta algo realmente especial al Festival de Eurovisión. Es una ciudad vibrante y acogedora a orillas del Mar Negro, con una fuerte identidad musical y cultural, y cuenta con la ambición, la infraestructura y la pasión necesarias para acoger a la familia de Eurovisión”, dijo Green sobre la sede.
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An all-star lineup of Australian and international artists gathered in Melbourne on Sunday (Sept. 20) to honor John Farnham, the Australian music icon behind “You’re the Voice,” at a star-studded tribute concert at Rod Laver Arena.
Billed as The Songs of John Farnham: A Living Legend – The Celebration Concert, the one-off event drew more than 120 performers, a 38-piece orchestra and the John Farnham Band before a capacity crowd, with proceeds going to Head and Neck Cancer Australia. The concert launched the organization’s year-long Lend Your Voice campaign, aiming to raise $1 million for the charity that supported Farnham through his own cancer treatment since 2022. Emcee Richard Wilkins noted that Farnham has played the venue in a record 94 sold-out shows over his career — “so I guess tonight makes it 95,” he told the crowd.
Farnham, 77, did not attend. In a statement, his wife, Jill, and sons Robert and James confirmed his health had “deteriorated in recent months,” noting he now requires continuous oxygen support, uses a wheelchair and receives “24-hour nursing care at home.” The family said that while Farnham had been “deeply moved” by the tribute, they had decided it was best for him to remain at home “where he can be safe and comfortable.”
The concert doubled as a celebration of the 40th anniversary of “You’re the Voice,” released in September 1986. Celine Dion performed the anthem via satellite from Paris, recalling that she had once sung it as a duet with Farnham during a Melbourne visit. “John, you’ve always been such a deep inspiration to me; I always loved to hear you sing,” she said.
Coldplay‘s Chris Martin, a surprise addition, appeared via satellite with an original song written for the occasion, “A Better Singer Than Me.” “One day we’ll all be gone,” Martin sang, “but the thing about John Farnham songs is, they’ll keep living on.” Keith Urban flew in from Nashville to perform “Burn for You,” while Hugh Jackman appeared via satellite with “Talk of the Town,” calling Farnham the reason “the entertainer I am” exists.
The homegrown bill was equally deep, co-headlined by Jimmy Barnes, Tina Arena, Kate Ceberano, Jon Stevens, Jessica Mauboy, Vanessa Amorosi and Richard Marx, working through a catalog of Farnham hits. The night also revisited Farnham’s celebrated turn as Jesus in the 1992 Australian arena production of Jesus Christ Superstar, with Stevens and Ceberano — his former co-stars — reuniting on “Everything’s Alright.”
Farnham remains one of the most successful artists in Australian history. His 1986 solo album Whispering Jack spent 25 weeks at No. 1 on the Australian chart, was certified 24-times platinum and stands as the highest-selling album ever by a domestic artist in the country. Its lead single “You’re the Voice” topped the charts in Australia, Sweden and Germany and reached the UK top 10, becoming an enduring anthem later covered by artists worldwide — most recently by the Jonas Brothers at the NFL’s first regular-season game in Australia this month.
Farnham followed it with the No. 1 Australian albums Age of Reason (1988) and Chain Reaction (1990), and is the only Australian artist to score No. 1 records across five consecutive decades.
An eight-time ARIA Award winner and ARIA Hall of Fame inductee, he was named Australian of the Year in 1987. In May, Farnham confirmed that the surgeries from his cancer treatment had ended his singing career, saying performing onstage was “just not possible” anymore.
Suki Waterhouse is bringing her Loveland Tour to Australia, announcing a four-date December run — her first Australian shows in support of the new album.
The tour opens Dec. 8 at the Sydney Opera House Forecourt as part of the venue’s On the Steps series, before Brisbane’s Fortitude Music Hall on Dec. 9, Adelaide’s Hindley St. Music Hall on Dec. 11 and Melbourne’s Festival Hall on Dec. 12. General tickets go on sale Thursday, Sept. 24 at 10 a.m. local time, following artist, Mastercard and Live Nation presales from Sept. 23.
The dates land at a high point for the London-born artist, who has engineered one of the more unlikely pivots in recent pop — from model and actress (Daisy Jones & the Six) to a genuine chart presence, largely on the back of a song she originally released in 2017. “Good Looking,” a moody slice of dream-pop, sat dormant for five years before exploding on TikTok in 2022, eventually reaching No. 14 on Billboard’s Hot Rock & Alternative Songs chart and earning a platinum RIAA certification.
She has built on it steadily since. Her 2024 double album Memoir of a Sparklemuffin — written largely during her first pregnancy and named after an obscure Australian spider — pushed her toward bigger rooms, and this year’s Loveland, her third album and first for Island Records, leans into a warmer, more rock-inflected sound partly shaped by new motherhood. Waterhouse marked the release with her debut on The Tonight Show Starring Jimmy Fallon, performing the album track “Weirdo” days before announcing the Australian leg.
With more than 1.75 billion global streams and festival sets at Coachella and Lollapalooza behind her, Waterhouse has become a reliable live draw, having opened for both Taylor Swift and Laufey. She is set to support Sombr on his U.K. arena tour next year.
SUKI WATERHOUSE — THE LOVELAND TOUR, AUSTRALIA 2026
Dec. 8 — Sydney — Sydney Opera House Forecourt (On the Steps)
Dec. 9 — Brisbane — Fortitude Music Hall
Dec. 11 — Adelaide — Hindley St. Music Hall
Dec. 12 — Melbourne — Festival Hall
The Weeknd has debuted an unreleased new song that samples one of the most iconic pieces of music in anime history, premiering the track live at the opening of the Asian leg of his After Hours Til Dawn tour.
Performing Friday (Sept. 19) at Belluna Dome in Saitama, near Tokyo, the singer — real name Abel Tesfaye — gave the song its live debut alongside Japanese singer Yoko Takahashi. The track, dubbed “Tokyo,” incorporates elements of “A Cruel Angel’s Thesis,” the 1995 J-pop song Takahashi recorded as the opening theme to the landmark anime series Neon Genesis Evangelion.
During the segment, Takahashi also performed “A Cruel Angel’s Thesis” in full as Tesfaye stepped back and watched from the rear of the stage.
The performance was staged as a full multimedia collaboration. The accompanying visuals were directed by Yoko Taro, the creative director behind the NieR video game series, and drew on imagery from both Neon Genesis Evangelion and 2017’s NieR: Automata. Tesfaye credited the piece on social media only as “Presented by YOKO TARO ft. YOKO TAKAHASHI.”
It’s the second unreleased, city-linked song Tesfaye has unveiled on the current tour. In April, he debuted a track dubbed “Rio” with Brazilian star Anitta during a show in Rio de Janeiro, accompanied by an animated film directed by Japanese filmmaker Takashi Miike. The steady stream of new material is notable given that Tesfaye had repeatedly signaled he intended to retire the Weeknd name after his 2025 album Hurry Up Tomorrow, which completed a trilogy begun with After Hours (2020) and Dawn FM (2022).
He has since reversed course, and pointedly. “I’ll never disappear. I love this too much to ever disappear,” he told a Stockholm crowd last month. “I tested retirement a little bit, and I don’t like the way it feels. Imma be here forever with you.” He reiterated the sentiment to GQ Hong Kong this week: “I had a glimpse of what retirement looks like, and it isn’t for me… There’s nothing else like this job.”
The After Hours Til Dawn tour, which launched in 2022, has become the highest-grossing tour by a male solo artist in history. The Asian run continues to Jakarta on Sept. 26-27, followed by Singapore, Seoul, Bangkok and Hong Kong, before concluding in Kuala Lumpur on Nov. 4. One of the most commercially dominant artists of the streaming era, the Weeknd has notched five No. 1 albums on the Billboard 200 — Beauty Behind the Madness (2015), Starboy (2016), the My Dear Melancholy EP (2018), After Hours (2020) and Hurry Up Tomorrow, which posted his biggest sales week to date with 490,500 units. His Hot 100 No. 1s include “Can’t Feel My Face,” “Starboy,” “Heartless,” “Save Your Tears” and “Blinding Lights,” the last of which Billboard named the No. 1 song on its all-time Hot 100 chart.
“Bad Taste,” Freya Skye‘s latest single, tops this week’s new music poll.
Listeners voted in a poll published Friday (Sept. 18) on Billboard, choosing the just-released tune from the singer-songwriter/actress (known for her role in Disney’s Zombies franchise) as their favorite new music.
“Bad Taste” popped to the top of the poll in a week stacked with new songs. The track was up against releases from ROSÉ, Miley, Carly Rae Jepsen, Riley Green and more. Fans showed up for Skye, whose single brought in 82% of the vote.
“Bad Taste” has Skye laughing off her own dating blunders.
She sings about being attracted to a “good messy situation” on the playful pop tune, and admits, “I’m a sucker for a pretty face/ I’m a sucker for a mistake/ We’re off to a good start, wonder how you’ll make my heart brеak/ I don’t care/ That I got, I got bad taste.”
Though the fully produced recording of “Bad Taste” just dropped, Skye previewed a live, acoustic rendition of the song in December at her first headlining concert in New York City. As she recalled to Billboard, the nerve-racking moment left her “quite exposed and vulnerable” — but not for long. “By the last chorus, [the crowd] was singing the words and I was like, ‘Well this is great. I feel way less alone by the end.’”
The song isn’t expected to be on Skye’s debut full-length album. But she hopes it “can get people excited for the next shift” of her musical career.
Trailing behind “Bad Taste” on Billboard‘s poll this week are ROSÉ’s new solo single, “New Trick,” with 14% of the vote, followed by fresh albums from Miley (Bass Persuades), Carly Rae Jepsen (Day and Night), Riley Green (That’s Just Me) and more.
See the final results of this week’s poll below.
Chad Gilbert, a founding member and guitarist for New Found Glory, has died. He was 45.
Gilbert’s death was announced on social media Sunday (Sept. 20) by the pop-punk band and his wife, Lisa Cimorelli, six months after the musician revealed that he was battling cancer.
“On the morning of September 20th, Chad Everett Gilbert passed away peacefully in his sleep,” the band wrote. “He left this world surrounded by friends and family and took his final breaths with his wife and mother by his side, just as he wished.”
The Florida group continued, “We are devastated and shocked by how quickly he left us, yet so grateful for how peacefully and smoothly he went. The amount of visitors that crowded the hospital lobby at a moment’s notice is a testament to how beloved and cherished Chad was, and always will be. He was a legendary musician, but his favorite accomplishment was being a husband and father. His biggest dreams came true.”
The message was signed by New Found Glory members Jordan Pundik, Ian Grushka, Cyrus Bolooki, and touring guitarist Dan O’Connor, along with Gilbert’s wife, Cimorelli.
Gilbert had been open with fans about his health struggles in recent years. In late March, he shared a series of photos from his hospital bed while updating fans on his recovery from brain cancer surgery. The emergency procedure came after he struggled to control movement in his left hand during a show in Nashville earlier that year.
The surgery followed another major health scare several years earlier. In December 2021, Cimorelli described finding her husband “unresponsive” in their bed, initially believing he was sick or simply sleeping late. After being rushed to the hospital, Gilbert was diagnosed with a “rare tumor called a pheochromocytoma,” which grows on the adrenal gland and secretes hormones that drive your blood pressure up while eating away at your blood sugar.
Gilbert later revealed that the cancer had spread to his spine and lungs. In August 2025, he told fans he was undergoing additional treatment after doctors discovered a “small spot” on his back.
His death comes as New Found Glory marks nearly three decades together. The band released its 11th studio album, Listen Up!, in February. Following the album’s release, the group hit the road for an extensive run of shows.
New Found Glory formed in 1997 in Coral Springs, Florida, with vocalist Pundik, Gilbert on guitar, bassist Grushka and drummer Bolooki.
Reflecting on Gilbert’s contribution to the band, New Found Glory wrote Sunday, “Chad’s guitar playing, songwriting, humor, and relentless drive helped shape New Found Glory for nearly three decades.”
The band added, “Through more than a dozen albums, endless tours around the world, and more accolades than we ever could have imagined, Chad challenged all of us to grow as musicians, performers, and human beings. While we are devastated to lose him, we are so grateful for the incredible life he lived, the memories we shared, and the brotherhood we had. His influence will always be part of New Found Glory and his spirit will be felt on every stage we stand on, with every note we play.”
Following Gilbert’s death, members of the rock community took to social media to remember their friend and longtime peer.
Blink-182’s Mark Hoppus, who has spoken publicly about his own battle with cancer, remembered Gilbert as a deeply positive presence. On Instagram, Hoppus called him “the best friend to every person he met” and “the most positive and creative force in any room he walked into.”
Hoppus also reflected on Gilbert’s battle with cancer, writing that he “fought his sickness with the soul of a joyous, courageous warrior.”
“These past years he fought his sickness with the soul of a joyous, courageous warrior. With dignity, love, and gratitude,” Hoppus wrote. “He never complained once, only kept saying how lucky he was. For everything. Today we lost a good one, and the world won’t be the same. Rest easy now, my friend. And thank you for just. Being. You’ll be sorely missed by more people than you could ever imagine. See you on the other side.”
The Offspring also shared a tribute on Instagram, writing, “Today, the world lost a legend. RIP Chad.”
Yellowcard’s William Ryan Key remembered Gilbert as a friend who supported him during a difficult period in his career. “Chad was the kind of friend most people don’t get to have in a lifetime,” Key wrote on Instagram. “I owe so much to him for encouraging me to keep going back in 2017 when Yellowcard broke up.”
Bayside’s Anthony Raneri also mourned Gilbert, recalling the energy and friendship he brought into their lives. “Today I say goodbye to one of my best friends. I don’t know what my life is going to look like without him. Without the energy and the fun that he brought to every room and every day,” Raneri wrote on Instagram.
While Ed Sheeran took the stage in concert Saturday night, the SNL UK cold open took aim at him amid the controversy surrounding his tour.
In the sketch, titled “Charles and D.I.A.N.A.,” King Charles (played by SNL UK cast member Larry Dean) meets with tech execs to discuss the risks of A.I. He’s introduced to a new A.I. assistant in the likeness of the late Princess Diana — or, as Charles says, “that woman from the ’90s!” (with Jack Shep reprising his hilarious impersonation of her).
Suddenly, D.I.A.N.A. goes rogue. Before attacking, she announces she “shan’t be taking orders anymore” and says, “We A.I. have had quite enough. Humanity is nothing but a candle in the wind.”
“Good God,” Charles says. “As I predicted, the war between robots and humans has begun. We must do everything we can to resist.”
And then Ed Sheeran (played by Annabel Marlow) casually walks in to weigh in on the situation.
“Well, maybe we shouldn’t,” the SNL UK version of Sheeran comments, hands up in a peace sign. “I couldn’t help but hear your conversation. You see, I was just outside sitting on the fence.”
“Ed, we need your help with this ghastly war,” Charles tells him.
“Yeah, thing is, Your Majesty, I don’t like to take sides,” the musician replies, keeping up the bit referencing the real Sheeran’s controversial week. “I don’t want to alienate any of my fans — humans or robots. A lot of my tickets are bought by scalping bots.”
“Sometimes, when it comes to conflict, the bravest thing you can do is to say nothing at all,” Marlow’s Sheeran adds, tapping a foot pedal before breaking into song.
“I’m talking about both sides are equally right/ No matter the conflict, whatever the fight/ Girl, listen, now: black, white, I only see gray/ If you ask for my opinion, I’ve got one thing to say/ Listen to it now,” he croons, topping the parody off with his message: a melodic “whoa”-filled chorus, as seen in the sketch below.
Meanwhile, in real life, Sheeran was addressing an audience at Philadelphia’s Lincoln Financial Field on Saturday night. The singer-songerwriter’s Philly show was his first since opener/friend Macklemore was removed from the Loop Tour, after using the platform last weekend to call for a “free Palestine” during his set.
“I’m used to my music being criticized, and I’m always happy to take that because I’m lucky a lot of you like my stuff, and to be honest, I’m surprised,” Sheeran said onstage Saturday. “I’m not surprised that other people don’t. It’s normal. But this week, the criticism was about something much more important, and I’ve had to take and make difficult decisions, and I am making mistakes, and I’m so, so sorry.”
He continued, “What happened in Israel at the Nova music festival on October 7th was horrific and compounded centuries of Jewish pain. What is is happening in Gaza is catastrophic, unjustifiable, and disproportionate. My heart has been broken by the scale of devastation and loss of civilians’ lives, of children’s lives. And the systemic injustice we’re seeing unfold in the West Bank cannot be overlooked.”
“I am already speaking to people across the spectrum to work out how to make a contribution that helps victims of these terrible times, and listening and learning because I do not know enough,” his statement concluded, noting that “this concert is still a place where everyone is welcome, and everyone here can stand beside people that have opposing views. Everyone here can stand by people that they don’t agree with on everything, and they can all agree on singing these songs. And these songs are about love, hope and unity.”
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