Con más de 100 años de historia, Cano se ha consolidado como una de las joyerías más emblemáticas, dedicada a preservar y reinterpretar el legado de la cultura precolombina a través de sus piezas elaboradas artesanalmente. Sus joyas nacen de las reinterpretaciones de tesoros arqueológicos descubiertos por la familia Cano a finales del siglo XIX, un legado que comenzó como una tradición familiar y que, a lo largo de cinco generaciones, se ha mantenido vivo dentro de sus raíces. Desde aquel hallazgo, la pasión por estas piezas ancestrales y la creación de una valiosa colección han dejado una huella significativa en el patrimonio arqueológico colombiano. En la década de 1970, esta historia dio paso al nacimiento de la marca Cano, consolidando una visión que une arte, tradición y la riqueza cultural de Colombia.
Su historia trasciende el ámbito de la joyería y se convierte en un referente del patrimonio cultural de Colombia. Parte de esta historia se conecta con el Museo del Oro del Banco de la República, fundado en 1939, al que con el tiempo se incorporaron más de 10.000 piezas de orfebrería prehispánica, consolidándose como una de las colecciones más importantes de su género en el mundo. Su reconocimiento también cruzó fronteras al ser exhibida en instituciones de prestigio internacional como el Museo Americano de Historia Natural, National Geographic y el Museo Británico, entre otros espacios de renombre mundial.
Su legado se traduce como años de pasión, exploración, investigación y maestría artesanal por la joyería moderna y atemporal, transformando el arte tradicional prehispánico.


Aunque la primera boutique abrió sus puertas en 1970 de la mano de Guillermo Cano y su esposa, Dory de Cano, en Bogotá, la marca ha continuado expandiendo su legado más allá de las fronteras colombianas. A finales de la década de 1980 y principios de los 90 inició su presencia internacional con su llegada a mercados como Italia, Francia, España, Estados Unidos, México y Chile, llevando consigo la riqueza cultural y artesanal del país. Hoy, su alcance continúa creciendo con una visión global que busca conectar nuevas audiencias con la identidad colombiana a través de sus creaciones. Como parte de esta expansión, una nueva boutique abre sus puertas en Madrid, reafirmando su presencia en escenarios internacionales.
Su continua expansión en Europa fortalece la presencia internacional de la marca mediante nuevos espacios temporales, colaboraciones con museos y un creciente reconocimiento dentro de la industria de la moda. Esta etapa representa el inicio de un nuevo capítulo para la firma colombiana, que continúa consolidando su posicionamiento en el mercado europeo a través de boutiques, alianzas culturales y experiencias de marca en algunos de los destinos de lujo más relevantes del continente.
Su primera boutique en Madrid se presentó como una nueva ventana para compartir la riqueza cultural de Colombia a través del diseño y la artesanía. Durante el último año, Cano ha llevado sus colecciones a distintos escenarios internacionales mediante pop-ups y activaciones especiales en ciudades como Gstaad, Milán, París y Londres, acercando la esencia del diseño colombiano a nuevas audiencias y fortaleciendo vínculos con boutiques, concept stores y espacios especializados en lujo y diseño. Este reconocimiento también se refleja en la elección de sus piezas por parte de figuras destacadas de la moda y el diseño, como Blanca Miró, María de la Orden, Leandra Medine, Geraldine Guyot y las hermanas Lucía Cuesta y Helena Cuesta. Su interés por la marca evidencia la creciente valoración de propuestas que fusionan diseño contemporáneo, técnicas artesanales y una identidad cultural profundamente arraigada.


“Madrid representa mucho más que nuestra primera tienda en Europa. Se ha convertido en el punto de encuentro entre el patrimonio cultural colombiano y una audiencia internacional que busca autenticidad, historia y diseño con significado. Nuestro propósito sigue siendo el mismo desde que nació la marca: preservar y reinterpretar el legado de las culturas precolombinas para compartirlo con el mundo”, afirma Eduardo Cano, quinta generación de la familia y director de la marca.
La evolución de Cano también se refleja en su proceso creativo y de manufactura. La casa incorpora nuevamente la plata a su universo de diseño con una colección que rescata y transforma algunos de sus códigos más representativos. Este lanzamiento marca el retorno de la firma a este metal después de varios años y abre una nueva etapa dentro de la trayectoria de una marca con más de un siglo de historia.
Silver Collection reinterpreta símbolos fundamentales del legado precolombino colombiano a través de una propuesta contemporánea elaborada en plata. Entre sus protagonistas se encuentran las ranas, un motivo de gran relevancia dentro de las culturas ancestrales del país, asociado con conceptos como fertilidad, renovación, prosperidad y la conexión entre lo terrenal y lo espiritual. En esta colección, este símbolo adquiere una nueva dimensión mediante piezas versátiles que pueden lucirse como colgantes en cadenas largas, chokers o cueros, y convertirse también en broches, permitiendo que cada persona explore distintas formas de expresión y estilo.
“Durante años nuestra historia ha estado estrechamente ligada al oro, pero entendimos que la plata nos permitía abrir una nueva conversación sin perder nuestra esencia. No se trata de cambiar quiénes somos, sino de ofrecer nuevas formas de conectar con nuestro legado”, afirma Eduardo Cano.


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Hay conciertos que se viven desde la multitud, otros desde la tarima y algunos, muy pocos, desde los ojos del artista. Durante su paso por Ciudad de México, J Balvin abrió una ventana distinta a su universo: no solo mostró el espectáculo, también permitió que sus seguidores se acercaran a la energía previa, al movimiento de la ciudad y a los instantes que normalmente quedan fuera del escenario. Todo a través de sus Ray-Ban Meta, las gafas inteligentes creadas por Ray-Ban y Meta que permiten capturar, preguntar, explorar y compartir sin necesidad de sacar el celular.
La experiencia tuvo su punto más potente en el Palacio de los Deportes, donde J Balvin llevó a sus fanáticos al corazón del show. Con un simple comando de voz, “Hey Meta, graba video”, el artista pudo registrar lo que estaba viviendo desde su propia perspectiva: las luces, la euforia del público, el vértigo de la tarima y esa conexión inmediata que solo ocurre cuando miles de personas cantan al mismo tiempo. La diferencia está en el gesto: no tuvo que interrumpir el momento, buscar el teléfono ni mirar una pantalla. Las Ray-Ban Meta funcionan con manos libres, lo que permite seguir dentro de la experiencia mientras la tecnología trabaja en segundo plano.
En un concierto, eso cambia la forma de recordar y compartir. Las gafas permiten tomar fotos, grabar video o transmitir momentos desde el punto de vista de quien los está viviendo, sin romper la energía del instante. Para un artista como J Balvin, acostumbrado a moverse entre escenarios, ciudades y audiencias globales, esa posibilidad abre una nueva forma de cercanía con sus seguidores: el público ya no solo ve lo que ocurrió después, editado y publicado en redes, sino que puede sentirse más cerca del momento exacto en el que sucede.
Pero la experiencia no se quedó en el escenario. En otro momento de su paso por Ciudad de México, J Balvin también usó sus Ray-Ban Meta para recorrer la capital mexicana y descubrir algunos de sus lugares, sabores y rincones más característicos. Ahí, las gafas funcionaron como una especie de acompañante inteligente: podía hacer preguntas en tiempo real, pedir información sobre lo que tenía frente a él, consultar el clima, orientarse mejor por la ciudad o aprender más sobre un lugar sin dejar de caminar, mirar y disfrutar.
Esa es una de las claves de Ray-Ban Meta: no se trata únicamente de capturar contenido, sino de interactuar con el entorno. Con comandos como “Hey Meta, toma una foto” o “Hey Meta, ¿qué es el agua de jamaica?”, las gafas permiten que la inteligencia artificial entre de manera natural en la experiencia cotidiana. Si estás explorando una ciudad, puedes preguntar por un sitio, entender mejor una referencia cultural, pedir ayuda para llegar a un lugar o consultar si el clima cambiará durante el día. Todo ocurre sin tener que detenerte, desbloquear el celular o salir de lo que estás viviendo.
Durante su recorrido por CDMX, Balvin pasó por espacios emblemáticos y cotidianos de la ciudad: puestos de tacos, tiendas vintage, calles llenas de movimiento y el tradicional Mercado de Medellín. Desde ahí, sus seguidores pudieron acompañarlo de una manera más íntima, casi como si caminaran junto a él. La función POV, siglas de Point of View, permitió que cada descubrimiento se sintiera más cercano, más directo y menos producido. Era J Balvin mirando la ciudad, pero también invitando a sus fans a verla con él.
La colaboración entre J Balvin y Ray-Ban Meta muestra cómo la tecnología puede transformar la relación entre los artistas, sus audiencias y los espacios que habitan. En el concierto, las gafas acercaron a los seguidores al punto de vista del artista. En la ciudad, funcionaron como una herramienta para explorar, preguntar y aprender sobre la marcha. En ambos casos, la promesa es la misma: vivir más, interrumpir menos y no perderse ningún momento.
Al final, Ray-Ban Meta propone una forma distinta de estar presente. Puedes disfrutar un concierto, recorrer una ciudad, capturar un recuerdo, preguntar por lo que ves o dejar que la inteligencia artificial te ayude a llegar a tu siguiente destino, todo desde unas gafas diseñadas para acompañarte sin sacarte de la experiencia. Y en manos de J Balvin, esa posibilidad se convierte en algo más que una demostración tecnológica: es una nueva manera de compartir el mundo desde los ojos de quien lo está viviendo.
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