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En un rincón de la costa del Pacífico mexicano, donde la selva se encuentra con el océano, Ondalinda ha construido durante una década algo que difícilmente puede definirse como un festival convencional. Lo que comenzó como una reunión íntima terminó convirtiéndose en una comunidad internacional y en una experiencia que busca integrar música, arte, gastronomía, bienestar, moda, cultura y conexión humana en un mismo espacio.

Hoy, el festival es una plataforma global privada que conecta a una audiencia de visionarios, emprendedores y líderes de distintas partes del mundo. Su comunidad, cuyos miembros residen en más de 60 países, ha llevado el proyecto más allá de México, con expediciones e itinerarios culturales en escenarios como Los Ángeles, Montenegro, Ibiza y Val d’Isère.

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Sin embargo, la historia de Ondalinda no comenzó en el país azteca. En 2016, la francesa Lulu Luchaire, radicada en California, organizó en La Habana un encuentro íntimo de música y arte para celebrar la apertura del nuevo estudio del artista cubano Damián Aquiles. Fue durante un paseo por el Malecón de la capital cubana cuando surgió también el nombre del proyecto: Onda Linda, una “bella ola” que para Luchaire se convirtió en una metáfora de conexión, cultura y movimiento.

Después de aquella primera experiencia, Luchaire dirigió su mirada hacia México, donde conoció a Filippo Brignone, hijo de Gianfranco Brignone, fundador de Careyes, y al productor creativo Philippe Moellhausen. Juntos llevaron el concepto a este enclave de la Costalegre, en Jalisco, donde encontraron un escenario que terminaría convirtiéndose en una parte esencial de la experiencia. Desde entonces, la naturaleza, la cultura local y el entorno han dejado de ser simplemente el telón de fondo para convertirse en elementos centrales de Ondalinda.

Ondalinda

La propuesta se define como una experiencia inmersiva multidimensional o “360 Experience”, centrada en la artesanía, la cultura y la sabiduría ancestral. Por eso, aunque la música ocupa un lugar fundamental, el proyecto busca ir más allá de un festival tradicional y construir un universo en el que distintas disciplinas convivan. 

El arte aparece a través de instalaciones monumentales y portales interactivos creados en diálogo con la naturaleza; el bienestar, mediante prácticas como yoga, breathwork y talleres de sanación ancestral; y la música, a través de una curaduría de artistas internacionales que acompaña los distintos momentos de cada edición. A esto se suman espacios dedicados a la moda y al diseño local, así como The Talk, un programa de conversaciones que reúne a pensadores y voces de distintas disciplinas para abordar temas culturales, espirituales y sociales.

Cortesía

Esta búsqueda también está vinculada con el interés de Ondalinda por preservar y acercar a su comunidad a las culturas indígenas y locales de los lugares que visita. La experiencia incorpora prácticas, conocimientos y tradiciones de las comunidades anfitrionas, al tiempo que busca generar oportunidades económicas y fortalecer la relación entre los asistentes y el territorio.

Ondalinda

Diez años después de aquella primera semilla, Ondalinda regresará a sus orígenes en Careyes para celebrar su décimo aniversario. Del 12 al 15 de noviembre de 2026, la Costalegre será nuevamente el escenario de su encuentro principal, esta vez bajo el concepto Cosmic Code, un viaje construido alrededor de la dualidad, el lenguaje simbólico y la relación entre lo ancestral y lo cósmico.

La celebración se extenderá durante tres noches y llevará a los asistentes por distintos escenarios de Careyes. La primera, Ancient Future (1), tendrá lugar el jueves 12 de noviembre en Playa Zyanya y marcará el inicio de su “capítulo más luminoso hasta la fecha”. La experiencia partirá de la intersección entre historia y futurismo, explorando la manera en que los artefactos ancestrales pueden dialogar con el simbolismo cósmico. El número uno representa aquí la chispa individual y el comienzo de una línea de tiempo.

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El viernes 13, la celebración continuará en los Polo Fields con The Shell of Nik (0), una experiencia inspirada en el concepto maya de Nik, asociado al cero como semilla de la creación y comienzo de un nuevo ciclo. El espacio se transformará en una especie de nido cósmico, rodeado de velas e instalaciones de arte simbólico, mientras la concha marina funcionará como metáfora del recipiente de la vida.

La última noche, el sábado 14 de noviembre, llevará la celebración a Playa Teopa para Land of Omeyocan (1 & 0), el capítulo final de Cosmic Code. Inspirada en Omeyocan, el “Lugar de la dualidad” de la cosmología azteca, la experiencia combinará el uno y el cero en un escenario concebido como un ajedrez viviente. Allí, el código binario planteado durante el fin de semana llegará a su resolución a través de un paisaje surrealista que busca representar la armonía entre fuerzas opuestas.

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La música será, naturalmente, uno de los ejes de esta celebración. El lineup del décimo aniversario incluye nombres como Chloé Caillet, Natascha Polké, en formato live, Kaz James, Nick Morgan y WAHM, también en vivo, entre otros artistas que acompañarán las tres noches de la experiencia.

Como una extensión natural del aniversario y un puente de descompresión tras la vibrante intensidad de Cosmic Code, la plataforma dará paso a Ondasana

Concebido como un santuario para el alma, este evento de renovación y bienestar holístico (que se celebrará del 16 al 18 de noviembre) está diseñado para aterrizar la energía del festival e integrar la experiencia vivida a través del movimiento intencional, la restauración y la reconexión con la naturaleza. A lo largo de estos días, los asistentes podrán transitar de la celebración hacia la calma a través de inmersiones en la jungla, yoga, cabalgatas, ceremonias de sanación con sonido, liberación de tortugas al atardecer y cenas comunitarias, ofreciendo un espacio íntimo para elevar la frecuencia personal antes del retorno a la rutina diaria.

Pero la propuesta de Ondalinda no termina cuando cae la noche. Durante el día, el proyecto mantiene un programa que busca equilibrar entretenimiento, bienestar, tradición e intercambio cultural. Practicantes y sanadores regionales participan en sesiones de yoga, respiración —incluido el método Wim Hof—, temazcal, meditación, ceremonias de cacao, sound journeys y caminatas por la selva. 

La moda también tiene su propio espacio a través de The Fashion Pop-Up, un escaparate dedicado a marcas y artesanos mexicanos que permite a la comunidad internacional descubrir propuestas vinculadas con el diseño y la economía creativa del país. A esto se suma el ya mencionado The Talk, concebido como un espacio para el intercambio de ideas y la reflexión. En la edición de 2026, sus conversaciones estarán atravesadas por el concepto del aniversario y por preguntas relacionadas con la conciencia, el entorno y la relación entre las personas y el mundo que habitan.

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Así, diez años después de aquella primera reunión en La Habana, Ondalinda llega a su aniversario convertida en algo más amplio que un festival. Su apuesta ha sido construir una comunidad y una experiencia en la que la música funciona como punto de encuentro entre el arte, la naturaleza, el bienestar, la cultura y la conexión humana. Y será nuevamente en Careyes, el lugar donde comenzó esta historia, donde el proyecto buscará celebrar una década de ese recorrido.

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Después de 10 años transformando la industria de la salud, el bienestar y el fitness, Action Black inicia una nueva etapa de crecimiento con una inversión superior a los 20 millones de dólares. Este impulso acelera su expansión internacional y fortalece su posición como el ecosistema fitness más completo de Colombia.

Con una sólida trayectoria en la industria de la salud física, Action Black ha construido un modelo basado en la comprensión de las necesidades y comportamientos de las personas para impulsar una mejor calidad de vida. Su enfoque combina tecnología, diseño, psicología y neurociencia para crear experiencias, metodologías y entornos que fomentan la adopción de hábitos saludables de forma sostenible y escalable.

Como parte de esta inversión, la compañía colombiana proyecta fortalecer su presencia en América Latina, Europa y el Caribe, con el objetivo de superar los 100.000 usuarios activos durante 2026. Su estrategia de expansión contempla la apertura de operaciones en mercados como Reino Unido, República Dominicana y Ecuador. Actualmente, Action Black cuenta con 70 sedes distribuidas entre Colombia, México, Estados Unidos y España, una red que alcanzará las 134 ubicaciones al incorporar los proyectos que hoy se encuentran en etapa de preventa a nivel mundial.

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Action Black nació de la visión del empresario colombiano Wilder Zapata, con el propósito de transformar la forma en que las personas viven el bienestar. Desde entonces, la compañía ha evolucionado hasta convertirse en una plataforma integral que reúne entrenamiento, deporte, recuperación, tecnología y estilo de vida en una sola experiencia. Esta propuesta de valor la ha consolidado como el ecosistema fitness más completo de Colombia. “La compañía viene mostrando resultados, crecimiento, capacidad de ejecución y un modelo que ya dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad escalable”, afirma Zapata.

El crecimiento de Action Black contará con la participación financiera estructurada de Bancolombia, BTG Pactual y Davivienda, con una contribución de 18 millones de dólares. Más que una expansión global, Action Black apuesta por la transformación masiva que el mundo vive sobre el bienestar. Se trata de una respuesta oportuna, certera, firme y a tiempo. 

Action Black ofrece más que un entrenamiento común y cotidiano; está conformado por 12 modalidades especializadas que integran diferentes tendencias y formas de entrenamiento, incluyendo running, boxing, cycling, fuerza, entrenamiento funcional y formatos híbridos inspirados en competencias de alto rendimiento. Esta propuesta está pensada para la construcción de una comunidad efectiva que crea experiencias únicas enfocadas en cambios medibles. 

“Más que un gimnasio, somos una plataforma de bienestar, comunidad y resultados. Lo que convenció a las entidades financieras fue entender que Action Black no es un gimnasio tradicional, sino una compañía capaz de construir experiencias escalables con impacto real en la vida de las personas”, asegura Zapata.

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Actualmente, Action Black ha generado miles de empleos, y con este nuevo proyecto, se prevé la creación de más de 500 nuevos puestos durante el 2026. Esto impulsa el desarrollo económico y la profesionalización de la industria del bienestar en los mercados donde opera. La proyección de su expansión global llega en un momento donde el sector, según un informe global de HFA, acontece un crecimiento del 6 % en las afiliaciones a gimnasios a nivel mundial durante el 2025. Esto ha sido impulsado por la demanda de bienestar, salud preventiva y experiencias personalizadas en la sociedad.

La búsqueda de este nuevo proyecto tiene como uno de los objetivos principales posicionar a Action Black como una de las marcas latinoamericanas con mayor proyección internacional dentro del segmento prémium. Además, también destacar sus diferentes líneas de negocio, como Action Sport Club, que integra deportes como pádel y fútbol en un formato de club deportivo; Resett se enfoca en recuperación, salud y bienestar; y AW Active Wear complementa la experiencia a través de una propuesta de moda deportiva propia. 

“Venimos de un mercado donde aprendimos a hacer mucho con poco, a ser eficientes y a entender profundamente al cliente. Esa disciplina operativa es una de nuestras mayores ventajas para competir en mercados tan exigentes como Londres, New York y los nuevos países que estamos incorporando a nuestra operación”, concluye Zapata. 

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Hay países que exportan ritmo. Colombia lleva décadas haciéndolo. Pero hay otra cosa que está pasando ahora, más difícil de ver desde afuera y más difícil aún de ignorar: acá, dentro de la noche, están naciendo proyectos que no solo celebran la música sino que la usan como herramienta. Para incluir, visibilizar, y para cambiar lo que todavía necesita ajustes.

SAVE THE NIGHT es la plataforma global de Jägermeister que lleva seis años buscando exactamente eso, iniciativas que entiendan que las mejores noches no son solo las más intensas, sino las más humanas. A través del STN FUND, la plataforma abre convocatorias internacionales en las que proyectos de todo el mundo son evaluados por líderes culturales y expertos de la industria. Y en sies años consecutivos, entre más de 1.500 postulaciones provenientes de distintos países, los que han llegado más lejos han salido de Colombia.

Esto es lo que están construyendo tres proyectos colombianos que se ganaron ese reconocimiento.

Monte Olimpa, la pista como escuela y la escuela como escudo

Cuando Alejandra Gómez y Juanita Carvajal fundaron Monte Olimpa, no estaban creando un colectivo de DJs. Estaban respondiendo a una pregunta que la escena electrónica colombiana todavía se niega a hacerse con suficiente honestidad: ¿quién tiene acceso a este mundo y quién no?

Monte Olimpa reúne a DJs, selectoras y melómanas de diversas identidades sexuales y de género, y les ofrece algo que parece simple pero que raramente existe, formación real. Producción musical. Gestión cultural. Cómo montar un evento. Cómo moverse dentro de una industria que suele estar construida para no recibirte.

El resultado no queda en un aula. Las participantes construyen sets, se presentan en bares y clubes de la escena independiente, ocupan espacios que antes no eran suyos. Porque la educación musical, aquí, no es un fin en sí mismo. Es la forma en que se construyen escenarios nocturnos más seguros y más reales.

https://www.instagram.com/monteolimpa

Sudakas, la historia de la música contada desde sus raíces

Sebastián Narváez lo dice con una claridad que no admite parafraseo: “Queremos contar las historias que hay detrás de los espacios, los colectivos y los actos de resistencia que están cambiando la forma en que se vive la vida nocturna en Colombia. Porque si los descubrimos y los hacemos visibles, podremos protegerlos.”

Lo que empezó como periodismo musical independiente se ha convertido en una de las plataformas culturales más relevantes de Latinoamérica. Sudakas documenta lo que otros ignoran, los colectivos que operan en los márgenes, las historias que no caben en los titulares, las personas que sostienen la escena sin que la escena siempre lo sepa.

Junto a SAVE THE NIGHT, el proyecto construyó una serie de episodios para su podcast, mezcla de entrevista y show en vivo, donde el artista y sus seguidores pueden compartir el mismo espacio y contar juntos lo que están construyendo. Es periodismo, sí. Pero también es archivo, también es comunidad, también es la evidencia de que lo que vale la pena conservar hay que nombrarlo primero.

La cultura nocturna colombiana tiene una historia que merece ser contada desde adentro.

Cortesía.

https://www.instagram.com/sudakas.media

Wings 4 Wheels, cuando la adversidad se convierte en propósito y las ruedas se vuelven alas

La historia de Wings 4 Wheels comienza con una historia de supervivencia. El padre de Juan Pablo Roa sobrevivió a un atentado, quedó en silla de ruedas, y en lugar de detenerse creó Alpha Prime Medical, una empresa especializada en la importación y personalización de sillas de ruedas y en la formación de profesionales de rehabilitación en Colombia.

Juan Pablo creció mirando eso. Y cuando llegó el momento de crear algo propio, lo hizo desde la misma lógica, convertir la adversidad en herramienta.

Wings 4 Wheels trabaja en la intersección entre los derechos de las personas con discapacidad, el arte y la cultura. Porque Juan Pablo identificó algo que los datos clínicos no siempre muestran, las barreras más grandes que enfrentan las personas con movilidad reducida no son siempre físicas. Son sociales. Son culturales. Son la falta de oportunidades, los prejuicios que cierran puertas antes de que alguien llegue a tocarlas.

Con el apoyo de SAVE THE NIGHT, el proyecto exploró cómo la vida nocturna puede ser parte de la respuesta. Enseñándole a personas con acceso limitado a ser DJs, construyendo un performance, conectándolos con la escena musical colombiana.

Porque la inclusión no es solo entrar al lugar. Es poder estar en la pista de baile.

Cortesía.

https://www.instagram.com/fundacionw4w

Las mejores noches no son las más intensas, son las más humanas

Hay una frase que SAVE THE NIGHT repite con intención: las mejores noches son seguras, inclusivas y sostenibles. No es un eslogan. Es una declaración de lo que la noche puede ser cuando quienes la construyen deciden que puede ser más.

Colombia lo está demostrando. seis años. Tres primeros lugares. Más de 1.500 proyectos de todo el mundo. Y los que llegan más alto nacen acá, en una escena que aprendió a usar la música no solo para celebrar sino para transformar.

Jägermeister, que lleva décadas siendo parte de la cultura nocturna global, acompaña esta historia sin ocupar el centro. Así es como se hace, no siendo el protagonista, sino el que entiende que hay algo que vale la pena cuidar.

Para conocer más sobre SAVE THE NIGHT visitá jagermeister.com o seguí @savethenight_jagermeister en Instagram.

El exceso de alcohol es perjudicial para la salud. Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad.

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Durante décadas, los grandes hoteles fueron concebidos como espacios de tránsito. Lugares donde dormir, reunirse o hacer una escala antes de salir a explorar la ciudad. Pero esa lógica está cambiando. En las principales capitales del mundo, la gastronomía se ha convertido en uno de los grandes motores de la experiencia hotelera, transformando hoteles en destinos por derecho propio. Madrid no es ajena a esta tendencia y el renovado Madrid Marriott Hotel Princesa Plaza acaba de dar un paso decidido en esa dirección.

Ubicado entre los barrios de Argüelles y Chamberí, a pocos minutos de Plaza de España y la Gran Vía, el hotel inició una nueva etapa tras una profunda renovación valorada en 51 millones de euros. El edificio, inaugurado originalmente en 1976 y considerado uno de los exponentes del brutalismo madrileño, reabrió sus puertas en 2025 con una propuesta que combina el peso de su historia con una mirada contemporánea sobre la hospitalidad.

Ahora, esa transformación encuentra una de sus expresiones más visibles en la cocina.

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Una carta de amor a Madrid

La apuesta gastronómica del hotel se articula alrededor de dos conceptos complementarios: La Chata, una abacería castiza que reivindica la tradición culinaria madrileña, y La Mimosa, una coctelería de autor que interpreta la ciudad desde la mixología. Juntos conforman una propuesta que busca conectar tanto con viajeros como con residentes, invitándolos a descubrir Madrid desde una perspectiva sensorial.

La decisión no es casual. En una ciudad que vive uno de los momentos gastronómicos más dinámicos de Europa, donde conviven restaurantes centenarios, mercados reinventados y propuestas de vanguardia, el reto consiste en encontrar una voz propia. El Marriott Princesa Plaza lo hace mirando hacia las raíces.

La Chata: tradición sin nostalgia

El nombre del restaurante remite a la Infanta Isabel de Borbón, una de las figuras más queridas de la monarquía española y conocida popularmente entre los madrileños como “La Chata”. La referencia no es solo histórica; funciona como declaración de intenciones. Aquí la cocina tradicional se reivindica desde una mirada actual, sin caer en la nostalgia ni en la reinterpretación excesiva.

La carta se apoya en recetas reconocibles y en el protagonismo del producto. Entre los entrantes aparecen clásicos como el jamón ibérico de bellota con pan de cristal y tomate, las anchoas de Santoña con crema agria o la ensaladilla rusa con ventresca de bonito. Son platos que forman parte del ADN gastronómico español y que aquí encuentran una presentación contemporánea sin perder su esencia.

Los platos principales continúan ese diálogo entre tradición y actualidad. Los callos a la madrileña conviven con un bacalao confitado al pil pil y con carrilleras de ternera estofadas acompañadas de puré de patatas. También hay espacio para propuestas más ligeras como el tartar de salmón con aguacate o una ensalada de tomate extradulce con cecina de León.

Más allá de la carta, el espacio ha sido concebido para reflejar una forma muy madrileña de entender la gastronomía: como un acto social. Su amplia sala y la terraza acristalada permiten que la experiencia se adapte a distintos momentos del día, desde una comida de trabajo hasta una cena prolongada entre amigos.

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La ciudad en una copa

Si La Chata conecta con la tradición culinaria, La Mimosa explora otro de los rituales fundamentales de la vida madrileña: el tardeo.

La terraza y coctelería del hotel nace con la intención de convertirse en un punto de encuentro para quienes buscan prolongar la jornada entre conversaciones, música y cócteles. Pero su propuesta va más allá de la simple coctelería de hotel. Aquí cada bebida funciona como un homenaje a la ciudad.

La carta está inspirada en algunos de los barrios, personajes y símbolos más emblemáticos de Madrid. Cócteles como Manuela Malasaña, Chueca, La Gata de Lavapiés o El Rastro buscan capturar la personalidad de estos lugares y traducirla en sabores, aromas y texturas. La idea es que cada copa actúe como una interpretación líquida de la capital española.

La experiencia se complementa con una selección de platos informales que reinterpretan clásicos populares. Croquetas de jamón y huevo, patatas bravas, bikini mixto en pan tramezzini o steak tartar sobre croissant acompañan una propuesta pensada para extenderse desde el aperitivo hasta la noche.

Abierta de martes a sábado, La Mimosa se suma a una escena cada vez más activa de terrazas urbanas que han redefinido la vida social madrileña en los últimos años.

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 El hotel como punto de encuentro

La renovación gastronómica forma parte de una visión más amplia. Con 414 habitaciones renovadas, un lobby concebido como el Great Room de Marriott Hotels y más de 1.200 metros cuadrados destinados a eventos y reuniones, el Princesa Plaza busca consolidarse como un espacio abierto a la ciudad y no únicamente a quienes se alojan en él.

Ese enfoque responde a una transformación que atraviesa la industria hotelera global. Los hoteles contemporáneos ya no compiten solo por ofrecer mejores habitaciones, sino por convertirse en centros culturales, sociales y gastronómicos capaces de integrarse en la vida urbana.

En Madrid, una ciudad donde la comida sigue siendo una de las formas más auténticas de relacionarse, la estrategia parece especialmente pertinente. La Chata y La Mimosa no solo amplían la oferta del hotel: también funcionan como una invitación a redescubrir la capital desde dos de sus lenguajes más universales, la cocina y la conversación.

Porque al final, pocas cosas explican mejor el carácter de una ciudad que aquello que sirve en la mesa y en la copa. Madrid lo sabe. Y ahora, también lo sabe el Marriott Princesa Plaza.

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Los Ángeles. Epicentro de la creatividad, la diversidad y las tendencias que inspiran al mundo. Una ciudad en permanente evolución, donde el arte, la moda y la innovación encuentran su máxima expresión. Fascinados por su espíritu transformador, Maestros Joyeros inaugura una boutique exclusiva en la ciudad, reafirmando su compromiso con la excelencia y dando un nuevo paso en la expansión de su legado.

Maestros Joyeros se ha consolidado como una de las firmas joyeras mexicanas más prestigiosas y reconocidas de la industria. Con más de tres décadas de trayectoria, la empresa ha construido un legado basado en la excelencia, la tradición y la pasión por la alta joyería, posicionándose como uno de los referentes más importantes de la región. Cada una de sus creaciones refleja una cuidadosa selección de materiales, una meticulosa atención al detalle y un compromiso inquebrantable con la calidad. Sus piezas, únicas y atemporales, encarnan los más altos estándares de excelencia, ofreciendo a sus clientes joyas que trascienden tendencias y celebran momentos extraordinarios.

Su llegada a Los Ángeles representa mucho más que una expansión internacional. Es la evolución de un legado que abre un nuevo capítulo en la historia de Maestros Joyeros, respaldado por tres generaciones que han sabido combinar tradición, innovación tecnológica y una visión meticulosa para perfeccionar cada uno de sus procesos. Este nuevo escenario se convierte en el lugar ideal para presentar ‘El Legado’, una colección que redefine la forma de entender el lujo contemporáneo desde una perspectiva profundamente mexicana. Las piezas fueron diseñadas para representar momentos, emociones y símbolos de trascendencia personal. Más allá del oro y los diamantes, buscan crear joyas con significado. Se trata de un homenaje a la cultura latina contemporánea y al orgullo de construir un camino propio sin olvidar sus orígenes.

 Maestros Joyeros 
 Maestros Joyeros 

Con esta apertura, la firma continúa consolidando décadas de trabajo, pasión y tradición joyera. Bajo la dirección de César Villegas, Maestros Joyeros sigue construyendo un proyecto que honra sus raíces mexicanas mientras proyecta su visión hacia el futuro de la alta joyería internacional.

La nueva boutique de Maestros Joyeros en Los Ángeles fue concebida para todos aquellos que tienen una visión del lujo como algo más personal, emocional y auténtico. La familia Villegas construyó una propuesta distinta dentro del universo de la joyería de lujo. Se trata de piezas concebidas no solo como símbolos de lujo, sino como joyería de oro cargada de memoria, significado y herencia emocional. 

En cada pieza, Maestros Joyeros ofrece tradición orfebre jalisciense, transformación y un diseño que cobra identidad propia. Sus materiales son una experiencia íntima, que se puede apreciar como una verdadera obra de arte. La firma no estaba pensando en replicar el mismo escenario para su boutique de Los Ángeles, sino que buscan ofrecer un espacio cercano, contemporáneo y humano, donde sus joyas conectaran con las historias de quienes las llevan.

 Maestros Joyeros 
 Maestros Joyeros 

La llegada de Maestros Joyeros a Los Ángeles marca un paso decisivo en la evolución de la firma, llevando la esencia de la joyería mexicana a uno de los escenarios más influyentes del mundo. Más que adaptarse a las tendencias globales, la marca fortalece una propuesta auténtica, construida sobre su herencia, visión creativa y excelencia artesanal. Este nuevo espacio ha sido concebido para ofrecer una experiencia que trasciende la compra de una joya, acercando al cliente a un universo donde cada pieza refleja carácter, significado y sofisticación. Una filosofía que encuentra su máxima expresión en ‘El Legado’, una colección que celebra la identidad mexicana a través de diseños contemporáneos y atemporales. 

Con esta apertura, Maestros Joyeros reafirma su compromiso de impulsar la alta joyería mexicana en el ámbito internacional, creando piezas que preservan recuerdos, representan historias personales y se convierten en símbolos de momentos que perduran a través del tiempo.

Te invitamos a descubrir más sobre su historia y colecciones en sus boutiques de Ciudad de México, Guadalajara y Los Ángeles. 

Visita www.maestrosjoyeros.com

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Las paradisíacas playas del Caribe son el destino perfecto para personas de todo el mundo. Las olas del mar llegan a costas repletas de sabores, colores y sonidos cargados de energía y sentimiento. Las sonrisas, el baile y una hospitalidad genuina contagian incluso al más frío y lo ponen a bailar bachata y merengue, como ocurre en la costa norte de República Dominicana. Eso es el Caribe.

Con el paso de los años, gracias a la cercanía de Estados Unidos y Canadá con las islas y a un turismo desmedido que parece apropiarse de todo —en algunos casos incluso de la propia cultura caribeña y de sus países—, muchas playas han perdido parte de ese misticismo que caracteriza a la región y se han dejado envolver por el consumismo norteamericano. Sin embargo, todavía existen joyas y tesoros escondidos en el Caribe, y eso fue precisamente lo que encontramos en Cabarete, un pueblo ubicado cerca de Puerto Plata, en la costa norte de República Dominicana.

“A Cabarete llegan personas interesadas en deportes acuáticos como el kitesurf o el wing foil. Además, es un destino que está despertando un gran interés entre los canadienses, así que buscamos mezclar la cultura dominicana, la gastronomía, el desarrollo inmobiliario, los deportes acuáticos y el lujo natural frente al mar para darle un nuevo aire a lo que venía siendo el festival de jazz de Cabarete. La costa norte de República Dominicana es la joya escondida del Caribe, ya que la mayor parte del turismo se concentra en destinos como Punta Cana. Por eso, invertir en un evento como el Cabarete Jazz Festival es fundamental para dar a conocer esta región, que ofrece tanto sin perder su esencia”, dice Leonardo Wehe, inversor argentino vinculado al sector turístico en Cabarete.

Al reflexionar sobre el futuro del festival, agrega: “No sé qué tan grande puede llegar a ser, pero ya contamos con un line up de gran relevancia internacional. Lo más importante es la continuidad del festival cada año para seguir impulsando el crecimiento cultural de la región”.

Encontrarse con un festival que no solo responda a los intereses económicos de una empresa o de unos pocos individuos es una rareza. Ver cómo la comunidad lo apoya y lo promueve resulta gratificante. “Este festival y la manera en que los inversionistas han ayudado a Cabarete son muy positivos, porque nos han puesto en un mapa que muchas veces solo iluminaba a Punta Cana. Ahora, en Puerto Plata y Cabarete, estamos pudiendo ofrecer mucho más de nuestra cultura y con gran calidad a las personas que vienen a practicar deportes o simplemente a descansar”, me dice Delio, oriundo de Cabarete, quien ve el festival no solo como un espacio cultural, sino también como una invitación a un turismo interesado en empaparse de la cultura dominicana.

Camilo Eduardo.

Cabarete Jazz Festival

Colores llamativos, bolas disco que evocan los años ochenta y espacios perfectos para las fotografías reciben tanto a locales como a extranjeros. La decoración entrelaza tablas de surf y todo el universo deportivo que rodea a Cabarete con una amplia oferta gastronómica y, por supuesto, una puesta en escena musical de gran calidad, porque si la palabra “jazz” hace parte del nombre del festival, la música debe estar a la altura.

Los vientos fuertes y refrescantes traen consigo a los primeros artistas de la tarde: Bachata Academy, una agrupación conformada por más de quince niños y jóvenes dedicados al estudio y preservación de la bachata. Con algo de timidez, pero con un talento desbordante, son los encargados de inaugurar la jornada y poner a bailar a los asistentes desde los primeros minutos.

Como mencionamos al inicio, este festival ofrece mucho más de lo que podría suponerse a simple vista, y esa primera presentación es prueba de ello. Sobre el escenario no solo aparece un grupo de jóvenes intérpretes, sino también una academia artística local que lleva con orgullo las tradiciones y el folclor dominicano, recordando que la esencia de Cabarete no se encuentra únicamente en sus playas o en sus deportes acuáticos, sino también en la riqueza cultural de su gente.

Camilo Eduardo.

El saxofonista dominicano Sandy Gabriel fue el segundo invitado de la jornada y el encargado de acompañar la transición de la tarde hacia la noche. Su presentación representó una especie de antítesis frente a las músicas del mainstream actual: una propuesta de gran complejidad sonora, ejecutada con una maestría digna de admiración.

Probablemente fue uno de los puntos más altos del festival en términos musicales. Durante su presentación, el jazz se apoderó de Cabarete, aunque sin renunciar del todo a la identidad dominicana, dejando espacio para algunas pinceladas de merengue que enriquecían aún más la experiencia.

Y como ocurre con una de las esencias fundamentales del jazz, la improvisación también se trasladó al público. Sin preocuparse por el qué dirán y en medio de un ambiente familiar —otro aspecto destacable del Cabarete Jazz Festival, que se consolida como un espacio seguro para los niños—, cada persona parecía dejarse llevar por la música, entregándose al baile con total libertad y sin ningún tipo de escrúpulo.

Camilo Eduardo.

La puertorriqueña iLe fue la encargada de abrir el corazón de buena parte de los espectadores con un espectáculo cargado del sentimiento característico del bolero. Canción tras canción, gran parte del público la acompañaba a grito herido, mientras otros observaban con asombro la calidad interpretativa de una artista capaz de convertir cada tema en algo íntimo.

Entre recuerdos de composiciones heredadas de su abuela y un discurso atravesado por el empoderamiento femenino, iLe transformó gran parte de la noche en un momento íntimo para cada asistente. Su voz, firme y expresiva, guiaba un repertorio que transitaba entre la nostalgia, el deseo y la reflexión, mientras algunos movimientos sutiles de baile aportaban una sensualidad elegante a la puesta en escena.

Durante casi una hora, Cabarete pareció detenerse para escucharla. Y cuando la última canción llegó a su fin, quedó claro que más de uno había terminado enamorado de su música.

Camilo Eduardo.

Gran parte del público había viajado desde diferentes ciudades e incluso desde otros países para ver al artista cubano que estaba a punto de subir al escenario. Si de algo no carece Cimafunk es de alegría, energía y una voz rasgada capaz de emocionar a cualquiera. Desde el primer segundo de su presentación, la euforia desbordó el recinto y pareció mezclarse con la brisa del mar. El público no dejó de saltar ni de bailar; la energía de la fiesta era prácticamente palpable.

Tanta fue la conexión entre artista y audiencia que Cimafunk no escatimó esfuerzos e hizo del escenario una extensión de la pista de baile. Invitó a varios asistentes a formar parte del espectáculo sobre la tarima, una escena que difícilmente podría ocurrir en cualquier festival, pero que encaja a la perfección en el Cabarete Jazz Festival, donde el ambiente familiar convive con una de las celebraciones musicales más vibrantes del Caribe.

Cuando parecía que la noche había alcanzado su punto más alto, el pianista cubano Alfredo Rodríguez tomó el relevo sin permitir que la fiesta perdiera impulso. Con el virtuosismo de su piano y el respaldo de una orquesta impecable, se encargó de prolongar la celebración y darle continuidad a una jornada que, aunque se acercaba a su final, seguía rebosante de sabor, ritmo y alegría.

Mantener la energía de la fiesta en lo más alto no era una tarea sencilla, pero la agrupación venezolana Los Amigos Invisibles hizo que pareciera fácil. Con ese sonido funky irreverente que los caracteriza y una energía tan eléctrica como caribeña —una combinación poco común, pero tremendamente efectiva—, convirtieron la última presentación de la noche en un momento inolvidable.

El público coreó cada canción mientras se dejaba llevar por una mezcla de ritmos en la que convivían la güira, el bajo, la guitarra eléctrica y el espíritu festivo que había acompañado al festival desde sus primeras horas. Canciones como ‘Mentiras’ y ‘La que me gusta’ sirvieron como el broche de oro perfecto para una jornada llena de virtuosismo sonoro.

Un espectáculo de drones, cuidadosamente diseñado para minimizar el impacto sobre las mascotas y la fauna del entorno, se robó la atención de todo el público y dejó en claro que el Cabarete Jazz Festival no es un evento más dentro del calendario cultural del Caribe, es una celebración de la cultura, el arte y la libertad creativa en un entorno natural privilegiado. Un lugar en donde la buena música se entrelaza con la intención de hacer al Caribe un lugar cada día más privilegiado, hospitalario y mágico.

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Este verano, Ondalinda abre un nuevo capítulo lejos de las selvas de Careyes y aterriza en el Mediterráneo con The Summer Rendez-Vous, una serie de encuentros íntimos y cuidadosamente curados que marcarán el inicio de su primera residencia oficial en Ibiza. Más que un festival, se trata de una extensión de su universo: experiencias diseñadas para conectar música, comunidad, bienestar y lujo en algunos de los escenarios más exclusivos de la isla. 

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Durante diez días, Ondalinda desplegará una programación que mezcla cenas performáticas, conversaciones sobre regeneración y fiestas sobre el mar, reafirmando su identidad como una comunidad global donde lo espiritual y lo estético conviven bajo una misma narrativa. En esta nueva era, el concepto de “Rendez-Vous” nace como un punto de encuentro entre grandes festivales donde habrá reuniones más pequeñas, inmersivas y profundamente personales.

La experiencia comenzará el 28 de junio con el Soho House Dinner Party en Soho Farmhouse, una cena privada limitada a solo 80 invitados. Bajo un formato íntimo y reflexivo, el encuentro reunirá al emprendedor y desarrollador regenerativo Tony Cho junto al inversionista y agricultor Christian Jochnick para conversar sobre cómo la agricultura regenerativa y el diseño consciente están redefiniendo el futuro de las ciudades y las comunidades. La noche cerrará con la música de Happie, artista que combina soul contemporáneo, electrónica orgánica y vulnerabilidad emocional en un live set pensado para acompañar el espíritu de la isla.

Al día siguiente, el 29 de junio, llegará uno de los momentos centrales del programa: The Garden of Earthly Delights, una experiencia inmersiva inspirada en la célebre obra de Hieronymus Bosch. Atzaró se transformará en un jardín de placer, tentación e inocencia donde figuras etéreas vestidas de encaje, música en vivo y una gran mesa comunal de frutas, vino y cocina farm-to-table darán vida a una noche que promete evolucionar desde la contemplación hacia el desenfreno elegante.

La música será protagonista con un lineup encabezado por YAMAGUCCI, el productor y DJ israelí-japonés reconocido por sus atmósferas hipnóticas y su rara presencia en Ibiza. La velada también contará con un live performance de Isadora y un especial back-to-back entre Brunnä y Anastacia. Otro punto importante y que continúa con una tradición en Ondalinda es el vestuario, que también forma parte de la experiencia. Los asistentes podrán elegir entre convertirse en seres etéreos de blancos celestiales, frutas prohibidas llenas de color o figuras wicked envueltas en cuero y siluetas provocadoras.

El cierre llegará el 3 de julio con The Sunset Boat Party, una celebración marítima limitada a 60 personas a bordo de dos embarcaciones de madera navegando por una cala secreta del Mediterráneo. Entre cocteles, gastronomía isleña y música en vivo, Ondalinda propone una experiencia donde el tiempo parece detenerse mientras el sol cae sobre el mar. Y, si las aguas lo permiten, incluso acompañados por delfines.

Más allá de las fiestas, Ondalinda mantiene intacta su dimensión espiritual y de bienestar. Primal Moves, una sesión gratuita para los asistentes de cualquiera de los eventos principales, ofrecerá un espacio para reconectar cuerpo y mente dentro de una villa privada. A esto se suman almuerzos, cenas y encuentros distribuidos en algunos de los lugares más emblemáticos de Ibiza, todos articulados por una nueva red de concierge de lujo que incluye villas privadas, yates, reservas exclusivas y experiencias personalizadas alrededor de la isla.

Con esta residencia de verano, el festival no abandona su esencia, simplemente cambia de paisaje. La comunidad que alguna vez encontró en Careyes un refugio entre selva, ritual y electrónica sofisticada ahora mira hacia Ibiza para continuar expandiendo una filosofía donde la música funciona como ritual, el lujo como experiencia sensorial y la conexión humana como centro de todo, porque para Ondalinda, incluso en el corazón del Mediterráneo, la fiesta sigue siendo un acto de transformación.

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Hay algo que está pasando en Colombia y ya no se puede ignorar: la electrónica dejó de ser una escena para convertirse en lenguaje. Un pulso que atraviesa ciudades, conecta generaciones y redefine la forma en que habitamos la noche. No se trata solo de fiestas ni de carteles internacionales. Es una manera de entender el presente: colectiva, inmersiva y profundamente emocional.

En ese mapa en expansión, cada festival funciona como un portal distinto. Algunos empujan hacia la intensidad más cruda, otros construyen universos donde lo visual y lo sonoro se funden en una experiencia total. Y en medio de esa evolución, hay marcas que entienden el código y no interrumpen la experiencia, sino que la acompañan. Jägermeister, con su ADN nocturno y su herencia ligada a la cultura de club, se inserta en este circuito como un cómplice natural de la pista: un catalizador de momentos que solo existen cuando el beat está en su punto exacto.

Este es un recorrido por cinco festivales que definen el pulso electrónico del país hoy.

Cortesía Jägermeister

FREEDOM — Medellín
6, 7 y 8 de febrero

Medellín abre el calendario con una descarga que no pide permiso. Freedom es energía en estado puro: tres días donde la ciudad se transforma en un ecosistema de beats continuos, líneas de bajo que atraviesan el cuerpo y sets que empujan al límite la resistencia del público. Aquí no hay medias tintas. Es un festival que entiende la electrónica como liberación, como catarsis colectiva, como un espacio donde el tiempo se diluye y lo único que importa es el ahora.

DOOM — Bogotá
4 de abril

Si Freedom es expansión, Doom es concentración. Bogotá se sumerge en un formato más oscuro, más denso, donde cada sonido parece tallado con precisión quirúrgica. Este es el territorio de la intensidad sin concesiones: techno que no busca agradar, sino confrontar. Luces mínimas, atmósferas cargadas y una pista que responde con entrega total. Doom no es para todos, y ahí está precisamente su fuerza.

BAUM FESTIVAL — Bogotá
22 y 23 de mayo

Hay festivales que crecen con la escena y otros que la definen. Baum pertenece a la segunda categoría. Lo que comenzó como un club se convirtió en un referente continental, y su festival es hoy una síntesis de esa evolución: curaduría global, producción milimétrica y una identidad clara que equilibra lo underground con lo masivo sin perder credibilidad. Cada edición es una fotografía del momento que vive la electrónica en el mundo, aterrizada con precisión en Bogotá.

Cortesía Jägermeister

EDC — Medellín
10 y 11 de octubre

La llegada de EDC a Colombia no es solo una expansión de marca, es la confirmación de un lugar en el mapa global. Medellín recibe uno de los festivales más grandes del planeta con todo lo que eso implica: escenarios monumentales, narrativa visual y una experiencia que va más allá del line up. Aquí la electrónica se vive como espectáculo total, donde cada detalle —del diseño al sonido— está pensado para amplificar la sensación de asombro.

RITVALES — Medellín
31 de octubre y 1 de noviembre

Hay festivales y hay experiencias. Ritvales juega en ese límite. En una fecha cargada de simbolismo, Medellín se convierte en un espacio donde lo místico y lo electrónico se cruzan sin fricción. No es solo música: es estética, es atmósfera, es una narrativa que envuelve al público desde que entra hasta que sale. Ritvales entiende que la pista también puede ser un lugar de introspección, de conexión con algo más allá del sonido.

Al final, lo que une a estos cinco encuentros no es solo la música, sino la forma en que redefinen la noche en Colombia. Un territorio donde cada beat construye comunidad, cada visual abre una dimensión y cada experiencia deja una marca difícil de replicar.

Ahí es donde Jägermeister encuentra su lugar: no como protagonista, sino como parte del ritual. Acompañando una escena que no deja de crecer y una generación que ya no distingue entre escuchar música y vivirla. Porque en estos espacios, la noche no se observa. Se habita.

Si quieres conocer más acerca de Jagermeister en colombia sigues en @jagermeister_co

El exceso de alcohol es perjudicial para la salud. Prohíbase el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad.

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En un festival del tamaño de Tecate Pa’l Norte, donde todo compite por atención: escenarios simultáneos, estímulos constantes, rutas infinitas por recorrer, destacar no es simplemente cuestión de visibilidad, sino de conexión. Durante tres días, ZYN no solo logró insertarse en esa dinámica, sino alterar su flujo. El espacio funcionó como un punto de atracción dentro del festival.

Desde que abrían las puertas, el movimiento hacia el stand era evidente. No había que descubrirlo por accidente: la gente llegaba con intención. Las filas comenzaban temprano y se mantenían vivas a lo largo del día, sin depender de horarios específicos o picos de programación en los escenarios principales.

La experiencia comenzaba desde lo básico, pero rápidamente adquiría otra dimensión. Más allá del primer acercamiento, el espacio estaba diseñado para activar. El juego de reflejos se convirtió en el núcleo de esa interacción: una dinámica sencilla en apariencia, pero profundamente efectiva en ejecución. Luces que se encendían en secuencia impredecible, botones que exigían precisión inmediata y un objetivo que parecía cercano, pero que requería concentración real: alcanzar los 75 puntos.

Cortesía del Tecate

El sombrero clásico de estética regia no era solo un premio, era un símbolo. Pero lo que realmente lo elevó fue la posibilidad de intervenirlo en el momento. Grabados con nombres, combinaciones de plumas, decisiones estéticas tomadas en tiempo real. Cada pieza terminaba siendo única, y eso le dio una dimensión adicional dentro del festival. A medida que avanzaban los días, estos sombreros comenzaron a multiplicarse por todo el recinto, funcionando casi como una señal silenciosa entre asistentes: un código compartido que identificaba a quienes habían vivido la experiencia ZYN Live.

Ese tipo de apropiación es difícil de construir y aún más difícil de sostener. Pero ZYN lo logró porque entendió algo fundamental sobre la cultura actual de los festivales: la gente ya no quiere solo observar, quiere participar activamente en lo que está pasando. Quiere intervenir, decidir, llevarse algo que tenga una historia detrás. No se trata únicamente de presencia, sino de memoria.

Y ahí es donde la propuesta conecta de forma directa con el tipo de público que hoy define el presente musical.

ZYN Live se integró de forma natural a esa lógica. No interrumpía la experiencia, la acompañaba. No exigía salir del ritmo del festival, sino reinterpretarlo desde otro lugar. En ese contexto, ZYN se posiciona como una alternativa que dialoga con ese mismo espíritu: sin humo, sin pausas forzadas, sin romper la continuidad del momento. Una forma distinta de habitar el consumo dentro de una experiencia que ya no se detiene.

ROLLING STONE en Español

Al final, lo que dejó ZYN Live en Tecate Pa’l Norte 2026 no se mide únicamente en interacción o alcance, sino en relevancia cultural dentro del contexto del festival. En un entorno saturado de estímulos, logró convertirse en un punto de encuentro auténtico. Un espacio donde la experiencia no se consumía, sino que se construía.

Porque si algo quedó claro durante el fin de semana, es que hoy los festivales no se definen solo por lo que pasa en el escenario. También se construyen en esos lugares donde la gente decide quedarse un poco más. Donde algo, aunque sea por unos minutos, logra sentirse propio.

Y ahí es donde ZYN Live entendió el momento mejor que nadie.

Estos productos no están libres de riesgo y contienen nicotina, una sustancia que es adictiva. Su venta es exclusiva para mayores de edad.

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